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Naranja y chocolate 🍊🍫

Summary:

Keith ama a Shiro y al hogar que construyeron. Shiro le regaló la casa a Keith una mañana de otoño, un mes antes de que se casen y a tres horas del nacimiento de An, el pequeño brote de Allura y Lance y la sobrina preferida de Shiro. Pasaron tres años desde entonces.

Keith ama todo lo que construyeron.

Keith se odia por destruirlo.

Notes:

No tengo demasiado que decir, empezó como una venganza a mi amiga, luego...se suponía que debía ser una historia graciosa, ahora es algo, jaja! Enjoy!

Work Text:


 

A Keith le gusta el espejo alto que colocaron con Shiro en la habitación, es práctico y resalta la luz tenue de las noches que ingresa por la ventana. Lo disfruta como una imagen, reflejando la estantería de madera, la pequeña alfombra bordó y una parte de la puerta blanca.
La habitación huele a incienso, incluso la ropa. Shiro se obsesionó con ahumar la casa luego de decidir que necesitaba equilibrar su energía con la del hogar. Keith lo deja, siempre, cada día, aún cuando come su sándwich de media tarde. Incluso lo ha hecho por sí mismo, para suplir la ausencia de Shiro en los viajes largos al espacio, o las horas interminables como profesor. Keith ama la dedicación de Shiro. Por eso ahúma aún cuando Shiro no está.
Keith ama a Shiro y al hogar que construyeron. Shiro le regaló la casa a Keith una mañana de otoño, un mes antes de que se casen y a tres horas del nacimiento de An, el pequeño brote de Allura y Lance y la sobrina preferida de Shiro. Pasaron tres años desde entonces.

Keith ama todo lo que construyeron.

Keith se odia por destruirlo.

Keith respira profundo, lento y…

su mandíbula se agudiza cuando Shiro lo toma por detrás, clavando su frente entre los omóplatos de Keith.

-Keith, cariño… lo siento, de verdad, no quise enojarme como lo hice, solo… la noticia me tomó por sorpresa, pero… te prometo que vamos a estar bien… solo hablemos… -

Las manos de Shiro se aferran a su cuerpo. Keith quiere gritar, aferrarse a Shiro, Keith quiere a Shiro, solo Shiro, pero no puede, no debe, por Shiro, porque lo ama.

Toma las manos de Shiro y las separa de su cuerpo. Observa todo desde el reflejo en el espejo. La luz es tenue, anaranjada. El incienso está encendido y el humo brota desde la cajonera.

-Es suficiente, no hay nada que decir Shiro, nada va a estar bien, ya no… Takashi… basta-

Las rodillas de Keith se aflojan un poco, pero se sostiene, se mantiene erguido -se terminó, no quiero lastimarte más, no es justo, no podemos… -se entrecorta al hablar -no puedo seguir con esto- sus ojos están rojos. Keith puede sentir el temblor en el cuerpo de Shiro, aunque no puede diferenciar si es solo Shiro el que tiembla.

La piel de Shiro está húmeda, puede ver los rastros de sudor en su rostro y el cuello, acentuando las ojeras oscuras. Es verano y Shiro sufre demasiado el calor. Aunque piensa, tal vez, esta vez sean lágrimas. A Keith lo recorre un escalofrío.

-Voy a irme temprano en la mañana-

Un sonido ahogado proviene de Shiro, quien detiene la mano que dirigía hacia Keith. -Bien-.
Keith sabe que Shiro quiere decir más, tocar más y repetir, una y otra vez y sostener a Keith y Keith quiere, quiere que Shiro lo haga, pero aferra sus brazos a su cuerpo y suspira. Ya tomó una decisión y debe seguir, liberar a Shiro,

seguir…

-La casa es tuya Keith, fue mi regalo para ti, lo que siempre quisiste… es tuya, no tienes que irte-

Keith quería responder, decirle a Shiro que esa casa es de ambos, que lo que en realidad siempre quiso Keith es un hogar, una familia y que hasta ahora eso es lo que esta casa representó para él, su vida con Shiro, su familia. Pero en cambio, solo abre un poco los labios y se queda quieto, estático, aferrado a sí mismo, mientras observa a Shiro meter algunas ropas a la valija de viaje que aún no había desarmado.

El humo del incienso deja de fluir.

Los pasos de Shiro se escuchan lentos contra el piso. Keith sabe que Shiro se giró a mirarlo antes de salir por la puerta. Keith solo se aferra allí, a su remera gastada en el reflejo del espejo.

La habitación mantiene el tono anaranjado por la luz que entra por la ventana. Una imagen demasiado cálida, piensa, para ser el final.

Sus rodillas se rinden en el momento en que escucha el sonido de la puerta de entrada cerrarse y llora.

---

Golpes en la puerta hacen eco en Keith. No está seguro de cuánto tiempo lleva Hunk afuera, pero comienza a pensar que no va a irse a pesar de ignorarlo.

La luz de la mañana se hace cada vez más vívida. Keith solo quiere seguir acurrucado, el piso es fresco y le duele el cuerpo, pasó la noche allí, luego de que Shiro se fuera, su energía se apagó y ya no pudo moverse.

-Keith, sé que estás adentro amigo, abre, vamos!!- La voz de Hunk se muestra preocupada -Keith, abre!!-.

Cinco de la mañana. Keith arrastra sus palabras en un suspiro. Se forza hacia arriba para levantarse y sus piernas tiemblan entumecidas. Sus huesos crujen de camino a la puerta.

-No quiero hablar- deja salir Keith, apenas sostenido del marco de la puerta, la voz ronca mientras deja pasar a Hunk, quien sin más lo abraza.

