Work Text:
— Quiero que luches con Yoon-gu aunque sea solo una vez. — Tras haberse ganado un favor, Joo Jaekyung estaba sorprendido de que Dan no pidiese algo como perdonarle su deuda y en cambio se lo diera a alguien tan tonto como el menor del gimnasio.
Por unos segundos no supo cómo reaccionar, entre sorpresa e incredulidad le fue imposible no burlarse de tal idiotez. Que la inocencia de Dan se viese reflejada incluso en una oportunidad como esta le hizo querer aceptar con el único propósito de reírse en un futuro no tan lejano.
— ¿Qué, era eso? Que aburrido. — Incluso alguien como Dan podía darse cuenta por su tono de voz que Jaekyung no tenía las mejores intenciones. — prepárate para la próxima semana que viene, papa. —
Yoon-gu en cambio, cegado por la emoción de pelear con su ídolo, no notó la burla detrás de sus palabras. Una felicidad inundó por completo su cuerpo, seguido de una ola de culpabilidad por haber pensado mal de Dan en algún momento, Dan era un ángel bajado del cielo, alguien sin intenciones egoístas que estaría dispuesto a cederle una oportunidad tan grande como esta.
— ¡S-sí, señor! — respondió emocionado.
Cuando Dan bajó del ring, no pudo evitar lanzarse a sus brazos, agradeciendo una y otra vez por ese acto de amabilidad.
Después de eso, nadie dijo algo más. Y Jaekyung, sin preocuparse por algo más , se fue tan pronto como el entrenamiento había terminado.
Una semana después, Yoon-gu recibió un mensaje: “Ven a las 7” un mensaje más que frío, pero emocionante para él, se sintió en las nubes por saber que sí le daría aquella oportunidad y no solo se quedaría en palabras vacías.
De camino al gimnasio no podía evitar temblar de la emoción y sentir mariposas en su estómago por los nervios de por fin poder interactuar con Jaekyung. No solo se trataría de simples mandados como lo había hecho hasta entonces, ahora por fin tendría la oportunidad de mostrar su valía ante el hombre.
Cuando llegó a su destino, se sintió confundido al ver que no había nadie en el gimnasio. Todo en silencio, apagado y solitario. En el centro del lugar, solo una luz encendida, la del ring de pelea.
Sobre el ring solo se encontraba Jaekyung, con una camisa gris pegada a su figura, marcando sus pectorales e incluso el espacio entre cada uno de sus abdominales. En su mirada sintió cierto tinte de fastidio, como si el estar aquí fuese una obligación de la cual era imposible escapar.
Intentó ignorar la forma en la que esa mirada aumentaba las mariposas en su estómago, y, avergonzado de sí mismo, rompió el contacto visual.
Escuchó como Jaekyung suspiraba, antes de que su voz rompiera el completo silencio que había en el gimnasio.
— ¿Vas a subir o piensas quedarte parado como idiota? —
[...]
Después de tres rounds que Yoon-gu había perdido en tiempo récord, Jaekyung se había apiadado de él, concediéndole unos minutos de descanso, mientras tomaba agua.
Yoon-gu respiraba con dificultad, sentado en el piso, humillado por esta pelea que no llegaba a nada, con demasiada vergüenza como para mirar a Jaekyung. En la otra esquina del ring estaba su ídolo, tan fresco como cuando habían empezado, recargando parte de su peso en las cuerdas, con desinterés tomando agua de una botella oscura.
Con un “Ay” monótono llamando su atención, volteó a tiempo para ver cómo la tapa de la botella caía y convertía la camisa antes opaca, en una traslúcida que le permitía ver incluso el color de sus pezones.
De inmediato miró hacia otro lado, su rostro rápidamente tiñéndose de un rojo intenso. Si Jaekyung había notado su mirada, al menos no lo había avergonzado aún más burlándose de él.
Solo escuchó como Jaekyung se quitaba la camisa, sin decir nada más respecto al incidente. Y unos segundos después, que pasaron en silencio, llenos de tensión, le llamó para continuar con la pelea.
Al ponerse de pie, mientras caminaba con un paso algo tembloroso hasta el medio del ring para adoptar la misma pose que Jaekyung, no pudo evitar recordar los sucesos de las rondas anteriores.
Durante los primeros minutos le había intentado hacer tropezar, sus piernas enredándose con las suyas en cada oportunidad que tenía; y con esta cercanía, a pesar de corta, había sentido un bulto restregándose contra él. Terminaron cuando en uno de sus intentos el más pequeño terminó por tropezar y caer con un golpe demasiado fuerte.
En el segundo round lo había acorralado tantas veces, contras las cuerdas, en las esquinas. La cercanía entre los dos, la diferencia de altura que le dejaba a la altura de sus pectorales fue suficiente para que su respiración se dificultara. Esa ronda había terminado cuando tuvo que rendirse al sentir como su mirada se desenfocaba.
Y, finalmente, en la tercera, al ser acorralado de nuevo, había sentido durante varios segundos, de forma indiscreta y sin vergüenza, como un bulto se había restregado por su trasero y muslo hasta forzarlo a rendirse una vez más.
La reacción de su parte de abajo después de esto le fue demasiado vergonzosa como para aceptarlo en voz alta.
Ahora, su atención era robada por las gotas de sudor, tal vez de agua, cayendo lentamente desde los pectorales del boxeador, hasta quedar atrapadas entre sus abdominales.
De forma distraída se preguntaba si acaso todas estas técnicas inusuales que Jaekyung había estado empleando durante toda la pelea serían solo alternativas para darle un poco de ventaja, para no correr el peligro de lastimarlo con una de sus verdaderas técnicas. Y aunque reconoció que ese pensamiento le hacía molestar, fue incapaz de arrancar su atención del torso desnudo de su oponente.
Distantemente, se avergonzó de sus propias acciones.
Con una señal clara y lo suficientemente llamativa para poder reconocerla por su visión periférica, el cuarto round empezó.
Intentó moverse, intentó atacar, e incluso huir, mas en unos momentos, tal vez ni siquiera minutos, su espalda ya había chocado con las cuerdas del ring. Jaekyung no le permitió la más pequeña oportunidad para atacarle, su cuerpo, cálido por el ejercicio, lleno de músculos, le presionó contra las cuerdas hasta estar seguro de que no podría escapar.
Sintió una de las manos del mayor bajar por su espalda hasta rodear su muslo. Creyó, en ese instante, que lo tiraría del ring, que ya se había hartado de su contrincante tan débil, tan torpe e incapaz de mantener su atención en la pelea que le había sido concedida.
Pero, con el mismo movimiento, subió hasta tocar su trasero, hasta darle un apretón firme, demasiado fuerte a una de sus nalgas.
