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Te devolveré un lugar al que puedas llamar "Hogar"

Summary:

Alleria tras años de sufrimiento y abuso, decide huir con su hijo. Casi sin recursos y aislada, intenta lidiar con todo sola.

O ese al menos era el panorama que pensaba que tendría.

Notes:

¡Hola! Quise escribir centrándome en estas dos desde hace algún tiempo. Además dado a como se están dando las cosas en la historia y el pobre desarrollo de ambas, creo que merecen un poco de atención aunque sea en un Au moderno.

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

La luz se filtraba por las pequeñas ventanas de su dormitorio. Lanzando un gruñido bajo, se incorporó en el colchón para mirar la hora.

 

 

Eran las seis de la mañana...

 

 

Aún era muy temprano para despertar a su hijo a su hora habitual para que se preparara para la escuela. Miró a su alrededor mientras sus orejas se movían ligeramente. El espacio era escaso así como la decoración. Vió encima del pequeño escritorio, una de las bolsas que utilizó ese día para coger lo necesario y salir junto con Arator lejos de esa casa.

Levándose una mano a su cabello suelto y dorado se dispuso a apretar uno de los mechones con tal vez más fuerza de la necesaria. Era un de los hábitos que había obtenido por el estrés con el paso del tiempo. 

Al levantarse, una punzada de dolor recorrió todo su cuerpo.Tenía la intención de estirarse para salir de la habitación. El lugar que había logrado conseguir no era más que un edificio de apartamentos modestos al otro lado de Ventormenta. Lo suficiente lejos de momento de el ser con quien había estado por una década. Pero también demasiado lejos de su tierra natal.

 

Suspiró al acercarse a la encimera de la diminuta cocina y hacerse un poco de café. Era realmente el sustento de su vida junto a su pequeño. La cafeína la mantenía despierta. Necesitaba encontrar un trabajo estable, de lo que fuera. Lo que había ahorrado en sus trabajos "esporádicos" que Turalyon en pocas ocasiones le había permitido tomar se acabaría. Debía obtener una fuente de ingresos estable.

 

 

Y pronto...

 

 

Llenó la taza a medias con el contenido bebiéndolo sin más. Prefería no liarse con su propio alimento y enfocar sus esfuerzos en darle lo que pudiera a Arator.

 

 

Él no merece sufrir por esto.

 

Ya le fué algo complicado intentar ocultar el opresivo ambiente que había cada vez más en esa casa, que para ella no era más que una prisión. La mirada que le dedicó cuando le recogió ese día de clase de confusión.

 

 

"¿A donde vamos mamá?"

 

 

Pero si se quedaba, sería como rendirse. Era reconocer que él y todo su círculo tenían razón y que el problema era ella y con el tiempo su propio hijo. 

 

 

 

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¡Llego tarde...!

 

 

Cogió aire tras la carrera que había dado para llegar justo a la hora de la entrevista. Si bien conservaba algo de su porte atlético, su mal cuidado de si misma le estaban pasado factura. El puesto era de recepcionista contable para una revista bastante conocida dentro de la sociedad humana.

 

 

Pensar esto le revolvió el estómago.

 

No tenía en concreto nada en contra de los humanos. No al menos de todos. Solo de los que solían pensar que estaban por encima de todas las demás razas. Los que imponían sus pensamientos claramente arcaicos comparados con otras sociedades. Ella misma huyó de casa al no soportar tener que ser parte o peor aún, liderar algún día toda esa pomposidad dentro de la alta aristocracia de racia abolengo élfica. Su madre no aprobó ese pensamiento que definió como "individualista" y "egoista". Así que se había marchado de su hogar hace más veinte años. Aunque para los elfos, la edad parecía no pasar tanto como para los humanos.

 

Salir de allí, para acabar con alguien que resultó ser peor no fué una de las mejores decisiones.

 

 

Cuando entró y lo primero que hizo quien se encargaba de coordinar los encuentros fuera mirarla de arriba abajo, le provocó ganas de salir huyendo de inmediato. Esa mirada la había visto demasiado. Una llena de juicio y desprecio. Estaba por salir de allí y buscar otra cosa.  Pero el ambiente cambió cuando entró una mujer de baja estatura con cabello castaño rojizo atado en un par de trenzas.

 

-Ah...Hola.-La voz no era cortante. ¿Eres Alleria verdad? Encantada. Mi nombre es Moira Thaurissan. Seré yo quien me encargue de tu entrevista. Siento si Edwin ha sido grosero.

 

Tras eso lanzó una mirada despectiva al nombrado, el cual puso los ojos en blanco y salió sin dirigir ni una palabra.

 

Maldito...

 

-No te preocupes. Estoy acostumbrada a ese tipo de trato.-Era una verdad a medias. Lo que aprendió fué a disimular que no le importaba. Que no le hacía daño o no la humillaba.

