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Toya Todoroki es un pistilo.
Lo conoce desde que sus padres le explicaron qué es un quirk. Ya que, si bien desde su nacimiento la gente sabe si es un pistilo, cáliz o estambre, no hay prueba de ello en tu piel hasta la primera presentación, la cual ocurre al mismo tiempo que la aparición de tu don.
Más no sabe exactamente qué es ser un pistilo hasta que Rei, con su usual tono calmado y expresión suave, le dice que cuando sea adulto tendrá bellas flores en la espalda.
Al inicio no entiende el atractivo, puesto que suena mejor controlar el fuego o volar; la emoción solo se asienta en su corazón cuando su madre revela ser también un pistilo y que las flores nacen del amor. Toya es más parecido a su padre, y sí, eso es genial, pero también adora a su mamá, por lo que compartir algo con ella le hace sonreír (sentirse más cercano a Rei). Y tener una prueba tangible del amor de sus seres queridos es agradable (necesario), porque a veces Rei está más ocupada con Fuyumi y Endeavor tiene sus deberes de héroe; al menos así las flores le darán siempre seguridad (como una especie de abrazo).
O eso cree hasta que su madre rompe su fantasía.
—Las flores son solo para las parejas.
Rei corrige mientras le acaricia su cabeza con ternura. No se enoja con ella porque se ve contrariada (normal, piensa Toya, porque a ninguna madre le gusta arruinar las ilusiones de sus hijos). No obstante, aún se enfurruña.
—¿Por qué?, ¡no es justo, también quiero flores tuyas, de papá y de Fuyumi-chan!
—Aún no se sabe el motivo. —Encogiéndose de hombros, agrega: —Pero tienes razón, la familia también es importante —contesta con sinceridad y él se regodea cuando su mamá le mira con reconocimiento y cariño, extrañaba ser el centro de atención de Rei—. Si tanto quieres una flor mía, puedo regalártela.
Toya asiente con entusiasmo y antes de tratar de adivinar cuál elegiría su madre para él, se detiene porque en su mente surge la curiosidad por tratar de comprender por qué sus padres actúan distinto a otras parejas, sean los vecinos o aquellas que salen en la TV. Aprovecha la oportunidad y suelta sin más:
—¿Cuál es la flor de papá?
Por una fracción de segundo la mano de su madre se congela, es tan corto que se cuestiona si no lo imagino. Levanta la vista y la expresión de Rei lo confunde. Es como si ella se hubiera ido a otro lado y a Toya le disgusta la distancia, así que abraza y besa en la mejilla a su mamá.
Así, la trae de vuelta.
Sin embargo, Rei no responde su pregunta y cambia el rumbo de la charla con una sonrisa un poco tensa. Toya asume que la flor de Enji es fea, tan horrible como para que su mamá no desee hablar de ella. Una pena, porque su madre es hermosa y no merece llevar en su espalda una flor desagradable.
Ese día aprende que no debe cuestionarle sobre el tema a su mamá, no si quiere que ella continúe feliz.
*
No pasa ni un mes para que se manifieste su peculiaridad, y en consecuencia, su estado como pistilo. El fuego es asombroso, pero nada nuevo, es obvio considerando quien es su padre. Por otro lado…
—¿Cuál tengo?
Los pistilos pasan por dos presentaciones. En la primera se define el árbol o planta trepadora que representa la personalidad del pistilo, trazando verticalmente justo el centro de la espalda; mientras la segunda es la manifestación del amor entre el pistilo y el estambre, a la izquierda van los sentimientos del pistilo por el estambre, y a la derecha los del estambre por el pistilo.
Y cómo aún faltan unos buenos años para conseguir sus flores, ya que las mismas aparecen a partir de la adolescencia, a Toya no le queda más que conformarse y tratar de ser paciente.
—Creo que es la hiedra —dice Rei, después de una cuidadosa observación y búsqueda en varios libros sobre el lenguaje de las flores—. Eso quiere decir que tu amor es verdadero y para toda la vida.
