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Sin Corazón

Summary:

Una vez que iniciabas contacto con él, entrabas en un juego de pasión que disfrutaba dirigir. Era el mercurio hecho persona, siempre fluyendo y corroyendo todo a su paso. Siempre seduciendo a la gente a su alrededor con su brillo y hermosura para luego arrebatarles todo lo que tenían y dejarlos irreconocibles.

 

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Songfic: "La sin corazón", del Chaqueño Palavecino.

Notes:

Cuando escuchaba esta canción no pude evitar pensar en Peter y Logan y decidí que ellos serían mi primer fanfic.
En general es una mezcla de las películas, comics y series y mis propios headcanons, aunque acá Peter es el hermano menor de los gemelos y no el mismo Pietro.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Me tiene encadenado 

a su corazón la piedra

de su indiferencia 

prisionero yo soy

 

Logan era un hombre simple. Le gustaban las bebidas fuertes, esas que durante unos segundos adormecían el peso del adamantium en sus huesos, el perpetuo sabor de tabaco dando vueltas en su lengua y el silencio de las mañanas. Era un hombre de rutina y de instintos. No se comía la cabeza con encrucijadas filosóficas o se debatía sobre qué cocinar. Esos tiempos ya habían pasado. Las nimiedades habían perdido importancia luego de un siglo y el segundo había agotado cualquier problema existencial sobre su inmortalidad. Hoy en día solo se preocupaba por corregir exámenes, evitar que los mocosos del profesor no terminaran muertos y de pasar la noche en algún bar descuidado. Sin embargo, tenía un pequeño gusto culposo de cabello plateado e hiperactividad. Peter Maximoff había llegado hacía más de una década a su vida y desde entonces no se había marchado. Era un atentado contra la paz que tanto le había costado conseguir y un peligro para cualquiera que se lo cruzase. Siempre seduciendo a la gente a su alrededor con su brillo y hermosura para luego arrebatarles todo lo que tenían y dejarlos irreconocibles. 

Logan sabía reconocer a un depredador y Quicksilver era uno. Lo notó en su mirada aburrida, de irises que fluctuaban entre el verde y el plateado, lo teorizó cuando se relamió los labios al apoyarse en el hombre a su lado y lo confirmó cuando salió del baño oliendo a sangre y esperma. 

Por lo general, precioso no era un adjetivo que usarías en algo relacionado a Magneto, pero Peter era la excepción. De la cabeza a los pies poseía una apariencia extraña, exótica para algunos, andrógina para otros y perfecta para Logan. Su cabello plateado siempre estaba tejido en delicadas trenzas alemanas, contrastando con el tono cálido de su piel, y su rostro de pómulos altos apenas pasaba de los veinte. Sí no lo conociera por tanto tiempo, incluso pensaría que era algún adolescente tratando de tener su primera cerveza. Su cuerpo estaba hecho para correr, haciéndolo liviano y delgado, de piernas largas y muslos musculosos. Pero su apariencia era el queso y su personalidad la trampa. Una vez que iniciabas contacto con él, entrabas en un juego de pasión que disfrutaba dirigir. Era el mercurio hecho persona, siempre fluyendo y corroyendo todo a su paso.

 

En definitiva, era el arma perfecta; construida con el encanto y carisma de un líder mutante, la hermosura de una gitana fallecida hacía mucho tiempo y una personalidad moldeada por años de abandono. 

 

Soy presa de sus caprichos

Su juego de amor me atrapa

Conquista mi alma

Sin tener compasión 

 

“La Noche Dorada, a las doce.”

 

Dobló la nota y la guardó en su bolsillo trasero mientras entraba al bar. Era un lugar de mala muerte, de esos que suelen pasar las noches casi vacíos. Faltaban paneles del techo y la barra abollada parecía no estar hecha para la cantidad de personas que había esa noche. Logan se tiró en uno de los asientos frente al pequeño escenario. Con una mano en el micrófono y sus botas plateadas moviéndose al ritmo de la música, Maximoff daba un espectáculo. Sus movimientos eran fluidos (a pesar de los pantalones de cuero y el corsé ajustado) y su voz hipnotizaba a la multitud. Al notarlo, Peter le guiñó el ojo y se dio la vuelta hacia un tipo pegado al escenario. 

Una mano en su hombro le hizo quitarle los ojos de encima. 

— ¿Acaso eres retrasado?  —gritó un hombre a su lado —. Este sitio ya está ocupado. 

Logan le gruñó en respuesta y vio por el rabillo del ojo como Maximoff jugueteaba con la camisa del tipo.

—¿Estás sordo? —El hombre lo atrajo en su dirección para obligarlo a mirarlo—. Está. Ocupado.  

Logan puso una mano en la muñeca izquierda del idiota y sacó las garras de la otra lentamente. El imbécil tembló apenas vio el filo de las cuchillas y trató de escapar.

—Entiendo —Balbuceó—. Puedes quedarte con el lugar.

Logan lo ignoró y apretó su agarre hasta escuchar el hueso crujir, pero no fue hasta que la canción terminó que lo dejó ir. Apenas lo soltó, el hombre salió corriendo hacia la multitud. Logan sonrió satisfecho y se acomodó en el asiento. Ahora Peter le daba la espalda al tipo y comenzaba otra canción. 

