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Ahora que estamos solos

Summary:

“Como sea,” dice Lucas, encogiéndose de hombros. “Solo estás celoso porque tú no tienes acción.”
Mike levanta una ceja, como si él supiera algo que los demás no. Will tiene cara de que quiere ahogarlo. Probablemente se lo merece.

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En la que Will tiene un chupetón, los del Partido se ponen como locos, y Mike se pone celoso de sí mismo.

Notes:

¡Esta es mi primera vez traduciendo algo! ¡Y mi primera vez publicando en AO3! ¡Estoy aterrado! :’D

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Contrario a la evidencia que actualmente está apilada en su contra, Mike de hecho sí posee la habilidad de desviar la mirada hacia otra parte. No la usa, y probablemente ni si quiera lo intentará, pero eso no cambia el hecho de que podría hacerlo.

Al menos, eso es lo que él se dice a sí mismo.

Puede que los amigos no se mientan el uno al otro; pero hasta donde él sabe, mentirse a uno mismo es válido. Mike sabe que al menos él lo hace con frecuencia, y que lo ha estado haciendo desde que cumplió catorce.

Aunque le gusta pensar que ha mejorado mucho en esa parte. Ese lento proceso empezó hace mucho, en el momento en el que Once rompió con él definitivamente. Después de eso, fue más incentivado por las miradas amenazadoras de Jonathan; y finalmente, fue logrado bajo la tutela de Robin.

Pero aun así; comparada con todas las demás mentiras que se ha dicho a sí mismo en el pasado, esta no se siente tan grave. Especialmente porque él sabe que es una mentira.

Es solo que el no admitirlo le ayuda un poquito a su dignidad.

 

Es un día caluroso de inicios de agosto, y el Partido acaba de lograr su primer golpe de Estado de la piscina de Steve Harrington. Aunque, tal vez golpe de Estado no es la expresión correcta. Para empezar, Steve sabe que están aquí, y parece ser que no le importa. Pero golpe de Estado suena más emocionante, así que, golpe de Estado será.

Dustin está de pie, victorioso, con las manos en la cintura; mientras examina con la mirada su lugar de reunión. Steve está en un viaje por carretera con Nancy y Robin, dejando la piscina en su posesión exclusiva por cuatro días enteros. Lo cual es bueno, porque el clima ha estado insoportablemente caluroso. Aun así, Mike no está seguro de qué es lo que deberían hacer si los otros Harringtons decidieran aparecerse. ¿Fingir que no hablan español, tal vez? O alguien podría fingir ahogarse, y entonces los demás podrían salir corriendo mientras están distraídos.

Pero Max probablemente lo pondría a él de voluntario como la víctima ahogada, así que mejor no.

Lucas pone las cajas de pizza en la mesa entre los camastros, que han sido ocupados por Max y Once (y el sombrero ridículamente grande de la primera). Once enciende la radio, y el locutor anuncia que es “¡el verano de 1988, baby!” por lo que debe ser ya la milésima vez en los últimos dos meses. Por si acaso alguien no se hubiera enterado.

Will está sentado en la orilla de la piscina, sus piernas remojándose en el agua fresca. Y sus hombros apenas se tocan, pero aun así es suficiente para hacer que Mike sienta que tiene la peor quemadura solar de su vida. Y es mucho decir, porque Mike de por sí ya es muy propenso a las quemaduras de sol.

 Will está mirando al agua, y Mike está mirando a Will.

O más bien, observando fijamente. Eso definitivamente se siente como una mejor descripción de lo que ha estado haciendo los últimos cinco minutos.

Las últimas cinco semanas, si es honesto. Y ni siquiera tiene la decencia de sentirse muy avergonzado que digamos.

Y es que podría desviar la vista hacia otra parte, si quisiera.

Es solo que… realmente no quiere.

Y es que, ese es el asunto, ¿no? Desde que Mike afrontó la verdad sobre sí mismo (y por ende se dio cuenta de que, en realidad, disfruta mirar a Will), no ha sentido ni una sola vez la necesidad de detenerse. Robin dice que está tratando de compensar por todo el tiempo perdido, y en general ella parece saber de lo que está hablando. Como sea que sea, Mike argumentaría que no es su culpa que Will sea tan agradable de mirar.