Keith nunca está preparado para los abrazos de Hunk, pero puede aceptar este a pesar de ser tan temprano en la mañana, lo necesita; tanto que…
-Hola- la voz de Hunk es suave, solo deja que Keith llore sobre su hombro. Keith no creyó que podía seguir llorando.

La luz del exterior hace que sus ojos ardan y termina de cerrar la puerta, alejándose del cuerpo tibio y sudoroso de Hunk.

-Me preocupé, Allura me escribió avisando que Shiro llegó a su casa en la madrugada y bueno… solo ordené el trabajo y volé hacia aquí lo más rápido que pude-

Ahora que Keith presta atención, Hunk aún lleva el uniforme de trabajo y su cabello se dispersa en todas las direcciones. -Te ves terrible-

-Me veo mejor que tú amigo- Keith siente la caricia de Hunk en su rostro. No recuerda cuando comenzó a tener este trato con Hunk, lo único que sabe es que un tiempo después de volver del espacio, de la guerra y gran cantidad de ansiolíticos y otras cosas fuertes, Hunk estaba para Keith y lo sigue estando.

Keith baja su mirada y se aleja un poco del toque, se siente demasiado sensible, no puede llorar de nuevo, tiene cosas que resolver.

Hunk lo empuja suavemente hacia el sillón de la sala -café?- pregunta al tiempo que sus pasos se dirigen a la cocina. Keith preferiría algo más fuerte y lleno de alcohol, pero no puede, no bajo las circunstancias, tal vez en 11 meses, pero no está del todo seguro.

Keith procesa… todo, de a pequeños trazos, como un niño que comienza a escribir.

-Renuncié al garrison ayer, lo aceptaron enseguida, creo que les hice un favor- Keith se dice a sí mismo con una sonrisa de burla en sus labios. Su mirada se mantiene al frente, perdida en el blanco de la pared, en las láminas de luz que se posan en rectángulos no tan perfectos.

El sonido de la taza de café sobre la mesa lo trae a tierra. El aroma a café es dulce. No está seguro cuando comenzó a beber el café endulzado, Keith siempre lo prefirió amargo, siempre dijo que sí debe endulzar el café, es porque no le gusta el café en lo absoluto. Shiro ama el café dulce, tal vez sea eso.

-Keith, no tenías que renunciar, no tenías que hacer nada de esto amigo, mira cómo estás- el peso de Hunk hunde un lado del sillón.

-Sabes que si… yo… no lo sé-

-Y cuál es el próximo paso?-

-Necesito un nuevo departamento, tal vez en otra ciudad, tal vez cerca del mar…-

-Amigo, no tienes que irte, este es tu hogar-

-Ya no-
Keith observa a Hunk. Tiene miedo, su cuerpo se estremece cuando piensa que ya no hay nada para Keith aquí, o cerca y tendrá suerte si alguno de los paladines le dirige la palabra después de esto.

-Gracias Hunk… por estar conmigo-

-Siempre amigo-

Los restos de azúcar formaron una lámina gruesa en el fondo de la taza. Keith mete su dedo índice para chupar poco a poco lo que queda. Está dulce, relame sus labios mientras el silencio dibuja pequeños suspiros de Hunk a su lado. Keith sabe que quiere hablar, pero le agradece que no diga nada y solo esté allí. Ahora que Keith lo piensa mejor, tal vez así fue que su relación maduró a lo que es hoy. Compartir en silencio, sin presionar. Solo sentados uno al lado del otro.

Keith se acurruca en el apoyabrazos del sillón y ve de reojo que Hunk se levanta y sale del living. Cierra los ojos unos segundos, saboreando aún el dejo dulce del café en su boca.

Puede escuchar el sonido de los pasos por el lugar. El sonido es diferente al de Shiro, más torpe, pero lo tranquiliza.

-Vamos-

Keith siente la mano de Hunk en su pierna y abre los ojos.

-Cómo?-

-Vamos, puse algo de ropa en tu bolso y cosas de aseo, tengo el auto afuera, vamos a casa-

-No… Hunk… yo- se endereza de pronto y abre sus ojos ante la propuesta de Hunk.

-Se que no quieres quedarte aquí, y no voy a dejar que desaparezcas de mi vista en tu estado, vamos a casa, luego veremos qué hacer-

Keith suspira, está agotado y realmente no quiere molestar a Hunk. Bajo otras circunstancias se negaría rotundamente. Pero lo sabe, está aterrado y quedarse solo, en este momento… -está bien, pero solo hasta que consiga otro lugar-

-Bien-

Las margaritas del cantero brillan, Keith desearía que el día no fuera tan hermoso, que el sol no ilumine el lugar cuando se despide de su vida a través de ventanilla del auto.

Su cuerpo duele, cuando la realidad golpea en su vientre.

The Reason suena de fondo, y Keith golpearía a Hunk por la falta de tacto, pero solo suspira y contiene las lágrimas que buscan salir.
Una casa con jardín, pequeñas flores, una hamaca en el árbol y tres años excepcionalmente felices. Keith asiente para sí, lo hizo bien, no se arrepiente, al menos tuvo eso, familia, hogar, felicidad, durante un corto tiempo, al lado de Shiro.

Acaricia la ventanilla y deja que la cadencia del auto maneje el ambiente. Ahora, le toca iniciar de nuevo, formar otro hogar, otra familia… sin Shiro. Cierra sus puños en la tela áspera de sus pantalones.

El camino es tranquilo y Keith disfruta del paisaje. -Quiero mandarina y chocolate- suelta luego de un rato sin dejar de mirar hacia afuera.

