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Quizás me equivoque

Summary:

Aida después de todo lo que ha pasado en su vida decide ir a terapia para por fin ser mejor persona y perdonar, sin embargo en el camino y con ayuda de la terapeuta se da cuenta que la que decía que era la desgracia de su vida posiblemente fue una atracción reprimida, durante toda esta reflexión alrededor de sus amigos y familia se da cuenta que incluso si así fuera no la quiere volver a ver.

Teresa la abogada más prestigiada rehízo su vida en otra parte de la ciudad, teniéndolo todo menos amor, su monótona vida solo tiene sentido cuando cumple sus caprichos, fue durante un caso que se reencontró con ella con mucho resentimiento y desprecio pero también un sentimiento nuevo en ambas.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Principio

Chapter Text

"Inhala y exhala, este es tu lugar seguro, Aida, puedes comenzar desde el principio sin presión, tomará tiempo fijar un rumbo claro, pero estarás bien, esto te ayudará a conocerte y reflexionar lo que hiciste, haces y harás".

"Lo sé", respondió Aida.

"Tienes una gran red de apoyo; ellos sabían que no te encuentras bien emocionalmente; podemos confiar tu avance con ellos".

"Bien, empezaré por el principio".

...

Aida jamás había pasado por alguna carencia en su vida, siempre fue privilegiada; lo único que conocía de la pobreza era por las imágenes de las noticias o revistas, no conocía el trasfondo de una persona de situación precaria; sin embargo, eso no impidió que la educación que había recibido de sus padres fuera sesgada, pues su madre es una buena persona que no juzgaba por la condición de los demás a pesar de su posición acaudalada, a diferencia de su padre, quien sí tuvo orígenes humildes de los cuales nunca hablaba. Desde antes de cumplir los 18, fingía ser recto e intachable, un excelente ejemplo a seguir.

"¿Cómo fue tu infancia?", preguntó la terapeuta.

"Feliz, nada me faltaba, todo lo que quisiera lo obtenía, mis padres lo hubieran dado todo por mí o al menos" —Aída suelta un largo suspiro— "En ese momento".

"¿Y durante tu adolescencia?"

"La secundaria fue buena, me la pasaba buscando excusas para pasar mi tiempo libre con el amor de mi vida, Paulo... Las cosas iban bien, nuestras familias fueron amigas incluso desde antes que nosotros naciéramos; cuando comenzó la preparatoria fue cuando empecé a ser muy mala persona.

La terapeuta se sobresaltó por la declaración de su nueva paciente: "Es de valientes aceptar sus errores; dime, ¿qué marcó tu antes y después?", dijo mientras escuchaba atentamente.

"Se llamaba Teresa, esa maldita rata de vecindad", dijo otra vez con molestia en su voz. Ella se prometió ya no decir eso; ahora comprendía que cargaba con un gran peso clasista, pero el solo recordarla hacía que su sangre ardiera.

"Paulo estuvo obsesionado con ella desde que la conoció en el primer año; ahí fue cuando yo sufrí. Siempre estuve enamorada de él. Lo que más me molestaba es que no podía encontrar una razón aún más válida que el solo quitarme al chico del que estaba enamorada. Ella aparentaba perfección, tenía belleza, buenas calificaciones, era agradable, tanto así que mi exsuegra jamás hubiera imaginado que era una pobretona de lo peor, sin el más mínimo sentido de moral". Dijo, mientras cada palabra que decía parecía que soltaba una gran carga de veneno.

"Mi resentimiento se volvió peor cuando terminó la preparatoria y su secreto se volvió conocido gracias a mí, a modo de venganza por las molestias que le había causado a mi Paulo".

"¿Entonces a esta Teresa le atribuyes las desgracias que te ocurrieron después?", pregunta la terapeuta a modo de reafirmar.

"Claro", dijo sin dudar ni un poco.

"Es muy pesado culpar a las personas sin ninguna duda de nuestras propias acciones; nadie hace algo sin que alguien más lo propicie", opinó. Al ver la mirada confundida de Aída, prosiguió: "Tranquila, puedes tomarte el tiempo que necesites para pensar qué fue lo que te hizo llegar a tu límite".

