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Prólogo:
No recuerdo cómo llegué a mi habitación ni cómo me quité el vestido de novia arruinado. Mi mente era un torbellino de pensamientos, un ir y venir constante, acompañado de una tristeza que no sentía desde que era una niña.
Me dejé caer en la cama en la oscuridad. Esperaba que la penumbra me diera alguna señal de que las cosas iban a cambiar, pero nada; todo seguía igual.
Cerré los ojos y me perdí en mi mundo. Las lágrimas se negaban a salir, mientras el dolor en mi pecho crecía con una intensidad abrumadora. El vacío me consumía por completo. Solo deseaba desaparecer.
De repente, volví al presente. Tía Nodoka me acariciaba el cabello y tarareaba una nana.
Apoyé la cabeza en su regazo y la abracé con fuerza.
—Me quedaré contigo toda la noche cariño. Sabes que te quiero como a una hija —su dulce voz maternal envolvió mi corazón, permitiendo que las lágrimas finalmente comenzaran a fluir.
No recuerdo nada más de ese día.
Han pasado tres meses desde la boda fallida. Todo sigue igual, excepto yo...
Abandoné las artes marciales y las clases de cocina con tía Nodoka. Ahora me conformo con saber lo básico para sobrevivir, y eso es todo. Ya no me importa ser la esposa perfecta, mucho menos casarme. Cada vez que nuestros padres empiezan a hablar de un posible matrimonio, simplemente, dejo lo que estoy haciendo, agradezco y me retiro a mi habitación.
Él ha dejado de molestarme e irritarme con tanta frecuencia. De hecho, ahora busca pretextos para estar conmigo, se preocupa por sus estudios, e incluso me ha regalado flores. No es que me moleste su presencia; al contrario, mientras está callado, se ha vuelto agradable. Sin embargo, no puedo evitar sentir una punzada en el corazón y preguntarme por qué no lo hizo antes.
No lo culpo por lo que ocurrió en la ceremonia; con el tiempo, he llegado a entender que fue una serie de eventos desafortunados. Aun así, estoy tan cansada... ¡No! Exhausta de que todo siga igual que siempre.
El tercer año de preparatoria había comenzado, y diversos representantes de universidades nos daban charlas muy interesantes. Cada vez que íbamos al auditorio, sentía que él me observaba, como si evaluara mis reacciones, aunque no le prestaba mucha atención. Mantenía una actitud serena mientras estudiaba los folletos que me entregaban.
El otro día me encontré con el Dr. Tofú, quién me invitó a su consulta para conversar. Él no quiso dejarme sola; incluso, volvió a sus antiguas prácticas, superando el nivel de insultos y descalificaciones, dejándome completamente helada. No entendía por qué se esforzaba tanto en estar a mi lado si tanto le molestaba, o por qué insinuaba que era una "cualquiera" por estar a solas con el prometido de mi hermana. Pensé que una lágrima caería de mi rostro, pero no sucedió nada. Absolutamente nada. Elevé la cara y quedé en estado de shock. Jamás imaginé volver a ver esa expresión desde lo ocurrido en el Monte Fénix; era pura desesperación. Para mi suerte, tía Nodoka escuchó todo, desenvainó un poco su katana, se disculpó por los malos modales de su hijo y amablemente lo llevó a casa.
El doctor no podía creer la situación, aunque tampoco quiso preguntar. A estas alturas, mis cercanos esperaban que yo expresara lo que deseaba comunicar sin profundizar en más detalles. Tomé un sorbo de té y, rápidamente, le pregunté sobre sus estudios. El Dr. Tofú, algo sorprendido, me comentó que al principio asistió a la Universidad de Osaka, ya que no contaba con suficiente dinero para pagar universidades de mayor prestigio. Sin embargo, la Universidad de Osaka era bien considerada en el ámbito de la medicina y, en su tiempo, ofrecía una beca con especialización en el área deportiva y traumatología en China. En ese momento, algo que creía perdido resurgió en mí, y observé cómo el doctor sonreía discretamente. Inmediatamente, se ofreció a investigar si el programa aún existía y a enviar una carta de recomendación para que me aceptaran con honores. No pude contenerme más; me levanté y, haciendo una reverencia, agradecí a mi futuro cuñado. Lamentablemente, un rayo de realidad invadió mi mente, congelándome de inmediato. Sabía que jamás me permitirían salir de esta ciudad, y mucho menos para estudiar.
El Dr. Tofú comprendió que algo me estaba pasando y, de forma sigilosa, hizo una promesa: mantendría nuestro acuerdo en secreto, siempre y cuando, le avisara cuando tomara una decisión y el día en que la comunicara a mi familia. Mientras tanto, me ofreció una especie de práctica para que empezara a familiarizarme con los términos y tratamientos de diversos pacientes, con la excusa de que yo ganara un dinero extra. Además, él podría estar en la sala de espera, espiando desde la ventana o acompañándome en mi nuevo trabajo, alegando que no tiene nada que hacer. Asentí de inmediato, agradecí su tiempo y me dirigí hacia mi hogar.
