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Sailor V se encontraba parada en uno de los puntos más altos del Puente de Londres, frente a ella a varios metros de distancia en el otro extremo se encontraba Zoisite mirándola con una sonrisa malévola.
- ¿Dónde está Kunzite? – Grito mientras su largo cabello dorado ondeaba con el aire.
- Sailor V ¿Cuál es tu obsesión por mi amado Kunzite? Ya el inútil de Danburite nos puso al tanto de que estás buscándolo ¿Puedo preguntar por qué? – Le respondió sin quitar su sonrisa arrogante, pero al ver que la chica guardaba silencio amplio su sonrisa – Está ocupado arreglando sus propios asuntos en Medio Oriente ¿Satisfecha? Tendrás que conformarte conmigo.
- ¡Mientes! Sé que ha venido a Londres ¿Dónde está?
- Te he dicho que no se encuentra aquí, quien te haya informado te mintió ¿Entonces me atacarás o seguiremos platicando?
Sailor V suspiro y suavizo su semblante antes rígido – Zoisite… te han hecho creer que ustedes pertenecen a la oscuridad pero no es así, por favor… has un esfuerzo por intentar recordar quien eras en el pasado, intenta recordar tu verdadera misión y con quién está tu verdadera lealtad.
- Mi verdadera misión es recolectar la mayor cantidad de energía para la materialización de nuestro gran gobernante y mi lealtad esta con mi Reina – Sin esperar a que Sailor V respondiera, le lanzo varias estacas de energía verde pero fueron fácilmente esquivadas por la chica.
- No quiero pelear contigo Zoisite… no tengo deseos de lastimarte.
Zoisite frunció su ceño ante el comentario de la Sailor – ¿Crees si quiera que tienes alguna posibilidad de lastimarme? ¡Estás frente a uno de los cuatro Generales del Reino Oscuro! No tienes una sola posibilidad frente a mí – Dijo mientras volvía atacarla esta vez con más estacas de energía y con una mayor velocidad.
Mientras corría y saltaba por el puente esquivando sus ataques cada vez con mayor dificultad se preguntaba si sería capaz de acabarlo, sabía que si tuviera la posibilidad de hacerlo lastimaría a Sailor Mercury aun cuando su actuar estuviera justificado, pero no tenía otra opción, sin el poder del cristal de plata no tenía forma de recuperarlo.
Hacía bastante tiempo había pensado en la posibilidad de hacer entrar en razón a alguno de los Generales y volverlo su aliado; pero ya lo había intentado en el pasado con Jadeite en Tokio y ahora con Zoisite en Londres y las cosas no parecían tener resultados, ellos no la recordaban, no las recordaban. Esperaba tener más suerte con Kunzite, que el vínculo que compartían fuera lo suficientemente fuerte para que pudiera reconocerla.
- ¿Qué sucede Sailor V? ¿Esto es demasiado para ti? Ni siquiera estoy usando todo mi poder.
La mandíbula de Sailor V se tensó, no podía evitar el enfrentamiento. Saco su Crescent Compact y lo coloco frente a Zoisite, inmediatamente su imagen se mostró en el dispositivo – ¡Crescent Bean!
El rayo de Luz Salió disparado en dirección a Zoisite envolviéndolo en un resplandor pero poco después este fue desvanecido mostrando al General de pie y con una sonrisa de suficiencia – ¿Eso es todo lo que tienes?
- Maldición – Gruño por lo bajo Sailor V
- Me temo que este será tu fin Sailor V - Cuando estaba por atacar a la Guardiana una esfera negra se materializo a un lado de Zoisite, pronto se desvaneció revelando a Kunzite.
- Kunzite… - A penas pudo murmurar Sailor V
- Amado Kunzite – Dijo alegremente Zoisite mientras se abalanzaba sobre él en un abrazo – ¿A qué has venido? Estaba por deshacerme de este estorbo, el inútil de Danburite no pudo deshacerse de ella en Tokio.
- Ya veo, pero me temo que por ahora es mejor retirarnos. Nuestra Reina pide nuestra presencia, al parecer tiene información que compartirnos.
Zoisite hizo un puchero mientras las dagas de energía que estaban suspendidas a su alrededor desaparecieron – Considérate afortunada, fuiste salvada por mi amado Kunzite.
- ¡Kunzite! ¡Soy yo! ¿Acaso no me recuerdas?