"Los celos hacia Paulo ya lo habían aclarado".

"¿Solo eso?". Dijo con una duda genuina; era claro que ella no venía solo a eso.

Aida suelta un suspiro: "Mi desprecio a los pobres no viene desde la educación de mis padres; en realidad, mi padre venía de abajo y mi madre no estaba destinada a ser la administradora de la empresa, por lo que siempre evitamos esos temas en casa, aunque al estar rodeada de gente rica como yo, siempre escuché las bromas y comentarios despectivos hacia otros, tanto que lo usé como burla para otros". Dirigió su mirada al suelo: "Por otro lado estaba la madre de Paulo, doña Genoveva, que siempre me hacía recordar que, gracias a nuestra posición, éramos superiores al resto de gente".

"¿Entonces me hablas de un complejo de superioridad?"

"Sí, igual mi desprecio a Teresa siempre fue justificado; siempre hacía mi vida más difícil y miserable".

"Lo que yo veo acá es que tienes tus razones para odiarla, pero también qué hiciste tú en contra de ella, con una carga sumamente clasista que abiertamente afirmas. Creo recordar que me dijiste que su mentira quedó al descubierto gracias a ti, ¿no?"

"Pues sí, después de descubrir su secreto, me encargué de despreciarla a ella y a todo su círculo cercano; no había gente que ni supiera que era una mosca muerta en busca de algo más".

"¿Una vida digna?", refutó la terapeuta.

"Sí, pero no por los medios correctos", se defendió.

"Si algo he aprendido es que los medios muchas veces no se pueden juzgar si llegan a los resultados; si bien sabemos qué es correcto o incorrecto, muchas personas, por diferentes capacidades o educación, no terminan de comprenderlo y me parece que en su caso la ambición pudo más", respondió de vuelta la psicóloga.

"Y no tiene idea cómo, destruyó toda relación que pudo tener con toda su familia y amigos. Mi venganza por fin se completó al verla sin nada, sin amor; celebré ese día con mis amigos al por fin superarla".

"Es un poco adelantado, ¿no crees? Me parece que es una persona difícil de olvidar; después de todo, tú estás aquí".

"Es diferente, no vengo por ella, vengo porque quizás así pueda comprender todo el sufrimiento que pase de por medio: mi padre apuñalado, mi madre sufrió un engaño y estafa en todo su matrimonio, mi ex, casi esposo, murió a causa de la adicción a las drogas y mi exsuegra se acostaba con mi padre.

La terapeuta abrió los ojos por la impresión: "Será difícil desentrañar tanto conflicto y espero tu cooperación, Aída; resolveremos eso punto por punto; por ahora habrá que dejarlo ahí".

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Aida realmente anhelaba ser una nueva persona cuando comprendió todo el daño que causó. A raíz del sufrimiento que vivió, decidió invertir su tiempo en demostrar su arrepentimiento con actos de servicio: comenzó a cuidar de su hermano y al otro hijo de Esperanza y Hernán, necesitaban tiempo a solas, a encargarse de las empresas de su madre cuando ella no podía con la carga, apoyar a Mariano y Aurora con su vida de casados. Sin embargo, gracias a la ruptura con este último, ya no había resurgido el interés por el amor; realmente estaba pensando en terminar sola con una gran mansión. Fue entonces cuando cayó en la cuenta.

"Al final, no soy diferente a ella".

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Teresa, después de sus errores cometidos, sí que demostró caer bajo; para ser ella, flaqueó al donar todo el dinero mal habido y también decidió dejar la casa en Lomas de Virreyes. Se pone en duda que realmente comprendiera la magnitud de lo que había hecho, pero ya era un peso con el que iba a cargar el resto de su vida.

