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Zona de caza

Summary:

Lex observa el planeta crecer más allá del casco de la nave. Los cielos son azules, grandes y frondosas tierras llenas de verde se dividen en los continentes, y distraídamente se pregunta si alguien se molesto en nombrarlos. Imagina que no, y si alguien lo hizo alguna vez ya debe estar muerto. La reservación se extiende por innumerables kilómetros. Ríos, montañas, valles, desiertos, un ecosistema idéntico a la tierra. Este lugar es la segunda venida del edén. Lastima que está abonado por los cadáveres de cientos de criaturas de diferentes mundos. Scar hace una señal a su lado para llamar su atención.

"Ten cuidado" Firma en su lenguaje secreto.

"Lo mismo te digo" sonríe. Y aunque él puede entender sus palabras, Lex disfruta responder usando señas.

El planeta de preservación de la caza los espera.

 

-
Años después de la Antártida, Lex y Scar son convocados por ayuda en una cacería en un planeta apropiado por los mala sangre, su objetivo es acabar con los traidores que ensucian el honor de la caza.

Al llegar al planeta Lex descubre que existen más problemas de los que imagino, del mismo modo encontrara aliados inesperados en un grupo de humanos sobrevivientes en el planeta.

Notes:

Después de ver la película de AvP y llorar la muerte de Scar, me refugien en los fanfics para imaginar un final más esperanzador entre Lex y Scar, y cuando los termine todos decidí que aún no tenía suficiente, por lo que puse manos a la obra para escribir uno propio. Pero entonces me vi la película de 2010 y mi mente no pudo evitar querer conectarlos. Y es que quiero un final feliz para todos... Y pues, ¿qué es imposible para la escritura?

Espero que les guste y le den una oportunidad ^^/

Chapter 1: Prólogo: Mi hogar está perdido.

Chapter Text

Prólogo: Mi hogar está perdido.

 

 

El frío de la Antártida mordió la piel de Lex en cuanto las luces de la nave alienígena abandono la atmosfera. Fue hasta ese momento que se preguntó si la nave emitía algún tipo de calor a su alrededor que lograba espantar el frio, y en cuanto la adrenalina abandono su cuerpo recupera todas las debilidades humanas. Temblaba, los dientes le castañeaban, le dolía cada hueso. La modesta ropa que llevaba apenas si servía como verdadera un consuelo que una ayuda. Fue hasta el enorme vehículo de nieve, que era un milagro que después de esa gran explosión aún funcionara, y se encerró en la cabina. Solo escuchaba el viento correr por kilómetros y kilómetros. Estaba sola, ahora completamente.

Y debería estar bien así, apreciaba la soledad, la mayoría del tiempo la prefería a la compañía humana. Pero allá dentro en la pirámide estuvo sola, cuando las serpientes se llevaron a Sebastian y Lex logró arrastrarse hasta suelo firme, solo quedo el horrible grito del silencio. No sabía si fueron minutos, horas, o vidas enteras, las que camino con el corazón en una mano, con la otra se aferraba al pequeño amuleto que dejo su amigo atrás. Rogaba por la fuerza necesaria para sobrevivir.

Fue cuando él la encontró, alto, imponente, alienígena, completamente dispuesto a acabar con su vida. Pero las serpientes atacaron antes de que se emitiera cualquier juicio, y ella logro acabar con una gracias a sus instintos de lucha que superaron su miedo. Scar, así lo apodo, parecía complacido, como si hubiera pasado una prueba.

Pelearon juntos, y corriendo al lado de esa poderosa criatura, Lex sintió las llamas de la esperanza, el coraje de continuar. Cuando encontró a Sebastian, Scar respeto su decisión de que fuera por su propia mano que su amigo hallara la libertad, se lo debía. No se conocieron por mucho tiempo desde el Bouvetøya, pero compartieron el mismo camino, ella debió continuar y él debió abandonarlo. La sombra de su nuevo compañero fue una especie de consuelo, no iba a acabar esto sola. Cuando escaparon de la pirámide y huyeron del desastre de la explosión, Lex y Scar se pararon cara a cara, dos seres opuestos con mundos de origen a cientos de años luz del otro. Cuando Scar se quitó su máscara y reveló las mandíbulas carnívoras, a Lex solo le importaron sus ojos amarillos. Ella era fuerte, una guerrera, se lo gano y quería que Scar siguiera viendo eso en ella. Ambos conectan sus miradas en una larga conversación que realmente solo dura segundos, pero para Lex fue como si se presentaran, como si hablaran de sus sueños, preocupaciones, pasatiempos, vidas. Iniciaron como depredador y presa, pero la sangre los hizo iguales. Y estando ahí, con él, Lex sintió que ya nunca estaría sola, que siempre podría acudir a alguien más desde que su padre murió. Sintió el disfrute de estar viva, algo que pensó que había estado perdiendo con los años, que ni siquiera la satisfacción de ser la mujer más joven en escalar el monte Everest sin oxigeno, logro llenar. Lex esperaba que esto durara más, incluso si era una locura. 

Excepto que no pasaría. La reina alíen surgió entre el hielo, pelearon, vencieron, pero Scar fue empalado. Su amigo agonizaba por sus últimos minutos, y para Lex fue doloroso. No otra vez, no me dejes tú también, lloro en su interior.

Llegaron los otros depredadores y se llevaron el cuerpo de su amigo. Lex no dejó de pensar en la sangre verde brillante bañando la nieve, nunca vio algo tan hermoso.