Otra vez, él no se asombra, porque a veces su pecho se siente demasiado pequeño para contener su corazón. Los sentimientos de Toya suelen ser mucho, tanto que en ocasiones le da miedo no encontrar el límite. Entonces es predecible que la hiedra en su espalda represente su fuego abrasador.
—La persona que ames será muy afortunada.
Y así, tan sencillo, su mamá le reconforta con las palabras correctas.
No hay de que preocuparse, para Toya está bien amar con vehemencia.
*
O eso piensa hasta que la realidad nuevamente le demuestra lo contrario.
Lleva meses sin que Endeavor le entrene, Toya no entiende por qué unas pequeñas quemaduras tendrían que detenerlo. Más cuando se supone que él cumplirá el sueño de Enji. En vez de verle con malos ojos cada que usa su fuego, sus padres deberían escucharle, es su cuerpo, conoce mejor sus propios límites que el resto.
Frustrado y enojado, ignora la llamada alegre de Fuyumi. Avanza rápido y pisando con fuerza, eligiendo encerrarse en su habitación luego de la terrible visita con un doctor especialista en pistilos.
Jamás paso por su cabeza que el surgimiento de sus primeras flores preocuparía tanto a sus padres que le llevarían a consultar. Como si no tuviera suficiente con su quirk, aparentemente su cuerpo continúa demostrando lo defectuoso que es.
«Es poco común, pero es posible que los pistilos comiencen a presentar flores a tan corta edad. Probablemente, su edad sea un factor que le haga confundir el amor con la amistad. Con el tiempo se solucionará por sí solo».
El hombre adulto bien podría haberle llamado anormal. Conteniendo sus lágrimas y a punto de gritar en su almohada, Toya se irrita de tan solo recordar los pequeños brotes de flores de cerezo (fugacidad).
Nunca ha sido del tipo que sepa relacionarse exitosamente con los demás. La mayoría le tacha de pegajoso, cambiante e intenso, prácticamente volviéndole imposible ganar al menos un amigo. Con casi siete años, sus padres optaron por moverlo de primaria con la esperanza de que rodearse de personas nuevas fuera beneficioso para él. No funciono (nunca lo hace).
La ilusión de la mejora es igual de fugaz que sus flores de cerezo, que representan una generosa e incipiente amistad que acaba por ser decepcionante. Y sí, con terquedad nombra como amistad la agitación en su corazón que surge cuando cualquiera le habla con amabilidad. Se niega a considerar la posibilidad de que esté tan apartado de los niños de su edad, que una breve interacción es capaz de enamorarlo. Es patético, ¡y Toya no es patético!
Es en este momento cuando considera por primera vez que ser un pistilo es asqueroso e invasivo. Por supuesto, cuando le comenta su disgusto a su mamá, no se queja de ser un pistilo, sino de su irritante apego por personas con las que muy apenas charla una vez. A la expectativa de palabras que le recuerden que no es un error, la decepción revuelve su estómago porque Rei guarda silencio. Luego lo abraza, sí, pero es breve y no lo que necesita. Al menos después le prepara su comida favorita, acepta con renuencia.
“Madre dijo que mi amor haría afortunado a alguien… Ella mintió”, piensa mientras mastica.
Un sabor amargo se queda en su boca por el resto del día.
*
Las flores desaparecen de un pistilo si lo rechazan directamente o piensan que fueron abandonados, el dolor de cuando caen depende de la importancia del vínculo. Afortunadamente, Toya pierde sus flores de cerezo luego de unos cuantos días y la incomodidad es comparable a cuando te caes y te raspas un poco la rodilla. Pero como la suerte no está siempre de su lado, surgen nuevos cerezos. Más y más cerezos, hasta que la parte izquierda y baja de su espalda se halla tapizada por ellos.
A Toya no le queda más que soltar largos suspiros, mientras busca bloquear y no amargarse ante el hecho de que su única amiga es su hermana menor—Fuyumi no es mala compañía, pero no tienen la misma edad, por obviedad, en la primaria solo pueden juntarse en los descansos—y que a tan corta edad lidia con tantos sentimientos no correspondidos como para contarlos con los dedos de ambas manos.
Su vida prosigue sin ninguna diferencia y cree que será así por siempre, hasta que un día conoce a Keigo.
