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A sweeter place

Summary:

Abigail forma parte de una familia de nuevo.
Hannibal Week Dia 5 Murder Family

Notes:

Esta es la continuación de la pequeña historia escrita para el día 3: Final alternativo de Mizumono.

Work Text:

Las vueltas qué daba la vida eran increíbles.

Abigaíl sentía que había sido apenas ayer cuando no era más que una chica de Minnesota, su padre un obrero y su madre ama de casa. Todo era tan normal y común en su vida.

Bueno, casi. Fue - al principio- obligada por su padre a embaucar a todas esas chicas para después ser comidas. Lo creyó una maldición, sabía que estaba mal y solo quería irse de casa, así no estaría presente cuando todo explotara.

Pero por supuesto, eso no ocurrió y todo cambió en un segundo. Su madre y su padre terminaron muertos y ella con la garganta rebanada. Creyó que ese sería su fin, pero las cosas nunca son así de fáciles.

Los días en el hospital pasaron llenos de la compañía de desconocidos, a los que sabía, tenía que darles lo que esperaban de ella para poder sobrevivir. Si querían una víctima a la cual consolar, ella podría serlo. La cosa aquí era que por más que miraba hacia adelante, no encontraba un futuro o un lugar para ella. A donde quiera que fuera seria señalada por ser hija de un caníbal y so en el mejor de los casos porque, si Jack descubría que ella en realidad había estado participando voluntariamente en la caza de su padre, terminaría presa por quien sabe cuanto tiempo.

Abigaíl estaba irremediablemente rota. Toda esa sangre, muerte y dolor la habían convertido en algo con lo que no sabía como lidiar. Había algo malo con ella. Se dio cuenta por qué el arrepiento de haber ayudado a su padre a cazar a todas esas chicas nunca había llegado. Reconoció esa oscuridad dentro de sí misma cuando mató a Nicholas Boyle y no podía dejar de temer de sí misma.

El doctor Lecter descubrió la verdad sobre ella, así como ella descubrió quien era realmente él. En ningún momento dejó de desconfiar del doctor, pero ella no era rival para él y tal vez aferrarse a la ayuda que ofrecía sería la única manera de sobrevivir.

Sin preverlo, se volvió cómplice de Hannibal y nunca se había sentido tan comprendida y aceptada sin condiciones.

Luego llegó la noche en la que se suponía, huirían juntos -Hannibal, Will y ella- para por fin vivir esa vida de libertad tan añorada, como una familia de verdad y para ser abrigada por quien en realidad era y no por quien se suponía debía ser.

Pero una vez más, todo salió tan mal.

Escuchó el ruido de una pelea en el piso de abajo, en la casa de Hannibal, dudó en salir de su escondite hasta que el silencio reinó y fue a averiguar. La imagen enfrente de ella era tan surrealista. Jack muerto, Hannibal herido y Alana noqueada en el piso.

-¿Will?

-Abigaíl- contestó sorprendido. Se acercó para tocarla y descartar la posibilidad de una alucinación. -Estás viva.

-Hannibal me dijo que huiríamos juntos, pero él...

-Todo esto es parte del plan, pero tú, definitivamente, no lo eras.

-¿Y ahora qué?

La pregunta era para sí misma porque con el plan fallido no sabía qué hacer. Hannibal estaba derribado, él que era su ancla, quien le había mostrado un camino, un futuro. Pero él ya no estaba, ya no sería. El pánico comenzó a apoderarse de ella.

- ¿Sabes dónde Hannibal planeaba llevarnos?

-A la casa del acantilado

-Bien. Necesito que permanezcas ahí, escondida hasta que nosotros vayamos por ti. ¿Puedes hacerlo?

-Si, ¿pero qué pasara contigo y con Hannibal? ¿Qué pasa si no llegan?

Abigaíl no podía concentrarse por completo, la opresión en su pecho la dejaba respirar cada vez menos.

-Tranquila- Dijo Will consolándola- incluso si eso pasara, estoy seguro de que Hannibal te dijo que hacer. Sabes qué hacer si nosotros no llegamos, ¿cierto?

-Sí... yo... yo tengo que tomarlo todo e ir a su casa en Italia.

Estaba teniendo un ataque de pánico ante el mero pensamiento de quedarse una vez más sola.

-Mírame Abigaíl- Dijo Will, tomando entre sus manos su rostro en blanco, intentando que reaccionara - Estarás bien, puedes con esto. Recuerda que si Hannibal te acogió fue porque pudo ver ti algo más.

