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Acaban de clasificar a la final del mundo. 3 a 0 contra Croacia.
Para todos el partido fue un poco más tranquilo que el anterior. Julián tenía sentimientos encontrados.
Como omega siempre fue más difícil que para el resto de sus compañeros alfas, llegar a dónde se encontraba. Entrenamientos más intensivos, dietas más exigentes, críticas en abundancia, la lista es larga.
Su celo estaba cerca y en definitiva le jugaba en contra, se sentía agotado. Durante todo el partido, los alfas del equipo rival habían estado soltando feromonas fuertes, era más difícil respirar con el aire espeso cargado de olores tan intensos. El fútbol, en definitiva, es un deporte competitivo y es casi instintivo que los alfas crean que están más capacitados que él y pueden intimidarlo con sus feromonas. Su celo debía llegar en una semana y media pero los olores fuertes probablemente lo habían adelantado.
No dió el brazo a torcer, convirtió un gol, en el entretiempo, le pidió al cuti que lo marcara con su olor, claro que no iba a ayudar demasiado con el asunto de su inminente celo, pero sí logró que las feromonas del equipo rival, a las que no estaba acostumbrado, no fueran tan fuertes al llegar a sus fosas nasales. Funcionó porque en el segundo tiempo convirtió otro gol. Ahora, sin embargo, sentía que no quedaban más energías en su cuerpo.
Todos en el vestuario estaban festejando, cantando y saltando, él, en cambio, prefirió quedarse sentado y cantar con sus compañeros desde su lugar.
—¡Juli!— grita Enzo acercándose al omega.
Julián maldice internamente porque lo que menos necesitaba era que el alfa se acordara de su existencia en este preciso momento.
Siempre fueron muy amigos. Ese es el problema.
Julián en realidad adora su amistad con el alfa, en River eran inseparables, siempre podían contar el uno con el otro. Quizás el problema viene de la mano de Julián, de ser omega, de jugar en clubes distintos y sentir que nunca nada va a volver a ser como antes, angustiarse por si el alfa ya lo dejó de querer o no porque viven muy lejos y Julián no quiere quedar como un pesado y mandarle mensajes todas las semanas. El problema viene desde poco tiempo antes de que tuvieran que irse de River, en aquella fiesta en la casa de un amigo de Enzo en la que Julián tomó de más y besó al alfa en el patio. El alfa se la siguió. Al día siguiente no hablaron de eso. Nunca hablaron de eso, como si no hubiera pasado, como si Julián lo hubiese sólo imaginado.
El problema con ser omega y jugar profesionalmente al fútbol es que es infértil. Debutar en primera significa automáticamente someterse a un procedimiento quirúrgico que le arrebataba la posibilidad de tener hijos. Tenía su celo, tenía su olor característico pero los alfas no buscan una relación con un omega que no puede llevar cachorros en su interior.
Enzo jamás buscaría una relación con un omega que no puede llevar cachorros en su interior.
Julián no busca relaciones casuales, no le gusta esa dinámica. Prefiere pasar sus celos solo que el nudo de cualquier alfa que al día siguiente fingiría no haberse acostado con él. De todos modos, no pasa sus celos completamente solo, puede que cuando jugaba en River le haya robado alguna que otra camiseta a Enzo y puede que desde que juegan en Europa, aprovecha cada vez que pueden encontrarse para llevarse alguna prenda del alfa. El olor lo calma, agradece a dios el día que Enzo, sin querer, tiró la remera con la que había entrenado en su bolso solo dos días antes de que llegara su celo. Julián la devolvió semanas después pero se aseguró de quitarle otra antes del siguiente celo. El alfa a veces las buscaba, a veces no se daba cuenta. Era un pequeño secreto que el omega podía guardar para sí.
También puede, como puede que no, que el omega esté enamorado de Enzo desde que jugaban juntos en River.
—¡Mi goleador!— exclama el alfa agarrando la cara de Julián con las dos manos para darle un beso ruidoso en la frente.
El omega se ríe tímido y sus mejillas están rojas desde que vio al alfa acercándose.
—Callate— le dice Julián en medio de una risita aceptando el abrazo que ahora le está dando Enzo.
—¿Qué te pasa, Juli?, ¿por qué estás acá solito?
Julian tiene su cabeza apoyada en la panza de Enzo que está parado entre sus piernas, las rodillas le chocan contra el asiento de madera y el omega se pregunta si estará incómodo en esa posición.
—Nada, estoy un poco cansado— dice el omega, quiere refregar su cara contra los músculos abdominales del alfa.
—Y sí, después de esos goles, ¡después de ese partido que te mandaste!— exclama.
El omega se sonroja y esconde más la cara, sabe que el alfa puede sentir su sonrisa.
Enzo le levanta la cara y lo mira a los ojos, cansados, brillosos, oscuros.
—Enserio estoy muy contento por vos, jugaste increíble, Ju— le dice más suave, más íntimo, para que sólo ellos escuchen.
(...)
El omega estaba hecho una bolita en su cama. Fue en el viaje en el colectivo cuando oficialmente llegó su celo. Esperaba que los supresore de aroma que había tomado antes de salir del vestuario hubieran ocultado su olor lo suficiente como para que nadie lo hubiera notado.
Apenas llegó a su cuarto se encerró en el baño a ducharse con agua fría, se sentía afiebrado, tembloroso, su vista estaba ligeramente nublada. Era todo un ritual ponerse la ropa de Enzo durante el celo, primero debía bañarse y lavar hasta el último centímetro de su cuerpo, exfoliaba sus piernas y brazos con un gel y lavaba su cabello con su shampoo favorito.
Cuando salió se puso la camiseta con su cuerpo aún húmedo y se acostó en la cama, su piel estaba tan sensible que las sábanas se sentían ásperas.
La noche anterior Enzo había dormido en su cuarto por los nervios previos al partido. El alfa se olvidó la camiseta violeta que había usado esa misma tarde para entrenar y Julián no dudó en guardarla entre sus cosas para cuando este momento llegara. No pensaba que llegaría tan pronto pero era casi hasta una ventaja porque el olor del alfa aún permanecía intacto, casi como si estuviera él mismo en la habitación.
Aprieta en un puño la camiseta en la zona del pecho cuando una ola de escalofríos recorre su cuerpo, siente que está lubricando y quiere llorar.
Tembloroso abre el cajón de su mesita de luz y palpa sin ver hasta encontrarlo, su dildo. Es rosado, tiene un tamaño promedio y vibra.
Rápidamente guía su mano hacia su pene para comenzar a buscar algo de alivio. Bombea algunas veces, de forma medio brusca, descuidado. Siente más lubricante salir de su entrada y suelta su miembro para deslizarse hacia abajo. Sus piernas se abren más cuando su dedo índice comienza a trazar delicados círculos en su entrada, tentandose a sí mismo.
