Chapter Text
Pudo darse cuenta que no se esperaba que asistiera, vio la sorpresa reflejada en el rostro del sirviente al que dio su invitación. Mientras revisaba en la lista de invitados y después lo invitaba a pasar, contestó:
-Solo uno, -secamente y siguió su camino, dejando con la palabra en la boca al personal de la entrada.
Comenzó a subir las escaleras de la Fortaleza Roja, el impresionante castillo junto al mar que pertenecía a su familia, había un fuerte cuerpo de seguridad, para proteger la privacidad de los asistentes a la “boda del año” entre su ex esposo Lucerys Velaryon y Cregan Stark.
No podía dejar de asistir, después de todo no podía permitir que le arrebataran de esa manera a su Lucerys. Parte de su plan era asistir como invitado y dejarse ver para no levantar sospechas, esperaba que todo saliera a la perfección. Revisó su celular y se dio cuenta que tenía varios mensajes, de su madre, sus hermanos y uno de su asistente que se encontraba en hospital dónde su esposa y su hijo se recuperaba, una del parto y el otro del nacimiento prematuro.
Suspiró pesadamente, no leyó ninguno de los mensajes y continuó su camino, admirando las decoraciones que había por todo el lugar, predominaba el color blanco y gris plata de la casa Stark, también había detalles en color verde aguamarina por la casa Velaryon, el color negro y rojo de los Targaryen no estaba presente ese día, a pesar de que la boda se llevaría a cabo en el castillo de la familia. Había escuchado a Helaena decir a su madre que habían esperado al invierno para casarse y poder una boda de sueño “invernal”, muy propio del romántico de Luke.
Recordó el día de su boda con Lucerys, solo habían usado el negro y rojo Targaryen por qué él se empeñó en ello, se habían casado en el Septo de Baelor, el banquete y la fiesta posterior también había sido en la fortaleza roja, pero en todos los adornos no había ningún otro color que no fueran los de la ‘casa del dragón’. Incluso en las flores solo había utilizado rosas rojas y una especie rara de color negro que trajeron desde Altojardín, habían costado una fortuna y su madre se había quejado de ello por semanas.
Escuchó que lo llamaban por su nombre y se deleitó en la cara de espanto de su media hermana al verlo aparecer ahí.
-Vaya, no esperábamos que asistieras hoy, -directa y sin piedad, muy al estilo de Rhaenyra. Estaba impresionante con un vestido en rojo granate, adornado con bordados de dragones dorados. - ¿Cómo sigue Alys?
-Recibí una invitación y pensé que sería descortés no asistir, ella está bien, recuperándose aún.
- ¿Y el pequeño?
-Vivirá, pronto dejará la UCI y podré llevarlo a casa.
-Me alegro, -dijo fríamente, pero podía notar que en serio se alegraba. -Bueno, te dejo, aún faltan detalles por revisar y queremos que todo salga perfecto hoy. -le dio una sonrisa y se alejó seguida por su asistente, pudo notar que llevaban un discreto aparato en el oído, apenas visible.
“Vaya, que eficiencia”, pensó, así que por eso habían notado su presencia tan de prisa, bueno eso no iba a interferir con sus planes. Quiso mezclarse entre los asistentes que llegaban y paso al jardín, dónde estaba indicado que los invitados podían permanecer hasta que empezara la ceremonia de enlace, después de todo era la segunda boda de Lucerys y no podía ser en el Septo.
El jardín en realidad lucía como una fantasía invernal, había incluso múltiples estatuas de hielo con figuras de caballos de mar, lobos y también dragones, todo lucía encantador y elegante. Tuvo un deseo descomunal de tirarlas todas, de tener en sus manos un lanzallamas y derretir aquellas encantadoras decoraciones. Entonces sintió una palmada en su espalda y una voz familiar lo saludo.
- ¡Querido hermano, dichosos los ojos! -fue el saludo que recibió de Aegon.
