Chapter 1: Prologo
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Lluvia.
¿Por qué siempre llueve cuando pasa algo malo? Era una pregunta que rondaba su cabeza una y otra vez, durante los últimos 10 años.
Los pensamientos luchaban con los sentimientos, la vergüenza y miedo le gritan al amor y al deseo, que callaran por el bien de todos, y aunque trataba de escucharlos a ambos, no podía, su cabeza gritaba muy fuerte y su corazón palpitaba demasiado rápido, lo único que escuchaba era como la lluvia golpeaba fuertemente las lozas de cemento del puente de Westminster.
Rodeaban las ocho de la noche y la torrencial lluvia que caía, alejaba a cualquier posible merodeador del lugar, nadie podía verlos, nadie podía interrumpirlos, estaban completamente solos... entonces ¿Por qué las palabras no brotaban de su boca? Su única acción era temblar, temblar como hoja de papel contra el viento.
Su acusador mantenía firme la mirada en él, esperando una respuesta que sabía que aunque emergiera, él no la creería, ya había creído demasiado en el pasado y como siempre, el era el único que había perdido todo, absolutamente todo...
El acusado, aun temblando, levantó la mirada, su cara estaba tan empapada, que no podían diferenciarse sus lágrimas de la lluvia. Poso su vista dubitativa en el aquel ser, aquella persona a la cual amaba más que a su propia vida
— Charles... — solo un hilo de voz salió
— Creo que ya escuche suficiente... — levantando la mano en señal de que se detuviera. Pareciera que ya había tomado una decisión, aunque hablando con sinceridad, la decisión estaba tomada antes de salir de casa.
— Por favor... — dijo entre sollozos que buscaban sonar a dignidad. Esa hace mucho que la había perdido
— Erik... — cerró sus ojos. Quizás muy en el fondo de su alma, aun le dolía el decir estas palabras — te diré lo mismo que me dijiste una vez, el día que nuestros caminos se trazaron y nuestros destinos quedaron sellados — levantó una mirada de compasión hacia el. La última de su vida — sigue con tu vida... y olvídame. Haznos ese favor... a los dos
— ¡Nein! — grito casi de manera ahogada — ¡Me niego a eso! — trato de acercarse, pero su cuerpo no obedeció — no puedo... no puedo vivir sin ti... - volvió a bajar su mirada al suelo empapado. ¿De lágrimas o de lluvia?
— Yo si — con toda la certeza del mundo en su voz — ahora... vete
— Pero — ahora su cuerpo obedeció y avanzó dos pasos hacia el
—¡Que te largues! - grito más fuerte de lo había deseado. El rencor de los últimos años había aflorado
Sus lágrimas pararon al instante. La reacción del que él pensaba fielmente que aún era su amado, lo había dejado completamente helado, quizás más que el frío que calaba sus huesos. Ahora sabía cómo se sentía el hierro congelado bajo la lluvia, aunque él lo sentía más como si arrancaran algo de él, como si estuviera luchando contra una fuerza invisible que alejaba lo más amado para él, colocando una puerta de metal y alambres entre ellos, y aunque la puerta quedaba destruida ante su esfuerzo de acercarse a su amado, este seguía alejándose, más y más...
— Eso hare... si es lo que tu quieras — subiendo la cabeza y mejorando su postura — trata de recuperar la dignidad que hace muchos años perdiste — rogaba su cerebro en silencio — solo pido una cosa... — volviendo a hablar
— No tienes derecho a pedir nada... — evitando la mirada que lo hacía flaquear
— Cuidate... solo eso pido — con el tono más suave que su corazón encontró
— Hace mucho que se cuidarme sin ti — respondió de manera osca
— Adiós Charles — sonriendo vagamente — y aunque no lo creas... jamás dejare de amarte — se gira hacia la cara sur del puente y comienza a caminar en esa dirección. Su cuerpo vuelve a temblar y mientras mete sus manos en su largo abrigo negro, deja nuevamente que las gotas de lluvia, disimulen su llanto
— Adios... Erik —viéndolo alejarse de su vida, por tercera vez.
Chapter 2: 1
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1980 [9 años atrás]
Ruidos de aves.
No paraba de temblar ¿Cómo no hacerlo? Llevaba 2 años de su vida esperando por este momento. Se retractó al instante. Ese pensamiento no era cierto, pues la verdad, había estado esperando por esto durante toda su vida, y mientras bajaba del auto con su maletín, no pudo evitar sonreír y de cierta forma, reírse; decir que había esperado por esto toda su vida, igualmente era algo exagerado. El sueño que comenzaba esta misma mañana se había presentado ante él a la edad de 10 años, cuando acompañó a su madre a su lugar favorito en Londres, o más bien su madre fue arrastrada por él hacia ese lugar.
La Biblioteca Británica, era prácticamente su segundo hogar, a veces pasaba más horas en ese lugar, que en su propia casa y como no hacerlo, si el lugar prácticamente permitía viajar a otros mundos, sólo a través de unas pocas páginas; más accesible que comprar un boleto de avión, razonaba su joven cerebro. Y mientras devolvía los libros, que obviamente ya había terminado, divisó a un joven de lentes, muy inmerso en sus pilas y pilas de libros, pero no se le veía cansado, al contrario parecía con más energía cada vez que terminaba uno y empezaba otro, no pudo evitar sonreír al verlo, no había visto a nadie leer con tanto entusiasmo, bueno, salvo a él y su hermana mayor Raven, que había leído todo libro escrito, o al menos eso creía él. Sin temer una mirada extraña o una molestia, el pequeño se acercó a él; Charles no era una persona tímida, y menos lo seria con alguien apasionado a la lectura.
— ¿Cuántos libros puedes leer por minuto? — preguntó con neutralidad
El joven levanto su mirada oculta bajo unos gruesos y empolvados lentes, mientras demoraba unos segundos en dar su respuesta — yo quisiera que fueran más, pero me temo que aún no tengo esa capacidad... — comentó entre risas
— ¿Y qué lees? — ahora la curiosidad lo domino
— Hamlet — respondió — aunque no es mi lectura obligatoria, un Profesor me dijo que me ayudara en mi oratoria — detiene sus palabras, estaba olvidando que era solo un niño — quiero decir...
— Hablas del arte de hablar en público con elocuencia y con la finalidad de persuadir o conmover a un público — respondió muy seguro de sí mismo.
— Impresionante — respondiendo sonriente — y por lo que veo, creo que no soy el único al que le gusta leer — viendo los tres libros que sostenía en sus manos.
— ¿Te gusta el Señor de los Anillos? — mostrándole la portada de los tres libros.
— Claro, pero yo los leí hace solo unos años y aun así me costó entenderlos... te exprime la imaginación — subiendo sus gafas — me sorprende que alguien tan pequeño esté interesado en ese tipo de literatura.
— No soy tan pequeño, tengo diez — contestó con firmeza
— Disculpa — dijo entre risas — yo 19... por cierto, me llamo Henry McCoy — estirando la mano— puedes llamarme Hank…
— Un gusto Hank — respondiendo con cortesía mientras estrechaba su mano — mi nombres es Charles, Charles Xavier.
— ¿Xavier? — preguntó sorprendido — ¿Cómo...
— ¡Charles! — grito asustada — aquí estabas... no te me separes así
— Profesora Xavier — agregó el joven colocándose de pie en un acto casi incontrolable
— Hank — respondió sonriente — ¿Cómo estás?
— Aquí... — señalando los libros — estudiando para el examen final — algo nervioso
— Que bueno — coloca su mano en el hombro de su joven estudiante — pero no te preocupes, eres mi mejor estudiante, no hay duda de que te ira excelente.
— Muchas gracias por su confianza — baja la mirada apenado — y por los presentes de la semana pasada...
— No hay de que... — algo incómoda — aunque la verdad, fue idea de Raven... yo solo facilite el dinero
— Entiendo — con un leve sonrojo debajo de los anteojos — por cierto... — se gira hacia Charles — su hijo es increíble y tiene grandes conocimientos, está quizás a la misma altura que Raven...
— No sé de quién lo habrá sacado — ríe incomoda — en fin, tu padre nos espera... — mirando a su hijo menor.
— Fue un gusto Hank — volviendo a estirar la mano hacia el estudiante — le diré a mi hermana que te vi.
— G-gracias — respondió nervioso estrechando la mano del pequeño.
— Adiós — dice la Profesora alejándose con su hijo.
Madre e hijo comenzaron a caminar hacia la salida, hasta que Charles decidió salir de una duda que se le presentó durante la conversación — ¿A qué presentes se refiere?
— Pues... — su rostro mostró incomodidad al instante — lo que sucede es que... — tratando de encontrar las palabras más sutiles — Hank proviene de un ambiente económico y familiar vulnerable — sintiendo la satisfacción en las palabras utilizadas, no eran tan crudas para Charles, mientras cruzaban la puerta principal de la biblioteca — por tanto, para poder financiar sus estudios, tuvo que esforzarse el doble que otros estudiante de su misma edad y terminó ganando una beca — sonríe con orgullo — la misma que tiene tu hermana y... bueno, como ambos tienen intelectos muy altos, avanzaron en sus carreras y se les permitió adelantar años — cruzando la calle — por eso tu hermana ya va en tercero de Medicina y a Hank le falta tan solo un año para sacar el título de Físico — mira a su hijo con cierto temor, no le gustaba tocar estos temas con Charles, temía que su hijo supiera de los horrores del mundo y le preocupaba que terminarán afectándolo — pero a pesar de eso, su situación económica no ha mejorado aún y Raven me mencionó hace algunas semanas lo vio entrando a la Universidad... — baja la voz — con un par zapatos viejos y rotos, además de un abrigo algo agujereado — exhala ante lo mencionado, pero termina sonriendo — y bueno, ya sabes cómo es tu hermana — orgullosa — quiere ayudar a todo el mundo y me pidió que le diera algunas cosas...
— Comprendo — respondió el pequeño muy convencido, mientras comenzaba a razonar todo lo mencionado — que impresionante es Hank, con razón le gusta a mi hermana...
— ¡Charles! — expreso algo apenada — no digas esas cosas, menos frente a tu hermana... — volviendo a susurrar — ella no quiere que... nadie sepa — frunció el ceño al instante, porque sabía de cierta forma, que eso no era cierto.
— ¿Qué tiene de malo? — cuestiono con inocencia — se ve que él es una gran persona, además de inteligente y esforzado ¿Quién no quisiera estar con alguien así? — su madre solo mantuvo la mirada fija en el camino, por lo que el pequeño insistió ante su duda — no creo que sea porque es pobre — sin miedo a la palabra — ¿O sí? — indagando con la mirada a su madre
Su madre carraspeó algo incomoda — eso... eso no importa —evitando el tema
Pero como siempre, cuando a Charles se le metía algo en la cabeza, ya no podía dejar de razonarlo — lo que no entiendo — prosiguió — es que si nosotros tenemos dinero y Hank no, porque se le da una beca a mi hermana... cuando nosotros sí podemos pagar su carrera completa y sin problemas.
La mujer guardó silencio unos segundos ante el racionamiento de su hijo. De cierta manera, tenía razón — Raven se ganó esa beca por su intelecto, no por si es rica o… pobre — la palabra la ponía tan incómoda — esas becas premian la inteligencia y el esfuerzo de los alumnos, sin importar su procedencia económica o social, es un reconocimiento.
— Eso es cierto — aprobando la respuesta de su madre — en ese caso, debería existir un lugar que les permita a los jóvenes sin recursos y con ganas de estudiar, poder desarrollarse libremente y sin complicaciones de ningún tipo... sin tener que estar matándose por una beca ¿No crees?
Sharon se sorprendió él como su hijo hablaba cada vez más como su hermana, definitivamente el pequeño también estaba mostrando señales de ser toda una lumbrera intelectual — pues algún día, espero que exista y alguien de buen corazón lo haga... — tratando de demostrarle a su hijo que siempre se puede esperar lo mejor de las cosas más desfavorables.
Charles sonrió al instante, fue ahí cuando lo comprendió por fin — claro que así será — volteando la mirada y encontrándose a su padre apoyado en el auto — ¡Papá! — corrió hacia él dichoso.
— ¡Charles! — grito asustada la mujer tratando de tomar su mano — no corras tan rápido, podrías lastimarte — detrás de él
— Calma — contestó el padre tomando a su hijo en brazos — si lo cuidas tanto, no le va a pasar nunca nada...
— Pues esa es la idea — respondió ella tratando de establecer un punto.
— ¡Papa! — grito el niño feliz — ¿Recuerdas que te dije que no sabía que quería hacer cuando grande? ¡Ahora lo sé! ¡Voy a hacer una escuela para niños sin recursos! — comentó muy emocionado — creare un lugar donde cualquier persona se desarrolle en lo que más ame y sin límites... como lo hacen ahora mi hermana y Hank — ambos padre se miraron al instante de manera sorprendida y no pudiendo evitar sonreír. Su hijo era un descubrimiento diario.
Ahora con 20 años, se encontraba a las puertas de la Universidad de Oxford, listo para comenzar su camino de ensoñación; respiro el aire otoñal de septiembre y exhalo muy pausadamente. La entrada principal de la Universidad rebosaba en nuevos estudiantes, iguales que Charles y aunque la Universidad le había ofrecido que entrara a la carrera a los 16 años, igual que su hermana, debido a su intelecto sorprendente, el joven prefirió seguir como todos los demás, graduarse a los 18 y durante los siguientes dos años se dedicó a trabajar. Sus padres, y sobre todo su madre se opusieron en un comienzo, alegando que él lo tenía todo, no requería trabajar, pero por más que explicó sus razones, sus padres no comprendieron nunca sus motivaciones.
Debido a su capacidad e ingenio, fue escalando muy rápido en la empresa de ensamblaje y a finales del primer año, terminó como jefe de toda la planta baja, y aunque nuevamente, la gente le ofrecía seguir saltando escalones y que llegará a un cargo mucho más alto, decidió seguir el camino que todos los demás seguían, estudiar. Postuló como uno más y entró con becas y excelencias, así que todo el dinero reunido, el cual no era poco, además de los ahorros que llevaba reuniendo desde hace algunos años y una clara ayuda de su hermana, los terminó usando para comprarse un tanto alejado y muy modesto departamento, a unos 30 minutos de la Universidad. Sus padres, como siempre, no quisieron, exigían que él siguiera viviendo en su casa, después de todo vivían en la misma ciudad, pero Charles como siempre, se las arregló para convencerlos, era un genio en eso.
Y así, tan inmerso estaba en sus pensamientos y recuerdos, que apenas escuchó a su madre a sus espaldas— ¡Charles!
— Perdón… ¿Qué decías? — respondió veloz girándose hacia ella
— ¿En qué tanto piensas hijo? — cerrando el auto
— En muchas cosas — aclaro con honestidad — aunque precisamente recordé cuando conocí a Hank y a todo lo que llevo eso... — sonriente señalando la Universidad a sus espaldas. Un semblante de tristeza pasó por los ojos de su madre y el joven lo capto al instante — hey... — se acerca para acariciar su rostro — no pienses en eso... o en nada más — tomando sus manos — ambos empezamos una nueva etapa en nuestras vidas a partir de hoy.
La mujer se obliga a mejorar su semblante — sí, tienes razón — tratando de sonreír
— Eso... — le responde con la misma sonrisa — la nueva Decana de la Facultad de Física no puede entrar a la Universidad llorando...
— Muy cierto — debía llenarse de ánimos, no de penas — lo que sí me preocupa... — lo mira con dulzura — eres tú... ¿Seguro estarás bien? Son muchos cambios, vivir solo, una nueva etapa en la Universidad... lejos de casa.
— Oye, seguimos viviendo en la misma ciudad, iré a tomar el té con ustedes las veces que pueda y nos veremos seguido los dos aquí en la Universidad — la mira con firmeza — necesito hacer esto... debo probarme a mí mismo y probarle a mi sueño, que estoy a su altura...
La mujer exhala rendida — no hay forma de sacarte esa idea de la cabeza — le arregla el cabello — desde hace 10 años... ya me di por vencida — colocando un mechón rebelde detrás de la oreja de su hijo — aunque no me rendiré a que te cortes... ¡Ese cabello! — expreso burlona.
— No toques mi cabello — contestó serio
— Bueno... — sonríe — me voy — le da un beso en la frente — cuídate mucho... ¿Si? — comenzando a caminar hacia la entrada — ¡Y no olvides almorzar!
— Si, mamá — respondiendo entre sonrisas algo avergonzadas.
Volvió su mirada al camino que él debía tomar y agradeció el clima que lo acompañaba; había un sol esplendoroso, raro para Inglaterra, pero que de cierta forma gritaba: es un nuevo día, haz que valga la pena. Se adentro en el lugar, cruzando la explanada principal y no pudo evitar sentir, que por primera vez en mucho tiempo, volvía a encajar.
Aunque su primera clase no demoraba en comenzar, sabía que había un lugar al que debía entrar, la Biblioteca; había escuchado tantos rumores sobre ella y lo impresionante que era, que la curiosidad lo terminó por consumir, pero para su mala suerte, estaba cerrada por remodelaciones y el cartel tan bellamente adornado, que hacía acorde con toda la fachada del lugar, decía que estaría disponible solo hasta dentro de dos semanas.
Estaba a punto de irse, pero algo en su interior le decía que entrara, había pocos estudiantes cerca, las clases estaban por comenzar y había un pequeño hueco entre las puertas; miro de reojo por los alrededores y sin pensarlo mucho, se saltó el cordón e ingreso. Aunque no era tan amplia o basta como la Biblioteca Británica, tenía un aura muy especial, como mágica, como si albergara historias muy antiguas y difíciles de creer, y estaba tan inmerso admirando la fachada, decoraciones y por supuesto las estanterías de libros, que no sintió las pisadas que venían hacia él.
— ¡Hey! — gritó un hombre que acaba de ingresar justo tras él — ¡No puedes entrar aquí! — en un acto casi instintivo, Charles corrió y se escondió entre dos estanterías, lo que obviamente el hombre notó — no creas que no te vi — la voz del hombre indicaba cierto relajo. Al parecer, le había hecho gracia que el joven se escondiera — ¿Viste el letrero? ¿Acaso no sabes leer? — preguntó con ironía mientras permanecía de pie en el pasillo principal.
— Si no supiera leer, no había entrado a la Universidad... — respondió con obviedad, aún oculto entre los estantes.
— ¿Y cómo sé que eres estudiante? Quizás solo te metiste a robar un libro — comenzando a molestarle la conversación.
— ¡Jamás robaría un libro! — respondió con cierta ofensa — eso es un sacrilegio...
El hombre permaneció unos segundos en silencio, él claramente estudiante dejaba en evidencia su fascinación por los libros, eso explicaba el que haya entrado al lugar — está bien, eres un estudiante... pero aun así, no puedes entrar aquí.
— Me iré... cuando usted se vaya — indicó.
¿Usted? —se preguntó a sí mismo el hombre— ¿Qué edad cree que tengo este niño? — debatió internamente.
Ante el silencio del hombre, Charles consulto — ¿Es un Profesor?
— Si — respondió de manera neutral
— Con menor razón saldré — firme — según el código de conducta estudiantil de la Universidad, si un Profesor sorprende a un alumno en una situación inadecuada o ingresando a sectores de prohibido acceso, tiene la facultad para aplicar el Código de Ética — hizo una pausa — no quiero que me apliquen una sanción en mi primer día, por eso no salgo, si no me ve la cara... no sabrá quién soy y no puede sancionar a un sin rostro.
El Profesor no puede evitar reírse ante la acción del joven, es algo tierna e inocente, pero claramente justificada — ¿Te memorizaste todo el código estudiantil de memoria? — preguntó entre risas
— Solo las partes más importantes — responde muy seguro — al menos las que impliquen una posible sanción o expulsión.
Vuelve a reír. Este muchacho comenzaba a ser todo un caso, así que razono, claramente lo terminaría enfrentando cara a cara, si es que se dejaba y luego le diría que no lo sancionaría, siempre y cuando no lo volviera a ver en situaciones inadecuadas, como el muchacho bien dijo — hagamos algo...
— ¡Profesor Lehnsherr! — interrumpió un alumno de último año — la nueva Decana de Física lo está esperando afuera — entremedio de las puertas — quiere reunirse con usted previo a las clases
— ¡¿La nueva Decana de Física?! — se preguntó alarmado Charles — ¡Mi madre! — comenzó al instante a sudar frío, si lo encontraba en este lugar, a punto de recibir una sanción... lo mataría y no figurativamente.
— Dígale que entre... — comentó el Profesor. Era un buen lugar para hablar con su nueva jefa, no era exactamente una oficina, pero al menos podrían hablar con privacidad, pero lo dijo tan seguro que olvido al polizonte dentro de la biblioteca.
— ¡No! — gritó asustado Charles e instantáneamente, se tapó la boca. Se había delatado.
— ¿Qué fue eso? — preguntó el alumno
El Profesor decidió manejar el solo el asunto — yo me encargo... — mira a las estanterías y demora unos segundos en continuar — mejor pídele el favor de mi parte que me espere afuera solo un momento, enseguida voy... — el joven permaneció de pie — gracias, Alex — agregó con firmeza para solicitarle que se retirara, el cual no salió muy convencido.
El silencio reino por unos segundos — por favor... — susurro Charles — la Decana no puede verme aquí... menos hoy — su voz demandaba urgencia.
El Profesor lo pensó por algunos segundos, el temor era notorio en el estudiante ¿Tan aterradora era esta Profesora? Había escuchado rumores de su terquedad y carácter, pero jamás pensó que fuera tan atemorizante — ¿No quieres que ella entre? — indago.
— No, se lo suplico Profesor... — con la voz aguda — si quiere sancióneme, pero que ella no me vea aquí.
Oficialmente era todo un caso este joven, pero se notaba que estaba desesperado, por lo que solo pudo terminar suspirando — esto me pasa por tener corazón de abuela — se cuestionó de manera interna, mientras una sonrisa cómplice dejaba ver unos bellísimos dientes perlados — niño... — volviendo a hablar
— ¿Si? — pregunto no muy feliz, no le gustaba que le dijeran niño.
— Me ocuparé de ella — mirando las estanterías — vete a clases y no hagas más locuras — exhala entre risas — hay una puerta en la estantería siguiente, da hacia el patio principal... sal por ahí — se da vuelta hacia la puerta.
— ¡Gracias! — gritó feliz Charles
— ¡Solo no te robes ningún libro! — comentó sarcásticamente, mientras abría la puerta principal de la biblioteca.
— ¡No soy un ladrón! — grito asomándose por las estanterías y alcanzando a divisar a un hombre alto con un Beatle cuello de tortuga salir por la puerta — y gracias... de nuevo — susurro sonriente — algún día se lo agradeceré en persona — volteando hacia la puerta indicada — mi primer día y ya conocí a una persona amable... — caminando hacia la puerta — el Profesor Lehnsherr…
Chapter 3: 2
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Viento.
Corría a toda la velocidad que daban sus largas y bien torneadas piernas, las clases de natación que había tomado hace algunos meses, le estaban brindando frutos. Pero ahora esa no era lo importante, su mente tenía un solo objetivo, llegar a tiempo a clases.
10:00 a.m
Estaba volteando hacia el gran pasillo central de su facultad, estaba a solo 10 metros de su salón, podía lograrlo ¡Claro que sí! pero se maldijo igualmente, su afición por los libros algún día le cobraría una mala pasada; Tengo que estar en la puerta antes que den las 10:01, repetía su cerebro una y otra vez, pues técnicamente aún estaría dentro del horario de llegada. La percepción horaria estaba mal formulada, al menos desde su punto de vista, pues la gente pensaba que si la hora acordada de llegada a un lugar era a las 10:00 am, la persona citada debía estar en el lugar precisamente a las diez en punto, no a las diez con un segundo, sin considerar que todavía había 59 segundos restantes para poder llegar, y no estabas atrasado, estabas dentro del rango de los 60 segundos que duran las diez de la mañana.
¡Carlos por Dios! no es momento de pensar esas cosas.
En efecto, su postulación resultó acertada, pues ingreso por las puertas del salón a las diez con 47 segundos, justo a tiempo, y aunque trato de hacerlo con la mayor parsimonia y discreción del mundo, fue imposible, todos sus futuros colegas ya se encontraron sentados e instalados, todos con la mirada fija en el joven de bellos ojos azules que entró prácticamente corriendo al lugar. Charles mejoró al instante su postura y trato de caminar hacia los pupitres sin ser notado, pero su plan no funcionó.
— Buenos días — comento una bella mujer detrás de él — creo que llega tarde... — sonriendo
— En realidad — respondió volteándose — llegue justo a la hora, para ser exacto a las diez con 47 segundos — muy convencido
—¿A si? — intrigada
— Si, aún no eran las 10:01 — con mucha tranquilidad en su voz
La mujer sonríe ante la respuesta del joven, de cierta forma le encuentra razón, pero no puede quedar desacredita ante sus alumnos el primer día — ¿Sabe qué? día es hoy?
— Claro — quedando completamente de frente a ella. Solo había alcanzado a subir tres escalones del salón — hoy es 5 de septiembre de 1980 — sus compañeros no pueden evitar reírse. Al parecer el joven, o no había captado la ironía de la Profesora o simplemente, tenía respuesta para todo.
— Yo me refería a que hoy es el primer día y no habla muy bien de usted el que llegue tarde justo hoy — agregó la mujer
— Le repito que no llegue tarde, pero comprendo su disconformidad — hace una pausa para poder respirar. Aún no se aclimataba al esfuerzo de correr, su cuerpo no estaba hecho para eso, él era más como un hurón de biblioteca, mejor calificativo que rata,porque no le gustaban las ratas — la molestia para usted y mis compañeros fue el modo que ingresa al salón — se voltea hacia los demás — y pido las disculpas si incomode a alguien — mira a la Profesora — incluida a usted Profesora Frost.
La mujer se quedó en silencio ante tal respuesta, el joven era tan educado, que rayaba entre lo vergonzoso y lo encantador, ya había algunos estudiantes mirándolo con ternura y cierto interés — veo que está familiarizado con mi nombre, pero yo no con el suyo — haciendo además de que se acercara — ¿Por qué no viene aquí y se presenta como corresponde?
— Por supuesto — con cero intención de llamar la atención. Una persona amable le solicitaba algo y la obedecía encantada, no había nada mejor que la cortesía — es un placer conocerla — estirando su mano hacia ella.
La mujer dudo alrededor de dos segundos, no por recelo, sino porque no esperaba para nada el actuar del joven, todo un descubrimiento — también para mi — estrechándola con gran aceptación. Algunos estudiantes estaban sonriendo y una que otra risa se escuchó por ahí, una forma inusual de empezar el primer día — preséntese — prosiguió la mujer
— Mi nombres es Charles Xavier, un gusto conocerlos a todos — muy sonriente
Al instante, muchos murmullos comenzaron a escucharse. Un Xavier, eso cambiaba por completo todas las cosas, hasta la Académica se sorprenderá; Sabía de antemano que el hijo de Sharon estaría en su clase, pero jamás pensó que justo este joven tan encantador, a su manera, fuera de su hijo ¿Quién lo diría? — parece que por los murmullos — mirando a sus alumnos — todos o al menos casi todos, saben quién eres.
— No — responde seguro y sonriente — no me conocen, conocen mi apellido ya mis padres — volviendo la mirada a su Profesora.
Volvió a quedar en silencio, el joven de nuevo tenía razón, era asociado a un apellido ya una familia, pero nadie sabía nada él — tiene razón... — mira fijamente a Charles, mientras dibujaba una sonrisa en su rostro, opta por seguir con el juego — ¿No le molesta hablar de sus padres?
— Para nada — con cierto brillo en sus ojos, parecían estrellas de tanto que brillaban. Hablar de sus padres no era ningún problema para él y aunque seguía con su nulo interés de llamar la atención, hablar de ellos si lo enorgullecía — mi madre es Sharon Xavier, ha sido Profesora de la Facultad de Física por los últimos 10 años, actualmente fue nombrada Decana de la misma y es una connotada escritora e investigadora dentro del mundo de las Ciencias — más murmullos — mi padre es Brian Xavier, un reconocido neurocirujano del Royal London Hospital, Jefe de la Unidad de Cirugía durante los últimos 20 años, ganador del 1° premio Wolf de Medicina hace dos años y del Premio Dickson hace cinco — volteándose muy sonriente a su Profesora.
Ahora sí que la mujer se quedó en silencio, ni siquiera ella sabía todos los logros de su colega docente y del Doctor Xavier, sin lugar a duda era una familia muy excepcional, y valorando la redundancia,su hijo también era claramente, alguien excepcional, y aunque le dolió que faltara una arista más en ese núcleo— bueno, creo que quedó más que claro — mira a Charles — gracias por la introducción — sonriente — ahora en adelante procura llegar a las diez con un segundo.
— A si lo haré — respondió muy seguro — permiso... — comenzando a caminar nuevamente a los pupitres.
— ¿Es cierto que tu padre operó al Príncipe Carlos? — preguntó una estudiante desde la sexta fila.
Charles se detuvo nuevamente en las escaleras, no esperaba esa pregunta y tratando de no ser inoportuno, miró a su Profesora, indagando si ésta autorizaba que el respondiera, no podía hablar si a ella le molestaba o implicaba Interrumpió su clase, pero también sintió que era de muy mala educación dejar a una persona sin respuesta, luego de formular una pregunta. Para su suerte, la docente se aproxima levemente. Charles irritante — pues la verdad, si... — murmullos — se suponía que era un secreto real — ríe — pero el The Sun se encargó de que no quedará así... — leves carcajadas rebotan en el salón — no fue nada grave como muchos piensan — mirando a la chica
— ¿Es cierto que tu familia es pariente lejana del Duque de Gloucester? — pregunto ahora un chico parándose. Charles se quedó en el mundo, jamás había escuchado ese rumor
— ¿Es cierto que viven en una mansión financiada por la Corona? — preguntó otro
— ¡Oí que tu padre le salvó la vida a George Harrison! — los murmullos aumentaban más y más. Aunque Charles se consideraba alguien muy amable, al cual la gente siempre se le acercaba, no pudo evitar empezar a sentirse incómodo, no le gustaban mucho los grandes tumultos y menos con tanto ruido, por eso no tenía muchos amigos. Busco apoyo en su Profesora y esta captó el mensaje al instante.
— ¡Oigan! ¡Oígan! — levantando la voz — ¡Calma! — de a poco, las voces fueron bajando sus decibeles — sé que muchos están emocionados con nuestra nueva celebridad — riendo un poco nervioso por el término— pero no lo agobien, si él quiere les contara, pero no ahora y menos en horario de clases — el silencio se hizo — excelente ¿Ninguna pregunta más? — en señal de broma.
— ¡Yo sí! — se levantó una chica muy emocionada — ¿Quisiera saber si ya tiene novia? — las risas y burlas explotan casi al instante y Charles sintio el tinte rojo colorear todo su rostro en menos de un segundo, nunca nadie le había preguntado algo así, menos en frente de tantas personas y esa era claramente una pregunta que jamás respondería, aunque pudiera sonar poco amable; La razón era simple, jamás había tenido novia.
— Una pregunta constructiva, señorita... — comentario de manera sarcástica tratando de indagar el nombre de su estudiante.
— Moira Mactaggert — voltea la mirada a Charles con clara coquetería — por si te interesa — el resto de los estudiantes comienzan nuevamente las burlas.
— Ya... — solicitó Emma — silencio — mirándolos — ¿Será que ahora puedo empezar mi clase? —mira a Charles — ve a sentarte,por favor — el joven obedece y se ubica entre dos jóvenes que lo miraban con cierto recelo, era imposible agradar a todo el mundo y eso lo tenía muy claro.
Durante toda su vida, le había agradado a mucha gente, por su encanto y físico, pero también había generado mucha envidia y celos, debido a su estrato económico y su notable inteligencia, pero eso a Charles no le importaba, estaba acostumbrado a eso y de cierta forma, compadecía a esa gente, no tenían otra cosa mejor que hacer, que estar pendientes de la vida de otros.
— Yo pido una última pregunta — agrega un joven de la última fila — según mi compañera sentada a mi lado — la mira y esta se tapa el rostro en señal de vergüenza — el joven Xavier es muy atractivo — las burlas vuelven — pero mi pregunta ¿Tendrá una hermana quizás? — sonríe — para que la presente, digo yo — algunos hombres celebran y aplauden — espero el contacto, cuñado... — sentándose feliz.
El rostro de la Docente se aguanta por completo y su mirada se posiciona al instante en Charles, su estudiante mira hacia otro lado, al parecer se dio cuenta de los motivos de su Profesora, pero no quería dar respuesta, no de eso.
La mujer actuó de inmediato al cambio de tema — ¡Suficiente! — con voz firme — creo que ya tuvimos suficientes presentaciones — mira al alumno que hizo la última pregunta — y ya que usted está tan interesado en el árbol genealógico de su compañero, no les molestará traernos el suyo para la próxima semana y mucho menos presentarlo delante de todos — el estudiante trata de hablar pero la Académica es más rápida — hasta la quinta generación — le sonríe — gracias — el joven se calla y ella prosigue — muy bien, demos comienzo oficialmente a su primer semestre universitario, yo soy la Profesora Emma Frost, por si no me conocían y estaría a cargo de impartirles el ramo de Introducción a la Historia Universal — se gira hacia la pizarra — comencemos desde la base de todo, el ser humano...
Algunos habían sacado sus cuadernos y libros, algunos conversaban, algunos luchaban por no dormirse y algunos aún observaban al joven Xavier, el cual, aunque tenía su vista fija en la pizarra, sus pensamientos, y sobre todo emociones, estaban muy lejos. Debido a su intelecto, había logrado desarrollar la habilidad de poder almacenar información en su cerebro, aun sin estar cien por ciento concentrado, capacidad que incluso le facilitaba el no tener que estudiar o repasar y mucho menos necesitar anotar apuntes; así, mientras su cerebro almacenaba todo el conocimiento que relataba la Profesora, Charles volvió a sus recuerdos. Aquella última pregunta sí que lo había dejado helado, porque al parecer, sus padres en verdad se habían encargado de que nadie supiera nada.
Y no es como que nunca recordará el pasado, esta misma mañana, hace solo unas horas lo hizo, pero solo Hank vino a su mente y no lo relaciono con el motivo de su pena. Era increíble, pero al parecer, y aunque uno no quiera admitirlo,los psicólogos terminan siempre teniendo la razón; El dolor no se va nunca.
Terminada la clase, y ya acercándose la hora del almuerzo, Charles prefirió comprarse algo ligero, echarse sobre el césped y leer lo que quedaba de descanso, la siguiente clase era después del almuerzo, pero al parecer, sus planos no fueron posibles. En cuanto se sentó en el césped, un grupo de alrededor de ocho personas, en su mayoría mujeres, se acercaron a él y comenzaron a hablarle, y como Charles estaba siempre de ser muy amable y cordial, ganó su compañía y conversación; al final, terminó dándose cuenta, que no fue para nada una mala experiencia, conoció gente muy amena y simpática y que parecían estar bastante interesados en su vida, es como si estuvieran hablando con una celebridad, pero una muy cercana y humilde.
Charles disfruto el momento, pero tenía muy claro en su mente, que dentro de muy pocas semanas, todas esas personas se alejaran, así era siempre, luego de que la emoción y el interés inicial pasarán, se darían cuenta que no obtendrían nada por parte. de Charles y terminan optando por irse. Siempre es así, y por eso, sus amistades se resumían solo a dos personas, Hank y Logan.
A cierta distancia de ahí, varios Profesores se encontraban en el casino, compraban sus almuerzos y comentaban las primeras impresiones de los nuevos estudiantes, todo parecía indicar que había mucha tela que cortar. En una mesa alejada de la puerta, se encontraban casi todos los profesores de la Facultad de Física, estaban celebrando el nuevo ascenso a Decana de Sharon y conociéndose entre ellos, muy pocas veces estaban casi todos juntos.
— Apenas es mi primer día y ya tengo el escritorio repleto de papeles — comentaba entre risas la nueva Decana — no quiero saber que me espera en los siguientes meses
— Pues tendrás que armarte de valor, porque el Decano Trask dejó la vara muy alta — agregó una Profesora de tez morena
— Gracias Ororo… —respondió Sharon con extra de ironía— eso me da mucho valor…
— Tú puedes — respondió con ánimos, mientras volteaba hacia el otro costado de la mesa — por cierto ¿Conoces a Erik? — señalando al hombre que conversaba muy ameno con el Profesor LeBeau — Erik... — el hombre se voltea a verla — ¿Ya conoces a nuestra nueva Decana?
— Claro — responde muy cortés — tuvimos una reunión hoy en la mañana, previa a las clases
— ¿A si? — pregunta Ororo
— Si, quería reunirme con los profesores más jóvenes, con los que llevan menos tiempo trabajando en la Facultad y que trabajan solo media jornada — responde la Decana — ellos no podrán verme tan seguido y quería que fijáramos reuniones.
— Precisamente —agrega el Profesor LeBeau con su acento marcado— la verdad, ni Erik ni yo habíamos tenido el placer de conocer a la Profesora Xavier, incluso previo a su nombramiento — sonriendo — es que jamás nos cruzamos por los pasillos y eso que llevamos ya cinco años trabajando aquí.
— Y yo voy para los tres —agrega Erik.
— ¿Y ya sabes que es toda una eminencia? ¿Qué es prácticamente una celebridad? ¿Qué todas las Universidades de Inglaterra quieren quitárnosla? — pregunta burlón el Profesor Shaw
— Ya basta, Sebastián — dice ella algo sonrojada — este ha sido mi hogar los últimos 10 años, jamás me iría y menos ahora...
— Ahora que te nombraron Decana — agregado Ororo
Sharon estaba por responder, ser nombrada Decana no era la única razón, pero una cara familiar se asomó en la mesa— ¿Me puedo unir o solo es una mesa para físicos? — preguntó Emma
— No, para nada — responde Shaw poniéndose de pie al instante — tu compañía es más que grata — indicando que se siente a su lado
— ¿Siempre eres tan amable o es mi día de suerte? — pregunta sentándose
— Lo cortés no quita lo valiente... — agrega él
— Lo hace solo porque eres tú — respondió burlona Ororo — aún no se rinde después de esa primera cita fallida — se escuchan algunas risas
— Eso ya fue hace mucho — contesta sin sonar ofendido el Profesor Shaw. Sabía que había sido mucho más que eso.
Frost prefirió ignorar las risas y comentarios. No quería recordar eso justo ahora — hola a todos... — recorriendo la mesa con la mirada y recibiendo respuesta de casi todos — Erik ¿Qué no saludas?
El hombre voltea hacia ella —sabes que no me simpatizas en lo más mínimo— respondió burlón.
— Pues qué manera de agradecerle a la mujer que te dio trabajo — fingiendo estar ofendida
— Eres tan dramático — comenta Erik
— Eso explica porque la cita no resultó — vuelve a insistir Ororo entre risas.
— Y eso que no la conociste cuando teníamos 20 años — agrega Erik — cuando entramos juntos a la Universidad, lloraba cada vez que obtenía notas por debajo de la excelencia — ahogó una risa
La mujer ni siquiera lo mira — en fin, fingiré que no escucha eso — voltea hacia Sharon — la verdad, quería primero venir a felicitarte por tu nuevo nombramiento...
— Muchas gracias — respondió muy orgullosa
— Y segundo — muy sonriente — para decirte que tuve el encanto y placer de conocer a tu hijo hoy
— ¿Charles ya entró a la Universidad? — preguntó Ororo — que rápido que pasa el tiempo…
— Así es... — prosiguió Emma — es mi alumno y hoy se presentó ante toda la clase — ríe — digamos que fue mitad mi culpa y mitad de él... por llegar tarde
— Primer día y ya le estás dando quejas de su hijo, eres horrible Emma — responde Shaw
— No son quejas, al contrario, la verdad es que... — demora unos segundos en aclarar su garganta y da un largo suspiro, para luego mirar fijamente a Sharon — ¡Quede prácticamente enamorada de él! — responde risueña — ¡Que chiquillo tan encantador! ¡Tan caballero! — ríe — ¡Y tan respondón! — todos se estallan en risas.
Sharon estaba tan feliz de escuchar eso, estaba preocupada de que a Charles le costaría encajar, que sus compañeros eran fríos con él, o como siempre sumamente interesados, para luego dejarlo solo, pero al menos impresionó a su Profesora, eso era muy bueno.
— Es que es un muchacho divino, tan amable, tan cortés, tan dulce, atento,inteligente y sumamente caballero — le faltaban calificativos, porque Charles había sido toda una experiencia durante toda la clase, participando y respondiendo preguntas.
— Que alegría que tenías esa impresión de él... — comentó con cierta incomodidad — tenía un poco de miedo de que no logrará encajar... — su semblante se volvió algo sombrío y los presentes lo notaron.
Todos los Profesores permanecieron en silencio, algunos recordaron los posibles motivos de porque Sharon reaccionaba así y prefirieron no mencionar nada, otros, por su parte, parecieron algo confundidos, uno de ellos... fue Erik.
— ¿Por qué? Si se puede saber... — interrumpió el hombre — ¿A tenido problemas académicos en el pasado? Porque el sistema de tutores a estado funcionando muy bien —Emma ascendió segura. Ella era la encargada de esto en el Departamento de Historia.
Sharon, aunque le extrañó la pregunta del Profesor, agradeció que la hiciera y por supuesto también que ofreciera soluciones, pero la verdad es que una parte de ella necesitaba sacar sus miedos afuera y que mejor que con sus colegas, pero su otra parte, aquella más racional le contrario, haciéndole tratar de entender que ella ya no era su igual, ahora era la Decana, su Jefa y por tanto ya no podía tener la confianza y cercanía que tenía antes con ellos.
— Charles es alguien sumamente especial, tiene puntos únicos y un carisma que enamora — mirando muy orgullosa a Erik — pero que también genera rechazo... — sus manos en señal de nerviosismo — aunque él no me lo diga, a veces se siente abrumado por el éxito de mi esposo y mío, no porque piense que no puede alcanzarnos, él no es una persona aspiracional a superar al resto, es demasiado humilde para eso... pero la gente tiende a acercarse a él solo por interés — suspira — y cuando consiguen lo quieren, luego suelen dejarlo... solo, le ha pasado demasiado seguido, eso lo ha vuelto algo suspicaz y retraído.
El Profesor comenzó a comprender al instante el motivo de pena y preocupación de la Decana, era mujer, pero sobre todo madre; el mismo tenía algunos tipos de alumnos en sus clases, que por conseguir el conocimiento que necesitaban o cualquier cosa que requerían para aprobar una materia, terminaban abusando y explotando a los más tímidos y con mayor intelecto, ya todas luces, parecía que el hijo de la Decana era uno de esos jóvenes utilizados.
— Por eso prefiere estar solo... — prosiguió Sharon — se refugia en los libros, en aprender... — comenta sonriendo con dulzura y aunque no quiere describir a su hijo, vanagloriarse de lo maravilloso que es o aburrir a los demás con sus miedos, continúa su discurso — supongo que solo quiere conocer el mundo, a su manera claro... maravillarse con cada detalle — soltando una risa nostálgica, que es admirada por todos; una de las cosas bellas de la vida, es ver a una madre hablar detalles de sus hijos — es un niño maravilloso y cada día descubre algo nuevo en él, jamás,pero jamás deja de sorprenderte — da un suspiro muy largo.
Erik no supo porque, pero sintió una conexión muy especial con esa historia, la persona que le relataba Sharon era claramente un niño apartado del resto, de cierta forma rechazado y diferente a los demás, pero eso mismo es lo que lo hacía único, y que de cierta forma, le recordaba a él, a pasajes casi olvidados de su pasado — pues para mí... — mira a Sharon — todo lo que escuche, me describe a un ser maravilloso — sonriendo con gran ahínco. Sharon respondió con la misma sonrisa cargada de agradecimiento.
Emma miró fijamente a Erik y se percató, que de los años que se conocían y eran amigos, jamás lo había visto sonreír así, por lo que decidió intervenir — estoy de acuerdo con Erik, es un joven realmente encantador — agregado cortando su comida — y muy atractivo — Sharon no puede evitar sorprenderse y el resto de los profesores ahogaron una risa, incluido Erik.
— Emma… podría ser tu hijo — comenta Ororo
— Pero no lo es — responde con neutralidad, hasta que termina analizando lo que dijo su colega — ¿Qué me estás tratando de decir? — algo molesto — ¿Qué soy vieja? — el resto ríe — apenas tengo 35...
— Te entiendo perfectamente — agrega Erik — hoy día un estudiante me trato de usted... ¿Quizás qué edad pensó que tendría?
— ¡Ay, mon Amie! — respondió el Profesor LeBeau — no te quejes, te conservas para tus 35 años — riendo ante la mirada fulminante de su colega — además, he visto a muchos estudiantes suspirando por ti... pasas casi como un alumno más
— Eres todo un casanova — agregó Ororo — yo todavía esperaba a que me dieras una chance — comenta burlona — pero ya me rendí — Erik solo responde con una risa.