Es un año menor que él, aunque casi una cabeza más alto que Toya. De semblante serio, inexpresivo y con ojos que apenas parpadean porque prefieren verte con fijeza (como si no quisiera perderse ningún detalle sobre ti). Los otros niños del pequeño parque se asustan, alejándose, pero el corazón de Toya se acelera cuando sus miradas se encuentran. Avanza hasta la banca donde descansa Keigo y se sienta a su lado; iniciando una conversación con él, descubre que éste prefiere escuchar más que hablar. Eso está más que bien, Toya es lo suficiente parlanchín para los dos.
Sonriente y emocionado porque por fin alguien le presta el nivel de atención (aceptación) que anhela, el tiempo pasa rápido.
Keigo es gentil, permite que tome su mano para llevarlo a los juegos del parque y divertirse. Tampoco forma una mueca de incomodidad o disgusto cuando Toya lo abraza al despedirse, es más, está seguro de que Keigo lo apretó con más fuerza que Toya. Es desconcertante pero maravillo no ser el único apasionado.
Aún mejor es que ambos prometen verse la siguiente semana.
Durante el camino de regreso a la residencia Todoroki, Toya no se calla, incluso si nota la cara aprensiva de su madre (se pregunta cuándo fue que ella dejó de confiar en él, y por qué entonces a veces busca ir a pasear solo con Toya diciendo excusas como: «Últimamente, no hemos pasado tiempo juntos»). Al llegar, muy apenas le da espacio para quitarse los zapatos y la arrastra consigo hasta su habitación. Rei le genera sentimientos conflictivos, pero todavía es la primera a la que quiere mostrarle su espalda.
“Tal vez… porque los dos somos pistilos”. Ignorando la expresión compasiva de su madre, la apura para que le cuente si ha ganado nuevas flores.
—Oh.
El sonido de sorpresa lo emociona y pone nervioso a partes iguales. Desconoce si será una buena o mala noticia. Pero quiere saberlo, lo necesita.
—¿Qué pasa?
—Hay lilas a la izquierda y a la derecha margaritas.
Su voz es clara, también se oye asombrada y… aliviada. No recuerda la última vez que ella sonó así alrededor de él. Trata de no pensar en el pasado donde Rei era más abierta y optimista; así que aguanta sus ganas de llorar, no tiene sentido que sus ojos duelan cuando se encuentra tan feliz y lleno de esperanza. Espera a que su madre le explique más, en su lugar ella le revuelve el cabello y comenta:
—Creo que lo mejor es que lo descubras por ti mismo. —Antes de salir del cuarto, le ofrece una pequeña sonrisa y finaliza con: —Me alegro por ti, Toya.
Más tarde agradece la previsión de Rei. El significado de las margaritas de Keigo es bonito y acalora un poco su rostro; en su espalda las hay blancas (inocencia), amarillas (amistad) y rosas (amor y gratitud). Jamás pasó por su mente que alguien de verdad correspondería sus sentimientos—siempre, muy en el fondo, cualquier optimismo fue más una dulce fantasía a la que aferrarse no importa qué—, sobre todo cuando sus afectos son demasiado para que los demás lo toleren; incluso su familia a veces tampoco sabe cómo interactuar con Toya.
Observando las margaritas de su libro, se cuestiona qué tienen en común Keigo y él para poder coincidir así.
Supone que cuando llegue el momento lo sabrá. Y así, se sonroja al recordar que verá pronto al otro. Quisiera controlar mejor las reacciones de su cuerpo, pero el significado de sus lilas (primeras emociones del amor) es vergonzoso. Hasta ahora negó cualquier enamoramiento porque es cansado ser la única parte interesada. Además, el resto no son tan interesantes como Keigo.
Keigo, quien realmente le mira.
Cerrando el libro en sus manos y aún abochornado, concluye que tener lilas está bien mientras solo broten por Keigo.
*
Por supuesto, a Endeavor no le agrada el acontecimiento reciente y lo hace saber durante la cena, a pesar de las miradas discretas de Rei para que se detenga.