Esto es malo. Malo, y probablemente muy aparente para cualquier persona que sabe en qué fijarse. Mike ni siquiera se habría percatado de Dustin saltando a la piscina (o gritando tan fuerte como lo hizo), si no fuera por la manera en la que Will se encogió sorprendido mientras el agua lo salpicaba. Mike se ríe, y Will levanta una ceja de manera astuta. Él patea el agua con su pierna para que Mike se salpique también.

Dustin saca la cabeza del agua, y sacude su cabello.

“¿Se van a meter, o qué?”

Mike voltea hacia él rápidamente, saliendo de su trance. Will asiente, y empieza a quitarse la camisa. La avienta hacia donde están sus toallas, y la respiración de Mike desaparece junto con la prenda.

Ahora, Mike siente que tiene que desviar la mirada hacia alguna otra parte, así que eso hace. De manera demasiado abrupta, tal vez. Realmente no debería actuar de manera tan rara. Después de todo, tan solo es Will.

Aunque, por otro lado, tal vez ese es el problema.

Para él, Will nunca ha sido tan solo Will. Ni siquiera en el pasado, cuando eran pequeños. El hecho de que es él, y no un chico aleatorio al que conoció en el verano, de alguna manera vuelve todo mucho más y mucho menos mortificante al mismo tiempo.

De cualquier modo, ahora mantiene su mirada intencionadamente en otro lugar, haciendo firme contacto visual con los ojos plásticos del flotador de tortuga de Dustin.

Mike de verdad no quiere morir de insolación; principalmente porque morir apestaría, pero también porque sería súper vergonzoso para él. Algo estaría realmente jodido si hubiera logrado sobrevivir toda la mierda que sobrevivió, solamente para ser vencido por la imagen de su mejor amigo sin camisa. Él lo sabe. Aun así, su boca se siente tan seca como el verano de California.

De verdad necesita controlarse. O al menos ir por un vasito de agua.

Como está tan ocupado concentrado en mirar activamente hacia otra parte, a Mike le toma un rato darse cuenta de por qué de pronto todos están totalmente callados. Él voltea para preguntarle a Once si le puede pasar su botella de agua, pero ella lo ignora como si hubiera algo mucho más importante con qué lidiar primero. Le susurra algo a Max en el oído, probablemente para actualizarla sobre lo que está pasando.

Dustin es el primero en hablar.

“Bro. Tu cuello.”

Está mirando a Will cuando lo dice.

Una vez que las palabras se registran en su mente, Mike voltea con mucha urgencia. La mano de Will se mueve rápidamente para cubrirse, pero es inútil. Ya todos vieron la pequeña marca roja que se destaca justo arriba de su clavícula.

Mike le da un codazo suave. Will mira a sus amigos con pánico en sus ojos.

“Lo sé,” dice. “Yo… me caí.”

Will se avergüenza inmediatamente, sin duda muy consciente de lo poco convincente que suena. Él es el que siempre se ha tomado más en serio la regla de no mentir, y la evidente falta de práctica definitivamente se nota.

Dustin suelta un silbido grave.

“Sí que te caíste con ganas.”

Will, por su parte, parece que de verdad quisiera caerse… y después, de preferencia, no volver a levantarse nunca.

“No sé por qué todos ustedes están tan sorprendidos,” dice Lucas, relativamente tranquilo. “Will siempre ha sido el que tiene más suerte con las chicas.”

Los demás lo piensan por un segundo. Lucas continúa. “Digo, ¿Jennifer Hayes? ¿La chica del Baile de Invierno?”

Mike siente algo de fastidio, una molestia que va creciendo y elevándose como la marea. ¿Y qué saben esos dos sobre Will? Él ni siquiera quería bailar con esa chica. Pero como sea. Ese no es su circo ni son sus monos. Supuestamente.

Él solo vuelve a hacer contacto visual con la tortuga.