La acción tan inesperada le hizo saltar de la sorpresa, un color rojo rápidamente esparciéndose por todo su cuerpo. Su primer instinto fue disculparse, por cualquiera que fuese la razón por la que Jaekyung hizo eso, o por su reacción tan exagerada que sentía que él mismo había tenido, mas, apenas separó sus labios, los de Jaekyung ya estaban sobre él, con su lengua para callarle por completo.
[...]
Dan sabía que Jaekyung iba al gimnasio para su pelea con Yoon-gu, así que no se sorprendió cuando salió del departamento sin decirle ni una sola palabra.
“Tal vez es demasiada molestia para él” pensó.
Lo que sí le sorprendió fue recibir, 5 minutos después, un mensaje pidiéndole que fuera al gimnasio a las 7:30.
Al entrar por la puerta principal, se encontró con el gimnasio en completa oscuridad, una única luz resaltando lo que sucedía sobre el ring. Jaekyung había acorralado a Yoon-gu contra las cuerdas más cercanas, una de sus manos acariciando el trasero del menor, y la otra sosteniendo su cabeza para forzarlo a un beso demandante.
Sin querer dejó caer el termo que tenía entre sus manos, y con aquel sonido, tan claro en el edificio silencioso, Jaekyung le dedicó una mirada descarada, con la única intención de provocarlo. Sin romper el contacto visual, se separó de los labios de Yoon-gu con aquella sonrisa burlesca que lo caracterizaba.
Aún mirándolo de aquella forma tan desvergonzada, bajó su cabeza para recargarla en el hombro del más pequeño, besando de forma superficial la piel de su cuello. La mano que antes había estado hundida en el cabello del menor soltándolo para pasar a acariciar la entrepierna del chico. Ante el contacto, Yoon-gu dejó escapar un nervioso gemido que resonó por todo el gimnasio.
Cuando Dan se atrevió a dar un par de pasos en dirección al ring, Jaekyung detuvo brevemente sus acciones, en sus ojos una mirada que le advertía que, de continuar acercándose, haría cosas mucho peores.
Al ignorar aquella advertencia silenciosa, al continuar su camino al ring, observó con incredulidad como el más alto soltaba la cintura de Yoon-gu, para, con un golpe seco, dejarse caer sobre sus rodillas.
Verlo en esa posición, sin cambiar la expresión en su rostro, con una mirada completamente decidida pintada en sus ojos, le hizo detener sus pasos. ¿En verdad lo haría, en medio de un lugar lleno de cámaras, con el único propósito de hacerlo sentir celoso, de vengarse por una situación sin importancia? Y cuando los movimientos de Jaekyung no se detuvieron y sus manos no temblaron al bajar de un solo tirón el short y bóxer del hombre más pequeño, obtuvo su respuesta: Sí, algo tan sin importancia era suficiente para hacerlo actuar de esa manera.
Con la boca del boxeador tan cerca de la entrepierna del chico, y la corta distancia que le quedaba para el ring, no le quedó más que ir un poco más rápido y esperar que no apresurara más sus acciones.
A pesar del ruido, parecía que Yoon-gu no se daba cuenta de su presencia, demasiado preocupado, demasiado nervioso, por sentir como la respiración de su ídolo chocaba con la piel desnuda y sensible de su miembro.
Al dar un paso más, a centímetros del ring, observó con horror como Jaekyung abría la boca apenas lo suficiente como para permitir que la punta del pene de Yoon-gu descansará sobre su lengua y, con una última mirada, permitió que el resto de la longitud llenara su boca.
[—]
Yoon-gu sintió como la lengua de Jaekyung rodeaba su glande, y de inmediato, por la vergüenza de la situación, hundió su mano sobre el cabello del otro, intentando alejarlo. Pero esto solo hizo que Jaekyung se acercara a él con más agresividad, tragándolo hasta la base con un solo movimiento.
La cabeza de su pene fue atrapada por la garganta de Jaekyung, y ante esta sensación y el pequeño sonido de ahogado que había salido de los labios del otro, fue incapaz de callar un fuerte gemido que lo avergonzó lo suficiente como para tener que cubrir con sus manos su boca.
En ese momento estaba seguro que debía tratarse de uno de esos sueños extraños que a veces tenía. Porque, ¿qué ganaría el Jaekyung real haciendo algo tan pervertido? Mas, la sensación húmeda y cálida de la boca de su ídolo, era demasiado real como para ser otro sueño raro.
Por unos segundos no pudo hacer más que ahogar sus gemidos entre sus manos, observando tanto con horror como con excitación como la cabeza de Jaekyung se movía en un ritmo lento, tragándolo hasta la base en cada ocasión.
Cuando una mano ajena apareció, y empujó la cabeza de Jaekyung para que sus labios se mantuvieran pegados a su pelvis, notó por fin que no estaban solos en el gimnasio.
Al alzar la mirada, sus ojos se encontraron con Dan, en su rostro una expresión que mostraba algo de molestia, y aunque en un inicio su mirada estaba fija en Jaekyung, pronto sus ojos cayeron sobre él.
— ¿Así que esto es a lo que te referías con una pelea? — de inmediato se sintió avergonzado por lo
que estaba haciendo.
En un principio se había imaginado a Dan como una persona horrible, que buscaría llevarse a Jaekyung, y al final fue él quien terminó en esa situación.
Dan había sido tan noble como para darle una oportunidad así, y como agradecimiento él hacía cosas sucias con Jaekyung.
— L-lo siento mucho — lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, lágrimas de vergüenza, de culpa que aumentaba aún más por cómo su orgasmo se acercaba con cada contracción de la garganta del hombre.
Un sonido de arcadas interrumpió su discusión.
El cabello de Jaekyung, la parte que había escapado del agarre de Dan estaba desordenado, pegado en ciertas zonas por el sudor; sus ojos, cerrados por la dificultad de mantenerlo tan profundo, las orillas manchadas, el antes intacto maquillaje que portaba, ahora estaba corrido por las lágrimas; de la comisura de sus labios se había escapado un poco de saliva, la suficiente para marcar dos pequeñas líneas que bajaban hasta desaparecer por su cuello, y con cada pequeña arcada, cada intento de separarse, un poco más líquido salía.
La imagen le trajo tanto culpa como vergüenza, de ser él el causante de que su ídolo se viera así, de que por su miembro fuese incapaz de tragar por completo. Y, muy profundamente, aunque con demasiada pena, también debía de admitir que verlo así de vulnerable le había hecho sentir aún más cerca de su orgasmo.
Dan soltó una carcajada al verlo en tal estado, pero se apiadó de Jaekyung, jalándole del cabello para por fin permitirle separarse para respirar.
Ese movimiento fue lo que necesitaba para correrse, de una forma tan repentina que le fue imposible advertirle a alguno de sus acompañantes. Su semen cayó sobre el rostro de Jaekyung, pintando desde su cabello hasta su barbilla con el líquido blanco, y como si no fuera lo suficientemente humillante, un poco sobre los pechos del hombre.
