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Una verdad desgarradora

Summary:

Lucifer morningstar es un chico reservado, ansioso e invisible para todos. Su único refugio es Angel su mejor amigo y su amor secreto: Alastor, el estudiante impecable y popular.

Para Lucifer, Alastor es un faro de luz. El único que no se ha burlado de él, pero realmente es porque no sabe sobre su existencia.

Lo que Lucifer ignora es que Alastor es consciente de su enamoramiento gracias a Adam, el matón de la escuela, quien lo reta a una apuesta cruel: aceptar la declaración de Lucifer y fingir una relación. Movido por el orgullo y la arrogancia, Alastor acepta.

Notes:

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Chapter 1: La estrella apagada

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El sonido de las canciones que emitían los auriculares eran una constante en la vida de Lucifer Morningstar. Un sonido que intentaba, sin éxito, ahogar los murmullos, las risas, y el ocasional golpe de un casillero. Para Lucifer cada grupo de estudiantes era un obstáculo a evitar.

Caminaba por el pasillo con los ojos bajos pero alertas. Sus auriculares eran un escudo social, un letrero de "no molestar" que pocos respetaban.

"¡Uy, cuidado con el duendecillo!" Una voz burlona, profunda y desagradablemente popular lo hizo encogerse. Adam, flanqueado por su sombra de siempre, Lute, bloqueaba parte del pasillo con su postura arrogante. "No vaya a tropezar con sus propios pies otra vez."

Lucifer apretó los libros contra su pecho, apresurando el paso. No miró atrás, pero sintió sus risas clavándose como alfileres en el pecho. Solo llega al salón, se repetía. Solo llega al salón.

"¡Ignóralos, bombón!"  Una mano cálida y familiar se posó sobre su hombro, haciendo que diera un leve salto. Lucifer giró y se encontró con el rostro risueño de Angel Dust, su mejor amigo -su único amigo-, cuyo cabello teñido de rosa parecía desafiar los apagados colores del pasillo. "Son unos putos imbéciles con más músculo que neuronas. Déjalos ladrar."

Lucifer dejó escapar un suspiro que no sabía que contenía. "Gracias, Angie."

Angel suelta una risita suave.
"No hay por qué, Luce. Vamos, que la próxima clase es una cagada y necesito tu cerebro para sobrevivirla."

Mientras caminaban, Lucifer permitió que sus ojos se alzaran un poco más del suelo. Y entonces lo vio.

Al final del pasillo, emergiendo de la multitud como un barco elegante en un mar turbulento, estaba Alastor.

Lucifer se detuvo en seco, su respiración se aceleró. Alastor caminaba con una postura impecable, su uniforme planchado a la perfección, su sonrisa amplia y constante. Lo rodeaban sus leales: Rosie, con su mirada astuta y su sonrisa cortés; Vox, hablando a mil por hora sobre algún chisme y tecnología; la imponente y serena Lilith; y Husk, con su perpetuo gesto de fastidio pero caminando a su lado sin cuestionarlo.

Eran el centro de la popularidad, pero de un modo diferente al de Adam. Adam era fuerza bruta y arrogancia ruidosa. El grupo de Alastor era sofisticación controlada con poder silencioso y educado.

"Oye, ¿otra vez mirando al señor 'Sonrisas?" Angel murmuró, siguiendo la mirada de Lucifer. Su tono perdió un poco de su ligereza habitual. "Luci, ese tipo tiene un aura rara. Es educado, sí, más que la mayoría de estos idiotas. Pero hay algo frío ahí. Como si la sonrisa fuera solo decoración."

Lucifer no respondió de inmediato. Observó cómo Alastor inclinaba la cabeza para escuchar algo que decía Rosie, su gesto atento, casi teatral. Vio cómo un estudiante de primer año se cruzó torpemente en su camino y, en lugar de empujarlo o burlarse, Alastor simplemente se hizo a un lado con un movimiento fluido, sin siquiera interrumpir su conversación. No le prestó atención, pero tampoco le hizo daño.

"Él nunca se ha burlado de mí,"  dijo Lucifer finalmente, su voz apenas en un suspiro.

"¿Qué?"

"Nunca. Adam, Lute, incluso algunos de los que parecen amables... todos, en algún momento, han dicho algo, han reído, han hecho un gesto. Pero Alastor, ni siquiera me ha mirado. Es como si yo fuera parte del mobiliario para él."

Angel frunció el ceño. "¿Y eso es mejor?"

"Es neutral," insistió Lucifer, sus ojos aún clavados en la figura esbelta que desaparecía girando la esquina. "En este infierno, la neutralidad es un acto de bondad. No añadir más dolor, eso cuenta."

"Estás loco"

 

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Media hora después de su clase, encontraron refugio en la azotea de la escuela, su lugar seguro. El viento barrió el ruido de abajo, dejando solo el sonido lejano del tráfico y los propios latidos de Lucifer, que ahora eran rápidos y decididos.

"Angel, tengo que decirte algo," comenzó Lucifer, jugando nerviosamente con el borde de su chaqueta.

"Oh-oh. Esa cara significa que vas a decirme algo que no me va a gustar."

"Voy a declararme."

El silencio que siguió fue tan denso que podía cortarse. Angel dejó de retocarse el lápiz labial, el tubo suspendido en el aire.

"¿Perdón? ¿A quién? No, ya sé a quién. ¿Estás drogado? ¿Te dí uno de los brownies raros de Husker?  ¡Porque esto es una maldita locura, Luce!"

"¡No es una locura!" La voz de Lucifer sonó más firme de lo esperado. "Lo he pensado mucho. Es... es ahora o nunca. No puedo seguir siendo el fantasma que lo observa siempre escondido."

Angel se sentó frente a él, su expresión seria por primera vez en mucho tiempo. "Escúchame, bombón. Yo sí socializo. Oigo cosas. Y lo que oigo de tu crush de cabello cafe es que es caballeroso pero una mierdecilla. Muy educado, sí, pero con una arrogancia que te congelaría la sangre. Es altanero, Luci. Se cree mejor que todos. ¿Qué te hace pensar que te tratará diferente?"

La imagen de Alastor desviándose suavemente del estudiante de primer año cruzó la mente de Lucifer. "¡Es que no lo entiendes, Angel!" La frustración le nubló la vista por un momento. "En todo este infierno, con toda esta gente que me ignora o me pisa, él es el único que no me ha hecho sentir invisible a propósito. Nunca ha sido cruel. Nunca he añadido su nombre a la lista de los que se ríen. ¿No cuenta eso? ¿No significa que, en el fondo, podría haber algo bueno?"

Angel lo miró, y en sus ojos oscuros Lucifer vio una batalla entre la preocupación protectora y el deseo de ver a su amigo feliz. Soltó un quejido y se paso una mano por el rostro.

"Mierda, Luci. Cuando lo pones así..." Suspiro profundo, derrotado. "Está bien. Está jodidamente mal, pero está bien. Si de verdad quieres hacerlo, yo estaré ahí. Detrás de un árbol o lo que sea, con una botella de tequila para celebrar o un bate para romperle las rodillas. Lo que necesites."

Lucifer sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina, llena de esperanza y un miedo tremendo. "Gracias, Angie. Solo, quédate cerca, ¿sí?"

"Como una molesta sombra rosa, Luce. Como una molesta sombra rosa."

Mientras bajaban de la azotea, el corazón de Lucifer latía con un nuevo propósito. El miedo seguía ahí, un nudo frío en el estómago, pero ahora lo acompañaba una chispa de determinación. Había visto un destello de bondad en la neutralidad de Alastor, y estaba dispuesto a arriesgarlo todo por la posibilidad de que ese destello pudiera, algún día, brillar para él.

Abajo, en los pasillos, la vida de la Preparatoria Hazbin continuaba, ajena al terremoto que se gestaba en el corazón tímido del chico reservado y ansioso. Y Alastor, en algún lugar del edificio, sonreía cortésmente a un profesor, completamente inconsciente de que se había convertido, sin querer, en el faro de alguien que navegaba a ciegas en un mar de soledad.

Notes:

Hola, está es mi primera vez publicando en Ao3

Entonces, está obra ya está terminada. Publicare un capitulo cada Lunes, Miércoles y Viernes

Lucifer es un soñador enamorado, no tengo nada más que decir

Gracias y cualquier error ortográfico o de cualquier otra cosa háganmelo saber.

Chapter 2: La radio con estática

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El aroma a comida grasienta y azúcar barata impregnaba el aire de la cafetería de la Preparatoria Hazbin. Alastor se acomodó en su sitio habitual, en la mesa central, con su círculo alrededor. Sus dedos, largos y cuidados, ajustaron la tapa de su termo de té. Vox discutía acaloradamente con Husk sobre algún videojuego, Rosie intercambiaba risitas con Lilith mientras compartían un postre, y todo era ruido controlado, predecible. Su territorio. Pero sentía una inquietud sofocante.

