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Adaptarse a un mundo totalmente desconocido podría ser complicado para cualquiera, sin embargo para un optimista y perseverante Yuken Enma no parecía ser mayor problema, aunque le había costado entender algunas cosas al principio pudo poco a poco acostumbrarse a este mundo mágico. Había comprendido que más allá de la magia en esencia era la misma dinámica de convivencia, personas lidiando entre sí con sus defectos y virtudes, no era diferente del mundo del que venía, suponía que tener clara esa verdad le permitía encajar sin dificultad.
Este chico sin magia que llegó de otro mundo se había convertido en un estudiante de la más prestigiosa escuela de formación de magos, una premisa que no era coherente, aún así sin tener a dónde más ir, este lugar se había convertido en su hogar desde hace casi dos años, y allí seguiría hasta regresar a casa. Había algo especial en este joven, no solo era su misterioso origen lo que lo hacía destacar, era su personalidad, alguien confiable con quien se podía contar en los buenos y malos momentos, sobre todo en los momentos de apuro, siendo así estimado por muchos en la escuela, despertando un especial cariño por parte de su director, Dire Crowley.
—Director, ¿qué hace aquí? —Con aparente seriedad Yuu en un tono de regaño cuestionó, sintiendo como se colaba en su cama en esa noche silenciosa, a pesar de saber el motivo de su visita quería escuchar lo que deseaba. La respuesta que recibió fue una sin palabras, se estremeció al sentir sus firmes brazos rodear su cintura al ser colocado de costado en un rápido movimiento, él detrás suyo en un agarre hacía que sus cuerpos se aferraran de forma provocativa, ese roce sensual confirmaba lo que quería.
—Oh Yuu-kun, necesitaba abrazarte, se siente tan reconfortante, tuve un día horrible —Habló finalmente en un susurro cerca de su oído una vez acomodado, olfateando su cabello en esa posición parecía ser sincero en sus palabras, como era usual en esta situación se había quitado la máscara que usaba frente a todos para solo que llevar un delicado antifaz oscuro, de no hacerlo así sería difícil acercar su nariz o rozar sus labios.
El joven esbozaba una extraña sonrisa al ver todas las molestias que se tomaba, ni siquiera en su trabajo era así, pensaba al sentir su cálido aliento rozar su nuca, no era la primera visita nocturna del atrevido director, la que no le resultaba desagradable, aunque sabía que no era correcta la relación que mantenían en secreto, el hecho de ser clandestina confirmaba lo cuestionable que era, aún así la alentaba.
—Ya sé, siempre lo dice.
—Que respuesta tan fría, no deberías decir “mi querido director también es tan reconfortante, extrañaba su calor”
—No hable tanto, puede despertar a Grim.
—Dudo que despierte después de todas las latas de atún que le mandé como regalo para la cena.
Dijo muy tranquilo, aunque Yuu no podía ver su rostro en esa posición podía imaginar su gesto, aún cuando sus ojos no eran como los de un humano, su mirada podía ser bastante expresiva. Siendo sincero no le había causado sorpresa su visita, es más lo había estado esperando desde que vio ese regalo que Grim recibió unas horas atrás, tanta amabilidad hacia muy obvia su intención. Ambos sabían que el gato al saciar su hambre, con el estómago lleno se quedaría profundamente dormido en su cama, así que no había riesgo de que despertara pronto incluso si había algo de ruido.
En cuanto a los fantasmas, estaban en otro lado de la casa donde no podrían interrumpirlos, la noche era de ellos al menos por un momento, cada segundo era valioso así que sin perder tiempo el director rozaba los labios en la cálida piel de su cuello. Yuu se estremecía al contacto cariñoso de este hombre de excéntrica apariencia, a veces le costaba creer que su relación hubiera alcanzado este nivel de interacción, al principio no se sintió atraído a él de ninguna manera, no parecía ser su tipo, sin embargo con el pasar de los meses y su convivencia las “cosas” simplemente surgieron entre ellos.
Un leve gemido por parte de Yuu se escapó al sentir como ese hombre en medio de lo que parecía un inocente abrazo empezó a restregar con firmeza las partes bajas de su cuerpo en sus gluteos, aunque era vergonzoso palpar como su miembro empezaba a endurecerse en ese movimiento erótico se lo permitía. Tampoco era la primera vez que tenían este tipo de acercamiento, pues este era el tipo de sexo que le había permitido para mantener su “virginidad”, pero cuánto faltaba para que el amable director se la arrebatara al seguir en esta clase de juegos provocativos que ponían en peligro la poca inocencia que le quedaba.
—No, ¿qué hace? —Cuestionó aunque ya sabía lo que pretendía al bajarse los pantalones, su respirar se agitó más al sentir su miembro desnudo rozar su trasero con tal firmeza que la ropa interior que usaba no parecía bastar para proteger la castidad que tanto cuidaba.
—Lo que debo hacer hasta que Yuu-kun cumpla sus dieciocho años. —Respondía también con el respirar agitado, preso de esta excitación, aun si no lo penetraba esta forma de estimularse era bastante satisfactoria, no negaba que también ansiaba profanar ese virginal cuerpo, que en apariencia mostraba rudeza, pero era tan sensible que se estremecía con una simple caricia.
—No lo diga en ese tono irónico… Es lo que acordamos, no se queje.
—Qué diferencia hay que lo haga fuera que dentro tuyo.
—Claro que hay diferencia —Con molestia aclaró, era tan vergonzoso tener que aclararlo de esta forma, sabía que podía ser absurda su imposición cuando ambos se calentaban con la fuerte fricción de sus cuerpos al restregarse entre sí de esta perversa manera, sin embargo, sentía no estar listo para llegar a ese nivel de intimidad.
