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El asedio de la Colina LuanZang causó un mayor revuelo entre las cuatro importantes sectas, todo a su alrededor estaba ardiendo en llamativas llamas de fuego, los discípulos de las sectas estaban cubiertos de polvo y sangre, sus rostros mostraban temor y cansancio, sin embargo aún querían venganza, querían pelear, era acabar con el Patriarca de Yiling, su más fuerte enemigo, o morir en el intento.
Aunque, si se ponían a pensar, a su lado tenían al ahora líder de la secta Jiang WanYin, que en algún momento fue el amigo de Wei WuXian desde su infancia, sin duda era la mejor de las suertes, ¿Qué otra persona conocería el punto débil de Wei Ying más que él?
—¡Wei WuXian debería morir!
—Es el maestro de la cultivación demoníaca, ¡deberíamos exterminarlo, que no quede nada de él!
Los cuatro clanes fueron acercándose a Wei Ying con sus espadas hacia el frente, preparados para atacar en cualquier instante, cerrando poco a poco el espacio para que a Wei WuXian no se le permitiera hacer ni una de sus jugadas, este mismo se encontraba tranquilo, las pupilas rojas escarlata cada vez se hacían más y más resplandecientes escapando una ligera sonrisa llena de sarcasmo, alimentándose del miedo de sus contrincantes, perdido entre la malicia y el dolor.
Wei Ying sabía que se encontraba solo.
Completamente solo.
Sin nadie a su lado.
¿Quién iba a ser capaz de apoyarlo?
—Es tu fin Wei WuXian, ríndete.— Dijo uno de los cultivadores de la secta Lanling Jin, temeroso de que no pudiera salir vivo después de enfrentarlo.
Wei WuXian comenzó con una ligera risa, misma que poco a poco fue incrementando hasta convertirse en una sonora carcajada, causando que los de su alrededor se estremecieran y caminaran levemente hacia atrás mientras sus espadas, las cuales sostenían, estaban tambaleándose de un lado a otro.
—Y... si hago caso omiso a tu petición, ¿eso me consideraría un ser despreciable?
—¡Wei WuXian!— Gritó Jiang Cheng, a lo cual este respondió volteando su rostro y dirigiendo su mirada a quien le había dirigido la palabra. —Basta con esto, se acabó, deja de...
Sin embargo, antes de que siguiese hablando, los cultivadores se acercaron amenazadoramente creyendo que en cualquier momento bajaría la guardia al hablar con Jiang WanYin, pero no fue posible, enseguida Wei WuXian colocó la flauta en sus labios para contraatacar.
Y antes de que pudiese hacer algo más, una luz atravesó la poca distancia que quedaba entre ellos, mostrando una resplandeciente espada azul.
Todos quedaron asombrados, sabían que esa espada era Bichen, la única espada a quien le pertenecía al Segundo Joven Maestro Lan.
Hanguang-jun.
Unos segundos después de observar la espada se encontró a Lan WangJi justo al lado de ella, presentando la elegancia aún conservada en él mismo y mostrando la pureza de sus ropas, resaltando su esplendor entre las vivas llamas del incendio y el humo grisáceo que se presenciaba.
Lo que era más impresionante, es que nunca habían visto ese tipo de expresión en el rostro del jade.
Una expresión de preocupación y tristeza.
Y esos ojos claros que daban a entender todo sus sentimientos ocultos, eso ojos dorados que solamente miraban a Wei Ying.
Los cultivadores al creer que tendrían una oportunidad gritaron de emoción, levantando ambos brazos mostrando su satisfacción y alegría.
—...Hanguang-jun.— Dijo Wei WuXian —¿Tú también estás aquí para apoyar la causa de mi muerte?— Preguntó.
—Wei Ying...— Por más que quería pronunciar más palabras, no podía, era algún modo de supervivencia, no para él, sino para Wei Ying.
—¡Hanguang-jun es nuestro salvador!
—¡Al fin lo podremos derrotar!
Wei WuXian vio a todos a su alrededor, desesperado por la situación y el ruido constante que irritaba sus oídos, decidió ir al grano de una vez.
—¿Quieres un momento a solas?— Preguntó, y sin dar tiempo a la respuesta de Lan WangJi, comenzó a tocar la flauta intrépidamente, moviendo con sutileza sus delicados dedos que se deslizaban en el pequeño cuerpo de su dizi.
Tan pronto como pasó, los cadáveres feroces se levantaron de sus lugares, corriendo hacia el lugar donde se encontraban los cultivadores restantes, presenciando pánico en los rostros levemente distorsionados de todos.
—¡Wei WuXian lo ha tramado todo nuevamente! ¡Defiéndanse!— Dijo una de las personas quien después de decir eso, gritó estrepitosamente y se perdió entre la multitud.