Es entonces cuando alguien golpea su puerta.
El omega se asusta por lo repentino del golpe y tira el dildo sobre sus sábanas blancas mientras se levanta, buscando unos boxers. Termina de subir la ropa interior por sus piernas cuando llega a la entrada de su cuarto, se acomoda un poco el pelo, se aclara la garganta y abre un poco la puerta, asomándose por el espacio pequeño.
Enzo le sonríe grande y empuja la puerta para pasar antes de que el omega pueda decir algo, todo ocurre demasiado rápido. El alfa, de repente, está parado en medio de su cuarto mirando en dirección a la cama de Julián. La cama en la que esperan al omega un consolador y sabanas húmedas.
El alfa se da vuelta para ver al omega que sigue parado junto a la puerta, paralizado. Mantienen el contacto visual unos segundos hasta que Enzo baja su vista por el cuerpo de Julián.
—¿Esa camiseta es mía?— pregunta de repente el alfa.
Es entonces cuando el labio del omega comienza a temblar, tapa su cara con sus manos y un ligero temblor empieza a recorrer su cuerpo, nervios, angustia, vergüenza. Las lágrimas sorprenden al omega cuando las siente en sus palmas. Es normal que los omegas se sientan tan sensibles durante el celo, quizás está exagerando pero siente en su cuerpo como una gran parte de su vida se derrumba; su amistad con Enzo. El alfa jamás lo había visto en tal estado y Julián era un omega bastante tímido, el tipo de omega que no habla de su celo, o de sexo, el tipo de omega que se avergüenza si alguien lo mira un poco en el boliche, o si alguien menciona algo sobre lo agradable de su olor.
Tiembla por las olas de calor que siguen recorriendo su cuerpo y tiembla porque su secreto ya no es su secreto. Tiembla porque seguramente Enzo ahora cree que es un raro.
Quiere salir corriendo, quiere esconderse, se siente totalmente abrumado por culpa de su omega que, en definitiva, enloqueció por culpa del alfa. Se hace bolita sobre sí mismo, sentándose en el suelo, con la cara escondida y las piernas pegadas al pecho, intentando regular su respiración.
—Eu, no llores— rápidamente se acerca el alfa, cerrando la puerta cuando llega a un lado del omega—. Corazón, no te escondas, mírame.
El omega niega con la cabeza.
—Por favor— le dice bajito, acomodándose en el suelo frente a Julián, con las rodillas pegadas a los pies del omega.
Enzo lleva sus manos a las del omega, retirándolas suavemente de su rostro y sujetando su cara con gentileza. Intenta limpiar las lágrimas de Julián con sus pulgares mientras el omega se obliga a sí mismo a no inclinar su cara hacia las palmas del alfa.
El contacto visual es intenso, el omega de Julián se retuerce en su interior.
—¿Por qué no me contaste que iba a llegar tu celo?— le pregunta el alfa sin cesar con las caricias en la cara de Julián.
—¿Y qué ibas a hacer vos con esa información?— no quiere sonar como un maleducado pero sale un tono desafiante.
—No sé, no te habría interrumpido si estabas en lo tuyo. Te podría haber marcado con mi olor durante el partido— explica tranquilo, puede percibir el tono del omega pero entiende que está en un momento particular, no quiere caer, no quiere pelear con el omega, en este momento solo quiere calmarlo—, ¿por qué dejaste que te marcara el cuti?
—¿Qué te importa a vos?, ¿quién dice que yo quería tu olor? puedo pedirle a quien quiera que me marque, que me reclame— suelta enojado.
El alfa ahoga un gruñido.
—Obvio, le podés pedir a quien vos quieras lo que vos quieras pero estabas a punto de masturbarte con mi camiseta puesta— espeta.
Julián frunce el ceño, se siente humillado ahora, se siente un boludo. Mira enojado al alfa y este se arrepiente al instante.
—No quise que sonara brusco— intenta redimirse Enzo.
Es tarde porque el omega retira las manos del alfa de su cara y se aclara la garganta mientras desvía la mirada. Se encoge en su lugar y lucha contra el puchero que intenta formarse en sus labios. Enzo se quiere morir por haber hecho sentir así a su amigo.
—No es la primera vez que te quito alguna remera— se rinde. Está agotado, no tiene ganas de discutir, quiere que Enzo se vaya para poder llorar solo—. No sé, tu olor me calma, se sentía correcto. No quiero que pienses que soy un raro—explica tímido, volviendo su vista nuevamente al alfa.
Los cachetes del omega están rojos, arden al igual que cada centímetro de su piel. Sus dedos se acercan al dobladillo de la camiseta y comienza a levantarla para devolversela a su dueño.
—No, no, no—lo detiene el alfa, empujando la prenda hacia abajo para que vuelva a su lugar—. No te la saques, por favor.
Julián se siente confundido y de repente Enzo se hace lugar entre sus piernas. Al omega se le escapa un suspiro entrecortado cuando la mejilla del alfa se dirige, sin dudar, hacia su cuello, a su fuente de olor. Se refriega contra ese punto tan sensible y Julián se muerde el labio con fuerza y apoya una de sus manos en el suelo frio en busca de mantener la compostura mientras es marcado con el olor de su amigo. Tierra húmeda por la lluvia es lo que más se acerca al olor del alfa. Recuerda que cuando conoció a Enzo tuvo la necesidad de buscar en internet si tal olor tenía un nombre; petricor.
—Enzo— jadea Julián.
El alfa no se detiene, continúa presionando ese punto y el omega siente como el lubricante comienza a salir a borbotones de su entrada, va a morirse de la vergüenza, sabe que el alfa puede olerlo y eso lo hace temblar. Cuando menos se lo espera, Enzo comienza a dejar una lenta hilera de besos suaves desde su clavícula hacia arriba. El omega no puede contener el gemido que resuena en las paredes de su cuarto.
—Enzo, estoy en medio del celo, no me hagas esto— articula con dificultad, esforzándose por no dejar salir ningún sonido vergonzoso de su boca.
Finalmente se detiene detrás de su oreja, dónde deja un beso más húmedo que los anteriores. Su cara vuelve a estar frente a la de Julián y se inclina para reposar sus frentes juntas.
—No me molesta— comienza a hablar el alfa, está agitado, nota Julián—, no me molesta que uses mis camisetas, no sos un raro, es lo más normal del mundo. Me pone contento saber que mi olor te calma, no hay nada de raro en eso, Juli.