-La oscuridad

-Úsala como tu fuerza

Se miraron fijamente, Abigaíl asintió e intento recuperar la calma.

-Yo no podría sobrevivir a otra perdida, por favor... llega.- dijo Abigaíl casi suplicando.

-Lo haré, lo haremos.

Will beso la parte superior de su cabeza en forma de despedida. Y eso fue todo.

Abigaíl se escondió. Espero por días, semanas, luego pasó un mes, hasta que recibió un mensaje de texto. Fue todo lo que se necesitó para que el alivio llegara. Solo una persona la podía haber contactado por ese teléfono.

Hannibal.

Will y él estaban bien, tenían que esperar para resolver todos líos legales que quedaron tras esa noche, pero pronto irían por ella. Y cumplieron.

Cuando fueron por ella, la ansiedad de Abigaíl no disminuyó, pues su futuro seguía siendo tan incierto. Las cosas habían cambiado, Hannibal ya no la necesitaba más, ahora tenía a Will. Lo único que podía pedir era que si iba a ser asesinada, fuera rápido, indoloro y al menos ser convertida en una de las obras más bonitas de quien ahora consideraba su padre.

Pero no sucedió. Permanecieron juntos, los tres.

Viajaron a Europa con varias paradas en lugares hermosos que Hannibal les mostraba con mucho entusiasmo. Después de largos viajes, decidieron que era tiempo establecerse, de que Abigaíl fuera a la universidad y vivir como la familia que ahora eran.

Abigaíl no podía con la idea de regresar a tener una vida normal, sabía que tenía que crecer y salir, pero no pudo evitar sentirse pegajosa a sus padres.

-Es como si estuvieras teniendo una regresión. Ese comportamiento es el de un niño con su madre-Dijo Will quien estaba sentado en el sofá leyendo, mientras Abigaíl estaba a su lado, enganchada de su brazo y con su cabeza descansando en su hombro.

-No me psicoanalices, no te gustaré.-Respondió Abigaíl aferrándose más a su papá.

La risa de Hannibal, quien estaba sentado del otro lado de Will, resonó por toda la casa y Will solo frunció el ceño.

-¿Se lo contaste?- Dijo recriminando a su ahora esposo.

-Ella fue muy insistente, pero tranquilo, solo hice hincapié en la gran impresión que dejaste en mí.

-Por su puesto- dijo Will sarcásticamente- estoy tratando aquí con un problema real, podrías ayudar.

-Nuestra hija cruzó por una sucesión de situaciones traumáticas, su apego es normal si nos considera su fuente de tranquilidad, confort y amor.

Will puso los ojos en blanco ante la conclusión del brillante doctor Lecter.

-Sé que estás encantado con la idea de que Abigaíl se quede eternamente contigo.

-No te engañes, Will. Tú también estás embelesado con la idea.

Abigaíl se levantó de su cómoda posición al oír el comienzo del debate entre sus padres.

-De acuerdo, antes de que sigan peleando y terminen besuqueándose, solo quiero decir que apliqué para obtener los papeles necesarios para ir a la universidad.

-¿En serio, cariño?- Preguntó Will

-Si papá. Sinceramente, no me siento lista, pero sé que me sentiré peor si no lo intento.

-Estamos orgullos de ti, Abigaíl Lecter. Eres nuestra chica valiente.

-Dios, nunca voy a poder marcharme si me tratas así, papá- Dijo, metiéndose entre los brazos de Will- Abrázame por siempre.

Will soltó una risita ante la infantil petición de su hija adolescente y la sostuvo de vuelta.

-¿Por siempre? ¿No te avergonzarás frente a tus compañeros de tu padre tomando clases contigo?

-Papá Hannibal los asustará

-Al parecer yo no tengo un papel en esta familia que no sea aterrorizar-Dijo Hannibal con falsa indignación

-Y cocinar- completó Will.

-De acuerdo, suficiente- Dijo Hannibal separando el abrazo de su esposo e hija- Yo uní a esta familia, merezco estar en medio.

-Si tú lo dices.

Y tanto Will como Abigaíl abrazaron a papá Hannibal.

 

La posibilidad de ser parte de la escena de una familia común, abrazándose enfrente de la chimenea y en una noche de invierno, para Abigaíl había sido eliminada incluso desde antes de que sus padres biológicos murieran. Pero esta era su realidad, había sido dotada con una nueva familia, dos padres que la aceptaban, querían y respaldaban. Abigaíl no podía pedir más.

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