Lo seguía Helaena que le sonrió dulcemente, ambos se veían como dos modelos salidos de una sesión fotográfica, ella usaba un atrevido vestido rojo en corte sirena que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel, su cabello dorado estaba recogido de lado y caía sobre uno de sus delicados hombros, en su cuello llevaba el collar de oro que representaba dos dragones y en el centro un enorme rubí; una reliquia familiar. Se dio cuenta que el vestido tenía una abertura en la pierna, casi a la altura del muslo, Aemond estaba seguro que ese vestido había sido elegido por Baela, solo ella podía animar a Helaena a vestir así. Su hermano llevaba un traje completamente negro, con bordados que brillaban en el reflejo de la luz, su corbata y el pañuelo de bolsillo eran del mismo color del vestido de su esposa, su cabello estaba recogido en una coleta baja, algo desaliñada, pero le daba un aire juvenil, en realidad ambos aparentaban menos edad de la que realmente tenían, nadie sospecharía que Aegon casi cumplía los 40 años de edad. Ambos usaban sus anillos de casados, una banda dorada con el dragón de tres cabezas que era emblema de su casa.
-Pensamos que no vendrías, -hablo suavemente Helaena- ¿cómo siguen…?
-Bien, ambos están bien, -le sonrió- ¿y los niños?
-Están con la niñera en las habitaciones, solo serán parte de la ceremonia, no queremos que se lastimen si andan corriendo de aquí para allá. -Contestó Aegon. - ¿Te das cuenta la cantidad de accidentes que les pueden pasar? Están demasiado inquietos, muy emocionados, ¿has visto a tus hijos? Creo que van a salir flotando en cualquier momento.
-Aún no, estaba pensando en subir a saludarlos antes de la ceremonia, aún hay tiempo.
-Lo sé, yo no quería bajar aún, pero madre insistió, dijo que debemos representar a la familia como corresponde, tuve que aguantar a un montón de gente que quiere seguir hablando de la compañía, ¡en una boda! El horror. -Su dramatismo hizo reír adorablemente a Helaena, que le dio un beso en la mejilla y lo tomo de la mano.
Y pensar que hace años su hermano era un completo irresponsable, un marido descuidado, un padre ausente, un empleado incompetente, además de un bebedor empedernido. Pero todo se había terminado gracias a tres personas, una de ellas su ex esposo, las otras dos se acercaban caminando lentamente, pudo ver en los ojos de Jacaerys el disgusto al verlo ahí, aunque alcanzó a disimular su gesto de desprecio cuando llegaron hasta él y sus hermanos. Llevaba del brazo a su esposa, la orgullosa Baela Targaryen, ella usaba un vestido en color verde aguamarina de manga larga, alto en el cuello, pero por detrás mostraba su espalda completamente descubierta, un collar de perlas colgaba ahí, haciéndola lucir elegante, el vestido también se pegaba a su impresionante figura, no se notaba que era madre de cuatro preciosos niños. Jace usaba un traje de color gris oscuro, su corbata era plateada, su cabello corto estaba pulcramente peinado, ambos Targaryen hacían una pareja muy hermosa.
- ¡Que sorpresa verte Aemond! -saludo alegremente Baela, aunque pudo sentir algo de tensión en ella. -Pensamos que no vendrías, ¿cómo…?
-Bien, gracias por preguntar. -la cortó antes de terminar su pregunta, “¿qué nadie puede hablar de otra cosa?”, se preguntó fastidiado.
-Es bueno verte, -dijo Jacaerys, tenía que darle crédito por sonar tan civilizado, - ¿viniste por los niños? Pensé que habían acordado que solo los tendrías en vacaciones.
-No, vine por qué recibí una invitación y me pareció descortés no asistir, ya sabes, no hay que dejar que los chismes toquen a la familia. -Le sonrió de lado.
Jacaerys tomó aire y lo que iba a decir fue interrumpido por Baela, que felicitaba a Helaena por su elección de vestuario. Su hermana se sonrojó y agradeció los cumplidos a su prima, mientras la miraba con sus ojos llenos de amor, eso distrajo a sus esposos, que las miraron embelesados, ambas lucían hermosas.
-Yo creo que las prefiero sin ropa, -susurró discretamente Aegon al oído de Jacaerys, este solo sonrió y acomodó los cabellos que se habían soltado del peinado de su tío.
Aemond miró a su alrededor mientras fingía no darse cuenta de lo que pasaba ahí. Si bien su relación con Jace nunca fue buena, después de todos esos años, le agradecía por haber ayudado a que Aegon recuperara el ‘buen camino’, él había sido uno de los principales impulsores en la rehabilitación de su hermano y ahora tenían esa especie de relación de intercambio entre ellos y sus esposas. Había sido Baela quién había seducido a Helaena e impulsado la relación entre su esposo y el rubio mayor, no le asombraba pues era hija de Daemon y Laena, de quiénes siempre se había hablado cuando vivieron en Essos.