El omega exhala, deja ir el aire que tenía contenido en sus pulmones y Enzo baja la mirada hacia la boca del omega, rozando la nariz del mismo con la suya en el proceso. Julián devuelve el roce, chocando sus narices juntas, comenzando una pequeña pelea, ninguno quiere ceder, acercándose cada vez más, sienten el aliento del otro en sus propias bocas y antes de que alguno pueda darse cuenta sus labios se rozan. Julián se vuelve loco, impulsa todo su cuerpo hacia adelante chocando su boca contra la del alfa, besándolo con fuerza. Enzo no tarda en llevar una de sus manos a la nuca del omega y le chupa el labio inferior haciendo que jadee.
Se besan de forma húmeda, pequeños chasquidos resuenan en sus oídos y el alfa gruñe cuando Julián le muerde el labio.
Enzo es el primero en empujar despacio su lengua en la boca del otro, haciendo que el omega gima en su boca.
La necesidad de más cercanía es lo que hace que el alfa se detenga en seco, mirando al omega que abre los ojos de golpe cuando pierde el contacto. Enzo se pone de pie, extendiendo su mano hacia Julián que no duda en agarrarla para impulsarse hacia arriba, el alfa lo empuja contra la pared para volver a besarlo, es más sucio esta vez, más brusco, más húmedo.
El alfa siente picazón debajo de su piel, por todas partes, quiere tocar al omega, no conocer los límites lo pone tenso y no tiene la fuerza para alejarse y formular alguna oración con coherencia.
—Alfa—gime Julián y Enzo gruñe dirigiéndose al cuello del omega para dejar besos húmedos por toda su extensión—, por favor, por favor.
Una de las piernas del alfa se encuentra entre las de Julián, por lo que no duda en presionar contra la entrepierna dura del omega logrando que chille y tire su cabeza hacia atrás.
—¿De verdad querés esto, Juli? Necesito que me digas qué es lo que querés—expone finalmente Enzo.
El omega sabe que se va a arrepentir cuando el alfa al día siguiente finja que no pasó nada entre ellos pero honestamente quiere dejárselo a resolver al Julián del futuro. Necesita al alfa, quiere al alfa, haría cualquier cosa porque Enzo lo quiera por un rato, aunque sea una vez, es lo único que le importa ahora.
—Quiero ser tuyo— se rinde.
Le alcanza a Enzo para arrastrarlo hasta dejarlo caer suavemente sobre la cama, se coloca entre sus piernas y le da un beso rápido antes de levantar un poco la camiseta del omega, pidiendo permiso para sacarla. Cuando Julián asiente, Enzo desliza la camiseta por sobre su cabeza hasta retirarla y dejarla caer al suelo.
El torso de Julián es un deleite a la vista de Enzo. Músculos tonificados, piel de porcelana y prácticamente carente de vello en el pecho.
El alfa se acerca a besar el centro del pecho de Julián, plantando besos dispersos, acercándose de a poco a uno de los pezones del omega, cuando llega, no duda en lamerlo sin más. Julián siente que sus ojos ruedan hacia atrás y su espalda se arquea sin su permiso.
Enzo chupa el pezón, lame, le da besos, lo raspa con los dientes y vuelve a chupar. El omega está desesperado ahora, no le alcanzan las fuerzas para evitar que sonidos vergonzosos se le escapen, el alfa, mientras tanto, se regocija por lo ruidoso que está siendo Julián. Se desliza al otro pezón, dándole el mismo trato, lleva sus dedos al pezón que dejó abandonado y el omega chilla.
—Enzo, por favor— jadea.
El alfa sonríe contra la piel de Julián y se aleja para bajar la ropa interior del omega sin romper el contacto visual. Desliza la prenda despacio y puede ver como las mejillas de Julián se vuelven imposiblemente más rojas. El omega junta las piernas a un lado del cuerpo del alfa cuando el boxer llega a la mitad de su muslo para que así sea más sencillo sacarlo, Enzo besa su pantorrilla y termina por arrojar la prenda al suelo. Aprovecha para sacarse su propia camiseta y cuando puede volver a conectar sus ojos con el omega roza con sus dedos los labios del mismo en una propuesta clara y sucia.
Julián lo mira con ojos grandes, oscuros y llorosos cuando abre la boca para dejar entrar dos dedos del moreno. Los baña en saliva, pasando la lengua por todas partes, deteniéndose en la yema de los dedos y haciendo rodar su lengua entre los mismos, ahueca sus mejillas para chuparlos y el pene de Enzo se contrae en sus pantalones.
Cuando el alfa retira sus dedos un hilo de saliva cae sobre la barbilla del omega y el primero se acerca para lamer ese lugar, rápidamente se convierte en un beso tosco mientras guía sus manos a ciegas hacia el sur. Enzo rompe el beso para posicionarse cómodo entre las piernas del omega, ayudándose con una de sus manos para separarlas, es rápido en dirigir sus dedos hacia la entrada mojada de Julián. Frota su agujero con la punta de su dedo índice, tentándolo.
—Alfa— gime y Enzo gruñe.
Comienza a introducir un dedo sin grandes dificultades gracias al lubricante caliente que sigue goteando. Al omega se le escapa un fuerte gemido cuando Enzo introduce un dedo entero, chocando los nudillos contra su piel.
Bombea su dedo en un ritmo lento pero profundo, deleitándose con la vista del culo del omega tragándose su dedo. Cuando las caderas de Julián comienzan a empujar hacia abajo intentando chocar contra las embestidas el alfa decide agregar un segundo dedo. Está apretado y prácticamente hirviendo y el alfa está a punto de perder la cordura.
El alfa hace tijeras con sus dedos y cuando los curva ligeramente hacia arriba el omega se ahoga con su propia respiración, pegando un manotazo para agarrar el brazo del alfa, clava sus uñas en la piel bronceada. Enzo presiona contra el punto que acaba de encontrar dentro del omega; su próstata. Frota contra el pequeño manojo de nervios y el omega gime.
La cabeza del omega cae hacia atrás mientras su punto más sensible es estimulado, el alfa sostiene una presión constante, inmovil por algunos segundos, el omega se retuerce, cierra sus piernas alrededor del brazo del alfa e inmediatamente son abiertas por la mano áspera que le queda libre a Enzo, las lleva a sus propios hombros y el nuevo ángulo hace que julián grite.
—Voy a acabar, por favor, por favor, haceme acabar— dice el omega lloroso. Siente que está al borde del orgasmo desde que Enzo lo beso junto a la puerta.
El alfa, aun manteniendo la presión sobre la próstata de Julián, comienza a frotar círculos en esta y aprovecha su otra mano para masturbar el pene del omega que se remueve entre las sábanas, su estómago se contrae, las piernas le tiemblan y no puede dejar las caderas quietas.
