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El gimnasio está vacío a esta hora. Solo puede oír el sonido de su propia respiración agitada, de sus pasos sobre el ring y la voz de Suho por encima de todo lo demás.
Reprime un sonido de frustración cuando se tropieza al intentar seguir el ritmo de los movimientos de Suho, intentando esquivar un golpe suave. Sieun no está acostumbrado a nada de esto; a estar con otra persona, a tener... un amigo, o lo que sea. Pero, sobre todo, no está acostumbrado a fallar tanto.
—Más rápido —dice Suho, con la voz firme, como si no fuera nada más que un error—. Nadie te va a dar tiempo ahí fuera para que pienses. Tienes que ser más rápido que ellos.
Sieun no se molesta en responder, nunca lo hace. Solo asiente hacia Suho, pensando en sus palabras una y otra vez. No tiene que preocuparse de que Suho piense demasiado en su silencio, ya lo conoce.
Aún se siente raro para él. Pensar que hay alguien que lo conoce lo suficiente como para no importarle que siempre haya una especie de silencio entre ellos.
—Relaja los hombros —habla Suho de nuevo, haciendo un suave sonido de disgusto mientras le da una suave palmada en los hombros—. Estás demasiado tenso todo el tiempo, tío.
Sieun frunce el ceño, notando ahora como todo su cuerpo se siente tenso. Ni siquiera había pensado en ello hasta que Suho lo mencionó.
Aun así, intenta relajarse tanto como puede. No parece ser mucho, por la expresión desconforme de Suho, pero no puedo hacer mucho más. Está tan acostumbrado a tener los hombros rígidos que ya parece ser parte de él.
Sin esperar más, Suho se coloca frente a él de nuevo, esperando que Sieun esté listo para seguir.
El siguiente golpe de Suho es más rápido, pero Sieun consigue esquivarlo por milímetros. Bien, al menos no se ha tropezado con sus propios pies esta vez. El siguiente, por desgracia, no es tan fácil.
—Y no querías entrenar —murmura Suho, en tono divertido, burlándose suavemente de él—. Vamos, ¿puedes meter toda esa información en tu cerebro o te cuesta dar un paso hacia detrás? Le destrozaste la nariz a Youngbin, vamos.
—Cállate.
Aún puede oír la risa de Suho resonando en sus oídos cuando se pone en posición.
No sabe como decirle que lo único que lo hace ser bueno en la lucha es la furia. Supone que Suho ya lo sabe. Cuando todo lo demás se desvanece y solo quedan las ganas de lastimar a aquellos que le han hecho daño. Es lo único que parece funcionar.
Nunca ha sido bueno en ningún tipo de deporte, y tampoco quiere serlo. Ni siquiera quiere estar ahí ahora.
Pero sabe que Suho tiene razón con esto. Con todo lo que está pasando... No puede quedarse de brazos cruzados a esperar a que vayan a por ellos. Tiene que aprender a protegerse mejor. Tiene que aprender a... poder proteger a Suho también.
Suho avanza de nuevo, y Sieun se enfoca en él, en intentar predecir sus movimientos. También sabe que es injusto, Suho tiene mucha más ventaja que él en este ámbito, pero no va a decirlo. Lo único que quiere es mejorar.
Pero entonces, con otro movimiento rápido de Suho, la distancia entre ellos se vuelve casi inexistente.
Sieun no sabe qué es lo que ocurre, pero se encuentra parado ahí delante, sin poder moverse. Puede oír como su corazón retumba en su pecho con fuerza, como no puede apartar la vista de los ojos de Suho, de...
No lo sabe. Nunca ha sentido algo así antes. O al menos no que pueda recordarlo.
Se quedaron ahí, en silencio, mirándose fijamente.
Suho es el primero en moverse, levantando los brazos lentamente hasta que rodean las muñecas de Sieun. Se deja hacer, no le importa mucho mientras sea Suho quien lo esté tocando.
Normalmente, no soporta el contacto físico con nadie. No entiende por qué la gente se toca todo el tiempo. Pero, con Suho, ha aprendido a aceptarlo. El chico fue muy persistente con ello desde el primer momento. Siempre mirándolo, siempre intentando tocarlo y apoyarse en sus hombros...