Si era sincero, no sabía cuándo habían comenzado aquel juego en el que Peter le dejaría una nota o mensaje con la dirección de algún bar y él iría en respuesta. A veces tomaban juntos, otras terminaban teniendo sexo en el motel más cercano. Había noches en las que ni se hablaban y noches en las que cada uno se iba con una persona diferente a su lado. Si tuviera que mentir, entonces negaría haber asistido a todos y cada uno de los show de Peter, diría que no sabía cada letra que cantaba y que no tendía a recordar el cuerpo desnudo de Maximoff con cada movimiento que daba. 

Y si tuviera que volver a ser sincero, aceptaría que Quicksilver sería su perdición.  

 

-

 

No hay jaula que la detenga 

Es pájaro libre al viento 

Solita sin dueño

Siempre quiere volar

 

La cerveza fría se movía por su garganta y lo refrescaba en medio del calor de la multitud. Cerró los ojos por un momento y al abrirlos se encontró con su mano vacía. 

—¿Todavía te conformas con esta mierda? —preguntó Maximoff a su lado antes de darle un largo sorbo a la botella. 

Su acento ruso era tan marcado como siempre y era acompañado por un suave ronroneo en cada "r". 

—Muñeca —saludó Logan. 

Peter sonrió, dejando ver los hoyuelos gemelos en sus mejillas.  

—¿Cómo has estado, Logan? — preguntó, acercándose a él. 

Maximoff deslizó una mano por su pecho y se apoyó en su muslo, casi quedando encima de él.

—Hacía mucho que no recibía un mensaje tuyo—. Logan ignoró la pregunta—. Casi me hiciste pensar que por fin lograste que te mataran.  

—Como si eso fuera posible— dijo Maximoff—. Tu mismo descubriste lo difícil que es darme un golpe. 

Logan gruñó ante el recordatorio y dirigió su vista hacia la estrella de David que se escondía debajo de la camisa plateada; era un regalo de Magneto al igual que los brazaletes en las muñecas de Peter. 

—¿Estás por encargo del viejo o se trata de uno de tus contactos? —preguntó acariciando esas mismas muñecas. 

—¿Importa? 

Los ojos de Quicksilver brillaron en desafío mientras volvía a llevarse la botella a los labios. Una fina línea de cerveza se derramó por su mandíbula y cayó por su cuello. 

Logan se relamió los labios resquebrajados.  

—No— respondió finalmente. 

—Bien.

Maximoff dejó la botella en la mesa y chocó sus labios con los de Logan, obligándolo a tragar el líquido que todavía quedaba en su boca. Logan permitió que guiará el beso y acarició su espalda baja con suavidad, temiendo que un movimiento brusco pudiera espantarlo. A pesar de eso, terminó perdiendo cualquier contacto cuando, sin darse cuenta, rozó una pequeña franja de piel desnuda entre el pantalón y el corsé. 

Maximoff se había ido hasta la otra punta del bar. Le miró con burla y se contoneó hacia el tipo del escenario.

 

Arisca como ninguna

La sin corazón se llama

Como un picaflor 

Revoloteando se escapa

 

Una jovencita rubia se acercó con la bandeja llena de botellas llenas y vacías. Con cuidado acomodó más cervezas en la mesa redonda hasta terminar con un John Walker que no había pedido. 

—Un regalo del chico de allá— aclaró la chica apuntando con la cabeza a Peter. 

Logan asintió mientras la mesera retiraba las botellas vacías y agarró la cerveza barata sin apartar la vista del velocista. Las manos del tipo vagaban sin vergüenza por el cuerpo de Maximoff, quién agarró dos vasos de la barra y le tendió uno con las manos temblando. El tipo recibió la bebida con suavidad e hicieron un pequeño brindis antes de beber. Luego de separarse, Maximoff se acercó a su oído con una amplia sonrisa, esa que auguraba sangre, y le susurró algo. El tipo asintió con seriedad y se dirigió a la salida tambaleando.  

—Awww, Jimmy —Peter pronunció a su lado agarrando el Whisky y dos vasos—. Me estuviste esperando. 

Logan decidió ignorar el maldito apodo por el bien de su salud mental y agarró el vaso que le tendió.  

—¿Qué le diste a ese idiota? — preguntó. 

—¿Realmente quieres saber? —Peter se concentró en su vaso—. No le di mucho, solo un poco de fentanilo con vodka. —Sonrió sobre el borde—. Ya sabes, lo suficiente para perder la conciencia de camino a su departamento. 

Se preguntó cuántas veces intentó acabar con él, mezclando drogas y venenos en las bebidas que compartían.  

—Pensé que te gustaba jugar con tus presas. 

—Y lo hago —La sinceridad en los ojos verdes de Peter era dolorosa—, pero hoy te tengo enfrente después de mucho tiempo. 

Un grito resonó por el bar y la gente comenzó a salir para ver qué había pasado.  

—¿Imbécil, no podías esperar un poco más? —Maximoff refunfuñó—. Hey, Jimmy. ¿Por qué no nos vamos a recordar los viejos tiempos? 

—Solo si te quedas por la mañana. 

—No prometo nada —sonrió travieso—. Solo puedo asegurarte la mejor noche de tu vida. 

Logan sonrió mientras abrazaba su cintura. 

—Eso es imposible; la mejor noche de mi vida fue en Bellingham en el 95. 

Peter rió con más fuerza. 

—Eres tan asqueroso, James. Tú y tu cursilería me enferman. 