"Necesito aire menos... cargado," anunció Alastor de repente, su sonrisa perfectamente fijada pero ahora tensa. Se levantó, recogiendo su termo y su bolso de cuero impecable. "Los gráficos de los juegos modernos me están dando dolor de cabeza, Vox. Por favor, continúen su debate sin mí."

"¿Te echamos de menos?" preguntó Vox, burlón pero no del todo en broma.
"Invariablemente,"respondió Alastor con un guiño teatral, y se alejó de la mesa, dejando atrás el bullicio.

Su plan era sencillo: dirigirse a la biblioteca, un santuario de silencio donde podría repasar sus apuntes de Literatura sin la cacofonía de fondo. Pero el universo, o más bien el residente matón de la escuela, tenía otros planes.

Apenas había dado la vuelta a la esquina del pasillo de Ciencias, sintiendo el alivio de la relativa soledad, cuando una figura grande y bulliciosa salió de la sombra de los casilleros, bloqueándole el paso.

"¡Alastor! Justo el hombre que quería ver," dijo Adam, su sonrisa de depredador estirándose. Llevaba su chaqueta de deporte abierta y una arrogancia que parecía emanar de él como un mal olor.

Alastor no detuvo su paso, pero sí aminoró la velocidad, su expresión permaneciendo en esa máscara de cortés desinterés. "Adam. Qué casualidad tan… forzada. ¿Te perdiste camino al gimnasio? Suele estar en la dirección opuesta a donde suele estar la gente con vocabulario."

Una risotada áspera escapó de Adam. "Siempre con tus palabritas. No, hoy tengo algo mejor que levantar pesas. Un chisme jugoso." Se interpuso de frente e inclinó, invadiendo el espacio personal de Alastor, su voz bajando a un tono burlón y confidencial. "Resulta que tu más ardiente admirador no es alguna de las chicas del club de debate. Es el enano triste de los ojos de cachorro, el Lucifercito Morningstar."

Alastor ni parpadeó. Apenas logró ubicar al tal Lucifer: un destello rubio y bajo, siempre pegado a las paredes, siempre callado. Intrascendente. "¿Y tú te entretienes coleccionando los suspiros de los tímidos? Qué pasatiempo tan patético. Déjame pasar."

Pero Adam no se movió. Era como un muro de músculo y terquedad. "Estaba en la azotea fumando detrás de la sala de mantenimiento, cuando escuche que se te quería declarar. Y tenía esa cara de idiota decidido, se cree el protagonista de una película." Su sonrisa se ensanchó, llena de malicia. "Te reto. ¿A qué no tienes huevos de aceptar la confesión del jodido rarito?"

Alastor dejó escapar un suspiro de fastidio, ajustando los lentes de montura fina que se habían deslizado un milímetro por su nariz. "Qué proposición tan absurda y de mal gusto. No tengo tiempo ni interés en tus juegos de patio, Adam. Tengo cosas mejores que hacer."

"¿Mejores?" Adam se irguió, desafiante. "O es que no te ves capaz de manejar la situación. Imagínate, el gran Alastor, el príncipe del drama y la elegancia… haciendo de niñera del chico que todos patean. Sería el espectáculo del año. ¿O te da miedo que se te pegue lo patético?"

Algo se tensó en la mandíbula de Alastor, un movimiento casi imperceptible bajo la piel. Su sonrisa no se movió, pero sus ojos, detrás de los lentes, enfriaron varios grados. El orgullo, esa bestia que siempre mantenía bien atada, gruñó ante la insinuación. Miedo. Incapacidad. Adam lo estaba midiendo con la misma vara que usaba para los demás, y eso era intolerable.

"Patético," repitió Alastor, su voz perdiendo su tono ligero y adquiriendo un filo metálico y quieto. "Eres un mono con un vocabulario de diez palabras, y crees que la provocación barata funciona." Hizo una pausa, dejando que el desprecio saturara el aire entre ellos. Vio la chispa de irritación en los ojos de Adam, y supo que había tocado un nervio. Pero necesitaba cerrar esto, deshacerse de él y de su estúpido reto, además de que su orgullo ardiendo. Con una ligereza forzada, añadió: "Pero si tu mente diminuta insiste tanto en ver un espectáculo… no me cuesta nada darle un ‘sí’ al pobre chico. Será breve. Y, como dices, hasta divertido de observar. Ahora, muévete." Lo último dicho con tono bajo y amenazador.

Esta vez, Adam sí se hizo a un lado, pero con una carcajada victoriosa que resonó en el pasillo vacío. "¡Eso es! ¡Lo sabía! Bueno, pues espero el show, niñera."

Alastor pasó a su lado sin mirarlo, su expresión de mármol. Caminó hacia la biblioteca, pero la paz que buscaba ya se había esfumado. En su lugar, había una irritación sorda y el sabor amargo de una concesión estúpida hecha por puro orgullo. Breve y divertido, se repitió, ajustando la correa de su bolso con un tirón más brusco de lo necesario. Un experimento sociológico sin consecuencias.

 

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El final de las clases trajo una luz dorada y polvorienta al rincón más tranquilo del patio, cerca de los viejos arces. Alastor había recibido una nota anónima, escrita con una caligrafía temblorosa, pidiéndole que se encontrara ahí. Sabía perfectamente de quién era. El guión de se estaba desarrollando.

Se apoyó contra el tronco de un árbol, cruzó los brazos y esperó. No tenía prisa. Todo formaba parte de la farsa.

No tuvo que esperar mucho. Lucifer Morningstar apareció como un espectro, casi deslizándose entre las sombras. Lucifer estaba pálido, tan pálido que las pecas en su nariz parecían más marcadas. Sus manos, enfundadas en los puños demasiado largos de su chaqueta, temblaban visiblemente. Sus ojos, de un azul intenso y ancho —sí, efectivamente, ojos de cachorro, pensó Alastor con distante interés—, estaban llenos de un pánico tan puro que resultaba casi cómico.

“A-Alastor,” comenzó Lucifer, su voz un hilito de sonido que el viento casi se llevó. Tragó saliva. “Hola. G-gracias por venir.”

Alastor inclinó la cabeza, manteniendo su sonrisa de manual. “Lucifer. Qué sorpresa.” Su tono era neutro, educado. El del actor listo para su primer línea.

Lucifer parecía estar librando una batalla interna para no salir corriendo. Respiró hondo, un sonido tembloroso. “Yo… te he estado admirando desde lejos. Por un tiempo.” Las palabras salieron a trompicones. “Eres increíble. Seguro, inteligente, elegante, todo lo que yo no soy.”

Alastor lo escuchaba, analizándolo. La vulnerabilidad era tan expuesta que rayaba en lo bochornoso. Pero también era… sincera. Alarmantemente sincera.

“¿Q-quizás...” Lucifer juntó las manos para tratar de detener su temblor, “te gustaría salir conmigo? y si no es mucha molestia. Una cita.”

Ahí estaba. La declaración. Patética, temblorosa, entregada en una bandeja de ansiedad pura. Era el momento de recitar su línea, dar el “sí” condescendiente, sellar la apuesta y marcharse.

Pero cuando Alastor abrió la boca para hacerlo, algo en la expresión de Lucifer lo detuvo por una fracción de segundo. En el momento en que terminó de hablar, en el instante de máxima vulnerabilidad, una chispa de esperanza tan frágil y brillante iluminó esos ojos azules. Era como ver a alguien encender una vela en medio de una tormenta, creyendo con locura que podría ahuyentar la oscuridad.

Fue desarmante. Y por una milésima de segundo, le produjo una punzada de incomodidad en el estómago, una sensación agria que no supo nombrar.

Pero el guión estaba escrito. El orgullo, y la risa burlona de Adam que aún resonaba en sus oídos, pesaban más.

Alastor enderezó la espalda y dejó que su sonrisa se suavizara ligeramente, adoptando un aire de curiosidad benévola. “Vaya, Lucifer Morningstar,” dijo, y su voz sonó más cálida de lo que pretendía, contaminada por ese instante de extrañeza. “Qué valentía. Me agrada.”

Hizo una pausa, saboreando el suspenso, viendo cómo Lucifer contuvo la respiración, como si el mundo entero dependiera de la siguiente palabra.

“Acepto tu propuesta.”

El efecto fue instantáneo. La palidez de Lucifer se transformó en un rubor intenso. Los ojos de cachorro se abrieron como platos, inundados de una incredulidad tan absoluta que rayaba en el dolor. Y luego, la felicidad. Una felicidad tan radiante, tan pura y agradecida que iluminó su rostro entero, haciendo desaparecer por completo la ansiedad. Era como si el sol hubiera salido solo para él.

