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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-22
Updated:
2026-01-09
Words:
15,424
Chapters:
18/?
Comments:
1
Kudos:
5
Hits:
96

Las herederas

Summary:

Cuando el planeta Thalyra cayó, dos pequeñas herederas fueron enviadas al vacío del espacio con una sola esperanza: sobrevivir. La Tierra se convirtió en su refugio inesperado, y Kara Zor-El, Supergirl, en el puente entre dos mundos marcados por la pérdida.
Junto a su esposa, Lena Luthor, Kara no solo enfrentará amenazas galácticas y decisiones imposibles, sino que descubrirá que incluso tras la destrucción más absoluta, el amor puede construir un hogar. Esta es una historia sobre familia, legado y la fuerza de elegir amar… incluso cuando el universo parece estar en contra.

Chapter 1: El Último Amanecer en Thalyra

Chapter Text

El planeta Thalyra era un mundo de luz y armonía, un oasis en el corazón de la galaxia. Desde el espacio, parecía una esfera luminosa envuelta en nubes iridiscentes que brillaban con matices de azul y dorado. Su atmósfera, cargada de cristales de energía suspendidos en el aire, creaba auroras permanentes que teñían el cielo con colores cambiantes.

Los océanos de Thalyra no eran simples masas de agua, sino mares líquidos de tonos plateados, con corrientes que brillaban bajo la luz de su sol gemelo. La superficie estaba cubierta de enormes bosques cristalinos: árboles de tallos traslúcidos cuyas hojas parecían fragmentos de vidrio que reflejaban la luz en mil destellos. Entre esos bosques crecían flores que no se abrían con el día, sino con la música: cada nota tocada por los habitantes del planeta despertaba su fulgor.

Los thalyrianos eran una raza elegante y orgullosa, altos, de piel luminosa que variaba en tonalidades —algunos plateados, otros dorados, otros con reflejos violáceos— y con ojos que brillaban como estrellas. Su cultura se basaba en dos pilares: la sabiduría y la herencia. Desde generaciones, los reyes de Thalyra habían gobernado no con poder bélico, sino con la fuerza de la diplomacia, el arte y el conocimiento.

El palacio real, construido en la cima de la Montaña de los Mil Ecos, era una maravilla: torres de cristal viviente que cambiaban de forma con la luz del sol, jardines suspendidos que flotaban alrededor gracias a la energía del núcleo del planeta, y un trono tallado en la primera piedra de Thalyra, símbolo de eternidad.

Dentro de esas murallas habitaban los reyes: Aeryn y Seliora, líderes amados y respetados. Junto a ellos estaban sus dos hijas: Lyara, la mayor, de apenas siete años thalyrianos (equivalentes a cinco años humanos), de cabellos plateados y ojos azul profundo.
Seris, la menor, de cuatro años thalyrianos (equivalentes a tres años humanos), inquieta, de cabellos dorados y ojos violetas que parecían contener destellos eléctricos.
Eran niñas, pero su linaje las convertía en el futuro de todo un pueblo.

La noche que cambió todo comenzó con un temblor en la montaña. Al principio, se pensó que era un fenómeno natural. Pero pronto el cielo se llenó de naves negras, tan numerosas que apagaron las auroras. Eran los Dravenn, una raza nómada de conquistadores. Conocidos por arrasar planetas ricos en energía, no dejaban nada vivo a su paso.

Los rayos de sus armas perforaron los bosques cristalinos, que se quebraron como espejos bajo fuego. Las ciudades se sumieron en el caos. El ejército thalyriano, aunque valiente, no estaba preparado para una guerra de tal magnitud. Dentro del palacio, las sirenas de emergencia resonaban. Aeryn sujetaba su espada ceremonial, aunque sabía que no sería suficiente contra los Dravenn. Seliora corría por los corredores con las niñas en brazos.
—¡No podemos permitir que las encuentren! —dijo la reina, con la voz quebrada pero firme—. Ellas deben vivir.

En una cámara secreta bajo el trono, los reyes habían preparado hacía tiempo un plan de escape que jamás pensaron usar. Una pequeña nave, diseñada con los recursos más avanzados de su pueblo, esperaba lista. Estaba programada para dirigirse hacia un planeta seguro, uno donde los reyes habían depositado su confianza: la Tierra.

Kara Zor-El, conocida en Thalyra como la Guardián de la Luz, había sido la embajadora kryptoniana que selló la alianza con su reino años atrás. En su corazón, sabían que si alguien podría proteger a sus hijas, sería ella. Lyara se aferraba al vestido de su madre.
—Mamá, no quiero irme… tengo miedo.
Seliora acarició su rostro con ternura.
—No temas, mi estrella. Irás a un lugar donde alguien muy especial cuidará de ti. Tú y tu hermana deben vivir, por nuestro pueblo, por lo que somos.

El rey Aeryn activó la consola de la nave. La energía comenzó a vibrar mientras lágrimas recorrían sus mejillas.
—Perdónenos, mis pequeñas… —susurró, con la voz rota. Los sonidos de explosiones se acercaban. Las puertas del palacio temblaban con cada impacto. La nave se cerró. Las dos niñas, abrazadas, miraban por la ventanilla con los ojos llenos de lágrimas.
—Papá… mamá… —murmuró Seris, apenas entendiendo lo que pasaba.
Con un último gesto, Aeryn presionó el control. La cápsula se lanzó al espacio, atravesando las nubes doradas de Thalyra y alejándose a toda velocidad, rumbo a la Tierra.

Segundos después, los invasores derribaron las defensas del palacio. El rey y la reina se pusieron de pie, juntos, uno al lado del otro, dispuestos a luchar hasta el final. El cielo ardió. Y Thalyra lloró la caída de sus soberanos.