Chapter Text
-Me estoy riendo tanto que creo que estoy driblando un poco -dijo Malfoy desde debajo de la mesa.
-Lo siento -dijo Harry-. ¿Podrían... podrían tal vez explicarlo de nuevo? ¿Para que tenga sentido esta vez?
Miró con una creciente sensación de desesperación a Kingsley Shacklebolt y al ex profesor Slughorn. Estaban sentados en la punta de la mesa de la sala de juntas, Slughorn pareciendo levemente satisfecho con él mismo y usualmente benévolo. Shacklebolt parecía sombrío, pero Shacklebolt siempre parecía sombrío.
Cinco minutos antes, Harry había pensado que tal vez recibirían un elogio por el caso de Gringotts, pero Slughorn había estado sentado con Shacklebolt cuando entraron, y luego Malfoy había echado un vistazo a los cuadros genealógicos y se había deslizado de su silla, riendo como una hiena.
Shacklebolt frunció el ceño.
-Ya pasamos por esto, Potter.
-Sólo una vez más -dijo Harry desesperadamente.
-Por supuesto, mi querido muchacho -le dijo Slughorn, sonriendo con placer-. Me doy cuenta de que esto puede sorprenderte, pero nuestras investigaciones llevan algún tiempo en marcha y estamos bastante seguros. Tu madre Lily Evans no era, como todos habíamos creído anteriormente, de pura estirpe muggle. Uno de sus antepasados fue una Veela.
La risa de Malfoy llegó con renovado vigor desde debajo de la mesa. Harry le dio una patada en las costillas.
-Miren -dijo-. Seguramente hay algún error...
-Oh, no -dijo Slughorn afablemente-. De hecho, explica muchas cosas. Un chico sangre pura como James Potter, con prejuicios o no, bien se podría haber esperado que se mantuviera alejado de una chica nacida de muggles. Sin embargo, la persiguió durante cinco años, como dice el dicho, como si fuera un muchacho en su primer viaje a Hogsmeade y ella llevara Honeydukes en sus bragas.
-¡Porque él la amaba! -gritó Harry-. Y... ¿y quién dice eso, de todos modos? ¡Yo no digo eso!
-Oh, sí -dijo Slughorn, de una manera elegante y satisfecha.-. Él la amaba. Y Peter Pettigrew la amaba, y Sirius Black la amaba, y Remus Lupin la amaba. Y Regulus Black la amaba, y yo mismo la anhelaba, y Severus Snape también estaba poseído por una pasión secreta por la encantadora Lily. ¿No te parece un poco extraño ese catálogo de amantes? Es prácticamente un pase de lista.
-Su pasión no era tan secreta, señor -dijo Malfoy desde debajo de la mesa.
-Cállate, Malfoy, Dios, no estás ayudando -espetó Harry-. Bueno, yo... mi madre era un buen partido, supongo... yo... ¿En serio, el profesor Snape?
-Sospechamos que incluso el propio Quien-Tú-Sabes, tan pronto como vio a Lily supo que debía hacerla suya. Por eso le ofreció la oportunidad de hacerse a un lado, esa noche en el Valle de Godric. Su deseo de llevarse a tu madre a un dulce palacio azucarado de carnalidad fue, al parecer, su perdición.
Slughorn asintió casi con tristeza para sí mismo, como si Voldemort fuera más digno de lástima que de culpa.
-Dulce... Ugh -dijo Harry-. Ugh.
-Hemos investigado esto a fondo, Harry -le aseguró Slughorn-. Fui a visitar a tus familiares, a quienes tengo entendido no has visto en seis años...
-Dudley no es parte Veela -dijo Harry rotundamente. Eso no podría ser, o en definitiva el mundo se desmoronaría.
-Un joven muy agradable -dijo Slughorn-. ¡Qué físico! Pero claro, la sangre Veela fue aún más evidente en tu tía Petunia. Tiene el pelo rubio y el cuello de cisne de las Veela, nunca vi a un muggle con una cepa tan fuerte de sangre Veela en ellos. Tu tío Vernon es un hombre con suerte. Las Veela, por supuesto, a veces pueden ser un poco duras en el lecho conyugal, pero con sus salvajes ministraciones se llega a un éxtasis inimaginable...
Malfoy aulló riéndose.
-Basta -dijo, y Harry lo escuchó golpeando el suelo con los puños-. No puedo soportarlo. Es demasiado divertido. Podría hacerme en los pantalones.
-Sí, basta -dijo Harry débilmente, tratando de desterrar las imágenes mentales-. Hum... está bien... bueno, no tengo la intención de volver a ver a mi familia, y no planeo tener hijos, así que no creo que eso importe. Ya me lo dijeron, y algún día Malfoy podría dejar de hablar al respecto ...
-No cuentes con eso -advirtió Malfoy.
-... y luego yo puedo continuar con... olvidar que toda esta conversación sucedió -dijo Harry-. Gracias. Adiós.
-Siéntate, Potter -ladró Shacklebolt-. Hay más. Dios nos ayude a todos -añadió tras un pensamiento del momento.
Malfoy hizo un suave sonido de alegría en la alfombra.
-Otra cosa, de la que ya te habrás dado cuenta, es que el propio Quien-Tú-Sabes tenía una cepa Veela -dijo Slughorn-. Su belleza y carisma tuvieron mucho que ver con los orígenes de su ejército, y, por supuesto, sus artimañas Veela esclavizaron a algunos seguidores leales como Bellatrix Lestrange hasta el final.
Harry recordó a Tom Riddle en el Pensadero. Supuso que había sido bastante agradable a la vista. Si te gustaban altos, morenos y dementes.
-Y creo que sabes que cuando el hechizo de Quién-Tú-Sabes sobre ti fracasó, él te transfirió parte de sus poderes -continuó Slughorn, como si estuviera dando una conferencia en un salón de clases con un brillo especial para su estudiante favorito-. Como la lengua Pársel. Y los atrevidos y lascivos encantos de Veela.
-¿Cómo dijo? -dijo Harry.
-Dije, atrevidos...
-¡Escuché lo que dijo! -gritó Harry-. Nunca había escuchado algo tan estúpido en mi vida.
-Considera, Harry -dijo Slughorn-. Que yo mismo lo supe en el momento en que te vi, aunque, por supuesto, el hecho de que eras un estudiante bajo mi cuidado hizo imposible para mí expresar plenamente la profunda apreciación... Bueno, bueno, quizá luego. Seguramente ya ves, Harry, que con tus propios poderes Veela sumados a los de Quien-Tú-Sabes, te convertiste en una criatura poderosamente seductora.
Harry ya estaba a una mesa grande de distancia de Slughorn, pero movió su silla de todos modos de mero y puro horror.
-Casi no hay ningún Veela masculino -continuó Slughorn, mirando a Harry soñadoramente- y por supuesto tu propia magia fuerte inconscientemente mejora la cepa Veela. Motivo por el cual, incluso cuando eras joven, tenemos informes de personas muy sensibles siendo gravemente afectadas... la pobre joven Ginny Weasley, por supuesto, y un pequeño individuo llamado Colin Creevey...
-¿Qué? -dijo Harry-. ¿Qué?
-Y cuando tu sexualidad... -Slughorn hizo rodar la palabra en su lengua como un dulce- ...se volvió más completamente desarrollada, hubo una gran sensación en la escuela, ¿no?