“¿En… en serio?” susurró Lucifer, como si temiera que al hablar más fuerte el hechizo se rompiera.

“En serio,” confirmó Alastor, con un ligero asentimiento. Por dentro, la incomodidad crecía. Esto era… más de lo que había esperado. Más intenso. Breve y divertido, se recordó a sí mismo. Solo un espectáculo. Nadie más lo sabe.

“¡Oh, Dios! ¡Gracias! ¡No sabes lo que esto significa para mí!” Lucifer parecía a punto de saltar o de llorar, probablemente ambas cosas. “¿Cuándo? ¿Dónde? Yo puedo organizarlo todo, no quiero ser una molestia”

Alastor levantó una mano, deteniendo el torrente de palabras. “Tranquilo. Ya coordinaremos los detalles.” Su sonrisa volvió a ser la calculada, la de fachada. “Fue lindo de tu parte, Lucifer. Hasta pronto.”

Y con eso, dio media vuelta y se alejó, sintiendo la mirada de Lucifer, cargada de adoración y asombro, clavada en su espalda. El viento otoñal le pareció de repente más frío. Se ajustó los lentes y caminó más rápido, apretando el puño contra su costado.

El espectáculo había comenzado. Y Alastor, por primera vez, tuvo la extraña y fugaz sensación de que tal vez había subestimado gravemente el papel que acababa de aceptar.

Notes:

Aquí el capítulo 2
Que difícil encontrar palabras refinadas que definitivamente Alastor usaría.

Vox y Al son amigos aquí.Me gusta también el Radiostatic, tal vez algún día les haga un fic

Recuerden que cualquier error que noten me lo pueden decir. Nos vemos el Miércoles.

Chapter 3: Manzana dulce

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El parque de atracciones era un derroche de luces parpadeantes, música estruendosa y aromas embriagadoramente dulces como algodón de azúcar y churros fritos. Para Lucifer, era el escenario de una película en la que, milagrosamente, era el protagonista. Llevaba toda la tarde sintiendo que el corazón se le salía del pecho, no por la ansiedad habitual, sino por un burbujeo de felicidad pura.

"¡Al, tienes que probar esto!" exclamó, empujando un cono de algodón de azúcar rosa y esponjoso casi contra el pecho de Alastor. Sus ojos brillaban con un reflejo multicolor de las luces de los juegos.

Alastor miró la nube azucarada con una mezcla de fascinación y leve horror. Su ropa—un sencillo pero impecable suéter beige y pantalones oscuros—parecía gritar en protesta ante la posibilidad de manchas pegajosas. "Lucifer, querido, aprecio el gesto pero mi gusto por estás cosas no suele ser común," dijo, su sonrisa fija en su lugar.

Qué simple es su felicidad, pensó, observando cómo Lucifer se comía el algodón de azúcar con un deleite infantil. Se emociona con luces brillantes y azúcar. Es como un cachorro.

Pero ese pensamiento condescendiente comenzó a agrietarse a medida que avanzaba la noche. Lucifer no solo estaba feliz; era contagioso. Lo arrastró al tiro al blanco, donde Alastor, con su precisión calculada, ganó un peluche espantoso de un gato con ojos desorbitados. Lucifer lo abrazó como si fuera un trofeo de oro.

"¡Es increíble! ¡Lo ganaste tú!" gritó Lucifer, apretando al gato contra su pecho. Su sonrisa era tan amplia y genuina que, por un segundo, Alastor olvidó que todo esto era un experimento sociológico.

Luego vinieron las montañas rusas. Lucifer gritaba de una mezcla de terror y euforia, sus rizos rubios al viento, su mano agarrando la de Alastor con una fuerza sorprendente. Y Alastor, que había planeado permanecer sereno y observador, se sorprendió sintiendo una risa burbujeando en su pecho, una risa real y no forzada, que escapó de sus labios en un breve estallido de genuina diversión cuando el carro se precipitó en una caída brusca.

La noche culminó en la rueda de la fortuna. El compartimento se meció suavemente cuando se acomodaron. El ruido de la feria se convirtió en un zumbido lejano, y las luces de la ciudad se extendieron debajo de ellos como un manto de diamantes dispersos.

Lucifer se inclinó contra la ventana, su rostro iluminado por la tenue luz interior de la cabina y el resplandor de fuera. Había un asombro silencioso en sus ojos, una paz que Alastor no le había visto antes. "¡Mira, Al! ¡Se ve toda la ciudad! Es... es perfecto."

 

Su voz era un susurro lleno de asombro. No había ansiedad, ni temor, solo una gratitud abrumadora por el momento. Alastor, quién estaba sentado al lado, lo miró, y luego su vista se dirigió al paisaje urbano iluminado. Sintió la calidez del cuerpo de Lucifer a su lado, el eco de sus risas genuinas aún en sus oídos, y la incomodidad burlona que lo había acompañado al principio se había transformado en algo más complejo, más quieto.

Perfecto..., pensó Alastor, y la palabra resonó en su mente con un peso inesperado. Sí. Este momento tiene una cualidad extrañamente perfecta. No era parte del guión. Era un error de continuidad, una escena que no había escrito. Y, para su desconcierto, se sentía comodo.

 

"Perfecto," murmuró en voz baja, casi para sí mismo, y fue la primera cosa completamente sincera que le dijo a Lucifer esa noche.

 

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La noticia de que Alastor y "el rarito Morningstar" eran una pareja se extendió por la Preparatoria Hazbin como un incendio forestal alimentado por chismes. Para Lucifer, los días siguientes fueron un torbellino surrealista.

Ya no se pegaba a las paredes. Caminaba por los pasillos con la cabeza un poco más alta, aunque el rubor todavía aparecía fácilmente cuando sentía miradas sobre él. Pero ahora, las miradas eran diferentes. Algunas seguían siendo burlonas (Adam no perdía oportunidad de hacer un gesto obsceno o una risa ahogada), pero otras eran de curiosidad, incluso de un respeto cauteloso. Ser visto con Alastor, el rey no coronado de la elegancia escolar, le confería una capa de protección invisible.

Sus almuerzos se dividían. Algunos días, se sentaba con Angel, quien lo bombardeaba con preguntas protectoras ("¿Y cómo te trató? ¿No te hizo sentir raro?"). Otros días, Alastor lo reclamaba con un gesto de cabeza hacia su mesa.

Sentarse allí, entre Rosie, Vox, Lilith y Husk, era como entrar a un país extranjero. Vox le hablaba sobre videojuegos que Lucifer con gusto respondía; Rosie era dulce pero inquisitiva; Lilith lo observaba con su mirada impasible; y Husk apenas gruñía. Pero Alastor estaba allí, sonriendo, a veces inclinándose para susurrarle un comentario privado que hacía que Lucifer se sonrojara y se riera, sintiéndose, por unos momentos, como si perteneciera.

Las citas se convirtieron en su tesoro secreto. Una tarde de estudio en la biblioteca, donde Alastor, en lugar de burlarse, le explicó con paciencia un concepto de física que lo tenía desesperado. Caminatas por el parque después de clases, hablando de música (la clásica y de Jazz que le gustaba a Alastor) y arte (las esculturas y manualidades que hacia Lucifer). Cada momento era un regalo que Lucifer atesoraba, una prueba de que su valentía había valido la pena.

Un día, después de clases, Lucifer pasó cerca de los casilleros y vio a Vox con el brazo sobre el hombro de Alastor, hablando en voz baja.

"Oye, ¿en serio te gusta ese chico? ¿El Morningstar?" preguntó Vox, su tono entre curiosidad y sospecha. "Es como un hámster asustado. Es lindo y me cae bien, pero... ¿No me lo creo de tí?"

 

Alastor, que estaba cerrando su casillero, se volvió. Su sonrisa no era la habitual máscara de cortesía. Era más suave, más distraída, como si su mente estuviera en otro lugar. Sus ojos, detrás de los lentes, parecían perdidos en un pensamiento agradable. "Es un entretenimiento encantador," respondió, y su voz tenía un tono casi tierno que sorprendió incluso a Vox. "Más dulce de lo que esperaba. Y no tan simple como parece."

Vox levantó las cejas, pero no dijo más. Lucifer, escondido a la vuelta de la esquina, sintió que su corazón daba un vuelco de felicidad. Entretenimiento encantador. Para alguien como Alastor, eso era prácticamente una declaración de amor.

 

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Mientras tanto, en otra esquina del universo escolar, la tensión crecía. En la cafetería, Angel Dust clavaba los ojos en la mesa de Alastor, donde Lucifer reía tímidamente por algo que Rosie había dicho.