El General la miro con desinterés – No creo que nos hayamos visto antes, de lo contrario no estarías con vida.
Las palabras de Kunzite le dolieron más de lo que esperaba, todas las posibilidades de hacerlo entrar en razón se desvanecieron. Tenía que encontrar a la princesa y al cristal para poder recuperarlos. Antes de que se desvanecieran pudo ver como ambos hombres compartían un beso bastante pasional; eso la hizo enfurecer. Esa maldita bruja no solo les lavo el cerebro y los usaba para sus propósitos malévolos sino que también había corrompido el amor entre ellos.
Kunzite le había confesado durante su vida pasada que de todos sus hermanos, Zoisite era el más apreciado por él porque básicamente él lo había criado desde que era un niño pequeño, más que como un hermano, lo sentía como un hijo pesé que en aquel entonces la diferencia de edades era solo de nueve años. Por su parte Zoisite siempre recurría a él, más que como un hermano mayor como un padre, su sentimiento era reciproco.
Si en esta encarnación ellos hubieran encontrado el amor el uno en el otro, ella no pondría objeción por supuesto, ya encontrar el amor en el Reino Oscuro era un logro en sí mismo además ella era la representante del amor y lo entendía en todas sus expresiones; pero había investigado las personalidades civiles de cada uno de los Shitennou antes de que estos hubieran sido capturados por Beryl y sabía que por lo menos Kunzite había estado comprometido; el largo historial amoroso del joven abogado incluía modelos, actrices e idols.
- Maldición – Dijo entre dientes mientras se retiraba. Tras dejar el puente atrás se escondió en un callejón para deshacer su transformación, detrás de ella llegaba Artemis.
- ¿Tuviste suerte? ¿Pudo reconocerte?
- No – Dijo con una mirada y voz apagada – Me temo que no hay manera de recuperarlos hasta encontrar a la princesa y el cristal de plata – Esa maldita bruja los ha corrompido completamente – Minako miro la preocupación de Artemis – No te preocupes tanto, sé que los recuperaremos – Dijo con su ánimo habitual – Dime ¿Has podido contactarte con Luna? – Dijo en un intento de cambiar el tema.
- No, hasta ahora no ha llegado al centro de comando. Estoy comenzando a preocuparme, ya tuvo el tiempo suficiente para haberse comunicado, por lo menos avisarme que llegó a Tokio.
- Démosle tiempo, no tiene mucho de haber despertado… quizás está intentando localizar a alguna de las chicas o quizás ya dio con alguna y eso la mantiene ocupada.
- Espero que sí, de lo contrario tendremos que regresar a Tokio.
- Creo que es lo mejor, si los Generales y yo hemos reencarnado allá lo más lógico es que ellas y los príncipes también lo hubieran hecho… aquí, no hay más por hacer y tampoco puedo hacerlo todo yo sola, necesitamos encontrar y despertar a las chicas.
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Cuando Kunzite y Zoisite llegaron al Polo Norte rápidamente fueron al trono de la Reina Beryl, ya Nephrite se encontraba esperándolos con ella.
- Como ordeno mi señora, he traído a Zoisite – Dijo Kunzite reverenciando a la mujer que se encontraba sentada en el trono en lo alto de la habitación – Solo falta esperar a Jadeite para iniciar.
- Jadeite no vendrá – Dijo Beryl – Se encuentra investigando una extraña energía selenita que apareció hace poco en Tokio.
Esa revelación sorprendió a Kunzite – ¿Cree que la princesa ha despertado?
- No, es una energía muy tenue para ser de la princesa… pero podría ser una molestia como esa Sailor V, debemos acabar con cualquier Sailor Guardian que se presente.
- Creí que no estaba comprobado que esa tal Sailor V era una senshi – Dijo Nephrite – ¿Acaso no has podido confirmar eso Zoisite? ¿Tu ineptitud es tan grande? – Dijo con una sonrisa irónica.
El comentario hizo que tanto Zoisite como Kunzite lo miraran con odio y rencor – ¡Basta! No es momento de pelear – Los interrumpió Beryl – Los he llamado para ordenarles que dejen sus puestos, lo mejor es concentrarnos ahora mismo en Tokio.
- ¿Jadeite ha sido negligente en la recolección de energía para nuestra ama? – Pregunto Nephrite.