—Dale, Juli, mostrame cómo me querés a mí nomás, mi olor, como querés que yo te reclame— pide Enzo para luego morder suavemente la pierna de Julián que reposa en su hombro.
A Julián le alcanza con eso para acabar con fuerza, soltando un gemido entrecortado, su orgasmo explota, manchando la mano del alfa y su propio estómago que no deja de contraerse.
Las manos de Enzo continúan con un ritmo más suave y lento hasta que el omega aprieta sus piernas a su alrededor y lo entiende como una señal de que ya es demasiado.
El omega sigue con sus ojos el recorrido que hacen los dedos del alfa, luego de salir de su entrada, hasta su boca, cierra los ojos deleitándose con el sabor de Julián, es tan sucio, tan vulgar que el omega tiene que ahogar un gemido.
—¿Qué va a ser de mí si a partir de ahora no puedo probarte todos los días de mi vida?— dice el alfa y las mejillas de Julián arden de nuevo.
Enzo viaja hasta los labios del omega para besarlo, esta vez más suave, más dulce. El omega puede sentir su propio sabor en su lengua y gime en la boca del alfa. Sus labios no se separan cuando el alfa se deja caer a un lado, sostiene la cintura de Julián con su mano y con la otra acuna la cara del omega, se besan recostados frente a frente.
El omega rompe el contacto luego de dejar un último beso casto en la boca de Enzo y se aleja mirándolo con sus ojos grandes y una sonrisa dibujada en los labios.
—Sos tan lindo, Ju. El omega más lindo que vi en mi vida, sin dudas— le dice con voz tranquila, trazando caricias en su cara.
El omega se siente avergonzado y acompañado de una risita, esconde su cara en el cuello del alfa, frotándose contra su glándula de olor, intentando marcarlo con su propio aroma. Enzo gruñe y es cuando Julián nota lo duro que está en sus pantalones, se le entrecorta la respiración de solo pensar que el alfa está así por él.
La mano temblorosa de Julián baja recorriendo el torso tonificado frente a él hasta llegar a los pantalones del alfa que aguanta la respiración buscando palabras para poder volver a formular alguna oración. El omega estira el elástico de los pantalones del alfa hacia abajo, Enzo no lleva ropa interior puesta. Envuelve el miembro del alfa con su mano y el moreno gruñe.
—Juli— jadea, es casi una advertencia—. Ju, no quiero que hagas nada que no tengas ganas de hacer— dice y utiliza toda su fuerza de voluntad para acunar la cara del omega con sus manos y obligarlo a salir de su escondite para poder verlo a los ojos.
La respuesta de Julián queda bastante clara cuando besa con fuerza los labios del alfa, comenzando, al mismo tiempo, a bombear la erección de su amigo, es grande, gruesa, se siente pesada en su mano.
El ritmo es lento y constante, el alfa suelta jadeos en su boca y Julián se siente orgulloso de sí mismo.
Las caderas de Enzo comienzan a empujar hacia la mano del omega quien toma eso como una señal para incrementar la velocidad, el alfa muestra su aprobación mordiendo el labio de Julián.
El alfa no necesita mucho más para acabar pero es un conjunto de cosas lo que hacen que se vuelva loco, la mano libre de Julián tira de su cabello, obligándolo a separarse para hacer contacto visual y probablemente sea lo más dominante que un omega se ha comportado alguna vez con él. El omega al mismo tiempo acaricia la punta del pene de Enzo, trazando círculos desordenados, Enzo va a volverse loco, cierra los ojos, apretandolos con fuerza.
—No— se queja el omega—, mirame— exige y el alfa no puede evitar obedecer a lo que le pide.
—Voy a acabar, Ju.
No detiene al omega, mantiene el ritmo apresurado y un poco desordenado, acariciando la punta mientras ajusta el agarre en el cabello del alfa, acerca su cara a la de Enzo, mira su boca y traza con la punta de su lengua una línea sobre los labios del alfa.
Enzo llega al orgasmo, explotando en la mano del omega que está lubricando de nuevo. Le toma unas cuantas respiraciones profundas y que Julian le suelte el pelo para recuperarse, pasan unos segundos en silencio, solo escuchando las respiraciones del otro y finalmente el alfa suelta una risita que hace que el omega haga un gesto de confusión.
—¿Quién diría que vos, que te da vergüenza quejarte en un bar cuando se equivocan con lo que pediste, me ibas a agarrar del pelo y me ibas a obligar a mirarte mientras acababa?, como si fuera un sumiso promedio—le dice sin dejar de mostrarle la sonrisa amplia de dientes blancos.
El omega se pone colorado al instante y se le escapa una risita.
—Callate, sos un boludo— dice con voz chiquita e intenta mirar para otro lado por la vergüenza.
—De verdad, la próxima avisame y directamente traigo una soga para que me ates a la cama— dice divertido.
La próxima.
Julian siente que el corazón le late más rápido pero solamente se ríe y le empuja el hombro.
La lámpara en la mesita de luz de Julián logra una iluminación tenue y cálida, Enzo traza con sus dedos el costado del omega, bailando sobre sus costillas, su cintura y aprieta la cadera, forma caricias en forma de círculos, y sube por su espalda, vuelve a bajar, se aferra a su cintura, va y viene, quiere tocar cada parte de su cuerpo, quiere sentir la piel suave en sus manos, quiere estar cerca. Encuentra algo casi romántico, de hecho, en el asunto de los ciclos de celo, algo sobre la cercanía, necesitar estar tan cerca como se pueda. Todo el tiempo quiere estar cerca de Julián, ni siquiera es él quien está pasando por el celo pero hay algo que hace que quiera coser su cuerpo al del omega, arrancarse la piel para abrigarlo del frío, es enfermizo porque se resume a instintos básicos, no sabe si podría mantenerse con vida si julián no estuviera más a su lado.
El omega lloriquea y pega su cara al cuello del alfa interrumpiendo la corriente de pensamientos de Enzo.
—¿Qué pasa, Ju? — le dice suave.
No hace falta que responda porque el temblor que sacude su cuerpo y el olor a lubricante que vuelve a llenar la habitación le dan una respuesta clara al alfa.
El alfa se separa un poco del omega para posicionarse sobre él, sosteniendo su peso sobre sus rodillas y uno de sus codos. Acaricia la cara del omega que ahora lo mira fijo con sus ojos oscuros, se muerde el labio y el morocho deja un beso casto en su boca.
No necesitan hablar, el alfa conoce las respuestas corporales del omega incluso si nunca se han encontrado en tal clase de situación. Podría afirmar que el lado racional de ambos era lo que complicaba todo.
Las intenciones del alfa no son hacer que el omega ruegue, no en este momento, puede ver lo cansado que está y desea que pase esta ola lo más calmo posible para que así pueda descansar, con suerte, algunas horas antes de la próxima ola.