"Lo odio," murmuró Angel, triturando sus papas fritas con furia. "Odio esa sonrisa de maldito cocodrilo. Odio cómo Luci brilla como un idiota feliz alrededor de él. Algo no cuadra, Husk. Algo huele a podrido, y tiene el pelo rizado y lentes."

 

Husk, sentado frente a él, dio un sorbo largo a su café. Su expresión era de profundo fastidio, pero no dirigido a Angel. "No sé, Angel. Alastor es... Alastor. Siempre tiene un ángulo. Pero..." Hizo una pausa, buscando las palabras. "Últimamente está menos... cortante. Menos como si estuviera a punto de diseccionar a alguien verbalmente por diversión. Se distrae. Se queda mirando al espacio con esa maldita sonrisa suave."

 

"¿Eso se supone que me tranquilice?" preguntó Angel, con los brazos cruzados. "Que mi mejor amigo sea la nueva distracción adorable del psicópata elegante de la escuela?"

 

"Psicópata es una palabra fuerte," refunfuñó Husk. "Es un idiota arrogante, pero no le he oído suspirar nunca de esa forma. Creo que verdaderamente le gusta Lucifer."

 

"¡Eso es lo que más me preocupa!" Angel se inclinó hacia adelante, sus ojos oscuros llenos de fuego protector. "Tu amigo es un manipulador con sonrisa de póquer, Husk. Si todo esto es una broma, si lastima a Luci, habrá problemas. Problemas grandes." Comenzó a juntar las manos con nerviosismo.

Husk sostuvo su mirada, su gesto cansado. "Angel, te amo. Pero no empieces una guerra por tus paranoia. Lucifer parece... feliz. Por primera vez en mucho tiempo."

 

"Eso es lo que duele," susurró Angel, su furia desvaneciéndose en preocupación pura. "Porque si es falso, cuando se caiga... va a ser desde muy alto. Y no sé si podrá levantarse otra vez."

Miró a través del comedor, donde Lucifer ahora se levantaba de la mesa, despidiéndose con una sonrisa tímida. Alastor le dijo algo, y Lucifer rió, un sonido claro y alegre que Angel apenas reconocía. Era la risa de alguien que se sentía seguro, querido.

Y a Angel, ese sonido le sonaba a un presagio terrible.

Notes:

Feliz Navidad a todos. Espero y se la pasen super bien en sus casas. 🎁🎄

Gracias por los comentarios. Sinceramente no creí que ésto le gustara a alguien.

Nos veremos el viernes ✨

Recuerden que cualquier error, pueden decirme.

Chapter 4: Carne arruinada

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La noche envolvía el pequeño parque con una calma fría y húmeda. Las farolas emitían un resplandor anaranjado que creaba más sombras que claridad. Alastor llegó cinco minutos tarde, algo insólito en él. Su paso, usualmente elástico y controlado, era rígido, y mantenía la cabeza ligeramente baja, las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo marrón.

Cuando Lucifer lo vio acercarse bajo la luz, el corazón se le encogió. No era solo la tardanza. Era algo en su postura, una tensión que irradiaba de él como el frío. Y luego lo vio: un moretón violáceo y amarillento asomaba por el borde de su cuello de suéter, justo por encima de la clavícula. Otro, más fresco y oscuro, despuntaba en su mandíbula, apenas disimulado por la sombra de sus rizos caoba.

Lucifer no dijo nada. No preguntó "¿Qué te pasó?" o "¿Estás bien?". Sabía, con una certeza instintiva y dolorosa, que esas preguntas eran un territorio minado. En lugar de eso, cuando Alastor se detuvo frente a él, sin mirarlo a los ojos, Lucifer simplemente cerró la distancia y tomó una de sus manos, que estaba helada y ligeramente temblorosa, entre las suyas.

Alastor intentó un movimiento brusco para retirarla, pero la calidez de las manos de Lucifer lo detuvo. Por fin levantó la vista. Detrás de los lentes, sus ojos castaños tenían un vidrioso resplandor de ira, humillación y algo más: un cansancio profundo.

"No tienes que hablar," murmuró Lucifer, su voz tan suave como el roce de las hojas secas. "No tienes que ser perfecto conmigo, Al. Estoy aquí."

Esas palabras, simples y sin exigencias, fueron un bálsamo y un puñal al mismo tiempo. Nadie le había dicho algo así. En su mundo, siempre había que tener una explicación, una fachada, una excusa perfecta. La compasión silenciosa de Lucifer era un idioma extranjero que le desarmaba por completo.

Alastor dejó escapar un suspiro que era casi un temblor. "No deberías ver esto," dijo, su voz ronca, desviando la mirada hacia la oscuridad del parque.

"Te veo a ti," corrigió Lucifer con firmeza. "Eres más fuerte de lo que crees. Lo sé." Apretó su mano. "Y mereces bondad, Alastor. Toda la bondad del mundo."

Fue entonces cuando la última capa de orgullo y control de Alastor se resquebrajó. Esas palabras, dichas con una convicción tan absoluta, por alguien que él había considerado un simple "entretenimiento", le llegaron al centro mismo de su ser. Lo miró, realmente lo miró: los ojos azules llenos de una comprensión que no pedía nada a cambio, la cara pálida y decidida en su apoyo silencioso.

Todo el peso de la farsa, de la apuesta estúpida, de la mentira inicial, se le vino encima con la fuerza de una ola, mezclada con la vergüenza del presente. Había llegado aquí con la máscara puesta, y Lucifer, sin siquiera intentarlo, se la había quitado, revelando algo vulnerable y real que ni siquiera él sabía que tenía.

"Lucifer..." su nombre salió de sus labios como un suspiro cargado de algo demasiado grande para nombrar. Asombro, culpa, gratitud, y algo más, algo cálido y aterrador que había estado creciendo en su interior desde la rueda de la fortuna, por como se iluminaba el rostro del rubio frente a él. " tú... eres una estrella brillante."

Y antes de que el pensamiento racional pudiera detenerlo, antes de que el orgullo pudiera reconstruir los muros, se inclinó y besó a Lucifer.

No fue un beso calculado, ni teatral. Fue suave, un poco torpe, lleno de la emoción cruda del momento. Un beso que era una pregunta, una disculpa, y una confesión muda todo a la vez. Lucifer se quedó quieto por una fracción de segundo, sorprendido, y luego respondió con una ternura que hizo que a Alastor le doliera el pecho.

Por un momento, bajo la luz anaranjada de la farola, con el frío de la noche en sus rostros y el calor del otro en sus labios, la mentira se disolvió. Solo existía la verdad de ese beso. Y para ambos, fue perfectamente, desgarradoramente genuino.

 

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La euforia que siguió al beso fue un huracán dorado en el pecho de Lucifer. Durante días, flotó. El moretón en la cara de Alastor se desvaneció, pero la nueva dulzura entre ellos no.

Alastor se volvió mucho más cariñoso. Besos en el cachete y la frente que hacían sentir a Lucifer como en el cielo. Regalos pequeños, pines de patitos o sus dulces favoritos.

Lucifer quería compensarlo, y sellar ese momento de vulnerabilidad compartida en el parqué con algo especial. Alastor había mencionado de pasada su frustración con un proyecto de radio antigua que estaba restaurando. Lucifer, con sus hábiles manos para la miniatura y la artesanía, tuvo una idea.

Pasó todo el fin de semana trabajando en secreto en su taller casero, un rincón lleno de herramientas diminutas y piezas de metal y madera. Creó un dije para el llavero de Alastor: una réplica en miniatura, perfecta y detallada, del micrófono de su radio antigua, tallada en una madera oscura y con pequeños toques de latón pulido. En la parte trasera, grabó con su letra más fina: "Para la voz que quiero escuchar siempre."

El lunes, llevaba el pequeño estuche de terciopelo en su bolsillo, latiendo como un segundo corazón. Quería dárselo después de clases, en un momento tranquilo. Siguió a Alastor con la mirada durante el día, esperando su oportunidad.

La vio cuando Alastor, después de recoger sus cosas, se dirigió no hacia la salida principal, sino hacia un pasillo lateral menos transitado, cerca de los casilleros de deportes. Lucifer sonrió, palpando el estuche. Era el momento perfecto.

Se acercó sigilosamente, la alegría haciéndole caminar casi de puntillas. Pero al doblar la esquina, se detuvo en seco. No estaba solo.

Alastor estaba allí, sí, pero frente a él, bloqueándole el paso con su corpulencia, estaba Adam. La tensión en el aire era palpable, espesa como el humo.

