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Wirt y Sara: Crecer, correr y tropezar

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Capítulo 2

Las siguientes semanas transcurrieron con normalidad. Nadie se enteró de lo que Wirt y Sara habían hecho aquel día en el hotel, y todo parecía indicar que nada iba a cambiar. Y entonces, en plena clase, sucedió.

Mientras Sara hacía una exposición en la clase sobre política estadounidense, empezó a sentirse mareada. Trató de no prestarle atención, pero la sensación fue aumentando hasta que, de pronto, vomitó frente a todo el salón. Mientras los demás alumnos salían al no soportar el olor, Wirt corrió hacia su novia para sostenerla y ayudarla a sentarse en su pupitre. La profesora, la señora Fletcher, también se acercó a Sara para preguntarle si estaba bien y le ofreció llevarla a la enfermería. Wirt estaba muy consternado y le preguntó que le ocurría

  • ¡Sara! ¿Qué te ocurre? – dijo el chico preocupado.
  • Uh, no lo sé, Wirt, me dio un mareo muy fuerte.
  • ¿Desayunaste bien? – le preguntó Wirt.
  • En estos días de repente no he sentido mucho apetito – respondió Sara.
  • ¿Quieres que te acompañe a la enfermería, nena?
  • Si, Wirt, por favor.

Así, la pareja fue a la enfermería, con Wirt dejando que Sara sostuviera su mano firmemente para no perder el equilibrio. Sara entonces entró a la oficina y le contó lo que sentía a la enfermera Crockett.

  • He sentido falta de apetito, y de repente mareos, y a veces un poco de fatiga.
  • Ya veo, Sara. Te aconsejaría que hables con tus padres para que te hagan estudios y así descartar algo serio, aunque también quisiera preguntarte ya que no eres la primera chica que viene a mi oficina con síntomas de ese tipo, ¿cuándo tienes tu periodo menstrual? – preguntó la enfermera, con confianza.
  • Me viene alrededor de estos días, doctora. Es bastante regular y la mayoría de las veces normal, ni muy poco ni muy abundante – respondió la chica.
  • Muy bien, te aconsejo que te mantengas al pendiente, quizás esté relacionado al periodo. ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal? Si te incomoda, puedes no responder, y te prometo que no se lo divulgaré a nadie… ¿ya eres sexualmente activa, Sara?
  • N-no, todavía no, enfermera. Tengo un novio, pero aún no hemos tenido relaciones sexuales – dijo Sara evidentemente mintiendo, pero sabiéndolo disfrazar.
  • Está bien, gracias por decírmelo. Recuerda que para cualquier duda dentro de la escuela puedes venir a verme, y te recomiendo que hagas una cita con tu ginecólogo solo para asegurarte de que todo está bien – dijo la enfermera, quien sospechaba que la chica no había dicho la verdad.
  • De acuerdo, doctora Crockett.
  • Toma esta caja de piridoxina, puede ayudarte a que ya no te sientas mareada. Cuídate mucho – finalizó la enfermera, tras lo cual Sara salió de la oficina.

Wirt la esperaba afuera, y al verla salir sintió alivio.

  • ¿Qué te pasó, Sara?
  • Me dijo la enfermera que quizás tenga que ver con mi periodo, que normalmente ocurre por estos días – respondió Sara.
  • ¿Estarás bien? – le preguntó su novio, preocupado.
  • Si, me dio una medicina. Seguro son mis nervios, ha habido algo de estrés en la casa porque la abuela ha estado algo delicada, está enferma de sus riñones – comentó la chica.
  • Oh, eso debe ser terrible, cariño – dijo Wirt. Su abuela materna había fallecido de insuficiencia renal cuando el solo tenía tres años.
  • Si, es triste. La abuela siempre ha estado para nosotros en la casa. Yo la quiero mucho y me pondría muy triste si ya no estuviera – a Sara le empezó a rodar una lágrima por su rostro – oh, lo siento, cariño, creo que estoy muy sensible.
  • No tienes porque disculparte, Sara. Es normal preocuparse por quien quieres, así como yo me preocupo por ti – dijo Wirt consolándola.
  • Gracias, Wirt. Cuando estás a mi lado, tú haces que me sienta mejor – le respondió Sara y besó con cariño a Wirt en la mejilla.