—Date vuelta— pide el alfa, haciendo espacio para que el omega pueda cumplir.
Julián se siente un poco avergonzado pero de todas formas rueda sobre su cuerpo, usando como sostén sus rodillas y sus codos. Se pone colorado cuando el alfa gruñe al verlo y entierra sus dedos en sus caderas.
El lubricante brilla en la entrada del omega, Enzo utiliza su pulgar para penetrar sólo un poco al omega y tirar de su agujero hacia abajo, estirandolo, Julián jadea y es cuando el alfa decide apurar el asunto, saca su dedo y no titubea al llevar su lengua directo al agujero del omega, lamiendo superficialmente. El cuerpo del omega se sacude con violencia, no logra decidir si quiere alejarse del contacto por la vergüenza o si quiere empujar contra la lengua del alfa. Nunca ningún alfa lo habia comido.
Lame de forma lánguida hasta que siente que el cuerpo del castaño se acostumbra y se destensa levemente, encuentra eso como una señal adecuada para apuntar con su lengua, empuja el musculo hacia adentro y Julián aprieta las sabanas en puños, los nudillos estan blancos y no puede detener sus jadeos. El alfa continúa su labor, estirando el musculo con su lengua y deleitandose con el sabor dulce.
Enzo sabe lo que quiere el omega de Julián y casi se lamenta por la decisión que ha tomado; complacer a Julián, no a su omega, no a su propio alfa, no por el momento. A ciegas encuentra el consolador que había sido olvidado entre las sábanas y se separa del cuerpo del omega por unos instantes para ver el perfil de este, esta rojo, su cuerpo brilla por el sudor y ahora lo esta mirando en una clara queja por haberlo desatendido.
Lleva el juguete a la boca de Julián quien se siente confundido al sentir el material contra sus labios.
—Chupa— dice el alfa, mirando a los ojos del omega.
Julián se retuerce y obedece, llenando el consolador con su propia saliva. Ahueca sus mejillas y Enzo deja el juguete en manos del omega antes de perder la cordura, volviendo al agujero.
Vuelve a penetrar con su lengua, mordiquea los bordes, chupa y sorbe haciendo ruidos sucios y humedos que hacen que los gemidos del omega salgan distorsionados por el consolador que tiene en la boca.
El omega no puede controlar sus caderas cuando empieza a empujar hacia atras, casi montando la cara de su amigo, desesperado, la respiracion del alfa se ve interrumpida por largos intervalos en los que en lo unico que desea es enterrar su cara entre las mejillas y no salir. Julián retira el dildo de entre sus labios cuando siente que va a ahogarse.
—Enzo, voy a acabar— logra decir en un instante de cordura.
Contrario a lo que esperaba, el alfa se aleja dejándolo a medio camino pero antes de que pueda quejarse o hacer algún cuestionamiento, Enzo ya le ha quitado el consolador de la mano y está rozando su entrada con el mismo, el omega jadea un poco y su entrada parece estar guiñando contra la cabeza rosada. No quiere hacer esperar al castaño asi que, empuja despacio, abriéndose paso entre las paredes internas de su amigo, solo ha entrado unos pocos centímetros pero lo retira, volviendo a trazar círculos en el exterior del agujero humedo. Vuelve a entrar, esta vez llega casi hasta la mitad y Julian esta apretando sus dientes con fuerza, aguanta la respiracon y se traga sus gemidos.
—Juli, no hagas eso, te vas a lastimar— le pide el alfa al ver la fuerza con la que estaba mordiendo a la nada, tira de su barbilla hacia abajo dos de sus dedos, obligando al omega a abrir su boca, de la cual automáticamente se escapa un jadeo entrecortado.
Enzo empuja un poco mas el juguete dentro del omega, llegando finalmente hasta la base, lo retira despacio, tan despacio que Julián quiere llorar. Vuelve a empujar hacia adentro y comienza a hallar un ritmo agradable para el omega.
No pasa mucho hasta que el omega está temblando de nuevo, volviendo al punto en el que el alfa lo habia dejado a medias hace unos pocos minutos, las penetraciones profundas y contantes tienen al omega enterrando con fuerza sus uñas en la almohada bajo su cabeza.
En realidad, el alfa solo pretendia buscar un agarre mas comodo para el consolador cuando siente bajo sus dedos un boton, en la base, no hace falta ser muy inteligente para deducir lo que hace.
—¡Enzo!— chilla el omega cuando el alfa, perdido en lo que acaba de descubrir, detiene por completo sus movimientos, dejando al omega casi en el borde de nuevo.
El alfa vuelve a enterrar el juguete en el agujero de Julián, tan profundo como puede y cuando ya no puede ir mas alla, aprieta el botón.
El grito que pega el omega hace que los ojos de Enzo vuelen directo a la cara del castaño para poder ver su reaccion ahora que el juguete está vibrando contra su próstata. Recupera el ritmo de las embestidas y asume que si vuelve a apretar el botón la intensidad de las vibraciones aumentarán. No se equivoca porque ahora el juguete vibra más fuerte en su mano y Julián se vuelve más ruidoso.
—Por favor, no pares, por favor— suplica y Enzo se arriesga a apretar una vez más el botón— ¡Alfa!— chilla cuando efectivamente el juguete vibra con más intensidad.
Enzo mantiene el ritmo de las embestidas y cuando las piernas del omega comienzan a temblar, envuelve un brazo por delante de sus piernas para bombear el pene de Julián.
Es cuestión de segundos para que el orgasmo de Julian se derrame sobre la mano del alfa acompañado por un chillido.
El juguete sigue en su interior vibrando contra su prostata, acompañando a través de su orgasmo. El alfa decide que es suficiente cuando el omega suelta un lloriqueo e intenta mover sus caderas hacia adelante, sin éxito, probablemente por lo entumecido que ha dejado a su cuerpo un orgasmo tan intenso. Retira el juguete, dejandolo en la mesita de luz y ayuda al omega a recostarse, nuevamente sobre su costado para así poder posicionarse frente al castaño.
Pequeños jadeos siguen saliendo de los labios del omega y el alfa coloca su mano sobre la cabeza de Julián para así poder acariciar su cuero cabelludo. El castaño cierra los ojos, disfrutando de las caricias en silencio.
La cara cansada de Julián luce tan delicada, el alfa quiere morderlo.
Le toma unos segundos al omega recuperarse y cuando abre los ojos el alfa lo esta mirando fijo, se pone un poco nervioso ante la intensidad de la mirada y sus ojos vuelan, fijandose ahora en la entrepierna de Enzo, está medio duro en su ropa interior y la mirada del omega se ilumina un poco.