-Me enorgullece decir que tengo en casa, hice las compras online mientras viajaba, cocina completa, todo lo que quieras-

Luego de eso Hunk habla lo que resta del camino y Keith responde en pequeños gestos.

---

La casa de Hunk es pequeña, pero el espacio es suficiente para ambos, al menos por el momento.

Toma una ducha cuando llegan, antes del chocolate y la mandarina.

Antes de encerrarse en su nuevo cuarto.

Extraña el aroma del incienso.

El gran ventanal en su cuarto deja ingresar demasiada luz para un ser nocturno como Keith, pero puede manejarlo, tal vez si coloca cortinas más gruesas… se acurruca en la cama recién hecha y guarda todo su cuerpo debajo de la manta, un intento de ocultarse del mundo, solo por hoy se dice y deja escapar algunas lágrimas más… solo por hoy será indulgente.

El arrebato de Hunk dentro del cuarto hace que Keith despierte de forma brusca, en alerta, mira algo perdido alrededor, dispuesto a pelear sea lo que sea. La luz golpea en sus ojos y sisea ante el tacto.

-Soy yo…-

La voz de Hunk suena suave, calma. Keith agradece que Hunk mantenga la compostura y sostenga su voz leve y cariñosa. Hace que Keith quiera ronronear de pronto.

-Lo lamento, estoy un poco estresado- se vergüenza, pero no puede evitarlo, tiene una sensación extraña en su interior y no puede simplemente relajarse.

-No hay problema, no es la primera vez... Hice algo de comer-

Keith mira como Hunk sale de la habitación, con sus manos en alto y paso lento.
El reloj en la mesa de luz marca las dos de la tarde. Ha dormido demasiado, pero el día aún es largo.

Se lava el rostro, sus ojos están rojos y las bolsas debajo se marcan profundas.

-Sopa de verduras y arroz- deja salir Hunk, cuando Keith se acerca a la mesa y se dispone a comer.

-Se ve bien-

No tiene apetito, pero debe comer algo. La mano que sostiene la cuchara tiembla y es jodidamente difícil, el sabor de la sopa parece amargo, aunque es la primera vez que le pasa y el arroz se arena en su lengua. Keith traga, de a pequeños bocados. No ha tenido una comida apropiada en días, semanas, los nervios por lo que sería la charla con Shiro lo tenían mal, también todo lo demás. Sigue sorbiendo y masticando en pequeñas porciones. Hunk ha terminado su plato cuando Keith debe correr al baño.

Toma un trozo de chocolate luego y una mandarina cuando está de vuelta. Es como si su cuerpo solo le dejara comer eso.

Hunk tiene un sillón muy cómodo, se da cuenta, pero necesita más calor en este lugar, es demasiado frío a pesar de la temperatura afuera. Se cubre con una manta unos segundos después y hay más chocolate y mandarina, también café.

Ama el café y lo tranquiliza saber que puede beber sin problemas.

-Intente contactar con Krolia y Kolivan, pero no tuve suerte, estaba pensando en que podríamos pedirle a Pidge una mano, sabes… para todo-

El ademán de Hunk en el final de la frase es demasiado grande y a Keith se le acelera el corazón.

-NO!- sale en un grito desesperado -no, no puedes decirle a Pidge, ella y Shiro están compartiendo proyecto…-

-Pero Keith, amigo, no puedo contactar con la Espada, no tenemos información suficiente, necesitamos ayuda-

-¡No Hunk! No necesitamos nada, yo puedo encargarme, si Krolia pudo manejar las cosas en medio de una guerra en su momento y después mi papá pudo hacerse cargo de mi solo… yo también puedo… Además, no quiero hablar con Krolia, no quiero hablar con nadie. No quiero que nadie sepa-

El suspiro de Hunk es audible -amigo, no quiero contradecirte, pero Krolia sabía a lo que se enfrentaba y sé que tu papá se encargó de ti solo pero…- la voz de Hunk se corta de pronto y Keith sabe lo que sigue.

Pero… pero su padre murió y Keith se quedó solo. Keith sabe, sabe todo lo que podría pasar y tiene miedo, terror de hecho. Sabe que Hunk tiene razón, que Keith no tiene idea y todo, todo lo demás. Puede imaginarse cada escenario, su vida se construye en base a todo lo que puede salir mal después de todo. Pero no puede decir nada, por Shiro. Keith tiene que poder solo.

-Hunk, no estamos teniendo esta conversación-

Keith es determinante y se traga el trozo de mandarina que comenzó a gotear en su mano.

-Esta bien, pero al menos lee la información que junté… explica bastante sobre embarazos galra, qué tener en cuenta y eso… no es demasiado, la mayoría de la información no está en un idioma comprensible y… tienes que buscar un médico-

Keith aprieta en sus manos la carpeta que Hunk le entrega y se mancha por el pegote en sus dedos.

Keith ya buscó, leyó y recorrió cada pieza de información posible al respecto. No hay mucho más que hacer que lidiar con ello.

-Localicé un médico que ayudó a una galra hace tiempo. Mantiene la confidencialidad y va a ayudarme en lo que necesite-

-¡Necesitas algo mejor que eso Keith!-

-Pues es lo que hay-

Keith se levanta del sillón y se encierra en su cuarto. La carpeta amarilla que Hunk le dió se arruga en sus manos.

-Es lo que hay… lo mejor que conseguí- se dice a sí mismo, apoyado de espaldas en la puerta. Necesita incienso.

La colcha marrón y bordó funciona perfecta para evitar que el sol entre de lleno en la habitación.