No fue difícil para Teresa comenzar de nuevo; no se mudó de ciudad, solo se fue a vivir a otra zona donde el dinero igual abundaba para tratar de no toparse con todos aquellos de su vieja vida. Se unió a un despacho de prestigio con la recomendación de otros abogados y aceptando casos de clientes distinguidos. Con su propio éxito logró comprarse un bonito departamento a su distinguido gusto de lujoso.

Cada vez ganaba más casos, reconocimientos, desarrolló su habilidad de escritora para compartir su pasión por el derecho, ya que ella sabía que había nacido para eso.

Parecía que lo tenía todo: se costeaba sus lujos, viajes, restaurantes, ropa de diseñador e incluso un auto en un lapso corto de 3 años. ¿Era eso posible? Ella sabía que, más que por su talento, su belleza hacía a todos perder la cabeza a su favor; después de todo, hay cualidades que no se pueden ocultar.

Sin embargo, quienes la rodeaban no eran más que gente vacía con intereses comunes que ya no le transmitían nada. Intentó salir de nuevo con hombres ricos, pero incluso ahora que se encontraba en el mismo nivel socioeconómico, no parecían querer mantener más que una relación sexual que no le aportaba nada a ella.

No era fácil; desde su matrimonio fracasado, Teresa realmente no se había entregado a nadie más. Su frustración sexual solo podía ser ahogada gracias a los juguetes sexuales que había comprado en internet. Después de todo, una abogada de renombre tipo no podía ser vista husmeando las tiendas sexuales para luego ser sacada en las revistas como frustrada sexual; esos juguetes realmente eran un increíble desahogo de sus fantasías con su exesposo. Aunque después de una buena sesión no podía evitar sentirse vacía y sin amor.

Cada vez que ocurre eso y lo piensa, tuvo muchas oportunidades para arrepentirse; ahora los que la adoraban y quienes la odiaban cayeron en el mismo pozo de “jamás quiero volver a verte”; incluso todos aquellos a quienes dañó formaron su propio círculo “familiar”. Teresa, después de muchos intentos de recuperar a su madre y su madrina, la seguían rechazando; merecido quizás, pensaba Teresa, pero demasiado cruel.

Sencillamente, nadie la podría entender.

Quizás son traumas que no sanaron.

Después de todo, muchas de las cosas que hizo tienen el mismo origen.

Contempló el quizás ir a terapia, pero sabía de algún modo que todo lo que hizo fue por su trauma a la pobreza, no tener que comer, ver el dinero fugarse por la renta mensual, acoso sexual, un ambiente nada sano donde creció, siendo el conformismo lo primero del día, y su hermana siendo un recuerdo que guarda muy profundo en su corazón.

Sin embargo, siempre que tuvo el impulso, se echaba para atrás. No es nada agradable que recalquen tus errores cada que pueden y sabía que el terapeuta tendría las de ganar, pues reconocía algunos; otros los justificaba a muerte, pues jamás los aceptaría.

No aceptaría la realidad que ella misma se formó aun a pesar de vivirlo intensamente.

Después de 3 años, no sabe qué ha sido de la vida de aquellos que carga en el pasado; le es demasiado difícil pensar en ellos, pues quienes la "amaban" la vieron como realmente era y su amor incondicional demostró no serlo tanto, pues es algo que le duele fervientemente, así como posee aún ira contenida hacia aquellos que odió, pues solo tuvieron una pequeña pizca de lo que realmente merecían.

Por su propia salud mental decidió no dejar que interfieran más en su vida, pues ahora está mejor sin ellos; revivir resentimientos solo le traería más deseos de venganza que deseaba evitar por ahora.

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La vida de Aida no había cambiado mucho en un lapso de 3 años, ni un interés amoroso. El único hombre que sí quiso algo serio con ella, su amigo Raúl, recientemente había contraído matrimonio poco más de 3 meses; sentía que todos avanzaban en sus vidas mientras ella se quedaba atascada a lo que le llamaba una aprendiz de empresaria.

