Chapter Text
Madre porfavor no lo hagas, te prometo que te apoyaré en lo que me pidas pero porfavor no me dejes con estos señores... Lo siento pero no me servirá tenerte si eres un simple Omega que lo único que me traerá serán problemas.
Las palabras resonaban en su cabeza, cada una de ellas dolía como una apuñalada, sentia rabia, coraje pero no sabía con quién si por su madre que lo vendió apenas supo que era un Omega o a la naturaleza misma por darle este miserable destino...
nueve... Nueve años llevaba en este infierno, claro aún estaba en el conjunto de omegas que eran obligados a ofrecer entretenimiento a los asquerosos alfas ricos y es que una vez cumpliendo los 20 sería movido al complejo de omegas para el servicio sexual y era lo peor que podría pasarle, Tengo que escapar de aquí, pero como??...
Una semana después de haber formado meticulosamente su plan por fin llegó el día de ponerlo en marcha y es que solo faltaban unos días para ser movido al otro conjunto.
Se llegó la noche y conforme a su plan, Jimin espero a que todos se fueran a dormir y claro existía un punto dónde algunos guardias se quedarían dormidos descuidando la vigilancia, es cuando entra en escena su plan siendo lo más sigiloso posible logro salir de la habitación que compartía con los demás omegas y como no le sería fácil si tenía una flexibilidad y destreza por naturaleza ya que desde siempre le encantó bailar.
Al salir de la habitación se encontró con el corredor y claro ya sabía los puntos ciegos de aquella estancia logro pasar uno a uno los guardias que permanecían profundamente dormidos y es que al más mínimo ruido todo el plan podría venirse a bajo, recorrió cada uno de los pasillos y puertas hasta que por fin llegó a la parte trasera donde se encontraba una puerta secreta que había encontrado mientras deambulaba cuando nadie lo veia y claro no fue tan difícil de abrir ya que ni cerradura tenía y que suerte tuvo al heredar el ser observador ya que talvez no sabría cómo salir de aquel lugar, y así dandole la bienvenida la oscuridad de la noche y la brisa fria que los árboles le regalaban comenzó a correr sin parar y es que por fin podría permitirse soñar con otras cosas, lugares en lugar de aquellas espantosas situaciones que le ocurrirían en aquella cárcel.