Y ahora siempre se hablaba del matrimonio ‘excéntrico’ entre sus hermanos y el de su sobrino con su prima, ellos tenían salidas de pareja, también salían a menudo con todos sus hijos, paseaban juntos, iban de compras juntos, vacacionaban juntos y la cereza del pastel había sido cuando ambas mujeres habían dado a luz casi al mismo tiempo a sus últimos hijos. Baela había tenido por fin a su ansiada niña después de tener a tres niños: Corwyn, Baelor y Maelor; este último nombrado en honor de su fallecido sobrino, la pequeña era una preciosidad rubia que se parecía muchísimo a Helaena y a la que llamaron Laena, en memoria de su madre. Mientras que Helaena había tenido gemelos que se parecían a Jacaerys pero con la piel y el cabello más claros, aunque no tan rubios como sus hermanos mayores, los habían llamado Aenys y Aerys. Sabía que su hermana había evitado tener más hijos después de la muerte del pequeño Maelor, pero al final había podido más su deseo de tener algo que lo uniera más a sus amantes.
Había sido un shock para la sociedad cuando los niños nacieron y fueron presentados, siempre especulaban y regaban chismes en torno a la familia, pero a ellos no podía importarles menos lo que la gente pensara de su relación, en una familia que había dado un sinnúmero de escándalos, unos cuantos más no harían daño a nadie, además estaban protegidos por su fortuna, sus contactos y todo el poder del clan Targaryen, así como del clan Velaryon.
- ¿Quieres ver a tus hijos antes de la ceremonia? Están arriba con todos los demás, solo estarán presentes en el enlace y después subirán a jugar, tendrán su propia fiesta privada, el salón está lleno de cosas peligrosas para ellos. -Le dijo Baela.
-Gracias, iré ahora, espero verlos después. -sonrió educadamente y entró al salón para dirigirse a la parte de las habitaciones. Pudo escuchar a Jace quejarse de su presencia y ser calmado por Baela, mientras Aegon se ofrecía a ir por algo de tomar.
Al entrar se topó de frente con Rhaenys, que venía del brazo de su padre Viserys, no esperaba encontrarlo tan repuesto, después de su última cirugía había estado muy decaído, pero Viserys decía que el tener siempre la compañía de sus nietos era su mejor remedio. El encuentro fue tan rápido que nadie pudo ocultar sus emociones, su padre lo miro con algo que odiaba: compasión; mientras que Rhaenys no pudo disimular su desagrado, él solo intentó sonreír.
-Hijo, pensamos que no vendrías hoy, me alegra verte. -Le dio unas palmadas en el brazo, mientras le sonreía.
-Aemond, -la prima de su padre apenas separó sus labios y le dedicó un gesto muy leve con la cabeza, ella también estaba usando un vestido de color verde Velaryon, como ella misma lo nombraba, con bordados en plateado. - ¿Qué pasa con…?
-Ambos están bien, los doctores dicen que lo peor ha pasado. – La interrumpió antes de que terminara la pregunta, después miro sobre el hombro de Rhaenys y vio a Corlys apoyado en su bastón, estaba hablando con uno de los invitados, pudo apreciar el gesto de sorpresa cuando lo vio.
-Es bueno saberlo, si me disculpan, voy a saludar a mis nietos. -Se soltó del brazo de Viserys y se dirigió dónde estaban Jace y Baela, ahora saludando a algunas de las familias norteñas que habían acudido al enlace de Lucerys y Cregan. Aemond miró a su padre, le ofreció el brazo y Viserys lo tomó alegremente.
-Acompáñame a ver a tu madre, dijo que estaría en el salón del trono. -Quiso excusarse y decirle que se dirigía a ver a sus hijos, pero al final lo escoltó hacía el enorme salón que una vez había albergado el “trono de hierro”. -Están dando los últimos toques para que todo sea perfecto, decían que querían cambiar las flores, ella y Rhaenyra tienen a todo el mundo corriendo con órdenes, -dijo como si le pareciera divertido, - y lo que sea que estás pensando hacer, déjalo.
Eso lo sorprendió tanto que miró directamente a los ojos de su padre.
-Yo no planeo nada padre. -Dijo llanamente, mientras un ligero escalofrío lo recorría.