— Que me queda a mí que tengo 60 — comenta Sharon — no se quejen tanto
Emma ríe, pero trata de volver al tema — pero siguiendo con lo que yo decía — suspira feliz — déjame decirte que tienes un hijo demasiado guapo — limpiando la boca — dejó a más de la mitad de mi clase suspirando, incluyéndome — ríe
— ¿Cómo es? ¿Se parece más a Sharon o más a Brian? — pregunta Shaw
Sharon levantó ambas cejas y los miro a todos — ¿Están desmenuzando a mi pobre hijo?
— Solo pregunto porque no lo conozco, quizás lo vi pasar hoy y no me di cuenta...
— Es todo un adonis — comenta feliz Emma — mide como diez centímetros menos que Erik — mirando a su amigo para tratar de comparar — cara ovalada , pelo castaño y un poco desordenado, sonrisa divina y lo mejor, sus ojitos... — muy feliz — dos zafiros azules — mira a los demás — en serio, parecían estrellas... esos ojos no son normales — suspira — dejarían a cualquiera enamorado.
— Como a ti — agregado en burla Erik.
— Podría fácilmente enamorar hasta a un hombre — agrega segura. Erik se ríe ante los comentarios de su amiga, en verdad algunas veces puede ser algo desatinada,pero no quita el repentino interés por conocer al famoso Charles Xavier y ver porqué su amiga había quedado tan prendada ¿Quién sabe? Quizás por fin Emma termine encontrando el amor y en un estudiante... aunque 15 años menos que ella. Qué escándalo.
Sharon se atora mientras bebe agua ante el comentario de la mujer, no puede ni siquiera imaginar la idea de que su bebé esté con un hombre. ¿Eso podría pasar? O sea, sabía que cada día se sabían historias de hombres que les gustaba “estar” con otros hombres y que se excusaban que estaban comenzando los "80", era nueva época y otras cosas más extrañas, pero era imposible que algo así fuera normal. ¿No? Porque si lo fuera, hace muchos años que se había conocido, y aunque técnicamente estaba legalizado en Inglaterra y en uno que otro país, a puertas adentro claro, de ser normal, sería mayormente aceptado; Sharon prefería catalogarlo como etapas, sobre todo de la adolescencia.
— Bueno... — dice Ororo — me encantaría seguir hablando del hijo de Sharon, pero debo retirarme, fue un placer comer con ustedes, pero el deber llama — parándose con cierta dificultad, por lo que Remy la ayuda con delicadeza— nos vemos en la reunión semanal — mira a Shaw — no te tardes, tenemos que explicarles a los estudiantes las modalidades de los exámenes — se acaricia el vientre — en tan solo cuatro meses serás mi remplazo por largo tiempo
— No te acostumbres — comenta Shaw parándose — esto solo lo hago por el bebé y porque T'Challa es mi mejor amigo
— Si, como no — alejándose — adiós...
— Yo también me retiro — dice el Profesor Remy Etienne LeBeau, volteando hacia su colega — ¿Vienes Erik?
— Claro — responde Erik — un gusto almorzar con ustedes — despidiéndose de todos — tiene un hijo maravilloso, no se preocupe por nada... todo saldrá bien— yéndose
— Gracias — contesta feliz Sharon, viendo irse a ambos Profesores, para luego voltear hacia Emma — hasta el momento, he tenido una muy buena impresión de ese muchacho — refiriéndose a Erik.
— Y te va a seguir sorprendiendo cada día más — agrega orgullosa Emma, sabía que Erik cumplirá con todas las expectativas de la Decana, pero en este preciso momento, era otra cosa la que debía hablar con Sharon — ahora que estamos solas, hay algo que debo comentarte...
— ¿Qué sucede? — consulta sin darle importancia.
Emma da un largo suspiro — la verdad, fue mi culpa, deje que se me escapara de las manos la presentación durante la clase y los alumnos, como siempre, preguntan lo que no debe — suspira pausadamente — hoy le preguntaron por Raven a Charles. .. — mira de reojo a la Xavier — creo que le afectó...
Sharon palideció al instante, hasta a ella le afecta que la mencionen, incluso en su propia casa está prohibido el tocar este tema, como si jamás hubiera pasado, eso siempre le repetía a Brian ya Charles, no quería que nadie jamás lo mencionara, menos en su presencia, pero entendía por qué Emma se lo comentaba; Hacía lo correcto, porque en su afán de borrar, Sharon se olvidaba que Charles también sufría.
— No,no es tu culpa... — da un largo suspiro — es mía, por obligar a Charles a sacarla o prácticamente eliminarla de su vida... — aleja un poco los platos, hasta el apetito se le quita — porque cuando algo como esto sucede, no sabe cómo manejarlo y termina afectándolo de sobremanera, aunque no quiera decirme.
— Soy historiadora, no psicóloga — agrega Emma tomando la mano de Sharon — pero querer borrar todo, es la peor idea, dentro de una larga lista de malas ideas — aprieta su mano — sé que ustedes estaban yendo con un terapeuta, creo que les Haría bien continuar con el tratamiento — algunas lágrimas aparecen en los ojos de Sharon — han pasado ya dos años... desde su fallecimiento y aunque el luto no se ira jamás, pueden aprender a sobrellevarlo.
Sharon vuelve a suspirar, era increíble, pero en solo un día, ya había recordado dos veces a su hija y de las dos, casi termina llorando — tienes razón... hablaré con Charles.
Chapter 4: 3
Chapter Text
Estrellas.
El reloj del auto marcaba las 9:30 de la noche, Brian Xavier manejaba desde Londres hasta Oxford, el recorrido duraba alrededor de una hora y veinte minutos, así que tenía suficiente tiempo para pensar en lo que le esperaba en casa, aunque muy en el fondo no quería pensar nada; Sharon lo había llamado alrededor de hace dos horas para comentarle su primer día, le extrañó que lo hiciera por teléfono y que no se esperará el que llegara casa, pudo haberlo compartido perfectamente durante la cena, pero muy pronto descubrió la verdadera razón de la llamada. .
Cuando el silencio se hizo, supo al instante que sucedía, su esposa rara vez se quedaba callada y cuando lo hacía, era solamente porque estaba aguantando las ganas de llorar, entonces, después de una pregunta de confirmación, su esposa le comento lo que pasó. con Emma y Charles durante la primera clase. Emma.
Aunque quería mucho a esa joven mujer, siempre había pensado que era algo atolondrada y despistada, no se fijaba en sus acciones y podía terminar hiriendo los sentimientos de los demás, y como padre sabía que muy en el fondo, Charles era muy sensato, aunque lo ocultara a la perfección bajo una imagen de cortesía y bondad, sobre todo para no preocupar a su madre. Pero a pesar de eso, no podía molestarse con ella, era la única hija de su mejor amigo, Sir Winston Frost, un reconocido Cardiólogo que había fallecido hace ya muchos años, cuando Emma apenas entraba a la Universidad y desde entonces, la trataban como una hija más; y aunque le habían perdido la pista durante unos años, reapareció trabajando para la Universidad de Oxford y ahí se había quedado, durante un poco más de un lustro.
Había estado presente durante muchos momentos duros de su vida, y por tanto, era casi obvio que supiera todo sobre Raven, aun cuando Charles no la recordara mucho, y claramente no estuvo de acuerdo de la decisión tomada como familia, o más bien la decisión. de Sharon de borrar todos los recuerdos de su hija mayor del hogar, lo acepto, tanto así, que se llevó muchas de las pertenencias olvidadas de Raven, a su departamento, para que no atormentaran a Sharon, pero siguió mostrándose negativa ante la idea; jamás callaba su opinión.
Para Brian era diferente, aunque fingía desinterés, cada noche, sin que su esposa lo supiera, entraba a la habitación de su hija cerrada con llave y lloraba por algunas horas, sentía que era el único espacio y momento para recordarla, porque al salir por la puerta, él siempre había tenido solo un hijo, Charles. Ya a mitad de camino, recobro fortaleza y se enfocó en su única misión, llegar a casa y servir nuevamente de paño de lágrimas de su esposa, la única tarea que tuvo en estos tiempos como esposo, durante los últimos dos años.
Por su parte, Charles se encontraba sentado en el balcón de su departamento, había logrado acomodarlo y rediseñarlo a su gusto, sentía que por fin lograba transformarlo en su nuevo hogar, bastante modesto, sin muchos adornos o aditamentos, pero con muchos, muchos libros. y por supuesto, su viejo tocadiscos, regalo de Raven para su cumpleaños número quince. Cuervo . ¿Cómo un simple nombre podía cambiar por completo su estado de ánimo? A veces la extrañaba ¿Solo a veces? Cada maldito segundo. Siempre había sentido que ella era la única persona en el mundo que realmente lo conocía y lograba entenderlo, y dudaba que otra persona llegara a poder hacerlo a ese nivel. Y así, grabando a su hermana, terminó su té de cada noche, para luego irse a la cama.
A lo lejos, y ya entrada la madrugada, un Profesor de ojos verdes azulados trataba de dormir con tranquilidad en su cama, pero como las últimas noches, un recuerdo horrible volvió a atacarlo, no sabía muy bien por qué su cerebro recordaba ese momento una y otra vez, como si le tratara de decir algo. O Erik si sabía la respuesta, aquel suceso quizás que gatillo traería de vuelta todos esos horribles recuerdos del pasado hace menos de un año, pero él se seguía empecinado en negarlo y enterrarlos, sin embargo, podía sentir como poco a poco se iban acumulando. , como una caldera a presión que estaba a punto de estallar.
El sudor comenzaba a recorrer su frente y su espalda, el cuerpo se tensaba y los espasmos ante el recuerdo que se tornaba en pesadillas, se hacían presente una y otra vez, la cabeza se volteaba de un lado a otro, tratando de sacar las imágenes. de su mente, pero era imposible — nein... nein... — eran las únicas palabras que surgían de su boca — mutter... verlasst mich bitte nicht — pero por más que se movía su cuerpo y cabeza, su mente solo repetía una imagen, una mujer, su madre, siendo alejada para siempre de su vida.
Los días fueron pasando y las clases comenzaban a volverse cada vez más rutinarias, el flujo de personas que se acercaban y alejaban de Charles era continuo y este parecía agarrar el ritmo de estas; apuntes, conversaciones, almuerzos, invitaciones al cine, a tomar algo y una que otra confesión entre bromas y al parecer, la que más entusiasmo le dedicaba a eso era su compañera Moira, pero Charles sabía perfectamente cómo mantenerla a raya, sin sonar déspota y ni descortés.
Ella con solo una sonrisa del Xavier era más que feliz, aunque al resto del mundo le vendiera la historia de que prácticamente ya eran novios, cosa que Charles no se daría el trabajo de desmentir, no le gustaba perder el tiempo en cosas que sabía que la gente no creería, así que solo se preocupaba de ser cortés y amable, como siempre un caballero debía actuar, y todo el mundo parecía estar feliz; Después de todo, y como siempre, nadie se acercaba con la verdadera intención de conocerlo.
La primera semana pasó sin espera y ya para estas alturas el joven de los zafiros azulados — como lo había catalogado la Profesora Frost — se la pasaba huyendo del resto, lograba zafarse de los interesados de maneras ingeniosas y permanecía oculto entre los descansos. En uno de esos días, al estar amarrando su bicicleta a un árbol, encontró un pequeño espacio dentro de las murallas sur del campus, pertenecía a la Facultad de Química y aunque había bancas y mesas para estudiar, podía estar en ese lugar sin ser molestado o interrumpido, porque aparte de estar oculto y ser bastante discreto, los pocos alumnos que lo ocupaban no conocían al joven Xavier y su procedencia, cada uno estaba en su propio mundo y esto le facilitaba las cosas. Quizás podría terminar adueñándose del lugar y convertirlo en su escondite.
Siempre tenía uno, en el colegio, para huir de los bullies o aprovechados, en la iglesia, cuando sus padres lo obligaban a ir y en su propia casa, cuando sus padres discutían, aunque no eran muchas las veces que eso pasaba, pero de suceder, se refugiaba en el Castillo de Charles, como él lo llamaba. Sin embargo y con el tiempo, se terminaba encerrando ahí seguido para leer o escribir y sus padres debían llamarlo a través de un ingenioso sistema de comunicación que el mismo había creado, solo para que su escondite no fuera descubierto o invadido.
Soy un caballero, que debe defender su Castillo.
Sentado en una banca, frente a un gran árbol, Charles aprovechaba de leer un libro que había dejado de lado hace algunos años, gran sacrilegio; tenía suficiente tiempo para avanzar, la última clase ya había terminado y no tenía más planes en la Universidad, en unas horas debía tomar el té con sus padres y aunque su madre ofreció llevarlo en el auto, él prefería mil veces irse en su bicicleta, así tendría más tiempo para leer. Y no podía quejarse, no tenía nada más que viento, árboles a su alrededor y uno que otro estudiante alejado en una mesa, la lectura sería ininterrumpida, o eso parecía hasta que una gota pareció rodar por su nariz, decidió ignorarla, pero cuando dos gotas hermanas cayeron y mojaron su libro, la vista se alzó hacia el cielo, que se tornaba cada vez más gris, cerró el libro sobre su regazo y clavo vista hacia arriba, en menos de treinta segundos, la lluvia se había hecho presente.
Charles a lo único que atino, fue a guardar el libro, no permitirá que se mojara, por lo que después de eso, volvió a subir la mirada y cerró los ojos, le gustaba mucho cuando la lluvia lo tocaba, se sentía casi como una caricia muy gentil. Los pocos alumnos en las mesas contiguas ya habían huido del lugar, cuando la lluvia se hizo espesa y densa, Charles se propuso a pararse e irse del lugar, pero el árbol de cierta forma le daba un resguardo, sus ramas y hojas eran demasiado gruesas, llegando a filtrar las gotas y convirtiéndolas en un rocío suave.
Y entonces, no supo porque, pero su mente se rehusó a irse; aun de pie bajo el gran árbol, recordó aquella vez, que por estar haciendo travesuras, Raven y él se quedaron fuera de la casa, y no paraba de llover, sus padres no estaban y no había forma de entrar, todo indicaba que sería una mala situación que no quería mejorar. Al cabo de unos minutos, ya con truenos presentes y bajo un gran árbol — como en el que estaba ahora — Charles comenzó a asustarse y a temblar de frío, estaba en esa edad donde aún la oscuridad era un tema de peligro y miedo, y sin darse cuenta, comenzó a llorar. Raven no pudo evitar sentirse culpable y preocuparse por él, odiaba ver a su hermanito de tan solo ocho años llorar, y en un acto casi instintivo, se puso a bailar; al principio su hermano pequeño pensó que se había vuelto loca y no hacía más que mirarla, pero viendo que esta no se detenía, prefirió indagar.
— ¿Qué haces? — con temblor en la voz
— Lo que ves — dando vueltas como si bailara un vals — bailar...
— ¿Porque? — volvió a preguntar
— Porque está lloviendo y hace frío — girando nuevamente — los mejores bailes, son bajo la lluvia...
— ¿Quién dice eso?
— Yo lo digo — mirándolo — cuando está lloviendo, lo único que queda por hacer es bailar — sonriendo — anda, baila conmigo... — estirando su mano hacia él
— No, siempre te piso — con algo de vergüenza
— Eso es porque estábamos adentro, bajo la lluvia los pies se mueven mejor — sonriendo solo como ella lo hacía — ¿No me vas a dejar bailando sola? — deteniéndose — eso no es de caballeros
Charles duda unos segundos, pero sabe que a su hermana no puede decirle que no — solo porque soy un caballero — respondió muy seguro
Raven sonrió y volvió a estirar su mano, el pequeño se la tomo con escalofríos aun en el cuerpo y lentamente quedaron frente a frente, aunque ella lo doblaba en altura; le fue muy difícil para Charles el volverse alguien alto — solo sigue mis pasos... — comentó con ternura — y un, dos, tres... vuelta — el niño miraba fijamente sus pies tratando de seguirla — de nuevo, un, dos tres y vuelta — pasando con dificultad bajo el brazo de Charles — lo haces bien — riendo
— No te burles — mirando fijamente hacia abajo
— Es un cumplido, bobo — riendo — tienes que mirarme a mí, siempre a mi... — subiendo su rostro. El niño obedeció no muy convencido — eso... un, dos, tres y ahora tú das vueltas — lo giró a él y esta vez sí que resultó, el pequeño había vuelto a sonreír. La pelirroja ya podía darse por pagada — de nuevo...
Era increíble, pero durante esta última semana, había estado recordando a su hermana en exceso, tal vez porque había saqueado todo su baúl de recuerdos y había colocado todas las fotos que tenia de Raven por todo el departamento; sus padres se negaban a que él la recordara, por lo que él estaba decidido a no olvidarla. Y viendo que la lluvia no paraba, por el contrario, solo se acrecentaba, un vieja voz vino a su mente: cuando está lloviendo, lo único que queda por hacer es bailar. Y con una gran sonrisa, el joven comenzó a mover sus pies bajo la música del recuerdo, bajo las horas ensayando juntos en el gran salón, con la excusa de que el pequeño algún día sería un caballero y tendría que sacar a una princesa a bailar y sobre todo, recordando esa tarde de lluvia, juntos, bailando bajo un gran árbol, justo como este.
El joven giraba con sus brazos estirados y sus ojos cerrados, imaginando tener a su hermana entre sus brazos, ahora sí alcanzándola en altura y bailando juntos nuevamente, una última pieza — y un, dos, tres... y un, dos, tres... — repetía su cabeza. El mundo exterior había dejado de existir. Vueltas y más vueltas, juraría que escuchaba a la orquesta en un rincón lejano, tocando también bajo la lluvia.
Y así, tan inmerso en sus recuerdos, olvido todo lo que lo rodeaba y poco le importaba igualmente y por suerte, para su imagen dirían algunos, no había nadie cerca observando ese baile casi de ritual que procesaba el joven ¿O no? A la distancia, de alrededor de unos diez metros, un hombre oculto bajo las escaleras observaba al joven moverse de un lado al otro bajo el gran árbol.
Cuando bajaba las escaleras para irse a casa, jamás imaginó ver una imagen como esa y eso que había encontrado a estudiantes teniendo intimidad hasta en el mismo césped, donde todo el mundo almorzaba, pero esto, esto era diferente; lo primero que pasó por su mente fue — debe estar drogado, si... es lo más probable — pero incluso con esa hipótesis, el profesor quedó prendado por el ahora evidente baile, que ejecutaba el muchacho. No había dudas que baila vals, un vals con un ser completamente imaginario, que sujetaba con sus brazos elevados en el aire; de cierta forma, le pareció hasta tierno, sobre todo por el hecho que la lluvia bastante fuerte que caía, no lo detenía, pero cuando el muchacho giro, fue que Erik entendió que lo estaba frente a él, no era un drogadicto.
La piel del muchacho era tan blanca, casi lechosa, que al estar completamente empapada, daba la sensación de que brillaba bajo la luz resolana que se filtraba entre las nubes casi negras, y cualquier duda de la situación del joven, desapareció cuando vio su rostro, sus ojos permanecían cerrados pero la calma y tranquilidad se podían vislumbrar en él y sobre todo, acompañado de una gran sonrisa de satisfacción. Fuera quien fuera el joven, se la estaba pasando como ningún otro, y Erik no pudo evitar sonreír, no era común ver a gente estar tan feliz bajo la lluvia y mucho menos, ser ellos mismos, sin miedo y en un lugar abierto, cualquiera podía verlo, pero por ahora, solo Erik era testigo de tan inusual espectáculo.
Todo parecía indicar que el show se extendería por varios minutos, y aunque Erik le preocupó el hecho de que el estudiante estaba claramente empapado y que podría agarrar una neumonía de perros, entendió que estaba en su momento, siendo feliz y sin molestar a nadie, no debía interrumpirlo, así que abrió su paraguas y se dispuso a caminar hacia su camioneta, pero un fuerte relámpago retumbó entre las paredes del lugar, Erik no pudo evitar dar un pequeño salto, en esta área de la Universidad el sonido rebota mucho más fuerte.
El acto pasó en menos de dos segundos y fue cuando Erik reacciono, si eso lo había asustado a él, que se encontraba medianamente atento al mundo ¿Qué habría pasado con el joven danzante? La respuesta fue casi inmediata, porque al voltearse hacia el estudiante, lo encontró justo en el momento previo en que caía directo al piso, como árbol recién cortado.
Charles imaginaba a su hermana bailando con él, disfrutando sus mejores momentos bajo la lluvia y tratando de memorizar los pasos, pero un fuerte ruido lo saco de su trance, un relámpago había rebotado por los techos del campus e invadido el lugar, sus odios y sobre todo, su concentración, porque al momento de abrir los ojos del susto, diviso frente suyo una raíz levantada del árbol y aunque trató de detenerse, el piso mojado no fue en su ayuda, tropezando con esta y cayendo sin poder evitarlo, directo al piso completamente enlodado.
En cuanto lo vio en el piso, Erik no dudo en correr hacia él, ya no valía la excusa de poder interrumpirlo, ese trabajo ya lo había cumplido la clara tormenta que comenzaba. El Profesor se acercó al joven que aún tenía todo el cuerpo completamente hundido en el césped, al parecer la distancia entre ellos no había sido tan corta, y así, tratando de indagar su estado, Erik a lo primero que recurrió fue en colocar el gran paraguas sobre el joven tendido el suelo, al menos la lluvia no seguiría mojándolo, por el momento.
— Disculpa ¿Estas bien? — con clara preocupación en su voz.
El muchacho trataba de apoyar las palmas en el césped, aun sin levantar la cabeza, pero el agua que escurría se lo impedía, y escuchando una voz que se oía distante, lo único que pudo atinar a hacer fue levantar la mirada; de frente a él, pudo divisar una imagen oculta bajo un gran paraguas, casi parecía una sombra, pero un reflejo llamo por completo la atención del joven, sus ojos, parecían dos esmeraldas azuladas y que, aun en toda la oscuridad y tempestad de la lluvia que caía, brillaban por sí solas. Charles parpadeo varias veces, tratando de enfocar y para percibir si estaba despierto, o aún estaba soñando, porque por unos segundos, dejó de escuchar hasta la lluvia rebotando en suelo.
Erik por su parte, se encontró con un rostro repleto de lodo que lo miraba completamente desconcertado, pero aun entre todo el barro que ensuciaba esa cara, que hace solo minutos brillaba por su blancura, los ojos del joven, ahora abiertos, brillaban más que su piel y no supo porque, pero recordó las palabras de su amiga Emma: zafiros azulados, pareciera que hay más gente con esos ojos rondando por el mundo; y esta vez sí que no pudo evitar sonreír, si es que antes le había parecido tierno el joven danzante, ahora resultaba todo un encanto, ya que era precisamente la torpeza que lo rodeaba, lo que lo hacía tan divertido, y hasta cierto punto que no comprendía, embrujador.
Charles en cambio, en el momento que vio esa sonrisa, quedó prendado, ahora sí que tenía la certeza que estaba soñando, era imposible que un ser con semejantes ojos y bellísima sonrisa se parara frente a un simple mortal como él. O estoy soñando o estoy muerto... y quien sea que esté allá arriba, se apiado de mi enviando a su ángel más bello.
— Ven, déjame ayudarte... — comentó Erik estirando la mano. Charles miro la mano unos segundos ¿En verdad lo llevarían volando a otro mundo? pero en cuanto su mano rozó la de su salvador, se dio cuenta, no estaba soñando, el escalofrío y cosquilleo que sintió en la palma y sus dedos al momento de entrelazar con fuerza ambas manos, confirmo la realidad; esto definitivamente era mejor que un sueño.
Erik, con la suficiente fuerza, jaló al joven estudiante hacia arriba, tratando de que no se volviera a caer en el césped resbaloso y de paso, que quedará bajo el paraguas, ya estaba lo suficientemente mojado. Ambas miradas, se tuvieron por fin, frente a frente y aun entre el ruido de las gotas y los relámpagos lejanos, el silencio preponderó entre los dos, al menos por unos segundos, como si les bastará el solo verse.
— ¿Estás bien? — volvió a preguntar. En verdad la preocupación era genuina, y más cuando al revisarlo de pies a cabeza y confirmar que estaba completamente mojado, divisó un pequeño raspón en su rodilla izquierda entremedio de la tela rota del pantalón, la caída había sido más de lo que aparentaba — estas lastimado — señalando su rodilla un poco apenado.
Charles que seguía inmerso en los ojos de su Salvador, como él lo había apodado, le costó unos segundos en volver a la realidad y si no fuera porque señalaba su rodilla, jamás se había percatado de lo que le había preguntado — parece que si... — riendo algo incomodo — siempre he sido muy torpe — mirando con detención la herida — pero está bien, solo es un raspón — volviendo a subir la mirada — y gracias... por — algo dubitativo. Su mente hizo un rápido frenesí, al darse cuenta de que estuvo a punto decir: gracias por rescatarme. No era momento de divagar — ayudarme — sonríe — y disculpe por molestarlo... — aunque el lodo no lo deje ver, un leve sonrojo aparece, uno que por supuesto ninguno de los dos noto.
Pero Erik no escucho nada, al menos no completo, solo estaba pendiente en esa bella sonrisa que emergió, aun detrás de una capa de barro, la cual le hizo ahogar una risa, que no pudo ocultar — no, no te preocupes... — vuelve a reír pero esta vez se asegura de taparse el rostro, no puede ser tan maleducado — disculpa... es que tienes el rostro lleno de barro — la risa vuelve a hacerse presente.
Charles no comprende mucho a lo que se refiere, sus ojos siguen prendados de esos perfectos dientes sonrientes, pero viendo la insistencia del hombre, sube su mano derecha para palpar su rostro y al pasar los dedos, una gran cantidad de barro sale. Ahora el sonrojo no está solo en las mejillas, sino que se extiende por todo el rostro, llegando hasta las orejas, acompañado de una sensación de vergüenza inimaginable, por lo que la acción a seguir es taparse por completo el rostro, generando una nueva risa en Erik, que estaba vez sí que no pasa para nada disimulada, el muchacho raya en lo absurdo de lo encantador y tierno.
Y aunque Charles seguía con el rostro tapado, en cuando escucho la risa tan genuina salir de esa casi perfecta boca, separó levemente los dedos para dejar un espacio a sus ojos y poder apreciar cómo el hombre ríe; parecía un tiburón, un perfecto tiburón feliz, que reía de las ocurrencias y torpezas suyas, y sin poder evitarlo, comenzó a reír con él, la risa más sincera que ambos hayan tenido jamás en sus vidas.
— Lo lamento... — aun ahogado en risas — estaba... — viendo hacia atrás — pues bailando y el relámpago me aterro y caí al suelo, como saco de papas — se tapó la boca. Pudo haber dicho algo más inteligente, pero la sonrisa que el hombre le regalo, lo relajo.
— Descuida — secando una lágrima de risa escurridiza que caía por su rostro — si me percate cuando bailas y también cuando caíste... — sin darse cuenta de lo que dice — digo... — tratando de hablar — no te estaba espiando, solo... te apareciste y ya — nervioso — lo que quiero decir, es que no todos los días se ve a alguien bailando bajo la lluvia — buscando en su abrigo — toma — pasándole un pequeño pañuelo — no es mucho, pero te ayudará a limpiarte — algo incomodo — disculpa, pero no tengo espejo... — sonriendo.
Charles sostiene el pañuelo con ambas manos ¿Acaso no podía ser más perfecto? — gracias... — comenzando a limpiarse. El hombre seguía sujetando firmemente el paraguas, al parecer no se iría hasta asegurarse que el joven estuviera limpio y a salvo, lo que provocó una sonrisa algo inocente en Charles — disculpe por ensuciarlo, pero lo lavaré y se lo devolveré como nuevo — sonriendo muy ampliamente.
Ahora sí que esa sonrisa se lucía, con el rostro nuevamente luminoso de tanta blancura bajo la lluvia y con apenas vestigios de barro, la cara de Charles resplandecía más que el brillo que emanaban los relámpagos lejanos — respecto a tu rodilla... — volviendo a mirarla — ¿Puedes caminar? — la preocupación volvía.
— Creo que... si — respondió algo dudoso mientras la miraba — solo tendré que arreglar el pantalón — viendo la tela rota.
— Creo que deberías ir a la enfermería — comenta Erik — solo para asegurarse — sus ojos eran intensos y fijos.
— No, descuide — con aire veloz — se pasara solo — la memoria lo ataca y baja la mirada a su reloj — ¡Se me hizo tarde! — volteándose hacia la banca que aún tenía su bolso — debo... — intenta a caminar, pero siente un leve tirón en la rodilla, lo que lo hace perder el equilibrio. Por suerte, Erik alcanza a sujetarlo del brazo, antes de que vuelva a caer — disculpe — volviendo la mirada hacia Erik.
— ¿Seguro estas bien? — ahora sonó a una preguntas más seria — creo que no puedes caminar — Charles le sonríe con cierta complicidad y Erik le responde con la misma sonrisa — espera... — le pasa el paraguas, el cual Charles toma con cierta torpeza, no esperaba eso. Erik sale de la protección del paraguas, se dirige hacia la banca y toma el bolso, colgándolo desde su hombro, para volver hacia dónde está Charles — déjame ayudarte... — vuelve a tomar el paraguas y sin que Charles alcance a oponer resistencia, pasa el brazo derecho del joven por detrás de su cuello, para ayudarlo a caminar hasta las escaleras.
Charles permanecía en un trance, en menos de un minuto, el hombre había hecho de todo sin que Charles siquiera se lo pidiera, lo había protegido, ayudado, se había preocupado por él y reído con él, sin el menor interés o deseo de obtener algo de él, lo había hecho simplemente porque le nacía hacerlo, era una persona, ayudando a otra, nada más. Y al estar bajo la escalera, la cercanía entre los dos se rompió, generando cierta tristeza en el más joven.
— Muchas gracias, de verdad... — sonriéndole con total sinceridad — no tenía porqué hacer todo esto
— Fue un placer — respondió sonriente Erik
— Y disculpe si lo moleste — vuelve a insistir
Erik no puede evitar reírse, el joven está completamente embarrado, con la ropa rota y una herida y le pide disculpas a él — ahora no queda duda de que eres inglés...
— ¿Por qué lo dice? — pregunta extrañado
— Los ingleses piden disculpas por todo — volviendo a reír.
El estómago de Charles suplicaba que el hombre dejara de reírse, estaba matándolo y no entendía muy bien porque — pues para su información, no soy inglés... soy escocés — tratando de marcar la diferencia en el acento.
— ¿No son lo mismo?
— ¡Jamás! — responde casi ofendido — somos muy diferentes... — se toca la cabeza — aquí... — se toca el pecho, a la altura del corazón — y aquí...
— Esta bien, disculpa — aceptando el error — en fin, al menos ya te saque fuera del agua — mirándolo fijamente — ¿Ahora qué?
La piel blanca de Charles volvió a ponerse roja a no más dar — ¿Ahora qué de qué? — se preguntó casi en un susurro, que Erik alcanzó a percibir.
— Me refiero a que como te irás ¿Tienes clases ahora? — recuerda lo de hace unos minutos — dijiste que estabas atrasado.
— ¡Es cierto! — volviendo a ver su reloj — debía tomar el té con mis padres, pero... — mira su rodilla — si me ven llegar así, me matan... o peor — algo pálido — me prohíben volver a la Universidad.
— Espero que no en ese orden — responde sarcástico Erik, a lo que Charles responde con una risa algo cohibida.
— Lo mejor será que me vaya a casa — arreglándose el abrigo enlodado — una vez allá, los llamo para avisarles que no podre ir — mira a Erik — ¿Sera que puede darme mi bolso? — con cierta timidez.
— Claro — pasándoselo — ¿Cómo te iras? — Erik estaba claramente preocupado, entre más lo veía, más se daba cuenta que no estaba en condiciones de irse, menos lloviendo así.
— Tengo mi bicicleta amarrada en un árbol — señala — aquí a la vuelta.
— ¿Bicicleta? — pregunto mientras se lo imaginaba pedaleando con la rodilla rota y todo mojado. Un dolor de estómago lo invade, algo le decía que no podía permitir que se fuera así, estaba muy indefenso y sentía que debía protegerlo — yo te llevo — dijo con la mayor rapidez del mundo.
— ¡¿Que?! — con más terror que asombró en su pregunta — digo... — tratando de sonar calmo — no debería molestarte, yo puedo — Erik levantó la mano en señal de que se detuviera.
— Insisto — con voz firme — no estás en condiciones de irte así, menos en bicicleta y con esta lluvia — mirando el cielo. Todo indicaba que no pararía de llover durante toda la noche — si yo te llevo, al menos me quedaré tranquilo de saber que ningún relámpago volverá a botarte — entre risas.
Charles lo mira por varios segundos, y por primera vez en su vida, siente como el corazón se le acelera ¿Esto es normal? No puede comprender lo que está pasando, ni ver las variables o analizar los riesgos, o siquiera escuchar a su cabeza, su corazón latía demasiado rápido y muy fuerte, rogando que acepte — esta... bien... — con la vergüenza nuevamente a cuestas y rojo hasta las orejas.
— Excelente — contesto muy feliz. Es deber de todo Profesor es velar por la seguridad de un estudiante, así que no estaría tranquilo hasta dejarlo sano y salvo — mi camioneta no está muy lejos de aquí, así que vamos... paso a paso — estirando su mano hacia él.
— Gracias — tocando nuevamente su mano y sintiendo como el contacto entre sus dedos le quita todo el frío y dudas — por cierto, creo que no nos hemos presentado... — ríe nervioso
— ¡Cierto! — vuelve a reír ya mostrar esos bellísimos dientes — mi nombre es Erik Lehnsherr, Profesor de Física.
— ¿Lehnsherr? —cuestiono asombrado — ¿Cómo el Profesor que lo ayudó en la biblioteca? — se pregunta a sí mismo. ¿Qué tanta posibilidad hay de que sean el mismo?
— ¿Algún problema? — sorprendido
— No, para nada... digo — riendo aún más nervioso — yo soy Charles Xavier...
— ¿Xavier? — ahora es el turno de él preguntar de forma inesperada. Claramente no podía ser una coincidencia.
Charles se queda mirándolo unos segundos, sin comprender muy bien su pregunta, comenzando a temer que sea un interesado más, pero quita esa idea al instante — ¿Es un concurso a ver quién se memoriza el apellido primero? — pregunta entre risas
— Pues... creo que si — sonriendo — en ese caso, es un placer Charles — sin romper la cercanía mientras se aproximan al vehículo.
— El placer es mío Profesor Lehnsherr, créame que si... — el sonrojo ahora sí que era muy notorio.
Chapter 5: 4
Chapter Text
Relámpagos.
La camioneta avanzaba a velocidad moderada por la calle George , Charles permanecía en completo silencio en el asiento del copiloto, quería hablar, pero las palabras no salían, Erik mantenía fija la hacia adelante, la lluvia que caía dificulta un poco la visión, así que debía estar atento, no quería tener un accidente y menos ahora, que llevaba a alguien bajo su responsabilidad. Charles se frotaba las manos, no hacía frío dentro del auto, pero estar tan empapado, le estaba comprometiendo a afectar, Erik se dio cuenta de las acciones del joven, y aprovechando una luz roja, se desabrocho el cinturón y se sacó el abrigo, y antes de que diera la luz verde, se lo entregó a Charles, para volver a colocarse el cinturón.
Charles lo recibió con cierta timidez, no esperaba esta acción y no sabía muy bien cómo correspondele — no era necesario — aun sujetando el abrigo sobre sus piernas
— ¿Por qué? — algo sorprendido — tienes frío, yo no... — sonriendo — además, podría encender la calefacción, pero la idea no es cambiar el ambiente dentro del auto y… realmente esta no funcionan —mostrándole los extractores rotos— arregle la camioneta hace meses , pero olvida eso, detalles… —riendo para sí mismo, mientras lo mira de reojo — lo cual creo que es bueno, porque cuando te bajes, sería muy brusco el cambio y podrías enfermarte — vuelve a mirar hacia adelante — ya me basta con que te hayas caído — mientras pasa los dedos de su mano izquierda por su boca, tratando de ocultar una risa.
— Gracias... en serio — tapándose con el abrigo. Aunque estaba un poco mojado, por dentro permanencia cálida, y hasta cierto punto, acogedor, y en cuanto lo subió hasta su pecho, el olor de Erik perforó su nariz, era un fuerte olor a café y menta, no pudo evitar sonreír, pero el abrigo lo oculto — esto me prueba que entonces usted si es inglés... — mirando hacia delante
— ¿Disculpa? - pregunta algo confundido Erik.
— Cuando estábamos en la Universidad, me dijo que yo era inglés... porque pedí disculpas por todo, cualidad, que según usted y muchos más, es típico de un inglés — da luz roja y Erik aprovecha para mirarlo — pero, según yo , una verdadera cualidad de un inglés, aparte de llegar siempre a la hora, cosa que demuestra que soy escocés, porque no llegue a donde me esperaban — Erik sonríe — es que es muy atento, cosa que ha demostrado hasta casi el extremo hoy, aunque yo personalmente no comparto esa imagen de los ingleses, pero me reservo mis aprensiones…
Da la luz verde y Erik pisa el acelerador, por alguna razón, le encantaba la forma como el joven presente razonaba cada cosa, pareciera que para todo, había un porque — la verdad, tú también te equivocaste, pues en realidad, soy alemán — girando rápidamente la cara mientras sonríe. Charles se queda mudo — ¿No lo esperabas? ¿Verdad? — el joven niega rápido — pues no eres el primero — comenta entre risas — aun después de casi 40 años del término de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes no somos bien vistos — hace una mueca de disgusto — y mucho menos con la creación del muro de Berlín y la actual Guerra Fría, que nos ha quitado más que solo oportunidades laborales — con algo de incomodidad, odiaba ese maldito muro y esta guerra entre sombras, era como sostener el detonador de una bomba que no sabias cuando ni donde estallaría, sin contar que le impidió volver al lugar que llamo hogar los primeros diez años de su vida ¿Qué habrá sido del resto de personas que conoció? ¿Seguirían ahí?; pero estaba divagando, por lo que volvió a Charles — por eso, muchos optamos por emigrar — otra luz roja — así que, heme aquí...
Charles le sonríe casi al instante, no esperaba esa respuesta y realmente, el Profesor no tenía mucha apariencia de alemán, al parecer, los estereotipos atacaban — como son los prejuicios — comenta — siempre había pensado que los alemanes eran toscos y duros — se da cuenta de lo que dice — perdón...
Erik suelta una sutil risa, entendía su punto, y no lo culpaba, dos guerras no ayudaban a nadie a la imagen — tranquilo y entiendo tu punto, nosotros mismos nos hemos formado esa idea ante el mundo — tomando el volante con las dos manos.
— Pues para ser el primer alemán que conozco — responde Charles — es usted muy simpático y amable — sonríe — acabo de derribar varios mitos.
— Gracias — dice con rapidez.
Charles lo mira por algunos segundos y sonríe, a pesar de la caída y de la posible molestia que le estaba generando al Profesor, esto había sido una grata sorpresa, eran de esas cosas que no planificas o esperas, y terminan resultando en algo sumamente positivo. . Decidió recorrer con la mirada la camioneta del Profesor, para no tener su vista fija en él, no quería parecer imprudente mirándolo fijamente; el vehículo era bastante espacioso y parece que había pasado por mucho, algunas cosas seguían algo quebradas o más bien reparadas de manera artesanal ¿Qué le había pasado a esta pobre camioneta, divago Charles y no fue hasta que sus ojos se posaron en los asientos traseros? , para notar algo mucho interesante. Estaban repletos de libros y vinilos y en el suelo, alguno que otro casete.
A pesar de la poca luz dentro del auto y de la oscuridad que entraba por las ventanas, la lluvia no ayudaba mucho, divisó entre los títulos a Janis Joplin, Los Beatles, Los Rolling Stones, Aretha Franklin, entre otros, y la sorpresa llegó a su rostro, que gustos más variados, pero le agrado lo que veía. Los libros, sin embargo, eran sumamente parecidos entre títulos, Física, Mecánica Cuántica, Astronomía, Cálculo y Astrofísica. En ese momento, sí que la curiosidad lo atacó.
— Tantos libros — comento algo entusiasmado — ¿A qué se deben? Si se puede saber...
— Estudio — girando en una esquina — busco antecedentes e información para mi segundo libro
— ¿Segundo? — preguntó sorprendido — ¿Y hace cuanto sacó el primero? ¿Cómo se llama? ¿Y cómo se llamará este? ¿De qué tratará? — claramente había entrado su área de mayor placer y gusto.
Erik volvió a sonreír, ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho durante la tarde — lo publique hace tres años, se llama Física Avanzada, el que espero publicar ahora, a fin de año, estará más enfocado a una de mis grandes pasiones — mira a Charles — la Astronomía... siempre hubiera querido dedicar mi vida a ella, pero no se pudo... — suspira y el joven no puede evitar sentir cierta melancolía por él, no debe haber nada peor que renunciar a un sueño, él no se imaginaba sin el suyo, era el motor de su vida — en fin, es mi mejor forma de acercarme a ella.
— Pues en cuanto lo publique — agrega feliz Charles — seré el primero en comprarlo, es una promesa.
Erik le devuelve una sonrisa — este niño... es muy especial —diálogo consigo mismo
— Yo estoy leyendo este — sacándolo del bolso — lo había abandonado hace algunos meses — mira el libro en sus manos — que sacrilegio — Erik lo mira, ahora ya no tiene dudas de quien es. Cuando se presentaron, pensó por un momento que había escuchado mal, pero ahora sí que estaba seguro, no había vuelto a preguntar para no ser tachado de olvidadizo, pero la descripción calzaba perfecto con todo lo que comentaron Emma y la Decana días atrás— es un libro de filosofía — continúa Charles — es una de mis grandes áreas de interés, dentro de muchas, claro —ríe — ¿Le gusta la filosofía?
— La he leído y analizado — comenta — pero no soy gran fanático — mira a Charles — no como otros, claro...
— Entiendo — entre risas. Lo vuelve a mirar y duda unos segundos en preguntar — ¿Le... molesta si pongo un casete? — algo nervioso — es que hay uno de Ray Charles que me está tentando ahí... — señalando el suelo del vehículo.
Erik lo mira algo extrañado, no esperaba que le comentará algo así, como dijo Emma, el chico es todo un descubrimiento — claro... ningún problema.
— Excelente — tomándolo — me encanta que puedas reproducir los casete en los vehículos... de los grandes avances de la automovilística — colocando el casete en la radio — espero que en un tiempo más, puedan crear reproductores muy pequeños, donde puedas almacenar mucha música y escucharla donde sea... sería una gran idea.
— Paténtala — dice Erik entre risas — antes que te la quiten...
— Lo pensare — la música comienza a sonar — Yes Indeed! este es un gran álbum — subiéndole un poco al volumen.
Erik escuchaba atento, al igual que Charles, el cual parecía estar en un trance; al llegar a una esquina, el rojo volvió a dar y esta vez Erik decidió girarse por completo al joven, tenía los ojos cerrados, de nuevo, al igual que cuando estaba bailando abajo del árbol y escuchando con deleite You won't let me go; lo vio tan concentrado, que su parte con malicia decidió que era el momento de preguntar — ¿Aun no quieres que le diga a tu madre que te colaste en la biblioteca?
Charles, que estaba tan inmerso en su mundo, sintió como alguien lo tiraba de los pies directo a la realidad, volteo a ver a Erik, que sonreía triunfal ¿Cómo es que lo había reconocido? Eso significaba, que definitivamente él era el Profesor de la biblioteca, y no supo porque, pero toda su cara volvió a tornarse roja, quizás o más como cuando estaban bajo el paraguas, pensó por un momento, el bajarse del auto y salir corriendo, pero se contuvo — ¿C-como... supo que era yo?
— Reconocí tu voz — en parte, no era mentira — y además — ríe — Emma y tu madre se encargaron durante un almuerzo de describirte a la perfección — da la luz verde y avanza — y ahora que te miro bien, la descripción calza perfecto... — mirando hacia delante.
Charles sintió un fuego interno, una mezcla de muchos sentimientos, pero había algo claro, quería asesinar a su madre, no figurativamente; esta cosa de la madre orgullosa, en verdad que a veces se le pasaba, pero trato de calmarse y mostrarse sereno, no podía quedar como un niño mimado — por eso usted se me hizo conocido — tratando de que su voz no se escuchara temblorosa — aunque solo vi su espalda al salir de la biblioteca, creo que no es tan mayor... como pensé — dibujando una sonrisa tímida que oculto en el abrigo.
