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Mountain dew

Summary:

Fic originalmente publicado en Wattpad el 23 de agosto del 2020.

Ó

Rin ha sido condenada a la guillotina y ahora va por su última cena, alias, Len. Su mejor amigo.

Notes:

"Loading" es un reto de escritura sobre tu ship favorito en el que haces historias inspiradas en una canción al que me retaron hace más de 4 años.
Escribí esto antes de haber escuchado Heathers the musical y volverme una gran fanática, lo que obviamente vino a comerme el culo jajaja

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

¿Quién diría que escapar de casa a las tres de la mañana era mala idea?

   Ñe, da igual. De todas formas, ¿por qué debería quedarme?, ¿para esperar la hora de mi muerte? No, mi última noche no puede ir así. Todo por esa desgraciada, la maldita Reina Demonio... ¡por la puta de Heather! Lo ha decretado para el lunes en la mañana, sin prorroga. ¡Listo, estoy muerta! Seré cazada y colgada en una pared, oh~ dulce adolescencia. Las películas de Hollywood no mentían, que inesperado.

   Camino por las desoladas calles de la ciudad donde reside mi institución, abrazando mis laterales porque a la niña se le olvidó tomar un suéter y con el sonido de mis dientes golpeándose por el frío alertando mi paso. El viento sacude la falda escolar tableada, alzándola lo suficiente para que se asomen mis calzones, bien decía mi madre que lo más prudente era ponerse unos pantaloncillos debajo, ¿pero quién quiere lavar demás? De todas formas, los únicos que podrían observar mis bragas en la madrugada serían un ladrón, un asesino, un violador o los señores de la basura. Voto por los señores de la basura, si es que hay que escoger.

   El rastro de mis lágrimas secas en las mejillas sonrosadas es vergonzoso, y estorboso si lo enlazamos con el posterior ardor de tus ojos hinchados y rojos, que bien acompaña mi indeleble imagen tachada de ridícula. Las calcetas de mil rayas se bajaron hasta los tobillos por la poca resistencia que tenía el elástico, mis zapatos de goma están llenos de polvo por ser descuidada y no andar en la acera, mi moño blanco se fue volando por los frígidos vientos una calle atrás por no haberlo atado con firmeza. Desgraciada suerte.

   ¿Me calificaran de estúpida? Sólo eso me falta. Salí para escapar de una vil noche, no para autocriticarme, todo mal conmigo. Quiero regresar a mi auténtica casa, tomar una ducha en mi tina con burbujas resbalándose por el azulejo y un patito amarillo surcando los mares del baño, saborear una buena taza de chocolate con galletas de animalitos mientras escucho las desventuras de mi hermano mayor con un toque de dramatismo, para terminar revolcándome en mi mullido colchón matrimonial y hacerme taco en la esponjosa frazada de Hello Kitty

   Pero noooo, estoy en un lugar donde nadie me quiere ni me respeta, vacilando con las víboras que dominan hasta a los profesores. Me quedan treinta horas de vida antes de que ésta muerta por dentro sea decapitada y enviada a cumplir penitencia en el infierno, ¿cuál sería la mejor forma para matar el tiempo? Hubiera preferido quedarme a chillar en mi cama con Netflix en la laptop de mala calidad que poseo, embriagándome con una botella de vodka y viendo caricaturas, pero se me acabó la suscripción.

   ¡AHG, ¿por qué tengo que quedarme a morir como el ganado?! Jalo mis cabellos como maniática escapada del loquero, harta de que las circunstancias hayan ido de mal a peor y el karma me persiga. Es horrible que un error te acorrale hasta en tu mente consciente, como un disco de película trabado, pervirtiéndome por algo a lo que ya no puedo acceder para corregirlo.

   Las casas tan bonitas, aunque apenas con algo distintivo entre cada una, de color lavanda a mi derecha, acomodadas y pegadas una con otra para que haya un buen aprovechamiento del espacio disponible, están en segundo plano espiando las cuitas de una muerta andante.