-Hijo, recuerda que Daemon es mi hermano y en varias ocasiones te dije que sales a él. -Torció una sonrisa mientras recordaba al hermano menor de su padre, había sido una especie de héroe para él, un ejemplo a seguir de cierta manera, pero ambos no podían ser más diferentes. -Tienes ese gesto que hacen cuando planean algo, te diré que si arruinas la ceremonia nadie en la familia te lo va a perdonar…
-Padre, yo… -lo interrumpió.
-Déjame terminar, -lo interrumpió a su vez- ¿recuerdas el día de tu boda?
“¿Cómo olvidarlo?”, pensó. Recordaba que no haber dormido nada, el enojo que sentía al casarse obligado, el odio que sentía latente hacía Lucerys, un odio ciego que ahora sabía no era tal, pero no pudo darse cuenta de cuanto lo amaba hasta que lo perdió.
-No entiendo a qué viene esa pregunta padre.
-Hace doce años te entregamos al omega perfecto, educado, inteligente, hermoso, delicado, realmente de todos mis nietos es Lucerys el más dulce y afectuoso, recuerdo que resplandecía cuando entró al Septo, pero su brillo se apagó antes de salir de ahí. Él solo te miro y en ese momento fue como si algo dentro de él se muriera.
Aemond lo recordó claramente, como si lo estuviera viendo avanzar hacía él, llevaba un traje rojo sangre, algo inusual pues los omegas siempre usaban colores claros, sin embargo, el color armonizaba perfectamente con la piel de Lucerys, realzándola, en la capa que llevaba de color verde Velaryon resplandecía el caballo de mar bordado en hilo de plata con cristales y perlas, la única muestra de color que permitió que hubiera del emblema de la casa de su prometido. Lucerys tenía un ligero sonrojo, sus labios tenían una ligera sonrisa y sus ojos de color verde mar brillaban mientras avanzaba hacia él del brazo de Daemon, no había permitido que Corlys lo entregara a pesar de las enérgicas protestas que el abuelo de Lucerys dio. Otra ofensa en contra de la familia de Luke, él estaba empeñado en que se mostrara que de Velaryon su prometido solo tenía el nombre. Cuando llegaron al altar Lucerys le dedicó una tímida sonrisa que él no correspondió, solo le dio una mirada despectiva y tomo su mano para acomodarse frente al septón. Recordó el temblor de la mano de Luke en la suya, entonces él también pudo ver como poco a poco el brillo en sus ojos se apagaba, como si fuera una flor que se va quedando seca. Dijo sus votos, fuerte y claro, de manera mecánica, sin emociones, logrando ocultar con su voz la voz temblorosa del omega. Y cuando el septón indicó que podía besar a su ahora esposo, se inclinó de tal manera que su cabello logro ocultar el beso que depositó en la comisura de los labios rojos de Lucerys, notó la lágrima solitaria que cayó por su mejilla, entonces se enderezó, limpió ese rastro con su pulgar y le sonrió fríamente a su ahora esposo. Sus recuerdos fueron interrumpidos por la voz de su padre.
-Hoy ese brillo regresó con más fuerza, él está resplandeciente, está feliz. Hijo, sé que tal vez cometí un error al empeñarme en comprometerlos después del accidente, pero realmente pensé que él sería para ti lo que Jacaerys es para Aegon.
Eso lo sorprendió mucho, todos sabían que Viserys sabía lo que había entre sus hijos y sus nietos, pero nadie lo había confirmado aún.
-Creí que con el tiempo podrías perdonarlo en tu corazón, no fue así y lamento todos los años que estuvieron juntos por qué solo sufrieron.
-No fue así padre, también tuvimos momentos felices.
-Claro, recuerdo que fuiste feliz cuando nació Aenar, también cuando nació Daena, pero si hubieras sido realmente feliz no hubieras tenido una relación con Alys.
El recuerdo de su esposa lo sacudió, no era algo que le gustara recordar.
-Padre, sigo sin entender a qué viene todo esto ahora.