— Mierda, al menos podrías haber avisado — la voz del hombre se escuchó más grave y rasposa, molesta. Pero, aun así, permitió que Dan limpiara la sustancia.
Al terminar de limpiarlo, de forma superficial, llevó sus dedos a la boca del boxeador. Empujaron contra su lengua, deslizándose hasta, con las puntas, rozar su campanilla. La acción le hizo tener una arcada; pero, eso no detuvo al doctor, continuando con sus movimientos, ignorando las reacciones hasta que su mano estuvo completamente limpia.
Con la que no estaba llena de saliva, la que aún se mantenía enredada en el cabello oscuro, volvió a empujarle contra la entrepierna de Yoon-gu.
— Límpialo. — ordenó con una voz autoritaria, sin darle espacio a negarse.
De inmediato llevó el miembro de vuelta a su interior, aun si sabía que no había nada que limpiar. Como recompensa a su obediencia, sintió a Dan darle una pequeña palmada en la cabeza, como si fuese un cachorro.
— ¿La boca de Jaekyung era tan buena como para venirte en 1 minuto? — el tono de Dan era igual de dulce que siempre, pero sus palabras eran sarcásticas. Y a pesar de que se sentía demasiado humillado como para aceptar lo que había pasado, con su semen aún en el pecho del mayor le fue imposible negarlo.
Antes de que se atreviera a responderle, Dan le habló de nuevo. — ¿Qué tal si tú te lo coges primero? ¿Has estado con algún hombre antes?
“Ni siquiera he estado con una mujer” pensó.
Negó de forma frenética con la cabeza, y al verlo tan apenado, Dan le regaló una pequeña sonrisa, junto a una risa que calmó parte de sus nervios.
— Está bien, Jaekyung tiene la experiencia más que suficiente. — con un movimiento rápido, brusco, que parecía doloroso para Jaekyung, lo alejó de su entrepierna.
Y con una patada en el estómago, lo hizo caer de espaldas. La cara de Jaekyung cambió con esto, ahora tenía la expresión de enojo que aparecía en sus peleas más críticas, cuando sus rivales terminaban en el hospital y muchos del gimnasio decidían cancelar sus membresías.
Aunque pudo ver que Dan también lo había notado. No se retractó de lo que había hecho, ni siquiera se molestó por soltar un falso lo siento; en cambio, volvió a apoyar su pie en el centro del pecho del hombre, aplicando fuerza hasta que el fuego en sus ojos se apagó por completo.
En ese momento, cuando Jaekyung dejó de luchar, creyó ver por un segundo una sonrisa aparecer en los labios de Dan.
A él también le pidió que se arrodillará en el piso, de una forma más gentil, con una mano en su hombro y un pequeño empujón que fue apenas lo suficientemente fuerte para hacerle entender a lo que se refería.
— Desnúdalo. — le ordenó con una voz un poco más demandante, similar pero no tan estricta como la que había usado para Jaekyung.
La combinación de una orden así y el tono que había usado, tan distinto al que siempre había escuchado en el gimnasio, le hicieron adquirir un sonrojo incluso más profundo. Aun con la vergüenza y los nervios que le hacían temblar las manos, acató la orden.
La imagen de Dan, un ángel gentil, se rompió en mil pedazos.
El miembro de Jaekyung estaba completamente erecto, húmedo con el líquido preseminal que había empapado su ropa interior, tan largo, que, al descansar sobre su abdomen, pasaba por un par de centímetros su ombligo. Y un poco más abajo, oculto por los testículos del hombre, alcanzó a observar una base plana de color negro.
Al ver eso, un objeto que estaba casi seguro no era una protección para el boxeo, no sabía qué hacer además de esperar por otra orden de Dan.
— Yoon-gu, ¿sabes lo que es? — con vergüenza, sin atreverse a mirarle a los ojos a él o a Jaekyung, negó con la cabeza.
Del suelo alcanzó a escuchar una carcajada, sorprendida, incluso incrédula, pero de arriba, de parte de Dan, no se escuchó más que una pequeña pausa en su respiración.
— Sabes cómo funciona entre hombres, ¿no? Bueno, a Jaekyung le encanta hacerlo donde sea, así que tiene que ir preparado siempre, con eso puede simplemente abrirse de piernas y disfrutar. Toma la base y jala con cuidado, lo harás sentir realmente bien.
Con algo de dudas, tomó el objeto extraño, plástico que se sentía cálido por la cercanía con una parte tan privada, y cuando tiró, con apenas fuerza y solo por un instante, observó como una parte más gruesa salía y la espalda de Jaekyung se arqueaba, con un jadeo.
Yoon-gu sentía que su cabeza iba a explotar.
Su respiración se volvió todavía más errática al ver cómo Dan se sentaba lentamente sobre el ring y ponía la cabeza de Jaekyung sobre su regazo. Se preguntaba qué clase de relación tenían, ¿eran pareja?, pero qué tipo de pareja estaría bien con verlo hacerle algo tan pervertido a otro hombre… ¿acaso estaría forzando a Jaekyung a hacer ese tipo de cosas?
El cambio que todos habían notado en los últimos meses era innegable, tanto entrenadores como miembros del gimnasio estaban agradecidos de su nueva actitud… pero ¿y si solo era una actuación que Dan le obligaba a poner?, ¿y si este era su castigo por desobedecer?
Pero aun con esa terrible situación en mente, Yoon-gu no podía despegar la mirada de lo que había sacado del interior del hombre.
— ¿Vas a follarlo o solo te quedarás mirando? — Dan preguntó amablemente, siguiendo con su tarea de acariciar el rostro del hombre que se encontraba en su regazo. — Jaekyung está ansioso por tener algo más adentro.
Ahora su mirada se enfocó en el hombre entre los dos, abierto de piernas, con su agujero goteando por una sustancia blanca y espesa, palpitando al haber perdido el objeto llenándolo; con su pecho cubierto de semen, sus pezones erectos, como si buscaran llamar su atención. La expresión en su rostro era de desesperación genuina, volviéndose más impaciente con cada respiración errática.
Tragó en seco, nervioso. Sabía qué era esa sustancia que salía del cuerpo de Jaekyung. Dejó de lado el objeto, pensando en que luego lo volvería a usar o algo similar.
— ¿Q-qué debo hacer? — esperó una orden, demasiado intimidado como para continuar tocando el cuerpo de Jaekyung de formas tan obscenas, por más que quisiera.
— Solo déjate llevar. — le dijo Dan.
Se atrevió a tocar el trasero de Jaekyung, cubriendo sus dedos con el semen que aún se escapaba de su agujero. Permitió que la punta de su pulgar se deslizara al interior con una facilidad que le sorprendió; al no encontrarse con resistencia del músculo empujó hasta ver su dígito desaparecer por completo.