Wirt la abrazó, sintiéndose afortunado de amar a una chica como Sara y que ella le correspondiera.

Pasaron varios días, en los cuales, el periodo menstrual de Sara no llegó como normalmente lo hacía en ese momento del mes. Aunque con la medicina se le habían quitado un poco los mareos, de repente aún se sentía fatigada y algo sensible, así como también sentía los pechos adoloridos. La chica trató de dejarlo de lado, pero por dentro, su ansiedad comenzó a despertar al tener el presentimiento de que… ¿acaso ella estaba…? No, no, no, no era posible. Si, ella y Wirt habían tenido sexo, pero él había usado condón y ella no había notado defectos en los condones que le había dado Mark. Al ser menor de edad, no podía sacar una cita con la ginecóloga sin permiso de sus padres, y temía que, si lo que sospechaba era positivo, como reaccionarían. Tomó su celular y le envió un mensaje de texto a su novio:

  • Hola, Wirt. Tengo que hablar contigo. No he tenido mi periodo y estoy sospechando que quizás… ya sabes lo que significa. No vayas a comentárselo a nadie, por favor. Estoy muy ansiosa y preocupada, por favor, contéstame lo más pronto que puedas”.

Wirt estaba en la sala de su casa jugando Super Smash Bros. con Greg, los dos divirtiéndose y riéndose juntos. Entonces sonó el celular del chico con la alerta de texto, por lo que le dijo a Greg que pausara el juego mientras veía quien era. Entonces, Wirt abrió el mensaje y lo leyó detenidamente, tras lo cual sintió como si todo a su alrededor se estuviera sacudiendo y derrumbando en un terremoto, con gotas de sudor frío recorriéndole el rostro y el cuello. Se sentó en el sofá con las manos temblorosas y dejó el celular a un lado mientras trataba de reponerse. Greg, confundido, miró a su hermano mayor y le preguntó que ocurría.

  • ¿Wirt, estás bien? ¿Acaso te llegó un mensaje de Lo Desconocido y alguien está en peligro? ¿Es Beatrice? – preguntaba inocentemente el niño, recordando sus aventuras en aquel lugar.
  • N-no, Greg, no es nada de Lo Desconocido. Es...un m-mensaje de Sara, pero eres aún muy pequeño para contarte de que se trata. Lo siento – dijo Wirt tratando de no hacer sentir mal a su hermano.
  • Oh, entiendo, son esas cosas de besos y todo eso, ¿no? Mejor sigamos jugando, te estaba ganando usando a Sora, nadie se resiste al poder de su Kingdom Key, ¡wooooo! – decía Greg emocionado, sin saber que su hermano estaba preocupado por algo mucho más importante que un videojuego.
  • Ah, sí, Greg, solo dame unos minutos mientras le contesto a Sara, ¿de acuerdo?
  • De acuerdo, Wirt.

Así, Wirt, aún con las manos temblorosas y sudorosas, escribió su respuesta:

  • Hola cariño, ¿estás segura de lo que dices? Si quieres nos vemos en un rato en nuestra banca favorita del parque. Tranquila, no voy a contarle a nadie. Lo que sea que pase, recuerda que estoy contigo y te amo mucho, Sara”.

Tras esto, regresó a jugar con Greg, aunque le dijo que a las cuatro de la tarde saldría a verse con Sara en el parque. Su hermano entendió, y siguieron jugando hasta que llegó dicha hora. Sara, mientras tanto, tomó algo de dinero para ir a la farmacia a comprar una prueba de embarazo y así salir de dudas, pero primero hablaría con su novio.

La pareja, como acordaron, se encontró en su banca favorita del parque y se sentaron. Ambos estaban sonrojados y sudorosos, y al principio les costó trabajo hablar, pero finalmente el chico habló primero.

  • Entonces, Sara, lo que hicimos ese día en el hotel…um, ¿la protección falló?
  • Aún no estoy segura, pero es que los síntomas que he tenido ya los busqué en Internet y son muy similares a los de un… embarazo – respondió Sara con su voz casi susurrando la última palabra.
  • ¿Y qué vamos a hacer? ¿Qué pasará si nuestros padres se enteran? ¿O si en la escuela se enteran? – preguntaba Wirt tratando de no exaltarse, al fin y al cabo, la responsabilidad era de ambos.
  • No lo sé, Wirt, no sé como reaccionen, no quiero decepcionarlos, tampoco quiero decepcionarte a ti.
  • ¿Ya fuiste con la doctora Dayne? – preguntó Wirt refiriéndose a la ginecóloga que atendía a Sara y a su hermana mayor Isabelle, a quien el chico conoció cuando acompañó a su novia a una cita.
  • Aún no, necesito permiso de mis padres, y si les digo, quizás sospechen. Tengo miedo, Wirt.