“June de la clase de álgebra,” agrega Dustin, aparentemente de acuerdo con la tesis presentada.

Will, que de por sí ya se veía un poco incómodo, frunce el ceño.

“¿Qué? No,” protesta él. “Ella solo necesitaba ayuda con su tarea.”

“Exacto. Sin ofender, amigo, pero apestas en matemáticas. Claramente solo era una excusa para hablarte.”

Will no puede negarlo. Realmente es pésimo con las matemáticas.

“También había chicas en California.” Once agrega ese dato como si nada, y Lucas la señala victoriosamente.

Ella agarra otro pedazo de pizza, totalmente despreocupada, y su tiara se desliza hacia abajo. A pesar de que aún no se adentra completamente en Calabozos y Dragones, sí disfruta el proceso de crear sus propios personajes. Lo empezó a disfrutar especialmente cuando descubrió que Will solía tener un disfraz de mago, y cuando él y Joyce le ayudaron a hacer su propio disfraz. Incluso si ya casi nunca se ponen los atuendos completos, Once todavía usa la tiara de su personaje ocasionalmente. Su alegría desvergonzada por atuendos descoordinados es una de las muchas cosas que quiere tanto Mike sobre su amiga.

Sin embargo, en estos momentos, él no está sintiendo nada de cariño por ella.

Chicas en California. Mike ya pasó suficiente tiempo pensando en eso. Aún puede recordar la carta que Once le envió hace dos años, diciéndole que tal vez Will estaba enamorado. También recuerda lo estúpida y confundidamente celoso que se sintió por ello. ¿O sea que Will ni siquiera podía hablarle por teléfono (aunque después descubrió que esto no era cierto, y que la línea solamente estaba siempre ocupada por el empleo de Joyce), pero sí podía pasar horas en una pintura para una estúpida chica?

Okay, eso sonó algo grosero. Probablemente ella no era estúpida en absoluto.

Aunque bueno, para empezar, ella ni siquiera existió.

Tal vez Mike es el tonto. Toda la situación definitivamente lo hizo sentir tonto. Especialmente porque todas sus paredes estaban (y aún están) tapizadas con los dibujos de Will; pero como sea. Al final, la pintura no era para una chica, y ahora se encuentra orgullosamente enmarcada en la pared de la habitación de Mike.

En su cara, chicas de California.

“¡Oh!” Dustin interviene de nuevo. “Y qué hay de-”

La puta madre.

“Ya entendimos,” defiende Mike, por primera vez desde que la conversación empezó. “Will es irresistible. ¿Ya podemos cambiar de tema?”

Todos voltean a verlo. Él, obstinadamente, se rehúsa a mirarlos de vuelta.

“Sí, como sea,” dice Lucas, encogiéndose de hombros. “Solo estás celoso porque tú no tienes acción.”

Mike levanta una ceja, como si él supiera algo que los demás no. Will tiene cara de que quiere ahogarlo. Probablemente se lo merece.

“Es por su cabello,” dice Max.

La mirada socarrona desaparece en un instante de la cara de Mike, y su mano se va directamente a su nuca de manera protectora. Su cabello está un poco más corto que antes, pero por alguna razón sus rizos están más pronunciados, lo cual, de algún modo, lo hace ver aún más desaliñado que antes. Especialmente en el verano, cuando simplemente deja que su cabello se seque al aire después de bañarse. Pero sin importar lo que diga Max, él ha escuchado (de parte de su mamá, y de otra fuente ligeramente sesgada) que lo hace ver muy guapo.

Aun así.

“¡Tú ni siquiera sabes cómo se ve mi cabello!”

Max no discute con él. “Cierto. Pero asumo que eso es algo bueno.”

Mike balbucea. Lucas, quien ha nadado a la orilla de la piscina, le da una palmadita en la rodilla para consolarlo.

Han pasado dos años desde que vencieron a Vecna, y uno y medio desde que Max despertó de su coma. Ha tenido muy buen progreso con su recuperación, pero sigue siendo algo que jamás se curará por completo. Por ejemplo, ha perdido la vista totalmente, aunque Max está aprendiendo a vivir con ello. Al igual que los demás, Mike se pone feliz al escucharla reír de nuevo; incluso si es a costa de él.

