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Amnésico, Reencarna en Hundred

Chapter 23: Explosión

Chapter Text

—¡¡Haa!! —gritó Honoka de golpe, llevándose la mano al pecho.

Caminaba tranquilamente por el parque cuando, sin previo aviso, un destello de luz estalló cerca del árbol que estaba a punto de pasar.

Por puro reflejo, levantó su brazo derecho, cubriéndose los ojos con el antebrazo para protegerse de aquella luz cegadora.

Tardó unos segundos en recuperar la visión.

—¿Q-qué fue eso…? —murmuró, parpadeando varias veces.

No obtuvo respuesta.

Sin embargo, algo llamó su atención.

Apoyado contra el tronco de un árbol, distinguió la silueta de un chico desconocido, completamente inmóvil.

—¿Eh…? —inclinó la cabeza—. ¿Fuiste tú quien hizo eso?

Se acercó sin dudarlo, invadiendo su espacio personal como si fuera lo más natural del mundo.

La mente de Honoka ya estaba trabajando a toda velocidad.

Esa luz… no fue una explosión normal…
Fue como una técnica… no, algo más avanzado…

—¡Oye! —dijo con brillo en los ojos—. ¿Podrías enseñarme cómo hiciste eso?
¡Se veía increíble!

Se inclinó aún más, acercándose demasiado.

Recién entonces notó la respiración tranquila… y la falta total de reacción del chico.

—¿Eh…? —sus ojos se abrieron—. ¿Estás… inconsciente?

Colocó su mano derecha enguantada sobre el hombro del chico.

—¿Te encuentras bien?

En ese instante…

Una energía carmesí mezclada con negro brotó violentamente de su guante.

—¿¡Q-qué!? —exclamó, sobresaltada.

La intensidad era mucho mayor a la que había experimentado en el torneo.

—¡No, no, no! ¡Otra vez no! —retiró la mano de golpe.

Pero ya era demasiado tarde.

La energía explotó.

La onda expansiva destrozó el suelo, los árboles cercanos y lanzó a ambos por los aires.

El parque quedó devastado.

Honoka perdió el equilibrio… y fue empujada directamente contra el chico inconsciente.

El impacto fue brutal.

Cuando recuperó la consciencia, se encontraba encima del chico inconsciente, desorientada, con el cuerpo dolorido.

—A-auch… —jadeó—. ¿Estás bien…?

No obtuvo respuesta.

De pronto, llamas moradas comenzaron a envolver el cuerpo del chico.

—¿Eh…? ¡E-estás ardiendo! —dijo alarmada.

Instintivamente, apoyó sus manos sobre las llamas, sin pensar en el dolor.

Sintió algo extraño. Cuando su mano derecha enguantada, tocó las llamas moradas.

Calidez.

Sus heridas comenzaron a cerrarse.

—¿Se… están curando…?

Su mente reaccionó al instante.

Estas llamas… no queman… regeneran…
Es una técnica… no, es una habilidad…

Sin darse cuenta, la estaba replicando.

—No entiendo qué está pasando… —murmuró, temblando—.
Pero… será mejor volver a casa antes de que alguien vea esto…

Miró alrededor.

El parque estaba en ruinas.

—La abuela me va a matar si ve esto en las noticias… —suspiró—.
Y ya es la segunda vez que este poder se descontrola…

Con esfuerzo, se levantó.

Tomó al chico inconsciente, pasando su brazo alrededor de mi cuello y sujetándolo por la cintura.

—Vamos… no te puedo dejar aquí…

Comenzó a caminar tambaleándose hacia su casa, sin saber que ese encuentro cambiaría su futuro.

Salto de tiempo

—¿Eh…? ¿Por qué esta sensación se siente tan familiar…? —diría Shido confundido al recuperar la conciencia.

Referencia al inicio del fanfic

Abrió lentamente los ojos, siendo abrumado por la intensidad de la luz que golpeaba su visión aún adormecida.

