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Inocente

Summary:

Shichiro empieza a tener más confianza en sí mismo, eso no debería ser un problema en sí, pero implica que más personas se acercarán a él, lo conocerán y seguramente lo querrán apartar de su lado. Kalego y Opera acuerdan aceptar ese hecho, sin embargo, nada les impide exigir toda la atención que puedan de su amigo hasta que llegue el momento.

A veces las cosas no son complicadas, a veces las cosas funcionan y excepcionalmente, a veces todo sale sumamente bien…

Notes:

Jojojo, me he metido en una ship bastante solitaria, asi que realmente si lees esto y te gusta, por favor deja tu comentario u__u . Gracia ~<3

Chapter 1: Acuerdos

Chapter Text

         —¡Y-ya! ¡Ya deja de seguirme gato del infierno! — bramó Kalego retrocediendo un paso mientras Ópera avanzaba uno más, queriendo hundir el dedo en su cara amargada.

 

         —Eres muy grosero con tu senpai — se quejó Ópera sin retroceder, disfrutando del ceño fruncido y los colmillos nerviosamente expuestos de su antiguo subordinado.

 

         —Siempre se están divirtiendo mucho—Shichiro observó con calma, feliz, mientras bebía un jugo con pajita. Disfrutaba especialmente estar reunidos de nuevo, pues desde que su senpai se graduó había sido muy difícil estar así de juntos, pero ahora que también estaba en el profesorado tenía la ilusión de compartir ese tipo de encuentros con más frecuencia — Me da gusto que estés de vuelta—añadió con una franqueza cristalina y cálida que hizo al otro par voltear hacia él.

 

Ópera inmediatamente se alejó de su presa para ir a su lado. Orejas en punta y cola elevadamente contenta, hace tiempo que Shichiro, y sorprendentemente también Kalego, habían descubierto que era mucho más fácil descifrar el estado de ánimo de su superior por los movimientos de su cola y orejas que por su casi permanente “cara de póquer”.

 

         —¿Verdad que tú si te alegras?, eres un buen kouhai Balam-kun, pequeño y obediente, no como Kalego—Ópera estiró su mano para dar palmaditas sobre su cabeza, descubriendo su cabello mucho más suave que antaño.

 

Desde que Iruma había ingresado a Babyls, Shichiro parecía también haberse vuelto un poco más extrovertido, y eso le alegraba.

 

         —Ya no soy tan pequeño—corrigió Balam con una sonrisa y sumo tacto. Desde antes de terminar el instituto había superado tanto a Ópera como a Kalego en estatura y complexión, aun así, no se alejó de su caricia, disfrutando de la frescura de su palma y dedos.

 

Kalego frunció más el ceño cuando vio al albino inconscientemente inclinarse más para facilitarle las caricias a Ópera. “Demasiado amable”, pensó con irritación creciente y no porque fuera celoso o posesivo, no, por supuesto que no, él no sentía un escozor molesto en el estómago cada que alguien más tocaba a Balam, para nada. Él no era esa clase de demonio... se dijo una y otra vez intentando convencerse de eso hasta que finalmente no lo soporto más.

 

         —Shichiro, deja ya a ese gato egocéntrico y ayúdame a revisar los exámenes— “pidió” imperioso, extendiendo una carpeta y haciendo todo lo demoniacamente posible por no ver a Ópera de forma desafiante, porque eso implicaría un castigo.

 

Shichiro, de alguna forma, siempre había sido suyo, su atención, su amistad, su cariño… “No voy a dejar que ese gato se quede con todo tan fácil” rumió en sus pensamientos acercándose más a él.

 

Pero Ópera, siempre era Ópera…

 

         —No tienes que poner esas excusas Kalego-kun, tú también puedes pedirle a Balam que te ponga atención— El gato agitó su cola y ladeo el rostro, pero la disimulada sonrisa burlona que ocultaba su boca salía a relucir en sus ojos afilados y arrogantes.

 

         —Tú…—Kalego gruñó bajo, detestaba tener que “enfrentarse” a él, físicamente, al menos, porque el maldito tenía una ventaja abrumadora.