Erik se quedó helado, y viendo la clara intención del joven, fingió estar ofendido — ¿Qué me estas tratando de decir? — mirándolo fijamente — ¿Crees que soy un vejestorio? — Charles no puede evitar reírse y tapar al instante su boca. Erik solo lo observo — para tu información, tengo 35 años... estoy en plena juventud — sonriendo — y agradecería que me quitaras el usted, por favor... me hace sentir extraño
Charles volvió a reír — está bien, tratare... pero no lo tome personal — carraspea — digo, no lo tomes personal, a cualquier persona mayor que yo me le dirijo con el pronombre usted... — vuelve a comentar — yo tengo 20... por cierto.
Erik sonrió burlón — eres solo un niño.
— No soy un niño — respondé algo molesto — odio que me digan así — girándose hacia la ventana.
Erik solo mantiene la sonrisa con la mirada fija hacía en el camino —¿Y qué tal Emma como Profesora? ¿Te gustan las clases? — tratando de entibiar el ambiente.
— Muchísimo — comenta feliz — he aprendido mucho, en verdad escogí una buena carrera — mira por la ventana — un paso más hacia la meta y muchos más recibirán lo mismo que yo — Erik queda pensativo ante esa oración y se percata en verdad, de lo que hablaba Sharon, el muchacho es algo especial, Charles vuelve a mirarlo — en cuanto a la profesora Frost, no puedo más que estar agradecido, es una mujer encantadora y ama lo que hace, eso es vital a la hora de enseñar...
— Es que Emma es una persona sin igual — lo mira — con el tiempo te darás cuenta de lo aún más gran y maravillosa persona que es...
— ¿Y… que tanto hablaron de mí? — algo tímido — ¿Mi madre se puso a parlotear sin parar? — con clara vergüenza en la mirada.
Erik solo ríe — no mucho, Emma fue la que quedó prácticamente enamorada de su nueva celebridad — lo mira — causaste una muy buena impresión en ella, y eso que no es alguien fácil de impresionar — haciendo ruido al expulsar aire por la nariz — y créeme, la conozco muy bien.
Charles se da cuenta que en la voz de Erik hay un claro sentimiento enfocado hacia la Profesora Frost, como si fuera alguien valioso y muy importante para él, la sonrisa aflora de manera espontánea; en estos días, es difícil encontrar a alguien que hable con tanta confianza de otro, la cercanía se ha perdido — que bueno saber que mis Profesores me tienen estima, en fin... ¿Y qué tal sus clases? — pregunta ahora él — ¿Cuál es su campo en realidad?
— Mi campo es la Física Matemática, aunque ahora estoy enfocado más que nada en la Física Básica, apenas llevo tres años en Oxford, así que no me dan ramos de más envergadura... pero me gusta lo que hago, atraigo a los estudiantes a la especialización, a no quedarse en la mera Física, hay mucho más allá del horizonte, que aún no se descubre.
Charles solo mira, la última oración lo dejo prendado, casi embobado — ¿Y… de qué Universidad salió? ¿De Oxford? — pregunta
— No — responde rápido — ojalá, hubiera sido un privilegio y un honor, pero aunque hubiera querido, no tenía los medios para costear una carrera de esta Universidad — sonríe — y entenderás que cuando yo estaba estudiando, no existían los beneficios como becas o financiaciones... estamos hablando del año 1965, si no mal recuerdo — Charles al escuchar esto, siente cierto remordimiento, él podía costear una carrera en una Universidad así, porque tenía los medios y porque también, su intelecto que le facilitó una beca, la cual aceptó no muy convencido, sin embargo, todo parecía indicar que el Profesor Erik tuvo que posponer muchos sueños y metas, debido a la limitación económica. Esto definitivamente reafirmaba su idea de una Escuela gratuita para jóvenes con talentos, nada lo detendría — en fin... — volviendo a hablar Erik — me titule en la Universidad de Hamburgo, muy buena, no desmerece a ninguna...
— He escuchado de ella — agrega veloz Charles — muy buena en verdad...
— Espero que con todo esto — comenta entre risas — este impresionando al hijo de mi jefa — con ironía en su voz.
Charles guarda silencio unos segundos, pensando tal vez que el Profesor lo trataba bien solo porque es hijo de Sharon Xavier, pero no quiere volver a caer en eso — ¿Te puedo pedir un favor? — costándole un poco el tener que tutearlo.
— Claro — responde seguro Erik
— ¿Puedes tratarme solo como Charles? — Erik se extraña ante la pregunta — me refiero, a que puedes olvidar el hecho de que soy hijo de Sharon Xavier o de Brian Xavier... y hablarme como si fuera solo Charles, solo alguien más...
Erik se queda casi un minuto en silencio, bastante extrañado con la proposición del joven, de cierta forma, tratando de entenderla — disculpa, pero creo que así lo hecho durante todo el tiempo que hemos estado hablando — lo mira — no cambia nada para mí, que seas el hijo de Sharon... es más, cuando te ayude abajo del árbol, lo hice porque eras solo alguien, un chico cualquiera... no un Xavier — dándole énfasis a la palabra, mientras mira hacia el frente — y aunque lo hubiera sabido, no afectaría en nada mi trato hacia ti... solo te veo como Charles.
El rojo de la última esquina, antes de llegar a su departamento, se hace presente, pero Charles lo único que hace es sonreír, está más que feliz, el Profesor Erik es la primera persona que lo trata solo por ser él, olvidando todo el historial y prestigio familiar que hay detrás; para él, solo es un estudiante más, cosa que extrañamente, lo hace sumamente dichoso. Erik por su parte, se percata que sus palabras han alegrado al joven, y a pesar de la lluvia torrencial que cae, los relámpagos a la distancia y la luz roja intermitente que se cola por el parabrisas, los ojos de Charles brillan como dos zafiros azulados; Emma y sus descripciones exactas. Y si a eso lo acompañabas de una gran sonrisa, la cual desde hace más de una hora, tiene a Erik en un completo trance, tienes como resultado una presencia muy agradable. La luz verde llega, el auto arranca y el edificio de Charles se muestra a los pocos metros, la tristeza, por alguna razón, invade al joven, quería que el viaje durará más y más.
En cuanto se estacionan afuera, Charles vuelve a temblar, pero ya no es por el frío, una voz en su cabeza o ¿Su corazón? le rogaba que invitara al Profesor Erik a pasar, a tomar algo, a usar el teléfono, el baño... a conversar, solo para alargar la interacción. Pero la razón le gana, quizás porque su corazón palpita muy fuerte y no puede escuchar lo que quiere, así que observa por la ventana hacia el departamento, y aunque no para de llover, sabe que debe bajarse rápido, quizás el Profesor tenía cosas que hacer y él ya lo estaba molestando lo más que suficiente.
— ¿Necesitas ayuda? — la pregunta saca a Charles de sus raciocinios, por lo que voltea a verlo — me refiero... — señalando su rodilla — estas herido y hace un rato, a duras penas podías caminar — sube la mirada para verlo — si quieres, puedo ayudarte hasta tu puerta — Charles niega rápido con la cabeza — está bien... — sonriendo. A Charles comenzaba a molestarle que el Profesor sonriera tanto, lo incomodaba y le provocaba cierto ardor estomacal.
Luego de sacarse el abrigo, estira su mano hacia el Profesor — muchas gracias... por ayudarme y por traerme, en verdad...
— No fue nada — recibiendo un fuerte apretón de manos por parte del estudiante. El muchacho estaba temblando, de seguro sacarse el abrigo le quitó temperatura, pero más que el temblor, lo que sintió fue un cosquilleo que recorrió hasta su espina dorsal — le diré a Emma que no asistirás mañana... — sonriendo
Ahí está de nuevo esa sonrisa. Fue un pensamiento fugaz por la mente de Charles — igualmente haré todo mi esfuerzo para ir mañana... — responde con una grata sonrisa. Erik solo lo observa.
Se baja del auto, tratando de cubrirse el cuello con su abrigo y sube el bolso arriba de su cabeza, camina hacia la puerta con cierta torpeza, aun le duele la rodilla, y antes de entrar, vuelve a mirar hacia atrás, la camioneta no se ha ido, Charles sonríe y entra al edificio, justo cuando escucha el motor encenderse y partir lejos.
Al día siguiente, había un sol esplendoroso, algo sumamente extraño en Londres, o más bien, en Oxford, y aunque un joven adolorido, había programado el despertador el día anterior, en cuanto sonó en la mañana y trato de levantarse de la cama, se encontró ante una rodilla sumamente inflamada, al parecer, el golpe había sido más fuerte de lo que pensó, y el hielo y paracetamol que tomo la noche anterior, no ayudaron mucho.
Así que, no tuvo más opción, no podría asistir, cosa que lo deprimió de sobremanera, le gustaba ir a clases, y sobre todo a la de Migración Humana; por suerte, no estaba en su casa, porque de ser así, su madre ya estaría llamando a Azazel, el Doctor privado de la familia, cosa rara, teniendo en cuenta que tenías a un gran Doctor como su padre en casa. Igualmente, tuvo que llamar a sus padres la noche anterior, se habían preocupado de sobremanera cuando no llegó ayer a tomar el té, sobre todo su madre, pero logró zafarse de los interrogatorios, inventando la excusa que un Profesor había entregado un trabajo sorpresa y debía entregarlo mañana si o si, a primera hora. No les agradaba para nada el mentirles, pero no quería una ambulancia metida en su departamento en el momento en que mencionara la oración: caída leve con resultado de golpe en rodilla.
Las horas pasaron, y cuando el dolor y malestar menguó, pudo ponerse de pie y dirigirse por fin a la cocina para poder comer algo; preparo algo de té, Earl Grey, su favorito de toda la vida y algunos bocadillos, y cuando se dispuso a ir al sillón, estirarse, comer y leer su libro, se percató con horror, que no lo tenía en su bolso. El primer acto fue: entrar en pánico; ya pasado los minutos y luego de saltos cojos buscando por todo el departamento, dio paso al acto dos: ¿Dónde lo deje? ¿Dónde lo vi por última vez? su memoria brillante rebusco capa por capa, para dar paso al acto tres y final: la revelación — se me quedo en el auto del Profesor Lehnsherr...
Solo había una solución, pedirle que se lo devolviera y por alguna razón, esto generó una gran sonrisa en su rostro, porque solo había una forma de que lo hiciera, juntarse para el intercambio; una excusa para verlo.
Llegada la tarde, Charles estaba nuevamente en la cocina, preparaba ya su tercer té del día, cosa que no le molestaba en lo absoluto, además de que ya tenía mejor movilidad y podía estar de pie durante más tiempo, sin sentir dolor, unas cremas relajantes que había encontrado habían dado resultado. La tetera sonaba a todo su esplendor, el agua estaba lista, pero otro ruido llamó su atención, alguien llamaba a la puerta, sacó el objeto del fuego y se acercó lo menos cojeante que pudo; de seguro eran su padres que no se habían creído el cuento del trabajo.
Pero al abrir la puerta de par en par, fue otra su sorpresa, los Profesores Frost y Lehnsherr estaban afuera de su departamento. Lo primero que sintió, es un fuerte mareo, por un segundo pensó que se desmayaría, no esperaba esas visitas pero ni en lo más mínimo, y más cuando recordó que estaba en pijamas, y les había abierto la puerta como si nada. Su primera acción es abrochar su bata de dormir, tratando de ocultar un gran sonrojo de vergüenza que se afloraba sin pudor, luego hace ademán con la mano para que los profesores entren, los cuales muy sonrientes obedecen, para luego girarse a un tembloroso Charles que cerraba la puerta, tratando de mantener la respiración. Las únicas personas que habían entrado a su departamento eran sus padres, Hank y hace mucho tiempo, Logan.
— Disculpa el molestarte — comenta risueña Emma — pero vinimos a devolver tu libro
— G-gracias... — entre tartamudeos — por favor, siéntense... — los dos obedecen y se dirigen al sofá
Los dos recorren milimétricamente el lugar, es bastante sencillo, sin nada ostentoso, muy diferente a lo que caracteriza a un Xavier y su imponente mansión, pocos muebles, algunos cuadros, varias fotografías y por supuesto, muchos, muchos libros, esparcidos por todos lados, en las encimeras, en el suelo, en la mesa y en el sofá, Emma tuvo que quitar algunos, para poder sentarse.
— No... debieron molestarse — comenta — solo por un libro... — mirándolos
— La verdad — agregó entre risas la rubia — también te traje la materia de hoy — revisando su bolso y sacando unas guías. Erik solo los observaba — toma... — Charles las recibe con cierta sorpresa— y el Profesor Ross dejó una tarea, me tome la molestia de pedirla por ti
— Gracias... en verdad, no sé qué decir… —muy sorprendido, no recordaba la última vez que alguien hizo algo así por él, sin esperar algo a cambio, por supuesto.
— Pues agradécele a Erik — sonríe con algo de jugueteo — fue su idea el venir a verte, quedó muy preocupado por ti ayer — mirando a su amigo — así que insistió en venir, yo solo me colé y use la materia como excusa —mintió con total honestidad, mientras le sacaba la lengua a su amigo de manera muy risueña — y por supuesto, quería conocer tu casa… — y eso tampoco era mentira, se moría de ganas ver lo que Raven le dejo a Charles antes de morir y la verdad, no estaba nada mal. Aunque a Charles le hizo gracia el chiste de su Profesora, su mirada estaba fija en el otro Profesor presente en la sala.
¿Estaba preocupado? ¿Vino... solo por mí? Preguntas que atacaron su mente — ¿Les ofrezco algo? — indicando la cocina — acabo de hacer algo de té y...
— Ni siquiera lo pienses — responde rápida parándose — tú estás convaleciente — se acerca él — toma asiento, yo me encargo del te — empujando a su estudiante hacia el sofá, el cual trataba de chistar — nada de peros — sentándolo — no demoró... — metiéndose a la cocina.
Charles se extrañó un poco por la confianza de la mujer para pasearse en un departamento de un completo extraño, a la vez de la familiaridad con la cual lo trataba y algo vino a su mente ¿Acaso no habían sido amigas ella y su hermana? Quiso recordar, pero no mucho vino a su memoria, ya habia escuchado su nombre antes y Raven la menciono algunas veces, pero por alguna razón ya no estaba tan presente en sus discursos diarios. Le intrigó el por qué.
El debate interno terminó en cuanto devolvió la mirada al Profesor Erik, el cual revisaba su bolso, para terminar sacando un libro, su libro — toma — estirándolo hacia él — se te quedo en el asiento, me di cuenta recién cuando llegue a mi casa — Charles lo recibe con una sonrisa tímida — cuídalo bien, tú mismo dices que perder, robar o dejar un libro a medias es un sacrilegio — entre risas que Charles comparte en armonía — la verdad — estirándose en el sitial, mientras Charles lo miraba fijamente desde el sofá grande — le eche una miradita antes de dormir, leí los capítulos que más me llamaron la atención y lo encontré muy bueno — sonríe — sobre todo las anotaciones que haces a los lados...
Charles se queda fijo mirándolo, había olvidado que tenía la vieja manía de rayar los libros, o más bien anotar cosas relevantes para la trama o que le llamaban la atención a un costado de los párrafos, razón número dos por la cual no prestaba jamás sus libros, no estaban en condiciones idóneas para que alguien más los viera; la razón número uno era porque sus libros eran su tesoro más amado, como su pulmón, corazón o incluso alma, eso no se lo daría jamás a alguien, eso no se prestaba, y mucho menos, se daba. Salvo que muera y alguien necesite sus órganos... o sus libros, esa sería la única excepción; su mente siempre terminaba razonando.
— Siempre hago eso — riendo — y es que la verdad, como jamás le muestro o presto mis libros a alguien, no me preocupa lo que esté adentro — moviendo las hojas del libro — con todos los libros — se acerca a la mesa y toma varios que están encima — míralos — pasándole algunos.
Erik los toma y comienza a ojear las anotaciones, en verdad era cierto, y Charles se sorprende a sí mismo, le está mostrando, sin ningún pudor, sus secretos más privados, pero por alguna razón, no siente miedo ni preocupación, al contrario, le emocionaba que esté los viera y además, el Profesor le daba esa confianza. Por su parte, Erik dibuja una gran sonrisa en su rostro, las anotaciones son bastante precisas y continuas, pero lo que más le sorprende es la cantidad de libros que hay en el lugar, sin duda, los libros era el bien más amado de Charles.
Emma, quien venía apareciendo con una bandeja con tres tazas, se encontró con algo que hace mucho no veía, una sonrisa, una sonrisa sumamente genuina por parte de su amigo Erik Lehnsherr, hace más de un año que no veía una y la sorpresa la inundó, era muy parecida a la que mostro varios almuerzos atrás. Pensó que jamás lo volvería a ver sonreír así, y más fue su asombro, cuando descubrió que el objeto o génesis de su sonrisa, era la lectura entusiasmada que le daba Charlas sobre sus libros; este niño, había logrado sacarle una sonrisa más que genuina a Erik, algo que ni ella había logrado tras mucho meses de intento.
— Pues yo hago lo mismo — sacando ahora el libro que él estaba leyendo de su bolso — suelo escribir conceptos y definiciones, son grandes ayuda memoria — mostrándole las hojas anotadas y repletas de letras — son gajes del oficio — riendo
— Yo las llamo manías de lector — entre risas. Erik responde con una sonrisa.
Ahí está de nuevo la sonrisa. Acusa rápida Emma ¿Qué está pasando aquí? Debatía internamente mientras los miraba con suma atención— veo... que estamos ante dos ratas de biblioteca — dejando la bandeja en la mesa.
— Hurón — responde ofendió Charles. Ambos profesores se miran más que extrañados — soy un hurón de biblioteca, no me gustan las ratas... — tomando un poco de té.
Al instante, Emma y Erik estallan en una risa sonora, el chico sí que tenía unas salidas, y viendo la reacción de ambos, Charles también termina riendo por algunos segundos— en fin... — tratando de controlar la risa — ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? — pregunta Emma
— Muy bien — agrega — la inflamación ya pasó, mañana estaré en perfecto estado, gracias por la preocupación — mirándolos — y espero... que no estén haciendo esto para congraciarse con mi madre — volviendo a tomar té.
Erik y Emma se miran con cierta complicidad, y no pueden evitar reír nerviosos — ¿Con tu madre? — pregunta entre risas — tuvimos que cubrirte la espalda con tu madre... — tomando té — si Erik no me hubiera contado todo lo que te pasó ayer, demás que se me habría salido ante Sharon qué no viniste a clases... y otro sería le escenario — haciendo una mueca de disgusto.
— Pues gracias — mirando a Erik — de nuevo... — Erik le sonríe
De nuevo... la sonrisa. Repite aguda la mente de Emma. Toda esa actitud de parsimoniosa y preocupación reciente en su amigo hacia el joven, comenzaba a inquietarla y extrañarla, lo conocía muy bien y sabía cuando este se sentía muy a gusto, justo como ahora y cuando lo fingía, y este claramente no era el caso— bueno, yo feliz de cubrirte las espaldas — mirándolo — en pocas semanas, te has convertido en mi alumno favorito — Charles se sonroja levemente y Erik ríe ante los comentarios de su amiga.
Emma cuenta una historia parecida que tuvo con otro estudiante y como lo salvo del Decano de su propia Facultad, relato que fue compartido por Erik, incluso agregando sutiles chistes internos y nexos con historias ajenas. El joven se daba cuenta, al observar la complicidad entre los Profesores, que existe una gran cercanía entre los dos, cosa que había comenzado a sospechar el día de ayer, pero que rectifica ahora; entonces una pregunta fugaz pasa por su mente: ¿Acaso pasa algo entre ellos? y su cerebro le responde con otra pregunta: ¿Por qué te importa eso? Pero algo es claro, el Profesor Erik está al tanto de casi todo en la vida de la Profesora Emma y esta al mismo tiempo, pareciera conocerlo mejor que nadie, cosa que indiscutiblemente, lo entristece, pero sin razón aparente.
Emma termina el relato, con un remate bastante gracioso, pero Charles como siempre se terminaba perdiendo en su mente, en sus raciocinios extremos, casi cayendo en la manía de sobre pensar cada minúsculo detalle, cada variable, cada como, donde y porque. A veces en verdad era difícil vivir en su cabeza, constantes preguntas sin respuesta y oportunidades perdidas por un análisis excesivo, que muchas veces, no llevaba a nada. Su mirada se volvió distante y alguien claramente lo noto.
Erik se percata al instante que su semblante ha cambiado — ¿Estas bien? — mirándolo con esos hermosos ojos verde azulados, fijos e intensos.
Charles demoró segundos en volver a la realidad— si, por supuesto… — responde muy rápido, tratando de reconectar con la conversación inicial— ¿Y qué pasó después? —levantando ambas cejas fingiendo interés, por lo que Emma respondió por cortesía
—Pues nada, lo salve de una expulsión y de una hoja de vida bastan poco honrosa… —aclaró entre risas— claro, que no ha sido de mis peores situaciones, algunas han sido mucho más oscuras y con resultados no tan felices —eso sí llama la atención de Charles, pero ella evade el tema— algún día te lo contaré… —Charles vuelve a su semblante de antes y Emma lo comprende— creo que nuestro joven Xavier está algo cansado —agrega— quizás igual se esforzó mucho hoy, lo mejor será que nos vayamos y que descanse — sonriéndole — debe estar con todas las energías para mañana, no puede seguir faltando...
— Claro que no — comenta el estudiante
— En ese caso — parándose — nos vamos — mira a Erik, el cual estaba imitando su acción — fue un placer verte, mi caballero — con mucha dulzura en su voz — cuídate y nos vemos mañana... — acercándose y dándole un abrazo bastante sorpresivo a Charles, este no suele ser muy de piel, pero por alguna extraña razón, sus abrazos se sienten familiares, definitivamente la Profesora Frost fue amiga de su hermana, los recuerdos comienzan a volver— adiós... — caminando hacia la puerta.
— Cuídate, Charles — dice Erik al frente suyo, separados por la mesa de centro — fue un gusto ver que estas bien — sonríe — y guarda bien ese libro... — estirando la mano.
— Así lo haré — estrechándola. El cosquilleo volvió — adiós...
— Adiós— alejándose con una sonrisa. Emma ya lo esperaba bajo el umbral de la puerta abierta. La puerta se cerró, ambos ya se habían ido.
Que día, sí que había pasado de todo por su cabeza, y lo mejor es que no lo esperaba para nada, una sorpresa más que hermosa y grata, que ojalá se repitiera más seguido; no era mucho de recibir visitas, después de todo, no tenía muchos amigos, pero estas visitas sí que eran muy bien recibidas.
Ya caminando mejor, se metió a la ducha y trato de pensar en otras cosas, lo cual dio resultado, pero al meterse a la cama, decidió volver al libro, e inconscientemente, lo acercó a su rostro, a pesar del poco tiempo, había quedado impregnado en el perfume u olor de Erik, cosa que lo embriago por varios segundos, haciéndole presionar el libro contra el pecho: ya estaba devuelto el libro, no había más excusas para volver a verlo, por lo que la tristeza se hizo presente nuevamente. La lectura dio comienzo, y así permaneció por varios minutos, hasta que de nuevo la sorpresa llegó, de manera inesperada.
Al llegar a la página 203, se dio cuenta que hay una anotación que no era suya. El capítulo y la hoja en sí hablaban de la perspectiva que presentaban los filósofos sobre el amor y la belleza:
"Aristófanes afirmó que el amor es el sentimiento más grande que tiene el ser humano y que nada se puede comparar con el placer de sentirlo". Charles había escrito al lado, que esta mirada del amor era demasiado utópica y poco realista.
"Platón difería de las conclusiones de Aristófanes y reclamaba al amor de poseer al ser humano por sus faltas y no por su voluntad, pues es una condición del ser humano el desear lo que no se tiene, aburrirse cuando se tiene y desecharlo para necesitarlo otra vez. Un círculo vicioso en el que se encuentran la mayoría de las personas en la actualidad". Charles había escrito que apoyaba esta idea, creyendo que el amor no era más que una construcción social, una necesidad u/o decisión que no se tomaba de forma consciente y voluntaria, vivir bajo la ilusión de que se disfruta algo que no está predestinado a durar, algo finito.
Entonces, en lo que quedaba de hoja vacía, apareció la anotación que no era de su autoría; Erik escribió esto: "Sócrates, cree que el amor es la motivación o impulso que nos lleva a intentar conocer y contemplarla en sí. Esta orientación se produce en un proceso gradual que comienza con la apreciación de la apariencia de la belleza en una persona ( por ejemplo, la belleza puramente física), y luego avanza hacia la apreciación de la belleza espiritual (la del carácter, la del alma), la de la belleza de las leyes y las costumbres en la sociedad, la que se encuentra en las artes. y las ciencias, etc. Aquellos valores únicos que lo hacen ser uno mismo. Todos estos pasos deben finalmente superarse hasta alcanzar el punto culminante del proceso: el conocimiento apasionado, puro, y desinteresado, de la esencia de la Belleza misma, que se mantiene. incorruptible y siempre igual a sí misma, el conocimiento de la idea de la Belleza en cuanto es lo único que es bello en sí mismo y por sí mismo, y en cuanto aquello que es causa de que todo lo bello sea bello En esto consiste. la "idealidad" del amor platónico: no en tener un amor inalcanzable, sino en amar las formas o ideas eternas, inteligibles y perfectas".
Charles, no pudo encontrar fallas ante ese postulado, pero fueron las palabras en el último pedazo de la hoja, lo que lo cautivaron por completo: "El amor radica en la belleza del alma y el alma se alimenta en la fuerza que insta al amor". ". Erik Lehnsherr. Piénsalo...
Charles se quedó sin palabras, aun respetando a Sócrates, Erik había hecho una perfecta definición del amor. Y así, Charles se fue a la cama, abrazando el libro.
Chapter 6: 5
Chapter Text
Nubes
Octubre avisaba que llegaba, los días cada día comenzaban a estar más frescos, y aunque Londres o Oxford no eran principalmente ciudades que mantuvieran días soleados muy seguidos, el sol igual buscaba uno que otro rincón para colarse.
Charles llevaba varios libros en sus brazos, algunos eran literatura obligatoria, y los otros de su gusto, que simplemente solicitaba en las bibliotecas o compraba, para tener lectura netamente para la entretención; así mientras sus compañeros sufrían con la primera semana de exámenes, el Xavier lo tomaba como un simple trámite. Ya llevaba varias semanas visitando la biblioteca, lo encontraba un lugar tranquilo y alejado, había mucha literatura que explorar, pero siempre terminaba encontrándose con uno que otro compañero que solo quería sentarse unos momentos al lado del famoso Charles Xavier, quizás mantener una conversación superficial o sacarle un apunte para las pruebas; siempre algo a cambio. Así que cada vez iba menos, huyendo de los perseguidores, y era un verdadera tristeza que en uno de sus lugares favoritos del mundo, no le permitirían estar a gusto y hacer su actividad preferida: leer.
Pero, como siempre, terminaba encontrando un escondite, y este no era otro que el pequeño espacio del Departamento de Química, el mismo donde se refugiaba de los interesados las primeras semanas, el mismo donde estaba el árbol, muy similar al que estaba en el patio de la casa de sus padres, un árbol Encina, el cual se caracteriza por estar en bosques de gran extensión o terreno; era extraño que un árbol tan grande y tan imponente, estuviera encerrado bajo estas cuatro paredes, era casi como si estuviera atrapado, encarcelado e incapaz de crecer donde debería, y de alguna forma sintió lastima por este pobre ser vivo, y llegó incluso a identificarse con él.
Y también era el mismo espacio donde hace solo unos días bailo bajo la lluvia, donde se resbaló y cayó, y sobre todo, donde conoció a su Salvador, apodo que su cerebro por alguna razón se negaba a abandonar. Ahí conoció a un curioso e inesperado Profesor de Física llamado Erik Lehnsherr, alemán y apasionado a la Astronomía y a la música de los "50" y "60". Y así, sentado en la banca, la misma banca de ese día y mientras repasaba las últimas páginas de Los pasos del Homo Sapiens, una sonrisa apareció en su rostro, una de esas que no le regalas a cualquiera, de esas cuando recuerdas momentos bellos o nostálgicos, de un pasado algo lejano, cosa que no dejaba de ser particular, ya que el evento en sí, el cual provocaba esa sonrisa casi boba, aún era bastante repentino, solo habían pasado unos diez días.
Diez días donde su rodilla había sanado por completo y diez días donde tuvo que soportar los interrogatorios de su madre y sus preocupaciones por temas pasados. Al parecer la Profesora Frost lo había puesto al tanto de lo ocurrido la primera clase y los comentarios sobre Raven, o más bien, el nulo conocimiento por parte del mundo de que alguna vez, hace sólo dos años, el matrimonio Xavier tuvo una hija. Nadie, jamás nunca la mencionaba, Raven no existía ni para su familia ni para la sociedad inglesa, ya sea porque les daba miedo comentarlo frente al matrimonio o porque como nunca nadie lo mencionó, nunca estuvieron al tanto de su existencia.
Su madre quería saberlo todo, todo lo que sintio, todo lo que dijo y sobre todo cuanto le afecto, y a pesar de que Charles trato de poner su mejor cara, no solo porque no quería preocuparla, sino porque cada vez que hablaban del tema, las cosas siempre terminaban muy mal, con malestar por días para Charles y lágrimas eternas para su madre, el interrogatorio no se detuvo y como siempre, su padre solo guardo silencio, como siempre lo hacía. Esa era su rutina desde hace dos años, a veces incluso se preguntaba cómo es que sus padres seguían juntos, cuando claramente ni siquiera cariño quedaba de por medio entre ellos, quizás solo respeto, pero la respuesta que estaba clara era que esta situación estaba así desde antes, incluso antes que Raven falleciera; ese suceso solo lo gatillo y lo hizo evidente, incluso para ellos mismos.
Y aun a pesar de todo, igual trataba de comprender su dolor, él habia perdida una hermana, pero ellos una hija, su dolor jamás sería comparable, y menos ahora que Charles entró a la Universidad, distanciándose de ellos, en pos de formar su propia vida, pero a la vez presente en el propio lugar de trabajo de su madre, donde colegas más lejanos y alumnos más jóvenes comenzaban a hacer preguntas sin descanso, tratando de hacer memoria e incluso buscando en viejos periódicos o revistas sociales, queriendo asegurarse de que siempre existieron dos hijos Xavier, no uno, a pesar de los intentos de sus padres por borrar toda evidencia. Todo esto había pasado en solo diez días.
Diez días donde también había recordado en exceso a su hermana, a cada instante, y diez días, de los cuales, no había visto al Profesor Lehnsherr ni una sola vez.
Un día después de volver a clases, luego de su casual accidente, se paseó lo más cerca y disimuladamente posible al Departamento de Física, buscándolo casi de reojo, aunque no sabía muy bien el porqué, solo quería verlo a la distancia, con eso se daba por pagado, pero el Profesor jamás emergió entre las salas o las oficinas.
Y así, los días fueron pasando, y ninguna señal del aludido, es más, un día recorrió todo el Departamento, y llegó a buscarlo de manera casi descarada, y estuvo a punto de preguntar por él, pero se arrepintió, solo quería acallar las dudas que lo atacaban ¿Por qué estoy haciendo esto? No preguntes... no preguntes por él. Era lo único que se repetía en su mente. Y de hecho, su búsqueda fue tan notoria ese día en particular, que terminó cruzándose con su madre, teniendo que usar la excusa de que venía a buscarla a ella, cosa que lo arrastró a casa de sus padres, y una hora de conversaciones sobre Raven, otra vez.
Mientras aún revivía en su mente los acontecimientos de la última semana, pudo notar en menos de un minuto, que terminó su libro y ya podía ir casa; a veces le gustaba más leer aquí que en su departamento. La última prueba era en unos días más, tenía tiempo de sobra para repasar, si es que podía llamarlo así y justamente con la Profesora Frost, a la cual cada día que pasaba parecía tener más aprecio por él, y él también comenzaba a tenerla en gran estima. Y claramente ya se habia cerciorado de la verdad, a pesar de su diferencia de diez años de edad, Emma y Raven habían sido amigas, y lo recordó no solo porque encontró fotos de la Profesora con toda la familia, sino porque su madre lo menciono no en muy buena manera durante una de sus cenas. Ella y su padre repetían que la Profesora Frost, en parte, era la responsable de que Raven haya huido de casa hace algunos años.
Pero era claro que habia alguien a quien la Profesora estimaba aún más o al menos era bastante más cercana, y ese era el Profesor Lehnsherr, lo pudo notar en sus interacciones ese día en su departamento, y aunque eso le llamaba la atención, sin terminar de comprender muy bien porque, su sentido común le decía que era la persona menos indicada para preguntar o siquiera entrometerse en la vida de ellos.
Así al terminar su lectura, se levantó de la banca y decidido a olvidar todo el tema, si se llegaba a cruzar con él, lo saludaría con cortesía y seguiría su camino, no había otra cosa que hacer, no había excusas esta vez para verlo y mucho menos, conversar con él. Emprendió su camino hacia su bicicleta, la cual hace ya tres días, la dejaba a las afueras del Departamento de Física, ¿Porque? no tenía idea, se arriesgaba a que su madre lo viera y quisiera arrastrarlo a su casa, pero algo le pedía que se quedara cerca de ese lugar, casi llamándolo y rogándole, y mientras le sacaba el seguro a su bicicleta, su mirada buscaba con un intento de indiferencia a cierto Profesor.
Pero, para su sorpresa, fue otra cosa la que cruzó por el radio de sus ojos, porque al estar subiendo a su medio de transporte, divisó a una furiosa rubia salir por una puerta, quizás de una oficina. La mujer, cruzó toda la explanada, pasando enfrente de mucha gente, pero sin ver a nadie, solo se encamino al que debía ser su vehículo y con un lenguaje corporal que irradiaba clara molestia y enojo, se subió veloz al auto, tiro todas las cosas al asiento de atrás, azoto la puerta y manejo rauda por el estacionamiento sin rumbo fijo.
Charles no pudo evitar preocuparse, algo había puesto de un humor horrible a la Profesora Frost, no era difícil darse cuenta que era ella, esa cabellera rubia era inconfundible, y la pregunta que cruzó su mente fue — ¿Qué cosa afectó tanto su humor? — depositó la vista en la puerta, pero nadie salió del lugar, quizás se estaba escondiendo o fingiendo que nada sucedió, y una idea fugaz paso — ¿Y si había discutido con el Profesor Lehnsherr? — esa podía ser una clara razón para su actitud, y explicaba el por qué él Profesor se estuviera escondiendo y no haya sido visto en estos días.
Después de todo, ambos eran muy cercanos, su madre lo había mencionado unos días antes durante las cenas también, y ellos mismos lo demostraron en su visita a su departamento; el Profesor le había contado sin rodeos o miedos todo lo que había pasado entre ellos dos bajo el árbol a la Profesora, sin contar además, los chistes y relatos internos entre ambos, y eso dejaba clara la confianza que se tenían mutuamente — aunque tampoco fue mucho lo que pasó ese día bajo el árbol... — rebatía su mente, pero era claro que las discusiones siempre son algo complicado, más en personas que son... claramente cercanas.
Al día siguiente, Charles se paseó sin descaro por el Departamento de Física, aún tenía tiempo para la siguiente clase, y una voz en su interior le gritaba con desespero, tenía que saber que estaba pasando, solo quería una respuesta clara y concisa; es como si su sentido común lo estuviera abandonando por completo y comenzaba a sentir que estaba haciendo algo espontáneo, por primera vez. ¿Desde cuándo era tan curioso? Calló esa pregunta al instante, porque sabía de antemano la respuesta. Siempre lo había sido.
Y mientras buscaba, se encontró con la Oficina requerida.
Oficina Profesor de Física Elemental
Erik Lehnsherr
Se detuvo frente la puerta, levantó la mano entrecerrada en un puño para golpear, pero algo lo detuvo, su sentido común volvió en el peor momento. Miro la manilla, casi como en ritual, y quiso abrirla, incluso sin golpear, llevado por su reciente y naciente espontaneidad.
— ¿Qué estás haciendo? — preguntó una voz muy firme detrás de él. Charles tuvo miedo de voltear, permaneció algunos segundos dubitativo y de frente a la puerta, quien fuera, lo había descubierto — no puedes entrar a la oficina de un Profesor — prosiguió — y menos sin golpear... ¿No te enseñaron modales? — eso molesto a Charles de sobremanera.
— Claro que si — girándose seguro — los modales rigen mi vida... — subiendo la mirada muy convencido de sus palabras
— Que bueno que lo sepas — metiendo sus manos en sus bolsillos — pero de igual manera, no puedes entrar — observa a Charles de la cabeza a los pies — ¿Qué necesitas?
— Necesitaba... — ordenando sus palabras — hablar con el Profesor Lehnsherr — tocio algo incomodo — por eso vine a buscarlo a su oficina — señalando con el dedo pulgar hacia atrás
— Pues lamento informarte que el Profesor Lehnsherr no está — se acerca a Charles — así que, puedes irte...
Charles le extraño la respuesta, no era muy amena o cordial de su parte, después de todo, solo quería saber dónde estaba, nada más — ¿Está en clases? — pregunta curioso
— No — responde a secas. A Charles ya comenzaba a incomodarle la actitud del joven, era algo tosca
— ¿Y… donde esta? — vuelve a preguntar
— ¿Por qué tanto interés en el Profesor? — subiendo una ceja
— Creo que eso es asunto mío — respondió con total naturalidad Charles. No pretendía sonar prepotente, pero si él joven iba a hablarle de manera dura, él también podía serlo. Hay una gran diferencia entre ser cortés y ser amable.
El joven dejó deslumbrar un leve semblante de sorpresa, no esperaba esa respuesta, pero relajo su rostro al segundo, cerrando los ojos y esbozando una sonrisa — pues te informo, que todo lo que incumbe al Profesor Lehnsherr, es de mi responsabilidad... así que, repito mi pregunta — parándose a un costado de Charles — ¿Por qué tanto interés en el Profesor? ¿Qué necesitas? ¿Eres alumno de él?
Charles retrocedió unos pasos, la cercanía y actitud del joven eran algo incómodas y sumamente irritantes — ¿Tu si? — pregunto sin siquiera controlarlo — me refiero... ¿Tú eres alumno de él?
— Fui su alumno en primer y segundo año — sonríe orgulloso — ahora que estoy en tercero, soy su asistente...
Charles siente el intento de aire de superioridad que emanaba del alumno — un gusto... — estirando su mano hacia él, siendo respondido con una observación fija por unos segundos a su mano, para devolver la vista hacia Charles, dejándolo con la mano estirada — Charles... Xavier —carraspeando con incomodidad mientras baja la mano
— ¿Eres hijo de la Decana? — Charles asiente con cierta timidez — entiendo... — sonríe — como eres su hijo, crees que puedes aparecerte por donde quieras y abrir puertas ajenas como si fueras el dueño — Charles exhala con cierta rudeza, un comentario claramente mezquino e innecesario.
— Comprendo — dice sonriente Charles — creo que llegue en mal momento, mejor vuelvo otro día — esquivándolo para volver por el pasillo — permiso... — da algunos pasos, pero se detiene — jamás me dijiste tu nombre — girándose hacia el
— ¿Para qué lo quieres? — suelta con rudeza — ¿Iras a acusarme con tu mama por no dejarte a entrar a oficinas ajenas? — mofándose
Charles mete sus manos en sus bolsillos, mientras ríe relajado, había cruzado palabra y camino con muchas personas así — tú mismo preguntaste si me habían enseñado modales... — mirándolo — pues fue la misma Decana quien los inculco en mi desde muy niño, deberías pedirle que te enseñe algunos a ti — el joven abrió la boca para replicar, pero Charles prosiguió — pero ese no es el punto, yo di mi nombre... los modales dictan que des el tuyo...
El joven vuelve a mirar de pies a cabeza a Charles — Alex Summers...
— Encantado de conocerte — responde Charles — y no te preocupes, no iré acusarte... se nota el miedo que le tienes a la Decana, y deberías hacerlo... yo viví 18 años con ella y tiene un carácter de temer — sonríe — cuídate y sigue con tu trabajo, eres un excelente perro guardián — voltea al pasillo — adiós... — yéndose. Quizás había sonado un poco rudo con el tal Alex, pero se lo tenía merecido.
Conclusión del día, no iría a buscar al Profesor Lehnsherr jamás a su oficina.
Las clases dieron inicio y como cada día, algunos interesados se acercaban, aunque el número disminuía conforme avanzaban los días, comenzaban a rendirse al ver que no lograrían sacarle nada al joven Xavier, así que ahora solo se limitaban a querer saber un poco de su vida, el fin de semana de Charles, su preparación para las pruebas y los rumores que corrían sobre él y Moira.
¿Es cierto que están saliendo? ¿Ya son novios? Oí que se acostaron... ¿La dejaste embarazada? ¿Cuántos Charles jr. tienes regados por el mundo? ¿Por qué a ella si la tomas en cuenta y a mí no? ¿Me prestas dinero? ¿Vamos a tomar después de clases? ¿Me invitas a tu mansión a tomar el té?
Preguntas de todos los días, a las cuales Charles respondía de manera monosilábica, no se esforzaría en desmentir rumores, que la gente creyera lo que quisiera, poco le importaba en verdad, y si Moira quería inventar todo un romance, de cómo se escaparon el fin de semana a Manchester, y se quedaron en uno de los muchos inexistentes departamentos que los Xavier tienen repartidos por el mundo, mientras se acostaban cada media hora y comían caviar y champán, y que Xavier la tenía más grande que un camión, era cosa de ella, Moira era feliz con toda esa atención amparada en un relato falso, uno que supuestamente Charles no contaba, porque era todo un caballero. Al menos, eso sí era cierto.
Pero al avanzar la clase, Charles noto algo extraño, había un estudiante alejado de todos, y si su memoria no le fallaba, jamás lo había visto por ahí; sentado en las últimas filas, entrecerraba los ojos con notoriedad y escribía con mucha fuerza, casi le sangraba la mano. Por alguna razón, llamó su atención, y mientras todos estaban atentos a los resultados de los exámenes, Charles se acercó y se sentó a su lado, fue casi un acto... espontáneo.
— Hola, soy Charles Xavier — comento con mucho entusiasmo
— Ho... la — con cierta timidez — Scott Summers — evitando su mirada
Summers. ¿Qué probabilidades había que tuviera un doble encuentro con Summers en un mismo día? — es un placer... ¿Eres estudiante de esta carrera? Jamás te había visto
El joven ríe con cierta sorpresa — es bueno saber que alguien si logro notarme — mirando a los demás que bombardeaban al Profesor con preguntas — eres el primero que se me acerca
— Pues te veías casi igual de solo que yo — entre risas
— ¿En serio? — extrañado — antes de que comenzara la clase, había un grupo como de diez buitres rodeándote e interrogándote — haciendo una mueca de rechazo. Odiaba las multitudes y las preguntas odiosas.
Charles ríe ante su comentario — cierto, pero esos solo eran interesados, sobre todo en el dinero de mis padres — mirando a sus compañeros — pero cuando descubren que mis padres no me dan nada, o que al menos yo no los dejo mantenerme, se rinden... y a los minutos se les pasa el interés, y vuelvo a lo mismo... — mirándolo
— Encantador… — comenta con sarcasmo — tu vida suena muy entretenida —con total indiferencia en su voz
—Ni te imaginas —respondió con naturalidad
—¿Y quién eres? ¿El gemelo perdido del Príncipe Carlos? —Charles soltó una risa corta, y Scott solo prosiguió— bromeo, sé quién eres… y créeme, me aterra el hecho que seas un Xavier
— ¿Entonces también sabes sobre mi familia? — suspira
— ¿Quién no? — riendo — cualquiera que sea alguien ha oído y sabe de tu familia, tu abuelo aparece hasta en los libros de historia... — jugando con su lápiz — supongo que con eso te puedes dar por pagado ¿No? —levantando una ceja— no tienes que hacer nada con tu vida, ya todo está dado… —comentó con sarcasmo— solo procura no gastarte la herencia en drogas y prostitutas en menos cinco años, lo necesitaras…
—¿Eso crees que hare con mi vida? —pregunto intrigado— ¿Entonces para que entraría a la Universidad?
—Supongo que por que tus padres te obligaron, aunque si fuera tu padre no te hubiera enviado a estudiar Historia… —volteándose levemente hacía él— ¿Tu padre no es doctor? —Charles asintió— ahí está, se otro Doctor Xavier y termina arruinándote la vida infelizmente, o vive entre lujos y famas hasta que el dinero se agote… —concluyó sin mayor problema. Su rostro estaba tranquilo, no buscaba hacerlo enojar, más bien, buscaba hacer entender al joven hijo de rico cuáles eran sus únicas opciones.