Wirt sostuvo la mano de su novia, mientras ella comenzaba a sollozar. El chico la abrazó tiernamente y le dijo que todo estaría bien.

  • Pasé a la farmacia a comprar una prueba. ¿Me puedes acompañar a mi casa para usarla? – preguntó Sara.
  • Claro, amor.

Así, los dos fueron rumbo a casa de Sara. Ahí en ese momento solo estaban sus hermanos, con Isabelle cuidando a Rochelle y a Mikey. En una acción de total confianza, Sara le pidió a Wirt que entrara al baño con ella y la mirara mientras usaba la prueba para saber juntos el resultado. Wirt se sonrojó, pero agradeció la confianza que la chica le tenía, y, de todas maneras, no era como si no hubiera ya visto su intimidad. Los dos entraron al baño, y tras varios minutos, ambos miraron como la prueba arrojaba dos pequeñas líneas rojas. El mundo se detuvo en ese instante para la joven pareja ante la realidad de que Sara estaba embarazada. Sara enrolló la prueba en un trozo de papel de baño y junto con Wirt salieron para tirarla en uno de los botes de basura afuera de la casa, donde ambos esperaron que nadie la encontrara.

  • Tenemos que contarles a nuestros padres, Sara, no podemos ocultarles algo como esto – dijo Wirt, con temor, pero con ganas de hacer lo correcto.
  • Wirt, me estaba preguntando… ¿y si hubiera, um, otra opción?
  • ¿Qué quieres decir, Sara?
  • Ya sabes, Wirt, um…interrumpir Apenas han pasado unas semanas, sigue siendo legal tomar esa decisión.

El corazón de Wirt se congeló. ¿En verdad su novia estaba sugiriendo un aborto? No era que tuviera una posición moral muy fuerte al respecto, pero dentro de él había algo que le decía que hacer eso simplemente no era correcto, ni era justo que un ser que ya estaba vivo y que seguramente los esperaba con todo cariño dejara de existir así sin más. Pero, también entendía que, si Sara optaba por tomar esa decisión, él tendría que respetarla.

  • ¿Estás segura de que quieres hacer eso, Sara?
  • No lo sé, Wirt, creo que aún no estamos preparados para esto – respondió la chica con una expresión triste, nerviosa, con temor.

Un torbellino de shock y tristeza recorrió el cuerpo de Wirt. Jamás le habría pasado por la mente que se convertiría en papá a esta edad, cuando tan solo un año antes ni siquiera creería tener una relación con Sara que llevara a eso. Se quedó en silencio por unos segundos, tratando de procesarlo. Al ver el rostro de su novio, Sara se dio cuenta de que quizás esa idea solo le había pasado por la cabeza debido al miedo, y que no era algo que encajara con lo que ambos querían en el fondo. Recordó la tristeza de su madre, cuando entre los nacimientos de Rochelle y Mikey, tuvo un aborto espontáneo debido a un tropiezo en su casa. Aunque aún era pequeña para entenderlo del todo, se dio cuenta que el perder a un bebé antes de nacer causaba un vacío que no se podía volver a llenar, y no quería imaginar lo que ella sentiría si le pasaba. Mientras Sara comenzaba a llorar levemente, abrumada por lo que le pasaba por la mente, Wirt la abrazó y le dijo dulcemente:

  • Si nos tenemos el uno al otro, no quiero que este bebé, nuestro bebé, se pierda. Tengo mucho miedo, igual que tú, pero si este bebé existe, yo quiero estar ahí. No quiero que desaparezca solo porque tengo miedo, ni tampoco quiero que te recrimines el resto de tu vida el no haber querido que existiera, Sara. Sea cual sea la decisión que tomes, yo estaré contigo y te seguiré amando y respetando, porque te amo. Solo prométeme que le contaremos esto a nuestros padres antes de que tomes cualquier decisión, amor, porque no quiero que tengamos problemas o que te pase algo por ocultarlo, yo no quiero vivir sin ti, Sara – dijo Wirt mientras al final también se soltó a llorar en brazos de su novia.

