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Wirt y Sara: Crecer, correr y tropezar

Summary:

Wirt y Sara se vuelven novios, pero se enfrentan a una situación que los hace crecer, correr y tropezar. Historia ambientada en un universo diferente al de mi historia anterior ("Amor más allá del jardín"). Contiene algunos temas maduros.

Chapter Text

Wirt y Sara: Crecer, correr y tropezar

Prólogo

Esta es mi segunda historia basada en los personajes Wirt y Sara de la serie “Over the Garden Wall” (“Más allá del jardín” en español), la cual no ocurre en el mismo universo que mi historia anterior. En esta ocasión, la historia abordará el argumento de un embarazo adolescente no planeado entre la pareja, una idea que me vino a la mente y se estableció sin más. Disfruten.

 

Capítulo 1

Tras su aventura en Lo Desconocido donde descubrió el significado de ser valiente y logró salvar tanto a sí mismo como a su hermano menor, Greg, de las garras de la Bestia, Wirt finalmente le confesó sus sentimientos a Sara, la chica de su clase de la que ya llevaba algún tiempo enamorado, y antes de eso, había sido una buena amiga desde que tuvo el gusto de conocerla a los nueve años.

Wirt le había confesado a Sara lo que sentía por ella mediante una cinta grabada por él mismo en la que recitaba poemas que había escrito pensando en ella y mostrando su talento con el clarinete, en especial con piezas de Chopin, su compositor favorito. El día en que la pareja escuchó la cinta por primera vez en casa de Wirt, él se había sentido nervioso, pero había logrado contenerse. Cuando la cinta terminó con un sincero “buenas noches, Sara”, esta última se quedó mirando al rostro de su amigo llena de nerviosismo y expectación.

  • Me siento muy halagada, Wirt. Eres muy talentoso en esto – empezó a decir la chica, con un leve sonrojo en su rostro. Entonces, ¿me estás diciendo que me quieres como más que una amiga? ¿Te gusto, Wirt?
  • Si – confesó el chico honestamente – Me gustas mucho, Sara. Y esta es la forma en que he querido mostrarlo. Eres muy especial para mí, y me gusta mucho estar contigo. ¿Quieres ser mi novia, Sara? – preguntó Wirt mientras se inclinaba sobre una de sus rodillas.

Sara lo miró fijamente. Wirt siempre había sido un chico muy dulce y respetuoso con ella, y tenía que reconocer que sentía mucho afecto por él, más que por cualquier otro chico. Finalmente, habló para responder la pregunta de su amigo.

  • Si, Wirt – dijo con una voz emocionada, como si se tratara de una niña abriendo sus regalos de Navidad – te quiero y si quiero ser tu novia.

Los ojos de Wirt brillaron mientras su amiga lo abrazaba con cariño, seguido de un beso en la mejilla. No podía creerlo, había aceptado ser su novia. Se sintió como el chico más afortunado del mundo. La ahora pareja se mantuvo abrazada, sintiéndose llenos de amor mutuo.

  • Te prometo que siempre te cuidaré y te trataré con respeto y cariño, Sara. Nunca había sentido por nadie lo que siento ahora por ti – dijo Wirt.
  • Yo tampoco, Wirt. Eres un chico muy dulce y me siento afortunada de que seas la primera persona que se enamora de mi – respondió Sara.

La pareja salió de la casa de Wirt tomados de la mano, disfrutando el paisaje otoñal que envolvía su tranquilo vecindario. En el patio de la casa, estaba Greg jugando con su rana, Jason Funderburker, y con el gato de la vecina señora Parette, Snaffy. Cuando el niño vio a su hermano mayor tomado de la mano de Sara, sonrió y corrió hacia ellos.

  • ¿La abeja Sara ya es tu novia, Wirt? – preguntó el niño.

Wirt se sonrojó mientras Sara soltaba una risita.

  • Si, Greg, tu hermano y yo ahora somos novios – dijo la chica orgullosa.
  • Si, Greg, tal como escuchaste – dijo Wirt tratando de no sonar muy severo con su hermanito.