- No, sus planes han tenido relativo éxito al igual que el resto de ustedes pero he sido informada que posiblemente ahí se encuentren las senshi, lo mejor será acabarlas antes de que despierten y nos traigan más problemas.
- ¡Como ordene mi señora! – Exclamaron los tres hombres al unísono antes de desaparecer.
Beryl se quedó un rato mirando el lugar donde se encontraban hacía unos momentos sus Generales, le encantaba como obedecían sus órdenes sin cuestionar; la realidad era que no había sido informada de nada pero tenía el presentimiento de que efectivamente ahí se encontrarían las senshi, pero no solo ellas también la maldita princesa pero sobre todo él, el príncipe Endymion.
- Pronto querido Endymion, pronto estaremos juntos y gobernaremos el planeta como siempre debió ser – Se dijo para sí misma.
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- ¡Miren ese gato! ¡Tiene una cicatriz en forma de luna! – Grito un pequeño niño que se acercaba a una gatita negra que merodeaba la calle junto con sus amigos.
- Es muy lindo, pero lo mejor será curarla – Le respondió una de las niñas.
Tomándola desprevenida, el pequeño grupo agarró a la gata negra y se dispusieron a ponerle agua en la frente y posteriormente un par de apósitos para cubrir la luna de su frente.
- ¡Adiós gatita! ¡Cuídate! – Gritaron los pequeños al marcharse.
Luna se quedó en ese lugar intentando despegarse los apósitos de su cabeza - ¡Que molestos son los niños! – Dijo sin cerciorarse de que no hubiera nadie cerca.
- Así que eres tú.
Luna alzó la mirada con terror cuando escucho aquella voz, levitando cerca de ella estaba un hombre joven y rubio – General Jadeite.
- ¿Nos conocemos? – Le pregunto con una gran sonrisa – Jamás pensé que esa energía selenita proviniera de una gata parlante, esperaba encontrar a alguna molesta senshi ¿Pero un gato que habla? Es sumamente inusual – Dijo ampliando su sonrisa.
Luna miro en todas direcciones pero no había nadie a la vista, intento escabullirse corriendo hacía uno de los callejones que se encontraban en la calle, pero cuando creyó que podría deshacerse del joven General este apareció frente a ella levantándola con el poder de su mente – Me temo que no puedo dejarte escapar, mi Reina estará interesada en saber por qué un animal tiene energía selenita. Quizás puedas respondernos algunas preguntas – Tras eso, tanto Luna como Jadeite desaparecieron; unos minutos después una chica rubia con coletas corría apresurada por esa misma calle, intentando no llegar tarde a la escuela.
Unos segundos después Luna y Jadeite se encontraban frente a Beryl, la gata solo se erizo al notar su presencia, las cosas estaban saliendo muy mal – Mi señora, he traído al responsable de esa extraña energía – Dijo Jadeite haciendo flotar a Luna frente a él – Es un gato, aunque no cualquier gato… este habla.
Inmediatamente una sonrisa malévola se dibujó en el rostro de la falsa Reina – Te recuerdo – Tras un movimiento de su mano retiró los apósitos de su frente revelando la marca de media luna – Eres la emisaria, la consejera de la Reina Serenity… Luna es tu nombre ¿cierto?
La gata se quedó en silencio – ¿Te comieron la lengua los ratones acaso? – Pregunto divertido Jadeite – Mí señora te ha hecho una pregunta ¡Contesta! – Pero Luna seguía sin responder.
- Puedes mantenerte en silencio, pero esa marca y esa energía que emanas revela tu verdadera identidad. Si estabas en Tokio significa que mis sospechas eran ciertas, la princesa y las senshi se encuentran allá.
Sabiendo que su identidad había sido revelada no tenía caso darle vueltas – ¡General Jadeite! ¡Por favor recuerde quien es! ¡Esa mujer los ha engañado! ¡Es una falsa Reina!
Jadeite frunció el ceño ante ese comentario – ¿De qué rayos hablas?
Antes de que Luna pudiera responder, Beryl descargo algo de energía en el gato provocando que se desmayara – Jadeite, encierra a ese animal en la celda.
- ¿No será mejor eliminarla mi señora?
- No, nos puede ser de utilidad. Mantengámosla en constante observación, ella debe saber dónde se encuentra la princesa y las senshi.