Jaekyung soltó un pequeño gemido, apenas audible, su espalda volvió a arquearse, con un movimiento ondulante intentado forzarlo a llegar más profundo; y su cabeza se levantó a penas unos centímetros, como si quisiera verlo, antes de que Dan le obligara a volver a recostarse, cubriendo sus ojos con una pequeña risita.
Yoon-gu tomó su propio miembro, acariciándolo un poco hasta que se endureció por completo,sus movimientos lubricados por la saliva de Jaekyung aún presente. Dejó una de sus manos en las caderas del hombre, acomodándose entre sus piernas tan musculosas buscando una posición en la que pudiera hacer lo que le habían ofrecido.
Con un claro temblor en sus manos, se guió a sí mismo hasta tocar la entrada de Jaekyung, y se mantuvo ahí por un momento, inseguro de entrar por completo, de si hacerlo podría causarle dolor al hombre bajo él. Estaba a punto de preguntar si podía meterlo sin más cuando una de las piernas de Jaekyung atrapó su espalda y le obligó a entrar en un rápido movimiento.
Y todo se volvió blanco por unos segundos. Lejanamente alcanzaba a escuchar gemidos agudos y constantes, vergonzosos, y bajo su cuerpo alcanzaba a sentir algo duro restregándose contra él. Pero, todo se sentía demasiado confuso para entender qué estaba pasando.
Lo primero que notó al volver a sus sentidos fueron todos los sonidos escapándose de sus labios, tan abundantes y altos que le avergonzó lo suficiente para morder sus labios en un intento de callarse. Como si fuese un castigo por la disminución de sus gemidos, los movimientos de Jaekyung se detuvieron por completo.
— Mierda, ¿no podías aguantar al menos un segundo? Incluso un virgen podría haber durado más — Jaekyung le reclamó de inmediato, obligándolo a mirarle a los ojos con un agarre fuerte en su cabello. Aunque su voz era igual de severa que como la que solía tener en un entrenamiento real, sus ojos estaban húmedos, las marcas de maquillaje corrido aún presentes y sus labios rojos e hinchados por lo que le había hecho antes. Antes de que pudiera disculparse, volvió a sentir como la pierna en su espalda lo empujaba — Muévete. — le ordenó para después soltarlo.
Dan sonreía mientras miraba la escena, disfrutando de como Yoon-gu hacía movimientos tontos intentando follar a Jaekyung, incluso después de venirse. Era excitante ver a Jaekyung gemir una y otra vez, verlo disfrutar de cómo su interior estaba lleno del semen de dos hombres.
— ¿Se siente tan bien que ni siquiera puedes hablar? — preguntó Dan sin apartar la mirada del rostro lleno de placer en su regazo.
Cuando por fin se separó del rostro de Jaekyung, y levantó su mirada, de inmediato hizo contacto visual con Yoon-gu. Y aunque continuaron con el contacto, fue incapaz de detener los movimientos de sus caderas.
— S-se sient-te. — intentó hablar, sin poder pausar lo suficiente para reunir sus palabras — b-bien… — se interrumpió con un gemido aún más alto — s-se s-sien-nte tan bien…
Dan rió mientras acariciaba el cabello del más joven, tras unos segundos, y después de asegurarse de que Jaekyung entendiera qué es lo pretendía que Yoon-gu hiciera, lo jaló hasta que su boca estaba gimiendo a milímetros del pezón del boxeador.
— Chupa. — le ordenó mientras aún observaba con toda su atención el rostro de Jaekyung. Y como le encantó presenciar su expresión cambiar al sentirle pegarse a su pecho, como frunció el ceño por el placer, tuvo que cerrar sus ojos y morderse los labios para que aquellos gemidos agudos, femeninos, de los que tanto se avergonzaba no pudieran escapar.
Apenas volvió a verle abrir sus ojos le dedicó una sonrisa.
— ¿Qué tal si tú me ayudas chupando otra cosa? — bromeó, pero también liberó una de sus manos para bajar sus pantalones lo suficiente para dejar salir su miembro su miembro.
Jaekyung rodó los ojos cuando fue golpeado en el rostro por su pene, pero de todas formas abrió la boca obedientemente y sacó su lengua esperando a que guiara su miembro a su interior.
Restregó su glande por sus mejillas antes de entrar, regando el líquido preseminal que se había acumulado en esos minutos. Notó cómo fruncía el ceño en una clara expresión de molestia, mas, continuó esperando pacientemente.
Finalmente descansó la punta sobre la lengua de Jaekyung, dio una pequeña embestida, de ni siquiera un par de centímetros, antes de permitir que Jaekyung tomara el mando. De inmediato intentó tragarlo hasta lo que la posición le permitía, su lengua centrándose en la cabeza, moviéndose en círculos antes de quedarse en la punta y chupar por unos segundos. Soltó un gemido libremente, nada más para ver como las mejillas de Jaekyung se pintaban con un rojo más oscuro.
Volvió a acariciar el cabello de Yoon-gu de forma distraída, dándole un par de jalones cada vez que sentía a Jaekyung intentar tragarlo un poco más profundo o mover su lengua de una forma distinta; al hacerlo, Yoon-gu mordía o hacía alguna otra cosa con el pezón en su boca, y sentía las vibraciones de un gemido resonar en la garganta de Jaekyung.
Después de unos minutos, notó como el ritmo en que Yoon-gu se movía cambiaba, como perdía rapidez y en cambio buscaba llegar más profundo, como cada pocas embestidas pausaba para moverse en pequeños círculos y soltaba el pezón en su boca para gemir contra el pecho de Jaekyung.
Bajó su mirada para observar la expresión en el rostro del boxeador, estaba tan concentrado en chupar su pene que ni siquiera notó su atención. Pero, aun si no podía establecer contacto visual con él, solo con la forma en que las vibraciones de sus gemidos se sentían contra su miembro, sabía que estaba cerca de su primer clímax.
Esperó hasta notar como sus piernas comenzaban a temblar y su vientre se contraía para indicarle a Yoon-gu que se detuviera. El sonido que Jaekyung intentó hacer como reclamó le hizo sacar un gemido involuntario que se perdió por la respiración pesada del más pequeño, a quien también le había negado su orgasmo.
No le dio ninguna explicación de porqué lo había detenido, pero, esperaba que la forma en que el cuerpo de Jaekyung temblaba y como con sus brazos se aferraba a sus piernas como si fuese a morir si lo soltaba, fuese suficiente para entender lo que le gusta al hombre que se estaba cogiendo.
Cuando el temblor de las piernas del boxeador ya era mínimo y el subir y bajar de su pecho se había ralentizado, acomodó su cabeza para que su garganta se abriera por completo y poder usarlo con más comodidad. Con la primera embestida, sintió la garganta cerrarse por un segundo y el cuerpo tensarse con un par de arcadas, pero las manos de Jaekyung se aseguraron de mantenerlo en su lugar antes de que pudiera intentar alejarse.
