Actions

Work Header

El experimento hilichurrio de Albedo

Summary:

Albedo tiene curiosidad por algo que le come la mente desde hace un tiempo, la reproducción hilichurria.

Notes:

Leanse los cochinos tags, para algo existen nojodan.

Chapter Text

¿Cómo se reproducen los hilichurls? El alquimista siempre tuvo esa duda, pues aquellas criaturas eran más complejas de lo que parecen a primera vista. A pesar de que estas existieran desde siempre, jamás se indagó mucho en su reproducción, pues eran criaturas hostiles. Pero eso no lo detendría, ya había llegado muy lejos de todas formas. 

Su laboratorio en Mondstadt siempre estuvo aislado, cualquier cosa que ocurriera ahi sería inaudible para el resto del mundo, ya fuera esto bueno o malo para él. Si gritaba por ayuda, nadie lo escucharía, si este experimento salía mal, nadie vendría en su rescate. Era extremadamente peligroso.

-Hm..

El eco de unas botas de tacón bajo llamó inmediatamente la atención de las tres criaturas que estaban inmovilizadas en el laboratorio del alquimista, siguiendo sus instintos más animalísticos, los pasos del alquimista que se acercaba a su dirección fueron opacados por sus gruñidos. Evidentemente, su rabia aumentó al momento de abrir la puerta y entrar con una caja pequeña con comida, mayoritariamente frutas y vegetales. El rubio se mantuvo estoico, era simplemente la reacción esperada.

Puso la caja en una mesa que estaba ahí para posteriormente buscar algo en esta, ese algo era una botellita la cual contenía una poción espesa de tonos rojizos.

Miró a las bestias que tenía junto a una colchoneta que puso previamente en el suelo, principalmente para proceder con lo suyo con más comodidad, pues el suelo no era una opción.

–¿Les gustan las solsettias? Asumo que es de lo poco que pueden probar..A no ser que también les guste la carne.

Pero obviamente las criaturas no respondieron, era lo lógico.

Pero..¿Cuál era su intención exactamente? Inicialmente la idea era menos enfermiza que esto en lo que se convirtió ahora, eran simples pruebas hacia hilichurls gracias a la intriga que le provocaban, pero eventualmente el morbo que sentía evolucionó a algo más profundo.

Eso lo trajo hasta aquí, en un inicio pensaba solo capturar uno, pero una cosa llevó a la otra y terminó llevándose dos, entonces, ya que estaba de paso, ¿Por qué no llevarse tres? Se dió el lujo, tenía la disponibilidad de todas formas.

Debido a la naturaleza de lo que pretendía hacer, Obviamente no comentó esto con absolutamente nadie, estaba solo en esto.

Por lo que el sujeto de pruebas sería él, por más descabellado y peligroso que sonara. Eran solo hilichurls y él un usuario de visión, estaba seguro.

Por lo que sin tardar más, empezó con lo suyo.

Primero que nada, se quitó la bata dejándola en la mesa, posteriormente las botas dejandolas a un costado de esta. Luego, se sentó en esta para sacarse las medias térmicas y bajarse de la mesa para proseguir con lo siguiente, sintiendo con sus pies descalzos el frío que el suelo absorbió. Tampoco se inmutó, eso poco le afectaba. Por lo que sin problema alguno, se sacó lentamente los shorts junto a su ropa interior para que así les fuera fácil a las criaturas ver qué hacía para así no sentirse amenazados. Por último fue su camisa, pues no sabía qué tan complicado sería lavarse la "escencia" de hilichurl como para tenerla en su ropa.

Estaba completamente desnudo, lo único que le quedaba era su collar con su visión por si las cosas salían mal. Tampoco se quedaría sin manera de defenderse, no estaba loco.

O por lo menos no tanto.

Tomó la botellita de la mesa y se acercó a la colchoneta que estaba frente a los hilichurls a paso precavido pero seguro, pues no quería alterarlos más de lo que ya lo estaban por defecto, quería que se acostumbraran a su presencia. Ya con el tiempo que llevaba en la misma sala que ellos, intuyó que bajaron la guardia al ver que en escencia se presentaba inofensivo para ellos, pues no cargaba objetos con filo a simple vista.

