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Fandom:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2019-12-28
Completed:
2019-12-28
Words:
15,018
Chapters:
7/7
Comments:
2
Kudos:
36
Bookmarks:
2
Hits:
483

Y si te quedas, ¿qué?

Summary:

Amantes a escondidas, Guillermo Graziani y Pedro Beggio viven una doble vida de mentiras en la que los dos parecen estar de acuerdo, hasta que uno de ellos decide que no puede continuar con la farsa.

Notes:

Disclaimer: ¿Pueden creer que Guillermo Graziani, Pedro Beggio, el resto de los personajes y el cánon de Farsantes no son míos? Hasta ahora, pertenecen a la dupla Aguirre-Segade&Cía, amontonados bajo el paraguas asesino de Pol-ka.
Tampoco es mía la letra de la canción Y si te quedas, ¿qué? Le pertenece a Santiago Cruz y la tomé prestada para la ocasión.
Pero es mío el jarro térmico azul metalizado, donde tomé litros de mate cocido con menta mientras esta historia, con todas sus idas y vueltas, se terminaba de contar. Mi duende de la buena suerte me hizo compañía. Los invito a pasar. La entrada corre por cuenta de la casa. Si necesitan algo, no tienen más que hacer sonar la campana.
Espero que disfruten la estadía.

Agradecimientos: A Lilita y Paula, por alentar esta historia cuando era apenas un delirio y salvarla de la papelera. A Nora, por sus sabios y generosos consejos. Lo que tiene de bueno el texto, se lo debo a ella. Los errores son todos míos.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo.

Proverbio chino

 

 

Buenos Aires, setiembre, 2014

La siesta se vuelve noche en Buenos Aires. El Servicio Meteorológico ha emitido un alerta de sudestada para el Río de La Plata y áreas costeras. “Se prevé que en las próximas horas, con el avance de un frente frío, se generen intensas lluvias y tormentas sobre la zona de cobertura, pudiendo estar acompañadas de fuertes ráfagas de viento”.  —anuncia con voz monótona el locutor de turno.

El pronóstico es, a las siete de la tarde, una realidad. Llueve a cántaros. Las luces de la costanera son flecos que oscilan al compás de las espesas ráfagas de agua que asolan la ciudad. La avenida, inundada, se hace casi intransitable.

Parado detrás del ventanal de un loft ubicado en el último piso de un edificio reciclado, un hombre observa cómo el oleaje del Río de la Plata se estrella contra el paredón de la costanera.

A pesar de la oposición de sus socios, Marcos sigue empeñado en aceptar pagos en especias. Gracias a eso, y a un caso de sucesión bastante complicado, donde no faltaron denuncias penales por estafa procesal, uso de documentos falsos, y hasta un juicio de filiación, el estudio recibe la propiedad como parte del pago de honorarios.

El lugar tiene apenas 46m2, contando el balcón-terraza, donde los efectos devastadores de la tormenta poco han dejado del jardín que surgía con esplendor babilónico. Aunque afuera ruge la tormenta, adentro el lugar se mantiene tibio.

Le gustan los días de lluvia. Llovía la madrugada en que le desnudó su alma. Igual que llueve hoy, que viene dispuesto a jugarse por lo que ya no puede ni quiere seguir negando. Es una apuesta alta; conoce bien a su oponente y sabe que no le gusta sentirse acorralado.

Un ruido a sus espaldas llama su atención; gira la cabeza, rastrea en las sombras que invaden el estar. Ahí no hay nada más que silencio. Ni siquiera sabe si vendrá. Pero él tiene la urgencia, la profunda necesidad de estar en ese espacio, el de ellos, el que han ido llenando con pedacitos de sus vidas. Pedacitos robados acá y allá, piezas dispersas de un rompecabezas que siempre está incompleto. Recuerdos desordenados, fragmentos  mínimos, lo indispensable para poder decir que aquel era su lugar más que cualquier otro en el mundo.

El hombre se pierde en sus recuerdos, se deja llevar por los fantasmas que la memoria convoca. Memorias de ellos dos, del comienzo de esa historia, del lugar. Del momento en que deciden convertirlo en su refugio, porque están de acuerdo en que no pueden verse en territorios comunes. Las impersonales habitaciones de hotel no son suficientes para las conversaciones y las caricias que sobrevienen a la urgencia de tenerse; la ternura y la intimidad hablan de algo más que un revolcón, y a la amistad y la confianza se le agrega un tercer factor que no nombran muy seguido, pero que para él solo tiene un nombre: Amor

Ese atardecer se le está haciendo interminable, como si cayera en un túnel de hastío. Tiene la impresión de que carga mil años encima y toda la angustia del universo en los párpados. Cierra los ojos y revive esa última escena que lleva grabada en la memoria y en el corazón.

Más temprano...

Pedro está desbordado. Atormentado por pensamientos que no lo dejan en paz, angustiado por infinitas imágenes que se le aparecen sin descanso; ya no soporta más las reacciones de Camila, la distancia entre ellos es insalvable. Después de un intento de almuerzo lleno de reproches cruzados, Pedro no puede contenerse.