-Estoy seguro de que no sé a qué se refiere -dijo Harry con frialdad.
-Las mujeres se agolpaban en el campo de Quidditch cuando practicabas -le recordó Slughorn-. Manadas de mujeres siguiéndote hipnotizadas por los pasillos. Seguramente no pensaste que ese era un comportamiento normal.
-Uh -dijo Harry.
-¿Alguna vez has sentido una pequeña cosa arañando y gruñendo en tu pecho cuando estabas en una situación sexual? -preguntó Slughorn, como si estuviera preguntando si Harry tomaba leche en su té.
-Eh -dijo Harry.
Slughorn asintió con satisfacción.
-Esos serían tus poderes Veela tratando de manifestarse.
-Manifestarse -dijo Harry, y comenzó a entrar en pánico un poco-. ¿Cómo, hum, cómo lo hacían las Veela? ¿Con alas y... y picos y esas cosas? ¿Voy a hacer eso?
Nunca volvería a tener sexo de nuevo.
-Digan que le va a crecer un pico -dijo Malfoy a modo de súplica desde debajo de la mesa-. Digan que todos vamos a verlo equilibrar sus gafas sobre un pico. Hagan mi vida completa.
-No, no -dijo Slughorn-. Me imagino que el pequeño monstruo en tu pecho debería seguir siendo sólo un sentimiento. Y lo bastante suficiente también. No, ese no es el problema.
Harry se agarró a la mesa.
-¿Cuál es el problema?
Slughorn sonrió benéficamente.
-Dime, mi muchacho -dijo-. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste intimidad sexual con alguien?
Harry miró fijamente.
-Me niego rotundamente a responder esa pregunta. Soy... soy un adulto y estoy en mi lugar de trabajo, y... y ese es un asunto completamente inapropiado para preguntarme...
-¿Ha pasado tanto tiempo? -murmuró Shacklebolt.
Harry redirigió su mirada fija.
-¿Qué?
-Nada -respondió Shacklebolt.
-Han pasado once meses -anunció Malfoy alegremente-. Desde la fiesta de Navidad.
Harry sintió que se sonrojaba ante los interesados ojos de Slughorn.
-Te lo dije en confianza -murmuró.
-Todo el mundo lo sabe -dijo Malfoy-. Fue en la fiesta de Navidad.
Shacklebolt asintió.
-Es muy cierto. Me conozco.
-Oh, Dios mío -dijo Harry, y resistió la tentación de poner su cabeza entre sus manos.
Slughorn formó una pirámide con sus dedos y miró fijamente a Harry.
-Bueno, eso explica todo -declaró-. Once meses es mucho tiempo para cualquier joven, especialmente para un espécimen como él que tú eres. Realmente, no debes permitir que tu dedicación a tu trabajo interfiera con tu deber de darte un capricho... y, si se me permite decirlo, dar placer a los demás.
Harry se encogió. La mirada de Slughorn acarició sus bíceps.
-Tienes veintitrés años, ¿no? -preguntó Shacklebolt enérgicamente.
Harry asintió débilmente y Slughorn pareció complacido.
-¡Una madura edad legal excelente! -dijo alegremente-. En la que la mayoría de los jóvenes tienen intimidad regular, o al menos aprovechan la mayoría de las oportunidades que se les ofrecen. Por supuesto, la mayoría de los jóvenes no son parte Veela, y sus sentimientos de frustración sexual no tendrán consecuencias.
-No estoy sexualmente f... ¿Qué consecuencias?
-Considera esto -dijo Slughorn-. A la edad de dieciséis años, causaste estragos en Hogwarts y luego te conseguiste una novia. Lo que fue afortunado, ya que probablemente evitó una refriega. ¡Oy, mi muchacho, las personas habían perdido sus sentidos! ¡Te estaban dando pociones de amor!
Ahora que Slughorn ponía las cosas así, todo empezó a sonar un poco raro.
-Fleur Delacour, aunque tiene menos poder Veela que tú y además está entrenada, causó muchos de los mismos estragos cuando visitó Hogwarts a la edad de diecisiete años. Sin embargo, la señorita Delacour se casó cuando tenía veinte.
-No me voy a casar -dijo Harry con fuerza.
-No, no, mi querido muchacho. Ni se me ocurriría sugerirte que te ates de esa manera. ¡Siéntete libre de explorar el mundo y todos sus placeres carnales! -dijo Slughorn-. Pero búscate una pareja o parejas sexuales regulares, o habrá consecuencias. Tus poderes ya están empezando a manifestarse muy dramáticamente. ¿Escuché que Lisa, la recepcionista, se desmayó ayer en tus brazos?
-¡Fue un día caluroso!
-Es noviembre -señaló Malfoy.
-Yo sólo -dijo Harry-. No puedo escuchar más de esto. O mi cerebro va a explotar. Hum, y no creo que pueda ordenarme que tenga... que sea... No me importa si usted es mi jefe, no tiene ni voz ni voto en mi privacidad -dijo evitando los ojos ávidos de Slughorn y dirigiéndose a Shacklebolt.
-Por supuesto que no -canturreó Slughorn-. Sólo queríamos darte una advertencia, eso es todo...
-Considérenme advertido -espetó Harry-. Vamos, Malfoy.
Malfoy salió de debajo de la mesa. Había pelusa de la alfombra en su cabello, su rostro estaba rosa radiante de risa, y todavía parecía muy divertido.
-Nunca me llaman a la oficina para que las personas puedan decirme que tenga más sexo -dijo-. La vida es muy injusta.
***
Harry no estaba acostumbrado a recibir malas noticias de la oficina del jefe. Incluso cuando había pensado que estaba por recibir malas noticias, una vez antes, las cosas habían salido bastante bien.
Eso fue cuando tenía veinte años, todavía en el borde de violencia salvaje que había tenido que superar después de matar a Voldemort, todavía tratando de sobrellevar la ausencia de Ginny y el motivo de la misma, y encima de todo eso preocupado por su trabajo. Sabía que no estaba yendo bien y no podía entender por qué. Había pasado todas las pruebas con gran éxito, pero en la práctica todo parecía estarse desmoronando.
Esa era la única cosa que alguna vez pensó que podría hacer. Voldemort se había ido, Ginny se había ido, y esto tenía que funcionar.
-Francamente -había dicho Shacklebolt- no le deseo ninguno de los dos a nadie más.
-Eso no es justo -argumentó Harry-. No estoy... mire, sé que las cosas no son así, sé que he tenido algunos problemas, pero no soy como él. Él no es adecuado.
-Soy consciente de que ambos tienen una mala historia entre ustedes -dijo Shacklebolt.
-¡Sí! -dijo Harry-. Sí, la tenemos, y es por eso que realmente no creo que podamos...
-Tienes que superarlo -continuó Shacklebolt con calma.
Harry había pensado que ya lo había superado. Había aprendido la lección después del incidente conocido como el Incidente Donde Harry Potter Casi Pierde La Guerra Al Casi Matar A Severus Snape, Quien Tenía Información Vital, Un Horrocrux Y Resultaba Que Muy Probablemente Había Sido Inocente Todo El Tiempo. Para él, había sido una extraña lección aprender que personas realmente desagradables que lo odiaban podían, sin embargo, estar del lado correcto. Pensaba en el día en que aprendió eso como el día en que creció.