Fue así que se recostó en la colchoneta para que estos se acostumbraran más a su olor, pues estaban peligrosamente cerca, lo único que detenía a las criaturas de lanzarse sobre el alquimista era el hecho de que estas estaban inmovilizadas. Ya no hacían ruido, eso era algo positivo.

--¿Ya se calmaron? Perfecto, ya saben que no pretendo hacerles daño..

¿Existían las hilichurl? ¿Estas entraban en celo? Jamás lo sabría, ni una variante de los hilichurl parecía tener una distinción de sexo que pudiera confirmarle eso, por lo que solo Barbatos sabrá si atrapó aunque sea uno que fuera hembra, eso sería inconveniente, pues para lo que quería, requería que estos fueran macho.

Le quitó la tapa a la botellita y virtió parte del contenido en su abdomen, la poción parecía hacer efecto de forma casi instantánea, pues él mismo se sentía raro, pero un raro bueno.

Con ayuda de su visión, desató a los hilichurls, estos por su parte no tardaron nada en acercarse al alquimista para rodearlo, pero claramente su intención no era herirlo..de forma voluntaria.

Uno de ellos llevó su mano hasta su torso, pasando sus manos como tratando de probar el tacto, otro hilichurl se acercó a oler su cuello, a lo que él muy modesto, hizo su cabeza a un lado para que este tuviera mayor libertad. El tercero estaba entre sus piernas toqueteando sus muslos, estrujandolos en su mayoría. Todo salía tal y como debía, estos estaban sumergiendose poco a poco, probándolo.

Soltó una risilla ante el cosquilleo que le provocaban los múltiples toqueteos, le era imposible no verlos, pues estos que capturó eran particulares, sus grandes manos podían envolver su fina cintura e incluso alzarlo. Estaba impaciente, más allá de querer completar el experimento, estaba caliente.

El hilichurl que estaba entre sus piernas se acercó poco a poco al rostro del rubio, olfateando su cabello un poco recibiendo otra risilla por parte de este, pues su curiosidad le generaba hasta ternura. De pronto, este alzó levemente su máscara. Pero antes de que el oji azul pudiera ver qué ocultaba esta, sintió repentinamente la larga lengua del hilichurl recorriendo su boca como si se tratara de un beso. A pesar de que eso lo tomara por sorpresa, no le desagradaba. Instintivamente posicionó sus piernas alrededor de su cintura para ajustarse a la posición y dejárse llevar por completo. Podía sentir su lengua llegando hasta su garganta como en una especie de beso francés lleno de brusquedad, pero estaba bien, esto era lo que él quería.

Podía sentir algo caliente y duro presionando contra su estómago, pero no podía calcular lo grande que era al no verlo ni tocarlo con sus manos. Gemir al sentir su garganta siendo invadida por una lengua gruesa y larga lo sacaba un poco de su concentración.

Pero no le duró tanto, pues la criatura se separó, dejando un fino hilo de saliva que los conectaba y al alquimista jadeando, ruborizado y hasta medio sonriente, pues el hilichurl fue inmediatamente a lamer su cuello, haciendo que el que lo estaba olfateando se apartara algo irritado. Tampoco duró tanto, pues apartó al que le quitó su lugar con un empujón para que ahora la atención de Albedo se centrara en él, haciendo que sus piernas soltaran al hilichurl.

Por lo que el muy mañoso tampoco se excentaría de tener algo en la boca, pues ahí fue cuando lo vió, el hilichurl previamente irritado, estaba más emocionado de lo que pensó Albedo en un inicio. Por lo menos eso dedujo al ver su miembro erecto.

Era grande, humanoide y venudo. Casi lo hizo arrepentirse de hacer esto por un segundo, pero solo uno. Cuando sacaba el arrepentimiento de la cabeza, se encontraba casi babeando por ese enorme pene. Esa cosa medía como mínimo dieciocho centímetros.

Su primer instinto al estar frente una verga, obviamente fue chuparla. Por lo que la tomó con una mano y la acercó a sus labios, lamiendo la cabeza como si fuera una paleta antes de metersela poco a poco a la boca. No estaba tan loco como para tragársela toda de una vez. Sorprendentemente, todavía conservaba algo de reflejos en la garganta, pues ahí en Mondstadt no habían penes tan grandes que lo obligaran a perderlos.

