Chapter Text
Hannah, confundida y sin rumbo, le preguntó a Cale qué debían hacer. Él, algo irritado porque hacía un momento ella había desconfiado de él, le contestó que eligió a la persona equivocada para pedir guía. Aun así, le dio una respuesta clara: debía buscar a la señorita Lina y esconderse en la Jungla, un lugar vasto y difícil de rastrear. Antes que nada, tenía que curarse; era la única capaz de protegerse.
Mientras hablaba, Satoru bajó la presión de su aura y deslizó una mano por la nuca de Cale, calmándolo sin decir nada. Hannah, al ver a los dos así, marcados, conectados, se tranquilizó un poco.
Cale continuó diciéndole algo decisivo: 'no confiar en nadie'. Ni en Lina, ni en él mismo. Solo en su hermano. Esa sinceridad cruda, tan distinta a la manipulación del Papa o los miembros de Arm, la sorpresa. Finalmente asintió y respondió que no confiaría en Cale. Él estaba satisfecho: era la decisión correcta en su situación.
Luego le prometió llevarla con alguien que podía salvarla. Hannah dudó, preguntándose si realmente podría vivir, y Cale afirmó que sí. Ella, aferrándose a esa mínima esperanza, quiso saber qué quería un cambio. Cale le habló de un trato que cerrarían con un voto de muerte cuando estuviera a salvo; Recién allí discutirían los detalles.
Satoru, mientras tanto, observaba la escena con atención, aunque sin interferir; su presencia bastaba para mantener a todos en silencio. En algún momento, cuando Choi Han empezó a tensarse, Satoru lo miró de reojo en advertencia y el espadachín se enderezó al instante.
Fue entonces cuando Cale lanzó la parte que más impacto tuvo en Hannah: 'le daría una oportunidad real de vengarse'. Con la Alianza del Norte, Arm y el Imperio mezclados en un caos que estallaría en invierno, él planeaba barrerlos a todos. Y los gemelos tendrían un lugar en ese plan. Hannah, amante de la sangre y sin miedo a la violencia, sintió cómo algo volvía a encenderse en su interior. Cale lo notó. Ella tampoco era normal.
Finalmente, Hannah se recostó para dormir, mirando a Choi Han y luego a Satoru solo un momento antes de cerrar los ojos. Cuando la cueva quedó en silencio, Cale suspiro, incapaz de dormir. Satoru lo rodeó con un brazo, apoyándolo suavemente contra su costado para tranquilizarlo, pero ni así Cale pudo relajarse.
La guerra se acercaba, los gemelos estaban heridos, y todos querían pelear.
Cale, agotado, pensó con amargura:
-(¿Por qué todos quieren pelear?)-
La lluvia había cesado al amanecer. Cale salió de la cueva en silencio y se dejó caer en una roca, agotada. Satoru lo siguió sin hacer ruido y se quedó de pie detrás de él, una mano sobre su hombro como si pudiera sostenerlo para que no se derrumbara.
Litana apareció poco después y se sentó a su lado, preocupada por su aspecto extraño. Cale le explicó que no había dormido, y ella lo entendió de inmediato: el caos que habían descubierto la noche anterior sería demasiado para cualquiera… especialmente para alguien que, según ella, era “tan bueno como sabio”. Satoru soltó una pequeña risa por lo bajo ante eso, sabiendo perfectamente que Cale solo quería evitar el trabajo.
Cuando Litana mencionó el tema de la venganza, Cale captó al instante que no había ido a hablar de filosofía matutina. Ella necesitaba moverse. Quería guerra. Y Cale, resignado, dijo lo que sabía que ella esperaba oír: que contactaría al príncipe Alberu por ella. Litana lo agradeció con sincera admiración.
Luego le habló de las bombas de hombre muerto y del Imperio, con una resolución fría que hacía que Cale quisiera retirarse lentamente. Antes de que pudiera hacerlo, Litana le entregó su “compensación”: la escritura de la colina y media costa de la Sección 1. Cale casi se atraganta por dentro, pero fingio modestia. Satoru, detrás de él, murmuró un suave “felicidades por tu nueva propiedad, amor”, lo que casi lo hace patearlo montaña abajo.
Litana insistió en que aquella tierra era para facilitarle los viajes en barco. Cale terminó aceptando, aunque sabía que Alberu se quejaría cuando se enterara. Antes de irse, pidió que cuidaran bien a los gemelos hasta que trajera a alguien que pudiera curarlos. Litana volvió a elogiar su “naturaleza generosa”, mientras Cale sonreía con cara de “yo solo quiero vivir tranquilo”.
Tras acompañarla con los gemelos hasta la entrada del Camino Sin Retorno y entregarle secretamente un dispositivo de comunicación a Hannah, Cale inició el regreso con su grupo hacia el Monte Yellia.
Apenas llegaron a la cima, Raon salió disparado desde la guarida, seguido por Hong y Lock. Cale escuchó su nombre gritado con tanta fuerza que dio un paso al costado para evitar morir aplastado. Satoru tuvo que sostenerlo del codo para evitar que tropezara.
Raon comenzó a sobrevolarlo, lanzando preguntas sin parar: si estaba herido, si lo había extrañado, si sabía lo que había aprendido. Cale le acarició la cabeza con resignación.
— Eres un gran y poderoso Dragón— dijo, lo cual hizo que Raon se iluminara como un sol.
Raon siguió parloteando, emocionado por sus nuevas lecciones con el Dragón Dorado, mientras el grupo entraba nuevamente al refugio de Eruhaben.
Cale interrumpió a Raon antes de que siguiera hablando sin fin.
—Dispositivo de comunicación por vídeo.
-¿Mmm?
—Conécteme con el Príncipe Heredero.
—¡Lo tengo!
Satoru, que hasta ese momento había estado pegado a Cale como su sombra habitual, se inclinó sobre él, le acarició el cuello marcado con un suave roce de pulgar y murmuró:
—Voy a dejarte hablar con tu príncipe un momento… no quiero que diga que le bloqueo la pantalla —y, con una sonrisa traviesa, se apartó para esperar más atrás.
Cale lo vio alejarse con alivio; Alberu probablemente haría algún comentario. Y efectivamente, cuando Raon activó la conexión, el rostro del príncipe apareció con el ceño fruncido.
—… ¿Dónde está tu sanguijuela blanca? —soltó apenas vio que Cale estaba solo.
Cale ignoró olímpicamente el comentario.
—Tengo algo que contarte.
La expresión de Alberu cambió de inmediato; Cale rara vez iba tan directo. Miró alrededor, confundido por el brillo dorado de la habitación.
—¿Y dónde demonios estás? ¿Por qué todo reluce como si vivieras en la bóveda del tesoro del Rey?
Cale lo ignoró otra vez.
—La organización detrás del incidente terrorista está trabajando con la Alianza del Norte.
Alberu se quedó helado. Cale le explicó todo: la conexión entre la Iglesia del Dios Sol y el Imperio, los movimientos imperiales, los gemelos, la relación con la Jungla, incluso la situación con la tribu Ballena y su pelea inminente contra la Primera Brigada.
—¿La Reina de la Jungla quiere reunirse conmigo? ¿El Imperio hizo todo eso? ¿Y también trabajas con la Alianza del Norte? —preguntó Alberu, incrédulo.
—Sí, su alteza.
—¿Quién eres tú?
—Cale Henituse.
—Haa… me estás volviendo loco.
Era exactamente la reacción esperada. Cale suspiro.
—¿No está la mierda a punto de golpear al ventilador?
—Arriba y abajo del reino. Qué desastre.
—Por eso tenemos que causar el nuestro.
Alberu lo miró, captando de inmediato el rumbo.