Algo en su pecho retumbó en su corazón y calentó todo su cuerpo. 

—Ambos sabemos que la extrañarás en la cama. 

—¿Es eso una amenaza? —Peter pasó sus brazos alrededor de su cuello. 

Logan no respondió, solo lo besó. Esa noche disfrutaría tenerlo entre sus brazos y mañana resentirá el frío a su lado. 

 

-

 

Bien sabe que es arroyito 

Y muero de sed por ella

Su curso me aleja

Cuando pido su amor

 

Maximoff apretó los dientes al sentir la aguja enterrarse en su piel. 

—¡Ten más cuidado, idiota!  

— Tu fuiste el descuidado desde un principio —Logan cosía la herida con cuidado—. ¿No qué era difícil darte un golpe? 

—¡Cállate!  

Quicksilver estaba sentado en su cama con la parte superior del cuerpo descubierta y su traje amontonado en la altura de la cadera. Sus muslos estaban cubiertos de rasguños y en su espalda una larga cortada se extendía desde el hombro izquierdo hasta el omóplato derecho. Logan se movía con la suavidad y torpeza de un principiante, pero Maximoff no podía culparlo; él nunca había tenido que encargarse de sus propias heridas, menos las de alguien más. Como siempre, el hombre frente a él era la excepción a todo. 

Con una sonrisa, Logan apoyó sus labios en la nuca de Peter cuando lo escuchó sisear de dolor.  

—Quita esa cara de estúpido —habló Peter. 

—Ni siquiera me estás viendo. 

Logan se alejó para volver a concentrarse en su trabajo. 

—No necesito verte para saberlo —dijo el velocista—. Siempre tienes cara de estúpido, pero hoy me repugna.  

Logan rodó los ojos y cortó el hilo. Buscó el trapo a su lado y con él secó la sangre que caía por su hombro. Apenas terminó, Peter se levantó de la cama con cuidado. 

—Búscame algo de comer —ordenó de camino al armario. 

—¿Por qué yo? —preguntó Logan. 

¿Por qué él y no la hermandad? 

—Porque no puedo utilizar mis poderes —respondió agarrando una camisa roja— y no necesito que el profesor y su grupo de perdedores estén sobre mi trasero durante toda la semana. 

—¿Entonces te quedas hasta el domingo? 

Maximoff no respondió.  

—Jimmy, mílyï — llamó—, no me gustaría interrumpir tu monólogo esperanzado, pero si no como nada en los próximos treinta minutos me voy a desmayar y no queremos eso. 

Logan suspiró antes de levantarse de la cama y caminar hasta la puerta. Le dio un último vistazo a Peter, quien terminaba de sacarse el traje roto cuidando de no tocar ninguna herida, y salió de la habitación. El camino estaba desierto con todos los estudiantes durmiendo en sus habitaciones, dejándolo solo con sus pensamientos y emociones reprimidas. A veces se preguntaba si por casualidad la verdadera mutación de Peter no era la telepatía o algo parecido, otra veces creía que tal vez había usado uno de los hechizos de su madre para hacerlo caer rendido a sus pies. Quizás todo esto solo era un plan de Magneto para poner a Logan de su lado o espiar a los X-Men. No pudo evitar el suspiro que se escapó de su boca. Nada de eso importaba. Cada vez que una sombra de duda se asomaba, él aparecía con sus grandes ojos verdes y sus comentarios afilados. Cada vez que hacía algo cruel o inhumano, lo compensaba con suavidad y dulzura. 

—Te está usando— advirtió Hank una vez—. Eso es lo que él hace. 

—Él no es Mystique —le respondió con veneno. 

Pero en el fondo tenía razón. 

Logan podía no ser la persona más inteligente de la mansión, pero tampoco era tonto. Los años venían con cierta sabiduría y tenía suficientes para defenderse. Él conocía los sentimientos de Peter por él, quien no trataba de ocultarlos, pero también sabía del amor que el velocista sentía por su padre.  

—¿Por qué no lo dejas? —le preguntó una noche, mientras trazaba los moretones en el cuerpo de Peter. 

—No es tan fácil —le respondió dándose la vuelta. 

Logan odiaba la mirada que le daba, como el verde de sus ojos se contaminaba con gris y resultaban en un color tan feo. 

Si te lo pidiera, ¿me matarías?  

Sabía que era una pregunta insensible tan bien como conocía la respuesta.  

—No tengo opción —Peter enterró su rostro en el pecho de Logan—. Nunca la tuve, no con él.  

Hubo un tiempo el que con ingenuidad le hubiera prometido que lo salvaría, que lo mantendría a salvo de Magneto, pero ese Logan murió hace mucho tiempo, mucho antes del adamantium en sus huesos y mucho antes de las guerras. La vida le había dado golpe tras golpe y le había enseñado lo suficiente.  

—No lo entiendes —escuchó llorar a Pietro una vez en su tiempo con los vengadores—. Nunca vamos a ser libres de Magneto. Incluso si muriese, todavía seguiríamos atados a él. 

Logan abrió la heladera, encontrándose con las sobras de la cena. No era suficiente, ¿pero cuándo era suficiente para Maximoff? Bastaría para recuperar la pérdida de sangre y mantenerlo lejos de la inconsciencia hasta que pueda conseguir algo más o irse de la mansión. Agarró los tuppers con comida y comenzó su camino de vuelta a su habitación. El pasillo seguía igual de oscuro excepto por una pequeña rendija de luz que se escapaba del estudio de Charles. 