No se encontraba muy orgullosa al obtener consuelo de saber que su mejor amiga Aurora no estaba pasando su mejor momento en su matrimonio, algo que ella jamás aceptaría en voz alta, pero sus oscuros pensamientos de envidia sí: “No tolero que te vaya mejor que a mí, así que si te va mal igual que a mí, estaremos iguales como las buenas amigas que somos”. Claro, no lo diría en voz alta, pues no quiere demostrar que es una amiga falsa y más teniendo en cuenta su historia con Mariano; su posible divorcio a un corto plazo sería una pequeña flama de esperanza a su aburrida vida.

En grandes rasgos, Aída sabía que no durarían mucho, incluso la propia Aurora, que no quiso ver su futuro evidente. ¿Cuándo se dieron esas señales tan evidentes y que nadie quiso ver? Muchas veces ocurre que lo saben al principio con solo ver las suficientes pruebas y se engañan a sí mismos con un simple “cambiaron”. Ese error les cuesta caro. Después de 3 años exitosos de matrimonio, el último había sido un gran problema.

Por otro lado, la madre de Teresa no era capaz de investigar qué era de su hija; solo preguntaba a Mariano o Aurora si sabían alguna novedad y si podían investigar. A Aurora no le importaba en lo más mínimo, pues ya había obtenido lo que quería de ella. Al que le tocaba hacer el trabajo de averiguar la más mínima información de ella era a Mariano, cosa que no le agradaba a Aurora, pues siempre sintió que buscaba cualquier excusa para saber de ella.

No solo sus celos se habían disparado; una nueva residente del hospital estaba fascinada con él. Pudo reconocer el interés con solo verlo; es evidente, y él era tan estúpido para no darse cuenta de lo descarado de la situación. Cuando menos se lo esperaba, fue una gran interesada en unirse al dispensario de la vecindad y buscar cualquier situación para estar cerca de él.

Dicen que solo una mustia puede reconocer a otra; Aurora quizás ya había comenzado a pagar con creces el romper los códigos de amigas aun a pesar de que su ex mejor amiga y ella no se tenían buena fe para nada. Este hecho le hizo hervir más la sangre. El constante recordatorio de Mariano diciéndole que exageraba y que solo tenía ojos para ella le hizo revivir momentos que ella ya había pasado siendo la otra.

Aida hacía lo que podía, brindándole falsa seguridad, pues Mariano nunca se atrevería a hacer algo en contra de su matrimonio, ¿no?, eso habla bien de él, el cual constantemente se repetía que la mujer de su vida era Aurora y que por ella la dejó a un lado, cosa que ella respetó, y aunque no lo quiere admitir, en la lejanía aún se encontraba la mujer que, aunque no quieran, Mariano siempre deseó y eso nunca lo podría cambiar, pues su pasado lo sigue persiguiendo.

Las tres mujeres probaron la misma carne y solo una podría cambiar su vida de casados de nuevo; afortunadamente y para el alivio de todos, eso ya no es problema ni de su incumbencia mientras no la vuelva a ver.

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Teresa ama los lattes por la mañana cuando llega al despacho de abogados donde trabaja. El edificio es alto y ella, siendo privilegiada, tiene una bonita oficina con vista a la ciudad que obtuvo mediante un coqueteo sutil con su superior. Afortunadamente, este tiene esposa, cosa que lo detiene para molestarla con citas a las que ella no está claramente interesada.

Sin más, se quita el saco, pone el café en el escritorio y se prepara para recibir a la primera cita.

“Licenciada Chávez, llegó su cita de las 9”. Dijo su secretaria.

“Gracias, Silvia, hazlo pasar, por favor”, respondió de vuelta.

Dicho esto, en cuestión de segundos el potencial cliente entró a la oficina con documentos en mano.

“Licenciada Chávez, encantado de conocerle”, dijo mientras le extendió la mano. “El sr. Mario Andrade, un gusto”.

Teresa correspondió al saludo con una sonrisa.

“Siéntese, por favor”, dice mientras ella procede a sentarse.

“Para comenzar, ¿en qué puedo ayudarle?, dígame”, dijo Teresa.

“Quisiera demandar a una empresa”, dijo el hombre con tono seguro mientras la veía.