Keith revisa sus solicitudes de trabajo una a una, no ha encontrado trabajo aún, pero tampoco hace tanto que comenzó a buscar. Tiene esperanza. Algo pequeño, que ayude con los gastos diarios y desde su casa, donde sea que eso vaya a ser.

No ha pensado en su bebé directamente aún. Repite la frase su bebé unas cuantas veces en su mente.

Su bebé y el de Shiro. Ronronea cuando pasa por su mente.

Acaricia su panza aún plana y sigue scrolleando en sus mails. Maldice cuando encuentra el correo que hizo su mundo un caos. La respuesta a sus mareos, cambios de humor y dolores inesperados. Maldice a su madre, ya lo hizo en llamada hace un mes y medio atrás. Si Krolia le hubiese dicho a Keith que existía la posibilidad de embarazarse, Kieth hubiese tomado precauciones. Ahora, solo puede tomar decisiones, por el bien de Shiro y de su futuro hijo.

La boca de Keith se amarga. Quiere a Shiro, lo necesita. Y si, sus hormonas lo piden a gritos, pero también él. También Keith.

Observa la nada un rato y decide que es tiempo de salir.

Una nota avisando que Hunk salió se muestra en la mesa del comedor. Keith quiere un trago. Suspira y se dirige a la cocina y decide que jugo de malta está bien por ahora, el alcohol será más adelante. Espera poder controlar sus impulsos.

Vuelve a su laptop, filtra las opciones de departamentos. Cocina, comedor, dos habitaciones, lavadora y… desearía un patio, una hamaca y un árbol, pero eso es otro costo, un balcón está bien.

El sonido del celular lo desconcentra. Estuvo ignorando los mensajes y las llamadas de los paladines. Es molesto, no tiene nada que decir, al menos no que pueda interesarles. Se salió del grupo de whatsapp para evitar comentarios. Eliminó sus redes y todos los espacios en común con ellos. No quiere hablar, pero parecen insistentes.

Responde al tercer llamado. Sufre de antemano al ver el nombre de Lance en la pantalla. Tiene sentido, Pidge debe haber entendido la indirecta de Keith cuando desapareció de todo espacio de comunicación. Chica inteligente aplaude en su mente. Allura y Matt deben estar consolando a Shiro o al menos manteniendo su atención en él, como siempre. Además, deben estar enojados con Keith y Keith así lo prefiere. Mantener las distancias.
Lance por su parte, Keith supone que no puede evitarlo, tiene que meterse en todo y hacer un drama de ello, es un poco lo de él. Keith cree que puede soportarlo, solo por hoy.

-Maldito idiota!-

-Hola Lance, ¿qué quieres?-

-Qué quiero? Shiro está en casa destrozado por tu culpa, cómo pudiste? ¿Por qué lo engañaste? Debiste haber dicho algo, lo que sea! Keith. Quisiera golpearte! Dónde estás? para que pueda ir y destrozarte la cara!... Shiro lloró toda la maldita noche porque no puedes controlarte y… Maldita sea Keith, engañaste a Shiro!!!!-

En nudo en la garganta de Keith se agranda, deja el teléfono en altavoz y escucha cada maldición que Lance tiene que decir, no porque Lance tenga razón en lo que dice, sino porque concuerda casi por primera vez en que es un idiota por lastimar a Shiro y necesita escucharlo. Necesita recordarse que lastimó a Shiro, para no volver a Shiro.

La llamada se corta de pronto. Hunk llegó en algún momento, debe haber escuchado.

-No tenías que atenderlo-

-Mm-

-Keith…-

Keith siente la mano de Hunk en su hombro.

-No tienes que escucharlo, ya no atiendas-

Keith está llorando.

-Está bien-

Las próximas horas, Keith llora, todo lo que puede y más. Hunk lo deja solo y Keith le agradece. Mete su rostro en la almohada, es suave, pero no huele a Shiro y… debió robarse el buzo de Shiro… llora un poco más cuando se da cuenta de… todo.

Suspira entre sus lágrimas, tiene que seguir buscando casa y trabajo, hacer una lista de todo lo que tiene que comprar para el bebé y no sólo dejar las cosas desperdigadas por ahí.

Se pregunta en sí debió decirle a Shiro la verdad, pero reprime el pensamiento. Así está bien, es lo mejor para Shiro. Shiro no quiere hijos y Keith no va a limitar a Shiro. Shiro puede tener sus largos viajes por el universo de esta forma. Seguir con sus sueños, seguir creciendo. Keith no va a quitarle eso.

Keith se quedará con el pequeño de Shiro y espera tal vez, cruzarse con Shiro dentro de algunos años, cuando el bebé sea lo suficientemente grande.

Keith tiene que pensar en alguna historia, una treta, para todos más adelante. Para cuando su bebé comience a preguntar. Y para sí mismo, por qué no, mejor una buena fantasía que una mala realidad. Keith sabe que es bastante irresponsable pensar así, pero no tiene mejores ideas y está cansado.

---

-Necesito que robes ropa de Shiro-

Keith se ha sentido muy intranquilo en las últimas semanas. Con más malhumor de lo usual y antojos incomprensibles. Se siente como un animal, sus instintos a flor de piel, siente frío constante a pesar de los 33° que marca la notificación del clima y el sueño es imposible de sostener.

Por suerte Hunk ha estado poco en casa para su beneficio. Si bien Keith no quiere molestarlo, lo necesita, tanto que le molesta. Dentro de las muchas razones por las que necesita a Hunk, está esta.

Keith se dió cuenta hace unos días, luego de un desmayo y un suero repleto de nutrientes en su brazo. Luego de que Hunk perdiera la compostura y casi revele todo. Un día antes de su nueva aceptación de trabajo y la entrega de ropa tan pequeña como su cabeza.
Lo que realmente necesita Keith o mejor dicho, su parte galra, es al padre del bebé. A Shiro.