No podía precisar el motivo de este capricho, tal vez solo deseaba reservar algo de inocencia, quizás al conocer a este hombre lo creía capaz de tomar lo que quisiera y después dejarlo, o era probable que temía confirmar sus sentimientos al entregarse completamente a él. Si seguían con lo que hacían hasta ahora parecía ser una relación basada en lo físico, una pareja formada por un hombre mayor calenturiento saciando sus ansias en un joven hormonalmente inquieto y curioso por experimentar estas nuevas sensaciones.
—Sabes que sería muy amable si yo…
—No lo diga o terminamos esto ahora.
—No, no… Preferible esto a nada. —Un poco nervioso decía, era consciente del fuerte carácter de Yuu, si lo presionaba demasiado al insistir en ello definitivamente lo dejaría con las ganas, ya lo había hecho una vez antes, así que era mejor no molestarlo. De alguna forma eso le gustaba de él, poseía una madurez que no era propia de su edad, no era como los demás chicos de la escuela dejándose llevar por su egoísmo, supo que era especial desde el momento en que lo vio, un alma virtuosa que poseía una magia diferente a la de este mundo, era lo que pensaba mientras seguía tocando ese hermoso trasero.
Resignado al saber que no habría otro tipo de sexo esa noche, se esforzaría en dar lo mejor de si mismo en esta entrega, sin dejar de frotarse en un vaivén que extasiaba a ambos, colando una de sus manos en su ropa interior no dudó en masajear su miembro, que naturalmente estaba despierto por el fuerte estímulo. Yuu no negó su lasciva ayuda, era el accionar que esperaba porque no se sentía igual al masturbarse por su cuenta, era erótico si él lo hacía, enseguida sus cuerpos se acoplaron a un ritmo que los llevaba al delirio, en medio de este calor su boxer era bajado, lo que lo sobresaltó al no saber si tendría la suficiente fuerza de voluntad para resistirse, estaba tan excitado que podría caer en la tentación y entregarse todo,
—No… —Se negaba en un leve forcejeo que solo parecía encender a la primera vez que le permitía desnudar sus partes bajas y era mejor de lo que había imaginado, lo estaba disfrutando en medio de unos leves gemidos.
—No lo meteré, solo quiero sentir el calor de tu piel. —Susurró a su oído, a la vez que colocaba su miembro entre sus muslos— No abras las piernas.
Casi como orden decía, Yuu entendió lo que haría, y no se equivocó cuando su miembro ya humedecido se movía entre sus piernas simulando lo que parecía unas embestidas, los pliegues de su miembro viril ardiente rozaban también sus testículos en un movimiento embriagador. Siendo masturbado sentía que su propio miembro endurecido estaba a punto de estallar, lo percibía por la forma en que empezó a gotear por la brusca caricia de su mano.
—Yuu, imagina que así podría estar dentro de ti…
—Imaginar está bien.
—Qué cruel, solo quiero hacerte el amor.
—Ya lo estamos haciendo. —En un murmullo decía volteando ligeramente su rostro sonrojado, buscando sus labios deseaba besarlo mientras juntos deseaban alcanzar este sublime placer. El director lo besaba lascivamente sin perder el ritmo de lo que hacía con su mano y su miembro erecto, es más ese beso lo llenaba de ímpetu para moverse mejor, era tan dulce saborear su boca, tan excitante cuando gemía al besarlo. Solo unos segundos pasaron para que ambos alcanzaran el orgasmo, salpicando sus esencias, sus fluidos mezclados quedaron como evidencia en las sábanas.
Jadeantes con el respirar agitados rozaban sus labios manteniendo esta posición, sus miradas cruzaron mientras disfrutaban de este calor intenso que se había apoderado de sus cuerpos que seguían frotándose sutilmente. No importaba que tipo de sexo era si podían satisfacerse de esta manera, si había esta conexión, incluso sin coito era suficiente para sentirse compenetrados.
—Yuu-kun, dijiste que hacíamos el amor, ¿es decir que me amas?
—No dije eso… Usted lo insinuó primero… — Con molestia trataba de aclarar, negando el hecho de que tal vez había expuesto sus tontos sentimientos hacia alguien mucho mayor, una relación que podía malinterpretarse como un conflicto de intereses dada su autoridad, aunque esa no era la verdad, ¿qué era lo que realmente los unía?.
—No debes ser tan tímido conmigo.
—No estoy siendo tímido… —Un poco avergonzado decía mientras sentía como era acomodado en su regazo— Tendré que lavar las sábanas mañana.
—No te preocupes, traje unos cupones para que el servicio de lavandería te sea gratis.
—Qué amable… —Susurró en tono sarcástico el joven inmerso en la calidez de su abrazo, en si no esperaba otra respuesta de su parte, él podía ser bastante tonto, a veces le costaba saber si lo hacía a propósito o era solo un rasgo de su extraña personalidad.
—Siempre lo soy, soy tan amable.
—Si, si..
Dijo con molestia al oír el tono jactancioso en su voz al decir aquello, para calmar su malestar Crowley besaba sus labios, era lo menos que merecía después del placer que le regaló. Era tan reconfortante esta sensación que invadía su pecho al tenerlo así, para alguien solitario este tipo de relación se había convertido en algo muy esencial, era lo que necesitaba para sentirse vivo, por ello aunque hallara la forma de enviar a Yuu a su mundo era muy probable que en su egoísmo no se lo dijera, todo para mantenerlo a su lado por unos años más.