Francamente, ¿qué considera adecuado Enji? Para él, cada cosa que haga o se relacione con Toya está mal. Como el primogénito de los Todoroki, se esfuerza tanto en complacer a su padre que no le importa lastimarse a sí mismo. Aquello tampoco es suficiente, así que cada vez más considera entrenar su quirk a escondidas. Necesita ir más allá.
Decisión que se fortalece cuando oye de casualidad una conversación entre sus padres.
—No es normal. Rei, apenas tiene ocho años. —La voz de Enji le dan ganas de vomitar. Hasta ahora se negó a aceptarlo, pero tiene sentido cuando su padre prefiere ver todo y a todos menos a Toya—. Ese tal Keigo también tiene algo… mal. Es extraño que las flores nazcan después de hablar una sola vez con alguien-
No escucha más, no puede sin soltarse a llorar ruidosamente. Ni siquiera entiende cómo llega a su habitación, no recuerda moverse. Observa el reloj de su mesita de noche y ha transcurrido media hora desde que está de pie, con su cuerpo entumecido se esfuerza para acostarse en su cama, abraza con fuerza su almohada favorita y cierra los ojos. Duele respirar y a pesar de ser verano tiembla de frío.
Debe dormir (necesita apagar su cerebro).
*
Toma una decisión importante cuando despierta al día siguiente. No piensa parar, será tan grandioso con su quirk que Endeavor tendrá que reconocerlo sí o sí. Su papá todavía le querría si su cuerpo fuera compatible con su don, entonces no hay más opción que forzarse a ser normal.
Y quizá así, Enji se distraiga respecto a Keigo, de modo que no le prohíba verlo.
*
Si creyó por un instante que se le concedería un respiro entre tanto fracaso, se equivoca, porque Keigo no cumple su promesa. De manera que Toya, cansado y triste, se refugia en su terquedad. Aun si esto vuelve más tensa su relación con Rei y Enji. A veces agradece que Endeavor se la pase la mayor parte del día en su trabajo como héroe, porque no sabe qué haría si tuviera que soportar otra mirada como la de Rei, cuyos ojos le ven como si en cualquier instante Toya fuera a romperse.
Todo empeora cuando nace Shoto.
Hay una parte dentro de sí que es incómoda y le asquea reconocer, aquella que se resiente con sus hermanos menores. No actúa con base en esas emociones porque son irracionales, y los otros no son culpables de que sus padres remplacen (sea consciente o inconsciente) a Toya con ellos.
A fin de cuentas, Fuyumi es calmada y obediente, siempre tratando de sonreír y ser de ayuda con las tareas del hogar; Natsuo es un poco travieso pero nada fuera de lugar en un niño de cinco años; ambos además son cáliz y tienen varios amigos, son normales. Y Shoto… Shoto nació como estambre (al igual que Enji) y parece que tendrá el quirk que tanto anhela Endeavor.
En comparación, Toya no es más que es un pistilo defectuoso y que se quema al usar su don de fuego. Su personalidad tampoco es agradable. Por supuesto que estará solo en la escuela y en casa será dejado de lado, o percibido como problemático (una carga).
Le desespera y su mente se va en espiral ante esa realidad. Tanto que en un arrebato—porque Endeavor no comprende que viven en una sociedad de héroes, y aconsejarle al hijo del héroe número dos elegir otra profesión significa volverlo aún más raro para los demás (más apartado, más un objetivo de crítica o burla)—se lanza e intenta dañar a Shoto (que solamente es un bebé).
No le extraña que después del suceso, las miradas aprensivas de Rei no sea más las únicas que aguantar, sino también las de Enji y Fuyumi.
*
Sin embargo, hay un hecho que evita que Toya se descarríe por completo:
En él aún brotan flores que sospechan son de Keigo.
No hay alguien más que podría ser el responsable. No ha conocido a nadie que le provoque el surgimiento de diferentes flores; la mayoría, los extras con los que convive poco en clases y cualquier otra persona con la que charle de casualidad, son representados como flores de cerezo y solo se esparcen en su lado izquierdo, además de ser fugaces, pequeñas y descoloridas.
Una gran diferencia con los vivos y grandes claveles rayados (no puedo estar contigo) en su derecha, que dieron paso, como respuesta de Toya ante el rechazo, a las flores maravilla (pena).