Greg le sonrió a Wirt, y lo felicitó por confesarle sus sentimientos a Sara. Así, la pareja fue a dar un paseo caminando por la ciudad, regresando a casa de Wirt para la cena junto a Greg y sus padres, Jonathan (quien en verdad era el padrastro de Wirt; su padre biológico, Patrick, había fallecido cuando el chico solo tenía siete años), y Whitney. La comida fue deliciosa: pechugas de pollo empanizadas acompañadas de patatas fritas y una ensalada de zanahoria rallada. Tras cenar, Wirt finalmente habló:

  • Mamá, Jonathan, Sara y yo queremos contarles que ya somos novios.

Jonathan se levantó de la mesa y abrazó a su hijastro, diciéndole lo orgulloso que estaba de él, y también felicitó a su ahora novia por aceptar salir con Wirt. Whitney, en tanto, le sonrió confidentemente a su hijo y también lo felicitó. Greg, sin embargo, hizo una pregunta que, aunque inocente, sonó un tanto mal.

  • ¿Eso significa que se van a besar y todo eso? ¡Qué asco! – exclamó.

Wirt le devolvió la mirada a su hermano y le dijo:

  • Greg, cuando crezcas lo entenderás. El amor es lo más bonito que existe en el mundo.
  • ¿Más bonito que las ranas y los caramelos? – preguntó Greg risueño.
  • Si, Greg, mucho más bonito que eso.
  • Greg, cuando seas mayor descubrirás que sientes algo muy especial por una chica, o quizás por otro chico – añadió Sara.
  • ¿Te puedes enamorar de un chico siendo tu un chico? – preguntó Greg asombrado.
  • Si, Greg, así como una chica puede enamorarse de otra chica. Cada persona es especial y diferente – replicó Sara.
  • ¡Eso es asombroso! ¡Se lo diré a la roca y a Jason Funderburker! – dijo Greg alegre y salió del comedor rumbo a su habitación.
  • Ese es mi Greg – dijo Jonathan – y tú, Wirt, felicidades por tu nueva novia. Solo recuerden, no hagan nada de lo que puedan arrepentirse, son muy jóvenes todavía.
  • Descuide señor, los dos seremos responsables en todo lo que hagamos – le respondió Sara.
  • Si, Jonathan – dijo Wirt, quien nunca se refería a él como “papá” – yo seré responsable y siempre cuidaré a Sara, pase lo que pase.

Tras la cena, Wirt se ofreció a acompañar a Sara hasta su casa, ubicada a cinco cuadras de la suya. La pareja salió de la casa de Wirt, y en el pórtico, tras mirarse a los ojos, los adolescentes tomaron valor y se dieron su primer beso de amor. Fue algo sencillo, sin lengua ni nada de eso, pero los llenó de un sentimiento hermoso que los recorrió de pies a cabeza. Tomados de la mano, caminaron hasta la casa de Sara donde finalmente se despidieron.

Cuando Sara entró a su casa, su hermana mayor, Isabelle, la notó bastante feliz y se acercó a ella para preguntarle que había sucedido. Sabía que Sara era amiga de Wirt e intuyó que tenía que ver con él.

  • Oh, hermanita, ¿por qué estás tan contenta?
  • ¡Wirt y yo ya somos novios! – replicó Sara, repleta de alegría.
  • ¡Te felicito! ¡Sabía que Wirt era el chico perfecto para ti! – le respondió su hermana.
  • Wirt es alguien muy especial para mí, Isabelle. Me siento tan feliz de que esté enamorado de mí y haya tenido el valor de confesarlo.

Justo en ese momento, Phoebe, la madre de Sara, se dirigió a la sala acompañada de Rochelle, la hermana menor de Sara, de siete años. Sara era la segunda de cuatro hijos: Isabelle, ella misma, Rochelle, y Mikey, el único niño quien apenas tenía dos años. Phoebe les preguntó a sus dos hijas mayores de que estaban hablando, y Sara comentó que Wirt le había pedido ser su novia y ella había aceptado. Su madre la felicitó y le dijo que cuando quisiera, podía invitar a Wirt a cenar para presentarlo ante la familia.

  • ¿Sara tiene novio, mamá? – preguntó la pequeña Rochelle.
  • Si, hija, tu hermana está creciendo – replicó su madre.
  • Qué bonito, yo también quiero tener novio cuando sea mayor – dijo Rochelle.
  • Para eso aún falta mucho tiempo, hermanita – le recordó Isabelle.