-A que quiero verte feliz hijo, pensamos erróneamente que Lucerys sería tu felicidad, no fue así. Pero ese error fue enmendado cuando decidiste divorciarte, ahora tú estás casado y tu esposa está recuperándose del parto de tu hijo, deberías estar con ella. -Lo reprendió suavemente su padre. – Sé que parte de tu odio a Lucerys fue mi culpa, por no castigarlo cuando perdiste tu ojo, pero él era un niño y aquello fue un terrible accidente, ojalá hubiera pagado yo lo que sea que tenías contra él, lamento que sintieras que no te defendí entonces mi querido hijo. Pero ahora este es un nuevo inicio para él, para ti, para todos. -Se quedó mudo y sintió la caricia de su padre en su mejilla, de nuevo lo miraba con compasión. -Así que lo que sea que hayas planeado, solo déjalo. -Su padre se impulsó y lo beso brevemente en la mejilla, después miro por encima de su hombro y exclamó alegremente: - ¡Mira, ahí viene tu madre!
Él no dijo nada más, aunque agradecía la disculpa implícita en las palabras de su padre sentía que llegaba demasiado tarde, sabía que Rhaenyra era la hija favorita, su primogénita, la hija de su omega destinada. Siempre había resentido el amor que le tenía, había envidiado el apoyo y la atención que su hermana mayor tenía de su padre, como siempre la había defendido del escándalo, protegiéndola de todo y de todos, al igual que a sus hijos; mientras él y sus hermanos eran dejados de lado. Pero ahora, el saber que su padre se arrepentía de sus acciones lo hizo sentir extrañamente querido, darse cuenta que también había descubierto como se sentía le causaba cierta ternura. Aunque no era suficiente para hacerle cambiar de planes.
Viserys se adelantó mientras llamaba la atención de Alicent, su madre usaba un vestido verde oscuro con bordados dorados, era ajustado en la cintura lo que la hacía ver esbelta y tenía mangas largas con intrincados bordados de pedrería, se veía hermosa, su espesa cabellera castaña estaba recogida en un elegante moño. Ella disimulo mucho mejor su sorpresa al verlo, con una enorme sonrisa y se acercó alegremente a saludar a su hijo favorito.
- ¡Me alegra mucho verte Aemond! -después de besarlo en ambas mejillas, cambio su tono para formular la misma pregunta que todos hacía, - ¿Cómo están Alys y el bebé?
-Están fuera de peligro, ella esta débil aún, pero saldrá adelante según el doctor, el pequeño pronto estará en casa, sus pulmones ya funcionan mejor.
-Esas son excelentes noticias, - después miró a Viserys con afecto y le dijo- Rhaenyra está discutiendo de nuevo con el decorador, ¿puedes hacerte cargo?
-Por supuesto querida, si me permiten.
Madre e hijo observaron el andar lento de Viserys, lo escucharon llamar a su hija y entonces se giraron para regresar al vestíbulo. Su madre lo tomó del brazo.
-No creí que vinieras hoy.
-Es lo que todos están pensando, ¿es tan difícil de creer que solo vine a desearle a Luke felicidad eterna con el perro Stark? -lo dijo con una voz dura.
-Hijo…
-No madre, lo siento, no era mi intensión.
- ¿Quieres ver a los niños? Están arriba, Daena se ve como un hada de fantasía y Aenar se parece tanto a ti, estarás orgulloso cuando lo veas, se porta como el perfecto caballero.
Sonrío al pensar en sus hijos, por supuesto que había sido feliz cuando llegaron, aunque la manera en la que fueron concebidos no había sido un acto de amor, solo de plena lujuria, además de ser un chantaje para utilizar contra Lucerys, pues su ex esposo hacía lo que fuera con tal de tener a sus pequeños seguros y felices. El primero en llegar había sido Aenar, su madre tenía razón, ese niño era su viva imagen, mientras que Daena llegó tres años después y era su adoración, así como la de Lucerys. Su hija era muy hermosa, tenía todos sus rasgos, pero sus ojos eran los ojos verdes de su padre omega, era lo que más le gustaba a Aemond de ella. Pensó en su pequeño bebé que seguía en el hospital, había nacido prematuro y el parto casi había costado la vida de Alys, era pronto para saber a quién se parecería, pero su oscuro cabello auguraba que había salido más a la familia de su madre.
Quién era una bastarda Strong, ¡oh la ironía!
Llegaron a las escaleras y comenzaron a subir hacía las habitaciones, mientras Alicent le comentaba sobre las últimas reformas que habían hecho a la Fortaleza.
-Aemond, no lo hagas, -su madre dijo de pronto muy seria- por favor. Hoy no es el día.