Siento como si me hubiera explotado una bomba justo en la cara… pensó con un dolor punzante en la cabeza.

Menuda vida la mía. Primero, un protagonista se arde conmigo por haberlo desmascarado frente a todos, y luego activa sus beneficios de protagonista, junto con el poder del guion en su máxima expresión, para lanzarme un jodido agujero negro imposible de esquivar. Sin oportunidad de escapar, sin salida alguna, sin importar qué hiciera… y lo peor: cualquier resistencia solo aumentaba la gravedad del agujero negro.

Básicamente era como decirme: “Aquí está el matadero, no tienes ninguna posibilidad. Espera tu final.”

Diablos… nunca había visto algo tan descarado. Debería ser ilegal aplicar trampas tan asquerosas solo porque el protagonista se ardió.

Cuando vuelva a ver a Kisaragi Hayato, juro que lo mataré. No me importa si es el protagonista.
Después de todo, había prometido cambiar la historia.

Aunque mi intención original no era matarlo. El plan era exponer sus crímenes en la arena y luego aislarlo lo más posible de la trama de Hundred. De esa forma, cumpliría —aunque fuera irónicamente— su sueño de vivir una vida normal, sin ataduras.

Era complicado, claro. Especialmente por el factor Emilia, su futura esposa y madre de sus hijos.

Emilia tenía demasiado lore y eventos futuros. Inevitablemente sería el centro de atención más adelante, aunque no de forma inmediata.

Antes de llegar a eso, había muchas cosas por hacer: evitar tramas futuras, prevenir eventos fuera de control, reclutar personajes interesantes, ayudar a aquellos con poco protagonismo pero con gran potencial si se exploraban a fondo.

Todo mi plan… arruinado por el ardido del protagonista.

Joder, ni siquiera iba a dejar que lo expulsaran de la academia, por miedo a que la trama de Hundred se volviera irreversible si su protagonista desaparecía del escenario.

Mi estrategia era simple: mantener a Kisaragi Hayato en reserva el tiempo suficiente para solucionar los problemas, y recién hacerlo entrar cuando llegara el arco de Emilia, donde él debía ser quien la ayudara.

Emilia, no me interesaba en lo absoluto. Y menos aún cuando en el futuro, Emilia humillaria de una forma despreciable, a Claire Harvery.

Se burló de que Claire, siendo tan hermosa, jamás hubiera conseguido pareja. Se burló de que, pese a los años, Claire aún amara a Kisaragi Hayato… y lo dijo frente a varias personas, humillándola sin piedad, restregándole además que tenía dos hijos con kisaragi hayato.

Y lo peor: Claire nunca hizo nada. No miró a kisaragi hayato con amor, no intentó nada.

Emilia solo atacó para sentirse superior. Su complejo de inferioridad frente a chicas más bellas era evidente.

Luego vino lo de Sakura, Diciendo si ella ahora podía mantener una relación con kisaragi hayato, un diálogo metido como “comedia” barata para disfrazar la humillación, de Claire Harvery

Lo más irónico: Emilia ganó solo porque quedó embarazada. De no ser así, jamás habría ganado… o habría terminado como segunda esposa.

Incluso hay algo perturbador: cuando Emilia anunció su embarazo, Kisaragi Hayato ni siquiera sabía que había pasado algo entre ellos. Según él, no lo recordaba.

Pensándolo con frialdad… si la obra no protegiera tanto a Kisaragi, habría sido perfectamente posible un giro de trama donde ese hijo no fuera suyo.

Solamente ese escenario, es posible si la escritura estuviera cargo. De un escritor de historias ntr japonés, o algún gringo escritor con sus comics de infidelidades.

Ciertamente se ha salvado, por estar favorecido por la trama de hundred. Y me lo confirmó lanzándome ese maldito agujero negro imposible de esquivar.

Solté un suspiro, con un creciente dolor de cabeza. con todo lo sucedido en tan poco tiempo y las cosas, que aún estar por venir.

—Por cierto… ¿no estaba en un tren en movimiento cuando esa chica, con un traje familiar, me salvó…? —pensé desconcertado.

