Chapter Text
Rikiel suspiró. Era la cuarta vez que lo hacía y solo. Él se había mostrado algo decaído y todos ellos sabían el motivo. Rikiel ni siquiera había intentado ser sutil.
—Extraño a Ermes.
Josuke lo entendía. Navidad era una época muy romántica y él se sentía afortunado por poder compartirla con Jotaro.
—¿Has pensado en casarte con Ermes? Así podrían pasar todos los días juntos y ella oficialmente sería parte de la familia.
Rikiel se lamentó y eso hizo que Donatello se mostrara aún más molesto.
—¿No quieres casarte con Ermes?
—Lo deseo más que nada en el mundo, pero… no sé si sea el momento y no quiero arruinarlo.
Ungalo negó con un movimiento de cabeza y decidió enfocarse en las niñas. Shizuka y Marie estaban comiendo y él no quería terminar cubierto de papilla.
—Podrás ver a Ermes cuando regresen a Estados Unidos —le dijo Donatello. El fastidio era palpable en su voz.
Josuke también lo entendía. Rikiel se había quejado en repetidas ocasiones pese a que hablaba con Ermes a diario.
—Y eso será hasta el próximo año —se lamentó Rikiel.
Sus parientes intercambiaron miradas. Muchos de ellos compartían la misma opinión.
Ese no era el caso de Josuke. No era solo el hecho de que eran varios días, sino cuáles eran sus días, navidad y año nuevo.
—Hablaste con ella hace media hora —le recordó Donatello —. Incluso acaparaste el teléfono de la mansión.
—Mi teléfono celular se quedó sin batería.
—El mío también y tenía una reunión con mi editor. Tienes suerte de que no tuviera que cancelarla.
—¡Donatello! —le reclamó Jonathan. Él no estaba enojado, pero sí decepcionado —. Hicimos un trato.
Donatello sonrió con nerviosismo.
—No era una reunión de trabajo como tal, yo solo… él quiere pedirle matrimonio a su novia y necesita consejos.
Josuke y Jonathan le creyeron. Ambos querían creer en la honestidad de Donatello. Rikiel estaba dispuesto a darle el beneficio de la duda. Dio y Ungalo sabían que estaba mintiendo.
—¿Quieres acompañarnos a la ciudad?
—Me gustaría, pe…
—Entonces iremos juntos. Falta poco para navidad y hay mucho trabajo pendiente en el parque.
—Papá…
—Rikiel también puede acompañarnos. Apuesto a que eso lo ayudará a despejar la mente. Ungalo y George también vendrán.
Ungalo no parecía estar de acuerdo con la idea y eso era extraño. Normalmente él se mostraría más entusiasmado y es que no era ningún secreto que amaba la navidad.
—Pero yo…
En esa ocasión fue el turno de Jonathan de mostrarse sorprendido.
—¿Pasa algo?
Donatello se mostró enojado. Josuke pensó que su molestia era porque su padre no había desconfiado de su hermano.
—Holly se ofreció a cuidar de las niñas…
—Lo sé… Es Reina. Ella está embarazada y podría dar a luz en cualquier momento.
Josuke no sabía quién era Reina, pero podía intuir que era alguien importante para su tío. Jonathan sonrió y eso le hizo pensar que él tenía una opinión similar.
—Entiendo. Es muy noble de tu parte. No te preocupes, ve a hacer lo tuyo.
—Gracias.
—Y no dudes en decirnos si necesitas ayuda.
—De hecho, creo que necesitaré tu ayuda. Ermes y Rikiel me dijeron que planean adoptar uno de los cachorros, pero Reina tendrá cinco y yo no puedo cuidarlos a todos.
Josuke se sintió un tanto sorprendido al enterarse de que Reina era una perra, pero una parte de él creía que eso era obvio. Ungalo era veterinario y uno muy comprometido con su trabajo.
—A mí también me gustaría adoptar un perrito. Y no te preocupes, Jonathan y yo ayudaremos a buscarle un hogar a esos cachorritos.
La llegada de Jotaro era algo que Josuke no se esperaba. Su esposo debía ir a envolver los regalos y él no esperaba verlo antes del anochecer.
No era algo que le molestara realmente.
Jotaro le extendió unas pastillas a Josuke. Él no necesitó de palabras para saber qué era lo que quería su esposo. Ambos habían hablado de ello y Jotaro siempre conseguía lo que quería.
—Dos pastillas durante tres días es suficiente.
Jotaro no dijo nada y se marchó de inmediato. Josuke se lamentó porque quería hablar con él sobre sus intenciones de adoptar un cachorro.
La familia Joestar se dirigió al comedor comunitario. Faltaba poco para navidad por lo que tenían más trabajo de lo normal.
Josuke se puso su delantal de inmediato y comenzó a limpiar. El almuerzo había terminado poco antes por lo que había que limpiar la mesa y limpiar los utensilios usados durante la preparación. Los platos no eran un problema pues eran limpiados por las personas que lo usaban y Crazy Diamond podía guardarlos con rapidez.
No todos eran usuarios de stand, pero todos estaban demasiado ocupados como para prestar atención a los objetos voladores y si lo hacían, probablemente preferían ignorarlo.
Joseph y Jonathan se encargaron de llevar las verduras al almacén. Era una tradición donar una parte de la cosecha de la mansión Joestar y ese año no fue la excepción.
—¿Necesitan ayuda? —les preguntó Josuke. Ese año la cosecha había sido especialmente grande y los donativos eran más numerosos.
—Buen intento, Josuke, pero no podrás escaparte de la limpieza.
Josuke bufó por lo bajo. Él no lo había hecho con esa intención, ni siquiera lo había pensado, pero mentiría si dijera que no se sentía decepcionado.
—Yo no…
—Sigue limpiando, Josuke —le regañó Tomoko —. Recuerda que falta poco para navidad y que debes ayudar a Holly con el concurso de galletas de jengibre y a Rikiel con el espectáculo navideño.
—Sí, okaasan —respondió Josuke con voz derrotada, sintiéndose como un niño una vez más.