- ¿El día para qué?
-Para lo que sea que hayas planeado, déjalo así, no le hagas esto a Luke.
-Padre y tú parecen estar seguros de que haré algo para arruinar su “gran día”, madre no haré nada, te lo prometo. -Le dijo mirándola a los ojos. -No entiendo por qué hasta tú te pones de su lado ahora.
Alicent suspiró y se detuvo en el pasillo, mientras lo miraba tomó sus manos y comenzó a hablar suavemente, después acarició su cicatriz.
-No estoy de su lado hijo, pero él merece ser feliz, merece toda la felicidad que le negaste durante diez años.
-Yo no…
-Shhh, yo lo sé, lo sé por qué lo vi, lo ayudé en lo que pude para que aguantara, creo que, si tú no le hubieras pedido el divorcio, él te lo hubiera pedido a ti, eventualmente. Rhaena lo estaba convenciendo de hacerlo. -Su madre suspiró con tristeza- Nunca te lo dije, pero él vino a mí poco después del nacimiento de Aenar, me pidió perdón, me dijo que entendía perfectamente mi odio hacía él por lo que te había hecho. Dijo que si alguien lastimaba así a su bebé probablemente lo mataría, que haría todo por tenerlo seguro y a salvo. Ese día hice las paces con Luke, lo perdoné desde el fonde mi corazón y decidí ayudarlo para que fuera feliz contigo. Pero tú nunca abandonaste ese resentimiento contra él. -Lágrimas brillaban en los ojos de su madre, en sus ojos había mucho amor, amor por su hijo y también tristeza por lo que había pasado. -Así que ahora te pido que por favor abandones cualquier plan que tengas para interrumpir su enlace, déjalo ir Aemond, esa será prueba suficiente de tu amor por Lucerys.
Las palabras de su madre lo descolocaron por completo, no se había esperado esa confesión, recordó entonces la época después del nacimiento de Aenar, cuando Lucerys salía todas las tardes con su hijo y su guardaespaldas, no sabía que visitaba a Alicent, aún después de tantos años le seguía sorprendiendo todo lo que desconocía de su ex esposo. Le asombró que él se hubiera disculpado con su madre, recordó que Alicent había protestado mucho cuando Viserys decidió comprometer a Lucerys con Aemond, no dejo nunca de mostrar su inconformidad, desconocía si Rhaenyra había hecho lo mismo a solas con su padre, por qué al menos en público nunca dijo nada en contra del compromiso, a diferencia de Daemon y Jace, quiénes siempre hacían comentarios negativos al respecto. Le sorprendía además que su madre se diera cuenta del amor que sentía por Lucerys, ese sentimiento que siempre estuvo presente pero enterrado bajo capas de odio y rencor, sentimientos que alimentó durante los diez años que había durado su matrimonio, hasta que fue demasiado tarde para darse cuenta en realidad de cuanto amaba a Lucerys Velaryon.
Al inicio de su matrimonio Lucerys había intentado reconciliarse con él, había organizado cenas para dos a las que él nunca llegaba, viajes de pareja “románticos” que al final eran cancelados, recordó los desplantes que le hacía en las fiestas familiares, sus arrebatos de celos sin sentido en las fiestas de la empresa, sintió desazón al darse cuenta que realmente él había hecho la vida de su esposo un pequeño infierno. Pese a todo eso el omega había sido fuerte, incluso llegó a enfrentarse a su alfa cuando era especialmente cruel en sus palabras, recordaba ahora con amargura las veces que lo llamaba “lord Strong”, con burla y desprecio. Había visto llorar a Lucerys después de sus peleas, ver las enormes lágrimas que caían de esos hermosos ojos lo hacían sentir bien, sabía que tenía en sus manos el dulce corazón de su esposo, pero en lugar de cuidarlo lo estrujaba y lastimaba para desquitar su resentimiento y su odio.
La peor traición había sido pedirle el divorcio para poder casarse con Alys, su amante de hacía años.
Su madre y él se quedaron en silencio y siguieron andando. Se detuvieron afuera de una de las renovadas salas de juegos, creadas especialmente para los niños, podía escuchar los gritos felices de sus sobrinos, mezclados con las voces infantiles de sus propios hijos. Alicent se secó los ojos con su pañuelo después respiró hondo, puso una enorme sonrisa en su rostro y abrió las puertas. Los niños gritaron emocionados y corrieron a ella hablando al mismo tiempo, hasta que notaron a Aemond parado a su lado, entonces el único gritó que se escuchó fue el de Daena mientras corría emocionada a los brazos de su padre.