No había crecido el día que mató a Voldemort. Matar era simplemente matar. No le había enseñado nada, aunque eso lo había hecho sentir mejor en ese momento.
Con Snape había venido Malfoy. Harry había tenido demasiado que hacer para pensar en eso al principio, y luego la total comprensión de que infinitamente desagradable no significaba malvado lo había inquietado lo suficiente como para alejarse deliberadamente.
Malfoy había estado mayormente con los Mortífagos, de todos modos, recopilando información, aunque después de un tiempo Harry notó que Malfoy lo estaba evitando con la misma deliberación. Pasó un tiempo antes de que Harry pudiera verdaderamente aceptar su incómoda epifanía, y pasó aún más tiempo antes de que Hermione le dijera a Malfoy que Harry no había, esa vez en el baño en sexto año, planeado asesinarlo a sangre fría.
Para entonces ya estaban acostumbrados a evitarse el uno al otro. Funcionaban mejor de esa manera, y ciertamente si Harry alguna vez hubiera podido programar sus clases en la escuela para no volver a ver a un Slytherin nunca más, lo hubiera hecho. La vida adulta era así.
También había sido un shock cuando Malfoy estaba en el campo de entrenamiento de Aurores, pero Harry todavía había estado demasiado ocupado... estaban los estridentes sueños sobre la muerte de Voldemort, y ninguno de los Weasley, excepto Ron, le hablaban porque Ginny se había mudado a Francia para alejarse de él, y Ron estaba en el proceso de lenta e inexorablemente fallar en el entrenamiento de Auror.
No estaban en el mismo grupo de entrenamiento ni en el mismo dormitorio. Malfoy siguió siendo lo que siempre había sido: un rostro en una mesa diferente, haciendo una imitación para un grupo de otras personas partiéndose de risa. Malfoy, en muchos sentidos, fue el mayor anticlímax de la vida de Harry.
Hasta que Kingsley Shacklebolt llamó a Harry a su oficina y lo asignó como compañero de Malfoy.
-Pero él es... -comenzó Harry-. No es de confianza, y es...
Poco fiable fue la primera palabra que le vino a la mente. Malfoy siempre llegaba tarde al trabajo a menos que se hubiera puesto como una fiera y pasara la noche en la oficina, y seguía dejando escapar detalles sobre la magia oscura que ningún mago decente debería saber. Aquella vez que lo habían obligado a infiltrarse en el mundo muggle lo había dejado con una tendencia a tararear canciones muggles que volvían silenciosamente loca a toda la oficina y a menudo llegaba al trabajo usando jeans, aparentemente por completo imperturbable por todas las advertencias por estar mal vestido. Todos estaban intentando atrapar a un monstruo marino que aterrorizaba la costa, y la atención de Malfoy podía distraerse de las numerosas víctimas si el café se acababa en la cocina de la oficina.
Harry no sentía que agregar "básicamente horrible y odio su rostro" fuera el argumento que convenciera a Shacklebolt.
-¿Crees que tú eres confiable, Harry? -preguntó Shacklebolt-. Tus últimos cuatro compañeros insistieron en una transferencia, o dijeron que dejarían el servicio por completo. Una de ellos estaba convencida de que, después de un mes, no podías recordar su nombre.
Esa Annabella o Arabella o como sea que se llamara siempre le habían dado a Harry miradas desagradables, lo sabía.
-Tienes problemas de ira que preocupan seriamente a la junta y siempre eliges a un solo sospechoso y te aferras a tu idea como un bulldog y haces que todos los demás se vuelvan locos. Malfoy hace exactamente lo mismo. Lo mismo, excepto que noté – Shacklebolt hojeó un pergamino– que ustedes dos nunca antes han sospechado de la misma persona. Sin embargo, la mayoría de las veces alguno de los dos ha tenido toda la razón. Es sólo que es imposible saber cuál de ustedes tiene razón en un momento dado, y el resto del departamento está harto de ustedes dos. De ahora en adelante ustedes dos pueden discutirlo, y si vienen a mí y me dicen que ambos sospechan de la misma persona, te prometo que recibirán mi solemne atención.
-Pensé que ya tenía su solemne atención -dijo Harry.
-No, durante los últimos seis meses he descartado tus informes como desvaríos de un chiflado -le dijo Shacklebolt serenamente.
Harry dijo:
-Oh.
-Por favor, tenga en cuenta que esta es su última oportunidad, señor Potter -dijo Shacklebolt-. Tu imprudencia ha puesto en peligro a algunos de mis mejores hombres. Perdiste muchos fondos para el departamento después de que golpeaste al Ministro de Magia. Y si sigues gritando en las reuniones, creo que la señorita Bell podría tener un colapso nervioso.
Harry reprimió el pensamiento poco caritativo de que Katie Bell, por muy buena Cazadora y todo lo que había sido, era parecida a un ratón asustadizo.
-Señor -dijo, un poco desesperado-. ¿De verdad cree que estoy al mismo nivel que Malfoy?
Shacklebolt frunció el ceño.
-Por supuesto que no. Tú eres el salvador del mundo mágico y él es el despreciable engendro de un Mortífago.
-Bien entonces...
-¿Qué tiene que ver la moral con el funcionamiento eficiente de un departamento? -preguntó Shacklebolt-. Que tengas un buen día.
Harry había salido de la oficina de Shacklebolt porque parecía no haber otra opción, y se acercó al escritorio de Malfoy con enorme temor. Malfoy estaba en su escritorio, y observaba el acercamiento de Harry como si Harry fuera la primera oleada de soldados viniendo hacia él desde las trincheras.
-Mira -dijo Harry-. No me pueden despedir.
-Bueno, yo tampoco quiero que me despidan -espetó Malfoy.
-Oh, ¿en serio? -dijo Harry-. Tienes vocación, ¿verdad?
-En realidad no -dijo Malfoy arrastrando las palabras de una manera que trajo a Harry de vuelta a los buenos viejos tiempos de los días de escuela y el bueno, viejo y constante deseo de golpear a Malfoy en el rostro-. Tengo dos razones para no querer que me despidan, y una de ellas es que estoy condenado si me despiden antes que a ti.
-Malfoy, esto no es Quidditch -espetó Harry.
-Lo sé, hay todo este papeleo -dijo Malfoy-. Acerca una silla y muéstrame tu informe sobre el monstruo marino. El mío está ahí.
El de Malfoy era aproximadamente cuatro veces más grande que el de Harry, y Harry había olvidado cuánto la letra de Malfoy parecía los azotes de una araña borracha.
-Había olvidado que tu escritura parece estar a un paso de la pintura con dedos de un niño pequeño -dijo Malfoy, frunciendo el ceño ante las páginas.
Harry inició una asociación que requería respeto mutuo y civismo diciendo:
-Que te den.
Algunas páginas más tarde, encontró un pequeño dibujo en el margen del informe de Malfoy que mostraba al monstruo marino y un pequeño globo de diálogo que sale de su boca diciendo '¡Tiemblen ante mí! ¡Soy el terror de alta mar!
Casi sonrió y luego levantó la vista con temor de que Malfoy lo hubiera visto, pero Malfoy parecía absorbido en el informe.
-¿Ya no juegas Quidditch en absoluto? -preguntó Harry de repente-. ¿Jamás, quiero decir?
