Actions

Work Header

Es nuestro amor

Summary:

Me pierdo en tus ojos azules, la apertura en ellos simulando una pupila humana es oscura. La negrura en ella me deja sin aliento. Si me enfoco en la oscuridad que oculta tus circuitos, veo mi figura diminuta, sentada, recostada o de pie, incapaz de abandonar el confín en el que se halla. En realidad, puedo hacerlo, puedo escapar de ahí, pero no quiero. Yo, 2B, no quiero huir ni que dejes de mirarme.

Notes:

Hola!

Ali pisa este fandom por primera vez con este fic! si bien tiene años desde que me obsesioné con esta franquicia, es mi primer trabajo para ella QwQ

El fic está basado en la letra de "Crazy in Love" de Beyoncé ;u; Dado a que mi humor se ve afectado por la vida real (que está siendo todo un reto en este momento), opté por un giro diferente(?)

Oh! También me basé en la información que existe de los conciertos que hay de NieR OwO Por ello lo considero un post-End of Data je

E igualmente participa en el fanzine organizado por Los Magumbos de Toji en FB jejeje

Ahora sí, sin más, a leer!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Me pierdo en tus ojos azules, la apertura en ellos simulando una pupila humana es oscura. La negrura en ella me deja sin aliento. Si me enfoco en la oscuridad que oculta tus circuitos, veo mi figura diminuta, sentada, recostada o de pie, incapaz de abandonar el confín en el que se halla. En realidad, puedo hacerlo, puedo escapar de ahí, pero no quiero. Yo, 2B, no quiero huir ni que dejes de mirarme.

Ha pasado un tiempo desde que mi caja negra fue restaurada en la capilla donde encontramos cadáveres de un centenar de androides y la esfera oscura. Había resistido el viaje hasta ahí, soportando la agonía que era ser defectuosa, no ser la 2B que conociste. En cualquier momento me sentí a punto del desplome, al borde de la muerte, de dejarte atrás por segunda vez. No quise decirte lo que me aquejaba para no preocuparte y romper la pequeña burbuja de efímera tranquilidad en la que saciaste tu curiosidad inagotable. Mi pecho se encogía al ver las alertas de fallas irreparables, de deficiencias que aumentaban con cada paso del viaje. Y, sin embargo, callé. Acepté mi destino y opté por continuar nuestro descenso al Edén. Porque tu voz apaciguaba mi dolor, tu rostro con tintes juguetones me hacían olvidar la situación que empeoraba con los segundos. Si esta es mi última vez a tu lado, la aprovecharé al máximo, pensé en reiteradas ocasiones. Sin órdenes de YoRHa o misiones de por medio, el peso en mis hombros aminoró de manera gradual, las pisadas me supieron ligeras y la restricción que me impuse poco a poco cayó. Nadie podría castigarme por amarte.

Nuestros destinos estaban manchados con sangre, nuestras manos nos hirieron mutuamente, nuestras espadas atravesaron nuestros cuerpos, nuestras cajas negras vibraron al unísono en todo momento. No importaba cuántas veces nos volvieran a hacer, cuántas veces te borraran la memoria, cuántas veces me dieran la orden de matarte, porque en cada una de ellas nos volvimos a encontrar. Tú eres 9S y yo 2B(E). Tú estás programado para indagar en lo prohibido y yo en acabar contigo. Tú eres brillante y yo debo apagarte. Tú no me reconoces cuando nos encontramos, yo te reconocería entre una multitud. Tú me amas como yo a ti. Por ello tomé tu mano y abracé esta realidad en la que viviremos sin la intervención de un tercero.

Tú y yo en este mundo destruido.

Tú y yo creando un hogar.

Tú y yo amándonos sin restricciones.