Oh yeah, soy una chica muerta caminando.

   Ya estoy muy lejos de la unidad habitacional, lejos de su veneno. Suspiro, aun así, consternada, formando con mi aliento una diminuta nube de vaho. Todavía hay esperanza, ¿verdad? A pesar de las pesimistas letras de Neru-P, yo sé que puedo salvarme. He llegado a esa conclusión tras media hora de caminata bajo el gélido sereno, unos mechones arrancados con desesperación y la posible adquisición de hipotermia. La calma después de la tormenta. Podría cambiar mi nombre y conducir hasta Seattle... ¡oh cierto, maldita sea! No tengo motocicleta. Hablando de que me cargue la chingada.

   Cual niña mimada que le negaron su peluche favorito, emberrincho y pateo una piedra con toda la fuerza de mi pierna derecha. Tremendo golpe que se escuchó en coacción a la aparente puntería que tengo, pues el proyectil fue directo a la ventana de uno de los hogares. Me quedo en una pieza, con los ojos tan abiertos como un plato; con la fiel enseñanza de la televisión: si estás en peligro, no te muevas, vuélvete invisible. Pero creo que eso sólo funciona con dinosaurios de Jurassic Park Drax el destructor. Como medida de supervivencia humana, corro por lo que queda de mi vida una vez veo que las luces del segundo piso se prenden.

   Los tacones que no sabía hasta hoy que incorporan mis zapatos resuenan en cada alargado y acelerado paso, tropezándome de vez en vez con alguna grieta en el cemento, no miró atrás porque tal vez haya una señora ceñuda y en bata que salga a darme un sermón. Para este punto, lo último que quiero es que una vieja gruñona me hable sobre el respeto, terminando en una comisaría por vandalismo. Ilegal o irresponsable, doblo en una esquina y casi hago parkour para atravesar los estrechos callejones que me forzó para huir entre casa y casa.

   Que mierda de noche. ¿Por qué no puedo tener una licencia falsa para rentar mi celular por un boleto al carajo, la edad suficiente para emborracharme lícitamente en un establecimiento de alcohol o ya de aperdis' ir a un antro para arrepentirme de mi existencia?

   Primera vez que me voy ¿de pinta? Para solamente andar como una vagabunda con el uniforme deshecho y un rasguño en los muslos porque no tengo buena condición física para saltar de pared a pared. Todos esos cuentos que se escuchan en los baños de chicas son mentiras, no es tan emocionante y la única adrenalina que siento es la de una gallina en un corral junto a un sabueso. A menos de que yo sea una aburrida naturalmente. ¡No, eso ni de chiste! Kagamine Rin es todo menos aburrida.

   Milagrosamente mis audífonos se salvaron de todo el agitado tramo para llegar a una calle que me trae recuerdos nítidos. Me los vuelvo a encajar una vez creo que estoy lo suficientemente lejos para que no me atrapen los dueños de la víctima de mis berrinches. Los conecto a mi celular, dándole a play y volviendo a guardarlo en mi sostén. Las faldas tienen el gran defecto de no contemplar unos bolsillos, por lo que una se las tiene que ingeniar si no lleva consigo una mochila o bolsa, y ya que esa madre¹ no sostiene nada de nada que sirva de algo.

   La chica muerta caminando se rinde a la catástrofe que provocan las hormonas. Sin adaptarme al contexto social, es más fácil huir de mis problemas mientras bailo en medio de la carretera con las melódicas armonías del rock y el pop. Soy una puta adolescente, se supone que debería estar solamente preocupada por mis calificaciones y por saber cuándo sacan la siguiente temporada de mi anime en cartelera, saliendo con mis amigos a hacer babosas en favor del ocio, pensando en qué seré en un futuro y de paso pensar en chicos para descansar la mente. No lo contrario, no preocuparme por lo que me harán unas niñas con complejo de superioridad, fugándose con el alto pendiente de que algo peor le pueda pasar.