Una parte instintiva de su cerebro necesita su aroma. Keith compró incienso y ahumó la casa de Hunk. Hunk no dijo nada. Pero no es suficiente. Necesita dormir bien, que los dolores de su cuerpo paren un momento y… dejar de comer tanto dulce, pero eso no puede hacerlo, es más fuerte que él.

-Qué?, perdón estaba terminando un informe y creo que no escuché bien…-

La voz de Hunk se hace cada vez más audible a medida que llega al comedor, donde Keith llena su boca de su nueva comida favorita, mantequilla de maní y papas fritas.

-Necesito que me traigas alguna prenda de Shiro, algo que use mucho, como la remera que usa para ejercitarse-

-Dios! Keith… qué?-

-Eso, leí en algún portal que el aroma del padre del bebé puede calmar algunas molestias y lo necesito Hunk-

-Amigo, yo… no creo que pueda… Shiro sigue en casa de Allura y Lance, y bien sabes que las cosas no están bien entre nosotros últimamente… yo no sé-

-Inventa algo… quieres disculparte, diles que me odias y habla mal de mi. Vas a su casa, pides permiso para ir al baño y me traes algo de la ropa de Shiro-

Keith está desesperado, ya no sabe qué hacer y necesita, necesita el aroma de Shiro, necesita dormir, necesita calmarse o que el bebé nazca de una vez, pero para eso faltan varios meses.

-Creo que el calor te está haciendo mal Keith- Hunk se abalanza sobre el control del caloventor.

-Ni se te ocurra apagarlo!- La mano de Keith es más rápida que la de Hunk.

-Solo un rato, por favor, entre la falta de luz, el calor y tu humor, me siento dentro de un volcán en erupción-

-Traelo Hunk! Pensé en meterme en casa de Allura y Lance, pero no puedo moverme bien y si me atrapan, no es necesario que pregunten nada, van a notarlo-

Keith deja salir un puchero mientras señala su panza ya formada debajo de la manta de peluche.

-Bien, bien, voy a intentarlo pero, me debes demasiado, ¿lo sabes?-

-Haré lo que quieras luego- Keith se escurre a buscar más comida y necesita café, muy dulce.
-Entonces, si consigo algo de Shiro… irás al médico?-

-He? Para qué?-

-Sabes porque, no te ves bien, estás cada vez más pálido, no comes nada nutritivo y Keith, te escucho por la noche, la casa no es tan grande, se que te duele-

Keith baja la mirada, puede que Hunk tenga razón, pero su médico está de viaje y eso es todo.

-Lo pensaré-

-Prometelo!-

-Lo pensaré- repite Keith una vez más.
---

Keith ajusta las mantas que evitan que el sol entre en su cuarto. El tono anaranjado al ras del piso le da paz, lo tranquiliza, tanto que incluso mudó parte de sus mantas y almohadones al rincón mejor iluminado. Pensó en cambiar las mantas por algo más apropiado, pero las cortinas son demasiado finas y la luz daña sus ojos.

Relame sus colmillos un poco crecidos, su dentadura se modificó este tiempo, sin dolor real, pero el filo de sus dientes hace que su lengua se sienta extraña. Sus sentidos también cambiaron, es más sensible, demasiado. Puede sentir aromas de las más extrañas cosas, tal vez por eso necesita tanto el aroma de Shiro. Tal vez para tapar un poco el aroma de Hunk, no es que huela mal en sí, pero no es del todo de su agrado y es definitivamente un problema cuando busca relajarse y comer.

Cuando las mantas están adecuadamente acomodadas, sigue con los almohadones y almohadas, con otras mantas y objetos que ha traído a la habitación, algunos de manera consciente, como el incienso, otras no tanto como los pequeños espejos de colores que ahora cuelgan del lugar, formando manchas destellantes en la pared y el techo.

Revisa que los cajones debajo de su cama tengan lo necesario, tantas golosinas como quepan, una gran ayuda para sus momentos de ansiedad o calma.

Estira su cuerpo y da un avistamiento más al lugar, un caos bien organizado, una cura para sus nervios. No está seguro de cuando comenzó a preocuparse por las cosas en su habitación, cuando comenzó la obsesión porque todo esté como… su cabeza le dice que debe, pero no se limita y sigue, observando detenidamente unas cuantas veces al día.

Sale en busca de café cuando está satisfecho y al volver, acomoda una vez más algunos detalles antes de dedicarse a ordenar las pequeñas prendas que ocupan parte del ropero.

Al principio compraba sólo lo necesario, ahora se da cuenta que es demasiado, las hay de todos los colores, con estampas y sencillas. Además, de otras cosas necesarias, mamadera, chupete, mantas, pañales y demasiados peluches, Keith espera que al bebé le gusten, él los ama. Debe comprar la cuna, el cochecito y la Wawa, pero lo hará en estos días, cuando por fin encuentre un lugar para él y bebé.

Coloca la taza de café en su cara para sorber el aroma y enciende el incienso. Una punzada en la parte baja de su espalda lo desequilibra un poco, por lo que termina por arrastrarse hacia las mantas en el piso y… respira… respira… respira, su panza está algo dura, al igual que el resto de los músculos de su cuerpo, respira. El aroma a café se mantiene en su sistema y cubre su cuerpo para más calidez.

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Siente que el incienso se mezcla con el café y aspira. El naranja del piso le trae nostalgia. Quiere estar en su casa, en la de Shiro, su aroma y su contacto, necesita sentirse protegido, necesita algo mejor que una manta cálida y un poco de incienso. Necesita que Hunk llegue con la ropa de Shiro.