—El Reino de Breck… la Jungla… las Ballenas… el Reino Whipper…
—Y los gemelos enmarcados. Y los Elfos Oscuros. —Cale escuchando.
Ambos compartieron una sonrisa idéntica: peligrosa.
Raon habló en la mente de Cale, emocionado.
_¡Humano, esa sonrisa! ¡¿Qué vas a hacer?! ¡Quiero emocionarme también!_
Cale pensó: -(Voy a golpear al Imperio, a la Alianza del Norte ya la organización. Así de simple.)-
Alberu exhaló, emocionado por primera vez en semanas.
—Vale la pena intentarlo… definitivamente.
Luego le informó sobre el prisionero que Tasha interrogaba o torturaba y sobre los preparativos para contactar a la Jungla y al Reino Whipper. Cuando notó que Cale lo miraba, frunció el ceño.
—¿Qué?
—Solo… estoy orgulloso de llamarlo mi príncipe. Le tengo mucho respeto, alteza.
Alberu suspiró, incómodo.
—¿Qué planeas hacer ahora?
—Recopilar información.— Cale pensó: -(Voy a descansar hasta otoño. Ni loco hago más trabajo.)-
Pero Alberu sonó como si entendiera perfectamente que eso no pasaría.
—Estoy seguro de que me traerás información útil.
Cale desvió la mirada y decidió cortar antes de que el príncipe siguiera adivinando cosas.
Se despidieron con su habitual mezcla de cariño y amenazas suaves.
—Siempre tengo pesadillas después de hablar contigo. Bastardo.
—Que viva una larga y sana vida, su alteza.
—Gracioso bastardo.
clic.
La pantalla se apagó. Cale respiró… pero no llegó a relajarse.
Detrás de él, Satoru ya regresó caminando con una sonrisa peligrosa.
—Terminaste, amor? —preguntó, abrazándolo por la cintura como si nunca se hubiera ido.
Y Cale supo que su descanso de otoño se le escapaba entre los dedos.
Raon apareció volando como una bala, deteniéndose a centímetros de la cara de Cale, los ojos brillando con una mezcla peligrosa de entusiasmo y determinación.
—¡Humano! ¡Vamos a encontrar el Poder de la Tierra!
Cale suspiró.
—¿Y tus lecciones?
Raon infló el pecho, grandilocuente.
—¡El humano débil me necesita! Además, puedo pedirle a Eruhaben que venga conmigo para experiencia práctica.
Cale parpadeó.-( ¿Dos dragones para buscar la Super Roca? ¿Quieren destruir el continente?)-
—Quédate con tus lecciones. Puedo ir con Satoru y los demás.
Raon se ofendió por dos segundos, luego radiante.
—¡Voy a contárselo a Eruhaben!
Voló afuera. Pero no se fue solo.
Justo antes de salir, Satoru aún abrazando la cintura de Cale, sonriendo, palmeó la cabeza de Cale y murmuró:
—Vuelvo en un ratito. Voy a vigilar las travesuras del pequeño, tengo curiosidad.
Luego desapareció por el pasillo tan tranquilo como siempre, dejando a Cale con un vago presentimiento de que Eruhaben estaría muy irritado en breves.
Cale abrió el libro antiguo y empezó a leer sobre el Guardián, la roca más fuerte, el Reino de Boulders y, finalmente, la parte que conectaba todo con el Bosque de la Oscuridad.
Suspiró.
—Claro… mi patio trasero…
Raon volvió segundos después, cargando una bandeja de frutas.
—¡Humano, ven! ¡Estabas empapado en la cueva, necesitas fuerzas!
Detrás de él entró en Eruhaben con el ceño fruncido.
—Nunca en mil años vi a un dragón sirviendo fruta a un humano…
Y justo detrás, asomando en la puerta, Satoru con su sonrisa descarada.
—¿Qué pasó, abuelo dorado? ¿Te estás poniendo sentimental?
Eruhaben lo miró con suspicacia absoluta.
Pero Satoru solo le guiñó un ojo. No aclararía nada. Estaba divirtiéndose demasiado.
Raon golpeó la mesa.
-¡Dorado! ¡Quiero ir contigo a la experiencia práctica!
Eruhaben fingó indiferencia, aunque Cale vio claramente el tic en sus labios.
—No tengo ganas.
—¡No me importa, vamos iguales!
Satoru se apoyó contra la pared, entretenido con el caos.
—Ay, qué nivel. El chiquito quiere ir con su abuelito.
El tic de Eruhaben empeoró.
Para cortar antes de que eso explotara, Cale señaló el libro.
—Ya encontré la ubicación del Poder de la Tierra. Y el método.
Eruhaben lo observará como si quisiera encontrarle fallas.
—Eres un humano con suerte.
—Sí, sí, lo que digas —murmuró Cale, comiendo una uva.
Raon volvió a golpear el brazo del dragón dorado.
—¡Goldie, vamos!
Eruhaben miró a Cale, luego a Raon, luego a Satoru, que le dedicó una sonrisa burlona que no ayudaba en absoluto, antes de resoplar.
—Haré lo que quiera. Eso es lo que hace un dragón.
Satoru susurró, divertido:
—Claro que sí, abuelito.
Y Eruhaben casi explota.
°°°
Unos días después, Cale regresó a la Aldea Harris para dirigirse al Bosque de la Oscuridad y obtener la Super Roca. El caballero de guardia los recibió inmediatamente.
—Joven maestro-nim, bienvenido de nuevo… y bienvenido también al alfa del joven maestro —saludó, mirando a Satoru con respeto y un poco de miedo.
Satoru le parecía como si estuviera en una presentación escolar.
—Gracias.
El caballero notó que el grupo era reducido.
—Las personas que siempre lo acompañan no están hoy. Parece que esta vez vino con poca gente.
—Solo descansaremos aquí unos días —respondió Cale—. ¿Verdad, Hilsman?
Hilsman, pálido desde que bajaron del carruaje, tardó en reaccionar.
—¡S-sí! ¡Eso mismo!
El caballero lo miró inquieto, y Cale intervino con su tono suave pero severo:
—El Vice Capitán se mareó un poco. Parece que además sufre de vértigos.
—Ah… Vice Capitán-nim, ¿está bien?
—¡Estoy bien! Perfectamente bien —mintió Hilsman, rígido.
Intentó recuperar la compostura.
—Y estaré protegiendo al joven maestro-nim con… con…
Se trabó al mirar al rubio que venía con ellos, brillante, elegante y con una expresión de “los humanos me cansan”.
—¡Con él! ¡Este mayor y yo protegeremos al joven maestro-nim! Nos moveremos solos. No tienen que vigilarnos.
—¡Sí señor! —respondió el caballero, más nervioso que antes.
Su pasó atención a Satoru, que estaba justo al lado de Cale.
Había visto hombres intimidantes… pero jamás a alguien con esa sonrisa despreocupada que se sentía como un puñal sin funda.
—Entonces, continúa con su buen trabajo —dijo Cale.
Los tres entraron al pueblo: Cale, Hilsman y su extraña combinación de acompañantes: Eruhaben y Satoru.
Cale chasqueó la lengua.
—¿Por qué estás tan nervioso? ¿Verdad, Eruhaben-nim?
—En efecto —respondió el dragón, mirando a Hilsman—. Humano, vive una vida tranquila.
Hilsman afirmó tan fuerte que casi se le cae el casco.
Cale ya le había explicado quién era “el mayor rubio”. Su grupo completo seguía en la guarida de Eruhaben; solo tres lo acompañaban ahora:
Hilsman para las tareas… Y los dos dragones junto a su alfa.
El dragón dorado se estiró.
—El mundo humano no ha cambiado.