   ¿Ser responsable?, ¿ser recatada?, ¿ser delicada?, ¿ser cordial? ¡Puras bazofias! Quiero enloquecer, quiero ser destructiva, quiero ser tóxica, quiero ser una ramera, quiero ser una criminal. Seguí al pie de la letra lo que mejor convenía ser en los diferentes escenarios sociales, comportándome como un ser racional y que sabe que esto es el mundo real, ¡Y sólo me trajo basura! Ya que parece ser que lo que creía era sólo un fugaz sueño de una utopía inalcanzable. Entonces buscas rutas una vez pruebas la cloaca, mandando muy lejos todo lo que creías. ¿De eso se trata madurar? Suficientes canciones reflexivas.

   Lástima que nadie está aquí para ver el show que acabo de dar, meneándome como nunca pensé que lo haría. La composición se termina y yo me tambaleo cual borracha mala copa, sacándome de onda y parando todo movimiento desnivelado cuando el sonido en mis orejas no es una que yo conozca. Revisó mi teléfono, que se siente tibio de estar pegado en mi pecho, notando que el título es uno que por default WhatsAap otorga a los audios que envían tus amigos.

   MmmAUD-20200407-WA0000 tiene un ritmo pegajoso. Con el bajo por el fondo y el compás de la batería, ¿acaso esas son trompetas? Lo que sea.

   —──Yeah! I need it hard— repito enfrascándome en ella, me gusta bastante. ¿Qué importa cantar a todo pulmón si voy danzando y ya no queda evidencia de mi delito? Verónica, nena, me caes muy bien.

   La muerta andante se jacta de la moralidad casi que perreando en plena calle. Con canciones así sí que dan ganas de mover el esqueleto; además, bailar es la mejor forma de librar tensión.

   —──YEAH! Full steam ahead— como las grandes estrellas dando un espléndido concierto, me deslizó sobre mis rodillas encima del asfalto y me siento grande, a pesar de que me quedan las piernas raspadas. Respiro arduamente por el grito de guerra que acabo de dar conjunto al final de la pieza, respirando tan aceleradamente como los protagonistas de la historia implicada. ¿Esto es lo que sienten los jóvenes disfrutando de su juventud? No me pude escuchar más anciana.

   Vuelvo a utilizar mi celular, entrando al chat con un círculo verde mostrando los mensajes sin leer, son bastantes, pero ignoro los demás contactos que no tienen la promoción de un símbolo de audífonos y la leyenda "audio". El perfil tiene una captura de Adrien Agreste haciendo cosplay del señor banana y el nombre con el que yo lo registré: ♥(/ ° / u / ° /)r. Inteligente, ¿no?

   Automáticamente se me sale una sonrisa con limerencia, leyendo brevemente algunos mensajes de la conversación que llevábamos ayer, con stickers de gatos haciendo caras graciosas y un montón de "XD" ó ":v" en las oraciones. El mensaje que le antecede al audio es algo muy trivial, tan casual como nuestras espontaneas conversaciones: "Oyeeeeeee escucha esta rola, la acabo de ver en una obra y está RE buenA :0", típico de él.

   Ah~, el buen Lencito otorgándome paz en tiempos de crisis.

   Esperen, he aquí una opción que me gusta: pasar esas treinta horas volviéndome... ¡salvaje!

   Sacudo mis pompas una vez que me pongo de pie, una línea curva uniendo mis orejas y bien grande, el arrebol subiendo por mis cachetes por lo original que llego a ser, el corazón saltando a la par que mis pies dan carrera rápida a una farmacia 24/7, los pocos centavos que cargo en el bolsillo de la blusa son suficientes y mi cara deslumbrante contrasta con la del hombre de mediana edad, ojeroso y cansado de la vida por cubrir el turno de la noche. El motor de mi ardilla gira y gira, haciendo memento de las veces en las que nos acompañábamos a la salida. Me guío por los carteles en los postes nombrando las calles, porque si fuera por las indicaciones de: "dos árboles a la izquierda, en la casa del fondo color morado" jamás encontraría su hábitat natural.