Lo que no sabía era que hoy ocurriría, pues entre tanta calentura aparentemente olvidó que estaba teniendo sexo con hilichurls, monstruos, criaturas incivilizadas. Estas no tendrían la paciencia que tendría un humano y le tocaría recordarlo por las malas. Pues el hilichurl soltó un gruñido antes de tomarlo bruscamente del pelo y moverse él mismo, no llegando tan profundo por el momento.

Sus pupilas se encogieron e inmediatamente llevó su mano hasta su muñeca, intentando que captara el mensaje y lo soltara. Pero estaba tratando con hilichurls, eso no pasaría hasta que este se viniera.

El sentir su boca siendo utilizada como un onahole no era lo más cómodo del mundo, al poco tiempo su mandíbula empezaba a doler y no lograba acostumbrarse mucho a la velocidad del hilichurl, pues era brusco, concentrándose solo en su propio placer.

Pero con el paso del tiempo, el agarre en la muñeca de la criatura fue disminuyendo hasta soltarlo por completo y dejar que este se complaciera todo lo que quisiera. Era un masoquista, esto le excitaba, aunque de sus ojos salgan lágrimas y su nariz se humedezca hasta moquear, no lo detendría. No cuando le agarró gusto a esto.

No podía ver muy bien a los otros dos por la posición en la que estaba, pero estaba al tanto de que también querían ser complacidos. Pues sus miembros se frotaban en su abdomen rogándo por su atención y él no pretendía hacerlos esperar. Tenía dos manos y para algo tenía que usarlas, ese algo fue masturbar a ambos hilichurls, uno con cada mano.

Estaba haciendo bien su trabajo, pues podía escucharlos gruñendo por el placer. Con sus manos podía ir más rápido que el hilichurl que se la metía bruscamente hasta la garganta, por lo que supuso que tomaría menos tiempo con ellos.

Probablemente ese hilichurl ya se la había metido toda y él como buena zorrita la estaba recibiendo tal y como debería. Nisiquiera estaba siendo estimulado, su miembro rogaba por atención para llegar él también al climax. Pero sabía que esto llegaría pronto, solo debía ser paciente.

Pero es bien sabido que antes de llover empieza a llovisnar, podía sentir al hilichurl en su boca cada vez más cerca de llegar,  esto al saborear brevemente un líquido amargo, posiblemente tratándose de su líquido pre seminal. ¿En verdad permitiría que una bestia se viniera en su boca? Por supuesto que sí, escupirlo sería de mala educación, y todo sea por la ciencia.

Perdió la noción del tiempo y la concentración, perdiéndose en el momento hasta que finalmente pudo saborearlo, pudo oir al hilichurl decir algo extraño en hilichurrio anges de que su escencia caliente y amarga se derramara en su boca bajando hasta su garganta sin necesidad de tragarla. Entonces la criatura salió de su boca dejándolo con una respiración pesada, la mezcla de saliva y semen dejaron una fina línea que los conectaba antes de romperse y caer sobre su pecho, ensuciando su piel. Al poco tiempo, los hilichurls que complacía con sus manos llegaron al climax también, derramando su líquido blanco sobre su piel y parte del colchón.

Los soltó para darse un pequeño reposo, pues realmente lo necesitaba. Llevó su mano hasta su cuello, tocandolo en busca de masajearlo un poco. En serio lo hizo, ya había llegado muy lejos con esto como para redimirse.

En especial cuando se moría por probar algo.

Se giró para recostarse de lado y tomar una vez más la botella que con todo el movimiento del colchoneta, ya se había caído al suelo. Tan solo la recogió para vertir parte de ese líquido en una de sus manos y con ella, meterse dos dedos por su entrada. Más que nada para verificar si se había cerrado por un rato de no metetse nada. Afortunadamente no, todavía podía meterse cuatro dedos sin mucho problema. Suspiró luego de morderse el labio un momento, pues la poción hacía su efecto otra vez.

Una vez más, dejó la botellita por ahí y le dió unas palmadas a la colchoneta para llamar a uno de los hilichurls. Cosa que resultó, pues uno de ellos gateó subiéndose.

–Buen chico~ Ahora permíteme moverte, por favor..

De algúna forma logró que se recostara sin alertarlo a él u otro de los hilichurls, por lo que se subió a su regazo de forma que su pene todavía erecto estaba frotandose contra sus nalgas sin verguenza alguna.