Con suavidad, Suho levanta las manos de Sieun hasta sus mejillas, golpeándolas con suavidad. Hay una sonrisa suave en sus labios, como si pudiera ver a través de Sieun.
Pero ni siquiera Sieun sabe lo que está ocurriendo.
Hay una tensión extraña en el momento, algo silencioso que hace que Sieun quiera huir de allí. Pero, a la vez, siente que algo lo retiene en el momento, observando a Suho.
Suho da un paso más cerca, de forma que Sieun casi puede sentir su respiración en el rostro. Lo mira, sin retroceder, sin hablar. Sin saber que diablos está pasando ahí.
Noto como los ojos de Suho bajaron unos segundos hacia sus labios antes de volver a subir a sus ojos. Sieun se siente paralizado, notando sentimientos extraños golpeando en su pecho. No entiende que está ocurriendo ahí, no exactamente.
Suho no parece encontrar lo que busca en los ojos de Sieun, o eso cree. Se aparta lentamente, con un suspiro.
—¿Vas a esquivar o qué? —pregunta Suho, dándole una suave apretón en las muñecas antes de soltarlo.
Sieun traga saliva, notando la sequedad en su boca, mientras da un paso hacia atrás, ampliando más la distancia entre ellos.
No puede evitar extrañar la presencia de Suho tan cerca de él, una pizca de anhelo lo golpea, pero no sabe exactamente que es lo que quiere.
Se queda en silencio, mirándose sin decir nada de nuevo. Sieun nunca ha sido bueno con las palabras. Nunca tuvo amigos, hasta Suho y... prefiere no pensar en ese otro chico. Está claro que Sieun no es bueno leyendo a la gente.
El silencio entre ellos no es incómodo, nunca lo es, pero se siente como si hubiera muchas cosas no dichas entre ellos.
Y entonces, Suho sacude la cabeza y se gira, saliendo del ring con grandes pasos.
—Terminemos por hoy —dice Suho, dándole una mirada rápida a Sieun por encima del hombro—. Vamos, comamos algo rico, te toca pagar a ti esta vez.
No quiere pensar más en todas esas cosas, por lo que asiente despacio, mirando a Suho con curiosidad.
Suho le da una sonrisa suave, y Sieun intenta devolvérsela. Aún no está acostumbrado a sonreír, no lo ha hecho más que un par de veces, y todas ellas han estado dirigidas hacia Suho. Espera que el chico sepa que eso significa más de lo que Sieun nunca podrá ser capaz de decir en voz alta.
—Está bien —es todo lo que dice, siguiendo a Suho.
Recoge su mochila con rapidez, caminando un poco más rápido para poder seguir el paso de Suho.
Parece que hay algo distinto entre ellos, no puede evitar pensar Sieun. Nota la forma en que Suho se acerca más a él, casi rozándose mientras caminan.
Ninguno habla de ese momento extraño en el ring, solo hacen como si todo estuviera bien. Como si esos pensamientos confusos no hubieran golpeado a Sieun.
Llegan al mismo restaurante de siempre, donde Suho suele trabajar algunas tardes, y los reciben con una sonrisa, saludando a Suho.
Es tan popular. La gente lo adora, incluso en la escuela. Sieun aún no entiende el motivo por el que alguien como Suho se interesó por él en primer lugar. Tal vez nunca logre entenderlo del todo.
—Ya que vas a pagar tú —dice Suho, sacándolo de sus pensamientos—. Pidamos algo grande, tienes que recuperar la fuerza del entrenamiento.
—Casi no he hecho nada —susurra Sieun, con voz baja y casi distante.
—Vamos, ha sido el primer día. Mejorarás —afirma Suho, dándole otra sonrisa suave.
Parece que sonreír para él siempre es fácil. Lo ha visto sonreírle a las chicas de la clase, incluso a esos matones del club que intentaron golpearlo una vez, a los profesores... A tanta gente. No es algo especial para Suho, pero Sieun aún está asombrado de que le dirijan una sonrisa sincera a él.