-A veces -dijo Malfoy, escribiendo algo sin duda burlón en el margen del de Harry-. ¿Tú?
-Cuando puedo -dijo Harry.
Al día siguiente, Harry entró y descubrió que Malfoy había pasado una de sus noches en vela y su escritorio estaba espectacularmente desordenado y cubierto con lo que parecía ser un proyecto de niños.
-¿Qué es esto? -preguntó Harry.
-Bueno, bien -dijo Malfoy, pegando palitos de paleta juntos-. Hay muchos monstruos marinos en el mar, como ya sabemos, ¿verdad? Y generalmente son tímidos y, ya sabes, no se comen pueblos enteros. Entonces (si me sigues hasta aquí) creo que el monstruo marino está siendo controlado. Sólo tenemos que descubrir por quién, y sé cómo hacerlo. ¡Todo lo que tenemos que hacer es preguntárselo al monstruo marino!
Miró a Harry con un rostro brillante y triunfante.
Realmente estaba loco.
-Oh, ¿preguntarle al monstruo marino? -dijo Harry-. Habla español, ¿verdad?
-No -dijo Malfoy, sus ojos brillando locamente-. Pero es el equivalente a un basilisco acuático. Y tú hablas Pársel.
Harry miró la banda elástica rota que pensó que representaba al monstruo marino, y dijo:
-Huh -luego sacudió la cabeza para recuperar la cordura y dijo- ¿Cómo se supone que vamos a interrogar a un monstruo marino como testigo de la defensa? Dejando de lado el hecho de que, oh, no lo sé, es un monstruo marino, ¿cómo lo atrapamos?
-Ajá -dijo Malfoy-. Para eso es esto.
Hizo un breve gesto hacia el proyecto de niños sobre el escritorio. Harry miró atentamente desde el rostro de Malfoy hasta el proyecto, y luego de regreso.
-¿Vamos a derrotar al monstruo marino con palitos de paleta? -preguntó.
Intentó recordar qué hacer con los locos. Todo lo que le vino a la mente fue complacerlos, y no realizar nada de movimientos bruscos.
Malfoy lo miró como si él estuviera loco.
-No -dijo-. Este es un modelo.
Harry miró el desorden de palitos de paleta y luego acercó una silla para sentarse. Dijo:
-Explícate.
Una hora más tarde estaban en la oficina de Shacklebolt. Malfoy no estaba siendo tan inteligible, ya que aparentemente se había comido todas las paletas que venían con sus palitos de paleta y estaba en el elevado nivel de azúcar de toda una vida.
Harry dijo:
-Mire, sé que suena como si estuviera loco, y posiblemente esté loco, pero a veces, créame, las locuras realmente pueden funcionar, y es posible que saliera del otro lado de la locura y se le haya ocurrido algo bueno, y todo lo que ciertamente tenemos que hacer es usar este pueblo de pescadores como cebo... Quiero decir, entiendo que las cosas podrían salir un poco mal...
Shacklebolt los miró, con el rostro sombrío e inexpresivo de siempre.
-Sé que me hice esto a mí mismo -dijo pensativamente-. Pero todavía duele.
***
-No lo haré. Cállate -dijo Harry.
-Sin embargo, te dieron órdenes -argumentó Malfoy, frunciendo el ceño ante el espejo del baño y sacándose la pelusa de la alfombra del cabello mientras hablaba-. Creo que perfectamente puedes poner a una prostituta a cargo de los gastos.
Un par de personas más salieron del baño a gran velocidad, lanzando miradas horrorizadas a Harry y Malfoy mientras avanzaban. Harry levantó una mano para protestar que él no tenía nada que ver con esta locura, pero nadie nunca creyó eso.
-No necesito contratar a una... Jesús, Malfoy, cállate -dijo Harry, viéndose enrojecer en el espejo y ceñudo.
-Oh, por supuesto que no, lo olvidé -dijo Malfoy, sonriéndose maniáticamente en el espejo-. Tú eres Harry Potter, Extraordinaria Veela. ¡Cuidado mundo, este no puede ser domesticado!
-Cállate, cállate, cállate.
-Sabes, creo que Slughorn te estaba haciendo ojitos un poco -continuó Malfoy con una expresión de inocencia perfectamente fingida-. Podrías tener una oportunidad. A menos que tengas miedo de que él sea demasiado hombre para ti.
-No puedo creer que no vayas a callarte -dijo Harry.
-¿Se fueron todas? -preguntó Malfoy, poniendo un rostro inquisitivo ante su reflejo.
-No -dijo Harry-. Aquí, déjame.
Malfoy se giró hacia él, su ceja izquierda y el lado izquierdo de su boca volaron hacia arriba en esa mirada torcida e inquisitiva que a veces tenía. Harry pasó los dedos por su cabello dos veces, y sólo dos veces.
-Todas se han ido -dijo-. Ahora pongámonos manos a la obra con trabajo real. Hoy interrogaremos a Dixon.
Malfoy brilló.
-Lo había olvidado.
Dixon fue el culpable del caso Gringotts. Había tomado como rehenes a algunos niños duendes y había pedido millones en oro por su rescate: cuando los duendes se negaron a traicionar sus principios, él los había masacrado a todos. Harry y Malfoy habían estado siguiendo su rastro durante semanas.
No era frecuente que tuvieran que hacer un interrogatorio. Shacklebolt solo les permitía hacerlo si todos estaban seguros de que el hombre era culpable y necesitaban una confesión rápidamente.
Dixon estaba en una de las celdas de detención de Aurores. Harry y Malfoy entraron silenciosamente.
-¡Shh, idiota! -siseó Malfoy- .¿Qué pasa si alguien escucha? Nadie puede saber que estuvimos aquí.
Dixon levantó la cabeza de la mesa y pareció extremadamente alarmado. Malfoy le sonrió brillantemente.
-Hola -dijo.
-No hables con él -ladró Harry-. No se lo merece. ¿Lo haces, pedazo de porquería?
Miró a Dixon de la misma manera que había mirado a los Mortífagos, en los días en que necesitaban información y la obtenían de cualquier forma que pudieran. Dixon tembló.
-Veo que no eres muy valiente cuando no te enfrentas a niños -gruñó Harry. Empezó a merodear ante Dixon, quien derribó su silla y comenzó a avanzar hacia una esquina de la habitación, luego a otra, mientras Harry lo seguía.
-No es como si fueran humanos -alegó, y Malfoy tuvo que agarrar el codo de Harry para contenerlo de, de hecho, darle un puñetazo a Dixon en el rostro.
Pero Malfoy lo hizo de modo que Dixon no pudiera verlo, sin embargo. Todo lo que vio fue la expresión en el rostro de Harry.
-No puedes... -dijo.
-No quedó mucho de Voldemort aparte de una niebla roja -dijo Harry con sinceridad-. No me digas lo que puedo y no puedo hacer. No tienes idea.
Dixon miró a Malfoy en busca de ayuda, pero la verdad Malfoy y Harry tenían una visión única del buen truco del Auror bueno/Auror malo.
Malfoy había enderezado la silla de Dixon y estaba reclinado en ella. Cuando atrapó la mirada de Dixon, sonrió de una forma verdaderamente horrible que había perfeccionado, se arremangó la manga y le mostró la Marca Tenebrosa.