   Brincando como Caperucita Roja, llego a la manzana y el lote donde está un domicilio sin brillo o que destaque del resto, con un patio delantero rico en distintas plantas y un portón inoperante protegiéndolo. Chasqueo la lengua, una altanera sonrisa ladina me acompaña y mi labio inferior se inflama con la mordida que le doy. Elegante y jovial, ando hacia el árbol del vecino, con ramas altas que dan al segundo piso. Por primera vez, mi nulo interés por el deporte y la actividad física no juega en mi contra, escalando el roble como puedo. Las astillas pican, pero no me detienen en obtener mi objetivo en mente. Porque si en treinta horas voy a morir, quiero disfrutar de la disparatada adolescencia.

Porque, en esta noche, soy una chica muerta caminando.

   Justo cuando aterrizo de forma torpe al tejado, la rama por la que movía se rompió. Mas poco me importó, ya estaba saboreando la adrenalina en mi lengua. Fisgoneando por la ventana que proyecta un débil rayo de luz artificial, me fijo en la pantalla del computador apagándose, con el común logotipo de Windows 7; aunque rápidamente mis ojos se desvían a ese muchacho que se truena la espalda al tiempo que su carita suelta un bostezo, dejándose caer en el colchón una vez el computador fue desconectado. Parece que el niño se ha desvelado tanto como yo, durmiéndose casi de inmediato apenas toca la almohada. No obstante, ésa no es una opción para mí.

   Lo necesito desesperadamente, hacerme ver que soy una chica mala, chiflada, para entretenerme una noche antes del ocaso; estoy en tu patio —cometiendo allanamiento de morada y siendo mayor de doce años puedo ser penada por la ley— queriendo exacerbar el hormigueo de mi piel que me dota colarme en el cuarto de un chico entrada la noche y con pensamientos nada castos, enredándome en tus frías sabanas; antes de que vuelvan a regular mis horarios, estoy abriendo el seguro de tu ventana con un pasador como en las películas de acción, soy intrépida; ¡No hay tiempo de llamar a la puerta! La dopamina me hace salivar y ágilmente me filtro en la pieza sin hacer ruido. Porque esta noche soy una muerta andante.

   Es triste que no me hayas visto irrumpir triunfalmente, porque ahora la luz lunar enmarca mi fina —por no decir desabrida o enjuta— silueta, despojándome del chaleco escolar y los aparatos electrónicos, perdidos en alguna parte del suelo. Agradezco que mis padres se ahorraran algunos billetes reutilizando mi uniforme escolar de hace un año, ya que así la blusa se me ciñe a las costillas, y eso le hace el favor hasta a la más plana. Parsimoniosa me dirijo a su ubicación, aventando los zapatos por ahí; me subo en su colchón con cuidado, pero el movimiento es tal que se gira sobre su eje para mirar por encima de su hombro. Ese intenso azul refulge en medio de la penumbra.

   ───¡Guoah!— exaltado por ver a una intrusa encima de su regazo. Sí, creo que exageré un poco. ── Q-¿Qué? Eh, ah, ¡¿Rin?!— cubriéndose hasta el cuello como si de una dama en paños menores se tratase, despabila y se voltea a encararme. Seguramente el shock es por verme con el aspecto del gato sonriente, mostrando la dentadura blanquecina y achinando mis cielos. ── ¡¿Qué estás haciendo en mi habitación?!, ¿tienes idea de qué horas son o lo peligroso que es si mi mamá te ve? ¡¿enloqueciste?!

   Mi retraída risa es melosa y provocativa, causándole más de un escalofrío cuando me acerco a él a gatas. Desabotoné los primeros botones de mi blusa, por lo que en esta inclinación hay una vista insinuante hacia mi pecho y Len lo sabe porque es en lo que se fija en un microsegundo, antes de balbucear disculpas incoherentes y voltear el rostro apenado. Que cosita más mona. Dubitativamente gira a verme, regresando la cabeza a su costado, pero cuando me apretujo lo más pegado sin aplastarlo totalmente, un quejido ronco resuena de su manzana y finalmente me mira nervioso, con el labio temblándole en indicio de hablar.