- Como ordene, mi señora – Tras una reverencia Jadeite hizo flotar el cuerpo de Luna y se preparaba para marcharse, pero una voz lo detuvo.
- Jadeite…
- ¿Mi señora? – Dijo volteando nuevamente hacia Beryl.
- ¿Con quién está tu lealtad?
- Con usted por supuesto y con nuestra gran ama – Respondió al instante sin un atisbo de duda, inclinado con sumo respeto.
- Bien… ¿Cuál será tu siguiente plan? – Pregunto cambiando el tema.
- Estoy pensando en usar un templo sintoísta que he estado vigilando como siguiente locación, posiblemente me infiltre en él como trabajador.
- ¿Tú? ¿Por qué no un youma como todas las veces anteriores?
- Yo… - Titubeo un poco buscando una respuesta convincente, si la Reina lo notó no se lo hizo saber – Yo creo que ese lugar puede recolectar más energía por mucho más tiempo que todos mis planes anteriores, pero necesito hacerlo yo mismo para que no haya fallas.
- Entiendo, confió en ti – Respondió restándole importancia – Los demás regresaran pronto, mientras tanto lleva a nuestra prisionera a su celda.
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Habían pasado por lo menos tres semanas desde que Minako enfrento a Zoisite en Londres, ahora se encontraba nuevamente en Tokio después de dejar la ciudad por un año. Estaban en una de las máquinas de un centro de juego que era en realidad el centro de comando.
No muy lejos podía ver al dueño del establecimiento, Motoki Furuhata que era en realidad la reencarnación del Maestro de Armas del Príncipe Endymion, su hombre de mayor confianza solo por debajo de los Shitennou; fue abatido por los propios Shitennou en la Tierra, poco antes de que atacaran el Milenio de Plata. Por su puesto en ese momento ella no lo sabía, sus recuerdos llegaban gradualmente, fue Artemis quien se lo confesó. Cuando ella se acercó a él solo descubrió que Motoki no recordaba nada, ahora estando ahí sabía que él seguía sin saber quién fue en su vida pasada. Por ahora no era necesario despertar sus recuerdos, por mucho que quisiera un aliado, él realmente no poseía ninguna clase de poder más que destreza, lo cual en ese momento no necesitaba.
- Artemis – Dijo en voz baja mientras miraba a los lados para cerciorarse de que nadie los viera o escuchara – ¿Has encontrado algo?
- Ella no ha llegado al centro de comando, Luna no ha estado en este lugar - La preocupación del consejero era evidente en su voz, sin esperar más tiempo lo tomo en sus brazos para salir.
- ¡Usagi! Te distrajiste y perdiste.
- Lo siento Naru, es que me pareció que habían dos personas hablando ahí pero solo era una chica con su gato… que extraño – Dijo una chica rubia mientras dejaba de mirar a Minako salir y retomaba su juego.
En su habitación Minako se sentó en la cama suspirando pesadamente – ¿Tienes otra forma de contactarla?
- No.
- Espero que se encuentre bien, creo que mañana debemos enfocarnos en encontrarla, posiblemente está perdida por la ciudad o algún niño la adopto y no ha podido escapar de él.
- Eso espero, de lo contrario estaremos en severos problemas… ella es quien tiene las Henshin Pen de las demás senshi, sin ellas aunque las encontremos no podrán transformarse.
- No te preocupes, descansemos. Estoy segura de que nada malo pasará.
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Minako se encontraba en lo alto de la Torre de Tokio, el ambiente estaba ensombrecido, así se mantenía todos los días salvo por los días de tormentas que se oscurecía completamente; se encontraba vigilando, esperando, como todas las tardes a la misma hora. Ese era el punto de encuentro a quienes quisieran sumarse a la resistencia en contra del Reino Oscuro.
Ahora vestía su traje de Sailor Venus, el traje de Sailor V quedo cinco años atrás cuando Luna no apareció y se vio obligada a luchar ella sola sin ningún aliado, bueno, quizás uno, un enmascarado que aparecía durante sus encuentros pero a veces la confundía, que los dos tuvieran un mismo enemigo no significaba que fueran realmente aliados, más cuando el hombre se escabullía sin mediar palabra con ella.
Al no tener resistencia realmente, el Reino Oscuro fácilmente tomo el control del planeta una vez que Metallia se materializo, lo cual tampoco les llevo mucho tiempo; apenas había cumplido quince años cuando el planeta ya estaba en manos de Beryl y Metallia.