—¿Querés que te ayude con eso?— dice haciendo un gesto hacia el miembro del alfa.
—Descansá, Ju, no te preocupes por nada vos— le dice suave, trazando formas en su cuero cabelludo.
El omega desvía la mirada y frunce un poco el ceño.
—¿Por qué no me querés penetrar?— pregunta finalmente luego de unos minutos intentando armar el cuestionamiento más adecuado para el alfa en su cabeza.
Enzo se sorprende un poco ante tal interrogante, se queda callado por algunos instantes y el omega piensa que no va a responder y que no debería haber preguntado eso.
—Quiero ayudarte con el celo, de verdad que quiero— comienza el alfa y piensa un momento antes de seguir—, pero es medio complicado, no sé cómo voy a poder seguir si no te vuelvo a reclamar después de esto.
El omega se aleja del toque de Enzo con el ceño ligeramente fruncido. Julián hace eso todo el tiempo, busca espacios, busca distancias cuando se siente herido, cuando se siente avergonzado, cuando cualquier emoción fuera de lo común lo invade. Busca distancias físicas o emocionales, el alfa piensa que son murallas que intenta construir para que nadie se acerque demasiado a sus pensamientos más profundos; además, se pregunta si para todos los demás los mecanismos de defensa que utiliza el omega son tan evidentes como lo son para él.
—¿Por qué no me querés volver a reclamar después de esto?— usa ese tono de voz que usa cuando intenta sonar prepotente para no largarse a llorar ahí mismo. Julián nunca hace eso con él, Enzo es el lugar más seguro que tiene para llorar.
—¿Qué?— está genuinamente confundido y eso hace que el omega frunza más el ceño— Yo no dije eso, Ju. Asumí que vos no ibas a querer tener más nada que ver conmigo después del celo. Pensé que me ibas a rechazar.
El morocho se impulsa hacia arriba, reposando su cuerpo sobre su codo ahora y el omega casi salta para sentarse en el medio de la cama. Se da cuenta de su desnudez y tira de la sábana sobre su cadera. Distancias, está buscando distancias.
—Enzo, literalmente cuando estábamos en River te di un beso en la joda de tu amigo e hiciste de cuenta que no pasó nada. Creo que ya dejé bastante claro lo que me pasaba cuando me tiré encima tuyo ese día, no había celo de por medio ese día— explica, está enojado, siente que le acaba de explotar en la cara lo lastimado que se sintió todo el tiempo por el rechazo del alfa.
El alfa parece reflexionar, mira fijo a los ojos heridos de Julián y siente que se le va a caer el corazón. Él también quiere estar enojado, el dolor del omega lo atraviesa y preferiría morirse antes de que el omega tuviera que sentirse mal alguna vez.
—Pensé que te estaba haciendo un favor— dice más suave. Hace una pausa buscando las palabras—. Cuando nos hicimos amigos en River, me dijiste que no querías tener nada que ver con ningún alfa, que no querías que te arrastraran los instintos y terminara arruinándote la carrera— hace fuerzas para que no le tiemble la voz y el ceño del omega se suaviza—, no sé, siempre me gustaste. Mucho. Pero como siempre estuviste tan convencido con esa idea creo que definitivamente preferiría morirme que arruinarte la carrera, que arruinarte el fútbol. Cuando me besaste, no había celo de por medio, no, pero estabas borracho y pensé que no ibas a querer hablar de eso porque no ibas a querer saber nada con todo lo que yo sentía, con todo lo que yo siento por vos.
El corazón del omega empuja fuerte contra su pecho, honestamente se pregunta qué habría pasado si hubieran tenido una mejor comunicación.
—Siempre me gustaste, Enzo pero te escuché un montón de veces hablar con nuestros compañeros de familias, de cachorros. Todos los alfas quieren familia y cachorros y yo era re pendejo y la verdad, era mas facil hacerme el canchero diciendo que no quería saber nada con ningun alfa que tener que aceptar que ningún alfa querría tener algo con un omega que está básicamente roto— le tiembla el labio y hace fuerza para que no se le llenen de lágrimas los ojos, no es como que pueda evitarlo, de todas formas.
—No vuelvas a decir eso nunca, Julián— frunce el ceño, acercándose más al omega— No sos un pedazo de carne y no estás para tener hijos— medita sus siguientes palabras—. Vos, ¿te das una idea de la bronca que me da ver tus partidos del city?
Julián vuelve a conectar sus miradas, confundido ahora.
—Tener que verlo a ese rubio gigante que te toquetea cada vez que comparten cancha— retoma Enzo—, o a Grealish, o como literalmente cada vez que vamos a algún lugar tenes a los alfas haciendo malabares para ganarse aunque sea una mirada tuya, Julian. No me podes plantear que ningún alfa querría estar con vos porque tenes hasta para hacer ensalada.
El omega está rojo ahora, juguetea con sus dedos que reposan en su regazo. No está seguro de cuánta verdad haya en sus palabras.
—Siempre fuiste vos el alfa que yo quería— dice bajito.
—Julian, vos siempre fuiste el omega que yo necesité en mi vida, incluso antes de conocerte, incluso si no querés estar conmigo, si no sentís lo mismo, literalmente no hay nada que yo no haría por vos. Nada.
Entonces el omega siente que es correcto acercarse al alfa, arrastrando sus rodillas sobre la cama para sentarse a horcajadas en el regazo de Enzo, el alfa lo recibe abrazando su cintura, sus caras están a centímetros y es Julián quien cierra el espacio entre sus labios.
—No hace falta que hagas nada, yo nomás quiero que me quieras— dice el omega cuando se alejan brevemente.
El alfa responde sellando sus labios de nuevo con los propios en el beso más dulce que han compartido hasta el momento. Cuando se alejan nuevamente, Enzo llena sus pulmones con el olor a lavanda del omega.
—No sé si vos crees en eso de las parejas predestinadas— comienza el alfa—, pero antes de conocerte tu olor ya era mi olor favorito— finaliza besando el cuello del omega que lo abraza con más fuerza.
—¿Crees que somos predestinados? — le pregunta el omega.
—¿Vos lo crees?
—Lo pensé muchas veces, pensaba que el destino se había equivocado, que vos eras mi compañero pero yo no el tuyo—dice bajito—. En definitiva pienso que sí, ¿vos qué pensás?
—Más vale que yo también pienso que sí pero quería que lo dijeras vos primero—dice y sonríe contra el cuello del omega quien suelta una risita—. Sabía que éramos compañeros predestinados, fantaseaba que cuando estuviéramos retirados, íbamos a poder estar juntos.
—Al final del día sos un romántico, gordo— le dice Julián en medio de una risita y no puede evitar que se le escape el apodo cariñoso.