En ese entonces, alcanzó a llorar todo el fin de semana y apenas comió lo suficiente para no debilitarse, cuando el mensaje de Keigo se tornó confuso. Arriba de los claveles apareció un nomeolvides. Reflexionó y confió en que Keigo se encontraba en una situación donde, aunque quisiera ver a Toya, no le era posible.
Aún ahora no lo es.
Toya se arrepiente de no preguntarle su nombre completo a Keigo, ni cualquier otro dato que pudiera ayudar a encontrarle. Pero en aquel instante se concentró en temas más relevantes para niños entre siete y ocho años. Además, no cuestionar se debió también a que no quería revelar tan pronto ser hijo de Endeavor; una vez que la gente se entera de que está relacionado con el héroe número dos, esperan que Toya cumpla con sus expectativas.
Si tan solo hubiera sabido que esa tarde sería la única vez que se juntaría con Keigo, habría soportado el miedo y conseguido alguna forma de contacto para el futuro.
No es posible cambiar el pasado, a Toya no le queda más que esperar, crecer, para así después buscar a Keigo.
Y ese anhelo, como miedo a ser olvidado, causa la aparición de unas flores llamadas pensamiento en su lado izquierdo.
*
Con diez años, Toya a veces desearía no ser un pistilo defectuoso.
Para alguien como él, nacer como pistilo fue lo más adecuado. Tanto que quisiera que las flores no solo brotaran por el amor de pareja, sino también por la amistad y la familia; se cuestiona en las noches con insomnio si aquello hubiera solucionado los problemas con sus padres, ya que sabría exactamente cómo se sienten respecto a él, y así, podría saber cómo corregirse, como ser lo que necesitan para que su cariño estuviera asegurado.
De allí que no imagine cómo es posible que los cáliz sobrevivan y sean capaces de obtener la felicidad (vivir a la deriva suena aterrador). Ni se diga de los estambres, pues no es como que puedas ir viendo así como así la espalda de los demás; Toya no sería capaz de lidar con la incertidumbre de lo que piensan sus seres queridos sobre él.
Ser un pistilo es solo un inconveniente cuando te sales de la norma. Lo peor es que no puede controlarlo. ¿Por qué tuvo que ser el bicho raro cuya piel es marcada por personas irrelevantes en su vida, extras, desde los seis años? Ha ido a distintos médicos (al inicio por insistencia de sus padres, y ahora tanto por ellos como él), y la mayoría desconoce cómo resolver el defecto.
Su única indulgencia es que al menos no todas las flores del amor son como tatuajes.
*
En ocasiones, sobre todo cuando su soledad pesa y su cabeza no deja de atormentarlo con pensamientos cuyo objetivo es volverlo loco, Toya también agradece ser un pistilo anormal.
Porque nacer así le permitió conectarse con Keigo. Solo hablaron por unas cuantas horas, y a pesar de que han transcurrido tres años desde entonces, las flores de Keigo continúan vivas, grandes y hermosas. Son un consuelo al que regresa y mira cautivado, como feliz y nostálgico.
De allí que ahora busque inmerso el significado de la nueva flor que traza tanto su lado izquierdo como derecho; es la primera vez que los sentimientos de ambos son representados por la misma flor.
Descubre que se trata de una vincapervinca (recuerdos tiernos).
Y así, en los raros instantes donde hay una calidez que no le quema, Toya sonríe con suavidad.
*
Con el paso del tiempo, se vuelve más notorio como la añoranza de Keigo es todo lo que evita que Toya se pierda por completo. Porque no importa cuánto lo intente, Endeavor nada más le presta atención en pocos momentos, y son solamente para recordarle que debe parar. Enji no comprende que hacerlo es quitarle su propósito a Toya, ¿por qué su padre insiste tanto en rechazar el sentido de su existencia?, ¿acaso es…?
“No te quiere, no te quiere, no te quiere”. Se repite en su mente constantemente, a veces provocando que se arranque algunos pelos y su piel quede roja por rascarla demasiado; sus uñas también suelen estar arruinadas de tanto que las muerde.
