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Julián no era de salir. Prefería quedarse en su casa con su gato Chizito, cocinarse algo rico y mirar una película o algún partido viejo. Sin embargo, esa noche se sentía solo. Estaba en Manchester, lejos de su familia, de su país, de sus amigos. No lo malinterpreten, le gustaba donde estaba, se llevaba bien con sus compañeros y estaba agradecido con como se iba desarrollando su carrera. De todas formas, vivir lejos de lo que uno considera casa trae el gran peso de noches como esa donde el único sentimiento que pesa es la nostalgia y el querer volver a sentir el calor del hogar. Entonces, en un acto desesperado de querer sacarse aquel sentimiento de encima, Julián decidió ir solo a un bar. La peor decisión de su vida hasta el momento.
Había llegado a un bar poco pretencioso en un rincón recóndito de Manchester. El lugar lo había encontrado por Google Maps cuando trataba de buscar un bar alejado de zonas céntricas. Julián no se creía el hombre más famoso de Inglaterra, pero por precaución y miedo a que lo conozcan decidió ir a una área donde sabía que era poco probable que se encuentre con gente de la farándula inglesa y mucho menos compañeros de trabajo. Al entrar nadie volteó a verlo, incluso le costó llamar la atención de la mesera para poder pedirse una cerveza. Si sentirse solo es angustiante, peor es cuando estás rodeado de gente.
El bar era oscuro, con unas pocas luces calidas colgando por encima de las mesas. Las paredes y suelo de madera le daban unas vibras retro. Parecía a simple vista un lugar tranquilo. La gente se encontraba en grupos pequeños y centrada en sus conversaciones. La única persona que estaba sola como él era un pelinegro al otro lado de la barra. Con un suspiro, Julián se da cuenta que la noche se le pasaba más lento de lo que se le habría pasado solo en su casa. A esto se le sumaba que él no era bueno interactuando con gente nueva, entonces tampoco se sentía cómodo buscando una small talk con la gente del lugar. En su tercera pinta terminada, se da cuenta que no solo perdió el tiempo sino que se sentía más solo. Había varias parejas en el lugar y verlas no mejoró en ningún sentido su humor.
Pagó a la mesera, se levantó de su asiento y cruzó el bar hacia la salida. En cuanto salió a la fría noche de invierno inglés, una voz lo frenó.
—Hey! Wait!
A Julián se le aceleró el corazón al ver que la voz correspondía al pelinegro de la barra. Lo único que rogaba el 9 era que el muchacho no sea un hincha que lo reconoció. Nada ayudaba en que lo consideraba atractivo. Pelinegro, más o menos de su estatura, ojos marrones pícaros y la sonrisa de alguien que siempre está al borde de decir algo ocurrente. Si le hacía acordar a cierto mediocampista con el cual compartió equipo y selección, decidió ignorarlo.
Si bien, ya después de dos años de estar en Manchester, su inglés había mejorado bastante, todavía le daba vergüenza hablarlo.
—Eh, Hi? —replicó desbordando timidez.
—I saw you at the bar. You looked cute and a bit sad if I have to be honest.
Julián casi suspira aliviado. Si para ese momento ya no le pidió una foto o le comentó algo de fútbol, entonces seguro no lo había reconocido. Sin embargo, no dejó escapar el suspiro cuando se dió cuenta que lo había llamado cute. Los hombres no se llaman cute. No podía ser que...
—You don't know me, I know, but... I'm certain you're gonna like me if you let me walk with you.
Bueno, definitivamente el inglés lo estaba chamuyando. Julián se lo quedó mirando un rato entre sorprendido y pensativo. Se sentía solo, hace tiempo no se veía con nadie y ahora tenía en frente a este inglés que le hacía acordar a alguien que no podía tener... No se sentía con ganas de desaprovechar la oportunidad, así que le contestó con su inglés rústico:
—You can walk with me a few blocks.