Hilsman se aferró a la ropa de Cale como si estuvieran por morir, y Cale lo dejó encima con costumbre absoluta.
Raon habló en su mente, orgulloso:
—¡Súper Roca! ¡No le tengo miedo al adoquín gigante! ¡Tenemos dos dragones!
El avance por el Bosque de la Oscuridad continuó sin problemas. Cale no parecía asustado: sabía que debía llegar al centro para encontrar la Super Roca. Hilsman intentó tomar la delantera, nervioso como siempre, mientras Cale, Eruhaben, Raon y Satoru lo observaban.
Satoru caminaba detrás de Cale, con las manos en los bolsillos, analizando el entorno con calma.
El grupo avanzó, y Eruhaben bromeó sobre la caótica vida de Cale, llamándolo “punk agotador”, mientras Raon presumía orgulloso de ser su principal protector. Satoru solo soltó un resoplido divertido al verlos discutir mental y verbalmente al mismo tiempo.
Fue entonces cuando Hilsman notó algo extraño: los monstruos actuaron con terror absoluto. Goblins que huían sin aire, ratas golpeándose la cabeza contra el suelo… Cale simplemente señaló a Eruhaben, y la respuesta se volvió obvia. Incluso Satoru levantó una ceja, sorprendido por la reacción instintiva que provocaba un dragón adulto.
Cuando llegaron al límite interior del bosque, apareció un monstruo gigante. Hilsman estaba listo para luchar, pero el ogro apenas los miró antes de golpearse la cabeza contra el suelo y obedecer las órdenes de Eruhaben, guiándolos al centro del bosque mientras abría camino derribando árboles.
Entonces ocurrió lo inesperado: los Poderes Antiguos de Cale se activaron solos. El fuego apareció en su mano, el viento giró a sus pies y un escudo se formó en su otra palma. Satoru frunció el ceño, sintiendo la alteración energética incluso sin comprenderla, y se acercó un paso a su omega listo por si caía desmayado.
Cale entendió inmediatamente: los poderes estaban reaccionando a la ubicación de la Super Roca.
Guiado por esa intuición, ordenó direcciones a Eruhaben, quien avanzó rápido mientras Raon ayudaba a Hilsman con magia de prisa y Gojo caminaba a su lado, atento como un Alfa protegiendo instintivamente a su Omega destinado.
Al final del trayecto, encontraron una simple piedra gigante. Solo una roca común… pero los poderes dentro de Cale se descontrolaron. El fuego se desprendió de su mano y tocó la superficie.
La roca tembló y se agrietó.
Y entonces, una voz profunda habló en la mente de Cale.
El Adoquín Gigante Aterrador despertó, confundido al detectar al “tacaño, el ladrón, el llorón y el glotón” todos juntos.
Finalmente preguntó:
—¿Quién eres tú?
Y Cale respondió con firmeza:
—Mi nombre es Cale Henituse.
Cuando Cale se presentó ante la roca, Hilsman no entendió nada, pero Eruhaben lo apartó de inmediato para que no interfiriera. Raon, inquieto, observaba a Cale: los Poderes Antiguos lo rodeaban y la tierra respondía a través de las grietas del gigantesco adoquín.
La roca seguía agrietándose mientras la voz de la Super Roca, sorprendida por el humano que había reunido cuatro poderes, resonaba en la mente de Cale. La oscuridad que se abría bajo el adoquín conducía a una especie de entrada subterránea. Cale no dudó en entrar cuando la voz le dio permiso para tomar las pertenencias de sus antiguos amigos.
Afuera, Raon quiso seguirlo, pero Eruhaben lo detuvo. En ese momento, Satoru también avanzó un paso… y luego se contuvo. Entendió que su Omega debía hacer esto solo; Por eso dejó ir a Cale solo, pero no lo perdió de vista: se quitó la venda y activó los Seis Ojos. Sus ojos azules brillaron en la penumbra mientras observaba el flujo de energía bajo tierra, siguiendo cada movimiento de Cale desde la distancia, preparado para intervenir si algo se volvía mortal.
Eruhaben de reojo miro a Satoru y lo inspeccionó con la mirada, curioso al sentir esa presión cuando satoru se quitó la venda de los ojos, pero no dijo más nada.
En la oscuridad, Cale avanzó sin problemas: la tierra misma le mostraba el camino. Mientras caminaba, escuchaba la historia de la Super Roca, un hombre que había usado su poder para proteger a los débiles, que perdió a sus amigos y guardó sus pertenencias esperando a los sucesores. Cale, completamente distinto en ideales, solo escuchó en silencio.
La luz apareció al final del túnel, y cuando llegó, encontró una enorme villa subterránea: mármol, esculturas, fuentes y salas llenas de tesoros. Joyas, armas, oro, registros, objetos valiosos acumulados durante millas de años. Cale no pudo evitar sentirse feliz; incluso rio abiertamente.
Pero también vio un pilar sellado con cadenas, talismanes y un círculo mágico rojo. La voz explicó entonces la verdad: había un camino que conectaba ese lugar con el Continente Oriental, un pasaje que solo los monstruos, y algo más, podía cruzar, mutando y haciéndose más fuertes. Él y sus amigos lo habían sellado, y solo el sucesor de la Super Roca podía romper ese sello.
Cale continuó hasta el quinto piso, donde encontró el altar y, encima, la pequeña piedra que contenía el poder. Parecía fácil obtenerlo, pero la Super Roca comenzó a gritarle que lo masticara. Era un poder que solo se activaba para proteger a otros, un poder de justicia y sacrificio.
Cale solo quería la afinidad con la tierra, no la parte molesta de “proteger el bien”. Pero cuando la voz le prometió la villa completa, dejó de pensar y se metió la piedra en la boca. Se rompió como una galleta.
La tierra tembló bajo sus pies cuando el poder se instaló en su cuerpo. La voz se fue apagando mientras explicaba las condiciones de la Super Roca:
"guardia, protección, sacrificio."
El poder de la tierra que sostiene a todos los seres vivos.
A la distancia, Satoru vio cómo la vibración subterránea se estabilizaba y relajó los hombros. Cale estaba vivo, entero y, por lo que veía, más poderoso que antes.
Raon fue el primero en reaccionar cuando la figura emergió de la oscuridad del túnel. Sus ojitos se abrieron como platos y batieron las alas con fuerza.
—¡Humano! —chilló.
Era Cale.
Raon salió volando directo hacia él, rodeándolo como un torbellino diminuto mientras lo inspeccionaba de pies a cabeza.
—¡Humano, humano! ¡Puedo sentir el poder de la tierra en ti! ¡Estarás bien ahora! —sollozó, mezclando alivio con orgullo.
Cale parpadeó, algo aturdido todavía por la resonancia del poder antiguo recién adquirido.
Antes de poder responderle a Raon, sintió una mano firme sujetándolo por la cintura desde un costado, tirándolo suavemente hacia un cuerpo cálido. El movimiento fue rápido pero no agresivo.
Era Satoru.
Estaba sin la venda. Los Seis Ojos brillaban en un azul encendido. Había estado observándolo todo: el flujo de la energía antigua, la activación del poder, cada temblor en el túnel. Había rastreado hasta el más mínimo movimiento de Cale con precisión absoluta.
-No vuelvas a meterte a lugares así sin avisar -murmuró Satoru, voz baja, casi un gruñido posesivo enmascarado por un tono ligero-. ¿Sabías que esa cosa reaccionaba como una maldición viva?
Cale lo miró raro. No solo por tenerlo agarrado de la cintura. Sino porque sin la venda, Satoru estaba reconociendo abiertamente que lo había estado vigilando.
Cale sospechó con cansancio, pero no lo apartó.