El aliento de Dixon siseó entre sus dientes.
-Lo sé -dijo Malfoy-. Esos Aurores simplemente contratarán a cualquiera que entre por la puerta ¿no? Yo lo llamo impactante.
Miró alegremente de Harry a Dixon y luego dijo alentadoramente:
-No te preocupes por mí -su voz se quedó completamente fría-. Me gusta mirar.
Dixon se apresuró hacia la puerta. Malfoy llegó antes que él, deslizándose fácilmente entre la puerta y el hombre desesperado, mostrándole otra sonrisa.
-No pueden hacer esto -casi sollozó Dixon.
Harry miró a Malfoy por encima del hombro de Dixon y se sonrieron el uno al otro.
-Confía en mí -dijo Harry suavemente-. Hacemos esto bastante.
-Por supuesto -dijo Malfoy arrastrando las palabras- hay otra alternativa.
***
Fue después del monstruo marino como testigo cuando utilizaron por primera vez lo que se convirtió en su técnica de interrogatorio. Ese día habían tragado varios litros de agua de mar y la garganta de Harry estaba en carne viva por gritarle lengua Pársel a la criatura, y Malfoy seguía quejándose de que había atrapado un resfriado. Cuando atraparon a Dolohov, ninguno de los dos estaba de humor para ser misericordioso.
-No es que alguna vez lo seas -comentó Malfoy al día siguiente.
Estaban en la sala de entrenamiento y Harry se sentía bastante bien por haber atrapado a Dolohov y el hecho de que podía vencer a Malfoy fácilmente.
-¿Que se supone que significa eso?
-Significa que eres un matón -dijo Malfoy, respirando con dificultad y con los puños todavía en alto.
-No, no lo soy -dijo Harry con frialdad.
-Claro que sí -respondió Malfoy-. Estallidos de agresión aleatorios e injustificados. No dejar que nadie tenga una opinión en...
-Solo porque no te dejo a ti hablar tus tonterías -comenzó Harry.
-Y Finnigan -dijo Malfoy-. ¿En quinto año? Escuchaste su punto de vista diferente con paciencia y respeto, ¿verdad? No me hagas reír. Vi cómo eras con las tropas. Veo cómo eres ahora. Apuesto a que sé cómo eras con el fiscal del distrito. Un líder es sólo un matón que se tiene a sí mismo bajo control.
Fintó y Harry lo esquivó fácilmente. Harry simplemente era mejor.
-Mira, Malfoy -comenzó Harry de forma enojada.
-Shh -dijo Malfoy por la comisura de su boca-. Aquí viene Shacklebolt. Intenta aparentar que nos estamos llevando bien.
Harry se giró y dijo:
-¿Dónde? -justo antes de que Malfoy lo golpeara a traición.
La cabeza de Harry se echó hacia atrás y vio estrellas, pero preparó su cuerpo y se negó a dejarse caer. Las estrellas se aclararon y vio el rostro atento de Malfoy, el sudor brillando sobre la forma curva de su labio superior.
-Si yo soy un matón -dijo Harry confusamente- se necesita uno para reconocer a otro.
Malfoy miró hacia otro lado, crujiéndose el cuello y respondió:
-Lo sé.
***
-Victoria -dijo Malfoy-. Éxito. Triunfo. ¡Así perezcan todos nuestros enemigos! Vamos a tomar una copa.
-Son las cuatro de la tarde, Malfoy -dijo Harry, balanceando el rollo de pergamino que era la confesión firmada de Dixon-. Creo que tienes un problema.
-Tengo un trabajo muy estresante, es natural -dijo Malfoy con desdén-. De todos modos, tenemos a nuestro perpetrador. Además, hoy descubrimos que eres, según la genética y Slughorn, un dios del amor -parecía profundamente divertido una vez más-. Creo que nos merecemos un trago.
Harry lo consideró.
-Dejaré esto en el escritorio de Shacklebolt.
-Iré a buscar mi capa -dijo Malfoy.
Hacía mucho tiempo que Harry había dejado de señalar que usar una capa con jeans se veía raro, así que simplemente asintió en dirección a Malfoy.
-Oh, hey -dijo Malfoy, obviamente golpeado por un pensamiento-. Deberíamos ir a un bar gay.
Harry parpadeó.
-¿Qué?
-Hace solo media hora nos dijeron que era nuestro deber como Aurores conseguirte un poco de amor -dijo Malfoy-. Sé que lo recuerdas, y toda la conversación está escrita en las tabletas de mi memoria en palabras de glorioso fuego dorado. Apuesto a que si vamos a un bar gay podemos compensar nuestras bebidas.
-Deja de hablar de gastos -dijo Harry-. Deja de hablar en absoluto.
Estaba empezando una migraña, podía sentirlo.
-Oh, vamos -lo persuadió Malfoy-. Será bueno para ti. Sabes que no me importa.
-Son las cuatro de la tarde -señaló Harry de nuevo.
-¡El amor no conoce horarios! -declaró Malfoy-. El tiempo y la carnalidad desenfrenada no esperan a nadie. O Veela -añadió, sonriendo-. Vámonos.
***
Fue la primera vez que Harry en realidad vio a Malfoy fuera del trabajo que se lo dijo.
Se había dado cuenta, después de cuatro casos, de que, lo suficiente vergonzosamente, Malfoy había durado más que cualquier otro compañero que Harry alguna vez hubiera tenido. Y había recordado que uno de los antiguos y nunca arrepentidos de sus compañeros se había enterado accidentalmente y había sido un bastardo al respecto, lo que había llevado a Harry a golpear al bastardo en el rostro cuatro veces.
Dado que eso realmente parecía estar funcionando, Harry había sentido que debía decírselo a Malfoy. Malfoy podría ser un bastardo con respecto a los cereales para el desayuno, después de todo, y era mejor saberlo en ese momento.
No entró en detalles, no habló de la guerra y la confusión y luego la terrible confusión añadida de Zacharias Smith abordándolo a intervalos aleatorios. Esa había sido otra cosa que había aprendido y nunca quiso aprender, otra de esas cosas de adultos, que te pueden atraer a alguien que no te agradaba especialmente, que había una razón por la que había sido fácil despedir a Cho y la razón no era que Harry tuviera una moralidad tan fuerte que pudiera apagar su deseo sexual.
Especialmente no habló de la forma en que Ginny se había mudado a Francia después de enterarse. El miserable asunto completo había quedado atrás y no era asunto de Malfoy. Simplemente sacó a Malfoy por un café a la hora del almuerzo y se lo dijo.
-Oh -dijo Malfoy-. Bueno. No me importa.
Francamente, Harry había esperado un poco más a modo de respuesta.
Malfoy pareció darse cuenta de eso, añadió más azúcar a su café y añadió vagamente:
-Tengo amigos que lo son.
-Sí -dijo Harry, resoplando-. Todos dicen eso.
Malfoy se acercó a la mesa y golpeó a Harry en la cabeza, lo que Harry no sintió que fuera un gran apoyo al estilo de vida alternativo de Harry.
-Dios mío, eres un idiota -le informó Malfoy-. Lo digo en serio. Tengo amigos que lo son. ¿Alguna vez conociste a Crabbe y Goyle?
-¿Qué? -dijo Harry-. ¿Qué?