El pelinegro sonrió contento ante la respuesta y comenzó a hablar. Julián se enteró que se llamaba Marcus, que era de la zona y que solía frecuentar el bar el cual, para sorpresa de Julián, era un bar gay. A su vez, Marcus se sorprendió que Julián no se haya dado cuenta que el bar estaba plagado de personas homosexuales. Cuando el muchacho le preguntó por su acento y que hacía un Argentino en Inglaterra, Julián decidió mentir y decir que era un estudiante de intercambio. Hablar con el inglés le sacó un poco el humor oscuro que llevaba cargando todo el día. La verdad era que el chico le hacía acordar bastante a Enzo, charlatán y pícaro, y eso le hizo tomarle aprecio.
Las few blocks que había mencionado Julián ya habían pasado. Estaban cerca del auto del cordobés cuando Marcus frena y lo enfrenta.
—So... Nice talk and all, but are you gonna kiss me or what?
Preguntó con desfachatez el inglés aunque se notaba que en realidad estaba nervioso por un posible rechazo. Esta imagen le provocó ternura al cordobés, lo que le llevo a, sin mucho rodeo, unir sus bocas en medio de la calle desolada de Manchester. Fue un beso que mezclaba deseo y sutileza. No parecía desesperado, pero tampoco era del todo dulce. Julián enterró una de sus manos en el pelo del inglés y con la otra lo acercó más a su cuerpo. El pelinegro aceptó gustozo el acercamiento y le rodeó el cuello con sus brazos.
Después de compartir unos besos más bajo la luz de los suburbios, Julián inventó una escusa (no muy elaborada) para irse que Marcus aceptó. Ambos sabían que nada más iba a pasar esa noche para ellos.
El 9 de Argentina volvió a su casa, se preparó para dormir y cuando observó a Chizito trepar por su pierna, por fin sintió como la nostalgia de su corazón se aplacaba.
Julián se despertó con el ruido de su celular. Se movió extrañado en la cama para tomarlo de la mesita de luz. Era domingo, no tenía que ir a entrenar y, por lo tanto, no había puesto una alarma. No entendía porqué estaba sonando.
Cuando logró alcanzar el celular la melodía había terminado, aunque, automáticamente empezó de nuevo. Tratando de enfocar los ojos todavía reacios a abandonar el sueño, Julián vió que lo estaba llamando Enzo. Enzo odiaba las llamadas. Nunca hacía una a no ser que sea algo grave. Eso lo hizo despertarse de golpe y sentarse en la cama.
—¿Enzo? ¿Pasó algo?
—¿Recién te levantas?
Ningún "Hola ¿cómo estás? Tanto tiempo". Nada. Definitivamente, pasó algo malo y los nervios de Julián salieron disparados.
—Sí. Me despertó tu llamada ¿Qué pasó?
—No sé como decirte esto, Juli...
Para que Enzo de tantas vueltas, algo muy malo tenía que haber pasado ¿Se lesionó? ¿Le pasó algo a alguno de sus compañeros?
—Enzo, me estás poniendo nervioso. Largalo de una vez.
—Se te viralizó una foto —comentó casi en susurro el ex River.
—¿Una foto? Pero si no subí nada —replicó el 9 sin entender nada de la situación.
—No, es una foto que te sacaron, bah, son dos en realidad. No tienen muy buena calidad porque se ve que era de noche y están con zoom, pero se nota claramente que sos vos.
¿Dos fotos? ¿De noche? ¿Él? ¿De que mierda estaba hablando Enzo?
—¿De que mierda estás hablando Enzo? ¿Por qué tenés tono de funeral? ¿Qué tienen las fotos?
—Eh... En una se te ve con un pibe, le estás sonriendo y... bueno, esa es la de menos... El tema es la otra.
Julián no sabía si se le había frenado el corazón o le estaba latiendo tan rápido que ya no lo sentía. Las fichas iban encajando y lo único que podía hacer era rezar para que lo que le estaba contando su amigo sea un chiste de mal gusto.
—¿Qué pasa con la otra foto Enzo?
Su amigo se queda callado. Si Julián no hubiera estado al borde del paro cardíaco ya le habría dicho que deje de ser Jorge Suspenso y hable, pero en su situación actual estaba más cerca de un ataque de llanto que una risa.
—En la otra se están besando —respondió el 5 como si estuviera mandando a su amigo a la horca.