-Haces lo que quieres, ¿cierto?
-Siempre -respondió Satoru, ampliando apenas la sonrisa.
Eruhaben llegó en ese instante, observando la escena con un suspiro exasperado, aunque la felicidad en su rostro era evidente.
-Raon, deja de sofocar al humano -regañó con suavidad, acercándose.
Raon se limpió las lágrimas con la pata, mirando a Cale con una mezcla de alivio y asombro.
-Humano... deja de hacer estupideces y viaja por el continente ahora. ¡Diez aventuras como un humano normal!
-Raón.
Cale lo interrumpió suavemente.
El dragóncito se detuvo. Algo en el tono lo descolocó. Cale lo estaba llamando por su nombre... y además estaba sonriendo. No la sonrisa educada, ni la falsa. Una sonrisa alegre y genuina.
-...Humano -Raon entrecerró los ojos-. ¿Por qué te estás riendo así? Me da miedo.
Cale respondió como si hubiera encontrado un tesoro.
-Encontré mi guarida.
Raon inclinó la cabeza.
Cale les hizo una seña antes de darse vuelta y volver hacia la oscuridad.
Cuando llegaron al final del pasillo y la vista se abrió a la enorme villa subterránea, los tres se quedaron de piedra.
Raon fue el primero en gritar.
-...¡Humano! ¡Esto... esto...!
-Es nuestra villa -declaró Cale como si estuviera hablando del clima.
Satoru levantó las cejas, sorprendido. Había visto palacios en Jujutsu High y templos antiguos, pero esto...
-Hm. Nada mal, Cale. - silvo.
Raon voló en círculos, encantado. Cale se cruzó de brazos, satisfecho. Eruhaben lo observó con una sonrisa irónica.
-Tu suerte es extrañamente buena.
-Aparentemente sí -respondió Cale sin vergüenza.
Raon tironeó de la ropa de Cale con una patita.
-Humano.
-¿Qué?
Raon sonoramente con los dientes chiquitos a la vista.
-Me gusta este lugar. Buen trabajo. ¡Mereces elogios!
-...Gracias -murmuró Cale, sin saber cómo sentirse al respecto.
Eruhaben fue inmediatamente víctima del entusiasmo de Raon.
-Goldie, ¿no es mejor que tu guarida cubierta de oro? Esta casa es bonita y modesta.
-...Por supuesto -replicó Eruhaben, aceptando la provocación como un adulto cansado.
Cale y el dragón dorado intercambiaron miradas. Eruhaben susspiró y señaló el pilar de piedra encadenado.
-Parece que tendrás que investigar ese pilar.
Los ojos de Satoru se desviaron hacia la estructura inmediatamente.
Frunció el ceño. Un ceño real, serio.
Se acercó con pasos lentos, extendiendo una mano sin tocar el pilar. El aire vibro. Las inscripciones antiguas parpadeaban como si respondieran a la presencia de su energía.
-...Esto no es solo un sello común -murmuró Satoru, más para sí que para el resto-. Hay patrones parecidos a los de mi mundo. Runas que se parecen a las del collar que te di, Cale.
Cale dio un respingo. Recordaba ese collar: una barrera espiritual, una protección del alma que solo Satoru podía haber fabricado.
Eruhaben ladeó la cabeza, sorprendido, se acercó de inmediato, ojos brillantes de curiosidad.
-Interesante -dijo, voz suave y peligrosa-. Muy interesante.
Cale suspir, ya viendo venir el desastre.
-Eruhaben-nim, entonces... ¿por qué no lo investiga un poco?
El Dragón Dorado lo miró con burla.
-¿Intentando empujarme al trabajo?
-Pero no es falso que Eruhaben-nim es el más sabio entre todos nosotros.
-Tss. Pregunta inútil -aunque la comisura de sus labios tembló-. Bien. Fingiré caer en tu plan... porque es cierto que soy el más sabio.
Raon celebró en voz alta.
Mientras tanto, Hilsman seguía de pie con expresión de vacío absoluto.
Cale lo ignoró gentilmente.
Raon se acercó en voz baja.
-Humano... si ese pilar estuvo bien por cien mil años... ¿no deberíamos ignorarlo también por cien mil años?
Cale lo miró, orgulloso.
-Exactamente.
Eruhaben, sin embargo, tenía otra expresión.
Fue entonces cuando Satoru volvió a acercarse a Cale, inclinándose un poco para hablar solo para él.
-Esos símbolos -susurró-. No sé cómo, pero tiene similitudes con mi mundo.
Cale presionó el puente de la nariz. Y se sintió ligeramente inquieto al oírlo mencionar su mundo.
-Perfecto. Lo que me faltaba.
Satoru noto su incomodidad y le agarro la cintura para mantenerlo a su lado, seguro. Quiso decir algo pero Eruhaben intervino antes de que Satoru siguiera:
-Que intrigante. Definitivamente debo investigarlo.
Cale suspiro, y decepcionado, derrotado.
-Eruhaben-nim, debería quedarse aquí para estudiar el pilar.
Raon lo apoyó.
-¡Obtengamos experiencia práctica aquí!
El Dragón Dorado ignoró a Raón.
Cale insistió:
-Podría traer al resto del grupo. Sería un lugar ideal para entrenar juntos.
Eruhaben suspir profundamente.
-De acuerdo. Pero no me quedaré aquí permanentemente.
-¡Goldie, quédate! ¡Te necesito! -protestó Raón.
-Dios mío...
Entre suspiros, el Dragón Dorado habló:
-Instalaré un portal de teletransportación.
-¡¿De verdad?! ¡Goldie, eres el mejor!
Cale casi se emocionó.
Tener un portal directo entre esta villa subterránea y la guarida del Dragón Dorado... era una garantía de supervivencia.
-Eruhaben-nim, solo necesitamos las coordenadas.
-Lo haré rápido porque es molesto.
Raon se acercó para ayudar. Sorprendentemente, incluso Hilsman dio un paso al frente.
Cale se cruzó de brazos, observando a su pequeño grupo reunirse.
-Ya es hora de entrenar -murmuró-. Y puede que necesiten algo de motivación.
Satoru se inclinó para besar su mejilla y atraerlo a un abrazo más fuerte.
-¿Motivación? Yo puedo motivarte cuando quieras.
Cale suspiró otra vez.
Raon los miró y gritó indignado:
-¡Humano! ¡No te distraigas con el humano blanco! ¡Estamos trabajando en la guarida!
Eruhaben se rió por lo bajo, aunque tratado de disimularlo.
El caos doméstico había comenzado oficialmente en la nueva villa subterránea.
Y Cale, por primera vez en mucho tiempo, no lo veía como algo malo.
°°°
Todos estaban reunidos ahora.
El gran salón del primer piso de la villa de cinco pisos estaba lleno; las voces se superponían, los pasos resonaban contra el mármol impecable, y la luz cálida hacía brillar cada superficie como si la villa hubiera despertado después de millas de años de dormir.
Cale había enviado a Hilsman para ir a buscar a Hans ya los diez niños Lobo. Una vez que Eruhaben terminó el portal de teletransportación, todos excepto el Elfo Pendrick, que se quedó protegiendo la guarida, habían viajado a la villa.
La sorpresa había sido general. Incluso aquellos acostumbrados a palacios, fortalezas o mansiones de ricos nobles se quedaron boquiabiertos; era un lugar detenido en el tiempo.
Cale tomó aire para hablar.
-Miren a su alrededor y elijan una habitación en el segundo piso o en el cuarto piso. El quinto piso es mi habitación.
-¿Seguiremos viviendo aquí? -preguntó Hans, con los ojos brillantes.
-Si.
-Miaaauu.
-Miaaaaaauuuu.