No no no, hoy no mi niño.

   ───Shhh— restriego el índice en sus gruesos labios, callando objeción alguna. ──. Lo siento, pero realmente tenía que despertarte— intencionalmente musité con el timbre más agudo que de costumbre y con una ligera entonación aterciopelada, en segundos su belfo se prieta en mi dedo y no se atreve a retirar la mirada. ──. Como ves, he decidido que tengo que montarte hasta romperte.

   ───¡¿Qué mi-mierda? Rin!— aparta mi mano y su entrecejo se frunce, pero yo me pego a él juntando los frentes y como que se le fríe el cerebro.

   ───¿Muy explícito? No me importa. Heather dice que tengo que irme, así que eres mi última comida en pena de muerte. De humano a humano, tenme pena y satisface mi última voluntad— sé que está mal, pero joder, es tan excitante ser una maldita aprovechada y cínica.

   ───¿Heather qué tiene que ver en que asaltes mi cama? Rin, esto es serio. Me estás pidiendo que... ahg, no estoy de humor para que me veas la cara de pendejo... eso es muy cruel, Rin. Yo te quiero, de verdad te quiero, pero tú sólo—

   ───Cierra la boca y pierde esos calzoncillos apretados— como por arte de magia, la liviana sabana es arrancada de sus piernas y remuevo las mías sugestivamente para incitar mi entrepierna. Ese gesto estupefacto le queda muy bien, tanto como a mí el papel de socarrona. Queriendo prolongar esa reacción, me lanzo cual depredadora y devoro su boca fogosamente.

   Mi lengua se mete, erizando mis vellos al chocar con la suya. Es un beso asqueroso, puerco, sucio, atragantándome hasta sumirme a la garganta. Se aqueja en mis papilas y resuella a la par que me distancié para inclinar la cabeza, siguiendo mi apetito famélico. Enrosco los brazos detrás de su nuca, fijo nuestros pechos y fricciono la pelvis con fuerza. El fin de ser tan brioso es eclipsarlo con los encantos de una mujer atrevida, dicen que eso es atractivo en el género femenino, ¿no? Quiero comprobar la hipótesis.

   Juego como si realmente fuera experta en besos, cortejo, coqueteo o en sexo, siendo que la realidad soy una aficionada que por pudor ni siquiera ha disfrutado del porno o desconoce cuántos dedos le caben en la vagina. ¿Cuántas bocas he besado?, ¿dos, tres? Quién sabe. Mas por pura conveniencia, hace efecto y mi querido amiguito deja de trastabillar las palmas, anclando los antebrazos en mi cintura y cayéndose de espaldas para estar más cómodos. El sueño de todo joven calenturiento es que una linda chica —a la mierda la baja autoestima, tengo mis atributos— sea la aventada e inicie la acción. Y si el chisme que circula en nuestros pupitres en verídico, la cosa arde cuando se trata de la chica que te gusta.

   ───¡Vamos! Soy tuya esta noche, ¡soy tu muerta andante!— bisbisé en su oído, de forma imponente aunque sea en voz silenciosa. Bajo por la línea de su cuello hasta la protuberancia de su cuello en un rastro de moños colorados propiciados por mi traviesa lengua. Lo miro con una ceja arqueada y la boca bellaca, divertida de que trague pesadamente y la bolita se hunda y reaparezca. ── Pongámonos en cuatro, ya sabes qué hacer. Estoy caliente, molesta y con un par de condones en el brasier, ¡inclínate a la voluntad de esta muerta andante!