Tenía suerte de que este laboratorio estuviera aislado, porque si algún conocido irrumpiera en su lugar en un momento como este, moriría. En estos momentos no se comportaba como el Albedo normal, era más que nada una gata en celo que ansiaba ser destrozado por grandes penes.

Y lo consiguió. Sonrío levemente con calentura antes de tomar el miembro del hilichurl, posicionarlo hacia su entrada y bajar lentamente, saboreando cada centímetro de ese gran hilichurl apoyándose en su pecho. No podía verlo a los ojos porque esta utilizaba una máscara, pero pudo notar que echó la cabeza hacia atrás. Esto le gustaba.

La posición en la que se encontraban lo obligó a metersela toda, pudiendo ver incluso un bultito en su estómago el cual podía hasta tocar. Le sorprendía no haberse muerto o roto algo por el hilichurl que le folló la boca, pero le resultaba más conveniente haber resistido eso. Odiaría morir sabiendo que lo encontrarían así, desnudo entre bestias que ya profanaron su cuerpo humano en vida.

Entonces empezó a moverse de arriba a abajo, boquiabierto por lo profundo que llegaba la criatura, presionando tanto sobre su punto dulce que lo volvía loco.

Estaba prácticamente hecho mierda, lleno de sudor, saliva de hilichurl y semen, su cabello despeinado de tal forma que incluso su trenza se deshizo y ese semblante tan serio que lo caracterizaba ya no existía, ahora solo balbuceaba cosas sin sentido.

Pero el hilichurl quería más, por lo que lo cómo de la cintura para moverse él mismo.

–¡Espe- ra~ No, no, sí~ más fuerte..

No podía mentir, esto le encantaba. Era indecente, repulsivo e impensable, pero se sentía absurdamente increíble. Quería más, más y más.

Miró a los hilichurls, sedientos de atención al ver que otro la tenía toda. Ignorarlos sería de mala educación.

–mhn~ ¿También quieren? 

Abrió su boca sacándo la lengua, invitando a las bestias a unirse. La más rápida por supuesto, pues no estaba tan loco como para meterse dos a la boca, a pesar de todo lo que hizo hoy, tenía límites.

Entonces uno de esos hilichurls se acercó, sin titubear se llevó aquel miembro a la boca, ahora apoyándose de ese hilichurl. Lo tomó de la cintura sintiendo su piel áspera y seca de primera mano. Como era de esperarse de una bestia con instintos salvajes, se movió metiéndosela bruscamente hasta la garganta, posteriormente empezando a moverse y ahogando sus gemidos.

Pero el tercer hilichurl tampoco se quedó esperando, rodeó el colchón hasta estar detrás de él sin que los otros le pusieran mucha atención. Estaba erecto y sediento del alquimista, y viendo que los otros dos estaban ahí, gozando lo suyo, quería su parte.

Se posicionó de rodillas en el colchón añadiendo un peso extra, al sentirlo, Albedo quiso voltear a ver de qué se trataba, pero al estar tan firme dándole sexo oral a otro hilichurl claramente no pudo. Aunque tampoco se le haría tan necesario ver, pues al sentir un pene extra irrumpiendo en su entrada de forma abrupta supo de qué se trataba, esto causó que soltara un grito ahogado. Jamás había tenido dos penes en el mismo agujero, no estaba listo para que lo estiraran de forma tan repentina. 

El solo sentir dos penes a la vez hizo que llegara inmediatamente al climax, casi mordiendo al hilichurl de no ser porque este era muy grande como para sentir su mordidita. Estaba más sensible que nunca en estos momentos, sintiendo mucho más a los hilichurls que destrozaban su culo sin piedad alguna.

Tampoco es como si la quisiera, pero igual agradecía que se trataba del hilichurl al cual se la chupó anteriormente, pues convenientemente eso lo había lubricado lo suficiente como para que se deslizara sin mucha dificultad hasta meterla toda, haciendo más grande el bultito en su estómago.

Sus manos se resbalaban por el sudor, tanto del hilichurl del que se agarraba como el suyo. Su agarre se volvió débil y estaba perdiendo la posición al no tener de dónde apoyarse. Entonces, el hilichurl detrás suyo lo jaló de ambos brazos  poniéndolos contra su espalda y aprisionandolo, pero manteniéndolo firme.