Dos años después de eso se presentaron frente a ella Sailor Uranus y Sailor Neptune, quienes habían despertado como senshi cuando fueron atacadas por un youma, sin embargo ya era tarde, el poder que Metallia ejercía sobre el planeta era inmenso e incontrolable; con los Shitennou gobernando en diferentes regiones era casi imposible parar las fuerzas malignas.
Todo lo que quedaba de la humanidad eran solo regiones apartadas que habían resistido o que se mantenían ocultas, justo como ellos. Los youmas de Beryl estaban por las ciudades libres, eliminando a cualquier humano que se cruzara por su camino o divirtiéndose con ellos.
Con el tiempo Artemis y ella pudieron reconocer a Sailor Júpiter en una chica que se unió a su grupo cuando se comenzó a formar la resistencia; Makoto Kino, pero sin su Henshin Pen era imposible que se transformara. Aun así la chica había sido de gran utilidad, no solo porque poseía una gran fuerza y voluntad, sino también por sus habilidades culinarias y horticultoras.
Pocos días después de que se presentaran Uranus y Neptune un pequeño grupo de refugiados llego al cuartel, entre ellos una doctora y su hija Ami, Ami Mizuno quien resultó ser la reencarnación de Sailor Mercury, pero al igual que con Makoto no tuvo suerte para transformarse sin su dispositivo; incluso a ambas las expusieron a una experiencia de supervivencia similar a la que experimentaron Haruka y Michiru cuando despertaron sus poderes pero no resulto, incluso estuvieron a punto de perderlas.
Hasta ese momento no tenían señales de Luna, Sailor Mars y los príncipes. Mediante una confesión que lograron sacar a un youma que capturaron, se enteraron de que Beryl seguía en busca de Endymion. Respecto a Sailor Pluto seguía atada a la puerta del tiempo, sin una princesa quien pudiera cambiar su orden ella no podía abandonar su posición y por lo recordado por Uranus y Neptune, lo mejor era dejar que Sailor Saturn siguiera durmiendo en donde sea que estuviera.
Sailor Venus suspiró, no llegó nadie más… otra vez. Con agilidad y velocidad bajo la Torre, cada día era más difícil encontrar sobrevivientes que quisieran unirse a la resistencia, su pequeña resistencia que aunque parecía no hacer diferencia, estaba segura de que en pronto tiempo pondría el tablero a su favor, siempre y cuando encontraran a la princesa.
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Rei escucho como la puerta de la habitación se abría con cuidado y él entraba, siempre tuvo el sueño muy ligero; habrían pasado quizás cuatro horas desde que él se había ido y ella fingía estar dormida, pero supo el momento en que Jadeite había dejado la habitación. Siempre sabía cuándo él dejaba la habitación.
Ella lo odiaba por muchas razones; lo odió cuando descubrió que fingió ser un ayudante y aprendiz para usar el suelo sagrado de su templo como fachada para robar energía, lo odiaba por haberla secuestrado cuando lo confrontó hace cinco años separándola de su abuelo, lo odió cuando la presento ante su Reina diciendo que ella podría ser un “activo” interesante y útil para el Reino debido a sus poderes espirituales, lo odio cuando él le pidió a la Reina ser su mentor y que debía compartir la habitación con ella para vigilarla, incluso lo odió cuando él le preparó una habitación con una gran pira de fuego para que pudiera hacer sus lecturas, meditar y obtener sus visiones “exclusivamente para tu uso particular” le habría dicho; lo odiaba porque todos se dirigían a ella como “la mascota de Jadeite”, lo odió cuando puso a un youma a vigilarla todo el día frustrando sus planes para escapar o suicidarse, lo odió aún más cuando él mismo se encargó de curar sus heridas todas las veces que casi lo logra.
Fingió seguir dormida, sabía que él siempre la miraba dormir cuando regresaba, solo un par de minutos antes de que él se fuera a acostar a su propia cama, al otro extremo de la habitación.
Si, ella lo odiaba, lo odiaba con el alma; pero ahora en la oscuridad de la habitación que compartían se odiaba más a sí misma por aquellas lágrimas que intentaba retener aun con los ojos cerrados, porque lo que más odiaba de Jadeite era el olor a sexo con el que él había estado regresando las últimas noches.