Traga saliva y el dolor comienza a disiparse. Respira un poco más.

Su cuerpo se relaja poco a poco mientras aspira los aromas que se expanden en el lugar, acaricia su vientre y aspira, sigue y sigue hasta que de pronto…

-Ese olor no es de Hunk- murmura para sí.

Su cuerpo relajado se tensa nuevamente, amplía sus sentidos y ahora puede escuchar pasos demasiado fuertes en el comedor. Hay voces y Keith cree conocerlas pero no está seguro.

Hay gente en la casa, la respiración de Keith comienza a dispararse, su corazón se acelera y observa alrededor buscando algún escondite. En otra oportunidad pelearía, tal vez lo haga de cualquier modo si no tiene opción, pero va a hacer todo lo posible por evitar lastimar su bebé.

Por un segundo le parece oler a Hunk y Shiro, pero no, no es Hunk, su aroma suele ser más suave. Cree que puede ser Shiro, pero tampoco está seguro, tal vez hay un dejo de él, pero el sonido de los pasos lo confunde y ni Shiro, ni Hunk caminan así.

Vuelve a buscar un escondite y ha perdido demasiado tiempo, se acurruca dentro del ropero y se aferra a sus piernas todo lo que puede. Su panza es demasiado grande, su espalda duele y debió haber tomado una manta porque el frío es insoportable.

Acaricia sus rodillas para calmarse y está seguro que hay alguien en la habitación, no sólo por el aroma ahora más fuerte, sino que escucha el golpe en la puerta y los gritos. Una voz chillona y fuerte. Lastima sus oídos y busca taparlos con sus manos. Puede sentir ira, enojo, molestia, no sabe cómo, pero lo sabe.

Keith intenta no hacer ruido, quedarse quieto y hacerse pequeño. Está asustado, es la primera vez en años en sentirse tan vulnerable, tiene miedo, ojalá… su cabeza busca pensar en Shiro, pero deja la idea pasar como una estela y se endereza. Shiro no está y Keith decidió que no estará en el futuro tampoco, tiene que protegerse y su bebé, al bebé de Shiro.

Sus manos tiemblan un poco y en el momento en que siente que la puerta del ropero comienza a abrirse, salta desde dentro, con sus garras extendidas, sus colmillos en más filosos que nunca.

Va a matar a quien sea que haya entrado, no puede haber dudas, no puede haber errores.
La figura está frente a él y ataca.

Se aleja de su alcance y cuando por fin tiene el cuello del intruso en sus manos, siente que lo toman por detrás.

Sus manos están atrapadas, no puede mover su cuerpo, tiene que hacer algo, van a lastimarlo, a su bebé, no puede permitir que…

-Keith, Keith!! Mirame, todo está bien-

-Shi…ro…- El aroma de Shiro atraviesa a Keith como si fuera una espada, corta de punta a
punta y su cuerpo se afloja. Shiro vino a rescatar a Keith… es Shiro…

Keith se aferra a Shiro, huele bien, mejor que bien y Keith se siente cálido, tanto que no puede evitar acariciar, pasa sus manos, su rostro contra Shiro y pronuncia el nombre de Shiro una y otra vez.

-Está bien pequeño, todo esta bien, ven…-

Siente las manos de Shiro levantarlo suavemente. Keith se siente en un sueño y respira y absorbe a Shiro. Su bebé también siente a su padre y Keith ronronea cuando el golpe de una patada se siente en su vientre. Si, es Shiro, afirma en su mente.

Keith está tan feliz que llora, no entendía cuánto necesitaba a Shiro, cuánto lo necesita.

Shiro lo deja sobre la cama y Keith se aferra. Quiere decir más, saltar de emoción y abrazar y más… pero se siente débil. Se aferra como puede y Shiro está junto a Keith, no lo deja.

Shiro está entre las mantas que Keith acomodó todo este tiempo. Quiere ir y arreglar lo que sea que ya no esté en el espacio correcto, para que Shiro vea que todo está ahí, para que Shiro vea lo Keith hizo, pero estar junto a Shiro es más importante, seguro, tranquilo

-Takashi- susurra en el pecho Shiro.

Tiene sueño y se deja ir por cansancio y la tibieza.

---

El aroma pesado al incienso despierta a Keith. Está acurrucado en la cama, las colchas y almohadas lo cubren todo. Keith respira profundo y disfruta unos segundos de la comodidad, su cuerpo ya no molesta, sus tensiones han desaparecido. Tiene un antojo increíble por chocolate y maní y cree tal vez también mandarina.

Intenta recordar cómo llegó a la cama, repasa sus recuerdos a través de una confusión brumosa.

Recuerda… la sensación de peligro, la alerta, recuerda… Shiro, recuerda a Shiro y levanta su cabeza, estira su brazo. No hay Shiro… “Takashi”.

Sus ojos se humedecen e intenta contener el mar de emociones. Keith soñó todo, está seguro. Shiro lo odia y nunca vendría por Keith. Espera que Hunk haya podido obtener una prenda para Keith. Sus lágrimas caen y se aferra a la colcha sobre su cuerpo. Tiene que controlarse.

Estira su cuerpo y sale a gatas de la cama, aún tiene cosas que hacer. Su habitación no se ve en nada a como la había dejado, como si un desastre hubiera tenido lugar allí. Tal vez se está volviendo loco, pero sus recuerdos son un sueño… verdad? Shiro no pudo haber ayudado a Keith y haberse ido sin más, después de todo, al menos… hablar, hablar un poco habría sido bueno, habría sido más Shiro que dejarlo. Si Shiro se fue a pesar de todo, de todo… Shiro odia a Keith más de lo que Keith creía.