Sara lo escuchó, y aunque aún sentía miedo, sus propios sentimientos comenzaron a aclararse. En realidad, ella tampoco quería interrumpir el embarazo, solo temía enfrentarlo sola. Pero al ver a Wirt expresando un compromiso tan profundo, tan inusual para un chico de su edad, sintió su mente y su corazón tranquilizarse. Lo abrazó de vuelta mientras consolaba sus lágrimas, y le hizo caso a lo que le pidió, se lo contarían a sus padres, pues sabía que pasara lo que pasara, ellos seguirían adelante juntos.

En ese momento, Isabelle salió de la casa y los vio abrazándose y llorando juntos, ante lo que los llamó para preguntarles si estaban bien y que le contaran que les pasaba.

La pareja se sentó junto a Isabelle en la sala de la casa. La hermana mayor de Sara estaba preocupada y pensaba que se habían peleado o algo parecido, pero finalmente Sara habló.

  • Hermana, estoy embarazada. De mi novio, obviamente.

Isabelle abrió los ojos sorprendida, pero sin juzgar.

  • Sara, ¿acaso no se cuidaron? ¿Cuándo tuvieron sexo?
  • Hace unas semanas. Tu amigo Mark nos prestó un cuarto del hotel.
  • ¡¿Cómo?! – exclamó Isabelle. ¿Lo hiciste a espaldas de nosotros y encima le pediste ayuda a Mark?
  • ¿Hubo algo malo en eso? – preguntó Sara algo atemorizada ante la reacción de su hermana.
  • Sí, que Mark cometió un delito al permitirle a dos menores de edad usar el hotel para tener sexo cuando está prohibida la admisión a menores sin sus padres. ¿Por qué no me comentaste eso, o por qué no me dijiste que querías tener sexo con Wirt? Yo te hubiera aconsejado, o te hubiera llevado con la doctora Dayne para que te recetara las píldoras anticonceptivas que uso yo, porque estoy muy segura de que Wirt no usó condón, ¿verdad?
  • De hecho, si lo usé – respondió Wirt – Sara me dijo que Mark también le había dado unos condones.
  • Oh, encima de todo también le aceptaste eso a Mark, siendo que él gusta de comprar cosas de baja calidad, seguramente te dio un condón perforado o caducado el cual no los protegió – respondió Isabelle, molesta.
  • De cualquier modo, asumo mi responsabilidad con tu hermana – respondió Wirt.
  • Me alegra que así sea y que seas honesto, Wirt. ¿Y cómo se lo vas a contar a nuestros padres? ¿O acaso has pensado en abortar? – preguntó Isabelle con sinceridad.
  • Si llegué a pensarlo, pero recordé cuando mamá se sintió devastada al perder al bebé que iba a nacer antes de Mikey, ¿lo recuerdas? Siento que, aunque tenga miedo, no puedo hacer algo así – respondió Sara.
  • Si lo recuerdo, Sara, y me alegra que no tomes una decisión tan impulsiva. Mamá no tarda en regresar de su trabajo, así que será mejor que ambos se queden aquí para que le den la noticia.
  • ¿Crees que me comprenderá? – preguntó Sara.
  • Estoy segura de que sí. También papá lo hará. Porque esta familia siempre ha enfrentado todos sus problemas estando juntos. Cualquier cosa que ustedes necesiten, no se inmuten en preguntarme y los ayudaré.
  • Gracias, Isabelle. Siempre has estado cuando te necesito y siempre te estaré agradecida – respondió Sara.

Así, Isabelle se marchó para vigilar a los dos pequeños de la casa, mientras Wirt y Sara se quedaron pensativos sobre el sofá.

  • Y, ¿cómo le vas a contar esto a tus padres, Wirt? – preguntó la chica.
  • De la misma forma que tú, nena, esperando a que no reaccionen mal. Recuerdo que Jonathan me dijo que no hiciera nada precipitado y temo haberlo decepcionado.
  • Estoy segura de que lo entenderá.

