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Marinette no le quitaba la vista de encima a su celular; se mordía el labio inferior, todavía sin poder creer que él se hubiera atrevido. Félix le acababa de mandar una foto desnudo. Bueno, no totalmente encuerado, pero definitivamente era mucho más de lo que ella esperaba.
Seguramente se preguntarán: ¿por qué rayos esperaba un nude de un tipo con el que ni siquiera anda? Y peor aún, alguien con quien no ha dejado de pelear en toda la semana desde que se mudó a París y entró a su salón. La verdad es que ni la misma Marinette sabía cómo habían terminado... ¿sexteando?
Todo empezó por culpa de un akuma, como siempre en su vida últimamente, aunque no de la forma en que se imaginarían. Estaban en clase de Educación Física cuando Marinette tuvo que inventar que le dolía la panza para poder irse, transformarse y pelear contra el enemigo. Como la pelea fue en otra zona de la ciudad, las clases en su escuela siguieron normal; así que, cuando Marinette regresó y se destransformó, el gimnasio ya estaba vacío. Según ella, todos ya se habían ido a sus casas.
Decidió echarse un regaderazo rápido en los vestidores de mujeres, porque aunque Ladybug estaba impecable, al volver a ser Marinette seguía toda sudada por la clase de gimnasia —al parecer, el amuleto encantado no te quita el sudor de antes de la pelea—. El problema fue cuando salió de las regaderas: justo en el momento en que se quitó la toalla para vestirse, la puerta se abrió de par en par y entró Félix.
Por un segundo, los dos se quedaron congelados: él con la boca abierta y los ojos de plato, y ella con la misma cara, pero con el cuerpo totalmente al aire. Por instinto, a Félix se le fue la mirada hacia abajo y fue ahí cuando Marinette reaccionó; pegó un grito y corrió por su toalla mientras Félix se daba la vuelta en corto, tratando de disculparse y balbuceando que todavía no conocía bien la escuela y que se había equivocado de puerta.
— ¡Lárgate ya! —le gritó Marinette, fuera de sí.
Félix tomó aire, agachó la cabeza y salió de ahí sin mirar atrás, azotando la puerta tras de él.
Los siguientes tres días fueron una tortura.
Los siguientes tres días fueron un perro suplicio. Cada vez que se topaban en la escuela —que era a cada rato porque van en el mismo salón—, se ponían como tomates y desviaban la mirada. Ayer, cuando los pusieron juntos para un experimento de Química, casi vuelan el laboratorio porque ninguno podía ver al otro a la cara; estaban tan nerviosos que echaron todo al matraz a lo loco solo para fingir que estaban trabajando.
Marinette sabía que tenía que hacer algo, porque no podía concentrarse en clase pensando que Félix, sentado justo detrás de ella, seguramente se la estaba imaginando tal cual la vio en los vestidores. Pero, siendo honestos, ella no tenía ni la menor idea de cómo manejar una situación así.
Entonces, esta noche, le llegó un mensaje de un número desconocido:
"Tenemos que hablar", decía el texto.
"¿Quién eres?", escribió ella, clavando la vista en la pantalla mientras aparecían los puntitos de que la otra persona estaba escribiendo.
"Félix", respondió él.
A Marinette casi se le cae el celular de la pura impresión. Se puso roja como un camarón y agradeció que ya fuera de noche y estuviera sola en su cuarto, donde nadie pudiera verla. Hasta Tikki, que no había dicho ni pío desde que pasó el incidente, ya se había quedado dormida.
¿De dónde fregados sacó Félix su número? Si se lo hubiera pedido a Adrien, el modelo podría pensar que traían algo y entonces...
Y entonces, nada. Adrien no la había pelado como mujer en años, y seguramente le daría igual si alguien más se interesaba en ella. Esa parte de Marinette que ardía de esperanza esperando el día en que Adrien por fin la notara, se había ido apagando poco a poco. Así que, al final, de quién sacó Félix el número era lo de menos.
Marinette se quedó tan clavada en sus pensamientos que el celular vibró de nuevo, sacándola de su trance.
"Ándale, no podemos seguir así", escribió Félix.
Félix: Todavía tenemos que estudiar en la escuela.