—Sé que estás ahí —habló Charles en su mente—. Pasa, Logan.  

Frente a un viejo tablero de ajedrez, Charles acomodaba las piezas una por una.  

—Tuviste visitas —dijo Logan. 

—No soy el único. 

Malditos telépatas. Posiblemente sintió la mente de Maximoff una vez que se adentró en los terrenos de la escuela. 

—A diferencia de ti —dijo Charles invitándolo a sentarse—. Peter sabe mantener su mente oculta. Tal vez deberías aprender algo de él. 

Logan decidió quedarse de pie a un lado del asiento. 

—¿Qué quieres, Charles? —preguntó. 

Charles solo lo miró, tal vez rebuscando por más información. 

—Ten cuidado con él —dijo. 

—No lo necesito — dijo Logan—. Confío en él. 

Charles colocó la torre blanca en la esquina derecha. 

—¿Alguna vez escuchaste de Joseph Briggs? —preguntó. 

Logan negó.  

—Era un joven político —explicó Charles, colocando los peones negros uno al lado del otro—, un mutante.  

—¿Qué tiene que ver eso con Quicksilver? 

Charles le tendió una hoja del periódico. “Político pro-mutante sufre accidente automovilístico luego de sobredosis por fentanilo”.  

—¿Un político adicto muere y de repente es su culpa? —arrugó la hoja—. Ese no es su estilo. 

Logan dejó caer el papel en el asiento y caminó a la puerta. 

—Solo te pido que tengas cuidado —dijo Charlas, poniendo la última pieza que quedaba en el tablero: la reina negra—. Peter sigue siendo el arma más peligrosa en el arsenal de Erik. 

Logan puso la mano en el picaporte. Lo sabía. 

—Buenas noches, Charles— se despidió saliendo del estudio. 

—Buenas noches, Logan. 

El silencio de la mansión se sintió aún más pesado y el pasillo parecía alargarse sin final, ahogando a Logan con sus pensamientos. Logan era un hombre simple, de rutina e instintos, pero seguía siendo humano y el tiempo le había enseñado sobre desconfianzas y traiciones. Al final del día, la daga podía venir de cualquier dirección.   

Se apoyó en la puerta de su habitación, escuchando como revolvían sus cajones y movían los muebles. Abrió la puerta. Peter estaba acostado en la cama con la vista en el techo, la camisa roja que le quedaba de vestido y las frazadas manchas de sangre a pesar de que gran parte de sus heridas ya habían cerrado.   

—Ya te estabas tardando —dijo, incorporándose en la cama.

Logan tiró los recipientes en la cama. Peter agarró uno y lo abrió.

—Ey, idiota —se quejó—. Te olvidaste de traerme un tenedor.

—Come con las manos —dijo Logan dejándose caer a un lado de Peter— o ve a buscarlo tú mismo.

Vio por el rabillo del ojo como Peter arrugaba la nariz y murmuraba insultos en ruso y un idioma que no reconocía.

—Puedes ser insoportable si te lo propones. 

Logan sonrió al oír eso y le dio la espalda. A su lado Peter comía en silencio. Se preguntó cómo sería vivir con él, dormir espalda con espalda y despertarse con Peter en sus brazos; tener una vida pacífica, lejos de toda la mierda de los X-Men y la hermandad; disfrutar noches como estas, estando cerca sin que ninguno intente dañar al otro. 

Algo frío tocó su rostro. Pasó una mano por su mejilla y vio que era el puré de la cena. Logan se dio la vuelta para ver a Peter tapándose la boca para no reírse.

—¿Qué es esto? —preguntó.

—¿Qué cosa? 

Logan gruñó.

—Esto en mi mejilla.

Peter gateó hacia él hasta tener su rostro frente a él.

—No sé de lo que hablas —dijo—. No veo nada.

La pequeña mierda se estaba burlando de él.

—Oh, hablas de esto.

El maldito de Maximoff le lamió la mejilla y tuvo el descaro de sonreírle con inocencia. 

—Te odio.

—Aww, yo también te amo.

Logan puso sus manos en los hombros de Peter y lo empujó contra la cama. La mirada de Peter se oscureció, excepto por un pequeño brillo de diversión que prevalecía. 

—¿Qué pasa, James? —preguntó envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros y acercandolo a su cara—. ¿Estás enojado? ¿O quieres que te dé un besito?

Logan gruñó sobre el hombro de Peter y mordió la clavícula con fuerza. El olor a crisantemos y nicotina le hizo cosquillas en la nariz y el sabor metálico de la sangre inundó su boca. Peter se estremeció debajo suyo. Enganchó los dedos delgados en el cabello de Logan y tiró de él con fuerza. Logan se resistió mientras pasaba una mano por su estómago, delineando el relieve de las costillas y sintiendo el diafragma contraerse con cada toque, y deslizó otra por su espalda. Se detuvo al sentirla húmeda y se levantó con ambas manos a los costados de la cabeza de Peter. Esperaba que ningún punto se hubiera abierto, suficiente trabajo le dio la primera vez. Cuando enfocó el rostro del velocista, se encontró con sus ojos vidriosos.  

—Te amo —repitió con un susurro.

A Logan se le cortó la respiración. 

—Muñeca —rogó—. Por favor.

—¿Por favor qué? —preguntó Peter acariciando su mejilla sucia.