"¡Vamos, Al!" la voz de Adam resonó en el pasillo vacío, cargada de impaciencia burlona. "¡Dile ya al enano que fue una apuesta! ¡La diversión se acabó! Llevas semanas jugando a la casita. Se está poniendo aburrido."

El mundo de Lucifer se inclinó ligeramente. ¿A-apuesta? La palabra flotó en su mente, sin sentido.

Alastor tenía los puños apretados a los costados. "¡Cállate, Adam!" le espetó, pero su voz no tenía la frialdad controlada de siempre. Sonaba estrangulada, estresada.

Adam soltó una risa corta y cruel. "¿Qué? ¿Te encariñaste con tu mascota patética? ¿La chupa muy bien?" Su mirada era un veneno puro. "Solo era un reto, ¿recuerdas? Nadie creyó que durara tanto."

Lucifer sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. Un zumbido llenó sus oídos. Sin darse cuenta, dio un paso adelante. El crujido de sus zapatos sobre el linóleo fue como un disparo.

Ambos se volvieron. Alastor palideció, sus ojos detrás de los lentes se abrieron de par en par, captando la imagen de Lucifer: el rostro que se desvanecía de color, los ojos que empezaban a vidriarse con la comprensión lenta y horrible.

"¿A-apuesta?" logró balbucear Lucifer. La palabra le quemó la lengua.

"Lucifer, no es lo que..." comenzó Alastor, dando un paso hacia él, una mano extendida. Pero la mentira se atascó en su garganta.

Adam, disfrutando cada segundo, completó el show frente a él. "¡Claro que sí! Todo fue un reto desde el principio. ¿Crees que alguien como Al," dijo, señalándolo con el dedo como si fuera una exhibición, "saldría contigo por voluntad propia? Por favor. Eres el chiste de la escuela, Morningstar."

Lucifer no miró a Adam. No podía apartar los ojos de Alastor. Veía el pánico, la culpa, la indecisión retorciéndose en su rostro. Todo el cariño, los besos, las palabras dulces se desmoronaban, revelando un vacío horrible debajo.

Con una voz que ya no reconocía, pequeña y quebrada por un dolor que empezaba a rasgarle el pecho, Lucifer hizo la única pregunta que importaba. "¿Es verdad?"

Esa fue la presión final. Bajo la mirada acusadora de Lucifer y la sonrisa burlona de Adam, el orgullo de Alastor, su miedo a quedar expuesto como un mentiroso blando, se alzó como un muro de defensa. La vergüenza se transformó en rabia, una rabia dirigida hacia Adam, hacia sí mismo, y en ese momento cegador, hacia la fuente de su vulnerabilidad: Lucifer.

Enderezó la espalda, y cuando habló, su voz era un látigo de hielo, cada palabra diseñada para causar el máximo daño, para alejar el dolor que sentía aproximarse.

"¡Y qué si lo es! ¿Qué esperabas?" Su risa era una cosa fea y forzada. "¿Que de verdad me interesara el patético del que todos se ríen? Fue lástima, Lucifer. Sólo eso. Una pésima inversión de mi tiempo, resulta."

El silencio que siguió fue absoluto. El golpe fue tan contundente que Lucifer ni siquiera retrocedió. Se quedó inmóvil, como si las palabras lo hubieran convertido en piedra. Luego, lentamente, como el primer indicio de una fractura, una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla. Luego otra. Resbalaban en silencio, limpiando un camino pálido en su piel.

La expresión en su rostro no era de rabia, ni de gritos. Era de devastación pura. La aniquilación total de un mundo entero que había construido con esperanza y besos.

Alastor vio esa expresión, y fue como recibir un puñetazo en el estómago. Todo el aire salió de sus pulmones. El odio hacia sí mismo lo inundó, viscoso y asfixiante.

Lucifer no dijo nada más. Dio media vuelta, con un movimiento lento y torpe, como un autómata con los cables cortados, y empezó a caminar. Luego, a correr. Sus pasos resonaron en el pasillo vacío, alejándose hasta desaparecer.

Adam soltó un silbido, rompiendo el hechizo de horror. "Vaya, hasta tú puedes ser cruel, Al. Me impresionas."

Alastor se volvió hacia él. Ya no quedaba ni rastro de la máscara. Solo el vacío y el odio, un veneno negro que le hervía en las venas. Su voz, cuando salió, fue un susurro ronco y cargado de una violencia que hizo que incluso Adam diera un paso atrás.

"Vete a la mierda."

Y luego, solo, en el pasillo silencioso, Alastor se dejó caer contra la pared de los casilleros, el sonido metálico del impacto haciendo eco. Se deslizó hasta el suelo, enterró el rostro en sus manos, y se estremeció, atrapado en el frío glacial de su propia y perfecta ruina.

Notes:

La cagaste Al.

Pero bueno aquí el capítulo 4, que por cierto no sabía como ponerle. Tal vez le cambie el nombre, no lo se, mis títulos son porquería

Espero y les hayan dado cosas increíbles. Me dieron puro dinero pero no me quejo, ya me lo gaste en unos audífonos.

Cualquier error pueden decirme.
Nos vemos el Lunes ✨

Chapter 5: Estrella moribunda

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La oscuridad era un manto pesado. Lucifer no había abierto las cortinas en tres días. El mundo exterior—el sol, la escuela, la vida—parecía una ficción cruel y distante. Estaba enrollado en su cama, rodeado de los peluches que Alastor le había ganado, que ahora eran recordatorios mudos de cada mentira. El gato rojo de ojos desorbitados lo miraba con burla silenciosa.

Un golpe suave en la puerta. "Luci... bombón, soy yo. Déjame entrar." La voz de Angel era inusualmente suave, sin su chispa habitual.

 

"No quiero," murmuró Lucifer, su voz áspera por el desuso y las lágrimas.

 

La puerta se abrió de todos modos. Angel entró cargando una bolsa de papas fritas y dos latas de refresco. Su expresión, al ver a Lucifer hundido en las sábanas, se endureció de dolor e ira.

 

"Husk me lo contó," dijo Angel sin preámbulos, sentándose al borde de la cama. "El muy idiota. Una 'apuesta'." Escupió la palabra como si tuviera mal sabor. "Le voy a romper la cara a los dos. A Adam por idearlo y a ese cuatro ojos de mierda por aceptarlo."

 

Lucifer no respondió. Solo apretó más fuerte el peluche.

 

"Luci, mira, yo te lo dije, ¿no? Tenía mala espina. Pero tú... estabas tan feliz." La voz de Angel se quebró un poco. "Mierda, cariño. Lo siento tanto."

 

"Él me besó," susurró Lucifer, su voz apenas audible. "Sabiendo que era todo mentira, un juego, me besó."

 

Esa fue la gota que colmó el vaso para Angel. Se levantó, furioso. "¡Eso lo hace peor! Es un maldito monstruo. No vuelvas a mirarlo, ¿me oyes? No le des el gusto."

 

Pero Lucifer ya no tenía lágrimas. Solo un vacío enorme y frío donde antes había latido una esperanza brillante. Asintió lentamente, no por acuerdo, sino por agotamiento. Angel se sentó de nuevo, pasó un brazo sobre sus hombros y se quedó allí, en la habitación oscura, siendo la única luz que Lucifer podía soportar.

 

 

 

 

El silencio en la habitación de Alastor era de otra clase: eléctrico, cargado de ira contenida. Había tirado varios libros al suelo, y un vaso yacía hecho añicos contra la pared. Su padre había estado de "mal humor" anoche, y la rabia impotente que siempre le producían esos encuentros se había mezclado con el veneno de su propia culpa, creando una tormenta perfecta.

 

El timbre de la puerta sonó, insistente. Alastor ignoró. Sonó de nuevo. Luego, la voz de Rosie, dulce pero firme, llegó desde el porche. "Alastor, cariño, sé que estás ahí. Abre. O Vox forzará la cerradura, y tú sabes lo desastroso que es con las herramientas."

 

Con un gruñido, Alastor bajó y abrió la puerta. Rosie, Vox, Lilith y Husk estaban allí, con expresiones que iban desde la decepción (Rosie y Husk) hasta la incredulidad (Vox) y la frialdad impasible (Lilith).

 

Entraron sin ser invitados y siguieron a Alastor hasta su habitación. Vox silbó al ver el desorden. "Buen día, ¿eh?"

 

"¿Qué quieren?" espetó Alastor, sin ofrecerles asiento.

 

Fue Rosie quien dio un paso al frente. "Hemos oído un rumor muy feo, Alastor. Sobre una apuesta. Con Adam. Sobre Lucifer Morningstar."

 

Alastor se quedó rígido. No dijo nada, pero el pánico que cruzó sus ojos fue toda la confirmación que necesitaban.