Esto era fantástico.

Se sentía tan peligroso pero a la vez delicioso, sentir a las tres bestias a la vez, tomando posesión de él fue simplemente fantástico. Sus grandes manos envolviendo su pequeño y delgado cuerpo, haciéndolo añicos al punto de que solo podía pensar en eso, ya se había olvidado de qué constaba el experimento en primer lugar.

Miró al hilichurl que follaba su boca, pues podía saborear un líquido amargo. No era semen, pero pronto lo sería. Y eso era lo que deseaba, quería toda esa leche para él.

Entonces ocurrió, el primero en venirse fue el hilichurl en su boca, pero aquella carga fue notablemente más abundante que la anterior. Podía incluso ver cómo un poco de este se desbordaba fuera de su boca por la cantidad, luego de dejarlo salir todo, el hilichurl salió de su boca así sin más, pues ya estaba cansado. Solo se recostó ahí mismo.

Albedo se lo tragó todo, incluso lamiéndose los labios para no dejar que nada se le escape. Ahora sin nada que ahogara los sonidos obscenos que le sacaban las criaturas, podía gemir y jadear sin nada que lo detuviera.

–Más rápid- ¡Ah!~ sí..justo ahí~ más, más, más..

Movió sus caderas en un intento por que estos se vinieran de una vez, cosa que finalmente logró. Soltó lo que era casi un grito al sentir ese líquido espeso en su interior, llegando incluso a su segundo orgasmo derramándolo todo otra vez sobre el hilichurl debajo suyo. Finalmente sus brazos fueron liberados, por lo que sin energía calló sobre el pecho de ese hilichurl.

El que estaba detrás de él salió de su interior recostándose en la colchoneta, haciendo que se desbordara parte de todo ese semen que estaba acumulado entre dos hilichurls. El resto se quedó ahí, pues el hilichurl debajo estaba demasiado cansado como para sacarla, por lo que todavía la tenía casi toda dentro de Albedo.

El plan inicial del alquimista era en un inicio levantarse, tomar las muestras necesarias y retirarse, pero en estos momentos se reía de su yo de hace cuarenta minutos por pensar cosas tan estúpidas, pues ahora estaba tan jodido que ni en sueños se levantaría sin un descanso.

¿Por qué no dárselo? Nadie entraría de todas formas, podía darse el lujo.

–Descansen..

Se acomodó bien, abrazando al hilichurl antes de cerrar finalmente los ojos, cayendo dormido instantáneamente.

 


Sepa cuántas horas pasaron antes de que despertara, pero al hacerlo se sintió malviajadísimo.

En su mayoría los fluidos sobre su cuerpo secaron, dejándolo pegajoso pero todavía algo húmedo, le urgía bañarse inmediatamente. Tenía suerte de que en ese laboratorio en específico tenía un baño, porque de no hacerlo estaría jodido.

Todavía podía sentir el miembro del hilichurl en su interior, aunque ahora flácido al haberse dormido, alarmante hubiera sido si se hubiera mantenido erecto. Se levantó poco a poco, dejando salir un suspiro en el proceso antes de estar finalmente de pie. Caminaba algo tambaleante y podía sentir el semen restante bajando por sus pienas como queriendo caer al piso.

Pudo llegar al baño antes de hacer un desastre, pero fue una ducha particularmente difícil ahora que esta involucraba limpiarse el agujero. Ciertamente estaba sorprendido de que pudiera soportar dos hilichurls a la vez sin sangrar, pues si antes podía meterse cuatro dedos, ahora le entraba la mano entera.

Eso útlimo fue conveniente para sacarlo todo.

Entonces, al terminar con su baño salió para secarse y buscar su ropa, encontrándose con uno de los hilichurls despierto y hurgando en la caja que trajo hace rato, probablemente ese gasto de energía enorme hizo que le diera hambre. Nisiquiera le prestó mucha atención a la presencia de Albedo, aparentemente ya se acostumbró.

Le dió una palmadita en la cabeza antes de empezar a vestirse, pues tenía otras cosas que hacer, no podía encerrarse en su laboratorio todo el día para una segunda o tercera ronda aunque tuviera ganas.

Lo que sí podía hacer era estar seguro de algo.

Los hilichurls eran fascinantes.