—¡Nuestro casamiento fue una locura! ¡No tendríamos que habernos casado! ¡Nunca! —Habla con una mezcla de crueldad y arrepentimiento—. ¡Fue la peor decisión que tomé en mi vida!

—Me hacés mal con lo que decís, Pedro. ¿No te das cuenta? —le reclama Camila, desconcertada por la repentina reacción de él.

—Te hice mal el día que te dije que sí. ¡Perdonáme, no sé cómo pude ser tan irresponsable con vos, con todo! ¡Fui un cobarde y después no supe cómo salir de esa trampa, y ahora todo se me hace cada vez peor!

—¿Todo? ¿Qué es todo, Pedro? ¿Todo para vos es Guillermo?

Los recuerdos de la admiración por su socio, de las primeras dudas, el golpe de descubrirse enamorado de otro hombre, la noticia del embarazo, la mentiras, el día en que Camila confesó que creyó haber estado pero que nunca estuvo embarazada, las ausencias, las negaciones; la memoria completa del dolor aparece ante él con una fuerza intempestiva. Pero tampoco puede olvidar que hubo un tiempo en su vida en que él eligió a esa mujer, estuvo enamorado de ella. Han tenido sueños juntos. Proyectado un futuro en común. Confundido por las contradicciones, Pedro es presa del desamparo.

—¿Vos entendés que lo que alguna vez tuvimos se acabó? —pregunta agobiado—. Sacate la venda de los ojos, mujer, y enfrentá de una puta vez la realidad, aunque lo que veas no te guste nada.

—Contestame, Pedro —Camila habla sin escucharlo—. ¿Todo para vos es Guillermo? ¡Decime la verdad!

—¿Qué verdad querés? ¿Me querés volver loco? ¡La verdad! ¡La verdad! ¡La verdad ya la sabés y nunca quisiste aceptarla! Me voy de esta casa, de tu vida, te dejo, Camila. No puedo seguir viviendo en medio de esta mentira...

—¿Vos pensás que Guillermo es la verdad? ¿Qué crees, que vas a poder tener una vida con él? ¡Es de lo peor! ¡Es una mierda, un pervertido, un abusador! Todo el mundo dice que acepta sobornos en causas corruptas. ¡Estás tan ciego que te olvidás que más de una vez terminó preso! —grita Camila completamente desencajada—. ¡Tuvo suerte de que lo salvara el tipo ese, ese Juan, tan corrupto y pervertido como él...!

—¡Cerrá boca, no sabés lo que decís, Camila! ¡No pienso seguir escuchándote!

Pedro quiere salir del departamento pero Camila se atraviesa para impedirle la salida.

—Vos de acá no te vas. ¡No me podés dejar así!

—¿Qué tengo que hacer para que entiendas que ya no te amo? —pregunta Pedro, haciendo un enorme esfuerzo para hablar sin terminar de perder la calma.

Camila lo mira a los ojos, respira hondo y siente que el corazón se le quiebra. Su mayor temor se está volviendo realidad: perder a Pedro. Su mundo ideal empieza a caerse a pedazos.

—¿Así va a ser? —le pregunta, desesperada—. ¿Me vas a dejar acá tirada?

—No te dejo tirada. Vamos a hacer las cosas legalmente, como corresponde. Nos vamos a divorciar. No te voy a dejar desamparada. Te dejo en libertad para que hagas tu vida.

Camila nunca quiere hablar de divorcio. Quiere que el matrimonio se mantenga de acuerdo con sus condiciones. Y esas condiciones implican que Pedro puede hacer lo que quiera, siempre y cuando lo mantenga en secreto y ella siga apareciendo a los ojos de todos como la serena, amante e incondicional esposa.

—Yo ya hice mi vida. Con vos, Pedro —le contesta, arrasada por un llanto desgarrador.

—Seguís sin entender nada, Camila. Seguís comportándote con la misma necedad de siempre —Pedro le dedica una mirada de profundo cansancio.

—¡Si te vas, me matás! ¿Por qué me condenás a este infierno? ¿Por qué?

—Esto no da para más, Camila —responde Pedro, ignorando las preguntas que ella le hace—. Me tengo que ir.

—¿Adónde? ¿Él te espera? ¿Estás con él?

Pedro la mira. Necesita mantener a raya la culpa que amenaza con imponerse, porque está decidido a dejar las cosas claras de una vez y para siempre.

—Sí. Estoy con él. Siempre ha sido él—. Definitivo. Lo dice y sabe que esta vez no hay vuelta atrás—. Estoy enamorado de Guillermo.

Guillermo —Camila escupe el nombre con furia mal contenida—. ¡Siempre Guillermo! ¡Ojalá nunca hubieras oído ese maldito nombre! ¡Hijo de puta! ¡Te odio! ¡Los odio! ¡Ojalá se pudran! —lo mira destilando desprecio y se aparta de la puerta—. ¡Andate, Pedro! ¡No quiero verte nunca más!

Con una honda tristeza por la manera en que las cosas terminan entre ellos, Pedro abandona para siempre el que una vez fue su hogar. Ha tomado una decisión y no va a volver atrás.