On y Hong se acercaron de inmediato al lado de Cale. Raon, naturalmente, también estaba con ellos, flotando como si fuera su sombra alada.
Raon lo vigila con atención.
-Humano, entonces... ¿nuestra habitación es el quinto piso?
-... ¿Por qué es "nuestra" habitación? -repitió Cale con la voz plana.
-(¿Cuándo exactamente mi habitación se convirtió en la de estos niños?)-
Antes de que pudiera preguntar, una mano grande se posó en su cintura.
Satoru.
El Alfa se colocó detrás de él como si fuera completamente natural, su sonrisa expandiéndose como una manta invisible que envolvía a los niños dragón y gatos. Su voz sonó suave... pero terriblemente cargada de intención.
-Cale. -Apretó un poco más su cintura-. ¿El quinto piso, no? Es solo nuestra habitación. Para nosotros dos solamente...
Los ojos sin venda de Satoru, azules, abismos de luz, capaces de quebrar montañas, miraron fijamente a los niños tres.
On y Hong maullaron descontentos, Raon se infló como un gato molesto.
-¡Humano blanco, cálmate! ¡Esa es nuestra habitación también! ¡Somos grandes y fuertes!
-¿Ah, sí? -sonrió Satoru con crueldad juguetona-. ¿Y cuál de ustedes pagó el alquiler?
-¿Qué es 'alqui...'? ¡Humano! ¡Me estás provocando! -Raon aleteó indignado.
- Solo digo los hechos, esa habitación es para que Cale y yo pasemos abrazados en la noche - movió sus cejas juguetonamente mientras estrechaba a Cale en sus brazos.
Cale suspir profundamente, sonrojado y cansado en todos los niveles posibles. No intervino; dejó que se mataran solos si querían.
-...Hagan lo que quieran -murmuró simplemente.
Satoru inclinó la cabeza, satisfecho. Raon casi explotó.
Cale apartó la mirada y recorrió la sala.
Beacrox examinaba la barandilla de la escalera con el ceño fruncido. Sacó un guante blanco y lo deslizó en la mano izquierda, como si la villa hubiera insultado personalmente su sentido de la limpieza con una mota de polvo.
Mientras todos empezaban a dispersarse para ver sus habitaciones, Cale se acercó a Choi Han.
Choi Han seguía mirando todo con los ojos abiertos.
-...No sabía que existía un lugar así en el Bosque de la Oscuridad -susurró.
Cale entendió perfectamente.
-(Vivió aquí décadas. Solo. En la oscuridad. Y ahora ve esto...)-
Rosalyn también admiraba los pasillos, la arquitectura brillante.
-¿Cómo sigue tan perfecto después de diez mil años? Parece que estuvo vacío apenas un año -dijo con asombro.
-El tiempo se detuvo aquí -respondió Cale.
Ella apuntando con una sonrisa brillante.
Cale aprovechó ese instante para mirar al resto: Ron y Beacrox subiendo las escaleras, los niños explorando, Eruhaben distante, evaluando el espacio. Satoru aún estaba molestando a los niños porque él iba a quedarse en la habitación con Cale.
Perfecto. Todos podían escucharlo.
Cale levantó un poco la voz.
-El dueño de este Poder Antiguo era conocido como 'El Guardián'.
Los niños Lobo detuvieron su carrera. Lock giró la cabeza. Choi Han, Rosalyn, incluso Hans, todos estaban escuchando.
-Según la leyenda, protegió el noreste cuando el continente cayó en tinieblas.
-Qué persona tan maravillosa -murmuró Rosalyn.
-Esto es lo que me dijo al dejarme esta villa -continuó Cale.
Todos lo miraron, expectantes.
-"Protegido".
Un silencio cargado cayó sobre la sala.
Rosalyn inhaló. Choi Han presionó la mandíbula. Lock abrió más los ojos.
Y entonces Satoru avanzó.
Puso una mano sobre el hombro de Cale, pero delicada, casi simbólica, y habló con voz baja, suave, pero que resonó por todo el salón.
-Solo a ti te pasa cariño... recibir poder, una carga y un destino en la misma frase -sonrió inclinándose sobre él-. Y aún así seguir como si nada.
Todos lo observaron.
Cale simplemente lo empujó con el codo para apartarlo, pero Satoru solo se rió y no se movió.
Cale continuó:
-Pensé que era mejor que todos se quedaran aquí. Juntos.
"Protegido".
Ellos entendieron sin que Cale lo dijera explícitamente.
Rosalyn entusiasmada con la expresión de "este chico es imposible pero adorable".
Eruhaben lo observaba como si no pudiera comprender cómo alguien podía ser tan patéticamente bondadoso.
Cale cambió el tono.
-Nos esperan problemas difíciles.
La mención de la guerra, del Imperio, del Norte, de Arm, tensó el ambiente. Era inevitable.
Grifo.
La mano de Cale cayó sobre el hombro de Choi Han.
-Confío en ti -dijo con firmeza.
El mundo quedó en silencio por un instante.
Choi Han se sobrecogió. Sentía el peso de esa mano como una promesa.
Y luego Satoru apareció otra vez, metiéndose en el medio.
-Ajá. Ajá. Suficiente contacto físico con mi Omega, gracias.
Choi Han dio un paso atrás de inmediato. Cale lo miró con una exasperación resignada.
Raon se infló otra vez.
-¡Humano, no te preocupes! ¡Un gran ser como yo se volverá aún más fuerte! ¡Protegeré todo!
Lock presionó el puño. Los niños Lobo también. Cale sonriendo apenas y luego habló:
-Me faltan fuerzas.
-¡Por eso debes sentarte, humano! ¡Siempre estás tosiendo sangre!
El drama de Raón rompió otra vez la solemnidad.
Cale lo ignoró.
-Así que solo puedo ayudarte a todos lo mejor que pueda.
-¡No lo necesitas! ¡Yo soy grande y poderoso! -insistió Raón.
Justo cuando el ambiente volvía a desordenarse, Choi Han habló con voz firme:
-Me haré más fuerte. Para protegerlos a todos.
Cale le dio una palmada en el hombro, esta vez Satoru no intervino; solo observar con los ojos entornados, celoso pero curioso.
La determinación crecía en cada uno del grupo. Lock, Beacrox, Rosalyn, Hans, los niños Lobo...
Justo cuando el momento alcanzaba su punto máximo, Satoru habló desde atrás de Cale:
-Y yo no pienso quedarme atrás. -Se acerca a Cale con una sonrisa peligrosa-. Necesito proteger a mi descuidado Omega.
Cale simplemente apoya su cabeza en el hombro de Satoru y los miro a todos.
La llama estaba encendida en todos ellos.
Y Cale, mirándolos uno por uno, pensó:
-(Él también me protegerá cuando se vuelva más fuerte.)-
Era inevitable.
°°°
Dos días después, Cale lamentó profundamente sus decisiones al ver el campo de entrenamiento completamente cubierto de polvo y sangre.
-Uf...
-¿Te vas a caer así? -preguntó Choi Han, su tono más propio de un MC de caricatura que de un espadachín peligroso.
-¡No! ¡Yo no caeré!
Lock, en su estado de locura, estaba cubierto de heridas mientras cargaba contra Choi Han con un grito desgarrador.
-¡Ven! ¡No puedes caer si quieres hacerte más fuerte! -gritaba Choi Han, con varias bolas de metales pesados atadas al cuerpo.
-¡Aaaaaahhhhhh!
En toda la zona se repetían escenas similares: sangre, polvo, sudor, heridas por todas partes. Todos entrenaban como si la vida dependiera de ello.
-(...No esperaba tanto.)-
Cale estaba un poco ansioso por lo duro que todos se estaban esforzando.