   Enrollo un mechón de mi fleco en mi alargado dedo, esperando atentamente su respuesta. Y Len se ve precioso cuando se pone a pensar, mordiéndose los cachetes internos con una grácil capa de rojez bañando el arco de su nariz respingada y pómulos. Adoro que la luz entre hasta sus aposentos y alumbre sus expresiones. Sin embargo, tarda más de lo que pensé. Enfrascada en el titubeo de su trompita, no atisbé ese frágil destello azul que contiene tintes de aflicción; es cuando el foco se me prendé y recuerdo que él es Len y yo soy Rin, la clásica dupla de amigos que tienen sentimientos el uno por el otro pero que no se arriesgan a declararse por el cliché miedo de: "ni quiiri pirdir si imistid". ¿Soy o me hago? ¡Es qué es obvio que no le va a gustar a nadie que lo usen de carne y no de persona! Las cejas se me elevan y extingo la altivez, acunando su porcelano rostro, poso los labios en el párpado derecho, seguido del izquierdo y delicadamente lo beso, sin ser pirético, pero con el suficiente agasajo para ser romántico. Adjunto a los ojos suplicantes y expresivos que tengo, porque, ante todo, somos Rin y Len.

   ───Y lo sabes, sé que lo sabes. Es porque eres hermoso— respiramos paulatinamente, tentando las puntas de nuestras narices. ──. Dices que estás entumecido por dentro, pero estoy en desacuerdo— a pesar de que mi pulso ya iba de por sí a tope, se me descarriló por completo cuando las perlas azuladas me escrutaron con varios sentimientos mezclados. De esto me perdí todos estos meses en los que llevamos enamorados... maldita ceguera. ──. Entonces ese mundo que es injusto, mantelo allá afuera, aquí dentro es hermoso... ¡hagámoslo hermoso!— nuestros alientos se mezclaron, el suyo olía a la menta de la pasta dental. Fue mi vergonzosa forma de decir que lo quiero, que la chica muerta caminando lo quiere.

   Me plantó un febril beso que definitivamente no me esperaba. Afianzado de mis hombros, ahora a mí me temblaban las manos, escurriendo las extremidades de mi mano en los lacios blondos de Len, que sueltos de su habitual coleta eran bastante sedosos. Me deje hacer y sus firmes brazos me llevaron a la suavidad de la cama, separando las piernas para que se halle un sitio sobre mí y me coma.

   ───Bueno, eso funciona para mí— oh Dios, se ve tan seductor cuando se vuelve pícaro.

   Segunda ronda de dulces y penetrantes besos, ¿quién ganara? Imaginen voz de cronista en pleno round de boxeo: Rin toma la delantera e impera sobre las caricias en el amplio pecho cubierto de una pijama de algodón, pero Len no se queda atrás y ¡OH, señores! ¡Derechazo directo a los muslos! Len se engancha a las rodillas internas de la fémina y la hace girar sobre él. ¡Kagamine-kun ahora tiene la delantera y se quita sensualmente la playera! Knock out! ¡¿Quién ganará después de un golpe crítico?! ¡Pe-pe-pero, ¿qué está pasando, Doctor García?! ¡La bizarra Rin se lanza sobre su tórax y le llena de hematomas! ¡No se dan tregua y la audiencia enloquece! Se escuchan los jadeos por cada intento de asiar el mando, pero para último minuto, el golpe final, el definitivo... ¡señores, se han caído de la cama! ¡El réferi delibera y lo declara empate!

¡SÍ!

   Respiro hondo, en las mejillas se me extiende el rojo hasta las orejas, el sudor me baja de las sienes y mi vientre se encuentra tibio. Me sujeto de la orilla en la cama y me revuelvo el cabello, sintiéndome viva, ¡sintiéndome en un mundo dónde no existe Heather! Me trepo sobre los cobertores que han sido desacomodados y ahora se encuentran regados del mueble al suelo. Len ríe como un drogo', atolondrado de mis besos impregnados en su cuerpo. Cuando se voltea a verme, mi falda y calcetines se hacen humo, así como mi corpiño de encaje rosa —el único que tengo y que milagrosamente traigo puesto del lado del smut— se avizora a través de mi plano abdomen, desabotonada la blusa en un tramo de escasos centímetros. Se asoma la lujuria en sus zafiros, relamiéndose los labios cuando abro las piernas y mi ropa interior hace su debut. Era predecible que se abriera paso en mis brazos.