Hay días que las memorias del pasado nos sobrepasan y volvemos a herirnos. Te marchas aun cuando te llamo con desesperación, temiendo perderte; aterrorizada de retroceder pasos en nuestro vínculo. Sabemos que no somos familia, no somos amigos, tampoco conocidos, la palabra amante no puede englobar lo que somos, por ello me estremezco cuando me das la espalda y tus palabras las dices con un tono gélido. Tal vez me estás castigando por esas veces que hice lo mismo contigo, por ello te pido perdón al verte de nuevo. En silencio me estrechas con fuerza, entierras tu rostro en mi cuello. Es curioso que es en situaciones así donde yo soy la que habla de más, la que balbucea disculpas y repite tu nombre una y otra vez. Llega un punto en el que quizás te hartas de mi voz o tu mente te traiciona porque tus manos se ciernen sobre mi cuello, aprietas con fuerza, tu rostro dulce se transforma en uno horripilante, tus ojos azules refulgen malignos y tu boca forma una mueca feral. Te conviertes en otro, en un 9S que me odia. Y, contra todo pronóstico, esto me tranquiliza, confirma que despierto una emoción en ti, que no soy una desconocida. Por eso nunca me resisto, acepto tu castigo, acepto tu sentimiento, aunque averíes mi cuello, hay más partes.

 —N-nueve… —musito con mi caja de voz entrecortada, a nada de ceder a tu agarre.

No me queda más que sonreír, aliviada de perderme en tus ojos, de que me mires. Es como si un interruptor se activara, tú te detienes, parpadeas mientras ajustas tus lentes y la imitación de pupila regresa a la normalidad. Siento cómo tiemblas, cómo las palabras se atoran en tu garganta y el pánico se apodera de ti. En un respiro me sueltas, miras tus manos y tu cuerpo aumenta de temperatura. Yo toso, un reflejo que imita una respuesta humana, pero me repongo con rapidez suficiente para abrazarte y repetir cuánto te amo, que yo estoy bien. Al principio no me crees, sino hasta que nos besamos. Nuestra manera de salvarnos es mediante besos, activando nuestros sensores que causan diminutas descargas eléctricas en nuestros chasises recubiertos. Nuestras cajas negras vibran como siempre, tocando una tonada que nos pertenece. La dermis artificial se eriza por la estática, tus manos se ciernen sobre mis senos y, en respuesta, yo abro mis piernas para acomodarte. Al no tener componentes que imitasen a los órganos reproductores humanos, hallamos la manera de unirnos en una cópula similar. Del pubis de 9S emerge un conector que se ensambla con el orificio que tengo en la misma zona. Al hacerlo, nuestros sistemas convergen en uno solo: sentimos lo que el otro siente, vemos lo que el otro ve, escuchamos el pensamiento del otro. Era una sensación única, en la que los tormentos se difuminan y pierden, donde somos un solo androide.

Permanecemos así, unidos, por horas, besándonos y acariciándonos. A veces yo en mi cuerpo, en otras en el tuyo, observándome desde tu posición. Reconozco que mi cabello ha crecido y mi aspecto te recuerda al de A2. Comprendo mejor tu ira de momentos antes, el odio visceral con el que intentaste acabar conmigo. Cuando estoy en tu terminal, escucho tus pensamientos, desde los más inocentes a los más pérfidos; cómo quieres matarme, cuánto ansías destrozarme, lo mucho que deseas violarme. Un escalofrío nos recorre. Tal vez es por mi culpa, porque pienso en acceder si así tu corazón se apacigua. Tal vez es de tu parte, porque sé lo que quieres. No obstante, me pregunto la razón por la que temes a que lo sepa ahora, no es la primera vez que tenemos esta unión, no es la primera vez que lo experimentamos. ¿Te da miedo que me aleje? ¿Temes que te considere repulsivo? No, Nueve, ¡jamás!

—¿E-en serio, 2B? —susurras con voz trémula, temblando entero y la mirada en otro lugar que no son mis ojos.

—En serio —replico, firme y atrayendo tus ojos expresivos—. Te amo, Nueve —repito como tantas veces deseé hacerlo en el pasado. Tú respondes casi en plegaria, como cuando estuvimos en la capilla. Me llamas «esposa», acelerando los latidos en mi caja negra, provocando un rubor en la piel artificial de mis mejillas.