Detuvo el vehículo en cuanto las luces consiguieron el Bouvetøya. Lex supo que este era el final. Tomo la lanza retráctil que le entrego el depredador anciano y la oculta en una mochila que encontró detrás de los asientos. Sosteniendo el metal desconocido, Lex sintió que sobre todo el dolor y la soledad, se alzaba el orgullo. Es más fuerte que cuando llego a esta isla, y en honor a todos sus amigos caídos, debería demostrarlo.

Un año después Lex seguía sola, de alguna manera más aislada del mundo que nunca.

Se mudó a una cabaña en medio del bosque. Eligio un clima cálido, muy, muy lejos del frío del ártico. No es que ahora odiara la nieve y el frío, ella no tenía la culpa de los horrores que se vivieron en sus dominios. Lex siempre supo temer y respetar el hielo, no lo odia incluso si fue la razón por la que perdió a su padre, así que no la odiaría después de lo que sufrió, no, pero a veces era débil. No podía engañarse. Su sentido lógico podía llenarse la boca de todos los discursos sobre no tener miedo que quisiera, pero su cuerpo ya había tenido demasiadas asociaciones negativas. El frío y la oscuridad activaban un temor latente en ella que, aunque no la paralizaba como para hacer nuevas expediciones, la encontraron en un estado de completo dolor. Su pecho dolía, tenía pesadillas, quería llorar.

Es por eso que tampoco ha aceptado trabajos relacionados, y le alegra que el dinero no haya sido un problema hasta ahora.

Un medico la examino en el barco y fue entrevistada por el destino de todos los demás. Creyó que tendría más problemas después de inventar una historia de la estructura colapsando por una mala perforación y siendo la única en escapar, pero resulto que el señor Weyland tenía razón, a nadie le importaría si él moría. Sinceramente fue desolador. Tantas buenas personas se perdieron para siempre, y estaban más preocupados por la mala publicidad. Le pagaron una cuantiosa suma de dinero, además del dinero que ya había recibido por guiar la expedición, y le permitieron irse después de firmar un contrato de confidencialidad. Ella solo quería que todo acabara.

Entonces sí, no tenía problemas de dinero.

Cargo su camioneta con más troncos para la leña, y emprendió el viaje de regreso a casa.

Casa… ¿De verdad es eso?

¿No es el hogar un lugar seguro que se siente como propio? ¿Tu santuario? ¿Tu escape de todo lo malo? ¿Entonces porque no lograba sentirse así?

Esa noche ceno la misma comida para llevar que solo recalentó. Su madre murió cuando solo era una bebé, y su padre era mejor enseñándole a encender un fuego que a cocinar con ese fuego. Prefirió pasar su tiempo a la intemperie sin la estufa de gas como herramienta, por lo que realmente nunca aprendió a cocinar. Ciertamente era otra cosa en la que fallaba en sentirse parte de la sociedad. No eligió precisamente vivir tan lejos de la ciudad, pero fue un alivio. Por fuera parecía ser perfectamente capaz de relacionarse con las personas –No es como si le desagradaran- pero la realidad era que solo conocía la técnica, no era su verdadero elemento.

Suspiro decidiendo tomar un baño e irse a la cama. Tal vez mañana decida hacer algo con su vida por primera vez en meses, como conocer a alguien, preferiblemente solo platónicamente. Es verdad que no ha tenido una sola relación larga en años, y la última vez que tuvo intimidad fue en… Dios, ni siquiera lo recuerda. No tiene cabeza para eso. Conocerá a alguien y se harán amigos, nada más. Decidido.

Esa noche sueña con garras, una boca inhumana, un cuerpo grande lleno de hermosos músculos, una espalda ancha, rastas y ojos amarillos. No ha sido su primer sueño húmedo de ese tipo desde la pirámide, y con malestar, teme que no sea el último.

Se levanta con el cabello alborotado y la boca desagradablemente seca. Corre al baño para ducharse, necesita empaquetar un poco el desorden que es su cabeza.

Hace un año cuando pensó que sería fuerte y se despidió de todos sus amigos, no logro hacerlo con solo uno, Scar. La conexión de solo unas horas que tuvieron fue catártica, una revelación para Lex. Ella nunca pensó sentirse tan fuerte, tan capaz y solo fue cuando estuvo a su lado. Se conectan sin necesidad de un idioma, solo gestos y confianza, ella lo salvo y él la salvo. Ese tipo de sincronización es algo que solo ves en la ficción, y ella la tuvo, pero luego la perdió. Incluso en alguna parte del camino dejo de importarle que Scar no fuera humano y tuviera mandíbulas en lugar de algo parecido a una boca humana normal, para Lex era… Si, era atractivo. Al diablo si la hace sonar como una loca. Puede pensar lo que quiera en su propia cabeza, no es como si vayan a haber consecuencias. Ella está aquí, Scar está muerta, punto final.

Pero cuando sale al porche para poder cumplir esa promesa desesperada que se hizo anoche en medio de una crisis existencial, y en lugar de encontrar solo hojas caídas traídas por la brisa, encuentra un ciervo destripado manchando la madera con la sangre roja y fresca, por alguna razón no entra en pánico por los ojos muertos.

Levanta la cabeza del cuerpo al ver algo moverse por su periferia. El camuflaje del ser se retira, revelando una armadura de malla decorada con varios cráneos de criaturas que nunca existieron, por lo menos en este planeta, y justo debajo hay una cicatriz en línea recta que divide las costillas, cayendo hasta una más grotesca de algo enorme que atravesó la carne.

Son las cicatrices las que la convencen de que no es un sueño.

La máscara con la misma cicatriz de su mejilla le devuelve la mirada.

Es Scar.