Yoon-gu parecía horrorizado y excitado en partes iguales al ver esto, tal vez recordando cómo se había sentido la garganta de Jaekyung, la forma en que se había ahogado un par de veces con él hasta lo más profundo que llegaba. Si después de lo que planeaba seguía con energía, le permitiría follar su garganta una vez más.
Al conectar miradas con los ojos llorosos de Yoon-gu, le permitió que volviera a embestir al hombre bajo los dos.
La fuerza de las primeras estocadas fueron suficientes para mover su boca contra él también y además, sacarle suficientes gemidos como para que las vibraciones reemplazaran la forma en que normalmente movería su lengua.
Pronto las embestidas volvieron a perder su ritmo, la pequeña pausa para evitar que Jaekyung se corriera no había sido lo suficiente para hacer lo mismo por el más joven; así que, como una pequeña ayuda para mantener a Jaekyung igual de ocupado, él también comenzó a moverse, primero lento, solo cuando el otro se tardaba demasiado en recuperar su ritmo, después, al darse cuenta que Yoon-gu había encontrado la prostata de Jaekyung, copiando el mismo ritmo para que el interior del hombre nunca estuviera vacío.
Con el nuevo ángulo, en apenas un par de minutos su vientre se tensó de nuevo, y con cada embestida el temblor de sus piernas se notaba un poco más. Esta vez, como no parecía que Yoon-gu pudiera detenerse sin comenzar a llorar, y su propio orgasmo estaba lo suficientemente cercano, permitió que continuara a su gusto.
Yoon-gu no preguntó si podía venirse adentro antes de hacerlo, con una embestida fuerte, profunda, como sabía que a Jaekyung le encantaba, se corrió en un mar de gemidos que lo hacían parecer la parte receptora. Sabía que Jaekyung intentaría alejarse para masturbarse, la sensación de un hombre llenándolo de una forma tan profunda era demasiado para ignorarla, pero no lo suficiente para lograr correrse sin ayuda.
No se lo permitió.
Atrapó sus manos bajo su peso, y con una mano en su cuello, le obligó a mantenerlo hasta lo más profundo de su garganta, sin importarle si necesitaba respirar, o si la sensación era simplemente abrumadora. Las contracciones del músculo y los sonidos tan húmedos y obscenos bastaron para darle el último empujón hacia su propio clímax.
Lo sostuvo ahí, con una mano apretando su cuello y otra en el ángulo de su mandíbula. Le obligó a aceptar hasta la última gota, a tragar como si su vida dependiera de ello. Y Jaekyung se corrió en total silencio, la única indicación fue el gemido que soltó Yoon-gu y el semen que pintó desde su abdomen hasta su pecho.
Con dos golpes en la parte interior de su muslo supo que Jaekyung había llegado a su límite.
De inmediato soltó su rostro y salió con la mayor delicadeza que pudo.Pero aun así escuchó a Jaekyung ahogarse y comenzar a toser apenas el aire entró a sus pulmones.
Lo primero que hizo fue empujar el vientre de Yoon-gu para alejarlo. Sus brazos temblaron al hacerlo, y cuando el menor salió de él, su cuerpo se volvió rígido, después, pequeños espasmos de sobre estimulación .
Estaba a punto de disculparse cuando notó la expresión pintada en el rostro del boxeador. Sus ojos llenos de lágrimas, cerrados con demasiada fuerza, las líneas de maquillaje difusas, ausentes en la parte más cercana al lagrimal; su ceño fruncido, temblando con cada respiración, como si las sensaciones fuesen demasiado para suprimirlas como siempre lo hacía; y su boca se dibujó en una mueca que reconocía de los segundos antes de sucumbir al placer, con sus labios húmedos e irritados.
Le ayudó a recostarse contra él. Jaekyung, sorpresivamente, permitió que le abrazara por la cintura para ayudarlo a mantenerse erguido, y aunque en un inicio se resistió, de forma débil, repleto de temblores, tampoco se rehusó a descansar su cabeza en el hombro que le ofrecía. Distantemente, pensó en lo ridículo que se debía ver un hombre de su tamaño siendo sostenido por alguien como él.
Mientras Jaekyung continuaba quieto, con su respiración aún pesada y su cuerpo temblando de forma esporádica, levantó uno de sus brazos, en el que había tenido problemas en los últimos meses, y comenzó a masajear con delicadeza la zona más dañada.
De reojo, observó a Yoon-gu. Sin tener más instrucciones que seguir, y siendo ignorado por ambos, había decidido sentarse en silencio, con sus manos acomodadas con delicadeza sobre su regazo y su mirada paseando entre el pecho y la entrepierna de Jaekyung. Tras unos momentos más, Yoon-gu se atrevió a subir la mirada un poco más, al rostro del hombre, cuando se topó con los ojos de alguien más en el camino, desvió su mirada inmediatamente, sus mejillas volvieron a pintarse de un rojo intenso y de, forma sútil, cubrió con ambas manos su propia entrepierna.
Justo en ese instante, antes de que alcanzara a decirle algo a Yoon-gu, sintió el brazo que había estado masajeando liberarse de su agarre para tomarle del cabello con fuerza.
Jaekyung le obligó a verle a los ojos. Ahora que había vuelto en sí, parecía aún más molesto que cuando le había tirado al suelo. Ni siquiera las marcas que le había hecho accidentalmente durante el acto, o las líneas de fluidos secos en su piel, fue suficiente para apaciguar la expresión tan molesta que portaba.
— Lo siento. — Dan murmuró, tomando delicadamente el mentón de Jaekyung. —¿Te encuentras bien? — preguntó preocupado.
Juró que por un momento el rostro de Jaekyung mostró algo de vergüenza, pero esto, si es que en verdad existió, fue rápidamente sustituida por una expresión de ira y arrogancia.
—Está bien, solo quería tener un respiro. — dijo molesto, moviendo su cabeza para alejarse del agarre que lo sostenía.
Jaekyung volteó el rostro para observar a Yoon-gu. El menor parecía nervioso, viendo embobado cómo ellos dos interactuaban.
— ¿Quieres seguir? — amablemente cuestionó, dejando ir el cuerpo del más grande y levantándose como pudo para tomar su bolso.
Yoon-gu los miró fijamente por unos segundos más, antes de asentir frenéticamente.
Solo soltó una pequeña carcajada como respuesta, y el silencio de parte del boxeador fue lo suficientemente amable como para servir de respuesta.
— ¿Les parece bien si nos movemos a la sala de descanso? — con una sonrisa de oreja a oreja que aun así no se sintió dulce — pero primero tendré que limpiar a Jaekyung.
[...]
Yoon-gu apenas había dado un par de pasos en la habitación cuando Jaekyung lo tiró al sillón. Ni siquiera le dio unos segundos para acomodarse antes de dejar caer su peso entero sobre su regazo.