Logan apoyó su frente contra la de Peter y abrió la boca para decir algo, pero, durante el tiempo que le tomó formular la frase en su cabeza, Peter desapareció y él cayó contra el colchón vacío. 

Entiendo —habló Quicksilver en alemán desde el otro lado de la habitación—. Estaré allí, no te preocupes. Sí, lo sé. Yo también te amo, papi.

Alejó el celular desechable del oído y volvió a verlo. Ninguno dijo nada. Ya habían agotado todas las despedidas, disculpas y excusas que podían haberse dicho hace mucho tiempo. Quicksilver desapareció segundos después, pero Logan pudo sentir los vestigios de un beso en sus labios.

 

"Por favor, quédate” 

 

-

 

Como agua de entre los dedos

Se escapa de mi y se aleja

Dejándome apenas 

gotas de su sabor

 

—Mantente lejos de esto, Logan.

“Logan”. Peter nunca lo llamaba así, siempre por su verdadero nombre.

—Estas matando inocentes —gruñó Logan al agarrarle por el brazo.

—No eres nadie para hablar —dijo, tirando con fuerza para soltarse—. Tú mismo has matado inocentes. Tienes las manos tan manchadas como yo.

—No, yo combatí en guerras —replicó—. Ahí no existen los inocentes.

La cara de Peter se retorció de dolor por un segundo para ocultarse tras la máscara de indiferencia y aburrimiento que usaba con todos. Logan no sabía que dolía más; Peter usando su nombre actual o él ocultándose enfrente suyo, pero estaba seguro que el ardor en su pecho era una tortura. 

—Te equivocas —dijo con voz calmada y sin rastro de su acento—. La guerra es un juego de poder. Los fuertes atacan a los débiles y los débiles siempre terminan siendo los inocentes. 

Peter puso un dedo acusatorio en su pecho.

—Fuera de toda tu mierda de “yo luché en la guerra”, ¿alguna vez te preguntaste qué ocurre con las familias, los hijos? —preguntó con odio en cada palabra—. ¿Alguna vez pasó por tu cabeza saber que pasa con las mujeres y niños de los países invadidos o la mierda que hacen los mismos soldados que luchan por su país? 

Logan se mordió la lengua.

—Las balas no solo son para los campos de batalla y las bombas nunca terminan afectando a los que deberían. 

Peter se alejó, apoyándose en el balcón. Su vestido rojo apenas se despegaba de su cuerpo curvilíneo y el pelaje de su estola se mecía con el viento. Logan sacó un cigarro del bolsillo de su traje barato y lo prendió. Le dio una calada profunda y se permitió sentir el sabor antes de pararse al lado de Peter. 

—A veces me olvido de lo hermoso que eres —susurró, tendiéndole el cigarro.

Peter lo agarró con suavidad y se lo llevó a los labios. Sus hombros se relajaron y un pequeño aro de humo salió por su boca. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa cansada, provocando que el pecho de Logan se apretujara. Él lo olvidaba más seguido de lo que debería. 

—Hablo en serio, James —habló Peter, recostándose en su pecho y mirándolo a los ojos—. No quiero que salgas lastimado.

Era un cobarde. Al final del día siempre lo sería cuando se trataba de Peter.

—No debías preocuparte —respondió en vez de decir todo lo que quería y sacó sus garras para hacer un punto—. Soy inmortal. 

Peter agarró su mano y comenzó a acariciar los nudillos, pasando la punta de su dedos por la unión de la piel y el metal y acariciando el filo con cuidado. 

—Hay más forma de salir herido que con una bala en la cabeza o una espada en el corazón, Jimmy —habló—. Eres inmortal, más no invencible —Levantó su mano, haciendo énfasis en las garras—. Y estas son la prueba de eso.

Había momentos donde Peter le recordaba al gato de Cheshire, apareciendo y desapareciendo de un lugar como si siempre estuviese allí y a la vez como si nunca hubiese estado; poseyendo una sonrisa para cada ocasión en la que se encontrase; y pasando de los chistes y las travesuras a decir las cosas más profundas. Otras veces se parecía más a una muñeca rota y abandonada, hermosa y sin emociones notables, permitiendo que hagan lo que quieran con él y que lo hieran sin quejarse. Eran los momentos en los que esas dos facetas se mezclaban los que lo asustaban, le recordaban lo pusilánime que era al observar a Peter destrozarse más y más sin hacer nada. 

Logan pasó una mano por su espalda y envolvió un mechón de cabello largo y rizado entre sus dedos; era suave y brillante, tal y como Peter cuando se alejaba de la sombra de su familia.

—Dentro de poco comenzará la subasta —dijo Peter, dándose la vuelta en su dirección. 

Cierto, esa era la razón por la que estaban ahí. Peter, o Priscila Eisenhardt en esta ocasión, estaba llevando a cabo una subasta con su nueva colección de pinturas. Por eso había tenido que recorrer la ciudad a último momento en busca de un traje decente después del estado en el que había terminado el anterior. 

Peter tiró del cuello de la camisa de Logan para obligarlo a bajar y juntó sus labios en un beso fugaz. Todo era rápido con Peter, inclusive los besos. La puerta del balcón se abrió al mismo tiempo que Peter se separaba de él. 

—Ter, te estábamos buscando —dijo Wanda —. Ya es hora.