-(¿Esto está bien? Si siguen así, todos van a volverse monstruosamente fuertes...)-
Y mientras todo en su mansión parecía un campo de batalla improvisado... él estaba sentado cómodamente entre las piernas de su alfa.
Satoru tenía los brazos rodeándolo desde atrás, la barbilla apoyada en su hombro, completamente relajada, moviendo lentamente una mano para acariciar el abdomen de Cale como si estuvieran viendo un atardecer en vez de un entrenamiento salvaje.
-Están motivados, ¿no? -comentó Satoru, divertido.
-Demasiado motivados -susurró Cale, suspirando-. Se van a romper todos si siguen así...
Satoru lo presionó un poco más contra su pecho.
-Tranquilo, amor. Si se rompe, los pegamos. Yo soy muy bueno pegando cosas -dijo con esa sonrisa suya que significaba que no tenía ni idea de lo que estaba hablando, pero igual sonaba seguro.
-(...¿por qué está tan relajado? Se supone que también tiene que entrenar... ¿No?)-
Y por supuesto, alguien más pensaba exactamente lo mismo.
A unos metros, Choi Han, con una vena palpitándole en el frente, observaba cómo Satoru abrazaba a Cale con completa tranquilidad, exactamente al mismo tiempo que Lock volvía a lanzarse contra él con un rugido.
Choi Han esquivó, pateó, giró... pero no dejó de mirar a Satoru ni un segundo.
Finalmente, explotó.
-¡Tú! -gritó, señalándolo con la espada.
Cale sintió el temblor en el brazo de Satoru, no porque estuviera nervioso, sino porque estaba aguantándose la risa.
-¿Si? -respondió Satoru con la voz más inocente del mundo, sin mover ni un dedo para dejar de abrazar a su Omega.
-¡¿Por qué no estás entrenando?! -vociferó Choi Han-. ¡Eres el alfa de Cale-nim! ¡Se supone que debes protegerlo! ¡Todos estamos dando todo lo que tenemos y tú... tú...!
Satoru lo interrumpió con una sonrisa insoportable.
-Yo estoy protegiéndolo. Mira -apretó a Cale aún más contra él-. Perfectamente protegida.
Cale cerró los ojos, resignado.
-(...Este idiota lo hace un propósito.)-
Choi Han tembló de indignación.
-¡No puedes quedarte sentado! ¡Pelea conmigo! ¡Ahora!
Satoru ladeó la cabeza.
-¿Un duelo? ¿Con recompensa?
-¡No hay recompensa!
-Entonces no suena divertido... -canturreó, pero la expresión de Choi Han era tan intensa que hasta Cale sintió peligro.
El alfa soltó un suspiro, muy dramático.
-Está bien, está bien. Pero solo porque si no te va a explotar una arteria -dijo mientras finalmente se levantaba... sin soltar a Cale.
-Satoru -murmuró Cale, empujándolo un poco-. Suéltame.
-No quiero -respondió él, como siempre que quería molestar.
-Suéltame igual.
-...Bueno -cedió, pero antes de hacerlo le dio un abrazo rápido, apretado, y un beso directo en la mejilla solo para que Choi Han lo viera.
Choi Han efectivamente lo vio. Y casi se atragantó del enojo.
-(...Eso no es entrenar, Satoru.)-
-Muy bien -dijo Satoru, estirándose perezosamente-. Vamos a tu duelo, Choi Han.
A su alrededor, el polvo todavía flotaba y el aire olía a sangre y esfuerzo. Pero Satoru seguía sonriendo como si apenas se estuviera despertando de una siesta.
Cale suspiró.
-(Esto va a ser un desastre.)-
Satoru caminó hacia el centro del campo de entrenamiento con la actitud de alguien que solo iba a estirar las piernas un momento. Ni siquiera se sacó la venda. Ni las sandalias. Ni el aire de "me desperté de una siesta hace dos minutos".
Choi Han, en cambio, parecía listo para iniciar una guerra santa.
Lock, sangrando, algo golpeado pero emocionado, se apartó de inmediato. El resto también retrocedió, murmurando; todos habían visto el poder absurdo de Choi Han... pero Satoru era un desconocido. Un tipo extraño, blanco, hermoso y demasiado pegado a su joven maestro.
Y no parecía tomar nada en serio. Cale se llevó una mano a la frente.
-(...esto no va a terminar bien para mi paz mental.)-
Satoru levantó una mano en un saludo perezoso.
-Bueno, Choi-tan, ¿listo?
-¡Es Choi Han! -rugió él.
Satoru claramente, claramente más animado por la reacción.
-Ahh~ sí, sí. Eso dije. ¿Vas a atacar o tengo que esperar a que te tomes un té?
Choi Han cargó de inmediato, rápido, mortal, la espada brillando con intención clara. Se movía como un torbellino, preciso y feroz.
Satoru ni sacó las manos de los bolsillos. Simplemente inclinó un poco la cabeza.
La espada pasó de largo, cortando el aire con un zumbido que levantó polvo en una onda expansiva.
-Bonito intento -comentó Gojo, sin moverse del sitio.
Choi Han giró y atacó otra vez, con más fuerza. Y otra. Y otra.
Satoru esquivaba cada golpe con mínimos movimientos: un paso, un leve giro de hombros, una inclinación del torso. Cada vez con una sonrisa más amplia.
-¿Eso es todo? Puedes gritar si te ayuda a sentirte más fuerte -dijo Satoru.
-¡Cállate! -Choi Han aumentó la velocidad, el aura oscura vibrando a su alrededor.
Satoru lo observó venir. Y bostezó.
Cale sintió que un tic le saltaba en el ojo.
-(Le está tomando el pelo demasiado...)-
-¿Quieres que lo haga más fácil? -dijo Satoru, sin pizca de maldad genuina, solo diversión pura-. Puedo cerrar los ojos.
-¡YA LOS TIENES CUBIERTOS! -Estalló Choi Han.
Satoru se tocó la venda.
-Ah... es verdad.
Cale sospechó tan fuerte que hasta Lock lo miró con lástima.
Choi Han atacó con un golpe descendente tan poderoso que partió el suelo detrás de Satoru cuando este volvió a esquivar como si nada, inclinándose hacia atrás con un movimiento fluido, casi estético.
-Vaya, qué intensidad. Si peleás así todos los días, Cale debe estar orgulloso de ti -comentó.
Cale abrió la boca.
-¡No me metas en esto!
Satoru se rio suavemente.
- Lo siento mi pequeño Omega precioso...
Choi Han rugió como si la palabra "Omega" lo empujara tres niveles más profundos en la rabia.
-¡DEJA DE BURLARTE! ¡PELEA EN SERIO!
Satoru inclinó la cabeza. Luego dio un paso.
Solo uno. Y desapareció.
Choi Han parpadeó; su instinto gritó. Giró la espada detrás de él justo un tiempo, pero todo lo que logró fue rozar el borde de la ropa de Satoru, que ahora estaba a su espalda, aún con las manos en los bolsillos.
-Eso estuvo cerca -dijo Satoru, con una carcajada suave-. Si me sacás una prenda vas a poner celoso a Cale~
Cale estaba cubriendo la cara con ambas manos.
-(¿POR QUÉ... por qué vivo así?)-
Choi Han volvió a girar, el cuerpo tenso, pero esta vez Satoru le tocó la punta de la espada con un dedo.
Solo un toque.
La espada vibró como si hubiera recibido un mazazo de acero. Choi Han retrocedió de inmediato, sorprendido.
Satoru sonrió.
-Mmm... tienes un buen estilo. Pero estás muy tenso. ¿Quieres que te enseñe a respirar? Yo soy muy bueno dando clases.