Malfoy puso los ojos en blanco e hizo un amplio gesto hacia el resto de la cafetería, como para mostrarles al mundo la imbecilidad con la que tenía que lidiar a diario. El resto de la cafetería se quedó mirando fijamente a Malfoy como si estuviera loco.
Eso sucedía seguido.
-Eres tan rápido como un burro artrítico -dijo Malfoy arrastrando las palabras-. Fueron al baile de Navidad juntos. ¿Qué necesitabas, un anuncio muy especial de los profesores?
Harry todavía estaba absorbiendo eso cuando Malfoy cortó la galleta de Harry y continuó pensativamente:
-Solía preocuparme por eso. Que una vez que salieran, no querrían pasar más tiempo conmigo.
-¿Sí? -dijo Harry-. Solía preocuparme por eso con Ron y Hermione.
La comisura izquierda de la boca de Malfoy se elevó y luego se curvó cuando dijo:
-Espera, ¿me sacaste a almorzar sólo para decirme eso? Tenemos café perfectamente bueno en la oficina, ¿sabes? Podrías haberme escrito un muy especial memo.
-Es algo personal, Malfoy.
Malfoy lo miró fríamente.
-Tú vas a pagar.
-Bien -dijo Harry-. Hablando de cosas personales, ya que estamos aquí, una vez dijiste que tenías dos razones para no querer que te despidan.
Arqueó las cejas. Malfoy alzó las cejas de vuelta.
Harry se rindió.
-Solo me preguntaba qué era lo otro.
Malfoy giró su taza vacía entre sus manos y dijo después de un momento:
-Estoy tratando de impresionar alguien.
-Oh -dijo Harry-. ¿Está funcionando?
La comisura de la boca de Malfoy formó una curva que casi era una sonrisa otra vez.
-Te diré qué -dijo-. Te lo haré saber.
***
-¿No estás un poco asustado por estas cosas? -preguntó Harry cuando estaban camino al bar-. Ugh. Lo estarías si alguna vez hubieras visto a mi tía Petunia. Ugh.
-No lo sé, a Slughorn parecía gustarle ella, tal vez a mí me gustaría también -dijo Malfoy, guiñándole un ojo.
-No vuelvas a hablarme nunca más -dijo Harry.
Caminaron en silencio por los muelles junto al puente Blackfriars durante aproximadamente cuatro segundos.
-Por supuesto que no me molesta -dijo Malfoy-. No es tan inusual, ¿sabes? Las Veela tienen muchas crías -pauso-. Probablemente eso tenga algo que ver con su insaciabilidad...
Harry retrocedió.
-Por favor, ve al grano.
-Hazlo a tu manera -dijo Malfoy-. Blaise Zabini era en parte Veela, ya sabes. Por eso pasó tanto tiempo en la enfermería durante los primeros años de escuela.
Ahora que lo pensaba, Harry realmente no recordaba haber visto mucho a Zabini.
-Por parte de su madre también -continuó Malfoy alegremente-. Ahí fue donde la señora Zabini obtuvo su encanto fatal. Por lo general, las personas no continúan casándose con mujeres cuyos últimos maridos ricos murieron misteriosamente. Por supuesto, ahora que lo pienso, tal vez murieron como resultado de la conocida propensión Veela a bruta...
-Te arrojaré al Támesis -advirtió Harry.
-No eres divertido -dijo Malfoy-. De todos modos, todos nos acostumbramos. Lo cual debería ser un alivio, ya que no es probable que Pansy te ataque la próxima vez que vayas a casa de los Weasley a tomar el té.
-Entonces, hum -dijo Harry-. ¿Todo lo que las personas tienen que hacer es acostumbrarse?
Malfoy frunció el ceño.
-Bueno, eso ayuda. También... déjame ver, estar enamorado de otra persona ayuda, y lo mismo ocurre con el descendiente de Veela que no es el tipo de alguien... color, preferencias de género, lo que sea. También el olor a menta. No sé por qué.
-Sigo pensando que es extraño -dijo Harry-. Vamos, ¿no crees que es raro? A Snape le gustaba mi mamá.
-Oye, ¿puedo decírselo a todo el mundo? -preguntó Malfoy de repente-. Quiero decir, todos tienen que saberlo, y tú no quieres decírselos, ¿verdad? Oh, déjame. Oh, por favor, por favor déjame. Traería un rayo de luz a mi solitaria y desolada vida.
Harry se imaginó contándole a la oficina sobre sus atrevidos y lascivos encantos Veela.
-Puedes contárselo a quien quieras.
Malfoy sonrió, lo que llamó la atención de Harry al hecho de que no había estado sonriendo mucho durante esa semana. Aparte de hoy, naturalmente.
-Oye -dijo-. Eh. Ella volverá pronto.
Malfoy sonrió de nuevo, esta vez una sonrisa secreta para él mismo, y metió la mano en el bolsillo de sus jeans donde creía que Harry no sabía que guardaba la caja con el anillo de compromiso dentro.
-Sé que lo hará -dijo.
***
La noche seis meses después de que Malfoy se convirtiera en compañero de Harry, hubo una noche de premiación para los Aurores del Año.
Habían ganado. Algún día Kingsley Shacklebolt superaría el shock.
Shacklebolt ya les había dado una conferencia sobre túnicas de vestir adecuadas, que había sido principalmente dirigida a Malfoy. La mirada de Malfoy había estado dirigida hacia una ventana en ese momento, recordó Harry y sonrió.
Un premio. Todo yendo bien, para variar. Y.
Bueno, no era nada en realidad. Era Malfoy y eso era extraño. Trabajaban juntos. Era una especie de completo bastardo. Ni siquiera era tan atractivo. No era nada, y si era algo, era algo que no importaba.
-¿Listo? -preguntó Hermione, a quien Ron le había prestado para pasar la noche. Se había alisado el cabello para la ocasión y vestía una túnica roja. Se veía hermosa cuando lo tomó del brazo y lo apretó ligeramente-. Estoy orgullosa de ti -dijo.
-Sabes que serías la Inefable del Año si no fuera, eh, una organización súper secreta.
-Sabes que no tengo permitido hablar sobre el trabajo, Harry -dijo Hermione, y luego se permitió ella misma una pequeña sonrisa-. Excepto que eso es cierto.
A Hermione le habían prohibido volver a acercarse a un paciente vivo después de dos semanas como practicante Medibruja, y luego se había unido a los Inefables. Parecía estarlo haciendo bastante bien y a veces se involucraba en el trabajo de los Aurores. Le había dicho a Harry que, si estuvieran en el mundo muggle, su trabajo se llamaría "forense".
Ron había pensado que la palabra sonaba un poco sucia.
Cuando entraron al salón de baile, el conjunto de velas cegó a Harry por un momento. Fueron alcanzados por Penélope Weasley y el destello de su anillo de diamantes lo dejó viendo sombras amarillas detrás de sus párpados durante cinco minutos.
-Escuché que eso de lo que no podemos hablar en este momento salió bien -le dijo Penélope a Hermione.
-Sí -dijo Hermione- pero no es nada tan importante como ese asunto del que, por supuesto, no podemos hablar nunca, ya que los expedientes están cerrados. Lo hiciste muy bien en eso, supongo. Ni siquiera puedo recordar lo que hiciste, y si pudiera, ciertamente nunca hablaría de ello.
