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Karma rojo de la muerte

Chapter 20: Una taza de té...(Corto)

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La mansión de la capital estaba sumida en una quietud espesa, como si cada pared hubiera decidido guardar sus propios secretos por una noche más. Y entre ese silencio de terciopelo, una sola habitación respiraba luz.
Hans.
No estaba en su cuarto, como habría sido lo lógico a esas horas. Estaba en la cocina, sentado ante una taza de té que ya no humeaba, pero aún guardaba la tibieza suficiente para parecer compañía. La oscuridad jugaba con las sombras de su rostro, marcando ese cansancio que nunca admitía en voz alta.
Había sido un día largo. Demasiado largo. Y la tarde, con ese dolor de cabeza que lo había perseguido desde que llegaron, había sido apenas el preludio del torbellino silencioso que le masticaba los pensamientos.
Estaba siguiendo órdenes.
Nada más.
Nada menos.
Aquello debía ser sencillo; al menos eso se repetía a sí mismo, pero ¿cómo lo era, cuando esas órdenes venían de Cale?
Apretó la taza entre sus manos.
Proteger a Cale.
Acompañar a Cale.
Ayudar a Cale.
¿Y cómo se supone que él, Hans, podría hacerlo ahora?
Cale cargaba el manto de un santo.
Choi Han caminaba a su lado como una espada en espera, una fuerza que Hans admitía a regañadientes, con ese sabor metálico de quien reconoce el talento de alguien que preferiría no ver.
¿Qué se supone que aportaba él en medio de dos prodigios?
¿Ser útil en qué?
¿Calentar té? ¿Cocinar? ¿Tomar notas?
En la capital, incluso eso parecía diluirse.
El suspiro se le escapó, pequeño pero pesado. Miró hacia el techo como si esperara que una respuesta cayera entre las vigas. Luego bajó la mirada hacia las brasas moribundas. Aún despedían un calor suave, casi triste, como algo que se resiste a extinguirse del todo.
Hans también tenía sus razones para seguir ahí. Razones enterradas bajo capas de rutina, obediencia y silencio. Porque él había visto a Cale desde niño. Había visto la fractura. Había visto el antes y el después.
Y cómo olvidar aquel día.
Era imposible, incluso si quería.
La Condesa.
Sus intentos por alejarse del Conde.
El carruaje que se llevó a Cale y a su madre.
El Conde persiguiéndolos con su pequeña comitiva.
Luego… nada.
Un hueco.
Un silencio que todavía le helaba la nuca.
Sólo Cale volvió.
Y el funeral apareció como una sombra impuesta sobre el condado. Hans recordaba a la anciana Waylla entrando a la habitación del pequeño Cale, pálida, drenada, como si hubiera cargado algo demasiado grande. Solo sabía que la anciana Waylla dejo de hacer caso a lo que el conde pedía después de eso. Y luego, el cambio en el niño. Ese cambio lento pero inevitable, como la caída de un pétalo que anuncia el invierno.
Quizás Waylla había suprimido recuerdos. Quizás había intentado arreglarlo.
Pero lo que volvió a la superficie nunca fue el mismo Cale.
Hans lo vio endurecerse desde elejos. Lo vio defender su apellido con una ferocidad incómoda para un niño tan pequeño. Lo vio enfrentarse a sus primeros tragos, a sus primeras peleas, a esa lucha interior que lo consumía como un incendio sin nombre.
Y también vio al Conde desaparecer, regresar con Violan, con un niño pequeño y otro en camino.
Rumores.
Susurros.
Chismes venenosos que murmuraban, inventaban, insinuaban.
Pero nadie habló mucho tiempo.
No mientras Cale estuviera cerca.
Había algo en esa mirada silenciosa, vacía y arrolladora, que obligaba a todos a tragarse sus palabras.
Aun así, Cale se encariñó con Basen. Luego con Lily.
Allí, el hilo se volvió más cálido, más real.
Pero la relación con Violan era una coreografía de cortesía.
Con el Conde… una grieta que nunca cerró, y no cerrara.
Hans tomó otro sorbo de té, el último, como si con eso pudiera cerrar también ese capítulo en su mente.
Recordaba cuando lo nombraron sirviente personal de Cale.
El miedo.
La inseguridad.
La sombra de Ron, casi un padre sustituto para el joven Cale.
Y, sobre todo…
¿Y si Cale se enfadaba?
¿Y si terminaba lanzándole una botella?
Una preocupación absurda ahora, pero que entonces le hizo el corazón encogerse como un papel mal doblado.
Pero luego cuando entro al cuarto del joven, el Cale inconsciente, los vendajes, las madrugadas cambiando telas empapadas en sangre. Fue ahí donde todo se volvió… diferente.
No cercanía, no amistad explícita…
Algo más callado.
Algo que crecía entre silencios.
Hans lo veía como un hermano menor.
Un hermano al que debía proteger, incluso si ya no sabía cómo.
Suspiró.
Dejó la taza en el lavadero.
El agua en las brasas había muerto, y la noche los envolvió con ese ruido suave que hace la soledad cuando está a gusto.
Mañana.
Mañana sabría qué papel le tocaría en el plan de Cale.
Porque Cale siempre tenía un plan.
Siempre algo guardado detrás de esa mirada que parecía ver más allá de todos.
Hans salió de la cocina con paso lento, dejando atrás la luz temblorosa y el olor tenue del té.
Y la mansión, silenciosa, guardó la escena para sí misma.

Notes:

¡Hola mis lectores!
¿Qué les parecen estos capítulos explorando de apoco como cada uno de los personajes se sienten ahora?
Pronto una explicación del porque la condesa Jour se quería alejar de Deruth...

Notes:

Holaa mis lectores!
Me armé de valor para poder publicar lo que escribo ^^
Es muy probable que este fanfic se actualicé cada 2 o 3 semanas.
Si no es por la Uni o porque me mori lol

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