Todo estaba siendo un desastre, la sangre salpicaba bañando el suelo oscuro y opaco, la gente caía sin vida, recorriendo una línea del líquido carmesí en la comisura de sus labios, cabeza o partes del cuerpo donde le eran heridas.
Mientras Wei WuXian miraba con calma la masacre que él mismo ocasionó, Lan WangJi aún trataba de encontrar la manera correcta de decir algo.
—Wei Ying...— Nuevamente repitió su nombre.
Y Wei WuXian, ya molesto por la situación, habló. —¿Podrías decir otra cosa que no fuese mi nombre?
—Regresa a Gusu conmigo.— Lo dijo tan rápido como pudo, cosa que después de haberlo dicho, sintió que su miedo regresaba con más fuerza y le golpeaba los pulmones, viéndole a los ojos con fijeza, quería entender qué pasaba por su mente ahora mismo.
—...¿Gusu?— Preguntó desconcertado, los ojos escarlatas se convirtieron en gris, tratando de comprender por qué lo había dicho, pero no duró mucho y al instante regresó al color habitual. —Ah ya veo, lo que quieres es que me castiguen en tu secta por haber cultivado el camino del mal.— Wei Ying ya no estaba consciente de lo que decía o hacía, pero aún prestaba atención a lo que Lan WangJi le quería hablar.
—Solo quiero que regreses, el cultivo demoníaco podría destruirte mental y físicamente— Dio un paso adelante y Wei Ying dio dos hacia atrás, temeroso de que pudiese hacerle algo.
—Eso a ti no te importa en lo absoluto, después de todo somos enemigos ¿o no?— Respondió sin mucho ánimo, asintiendo levemente al convencerse así mismo de que era así, eso frustró a Lan WangJi y de un momento a otro, colapsó.
—¡Wei WuXian!
—¡Lan WangJi!— Ambos gritaron de la furia, de la tristeza y de no poder hacer nada el uno por el otro, y aun así Wei Ying siguió hablando. —Ya elegí mi propio camino y ahora sé cómo manejarlo.— Se dio la vuelta y antes de marcharse exclamó. —Es momento de que dejes de fingir esa preocupación tuya.— Finalizó.
Sin embargo, no fue suficiente para Lan WangJi, mismo quien persiguió a Wei Ying sin dejarlo irse fácilmente; justo en el momento que intentó tomarle de la mano, este reaccionó de manera brusca y se soltó de su agarre, Lan Zhan sacó a Bichen y la lanzó contra Wei Ying sin pensarlo, mientras que el contrario detuvo el movimiento con su flauta, los demás no estaban enterados del momento, todos estaban ocupados luchando con los cientos de cadáveres.
La pelea continuó entre ellos, sin tener el deseo de lastimarse mutuamente, por una parte, Wei WuXian hacia todo por defenderse sin medir las consecuencias y por el otro lado Lan WangJi trataba de detener la lucha.
Cuando menos lo esperaban y sin cuidado alguno, después de que el agotamiento se apoderaba poco a poco de ellos, ambos cuerpos se juntaron escuchando el sonido de la espada que atravesaba algo, Wei Ying miraba a Lan Zhan y este también hacia lo mismo, pero los ojos del patriarca se cristalizaron tan pronto como los cadáveres dejaron de matar, los cultivadores después de analizar lo sucedido, vieron que algo no estaba bien.
—Vuelve a Gusu conmigo... Wei Ying...— Bichen a quien había atravesado era al cuerpo de Lan WangJi, la sangre empezó a brotar fuera de la herida y en la boca, Lan Zhan también estaba sufriendo, pero al menos lo único que lo mantenía un poco tranquilo, era que moría en manos de la persona a la que amaba.
El cuerpo cayó entre toda la suciedad, Wei Ying había quedado estático como una piedra, aún no podía procesar lo que había hecho, ¿en verdad esto estaba pasando? ¿en verdad esto lo había hecho él?
Y como si fuese un auto-reflejo, también cayó de rodillas al lado de Lan WangJi, quien tomó su cabeza con mucho cuidado y con las manos temblorosas, las lágrimas empezaron a salir descontroladamente, sin poder saber qué hacer para que nada de lo que estaba pasando hubiera sucedido.
Lan WangJi después de un tiempo y sin poder emitir ningún sonido, cerró sus ojos dorados con pesadez, recordando el rostro de Wei Ying, cerró esos ojos que Wei WuXian vería por última vez.
Fue testigo de cómo su vida se iba de su cuerpo, presenciando su último aliento.
En ese momento su mente quedó en blanco.
Sin saber que hacer.
Ni sentir.
Todo lo que creía como una esperanza ahora había sido arrebatada por él mismo.
Y solo así se enteró de que no se había encontrado solo.
No hasta el momento en el que él mismo asesinó a la única persona que le creía fielmente.
... Lan WangJi murió en frente de sus ojos.
Él mismo lo mató.