 

"¿En serio?" Vox exhaló, incrédulo. "¿Toda esa cosa de 'entretenimiento encantador' era solo... un trabajo para clase de sociología?"

 

"Fue una tontería," masculló Alastor, desviando la mirada. "Un reto estúpido de Adam. No tiene importancia."

 

"¡Claro que la tiene!" La voz de Rosie perdió su dulzura por primera vez. "Alastor, cariño, fuiste un idiota. Un idiota monumental." Se acercó, obligándolo a mirarla.

 

"Pero ese chico... Lucifer... te hacía sonreír de verdad. Lo vimos. Esa sonrisa distraída, esa manera de mirar al vacío pensando en algo agradable... esa no era una actuación. Y el hecho de que estés destrozando tu habitación ahora en lugar de estar con él, nos dice que tú también lo sabes. Piénsalo."

 

Alastor quiso discutir, quiso despedirlos con una frase cortante. Pero las palabras de Rosie resonaron en el vacío que sentía. Sonreír de verdad. La rueda de la fortuna. El beso. El consuelo silencioso. Todo había sido real para él en esos momentos, a pesar del inicio falso. Y ahora, debido a su orgullo y su crueldía, lo había perdido. Se dejó caer en una silla, el peso de la verdad demasiado grande para soportarlo de pie.

Lilith, que había permanecido en silencio, habló por fin. "Arreglarlo será casi imposible. El daño está hecho. Pero el intento es lo único que podría salvarte a ti de lo que te estás convirtiendo." Y luego se dio la vuelta y se marchó, seguida por un Vox pensativo y una Rosie que le lanzó una última mirada de compasión y severidad. 

Husk se quedo un poco más para después mover la cabeza con desaprobación y marcharse.

 

 

 

 

Lucifer no sabía qué hora era. Solo sabía que el vacío en su estómago era tan grande como el de su pecho, y que quizás un poco de chocolate podría llenar, aunque fuera por un minuto, el primero. Se puso un gorro y una bufanda para protegerse del frio, y caminó hasta una tienda de 24 horas.

El fluorescente blanco era agresivo. Caminó directamente al pasillo de los dulces, sus ojos vidriosos pasando por las barras. Su mano temblorosa se extendió hacia una barra de chocolate con almendras. La estaba tomando cuando sintió una presencia a sus espaldas, una respiración entrecortada.

 

Se giró. Y allí estaba él. Alastor. Parecía casi tan demacrado como Lucifer, sus ojos oscurecidos, su ropa desaliñada. Se veía... destrozado.

Lucifer sintió que el pánico, un viejo amigo, lo agarraba por la garganta. Tomó el chocolate, lo apretó contra su pecho y caminó rápidamente hacia la caja, su corazón martillándole las costillas.

 

"Lucifer, espera" la voz de Alastor, ronca y desesperada, lo alcanzó a mitad del pasillo.

 

Lucifer no miró atrás. En la caja, sus manos temblaban tanto que apenas podía contar las monedas. "Rápido, por favor," le suplicó al cajero.

Una vez fuera, el aire frío de la noche lo golpeó. Caminó a paso rápido, intentando abrir el chocolate con dedos entumecidos por el frío y los nervios. Oía pasos apresurados detrás de él.

 

"¡Lucifer, por favor! ¡Solo déjame hablar!" Alastor estaba casi a su altura.

 

"¡Vete a la mierda!" gritó Lucifer, un estallido de rabia que salió de la nada, y en su agitación, el chocolate se le escapó de las manos y cayó al suelo.

 

Ambos se detuvieron. Alastor, más rápido, se agachó y lo recogió. Con movimientos deliberados, aunque sus propias manos temblaban ligeramente, abrió el envoltorio. Extendió la barra hacia Lucifer, una ofrenda en silencio.

Lucifer se la arrebató, evitando tocar sus dedos, evitando su mirada. El silencio era espantoso, roto solo por su respiración entrecortada.

 

"Lo siento," empezó Alastor, la voz cargada de una emoción cruda. "Me siento como un jodido idiota, y eso es poco. Tú eres... una persona increíble. La mejor que jamás he conocido, y yo—"

 

"Por primera vez," lo interrumpió Lucifer, su voz no era un grito ahora, sino algo peor: fría, plana, agotada. No miraba a Alastor, sino la barra de chocolate en sus manos.

 

"Por primera vez no me sentí un raro, Alastor. No me sentí invisible. Me sentí... escuchado. Visto. Como si valiera algo." Finalmente alzó la vista, y sus ojos azules, antes tan llenos de luz, ahora eran pozos de decepción congelada. "Y tú lo convertiste en la peor burla de todas. En la humillación definitiva. Por favor... déjame en paz."

 

Giró sobre sus talones y se alejó, dejando a Alastor plantado en la acera, la palabra "perdón" muriendo en sus labios, reemplazada por la comprensión helada de que algunas heridas no se cerraban con disculpas.

 

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Lucifer volvió a la Preparatoria Hazbin una semana después. Era como si hubiera vuelto un fantasma de su antiguo yo. Caminaba con la cabeza baja otra vez, pero no por timidez, sino por desapego. No hablaba. No sonreía. Respondía con monosílabos incluso a Angel. Era una sombra pálida y silenciosa que se movía por los pasillos, ignorando los murmullos renovados.

Alastor lo observaba desde lejos, desde la puerta de un aula, desde el otro extremo del patio. Cada vez que veía a Lucifer aislarse en una mesa vacía de la biblioteca o saltarse el almuerzo, la culpa le roía las entrañas con dientes más afilados. He matado su luz, pensaba, atormentado. La aplasté por orgullo. Y ahora esta sombra que he creado me atormenta más que cualquier remordimiento.

 

El realmente se había enamorado de Lucifer Morningstar.

 

Comenzó a dejar cosas en su casillero. Cartas de disculpa, chocolates caros, una cinta con una mezcla de música de radio antigua que sabía que a Lucifer le gustaba. Todo anónimo. Era un intento patético de remediar lo que había hecho, y lo sabía.

 

Lucifer estaba cansado de los regalos. Cada dulce anónimo era un recordatorio, cada nota no leída un eco de las mentiras. Ese día, decidió llegar antes para ver si podía interceptar al fantasma benévolo.

Y lo hizo. Al doblar la esquina hacia su fila de casilleros, lo vio, de espaldas a él, deslizando con cuidado un sobre color crema por la ranura del casillero 143.

Un fuego frío se encendió en el pecho de Lucifer. Caminó hacia él, sus pasos silenciosos en el linóleo. Alastor, sintiendo su presencia, se volvió lentamente, sus ojos se ensancharon detrás de los lentes.

Sin decir una palabra, Lucifer extendió la mano, abrió su casillero y sacó el sobre aún sin tocar. Lo sostuvo entre sus dedos, mirándolo con desprecio. Luego, lentamente, lo apretó. El crujido del papel al estrujarse fue ensordecedor en el silencio del pasillo.

Alastor flaqueó, como si el sonido hubiera sido un golpe físico. El dolor en su rostro era desnudo, absoluto.

Lucifer entonces lo miró a los ojos. No había lágrimas, ni rabia. Solo una desilusión tan profunda y final que congeló la sangre de Alastor. En esa mirada, Alastor vio el reflejo de todo lo que había perdido y nunca merecería.

 

"Pendejo," dijo Lucifer, con una claridad glacial. Y luego, cerró su casillero con un golpe seco, dio media vuelta y se fue, dejando a Alastor solo con el papel arrugado de sus disculpas inútiles y el eco de una palabra que definía perfectamente la ruina que había hecho de todo.

Notes:

Capítulo 5.

Perdón por lo tardee. Mi hermano se compró una nueva consola, y hoy cerramos antes nuestra papelería y me pidió jugar con él.

Apenas tuve el tiempo de acomodar ésto.

Pero aquí lo traigo. Recuerden, cualquier error pueden decirme.

Chapter 6: Pantalla habladora

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El viento frío del patio barrió las hojas muertas alrededor de los pies de Lucifer. Estaba sentado en su banco habitual, el único lugar donde el sol de media tarde lograba calentar un poco el cemento. A su lado, Angel Dust masticaba un chicle con furia contenida, sus ojos ocultos tras gafas de sol oscuras, vigilando el entorno como un guardaespaldas.

Husk se acercó con su habitual aire de quien preferiría estar en cualquier otro lugar, arrastrando los pies. "Angel", gruñó a modo de saludo.

La reacción de Angel fue inmediata. Se puso de pie, colocándose entre Husk y Lucifer. "¿Qué quieres?", espetó, su tono defensivo y afilado.

 

Husk parpadeó, sorprendido. "Eh... saludarte a ti y a Luci. ¿Eso es un crimen ahora?"