Los pies de Keith se sienten pesados sobre el piso y su pecho se hunde. Tiene que salir de allí, despejar su cabeza. Quiere entender pero…

La puerta del cuarto está entreabierta cuando Keith logra llegar a ella y siente voces, no… las voces de su sueño están ahí… Sale intempestivo y una oleada de aromas y sonidos lo golpean.

Está temblando.

Shiro estuvo allí, con Keith y ahora no, solo Hunk y… Lance? ¿Por qué está Lance? Quiere hablar y su garganta es un nudo.

-Keith? Amigo, estás bien?-

La voz de Hunk suena preocupada y Keith no puede responder, no puede hablar, no se puede mover y no puede dejar de mirar con molestia a Lance y su aroma demasiado dulce y… Lance vino a lastimar a Keith, va a hacerle algo a su bebé?.

-¡No voy a hacerte nada!- Lance levanta las manos y se aleja un poco -guarda las garras, en verdad no voy a hacer nada-

Keith no sabe qué creer, pero mira sus manos por un momento, sus garras son demasiado largas y siente que la tensión vuelve a asomar. Toma aire y se abraza. Hunk está allí. Hunk nunca dejaría que nadie lastime a Keith. Hunk es su amigo, su único amigo. Hunk protege a Keith.

Levanta la mirada hacia Hunk, no está seguro de que preguntar o decir primero, su mente está algo caótica, caos.

-¿Shiro?-

Es lo único que sale de su boca y hay más lágrimas, tal vez vienen en conjunto con el embarazo, pero ahora solo quiere una madriguera para esconderse y no salir más, solo puede pensar en Shiro, su aroma, su cuerpo aferrado al suyo.

Shiro ayudó a Keith y se fue.

Shiro odia a Keith.

Keith lo sabía, incluso cuando no puede decir nada… Shiro vió su panza…él los dejó a ambos, a Keith y a su bebé.

-Shiro-

Su voz apenas se escucha en la habitación y cae de rodillas. Está desecho y…

-Tranquilo… todo está bien- las manos de Hunk calman a Keith en un murmullo. -El estuvo aquí y…- su plática fue cortada.

-Me odia… nos odia… se fue… yo…-

-Shhh, no, no, Keith… mirame, seguro tienen mucho de qué hablar, pero no se fue, se fue… solo salió a buscar unas cosas y está por regresar. Cosas para ti… vamos a la cama, tienes que descansar, casi matas a Lance hace un rato-

Keith observa a Hunk de reojo y mira a Lance, no termina de comprender las palabras de Hunk, pero está de acuerdo en ir a la habitación, Hunk dijo que Shiro va a volver y va a querer hablar. Keith tiene que ordenar todo, dejarlo perfecto para que Shiro vea y se quede… se quede con Keith y…

Sacude sus pensamientos cuando se da cuenta que no era el plan, Keith tiene que poder solo, para Shiro. Aún así no puede evitar sentir la calidez que rebrota en su interior cuando piensa en Shiro a su lado.

Keith tiene que ordenar todo perfectamente.

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Keith se despierta, no recuerda haberse dormido, pero ahí está, acurrucado entre almohadones tersos, demasiado tranquilo para lo que le espera. Se da cuenta que aún no ha organizado apropiadamente el cuarto y piensa en Shiro. Aún no ha regresado, o al menos no lo ha buscado.
Un nudo se agolpa en su garganta y su pecho se hunde. Su cuerpo se tensa y sacude las sensaciones. Acaricia su barriga y respira. Repasa los hechos del día en segundos, una vez, otra vez, respira. Tiene que levantarse y hacer lo que debe.

Comienza por ordenar las pequeñas ropas que caen desde el armario. Lo deja por un momento para encender incienso, es un adicto, más que Shiro piensa, y prosigue con la ropa. Sus manos están temblando, o al menos eso siente y sus dudas se agolpan, una tras otra. Quiere ver a Shiro, hablar con Shiro, pero no quiere hacerlo al mismo tiempo .

¿Qué dirá si Shiro aparece? ¿Cómo hará para alejarse nuevamente?

Respira.

Tal vez Shiro ya no quiere hablar, Keith entiende, si Shiro no quiere verlo, entiende, es lo que Keith quería en primer lugar, pero tenerlo cerca después de tanto… quiere a Shiro.

Se limpia el ardor en sus ojos, la puerta suena y se entreabre.

Keith agudiza sus oídos pero no voltea, solo persiste en ordenar las pequeñas prendas, una encima de la otra, en cuadros tan pequeños como sus manos.

-Keith-

Es Shiro, está allí.

Keith no dice nada y solo sigue con lo que está haciendo. No está listo para esto, para Shiro, y reprime la necesidad de levantarse y abrazarlo. Tiene que controlarse. Por Shiro.

-Traje crema de maní y puerro, Hunk me dijo que lo comes mucho últimamente-

Keith siente el sonido de la bolsa plástica en su espalda.

-Entonces… creo que deberíamos hablar-

La voz de Shiro es suave y Keith se regodea interiormente por el sonido.

-Si- deja salir en un suspiro.

Tienen que hablar, Keith debe hacerlo, decir todo, ¿pero cómo?

Sigue apilando los pequeños cuadros de ropa, es demasiada piensa, hasta que toda la ropa está en varias pilas, acomodada perfectamente. Observa el trabajo y vuelve a comenzar.

Tiene que hablar piensa.

La habitación está en silencio un largo tiempo. Keith respira. Siente la mano de Shiro en su hombro, en sus brazos. Keith quiere derretirse ahora mismo.