Cuando te desconectas de mí, siento un vacío que antes llenabas con tus datos fluyendo en mi memoria y microprocesadores. Vuelvo a la oscuridad en la que debo descifrar lo que piensas. Nuestra rutina regresar suavemente, como un soplo. Al no tener misiones de YoRHa o alguien más, optamos por tener unas propias, llenando esa programación predispuesta al orden, a la obediencia que tanto te enferma, pero que has aceptado con cierta resignación. Al viajar al Edén, recorrimos lugares de todo tipo, aprendiste más sobre el mundo que intentábamos recuperar para una humanidad extinta, esto nos sirvió para ayudar a los campamentos de Resistencia que aún quedaban en pie. Las relaciones con estos androides rozaban en lo profesional, al reconocer en nosotros una fuerza adicional para tareas que tuvimos que aprender y ahora ejecutamos con fluidez. Un par de androides se me acercan con frecuencia, otorgándome un alivio al saberme útil. No era obsoleta o una carga, aún servía. Por lo general, no intervienes en esto, te limitas a observar con una sonrisa afectuosa. Sin embargo, esto se rompe cuando los modelos masculinos se me acercan demasiado. Pienso que es por la fuerza que aún poseo, pero tú piensas diferente.

—¡Esposa! —gritas desde la lejanía, captando la atención de medio campamento—. ¡Tu esposo necesita de tu ayuda!

—¿Esposa? —murmuran algunos.

Luego de disculparme con los que solicitaron mi asistencia, voy a ti.

—¡¿Eh?! ¡¿Tú eres «esposa»?! —exclama uno.

—Soy su esposa —respondo, segura de mi afirmación. No. Es un hecho.

—¡¿Eres esposa de ese enano?! —vocifera otro.

—Es correcto. Ahora, si me disculpan, tengo que ir con él.

Mientras me alejo alcanzo a oír un «¿Quién se cree que es ese?». Una reacción que me hace tensar la mandíbula. Ellos creen que no me mereces, no saben nada de nosotros, desconocen nuestro camino, las turbulencias que vivimos, el dolor que compartimos día tras día. ¿Qué van a saber ellos de nuestro amor?

No obstante, al llegar contigo, noto tu ceño fruncido. Estás a la defensiva, los brazos cruzados a la altura del pecho y una mueca de irritación que vuelve agrio tu semblante. Tardo en comprender de dónde viene esa molestia y, por un segundo, pienso si yo fui la culpable, pero, en una rara oportunidad, me lo revelas luego de tirar de mi mano hasta el bosque que hay cerca del campamento. Detrás de un árbol frondoso, ocultos entre la maleza, revelas lo que piensas:

—¡No debiste ponerte esta ropa, 2B!

No comprendo lo que dices. Cesé en usar la falda negra y el leotardo al notar rasgaduras irreparables, por lo que opté por unos pantalones cortos que cubren escasamente el inicio de mis muslos y una camiseta de tirantes gris. Los considero prendas que me permiten una buena movilidad. Eso te digo sin vislumbrar lo que tú ves.

—¡No debiste! ¡Tienes otros conjuntos!

—Pero, tú me regalaste esta ropa —respondo, atónita—. ¿No quieres que la use?

Eres tú el que se ve asombrado.

—Salí de casa así, ¿por qué hasta ahora me dices que no debo usarla? —continuo en aras de escuchar tu respuesta sincera.

—¡Yo… eso…! ¡Ah! ¡Atraes miradas! —confiesas, frustrado.

—La que me interesa es la tuya.

Y es verdad. La conoces mejor que nadie. Has estado unido a mí un centenar de veces. Veo tu rostro estupefacto y ruborizado. Te ves angelical, puro. Esta ilusión se rompe cuando me besas, te abres paso entre mis piernas con una de las tuyas. Por la diferencia de alturas yo debo agacharme un poco, rodeo tus hombros con mis brazos. La tela de la camiseta es delgada, casi una segunda piel. De pronto, percibo tus dedos ascendiendo por mi muslo derecho. Se abren paso para estirar la tela y dejar a la vista mi orificio. La anticipación me estremece, mis sensores se preparan para lo que viene, aceleran el pulso de mi caja negra y aumentan la sensibilidad en mi dermis. Jadeo en medio del beso, anhelando que te insertes en mí. Escucho cómo bajas la bragueta de tus pantalones cortos y…

—¡Nueve!