 

         —Vamos, vamos, no peleen— intervino Balam nuevamente, jamás preocupado de que esas peleas fueran en serio—Los exámenes pueden esperar un poco, ¿No crees Kalego-kun?, ¿Por qué no mejor vamos los tres a tomar algo? — sugirió con una sonrisa amena escondida bajo su mascarilla metálica. Kalego estuvo por negarse, debió hacerlo, pero antes de que pudiera abrir la boca, Shichiro ya estaba detrás de él, empujando con delicadeza sus hombros para hacerlo caminar —vamos, vamos, prepararé ese té fuerte que te gusta tanto —insistió.

 

Kalego simplemente no tuvo la fuerza para resistirse.

 

         —Bien —accedió, incapaz de negarle algo a su “mejor amigo” —pero si vuelves a intentar otra de tus estupideces —amenazó señalando a Ópera con un dedo—me voy a largar, ¿entendiste?

 

         —Prometido, no jugaré contigo hasta que terminemos el té—accedió el pelirrojo levantando una mano como promesa, aunque más bien parecía una suave amenaza de continuar con su faena de acoso después de un breve descanso.

 

Balam solo los veía con ternura, recordando los viejos tiempos en su improvisado batora.

 

 

*****

 

 

En el laboratorio, Kalego y Ópera observaron disimuladamente a Balam mientras caminaba moviendo papeles, brotes y un montón de extrañas pócimas en las que actualmente estaba trabajando. Él seguía siendo, sin importar el tiempo que pasara y el enorme cuerpo que ahora tenía, alguien sumamente servicial y amable.

 

“¿Cómo es posible que alguien así sea tan blando?”, pensó Kalego. Nunca se había molestado mucho en disimular como sus propios ojos lo miraban en búsqueda de algo que no le agradara, una excusa para que su amor dejara de crecer de la forma desmesurada en que lo hacía, encontrándose siempre con la certeza de que todo en Shichiro le gustaba; cada risa inteligente, cada comentario divertido, cada silencio tranquilizador… Tampoco le interesaba disimular cuando estaban solos, porque, al fin y al cabo, sin importar la cantidad de veces que Shichiro lo atrapara mirándolo así, o incluso con un poco más de “intensidad”, jamás el otro hizo más que dirigirle una sonrisa que curvaba sus ojos y preguntarle qué pasaba.

 

         —Realmente es un demonio único, ¿No crees Kalego-kun? —Ópera lo sacó de sus reflexiones, observando también al enorme demonio sirviendo cuidadosamente el té —Tan inocente que ni siquiera se da cuenta de lo que provoca —añadió en un extraño y compartido secretismo que no pasó desapercibido para el guardián de Babyls.

 

Ópera y Kalego siempre habían sido cercanos, peligrosamente cercanos, porque entre ellos se entendían perfectamente bien —según Ópera—; sus objetivos, la perfección y la disciplina, ambos la conocían, la aplicaban y  la disfrutaban… demasiado quizá.

 

         —Eres un gato pervertido—soltó Kalego, aunque sin ningún ánimo de realmente provocarlo a pelear esta vez. Ópera no era un idiota y él no iba a fingir que no entendía a que se refería con sus palabras, pero tampoco aclaró nada, simplemente no estaba de humor.

 

Sin embargo, el demonio de seguridad no lo dejo escapar de la conversación. No era la primera vez que tocaba el tema, pero desde su regreso como profesor había sido más insistente con eso, y por un ínfimo segundo, el gato áfilo su mirada en dirección a Balam, disfrutando del contorneado dorso y la playera ajustada que siempre vestía.

 

         —A veces quisiera...

 

         —Silencio— lo calló Kalego. Ese pensamiento que ambos compartían ni siquiera debía ser mencionado— además, si alguien tuviera ese derecho sería yo, no tú —añadió con una sonrisa condescendiente que hizo fruncir el ceño al mayordomo, porque sí, en contadas y escasas ocasiones, Kalego podía tener la ventaja sobre su superior.