Enzo se muerde el labio, un poco nervioso un poco intentando que Julián se ponga nervioso. No era la primera vez que alguno de los dos apodaba de ese modo al otro, no era lo cotidiano pero ahora parecía tener un significado totalmente nuevo.
—Me gusta cuando me decís así— le dice el alfa.
Las mejillas del omega arden, rojas como manzanas. Un silencio cómodo llena la habitación hasta que un bostezo se le escapa a Julián.
—¿Querés dormir un rato, Ju?— habla Enzo acariciando la espalda desnuda del omega.
El castaño asiente con la cabeza y hace un primer movimiento para salir de encima del alfa, este solo lo abraza más fuerte, evitando que se despegue de su cuerpo. Se recuesta hacia atrás, llevándose consigo el cuerpo del omega quien se ríe bajito.
La cabeza del omega reposa en el pecho del alfa, sintiendo los latidos de su corazón y las respiraciones lentas y calmas, enreda una de sus piernas entre las de Enzo buscando la mayor cercanía posible y el alfa traza patrones delicados en su cabello.
Julian se siente tranquilo, en paz por primera vez en mucho tiempo, a la vez siente la adrenalina consumiendo su cuerpo, se siente como cuando hace un gol. Imagina millones de formas en las que Enzo es equivalente al fútbol para él.
(...)
Un jadeo se escapa de la boca de Julián apenas abre sus ojos.
Una nueva ola del celo estaba azotando su cuerpo que se mantenía firmemente pegado al alfa que lo sostenía con uno de sus fuertes brazos.
Julián se las ingenia para salir de entre los brazos del alfa y sentarse en el borde del colchón. Busca a tientas su celular en la mesita de luz y atina a encender la pantalla para ver la hora. 5:43 am.
Se queda solo sentado algunos minutos intentando procesar todo lo que había pasado horas antes. Le había confesado sus sentimientos a Enzo. Enzo le había confesado sus sentimientos. Algunas cosas estaban borrosas en su memoria y definitivamente iba a volver a hablar con el alfa cuando el celo pase, por el momento, sabe que el alfa no lo ha rechazado.
Un fuerte escalofrío hace temblar todo su cuerpo, ya está lubricando y su piel arde.
—Enzo— llama.
El alfa no responde.
Julián trepa sobre el cuerpo del morocho, sentándose sobre su regazo. Acaricia su pecho desnudo y termina decidiendo recostarse sobre el tonificado cuerpo, escondiendo su cara en el cuello. Conecta su nariz con la fuente de olor del alfa buscando algo de calma para su omega desesperado.
Quiere frotarse contra el cuerpo de Enzo pero piensa que en definitiva es demasiado, mantiene todo su cuerpo rígido y se le escapa un lloriqueo mientras se hunde más en el cuello del alfa. Parece que le ha hecho cosquillas porque el cuerpo debajo de sí mismo se remueve.
Enzo lleva una de sus manos directo a la cintura del omega, haciéndola viajar hasta las caderas, apretando la carne bajo sus dedos. Julian empuja contra el tacto y vuelve a erguirse para ver el rostro del recién despierto alfa
—Mhm, te levantaste con todo, Ju— dice adormilado.
El omega simplemente lo besa y ahora no duda en empujar su culo en el pene del morocho que todavía lleva su ropa interior puesta. Es un beso intenso, fogoso, con lengua y chasquidos sucios. Julián gime cuando se frota particularmente fuerte contra Enzo y este le muerde el labio.
—Quiero tu nudo, por favor, alfa— lloriquea.
—Todo tuyo, bebé. Conseguilo— dice Enzo después de soltar una risita burlona.
El omega gime, no sabe que lo descolocó más, si el apodo o la propuesta. Vuelve a empujarse hacia la erección del morocho.
—Entonces chupa— exige Julián llevando sus dedos a la boca de Enzo quien intenta chupar y no sonreír, se le hace imposible.
Rápidamente el omega retira sus dedos húmedos y los lleva a su entrada, cierra los ojos con fuerza cuando mete uno de sus dedos hasta que llega a los nudillos.
Enzo se muerde el labio y coloca ambos brazos bajo su cabeza, deleitándose con las reacciones del omega. Todavía estaba un poco adormilado aunque su pene estaba erguido en toda su gloria y no podía negar que le gustaba ver al omega haciendo el trabajo. El cordobés se estira a sí mismo rápido y desordenado y cuando finalmente se le escapa un chillido por haber rozado con fuerza su próstata es cuando decide que ya fue suficiente.
Una sonrisa burlona se le escapa a Julián cuando Enzo jadea ante el omega escupiendo en su propia mano para masturbar su pene, es rápido y el alfa no alcanza a acostumbrarse al ritmo porque Julian ya se está acomodando sobre su regazo. Sostiene el pene del alfa, ayudándose a sentarse sobre él. La punta entra con un poco de dificultad y Enzo muerde con tanta fuerza su labio que cree que va a sangrar, está dejando todos sus esfuerzos en evitar mover las caderas.
El omega se levanta haciendo que Enzo gima, le sonríe al alfa. Le gustaría seguir molestando al alfa un poco más pero siente que se va a desmayar si no le da a su omega lo que necesita, así que vuelve a empujar hacia abajo, entrando un poco más esta vez.
Despacio, el omega completa su camino hacia abajo hasta que llega a chocar con la piel de Enzo, jadea porque se siente más lleno que nunca. Jamás había tenido a un alfa de las proporciones del morocho, su miembro es largo pero es más grueso que cualquiera que haya visto antes.
Espera algunos segundos para que su cuerpo se adapte, su cara está arrugada y Enzo estira uno de sus brazos para acariciar el rostro del omega, acaricia sus mejillas, traza una de sus cejas con el pulgar, desliza su dedo índice por el puente de su nariz y finalmente traza los labios del omega con su pulgar, Julián abre los ojos y deja un suave beso en la yema del dedo del alfa.
—¿Estás bien, lindo? Seguí cuando vos quieras, ¿si?— dice bajito, como si alguien fuera de la burbuja que han formado a su alrededor pudiera oírlo.
El omega asiente en respuesta y apoya su mano en el abdomen marcado de Enzo para ayudarse a impulsar sus caderas hacia arriba. La piel bronceada y firme del alfa está cubierta por una ligera capa de sudor, Julián quiere lamer su piel, morder, marcar para que todos sepan que es su alfa, suyo, de nadie más.
Suyo, suyo, suyo.
Su mano asciende hasta el cuello del alfa, aplicando una ligera presión. Al alfa se le escapa todo el aire de los pulmones y jadea con los ojos un poco más abiertos de lo normal, la mano que reposaba en la cara del omega cae para aferrarse a uno de los muslos gruesos de este.