Con el paso del tiempo pensando, sentí mi cuerpo más relajado. El dolor había disminuido, comparado minutos atrás.

Me incorporé lentamente, sentándome en la cama y apoyando la espalda contra la pared.

Ahora podía observar mejor el entorno. La habitación era modesta, sin demasiada decoración… pero algo me llamó la atención.

Cuadernos, libros, pósters.
Todo giraba exclusivamente en torno a artes marciales de todo tipo.

—Esta no parece la habitación de la chica que me salvó… —murmuré.

Ella tenía más un aura de heroína que de artista marcial.

Tal vez estaba en la habitación de algún trabajador del tren.

Entonces debía levantarme y agradecer. Quizás incluso pedirles ayuda para regresar a mi mundo, aunque fuera descarado.

Tenía asuntos urgentes.

Kisaragi Hayato debe pagar.
Protagonista o no, debía responder por el intento de asesinato.

Caminé hacia la puerta. Al abrirla, mi expresión se congeló.

—¿Un… apartamento…?

No sentía ningún movimiento. No era una habitación del tren. Con la tecnología que tiene de pasar cerca, de un agujero negro. Pensaba que por eso no había movimiento.

Oh también, La razón era se encontraba estacionado en una estación del tren.

—¿Me han dejado aquí…? —pregunté alarmado.
Mi boleto, de regreso a mi mundo se ha desvanecido.

Al menos no me abandonaron en la calle. No estaban obligados a ayudarme… pero ni siquiera esperaron a que despertara.

No hubo negociación alguna.

Si lo hubieran hecho, los habría recompensado al volver a mi mundo.

Y ahora estaba atrapado aquí, En este mundo varado sin posibilidades de volver a mi mundo.
con la rabia acumulada, a punto de estallar. Se debía a todos los acontecimientos. Que había causado kisaragi hayato, por qué se había ardido.
Me llevaron a esta precaria, situación crítica sin retorno.

La puerta de la izquierda se abrió.

De ella salió una chica.

Mi expresión se congeló por completo.

Vestía una camisa blanca larga, claramente de estar en casa, abotonada solo hasta la mitad, con mangas largas que le daban un aire despreocupado. No parecía preparada para recibir a nadie, y mucho menos a un extraño.

En sus pies llevaba unas pantuflas rosadas con forma de conejos.

Mi mente tardó un segundo en procesar la escena.

—Has despertado —dijo ella con una sonrisa sincera.

Se acercó sin notar lo cerca que estaba invadiendo el espacio personal de Shido.

—¿Eh…? Mi mente se quedó momentáneamente inmóvil, intentando comprender la situación.

—¿Te encuentras bien? Si quieres, puedes darte una ducha. Si aún te duele el cuerpo —añadió con preocupación.

¿Ducha…?
Así que había salido de bañarse…

No entendía por qué se cambiaba así con un extraño en su casa.

Aunque… una parte de mí estaba ligeramente sonrojada.

Era la primera vez que veía a una chica vestida así de esa forma.

Ni siquiera Miharu usaba algo así… y era comprensible, Estábamos en el hospital en ese tiempo. De igual forma ese atuendo le quedaría perfectamente bien, a Miharu.

—¿En qué demonios estoy pensando…? —me recriminé.

Solté un suspiro y miré a la chica, a los ojos.

—Agradezco que me ofrezcas una ducha… pero antes hay cosas que debemos hablar, ¿no crees?

Honoka desvió la mirada hacia la pared, nerviosa.

Si supiera que por mi culpa salió herido… se va a enojar conmigo… pensó asustada. Y sin mas opción Se sentó en una silla.

Shido notó el gesto extraño de la chica, pero decidió ignorarlo por ahora.

Se sentó frente a la chica.

—Gracias por entender —dijo con calma—. Entonces… ¿podrías decirme cómo llegué aquí?

La miró con sincera curiosidad… y una creciente preocupación.

Continuará...