Cuando no pudo evitar soltar un jadeo por las acciones tan súbitas, escuchó una pequeña carcajada del otro lado de la habitación, y tuvo que observar como la expresión del hombre sobre él se pintaba de algo entre fastidio e incredulidad, una de sus cejas levantadas mientras la otra se mantenía fruncida, sus labios en una línea recta, desinteresada, pero tras unos segundos de verle bajo él, completamente a su merced, se convirtió en una sonrisa de lado.
Jaekyung enredó sus dedos en su cabello, y con un golpe que hizo resonar al chocar piel contra piel, le obligó a hundir su cara en el espacio entre sus pectorales. Lo mantuvo unos segundos ahí, sin fuerza detrás de su agarre, pero demasiado firme para que pudiera hacer algo más que luchar débilmente contra él.
Con su cabeza atrapada entre ambas masas, podía sentir su cuerpo entero calentarse al punto de incomodidad. El contacto entre sus pieles se hacía más notorio con cada segundos, sus muslos, tan pesados y musculosos, acomodados sobre los suyos, aplastándole contra la tela del sillón. Podía sentir cada roce, cada pequeño movimiento producto de la respiración del hombre, el roce de su cuerpo al flexionarse cuando acomodó su posición sobre él.
Estos movimientos, como si la cercanía no fuese suficiente, hicieron que su corazón comenzara a latir con mayor rapidez. Latidos fuertes, ruidosos, como si su corazón estuviese igual de desesperado por llamar la atención del hombre; lleno de vergüenza esperaba que la diminuta distancia entre su pecho y el abdomen del boxeador bastara para ocultar el sonido.
Cuando los movimientos de Jaekyung se acercaron más a su pecho, al sentir la erección de este deslizarse a través de su abdomen, la cabeza restregándose en el centro de su pecho. Y en ese momento escuchó una risa, burlesca y grave, cuyas vibraciones sintió a través del pecho de su dueño, temió que aquella cercanía fuese suficiente para descubrir sus latidos, la vergüenza pintando sus mejillas aún más.
Dan se unió en ese instante, con una mano sobre el hombro de Jaekyung para llamar su atención y, después, unir sus labios en un beso largo y húmedo.
Los observó sin poder moverse, sin atreverse a intentarlo. Observó, como si estuviera hipnotizado, la forma en que sus labios encajaban entre sí, el líquido escapando de la unión, derramando lentamente por la mandíbula del boxeador, pasando por su cuello y desapareciendo por su pecho, la forma en que su garganta se movió una vez para tragar.
Cuando se separaron, con una pequeña línea de saliva conectándolos, el boxeador dejó salir un pequeño suspiro y, por un instante, persiguió la boca del doctor antes de volver en sí con la misma expresión de enojo. Dan se rió de esto, un poco burlesco, un poco dulce, le entregó una botella de agua ya abierta, y mientras Jaekyung bebía, la mirada del doctor cayó sobre él.
Dan le sonrió de la misma forma suave y gentil, quizás, con la privacidad de la situación, con menos timidez de la que siempre le había caracterizado.
— ¿Quieres agua, Yoon-gu? — aunque parecía una pregunta, no le dio tiempo a responder cuando vio a Dan tomar la botella de las manos del boxeador e inclinarla hasta llenar su boca con el líquido.
Dan le besó sin haber tragado, con una mano sosteniéndolo de la nuca, manteniéndolo en su lugar, y la otra en su mandíbula, presionando con poca fuerza, apenas la suficiente para forzarle a abrir. Al hacerlo, cuando la presión física y mental rebasó su tolerancia, el calor del interior de la boca del mayor se mezcló con la temperatura fría del agua; la diferencia hizo que le costara tragar en un inicio, el líquido escapando por el espacio entre sus labios; y entonces, Dan inclinó más su cabeza, hasta que no pudo hacer más que tragarse o ahogarse.
Apenas logró tragar, el beso fue roto de manera brusca por Jaekyung, quien tomó al mayor de la mandíbula, en un agarre apretado que, desde la posición de Yoon-gu se veía doloroso. Y sin esperar más, el boxeador unió sus labios con los del doctor, con una agresividad mayor que la que le había mostrado cuando lo tenía acorralado contra las cuerdas del ring, con sus labios chocando contra los otros con fuerza, su lengua adentrándose en su interior apenas surgió la oportunidad.
Dan soltó un gemido, su voz una combinación entre dolor y placer, y, al igual que como lo había hecho con él, Jaekyung usó esto para profundizar aun más el beso. El doctor se dejó hacer, movió sus manos para agarrarse del brazo sosteniéndole, relajó sus párpados, cerrados, y permitió, sin queja alguna, que el más alto guiará sus movimientos.
Jaekyung no compartió la misma disposición, el agarre sobre el otro mantuvo la misma fuerza, y el beso, igual de exigente, dominante. Parecía molesto, sus músculos yan tensos que daba la sensación, de que sería incluso más explosivo de lo usual, y el peso de su cuerpo sobre el suyo se sentía sólido, inamovible, como si fuera un castigo, una forma de evitar su escapatoria, distinto a la forma en la que antes, a pesar de la vergüenza, había hecho que su corazón latiera con la misma velocidad que la primera vez que lo había visto luchando en un ring.
Aunque el más alto continuaba besando a Dan, aunque podía ver la forma en que sus labios se deslizaban unos contra otros, y aunque alcanzaba a observar, cuando Dan se separaba un poco y dejaba salir pequeños jadeos, sus lenguas enredándose entre sí. Por todo ese tiempo, a pesar del contacto con el otro hombre, la mirada de Jaekyung se mantuvo sobre él, sus ojos serios, las manchas de maquillaje difusas, apenas visibles, ojos intimidantes, pero no agresivos, con el mismo peso de aquellos días en los que todos evitaban entrenar con él.
Dejó ir la boca de Dan. Y con una de sus cejas levantadas, se dirigió por fin a él: — ¿Aún tienes sed, Papa?
No le dio tiempo para responder. Vertió lo que quedaba en la botella en su pecho, su mirada sin relajarse por siquiera un segundo y en ese mismo momento, Dan devolvió una de sus manos al cabello del más pequeño, usándolo para obligarle a hundirse entre ambos músculos, llenar su boca con el líquido, hasta desbordar de entre sus labios, y después lamer lo que se había escapado.
Jaekyung no se preocupó en esperar a que terminara antes de cambiar su atención al doctor.
— ¿Qué tanto esperas? Mételo de una vez. — Dan soltó una pequeña risa, y, cuando fue liberado de su agarre, recostó su cabeza en el hombro del más alto, rozando sus labios con la piel a su disposición.