Suho pide la comida, tomando la iniciativa como siempre, y Sieun le deja hacerlo sin protestar. Como todas las veces.
Mientras comen, Suho habla sin parar. Tiene tantas cosas que decir, Sieun ni siquiera entiende como es eso posible. No llevan mucho tiempo siendo... amigos, o lo que sea, solo unas semanas, y aun así parece que sabe más que Suho que de ninguna otra persona en su vida. No es que sea algo muy difícil.
—Y entonces esa chica me dijo que dejaría a su novio por mí, ¿no te parece increíble? —dice Suho, dándole una mirada expectativa a Sieun.
—¿No te metiste en problemas por eso la otra vez? —pregunta Sieun, sin entender la pizca de celos que lo golpean al pensar en ver a Suho con una chica.
—Sí bueno, pero no sabía que tenía novio. Ni siquiera me gustaba, solo que era demasiado pesada. La gente se obsesiona conmigo, por si no lo sabías —dice Suho, guiñándole un ojo de manera burlona mientras toma grandes bocados de su comida—. No es mi culpa atraer a la gente, no es que me interesen.
—Pero sales con ellas —dice Sieun, sin emoción en su voz.
—Se llama ser educado, mi abuela me enseño como ser todo un caballero —explica Suho, riendo—. Pero, ya sabes, no son mi tipo. Ninguna de ellas.
Sieun hace un pequeño sonido de aceptación, aún que no es capaz de entenderlo en absoluto. ¿Por qué saldría con chicas que no son su tipo? ¿Cuál es su tipo entonces?
No es que importe. Ni siquiera sabe para qué querría saber eso.
—¿Y cuál es tu tipo? —rompe el silencio de nuevo Suho, mirándolo con curiosidad y algo más que Sieun no es capaz de entender—. Nunca hablas de... nadie.
—No hay nadie —responde, sin nada más que decir.
—Pero alguien tiene que haberte gustado, ¿no? Un pequeño romance infantil o lo que sea, no eres de piedra.
—Nunca ha habido nadie.
—¿Y cómo te gustaría que fuera esa persona entonces?
—Nunca lo he pensado —admite Sieun, encogiéndose de hombros—. No me importa eso. Solo quiero tener buenas notas y entrar a la universidad.
Suho parece quedarse sin palabras por un momento, mirando a Sieun como si estuviera intentando detectar las mentiras en lo que ha dicho.
Pero no son mentiras. Sieun nunca se ha sentido particularmente atraído por nadie. Bueno, solo por Suho, pero sabe que algo así no cuenta, ¿no? El romance no le interesa, es solo algo que le quitaría tiempo de estudiar, al igual que lo hace esta amistad con Suho. Si quisiera mantener las dos cosas... No, eso no está entre sus planes.
—Pero... —empieza a decir Suho, pero se interrumpe a sí mismo—. Tal vez el amor de tu vida este delante de ti y ni siquiera seas capaz de verlo.
Sieun se vuelve a encoger de hombros, sin importarle todo ese asunto del amor. Se centra en su comida, mientras Suho vuelve a hablar por detrás. Lo escucha parlotear sobre el amor y todas esas tonterías que no le importan. Aun así, escuchar la voz de Suho le da tranquilidad. Como si fuera un sitio seguro.
Cuando acaba de comer, mira el reloj en su muñeca y casi se sobresalta. Es demasiado tarde, y aún tiene que estudiar.
—Tengo que irme —dice Sieun, levantándose de la mesa.
Sin esperar a que Suho diga nada, se acerca a la caja registradora para poder pagar su comida rápidamente.
Cuando se gira, Suho ya está esperándolo en la puerta. Camina con pasos lentos hacia él, sintiéndose aún más extraño. ¿Qué está pasando? Sieun aún no puedo entenderlo.
—Tengo la moto aquí —dice Suho, nada más salir del restaurante—. Te llevaré a casa antes de irme, vamos.
No es la primera vez que Sieun monta en la moto de Suho, el chico siempre insiste en recoger a Suho de sus clases de apoyo, incluso en llevarlo a las clases algunos días. Pero, igual que todo lo demás, hoy se siente más extraño.