“Sí, sí,” dice él, estirando la mano hacia Once de nuevo. “Ríanse si quieren. ¿Me pasan una rebanada de pizza?”

Once usa sus poderes para empujar la caja hacia él.

“¿Desde cuándo te gusta la pizza con piña?” pregunta Lucas, y la manera en la que arruga la nariz implica que no ha cambiado de opinión respecto a ese tema.

Mike se encoge de hombros, sonriendo con su rebanada. Once y Will ponen la misma cara de disgusto, lo cual solo hace que sonría más. Puede que ellos dos no sean parientes, pero igual actúan como hermanos. Mike se pregunta si se dan cuenta de lo similares que llegan a ser. Al menos a él lo tomó algo desprevenido, cuando se dio cuenta por primera vez.

“Yo digo que la pruebes antes de negarte.”

Will intenta no reírse, pero Mike lo nota de todas maneras. Él golpea su rodilla suavemente con la suya.

Por fortuna, la conversación eventualmente cambia a otros temas que no son la vida amorosa de Will; a pesar de los intentos de Dustin de regresar al tema un par de veces.

(“Pasamos eso por alto demasiado rápido,” dice. “¿Quién es ella? ¿La conocemos? ¿Por qué no nos quieres decir?”

“Tal vez solo está siendo educado porque es tu mamá.”

“Qué asco.”

“¿Por qué daría asco? La señora Henderson es-”)

(Él es jalado bajo el agua antes de que logre terminar el enunciado).

 

Eventualmente, después de una hora de estar flotando en la piscina, y un par de minutos secándose en el sol, Will se levanta. Se vuelve a poner su camisa; y no es como que Mike lamente la pérdida exactamente, pero digamos que sí siente su ausencia más de lo que le gustaría admitir.

“¿A dónde vas?” pregunta.

“Sólo voy por más agua,” dice Will. “Vuelvo en un minuto.”

Todo un minuto entero, claro, es demasiado tiempo de espera para Mike. Apenas aguanta como veinte segundos, cuando decide levantarse y seguirlo al interior de la casa. Will está parado en la cocina, su mano sosteniendo un vaso de agua, y su espalda contra la mesa de la cocina. Mike sonríe, amplia y tontamente.

“Ah, ahí está,” bromea. “El chico más buscado de Hawkins.”

Es un chiste horriblemente tonto. Afortunadamente, Mike se ha ido dando cuenta de que Will, por alguna extraña razón, en realidad prefiere sus bromas tontas, a cualquier (ciertamente aún más patético) intento de hacerse el galán. Como para confirmarlo, Will voltea los ojos; pero aun así le sigue el juego. “Y también de Lenora, al parecer.”

Mike asiente con la cabeza. “Cierto, claro. ¿Cómo lo pude olvidar?”

Él se recarga contra la mesa de la cocina también, pero de una manera que le permite estar volteado hacia Will. Mike toma el vaso medio lleno de las manos del otro sin preguntar, y le da un trago. Debe estar visiblemente inquieto con su energía nerviosa, porque Will frunce el ceño.

“No estás celoso en serio, ¿o sí?”

¿Lo está? No tendría sentido, él lo sabe.

“No,” dice. Mike pone el vaso en la mesa de la cocina, y se seca el sudor de sus palmas en sus shorts de baño.

Silencio.

“No lo estoy,” insiste de nuevo, aunque Will no dijo nada para contradecirlo. “Es solo que no me gusta que una chica aleatoria se esté llevando el crédito.”

Will sonríe ante eso, un poquito incrédulo. “¿Te refieres a la chica aleatoria que no existe?”

Cierto. Okay. Cuando lo dice de esa manera, sí suena ridículo.