Yoon-gu observó cómo las manos del doctor desaparecían detrás del cuerpo del más grande, y, con vergüenza por sí mismo, notó cómo el rostro del boxeador cambiaba, con cada segundo, con las caricias con las que las manos del otro bajaban por su cuerpo, hasta que las manos llegaron hasta su destino final, cuando sus labios se separaron para dejar un jadeo que rápidamente se convirtió en un gemido. Apenas un instante después, el menor no pudo evitar copiar el mismo sonido, al sentir como la mano del doctor se cerraba alrededor de su pene.
— Esta parte está muy ansiosa por esto, ¿no es así? — Dan habló entre risas, copiando los movimientos de los dedos en el interior de Jaekyung con la de su mano masturbando al otro — Hmmm… aunque aún no estoy duro… ¿Qué tal si dejas que Papa vaya primero?
Jaekyung suspiró en un inicio, hartazgo fingido por la forma en que sus muslos se flexionaron para levantar su peso hasta dejar su hoyo a la altura del miembro del chico debajo de él. Yoon-gu alcanzó a ver, por un segundo, tres dedos de Dan hundidos hasta el tercer nudillo en el interior del otro hombre, el semen deslizándose por la piel de su mano, hasta acumularse en un pequeño charco en la palma de esta. Los sacó rápidamente, acompañado de un gemido de parte del boxeador, cuando alineó su miembro, duro, goteando líquido preseminal con la misma rapidez que el semen del interior del hombre ensuciaba su otra mano, no pudo evitar sacar un sonido igual.
Y con un pequeño empuje en su hombro, Jaekyung dejó caer todo su peso sobre él de un solo golpe. Al sentir aquella calidez tan apretada envolverlo por completo de una forma tan agresiva, tan brusca, no pudo evitar llevar sus manos a la cintura del hombre, intentando, con apenas fuerza, brazos temblando de placer, detener los movimientos del hombre.
Con el primer sentón su vista se volvió blanca de nuevo, el frenesí de su clímax nublando sus pensamientos por lo que se sintió como una eternidad, pero, por la forma en que el boxeador continuó moviéndose sin importarle nada, y la ausencia de un comentario por parte de Dan no podía ser más que un par de segundos.
Sintió las vibraciones de la risa de Jaekyung a través del contacto con su pecho, una risa cínica que se copió en la expresión pintando su rostro.
Esta vez, cuando se quejó de él no bajó su mirada, sino que se dirigió al hombre que continuaba acariciando su cuerpo.
— Desperdiciaste tu victoria en este patético precoz. Se vino incluso antes de que lo metiera. ¿Cuántas veces han sido ya? ¿4? — Dan detuvo sus movimientos al escucharlo, esbozó una pequeña sonrisa, oculta por el cuerpo del hombre, sin ser dedicada a ninguno de sus dos acompañantes.
Bajó sus manos hasta la cadera del más alto, las acomodó justo encima de las otras, y con un apretón seguro, firme sin ser doloroso, solo con eso, los movimientos de Jaekyung se detuvieron por completo.
— Yo nunca te pedí que te lo cogieras… No es mi culpa que quieras abrir las piernas para cualquier hombre. — Dan susurró contra la piel del boxeador, su volumen apenas lo suficiente alto para que desde su posición alcanzará a escucharlo
Se tomó una pausa, en la que, con el agarre seguro, sobre las manos del menor, en las caderas de Jaekyung, se aseguró de que el único movimiento era el de sus pechos chocando con cada respiración errática. Aún oculto por el cuerpo más grande, posó su mirada sobre el rostro de Yoon-gu; ahí le observó por un instante, sus ojos oscuros, pero pintados de un atisbo de diversión, y tras esos instantes, le dedicó la misma sonrisa que antes había visto detrás del boxeador.
Dan comenzó a guiar las caderas de Jaekyung, en pequeños círculos, lentos, con pequeñas pausas para observarle, para dejar besos en el cuello y hombros del más alto. Ignoró, por la mayor parte, sus reacciones, sonrisas dulces, traviesas, y, cuando chocaba con su mirada, llorosa y desenfocada por el placer, pausas más largas que se ganaban un queja de parte del hombre sobre él, nada más que gemidos patéticos de la otra parte.
— Dime, Yoon-gu, ¿siquiera luchó contigo, o directamente pidió que se lo metieras? — al chico le tomó un tiempo entender la pregunta, y un poco más en pensar su respuesta.
Cuando le tomó más de un minuto responder, y en sus ojos se mantenía aquella tela desenfocada, hundida en las sensaciones. Ignorando las quejas, mezcladas con gemidos, del boxeador, Dan le obligó a levantarse, hasta que no quedaba más que la punta en su interior. Incluso sin los movimiento estimulándole, con el frío de la habitación como contraste incómodo con la calidez a la que ya se había acostumbrado, le fue imposible detener sus sonidos, evitar los jadeos que se escapaban de sus labios con cada respiración.
Distantemente, de forma difusa, casi incomprensible, reconoció la voz de Jaekyung, más grave de lo usual e interrumpida por la respiración casi errática, quejándose con Dan, ignorando su presencia por completo. Esta pausa, la negación contra la que ni siquiera Jaekyung era capaz de rebelarse, bastó apenas para aclarar su mente lo suficiente para pensar en una respuesta.
— S-sí — al hablar, ambas miradas cayeron sobre él. La de Jaekyung, aunque se mantenía seria, su ceño fruncido en un claro gesto de enojo, se notaba un poco menos clara, un signo obvio de que también se sentía afectado por la interrupción; Dan le dedicó a Yoon-gu una de sus sonrisas dulces, reconfortantes, mas, no le permitió al boxeador que bajara un solo centímetro. — Tr-tres, cuat-tro rounds. Y-yo perdí.
— ¿Puedes una vez más? — Dan le preguntó en voz baja, sin expectativas detrás de su tono, pero, en ese mismo instante, también sintió como Jaekyung se apretaba más alrededor de él. Esta vez solo le tomó asentir brevemente para que el doctor soltara la cintura de Jaekyung y le permitiera volver a hundirse hasta el tope.
Jaekyung se dejó caer con todo su peso como impulso. Ni siquiera le permitió un segundo para acostumbrarse, continuando con movimientos rápidos y profundos, demandantes y agresivos, tan distintos a los guiados por Dan.
Le avergonzó que en segundos sus gemidos superaran en volumen y cantidad a los tan discretos de Jaekyung, los suspiros y jadeos que a veces se volvían agudos antes de ser callados por el boxeador. El chocar de sus pieles, ahora mezclándose con la humedad del semen escapando del hoyo del mayor, se hacía cada vez más notables; una evidencia clara, igual de vulgar y vergonzosa, de todo lo que le había hecho a Jaekyung.
Yoon-gu quería llorar solo de vergüenza.