Unos minutos después, finalmente los padres de Sara llegaron a casa. Arnold había pasado a recoger a su esposa y por eso volvían juntos, algo que no ocurría muy a menudo. Los dos entraron a la casa e Isabelle los recibió. Los padres notaron a su hija y su novio sentados en la sala y los saludaron, con ambos chicos regresando el saludo.

  • ¿Ocurre algo, Sara? ¿Hay algo que quieren decirnos? – preguntó Phoebe.
  • .. sí, mamá. Wirt y yo tenemos que decirles algo – respondió la chica. Wirt sostuvo su mano para recordarle que estaba con ella.

La madre de Sara miró a su hija con esa intuición que tienen todas las mamás, sin necesitar de un gran discurso para entender que algo serio pasaba. Sara temblaba, con sus ojos húmedos, tratando de no hiperventilar ante los nervios que sentía. Finalmente dijo lo que tenía que decir, con un hilo muy pequeño de su voz:

  • Mamá, estoy embarazada.

Tras unos segundos de un denso silencio, su madre se llevó la mano a la boca, sorprendida. No gritó, tampoco la regañó. En tanto, su padre sintió como si le hubiera caído un balde de agua fría en la espalda. Entonces, Phoebe corrió y abrazó a su hija, tan fuerte que Sara no pudo más que romper en llanto. A Wirt le brotaron lágrimas de la misma manera. Ese abrazo fue el primer momento en el que Sara sintió que, tal vez, no estaba tan sola como había imaginado.

Llegaron las preguntas:

  • ¿Te sientes bien, hija? ¿Cómo pasó? ¿No se cuidaron? ¿Te vas a quedar con el bebé?
  • Wirt y yo nos amamos, mamá, y sí, creo que nos equivocamos en la cuenta. Pensé en interrumpir el embarazo, pero me acordé de cuando estuviste triste al perder al bebé que iba a nacer antes de Mikey, y no quiero imaginarme pasar por algo tan devastador – respondió Sara aún entre lágrimas.
  • Oh, hija, que bueno que decidiste no hacer eso. Un hijo es algo que jamás se puede reemplazar y tampoco es justo que un ser vivo pierda su oportunidad de nacer cuando estoy segura de que esa bolita que se está formando dentro de ti ya está anhelando conocerte. No te preocupes, hija, me tienes a mí, a tu papá, a tus hermanos, y por supuesto, a tu novio. Yo sé que se aman y aunque hayan cometido este error que no planearon, sé que seguirán juntos con algo que ahora los unirá para siempre. Creaste una vida nueva, Sara, y eso es lo más importante.

En tanto, Arnold se sentó a hablar con Wirt. Se sentía algo impactado todavía, pero sabía que el chico amaba a su hija y jamás le haría daño.

  • Entonces, ¿qué ocurrió, muchacho? ¿Se acostaron sin usar protección?
  • Yo sí usé un condón, señor, pero quizás estaba defectuoso, no lo sé. De cualquier modo, yo asumo mi responsabilidad con Sara, ella no se embarazó sola – respondió el chico con total honestidad.
  • Me alegra que seas tan maduro y responsable para tu edad. Nosotros los apoyaremos en lo que necesiten, ¿ya se lo contaste a tus padres?
  • No, todavía no, pero voy a hacerlo esta noche, señor Brundige. Gracias por comprendernos, no voy a decepcionarlos a Sara ni a ustedes.

Arnold abrazó a Wirt, quien se sintió aliviado al ver que los padres de Sara lo comprendían y lo apoyaban. Mientras tanto, Phoebe junto a Isabelle también abrazaron a Sara y comenzaron a planificar lo que se haría a futuro. Ahora, solo faltaba ver como reaccionaban los padres de Wirt, y como lidiarían con la escuela. Una cosa quedaba muy clara: Wirt y Sara se amaban, y sin importar lo que pasara, enfrentarían todo esto juntos y nada podría separarlos.

Wirt se despidió de Sara y de su familia y se dirigió a casa. Cuando llegó, Jonathan lo esperaba en la puerta algo molesto, pues se había ido sin avisarle y dejado a Greg solo por unas horas. Wirt se disculpó por eso, y finalmente le dijo que quería hablar con él. Su madre también había regresado a casa hacía unos minutos, y se interesó de saber lo que su hijo quería contarles. Antes de eso, mandaron a Greg a su cuarto a que mirara la televisión, él no tenía que escuchar esto.