Charles lo mira sorprendido unos segundos y luego suelta una genuina risa — ¿A si? ¿Infelicidad con dinero o drogas y pobre antes de los 30? ¿Esas son mis únicas opciones? Algunos te dirían incluso que eso si es vida…
—Bueno, podrías abrir tu propio negocio y hacerte rico y seguir estando solo… —chasqueando la lengua— en todos los ámbitos… —confesó con cierto pesar
—Vaya, que alentador… —rió por lo bajo— deberías dedicarte a vender tarjetas motivacionales
—Soy realista… —sentenció— y no lo tomes a mal, encuentro genial que a tus padres y a tu familia le haya ido bien, solo me hago la pregunta de cuando salgas a enfrentar el mundo y logres triunfar ¿Cuánto mérito será tuyo? Es todo…
Charles comprendió su punto— bueno… en ese caso, deberé empezar de cero… y creo ya estudiando algo que mis padres no esperan es la primera señal…
Scott sonrió con validación— pues ya somos dos en eso… —agregó— hubieras escuchado lo que me dijo mi padre cuando le dije que quería estudiar Historia… —haciendo una mueca de rechazo— imbécil fue lo más sutil, además de loco, claro… —Charles resintió ese comentario, a veces los padres podrían ser muy crueles, pero la conversación lo sorprendió, estaba llegando a ser algo privada, sin siquiera buscarlo— bueno, no serían los primeros en decírmelo — abriendo los ojos en señal de resignación — si no estuviera loco, según ellos — señalando con su lápiz a los demás — no estaría sentado, solo... en la última fila
Y Charles sonrió, por muy extraña que fuera está conversación, no sé sentía incómodo en ella— pero ahora no lo estas, yo estoy sentado aquí al lado tuyo — moviéndose en su lugar — y hablando contigo
— Eso te convierte en un loco igual que yo — riendo entre dientes
Charles vuelve a reír, tiene comentarios algos desatinados pero muy graciosos — si tú lo dices, qué bueno es estar loco — el joven lo mira satisfecho — pero ilústrame con tu sabiduría ¿Cómo logras resumir mi vida sin siquiera conocerme?
— Porque supongo que se basa en más de lo mismo, en lo que venden siempre en la prensa, ósea, estar rodeado de lujos, que no son tuyos, sino de tus padres, viviendo bajo su sombra de tus ancestros, teniendo que alcanzar sus metas, vivir con la presión de las expectativas, porque se supone que debes ser igual o incluso más grandes que ellos, obteniendo todo lo que quieras al instante, sin ningún esfuerzo o frustración, que la gente te persiga a cada rato, que solo te hablen porque quieren algo de ti, por mero interés... atrapado en un sistema de leyes arcaico y con nula posibilidad de huir… vaya vida de mierda, supongo —concluyó seguro
Charles quedo mudo por primera vez en mucho tiempo, jamás había escuchado a alguien hablar con tanta soltura, y más de un tema que lo aquejaba a él por completo; sobre todo porque muchas de las cosas que mencionó, fueron las principales razones por las que se fue de su casa y rechazaba la ayuda de sus padres, porque quiere probarse a sí mismo que puede hacerlo solo y sin las expectativas y reglas familiares — tienes... mucha razón — bajando la cabeza algo acongojado.
— Perdón — viéndolo — siempre suelo hablar demás y termino cagándola… no tengo filtro —sintiéndose muy mal consigo mismo, recién se habían conocido y ya lo había traumado.
Charles sonríe con cierta desgana, el joven tiene un lenguaje alejado a lo que siempre escuchaba o usaba él en su día a día — no, tranquilo... todo lo que dijiste fueron algunas de las principales razones por las que me fui de mi casa y vivo por mi cuenta — lo mira — y hace mucho que no escuchaba a alguien hablar con tanta honestidad — suspira — rara vez alguien me sorprende, me has dado una muy buena primera impresión — riendo
— Pues gracias, creo… y te convierte en el primero — mirando a sus compañeros
Charles vuelve a dar un largo suspiro, pero esta vez con más tranquilidad — de las conversaciones más sinceras que he tenido…
— Pues qué manera de empezar mi primer día, cagándola… como siempre —respondió nuevamente con total honestidad.
— Descuida, en serio… me hiciste replantearme varias cosas —sonriéndole
— Imagina lo que podría decirte mañana…
Charles rió por lo bajo— en fin... ¿Y porque no te había visto antes?
El joven dudó en dar la respuesta unos segundos, le tocaba ser honesto sobre sí mismo— me tuve que operar de los ojos... por un pequeño problema — comenta — y no pude entrar a tiempo como los demás, pero ya hable con el Decano y todos los Profesores, me dieron facilidades para ponerme al corriente y me correrán las pruebas
Charles captó al instante que era lo que tenía que hacer y decir — si quieres, yo te puedo facilitar la materia y ayudarte con los exámenes — propuso Charles.
Era primera vez que ofrecía su ayuda respecto a los estudios, siempre negaba facilitar cualquier solicitud de ayuda de otros en el ámbito académico, porque sentía que todos debían esforzarse y ganarse sus metas, por su propia cuenta. Quizás en el pasado lo hizo, pero lo único que genero fue estar rodeado de interesados y aprovechadores, que una vez que conseguían lo que necesitaban a base de promesas de amistad falsa, terminaban traicionándolo y dejándolo solo, así que ahora era muy selectivo con sus aportes intelectuales, pero por alguna razón Scott le daba esa confianza.
— ¿De verdad? — sorprendido
— Claro — sonriendo — estás en problemas, y yo puedo ayudarte...
— Genial — hace una pausa — pero que conste que tú me la ofreciste — riendo — no vayas después a andar cobrando
— Para nada — responde entre risas Charles
— Y aviso desde ya que soy un burro, me cuesta mucho estudiar y tengo una cabeza muy dura — con mucha neutralidad. Se aceptaba tal cual era.
— Descuida — baja la cabeza mientras se ríe — tengo mucha paciencia
— Pues te la pondré a prueba — señalando con el dedo, mientras ambos comparten una risa. Pero el silencio vuelve unos segundos, hasta que el joven hace la pregunta del millón — oye... ¿Por qué haces esto?
Charles lo mira por casi un minuto, buscando las palabras correctas, pero por alguna razón, estas no aparecen — no tengo... idea — sonríe rendido
El joven sonríe encantado — buena respuesta — agrega ufano — si hubieras dicho cualquier otra cosa, no te habría creído — Charles solo sonrió.
Así, la clase fue pasando, y el día también, en el cual tampoco vio al Profesor, y muy dentro de él, una preocupación inesperada comenzó a nacer. A la mañana siguiente, la preocupación pasó a casi una certeza, algo complicado estaba pasando, y tenía dos actores, a los dos Profesores que lo habían visitado en su departamento.
Charles y Scott se encontraban comprando algo para el almuerzo y por alguna razón que de cierta forma lo desconcertaba, habían pasado toda la mañana juntos y ahora iban a compartir el almuerzo; era el mayor tiempo que ha compartido con alguien dentro de la Universidad, eso claramente debía ser una buena señal. Esta mañana, al igual que ayer, no habían tocado nada sobre sus familias o demás, solo cosas triviales y gustos propios, además de chistes completamente desatinados y fuera de lugar por parte de Scott, acción que siempre le sacaba una risa y generaba sorpresa, era algo casi increíble, porque eran de las conversaciones más honestas que había tenido Charles con alguien de su misma edad, quizás en toda su vida.
Pero al estar pasando por afuera de un baño, un ruido llamó la atención de ambos jóvenes, era un llanto, bastante fuerte, porque incluso cruzaba la puerta y las pequeñas ventanas superiores del tocador. Ambos se detuvieron en frente del sanitario de mujeres, claramente intrigados, porque al parecer a alguien quizás le estaban afectando más de lo debido los exámenes, pero la respuesta fue otra y les fue dada al instante.
Una reconocida cabellera rubia cruzó la puerta y se topó de lleno con los dos jóvenes, que parecían haberse quedado parados ahí de pura casualidad; Charles posó al instante su vista en el rostro de la Profesora Frost, con los ojos completamente hinchados y enrojecidos, el llanto que se escuchaba era de ella. Scott miró fijamente a la mujer y luego a Charles, era obvio que el joven la conocía, después de todo, el aun no tenía clases con ella.
— Profesora Frost — fue lo primero que salió de su boca — ¿Se encuentra bien? — acercándose unos metros. La preocupación era clara en su voz y su rostro
— Si, descuida... — secándose los vestigios de lágrimas — solo... problemas personales
Eso toco a Charles — ¿La puedo... — mira a Scott — ¿Podemos ayudarla? ¿Se puede solucionar?
La mujer lo miró con mucha dulzura, había olvidado lo educado y encantador que podía ser — no, pequeño... y ni yo sé si puede solucionar — jugando con el pañuelo en sus manos — porque no depende de mí — su mirada seguía baja — en las cosas del corazón, es mejor pensar antes de actuar — se da cuenta de lo que está diciendo — perdón, hable de más... — mirándolos — será mejor que me vaya, y ustedes deben almorzar — Charles abre la boca para tratar de decir algo, pero ella es más rápida — nos vemos para el examen, y no olvides estudiar... aunque tu no lo necesitas — sonríe — adiós — caminando por el pasillo
— ¿Qué fue todo eso? — pregunta Scott
— No tengo idea — viéndola irse — pero tengo una sospecha... — se vuelve a Scott — olvídalo, vamos a comer — Scott lo sigue no muy seguro
La profesora Frost salió molesta de una oficina el otro día, ahora la descubre llorando y no hay ni rastro del Profesor Lehnsherr, solo puede significar algo, discutieron o están pasando por una crisis de pareja. No pueden ser tan cercanos solo por ser meros amigos, ambos son Profesores, de la misma edad y al parecer, se conocen desde hace muchos años, por tanto, la más clara hipótesis es que intentaron ser pareja y algo no estaba saliendo bien.
Y aunque Charles estaba preocupado por la Profesora, la preocupación hacia el Profesor Lehnsherr solo aumentó, porque al menos a ella la había visto, pero él seguía desaparecido; su cerebro, por alguna razón, proyectaba imágenes del hombre llorando desconsolado en su casa, de seguro envuelto en mantas y con muchas botellas de alcohol por el piso.
Después del almuerzo y de la última clase, Scott debía ir a hablar con el Decano de la Facultad, y Charles aprovechó para buscar a la Profesora Frost, pero otro Profesor le informo que había pedido la tarde libre y que se habia ido a casa hace como una hora. La situación lo tenía sumamente intrigado, solo quería saber qué estaba pasando y si el Profesor Lehnsherr estaba bien.
Al salir Scott de la oficina, le contó que debía quedarse a unas clases de recuperación, así que Charles decidió irse a casa; recogió rápido su bicicleta en el Departamento de Física, no quería encontrarse con el simpático asistente del Profesor, el cual aún rondaba su cabeza y tenía solo un acercamiento de apellido con Scott, no era posible que dos personas tan opuestas estuvieran relacionadas, además, Charles aun no le preguntaba por su familia.
Camino a casa, decidió irse por otra ruta, para variar, y al estar cruzando una esquina, sus ojos vieron una silueta muy familiar: alto, espalda ancha y cabello castaño, casi rojizo, con una camiseta manga larga y cuello de tortuga; era él, debía ser él. Charles acelero el pedaleo y lo siguió entre la gente, pero la hora de salida del trabajo no lo ayudaba, había mucho tumulto en la calle, pero aun así subía la mirada entre las cabezas, mientras sus piernas se movían con suma rapidez y su corazón palpitaba a máxima velocidad, lo relaciono a otro motivo. Debe ser por el esfuerzo.
— ¡Profesor! — grito finalmente — ¡Profesor Lehnsherr! — no le importaba para nada que la gente lo mirara, ni él mismo sabía porque lo perseguía con tanta urgencia — ¡Espere! — dijo finalmente alcanzándolo
— ¿Disculpa? — preguntó el hombre girándose hacia el
Charles freno a toda velocidad, tenía la contextura, la altura y el cabello, pero no era él, sus ojos marrones y profundos se lo confirmaron, no eran para nada parecidos a las esmeraldas azuladas del Profesor — lo... lamento — dijo entre jadeos — lo confundí... con alguien más
— Así parece — respondió con un acento extraño — permiso... — volviendo a caminar
¿Qué me está pasando? Lo confundí con alguien más... Repetía su cabeza, mientras seguía sujetando aún con fuerza el manubrio. Y además ¿Por qué me emocione tanto al verlo? Recorrí casi cuatro cuadras persiguiendo... a alguien que no era. Comentó para sí mismo bajando la cabeza apenado ¿Qué sucede? Solo lo he visto un par de veces.
Recupero la postura y la respiración, subió la vista, algunas personas aún lo miraban y tratando de evitarlas, giró la vista hacia la derecha, topándose con una vieja librería, con un cartel en la puerta.
Se necesita vendedor a medio tiempo.
¡Bingo! Grito la cabeza de Charles, hace días había pensado en conseguir un trabajo de medio tiempo, y que mejor lugar que una librería; estaciono y ato la bicicleta a un árbol, para después entrar al lugar. Era bastante modesta y algo pequeña, pero muy pintoresca, justo como le gustaban a Charles, e increíblemente no estaba del todo vacía, había un grupo alrededor de 8 personas ojeando las estanterías y los libros, por lo que aprovecho para recorrerla por varios minutos, admirando sus espacios y compenetrándose con su ambiente, hasta que su mirada chocó con la de una mujer ya entrada en años, detrás del mesón de la caja.
— ¿Puedo ayudarlo? — preguntó con una voz sumamente dulce
— Buenas tardes — aun algo agitado — vi el cartel afuera — señalando la puerta — y me preguntaba si aun necesitaban... un vendedor — acercándose a ella
— Pues la verdad, si — respondió — ¿Cuál es tu nombre?
— Charles Xavier — contesta — ¿La biblioteca es suya?
— De mi esposo y mía — sonriendo — Marcy Stryker es mi nombre, y William Stryker el de mi esposo...
— Es un placer — responde con una genuina sonrisa
— ¿Tiene experiencia en venta de libros?
— No, pero he leído casi todos los libros que hay aquí — entre risas — o al menos los de esas estanterías — señalándolas — y además... — comenzando a buscar en su bolso — tengo experiencia previa en una industria de empaquetado y ensamblaje, me encargaba de la venta y llegue a ser jefe de planta — le pasa su curriculum — siempre ando con uno, nunca se sabe — sonriéndole
La mujer lo recibe con una agradable sonrisa y comienza a leerlo — bastante impresionante, considerando su corta edad — sube su mirada hacia él — entonces... ¿Le gusta leer?
— Más que nada en el mundo — abre su bolso y le muestra todos los libros que atrae
— Eso es muy bueno... — lo mira por alguno segundos — está bien, venga mañana como a las cuatro y haremos una prueba, si pasa... el trabajo es suyo — sonriendo — ojala sea así, un joven tan guapo atraería muchas más clientes — entre risas
— Gracias — algo incómodo
— ¿No le molestaría trabajar con nuestro hijo Jason? — indagando con la mirada a Charles
— Para nada — contesta — dos trabajan mejor que uno — la mujer le sonríe — entonces, mañana será... — sonríe — nos vemos — se gira hacia la puerta y ve el título de un libro que lo atrae.
Física Avanzada
Por Erik Lehnsherr
Lo toma y su corazón comienza a palpitar rápido nuevamente, hace algunos días habían hablado del libro, en su auto, camino a su departamento... en esa noche tan especial — disculpe — girándose nuevamente a la mujer — ¿Este está en venta? — la mujer asiente — en ese caso... lo llevaré — acercándose a la caja.
La mujer le hace la boleta y Charles paga, ni siquiera consultó el precio, era lo menos importante, se despide de ella y sale. No abre el libro hasta llegar a su departamento, y mientras calienta el agua para hacerse un té, comienza a ojear el libro, le había prometido al Profesor que compraría ambos libros.
Sus ojos se quedan parados en la solapa del libro, había una breve descripción del autor, a la cual Charles ni siquiera le dio importancia, pues la fotografía que presentaba al Profesor, lo dejo sin aire por unos segundos, para después terminar soltando, quizás, el suspiro más largo de su vida; el hombre estaba con un terno azul completo, frente a una estantería llena de libros y con una muy tenue, pero clara sonrisa. Lo único que sintió, fue un palpitar feroz, un ardor en las mejillas y un nudo en el estómago, de alguna forma, muy placentero.
— Tengo que verlo de nuevo... — comentó en voz alta Charles, casi como una promesa — tengo que hacerlo, o creo que me volveré loco...
Chapter 7: 6
Chapter Text
Libros.
Otro día llegó, y por alguna razón, Charles no quiso dejar su bicicleta cerca de la Facultad de Física, se sentía algo decaído y no quería cruzarse con nadie, es como si su espontaneidad tuviera una lucha encarnizada con su sentido común, ¿A quién hacerle caso?
Algo le decía que había hecho mal al quedarse hasta muy tarde leyendo el libro de cierto Profesor de Física, materia que aunque no era su favorita, la forma en como él la presentaba y explicaba, era muy interesante, Charles casi sintió que el Profesor estaba sentado al lado de su cama leyéndole cada capítulo, como un cuento de hadas que le lees a los niños, al igual que hacía su madre cuando él era pequeño. La imagen de él sentando al lado de su cama, lo puso nervioso y borró todo indicio de esa idea.
Y aunque aún tenía muchas dudas e interrogantes, una si le fue respondida a primera hora de la mañana, mientras cruzaba la entrada de la Facultad de Historia. Scott mantenía una discusión bastante acalorada con otra persona, ¿Porque todo el mundo andaba discutiendo?, y Charles no tuvo que ser vidente o tener ojo de halcón para darse cuenta quien era, Alex Summers, el simpático y agradable asistente del Profesor de Física, al parecer, el mundo era mucho más pequeño de lo que creía. Se quedó algunos metros alejado, hasta que divisó al asistente alejarse de Scott, ahí recién se encaminó hacia... su ¿Amigo?, sí... creía que ya podía llamarlo amigo.
—Hola Scott — acercándose con cierta timidez. Su compañero solo levanto la vista, su ceño estaba fruncido y tenía una mueca de disgusto — ¿Todo bien? — viendo como Alex se alejaba del lugar
— Si... — suspirando — solo... mi hermano y sus estupideces — viendo de reojo al joven que se alejaba
Entonces, si son hermanos. Razonó la mente de Charles — no... sabía que tenías un hermano
— A veces ni siquiera sé si me ve como un hermano —abrazando sus libros. Charles no pudo evitar sentirse mal por el joven, considerando además la relación tan hermosa y cercana que había tenido con su hermana. Raven. Otra vez volvió a su mente — perdón... — volviendo la vista hacia el — no quiero molestarte con estas cosas
— No, no me molesta para nada — coloca su mano en el hombro derecho de Scott — yo feliz de poder ayudarte
— Si sigues ayudándome, no quedará nada para el resto — comentó en un esfuerzo de broma
— Por mí, encantado — sonriéndole. El comentario había surgido efecto, Scott volvió a sonreír — ¿Es tu único hermano?
— Si, por suerte... no me imagino con dos con el mismo carácter — comenzando a caminar — aunque a estas alturas, ya no debería quejarme... toda la vida ha sido así
— ¿Y se puede saber porque? — tratando de indagar
Exhala por la nariz, con desgano y queja — podría decirte que no sé, pero mentiría — sonríe de mala gana — él jamás lo dirá, pero muy en el fondo de su corazón, siempre me ha culpado por la separación de mis padres — mira a Charles — cuando mi madre se enteró que estaba embarazada de mí, mi padre la acusó de tener una aventura... y bueno, que yo no era su hijo — con la mirada baja — cosa que por supuesto no es cierto, en fin... a los meses que nací se separaron... — suspira — y así sigue hasta ahora
Charles lo miró fijamente — qué triste, en verdad...
— Descuida — tratando de sonreír — eso fue hace mucho, y la separación obviamente le afectó más al que a mí, más cuando mi padre le quitó la tuición de Alex a mi madre y se lo llevó con él, dejándonos a mi madre y a mi solos... — su mirada se clava en el piso — sin dejar a Alex ver a mi madre, ni siquiera para su funeral...
Charles quedó completamente mudo, era una situación tan desgarradora, que el joven Xavier llegó incluso a justificar el cómo Alex lo había tratado afuera de la oficina del Profesor de Física — lamento mucho lo de tu madre...
— Eso ya fue hace cuatro años — lo mira — desde entonces, que vivo con ellos... por supuesto, mi padre no me dirige la palabra, aun cuando los exámenes del ADN demostraron que si soy su hijo biológico... quizás la culpa o remordimiento el impiden tratarme como un hijo de verdad — sonríe — pero que se le va a hacer, es la vida que me tocó...
Por primera vez, en mucho tiempo, Charles se dio cuenta que no era la única persona sola, ya que si bien, tenía a sus dos padres, seres maravillosos que lo amaban mucho, no podía ser él mismo con ellos, muchos menos desde que Raven falleció, se había quedado sin su mayor confidente, para luego tener que separarse de Hank... y sin contar que no sabía de Logan desde hace dos años.
— Gracias — agrego el joven sacando a Charles de sus pensamientos — por preguntar y preocuparte por mí, eres una persona muy amable...
— No, gracias a ti por abrirte conmigo — sonríe — es bueno tener un amigo, hace mucho que no tenía uno...
— ¿Somos amigos? — preguntó esperanzado
— Claro — muy feliz — ¿Tu no lo ves así?
— Creo que si... — riendo — aunque jamás pensé tener de amigo al famoso Charles Xavier — lo mira con complicidad — tendré que acostumbrarme a que te persigan... — riendo
— Bienvenido al club... — dice Charles — por cierto — pasándole unas hojas — aquí están los apuntes que me pediste y también, los resúmenes de los libros, no creo que alcances a leerlos... así que preferí resumirlos
— Muchas gracias — tomándolos con sumo cuidado — jamás podré pagarte todo lo que estás haciendo por mi
— Quizás algún día — agrega Charles
— Tu solo pide, y yo cumpliré... — responde
— Creo que sé cómo — mientras ambos entran a clases — pero te lo diré al almuerzo
Las horas pasaron sin gran notoriedad, aunque el frío cada vez comenzaba a aumentar, habría de ser un invierno duro. Charles, aunque anotó lo más importante en clases, su mente solo proyectaba una imagen, una sombra debajo de un paraguas, una sombra con hermosos ojos color esmeralda azulada.
Al almuerzo, ambos chicos se sentaron a comer, conversaron sobre la materia, libros, los partidos de fútbol que se venían, aunque Charles no era muy apegado a estos y, el tema de la Profesora Frost llorando dentro del baño salió a discusión.
— ¿Aún no sabes el por qué? — preguntó Scott mientras se limpiaba la boca
— No — toma agua con tranquilidad — pero, necesito averiguarlo... lo antes posible
— ¿Porque? — extrañado
— Por... que... — buscando las palabras — estimo mucho a esa Profesora...
— ¿Solo estima? — pregunta curioso — ¿No habrá dobles intenciones por ahí? — sonriendo con picardía mientras sube una ceja
— No seas tonto... — algo incomodo — ella es una amiga de la familia, muy amiga de mis padres... la conozco hace muchos años — toce — además, es una Profesora... no puedes fijarte jamás en una Profesora, o en cualquier persona que sea mayor que uno...
— ¿Y quién dice que no? — apoyándose en la silla — para el amor no hay edad, y si no es amor, y solo una calentura, mientras no te descubran.... todo bien —muy tranquilo
— Scott — riendo entre dientes — ¿Como puedes pensar esas cosas?
— No solo las pienso, las digo y las creo — recalcando cada palabra — cuando hay amor, no importa nada más, ni raza, ni estrato económico, ni edad... ni siquiera género — apuntando la mesa con su dedo índice, estableciendo un punto — al menos, eso decía mi madre...
— ¿Ni siquiera género? — se preguntó casi en un susurro, el cual Scott logró escuchar
— Claro que no — muy seguro — estamos empezando los "80" Charles, deja de ser tan mojigato y recatado... te falta alocarte
— Esas cosas no son para mi — volviendo a tomar agua
— Eso es lo que dice todo mojigato — riendo — eres demasiado católico, aunque con esos padres... no te culpo
Charles volvió a reír, ya que en cierta forma, Scott tenía razón, pero la verdad era, que cuando se cuestionó el amor incluso entre el mismo género, no lo hizo por retrogrado o conservador, no le molestaba para nada que la gente se demostrara su amor, sin importar que, pero... ¿Qué sucedía si esa cláusula, aplicaba para él? Negó al instante, solo ideas locas que cruzaban por su mente, además, sus padres jamás lo aceptarían.
— En fin... — suspira — volviendo a la génesis de la historia, necesito saber que le sucede a la Profesora Frost y tu tendrás que ayudarme — mirándolo fijamente
— ¿Yo? ¿Como? — muy confundido
— Alex, tu hermano... es asistente de un Profesor — titubea unos segundos — un Profesor que es muy cercano a la Profesora Frost, el cual, por alguna razón... no lo he visto por ningún lado — hace una pausa para respirar, por alguna razón, cada vez que hablaba de él, aceleraba el ritmo de su voz — si logro poder hablar con él, sabre que le pasa a la Profesora Emma.
La verdad, es que aunque quería saber él porque del llanto de la mujer, se moría de ganas de ver nuevamente al Profesor, necesitaba sacarse esa necesidad extraña, casi como una espina clavada, solo quería saber si estaba bien, y en las condiciones en las que había visto a la Profesora, acercarse a ella y preguntarle como se encontraba el Profesor Lehnsherr iba a ser sumamente desubicado y desconsiderado.
— Suena algo enredado y complicado — suspira — pero si estas tan preocupado, supongo que puedo hacer una excepción y hablarle a mi hermano — riendo
— Muchas gracias — dijo sumamente feliz — si haces esto por mí, me pagaras todos los apuntes y ayuda para las pruebas...
— Vaya, sí que te importa esto — subiendo una ceja desconcertado — está bien, lo haré...
— De nuevo, gracias... y algo más, que Alex no sepa que yo te consulte... — busca una idea en su mente — dile que te has dado cuenta de que ha tenido menos trabajo en los últimos días, ¿Que paso con su trabajo? ¿Que si acaso su Profesor no le da tareas ya? ¿No ha venido a clases?
— ¿Y porque no quieres que Alex sepa?
— Porque... no me tiene buena — bajando la cabeza apenado
— Espera — enderezándose en la silla — ¿No me digas que te hiciste amigo mío solo para poder acercarte a Alex?
— ¡Como se te ocurre! — claramente ofendido — cuando te hable en clases, no sabía que Alex era tu hermano, y aun cuando me dijiste tu apellido, pensé que era un alcance de nombre... jamás pensé que alguien tan agradable como tú, tendría a alguien como... — lo mira sin saber que decir — bueno, alguien como... Alex
— Alguien tan desagradable como él — riendo — descuida, solo te estaba molestando — cerrando los ojos mientras respira muy fuerte — está bien, averiguare y te aviso... — ve el reloj en su muñeca — tengo que reunirme con el Decano nuevamente — lo mira — ¿Qué harás tú?
— Tengo una entrevista de trabajo — comenzando a recoger la basura sobre la mesa
— Tu en verdad puedes hacer de todo, estudiar y trabajar... — parándose — yo que con suerte puedo coordinar mis pisadas y la respiración, y eso que termino agotado
Charles volvió a reír, Scott era muy simpático, cada minuto que pasaba con él, más que se agradecía a si mismo por qué decidió hablarle.
A las pocas horas, ya estaba en la librería, Marcy le presento a su esposo William y a su hijo Jason, de 16 años, un joven agradable aunque algo tímido. Se veía una familia bastante normal y sumamente modesta; en menos de una hora Charles logro vender tres libros e incluso, consiguió que una chica le diera su número de teléfono, cosa que por supuesto, el no pidió. El trabajo era suyo. Tendría que venir Lunes, Miércoles y Viernes, durante dos horas, y hacer compañía a Jason después de la escuela, cosa que el joven agradeció, no le gustaba estar solo en la librería. Charles se puso contento, cada día que pasaba, comenzaba a conocer más gente agradable.
Charles no podía creerlo, había sol, la mañana llegaba y estaba tan brillante, parece que sería un muy buen día. Llegó diez minutos antes a la clase de la Profesora Frost, le había prometido que jamás llegaría tarde, y tenía la esperanza de encontrarla antes que todos, quizás poder preguntarle cómo estaba, pero su suerte no estaba como el día, los estudiantes comenzaron a llegar, entre ellos Scott, el cual subió muy rápido hasta la última fila, parece que les estabas comenzando a gustar sentarse muy atrás, considerando que siempre había sido de los chicos buenos que se sientan en la primera fila; la espontaneidad atacaba de nuevo.
— Buenos días — dijo veloz Scott mientras se sentaba a un lado de Charles — por poco y no llegó, la sabana casi me ahorca — ahogando una risa
— Buenos días — comentó entre risas — cada día para ti es una aventura
— Vaya que si — respirando algo agitado — y lo será más para ti cuando te cuente lo que averigüe
— ¿Pudiste hablar con Alex?
— Algo así — riendo — fueron más bien, respuesta monosilábicas... nunca ha sido muy comunicativo — Charles sigue fijamente cada palabra de Scott, no podía creer que alguien como Alex fuera su hermano y asistente del Profesor, si había algo que el Lehnsherr no era, es ser pedante, al menos esa primera impresión le dio — en fin... Alex me dijo que el Profesor no viene a clases hace como diez días... — Charles sabia eso, eran los días que llevaba buscándolo — la razón no está muy clara, pero pidió una licencia por 15 días y justo hoy, Alex debía entregar por él la renovación de la licencia por otros diez días... — Charles abrió la boca pero ningún sonido salió de ella — parece que está muy enfermo — la Profesora Frost entra por la puerta y Scott la mira — esa podría ser la razón de porque ella estaba llorando tan desconsolada — abriendo su bolso
¿El Profesor Lehnsherr enfermo? No podía ser algo muy grave... ¿O sí? Una acidez casi incontrolable subió por todo su esófago, quemándolo por dentro y la preocupación que había logrado controlar todos estos días, desapareció, y dio paso a un pánico generalizado. La rubia saludó a la clase, su voz estaba algo apagada, pero tenía mejor semblante que los otros días, se acercó a las primeras filas y comenzó a pasar los exámenes, para que estos los repartieran hacia atrás.
Charles recibió el suyo, y lo observó por varios minutos, pero un bloqueo mental apareció, por primera vez en su vida, había olvidado toda la materia, no tenía cabeza para pensar en otra cosa, y ni siquiera sabía porque. La media hora pasó, y la hoja permanecía igual, Charles movía el pie izquierdo hacia arriba y abajo, como un tic nervioso, su mirada pegada en la nada y su lápiz moviéndose en su mano, sin objetivo alguno, Scott, un poco alejado, lo miraba con clara preocupación, su amigo no se veía para nada bien. Emma, por su lado, escucho los ruidos nerviosos del Xavier y se acercó a él, se suponía que el joven no era de los que presentaban ataques de nervios en los exámenes
—¿Charles? — susurrando a su lado — ¿Todo bien? — mirando el examen — no has contestado nada...
Charles la miro unos segundos y volvió en si — disculpe, ya terminare... pero — bajando aún más los decibeles de su voz — necesito hablar con usted, al terminar el examen
— Eh... claro... — algo confundida — ahora termina — señalando el examen
En menos de quince minutos, Charles termino el examen, estaba mucho más sencillo de lo que pensó, ahora la tortura era esperar que los demás acabaran, pero estaba vez, la suerte si estuvo de su lado. Poco a poco, los estudiantes fueron saliendo, incluido Scott que le hecho una mirada de preocupación, Charles permanecía con su examen terminado frente a él, esperando que el ultimo estudiante se fuera, cosa que por fin sucedió.
— Aquí está mi examen — pasándoselo
— Gracias Charles — tomándolo — te veías un poco nervioso ¿Todo bien? ¿Estaba muy complicado — algo preocupada
— No, para nada... — respondió con sinceridad — mis nervios se deben a otra cosa...
— ¿Y se podrá saber a qué? — guardando todos los exámenes en una carpeta — me refiero... ¿Es de eso de lo que me querías hablar?
— No — Charles buscaba las palabras, pero estas no lograban ordenarse, algunas veces, la elocuencia lo abandonaba por completo — yo... quería saber... — piensa por un momento en bajar la cabeza y comenzar a tartamudear, pero el coraje, empujado por la preocupación, lo poseen — ¿El Profesor Lehnsherr se encuentra bien? — fue la única pregunta casi sensata que logro ordenarse en su maraña de pensamientos
Emma abrió los ojos sorprendida, de todas las preguntas que esperaba, esa era la menos presente, la curiosidad de porque el joven pregunta por Erik, la ataco al instante, después de todo, solo se habían visto dos veces, y Erik ni siquiera era su Profesor — ¿Y porque me preguntas por Erik? — cruzándose de brazos — si es que se puede saber, por supuesto — con dulzura en su voz
— Pues... — el tartamudeo se presentó — el... no... ha venido a clases, me refiero, no ha asistido como... Profesor — tratando de sonar coherente
— No, de hecho no — responde con sinceridad — pidió una licencia de 15 días y tengo entendido que acaba de extenderla por otros 10 diez
— ¿Está enfermo? — pregunto casi interrumpiéndola — ¿Está bien?
Emma volvió a quedar en silencio, la voz del joven sonaba tan cargada de preocupación, casi como un grito ahogado — pues si... — Charles la mira con urgencia — me refiero, a que sí, está enfermo... pero nada grave...
— ¿De verdad? ¿Ya lo vio un Doctor? Quizás mi padre... pueda revisarlo — acortando distancia entre los dos
La cabeza de Emma daba vueltas con tantas preguntas, las de Charles y las que su propia curiosidad formulaba, ¿Desde cuándo esta preocupación tan genuina? ¿Qué rayos estaba pasando? Charles se veía sumamente afectado y eso la preocupo — sí, fue al médico y todo... — lo mira varios segundos — veo que estas muy preocupado por él
— ¿Yo? — abriendo los ojos con cierto miedo — digo, claro que... yo, pero no tanto, solo un poco... como no lo vi nunca por la Facultad de Física — se da cuenta de lo que dice — digo... — tratando de ordenar sus ideas
¿Fue a buscarlo a la Facultad? ¿Hasta esos extremos llego? ¿Tan preocupado esta... por Erik?— Erik está bien, no hay de que preocuparse... — sonriéndole
— ¿Que tiene? — vuelve a subir la mirada
Una voz muy oculta en su mente comienza a hacer ruido, más bien, como un sonido, un interruptor que se hubiera encendido y sembró la duda, respecto a Charles — pues si quieres saber, puedes acompañarme a su departamento, debo ir a verlo ahora...
Sin poder controlarlo, la cara de Charles se sonroja incluso hasta las orejas, y Emma lo nota en menos de un segundo, el sonido en su mente ahora suena como una alarma, algo estaba pasando, y su curiosidad innata, le decía que debía averiguarlo a como dé lugar
— ¿Yo? — vuelve a repetir la pregunta
— ¿Estoy hablando con alguien más? — comenta entre risas
— No, claro que no — dibujando una sonrisa nerviosa — pero me refiero, que no sería correcto... él la espera a usted, no a mí, y además... no quiero interrumpirlos — baja la cabeza apenado
¿Interrumpirlos? Emma no comprendió para nada la pregunta, así que decidió obviarla — ese cascarrabias jamás espera a nadie, pero yo igual me aparezco por allá, aun si él no quiera — ríe — y si traigo compañía, será mejor para mí... así no se desquitará solo conmigo
Charles era incapaz de subir la mirada, la cara le ardía de lo roja que estaba — no lo sé... no quiero molestar y no quiero...
— Nada de no quiero — interrumpiéndolo — está decidido, vamos a ir a verlo — se gira y toma las carpetas y su bolso sobre la mesa — ¿Vamos? — Charles titubea — ¿No tienes más clases, no? porque se supone que mi examen era el último... — Charles asiente casi como un cachorro, cosa que hace sonreír a Emma con dulzura, era tan encantador — entonces, no hay excusas... — comenzando a caminar, pero Charles sigue estático, así que Emma decide aplicar el plan b — ¿Supongo que no serás tan descortés de dejarme esperando? Eso no es digno de un caballero... — mirándolo
Eso toco la fibra más sensible de Charles, podrían decir e inventar muchas historias de él, pero jamás que no era un caballero, aún esperaba su gran aventura en la búsqueda de rescatar a una princesa en apuros — está bien... la acompaño — caminando hacia ella — pero solo para que vea que soy un caballero — tratando de sonar seguro
Emma dibujó una gran sonrisa, casi maliciosa, cosa que en parte aterro a Charles, pero también lo tranquilizo, al menos, había borrado el semblante de tristeza que la rodeaba, aunque de seguro eso se debía a que la Profesora estaba emocionada, después de todo, iría a ver a Erik ¿Su pareja, no?
Así, en menos de unos treinta minutos, Charles estaba sentado en completo silencio en el asiento del copiloto del auto de Emma, apenas si había alcanzado a cruzar una mirada de despedida con Scott; ahora, la rubia conducía en plena tranquilidad, rumbo al que debía ser el departamento del Profesor... ¿Y de ella también? Borro la pregunta al instante de su mente, eso era cosa de ellos.
Se habían detenido en un restaurante unos minutos, al parecer la Profesora había encargado comida, y la recogió muy veloz, todo parecía indicar que tenía prisa, pero Charles no, rogaba que se pinchará un neumático, que se cruzara un tren muy largo, que cayera un maldito meteorito, lo que sea, que lo salvara de esta situación, no entendía por qué había aceptado.
Aunque en el fondo quería saber sobre el Profesor, quería conocer su estado de salud, quería saber lo que lo enfermaba, quería... verlo. Y así, mientras sujetaba con fuerza la comida que descansaba sobre su regazo, el auto de Emma se detuvo frente a un edificio muy antiguo, de esas casa de principio de siglo, que habían remodelado en apartamentos. Ya no había vuelta atrás. La mujer bajo y Charles la siguió en silencio, casi como un robot, hasta llegar al ascensor, donde el encargado marco el quinto piso, mientras saludaba a Emma, la conocía desde antes, porque mantuvieron una breve conversación, ella venia con recurrencia, otra pista más.
Caminaron por un largo pasillo, hasta que se detuvieron en una puerta, 503; Charles temblaba como hoja de papel al viento, quería salir corriendo, pero ya estaba ahí, tenía que enfrentar la situación como todo un hombre. Espero a que la mujer golpeara la puerta, pero para su sorpresa, la mujer sacó un juego de llaves y giro, sin previo aviso, la cerradura ¿Tenía copia de las llaves? otra pista más de lo que pasaba.
Ella entró primero y luego miró a Charles, que seguía de pie bajo el marco de la puerta, como esperando una orden, Emma sonrió, el joven parecía un cachorro asustado, le indico que entrara y él lo hizo en dos pasos veloces, con la mirada baja, logrando solo escuchar como la puerta se cerraba detrás suyo. Emma caminó algunos metros, y Charles decidió seguirla con la mirada, vislumbrando por primera vez, el departamento, el cual era mucho más humilde que el de Charles, algo que decía mucho, pero la sorpresa, era su pulcritud y orden, estaba tan limpio, cada cosa en su lugar, que el Xavier llegó a marearse y pensó que estaba viendo un catálogo de una revista, el Profesor en verdad era muy estructurado.
Y mientras recorría el espacio, lo divisó a lo lejos, ahora ya no había forma de confundirlo, era él. Dormía muy tranquilo sobre el sofá, una delgada manta lo cubría y Charles no pudo evitar sonreír, se veía tan tranquilo, tan en calma, como si no estuviera enfermo, eso borró todo rastro de preocupación, y su sentido común dijo: bueno, ya lo vimos, está bien... creo que es suficiente, podemos irnos, pero su espontaneidad, como él la llamaba, le contradecía: hay que quedarse... solo un poco más. Y a pesar de que la imagen era muy tierna, Charles sintió que está invadiendo su privacidad, que no le correspondía estar ahí, no tenía derecho, y por un momento, pensó en dejar la comida y salir corriendo, pero Emma indicándole que dejaras las cosas sobre el mesón de la cocina, lo volvió a la realidad.
Erik ni siquiera había notado la presencia de los invasores, cualquier persona podía entrar, atacarlo y él jamás se enteraría, pero para Emma, era lo más común, se movía por el lugar como... si fuera su casa. Charles la siguió con la mirada, hasta que vio que se acercó al sofá, se hinco frente al rostro de Erik, con nada más que dulzura y estiro su mano por el cabello de este, el cual se movió ante el tacto; el Xavier se sintió tan ajeno al momento y lugar, tres son multitud, siempre lo había pensado, así que a lo único que atino fue a voltearse, mirando la puerta, de seguro querían un momento para ellos, quizás darse un beso... el primero del día.
Los segundos pasaron, no escuchaba mucho de lo que pasaba a sus espaldas, se moría de ganas de ver, pero su caballerosidad le gano, hasta que un sonido claro le detuvo la respiración por casi cinco segundos — Charles... — lo llamó una voz masculina a sus espaldas
El joven sintió un escalofrío que recorrió desde los pelos de sus cejas, hasta la uña pequeña de su dedo meñique del pie, volvió a respirar, casi con dificultad y se volteó con lentitud, con clara timidez. Erik estaba sentado en el sillón, prendiendo un cigarrillo, aún medio dormido y… sin camisa.
¡Oh, Dios! gritó su espontaneidad con gran velocidad, haciendo que el sonrojo volviera, pero alcanzando esta vez, un color casi fucsia, por lo que a lo único que atino fue asentir y luego bajar la cabeza, casi enterrándola en el pecho. Emma, que se había vuelto a parar, no dejaba de verlo, el interruptor ahora aullaba, cada vez, sus dudas disminuían gradualmente, por lo que solo sonrió. Ya no había mucho que razonar, al pequeño le pasaba algo con Erik.
— Dis... disculpa — soltó entre tartamudeos — disculpa... el venir sin avisar, pero... — tratando de subir la mirada — mi madre y yo estábamos preocupados... — fue la única excusa que apareció en su cabeza
Emma dirijo su camino hacia la cocina, quería observarlos desde lejos, así tendría mejor vista del contexto que rodeaba a estos dos; por su parte, Erik estaba algo sorprendido, no esperaba que Sharon estuviera en esa oración, si bien en las últimas semanas se había percatado que la mujer lo trataba con respeto, pero no con la cercanía que mostraba el Decano Trask.
— Pues... gracias por la preocupación — bostezando
— ¿Como... — acercándose unos metros — ¿Como te has sentido? — con timidez
— Bien — parándose. La luz que entraba por la ventana abierta golpeaba por detrás al hombre, marcando su silueta más detalladamente, Charles trato de bajar la mirada — solo he estado sintiendo el cuerpo muy cansado en esto días — toma la camisa sobre la mesa y se la coloca con suma tranquilidad — supongo que estar trabajando tanto en el libro, me paso la cuenta… — comenta entre risas mientras mira el escritorio a la distancia
Charles sigue la mirada del Profesor y la deposita en el escritorio, comprendiendo el mensaje — deberías descansar... mas
— Eso hago — dijo riendo
— Pues que bueno — dibujando una sonrisa — me siento más tranquilo ahora — se da cuenta de lo que dice — disculpa...
— Tranquilo — acercándose — te vez tenso... — mira a Emma a la cocina — ¿Está te ha tratado muy mal en estas semanas? De seguro, te lleno de trabajos...
— No, nada que no pueda manejar — comenta tranquilo — bueno... — suspira — creo que lo mejor ahora, será irme...
Erik inclina la cabeza sorprendido, no esperaba eso — ¿Ya te vas? — pregunto — ¿Tanta repulsión te causa verme que ya quieres irte? — dibujando una sonrisa burlona
— ¡No! — responde muy veloz — ¡Para nada! — Erik se ríe ante su reacción, había olvidado lo respetuoso y caballero que era el joven
Emma que los observaba desde la cocina, no hacia otra cosa que asentir feliz y en silencio, de los días que llevaba viniendo a ver a Erik, era primera vez que lo veía sonreír, pareciera que le hace bien ver al joven Xavier. Su intuición femenina atacaba desaforada, no se iría de ahí, hasta confirmar sus sospechas, así que comenzó a llenar la mesa de comida, sabia lo bueno que era para comer Erik.