Aterradoramente, empieza a ser como su madre (cada que lo considera se forma un nudo en su garganta y su estómago se hunde).
Toya aún la ama, aunque ella muy apenas pueda verlo. Sin embargo, él odia la sola idea de convertirse en Rei. Siendo mayor, por fin entiende y acepta la posición de su mamá, cuya función original fue la de parir al descendiente perfecto de Endeavor. Claro que pondría distancia con el defectuoso de Toya, porque por su culpa tuvo que tener más hijos. De allí que su favorito sea Shoto, él es como su héroe, él la liberó.
Shoto, que recibe el amor y cuidados de mamá y papá. Ese que era de Toya hasta que su propio cuerpo lo traicionó.
Y en cuanto a sus otros hermanos… Su relación con Fuyumi es más distante desde que dejo de verlo como un igual. En ese aspecto, ella se parece a su madre; Toya no quiere dos mamás, menos cuando significa ser cuidado de forma condescendiente por alguien menor que él. Una pena, porque le encantaba que Fuyumi le hablara sin miedo a perturbarlo, o peor, hacerlo llorar.
Además, charlar sobre ciertos temas con Fuyumi sería más sencillo porque solo es un año menor que él, a diferencia de Natsuo. Como Toya continúa sin amigos, vergonzosamente y de lo cual no está nada orgulloso, en las noches sus quejas sobre Endeavor y los héroes caen sobre Natsuo, quien bosteza y le pide que vaya mejor con Fuyumi para desahogarse; supuso que debió verlo llegar, Natsuo tiene siete años después de todo (aun así le molesta el ser ignorado por un mocoso).
Con una familia con la que cada día es más difícil interactuar y sin nadie en quien confiar fuera de casa, ¿qué más puede hacer Toya sino entrenar obsesivamente?
Y por supuesto, es cuidadoso con su fuego para evitar cualquier quemadura en su espalda.
Se encuentra convencido de que sus padres piensan, especialmente Endeavor, que su cabeza está vacía excepto por su ambición. Toya se ríe con dolor porque su esfuerzo no es por un motivo tan banal, él aguanta porque necesita darle validez a su vida. Pero también en su mente y corazón se halla siempre su vínculo con Keigo.
Por eso, de ningún modo puede perder las flores de Keigo.
*
Hasta los trece años es que Toya comprende realmente por qué sus padres le dijeron que ocultara sus flores.
La charla sobre pistilos, cáliz y estambres es totalmente distinta cuando eres adolescente. Francamente, Enji ni siquiera estuvo involucrado en la charla sobre educación sexual que recibió hace unos meses por parte de Rei. Ella hizo lo que pudo y le dijo lo suficiente para que Toya no sea ignorante; no obstante, se confió de la educación que él recibe por la secundaria prestigiosa a la que asiste. No la culpa, la información que obtuvo fue de calidad (especialmente la referente al sexo).
No, el problema es que tiene más acceso a diversos sitios de internet, además de los rumores y cotilleos de otros adolescentes de su edad o años superiores.
Y, lamentablemente, oyó como unos chicos mayores llamaron nombres terribles a los pistilos como Toya.
A todos los adultos a su alrededor les va una explicación más liviana e idealizada cuando se trata del porqué nacen las flores, sobre todo si te consideran demasiado joven para manejar la verdad:
Las flores no se manifiestan como tal de amor, sino de la conexión positiva entre dos o más personas, y esa forma de vincularse no solo incluye lo romántico, también son viables los encuentros únicamente sexuales.
Sí, con el tiempo dicha conexión podría tornarse negativa, sea por el desamor, los sentimientos no correspondidos, el aburrimiento o la incompatibilidad; afortunadamente, las flores desaparecen rápido cuando ocurre, ya que el cuerpo del pistilo rechaza las flores que nacen o se transforman por emociones perniciosas—fue irritante enterarse tan tarde de la cantidad de flores cuyo significado es poco halagador, o bien, que se relacionan con el buen sexo; nada más porque sus padres y médicos consideraron pertinente solo darle libros con definiciones aptas para todo público—.