Apenas llegué, empecé a escuchar los gritos; eran tres contra uno. Estaba cansada de toda esta situación. ¿Jamás se aburren de lo mismo? Me acerqué hacia él y puse mi mano en su hombro en señal de apoyo.
—Agradezco su preocupación, pero no es necesario hacer tanto escándalo por lo ocurrido. Él no sabe cómo expresar sus emociones, y mucho menos con palabras. Con el tiempo he llegado a comprender que los insultos y descalificaciones son su forma de relacionarse con las personas que le importan, con excepción de tía Nodoka y mi padre —mis palabras y expresión eran como un témpano de hielo. No era mi intención estar en este estado, pero ya no era mi asunto, y esta era una de las muchas razones por las que quería salir de esta casa.
Nuestros padres quedaron en estado de shock; jamás pensaron que estaría defendiéndolo, o menos aún, justificándolo. Desde ese día, no he sido la misma. Mi padre comenzó a llorar, algo "súper raro" en él, mientras que tío Genma se dirigió a su habitación con expresión severa. Tía Nodoka asintió con la cabeza y se fue a la cocina a ayudar a mi hermana.
Lentamente me dirigí a mi habitación, agotada, deseando solo disfrutar del silencio que me rodeaba. Sin embargo, él me siguió, manteniendo una distancia considerable. Cuando me detenía, él también lo hacía; cuando miraba hacia atrás, él fingía estar ocupado con otra cosa.
Creo que él empezó a sentir miedo por mis reacciones. ¿Cómo no iba a hacerlo, si antes lo golpeaba cada vez que sentía celos o me faltaba el respeto? Pero las cosas habían cambiado, o al menos yo lo hice. Preferí no pensar más en ello y seguí mi camino hasta llegar a mi habitación.
Recostada en mi cama, escucho un toc-toc. Inconscientemente, suelto un bufido al aire y él lo toma como una especie de invitación. Lo miro acercarse en silencio; creo que últimamente mi comunicación con él ha sido así.
—Akane... gracias —dice sonrojado mirando al suelo.
No respondo.
—Akane, ¿cuándo vas a volver a hablarme? —su voz cambia drásticamente sonado asustada.
—Sí te hablo —respondo secamente.
—No Akane, me refiero a como antes —se sienta en mi cama para estar más cerca de mí —Perdón por la forma grosera en que te traté esta tarde, pero... —suficiente, estoy harta de ese discurso.
—No te preocupes, con el tiempo me di cuenta de que esa era la única forma que tenías para expresarte sobre mí.
—¡No es cierto! Yo... —rápidamente mira hacia el suelo —Yo... —empuña sus manos con fuerza —Yo...
—No es necesario que sigas torturándote. Todo está bien, todo sigue igual que siempre —ruedo los ojos.
—¡No es cierto! Has cambiado Akane, ¡no lo niegues! —está rojo y siento que intenta decirme algo. Sus puños siguen apretados.
—Tienes razón, soy la única que ha cambiado —me giro para no verlo; me estoy cansando de este interrogatorio.
—Akane... —se acerca más a mí —¿Por qué? —muevo un poco mi cabeza y me encuentro con él con los ojos rojos y a punto de llorar.
—No lo sé... algo cambió en mí después de ese día...
—Lo sé... Te vi —giro mi cabeza nuevamente hacia la pared, ya no quiero hablar más —Fui a verte después de que se fueron los locos... Estabas con mi mamá y... —silencio —Akane... yo...
Silencio.
—Akane... lo siento... —empiezo a sentir cómo la cama tiembla y lo escucho gemir. Está llorando. Se siente culpable, pero me dijo que no me amaba. No lo entiendo...
—No hay nada que perdonar. Simplemente fueron una serie de eventos desafortunados, como siempre... —me siento en la cama para estar frente a él.
—¡No te creo! —su grito me desconcertó. Se levantó abruptamente y comenzó a gritar de nuevo —¡¿Por qué ya no me gritas?! ¡¿Por qué ya no me golpeas?! ¡¿Por qué cambiaste Akane?!
—Porque me rendí Ranma... Quería casarme contigo porque nos amábamos... Quería que fuéramos felices juntos... Quería pensar que el estúpido compromiso que hicieron nuestros padres había sido nuestro destino... Quería que las cosas cambiaran Ranma, pero me equivoqué... Las cosas siguen igual... —vuelvo a sentir esa sensación que me oprime el pecho —Y yo no quiero volver a lo de antes... —el sonido de mis palabras apenas se oye.