— Te traje comida — señalando la mesa — para que te alimentes bien, órdenes del doctor — Erik solo la mira — no te acostumbres... — riendo
Charles evito ver la conversación que comenzaba entre los dos Profesores y su mirada se cruzó con un ajedrez a lo lejos, sobre una estantería, hace años que no jugaba ajedrez, que buenos recuerdos... con Raven. Erik se percata de la vista atenta del joven al juego — ¿Te gusta el ajedrez? — mirándolo
— Eh... si — responde nervioso — pero hace mucho que no juego — sonríe volviendo a mirar el tablero — jugaba mucho con mi hermana — un semblante de tristeza se asoma
Erik no comprende su cambio de actitud, y Emma, en un esfuerzo de no arruinar el ambiente, cambia veloz el tema — ya está servido... — señalando la mesa muy sonriente
Charles ve a la Profesora tan feliz, el brillo a vuelto a sus ojos, y eso reafirma que debe irse, está sobrando, pero Erik lee la duda en sus ojos — ¿Te quedaras a comer? — pregunta el Profesor
— Lo siento... — sonriendo con desgana — debo estudiar — mirándolos a ambos
— ¿Estudiar? — pregunta el hombre mientras mira a su colega — pero la semana de pruebas termino, si no estoy tan desconectado del mundo... — buscando apoyo en ella
— Si — responde segura — yo hice la última prueba hoy — comenzando a sospechar la incomodidad del joven
— A menos que esta bruja te haya llenado de trabajos —insistió entre risas Erik mirándola
— ¡No soy una bruja! — tirándole un paño de cocina, que Erik esquiva
— Me refiero... — tosiendo — hay un compañero nuevo, y me pidió que lo ayudara a estudiar, él aún debe pruebas... ya me comprometí — sonriendo — lo lamento...
Erik lo mira por varios segundos, la respuesta no lo convence mucho — bueno... — corriendo la silla — supongo que seré solo yo con... está — sentándose
— Te traigo comida y me dices está... — bufando — que agradecido — mira a Charles — ¿Seguro? — el joven se limita a asentir — está bien... te iré a dejar — comenzando a caminar
— ¿Que? — mirándola sorprendida — ¡Eso ni hablar!
— Pero dejaste tu bicicleta en la Universidad — rebate ella
— Me iré en taxi — caminando rápido a la puerta — descuiden... además — mirándolos — ustedes tienen mucho que conversar — ambos se miran sin comprender — los dejo y disfruten su comida — abriendo rápido la puerta — adiós... y cuídese — mira a Erik — y gracias... — sale casi corriendo
Erik apoya el codo en la mesa y el rostro en la mano, totalmente confundido, mientras que Emma no se lo traga ni siquiera un poco, al parecer, tendría que tomar ella cartas en el asunto. Por su lado, Charles bajaba rápido las escaleras, había olvidado por completo el ascensor, solo quería salir rápido de ahí, sentía que entre más veloz desapareciera, más rápido se le pasaría todo lo que pensaba y sentía, quizás olvidada más rápido. Y mientras caminaba, o más bien, casi corría, sintió un dolor profundo e insoportable en el pecho, como si se estuviera separando, partiendo en dos, y como no encontró el porqué, su sentido común se lo atribuyo al esfuerzo de correr.
Al día siguiente, despertó con un humor de perros, inquieto, malhumorado y casi irascible, no quería hablar con nadie y por suerte no tenía clases, solo debía ir en la tarde a trabajar y luego a buscar los resultados de unos exámenes a la Universidad. El trabajo estuvo calmado, y solitario, Jason tuvo que ausentarse debido a una tarea, así que vender y ojear lo mantuvo ocupado, alejado de su malestar incomprensible.
Cuando llego a la Universidad, vio a muy poca gente, cosa que lo alegro, no quería ver a nadie. Busco su bicicleta, y se dirigió a las oficinas de los Profesores, pero la suerte no estuvo de su lado, una sonriente rubia lo saludo de lejos y su cortesía lo obligo a esperarla
— Hola pequeño — muy sonriente — ¿Como estas?
Charles no podía dejar de ver su radiante sonrisa, de seguro le había ido estupendo ayer, claro que sí, cualquiera que hiciera las pases, estaría así. ¡Cállate! gritaba su mente— bien — con neutralidad respondió
No sabe mentir — pensó Emma. El joven era muy transparente con sus emociones, el mal humor y el decaimiento se le veían a kilómetros. La preocupación emergió, no le gustaba verlo así, era muy dulce y encantador, para estar así, entonces una idea brillante cruzo su mente, apoyada por su intuición femenina — que bueno... — suspira — sabes, tengo un problema y quería ver si tu podías ayudarme
— Claro — respondió con cortesía — en lo que pueda...
— Veras — sonriendo — debo ir a ver a Erik hoy, es que no puede estar solo porque... — se da cuenta que está hablando de más — órdenes del médico, pero... tengo que revisar unas pruebas pendientes y no poder ir — Charles solo la mira — entonces, quería saber... ¿Tu podrías ir a verlo por mi hoy?
— ¡¿Que?! — grito más de lo que quería — digo... ¿Yo? es decir... ¿Que? — confundido
Emma ríe, es tan encantador — por favor... no puedo dejarlo solo, tiene que estar con alguien y tú ya sabes dónde está su departamento, es solo acompañarlo a comer y ya... — sonríe — en este caso, a tomar él te... se lo mucho que te gusta él te — tapando sutilmente su boca
— Profesora... — muy nervioso — lo siento, pero no puedo... no corresponde
— ¡Vamos! — agregó rápida — no seas así, además... — sonríe con malicia — Erik se sintió mucho porque te fuiste ayer — rodando los ojos
— ¿De... de verdad? — pregunta preocupado
¡Lo tengo! — piensa triunfante — claro, me dijo que le hubiera encantado seguir conversando contigo, e incluso... — acercándose — quería jugar ajedrez contigo — Charles parpadeaba para creerlo — cosa que yo odio — haciendo una mueca de disgusto — así que... digamos que se la debes, además que él sí se quedó a tomar el té contigo, una vez...
Charles la mira por varios segundos, su cerebro trabaja rápido buscando formular excusas, pero ninguna aparece, está atrapado, de nuevo. Que facilidad tenía esta Profesora para persuadir, o más bien, manipularlo, suspiro largamente — esta... bien
— ¡Excelente! — dando un pequeño salto — toma... — sacando las llaves de su bolso y pasándoselas — con esto podrás entrar
— ¿Me va a pasar las llaves? — con la voz aterrada — ¿No sería mejor que le avisara que voy?
— Lo haré... — sonriendo — las llaves son para que puedas entrar, en caso de que se quede dormido... — ríe — es muy bueno para dormir
Charles baja la cabeza rendido — de acuerdo... ¿Qué le compro para comer?
— ¡Lo que sea! ¡Sorpréndelo! — arenga feliz. A Charles le asusta un poco el entusiasmo de la mujer, pero ya había aceptado — luego me cuentas como les va, adiós... — alejándose
Charles retira sus exámenes con toda la calma del mundo, como evitando el compromiso; de ahí, sale de la Universidad y se encamina hacia su pastelería favorita, no sabía si al Profesor le gustaban los dulces, pero decidió arriesgarse, comprando además una caja de su te favorito.
Esto me pasa por pedir cosas estúpidas, jamás debí aceptar hacer esto, o ir el día de ayer, y en primer lugar, jamás debí pedir verlo de nuevo, esto me pasa por bocón; discutía con su mente, y así, aún más enrabiado y nervioso, comenzó a pedalear hacia el Departamento del Profesor Erik Lehnsherr.
Chapter 8: 7
Chapter Text
Ajedrez.
Ni él entendía muy bien el cómo había llegado hasta ahí, o sea, sabía de sobra las circunstancias que lo orillaron a esto, circunstancias que él mismo aceptó, y de las cuales ya no podía retractarse.
Llevaba cerca de tres minutos frente a la puerta, incapaz de abrir, incapaz de golpear, incapaz de entrar, pero sabía que tenía que hacerlo, la Profesora Frost contaba con él y además, el Profesor Lehnsherr esperaba a alguien, no podía dejarlo solo, órdenes del médico, pero lo que Charles no sabía, era si a quien esperaba ese hombre, era a él; ni siquiera sabía si la Profesora le había avisado que él iría en su representación.
Inhalo con mucha fuerza, casi le dolieron las fosas nasales ante el esfuerzo, exhalo, no entendía por qué estaba tan nervioso, subió el puño, golpeó con delicadeza, casi como un sonido sin eco ¿Podría alguien escuchar un sonido tan ínfimo?, pero no hubo respuesta, el sentido común dijo: no hay nadie en casa, vámonos, pero su creciente espontaneidad respondió: no escuchó, golpea de nuevo...
Pero esta vez, el golpe vino acompañado de la llave, sabía que debía entrar, no podía esperar más, así que giró el cerrojo con cuidado, cerrando los ojos e implorando que el Profesor se encontrará en mejores fachas que las del día de ayer, y así, mientras abría lentamente la puerta, lo encontró tranquilamente sentado en su escritorio, escribiendo muy a gusto, callado, en calma y con un cigarrillo encendido, el humo lo rodeaba y el cenicero mostraba que no era su primer cigarro del día ¿Cuantos se fumaba al día? ¿Quizás eso lo tenía enfermo?
Se quedó casi un minuto observándolo en completo silencio, aun sujetando la manilla de la puerta, lo rodeaba un aura de concentración y cierta melancolía, que se sintió tan mezquino por interrumpirla, pero el Profesor lo hizo por sí solo. Se estiró en la silla y al girar la cabeza para relajar músculos, se encontró a Charles temblando bajo el umbral de la puerta y sujetado con firmeza al pomo. Su cara mostraba cierto terror y sorpresa, casi parecía un niño asustado a punto de contarle a un padre alguna maldad, Erik solo volteo en la silla y le envió una mirada de duda, esperando alguna respuesta que explicara su presencia en el lugar.
—¿Vienes a robarme los libros? — comentó Erik
Charles soltó una sonrisa casi boba, jamás haría eso, pero entendía la broma del Profesor — usted mejor que nadie debería saber que jamás haría una cosa así
— Claro, claro — parándose — es un sacrilegio — Charles le sonrió — ¿Vas a cerrar la puerta? Entra corriente y ya está empezando a hacer un poco frío
— Si, claro — volteándose a cerrar — ¿No que los alemanes no sienten fríos? — preguntó el joven
Erik suelta una risa corta — con el tiempo verás que no soy un alemán muy común — haciendo una mueca. Charles sigue de pie frente a la puerta — ¿Y bien?
El joven abre la boca sorprendido, la elocuencia volvía a abandonarlo — sí, disculpe... — tose incómodo — la Profesora Emma me dijo que no podría venir a verlo hoy, dejo pruebas sin revisar y debe terminar
— Esa mujer — negando con la cabeza — siempre ha sido tan irresponsable — vuelve a mirar a Charles — entonces... ¿Por eso estás aquí?
— Si... — algo dubitativo — pero, si le molesta... puedo irme — acercando la mano a la puerta
— ¿Por qué siempre huyes? — riendo — no muerdo... — mirándolo fijamente — si Emma te lo pidió, y tu aceptaste... me alegra mucho — Charles siente un ardor en el estómago
— B-bueno —tratando de no tartamudear — la Profesora Emma dijo que debía acompañarlo a tomar el té — se detiene — digo, si es que usted toma té — sube la bolsa a la altura de su pecho — me tomé el atrevimiento de comprar un poco de mi té favorito, Earl Grey — mirando la bolsa — es muy bueno, lo he tomado toda mi vida y... — sonríe — compre unos dulces, hay una pastelería camino a mi departamento, venden unos roles de canela deliciosos, quedan muy bien con el té y... — mira a Erik — disculpe, hable de más... y la verdad — sonríe incómodo — no sé siquiera si le gusta el té o… los dulces
Erik había estado atento a cada palabra del discurso de Charles, parecía un promotor explicando por qué el té era el mejor invento del mundo — yo consumiré cualquier cosa que traigas — cierra la silla del escritorio — siempre y cuando no traigas drogas — Charles niega rápido — entonces, no hay problema
— ¿Puedo... — señalando la cocina — ¿Puedo pasar? Para prepararlo...
— Claro — responde rápido — mi casa, es tu casa... saca lo que quieras de la cocina — entrando por un pasillo del departamento. De seguro iba al dormitorio o al baño.
Charles entró veloz y comenzó al instante a preparar todo, si lo había dejado entrar y usar su cocina como él quisiera, debía preparar el té como nunca antes. No era gran problema, se desenvolvía con facilidad en la cocina, o más bien, para lo que implicaba hacer el té, porque la verdad, odiaba cocinar; cuando Raven cocinaba, cosa que hacía de maravilla, él siempre se encargaba del té y de preparar los dulces o el postre, eso sí podía cocinar sin ningún problema.
No escucho muchos ruidos a sus espaldas, estaba muy concentrado en su tarea, pero el pito de la tetera lo sobresaltó por un segundo y le recordó dónde estaba. Sirvió el té, amaba el olor que siempre salía de este, coloco los roles en un plato y divisó una bandeja, la misma que había usado la Profesora Frost para llevar la comida ayer, dispuso todo sobre esta y se dirigió nuevamente a la sala, donde estaba la mesa.
Pero para su sorpresa, la mesa no estaba vacía como ella había visto hace unos minutos, pues tenía justo en el centro, un tablero de ajedrez, bastante familiar, parecido al que estaba sobre una repisa y repleto de polvo ayer, solo que ahora brillaba de lustre, alguien se había dado el trabajo de limpiarlo y cuando Charles poso su vista en el Profesor que lo esperaba sentado en una de las sillas, supuso todo.
— Ayer me dijiste que te gustaba el ajedrez — señalando el tablero — así que me tome la molestia de limpiarlo, para poder jugar ahora sí... una partida
— ¿Cómo sabía que vendría? — aún de pie sujetando la bandeja
— Intuición — parándose — ahora que estás aquí y que el ajedrez está limpio, no puedes negarte o escapar como ayer — tomando la bandeja — ¿O sí?
Charles lo miró caminar con la bandeja hacia la mesa y comenzar a colocar las tazas y demás, es casi, como si el Profesor lo hubiera planificado — no... — carraspea — digo, no iré a ningún lado — caminando hacia la mesa — aceptó una partida... — abriendo la silla y sentándose con cuidado, no quería parecer imprudente.
Erik tomo ambos reyes con sus manos y los estiró sobre el tablero, frente a Charles, el joven no comprendió en un comienzo, hasta que capto que le estaba dejando escoger el color de las piezas, charles se estiró un poco y tomó el Rey blanco, siempre jugaba con ese color, ya era una costumbre, además, Raven siempre pedía el negro. Erik acepto la selección y comenzó a acomodar las piezas que se hubieran caído o desviado de su lugar, para luego acomodarse bien en la silla.
— Tu empiezas — dijo Erik
Charles movió su peón y el Profesor copio la acción — aclaro que no juego hace años — moviendo el alfil
— Pues no pueden ser más que los míos — estirando el brazo derecho para mover la torre — considerando además que tengo más años que tu — haciendo una mueca
— Solo... son... — tratando de contar — ¿15 años? — Erik asintió. Eran más de los que Charles había contemplado.
Los movimientos de las piezas seguían, y cuando Charles tomó por segunda vez un poco de té, Erik decidió tomar un poco, más que nada por respeto al joven, si lo había traído, debía aunque sea probarlo, pero para su sorpresa, estaba más aceptable de lo que él creía, cosa extraña ya que él detestaba el té, sobre todo el té inglés, pero este tenía un sabor único, tomo otro sorbo mientras miraba a Charles, el cual analizaba su jugada muy concentrada, y lo encontró dulce, aromático, especial, delicado y sumamente cálido... ¿El té, no? Esa pregunta lo tomó desprevenido, más cuando Charles lo miraba fijamente, esperando su movimiento.
— Debo decir — dejando la taza en el plato — que tiene un sabor... bastante inusual — viendo el tablero
— Por eso me gusta tanto — cruzando las manos sobre la mesa — es único...
— Vaya que si — su mirada permaneció estática y penetrante en los ojos de Charles, cosa que extraño al joven, el Profesor jamás lo había mirado así
— ¿Pasa algo? — inclinando la cabeza hacia la izquierda
— No, nada — moviendo el caballo — estaba pensado... en la siguiente jugada — vuelve a tomar té — muy interesante, vaya que si...
Charles movió, y luego mordió un rol de canela con gran pasión, en verdad le gustaban los dulces, más de lo que era correcto admitir, así que trataba de evitarlos, pero esta era una ocasión... especial. Erik movió y cuando subió la mirada al joven, una risa casi incontrolable salió de él.
— Tienes... — señalando en su propia mejilla
— ¿Que? — dijo rápido Charles tocando el lugar señalado en su propia mejilla, para encontrar restos de azúcar — perdón... — tomo veloz la servilleta para poder limpiarse, mientras la vergüenza subía por su rostro — ¿Por qué siempre termino ensuciándome cuando estoy cerca suyo? — comentó casi sin controlarlo
— Si tú no sabes — soltando una risa entre dientes — menos yo... — Charles movió rápido, para cambiar el ambiente — pero no te culpo — masca un rol — en verdad están deliciosos... — dejándolo en el plato — tienes muy buen gusto
— Gracias — responde feliz — es mi pastelería favorita, es algo pequeña y poco conocida, pero trabajan excelente...
— Después me dejas la dirección, prometo ir por unos dulces más seguido — moviendo una pieza — y dime... ¿Qué hiciste en la semana?
Charles mantuvo la vista fija en el tablero — pues... conocí a un nuevo estudiante, lo ayudó a ponerse al día, su nombre es Scott Summers — subiendo la mirada de reojo — y… conocí al hermano de éste, que resulta ser su asistente, Alex... — suspira — la verdad, fui a buscarlo a su oficina — Erik sube una ceja intrigado — quería saber cómo estaba — carraspea — pero Alex, no quiso darme información de usted — Erik rio cerrando los ojos
— Él es muy reservado y se toma muy en serio su trabajo — moviendo una pieza — pero no es un mal chico, solo algo tosco...
— Vaya que si — se detiene — disculpe — Erik solo le sonríe — como sea, su hermano Scott es todo lo contrario, muy amable y simpático — se apoya en la silla — creo que por primera vez en mucho tiempo, estoy haciendo un amigo... sin el interés Xavier de por medio — mueve el caballo
— Esa es una muy buena noticia — fijando la vista en el tablero — lo más importante es que te rodees de gente que se preocupa por ti — mueve una pieza
— Cierto — tomando un poco de té — también conseguí trabajo de medio tiempo en una librería pequeña — vuelve a mover el alfil
— ¿Cuantas cosas puedes hacer en una semana? — comentó Erik sonriente — pero bueno, prometo ir a verte unos de estos días a tu trabajo y comprar un libro — mueve la torre — espero recibir una buena atención
Charles se voltea en la silla y toma su bolso para buscar algo — ¿Como este? — mostrando el libro de Erik
— ¿A sí que lo compraste? — estirándose en la silla
— Claro — feliz — y ya comencé a leerlo — abriendo el libro y mostrando las hojas rayadas — voy en el tercer capítulo y déjeme decirle, que aunque no es mi área, me resultó sumamente fascinante y educativo — acercándose a la mesa — tiene gran redacción, muy buen léxico, lenguaje técnico pero fácil de comprender, tiene mucho talento para esto — casi se atraganta de lo rápido que hablaba — me dejo intrigado, quiero aprender más y hasta lo llegue a encontrar entretenido, es un muy buen libro y no se lo digo para quedar bien con usted, es igual de especial que usted — concluyó feliz
Erik estaba fascinado escuchándolo hablar de su libro, hablaba con tanta emoción, con tanta pasión y con tanto sentido de pertenencia, que casi pareciera que idolatraba el libro, y no supo muy bien lo que pasaba, pero por primera vez desde que había conocido al muchacho, sintió algo extraño, un ardor en el estómago, una opresión en el pecho y un leve sonrojo comenzó a aparecer debajo de sus pupilas. No logro controlarlo al instante, unos segundos bastaron y cuando pudo hacerlo, su sentido común lo atribuyó a la vergüenza, a que alguien hablara tan bien de él. Eso debía ser.
El Xavier no tenía el intelecto y el poder de observación solo porque servían para los estudios, debía tener otras funciones y metas, y ahora, lograba saber para qué. En cuanto el sonrojo apareció en el rostro del Profesor, Charles mantuvo la respiración dentro de él, incapaz de exhalar, no importaba que gritara su sentido común, eso que apareció en el rostro del Profesor, había sido un sonrojo, estaba seguro, pero la pregunta era ¿Por qué? sin embargo, cuando la espontaneidad propuso una posible respuesta, fue Charles el cual se sonrojo el doble.
Pero borró al instante esas ideas de su mente — en fin... — carraspea — la física tiene sus encantos — ambos se miraron por algunos segundos, en completo silencio — creo... — parándose — que se nos acabó el té, iré por más — tomando las tazas y caminando, o más bien, trotando hacia la cocina, pero justo al estar cruzando el umbral de la puerta, Erik lo detuvo
— Deja — acercándose a él — yo me encargo de todo — tomando las tazas — siéntate — Charles duda unos segundos y termina caminando hacia la mesa no muy seguro
Erik desapareció en la cocina y Charles solo pudo escuchar el sonido de agua hirviendo, se sentó y admiro el libro por varios minutos, quizás el Profesor se había ofendido con algo que él había dicho, pero no sabía muy bien el porqué. El hombre reapareció en la escena con las tazas ya servidas, el té humeaba y su olor se sentía a la distancia, al menos lo tranquilizaba saber que si le había gustado el té y los roles de canela.
— Si sigo así, me haré adicto a este té — dejando las tazas sobre la mesa
— Yo llevo toda una vida adicto a él — respondió de manera cómica Charles
— Bueno — tomando un poco — la compañía facilita su sabor — sonriendo. Charles volvió a sentir el sonrojo subir por su rostro — además, me es fácil hablar contigo, siento... que lo disfruto — sonríe — ahora entiendo porque Emma y la Decana Xavier hablaban de ti de manera tan animada — Charles ahogó una risa vergonzosa — y ya que dijeron que eras un descubrimiento cada día, que te encantaba charla y que no conocías mucha gente, te propongo algo — Charles lo miró con neutralidad — un juego...
— ¿Un juego? — inclinando la cabeza — pero si ya estamos jugando — señalando el tablero
— Un juego, dentro del juego — agregó — por cada movimiento de una pieza del ajedrez, ambos tenemos que contar algo sobre nosotros
— ¿Algo como... que? — un poco confundido y alarmado también, no suele hablar o contar cosas privadas, además sabe que a la gente no le importan y que solo fastidia al expresar lo que siente
— No se — volviendo a tomar — un gusto, una anécdota, tu primera vez en el dentista, tu primera vez arriba de una bicicleta, tu primer concierto... — sonríe — hay un sin número de cosas que se pueden compartir — Charles permanecía estático — yo empiezo, para que entiendas... — mueve una pieza — mi película favorita es el Bueno, el Malo y el Feo
El Xavier ni siquiera había tenido opción de refutar la idea, pero por alguna razón, el comentario le causó gracia, jamás ha sido muy afín a las películas de vaqueros, pero por supuesto que la vio.
— La fui a ver para su estreno, en el 66 — cruzándose de brazos
— Si la he visto, pero no para el estreno — ríe mientras cierra los ojos — tenía recién 6 años
— Yo 21 —volviendo a tomar té. La diferencia de edad volvía a sorprenderlos.
Charles permaneció unos segundos en silencio, hasta que movió — mi película favorita... es Star Wars — Erik solo lo miro — la fui a ver hace tres años, también para su estreno en el 77 — toma té — y no puedo esperar para que saquen la segunda, de hecho... sino me equivoco, la estrenarán en unas semanas más
Erik no pudo evitar soltar una risa de complicidad — pues la verdad, también la he visto y debo admitir, que me gustó mucho — Charles le sonrió genuinamente — gustos variados, de eso se trata la vida — el joven asintió — bueno, y ya que la estrenan en unas semanas más, ¿Qué te parece que vayamos a verla juntos?
A Charles se le cayó el caballo que sujetaba con su mano derecha — ¿En serio? — Erik asintió — yo encantado
— Perfecto — agrega Erik mientras mueve otra pieza — ¿Qué más?... — pensando — ya se, mi libro favorito es Cumbres Borrascosas — Charles lo mira en silencio — mi madre me lo leía siempre... — mientras subía la mirada hacia el techo, como si estuviera recordando algo muy bello.
Charles solo lo observo, un aura de melancolía y nostalgia rodeo al Profesor, y aunque el silencio se hizo presente, fue un silencio agradable y parsimonioso, casi angelical. Erik bajo la mirada y chocho con la de Charles, pero no era de compasión, sino más bien de agrado, comprensión y ternura, ¿Por qué no llamarlo así? Y permanecieron, mirándose plenamente, por casi un minuto.
— He tenido el placer de poder leerlo — cruzando las manos — y me encanto, realmente bello — movió — mi libro favorito es el Señor de los Anillos — Erik le sonrió lo más dulcemente que jamás había pensado — es uno de los grandes libros de la literatura occidental, Tolkien es el padre de la literatura fantástica —concluyó feliz
Era su turno, así que Erik movió — mi color favorito... es el magenta, sobre todo el magenta oscuro —río culposo— no es un color muy popular o conocido, pero cuando lo conocí, no pude sacarlo de mi cabeza... —Charles lo miró rogando saber más de esta historia— bueno, existe una flor llamada Jacinto, existen de todos colores, pero la más bella, al menos para mí, es la magenta... — suspira con una sonrisa — de los pocos años en que viví en Austria, había un campo al sur de Viena, donde cultivaban grandes hectáreas de jacintos —su mirada queda fija en un punto— me encantaba ir para allá cuando niño... y sigue siendo de las cosas más hermosas que jamás he visto— apoyando su rostro en su palma derecha, para luego volver a mirarlo.
Charles estaba más que feliz, no solo porque pudieran compartir cosas, que para algunos podían ser tan triviales, sino porque estaban relacionadas con cosas de su pasado, con acontecimientos o recuerdos preciados, se sintió sumamente honrado y agradecido de poder compartir algo así.
Charles movió algo tímido y continuo— mi color favorito es el azul —sonrió— me recuerda al mar, al cielo... —suspira— aunque esas son cosas triviales —sube la mirada hacia el techo, repitiendo casi la misma acción del Profesor— me recuerda a los ojos de mi hermana... —cierra los ojos unos segundos para recordar su rostro — que a decir verdad, eran incluso más azules que los míos... —vuelve a bajar la vista
El Profesor observó cada acción del joven, analizando cada palabra y por una fracción de segundo, quiso preguntar por ella, todo el mundo parecía evitar el tema, salvó Emma, pero esta no lo mencionaba porque le provocaba dolor, podía verlos en los hermosos ojos verdes de su amiga cada vez que alguien sacaba el tema. Pero, se contuvo, el silencio volvió a reinar, sin embargo y como ya empezaba a hacerse costumbre entre ellos, el silencio jamás era incomodo.
Charles se dio cuenta que el Profesor había movido sin darse cuenta, y como lo veía tan concentrado, en no sé qué, prefirió seguir jugando y romper el silencio — mi mayor temor son las alturas — dijo algo tímido entre risas — hace algunos años hubiera dicho el mar, porque no sabía nadar — Erik subió una ceja sorprendido — o más bien, porque mi madre no quería que aprendiera, le aterraba que me ahogara, así que jamás aprendí — hace una mueca de disgusto — pero hace un año tomé clases de natación y le termine perdiendo el miedo — exhalando por la nariz — así que ahora debo suponer, que son las alturas...
— Pero... ¿Te subirías a un lugar elevado? — curioso — quizás también le terminas perdiendo el miedo
— Es una gran hipótesis — agrega — pero jamás he estado en un lugar demasiado alto, ni siquiera en el Big Ben, y eso que queda a menos de una hora de aquí...
— El Big Ben es alto, sí, pero es un lugar cerrado — acomodándose en la silla — yo hablo de un lugar alto y abierto — piensa unos segundos — como la Torre Eiffel — propone seguro — incluso para alguien como yo, que no les tiene miedo a las alturas, yo me aterre la primera vez que subí — el rostro de Charles se ilumina de asombro
— ¿Ha estado en la Torre Eiffel? — casi costándole respirar
Erik ahoga un risa risueña, ya entiende porque Sharon había dicho que se asombraba con cada cosa— sí, hace muchos años... cuando tenía tu edad, antes de entrar a la Universidad
Charles estaba fascinado, quería saber más, mucho más, pero se contuvo, sintió que no era correcto, pero anhelada saber cuánto del mundo, se había cruzado frente a los ojos del Profesor. El movimiento de pieza de Erik, lo volvió a la realidad.
— Mi mayor miedo — su voz se tensa — creo que serían las jaulas — se cruza de brazos sobre la mesa, mientras Charles lo mira confundido — me refiero, el estar preso de libertad, encerrado y no poder salir
— Que curioso, ese justamente es el temor de uno de mis personajes favoritos del Señor de los Anillos... —Erik elevo una ceja intrigado— su nombre es Eowyn, es la sobrina del Rey Theoden de Rohan y anhela probar su valor, además de tener el derecho de luchar y proteger a los que ama... como cualquier otro hombre— mueve otra pieza— creo que dar la vida por los que amas es el acto noble por excelencia, pero querer probarle al mundo y a ti mismo de lo que eres, de a dónde puedes llegar... es la esencia misma del ser humano
Erik se quedó mudo, completamente mudo, este joven brindaba lecciones de vida en base a experiencias y vivencias de personajes literarios, para tomarlas como propias y aplicarlas al mundo— pues vaya, tendré que leerlo definitivamente... lo sacaré de mi lista de pendientes, en cuanto termine mi propio libro claro —comentó chasqueando la lengua
— No sé porque creo que ese serás el nuevo padre de la Astronomía... —aseguró encantado
— Que no te escuche el Padre Copérnico, que en paz descanse... —agregó con una risa boba mientras movía la siguiente pieza
Charles lo miró unos segundos, pero la génesis de la historia volvió a él— ¿Y porque las jaulas? Si se puede saber... ¿Miedo a no poder probar tu valía? ¿A vivir encerrado detrás de barrotes, hasta que la costumbre y la vejez aceptan el cautiverio, y la posibilidad y aún el deseo de llevar a cabo grandes hazañas se hayan perdido para siempre? —citando textualmente las palabras de Eowyn —moviendo una pieza.
— Vaya, eso sí que es profundo y bellamente descrito...
— Tolkien... —confirmó honrado Charles
— Pues bueno, algo así... quizás un poco de eso, también viejas promesas pendientes —recordando a su madre y a Emma— y también miedo a no vivir plenamente... — hace una pausa — aunque claro, existen muchos tipos de jaulas en la vida, algunas las cargamos con nosotros, a donde vamos... — mejora su postura — pero desvarió, el punto es que si alguna vez me llegara a pasar algo así, el terminar siendo acusado y encerrado por algo, siendo inocente o culpable, estoy más que seguro que atentaría contra mi vida —Charles abrió la boca sorprendido— es una decisión más que tomada...
Un silencio ínfimo se hizo y Charles lo observo con cierta duda, pero también admiración, no compartía su decisión, pero si la respetaba y la encontraba valiente; atentar contra el instinto más animal, el cual es el de la supervivencia, era digno de valientes, no de cobardes. Jamás se atrevería a juzgarlo a él o nadie que atentara contra su vida, nadie puede saber a ciencia cierta los fantasmas y demonios que los cazaban en la noche, y el tener que vivir con el juzgamiento ajeno incluso muerto, no era una forma de descansar en paz y respetar la memoria de otra persona, lo único que podía hacerse era acompañar, no juzgar y hacerle saber que no estaba solo, darle las herramientas y la confianza de que se podría salir del agujero más oscuro, de que ese ser con su inmensidad, hermosura y valor, tenía todo para salir adelante.
Pero estando encerrado, la contención se hacía más complicada y nuevamente, el miedo a ser juzgado, legal y socialmente, se transformaba en un temor latente e interminable, y aunque pocas veces lo había pensado, este claramente era un temor que no había considerado y que podía convertirse en su enemigo a futuro si tampoco trabajaba en el cómo saber afrontarlo. Nuevamente, su capacidad de sobre pensar lo atacaba.
Erik también lo observaba, pero perdido en sus propios pensamientos y dudas, casi como si quisiera leer la mente de Charles y ver qué pasaba por esa maravillosamente, es como si entre más se enfocara en él, en lo que este pensaba, decía y creía, pesadillas y miedos se fueran acallando ¿Sería porque los estaba exteriorizando? ¿Será porque estaba confiando en alguien nuevo? ¿O será porque la compañía lo calmaba como quizás nunca nadie pudo hacerlo?
Su sentido común le exige volver a realidad y al juego ante él, por lo que mira el tablero y al contar las piezas, se percata de cierta incongruencia— creo que desordenamos el orden — riendo en bajo
— ¿En serio? — preguntó con total honestidad Charles. Él también se habia dado cuenta de aquello, pero había decidido obviarlo para evitar problemas.
— Si, pero se puede arreglar —intercambiando algunas piezas, incluido un alfil a favor de Charles, lo cual sorprendió al joven— tu no viste nada... —haciéndole la seña para guardar silencio, lo que provocó una sonrisa risueña en Charles— bueno... ¿En qué quedamos? Películas, libros, colores, miedos... —subiendo la mirada para pensar y buscar inspiración— ¡Ya se! Lugares... podríamos comentar que lugares hemos conocido —Charles asintió feliz, era lo que más quería escuchar— bueno... —acomodándose en la silla— aparte de Inglaterra, he vivido en Alemania por supuesto, Austria, y he visitado Francia y partes de Países bajos, aunque de eso hace mucho.
Charles se quedó sin aliento, el Profesor había recorrido tanto, o al menos para él. Quizás muchos pensarían que con el dinero que hacen sus padres, que no es poco, podrían dedicarse a viajar por el mundo, como una familia de mundo, pero el trabajo demandante y fijo de ambos, limitaba constantemente sus salidas, así era desde niño, además de otros problemas familiares; siempre se repetía que quería experimentar el mundo sin ataduras, pero también con padres tan sobre protectores, era algo difícil. Y aunque ahora, podía optar por tomar parte de la fortuna y gastársela en lo que quisiera, no lo hacía, sentía que no estaba correcto cumplir sus sueños más anhelados, con fondos de otros. Todo debía salir de su fruto, de su esfuerzo.
— El único lugar que conozco — moviendo una pieza — aparte de Inglaterra, es Escocia... — suspira — mis abuelos paternos tienen muchas terrenos y hectáreas por allá, y una casa bellísima — sonriendo nostálgicamente — pasábamos varios veranos allá, en familia... — susurro — pero, uno de mis grandes sueños, es conocer el mundo, ampliar mis horizontes.
Erik no pudo controlar, nuevamente, la sonrisa casi boba que se dibujaba en su rostro, hace ya varias horas, que su cuerpo se controla solo — bueno, yo siempre he creído firmemente que existe un maravilloso mundo allá afuera — su mirada se gira hacia la ventana semi abierta, y Charles la sigue —y creo que todos merecemos experimentarlo — comentó satisfecho, aunque no sabía para quien realmente había dicho el comentario. ¿Para Charles? ¿O para él mismo?
Charles solo mantuvo la mirada en Erik, fija y penetrante, como si descubriera todo un misterio, en cada cosa que el Profesor le decía, el cual, no opuso resistencia, es más, mantuvo la mirada en el joven, buscando, anhelando... algo. Y en pocos segundos, ambos presentaron indicios de un calor subiendo por sus rostros, un sonrojo bastante notorio volvía a aparecer; los dos podían notar el evento en el otro, y aunque el sentido común opinaba bajar o evitar miradas, algo los mantuvo conectados. El Xavier sintió por un segundo, que este simple y llano momento, lo había elevado más allá, casi haciéndolo tocar el cielo, pero el sentido común de Erik volvió con mayor reacción y rapidez.
— Parece... — parándose veloz — que se me acabó el té — tomando la taza — iré por más... — girándose hacia la cocina
Charles lo miró por varios segundos, para luego bajar la mirada hacía el tablero y sonreír ufano— al parecer, es Jacke Mate —cruzando los brazos victorioso
Erik se volteó en menos de un milisegundo, era imposible, él jamás perdía, pero igualmente dejó con cuidado la taza sobre la mesa y revisó detalladamente el juego, por casi un minuto — ¿Quién lo diría? — sonriendo con malicia — me ganaste... — Charles sonrió con mucha dulzura y orgullo a la vez — bueno, es ese caso... eres el vencedor — rodando los ojos algo fastidiado.
Su vista se posó en el reloj de la pared, eran más de las nueve de la noche, ¿Tan rápido se había pasado el tiempo? Aunque, eso debía pasar cuando se tenía buena compañía, y se pasaba un buen rato, de esos... que hace mucho no tenía. Bajo la mirada algo apenado hacia Charles — es tarde...
Charles voltea la vista hacia el reloj y se percató de la hora. La tarde había acabado — por suerte —mirándolo— su departamento no esta tan lejos del mío — agregó lo más tranquilo posible
— Que bueno — comentó Erik — aunque... — toma un papel cercano y anota algo con rapidez — este es el número de mi casa — pasándoselo al joven — vete con mucho cuidado a tu departamento y en cuanto llegues, me llamas, para saber que llegaste bien — subiendo el dedo en modo de advertencia
— ¡Claro! — respondió feliz — es un trato — mientras comienza a pararse y se dirige al perchero para tomar su abrigo. Se lo había sacado cuando el juego estaba en la mitad y el té comenzaba a darle calor.
Y aunque sabe que se acabó la visita, no está triste, fue una tarde más que placentera, y no podía dejar de sonreír, sin saber el porqué. Estaba colocándose el abrigo, de espaldas a la mesa, cuando Erik llamó su atención.
— No vayas a olvidar el libro — pasándoselo — que eres experto en eso — Charles sonríe con culpa mientras lo toma y lo guarda en su bolso — ya que si quieres una excusa para volver, mejor busca otra — Charles volvió a sonrojarse hasta las orejas y Erik estalló en una gran risa, la cual dejó embobado al joven.
— No... — nervioso — no lo deje apropósito en el auto, solo soy muy despistado — entre risas
— En ese caso, yo me quedaré con el té — Charles inclinó la cabeza — así que la excusa para volver mañana sería la revancha en el ajedrez — cruzándose de brazos — si es que no te molesta... — indagando con la mirada
Charles permaneció inerte unos segundos, hasta que volvió en sí— para nada, solo tengo una clase mañana — sonriendo — y después del turno de la librería, vendré a verlo... — hace una pausa — digo, para jugar ¿No?
— Por mí no hay problema — agregó — dile a Emma que no se moleste en venir —ahogando una risa— me basta y me sobra contigo...
Charles dudo, muchas incógnitas aparecieron en su mente, pero decidió obviarlas, no era el momento para preguntar— no... creo...
Erik volvió a reír, claro que no con tanta efusión— mejor yo le digo —Charles le sonrió — te espero para el juego, Charles...
— Así será, Profesor — con dicha en su voz
Erik lo miró fijamente, como grabando la imagen del joven en su memoria, para luego estirar su mano en señal de un adiós— dime Erik... —Charles abrió la boca sorprendido— tú me dejas decirte Charles, no veo el problema que tu puedas llamarme... Erik
Esta vez, la duda no se presentó, solo la seguridad y tranquilidad de estar haciendo lo correcto. La espontaneidad había ganado este turno— está bien... —tomando su mano con firmeza, aunque el escalofrío se hacía presente— hasta mañana, Erik...
Chapter 9: 8
Chapter Text
Chimenea
― ¿Alo? ―preguntaron desde el otro lado de la línea
― ¿Ya llegaste? ―preguntó el profesor
― Si, hace exactamente dos minutos ― comenta riéndose ― para no levantar sospechas
― Que bueno, me quedo más tranquilo... descansa y nos vemos mañana para la revancha ― muy confiado ― buenas noches, Charles
― Buenas noches... Erik ― cuelgan al mismo tiempo
El Xavier se encontraba sentado en la cafetería de la Universidad, rondaban las diez de la mañana y había mucho movimiento en el campus, pero para él, todos los demás no existían, faltaban algunos minutos para la siguiente clase, cosa que poco le importaba. Su café estaba más que frío, y la verdad, no entendía porque se había comprado un café, no lo pasaba mucho, siempre prefirió el té, pero el que vendían aquí era tan malo, que el café se transformaba en una delicadeza, o tal vez, se había vuelto demasiado exigente ¿Quién sabe?
Su cabeza se encontraba lejos de la realidad, lo abordaba un sentimiento de ansiedad y culpabilidad al mismo tiempo, su reciente espontaneidad, como él le había apodado, tenía una batalla encarnizada con su sentido común; deseaba, casi con todas sus fuerzas, ir en la tarde al departamento de... Erik, pero su sentido común le trataba de explicar que ya había sido lo suficientemente entrometido en la vida del profesor, y además, estaba la profesora Frost.
Y al parecer la había llamado con la mente, casi como si fuera una telepata, porque la mujer se posó frente a su mesa, con una hermosa y radiante sonrisa, su cabello rubio brillaba más que el mismo sol, indicando que la mujer estaba de mejor ánimo, eso alegró al Xavier, aunque la culpa nuevamente volvió, se estaba metiendo en medio de una relación; pero justo su cerebro lo detuvo ¿Metiéndose entre una pareja? Eso era imposible, él no estaba haciendo nada, no tenía intereses creados con la profesora Frost, y mucho menos con... Erik ¿O no? Negó con velocidad.
― Hola, pequeño... ¿Puedo sentarme? ― fijando la mirada en la otra silla de la mesa
― Claro, adelante ― señalándole la silla. Nunca le gustó el término "pequeño", pero a la Profesora Frost parecía hacerle feliz, así que no oponía resistencia.
La mujer obedece la orden del joven, no había que ser un genio, para darse cuenta de que al joven le pasaba algo, Charles era sumamente abierto con sus emociones, tanto, que a veces le jugaban en contra, más cuando no se percataba que las estaba exteriorizando.
― ¿Y cómo estás? ¿Como te fue ayer? ― tomando un poco del café que se había comprado recién
― ¿Erik no le contó? ―extrañado, no se suponía que se contaban todo
Pero la mente de Emma se quedó detenida a mitad de la oración ¿El joven lo había llamado Erik? ¿Desde cuándo tanta familiaridad? Más cuando sabía mejor que nadie, que los Xavier no eran de tutear a la gente, y mucho menos lo haría Charles, era demasiado caballero para eso.
― Pues no, no me dijo nada ― tratando de disimular su sorpresa ― me refiero a que Erik... ―recalcando el nombre del profesor, lo que extraña a Charles― no tiene por qué contarme todo, no soy su mama... ― riendo por lo bajo.
Esta vez, el sorprendido fue el joven ― pues, le compre algunos dulces, tomamos un poco de té, jugamos ajedrez, aunque solo una partida, la cual gané y me invitó hoy para la revancha, después del trabajo ― comenta con la mayor neutralidad, como queriendo no darle mayor importancia
La sorpresa vuelve a Emma, pero esta vez se refleja en sus ojos, habían demasiadas cosas en esa oración que la desconcertaban― que extraño, porque Erik jamás pierde en el ajedrez, está invicto hace muchos años ― Charles levanta una ceja intrigado ― bueno, estaba invicto ― ríe mientras toma un poco de café ― y además, Erik jamás bebe té ― el joven levanta ambas cejas ― lo detesta, siempre me ha dicho que es como tomar agua con sabor a hoja ― ríe bajando la cabeza ― jamás he logrado que tome aunque sea una taza conmigo, y eso que yo amo el té.
Charles abre la boca para decir algo, pero nada brota, y la memoria lo ataca, pudo recordar que Erik no tomó ni una gota del té que la Profesora Frost sirvió en su departamento cuando fueron a visitarlo, es más él tuvo que botarlo, aunque no le llamó la atención en ese momento, lo relaciono con que fueron muy pocos minutos presente y el Profesor no alcanzó a tomar ni una sola gota.
Se mantuvo bastante confundido hasta que la elocuencia volvió― ¿Odia el té? pero... sí ayer se tomó hasta tres tazas ― su semblante cambia a preocupación ― ¿Y si se lo tomo para no hacerme sentir mal? ― comenzando a arrepentirse ― capaz se sintió obligado por mí, con más razón no debo ir hoy... ―completamente derrotado y afligido.
― ¡Ay, Charles! ―ahogando una risa― deja de ser tan culposo, si Erik lo tomo, es porque quiso... no porque tú lo obligaste o para hacerte sentir bien, créeme... yo lo conozco ― vuelve a beber ― y si llegará a ser así ¿Es por eso por lo que piensas no volver hoy? Considerando que fue él quien te invitó, no yo quien te lo pedí...
― No... estoy seguro ―jugando con el vaso de café en sus manos
― ¿Porque?
― Es que, no quiero molestar y además... ―sube la mirada con cierta incomodidad hacia ella ― les estoy quitando tiempo juntos... a los dos
― ¿De qué hablas? ― muy confundida
― No finja ― hace una pausa ― digo, sé que están pasando por un mal momento, pero deben estar juntos para poder sobrellevarlos... ― ella sigue mirándolo con confusión ― me refiero, no cualquiera anda azotando puertas y llorando por los rincones, a menos que tenga penas de amor... como usted bien me dijo el otro día ―suspira y luego se arrepiente, había hablado demás.