Sara se sentía orgullosa de que su familia no tuviera tapujos en hablar sobre estos temas. Aún recordaba con cariño como su madre y su hermana mayor la habían ayudado cuando le llegó su primer periodo, a los once años. El poder compartir el hecho de que ahora tenía novio con ellos la hacía sentirse confidente y orgullosa consigo misma. Por la noche, Sara también le comentó la noticia a su padre, Arnold. El hombre también felicitó a su hija y le pidió que fuera cautelosa y nunca permitiera que Wirt le hiciera algún tipo de daño. Sara sabía que su novio era incapaz siquiera de pensar en algo así, pero de todas formas le agradeció a su padre por el consejo. Así, esa noche Sara se fue a dormir feliz y afortunada por su nueva relación.

Mientras tanto, Wirt escribía un poema nuevo inspirándose en su éxito al lograr que Sara aceptara ser su novia, el cual agregaría a su creciente lista de composiciones originales. De igual forma, sentía paz y alegría de que su familia no lo juzgara ante las cosas que le apasionaban. En la escuela, Wirt era de los mejores de su clase, aunque igual tenía algunos aspectos en los que no era tan bueno, por ejemplo, la clase de gimnasia. Al comienzo del año escolar, se había unido a la clase un chico llamado Jason Funderberker (no confundir con la rana de Greg, que se escribe Funderburker), a quien Wirt al principio vio como un rival por el afecto de Sara, ya que Jason era algo más sociable pese a sus propios defectos, como su voz ronca o su baja estatura. Sin embargo, los eventos posteriores a su aventura en Lo Desconocido lo habían hecho dejar atrás esa sensación de inferioridad que lo atormentaba, y él y Jason se habían vuelto buenos amigos, en especial luego de que Sara le dejó muy en claro que no estaba interesada en él, ante lo cual Jason prontamente encontró que tenía mucho en común con otra chica de la clase llamada Sandra Wellington, y los dos empezaron a salir como novios poco después.

Sara, mientras tanto, también era una chica brillante en el sentido académico, además de que su habilidad física producto de ser parte del club de lucha libre de la escuela también la hacían destacar. Ella había conocido a Wirt cuando ambos tenían nueve años; ella se había mudado al tranquilo suburbio de Aberdale, Massachusetts con su familia provenientes de la Ciudad de México cuando sus padres tuvieron la oportunidad de conseguir un buen trabajo en Estados Unidos. Los padres de Sara se dedicaban a confeccionar y distribuir ropa para diversos mercados estadounidenses, mientras que Isabelle, la hija mayor, trabajaba como barista en la cafetería Blue Spruce, uno de los lugares más populares del centro de Aberdale.

Los días siguientes, la noticia de que Wirt y Sara ya eran pareja corrió como pólvora por toda la secundaria Crossroads. Jason felicitó a Wirt por finalmente conseguir el amor de Sara, ya que sabía que estaba enamorado perdidamente de ella. El grupo de la clase en general se sintió contento por la nueva pareja, era más que notorio que estaban hechos el uno para el otro.

Dentro de la escuela, sin embargo, había una persona que sentía mucha antipatía hacia Wirt y Sara, debido a sus propios prejuicios. Se trataba de Kirsten Cameron, una chica del último grado de la escuela quien se autonombraba como la más elegante y popular de la misma, y era básicamente una jovencita caprichosa que pasaba su tiempo menospreciando y molestando a quienes ella veía como “inferiores” o “relegados”. Si se preguntaban si Kirsten había tenido novio, les sorprenderá saber que sí, pero normalmente ella acababa terminando con ellos por diversas razones. A Kirsten también le encantaba especular sobre la vida sexual de los demás alumnos, teniendo su propia lista personal de “facilonas”, y solía burlarse especialmente de aquellas chicas que quedaban embarazadas por descuido, haciéndoles la vida de cuadritos dentro de la escuela. Nadie se atrevía a ponerle un alto por miedo.