-Entendido -dijo Penélope
Harry las dejó con su charla del departamento Inefable y fue a la mesa de bebidas. Miró a su alrededor buscando personas que conociera y se escondió de los burócratas que atestaban el lugar.
No fue hasta que tuvo una bebida en la mano que vio a Malfoy. Estaba, de hecho, usando jeans y estaba bailando con Tonks. Era toda una hazaña inclinar a una mujer muy embarazada hasta que su cabeza rosada tocase el suelo, pensó Harry.
Cuando Malfoy devolvió a Tonks a Lupin, Tonks levantó la mano y le revolvió el cabello. Harry escuchó a Malfoy reír desde el otro lado de la habitación y se acercó a ellos.
-Hola, Potter -dijo Malfoy, robando la bebida de Harry-. He oído que es necesario felicitarte.
Estaba un poco sin aliento, el cabello rubio cayéndole sobre el rostro y captando la luz de las velas, pero parecía muy satisfecho consigo mismo y con el universo entero. Harry se preguntó seriamente cómo era que le había llevado años darse cuenta de que Malfoy era un adicto a los elogios.
-Escuché que eran para ti también -dijo Harry, y le ofreció la mano-. Felicitaciones, Malfoy.
Por varias razones, Harry nunca antes le había ofrecido su mano. No se dio cuenta del significado de eso hasta que vio a Malfoy vacilar.
Entonces Malfoy sonrió y tomó su mano.
-Gracias, Potter.
Harry lo soltó después de un minuto y miró al suelo. Era extraño, se dijo a sí mismo. Y poco profesional. Muy, muy poco profesional. Mundos de poco profesional. Su respiración seguía entrecortada en su garganta.
Cuando miró a Malfoy de nuevo, el rostro de Malfoy se había iluminado, más brillante que las velas. Harry parpadeó, lo miró fijamente a los ojos y luego echó un vistazo en la dirección en la que miraba Malfoy.
No vio nada más que esa tímida ratona, Katie Bell, acercándose a ellos con una recatada túnica azul. Estaba sonriendo un poco torpemente.
-Hola, Harry -dijo-. Draco. Felicidades.
-Hola -dijo Harry, y pensó: ¿Draco?
-Hola -respondió Malfoy, su voz cálida y de alguna manera tierna, como si estuviera hablando con un gatito que por algún milagro podía entenderlo. Harry jamás habría imaginado que Malfoy pudiera sonar así-. No -dijo Malfoy, y realmente se sonrojó-. No sabía si vendrías.
-Bueno, trabajo aquí -dijo Katie, y se miró las manos-. Y me invitaste. Así que se podría decir que fui invitada dos veces.
-Claramente, eres popular -observó Malfoy.
Él le sonreía y le sonreía. Levanta la mirada, mujer estúpida, pensó Harry casi desapasionadamente. Deberías ver la expresión de su rostro.
-Bueno, vine hasta aquí -dijo Katie, y respiró hondo-. Cuando me invitaste a la ceremonia -continuó-. También me invitaste a cenar. Bueno... iré.
-Lo harás -dijo Malfoy, y sonaba muy feliz-. Bueno -dijo, y su voz se volvió juguetona-. Te invitaré a cenar el viernes o el sábado. ¿Cuál puedo tener?
Katie levantó la vista entonces, y vio la expresión en el rostro de Malfoy. Se puso escarlata.
-Ambos -respondió ella-. Si quieres.
Malfoy tomó su mano y la atrajo hacia él, como si fueran a bailar.
-Quiero -dijo él.
Cuando Katie no puso objeciones, Malfoy la sostuvo apropiadamente, con un brazo alrededor de su cintura, bajando la mirada hacia su cabeza castaña con esa alegría incrédula todavía escrita en todo su rostro. Levantó la vista y Harry rápidamente apartó la mirada.
-Bien puedes mirar, Potter -dijo Malfoy con altivez, y luego el deleite estalló e hizo que su voz se volviera completamente suave y jovial de nuevo-. No creo que nadie en la sala crea la suerte que acabo de tener.
-Draco -exclamó Katie.
-Ven a bailar conmigo -dijo Malfoy en la parte superior de la cabeza de Katie-. Anda. Tienes que bailar conmigo, vas a salir a cenar conmigo. De hecho, vendrás a cenar conmigo dos veces, así que tienes que bailar conmigo dos veces.
-Sí debo -dijo Katie.
-Como mínimo -dijo Malfoy.
Llevó a Katie a la pista de baile, la luz de las velas iluminando la curva de su cabeza mientras se inclinaba hacia ella, su nariz afilada rozando el costado de su rostro. En algún lugar detrás de Harry, Tonks hablaba de lo romántico que era.
-¿Ves eso? -dijo Hermione, reuniéndose al lado de Harry y hablando con una voz medio sorprendida-. Parece que Malfoy finalmente consiguió a Katie Bell.
-¿Finalmente? -preguntó Harry de una manera rígida.
-Oh, sí -dijo Hermione-. La ha estado persiguiendo desde que tenía dieciséis años. Por supuesto, hubo una pequeña brecha en eso mientras él, ya sabes, fue expulsado de la escuela por los asuntos de los Mortífagos, y luego estuvo un poco ocupado trabajando para el profesor Snape, pero... desde que tenía dieciocho años, de cualquier manera. Creo que solo se unió a los Aurores porque ella trabajaba en archivos.
-No fue solo por eso -dijo Malfoy al día siguiente, en respuesta a una pregunta que Harry intentó formular con tacto-. Katie trabaja aquí porque cree que vale la pena. Cree que los Aurores están haciendo el trabajo más importante del mundo.
Estaba escribiendo un informe de la manera más inconexa posible. De vez en cuando le bostezaba o sonreía al pergamino sin ningún motivo.
-Se suponía que fuese ... un caballero matando dragones para su dama, ese tipo de cosas -dijo Harry porque tenía que decir algo.
-Más bien como un dragón matando dragones para su dama -dijo Malfoy-. Pero... bueno, parece haber funcionado -le sonrió un poco más al pergamino-. Por cierto -añadió con severidad-. Esa no fue una broma sobre mi nombre. No hago bromas sobre mi nombre.
-¿No es un poco incómodo? -comenzó Harry, y luego se detuvo.
Nunca hablaron de aquellos tiempos, por acuerdo silencioso. Nunca hablaron de la muerte de Dumbledore o la cicatriz blanca y elevada en el pecho de Malfoy que Harry había visto varias veces en el vestuario después del sparring. Por ende, Harry no vio cómo podría decir: ¿No es un poco incómodo que tu nueva novia una vez pasó meses en el hospital por tu culpa?
La voz de Malfoy era fría.
-¿No es un poco incómodo?
-Hum -dijo Harry-. Nada -luchó por no parecer descortés-. Ella es agradable -dijo-. Katie.
Malfoy volvió a sonreír al instante.
-Así lo creo.
***
Harry se dirigió a la barra mientras Malfoy les buscaba una mesa y pidió dos cervezas. Estaba buscando dinero muggle en su billetera cuando un hombre en el bar dijo:
-Yo las pago.
Harry levantó la vista justo cuando otro hombre decía:
-No, yo las pago.
-Hum -dijo Harry, mirando entre los dos hombres, que se miraban fijamente el uno al otro-. No -dijo con dudas-. Yo pago. Pero gracias.