Félix: Hay que hacer algo con todo este relajo.
Marinette: ¿Y qué sugieres?
Félix: Mínimo tenemos que hablar de lo que pasó.
Marinette: ¡Si me lo sigues recordando, no me va a ayudar a que se me olvide!
Félix: No es como si pudiera regresar el tiempo y "desverlo".
Félix: Y tampoco es como si no me hubiera gustado lo que vi.
Marinette abrió los ojos de par en par. Su parte racional le gritaba que debería ponerlo en su lugar por ser un igualado y apenarla todavía más. Pero, al mismo tiempo, sintió un escalofrío medio extraño —pero del bueno— recorriéndole la espalda al recordar cómo la había mirado y al procesar que Félix acababa de admitir que se le hacía atractiva.
A ver, Marinette no tenía complejos con su cuerpo. Sabía que no tenía tantas curvas como su mejor amiga, pero se consideraba lo suficientemente guapa. El problema es que, cuando el chavo que te gusta no te hace caso en años (y encima es modelo), tu autoestima se va un poquito al suelo.
Esa confesión honesta de Félix le dio un calorcito rico. No estaba segura de si sentiría lo mismo si cualquier otro la hubiera visto encuerada. Si fuera un extraño, se moriría de la pena; si fuera Nino o Kim, qué horror; y si fuera su maestro o Adrien, se la tragaría la tierra de la pura vergüenza.
Pero por alguna razón, debido a esa relación tan rara y de amor-odio que tenía con Félix, le resultaba más fácil y hasta tranquilo escucharlo de él. Con Félix podía pelearse a gusto o... o simplemente disfrutar el hecho de que alguien la encontrara atractiva.
Seguro se tardó mil años en contestar, porque Félix volvió a escribir, interpretando su silencio de una forma totalmente distinta.
Félix: Está bien, ya no voy a comentar nada de eso.
Félix: Pero neta, tenemos que hablar.
Marinette se sintió extrañamente decepcionada por ese mensaje. Pero bueno, el punto era superar la situación, no andar aceptando cumplidos de su desnudez para subir su autoestima, así que...
Marinette: Te escucho.
Félix: No podemos seguir evitándonos, eso solo hace que el problema llame más la atención.
Félix: Y cuando tratas de no pensar en algo, terminas pensando en eso el doble.
Marinette pensó que él hablaba por experiencia propia. ¿Será que Félix estaba tratando de no pensar en ella desnuda y eso solo hacía que se la imaginara más y...? ¡No! ¿Por qué rayos estaba pensando en lo que él pensaba? ¿Y por qué su cuerpo reaccionaba de forma tan "bienvenida" a esos pensamientos?
Félix: Así que sugiero que no ignoremos al elefante en la habitación.
Félix: No tiene nada de malo la desnudez, es algo natural.
Marinette: ¡Ah, ¿sí? ¡Ahora resulta!
Marinette: Me cae que me gustaría ver cómo te sentirías si fuera yo la que entrara y te viera encuerado a ti.
Por alguna razón, la pura idea de ver a Félix así la emocionó más de lo que quería admitir. Sacudió la cabeza para espantar las imágenes que le empezaron a llegar.
Félix: ¿O sea que eso es lo que te cala tanto?
Félix: ¿Que yo te vi y tú a mí no?
Marinette: Yo no dije eso.
Marinette: Pero ya que lo mencionas…
Marinette: Sería lo justo, ¿no?
Félix no contestó por un buen rato.
«¡Ja!» pensó Marinette. «¡Qué listo! Es bien fácil hablar de lo natural que es andar bichicori cuando no se trata de ti. ¡En cuanto olió el peligro, luego luego se echó para atrás!».
De pronto, el celular vibró otra vez.
Félix: Va. Sale.
Marinette parpadeó confundida. ¿Qué se suponía que significaba eso?
Marinette: ¿"Sale" qué?
Marinette: ¿Qué, te vas a encuerar frente a mí o qué? Jajaja.
Félix: No.
Félix mandó una foto.
Marinette no le quitaba la vista de encima a su celular mientras se mordía el labio; simplemente no podía creer que él se hubiera atrevido. Félix le acababa de mandar una foto de él, totalmente desnudo.