En otras palabras, las flores aparecen por una experiencia romántica y/o sexual memorable. También, dado que el surgimiento de cada flor depende de cada vínculo en particular, algunos pistilos obtienen una flor solo por la fuerza de sus sentimientos, o después de un beso, o varios, o de un contacto prolongando y placentero. Además, los pistilos normalmente tienen un máximo de tres o cuatro flores a lo largo de su vida que aparecen a partir de la adolescencia tardía.
Sin embargo, por esa asociación que hay entre las flores y el sexo, es que a los pistilos con mucha variedad de flores, el lado más conservador e ignorante de la sociedad los tacha como promiscuos o enamoradizos.
Ni hablar de las ideas que tienen sobre los pistilos algunos adolescentes, especialmente los que prefieren irse por el morbo.
Por eso es un desastre cuando, sin querer, los chicos de su clase se enteran de las flores de Toya. Estuvieron de bromistas y lanzando retos para ver las espaldas de los pistilos del grupo, ninguno creyó que alguno tendría una flor, dado lo jóvenes que son y el poco tiempo libre que tienen por las tareas y horario escolar. Antes de que pudiera irse, a uno de ellos se le hizo fácil levantarle la camisa de deportes a Toya (un modo inadecuado de incluir al solitario del salón).
De solo recordar el silencio pesado de todos… No, Toya ignorará el incidente. Hay cosas más importantes en las que pensar.
Así, aumenta el tiempo y enfoque de su entrenamiento, todo para bloquear el cómo los rumores sobre él empeoran.
Optó por ser distante desde que entró a secundaria, cansado y desencantado de que sus intentos de ganar amigos siempre fracasen, también porque, por otro lado, centrarse en su quirk es primordial para conseguir la aprobación de Endeavor; en consecuencia, el resto de estudiantes a lo mucho decían lo difícil que es acercársele, incluso algunos confundieron su frialdad con ser creído.
Pero ahora… Todos quieren ver con sus propios ojos las flores de Toya.
Hay varios que se ríen por lo que nombran como plot twist, y otros admiten sin vergüenza lo impresionados que están por su experiencia con el amor, e insisten una y otra vez en que les cuente anécdotas sobre ello (los más desagradables buscan que suelte las sexuales).
La situación es horrible, pero Toya cree que lo sería aún más si fuera una chica. La gente le daría un trato más hostil, en vez de discretamente malicioso o genuinamente curioso (aunque esto no les quita el peso de ser entrometidos).
Mientras sus llamas se vuelen más potentes y a instantes cambian de color, los alumnos de otros grupos y años superiores se suman al alboroto que trae la anormalidad de Toya.
Ellos… empezaron a ser amables (fingir) y darle regalos pequeños, para al día siguiente preguntarle si hay una nueva flor en su espalda.
“Pedazos de mierda”, piensa Toya con ira al recordarlo, hasta le tiemblan las manos. ¡Él no es ningún juguete para que sacien su curiosidad por saber qué tipo de flores serían! Deberían tratar de enamorarse de verdad si tanto les urge, ¿por qué los sentimientos de Toya son constantemente invalidados?
—Lo sé, Toya-nii. Y creo que hay que contarlo a nuestros padres.
La voz de Fuyumi le trae de vuelta a la realidad y es como si un balde de agua fría le fuera arrojado. Olvidó que su hermana estaba con él desde hace unos buenos minutos; ella había entrado sin más a su habitación, incluso no toco la puerta ni pidió permiso, se justificó diciendo que era por algo muy importante.
Por supuesto, ella aún lo trata de modo condescendiente (como Rei); Fuyumi observa a Toya y lo juzga como alguien que necesita ser protegido porque es incapaz de cuidarse a sí mismo. La irá crece súbitamente, tanto que se le dificulta formar palabras. La otra aprovecha el silencio para continuar:
—Si no lo haces, yo hablaré.
¿Y de eso va su vida, no?, ¿otra vez decidirán por Toya?
—Eres insoportable, ¡te odio! —sisea y le lanza una almohada a la cara.
Necesita salir.
Al menos Fuyumi es lo suficientemente perspicaz para darle espacio. Ojalá cuando regresé se haya ido de su cuarto.