Kirsten veía a Wirt como un debilucho que no lograría nada en su vida, mientras que, para ella, Sara era una chica que solo estaba en la escuela para cumplir políticas de diversidad e inclusión, sin merecerlo. Jamás lo admitiría, pero la realidad es que Kirsten estaba enamorada perdidamente en secreto de Sara, pero pretendía odiarla para guardar las apariencias. La familia de Kirsten era muy conservadora y claramente jamás aceptaría que ella sintiera atracción por alguien de su mismo sexo, eso, en su mundo, era algo indecente y degenerado.

El sábado de aquella primera semana de que Wirt y Sara eran oficialmente novios, tuvieron su primera cita nada más y nada menos que en la cafetería Blue Spruce, donde comieron unas hamburguesas con patatas fritas y una malteada de chocolate con dos pajillas para compartir. Charlaron, se rieron, participaron en el karaoke donde Wirt, un tanto desafinado, cantó aquella balada ochentera de Starship que llevaba el nombre de su novia, y para su sorpresa, toda la cafetería le aplaudió y lo felicitó. Isabelle, que estaba en su turno como barista, vio con ternura como su hermana menor disfrutaba de la compañía de su novio.

Los meses siguieron pasando, y con ello, el amor que se tenían Wirt y Sara creció más y más. Ambos chicos estaban en plena adolescencia, y sus hormonas alborotadas les hacían sentir el deseo de siempre estar juntos y demostrarse todo lo que sentían mediante muestras de afecto como besos, caricias y abrazos. Cuando estaban solos, en la intimidad, fantaseaban con el otro mientras jugaban consigo mismos, dejándose llevar por esas sensaciones agradables y placenteras que les recorrían todo el cuerpo. En la escuela, ya les habían dado lecciones referentes a la sexualidad y el uso de métodos anticonceptivos, a sabiendas que a esa edad la mayoría de los alumnos ya eran sexualmente activos. Wirt al principio se avergonzaba del tema, pero fue lentamente aceptando que era algo natural de lo que no había que apenarse. Fue un día, mientras Wirt y Sara estaban sentados en una banca del parque comiendo helado, que de repente la chica dijo:

  • Oye, Wirt, ¿no crees que es tiempo de…um, ya sabes…hacerlo?
  • ¿Hacer qué, cariño? – replicó Wirt.
  • Tú me entiendes, de tener nuestra primera vez…entregarnos el uno al otro – dijo Sara con un leve rubor en su rostro.

Wirt se quedó pasmado como si su cerebro hubiera tenido un error crítico de sistema, y sintió como todo su rostro se ponía rojo al darse cuenta de lo que su novia quería decir. Tragó saliva y, tartamudeando, comenzó a hablar.

  • ¿E-estás segura de que es-estamos listos para hacer e-eso? ¿No e-es muy pronto? A-apenas llevamos seis meses.
  • Sí, Wirt, estoy segura. Yo te amo y me encantaría que nos demostráramos nuestro amor de esa manera. Ya sabemos como cuidarnos, y también estoy segura de que te encantaría a ti. Es la magia del amor, Wirt, nuestros cuerpos lo piden. Claro, si aún no te sientes listo, no te obligaré, esta decisión debe ser consensual – replicó la chica con firmeza.
  • Um…- Wirt se quedó pensando. No podía negar que deseaba a Sara y fantaseaba con ella en esas formas. El que fuera ella quien le propusiera eso lo halagaba bastante y le hacía darse cuenta de lo mucho que lo quería. Así que finalmente, accedió.
  • De acuerdo, Sara. Pero ¿dónde lo hacemos? En mi casa están siempre Jonathan y Greg, y en la tuya están tu mamá y tus hermanas.
  • Conozco gracias a mi hermana a un chico que nos prestaría un cuarto del hotel donde trabaja, con darle una pequeña pasta nos dejaría entrar sin identificación ni nada – dijo Sara.
  • Vaya, ¿ya lo habías planeado? – preguntó su novio.
  • Si, ya sabes, hay que construir puentes al corazón – dijo Sara entre unas pequeñas risas – ¿Te parece el viernes después de la escuela, Wirt?
  • Por supuesto, nena. Solo dame la ubicación y allá nos veremos el viernes.
  • Con gusto, Wirt.