Afortunadamente, parece que a Will se le hace gracioso, pero también parece que aún no puede creer que Mike se preocupe por estas cosas. Lo cual es algo desconcertante, ya que Mike siente que no hace nada más que preocuparse. Entonces él cambia de posición, para quedar el uno frente al otro, con sus rodillas tocándose. Mike apoya sus manos en la mesa de la cocina, acorralando a Will entre sus brazos.

“Cállate,” dice sonriendo. “Sé que suena tonto. Pero no lo puedo evitar.”

“No es tonto,” le asegura con cariño Will, con la experiencia de alguien que lo ha tenido que hacer miles de veces. “Además,” bromea. “Es entendible. Aparentemente, soy irresistible.”

Sí, Mike quiere concordar. A veces ni siquiera puedo resistir mirarte.

Pero solo porque los amigos no mienten, no significa que tengan que revelar todas y cada una de las verdades más vergonzosas que pasen por sus cabezas. Sin importar lo dolorosamente sinceras que sean.

“Tonto,” dice en su lugar. “Y todavía te burlas mientras estoy siendo vulnerable contigo.”

Will se encoge de hombros, como diciendo ¿y qué podemos hacer al respecto? “Pues me lo pones demasiado fácil.”

Hay una inclinación juguetona en su sonrisa, y los ojos de Mike se colocan en ella inmediatamente. Él voltea alrededor rápidamente, solo para confirmar que están solos. Entonces, devuelve su mirada a Will con un interés renovado, y su mejor sonrisa de ¿en qué estábamos? La cual, según la mirada en el rostro de Will, se ve más boba que irresistible. Pero está bien, porque su rostro también revela que no hay nada que le guste más.

“Está bien,” proclama. “Supongo que yo mismo tendré que detenerte.”

Y entonces, Mike lo besa.

Porque últimamente, eso se ha vuelto algo que suelen hacer.

Mike, en retrospectiva, sabe que esto es algo que ya se veía venir. Desde antes de que cualquiera de los dos se diera cuenta, ciertamente, pero en especial Mike. Después de todo, él supo lo que era tomar la mano de Will mucho antes de saber lo que era el romance. Y una vez que aprendió, también supo que no debería desear tomar la mano de Will tanto como lo hacía. Al menos, no según la mayoría de la gente.

Incluso después de que finalmente se dio cuenta de sus sentimientos, aún le tomó un año aceptarlo, y asegurarse de que era correspondido. Y después vinieron meses de miradas que se alargaban demasiado, y roces y contactos vacilantes. Esas agonizantes vueltas alrededor del tema tan cuidadosas, persistentes incluso después de que ambos tenían una idea de cómo se sentía el otro.

Esto (las manos de Mike detrás del cuello de Will, y los labios de Will sobre los suyos) sigue siendo algo tan nuevo, comparado con todo el resto de sus vidas. Y aun así, Mike ya no se puede imaginar regresar a lo que eran antes. No se lo quiere imaginar.

Por supuesto, salir con Will no se trata nada más de los besos.

De hecho, Mike casi se sorprendió al darse cuenta de lo poco que las cosas cambiaron entre ellos. Más que nada, se sintió más como regresar a la época antes de todas las hormonas de la adolescencia; cuando las cosas no eran tan terriblemente complicadas, y ellos aún se tomaban de la mano como si fuera lo más natural del mundo. Ese tiempo en el que Mike aún podía poner su brazo alrededor de los hombros de Will, y no sobrepensarlo hasta cavarse la tumba él solito.

De todas maneras, los besos sí son un cambio. Y aunque no es lo único que hacen, aun así se sienten muy bien.

Es decir… realmente se sienten muy bien.

Y parece que Will también lo piensa, si toma en cuenta la manera en la que se derrite con el beso. Él mantiene una de sus manos en el pecho de Mike, sosteniéndose del frente de su camiseta, y usándola para acercarlo más a él.

Mike obedece con entusiasmo.

Hay algo completamente vigorizante en la manera en la que Will se deja besar, inclinándose más hacia atrás sobre la mesa de la cocina. Las manos de Mike sostienen su rostro y delinean la línea de su mandíbula con su pulgar, como que él es lo más precioso que llegará a tener en sus manos.