   ───A toda máquina, toma a esta muerta andante— dicto en la osada unión, sorbiendo parte de su esencia. En su bóxer yace un creciente bulto y yo deseo frotar mi vulva contra él, alzando mi cadera.

   ───¡¿Cómo encontraste mi dirección?!— ay sí. Muerdo una almohada para callar mis gemidos a causa de que mi teta se retuerce en la lengua de Len y de que haya un polizón en mis labios menores. Muy fresca y todo, pero no quiero que sus padres se aparezcan de la nada y me corran con un lío en los calzones.

   ───¡Rompamos la cama!— ¿me veré sexy mientras le pongo el preservativo? Len suspira cuando tomo sus bolas. Se me sale el corazón del tabú que traigo intrincado desde que mis tatarabuelos nacieron, pero realmente me sube el libido poner mis cuencas lagrimosas por ser mi primera felación, así como Len investiga dónde demonios está el clítoris con el sinhueso de su vía oral. ── ¡Estremece a esta muerta andante!— AHMmm, uhg... los dedos salen embadurnados de mi hendidura, con un sonido chicloso y un hilo baboso conectando su anular con mi entrada, apenas hallando blancor.

   ───Cre-creo que rompiste mi colchón...— ¿saben cómo hacen los peces en asador? Pues así le salió a Len. Su frenética y lasciva respiración me dan ganas de alardear, mas me quedo callada porque es casi que imposible articular palabra alguna mientras uno engulle un falo hasta el fondo. Adicta al acto, adicta a las consecuencias de ello, adicta a Len.

   ───No dormirás esta noche, ¡así qué mejor dale un sorbo a Mountain Daw!— me he mojado sobre su playera con estampado de Jojo's. ── Ponte a trabajar, ¡haz desaparecer a toda la ciudad! Abofetéame y jálame el cabello— precisamente cuando lo digo coincide con yo estando encima suyo, por lo que en el éxtasis del erotismo, le jale el churro que tiene por fleco y cacheteé suavemente su mejilla derecha, obligando a que haga lo mismo conmigo. ──, tócame aquí, allí y allá, pero que no se hable más.

   ───Okey, okey— estamos hambrientos. Opta por llenar apetitosamente uno de los preservativos, sintiéndome bien conmigo misma por haber comprado más de uno.

   ───¡AMA a esta muerta... andante!— mi himen se estira y espera ser abierto tanto como yo lo quiero. ¿Cómo es que era tan pervertida y yo nunca lo supe?

   ───¡Oh SÍ, mi amor!— descubrí que un simple roce contra el colchón al desnudo, con todas esas costuras rasposas en toda su extensión, puede estimular indirectamente a dos personas en el acto. Me aguanto un grito y Len deforma la cara.

   ───¡Ama más a esta chica muerta!— no puedo soportarlo, nada se asemeja a esta sensación, que yo haya vivido antes. Me pican las esquinas de mis cielos nublados.

   ───¡Whoa, whoa! ¡Sí, sí! ¡Espera, espera!— yeah, yeah, yeah. Una uña se me rompe cuando se clavan mis dientes por intentar prolongarlo más. Escuchó las trompetas en el fondo de mi interior y mi piel retumba con las vibrantes manos masculinas sobre mis caderas.

Owww, sí, sí, sí.

Yeah, Yeah, YEAH!

   ───¡OUCH!— ups. Muerdo por inercia su imberbe mentón y me muevo abruptamente.

¡¡¡OH, SÍ!!!

 

 


 

 

   Despierto súbitamente y el recuerdo de Heather en mis pesadillas se encuentra fresco. Llamándome zorra y causando ecos en mi subconsciente. Y yo que dije que quería vivir en mundo sin Heather...