- ¡Papá! -la niña le alzó los brazos para ser cargada, Aemond recordó lo que su madre le había dicho, su hija parecía un hada encantadora, llevaba un vestido de color verde mar que realzaba aún más el color de sus ojos, ella sería la encargada de caminar hacia el altar mientras dejaba flores a su paso, una ‘moda’ que había traído Baela desde Essos.
-Padre, -Aenar lo abrazo y le sonrío feliz, le alegraba ver que su hijo había perdonado lo que había pasado entre ellos.
-Papá, abu dice que no puedo ver a Mumu. -Su hija hizo un adorable puchero que lo hizo sonreír, ella llamaba así a su padre omega.
-Está ocupado y ya deberían dejar de saltar, se arruinarán sus trajes antes de la ceremonia. -Los amonestó Alicent suavemente.
-Pero eso no es divertido, además estamos jugando a atrapar un dragón. -La interrumpió Corwyn, el hijo mayor de Jace y Baela. -Le toca a Baelor.
Aemond se río con ganas, recordaba que ese juego había sido de sus favoritos para jugar con sus primas y sus sobrinos, era de los pocos juegos en los que hasta Helaena se unía y todos se divertían. Acarició la rubia cabellera de su hija y sacó del bolsillo de su traje una caja de terciopelo, mientras le pedía que se sujetara el cabello. Retiro de la caja una cadena de oro blanco, de la que colgaba un dije de esmeralda rodeada de pequeños diamantes.
- ¡Aemond, es hermoso! -exclamó Alicent asombrada, al ver la hermosa joya.
-No tanto como los ojos de mi adorada, pero lucirá más hermosa.
Los demás niños rodearon a su prima con exclamaciones de admiración para la niña, que lucía orgullosa en su pecho el precioso dije, ahora verdaderamente sus ojos resplandecían.
-Bueno, solo quería que lo usaras en la ceremonia de hoy, -después volteó hacía su hijo- y para ti, tengo esto. -Sacó otra caja algo mayor de su otro bolsillo- Sé que como heredero de los Velaryon debes honrar su casa y tradiciones, pero no olvides que eres un Targaryen también, -miró orgulloso a sus hijos- ambos llevan la sangre del dragón en sus venas y eso es lo importante.
De la caja retiro un broche de oro macizo, tenía grabado el dragón de tres cabezas de los Targaryen, esmaltado en negro y rubíes por ojos. Era un trabajo hermoso y lo sujeto en la ropa de su hijo, justo sobre su pecho. Él niño sonrió feliz, mientras recibía felicitaciones de su hermana y sus primos. En eso tocaron a la puerta y la asistente de Alicent la llamó.
-Señora, ya esta todo listo, pero faltan detalles que…
-Claro, en seguida voy. -Miro a su hijo- Si quieres puedes ir bajando con los demás, yo debo seguir revisando.
-Claro madre, nos vemos después.
Alicent salió del cuarto de juegos, él permaneció un momento mirando a los niños jugar, los más pequeños Aenys, Aerys y Laena estaban con sus niñeras que los entretenían con juegos más apropiados para su edad. Se notaba el parecido entre ellos, tenían un poco de todos sus padres.
Notó que sus sobrinos Jaehaerys y Jaehaera no se encontraban en la habitación, seguramente seguían preparándose en sus propias habitaciones, al ser mucho mayores no tenían casi nada en común con sus hermanos, ni sus primos, solo se tenían ellos, por lo que su relación era muy especial. Había rumores sobre ellos, algunos muy escandalosos, era lo que tenía pertenecer a su familia, los chismes los seguían a todas partes. Decidió retirarse despidiéndose de todos y prometiendo a los hijos de Jacaerys y Baela que también les regalaría un broche pronto. Salió al pasillo y entonces revisó su celular, tenía un mensaje de su hombre confianza después de tantos años, Criston Cole, solo había una palabra en este ‘Listo’. Sonrió, eso solo significaba que todo su plan seguía en marcha.