Peter asintió y la siguió hasta adentro. Logan solo pudo quedarse en su lugar viendo el mechón de cabello rojizo escurrirse por sus dedos como sangre y saboreando el lápiz labial restante de sus labios. 

 

-

 

—¿Qué creen que está planeando? —preguntó Cyclops.

Logan le dio una calada a su cigarrillo. Estaban en medio de una misión a plena luz del día, vigilando un estúpido concierto lleno de adolescentes hormonales que le daban migraña. En un extremo de la multitud se podía apreciar la cabeza plateada de Quicksilver moviéndose hacia el escenario. 

—No sé, pero su presencia es señal de malas noticias —respondió Storm.

—Tal vez solo vino al concierto como una persona normal —sugirió Nightcrawler.

—¿Con el traje que usa con la hermandad? —Cyclops comenzó a hacerse paso a empujones por la multitud—. Como sea, sigámoslo. 

Logan tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó antes de seguir a los mocosos dentro de la multitud sudorosa. Se cuestionaba su permanencia en los X-Men mientras empujaba a las personas a su alrededor. ¿Debería volver a su trabajo como mercenario? ¿Quicksilver volvería a acompañarlo si lo hiciera? Un codo puntiagudo se clavó en su costilla y un pie le golpeó los talones.  

Al carajo, al final del día terminaba siendo la misma mierda: golpes, alguna muerte ocasional y sexo violento y lleno de adrenalina. 

—Deberíamos estar atentos —dijo Jean—. Debe haber otro miembro de la hermandad por los alrededores. Quicksilver nunca se mueve completamente solo

Cyclops soltó un quejido exasperado.

—Uno ya es suficiente peligro, pero dos…

—Solo espero que no sea de la hermandad original —habló Nightcrawler, deslizándose con agilidad—. No quiero tener que pelear con mi madre o con Sabretooth… él me da escalofríos. 

Logan buscó a Quicksilver con la mirada. El hombre había desaparecido tras una puerta al lado del escenario. Trataron de avanzar más rápido, pero la multitud parecía volverse más densa a cada segundo y los empujaban para atrás. 

—Jean, ¿puedes abrirnos camino? —preguntó Cyclops. 

Jean asintió y cerró los ojos por un momento para concentrarse. Cuando los abrió, la gente se movió unos centímetros para dejarlos pasar.

—Vamos —ordenó Cyclops.

Corrieron hasta la puerta. Había un guardia tirado en el suelo con sangre debajo de la cabeza y un matón apoyado en la pared lleno de moretones y un brazo retorcido.

—Todavía están vivos —aclaró Jean.

Nightcrawler asintió y agarró la manija para abrirla.

—Prepárense —dijo Cyclops.

Le hizo una seña a Nightcrawler y este abrió la puerta. Los camerinos estaban oscuros. Había personas desparramadas por todas partes y sangre bañando los muebles. En el fondo de la habitación una luz se escapaba por debajo de la puerta del baño de mujeres. Cyclops se puso el dedo índice en los labios y apuntó a la puerta. La música de afuera ocultó sus pasos y el ruido de la puerta abriéndose, pero también los gritos de agonía del hombre atado a la silla, quien, por las escamas en su pecho cortado, se trataba de un mutante. Jean dio un paso atrás tapándose la boca y Kurt dejó escapar un quejido de repulsión y miedo.  

—¿Enserio pensaste que saldrías impune? —preguntó Quicksilver, clavando su daga en los testículos del hombre.

El mutante gritó algo inentendible y Quicksilver movió la daga lentamente al retirarla. Storm se puso en posición de pelea, pero sus ojos reflejaban miedo.

—¡Detente! —gritó Cyclops, disparando un rayo de advertencia. 

Quicksilver se dio la vuelta con una rapidez aterradora. Sus ojos brillaban como los de un demonio y su boca estaba bañada en sangre.  

—¿Ahora dañas mutantes, Maximoff? —preguntó Cyclops, tratando de no sonar asustado, pero Logan podía oler el miedo en el aire.

Quiksilver gruñó y se abalanzó contra ellos. Logan apenas pudo empujarlos lejos del camino gracias a sus instintos. El movimiento brusco les hizo perder de vista a Quicksilver, quien dio una patada por encima de sus cabezas, rompiendo la pared y dejando una ventana al exterior. Logan sabía que se trataba de una amenaza, pero no pudo evitar el escalofrío que recorrió su cuerpo, agudizando sus sentidos y llenándolo de adrenalina. 

—No me estorben —ordenó Quicksilver—. No saben en lo que se están metiendo. 

—¡Estás dañando mutantes inocentes! —gritó Jean—. No podemos dejar que continúes con esto.

Los ojos de Quicksilver se entrecerraron en una expresión fría. Storm dio un paso adelante con los ojos y las manos brillando, entre tanto Nightcrawler se teletransportaba a espaldas de Quicksilver y Jean levitaba objetos cercanos para usarlos como armas. Logan sacó sus garras con la vista fija en el velocista. 

—Ustedes los héroes son tan estúpidos —se escuchó el eco de su voz mientras se movía por la habitación a gran velocidad.

Storm fue la primera en atacar, seguida por Cyclops y Jean. Quicksilver no devolvió los golpes en ningún momento y se mantuvo esquivando a Nightcrawler, quien intentaba teletransportarse cerca de el velocista y atraparlo. Poco a poco se fueron trasladando a un campo vacío detrás del escenario.