 

Ópera agitó su cola, observándolo como un felino a punto de cazar, pero antes de que pudiera replicar, Balam regresó con las bebidas.

 

         —Aquí tienen —ofreció sonriente, tratando de disimular su entusiasmo por la compañía— Espero les guste —agregó mientras se pasaba una de sus enormes manos tímidamente por el cabello que ahora siempre peinaba de forma delicada y encantadora.

 

Kalego y Ópera volvieron a sentir ese calor en el pecho. Balam era un demonio especial, literalmente, pocas razas tenían esa mezcla tan balanceada y atractiva de quimerismo, además de que poseía una inteligencia poco común para el análisis y la investigación. Sin embargo, no era eso lo que más llamaba su atención, sino algo más inusual. Alguien con sus características, con su fuerza y talento, debería ser un monstruo que arrasara con absolutamente todo, pero no lo era, Shichiro era compasivo, curioso y profundamente noble. Él era un obsequio, uno demasiado difícil de hallar en el infierno y que hacía sumamente complicado ignorarlo por más tiempo.

 

         —Gracias— contestaron al unísono y al hacerlo sus ojos se encontraron. Ya lo habían hablado, ya lo habían discutido… y reclamar a Balam, no era una opción. 

 

 

 

*****

 

 

         —Tsk, como si siquiera merecieras un poco a Shichiro, gato engreído— Kalego desviaba la mirada, fingiendo fastidio mientras se ponía nuevamente su camisa, aunque por dentro se moría de celos.

 

Últimamente, cada que terminaba los... “Encuentros ocasionales” con su superior, este tocaba ese tema, el que tenía a su mejor amigo como protagonista.

 

         —¿Te recuerdo que fui yo quien lo guio durante el instituto Kale? Incluso gano el festival de la cosecha gracias a mí —respondió Ópera de espaldas, también terminando de vestirse —Además, estar conmigo puede ser mucho más placentero para él que estar con un perro con arranques de ira —añadió acomodándose pulcramente su chaleco color escarlata al igual que Kalego hacía con su propia ropa.

 

         —¡Cállate! ¡Tú ni siquiera tomas nada en serio! — espetó Kalego, pero mentía y lo hacía descaradamente, porque si lo que sea que tuvieran Ópera y él seguía en un estatus de“indefinido” era únicamente por su propia culpa, porque sí, sentía algo por su senpai, aparte de fastidio por supuesto, pero si no estaba dispuesto admitirlo, menos aún lo estaba para admitir lo que tenía, o no tenía, con Shichiro.

 

         —Y tú ni siquiera eres capaz de aceptar en voz alta lo que de verdad sientes— replicó Ópera, crudo, directo y al grano— como el perro cobarde que eres…

 

Kalego permaneció en silencio un segundo, luego dejo caer sus manos a sus lados. Ópera no solo era letal físicamente, cuando estaba molesto, sus palabras eran incluso peores que sus golpes, lastimando en serio.

 

         —Lo sé.

 

Ópera tenía razón, no solo con él, sino también con el tercero “en discordia”, porque era demasiado difícil aceptar que lo que tenía con su senpai no era algo superficial y pasajero, que por años había sido incapaz de dejar, pero era mucho más complejo pensar siquiera en arriesgar su amistad con su MEJOR AMIGO, por “estúpidos sentimientos” que ni siquiera sabía si serían correspondidos.

 

         —Kalego…

 

         —¡Ya te dije que lo sé! — le gritó. Lo sabía, entendía perfectamente por qué Ópera estaba insistiendo con el tema, porque incluso ese gato imperturbable empezaba a lucir preocupado. Y es que Shichiro, quien la última década se había mantenido solitario, gentil y exclusivamente SUYO, por fin estaba siendo descubierto, visto y apreciado como merecía por más personas y eso era… peligroso.

 

 Ópera tomó aliento antes de retirarse nuevamente y abandonar el cuarto de Kalego, pero se detuvo en la puerta, dando una última advertencia.

 

         —No lo van a robar.