La pareja se dio un beso apasionado sellando el compromiso de llevar su relación al siguiente nivel. Wirt se sentía nervioso y ansioso, esperaba cumplir con lograr satisfacer a su novia y que ambos disfrutaran el momento que recordarían por el resto de su vida.

A lo lejos, en el parque, Kirsten veía celosa a la pareja. Ella enloquecía por estar junto a Sara y verla muy a gusto junto a Wirt la frustraba. Ya averiguaría lo que ellos conversaron y lo que harían, si no podía tener a Sara a su lado, entonces se encargaría de joderle la vida a ella y de paso a su noviecito.

  • Sara Brundige, ¿por qué no puedes estar a mi lado? – dijo Kirsten con desesperación.

Justo entonces, un chico de su clase, de origen francés, llamado Tristan Beaucaire, apareció detrás de Kirsten, asustándola.

  • Hola, Kirsten, ¿qué haces? – preguntó Tristan.
  • ¡Aaaaaaaah! ¡Me estás acosando! – gritó Kirsten alterada.
  • No no, no es mi intención, solo me interesó ver porque estás tan interesada en Wirt y en Sara.
  • Eso es algo que no te incumbe, chico baguette, ¿por qué no vas a la cafetería por esas galletas de chocolate que tanto te gustan?
  • ¿Te gusta Sara? ¿o Wirt? ¿o ambos? – le preguntó Tristan.
  • ¡Te repito que no es de tu incumbencia! ¡Vete! – le gritó la chica.
  • Muy bien, me iré, pero solo recuerda esto: “Del odio al amor solo hay un paso”, buena suerte, Kirsten.

Y Tristan se marchó.

Sara puso en marcha el plan. Contactó al amigo de su hermana Isabelle, un chico cuyos padres eran dueños del hotel Benin, llamado Mark Carmichael. Sara le explicó lo que quería hacer.

  • Entonces, ¿quieres que te preste un cuarto el viernes para que estés a solas con tu novio?
  • Si, solo que no se lo vayas a contar a nadie, mucho menos a Isabelle – le replicó la chica.
  • Dame 50 dólares y les presto el cuarto 402, está muy bien arreglado y es perfecto para principiantes – respondió Mark sonriente.
  • Muy bien, aquí los tienes, que esto quede entre nosotros.

Sara se marchó rumbo hacia su casa, pero en el camino se topó con Kirsten, quien la miró con sospecha.

  • Hola, Sara. ¿A dónde tan contenta?
  • No sabía que te importara a donde voy, Cameron. ¿No tienes mejores cosas que hacer, como estar molestando a las demás chicas como es tu costumbre? – le replicó Sara en un tono sarcástico.
  • Yo sé que solo estás celosa porque siempre he sido más popular que tú. ¿Cómo va tu relación con el chico de la poesía y clarinete? Apuesto a que ni han llegado a segunda base – dijo Kirsten, burlona.
  • Ese no es tu asunto. ¿Por qué te importa tanto lo que hagamos?
  • Oh, es solo que me gusta ver lo celosa que estás de mi nivel y popularidad.
  • Yo no siento celos de eso, Cameron. Me siento bien conmigo misma y eso es todo lo que me importa – respondió Sara.
  • Bueno, si tú lo dices, negrita – dijo Kirsten con toda intención de provocar a Sara.
  • Me han dicho cosas peores, Kirsten. Ni te molestes, no me voy a enganchar contigo, nos vemos, adiós.

Y Sara se marchó, dejando a Kirsten sin la última palabra, y haciendo que sintiera impotencia ante no poder confesarle a Sara lo que sentía por ella, por miedo al rechazo social y de su familia.

La semana se fue volando y llegó por fin el dichoso viernes. Al terminar la escuela, Wirt y Sara salieron tomados de la mano. Siempre se iban caminando hacia sus respectivas casas, pero en esta ocasión, y luego de comentarles a sus respectivos padres que irían a una reunión con sus amigos a jugar videojuegos, los dos se dirigieron al hotel Benin, donde Mark los esperó y los dejó pasar sin que otros empleados se dieran cuenta. Les entregó la llave del cuarto 402 y les dijo que disfrutaran ese momento. El cuarto era bonito, con un tapizado rojo que le fascinó a Wirt y una cama grande que se veía totalmente acogedora. Wirt y Sara se miraron a los ojos, pero antes de que pasara otra cosa, Wirt preguntó con nerviosismo:

  • Espera, Sara. ¿Trajiste condones?
  • Si, Wirt, Mark también me prestó un paquete.
  • De acuerdo, entonces supongo que um… ¿podemos comenzar? – preguntó Wirt con el rostro cada vez más sonrojado.
  • Claro, amor – le respondió Sara en un tono excitante, y procedió a besar sus labios mientras le acariciaba la parte trasera del cuello con sus dedos.