-Ven, hablemos-

Keith quiere decir que se quedará donde está, pero se deja llevar por Shiro hasta los almohadones desordenados en el piso. No levanta la vista pero se ajusta al espacio. El anaranjado de la luz del exterior se filtra por le piso y el aroma a Shiro rebrota en su cuerpo. Hogar piensa, pero de pronto vuelve a sus cabales, debe hablar y aceptar lo que resulte de ello.

-Yo…- El primer intento de Keith de comenzar a hablar es cortado por Shiro.

-Perdón… Keith yo, lo siento-

La mirada de Keith pasa del suelo al rostro de Shiro desconcertado. Quiere decir algo, pero Shiro sigue.

-En verdad lo lamento… que no pudieras confiar en mí, yo… debí hacerlo mejor-

Un nuevo nudo atraviesa la garganta de Keith. Se acerca a Shiro en desesperación, no es la culpa de Shiro, no es eso, Keith le entregaría su vida completa a Shiro de tantas formas. Keith confía en Shiro más que nada.

-No es es…- Keith quiere decir que no es eso, que no es así, pero no puede hablar correctamente, no puede hacer nada bien.

-Estaba enojado, dolorido- Shiro prosigue con sus palabras -realmente enojado, furioso. Creí que en verdad me habías engañado con alguien más, que ya no me amabas, pero Keith, tu…- La voz de Shiro se quiebra y… -esto peor-

La última frase se inserta directo en el corazón de Keith y se retuerce.

Es peor… repite en su mente y el dolor se expande. No puede tomar las palabras de Shiro en este momento. Keith cree que nunca podrá.

El recuerdo de la noche terminando con Shiro lo golpea nuevamente y es peor, si, ahora es peor, porque está pasando una vez más y no puede detener las lágrimas.

Se aferra a su ropa y agacha la mirada. -Lo lamento, yo… no debías enterarte, yo…- las lágrimas son cada vez más intensas y caen por montones.

-¿Por qué no? Keith, se que es… extraño… pero después de todo estos años, las cosas que vivimos, todo… por qué no confiaste en mí?-

Las manos de Keith están ocupadas intentando impedir que sus lágrimas sigan cayendo. -No es eso… Shiro… tu… no puedes… es mi culpa… por no saber… yo…- Llora más fuerte y siente que no puede parar, no esta vez, tal vez nunca.

Una caricia se hace en su espalda y luego otra -Respira, está bien, calma-

Shiro queriendo calmar a Keith hace que Keith solo quiera llorar más y acurrucarse en un rincón de por vida.

Tarda unos minutos, largos minutos, pero al fin respira y aclara su garganta.

- No es que… no confíe en ti, sino que lo hago… Shiro… eres la persona más responsable, honorable e increíble que conocí en mi vida, por eso te amo…-

Se corta cuando la última declaración sale de su boca, agita su cabeza y sigue, su voz se hace más grave.

-Lograste tus sueños, viajas por el universo, eres todo lo querías ser… nunca quisiste… esto- coloca su mano sobre su estómago y observa su mano allí.

-No quieres hijos y entiendo que es incluso más complicado, raro, no lo sé… pero yo no podía… tu sabes… no tenerlo, después de todo una parte de este bebé es tuya y yo…-

-Qué?-

-Yo… no puedo, no quiero que el bebé no nazca, Shiro…

-No eso Keith, lo anterior, cuándo dije que no quería niños? Y… por dios Keith, ¿quién crees que soy? Jamás, jamás te pediría eso o te dejaría en este estado, Keith…-

-¡Ese es el problema! No quería atarte, sé que te quedarías a pesar de todo, que abandonarías todo si es necesario y Shiro… no puedo obligarte, no quiero que estemos juntos solo porque debes, no quiero que dejes lo que amas, ¡no puedo hacerte eso! Yo…-

-Keith, cariño, cálmate… mírame… nunca me quedaría en una situación en la que no quiero estar y…-

-No quieres hijos Shiro, y está bien, no tienes…-

-¿De dónde sacaste esa idea Keith?-

-Me lo dijiste ese día, después de la explosión en Kaysar, el planeta gaseoso, cuando volvíamos en Red, lo hablamos, lo recuerdo bien, dijiste que estabas bien siempre y cuando pudieras seguir tus sueños- la voz de Keith se apagó en ese momento.

-Keith, por dios, estás basando todo en una charla que tuvimos hace años en medio de una guerra, por supuesto que lo dije, pero… Keith, no podía pensar en un niño en ese momento, no podía pensar en nada, mi gran sueño ese día era dormir 8 horas seguidas sin que apareciera un nuevo ataque… no lo puedo creer-

-Pero… luego no volviste a decir nada más, incluso cuando mencionaba algo al respecto te quedabas callado y…-

-Si, lo siento, pero nunca pensé en que sería una posibilidad real, ya sabes…- la maño de Shiro apunta a la panza de Keith -solo pensé en que si algún día querías adoptar o algo, simplemente me lo dirías de esa forma, o llegaría un día a casa y habría una mota de pelos corriendo en el lugar, yo… estamos siempre tan llenos de cosas, trabajo, reuniones, clases, viajes a un punto en el infinito que no creí… lo lamento, siempre tienes tantas confianza en lo que quieres, no creí que te haría dudar… de mí-

-No dudo de ti, te conozco, yo solo… no quiero obligarte a nada, imponerte mi deseo en desmedro de los tuyos, Shiro…-

-Creí que ya no me amabas- el rostro de Shiro se humedece de pronto.

-Nunca podría, eres lo mejor en mi vida-

-Keith… te amo-

-Te amo Takashi-