 

"Sí, cuando vienes de parte de ese", replicó Angel, señalando con la cabeza en la dirección general del edificio principal, donde sin duda Alastor estaría. "¿Te envió a espiar? ¿A ver cómo está su proyecto roto?"

 

Lucifer se encogió un poco más en su chaqueta, deseando que el banco se lo tragara. No quería ser el centro de esto.

Husk frunció el ceño, su irritación habitual transformándose en algo más genuino. "Nadie me envía, Angel. Vine porque eres mi novio y él es tu amigo. ¿Desde cuándo necesito un pasaporte diplomático para hablar con ustedes?"

 

"Desde que tu mejor amigo decidió jugar a los bolos con el corazón de Luci usando una apuesta como entrada", contestó Angel, cruzando los brazos. "Así que sí, ponte de qué lado estás, Husker. ¿Con el mentiroso de sonrisa de radio o con la gente a la que le importan los sentimientos de verdad?"

Husk suspiró, pasándose una mano por el rostro. "Mira, no apruebo lo que hizo Al. Fue una mierda. Una mierda colosal. Y se lo dije." Su mirada se desvió hacia Lucifer, quien lo observaba con cautela desde detrás de Angel. "Pero creo que se atrapó a sí mismo en su propia trampa. Y ahora está pagando por ello. Con creces."

 

"¡Bien por él!" chilló Angel. "Que sufra. Merece sufrir una eternidad por lo que hizo."

 

"Tal vez", admitió Husk, su voz baja. "Pero el punto es que yo no soy él. Yo soy yo. Y estoy aquí por ti, y por Luci, si me deja." Miró directamente a Lucifer. "No te pediré que lo perdones. Solo que no me eches a mí también, por asociación."

Lucifer sostuvo su mirada unos segundos. Husk siempre había sido gruñón, pero nunca falso. Nunca había sido cruel con él. Asintió lentamente, una vez. Un gesto pequeño, pero suficiente.

Angel resopló, aún tenso, pero bajó los brazos. "Está bien. Pero si abres la boca para defenderlo, te vas."

 

"Justo", aceptó Husk, y se sentó pesadamente en el extremo opuesto del banco, encendiendo un cigarrillo y ofreciendo un silencio incómodo pero no hostil.

 

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Más tarde, Lucifer buscó refugio en la azotea. El lugar donde todo había comenzado con su confesión a Angel ahora era su fortaleza de soledad. Se apoyó contra la barandilla de seguridad, observando cómo las nubes grises se acumulaban en el horizonte, prometiendo más frío.

Angel y Husk comenzaron a ser más melosos y él no queria estar de mal tercio. Sobretodo ahora que es una carga depresiva.

No estuvo solo por mucho tiempo. La puerta de la azotea se abrió con un chirrido, y Vox asomó la cabeza, su cabello negro desordenado por el viento.

 

"¿Te importa si me uno a ti?" preguntó, menos arrogante de lo habitual.

 

Lucifer se encogió de hombros, una invitación neutra. Vox se acercó y se apoyó a su lado, sacando del bolsillo de su chaqueta una barra de chocolate negro con sal marina, la favorita de Lucifer. La dejó sobre la barandilla entre ellos.

"De parte de nadie", aclaró Vox rápidamente, antes de que Lucifer pudiera rechazarla. "Solo sé que es tu favorito."

 

Lucifer miró el chocolate, luego a Vox. "¿Por qué estás aquí, Vox?"

 

Vox suspiró, jugando con su teléfono antes de guardarlo. "Porque soy un chismoso incorregible y porque veo un drama de tres actos desarrollándose y es más interesante que cualquier serie de streaming." Hizo una pausa, y su tono se volvió un poco más serio. "Y porque Alastor es mi amigo, y tú... bueno, nunca me caíste mal, Morningstar."

 

"Tu amigo me destrozó", dijo Lucifer, la frase saliendo plana, sin emoción. Ya estaba cansado de decirla.

 

"Lo sé", admitió Vox. "Y fue la cosa más idiota y autodestructiva que he visto hacer a alguien que se supone es inteligente." Miró a Lucifer de reojo. "Rosie, Lilith y yo nos enteramos después del hecho. Nos confrontó. No lo aprobamos. Para nada."

 

"Rosie y Lilith me caen muy bien, pero eso no cambia nada."

 

"No, no lo hace", concordó Vox. "Pero hay dos cosas que quizás sí deberían cambiar algo en tu perspectiva, aunque sea un milímetro." Respiró hondo.

 

"Primera: nunca, en todos los años que lo conozco, lo había visto tan genuinamente feliz como cuando estaba contigo. No era su sonrisa de 'hola, voy a destruirte verbalmente'. Era... distraída. Suave. Real. Lo notamos todos."

 

Lucifer apretó los puños dentro de sus bolsillos. Esa memoria era un cuchillo torcido en una herida abierta.

 

"Y segunda", continuó Vox, su voz bajando. "Nunca lo había visto tan mal. Ni cuando su padre... bueno, tú sabes." No necesitaba terminar la frase; Lucifer había visto los moretones. "Él es un maestro en ocultar todo. Pero después de... de lo que pasó en el pasillo, desdé que te fuiste... fue un desastre. No en público, pero nosotros lo vimos. Tú hiciste que se derrumbará."

 

Lucifer cerró los ojos. No quería esa imagen en su cabeza. No quería sentir nada parecido a la compasión.

 

"Todo lo que quiero decir es esto", concluyó Vox, recogiendo el chocolate y ofreciéndoselo de nuevo, con más insistencia esta vez. "Tú lo hiciste sonreír de un modo que nosotros, sus amigos de toda la vida, no podemos. Y tú lo hiciste caer de un modo que su padre de mierda nunca logró. Eso... eso significa algo. No excusa el principio, joder, no. Pero el medio... el medio quizás no fue todo una mentira. Piensa en eso."

 

Vox dio una palmada suave en su hombro y se dio la vuelta, dejándolo solo con el chocolate en la mano y un torbellino de confusión en el pecho.

Lucifer miró la barra. La abrió y le dio un mordisco. El amargor del cacao y el golpe salado de la sal marina eran intensos, abrumadores. Como las emociones que ahora luchaban dentro de él. La rabia y el dolor eran seguros, eran su nueva armadura. Pero las palabras de Vox habían plantado una semilla diminuta y peligrosa de duda.

¿Y si, en algún lugar entre el "sí" por apuesta y el beso en el parque, algo había florecido de verdad?

¿Y si la luz que él creía haber visto en los ojos de Alastor no era solo un reflejo de la suya propia,sino algo generado desde dentro?

Masticó el chocolate, sintiendo cómo se derretía en su boca, dulce y amargo al mismo tiempo. El viento azotó su rostro, pero por primera vez en semanas, no sintió solo el frío vacío. Sintió una confusión cálida y desgarradora, y supo que, a pesar de todo, la historia no había terminado.

 

Es cuando le vino a la mente. El baile de invierno se acercaba pronto.

Notes:

Éste capítulo fué mucho más corto, lo sé.
Pero enserio quería escribir una plática entre Luci y Vox.
Y como dice una etiqueta, Al y Vox son amigos por lo que sabe algunas cosas, y no es tan idiota.

Además también me gusta el Staticapple. Soy multishipper, que puedo decir.

Pero espero que haya podido comunicar bien lo que quería en está conversación.

Feliz año nuevo ✨🎉

Chapter 7: Ángel brillante

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El salón del baile de la Preparatoria Hazbin era un espectáculo de papel crepé, luces giratorias y tafetán barato. Para Lucifer, era solo un mar de ruido y caras borrosas en el que se sentía terriblemente fuera de lugar. Angel lo había convencido de asistir ("¡Es tu último año, bombón! ¡No puedes pasártelo llorando en tu cuarto!"), y Husk, aunque reticente, estaba allí como apoyo moral.

Lucifer se veía deslumbrante. Llevaba un traje de esmoquin de corte clásico, pero con un forro interior de seda roja y reflejos dorados en los puños y el cuello que brillaban tenuemente con cada movimiento. Sin embargo, la elegancia de su atuendo contrastaba con su fragilidad. Parecía una figurilla de porcelana fina, hermosa pero a punto de romperse con el más leve contacto.

Se pasó la mayor parte de la noche sentado en una silla en un rincón, viendo cómo Angel y Husk, se reían y bailaban. Intentó sonreír por ellos, pero la expresión no llegaba a sus ojos. Sentía miradas a su espalda, susurros. La historia de la apuesta era el chisme favorito, y su presencia era un recordatorio viviente.