—Decime que sos mío— exige el omega con sus ojos negros conectados a los del alfa.
A Enzo se le escapa un gemido vergonzoso.
—Soy tuyo, todo tuyo, te lo juro, Juli—jadea el alfa, la respiración en definitiva se le dificulta un poco.
Al omega parece alcanzarle esa respuesta porque es luego de la misma que comienza a moverse en el pene del alfa. Sus caderas comienzan un vaivén de arriba hacia abajo.
—Te voy a dejar seco, Enzo. Vas a ser mío nomás porque no te vas a poder voltear a nadie más— espeta el omega y aprieta un poco más su mano en los laterales del cuello del alfa que jadea.
—No me podría volver a voltear a nadie después de esto, Julián, mira lo que sos. El omega más hermoso que vi en mi vida entera. Prefiero morirme a estar con alguien más— declara y el omega gime, la vergüenza lo golpea entonces y suelta el cuello del alfa para enderezarse, está conforme con las palabras del alfa así que, de todos modos, ya no era necesario.
El nuevo ángulo hace que el pene del alfa presione su próstata lo que lo hace lloriquear y tirar su cabeza hacia atrás.
Es entonces cuando el alfa lo nota, está amaneciendo, los rayos del sol naranja, que apenas se ha asomado, entran por las rendijas de la persiana que está sobre el lateral de la cama, la luz golpea el costado de julian, iluminando su perfil y su cuello estirado. El cuerpo del omega se mueve hacia arriba y hacia abajo, con clase y delicadeza, su pene golpea contra su propio abdomen bajo cada vez que sube y los músculos de sus muslos gruesos se aprietan a los lados de las caderas del alfa y pequeños gemidos y ruiditos llenan la habitación. Enzo está embobado observando al omega y anota mentalmente agradecer a Dios o a cualquier fuerza superior por la existencia de Julián, por haberlo conocido y en definitiva porque sea su pareja destinada.
El omega deja caer su cabeza, su cabello suave se sacude ligeramente mientras sigue saltando sobre el pene del morocho. Enzo se muerde el labio con fuerza, intentando no acabar cuando al omega se le escapa un lloriqueo.
Julián tiene la boca abierta, en un gemido mudo, está cerca, sus piernas están temblando, se está quedando sin fuerzas y el ritmo es cada vez más descoordinado.
—Alfa, por favor. Ayudame, alfa— ruega y antes de terminar de hablar, los talones del alfa se han enterrado en el colchón, impulsando sus caderas hacia arriba.
Un fuerte chillido sale de lo más profundo del omega, el alfa construye un ritmo rápido, y golpea con intensidad y precisión la próstata de Julián.
Las embestidas del alfa provocan ruidos húmedos y sucios, las pieles chocan y el omega solo puede gemir mientras Enzo lo empuja cada vez más hacia el límite.
Julián aprieta su entrada alrededor del alfa. Está intentando que el alfa llegue primero pero este parece no querer ceder.
—¡Alfa! Llename, por favor, dame tu nudo— suplica mientras aprieta el pene de Enzo.
Eso parece empujar al alfa lo suficiente porque su primera descarga de semen caliente comienza a llenar al omega. De todos modos, no detiene sus embestidas, ahora son un poco más desordenadas pero lleva una de sus manos al pene del omega, masturbandolo al mismo ritmo de sus embestidas. El omega chilla, no puede aguantarlo más y se deja deshacer sobre el cuerpo de Enzo.
El semen del omega chorrea entre los dedos del morocho, al mismo tiempo que una segunda descarga llena su culo.
—Te voy a anudar, Ju, ¿está bien?— pregunta con dificultad cuando siente que su nudo está a punto de comenzar a crecer.
—Sí, sí, por favor, alfa— lloriquea, dejándose caer en el pecho de Enzo.
La tercera y última descarga de semen del alfa golpea contra la próstata del omega y el nudo comienza a crecer, estirando los bordes de la entrada de Julián.
El alfa inclina su cabeza hacia atrás, la mandíbula tan apretada que siente que se podría romper un par de muelas, todos sus músculos se tensan a la vez y siente un ligero dolor en su pene por lo fuerte que lo aprietan las paredes de Julián. Su última pizca de racionalidad evita que muerda al omega porque ni siquiera lo han hablado aún.
Es minutos más tarde cuando el alfa ha dejado de llenar al omega que puede calmarse y su primer reacción es acariciar el rostro del omega que descansa sobre su pecho.
—Juli— llama bajito el alfa.
El omega responde con un ruidito que sale de su garganta.
—¿Estás bien, gordo?— expone su preocupación. Julián asiente con la cabeza, tiene los ojos cerrados, se siente agotado— Mírame. Por favor.
Julián inclina su cabeza hacia arriba, sin separarse del tonificado torso, no quiere hacer ningún movimiento brusco para evitar un tirón del nudo del alfa. Sus ojos grandes se conectan con los del alfa y sonríe, Enzo deja un beso en la frente del castaño.
Los dedos del alfa siguen trazado patrones sobre la mejilla de Julián, dejando que sus dedos bailen hacia su cuello y vuelvan al lugar inicial.
Es entonces cuando el omega se muerde el labio, intentando contener las palabra que quieren salir de sus labios, el alfa sonríe y con su pulgar hace que los dientes del omega liberen su labio inferior.
—Estoy enamorado de vos, Enzo. Muy enamorado— confiesa finalmente.
El alfa dibuja una sonrisa amplia en su cara, dejando ver sus dientes blancos y perfectos. Se inclina hacia abajo en una posición considerablemente incómoda para besar los labios enrojecidos del omega que le corresponde. Se besan con cuidado, con dulzura y ninguno puede dejar de sonreír.
Tienen muchísimas cosas que hablar pero eso puede esperar. Ambos sienten que podrían explotar de amor por el otro en este preciso momento y eso es suficiente para hacer que la conversación aguarde.
(...)
ARG 3 (4) - (2) 3 FRA
Es lo que indica el marcador.
Son campeones del mundo. Ganaron la copa del mundo. Ganaron el mundial.
Julián besa a Enzo en los vestuarios. Todos están sumergidos en el festejo y nadie está precisamente sobrio por lo que el beso que se lleva a cabo en un rincón pasa totalmente desapercibido. Se siguen lanzando sonrisas durante todo el festejo. Ninguno tiene lugar en el cuerpo como para cargar con tanta alegría y euforia. Las medallas cuelgan de sus cuellos y la copa pasa de mano en mano junto con las botellas de cerveza.
El omega tiene la copa del mundo y a Enzo, con quien hablo de la posibilidad de adoptar cachorros en un futuro, definitivamente cree que no necesita pedir nada más por el resto de su vida.
<3