  • Necesito decirles algo importante – dijo Wirt aclarándose la garganta y tratando de que la voz no le temblara – Sara está embarazada. Está esperando un bebé y yo soy el padre – soltó como si arrancara de golpe un curita de una herida.

Whitney abrió los ojos sorprendida, mientras que Jonathan frunció ligeramente el ceño, pero ninguno levantó la voz. Sin que se lo pidieran, Wirt les explicó todo: como se habían ido a escondidas a un hotel, como les dieron un condón probablemente defectuoso, como Sara ya se había hecho una prueba que lo confirmaba, como habían hablado y ella le había dicho que no abortaría al bebé, como los padres de ella ya sabían, y todo eso. También les contó como se sentía asustado y culpable, lo mucho que quería asumir esta nueva responsabilidad, y lo importante que para él era estar presente para Sara.

Whitney fue la primera en moverse, se levantó y abrazó fuerte a su hijo.

  • Wirt, sé que estás aterrado, pero no estás solo. Tu padrastro y yo vamos a ayudarte. A los tres.

Jonathan tardó un poco más en reaccionar. Sentía algo de enojo por su hijastro, quien se supone ya sabía que no debía hacer nada precipitado con su novia y que todo debía ir a su tiempo; él lo sabía por experiencia, pues su hermano menor, Steve, igualmente embarazó a su novia, Olivia, cuando aún eran estudiantes de secundaria y tuvieron que abandonar sus sueños para hacerse cargo del bebé, y al final terminaron separándose amargamente dejando a su hijo triste, siendo que él no tuvo la culpa del error que cometieron sus padres. Se tomó unos minutos para procesar bien la noticia, caminando por la sala con sus manos en la cintura. Más que molesto, estaba preocupado. Pensaba en el futuro de Wirt, en sus estudios, en el dinero, en como afrontarían todo eso. Pero, finalmente volvió y se sentó junto a su esposa mirando fijamente a los ojos de su hijastro, y habló.

  • Si este bebé va a nacer, vamos a estar ahí. Y tú vas a ser responsable, pero no vas a cargar con esto solo.

Wirt sollozó en silencio, más por alivio que por miedo. Volvió a abrazar a su madre y le reafirmó que amaba a Sara, que no la abandonaría y que amaría a su futuro hijo (o hija) sin importar lo que pasara. Los tres hablaron y acordaron reunirse con la familia de Sara para empezar a planificar todo, recordándole a Wirt que no abandonara sus estudios y que, ante todo, se enfocara en el futuro que ahora le esperaba junto a su novia y su futuro hijo. Tras esto, los padres prepararon la cena mientras Wirt subió a su cuarto. En la escalera encontró a Greg jugando con su rana. El niño notó la expresión triste de su hermano mayor y le preguntó que ocurría.

  • Oh, en la cena te lo contaré. Es una sorpresa que nos va a cambiar la vida, Greg.
  • Muy bien, estoy ansioso por saberlo. ¿Será que me vas a conseguir una rana hembra para que se junte con Jason Funderburker y tengan bebés? Eso sería muy lindo, Wirt.

El chico se encorvó un poco ante lo incómodo que se sintió, pero le dijo a su hermano que ya lo descubriría en la cena.

Los chicos bajaron a cenar. La cena eran unas deliciosas tortas de patata con ensalada de espinaca, las cuales eran de las favoritas de Greg, a quien le gustaba ponerle chorros de ketchup a sus tortas. Al terminar la comida, Wirt comenzó a hablar.

  • La sorpresa de la que te hablaba, Greg, es que Sara y yo vamos a tener un bebé.

El niño solo reaccionó sorprendido, con los ojos agrandados… y luego, como era costumbre de él, con una naturalidad desbordante, simplemente dijo:

  • ¡¿Voy a ser tío?! ¡Genial! No puedo esperar a mostrarle al bebé mi rana, y entonces, ¿podemos conseguir una rana hembra para que también tenga bebés con Jason Funderburker? – decía Greg sonriendo de oreja a oreja. Su inocencia era invaluable.

El entusiasmo de Greg rompió la tensión que había en la casa desde que Wirt les reveló la noticia a sus padres, y los cuatro rieron olvidándose por un momento de su preocupación.