 

-Nunca acabas acostumbrándote del todo a esa actitud.-Respondió de vuelta la mujer ofreciéndole asiento.

 

 

No esperó salir de allí con el trabajo, sin embargo. Pensó que habría una selección bastante ardua y aunque la entrevista parecía desde su punto de vista haber ido bien, creyó que tendría que esperar unos días para recibir una respuesta.

 

-De las candidatas que he visto hoy, eres la más apta para el puesto.-Moira habló mientras aún tenia centrada la mirada en su curriculum. Tenía experiencia con sus trabajos esporádicos y los años de estudio que se vió obligada a hacer por culpa de su madre. Sabía contabilidad debido a que en el futuro sería ella quien se encargaría de los terrenos propiedad de su familia a parte de su puesto como embajadora.-Así que bienvenida a bordo. Comenzarás la próxima semana.

 

 

Al salir suspiró. No sabía si sentirse aliviada o aterrada. Si bien Moira era agradable, estaba claro que el hombre que la había recibido, no sería el único en la redacción de esa revista. Sus orejas se pegaron de inmediato al recordar lo que tuvo que aguantar desde su partida de Quel'thalas. Las formas eran exactamente iguales a las de su marido o los hombres que le rodeaban.

 

"Es algo que solo nosotros entendemos. Tú eres una elfa."

 

 

"Las cosas aquí son diferentes, Alleria."

 

 

"¡Deja de actuar así! ¡Me avergüenzas!"

 

 

No. Eso no importaba. Lo que contaba es que el sueldo era bastante bueno. Podría darle a su hijo la vida que se merece. Y también...

 

 

Protegerlo de él.

 

 

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La primera semana estaba siendo interminable. En general no era tan malo, sin quitar la prepotencia de humanos pasados de los cuarenta que la subestimaban por su raza y aspecto. O por hombres jóvenes y de mediados de los treinta que le miraban como un trozo de carne, al igual que a las modelos que solían posar en la misma revista. Lo único que valía la pena era cuando recogía a Arator del colegio. Su horario no interfería en esto, y así podía controlar por si Turalyon decidía buscarlos. Ella podía enfrentarlo, como lo había hecho todos esos años de matrimonio. Pero su hijo no debía temer en que le pusieran una mano encima.

 

Estaba en su puesto de trabajo. Su cometido se basaba en administrar citas y coger recados de la redacción. Pero gracias a sus aptitudes de contabilidad, también hacia a veces ese trabajo. Y aunque le venía muy bien el bonus extra por esto, el contable asignado se aprovechaba de esto para cargarle con más trabajo. Acababa de dejar programada una de las múltiples reuniones cuando pudo observar como se abría la puerta de la entrada. La mujer que entró acompañada de lo que parecía seguramente su asistente la dejó por un momento paralizada. Los elfos del vacío era un una minoría incluso más que los altos elfos en Ventormenta. Sufrían por ello más discriminación. Pero ella andaba con seguridad. Sus orejas estaban totalmente levantadas con orgullo. Iba vestida toda con prendas oscuras, que resaltaban la tez azulada de su piel.

 

Sus ojos eran totalmente cautivadores. Apartó la vista de inmediato para no ser descubierta. Para su suerte pareció no poner atención en ella, entró directamente a las salas principales de las reuniones. Fijó de nuevo su atención a la pantalla para poder seguir con su trabajo.

 

 

 

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Xal'atath salió de esa interminable reunión mientras sacaba sus gafas de sol de edición limitada. Si bien le gustaba utilizar el poder que le otorgaba su estatus en la gente, odiaba las miradas que eso despertaban en ella.

 

 

Asquerosos humanos...

 

 

Kavia iba detrás paso apresurado.- Creo que has sido demasiado brusca con uno de los altos cargos...

 

-¿Demasiado?-Contestó sin mirarla.-Cuando ese vejestorio apenas gateaba, yo ya estaba trabajando. ¡Qué no me mire por encima del hombro!

 

 

Se acomodó la chaqueta antes de dirigirse a la salida. Inevitablemente tuvieron que pasa por delante de la recepción notando a a la Quel'dorei tras el mostrador. Ya la había visto al entrar. Había notado su mirada sobre ella, pero era muy distinta a la que la mayoría le lanzaba. Esta vez,su atención estaba en la pantalla del ordenador y tenía el ceño ceñido.No pudo evitar en que se le dibujara una sonrisa.

 

Algo había visto en esa mujer.

 

Aún no sabía el qué...

 

Pero necesitaba descubrirlo.

 

 

-¿Ocurre algo?-Kavia llamó su atención.

 

-Consígueme lo que puedas sobre ella.-Ladeó la cabeza para señalar a la mujer del mostrador antes de salir por la puerta.