El beso es torpe, y Will definitivamente se llega a pegar en la cabeza con los gabinetes en algún momento, pero realmente no importa. Lo que importa es el leve olor de bloqueador solar que emana de la piel de Will, y la manera en la que no puede evitar sonreír contra los labios de Mike. La manera en la que Mike no puede evitar sonreír de vuelta. El hecho de que ambos saben cuánto tiempo llevan deseando esto, y el hecho de que ya comprobaron que, no importa lo que venga después, volver a redescubrirse mutuamente siempre valdrá la pena.

Aunque, si Mike es completamente honesto, la manera en la que Will muerde su labio también importa bastante.

El beso se empieza a volver un poco más profundo, con una de las manos de Mike colándose debajo de la camisa de Will. La extiende sobre su estómago, disfrutando cómo su piel sigue estando fría al tacto por haber estado nadando. Ideando un plan para cambiarlo. Y entonces-

Alguien entra a la casa.

Ambos se separan inmediatamente.

Pasa un instante, luego dos, luego tres, y eventualmente es claro que en realidad nadie venía hacia la cocina. Probablemente alguien solo tenía que usar el baño.

De todos modos, se queda cada quién por su lado, separados.

Si hay algo que han aprendido en sus cinco semanas de estar saliendo, es que ser interrumpidos es lo peor. Y no solo por las razones estándar. O sí, tal vez por esas también. Pero la verdadera incomodidad se encuentra en ese breve momento de miedo absoluto, justo en el instante cuando sucede. La manera en la que les recuerda que, según la mayoría de la gente, esto no es algo que deberían estar haciendo. Es un contraste tan marcado entre una felicidad total y una punzante ansiedad repentina.

Se quedan parados en silencio un rato, tratando de recuperar el aliento. Mike toma el vaso de agua de nuevo, y Will reposa su cabeza hacia atrás en los gabinetes.

“Estuvo cerca,” dice.

Mike asiente.

“Probablemente deberíamos regresar,” sugiere Will. “Se van a empezar a preguntar dónde estamos.”

Mike asiente de nuevo. Pero también desea- simplemente quiere-

Es que no puede terminar así. Antes de que se pueda alejar de la mesa de la cocina, Mike avanza hacia Will, y le planta otro rápido beso sobre sus labios. Aunque tomado por sorpresa, Will contesta inmediatamente.

“Te amo,” le dice Mike.

Will sonríe como si fuera la mejor cosa del mundo. Mike piensa que, tal vez, realmente lo es.

Y honestamente, ¿cuál es el propósito de desviar la mirada hacia otra parte, o de contenerse? Si solo puede decirlo cuando están solos, entonces lo dirá tan seguido como le sea posible. Lo dirá hasta que no tenga que producir las palabras para que Will las entienda. Y encontrará la manera de decírselo también cuando no estén solos.

 

Una vez que regresan al exterior, Mike sintoniza la radio a la estación que sabe que es la favorita de Will y canta fuertemente, silenciando a cualquier voz que se atreve a quejarse.

Es un día caluroso a inicios de agosto, y las piernas de Mike cuelgan de la orilla de la piscina de Steve Harrington. A los diecisiete, oficialmente está cansado de las mentiras. Se recuesta completamente sobre el costado de Will, y el calor que irradia entre sus cuerpos se siente más como una promesa.

Max coloca su enorme sombrero en la cabeza de Mike y se mete a la piscina. “Para esconder tu cabello,” bromea. Lucas salta al agua y salpica accidentalmente a Once, y ella usa sus poderes para empaparlo por completo. Todos ríen.

Mientras están distraídos, Will se inclina hacia Mike. “A mí me gusta tu cabello,” le susurra al oído. Mike sonríe, y no le importa qué tan grande o tonta se ve su sonrisa.

Es el verano de 1988, baby.

Y Mike por fin se cansó de desviar la mirada hacia otra parte.

Notes:

Muchas gracias por leer, y muchas gracias a lumism por permitirme traducir su trabajo. ¡Vayan a leer sus historias!