Se hace un silencio de casi un minuto, que se torna bastante irritante, hasta que Emma lo disuelve con una muy grata risa― Charles, Erik y yo no somos novios ― el joven la mira no muy convencido ― jamás lo hemos sido y creo que jamás lo seremos... ― acomodándose en la silla ― para mí, Erik es como un hermano, el que jamás tuve... ― sonriendo con dulzura ― y creo que él también me ve de esa manera.
En ese mismo segundo, Charles noto algo en su pecho, su espontaneidad ataco y con fuerzas, tanto que sintió que el corazón se le iba a salir ¿Porque? Sentía... ¿Euforia? ¿Porque... estaba feliz? Rogó a su torso que calmara el vaivén, porque este subía y bajaba a gran velocidad.
― Entonces... ― tratando de fingir desinterés ― ¿Porque estaba llorando el otro día? ―sabía que era descortés ser tan impertinente, pero tenía que acallar todas las dudas que lo atacaban.
Emma suspira pausadamente ― bueno, ya que Erik confía en ti... creo que yo también puedo hacerlo ― traga en seco ― las lágrimas eran por amor ¿Porque más se puede sufrir hoy en día? ― riendo sin ganas ― pero por un amor no correspondido... ― exhala ― hace dos años que estoy enamorada como una tonta, de un hombre... que no siente lo mismo por mí o que al menos me hizo creer eso ―Charles la mira con profundidad― y aunque realmente trate que funcionara, él al final me pidió quedar solo como amigos y yo estoy tan enamorada de él... que lo acepte ―sonríe con pesar― es como si no pudiera enfadarme con él, tanto que ahora fingimos ser amigos y que nada jamás pasó...―suspiro muy lentamente y sintió la liberación, le dolía solo recordar como habían sido las cosas
― Lo lamento, en serio... ―dijo con honestidad y también con cierta vergüenza, por malpensar las cosas, además de alivió por confirmar el tipo de relación que mantenían ambos Profesores. Eso, nuevamente, lo sacó de su centro.
Emma siguió con su discurso, por alguna extraña razón se sentía en confianza, era casi como estar hablando con Raven. A veces no podía explicar con palabras como la extrañaba y la necesitaba, sobre todo en momentos así― descuida... ya ha pasado casi un año, y creo que lo conoces... ―no logro entender porque estaba siendo tan honesta, sobre todo con un alumno a su cargo, pero al mirarlo a los ojos no lo veía a él, solo veía a su hermana mayor― es el Profesor Sebastián Shaw ―el joven asiente con timidez ― ya he perdido la cuenta de cuántas veces he llorado por él, y el otro día... fue la gota que derramó el vaso ― su voz se quiebra ― lo descubrí besándose con la secretaria de tu madre, en su oficina...
Charles miró con gran pena a la Profesora, aunque ya no podía verla como eso, ahora era una mujer expresando sus dolencias en el amor, algo en lo que por supuesto, él era un completo inexperto, pero de igual forma, debía escucharla y comprenderla y de cierta forma le recordaba pasajes parecidos que vivió con Raven y Logan, tiempo atrás.
― Hace semanas que me busca, qué quiere darme explicaciones ―haciendo una mueca inconforme― como si yo se las hubiera pedido, no tengo razones para hacerlo, después de todo... no somos nada, él me dejó eso claro hace tiempo ―bajando la cabeza apenada― y la verdad, yo tampoco quiero escuchar sus excusas ―ríe con lastima―, pero no puedo evitar que me duela... supongo que el sentimiento sigue ahí ¿Qué tan patética soy? Al menos ahora si puedo estar enojada con él...
Charles negó veloz― no, no lo es... jamás lo sería
Emma le sonrió― y lo peor de todo es que tampoco puedo mostrarme débil o siquiera jugar a la víctima... ―comentó con una risa culposa. No podía mentir, a veces le gustaba ser la víctima y que la atención estuviera en ella, la hacía sentir importante, pero este no era el caso― para el mundo solo salimos una vez y fue por insistencia de Ororo... nadie sabe hasta dónde llegamos... ―Charles se sintió algo incómodo con ese comentario, no lo esperaba― perdón... ―respondió veloz ella― hable demás... ―él negó rápido para no hacerla sentir mal― es que a veces olvido que eres un estudiante, eres tan maduro para algunas cosas y para otras... sigues siendo un niño ―Charles elevo una ceja― perdón, sé que no te gusta esa palabra... dejémoslo en pequeño ―Charles terminó soltando una risa cómplice por la nariz― y también... a veces veo a Raven en ti, perdón por decírtelo, pero es cierto... ―exhala― con el tiempo aprenderás que mi honestidad a veces no tiene límites y me trae grandes problemas
Charles busco calmar el ambiente― descuide, aprendí esa lección el primer día ―y eso generó una risa sonora en Emma, lo que implica que logró calmarla― y en cuanto a Raven, descuide... yo no soy como mis padres, yo no busco ocultarla, me siento orgulloso de ella y aunque ellos no me lo digan, ellos también la ven a ella en mí, no solo por la inteligencia o nuestro modo de hablar, sino sobre todo por los ojos, aunque siempre defenderé que los de ella eran incluso más azules...
―Vaya que si... ―Emma le sonríe con dulzura― pero solo tú tienes esos hermosos zafiros azulados ―Charles solo le responde con una sonrisa tímida― pero en fin, esa es mi triste historia de amor...
― Bueno, la verdad, no soy una autoridad en el amor, y mi experiencia es nula... pero en base a todo lo que he leído, supongo que lo más loable sería luchar por eso... ― con dulzura
― No es tan fácil, Charles ― sube los brazos y apoya los codos en la mesa, mientras descansa su cabeza en sus manos ― cuando crezcas y te enamores de verdad, entenderás lo que siento y lo difícil que es luchar por algo en solitario, las relaciones son de a dos, pero enamorarse depende solo de uno...
Charles ríe con resignación ― yo dudo que alguna vez llegue a enamorarme, creo que no es para mí... además, siento que es depender de alguien, amar por decreto
― Pues déjame decirte que tienes una mirada muy equivocada del amor ― sonriéndole ― el amor viene en muchas formas y colores, además de ser inesperado e incontrolable... uno, muchas veces, no elige de quien se enamora ― suspira ― y puede suceder con la persona menos esperada ― se acomoda en la silla ― además, deberías saber más, teniendo el mejor ejemplo a tan pocos metros
― Mis padres serán la imagen ideal de un buen matrimonio ― recostándose en la silla ― pero yo mejor que nadie se la verdad, hace mucho que ellos dejaron de amarse...
― No hablaba de Brian y Sharon ― agrega ― yo hablaba de Hank y Raven... ― suspira. Charles evade la mirada, sintiendo vergüenza― tal vez no debería decirte esto, pero al cabo, Raven fue mi amiga, y siento que le debo esto ― se acomoda en su lugar ― yo era la que la ayudaba a juntarse a escondidas con Hank, cuando Sharon les prohibió verse
Charles abrió los ojos más que sorprendido, incapaz de creer lo que decía la mujer― ¿Porque? ―claramente esa no era la mejor pregunta y la única que tenía, pero fue lo primero que le salió. Esa etapa la recuerda muy bien, las discusiones, los gritos, los insultos y las veces que vio a Raven escapar de la casa por la noche, y como incluso le rogó que no lo hiciera, pensando que estaba en malos pasos, solo que al tiempo comprendió que era para poder ver a Hank.
― Por favor no me malinterpretes, Charles, yo quiero mucho a Sharon, casi como una madre... ―haciendo una mueca de resignación al tener que admitir la verdad― fue mejor madre para mí que mi propia madre, pero no podía hacerme la ciega ante la verdad y esa era que por mucho tiempo discrimino a Hank por ser... pobre, y creo que aún lo hace ― algo incómoda. Charles sintió la bilis quemar su estómago― ella sentía que él no estaba a la altura de su hija, y Brian siempre vio a Raven como su princesa ― ríe ― por él, que Raven se hubiera casado con el Príncipe Carlos...
― Pero, pero... ― tartamudeando ― pero Hank era su alumno, el mejor de todos, en muchas de sus generaciones y tenía una beca por su intelecto, ella mejor que nadie podía ver cuánto se esforzaba, cuán lejos quería progresar y ser alguien en la vida, Hank quería llegar muy lejos... y lo hizo, yo lo sé mejor que nadie
― Pero para Sharon y Brian eso no era suficiente, no permitirían que su niña estuviera con un... cualquiera ―suspira― así es cómo funcionan las altas esferas, los ricos se casan con los ricos, y los pobres con los pobres, y más si le sumas títulos nobiliarios, influencia en la política y terrenos por doquier... es algo complicado de entender ―ella lo sabía mejor que nadie, huyó de ese mundo en cuanto tuvo oportunidad y en cuanto su madre mostró indicios de querer casarla con el primer Lord que se le cruzara por delante. Solo recordar la cara que puso su madre cuando conoció a Sebastián y supo de dónde venía, le generaba un terror y una satisfacción al unísono.
Pero para Charles esa explicación no era suficiente― claro que no ― comenzando a molestarse ― Hank es una persona intachable, tan admirable y con un valor sin igual, habría que nacer de nuevo para siquiera poder aspirar a ser como él ―su voz se tensa― lo que era para ti Raven, lo es para mí Hank... aun cuando tenemos casi diez años de diferencia, es mi mejor amigo... lo conozco a la perfección y...
Emma lo interrumpió con calma― lo sé, lo sé, Charles... ― tratando de explicar ― y Raven también lo sabía, por eso se fue de la casa en cuanto terminó de estudiar y se casó con él, lo amaba como jamás amó a nadie ― sonríe ― bueno, salvo a ti... ―Charles sintió cierto dolor al oír esas palabras― y por esa misma razón, tú fuiste el único Xavier invitado al matrimonio ― hace una pausa con pena ― aunque a ella le partió el corazón no tener a sus padres en su matrimonio, era la única forma en la que podía ser feliz... y libre
La rabia empezaba a subir por su estómago, quemando su esófago de una manera casi insoportable ¿Como es que sus padres podían tener esa imagen de Hank? ¿Cuántas cosas le habían ocultado en todos estos años? La culpa y tristeza lo embargaron ¿Que tanto se había perdido de la vida de su hermana, por culpa de las mentiras? A veces los 10 años de diferencia entre los dos, pesaban a la hora de saber aquellos acontecimientos importantes y sus respectivas verdades; quizás si hubiera sido más grande, habría podido ayudarla, apoyarla, defenderla, habría luchado por su libertad y felicidad, pero Raven siempre estuvo sola en todo esto y después de todo, siempre tomaba la responsabilidad como hermana de mayor de proteger a Charles, incluso de la cruda verdad. Todo esto, definitivamente, aumentó el cariño y consideración que Charles tenía por Hank, en verdad era un hombre sin igual.
― Charles, te lo pido de la manera más atenta ― continua la rubia ― que no comentes esto con nadie, en especial con Sharon y Brian, ellos no quieren que sepas nada de esto, y si se enteran que sabes lo que ellos piensan e hicieron todo este tiempo, habría problemas y no hablo por mí, a mí me tiene sin cuidado lo que ellos piensen de mí, pero podría traerle problemas a Hank, más de los que ya tiene y no quiero perjudicarlo, le ha costado mucho mantener una relación medianamente sana con Sharon y Brian y algo así retrasaría todo lo alcanzado, afectando a otros también, tú sabes muy a lo que me refiero...
Charles bajó la cabeza mientras negaba, esto lo estaba hartando, detestaba las mentiras, pero entendía las razones de Emma, por lo que terminó asintiendo ― está bien, no diré nada... ― sube la cabeza para sonreírle. Aunque estaba asqueado por la situación, agradecía poder tener un momento así con la Profesora― y aunque creo que jamás podré saber cuánto hizo por mi hermana, le agradezco que lo haya hecho... que la haya ayudado, protegido, defendido y que siga cuidando su legado hasta hoy en día y también a Hank...
Emma le sonrió con extrema dulzura― de nada, y no lo hice esperando algo a cambio, lo hice de manera genuina, porque amé y sigo amando a tu hermana, creo que fue la única amiga verdadera que tuve y aunque la edad no era la misma entre las dos, su mente era la definición de maravillas y el poder hablar con ella, aquello que callaba hasta a mis propios padres... era lo más liberador del mundo, ella se llevó a la tumba secretos míos que ni siquiera Erik sabe y en el fondo, ambas nos comprendíamos, estábamos atrapadas en el mismo mundo superficial y de expectativas ajenas, ella huyó casándose con Hank y yo hui a Alemania, donde terminé conociendo a otro maravilloso ser humano ―un semblante de nostalgia la invade y Charles cree entender de quien hablaba― me gusta pensar que la vida me presentó a Erik, para prepararme para la pérdida de Raven y... ―exhala con cierto pesar― lamento si cuando ella falleció, te sentiste solo, debí estar más presente, debí cuidar de ti, se lo prometí a Raven...
― No, descuide... ―respondió con calma― yo también me aislé, así que aunque hubiera intentado acercarse a mí, yo la hubiera rechazado... ―explicó con honestidad
― No creo que eso fuera tan así, soy bastante persuasiva... ―sonriéndole de lado― pero en fin, eres igual a tu hermana, un gran oyente y un gran confidente, ahora entiendo porque Erik se siente tan a gusto contigo ―ese comentario devolvió un perdido sonrojo a su rostro― por eso creo que deberías ir hoy... ―vio la duda al instante en su mirada― hazme ese favor y háztelo a ti mismo, tú mismo me dijiste que te aislaste cuando Raven falleció, pues es momento de abrirte al mundo, y aunque creas que no eres capaz, lo acabas de hacer conmigo ―Charles subió una ceja, comprendiendo su punto― y no tiene por qué ser con todos, solo con las personas correctas, y puedo decirte con toda confianza, que Erik es uno de esos... ―Charles buscaba cualquier excusa pero ninguna llegaba― tu hermana confiaba en mí, yo la convencí la primera vez de invitar a salir a Hank... y todo salió muy bien ¿Puedes confiar tú en m?
Charles la miró por algunos segundos, hasta que finalmente se rindió, se había quedado sin opciones y en el fondo no las quería, al contrario, su nueva espontaneidad estaba buscando que alguien se parara frente a él con confianza y lo convenciera de ir, y la Profesora Frost había cumplido ese papel a la perfección. Aunque algo le hizo ruido, la Profesora de jactaba e incluso se vanagloriaba de ser quien convenciera para dar el primer paso que llevó a su hermana a la mayor felicidad de su vida, y ahora quería convencer a Charles de ir a ver a Erik, pero no con las mismas intenciones ¿Verdad? Era solo una consideración para una futura amistad, nada más. La situación de su hermana y él era completamente diferente.
Pero para Emma la historia claramente se estaba repitiendo, y aunque sólo tenía sospechas, más de Charles que de Erik, debía seguir adelante y tantear el terreno y con su amigo claramente tendría que hacer mayor averiguación, aunque eso sería más fácil de conseguir, conocía todos sus puntos débiles y sabía cómo sacarle la verdad, incluso antes que él se diera cuenta. Quién lo diría, quizás terminaría siendo la celestina y el cupido de ambos hermanos Xavier; de algo estaba segura, se ganaría el amor y rencor eterno de Sharon y Brian.
Ambos estaban en su propio debate, cuando un tercero apareció en escena― hola... Emma ― dijo Shaw con timidez― ¿Podemos hablar?
La profesora miró a Charles, dubitativa y con cierta urgencia ¿Qué es lo que debía hacer? ― déjame pensarlo... ―y el hombre asintió para alejarse algunos metros
Charles tomó su mano― aunque sea escúchelo, no tome decisiones sin oír todas las partes, al menos eso decía Raven...
― Lo sé, yo le enseñe eso ―respondió a regañadientes― está bien... ―suspirando con desgana
― Todo saldrá bien, confíe en mi ―Emma le sonrió con cinismo, claramente era hermano de Raven, usaba sus armas en su contra― luego hablamos, Profesora y gracias por todo... ―dijo veloz el joven poniéndose de pie, pero Emma lo detiene
― Tu también confía en mí y hazme caso... ―sentenció firme― no te niegues a lo nuevo por miedo, quizás algo increíble te puede estar esperando detrás del umbral del temor... ―le guiña un ojo
Charles le asiente, mientras aguanta la siguiente exhalación, eso le daría fuerza. Se voltea y se encuentra con el Profesor― un gusto verlo, Profesor Shaw ― estirándole la mano
― El gusto es mío, Charles ― contestó con cortesía ― Sharon y Emma hablan maravillas de ti ―estrechando su mano
― Gracias ― mira por última vez a la Profesora ― permiso... ― se aleja de la mesa mientras el Profesor se sienta junto a Emma.
― Emma... ―dijo con urgencia el hombre, pero ella levantó la mano en señal de que guardara silencio
― No dije que te dejaría hablar, dije que lo pensaría... ―sentenció segura― y la verdad no se si quiero
El hombre exhaló rendido― sé que no, y no tengo derecho a nada...
― Porque tu así lo quisiste ―lo interrumpió― ¿O ya lo olvidaste? ―preguntó con ironía, pero sorprendida por su actitud, no recordaba ser tan fuerte frente a él
― Lo sé, pero solo quiero que sepas que ella no significa nada para mí, fue una cosa del momento, jamás nunca ha pasado nada con ella ni con ninguna mujer ―mirándola fijamente y Emma tembló, por escasos segundos vio la verdad en sus ojos y eso la hizo flaquear, pero decidió mantenerse firme.
― ¿Y de qué me sirve a mi saber eso? ―cuestionó dolida― ¿Debo sentirme más tranquila porque no quieres nada con nadie pero tampoco conmigo?
El hombre bajó la mirada completamente acabado, el pasado y las decisiones hechas en este, lo perseguían, pero la honestidad lo atacó velozmente― si por mi dependiera, me casaría contigo mañana mismo... ―su mirada no mostraba ni una pisca de duda y en ese mismo momento Emma dejó de respirar― pero no depende de mí...
Y la ira volvió a atacarla― ¿Entonces de quién? ¿De mí?
Sebastián negó, había hablado demás, la lucha entre su corazón y su mente lo carcomía por dentro― perdón, olvida que dije todo y olvida que vine aquí, cometí un error... ―Emma quiso gritarle, insultarlo, pero no lo hizo, uno porque no pudo, y dos porque estaba rodeada de gente y esta sí que no era de las atenciones que si quería― es lo mejor... ―alejándose unos pasos― lo lamento, y lo lamentaré siempre.... ―Emma abrió la boca ofendida, pero él fue más rápido― jamás de lo vivido y mucho menos de ti, sino de... algo más ―mirándola con dolor― perdón, adiós... ―alejándose con la mirada baja
Emma quedo mucho más confundida de lo que ya estaba y se maldijo, hubiera sido mejor jamás hablar, pero como siempre, ella no puede callarse lo que siente y piensa, y si no lograba sacarle la verdad aquí por los testigos y su propia dignidad, lo haría en otro sitio. Se puso de pie y lo siguió, esa conversación no había acabado. Por otro lado, para un joven Xavier, las clases terminaron sin gran interés, Charles detestaba que las horas fueran pasando, porque implicaba que la tarde llegaría y tendría que ir con... Erik, y aunque seguía alentado por las palabras de la Profesora, también presentaba dudas constantes, además de vergüenza por las insinuaciones y comparaciones con su hermana ¿Que tendría en mente la Profesora? ¿Que esperaba de él y... Erik?
A la salida de clases, Charles espero a Scott, debía hablar con el Decano y parecía que era muy importante, porque cuando el joven salió de su oficina, su cara mostraba un gran descontento.
― ¿Y qué pasó? ― comenzando a caminar a su lado
― El Decano dice que mis notas no están muy buenas, pero en parte es porque me atrase... así que debo reforzar mis conocimientos ― doblando por un pasillo ― necesito un tutor ― Charles lo miró extrañado ― yo te propuse a ti ― el Xavier sonríe ― pero dijo que no podía ser alguien de primero, sino de tercer año...
― ¿Entonces quién?
― Una... tal... ― leyendo la hoja ― Jean Grey ― exhala molesto ― de seguro debe ser una ñoña lame botas... ― bufando
Charles rio con encanto, Scott y sus salidas jamás fallaban, pero sabía que esto le ayudaría. Luego de despedirse, Charles se encaminó al trabajo, era su último turno de la semana y las nubes que comenzaban a asomarse, indicaban que se venía una fuerte lluvia. La librería estaba medianamente vacía, Jason y su madre estaban vendiendo algunos libros, y en cuanto Charles entró a su turno, vendió varios más. El joven Stryker se paseaba a cada momento cerca de él, como si quisiera preguntarle algo, pero era demasiado tímido para hacerlo, así que Charles prefirió ayudar.
― ¿Sucede algo, Jason? ― sonriéndole ― es que te veo tan pensativo
Jason lo observo varios segundos, le gustaba ver al joven Xavier trabajar ― no, nada... digo ¿Que tal la Universidad?
― Bastante bien, de hecho... ― acercándose a él ― algunos ramos más complicados que otros, pero si eliges sabiamente lo que quieres estudiar, todo se hace mucho más sencillo, es cosa de agarrarle el gusto y ser metódico y responsable ― muy seguro
El joven lo miraba con gran admiración, le encantaba como Charles hablaba, es como si estuviera con alguien de la nobleza ― sería increíble poder ir a la Universidad ― comentó feliz ― pero... para eso se necesita dinero ― cabizbajo
Charles comprendió el mensaje al instante, sabía que los Stryker no eran una familia de bajos recursos, pero mantener un lugar así, era sacrificado y a la gente, cada vez le gustaba menos leer; lamentablemente el arte de la lectura comenzaba a desaparecer y por tanto, las librerías pagaban el precio de esto. El dinero escaseaba, y era claro que no habría de esté para pagar los estudios superiores de Jason. Charles se sintió apenado por el joven de 16 años.
― Bueno, te prometo que en cuanto habrá mi escuela, serás el primer matriculado y te enseñaré todo lo que tú quieras ― sonriéndole con ahincó
― ¿De verdad? ― sus ojos se abrieron de emoción
― Claro, será como un internado... vivirás y aprenderás bajo mi protección y tutela ― mirándolo ― si no te molesta, claro
― ¡Para nada! ― muy feliz ― yo serio el más feliz de vivir contigo ― se da cuenta de lo que dice ― digo, contigo... en tu escuela y con los demás alumnos, aprendiendo... y todo esto ― nervioso. Charles solo le sonrió.
La verdad, desde hace días que Jason miraba extrañado al joven Xavier, era como de otro mundo, tan educado, tan atento, tan amable y sumamente caballero, no era normal conocer gente como él, y cada día que pasaba, le gustaba mucho más trabajar con él. Desde que comenzó a trabajar con ellos, que percibió que era diferente a cualquier persona que jamás haya conocido, era demasiado culto, extremadamente inteligente y con unos modales inigualables, y las tardes se hacían más y más entretenidas cuando Charles estaba cerca, y aunque a veces no intercambiaban palabras, las veces que lo hacían, eran prácticamente perfectas. Marcy los observaba de lejos, le encantaba ver a su hijo hablar tan feliz con otros, porque no era de muchos amigos, pero la mención de la Universidad y de estudiar en la Escuela, que supuestamente Charles abriría, no le agradaba mucho o más bien, la ponía incómoda, sobre todo por la posible reacción de su padre.
― Te agradezco la oferta, Charles ― acercándose a ambos ― pero Jason debe hacerse cargo de la librería, nosotros no tendremos energía para siempre y alguien debe responder por el negocio familiar ― lo mira ― y él, es el ideal... ―Jason hizo una mueca de disgusto, claramente su futuro ya estaba decidido, sin su opinión claro.
― Claro ― contestó él Xavier ― pero para poder administrar y hacer crecer aún más este hermoso lugar, debe saber cómo y eso solo lo aprenderá si estudia, eso lo ayudaría mucho más, les dará las herramientas extras ― se acerca a Jason ― y si él quiere estudiar y progresar ¿Porque negárselo? y más aún, sí yo puedo ayudarlo... encantado ― lo mira ― es un chico muy inteligente, le veo un gran futuro... ― le sonríe con encanto.
Jason estaba fascinado, nadie solía responderle los argumentos a su madre con argumentos superiores, él jamás lo hacía porque le temía, o al menos a su padre, pero Charles lo hacía con tanto decoro y amabilidad, que Marcy no respondió, no tenía como. Nunca nadie lo había defendido frente a sus padres, nadie había hablado de sus sueños propios y de los de él con tanta admiración y mucho menos los había considerado igualmente importantes, y mucho menos como Charles lo hacía, y además, se estaba ofreciendo ayudarlo, y gratis ¿Podía ser más perfecto? y fue en ese momento, Jason lo sintió, algo cambió, y aunque no supo explicarlo, estaba agradecido de sentirlo. Marcy se acercó a la caja, para atender a una cliente, y Jason se volteó veloz a Charles.
― Eres increíble ― muy feliz ― nadie le habla así a mi madre
― Pues no le dije ninguna mentira ― agrega ― todos tenemos el derecho de estudiar, y tú más que nadie merece la oportunidad ― Jason sintió algo extraño en el pecho.
― En verdad, eres alguien especial... diferente a cualquier persona que haya conocido antes ― se para frente a él ― te admiro mucho
Charles le sonrío mientras guardaba unos libros en la estantería ― siempre hay alguien a quien uno admira más que a nadie, no creo que yo sea esa persona para ti, aun soy muy joven y me falta mucho por aprender ― riendo ― pero si es así, gracias... admirar a alguien es algo muy bueno, nos insta a querer crecer, a alcanzarlo y aspirar ser como él o ella...
― ¿Tu lo tienes? ― preguntó esperanzado ― me refiero ¿Tu admiras a alguien?
― Pues... ― pensándolo por algunos segundos ― no, creo que no lo he encontrado y la verdad ― riendo ― ni siquiera me he dado el trabajo de buscarlo ― un ardor extraño se presentó en las mejillas de Jason.
Las horas pasaron y cada vez entraba menos gente a la librería, la lluvia casi torrencial que caía, alejaba a todo el mundo, todos querían llegar a casa lo más pronto posible. William llegó y aconsejo cerrar, aún no era hora, pero era obvio que no vendría nadie más a comprar y no quería irse a casa bajo semejante lluvia. Charles se acercó a su casillero y comenzó a sacar sus cosas, se estaba arrepintiendo de haber sacado un abrigo tan delgado y sin capucha, muchos menos tenían paraguas, era obvio que se mojaría esta noche; y por unos segundos pensó en no ir, estaba seguro de que... Erik lo entendería, pero no, la espontaneidad volvió a ganar, además de lo que le dijo la Profesora en la mañana: no negarse a lo nuevo; había dado su palabra y no era de caballeros, el retractarse. Solo debía ir a comprar algo para comer e irse lo más rápido al departamento del profesor.
― Disculpa ― dijo Jason entrando ― ya estamos por cerrar, mejor apresurarte, al menos que quieras quedarte encerrado aquí hasta mañana ― riendo
― No, gracias ― cogiendo su bolso ― ya estoy listo ― saliendo del cuarto de servicio, pero se devuelve ― casi lo olvido ― abre el casillero y saca el libro ― no puedo dejarlo aquí
― Siempre andas con ese libro ¿Jamás lo sueltas? ― pregunta el joven
Sonríe con cierta vergüenza ― es que es de alguien muy especial, de una persona que sabe mucho... ― algo, como un sonrojo, apareció debajo de sus ojos
Jason se sorprendió, no esperaba una reacción así ― vaya que es especial, ¿Lo admiras?
La pregunta lo dejó helado, más que el frío que se colaba en la habitación ¿Admiraba a Erik? Por algo no soltaba el libro, por algo le apenaba dejarlo solo, por eso... se emocionaba cada vez que pensaba en él, si, eso debe ser. Parece que por fin encontraba una respuesta a lo que le sucedía o sentía con el Profesor. Admiración. Sintió cierta relajación, aunque algo le decía que esa respuesta no era suficiente, al parecer tendría que descubrirlo esta noche.
― Pues parece que sí... ― sonriendo a todo su esplendor el Xavier. La tristeza tiño el semblante de Jason, pero el Xavier no alcanzó a notarlo, ya había salido de la habitación.
El matrimonio estaba cerrando las cortinas metálicas y Charles los estaba ayudando, no podía irse a medias, y mientras Jason le ayudaba a colocar el candado, Charles trataba de abrigarse el cuello.
― Charles ¿Qué harás esta noche? ― preguntó Jason ― me refiero... ― nervioso ― por si quieres ir a tomar el té con nosotros, por si no quieres estar solo... después de todo, es viernes
― Muchas gracias por la invitación ― parándose ― pero debo ir a ver una persona importante, ya me debe estar esperando y no quiero que se me haga más tarde ― viendo el reloj en su muñeca y cerciorándose que el libro estaba dentro de su bolso.
― ¿Es... la persona del libro? ― preguntó casi sin poder controlarlo
La pregunta lo sacó de su neutralidad, pensando que tal vez Jason se había ofendido por rechazar su oferta, pero negó la idea, sabía que el chico no era de esos, sin embargo, lo que le chocaba es que se hubiera dado cuenta de a quién iba a ver ¿Era tan evidente?
― Si... ― con timidez. Jason sintió el vació crecer.
Charles se despidió y se fue veloz a la pastelería, debía alcanzar a comprar antes de que cerraran y quería estar el menor tiempo posible en la calle, la lluvia le estaba calando hasta los huesos. Sin embargo, la suerte no estuvo de su lado, la pastelería estaba repleta y tuvo que esperar un buen rato, desafortunadamente, bajo la lluvia. Para cuando consiguió los croissant, se fue pedaleando a todo lo que dieron sus pulmones hacia el departamento de Erik, estaba pensando seriamente de que era tiempo de conseguir un auto, le encanta trasladarse en bicicleta, pero no bajo estas circunstancias. El sillín estaba empapado, y los pedales se resbalaban con facilidad, agradeció su control del pequeño vehículo de transporte, porque si no, se hubiera estampado con la primera cabina telefónica que se le cruzó.
Pero la suerte no mejoró, había olvidado las llaves del departamento de Erik en el suyo, en la mañana estaba tan distraído, que las dejó sobre el escritorio, podía imaginarlas sobre este y la ansiedad lo atacó. Toco el timbre varias veces y también la puerta de entrada, pero nadie abrió, apenas había dos departamentos en el primer piso y dudaba que alguien lo escuchara con la lluvia y los relámpagos resonando con fuerza.
Los minutos fueron pasando y él seguía bajo la lluvia, ahora sí que estaba completamente mojado, hasta las partes más privadas, su sentido común gritaba que tenían que irse, que Erik entendería, pero ya estaba ahí, no se iría sin dar una explicación. Y por suerte, ahora sí, el destino si se apiado de él, una pareja de ancianos apareció por la calle y se acercó a la puerta con una llave, la ilusión y esperanza volvió a él.
Le preguntaron qué hacía ahí, solo y mojado, y explicó que había olvidado las llaves, la mujer le comunicó que siempre guardaban una de repuesto bajo la farola izquierda de la puerta, mostrándole el lugar, quizás él era nuevo y no sabía esto. Le abrieron y Charles luego de agradecerles como cinco veces, subió las escaleras hacia el departamento de Erik, el ascensor tenía un cartel que avisaba que estaba en mal estado. Subir completamente mojado, no era lo ideal, y no caer cuesta abajo fue todo una proeza.
Cuando llegó a la puerta del Profesor, trató de sacudirse un poco el agua, para verse más presentable, pero era imposible, pareciera un perro recién bañado. Golpeo con timidez y rogó que Erik estuviera en casa, porque si no, todo habría sido en vano; la puerta se abrió con rapidez, al parecer Erik estaba haciendo algo y abrió casi sin pensar, pero al posar la vista, en lo que parecía ser Charles, completamente empapado, la sorpresa lo atacó.
― Perdón por la demora, pero se me quedaron las llaves ― temblaba cada vez con más fuerza
― ¿Charles, que paso? ― haciéndolo entrar ― estás todo mojado, o más bien... empapado ― cerrando la puerta
― No traje paraguas, y no paraba de llover... me quede afuera del edificio, hasta que alguien llegara a abrir ― el temblor aumento ― tengo... mucho frío ― riendo incómodo ― perdón por la facha
― No seas tonto ― se acerca a él ― estas muy mojado, demasiado ― su voz denotaba preocupación máxima ― sácate el abrigo, rápido... si te quedas más tiempo con él, podrías enfermarte
Charles lo obedece, y aunque trata de verse digno, el temblor no puede controlarse, estaba tan mojado, que le dolían hasta los huesos, y la dignidad no mejora, pues cuando se logra quitar por fin el abrigo, este cae pesado y empapado al piso, el joven miró a Erik con pena.
― Disculpa, no quería mojar tu piso y... ― muy avergonzado. Junta sus manos, para tratar de entrar en calor
― No digas nada ― comenzando a empujarlo hacia la chimenea ― quédate quieto ― abre la rejilla y prende el fuego, poco a poco, el calor empieza a inundar la sala.
Charles no paraba de temblar, era más fuerte que él, estiró las manos hacia la chimenea y trato de verse calmo, pero era imposible, lo más probable es que jamás se había visto tan patético.
― Debes entrar rápido en calor o podría darte hipotermia ― Erik se movía rápido por el departamento, entro a un pequeño cuarto y sacó unas toallas ― sécate, rápido... ― el joven comienza a obedecer, sumamente avergonzado.
Erik lo observa de pies a cabeza y se da cuenta que su ropa está empapada, no puede quedarse con eso puesto, fijo se enfermaría, y mientras el Xavier seguía secándose, sobre todo el cabello, Erik se encaminó a su habitación y sacó un pijama, volviendo a sala.
― Ponte esto ― pasándoselo
― Erik, no creo... ― sus mejillas ardían de rojo, pero no sabía si era por la posible fiebre que se presentaba, la vergüenza... o algo más.
― No te lo estoy sugiriendo, es una orden ― comentó con voz severa. Charles sintió un nudo en el estómago, jamás había visto al Profesor tan serio
― ¿Puedo... puedo pasar al baño? ― bajando la cabeza con gran vergüenza
― Sí, ahí está ― comentó señalándolo ― iré a preparar algo caliente ― encaminándose a la cocina
Charles entró rápido al baño, si antes se había sentido patético, ahora además se sentía aprovechador y tan avergonzado, rogaba salir de esta situación lo más pronto posible y se maldijo por su nueva espontaneidad; claramente la Profesora Frost no tuvo razón, todo estaba saliendo muy mal. Cerró la puerta, y vio el baño, percatándose que era primera vez que entraba en este, y al igual que todo el departamento, este brillaba de limpio, impecable y pulcro. Se sacó rápido el pequeño suéter que traía y la camisa, también sumamente mojadas, y mientras las dejaba en el lavamanos, vio el cabellos en el basurero, parecer que el profesor acaba de afeitarse, ni siquiera lo había notado cuando entró.
En cuanto la ropa estuvo afuera de su cuerpo, el temblor empeoró dramáticamente, jamás había sentido tanto frío, apenas y sentía los dedos de las manos y de los pies, tuvo que sacarse hasta los calcetines y los zapatos, estaba dejando completamente mojado el tan impecable baño. Se secó lo más que pudo y se puso el pijama, quería sentir ropa seca y algo abrigadora sobre él, pero el pantalón le queda algo grande, tuvo que amarrarlo con mucha fuerza, y aun así, se le caía un poco. Lo único que se dejó puesto, fue la ropa interior, por supuesto.
Salió algo tímido y descalzo del baño y se volvió a acercar a la chimenea, tratando de entrar en calor, pero era inútil, el temblor no disminuía, solo se acrecentaba; no podía engañarse, estaba comenzando a preocuparse, ya habían pasado varios minutos que no estaba bajo la lluvia, y el frío crecía más y más. Se sentó de frente al calor, y en eso, Erik volvió a la escena, con otra cosa en sus manos.
― Ponte este suéter ― pasándoselo ― abrígate bien ― volvió a la cocina
Charles lo tomo uno segundos, pensando hasta donde estaba abusando de su hospitalidad, cuando se suponía que él que venía a acompañarlo y cuidarlo, era él. Se lo puso con sumo cuidado y al instante, el olor de Erik lo impregnó, era tan fuerte, tan cálido, tan fragante, café y menta, una extraña, pero deliciosa mezcla, que detuvo los temblores por algunos segundos, pero estos volvieron y más fuerte aun, Charles estaba casi en posición fetal, y la preocupación aumentó, cuando se sintió mareado ¿Que tan mal podía acabar esto?
― ¿Estas bien? ― pregunto Erik apareciendo con un secador en una mano y una taza de té en la otra ― te hice un poco de té, quizás te ayude a entrar en calor ― Charles toma la taza
― Tengo... mucho... frío ― dijo apenas en un susurro ― no... me siento... bien ― sus ojos estaban algo desenfocados
― Hey, Charles ― hincándose frente a él ― no te desmayes, necesito que entres en calor ― tocando su frente ― estás ardiendo en fiebre ― muy preocupado ― maldición...
― Perdón... ― con la voz temblorosa
― Deja de pedir perdón ― dejando el secador sobre la mesa ― manía de los ingleses
― Escocés ― aún en su estado, Charles siempre tenía que responder todo ― yo... ― ladeándose de un lado a otro
― No, ni lo pienses ― se acerca a él y lo abraza fuertemente
Charles pensó por un momento, que era la fiebre la que le hacía imaginar cosas, no podía estar pasando lo que creía su mente qué pasaba ¿O no? La confusión estaba a mil por horas, al igual que sus latidos, sus mejillas ardían, pero de seguro debían ser por su estado, y aunque en cualquier otra circunstancia, hubiera negado un acto así, le atribuyó permitirlo a su estado de debilidad. Se sentía tan bien, tan ameno, tan seguro y sumamente acogedor, Erik frotaba sus manos en la espalda del joven, tratando de hacerlo entrar en calor, sin sospechar que ahora el joven ardía el doble que hace algunos segundos.
Erik no sabía muy bien porque lo había hecho, solo vio al joven tan indefenso y complicado, que un deseo de protección innato afloro en él, no quería verlo desmayado y ardiendo en fiebre, porque de seguro, hubiera salido con prisa a Urgencias con él, aunque implicara romper la licencia e incluso perder su trabajo, Charles era la prioridad en este momento. Pero entre más abrazaba y frotaba sus manos en la espalda del joven, más extraño se sentía, era una sensación tan rara, pero increíblemente placentera, jamás se había sentido así, nunca. No quería soltarlo, no quería alejarse de él, porque sintió, por algunos segundos, que casi eran uno.
El cabello de Charles, aunque estaba tan húmedo, olía delicioso, era un olor a almendras muy fuerte, acompañado del característico olor a té que emanaba del joven ¿Como es que su cerebro ya lograba reconocer el olor de Charles? Siguió frotando sus manos por la espalda del joven y poco a poco, el temblor fue disminuyendo, al parecer, estaba dando resultados. Charles tenía la cabeza incrustada en el cuello de Erik, el olor a menta profanaba su nariz, y el joven se sentía tan a gusto, hace años no experimentaba algo así ¿Que estaba diciendo? Jamás lo había hecho.
Los minutos pasaron, y ambos se negaban a romper la conexión entre ellos, era tan especial y cercana, que temían que de separase, no volviera a repetirse, o peor aún, que no pudieran experimentar esta sensación, con nadie más. Charles subió la cabeza tímidamente, y Erik lo miro tan fijo, que le fue imposible al joven descifrar lo que pensaba o sentía, solo pudo notar algo, un tinte rojo, bajo los ojos del profesor, que brillaban aún más bajo la luz del fuego, aunque de seguro, era por el calor. Si los ojos de Charles eran bellos, aún envueltos en lodo, bajo el fuego, eran todo un espectáculo, el cobalto brillante de estos, tomaban un tinte más claro, si es que era posible que lo fueran.
¿Porque no puedo separarme? ¿Porque no puedo dejar de mirarlo? ¿Porque... no quiero hacerlo? El sentido común comenzó poco a poco a volver a Erik, y con cierta timidez, alejo los ojos, los cuales Charles también alababa con ahincó, no podía decidir si los ojos de Erik se veían mejor bajo la lluvia o bajo la luz del fuego.
― ¿Mejor? ― preguntó Erik alejándose un poco, pero aun sujetando al joven en sus brazos
― Si, mucho mejor... gracias ― sus mejillas seguían muy rojas
― Es la mejor forma de entrar en calor ― comentó soltándolo definitivamente. La conexión se había roto, afectándolos por igual ― creo... que debes secarte el cabello ― comenzando a pararse ― tomate el té, yo lo hago... ― tomando el secador y lo enchufa.
― Erik, no creo que... ― ocultó un poco detrás de la taza
― Solo obedece ¿Si? ― tratando de no sonar severo ― solo serán unos minutos, tu solo tómate el té ― lo rodea y se coloca detrás de él. El secador se enciende y Erik comienza su labor
Charles se sentía tan minúsculo, tan insignificante, pero las manos que sacudían su cabello relajaban todo ― me siento como un niño, apenas de cuatro años... después del baño ― comentó entre risas
― Pues los niños hacen caso, así que quédate quieto ― agregó con neutralidad
― Yo jamás obedecía a mis padres ― dijo entre risas mientras tomaba un poco de té. Erik solo sonrió.
Pasaron algunos minutos y Erik terminó su tarea, el cabello de Charles ya estaba lo suficientemente seco y el joven ya no temblaba, la tranquilidad volvió a él. Charles seguía en completo silencio, mirando fijamente el fuego, estaba como en un trance, así que luego de terminar, Erik devolvió el secador a su lugar y sacó toda la ropa mojada del baño, tomó una silla del comedor y la acercó a la chimenea, para colgar la ropa ahí, esperando que lograra secarse. Por su parte, Charles ya se había acabado el té.
― ¿Quieres más? ― mirándolo
― Si, por favor ― pasándole la taza
― Serviré para ambos ― tomando la taza ― es bueno que tomes más cosas calientes, también te buscare medicina, por si acaso ― se detiene ― tengo una idea ― se devuelve al cuarto donde había sacado las toallas y toma una manta ― necesitas estar cerca del fuego, así que mejor nos sentamos frente a la chimenea ¿No te molesta, verdad? ― Charles negó ― perfecto ― estirándola en el piso ― vengo enseguida... ― se dirige a la cocina
― Erik, yo... compre unos croissant ― comenta con timidez ― están en mi bolso, espero no se hayan mojado ― Erik se encamina a la puerta, toma el bolso y el abrigo, para acercarlos al fuego.
― ¿Te molesta si saco todo del bolso? ― pregunta Erik
― Para nada ― Erik obedece y saca todos libros y cuadernos, por suerte, nada se había mojado. Tomo los croissant y volvió a la cocina.
Charles estaba tan contento, porque aunque sabía que Erik era el enfermo, lo estaba atendiendo con tanta amabilidad y preocupación, que era imposible no sentirse halagado. Demoró algunos minutos, hasta que volvió con una bandeja con las tazas, los dulces y la medicina, para luego dejarlo todo sobre la manta, era casi como un picnic puertas adentro y bajo la luz del fuego.
― Gracias ― dijo tímido Charles
― No hay de que ― mascando un croissant― toma la medicina... ―Charles obedece― con eso te sentirás mucho mejor
― No, Erik, en serio... no tenías que, o sea, no sé qué decir ― riendo incómodo
― La verdad, yo debería pedirte disculpas a ti ― con algo de vergüenza
― ¿Porque?
― Porque si no te hubiera invitado, no te hubiera empapado de esa manera, perdón... ― sonriendo con culpa
― ¿Te arrepientes de que viniera? ― indaga Charles
― No, eso jamás... ― hace una pausa ― me refiero, a que me gusta que estés aquí, pero no en esas condiciones
― No será la primera ni la última vez que me mojo bajo la lluvia ― riendo ― recuerda que me conociste cuando llovía a cantaros y bailando ― tomando un poco de té
Erik suelta una risa por la nariz, después de todo, no era la primera vez que lo pillaba bajo el agua, pero claro, la vez pasada no acabó así, aunque sí salió herido, y muy en el fondo, algo dentro de él agradecía que haya terminado así. Los minutos pasaron, al igual que los temblores y dolores.
― En fin ― agrega Erik ― ¿Supongo que no quieres jugar? ― mirando el tablero sobre la mesa
― ¿Bromeas? ― abriendo los ojos ― no me quede bajo la lluvia, solo para tomar té ― comenta fingiendo ofensa
― En ese caso ― estirándose para tomar el tablero ― tu empiezas, ya que ganaste... ¿Las blancas?