La transferencia inmediata de archivos, el flujo de datos y la sincronización ocurren como es usual. Vuelves a llenar el vacío que me persigue mientras no estoy hibernando, pero ocurre algo extraño: no puedo escuchar tus pensamientos.

«Aumento de sensibilidad en sensores de la dermis» dice la alerta en mis lentes. Estoy por preguntarte qué está sucediendo cuando una descarga eléctrica placentera recorre mi chasis. Noto que son tus manos, puedo sentirlas en mis muslos, luego en el pubis, arrancándome jadeos. La temperatura sube al igual que tus palmas enguantadas. Recorres mi torso, mi espalda baja, los glúteos, asciendes a mis omóplatos para luego regresar a mi frente y apretar mis senos. Veo las alertas por el calentamiento, mi caja negra trabaja a una velocidad atroz para procesar lo que mis sensores reciben. Jadeo de manera incontrolable, mis dedos se aferran a tus hombros, el depósito de agua en mí genera el sudor artificial con el fin de disminuir la temperatura a punto de freír mis circuitos. Con dificultad te miro, hemos roto el beso desde que inicio esta tortura. Tu rostro es serio, tus ojos me miran y, de manera incomprensible, siento que acarician los míos. El sonido que emito es vergonzoso, es el que suelo exclamar en nuestra pequeña casa, es el que te hace abrir el puerto restante donde te escucho y me sostienes en el espacio virtual.

—Estás al límite, 2B —comentas mientras apartas un mechón de cabello de mi rostro—. Al regresar la sensibilidad a los valores originales, tu cuerpo tardará en recuperarse. No podrás levantarte por un rato. No podrás ayudar en el campamento. Solo hasta que te dé un mantenimiento.

Eso es verdad, lo pensé al ver la barra de temperatura a decimas de llegar a niveles críticos. Mi sistema deberá entrar en hibernación por un par de horas en lo que mis enfriadores consiguen bajar el calor. Y, aun con eso, necesitaré un mantenimiento de tu parte para verificar que ninguna de mis funciones tuviera algún error y mis controladores estuvieran intactos.

Estaré incapacitada lo que restaba del día.

Eso lo sabes. Lo sé por tu sonrisa afable que no llega a tus ojos.

«2B es mía» es el pensamiento que oigo sin que muevas los labios. Estoy familiarizada con él, más de lo que crees. Es tu mantra cada que nos unimos. Es lo que dices cuando me sostienes al hibernar juntos. Está en tus gestos hacia mí, en los regalos que me das, en tu mirada que me devora sin falla alguna. Este es tu amor.

Es nuestro amor. Uno que me regocija porque puedo vivirlo a tu lado, libre de las cadenas que nos ataban a un ciclo de vida y muerte que me tenía harta.

«Te amo, esposa» escucho y de súbito mi sensibilidad regresa a los valores normales.

Me siento cansada. Mi sistema está forzando una hibernación. Te desconectas de mí y me sostienes en brazos. Con dificultad consigo alzar la mirada. Me pierdo en tus ojos azules, la apertura en ellos simulando una pupila humana es oscura. La negrura en ella me deja sin aliento. Si me enfoco en la oscuridad que oculta tus circuitos, veo mi figura diminuta incapaz de abandonar el confín en el que se halla. En realidad, puedo hacerlo, puedo escapar de ahí, pero no quiero. Yo, 2B, no quiero huir ni que dejes de mirarme.

—Te amo, esposo.

Notes:

¿Y bien? ¿Qué opinan?

En lo personal, jamás creí escribir el sexo entre androides jejeje Espero les haya gustado lo que consiguió imaginar mi cerebro medio hecho puré.

Gracias al anime he vuelto por estos lares y me animé a escribir esto TuT Me siento contenta de al fin escribir de estos dos que forman una de mis ships favoritas QwQ

Muchas gracias por leer!

Espero les haya gustado!

Nos leemos~

Cuídense~

AliPon fuera~*~*