-El que solo se ríe de sus maldades se acuerda y esa sonrisa es lo más tétrico que hay en ti, sobrino. -Daemon Targaryen se acercaba por el pasillo, junto a él se encontraban los dos hijos que había tenido con Rhaenyra: Aegon y Viserys. Se fijó en que solo Aegon usaba su uniforme de gala militar, tanto Daemon como Viserys usaban trajes en color negro, el del padre tenía bordados cabezas de dragón en las mangas, mientras que el de su hijo era completamente liso y en color negro, su corbata rojo sangre tenía bordados pequeños dragones.
-Se requiere de un desquiciado para reconocer a otro, -contestó mordazmente- saludos tío, sobrinos.
-Se esperaba que no asistieras hoy, alguien tan inteligente como tú seguramente sabe que la invitación fue un mero protocolo, pero era perfectamente entendible que no llegaras. -Dijo Aegon sonriendo.
-Aegon… -Viserys tocó suavemente el brazo de su hermano, su sobrino lo miró después con simpatía. -Espero que la salud de tu esposa y tu hijo se encuentre bien, tío.
-Lo está, gracias.
-Me alegro, ¿ya viste a los niños? -se dio cuenta que su sobrino intentaba distraer la atención de todos a un tema seguro. -Están muy contentos, espero que no haya ningún contratiempo, ¿cuánto falta para la ceremonia?
-Una hora, creo que deberíamos bajar, mami quería que estuviéramos antes en el vestíbulo para recibir a los invitados. -Aegon apuntó mientras miraba su reloj.
-Vayan, yo tengo que resolver un asunto con Aemond, -Daemon miró a Viserys, palmeó su hombro y lo empujo levemente hacia Aegon, su hijo menor le lanzó una mirada resignada, pero no dijo nada más y camino hacia su hermano, ambos le dieron un asentimiento a su tío antes de irse.
-Ya sé que nunca me lo has pedido, pero te daré un consejo, no lo hagas. -Dijo simplemente Daemon.
-No entiendo por qué todos piensan que estoy por hacer algo. -Dijo Aemond exasperado, pero lo cierto era que sí tenía planes y le fastidiaba no saber disimular mejor ante su familia.
-Como bien dices se necesita un loco para reconocer a otro, querido sobrino y como bien sabes yo soy el desquiciado mayor de la familia. -Le sonrió- Además no eres el primero en intentar robarse a un omega el día de su enlace. -Sonrió de lado al recordar su fracaso con Rhaenyra el día que ella se casó con Laenor. -Deja en paz a Luke, nadie va a darte una segunda oportunidad con él. Mucho menos el mismo Lucerys.
-Eso puede decírmelo él. -Contestó muy seguro del amor que Lucerys sentía por él, no era posible que todo lo que su sobrino sentía por él se hubiera esfumado en unos años de separación.
Claro que sabía que Lucerys lo amaba cuando se casaron. Pudo verlo en sus ojos cuando se volvieron a ver, años después del accidente de su ojo. Se dio cuenta de cómo se sonrojaba cuando lo miraba, como se ponía nervioso cuando le hablaba, cuando había intentado pedirle perdón por haberlo desfigurado. Estaba seguro de que ese amor no se había terminado, estaba seguro de que el enlace con Cregan Stark se debía a un nuevo acuerdo por la compañía Velaryon en el norte.
Sabía que Luke lo seguía amando, lo había confirmado después de lo que había pasado entre ellos hacía dos años, antes de su divorcio, antes de que su omega perdiera por culpa de Vaemond al bebé que habían concebido la primera vez que le hizo el amor, antes de que el imbécil hermano de Corlys arruinara todo con su inútil reclamo por ser el presidente de la compañía Velaryon.
Sabía que era solo cuestión de hablar con él y convencerlo de irse juntos, con sus hijos, lejos de ahí. Tenía preparado un helicóptero para tal fin, había sido difícil, pero había planeado cuidadosamente la extracción de sus hijos, para eso les había puesto un localizador en sus regalos. Ahora solo tenía que llegar a Lucerys, lo convencería, le mostraría que ya tenía listos los documentos de su divorcio con Alys. Quería volver a casarse con él. Incluso ahora quería casarse en una ceremonia valyria de acuerdo a las tradiciones de su familia, algo que Lucerys siempre había querido, pero él nunca aceptó. Lo mordería y marcaría como suyo al fin, algo que se negó a hacer durante los diez años que duró su matrimonio. Sabía que Lucerys diría que sí, solo era cuestión de llegar a él.