Esto prontamente encendió la pasión entre ambos; sus ropas cayeron al suelo: el pantalón vaquero de Wirt, luego la falda escolar de Sara, luego todo lo que usaban debajo, se tumbaron sobre la cama y finalmente se dejaron llevar por su instinto hasta que, tras varios minutos de unir sus cuerpos en uno solo de una forma un tanto torpe pero muy tierna y hermosa, cayeron rendidos al sentir una ola de placer simultáneo recorrer sus cuerpos y liberar lo que deseaban sacar, quedando ambos abrazados sobre la cama bajo las sábanas y mirándose con una sonrisa de oreja a oreja y con más amor en el corazón.

  • Eso fue increíble, Sara – dijo Wirt con la voz agitada pero satisfecha.
  • Si que lo fue, amor. Nunca me había sentido así, me siento como la chica más feliz del mundo – respondió su novia.
  • Me alegro de que te haya gustado tanto. Para ser la primera vez, creo que lo hicimos bien, ¿no crees, cariño? – preguntó Wirt.
  • Sin duda alguna así fue. Gracias, Wirt, nunca olvidaré este momento.

Acto seguido, los dos se besaron y se levantaron de la cama. Volvieron a vestirse y se lavaron la cara para que no hubiera sospechas. Salieron del cuarto y se encontraron a Mark en el vestíbulo, a quien le entregaron la llave.

  • ¿La pasaron bien, ¿verdad?
  • Si, sin duda alguna. Recuerda, ni una palabra a mi hermana ni a nadie más – mencionó Sara.
  • Claro, de todas maneras, ella ha hecho lo mismo – dijo Mark entre risas.

Sara se sorprendió de saber que por lo visto su hermana mayor no era tan inocente, pero no hizo ningún comentario. Así, finalmente llegaron a casa de Wirt y se despidieron con un beso.

  • Gracias por esto, Wirt.
  • De nada, Sara. Sabes que te amo.

Wirt entró a su casa, donde Greg miraba la televisión junto a su rana Jason. Era un programa donde una perrita azul tenía aventuras jugando con su hermana y sus padres.

  • Hola, Wirt, ¿cómo te fue con Sara? – preguntó el niño.
  • Mucho mejor de lo que esperaba – respondió Wirt con la voz ilusionada de recordar la bonita sensación de haber hecho el amor con su novia por primera vez, aunque claro, no podía contarle eso a su hermano menor.
  • ¿Cómo se siente cuando tienes novia? – preguntó Greg.
  • Se siente como si estuvieras en las nubes, donde lo único que quieres es estar cerca de ella y pasar todo el tiempo juntos.
  • Eso suena muy lindo, se lo voy a decir a la roca para crear un nuevo dato.
  • Muy buena idea, Greg. Por cierto, me pregunto que hay para cenar.
  • Ah, mamá va a preparar hot dogs con salchichas a la parrilla y salsa de pico de gallo, además papá va a preparar un pastel porque recuerda que mañana es cumpleaños de mamá – dijo Greg.
  • Suena muy bien. Mientras tanto me iré a estudiar, tengo una tarea de física algo pesada.

Y así, Wirt se fue a su cuarto, donde tomó su celular y le envió un mensaje de texto a Sara para saber si ya había llegado a su casa. La chica respondió afirmativamente, señalando que su familia iría a cenar a casa de sus abuelos y no volverían hasta el domingo. Wirt le dijo que la pasara bien con sus seres queridos y le mandó una foto suya con el mensaje “gracias por lo de hoy”. Acto seguido, encendió su laptop para empezar a hacer su tarea, así como escuchar su playlist de música, eligiendo canciones que le recordaran el momento tan mágico que hacía unas horas había vivido junto a Sara.