― Por supuesto ― viendo como deja el tablero entre medio de ellos
Erik ordenaba las piezas que se habían caído, y Charles por fin pudo notar que el Profesor se había afeitado, le quedaba bien, le daba un toque más formal, aunque noto un pequeño corte en la mejilla izquierda, y cuando bajó la mirada para no prestarle tanta atención a la herida, se percató por fin, que Erik estaba en pijama, la vergüenza volvió rauda, acompañada de unas risas. El Profesor se dio cuenta de la mirada del joven y comprendió porque se reía en silencio.
― ¿Te burlas de mi pijama? ― preguntó Erik
― No, para nada ― muy veloz ― solo me da un poco de pena que no hayas podido vestirte antes de que llegara, quizás llegue muy pronto
― De hecho, me puse el pijama porque pensé que ya no vendrías ― terminando de ordenar las piezas ― se estaba haciendo tarde y no paraba de llover, y como sé que la lluvia es tu debilidad ― Charles sonríe tímidamente ― supuse que no llegarías, y que me llamarías desde tu casa para explicar... pero no fue así ― sonríe ― de hecho, golpeaste justo cuando me estaba afeitando ― señala su mejilla ― me llegue a asustar, porque ya no esperaba a nadie y me corte ― riendo
― Perdón ― mirando la herida ― pero debía venir, había dado mi palabra
― Si, comprendo que para ti la palabra aun vale ― tomando un poco de té ― tendré que comprar una caja de té mañana, la que me trajiste ya se acabó o más bien, ya me tome toda la caja ― dejando la taza en su plato
Charles lo miró por varios segundos, recordando lo que la Profesora le había dicho sobre Erik y el té ― la profesora Emma me dijo que jamás pierdes en el ajedrez y que... jamás tomas té ― moviendo su primera pieza― y eso último lo sé porque no tomaste nada en mi departamento...
Erik bufo resignado ― pues, es verdad... nunca pierdo, eres la primera persona que me vence en mucho tiempo y respecto a lo otro ― ríe entre dientes ― pues sí, detesto el té
― No debes tomar si no te gusta, yo no me molestare ― con tranquilidad
― Para nada, el té que me trajiste me gusto demasiado ― Charles lo mira incrédulo ― es verdad, si por algo te digo que me acabe toda la caja ― volviendo a tomar ― entiendo porque te gusta tanto, llega ser adictivo ― Charles sonríe ― o quizás que le echaste... ― moviendo su pieza
― Que extraño saber que tengo influencia sobre ti ― comenta con malicia
― Tampoco te creas tanto ― responde, causando una risa en el joven, para luego exhalar ― así que hablaste con Emma ¿Como esta esa ingrata? Hace dos días que no se nada de ella...
― Esta bien, un poco mejor de ánimo ― Charles mueve ― hablamos un poco hoy en la mañana, fue una muy buena conversación... ―no quiso decir nada más, quería respetar la privacidad de lo acordado y también estaba su hermana de por medio, pero si hubo algo que considero oportuno comentar― aunque luego apareció el Profesor Shaw... ― suspira ― los deje solos para que pudieran conversar ― Erik levanta una ceja intrigado ― ella me lo contó todo o al menos lo último acontecido...
Erik suspiro resignado ― no me agrada ver a Emma sufrir, en lo más mínimo ― mueve su pieza― y más porque en el fondo, Sebastián me cae bien, es buen tipo, aunque no logro comprenderlo del todo aún...
Charles lo mira unos segundos, hasta que acepta que debe ser honesto ― la verdad, tengo que confesar que pensé que ustedes dos... eran pareja ― la sorpresa apareció en los ojos del profesor
― ¿Nosotros? ¿Emma y yo? ― con cierta risa, pero Charles le asiente apenado― no, para nada ―el joven mueve otro peón ― solo somos muy buenos amigos, jamás podría estar con ella ― moviendo su pieza ― el amor jamás existiría entre nosotros, al menos no de manera romántica
― Que bueno saberlo ― se detiene al instante. Se suponía que eso debió quedar como un pensamiento, no para compartirlo ― digo... olvídalo ― mueve su pieza
Erik baja la cabeza y sonríe, le ha hecho gracia el comentario del joven ― y hablando de eso... ¿Qué tal tú, en el amor? ― mueve él ― ¿Alguna novia por ahí? Si se puede saber...
El nerviosismo aflora en el Xavier, pero trata de disimularlo ― jamás he tenido novia ― Erik levanta una ceja sorprendido, mientras el joven mueve su pieza
― ¿De verdad? ― acomodándose en su lugar ― yo pensé... me refiero, después de todo, eres un chico muy guapo ― eso también debió haberse quedado en un mero pensamiento ― disculpa ― soltó de manera tensa
Charles sintió el ardor volver a sus mejillas ― no, descuida... ― riendo incomodo ― la verdad, no es tema para mí y dudo en verdad que llegue a enamorarme alguna vez, creo no es para mí... y dudo realmente que exista
― Pues que equivocado estás ― mueve ― el amor llega cuando menos se le espera y de las formas menos pensadas, rompe barreras dolorosa y enérgicamente, pero así es... ― Charles le sonríe
― Si, la Profesora Frost me dijo lo mismo hoy en la mañana ― moviendo ― olvide que estaba hablando con el filósofo experto en amor ― mirándolo. Solo recordar todo lo que le escribió en su libro de filosofía, lo hacía temblar
― Pues para tu información, yo me declaro un romántico empedernido, mi madre me enseñó desde muy pequeño a buscar el amor con ahincó y voluntad, a merecerlo ― ríe con fuerza y orgullo― creó en el amor, y aun espero encontrarlo... ― mueve mientras hace una mueca ― aunque a mi edad, ya dudo que suceda
― Solo tienes 35 ― agrega Charles moviendo su pieza
― Pues para muchos, a mi edad ya debería estar casado y con al menos un hijo ― moviendo ― al menos eso exige la sociedad ―y también es lo que él soñaba. Un hijo a quien amar incondicionalmente.
― Detesto eso... ― cruzando las manos
― Quizás ya no apareció ― bajando la cabeza apenado; fantasmas del pasado amenazaron con volver. Charles lo mira con detención, sintiendo pena por él ― en fin... ― vuelve a mirarlo ― no te sientas mal por mí, vivir en soltería igual tiene sus ventajas ― se para ― sabes, hay demasiado silencio... ― se acerca a su tocadiscos ― tengo una colección de vinilos ¿Te molesta escuchar?
― Para nada ― viéndolo abrir el desván. Erik se agacho y comenzó a revisar.
― Déjame ver... ¿Qué puede ser del gusto del Gran Charles Xavier? ―buscando detenidamente. Charles negó entre risas― ¿Que tal... Ópera? Tienes cara de que te gusta ―Charles asintió feliz
― ¿Te gusta Puccini? ― pregunto esperanzado
― ¿Bromeas? ― algo emocionado ― ¡Me fascina! ― acomodándose en su lugar ― hace tres meses fui a ver Gianni Schicchi al Royal Opera House, es mi favorita... ― viendo como Erik enciende el tocadiscos ― Oh mío Babbino Caro siempre me emociona hasta las lágrimas...
― Pues este vinilo tiene lo mejor de él ― la música comienza a sonar ― justo esa, es la segunda canción ― sentándose frente a él ― no conozco a mucha gente que le guste la Ópera ― suspira con tristeza ― la música cada vez, se desprestigia más... ― Charles mueve su pieza
― Es cierto, pero se aprecia a la gente que aún le gusta este tipo de música ― mirándolo con orgullo
― No deja de ser extraño que alguien de tu edad, disfrute de la Ópera ― le sonríe con encanto ― en verdad, eres todo un descubrimiento ― mueve su pieza ― aunque, no te molestes conmigo... no tengo idea de que dicen la letra de alguna de sus piezas ― Charles le sonríe
― No te preocupes, no es como que tengas un lugar para poder buscar la letra y no existen muchos libros con su traducción ― moviendo ― por suerte, tiene sus ventajas recibir una educación de primer nivel ― haciendo una mueca ― se hablar italiano fluido, al igual que francés...
― ¿En serio? ― sorprendido ― yo se algo de francés, pero aprendí solo lo necesario para ir de vacaciones ― mueve ― solo... se alemán ― dándose cuenta de que de cierta forma, no es cierto ― ¿Que puedes decir en italiano?
― ¿Qué quieres oír? ― pregunta el Xavier
― No... lo sé ― intrigado ― qué tal... "Me gusta la ópera"
― Mi piace l'opera ― dijo con tranquilidad. Si el acento escocés de Charles era atrayente, escucharlo hablar italiano, era casi escuchar poesía, sonaba tan dulce, pero a la vez, tan masculino ― ¿Algo más? ― moviendo su pieza
― Solo una... ― toma una hoja y un lápiz sobre la mesa y anota aquello que quiere transmitir. No sabe porque, pero quiere escuchar a Charles decirlo, siente que al escucharlo en otro idioma, lo hace más sincero.
Charles recibe el papel y lo lee, encuentra sumamente dulce y encantador lo que ha escrito, pues perfectamente solo pudo decírselo y ya, pero por alguna razón, Erik quiere escucharlo de la boca de Charles, y sobre todo, en italiano.
― Mi piace molto passare del tempo insieme ― el sonrojo es evidente en su rostro.
― Lo que se traduce como... ― el sonrojo en Erik tampoco pasa desapercibido
― Me gusta mucho pasar tiempo juntos... ― sonriendo como quizás nunca lo había hecho
― Que bueno que pienses así, porque yo igual ― comienza la segunda canción ― creo que ahí está tu canción ― Charles se acomoda ansioso ― traducción, por favor...
― Claro ― sonriendo ― tienes que saber el contexto primero ― mirándolo ― ¿Conoces el Puente Vecchio y el Rio Arno?
― Por supuesto, están en Florencia... es uno de los puentes más famosos del mundo y pasa encima del río Arno ― agrega
― Pues la historia trata de una joven enamorada de alguien, a quien se supone... no puede amar ― Erik lo mira con detención ― y como le ruega a su padre, que acepte el amor que ambos se profesan ― comienzan a cantar ― Oh, mi padre querido... me gusta y es tan apuesto, quiero ir a la Porta Rossa a comprar el anillo ― Erik se apoya en sus manos para escuchar atento a Charles ― sí, sí quiero ir y si lo amase en vano... iría al Puente Vecchio a tirarme al Arno ― hace una pausa ― me consumo y me atormento ¡Oh Dios! ¡Quisiera morir! ― Erik se estremece ante la voz de la soprano ― ¡Padre! ¡Piedad, piedad! ― la canción termina ― y eso es, lo que dice... que hermoso ― sobándose los brazos ― siempre se me coloca la piel de gallina ―entre risas― aunque debo admitir que el contexto que rodea a esta canción es algo distinto... casi hipócrita
― ¿A si? ¿Y cómo es eso? ―pregunto intrigado
― Pues a pesar de ser un Aria muy hermosa y con una letra y melodía muy triste, está ambientada en una situación... ¿Como podría llamarla? tragicómica, bueno, después de todo, es una Comedia... ―Erik eleva una ceja― es interpretada por el personaje de "Lauretta" quien al ver que las tensiones entre su familia y sus futuros suegros llegan a un punto de no retorno, comienza a cantar o más bien rogar y hasta cierto punto, manipular a su padre para que acepte a Rinuccio como su amado y el plan de la familia de éste para engañar al notario y reescribir un testamento que los beneficie a todos después de la muerte del patriarca Donati...
Erik eleva ambas cejas― ¿O sea que quiere sacar provecho? ¿No lo ama?
― Si lo ama, y está dispuesta a todo, incluso a algo moralmente incorrecto para estar con él, y Rinuccio también, él es quien encuentra el testamento y expresa que no lo entregará a la familia, hasta que juren que si este los beneficia, lo dejaran casar con Lauretta, sino, hará desaparecer el testamento para siempre...
― Vaya... entonces ¿Si logran casarse con ayuda del testamento? ―consulta Erik
― Si y… no ―Erik lo mira confundido y Charles suelta una risa corta― el padre de Lauretta, un hombre muy astuto, se hace pasar por el muerto y ante el notario cambia el testamento, dejando sin los mejores bienes a la familia interesada, luego de que cada uno de ellos trata de sobornarlo para obtener la mejor parte y se lo deja para él y en este caso, también para Lauretta y así... ―Erik comprende el giro de trama
― Lauretta tiene una dote y ya puede casarse con Rinuccio... ―sonriendo orgulloso
― Exacto
― Brillante... ―responde feliz― y muy astuto, además que termina engañando a la familia embustera... y permite que los enamorados puedan estar juntos ―tomando un gran sorbo de té― bueno, independiente del contexto, es una hermosa declaración de amor...
― Lo es, como te dije, siempre me emociona... incluso a veces hasta las lágrimas
Erik lo miro curioso― ¿Te emocionas con una declaración de ese calibre, y no crees en el amor? ― pregunta mofándose ― quien te entiende...
Charles ríe por la nariz ― pero es que eso es fantasía, dudo que alguien pueda amar de esa manera... al extremo de pensar tirarse de un puente ― argumenta
― Las cosas más hermosas y terribles en el mundo se han hecho en el nombre del amor, así que si, lo creo capaz... ― moviendo su pieza
Charles niega, en verdad es un romántico empedernido ― Another one bites the dust... ― moviendo
― ¿También te gusta Queen? ― pregunta Erik
― Claro, su vocalista esta otro nivel... ― Erik mueve ― ese hombre estará entre los grandes, créeme...
― Si tú lo dices ― otra canción empieza ― oh... por Dios ― cerrando los ojos ― esta es mi favorita ― lo mira ― ¿Conoces La Boheme?
― La conozco, pero no a detalle... y mucho menos he tenido el placer de verla en vivo ― moviendo su pieza
― Pues esta es la mejor de Puccini, sin desmerecer a las demás... ― Charles levanta una ceja ― se llama Che gelida manina ― mueve rápido ― esta es la mejor versión, porque está cantada por Pavarotti ― sonriéndole ― lo vi en vivo hace algunos años, en Salzburgo...
― ¿Has visto cantar a Pavarotti en vivo? ― pregunta emocionado Charles ― ¡No sabes cuanto te envidio! ―expresó de manera ahogada
― Esta a otro nivel, créeme... ― muy contento― no es solo como canta, sino también como interpreta...
La melodía avanza lentamente y Erik parecía entrar en cierto trance, como si estuviera viajando a otra constelación, entre estrellas y galaxias, por lo que Charles solo lo miro, lo observo con detenimiento y procuro guardar cada detalle en su memoria, porque era una imagen más que atrapante y atrayente. El fuego comenzaba menguar poco a poco, lo que llamó la atención de Charles, claramente el tiempo avanza rápido, para algunas cosas, porque para otras, como su ropa, era evidente que tardaría varias horas más; y resintió aún más las menguantes llamas, cuando la temperatura en el lugar comenzó a bajar y aun con todo lo realizado para mantenerlo temperado, el frío volvió a Charles y así, tratando de no enfriarse nuevamente, junto sus manos, las acerco su boca y soplo, lo había visto en las películas, tenía que funcionar.
Pero algo que no esperaba, sucedió; Erik tomó las manos de Charles y comenzó a frotarlas, solo provocando que el temblor volviera, aunque no sabía si era por el frío o… por lo que estaba pasando.
― Qué manos tan frías... ― comentó con calma
― Si, es que creo... que aún no entró en calor ―respondió con timidez
― No, o sea... tus manos si están frías, pero la verdad, estoy traduciendo la canción ― Charles se sorprende ― tú te sabes algunas, bueno esta es mi favorita y por supuesto que me sé su traducción ¿Quieres oírla? ― Charles asiente nervioso, no la necesitaba, podía traducirla el mismo, pero oír a Erik hacerlo, o más bien cantársela, mientras aun no soltaba sus manos, era una imagen que si quería guardar en su memoria― Que manos tan frías, déjeme que se las entibie... ¡Buscar! ¿Qué importa? En la oscuridad nada se encuentra ― lo mira fijamente ― aunque, por fortuna... es una noche de luna
Charles no puede evitar mirar por la ventana, entre medio de las cortinas, la luna se ve a lo lejos, y tal vez, llevado por lo que provoca esta Ópera en Erik, su tacto en las manos de Charles solo aumenta y se convierte, casi, en una caricia ¿Estaré soñando? Se preguntaba con urgencia el Xavier.
― Y, aquí, la luna la tenemos cerca... ― continua Erik mientras cierra los ojos ― espere, señorita, le diré en dos palabras... ¡Quién soy! Qué hago, Cómo vivo ― sigue acariciando las manos de Charles ― ¿Quiere? ― vuelve a abrir los ojos, preguntando con ellos a Charles, si quiere oír el resto, el joven está tan maravillado, que solo acepta con un leve gesto y una sonrisa tímida― ¿Quién soy? Soy un poeta ¿A que me dedico? Escribo y ¿Como vivo? ¡Vivo! Y aun en mi pobreza, despilfarro como un gran señor, rimas e himnos de amor... en sueños y quimeras y en castillos en el aire ― sus ojos siguen cerrados ― ¡Tengo el alma millonaria! ― aprieta levemente las manos de Charles, el cual solo observa en silencio al Profesor, que al parecer esta un trance. El Xavier está fascinado, estaba quedando prendado de una nueva faceta de Erik ― y ahora, del cofre de mis tesoros, me roban todas las joyas... ―abre los ojos con delicadeza― dos ladrones: esos hermosos ojos suyos... ― mirando fijamente a Charles, que tiembla como jamás lo ha hecho― que han entrado con usted y, mis sueños de siempre, mis bellos sueños veo evaporarse ―sus manos continúan aferradas a las de Charles―, pero no me importa que me los roben ahora, pues han hecho renacer en mi... ¡Una dulce esperanza! ―Erik le sonríe a Charles, y este solo puede contener la siguiente exhalación, completamente absorto en lo que estaba pasando― ahora que me conoce, hable usted por favor... vamos, hable ¿Quién es? ¿Le apetece decírmelo? ―la canción termina.
Ya no hay duda, no es un intento de entibiar sus manos o de hacer entrar en calor a su cuerpo, no, las caricias han comenzado y esta vez son recíprocas, ambos acarician las manos del otro, anhelando tocar y descubrir, mucho más. Al parecer la Profesora Frost sí tuvo razón: no sabía lo que le esperaba.
Chapter 10: 9
Notes:
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Chapter Text
Luces.
¿Qué pensar? ¿Qué decir? ¿Cómo actuar? Cuando lo único que se siente es el palpitar de un corazón acelerado, que ni siquiera sabe el porqué de su desesperación. Aun en cuerpos completamente diferentes y separados, los mismos sentimientos y pensamientos fluyen en ellos, confusión, miedo, anhelo, sorpresa, y cierta felicidad, extraña pero sumamente placentera.
Erik, por alguna razón ya lo había notado, no estaba tratando de entibiar las manos de Charles, las estaba acariciando, casi recorriendo cada espacio de estas ¿Por qué? La textura suave y casi aterciopelada de su piel, de cierta forma, lo instaban a no detenerse, era como recorrer un lugar pequeño, pero tan preciado, y por un segundo, quiso más, deseo más, pero lo negó al instante y su sentido común grito cortar distancia, como lo hizo hace algunos minutos, mientras compartían ese abrazo tan único y especial, pero nuevamente, no escuchaba razones o lógicas, sus manos se rehusaban a separarse de las de Charles.
Charles por su parte alucinaba en un paraje muy lejano, jamás había sentido esta cercanía con nadie, ni con sus padres, ni con Hank o Logan, ni siquiera con Raven ― Erik... ― dijo en un susurro ― yo... quiero ― mirando como las manos de ambos se fundían ― me gustaría... ― la elocuencia volvía a abandonarlo ― solo... si tu ― sus ojos se suben con timidez, para encontrarse con los de Erik, quien lo miraba, nuevamente, con tanta profundidad, que un escalofrío lo recorrió ― hay... algo ― pero todas sus ideas fueron interrumpidas por un ruido exterior. El teléfono sonaba con mucha fuerza.
El ruido los devolvió a la realidad, a ambos, causándoles sorpresa y un pequeño salto en su lugar. Erik corto veloz la conexión maravillosa entre sus manos y se aproximó, casi corriendo al teléfono, es como si quisiera volver a sentirse lógico y centrado. Charles volvió con lentitud sus manos hacia él, ocultándolas entre sus piernas y miró al Profesor contestar el teléfono.
― Diga ― su voz sonaba casi acelerada, tratando de volver a la normalidad. Alguien respondió del otro lado ― no, no se encuentra aquí ― miró a Charles con certeza ― la verdad, no la he visto en dos días...
Charles hizo la conexión al instante, estaban hablando de Emma, solo ella venía a ver al Profesor y el mismo había mencionado hace algunos minutos, que no la veía hace un par de días. El joven se puso de pie y le bajó el volumen al tocadiscos, no quería que este molestara la conversación de Erik.
― Si, entiendo que estés preocupado, pero ― la otra persona lo interrumpe ― mira, ella tiene sus motivos más que suficientes, esta dolida y siendo honestos, no es la primera vez que la lastimas ― su voz se vuelve severa ― lo siento, no puedo ayudarte y aun si estuviera aquí, no te dejaría verla, no lo tomes a mal, pero mi lealtad está con ella, no contigo, Sebastián... ― miró a Charles buscando a aprobación, el joven asintió, pues estaba de acuerdo con la decisión de Erik ― está bien, solo cálmate... y trata de no beber más, no te hace para nada bien ― suspira ― si ella me llama, le diré que la estabas buscando ― hablan desde la otra línea ― sí, de acuerdo... trata descansar y no bebas más, nos vemos ― corta y exhala con lentitud ― era Shaw... ― volviendo hacia Charles
― ¿Estaba muy mal? ― viendo como el Profesor volvía a sentarse frente a él
― Estaba claramente ebrio ― cruzando las piernas ― así que no estaba pensando con claridad, la verdad, no tengo idea hasta donde llegarán esos dos... llevan años en este ir y venir ― mirando el tablero ― y como siempre, Emma es la que sale más lastimada
Charles resintió el dolor de la Profesora, era una mujer tan hermosa y sumamente agradable, que le dolía que estuviera sufriendo así, y por casi dos años ― ¿No deberías... llamarla? Para saber cómo está...
― No ― responde seguro ― aun no conoces a Emma como yo la conozco, si la llamamos ahora, lo más seguro, es que no conteste, suele aislarse en sí misma y cuando necesita de alguien, te llama... así es ella
Charles resintió ese comentario, porque ella misma le había dado el consejo de no aislarse más, de buscar abrirse para conocer y vivir nuevas experiencias y personas. Es cierto lo que dicen: el que no oye consejos, no llega a viejo. Y como no era a él esta vez a quien aplicaba la situación, se sintió en la libertad de expresar su propia opinión con carga personal― eso es malo ― con la mirada baja ― guardarse lo que te pone triste, termina enfermándote... y estar solo, no ayuda ―exhala― créeme, lo sé por experiencia
Erik hizo una mueca de resignación― te entiendo, pero cada uno reacciona a los problemas de distinta forma, y a veces creemos o pensamos que es mejor estar solo, así evitas que te lastimen ― agrega casi sin percatarse ― en fin, tú mismo me dijiste que conversaste hoy con ella, en cosas del amor, no hay nada escrito y es un precio muy alto el que pagamos buscando ser felices al lado del ser que amamos, o creemos amar...
― ¿Por qué la gente está dispuesta a sufrir por amor, cuando puede durar tan poco y dejarte prácticamente muerto? ― preguntó con total sinceridad el joven
Erik sonrió con desgana ― solo alguien que nunca se ha enamorado, puede hacer una pregunta así... y la verdad, podría darte muchas respuestas, porque estamos pre condicionados culturalmente, porque psicológicamente necesitamos conectarnos con alguien o por el simple hecho de propagar la especie humana y aun así ― mirándolo ― te diría que son respuesta demasiado intelectuales para mí ― riendo por lo bajo ― la verdad, es que el fondo, todos nos compramos los que nos venden como amor romántico, en las películas, en las canciones... en los libros ― mirándolo con culpa, a lo que el joven le responde con una sonrisa ingenua ― porque muy en nuestro ser, todos queremos enamorarnos ¿Por qué? Porque esa simple experiencia nos hace sentir completamente vivos, cada sensación se incrementa, cada emoción sobrevuela y podemos llegar incluso a tocar el cielo ― con tranquilidad ― y puede durar incluso, un día, una tarde... un simple momento, pero eso no disminuye su valor, porque atesoramos esos momentos como recuerdos valiosos para toda la vida ― hace una pausa para pensar ― entonces ¿Por qué decidimos amar, aun con todos sus riesgos? ― Charles lo mira completamente atento ― la respuesta es porque mientras dura, se siente jodidamente bien... esa es la respuesta correcta ― riéndose con más entusiasmo ― sin lógicas ni razones, solo amor...
El Xavier estaba mudo, completa y absolutamente mudo, por primera vez en su vida se había quedado sin argumentos, Erik lo miraba con tanta seguridad y calma, que le era imposible refutar, imposible discernir, él que siempre tenía respuesta para todo, jamás se quedaba callado, y no porque le gustara lucirse frente a los demás, sino porque la gente, al dar sus opiniones o hechos, casi siempre solía estar equivocada.
― ¿Qué paso? ¿Te quedaste sin respuestas? ― pregunto triunfante
― Para... nada ― con velocidad ― solo me pillaste volando bajo ― mueve su pieza ― te toca ― mirándolo
Vuelve a sonreír ― hasta para cuando no tienes respuesta, contestas algo ― riendo
― Es un don ― tomando un poco de té ― aunque si tengo algo que señalar, todo ese discurso... suena a que viene de la experiencia ― hace una pausa para ordenar ideas ― de alguien que ha vivido le mejor y peor del amor... su auge y caída ― Erik sostiene la mirada ― su dulzura y el desamor que lo acompaña, como siempre... y eso lo sé, aun cuando jamás he amado, porque siempre termina así.
Erik baja la cabeza apenado, el joven ha tocado una fibra algo delicada, porque la herida aún está abierta y no ha subsanado por completo ― nada se te escapa ¿Verdad? ― Charles lo mira con cierta compasión, se da cuenta del impacto de sus palabras en el Profesor, y muy en el fondo, se arrepiente de mencionarlas, porque sabe que lo afectaron ― cuando se empieza, jamás se piensa que terminara... solo se vive el presente y ya
Charles dudo unos segundos, pero finalmente decide preguntar con total honestidad― ¿La amaste? ―Erik evade su mirada
― La verdad, ahora que lo pienso con cierta frialdad y a corazón abierto... ― suspira ― creo que jamás la ame, ame la idea de estar con alguien como ella y ame el no estar solo... me enamore del amor, pero no de ella ― sonríe ― no sé si se entiende...
― Si, claro que si... pasa más seguido de lo que se cree― con neutralidad ― ¿Y te arrepientes?
― Para nada ― muy seguro ― mientras duro, fue maravilloso... independiente de como termino ―haciendo una mueca algo disgustado, porque en verdad habia terminado muy mal, pero como siempre, prefiere obviar ese recuerdo, enterrarlo como ya venía haciendo hace un año y enfocarse en volver a mover otra pieza ― te toca y no creas que metiéndome conversación, me distraerás y podrás ganar
― Jamás haría eso ― moviendo
― Si, claro... ― vuelve a mover ― esa fue la técnica que usaste el otro día
― Jamás haría trampa, va en contra de mis principios ― muy confiado
― Cierto, cierto... junto con los de no robar libros y de no ser ingles en lo absoluto ― sonriendo con complicidad ― y el de no enamorarse
― No es eso, pero de que sirve explicar mis motivos a un romántico empedernido ― moviendo ― es como hablar con la pared
― Entonces... ilustrarme ― cruzándose de brazos ― ¿Qué es para ti el amor?
― ¿Y porque tanto interés en mi opinión sobre esto? ― extrañado ― ¿Qué ganas con saber eso?
― Conocerte más ― responde seguro ― ¿No se suponía que ese era el motivo de jugar ajedrez?
― Ayer si ― argumenta ― no sabía que seguíamos con las mismas reglas de ayer...
― Pues todo parece indicar que si ― insiste ― así que... adelante, déjame ahora a mi sin argumentos
Charles suspira, acepta las condiciones, pero de cierta forma, le parece tan extraño que el Profesor insista, nadie jamás indaga tanto por conocerlo, y eso facilita las cosas, no tiene que hablar mucho, nunca ha sido bueno para conversar sobre lo que él piensa o siente, y la respuesta es muy simple, es porque jamás nadie le pregunta sobre él, ni siquiera sus padres, o al menos, no de la forma que él espera... quizás, solo Raven.
― No me malinterpretes, no es que odie o piense mal del amor... quizás incluso ― sonríe ― creo más en el que tú
― ¿A si? ― levantando una ceja ― ¿Y cómo es eso? Creer en el amor, sin aceptarlo...
― No es que no lo acepte, es que para mí... tiene otra perspectiva, otra mirada ― exhala ― no sé muy bien cómo explicarlo, pero la imagen o idea que todos tienen o definen como amor, yo no la creo, más lo veo como una competencia de gritarse en la cara quien quiere más al otro, quien necesita más al otro... quien depende más del otro, como le dije hoy a la Profesora Frost, amar por decreto ― suspira ― siento que muy en el fondo, el amor es más una expresión de la voluntad del corazón... o de la mente ― ríe ― tampoco soy de esos que dicen que el amor no existe, que es una construcción de la sociedad o que es una mera atracción sexual o una reacción química, no puedo decir eso... porque he visto y observado a personas que aman o que se aman con total honestidad ― mueve su pieza ― lo que yo creo o más bien, mi mente ingenua anhela, es el amor más allá de lo físico, más allá de lo romántico, más allá de lo que dicta la ley humana o divina... una simple unión de almas ― concluye ― eso es para mí el amor, o lo que espero de él y si es que a eso se le puede llamar simple...
Esta vez era Erik el que se quedó sin palabras, cada momento que pasaba, comprendía porque le fascinaba aún más el hablar con el joven Charles Xavier, había algo en él, en la forma en que se expresa, en la forma en que defiende sus ideas, en la forma en que siempre consigue una respuesta, en la forma en cómo se sienta, como come, como huele... en la forma en como lo mira a través de esos zafiros azulados, que lo deslumbra hasta el punto de dejarlo sin palabras y sin aliento.
― Vaya... que entiendo tu punto ― moviendo ― más de lo que crees, eso a lo que tu anhelas es de hecho un género literario muy antiguo... ― sonriéndole Erik
― Si, es el amor cortesano... ― sonriéndole orgulloso ― así que también sabes de géneros literarios ― acomodándose en su lugar ― eres todo un escritor
― Y tú, todo un lector ― agrega moviendo su pieza ― ese género es del siglo XII y no tenía nada que ver con sexo o incluso matrimonio, sino más bien era una relación apasionada entre un caballero y una dama de la corte que desafortunadamente estaba casada y ambos vivían su amor a través de meras cartas...
― Jamás pudiendo consumar su amor ― agrega Charles a su comentario ― tratando de lograr algo más divino...
― Una unión de almas ― contesta Erik comprendiendo el punto de Charles
― Precisamente ― muy satisfecho
― Es una idea muy bella del amor, aunque claramente utópica... ― riendo por la nariz
― Quizás soy muy exigente ― sonriendo con desgana ― lo que prueba que el amor actual, no es para mí...
― Entiendo tu punto, y es comprensible, aunque creo que está amparado un poco en un miedo a no sufrir y jamás ser aceptado por quién eres ―Charles lo miro con falsa indignación― solo talvez... ―riendo por lo bajo― pero al menos apruebas tu punto a favor del amor... y todas sus caras y formas ―comento con cierta curiosidad. Quería tocar ese tema, aunque no sabía muy bien porque. Mueve su pieza.
Charles traga algo nervioso― ¿Te refieres... a ese otro tipo de amor? ― algo incomodo
― ¿Existe otro? ― con total tranquilidad
― No, claro que no... pero me refiero ― dubitativo ― eso es otra cosa, o más bien otra punto de vista... ― exhala con lentitud― mis padres siempre me dijeron que el amor era solo entre un hombre y una mujer
― La verdad ― mueve y sube la mirada hacia él ― hace algunos años, te hubiera dicho que pensaba igual que ellos, pero conocer a Emma abrió mucho mi mente... ― sonriendo ― ella es una fiel defensora de las diversas formas de amor
― Si, me dijo algo parecido a mi esta mañana, pero... ― la incomodidad está latente ― son formas de amar que aún no logro comprender
― Puede ser, no es fácil ir en contra de lo establecido, pero ellos ya están aquí, aun cuando el mundo trate de esconderlos e incluso eliminarlos, por tanto no podemos seguir negándolos y mucho menos perseguirlos por una forma distinta de amar... ―sonríe ampliamente y Charles tiembla― amor es amor, aun cuando algunos les cause malestar... debemos aunque sea tratar de escucharlos y buscar la aceptación... después de todo, no le están haciendo mal a nadie ―Charles movía los ojos inquieto y su cuerpo se tensaba con temblores entremedio― ¿Pasa algo?
― No... lo sé ― muy incómodo ― hay algo, algo que me está haciendo ruido desde hace días... entre las conversaciones que he tenido con Scott, con la Profesora Emma y ahora contigo... que me trae recuerdos de un momento que debió haber sido clave para mí, para comprender estos diversos tipos de amor, pero que me negué a aceptar y creo que aún lo hago... ―exhala incomodo. Erik nota su actitud, pero busca mantenerse natural para no alterarlo.
― ¿De qué hablas? ― mascando un croissant
― Paso hace dos años, cuando decidí no apoyar a un amigo... un amigo que vivía este tipo de amor ― menciona nervioso entre susurros― no sé porque me cuesta tanto hablar de esto ― ríe entre dientes ― quizás son los prejuicios o que muy en el fondo, aun no logro aceptar que alguien como él... fuera así ―no podía encontrar las palabras correctas, su mente estaba muy atribulada
― No comprendo ¿Tuviste un amigo que vivía su vida de forma diferente? ―sin saber tampoco como encontrar las palabras― ¿Ya no son amigos? ―con cierto temor al preguntar eso
― Si... y no... se ― suspira pausadamente ― y ahora que lo vuelvo a pensar, sigo pensando que no fui lo suficientemente valiente para apoyarlo o simplemente escucharlo, considerando además... que es el único amigo que realmente tuve, aparte de Hank... ― sonríe con nostalgia ― quizás mi mejor amigo
― ¿Le paso algo? ― con cierta preocupación ― puedes decirme, solo si quieres, está bien... ― con suma confianza
Charles suspiro con nerviosismo, no comprende muy bien porque le cuesta tanto hablar de esto, es como si estuviera hablando de algo malo, algo ilegal o que no está bien visto, porque después de todo, esto es más que tabú en todo el mundo, y dudaba seriamente que esos tipos de amor fueran aceptados algún día.
― Su nombre es James, James Howlett… aunque todos lo conocíamos como Logan, comenzó a usar ese nombre cuando huyo de su casa, a los 14 años... ― con tristeza en su voz ― lo conocí en mi adolescencia, en ese entonces... yo bordeaba los 15 años y el los 25 ― suspira ― se veía normal, hombre normal, casi pasaba por el estereotipo de hombre ideal... ― mira a Erik de reojo ― cuando lo conocí, trabajaba de mecánico en una Concesionaria, reparo varios autos de mi padre y como yo solía acompañarlo, me cruce con él ― sonríe ― sin pensar jamás que terminaríamos siendo tan cercanos, muchas veces me pasaba a su lugar de trabajo después de clases, me encantaba pasar tiempo con él y durante ese tiempo, me enseño de autos, de motores, de todas esas cosas típicas de hombre fuerte ― riendo entre dientes ― me trataba como si fuera su hermano pequeño, y pasando los años... nos hicimos inesperables ― sube la mirada con nostalgia ― me llego a conocer, como quizás... nunca nadie lo vuelva a hacer, y aun así, había tantas cosas que yo desconocía de él... siempre termino haciéndome cercano a la gente mayor que yo, nunca me ha sido fácil hablar con personas de mi edad, no me comprenden en realidad y la verdad, tampoco les interesa ― suspira ― pero al igual que con los demás, al final la diferencia de edad pesa y aunque yo los veía a todos ellos, a Logan, a Hank... a Raven, como mis grandes confidentes, ellos no podían serlo conmigo, porque yo era muy pequeño para comprender... quizás tenían razón ― se da cuenta que se está desviando del tema ― en fin, poco a poco empecé a notar cambios en él, estaba distraído, irritado, apenas tenía tiempo, hasta que un día lo conocí... la razón de sus cambios ― su mirada se clava en el fuego ― Peter... un joven de mí misma edad ― exhala con fuerza ― los descubrí besándose en los camerinos de su trabajo
Erik no pudo evitar abrir la boca ante la sorpresa, Charles lo contaba casi como un trauma y no era para menos, ver a dos personas del mismo sexo... besándose, debía ser todo un espectáculo, la imagen mental vino por unos segundos a su mente, y sintió escalofríos, aunque no supo muy bien porque; en el fondo no quería ser o verse como alguien no empático ante situaciones como estas, pero es que no sabía cómo comportarse ante eso, o que decir, o como no hacer sentir a los demás como si fuera un monstruo o a ellos como unos enfermos, porque claramente no lo eran,
― ¿Y… que paso? ― preguntó intrigado
― Logan entro en pánico, trato de explicármelo... pero no supe cómo reaccionar, solo corrí muy lejos ―apenado exhala con mucha lentitud― es que... no se supone que eso sea normal ¿O no? ― mirándolo con urgencia. Estaba muy confundido
― No sé qué decirte... Charles
― Si, lo sé... no es fácil de asimilar ― suspira ― aun no logro hacerlo del todo hasta hoy en día, solo tengo culpa y remordimiento... aunque no tan grandes como las que sentía esos días, además de la clara confusión... ―inhala para darse fuerzas― nos dejamos de hablar por varias semanas, o más bien, yo lo evitaba ― ríe con culpa ― tenía miedo que se me acercara, que lo que le pasaba a él, terminara pasándome a mí... no sé, era tan extraño, la gente dice tantas cosas y todas aterran de igual forma ― jugando con la torre en sus manos ― hasta que nos cruzamos, sin querer, quizás era el destino... y me explico, o al menos trato ― con incomodidad en su voz ― que lo amaba, como quizás nunca había amado a nadie... que lucho, trato de ir en contra de lo que sentía por ese joven, pero que fue imposible, era más grande que él y que no le importaba en absoluto lo que dijera el resto, él quería estar con Peter, pero que necesitaba que yo lo escuchara, que yo lo entendiera... que yo era la única persona que él necesitaba que lo apoyara, porque me consideraba su familia y quería escuchar de mí, que estaba feliz por él, pero... nada salió ― su cabeza se hunde en su pecho ― no lo negué, pero tampoco le dije nada... solo hui como un cobarde, otra vez, y lo deje hablando solo ― su voz se quiebra ― y hasta el día de hoy me arrepiento de eso, porque a la semana siguiente supe que lo despidieron y Logan desapareció... hasta el día de hoy.
Erik se quedó algunos segundos en silencio, tratando de discernir que decir ― ¿Se fue? ¿A dónde? ― muy confundido
― No lo sé, y creo que nunca lo sabre... eso fue hace dos años ― trata de dar firmeza a su voz
― ¿Y qué hay del joven? ¿Qué paso con él? ¿Se fueron juntos?
― Legalmente, él podía hacer lo que quisiera, ambos eran mayores de edad... pero jamás supe nada mas de él, solo lo vi una vez, a las afueras de la Concesionaria, preguntando por Logan, ya habían pasado casi dos semanas desde que se había ido ― hace una pausa ― sus ojos estaban rojos e hinchados y tenía algunos golpes... en los brazos y en la cara ― su voz vuelve a quebrarse ― me pregunto por Logan, si yo sabía algo de él, si se había comunicado conmigo, pero no supe que decirle... ― la primera lagrima se asoma por su ojo izquierdo ― se veía tan frágil, tan indefenso... tan solo, pero el miedo en ese momento fue más grande que yo y no pude decirle nada, aunque sea una palabra de aliento o consuelo y nunca más he vuelto a verlo ― suspira ― los empleados del lugar me decían que venía todos los días a preguntar por Logan, y se mantuvo así, por casi un mes... ― seca el vestigio de lagrima, antes que caiga ― y en estos últimos días, no he podido sacarme ese recuerdo de la cabeza, de él mirándome a los ojos, suplicándome que lo apoyara y lo entendiera... y no hice nada, solo... ― se detiene, porque su voz no lo acompaña ― ¿Soy... un mal amigo? ― sus ojos brillan en lágrimas ― ¿Hice mal? ¿Me estará odiando? ― las lágrimas se escapan, aun cuando trata de controlarlas ― perdón, debe ser la fiebre... ― riendo incomodo mientras seca sus lagrimas
― No pidas perdón, o jamás dejare de pensar que eres inglés ― riendo con sinceridad ― tu no hiciste nada de malo, no era algo fácil de entender y creo que jamás lo será ― hace una pausa ― admiro que no lo juzgaras o lo hicieras sentir menos, no era una situación idónea... para nadie, actuaste con las herramientas que tenías en el momento ― con tranquilidad ― para él, para el joven o para ti... tu reacción fue lo más natural posible
― Pero... se supone que los amigos se apoyan, en las buenas y en las malas ― clava su mentón en su pecho ― el muchas veces me protegió de mis padres, cada vez que estos me obligaban a hacer algo que no me gustaba o cuando defendía mis ideales, él siempre estaba de mi lado y cuando más me necesito... lo deje solo ― su voz se quiebra por completo ― por eso, nadie quiere ser mi amigo ― ríe entre llantos― perdón, no quiero llorar, pero...
― No, no digas eso y no pidas perdón por llorar, no tiene nada de malo mostrar lo que sientes, y menos conmigo, yo jamás te juzgare ― dice con dulzura Erik ― no fuiste un mal amigo, solo te equivocaste... cometiste un error, eres humano después de todo, aunque no lo creas ―eso dibuja una sonrisa en Charles― y respecto a lo otro, eso es una gran mentira ― se acerca a él ― a mí me gusta ser tu amigo, te considero mi amigo ¿Tu no?
Charles abre sus ojos algo enrojecidos, no esperaba esas palabras, son como un bálsamo para toda la culpa que lo consume ― ¿Somos amigos?
― Claro, y déjame decirte que eres más afortunado que yo, tuviste a Logan, tienes a Hank, a este chico Scott... y ahora a mi ― sonriéndole ― yo solo tengo a Emma...
― Y a mí... ― secando sus lagrimas
― Cierto, también te tengo ahora a ti y es de las mejores cosas que me han pasado ― se acerca a él ― así que no pienses jamás que eres una mala persona o un mal amigo, porque para mí... eres de las mejores personas que han conocido en mi vida, y eso que nos conocemos hace tan poco ― ríe ― pero es como si te conociera de toda una vida
Charles ríe con ingenuidad ― creo... que me pasa lo mismo ― terminando de secar sus lagrimas
― Eso quería ver ― mirándolo con detención ― te vez mucho mejor cuando sonríes... ― Charles lo mira fijamente y mantienen la mirada por casi un minuto ― bueno... ¿A quién le toca? ― mirando el tablero
― Creo que a mi ― colocando la torre de nuevo en su lugar ― ya me acorde ― mueve ― listo, tu turno ― Erik lo imita y se hace un silencio, de esos que solo ellos lograban ― Erik...
― ¿Si?
― Gracias, por escuchar... ― con gran admiración en su rostro
Le sonríe como solo él sabe hacerlo, dedicándole esas sonrisas que solo le entrega a Charles ― gracias a ti...
― ¿Por qué? ― sorprendido
― Por abrirte así conmigo, por confiar en mi... por dejarme conocer cosas de ti, que muy pocos conocen ― hace una pausa ― me hace sentir importante ― Charles mueve
― Pues lo eres ― responde seguro ― jamás le había contado esto a nadie, ni siquiera a mis padres o a Raven, ella tenía sus propios problemas en ese entonces... y a mis padres ― sonríe mientras niega ― la verdad, jamás les simpatizo Logan, lo encontraban muy tosco y algo falta de respeto, lo cual en teoría no era mentira ― ríe ― pero me alegra habértelo contado, siento que me quita un peso de encima, es muy fácil hablar contigo, Erik
― Lo mismo digo, Charles ― moviendo ― y tu reacción me deja claro algo...
― ¿Que?