Pero Jaekyung continuó moviéndose, ignorante o desinteresado en lo que el otro sentía; cerrando sus ojos, una expresión de placer claramente pintada, a ratos, girando su cabeza en busca del doctor. Cuando le regaló una fracción de su atención al menor, tal vez por error, en su camino para acomodar su posición, y notó las lágrimas acumulándose lentamente en sus orbes, soltó una carcajada jadeante. Aunque esta aún tenía aquel tono de burla, detrás de esto, escuchó algo que podría asimilarse a la diversión.
Dan volvió a acercarse en ese momento. Con un toque gentil limpió el líquido en los ojos de Yoon-gu, acarició su rostro en el camino, de forma tan delicada que contrastaba con el ritmo brusco al que Jaekyung le sometía. Tras unos minutos, cuando las lágrimas habían disminuido y era claro que se trataban únicamente de placer, bajó su toque hasta el miembro del boxeador, duro, y comenzando a gotear contra el abdomen del menor. Ahí dejó su toque estático, permitiendo que los movimientos sirvieran también para masturbarle.
— Jaekyung, ¿puedes con ambos?
Ni siquiera le tomó un segundo escuchar la respuesta del otro hombre. Ansioso y excitado, como si lo estuviese esperando por horas.
— Mierda, sí. Solo mételo. —
Y Dan lo acató, de inmediato. Le empujó hasta hacerlo perder el equilibrio, hasta que volviera a cubrir el rostro del menor con su pecho, y, con un movimiento fluido, rápido pero sin orillar con lo brusco, le penetró hasta la base.
Esta vez, como si no pudiera evitarlo, Jaekyung dejó salir un gemido largo, agudo, acompañado de un temblor de cuerpo completo, que después usó para apegarse al doctor, para intentar que hacerlo llegar todavía más profundo.
Yoon-gu los observó besarse, de forma húmeda, descuidada, con sus dientes chocando y saliva escapándose de su unión. Y cuando Dan recuperó el ritmo rápido y violento, con toda su fuerza detrás de cada embestida, gemidos cada vez más altos y agudos, femeninos incluso, comenzaron a verter de los labios del más alto.
Tener el privilegio de observarlo así, tan distinto a su imagen usual, tan vulnerable y abierto, en su cara una expresión clara de placer, que ya ni siquiera intentaba ocultar, las lágrimas producto de cada estocada… Toda la situación le hacía sentir al menor como si pudiera correrse en cualquier segundo, solo de la imagen frente a él, de los movimientos del miembro del doctor Dan al deslizarse contra el suyo, en un canal tan apretado que sentía casi doloroso.
Antes de que pudiera decir algo, advertir esta vez, Dan pareció haberlo notado. Le obligó a quitar una de sus manos de la cintura de Jaekyung, y lo acomodó para que la cerrara alrededor del miembro que continuaba chocando con su abdomen. Manteniendo un agarre en su muñeca, firme pero sin hacerle daño, que le indicó el ritmo en que debía masturbar al boxeador. La otra mano, la que no se mantenía sobre él, se dirigió al pecho de Jaekyung, a atrapar uno de sus pezones entre sus dedos y comenzar a jugar con él distraídamente.
Los gemidos del hombre aumentaron, igual que los temblores esporádicos y las pausas que debía tomarse del beso para respirar. Su mano se sentía cada vez más húmeda, y sus movimientos se volvían más fáciles, lubricados por todo el líquido preseminal que el mayor estaba produciendo.
Sabía que Jaekyung estaba cerca, muy cerca, tal vez ni siquiera a un minuto de distancia, pero Yoon-gu simplemente había llegado a su límite.
Alcanzó su clímax sin poder articular nada más que gemidos sin sentido, con lágrimas derramando de sus ojos, en un llanto abrumado por el placer de un orgasmo y el dolor de la sobreestimulación.
Dan no tardó un segundo en consolarlo, acariciando su cabello de forma torpe y dulce, jadeando “solo un poco más” un par de veces antes de volver al beso con Jaekyung. Pronto sustituyó la mano del menor en el agarre en el miembro del boxeador, con un ritmo distinto, igual de rápido, centrándose esta vez solo en la cabeza.
A Yoon-gu no le quedó otra opción más que continuar gimiendo, intentar centrarse en el placer, esperar a que ellos también llegaran a su clímax.
Un minuto después, una eternidad después, sintió como Jaekyung se volvía aun más apretado, y en un instante su cuerpo empezó a temblar de forma constante. Bastaron dos embestidas más, y que Dan liberara su uretra, para que el semen de su ídolo se disparara y cayera sobre su pecho y abdomen, por tanto tiempo y en tanta cantidad que se sintió bañado en el líquido.
Apenas un segundo después sintió como Dan se venía en el interior del hombre. Fue solo en ese momento que dejó salir un gemido tan alto que opacó a los de Jaekyung, y la expresión tranquila de su rostro se derrumbó para abrir paso a labios temblorosos que no podían contener los sonidos que producía, y ojos perdidos en el placer de su orgasmo.
Tuvo que esperar una eternidad más para que el doctor se recuperara lo suficiente como para levantarse. Con el peso de dos hombres sobre él, el de alguien tan musculoso como Jaekyung, pronto sintió la falta de oxígeno característica de estar atrapado, incapaz de llenar sus pulmones por completo o de conseguir suficiente aire fresco con un contacto tan cercano.
Cuando Dan por fin salió, con cuidado, pero con una expresión de fascinación clara al ver el lugar en donde habían estado unidos.
Le pidió que esperara un momento más antes de separarse por poco tiempo. De su mochila sacó un objeto similar al que había sacado del cuerpo de Jaekyung, del mismo color, pero ahora con una base curva.
Al volver, le permitió salir del interior del hombre, y a penas lo hizo introdujo en un solo movimiento el objeto. Jaekyung se tensó en un inicio, pero inmediatamente después, volvió a relajarse contra él. Yoon-gu no pudo evitar soltar un jadeo cuando el peso del boxeador cayó sobre él de nuevo.
Escuchó primero una carcajada de Dan, pero le ayudó a acomodar a Jaekyung para quitárselo de encima.
— Lo hiciste muy bien, Yoon-gu. ¿Necesitas ayuda para levantarte? — volvió a hablarle con aquel tono dulce, inocente, y en sus labios estaba devuelta aquella sonrisa gentil, incluso tímida.
Se sintió agradecido de ver un lado conocido de nuevo.
Negó con la cabeza, apenado de necesitar ayuda para algo tan simple. Pero, al intentar levantarse del sillón, sus piernas se sentían demasiado débiles, ni siquiera con la fuerza para sostener una fracción de su peso por un segundo.
Dan no dijo nada a pesar de los intentos fallidos y esperó un par de segundos más antes de volver a ofrecer su ayuda.
Cuando tuvo que aceptar la ayuda esta vez, solo pudo continuar muriendo de la vergüenza cuando el mayor lo levantó desde debajo de sus brazos y lo sostuvo de la cintura para ayudarle a mantener el equilibrio.