—Akane, pero antes estábamos bien... —una lágrima se desliza por mi mejilla. Ya no hay vuelta atrás, y otra sigue el mismo camino. Él recoge la última y siento cómo me abraza —Akane... por favor... vuelve... —apoya su cabeza en mi cuello y siento sus lágrimas caer sobre mí. Me abraza con fuerza e inconscientemente hago lo mismo —¿Qué tengo que hacer para que vuelvas? —escucho su susurro como si el viento lo llevara a mi oído.
—Nada... No quiero volver, pero tú puedes seguir jugando con tus otras prometidas... Te prometo que buscaré la forma de librarte de nuestro compromiso para que el dōjō sea de ambas familias y, de esa forma, quedarás libre de mí... —mis palabras son apenas audibles. Un fuerte gruñido sale de su garganta.
Toma mi cara con ambas manos y me mira con una determinación que nunca había visto antes.
—No lo permitiré —nos miramos a los ojos —No lo permitiré Akane. Voy contigo —el silencio nos invade por unos segundos —No volveré a perderte nunca más Akane. Es una promesa.
—Ranma... —me aferro con todas mis fuerzas a nuestro abrazo, pero hay una parte de mí que aún le cuesta creer en sus palabras.
—Perdóname Akane.
Pasaron los minutos sin que cambiáramos de posición. Mi hermana mayor llamó a la familia para comer, y el estómago de Ranma gruñó escandalosamente. Una risa estrepitosa brotó de mis entrañas; no podía parar de reír, y las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos. Confirmado: ¡Me volví loca! No soy la única, porque el chico a mi lado se tiró de espaldas en la cama y se rió tanto como yo. Sentí que estábamos de nuevo en la misma sintonía y eso me gustó.
Bajamos a comer, pero los nuevos hábitos no desaparecen de inmediato. Doy las gracias por la comida y me detengo al instante. Ingerí un poco de cada cosa y ya me sentí satisfecha; no pude probar un bocado más. Comencé a recoger mis platos y cubiertos cuando noté la mirada preocupada de mi prometido. No le di mucha importancia y pedí permiso a mi padre para levantarme del kotatsu.
Al llegar a mi cuarto, me siento a mirar por la ventana. La lluvia cae silenciosamente y comienzo a relajarme. No me doy cuenta de cuándo Ranma entra en mi habitación y se instala detrás de mí. Su aura está inquieta y me devuelve al presente.
—¿Por qué comes tan poco? Sé que solía decirte que estabas gorda, pero no era cierto.
—Ahora que lo mencionas, no tengo el mismo apetito desde que dejé las artes marciales. Creo que debe ser por eso.
—Deberías comer más, estás muy delgada —se sienta en mi cama como si fuera suya.
—No empieces, antes estaba gorda y ahora muy delgada. No hay quien te entienda, Ranma —levanto una ceja, lo cual me parece divertido.
—Oye, no me estoy burlando de ti, solo estoy preocupado —Ranma hace un puchero, pero sé que está diciendo la verdad.
—¿Estás preocupado por una fea, marimacho y gorda como yo? —al principio me hago la ofendida, aunque me arrepiento de inmediato. Un aura oscura me invade la mente y no tengo ganas de seguir jugando.
—Oye, oye, oye, lo único cierto es que eres una marimacho —Ranma lo dice en un tono juguetón, sin darse cuenta de que sus palabras me hieren.
—Está bien... ¿Podrías dejarme sola? Es tarde y quiero ir a dormir pronto.
—Bueno, pero ¿volverás a despertarme para que vayamos juntos al colegio? —no puede resistir en sacar esa sonrisa proveniente del "encanto Saotome".
—No lo sé, Ranma, creo que es un poco rápido. De verdad quiero ir a dormir. ¿Me permites? —sin darme cuenta, toma mi mano y me acerca hacia él.
—¿Hice algo mal? —me mira con ojos tristes.
—No, solo estoy cansada —bajo la cabeza, incapaz de mirarlo a los ojos.
—Akane... lo de "marimacho" es de cariño, lo otro no es cierto... Buenas noches.
—Buenas noches Ranma. Que descanses.
Ranma sale de mi habitación y el silencio me envuelve. Las gotas de lluvia continúan con su danza delicada, hipnótica. Subo mis piernas y las abrazo, transformándome en un capullo.
El viento empieza a soplar y salgo de mi trance.
Me acerco a mi escritorio y saco el folleto de la Universidad de Osaka.
Los chicos de la fotografía parecen felices y el campus tiene áreas verdes. No está nada de mal.
Con mi promedio, mis créditos actuales y la recomendación del Dr. Tofú, podría acceder a una beca que cubra dos tercios de mi carrera. Además, necesitaría encontrar un empleo de medio tiempo para pagar el alquiler y mis gastos.
Dejo el folleto en el escritorio para estudiar el mapa y empiezo a calcular: Osaka está a 509,7 kilómetros de Nerima.
¡Esta es mi oportunidad!