-¡No necesito tus clases! -gritó Choi Han, enrojecido.
Satoru se encogió de hombros.
-De acuerdo. Entonces termino esto rápido, ¿sí? Tengo que volver a abrazar a Cale -dijo con total sinceridad.
Choi Han cargó una última vez, gritando, lanzando su ataque más fuerte.
Satoru levantó un pie y simplemente pateó el suelo.
Una onda de aire lo impulsó hacia adelante; un movimiento suave, casi casual, pero suficiente.
Cuando Choi Han parpadeó, la mano abierta de Satoru estaba posada en su pecho.
-Listo.
Un empujón mínimo.
Choi Han voló hacia atrás como si lo hubiera atropellado una carreta divina.
Rebotó contra el suelo tres veces antes de quedarse tendido, respirando agitado pero consciente.
-...ganaste... -escupió, frustrado.
Satoru se estiró, sin una gota de sudor.
-Buen duelo. Cuando quieras otra clase gratis, solo dilo...
Cale siguió cubriendo el rostro con ambas manos.
-(Lo mato.)-
Satoru, sin leer el peligro, volvió al lado de Cale, lo levantó del suelo sin pedir permiso y lo abrazó con total satisfacción.
-Listo, amor. Volví.
-Sos un desastre -murmuró Cale.
-Pero tu desastre preferido -respondió él, sonriendo contra su cuello.
Choi Han permaneció tirado unos segundos, respirando como si el orgullo le pesara más que la caída. Lock lo miraba con admiración absoluta.
Satoru, por su parte, seguía abrazando a Cale como si nada importante hubiera ocurrido.
-Te dije que volvería rápido, amor -murmuró contra su cuello.
-No necesitabas humillarlo -respondió Cale, sin fuerza real en la queja.
-No lo humillé, solo lo dormí un poquito sin tocarlo mucho. Soy amable.
Cale suspiró.
En ese momento, la voz de Choi Han resonó nuevamente:
-...otro.
Satoru parpadeó sin soltarse de Cale.
-¿Mmm?
Choi Han se levantaba con el pelo revuelto, la ropa sucia, la espada temblando en su mano. Pero sus ojos estaban determinados, brillando con esa intensidad suya que siempre mezclaba devoción, terquedad y honor.
-Quiero otro duelo.
Cale frunció el ceño.
-¿Otra vez? ¿No te alcanzó con volar tres veces?
-Tengo... que hacerme más fuerte -respondió él, apretando los dientes-. Y reconozco... -su rostro tembló, como si esas palabras le dolieran esencialmente- que eres fuerte, Satoru-ssi.
Satoru levantó una ceja.
-¿Eso fue un halago o una úlcera verbal?
Choi Han ignoró el comentario.
-¡Pelea conmigo de nuevo! ¡Quiero aprender! -dijo, firme, levantando su espada.
Satoru se mostró entusiasmado como si un niño le hubiera pedido una galleta.
-¿Otra pelea? Pensé que ya eras suficiente puré de guerrero por hoy.
-¡No estoy derrotado! -replicó Choi Han, aunque todos sabían que sí estaba derrotado, física, emocional y espiritualmente.
El bloqueo tragó saliva.
-¿E-Estás seguro, Hyung...?
-Sí -dijo él, firme-. Eres fuerte, Gojo-nim. Muy fuerte... -lo dijo como si cada palabra le doliera-. Puedo aprender de ti. Quiero enfrentarme de nuevo.
Satoru alarmante, peligrosamente divertido.
-Ahh, esa parte me encanta. La del reconocimiento.
Choi Han apretó los dientes.
-No es reconocimiento. Es... una evaluación honesta de capacidad.
-Eso es reconocimiento, Choi-tan -canturreó Satoru.
-¡¡ES CHOI HAN!!
Cale enterró la cara en la mano y suspir.
-(¿Por qué están todos así últimamente?)-
Choi Han dio un paso adelante.
-No estoy pidiendo clemencia. Estoy pidiendo que me muestres cómo mejorar. -Su mirada era intensa, pero también sincera-. Si eres el Alfa destinado de Cale-nim... quiero saber cuán fuerte puedo llegar a ser para protegerlo también.
Satoru parpadeó. Miró y Choi Han.
Choi Han señaló con la espada a Satoru.
-Puedo notar que no peleaste en serio. Ni siquiera un poco. Sería un error no aprovechar la oportunidad de entrenar con alguien así.
Satoru levantó ambas cejas, impresionado.
-Mirá vos... habla lindo cuando quiere.
Luego miró a Cale, cargando la cabeza, esperando.
Cale lo fulminó con la mirada.
-¿Qué?
-Necesito tu permiso, amor. Si vas a enojarte porque lo dejo inconsciente otra vez prefiero que me abraces en el sillón. Soy alguien que respeta los límites de pareja.
Cale abrió la boca, aterrado de lo mucho que eso tenía sentido viniendo de él.
-...No voy a enojarme -respondió al final, cansado-. Pero no lo compañeros.
Satoru llamativamente como un sol inquietante.
-Me conformo con eso.
Choi Han se preparó, postura firme.
-Quiero observar tu técnica de cerca. No me importa si pierdo cien veces. Voy a aprender.
-Qué adorable -dijo Satoru-, pero está bien.
Deslizó a Cale a un lado, aunque sin soltar su mano.
-Voy a darle otro paseíto a tu espadachín favorito. Mirame bien, ¿sí?
Cale se mordió el interior de la mejilla para no responder.
-(Se nota que solo acepta porque lo estoy mirando...)-
Satoru se adelantó un paso, manos aún en los bolsillos, ojos vendados, sonrisa peligrosa.
-Está bien, Choi Han. Segunda ronda. Mostrame qué tan rápido aprendes.
-Gracias. No retrocederé esta vez.
Satoru se estiró los brazos por detrás de la cabeza, despreocupado.
-Perfecto. Igual tampoco voy a sacarme las manos de los bolsillos.
-¡¿Qué-?! -Choi Han tembló.
Satoru sonrió.
-Dale, Choi-tan. Muéstrame cuánto quieres mejorar.
Choi Han rugió y volvió a la carga con un nuevo ataque, mientras todos alrededor suspiraban, temían o se emocionaban.
Y Cale...
Cale simplemente se frotó la sensación, pensando.
-(Por favor... que no derrumben la villa.)-
La segunda pelea terminó casi igual que la primera: Choi Han deslizándose por el suelo, jadeante, y Satoru apenas sacudiéndose el polvo del hombro con una mano en el bolsillo. Pero no se detuvieron ahí. Fue como si cada derrota alimentara la determinación de Choi Han. Pidió una tercera, una cuarta, una quinta... y Satoru ganó todas, divertido, totalmente relajado, como si estuviera paseando y no midiendo fuerzas con uno de los guerreros más habilidosos del continente.
La tercera pelea duró menos de lo que tardó Raon en decir "¡Mi poderoso humano blanco es increíble!". Esta vez, Choi Han intentó un ataque en zigzag, buscando un punto ciego. Satoru, sin mover los pies, inclinó apenas la cabeza y dejó que la ráfaga de viento pasara un centímetros. Luego lo golpeó con la presión de un dedo en el pecho, una fuerza mínima, y aún así Choi Han salió volando hacia atrás como si lo hubiera empujado un gigante invisible.
En la cuarta, Lock, exaltado por el espectáculo, decidió ayudar a Choi Han. Saltó en su modo de locura, rugiendo, listo para abalanzarse sobre Satoru. Pero apenas llegó a un metro de distancia, una corriente de aire lo levantó por las patas y lo mandó directo hacia un arbusto cercano, dejando solo sus piernas asomando. Satoru ni siquiera lo miró. Solo murmuró:
-Interferencia no autorizada.