Debe controlarse, no puede perder su valioso tiempo en nimiedades, no cuando está a poco de dominar su quirk, de modo que su fuego rojo sea azul permanentemente (¡ni siquiera Shoto sería capaz de replicarlo!).
Pero Toya no obtiene el tan ansiado respiro para calmarse, porque Rei intenta impedirle ir a entrenar al Monte Sekoto y suelta basura como: «¿En serio te quieres convertir en héroe? Puedo ver que estás atado a tu padre y sufres. Toya, el mundo tiene muchos caminos y opciones para ti. No mires solo a tu papá, ¡observa más allá! Quiero que por tu bien, encuentres lo que en serio quieres ser».
Y además ella se atreve a…
“No me mires así, no me mires así, no me mires así”, piensa él con desesperación, y no entiende cómo aún no arde en llamas.
—¡No sabes nada, madre!
Grita y su boca no para, pronuncia verdades dolorosas una tras otra. Tan enojado que por ese instante no le importa el rostro horrorizado de su mamá, “lo mereces, ni siquiera tratas de comprenderme”.
Avanza rápido y abre la puerta de la casa de golpe.
No da ni un paso a la calle; el ruido en su mente se detiene porque enfrente de él está Keigo.
*
Es de noche, y hay una paz extendiéndose por todo su cuerpo que no recuerda cuándo fue la última vez que sintió.
Acostado en su cama, piensa en Keigo.
En la tarde ni pudo saludar porque Toya se le lanzó encima, lo abrazó con fuerza y lloró por muchos minutos. Keigo también lo hizo, pero de un modo menos ruidoso. Ante el alboroto, su madre salió y le preguntó quién era y qué pasaba al hombre que acompañaba al rubio. Luego de verificar la identidad del señor y que Endeavor fuera llamado, el resto de día fue una conversación seria entre los tres adultos, mientras Toya y Keigo se ponían al tanto en la sala.
Se sentaron muy pegados, además de tomarse de las manos. Toya vuelve a evocarlo y contiene una risita tonta. Extrañaba lo receptivo que es Keigo a su afecto. Sigue siendo más alto que Toya y sus alas ahora son más impresionantes; los cambios más destacables de Keigo son lo más hablador que se volvió y su cara más expresiva; también lo más encantador que es, tanto que en varias ocasiones hizo sonrojar a Toya (Keigo desprende un aire maduro que lo distrae y deja sin aliento).
Sin embargo, no todo es perfecto.
Aún necesita disculparse con su mamá, ella solo quería ayudarlo y él se pasó de la raya, su enojo no justifica haberle gritado que fue vendida por su familia a Endeavor; ¿qué clase de hijo es?, no le extraña que Rei batalle cada vez más para mirarlo directo a los ojos.
Como idear un plan para que Fuyumi no abra la boca, no necesita a sus padres metiéndose en sus asuntos, él puede solucionar el problema con sus tontos compañeros de clase; además, le llena de vergüenza la sola imagen de Enji y Rei enterándose del asunto, no puede darles más inconvenientes por ser un pistilo defectuoso.
También tiene que pensar en cómo deshacerse de los pequeños celos e inquietud que le provoca saber que Keigo será un futuro héroe; no quiere ser dejado atrás. Tampoco entiende por qué se preocupa, si lo pidiera, Keigo probablemente le daría consejos para convertirse en un héroe profesional.
Sí, Keigo lo escucharía. Es la persona que todavía le mira y reconoce como un igual, a la vez que sus ojos se llenan de adoración cuando se encuentran con los de Toya.
Los lirios de los valles (regreso de la alegría) en su lado derecho son una prueba fiable y honesta. Un amor correspondido que hace que Toya no se sorprenda de ver también unas camelias (mi suerte está en tus manos) en su lado izquierdo; porque sí, Keigo le regresó la esperanza.
Ya mañana verá cómo resolver sus problemas, por lo pronto y antes de dormir, fantaseará con que el tiempo le regale bellas capuchinas (amor impetuoso; son adolescentes después de todo) en ambos lados de su espalda.
Aún más con algún día mostrarle sus flores a su querido Keigo.