Fue entonces cuando Adam, visiblemente borracho y con una expresión rencorosa, se desprendió de su grupo. Llevaba un traje arrugado y su sonrisa era un gesto torcido. Sus ojos se fijaron en Lucifer, sentado solo junto a la larga mesa del ponche.

"¡Mira quién está aquí! ¡El principito de cristal!" Adam voceó, tambaleándose un poco. Varias personas volvieron la cabeza. "¿Esperando a tu príncipe azul, Morningstar? Creí que ya te había dejado claro que los cuentos de hadas no existen para gente como tú."

Lucifer apretó los dientes, mirando fijamente al suelo. Por supuesto que metería alcohol el muy imbécil. No reacciones, no le des el gusto.

Adam se acercó más, fingiendo tropezar torpemente. "¡Uy, perdón!" exclamó con falsedad, y con un movimiento deliberadamente amplio de su brazo, golpeó el borde de la mesa del ponche.

Todo sucedió en cámara lenta para Lucifer. El gran recipiente de cristal, lleno de ponche rojo y pegajoso, se balanceó peligrosamente, luego se inclinó. Un torrente de líquido frutal y trozos de hielo se precipitó directamente hacia él. Lucifer se paralizó, viendo acercarse la mancha inevitable, sintiendo ya la humedad fría y la humillación pública.

 

Pero el golpe no llegó.

 

Una figura se interpusó entre él y el torrente con una velocidad sorprendente. Un chorro de ponche rojo impactó de lleno contra un traje impecablemente planchado de color rojo oscuro, empapándolo al instante. El líquido goteó de los rizos cuidadosamente peinados, manchó la camisa blanca y chorreó por el pantalón.

Alastor no hizo un sonido. No retrocedió. Simplemente se mantuvo allí, de espaldas a Lucifer.

Un escudo humano, tomando el golpe destinado a él. Luego, muy lentamente, se volteó. Sus lentes estaban salpicados de líquido, pero detrás de ellos, sus ojos estaban fijos solo en Lucifer. Había una calma extraña en ellos, una resignación total.

Lucifer lo miró, atónito. Conocía la obsesión de Alastor por la pulcritud, por la impecabilidad. Verlo así, empapado, manchado, públicamente humillado... era sorprendente.

Adam soltó una risita ebria. "¡Vaya, el caballero al rescate! Qué conmovedor."

Alastor lo ignoró por completo. No le dirigió la mirada a Adam. Toda su atención estaba puesta en Lucifer, que seguía frente a él, con los ojos como platos, salpicado solo por unas pocas gotas.

"Sería un crimen absoluto", dijo Alastor, y su voz era sorprendentemente clara y suave a pesar del caos a su alrededor, "manchar algo tan hermoso." Una gota de ponche le resbaló por la mejilla. "Te ves como un ángel, Lucifer. Un ángel de verdad."

Fueron las palabras más sinceras y desesperadas que Lucifer le había escuchado. Sin pensar, impulsado por un torbellino de emociones—gratitud, confusión, y el residuo de un amor que se negaba a morir—, Lucifer se puso de pie. Tomó a Alastor del brazo, evitando las partes más mojadas.

"Ven", dijo, su voz temblorosa. "Vamos a limpiarte."

 

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El baño de hombres estaba vacío, el sonido de la música convertido en un lejano latido sordo. Lucifer empapó un montón de toallas de papel bajo el grifo de agua tibia y se las ofreció a Alastor, quien se había quitado la chaqueta arruinada y la miraba con desdén.

La tensión entre ellos era palpable, un campo de fuerza cargado de todo lo dicho y no dicho. Alastor comenzó a limpiarse la cara y el cuello con movimientos mecánicos, evitando el espejo.

"Lo siento", dijo Lucifer finalmente, rompiendo el silencio. "Por... por tu traje."

Alastor dejó la toalla de papel. "No", dijo, su voz quebrada. "No te disculpes. No por esto. Esto... esto es lo mínimo." Finalmente levantó la vista para mirarlo. El ponche había limpiado sus lentes; sus ojos castaños eran pozos de dolor y vulnerabilidad absoluta.

 

"Yo soy el que debe disculparse. Por todo. Por el principio estúpido, por las palabras crueles, por cada segundo que te hice dudar de tu propio valor."

 

Lucifer se apoyó contra el lavabo, sintiendo cómo el mármol frío le traspasaba la espalda. "¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué aceptaste la apuesta?"

"Orgullo", admitió Alastor sin rodeos. "Puro y estúpido orgullo. Adam me desafió, insinuó que no podría manejar la situación, que me daría miedo. Y yo... no puedo tolerar que me subestimen." Bajó la cabeza. "Fue la peor decisión de mi vida. Y la más afortunada."

Lucifer frunció el ceño. "¿Afortunada?"

"Porque te conocí", susurró Alastor. "Y en el proceso de fingir, me desnudé. Dejé entrar tu luz. Y descubrí que había partes de mí que no conocía. Partes que podían reír en una feria, que podían sentirse consoladas, que podían amar." La palabra flotó en el aire húmedo del baño, pesada y real. "Te amo, Lucifer Morningstar."

Lucifer sintió que el corazón se le aceleraba, en un doloroso estremecimiento.

"Y destruí la única cosa buena que tuve por pura estupidez", continuó Alastor, su voz cargada de una emoción cruda. "No te pido que me perdones. No merezco tu perdón. Ni siquiera sé cómo empezar a pedirlo." Se acercó un paso, pero se detuvo, manteniendo la distancia. "Te pido una oportunidad."

 

"Una oportunidad para demostrarte que cada día, desde que te conocí de verdad en en ese parque de diversiones, el 'Alastor' de la apuesta fue muriendo, y el que quedó... el que quedó está irrevocablemente, desesperadamente, y para siempre enamorado de ti."

 

Las lágrimas que Lucifer había contenido se asomaron finalmente, silenciosas y cálidas. Miró a Alastor, a este chico arrogante y complejo ahora frente a él, emocional ante él, empapado en ponche y sinceridad.

 

"Todavía te amo", confesó Lucifer, su voz en un hilo de sonido. "Esa es la parte más estúpida de todo esto. A pesar del dolor, de la humillación... no he podido apagarlo." Tragó saliva. "Pero la confianza, Al... está rota. Hecha añicos. No sé si puedo... no sé si sé cómo volver a creer en ti. Cómo dejar de ver a Adam riéndose  o a tí gritando cada vez que te acercas."

 

El dolor en los ojos de Alastor fue físico, pero asintió, aceptando el golpe. "Lo sé. Y no espero que sea fácil. Ni rápido. Solo... déjame intentar demostrártelo. Día a día. Con hechos, no con palabras vacías. Deja que te gane de nuevo."

Lucifer se pasó una mano por el rostro, limpiándose las lágrimas. El fantasma del amor luchaba contra el espectro de la traición en su pecho. Miró a Alastor, verdaderamente lo miró: su vulnerabilidad, su arrepentimiento, el sacrificio absurdo de su preciada impecabilidad en el baile. Vio la verdad en sus ojos, tan clara como lo había sido la mentira antes.

"No sé si puedo", repitió, pero esta vez su voz tenía un matiz diferente. No era un no definitivo. Era una admisión de su propio miedo, de su propia debilidad. "Pero... tampoco sé cómo dejar de amarte."

Fue una rendición, pero también un principio. Un frágil puente tendido sobre un abismo de dolor.

Alastor no sonrió. No se acercó a abrazarlo. Solo asintió, con una solemnidad que prometía más que cualquier juramento dramático. "Entonces me aferraré a eso", dijo en voz baja. "Y haré todo lo posible para convertirla en una bendición."

Desde el salón, el DJ anunció la última canción lenta. El baile estaba terminando. Su conversación había llegado a su fin, pero algo nuevo, frágil y precario, había comenzado.

Lucifer tomó otra toalla de papel y, con un movimiento tímido, le limpió una última gota de ponche de la sien a Alastor. "Deberíamos volver", murmuró.

"Sí", dijo Alastor. Y juntos, uno manchado y el otro intacto, pero ambos decididamente cambiados, salieron del baño y regresaron al mundo, listos para enfrentar la complicada y esperanzadora tarea de reconstruir algo a partir de las ruinas.

Notes:

Si, bueno. Éste es el capítulo final.

Pero aún hay un pequeño epílogo.

Espero y les haya gustado está historia que se me ocurrió mientras comía :)

Gracias por haber leído hasta aquí y darle una oportunidad.

Notes:

Hola, está es mi primera vez publicando en Ao3

Entonces, está obra ya está terminada. Publicare un capitulo cada Lunes, Miércoles y Viernes

Lucifer es un soñador enamorado, no tengo nada más que decir

Gracias y cualquier error ortográfico o de cualquier otra cosa háganmelo saber.