Cale se llevó una mano a la frente.
-(Gran espectáculo... y gran dolor de cabeza.)-
Para la quinta pelea, ya tenían público.
Eruhaben observaba con los brazos cruzados, ojos entrecerrados, analizando a Satoru como si intentara descifrar un acertijo imposible. Rosalyn se había acercado con un cuaderno, tomando notas fascinadas. Los niños lobo animaban a Choi Han con gritos como si estuvieran viendo un torneo épico. Hans aplaudía emocionado cada vez que Satoru hacía algún movimiento elegante. Ron miró en silencio, aunque sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de interés y desconfianza. Beacrox estaba estático, sujetándose unas vendas por si acaso.
La quinta pelea terminó cuando Satoru atrapó la espada de Choi Han entre dos dedos -sin recibir un solo rasguño- y lo empujó hacia atrás con un toque en el frente. Choi Han rodó por el suelo pero se levantó de inmediato, jadeando, empapado en sudor, aunque sin rendirse.
-¡Otra! -exigió, con la voz ronca.
-¿No te cansás, Choi-tan? -se burló Satoru.
-¡ES CHOI HAN! ¡Y NO ME RENDIRÉ!
-Eso me gusta -respondió Satoru con tono satisfecho.
La sexta fue un baile. La séptima, un desastre: Satoru esquivó un ataque y la pared oeste de la villa recibió el impacto en su lugar. La octava dejó un agujero en el suelo. La novena... bueno, Cale prefirió no pensarlo.
Para la última del día, la décima, Choi Han ya estaba temblando pero con una sonrisa determinada. Satoru lo miró como si admirara su esfuerzo. Pero aún así, solo necesitó un gesto de su muñeca para enviarlo al suelo por décima vez.
Cuando todo terminó, el campo de entrenamiento parecía haber sobrevivido a un huracán malhumorado.
Esa noche, Cale estaba parado cerca de la cama del quinto piso, mirando los daños que tendrían que reparar. Varias baldosas rotas. Un muro que probablemente habían construido hacía diez mil años ahora tenía un agujero del tamaño de Lock. Y el césped... bueno, eso ya no existía.
Satoru se acercó por detrás, listo para abrazarlo y recibir la noche de mimos que consideraba su derecho natural.
-Amor... ya bañé, ya me puse tu ropa favorita, ya eché a los intrusos de nuestro cuarto más temprano... ¿venís o te traigo?
Antes de que pudiera rodearlo con los brazos, Cale levantó una mano para detenerlo.
-No.
Satoru se quedó congelado.
-...¿No?
-Hoy no vamos a dormir solos.
Satoru abrió los ojos como si le hubieran partido el corazón.
-¿Qué? ¿Por qué?
Cale señaló con el pulgar hacia la puerta.
Raon, On y Hong estaban parados ahí, sosteniendo sus almohadas, sus mantas y con ojos brillantes de emoción.
-Satoru -dijo Cale con esa calma que solo anunciaba castigo-. Hoy los niños duermen con nosotros.
Satoru palideció como si le hubieran dicho que sería ejecutado al amanecer.
-¿P-pero por qué? ¡Yo gané ese derecho! ¡Me gané el quinto piso! ¡Los derroté justamente! ¡Incluso al gato rojo! ¡Y al gris! ¡Y-!
-Rompiste una pared. Varios pisos. Y destruiste el jardín.
Satoru abrió la boca.
La cerrada.
La volvió a abrir.
-Fue... ¡fue la inercia del impacto de Choi Han! ¡No es mi culpa que sea tan liviano! ¡Ese hombre necesita más masa muscular!
-Castigo -determinó Cale, sin moverse un centímetro-. Una noche con los niños. Durmiendo todos juntos. Sin quejas.
Raon saltó a la cama como un rayo.
-¡Humanoooo! ¡Hoy dormimos juntos como familia!
On se acomodó al lado de Cale.
Hong se acostó sobre una manta a los pies, como un gatito.
Satoru miró la escena con expresión devastada, casi trágica.
-Cale... -susurró-. ¿Me estás... reemplazando... con niños?
-No. Solo estás castigado.
Raon asomó la cabeza entre las mantas.
-¡Poderoso humano blanco, puedes dormir al fondo!
Satoru cerró los ojos, respiró hondo y se dejó caer en la cama con resignación absoluta.
-...Voy a morir -murmuró, acurrucándose detrás de Cale, aunque sin dejar de abrazarlo por la cintura como si reclamara terreno-. Esto es peor que perder una pelea.
-No exageres -dijo Cale.
-Sí exagero...Este es el peor final posible después de ocho victorias.
Cale le dio una palmada en el hombro.
-No destruyas paredes la próxima vez.
-Amooooorr... -murmuró Satoru, hecho un alma en pena-, ¿esto cuenta como traición emocional?
-No -respondió Cale, metiéndose en la cama con la serenidad de quien está acostumbrado al caos-. Esto cuenta como justicia.
La habitación quedó en silencio después del castigo anunciado. Satoru se dejó caer en la cama con un suspiro resignado, extendiendo los brazos para recibir a Cale, que subió con la dignidad fría de alguien que aún estaba molesto pero demasiado cansado para discutir. Se acomodó directamente sobre su pecho, con la mejilla apoyada a la altura del corazón de Satoru.
Satoru suena apenas, rodeándolo con los brazos con un cuidado casi exagerado, intentando disfrutar al menos de eso.
Pero los niños no tardaron ni tres segundos en trepar como si fueran pequeños depredadores reclamando territorio.
Raon fue el primero: se acurrucó encima de las piernas de Satoru, enroscando su cola alrededor de uno de sus muslos como si lo estuviera amarrando para que no escapara.
Hong se acomodó directamente sobre el costado izquierdo del pecho de Satoru, entre Cale y Satoru, como un gato que encuentra un lugar cómodo y decide que es suyo para siempre.
On se acurrucó sobre su brazo derecho, usándolo como almohadón, sujetándolo inconscientemente como si temiera que se moviera.
Y así, lento pero seguro, entre respiraciones, mimos y pequeñas manos posesivas, los cuatro terminaron literalmente encima de él, prensándolo contra el colchón como si fueran una manta viviente.
-...¿Cale? -susurró Satoru, con voz apenas audible-. No puedo moverme.
Cale, con los ojos medio cerrados y la cabeza descansando en su pecho, respondió con absoluta calma:
-Es el punto.
-...¿Cale? -susurró Satoru, completamente inmovilizado.
-Castigo -murmuró Cale, sin abrir los ojos, apoyado cómodamente en su pecho.
Satoru intentó mover un brazo, pero On gruñó dormida. Intentó mover la pierna, pero Raon se aferró más. Hong tenía agarrada su camiseta con las uñas.
Cale respiraba tranquilo contra él, calentito y adorable.
Satoru quedó atrapado. Aplastado. Derrotado.
-Esto no es justo -susurró, rendido, mientras todos los cuerpos pequeñitos lo aplastaban más y más.
Cale, medio dormido, apenas murmuró:
-Dormí.
Y Satoru, viendo a su Omega respirando tranquilo sobre su pecho y a los tres niños profundamente dormidos encima de él, solo pudo sonreír suavemente, aunque no pudiera mover ni un dedo.
Era un castigo.
Pero también, de alguna manera, una pequeña felicidad.
-Bueno... si es así -susurró al fin, bajito, incapaz de contener una sonrisa suave-. Supongo que puedo sobrevivir a esto.
Y así, atrapado bajo su Omega y los tres pequeños, inmovilizado pero rodeado de calor, terminó quedándose dormido también, con una sonrisa que no se le borró ni un segundo.