Le dio el dinero al camarero.
-Son dos cervezas -dijo el chico, deslizándolas hacia Harry-. Y mi número de teléfono.
Harry levantó la vista de las bebidas hacia el barman y lo vio guiñar un ojo.
-Gracias -dijo con cuidado-. Eh. Adiós.
Recogió las bebidas y el cambio, y se dirigía hacia Malfoy cuando se detuvo en seco por la repentina aparición de un pecho vagamente recordativo a una pared y revestido de cuero negro.
Harry levantó la vista hacia una brillante nariguera y advirtió que, o el espectáculo de cuero comenzaría temprano ese miércoles, o alguien había entrado a un bar con la intención de buscar pelea. Si quería una, podía tener una. Harry miró a su alrededor buscando un lugar para poner sus bebidas.
-Tengo algo que decir -gruñó el chico.
Harry vio algunas personas acercándose a ellos. Obviamente, ese era un alborotador habitual. Bueno, si tenía que derramar las bebidas tenía que derramar las bebidas.
El hombre le puso una mano en el hombro. Harry se armó de valor.
-El mundo ha cambiado porque estás hecho de marfil y azabache -respiró el enorme motociclista-. La curva de tus labios reescribió la historia.
Harry agarró las cervezas como si fueran un cinturón de castidad.
-Correcto -dijo-. Bien. Tengo que ir... para allá. Ahora.
Se fue lo más rápido que pudo y no miró atrás para ver si alguien, enormes motociclistas o no, lo estaba mirando. Cuando se acercó a la mesa, vio que Malfoy estaba recostado en su silla, sonriendo victoriosamente en el rostro de un tipo extraño, que estaba murmurándole algo.
Harry pensó que eso era más que suficiente.
Malfoy le sonrió encantadoramente al completo extraño.
-No, no soy su novio -respondió-. Sí, de hecho, está disponible. Estaré encantado de tomar tu número y dárselo. ¿Tienes un bolígrafo? Gracias.
Empezó a garabatear y Harry se aplastó contra la pared para que el hombre no se diera la vuelta y lo viera, pero el hombre parecía más interesado en murmurarle a Malfoy.
-Um, ¿qué le gusta? -dijo Malfoy-. Eh. Deportes, para elegir, y tazas de té, y suéteres realmente horribles. De verdad no sé acerca de látigos... pero, bueno, en realidad... -Malfoy hizo un gesto expansivo-. ¿Por qué no? Estoy seguro de que llegará a amarlos. Encantado de hablar contigo.
Harry se deslizó en su silla una vez que el hombre se hubo ido con total seguridad.
-¿Qué es lo que te pasa? -siseó-. Además, no coquetees en bares gay, Malfoy, Dios.
-Oh, no lo hacía -dijo Malfoy fácilmente-. Entonces, ese hombre se llamaba Federico -extendió la mano y metió un posavasos en el bolsillo de la camisa de Harry-. Parecía agradable -añadió distraídamente, respirando contra la mejilla de Harry-. Le gustan los largos paseos bajo la lluvia y los perros. Te gustan los perros, ¿verdad? Es una combinación perfecta.
Se reclinó en su silla y parecía expectante. Harry se cubrió el rostro con la mano.
-Te odio -murmuró.
-Entretanto tú estabas en el bar charlando con motociclistas -dijo Malfoy.
-¡No es cierto!
-Como sea -dijo Malfoy-. Se me ocurrió no uno, ni dos, pero, espera, tres brillantes planes para aprovechar todo este asunto de Veela.
-Tú -dijo Harry con seriedad- básicamente no eres una buena persona.
Malfoy rechazó esto con un gesto.
-Uno -dijo-. Podrías ser la próxima señora Zabini. Casarte con muchos hombres ricos y luego, hum. Bueno, podrías casarte con muchos criminales ricos y luego matarlos estaría bien. ¿No es así?
-No -dijo Harry-. Shacklebolt ya tuvo esa conversación con nosotros. Además, no lo haré.
-Pero vivimos en un mundo material -dijo Malfoy, con los ojos muy abiertos-. Y tú eres un chico... bueno, material.
-Deja de aprender canciones muggles de memoria -le ordenó Harry desesperadamente.
-Está bien, dos -dijo Malfoy-. Usas tus poderes para luchar contra el crimen. En una situación de rehenes, podrías simplemente entrar al edificio, tal vez girando un mechón de cabello alrededor de tu dedo, y todos los criminales simplemente se rendirán y buscarán una vida virtuosa con la esperanza de ganarse tu corazón. ¡Oye, podrías ser un justiciero sexual!
-Podría haber pasado toda mi vida sin escuchar las palabras 'justiciero sexual' -dijo Harry patéticamente-. Habría sido feliz.
-Bien, tres -dijo Malfoy, entrecerrando los ojos como si Harry estuviera arruinando toda su diversión-. Me doy cuenta de que puedes no desear comprometerte con ningún delincuente rico, ni con la peligrosa vida de un justiciero, que de cualquier forma implicaría un disfraz. Lo cual podría resultar un poco embarazoso. Entonces tengo otro esquema, que no implica ningún compromiso y, coincidentemente, resuelve tu problema actual y nos pone a ambos en posición para jubilarnos antes de que tengamos veinticuatro años.
Harry esperó con temor.
-Usaré mi considerable herencia para construir (como lo expresó Slughorn) un dulce palacio azucarado de carnalidad -prosiguió Malfoy-. Y luego puedes elegir (dependerá totalmente de ti) un selecto número de hombres ricos, a quienes luego se les pedirá que comiencen la subasta en...
-Detente, en nombre de todas las cosas santas -dijo Harry-. Te lo ruego.
-Creo que podríamos retirarnos solo con las ganancias procedentes de Slughorn -propuso Malfoy. Atrapó los ojos de Harry, divididos entre la diversión y el horror, y sonrió con malicia-. Vamos -dijo-. Yo tengo el dinero. Tú tienes la miel. Hagamos un trato. Hagamos un plan.
Harry se rindió y le devolvió la sonrisa.
-Escuchas algunas canciones horribles.
-Hum -dijo el barman, y Harry levantó la vista.
El hombre llevaba una bandeja cargada de bebidas. Había al menos diecisiete. Harry se preguntó si eso era algún tipo de broma.
El barman empezó a servir las bebidas delante de Harry.
-Ésta es del tipo del jersey verde que está a la izquierda de la barra -dijo, como si estuviera recitando una lección que se había visto obligado a aprender de memoria-. Esta es del motociclista. Esta es de la chica en la cabina de la esquina, quiere que sepas que tiene un piercing en la lengua.
Harry miró hacia el reservado de la esquina y vio a una mujer con la cabeza rapada y vestida con una camisa de franela y Doc Martens. Cuando lo vio mirándola, saludó y se sonrojó.
-Dios mío -dijo Harry débilmente.
Malfoy echó la cabeza hacia atrás y rió y rió.
Cuando terminó de reír, el barman se había marchado. Malfoy comenzó a llevar algunas de las bebidas hacia sí mismo, todavía sonriendo, mientras Harry miraba a su alrededor y se sentía como un hombre perseguido.
-Me encanta que seas una Veela -le informó Malfoy, comenzando con su segundo trago-. No veo ninguna forma en la que esto pueda salir mal.