—Me estoy empezando a hartar de esta mierda —dijo Quicksilver esquivando las garras de Logan—. Jelanó, controla a tus mocosos o lo haré yo.

Cyclops disparó un rayo a Quiksilver, pero este lo esquivó y lo arrojó lejos con una patada en el estómago. Jean corrió tras Cyclops y lo ayudó a levantarse. El resto se reagrupo a su alrededor y el velocista se detuvo frente a ellos. 

—¿Todavía no terminaste? —se escuchó una voz profunda venir detrás de ellos.

Logan se dio la vuelta. Víctor estaba parado con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo.

—Surgió un pequeño inconveniente— Quicksilver apareció a su lado—. Apenas empezaba cuando aparecieron. 

Sabretooth mostró sus colmillos con una sonrisa torcida. Storm y Jean levitaron a centímetros del suelo, preparándose para una pelea a distancia y Cyclops, Nightcrawler y Logan se pusieron en guardia.

—Yo me encargo de ellos —dijo Victor caminando hacia ellos con la lentitud de un depredador—. Tú ve a hacer lo tuyo. 

Quicksilver asintió. Acomodó las tiras del chaleco de cuero, chamuscadas por los láseres de Cyclops, y salió en dirección al escenario. Sabretooth se lanzó hacia ellos con las garras apuntando a sus cuellos y Logan avanzó para detenerlo. Detrás suyo escuchó a Kurt desaparecer y un láser rojo rozó su hombro en el camino al pecho de Víctor. 

—¡Vete al carajo, azulito! —Quicksilver gritó a la distancia.

Logan vio por el rabillo del ojo como Nightcrawler mantenía a Quicksilver lejos del hueco del baño, teletransportándose por su alrededor y a ambos lejos cada vez que lograba escapar de su distracción. Logan sonrió al ver el rostro exasperado del velocista. La pequeña mierda se lo merecía después de haberlo encerrado en aquel baño público la noche anterior. 

Algo pesado lo tiró al suelo. Era un pedazo de escombro.

—Lo siento —dijo Jean desde el cielo.

Logan rodó por el suelo, esquivando el pesado pie de Sabretooth que se dirigía a su cabeza. Mierda. Estaba distraído. Se puso de pie y clavó una de sus garras en el hombro derecho de Victor, cortando nervios y ligamentos antes de que pudiera atravesar el estómago de Cyclops. El brazo de su hermano cayó inmóvil. Logan vio a Jean usando sus poderes para atacar y a Storm haciéndoles señas para que se alejaran. Agarró a Cyclops por el cuello de la camisa y lo alejó a tiempo para que un rayo cayera encima de Sabretooth. El olor a azufre, carne quemada y tormentas inundaba el ambiente. El cielo comenzaba a llenarse de nubes negras y cada parte de su cuerpo dolía mientras se recuperaba de sus heridas. A sus espaldas un grito desgarrador resonó como un relámpago.

Quiksilver estaba tirado en el suelo. El cuero de sus botas había sido atravesado y la piel debajo estaba al rojo vivo. A su lado Nightcrawler se preparaba para teletransportarlos y enfrente el tipo de la silla tenía un líquido rojizo saliendo de su boca y quemando el pasto en el que caía.

—Maldita, zorra —gruñó acercándose—. Debí haberme encargado de ti desde un principio.

Un sollozo salió de la boca de Peter. El hombre pareció juntar saliva en su boca y la escupió en su dirección. Sin embargo, Nightcrawler logró teletransportarlos a tiempo y el ácido quemó el sitio vacío.  

Los buscó con la mirada. Kurt apareció a unos metros de ellos cargando a Quicksilver en posición nupcial y lo depositó con suavidad en el suelo. Bien. Un problema menos a cambio de otro. El equipo se tensó, viendo al tipo caminar hacia ellos y Víctor ponerse de pie mientras su piel se regeneraba. Sin embargo, a pesar de que la situación ya era lo suficiente mala con Peter parcialmente incapacitado, Sabretooth a unos centímetros de ellos y un mutante que escupía acido tratando de matar al velocista, una fina barra de metal cayó del cielo junto a Magneto y se enrolló alrededor del cuello escamoso.

—¿¡Cómo te atreves!? —rugió Magneto y toda la estructura del escenario tembló—. ¡Primero te aprovechas de los tuyos y ahora dañas a mi hijo! Eres una vergüenza para nuestra especie. 

El metal se apretó contra la piel y se metió por debajo de las escamas, destruyendo la garganta del mutante. 

Peter se levantó tambaleando y con torpeza caminó hasta su padre. Magneto liberó el cadáver del hombre y se volteó a tiempo para atrapar a Peter entre sus brazos.

Mi pequeño colibrí —dijo en alemán, acunando el rostro de Peter—. Ve a buscarlos.

Magneto besó la frente de su hijo y lo dejó iniciar su camino al interior del escenario. Kurt estaba paralizado bajo la mirada de Magneto y Sabretooth retomó su confrontación con los X-Men, pero Logan decidió ignorar la pelea para seguir a Peter.

 

Es dulce como la tuna

Por dentro su miel me brinda

Por fuera me pincha

Si la quiero tener

 

Si había algo en lo que padre e hijo se parecían era en la dualidad de su personalidad, en las máscaras que se apoderaban de ellos. Quicksilver era letal y frío, pero Peter era cálido y juguetón al igual que Magneto era sanguinario y despiadado y Erik era suave y protector. Le había tomado mucho tiempo entender eso y poder separar ambas personalidades, pero cuanto más pasaba con Peter, más lograba darse cuenta de los restos de la persona que alguna vez fue, ocultos en el fondo de su corazón.