Se siente más consciente del cuerpo de Suho frente a él, de como sus muslos se tocan, o de la velocidad de la moto. Incluso puede reconocer el olor de Suho en el aire, tan distinto a todo lo demás.
Y, otra vez, no entiende por qué Suho hace todos esos esfuerzos extra con él. Tiene a tanta gente detrás, tanta gente que lo quiere... Y aun así elige pasar su tiempo con Sieun, incluso cuando eso le ha traído problemas. Incluso cuando su otro amigo se separó de ellos, Suho siguió estando ahí para Sieun.
Y ahora, incluso cuando siente que todo es un peligro inminente, cuando aún tienen a tanta gente enfadada y a una especie de antiguo amigo actuando todo extraño con ellos, Suho sigue haciendo que todo lo demás se sienta tranquilo.
Suho siempre se baja de la moto primero, quitándole con cuidado el casco a Sieun. Tiene solo uno, y siempre insiste en que Sieun sea el que lo lleve puesto en caso de que ocurra algo.
Siente los dedos de Suho jugando con su cabello por unos instantes, arreglando el desastre que debe haber hecho el casco. Y Sieun solo puede observarlo, aún sentado en la moto.
Se levanta con rigidez, con esos pensamientos abrumándolo. Aun así, no protesta cuando Suho lo acompaña hasta la puerta de su edificio, a solo unos metros de distancia.
—¿Quieres que entrenemos mañana? —pregunta Suho, dándole una sonrisa.
—Mañana es sábado —dice Sieun, con confusión.
Suho ha estado hablando sobre lo mucho que le gustan los fines de semana, todo el tiempo lejos de las clases. Y Sieun pensó que eso siempre lo incluía a él. Claro, han intercambiado algunos textos algunos sábados, pero nunca suelen verse esos días.
—¿Y? —pregunta Suho, dándole un empujón suave—. No creo que pueda conseguir que nos dejen el gimnasio mañana, ¿pero tal vez podríamos ir al parque temprano? Es tranquilo y...
Sieun se pierde lo que dice después, demasiado abrumado por las emociones.
Ahora que Beomseok no está en sus planes, todo su tiempo se limita a ellos dos solos. Y, cada vez, nota más esas pequeñas cosas entre ellos. Cosas a las que no puede poner nombre.
Sieun asiente antes de poder pensarlo más. Quiere pasar más tiempo con Suho, y se siente especial que el chico quiera pasar más tiempo con él.
Sabe que es una persona complicada y que no es muy amigable y... se siente cálido que alguien más lo elija.
—Genial, te vendré a recoger mañana. ¿Sobre las ocho?
—¿Las ocho de la mañana? —pregunta Sieun, ahora más sorprendido.
—Es cuando estará más vacío —dice Suho, encogiéndose de hombros—. ¡Hasta mañana, Sieun-ah!
Sin darle tiempo a decir más, Suho camina hacia su moto, y Sieun se da la vuelta para subir a su apartamento.
Está sorprendido de que Suho sea el que quiera quedar tan temprano en la mañana. Sabe lo mucho que el chico adora dormir, esta prácticamente todo el día escolar durmiendo o casi en ello. Que decida quedar tan temprano...
O tal vez sea solo su cerebro viendo lo que sea que quiere ver. No tiene por qué ser algo especial. Nada de eso tiene que serlo.
Aún que él quiere que lo sea.
Más tarde esa noche, rodeado de libros y con un video de su madre de fondo, no puede parar de pensar en las palabras de Suho.
¿Cómo sería el amor de su vida? ¿Tiene siquiera un tipo o algo así?
No puede evitar pensar en que le gustaría tener a alguien como Suho, alguien en quien poder confiar, alguien que lo tranquilice solo con el sonido de su voz...
Él solo quiere que Suho se quede. Incluso cuando no es bueno con la gente, cuando no sabe hablar con nadie ni como mostrar interés real... Solo quiere que Suho se quede con él.
Sacude la cabeza, enfocándose de nuevo en su libreta. No tiene tiempo que perder con esas tonterías, ya ha perdido demasiado con Suho.