   —──¡AHHHHHH!

   ───¡Q-¿Quéahg, eh... RIN?! ¡RIN, RIN! ¡Estás empapada de sudor!— soy recompensada de tan horribles imágenes con la gentil carita de mi hermoso Len. Regulo mi respiración y él me arrulla dulcemente para encontrar paz sobre esa mierda.

   ───Oh my good, Oh my good! Fue tan sólo un sueño— avispo rápidamente y beso efímeramente al anonadado Len. Me levanto de la cama y me pulsa la espalda baja, casi temblándome las piernas. Debe haber un batido en la vagina. Empiezo a recoger mis pertenencias y a vestirme con ellas, siendo bañada por el reflejo del Sol matinal. ──. Tengo que ir a la casa de Heather.

   ───¿Qué?, ¿por qué harías eso? Dijiste que ya no te involucrarías con ella— copia mis actividades y se pone los calzoncillos, supongo que se dirige al armario por una nueva camiseta y pantalones.

   ───Sí y eso fue una dulce fantasía en un mundo sin Heather, un mundo donde todos son libres... pero ahora ya amaneció. Y tengo que ir a besar su aeróbico trasero— así como también nuestro idilio llegó a su fin. Le pido inocentemente que me abroche el sostén y lo hace sin mayor percance, no es como lo imaginé.

   ───No. No tienes que hacerlo— canturrea y aprieta mis cachetes mientras me besa.

   ───Sí. Sí tengo que hacerlo. ¿Sabes? No soy fuerte como tú— correspondo sus melosas demandas y le acomodo como deberían ir los botones mal abrochados en su camiseta limpia.

   ───Déjame ir contigo, ¿sí? Como apoyo— me volteo a verlo azorada y me vuelve a brincar el pecho. Len es tan tierno.

   ───Oh, ¿en serio? Okey... emm, gracias. De verdad lo aprecio— mi falda ya está en su lugar, me he puesto los zapatos sin calcetas y nos tomamos un tiempo para besarnos correctamente, con ese afecto que dicen las parejas es divino. ──. Ah... y, por cierto, ammm... ah.

   Me acerco tambaleando la cabeza y las caderas, con una mueca juguetona y haciendo pistolas con los dedos. Len se queda parado, confundido y expectante, con una sonrisa que ilumina mis días en esos grandes hoyuelos. A un paso de darme de bruces con él, amistosamente golpeo su estómago con el codo y ambos reímos.

   —──Fuiste mi primera vez— repentinamente suelto y le arrebato las carcajadas risas con ese mensaje lacónico, alejándome en busca mi celular y audífonos. Juro que a la cara de Len se le subieron el doble de colores que la noche anterior.

   ¿Alguien ha visto mis calzones?

 

Notes:

Canción: Dead girl walking.
Compositor: Laurence O'keefe, Kevin Murphy.
Heathers: The musical.
Link: https://www.youtube.com/watch?v=mcU1VCgcUh8

¹ Madre utilizado en el sentido de cosa, wea, vaina, etc.
Cambie las pastillas por condones por mera conveniencia.

Comentarios en la publicación original:
"¿Les digo la verdad? No me vi la obra completa jajaja.
Yo estaba Agustín de Iturbide viendo animatic memes de Tododeku cuando salvajemente me apareció uno con esta rola y FUCK, me volví adicta. Después también apareció en mi bandeja de entrada otro de estos vídeos con la pareja Sadie y Lars (Súper F). Es cuando me puse a investigar sobre esta joyita y me enamoré.
Por lo mismo que no la vi completa, no sé si Verónica es como la pinto en este drabble o todo lo contrario, ¿y qué decir del chico? Creo que lo hice diferente a lo que posiblemente es en realidad".

Desde que me vi ahora sí el músical, he estado debatiéndome en si hacer una adaptación de la historia con vocaloid u otros ships (te estoy viendo a ti, Dabihawks) kjsajn