Logan se abrió paso por un largo pasillo construido debajo del escenario, agachando un poco la cabeza para no chocar con el techo. Al final de este, una puerta de metal separaba una habitación inundada de jaulas y cadenas del resto del mundo.

—Shh, tranquila —Peter abrazaba a una niña rubia—. Todo estará bien. Lo prometo.

A su alrededor un infante de ojos rosa y cola de cerdo se chupaba el dedo y un grupo de preadolescentes ayudaba al resto a salir de las jaulas.

—Todo está bien —susurró sobre su cabello antes de soltarla—. Ahora quédate aquí mientras saco al resto.

La niña asintió con tristeza. Peter sonrió y se levantó con cuidado de que nada roce con su herida.

—Mílyî— llamó dirigiéndose a la siguiente jaula—. Ayúdame a liberarlos.

Logan asintió y se dirigió a la pared opuesta, donde una niña morena tenía grilletes alrededor del cuello y las manos. Sacó sus garras y con un golpe limpio cortó las cadenas y rompió los circuitos. La pequeña corrió a abrazarlo, murmurando cosas en español. Logan se quedó inmovil y miró al rostro de la niña. Le recordaba a Laura a pesar de no parecerse en nada y eso lo hizo llenarse de una ira ciega, instintiva.

—¿Qué es todo esto? —preguntó.

—Traficantes —respondió Peter, abriendo otra jaula con una llave maestra—. Un grupo de mutantes comenzó a secuestrar a mutantes y brujas para venderlos en el mercado negro. Hoy era el día de la reunión con los compradores.

—Iban a utilizar el concierto para sacar a los niños sin que nadie se diera cuenta —completó Logan.

—Todavía quedan personas por encontrar, pero al menos los responsables ya no podrán lastimar a nadie más.

Logan recordó los cuerpos en los camerinos y a los políticos muertos.

Había una razón por la cual no interferían en el trabajo del otro. Siempre había una razón detrás de todo y un plan meticuloso. Se respetaban y aceptaban sus decisiones. Gracias a eso funcionaron tan bien durante los años que trabajaron juntos.

—Si fueras parte de los x-men podríamos haberte ayudado —dijo Logan.

—Eso jamás pasará, James —dijo cortante.

“Lo sé”, pensó Logan.

—Aun así tienes las puertas abiertas de la mansión si un día quieres ayudar a las personas mejor de como lo haces ahora.

—¿Y morirme de aburrimiento, siguiendo las estúpidas reglas de los héroes? —Peter levantó al infante con cola de cerdo—. No, gracias.

 

Arisca como ninguna

La sin corazón se llama

Como un picaflor

Revoloteando se escapa

 

Sacar a una docena de niños pequeños y traumatizados no fue fácil, pero al salir fueron recompensados con sus sonrisas ilusionadas al sentir el calor del sol. Fuera, Magneto y Sabretooth observaban a los X-Men derrotados, seguramente esperando a Quicksilver para irse.

—¡Logan!— gritó Jean desde el suelo.

Todos se voltearon a verlos. Los niños más pequeños se escondieron detrás de ellos y los mayores se prepararon para atacar.

—Bien hecho, Quicksilver— dijo Magneto acercándose y colocando una mano en el hombro de su hijo.

Peter sonrió levemente antes de mirar a los X-Men.

—Ustedes— habló—, encárguense de los mutantes. Nosotros nos encargaremos de devolver a las brujas a su aquelarre.

—¿Qué? —preguntó Cyclops.

Quicksilver lo ignoró y volteó hacia los niños. 

—Vayan con los héroes —ordenó con tono firme—. Ellos los devolverán a sus familias. Y ustedes— señaló a un pequeño grupo de chicas de entre 10 y 13 años—, se quedan conmigo.

Las niñas asintieron. 

—Llévatelas, papi —le dijo a Magneto—. Yo iré con ustedes apenas termine con algo.

Magneto guió a las niñas lejos del lugar junto a Sabretooth. 

—Los estaré vigilando —dijo Peter mirando a Jean—. Si me entero que les pasó algo, incluso lo más mínimo, iré a la mansión y destrozaré cada extremidad de sus cuerpos para que sufran lo que estos niños sufrieron.

Jean tragó saliva, pero prometió que se aseguraría de que llegaran a sus casas sanos y salvos.

—Y tú —señaló a Logan—. Cuidate.

Ni un segundo después Peter lo estaba besando con fuerza. Logan pasó una mano por la cadera del velocista y la otra la enterró en su cabello, profundizando el beso. Contó los pocos segundos que duró, memorizando cada momento, y al separarse Peter ya se había ido. 

Como siempre, lo dejó solo con la esperanza de un próximo reencuentro y el sabor de sus labios aferrado en su memoria. 

Notes:

Vocabulario (según lo que pude encontrar en Google):
Jelanó: amante en caló/romaní.
Mílyï: querido en ruso.

No es mi mejor trabajo, pero estoy satisfecha. Si tienen alguna critica constructiva que aportar, estaría agradecida de recibirla.
Gracias por leer y que tengan un hermoso día.

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