― Que no te produce asco o rechazo un amor de ese tipo, solo te apena el cómo reaccionaste, tu verdadero dolor es hacia tu amigo y tu devoción a él, no sus decisiones... en el fondo, quizás si crees que existen otros tipos de amor
― Creo... que si, aunque quizás no son otros tipos diferentes de amor, es amor y ya... ―respondió seguro, Erik le sonrió con orgullo― al menos me gusta pensar eso, sin embargo... ―haciendo una mueca― para personas como mi madre, eso es depravación o una mera confusión de la edad... ―exhala― pero lo que yo vi ese día, no era eso... solo eran dos personas, amándose... sin tapujos ni miedos, quizás un poco pasionales también ― mostrando una leve sonrisa y un sonrojo vergonzoso ― aunque sea difícil de entender
― Mientras sea real, lo demás no importa... ― hace una pausa ― el amor es transversal a todo, incluso a la muerte, sino... no seguiríamos amando a aquellos que han fallecido ― Charles asiente ― y si Logan se fue, es porque él así lo quiso... ― suspira ― tal vez, fue un acto desesperado por tratar de olvidar ese joven, pero eso casi siempre, es imposible... cuando se ama de verdad, ni el olvido sirve ― sube la mirada con nostalgia
Esas conversaciones tan profundas y sinceras eran las que alegraban y calmaban todo dentro de Charles, es como si por primera vez en su vida, hubiera logrado conectarse de manera genuina con alguien, sin miedo ni trabas, solo dos personas, diferentes, mirándose cara a cara sin prejuicios. El sonido del disco terminando, corto su concentración.
― Pondré el lado B ― parándose para reproducir el vinilo ― si es que no te molesta seguir escuchando opera ― sonriendo
― Para nada ― respondió ― y por cierto... ¿Cómo te has sentido? ― riendo entre dientes ― con todo lo que ha pasado y no te he preguntado lo más importante
― La verdad, mucho mejor... más calmado, más en paz ― responde con neutralidad
― Erik... ¿Puedo saber la causa de la licencia? La verdadera ― indagando con la mirada ― es para no preocuparme, por favor...
Exhala con mucha fuerza, era difícil decirlo, pero algo le decía dentro de él que era necesario, más con toda la sinceridad que le había hablado Charles ― no puedo mentirte, no después de todo lo que me dijiste, Charles... ― su mirada se clava en la chimenea ― la verdadera razón de mi licencia no es por cansancio, el día antes de que me la dieran... sufrí de una crisis de pánico tan fulminante, que termine inconsciente y hospitalizado por casi todo un día ― Charles subió ambas cejas sorprendido ― si no fuera porque Emma vino ese día a verme, no sé qué habría sido de mi... ― cruza las manos ― me llevaron a urgencias, me hospitalizaron y al día siguiente, me llevaron a un psiquiatra... ― suspira con lentitud ― al parecer, no controlo mis acciones mientras duermo, tengo pesadillas incontrolables y... ― sube sus mangas hasta el codo ― me hiero a mismo en las noches, sin siquiera darme cuenta ― mostrándole los brazos, mientras Charles tapa levemente su boca ― por eso... no puedo estar solo, al menos por este tiempo que dura el tratamiento...
Charles ordenaba sus ideas y preguntas, eran muchas pero no quería hacerlas todas a la vez, no quería sonar intransigente ― ¿Y… porque las pesadillas? ¿Es primera vez que te pasa? ― sus ojos irradiaban suma preocupación.
Erik baja la vista, mostrando cierto recelo y miedo, no es fácil hablar de tus más horribles pesadillas y recuerdos ― son... por mi madre, hace meses que no dejo de soñar con ella, y no... no es la primera vez que me pasa, pero llevaba años sin síntomas tan fuertes y hace un año... comenzaron a volver, pero de manera intermitente, hasta ese día, en que me atacaron de golpe, sin aviso ―suspira recordando todo lo malo de hace tantos años y también lo ocurrido hace solo uno, quizás si había una conexión, pero seguía aferrado a negarla― es como si tratara de decirme algo, comunicarse conmigo... pero no logro alcanzarla, no logro oírla, solo la veo alejarse más y más de mi... ― sus manos tiemblan ― y termino reviviendo el momento de como la perdí, una y otra vez... ― hace una pausa ― es gracioso, supongo que aun a mis 35 años, no dejo de extrañarla... ― su voz se quiebra y el silencio reina por largos segundos.
― ¿Cómo falleció? ― pregunta con calma
Erik sube las piernas y sin darse cuenta, mete su cabeza entre ellas, casi tomando una posición fetal, en el último tiempo, era la única forma de poder controlar las horribles pesadillas ― alguien... le disparo ― su voz pende en un hilo ― frente a mi...
Notes:
Hola! Una de los diálogos sobre el amor fue tomado de una de mis películas favoritas, se llama "El espejo tiene dos caras" de Barbra Streisand y cuenta la historia de una Profesora de Universidad y sus problemas con las relaciones. Quise ponerlo para rendirle tributo, porque creo que es de las mejores explicaciones que he visto sobre el amor y también porque creo que refleja perfectamente lo que el personaje de Erik quiere aclarar. Quizás en un futuro lo cambie, pero por ahora lo dejare.
Chapter 11: 10
Chapter Text
Noche
Charles permanecía impávido—yo era pequeño, pero aún lo recuerdo... a veces, cada noche —tose para recuperar el grosor de la voz—tenía 10 años cuando murió... o más bien, cuando la asesinaron frente a mi —suspira pausadamente — prefiero ahorrarme el contexto, porque no es muy lindo... — tratando de suplantar una mueca por una sonrisa y porque este era aún más oscuro del que como sonaba.
El Xavier trago en seco, no podía reaccionar, no sabía cómo, la vida no te prepara para escuchar algo así — y... ¿Qué paso después? — tratando de no sonar nervioso
Exhala con fuerza por la nariz — pues, aprende a vivir solo...
El joven dudo unos segundos en si debía realizar o no la siguiente pregunta que lo carcomía, pero la necesidad de saber fue mayor — ¿Acaso... has estado solo desde que tenías 10 años? —Erik avanzando con cierto desgana y Charles volvió a tragar — ¿Como? Me refiero... — tose incomodo — ¿Cómo sobreviviste todos esos años? Eras apenas... un niño
— No tuve opción, nací en 1945... — responde con firmeza, volviendo a obviar los detalles, nuevamente eran demasiados oscuros para Charles — estaba frente a un mundo que trataba de levantarse de una Segunda Guerra Mundial, tenía que hacerlo... o sino, terminaría muerto en la calle, y ten por seguro, que a nadie le importaría — Charles sintio un nudo en el estómago — terminar en algunos Orfanatos de mala muerte, algunos mejores que otros, pero todos dentro de la Alemania Occidental, ni loco me acercaba a la Alemania soviética... —eso aún le seguía doliendo, no había vuelto a Berlín desde que su madre murió y desde que la URSS se quedó con la parte oriental, una donde alguna vez estuvo lo que considera su hogar, separado ahora por un muro— así logre terminar la mayoría de la escuela o al menos lo más importante, mientras trabaja, sobre todo limpiando zapatos o con panaderos, recuerdo tener un muy buen amigo panadero antes de que me quitaran a... mi madre —comento con lentitud— él me enseño mucho y lo aplique en otros trabajos, luego... los números comenzaron a darse me muy bien, así que me dejaban a carga de la caja, del inventario, de las compras, de los costos. .. —con cierto orgullo— cuando cumplí 16, un buen hombre me dio suficiente dinero por todo el trabajo que le hice y me insto a irme con su hermano a Austria, trabajó en una gran empresa de madera en Salzburgo, donde me asenté por algún tiempo, incluso me compren mi primer automóvil —sonrió con nostalgia— un Morris Minor viejo y oxidado... pero era lo primero en mi vida que podía llamar mío —Charles le parecía con dulzura— de ahí, el hermano me ayudó a terminar la escuela oficialmente y me insto a seguir estudiando, a que podía lograr grandes cosas si no me quedaba estancado como un operario más... —exhala por la nariz— así postule a cuanto Instituto y Universidad que tuve conocimiento, esperando encontrar alguna posibilidad de financiación... hasta que, con ayuda extra del hermano, el Sr. Gilbert, logre conseguir media beca para la Universidad de Hamburgo y me fui... dejando Austria atrás —vuelve a exhalar— allá conseguí trabajo a media jornada, estudie sin descanso y busque siempre destacar, en el fondo quería probar que era digno de estar ahí... aunque a veces no tuviera ni siquiera para comer...
Charles suspiro con pesar, otra historia igual, como la de Hank, como la de Scott, siempre luchando para conseguir lo que por ley debería ser un derecho, negándose hasta lo básico, como la comida o el abrigo, olvidando hasta la dignidad para alcanzar. tus metas y poder superarte, el ser capaz de demostrar hasta donde se puede llegar y con los prejuicios a cuestas.
Erik cambio al semblante a uno más calmo y una tímida sonrisa comenzó a emerger— ahí fue donde conocí a Emma y bueno, todo cambio para siempre... ella se había ido a Alemania para estudiar, y aunque había sido escogida en otras Universidades, más caras y prestigiosas, Emma se vino a la más lejana que encontró, con tal estar alejada de su vida en Inglaterra... o más bien, de su madre, ya que jamás lograron tener una buena relación y en cuanto esta dio indicios de querer casarla o no dejarla estudiar, Emma salió prácticamente huyendo —hace una mueca de pesar— aunque eso le implicara estar alejada de su padre... él cual murió un año después —Charles ahogo una exhalación— y eso solo empeoro la relación su madre ... y un sigue así —exhalando— ella llego huyendo a la Universidad, y yo llegue buscando una mejor vida... — concluye orgulloso
Charles se quedó en completo silencio, procesando todo lo que escuchaba, porque en verdad había sido demasiada información— Y ¿Que... paso con...? Me refiero... —carraspea— ¿Qué hay de tu familia? —traga en seco— ¿Tienes más familia... por ahí? —sintiendo vergüenza al preguntarlo con tan poco tacto, es que no sabía cómo decirlo.
— No... lo sé — agrega dudoso — solo tenía a mi madre y mi padre... quiero creer que murió en la guerra, es más fácil de procesarlo así...
Charles comenzó a sentir un malestar horrible, una angustia que presionaba su estómago, aunque esta se ubicaba mucho más rabia, al centro del pecho, como si apretaran su torso con una gran prensa de metal. No demoro mucho en comprenderlo, porque aunque detestaba sentir lastima o pena por los demás, el sufrimiento por el que había pasado Erik, comenzaba a afectarlo de sobremanera. El Profesor no tardo en notarlo.
— ¿Pasa algo? — intrigado
— No, solo me sentí un poco mal... — baja la cabeza con duda, pero Erik no separa su mirada de él — lo que trato de decir es que... — suspira resignado — yo sufriendo estos dos últimos años por mis problemas familiares y los de Logan, y tu... haz pasado por todo eso — sus ojos se vuelven a humedecer, pero los seca con rapidez — en comparación, mis problemas no son tan graves...
— No hagas eso — dijo veloz interrumpiéndolo— no debes pensar jamás que un dolor propio vale menos que el de otros — le sonríe — para ti, te producen pena mis dolores... y para mí, son los tuyos, es lo mismo — viendo como Charles mueve su pieza — es porque nos preocupamos por el otro — Erik mueve
— ¿Lo haces? — algo intrigado y confundido. Erik se extrañó con su pregunta, en verdad a veces era algo ingenuo.
— Claro que si — respondiendo con obviedad — tu no vendrías a hacerme compañía sino te preocuparas por mi... — Charles le sonríe complacido
— Bueno... — soltando una leve risa — nos sabemos porque te preocupaste de un tonto bailando bajo la lluvia — un leve sonrojo aparece por ahí
— Una de las mejores escenas en la historia del cine, es la de un hombre bailando feliz bajo la lluvia — Charles avanzando ufano — y para mí no fue un tonto... — apoya su cabeza en su palma —ha sido de las mejores cosas que he visto bajo la lluvia — el sonrojo sube de intensidad en ambos— al parecer... — sonríe triunfante — es Jacke Mate — moviendo la última pieza — ¡Gane! — agrega más que feliz
Charles parpadea varias veces, para procesar lo que sucedió — no... — lo mira asombrado — ¡Tú me distrajiste! — Acusar tratando de ocultar la risa
- ¿What? — finciendo ofensa — ¿Insinúas que te conté mis penas y males, solo para distraerte y poder ganar? — Charles abre la boca ofendido — porque es cierto... — ahoga una risa
—¡Erik! — grita Charles mientras toma uno de los cojines del sofá y se lo lanza — ¡Tramposo! — Erik estalla en risas, se veía tan relajado y feliz, y aunque Charles finge estar ofendido, las risas fueron imposibles de controlar.
— Cada uno usa sus técnicas... — los relámpagos a la distancia cruzan como haz de luz por todo el salón, sacándolos de sus risas genuinas — parece que la lluvia no va a parar en toda la noche — comenta Erik — ¿Qué hora es? — mirando el reloj — ¡Son las 00:30! ¿Tan tarde es?
— ¡Las 00:30! — agrega sorprendido Charles — ya debería estar en casa, es muy tarde y no puedo... — comienza a pararse, pero la talla extra del pijama lo traiciona y el pantalón cae raudo al suelo.
Charles siente como cae y aunque lo ve en cámara lenta, no puede detenerlo, logrando reaccionar unos tardíos segundos después, solo para tapar su ropa interior; en verdad agradecía no haber sacado los bóxer, aun cuando estaban algo mojados, porque si no, otra escena se estaría viviendo. Sus mejillas ardían, de vergüenza y pudor, y el rojo adornado cada centímetro de su rostro.
Erik voltea la cabeza veloz hacia otro lado, sabía que esto avergonzaba al joven, aunque no podía ocultar la risa, era tan dulce y encantador, jamás dejaba de sorprenderle la inocencia que poseía Charles, y sus reacciones eran un deleite, que fascinaba a Erik. , por una extraña y embriagadora razón.
— Perdón... — subiéndose rápidamente los pantalones — en mi defensa, me quedan grandes... — esquivando la mirada de Erik que regresó a él
Erik vuelve a reír, esta vez de manera más risueña— siempre una respuesta para todo —razono su mente — creo... — comenzando a pararse y tomando la bandeja — que es hora de dormir — dejándola sobre la mesa — ven, te enseñare donde dormirás... — comenzando a caminar — por suerte este departamento viene con dos habitaciones
El joven se queda helado por algunos segundos — ¡¿Qué?! — con más potencia de la que quiso — ¡No! Me iré... no te preocupes, en serio... — nervioso — además, no puedo quedarme, no sería correcto y — Erik lo interrumpe con imposición.
— Charles, está lloviendo a cantaros — mirando por la ventana a lo lejos — prácticamente se está cayendo el cielo y toda tu ropa esta aun empapada — parado frente a él — no hay discusión, te quedan... mañana es sábado y no hay clases, así que no hay de que preocuparse
— No... — dijo en un susurro
— No te estoy preguntando — contesto con la mirada severa — obedece a Charles, por favor — aunque esta última indicación sonaba más como una orden, que como una súplica. Charles lo miro de reojo y solo ascendiendo, casi parecía un perrito recién regañado — excelente, sígueme — ambos avanzan por el pasillo y entraron a una habitación — disculpa si esta con un poco de olor a encierro, pero hace mucho que nadie duerme aquí — Charles lo sigue con la mirada mientras este se mueve por la habitación — ¿Estarás bien aquí?
— Si, puedo dormir donde sea — con tranquilidad — no me hago problemas por eso
Erik le sonríe con complicidad — tu ropa aún estaba mojada y dudo que se seque esta noche, solo déjala donde esta, mañana veremos que hacer o si la llevamos a una lavandería — acercándose al clóset — toma — pasándole unas toallas — por si mañana te quieres bañar temprano — ríe con culpa — no suelo despertar temprano los sábados, así que no te preocupes, descansa... y buenas noches — caminando hacia la puerta
— Buenas noches... Erik — dijo en voz baja, más para sí mismo, mientras lo veía desaparecer por la puerta
— Y por cierto — reaparece bajo el umbral — la pase genial hoy — sonriéndole con encanto — descansa... — cierra la puerta y se va a su habitación.
Charles permanece algunos minutos de pie, en completo silencio y abnegación, su cerebro trataba de procesar todo lo que paso, todo lo que estaba pasando y todo lo que podría suceder, era un completo misterio e incertidumbre, así que solo avanza unos metros a la cama y sin controlarlo mucho, se lanzó sobre esta. Se sintió como si estuviera en una gran novela literaria, cuando el protagonista se encuentra ante muchos caminos y no sabe cuál tomar.
Erik era una persona sumamente intrigante e inesperada, todo, absolutamente todo lo que hacía con él, resultaba un descubrimiento o una aventura, es como estar amarrado a una montaña rusa, que sube y baja, que da vueltas y giros, pero jamás se detiene. , y aun así, no te sientes mareado, por el contrario, te provoca adicción, y no puedes parar, quieres más, mucho más.
Su corazón latía a mil de velocidad ¿Porque? ¿Qué estaba pasando con él? ¿Por qué se siente así cuando está cerca de... Erik? Cada vez que le habla, cada vez que lo mira, cada vez que lo roza, por muy leve que sea, siente que llega al centro del Universo. Jamás se había sentido así, trataba de ordenar sus ideas, de volver a darle lógica a todo lo que estaba pasando y darle cabida a todas las cosas que estaba haciendo, que pensó que jamás haría, pero lo único que venía a su mente era cuando Raven andaba como loca por Hank, suspirando de aquí para allá, como si estuviera en otro mundo, en otra galaxia, en otro... Universo.
Se metió rápido en las tapas, quería sentirse cobijado y en calor, y cuando abrazo las mantas, se sintio impregnado con el olor de Erik, todo en este lugar y espacio tenía la marca de él, su cerebro ya había almacenado en los más profundos. su aroma, así que, llevado por los efectos aromáticos de la esencia de Erik, se durmió.
Erik por su parte, se volteaba en la cama de un lado para el otro, incapaz de dormirse porque simplemente no podía creer todo lo que había conversado con el joven Xavier, todo lo que le había contado y los cercanos que se estaban volviendo. En verdad Sharon y Emma tenían razón, era un joven sin igual, tan especial, tan amable, tan cercano, tan culto, tan caballero, tan... lindo. ¿Lindo? ¿Estaba correcto ese adjetivo? Su cerebro se detuvo por completo, había llegado muy lejos ¿Que estaba pasando? Y aunque su mente busca una respuesta veloz y certera, en el tacho de extraña y loca, rechazándola al instante.
— Me estoy volviendo loco... sí, definitivamente es eso — descansando su brazo izquierdo sobre su frente — quizás las pastillas o la falta de sueño — se arropo algo molesto y trastocado, y lucho consigo mismo para dormirse.
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— Erik... Erik... No te vayas, hay algo que quiero decirte... — Charles baja la cabeza apenado y sonrojado — tú... Me gustas...
Erik despertó sudado y agitado, las sábanas estaban empapadas, pero no sabía claramente con que ¿Por qué había soñado algo así? ¿Acaso estaba soñando con Charles? ¿Qué es lo que estaba soñando? Y por más que trataba de recordarlo, no podía, las imágenes se negaban a volver a su mente, al parecer es cierto lo que dicen, entre más tratas de recordar un sueño, más lo olvidas.
Se levantó tembloroso y abrió las cortinas casi en su totalidad, seguía lloviendo y al parecer con mucha más fuerza, hace mucho que no veía un Octubre tan lluvioso, se apoyó en el marco de la ventana y regulo su respiración, su mente era un popurrí. de ideas e imágenes, no podía soñar eso, no podía imaginar eso, no podía siquiera pensarlo, era erróneo, era malo, era equivocado en muchos aspectos, empezando, porque Charles era... un hombre. Igual que él.
Devolvió el paso hacia la cama y tomo la bata que descansaba a los pies de esta, el nerviosismo aún seguía siendo latente, pues logro después de muchos intentos el encajar el brazo izquierdo en la manga. Salió por el pasillo, el frío calaba a través de las plantas de los pies, no era el mejor momento para salir descalzo, pero le ayudaba a despertar; se posó frente a la chimenea y volvió a prenderla, aún quedaban algunas brasas de la noche anterior y suspiro al recordarla...
Charles empapado bajo su puerta, Charles usando su ropa, Charles con frío y fiebre, Charles entre sus brazos, Charles y sus gustos por la música y el arte, Charles y su pasado, Charles y sus manos, acariciando las suyas... Charles en ropa interior. Negó con fuerza, moviendo la cabeza de izquierda a derecha, intentando borrar el recuerdo.
Las llamas emergiendo le daban paz, así que observarlas por algunos minutos calmo su temple, volteo a la silla que sostenía la ropa de Charles y la toco, aún seguía algo húmedo, y no entendió muy bien porque, pero excluyente, como si implicara que si esta permanecía mojada, Charles aun... no podría irse.
El frío comenzaba a abandonar la sala, por lo que la calidez se percibía en el aire, era extraño, hace mucho que no sentía calidez en su departamento, no podía llamarlo hogar, no lo sentía así, pero esta extraña sensación lo hacía un poco. más placentero. Era como si la calidez hubiera llegado de la nada, de imprevisto y sin permiso, apostándose en su casa y en su alma.
Estaba dirigiéndose ahora hacia la cocina, quería encender la tetera y tener todo preparado por si Charles despertaba, pero la puerta de la habitación de este, completamente abierta, llamo su atención, así que devolvió el paso hacia ella. Asomo levemente la vista, encontrándose con un joven que dormía más que tranquilo en la cama, destapado hasta las rodillas y claramente en confianza. La imagen de Charles en ropa interior, la noche de ayer, regreso nuevamente a su mente.
—¡Por Dios, Erik! ¡Paraca! —grito su inconsciente.
¿Por qué volvió a él? ¿Por qué su cerebro le jugaba esas malas pasadas? Quiso cerrar para darle privacidad en sus sueños, pero su agudeza visual noto algo, Charles temblaba de frío, las mantas ya estaban a punto de caer al suelo y la ventana estaba un poco abierta. Entro con sigilo, procurando no hacer ruidos en el piso de madera y cerro la ventana con cautela; el joven había presentado fiebre durante la noche de ayer, no era bueno que se enfriara o que tuviera cambios bruscos de ambiente, por lo que cerro las cortinas y volvió la vista al joven, se veía tan tranquilo, tan en paz, Erik de cierta forma lo envidio, como extrañaba poder dormir de esa forma, hace meses que no podía hacerlo.
El sigilo retorno a sus pies, pero esta vez se acercó a la cama, recogió las mantas en el suelo y volvió a atacar a Charles, completamente indefenso, sin percatarse de nada de lo que pasaba a su alrededor, lo que demostraba que confiaba en Él ciegamente, eso produjo un ardor en el rostro de Erik. Se veía tan cómodo, tan frágil, tan... pero Erik tuvo miedo de terminar la oración, debía de dejar de pensar en esas cosas.
Pero por más que lo negaba, un deseo emergía de él, comenzando a dominarlo, es como si aullara dentro de él, sin control ni límites. Una voz en su interior pedía a gritos el no cortar distancia, así que solo dejándose llevar, se hinco frente a él, a la altura del rostro de un Charles profundamente dormido y lo contempla por varios minutos, su piel era tan blanca, casi lechosa. y Erik sintió que las yemas de los dedos le ardían, anhelando recorrer algo prohibido, quería acariciar esa piel, quería rozarla con sus manos, quería marcarla con sus huellas. Inhalo con fuerzas a través de las fosas nasales, mientras su cabeza daba vueltas y vueltas.
— ¿Qué me está pasando?... —cuestionaba su ser— tal vez estoy enfermo... quizás, él que tiene fiebre soy yo... —pensó entre risas— porque esto no es normal en ningún sentido.
Exhalo por fin, como soltando todo lo que lo acomplejaba y cuando estaba por ponerse de pie, Charles sonriendo, sus ojos seguían cerrados, seguía atrapado en los brazos de Morfeo , completamente ajeno a todo lo que pasaba alrededor de él. Su cuerpo presentaba pequeños espasmos, reflejando posibles episodios de sus sueños, al parecer eran felices porque su sonrisa era más que genuina.
Erik sintió un calor en su pecho, que se transformó en un ardor en la boca del estómago, era casi la misma sensación cuando lo vio por primera vez, cuando lo descubrió bailando bajo la lluvia, inmerso en su mundo, justo como ahora, y como a pesar de todo la lluvia y el lodo, se veía tan feliz y encantador; pero esta sensación estaba intensificada cien veces más.
Esos... hermosos ojos azul cobalto, lo hacían temblar hasta las rodillas, y aunque ahora no podía verlos, porque permanecían cerrados, solo recordarlos, lo hizo abandonar toda lógica y razón, sin que su cerebro lo controlará, como si este se hubiera Apagado por unos minutos, Erik se acercó lentamente al joven y con suma delicadeza, beso la frente de Charles, el Xavier no reaccionó, el sueño era mayor y jamás se percató de lo sucedido.
El Profesor recobro el sentido común y se apartó, tratando de procesar lo que acababa de hacer, pero sin respuesta coherente, el rojo inundaba su cara, hasta sus orejas, y con mayor velocidad que sigilo, se puso de pie y salió raudo de la habitación, casi como si estuviera huyendo. Se encamino a la cocina y encendió, ahora sí, la tetera, tenía que preparar el desayuno, debía mantener la cabeza ocupada, porque sin lugar a duda, eso había sido lo más estúpido que jamás había hecho en toda su vida.
Cerca de 40 minutos después, cuando la lluvia comenzaba a menguar, pero no desaparecía, Charles despertó por sí sólo, no sabía muy bien porque, pero despertó estupendo, con mucha energía y felicidad, algo le decía que había tenido un sueño maravilloso, lleno de luz y esperanza, de esos que rara vez tienes, solo cuando te suceden cosas buenas, pero como siempre, lo triste de los sueños, es que recordarlos es una tarea imposible.
Se levantó con lentitud de la cama y observó a su alrededor, la puerta estaba cerrada, cosa que lo extraño, él siempre tenía la manía de dormir con la puerta abierta, no le gustaba sentirse encerrado en la habitación, le hacía sentirse atrapado en una prisión. Camino algunos pasos y volvió a amarrarse los pantalones, no quería que pasara lo mismo de ayer, solo con recordarlo y la vergüenza comenzaba a atacarlo, aunque muy en el fondo de su ser, lo que más lo acomplejaba, es que el Profesor lo haya visto justamente en esas pintas, debía verso de lo peor.
Abró la puerta con cuidado, asomando la cabeza con timidez, no quería hacer ruidos, porque si Erik seguía durmiendo, despertarlo sería incorrecto; pero para su sorpresa, descubrió que el departamento estaba vacío ¿Erik no estaba? ¿A dónde habría ido? La chimenea estaba encendida y emanaba una calidez muy agradable de ella, su ropa, por desgracia, aún estaba húmeda, pensó que quizás al despertar ya estaría un poco más decente y seco, para poder marcharse en paz y dejar de incomodar o abusar de la hospitalidad de Erik, pero todo indicaba que no, tendría que esperar un poco más. Por alguna razón, esa idea no le molesta del todo, pero no le tomo importancia.
Volvió la vista hacia el salón y sobre la mesa del centro, encontró una nota:
Fui a comprar para el desayuno, ya vengo...
Te deje un cambio de ropa arriba del sofá, para que te cambies, tu ropa aún no está seca. Báñate si quieres...
No te vayas, porque me enojare.
Erik
Charles río ante el último comentario, Erik tenía una forma tan particular de pedir las cosas, que sonaban como una orden pero con mucha caballerosidad; dejo la nota en el mismo lugar y se metió raudo a la ducha, tratando de hacerlo lo más rápido posible, no quería seguir abusando de la hospitalidad de Erik, detestaba hacer eso con cualquiera.
Jamás en su vida, se había quedado a dormir en la casa de otra persona, solo una vez en el departamento de Raven y Hank, aunque no estaba seguro de si eso contaba. No tuvo muchos amigos en la infancia, a los cuales podría visitar con frecuencia y hacer pijamas o cualquier cosa que hicieran los niños a su edad; en esos tiempos, estaba demasiado ocupada leyendo y rescatando princesas de malvados hechiceros. Raven casi siempre era la princesa a quien rescatar.
Se secó y se metió rápido a la habitación, ya que sería el colmo de la vergüenza y la humillación el que Erik lo encontrara saliendo justo del baño, todo mojado, aún más incómodo que lo vivido la noche anterior. Estaba colocándose la camisa, que por cierto, también le quedaba grande y se detuvo a ver sus dedos, estaban aun arrugados por efecto del agua, pero eso no era lo que detuvo todas sus acciones, permanecía atento observando sus yemas, sujetando su mano derecha. con la izquierda, pues recordó lo que le dio escalofríos maravillosos por varios minutos.
Cerro los ojos, tratando de recordar de mejor forma las sensaciones que había provocado Erik en él al momento de acariciar sus manos. ¿Eso había hecho, verdad? ¿Las estaba acariciando? ¿O solo trataba de quitarles el frío? Fuera lo que fuera, tuvo resultado y también había dejado una huella en Charles, como una sombra pegada a él, que comenzaba a crecer más y más, el deseo de revivir esa sensación era latente, no solo por experimentarla, sino porque era Erik quien. la provocaba.
Durante la noche, y minutos antes de caer profundamente dormido, llegó a su conclusión posiblemente más lógica, Erik tenía efectos en él, provocaba consecuencias y generaba sensaciones indescriptibles e inesperadas, incontrolables y sumamente... embriagadoras, los motivos y razones aún no estaban. claras, pero había que aceptar los hechos del caso, existían efectos, solo faltaba descubrir las causas, identificar las variables que provocaban la reacción, tanto física, como emocional. Cada efecto, proviene de una causa... el truco de la vida y la ciencia, es descubrirla, y estaba más que seguro que lo haría, sin importar el costo. Los descubrimientos requieren riesgos.
Cuando por fin terminó de vestirse, estiró la cama y comenzó a ordenar el cuarto, era lo mínimo que podía hacer; cuando vio que su tarea ya estaba casi lista, vio que solo faltaba el clóset, el cual a decir verdad, estaba bastante desordenado, cosa que lo sorprendió, considerando que Erik era tan meticuloso y ordenado, todo su departamento brillaba de pulcritud y limpieza, por lo que hacía suponer de que Erik en verdad rara vez entraba a esta habitación y por eso el armario estaba tan abandonado.
Lo abrió y doblo lo que estaba más a la vista, era imposible hacer un aseo profundo y no es que el fuera muy compulsivo con el aseo, solo ordenaba en su departamento lo justo y necesario, los aseos profundos los hacia solo a fin de cada mes. La ropa era bastante vieja, al igual que los libros repartidos por las estanterías, se preguntó por algunos momentos si no estaría invadiendo la privacidad del Profesor al meter mano entre sus cosas, pero se excusó en que solo era ropa. Movió la puerta corrediza del clóset, procurando cerrar, pero esta se detuvo justo a mitad de camino, emitiendo un sonido hueco al chocar contra el último cajón de abajo, el cual no tenía manillas y estaba algo desencajado.
Se agacho y trato de volverlo a posicionar en su lugar, pero la parte delantera de este cayo, mostrando lo apolillado que se encontraba la madera del armario; recogió la parte caída del cajón y estaba por colocarlo nuevamente en su lugar, cuando noto que el cajón tenía una sola cosa en él, muy al fondo, Charles estiro la mano con dificultad hacia adentro y reacciono al tacto, era una textura suave y delicada. , claramente era seda y de la más fina, sabia de eso, pues su madre era muy apegada a las tendencias en moda, cosa que por supuesto, él no heredo.
Lo saco hacia él, y lo que se encontró, lo sorprendió ampliamente, al mismo tiempo, que generaba sin poder evitarlo, cierto escozor en él, porque no esperaba para nada eso.
— Un camisón... —dijo en un susurro— de mujer...
Chapter 12: 11
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Hojas
El sonido de la puerta principal abriéndose, lo hizo volver en si de manera casi imprevista, se apresuró a guardar todo de vuelta en su lugar, arreglo velozmente el cajón salido y dejo el closet tal cual lo había encontrado; la puerta del mueble cerrándose, hizo un ruido seco pero potente, el cual, Erik alcanzo a oír, venia de la habitación de huéspedes.
— ¿Charles? ¿Estas despierto? — preguntó cerrando la puerta a sus espaldas
Charles se movía de manera torpe y errática por la habitación, casi como un niño que busca ocultar una travesura recién hecha — ¡Sí! — grito nervioso — estoy vistiéndome... ¡Ya salgo! — procurando no dejar la menor huella posible
— Compre unos dulces en tu pastelería favorita — comenta muy risueño — supongo que me hiciste adicto a eso también... — dejando las cosas sobre el mesón de la cocina.
La verdad, estaba más calmado y de mejor ánimo, caminar le había dado tiempo para pensar y alejar ideas tontas, puesto que aún no lograba explicarse a sí mismo, ciertos sueños de anoche y acciones de la mañana, todas relacionadas con el joven Xavier. Este por su lado, estaba terminando de colocarse el suéter de Erik, pero no dejaba de mirar el closet ni de pensar en el camisón, se veía fino y de excelente calidad y mientras debatía en su mente, más preguntas aparecían. ¿De quién era? ¿Qué hacía aquí? ¿Por qué era la única ropa de mujer que había en este lugar? ¿Era de Emma?... ¿Acaso era de esa mujer que el Profesor menciono anoche? Esa mujer del pasado, que Erik dijo alguna vez creyó amar ¿La habrá olvidado?
Eran demasiadas preguntas e interrogantes, por lo que prefirió sentarse, así trataría de ordenarlas, quería pensar con la cabeza fría, pero una sensación extraña lo domino, como una zozobra, desapego... distancia, casi como un tercero en discordia; ¿Por qué le afectaba tanto? Se acaricio la cabeza con ambas manos y se agacho sobre sí mismo, casi abrazándose, por alguna extraña razón, no le gustaba la idea de otra persona durmiendo ahí ¿Por qué? ¿Qué me está pasando? Llego a sentir cierto tipo de calor, como una cólera, subiendo por su esófago, la cual quemaba hasta con acidez.
Erik entro sin rodeos a la habitación — Charles, me estaba preguntando si... — su mirada lo ve sujetándose la cabeza — hey... ¿Qué pasa? — acercándose con rapidez — ¿Estas bien? — su voz denotaba preocupación — mírame... — hincando frente a él
Charles trata de disimular, pero no es muy bueno ocultando sus sentimientos, y sin poder controlarlo, sus ojos comenzaban a brillar, casi humedecidos. Estaba molesto, ofuscado y trastocado, y cuando suele estarlo, tiende a llorar, no porque algo le cause pena, sino porque jamás ha sabido como sacar, como extrapolar la rabia, así que su mente busca una forma desesperada de expresarla y desde hace muchos años, encontró la forma a través de las lágrimas. Le valió muchas burlas cuando niño, pues todos pensaban que era un cobarde llorón, pero lo que sentía era rabia, ira, no pena o tristeza, no podía, no lograba comprender ese sentimiento, rara vez lloraba de pena: de hecho, estaba casi seguro de haber llorado de pena, solo una vez en la vida... cuando Raven murió.
La tristeza, al igual que el amor, eran sentimientos que él no comprendía y sentía que jamás podría hacerlo, puesto que su mente le decía que simplemente, no eran para él, aun cuando algunas veces trato de comprenderlos, pero no podía expresarlos. Raven siempre le decía que era porque no conocía aun a la persona que hiciera aflorar esos sentimientos en él, lastimosamente, cuando ella falleció, pudo por fin comprobarlo y expresarlos, puesto que si lloro por ella; al menos si despertó en él... la tristeza.
Pero estas eran lagrimas contenidas, de rabia y ni siquiera sabía por qué ¿Qué estaba pasando? Erik seguía fijo mirándolo — ¿Qué pasa, Charles? ¿Tienes fiebre? — sus ojos buscaban los suyos.
— No, no es nada... — secándose los vestigios de lágrimas — soy muy sentimental, eso es todo... — mintió con cero honestidad.
Erik hizo una mueca de sorpresa — ¿Tu? No te creo... — acertó el Profesor.
— ¿Cómo lo sabes? — preguntó asombrado.
— Puede ser... porque poco a poco voy conociéndote mejor — ríe con complicidad — anda, dime que pasa... — sentándose a su lado
— No, en serio, no es nada... — ríe nervioso — la verdad, ni siquiera sé que porque estoy llorando — afirmo con naturalidad
— Uno jamás llora por nada — comenta seguro — muy en el fondo, nuestro corazón siempre sabe porque llora, solo que no quiere aceptarlo
— ¿Siempre hablas con tanta sabiduría? — pregunta Charles con ciertos aires de burla
— A veces... — responde — contigo aflora más seguido — sonríe — quizás porque me gusta mucho aconsejarte
— Lo tomare como un consejo — parándose — pero en serio, estoy bien — se detiene — ¿No huele a que algo se quema? — se voltea a verlo
— ¡Carajo! — saliendo veloz por la puerta
Charles rio ante el comentario apresurado del Profesor, cada día entraba más en confianza con él y podía tener incluso la libertad de decir cosas que frente a los demás, jamás se atrevería, menos si es un estudiante. La rápida salida de Erik le dio la oportunidad a Charles de zafarse esa situación, algo incomoda.
Por su lado, el Profesor preparaba todo, mientras Charles recorría el departamento con sumo detalle y cautela, casi como si lo viera de nuevo por primera vez, solo que esta vez no lo estaba admirando, sino que estaba en búsqueda de cualquier objeto que se pudiera considerar de carácter femenino ¿Erik le ocultaba algo? Quizás se estaba viendo con alguien... y él, como siempre, solo estaba molestando, estorbando; de nuevo, un tercero en discordia. Era tercero en discordia con sus padres, tercero en discordia con Hank y Raven, ahora Erik... y esa mujer.
Volvió a sentir el vació cuando pensó que Erik y Emma eran pareja, solo que esta vez, era más incontrolable porque no sabía de quien se trataba, al menos antes le calmaba, de cierta forma, saber que era Emma, pero ahora... era diferente. Pero por más que busco una razón para confirmarle a su sentido común de que sobraba en ese lugar, no logro encontrar nada, por lo que cierta calma volvió a él, no podía dejar que algo así lo afectara, además no tenía motivos para que lo hiciera, así que recorrió unos segundos más para confirmar y su mirada volvió a Erik, el cual lo notaba más que extraño.
— Charles... ¿Qué pasa? — deteniendo sus movimientos — estas muy distraído
El joven tardo unos segundos en responder — ¿Eh?... no, nada — sonríe con torpeza — creo que aún tengo sueño — se acerca al mesón — ¿Te ayudo? — tomando las tazas y terminando de colocar la mesa — se ve muy rico... — sin mirarlo
El Xavier le mentía, no había duda de ello, era demasiado abierto con sus emociones, incluso lo llegaban a traicionar, pero prefirió no insistir, cuando se sintiera a gusto y tranquilo, este se lo contaría, estaba seguro de eso. Comieron y hablaron de cosas bastantes triviales, el clima, la noche y el juego de ayer, y así fueron pasando los minutos, sintiendo a Charles muy lejos de él.
— ¿Qué pasa? En verdad... — dejando la taza en su plato — te noto extraño, distraído... como si estuvieras triste — hace una pausa de algunos segundos — ¿Estas molesto por algo?... ¿Conmigo? — tratando de indagar con la mirada
Charles mantenía la mirada fija en la ventana, en el mundo exterior, pero perdió en su interior, hasta que finalmente, voltea la vista hacia él, lo mira de manera fija y profunda, Erik llega a estremecerse un poco, esa mirada lo hacía temblar. Charles necesitaba respuestas, necesitaba saber porque estaba aquí, porque podía estar aquí. Que lo hacía merecedor de estar junto a él; después de todo, su vida habia tenido una constante pregunta dandole vueltas y martirizando su raciocinio.
— Erik... — sus ojos estaban oscuros — ¿Por qué te gusta pasar tiempo conmigo? — con total neutralidad
Al Profesor lo descoloco un poco la pregunta — ¿A qué viene eso?
— Solo responde, por favor... — la voz de Charles era la que ahora sonaba seria, casi severa
— Porque no eres como los demás, eres especial... en algunas cosas te pareces mucho a mí y en otras, — ríe — no y eso lo hace interesante, no eres como los otros jóvenes de tu edad... y tienes gustos muy buenos — ríe nuevamente, pero Charles no parece muy convencido.
— Entiendo... — responde con frialdad
La respuesta llega a cortar a Erik, por primera vez desde que lo conoció, siente una gran distancia entre los dos — la verdad... — baja la cabeza apenado Erik — jamás había conocido a alguien como tu — Charles lo mira — es como si supieras que voy a hacer, que voy a decir, que voy a pensar... es como si pudieras ver a través de mi — sonríe con suma dulzura — y lo mejor de todo, es que me agrada la forma en que lo haces, contigo no tengo barreras, no existen las barreras, no me siento juzgado, contigo... solo soy yo — sin soltar su mirada de la de él — no soy un alemán en Inglaterra, no soy un Profesor de física, contigo... solo soy Erik — le sonríe con gran pasión. Charles lo mira por algunos segundos, hasta que por fin sonríe, más que feliz, era quizás mejor que la respuesta que esperaba, un alivio recorrió toda su espalda y sintio que callaba una duda que no solo se presentaba al estar frente a él, sino ante todo el mundo por tanto tiempo — eso... — dijo veloz Erik — justo lo que quería ver, una sonrisa... — mostrando igualmente sus hermosos dientes perlados bajo una sonrisa sincera.
El joven vuelve a sonreír con más fuerzas — gracias y disculpa... a veces suelo perder en mis pensamientos y no me doy cuenta, tiendo a sobre pensar las cosas... — bajando los hombros rendido — perdón si te ofendí o te hice sentir mal.
— Descuida, jamás te presionaría para hacer algo que no quieras — suspira — y propongo que establezcamos algunas reglas — volviendo a tomar un poco de té
— ¿Cómo cuáles?
— Mientras estés conmigo, procura no pedir disculpas ni perdón por nada — con suma tranquilidad — conmigo, jamás estarás haciendo algo incorrecto... solo se tú mismo
El joven lo miraba con nada más que admiración, este hombre... se estaba encargando de derrumbar todos sus muros — eso estoy haciendo — contesta seguro — me gusta ser yo mismo contigo
— Y me gusta que así sea — responde Erik — ahora — parándose — tu ropa aun esta mojada y dudo que puedas irte con esta lluvia que cae — tomando algunas cosas de la mesa
— Erik, no quiero seguir siendo una carga o molestia, y mucho menos abusar de tu hospitalidad — algo incomodo
— Jamás, y óyelo muy bien — acercándose a él — jamás serás una carga para mí, y muchos una molestia — Charles lo mira con detención — y no abusas de nada, a mí me gusta atenderte y además, disfruto tu compañía... ¿Tú no?
— Claro que si — respondió veloz
— Entonces no se habla más del tema — entrando a la cocina — Emma te pidió que me cuidaras e hicieras compañía, tienes que cumplir tu promesa — asoma la cabeza — diste tu palabra de caballero.
Charles negó entre risas, odiaba que usaran su palabra de caballero en su contra, pero de cierta forma, no quería ir a un ningún lugar, estaba feliz y dichoso aquí y ahora, y sobre todo, con Erik. Ambos terminaron de recoger las tazas y demás, ignorando todo lo malo que pudo pasar hace algunos momentos, no quería pensar más en lo que estaba en el closet, no era de su incumbencia, y si Erik no se lo contó es porque no era importante.
— Sabes, tengo que seguir trabajando en mi libro, pero... — sonríe con cierta malicia — mi editor esta con algunos problemas — lo mira — ¿Sera que conozcas a alguien que quiera ser el primero en leer los primeros capítulos de mi libro, y decirme que piensa? — con curiosidad en su voz
— ¡¡¿Bromeas?!! — expreso feliz — ¡Acepto encantado! — muy risueño — aunque aún no termino el primero — riendo con culpa
— Descuida, no es una secuela — caminado hacia su escritorio — recuerda que este se trata de...
— Astronomía, lo sé... — respondió seguro Charles
— Entonces — tomando las hojas — toma — se las pasa — estos son los primeros capítulos del manuscrito, léelos y dime que te parece — sonriéndole
— ¡Empiezo pero ya! — decía como niño con juguete nuevo — que interesante... — tomándolo y acercándose veloz al sofá — si me pagaran por leer... de seguro ya tendría hasta mi escuela — sentándose
— Oye... ¿Qué es eso de tu escuela? — intrigado — te he escuchado mencionarla, pero no entiendo muy bien de qué trata — sentándose en la silla del escritorio. Quería saber mas de él, mucho más.
Charles le sonríe con orgullo — pues veras... —muy feliz. Amaba hablar sobre esto, era de las pocas cosas sobre él que si le gustaba hablar, porque cualquier otra cosa que le gustaba o llamara su atención, tendía a aburrir a los demás— cuando tenía 10 años, conocí a un chico maravilloso... Hank McCoy, es quizás el hombre más inteligente que ha pisado esta tierra — con suma admiración
— ¿Mas que tú? — pregunto Erik curioso
— Mas que cualquiera... y en cuanto lo conocí, supe lo que era la inteligencia verdadera, además del esfuerzo de conseguir las cosas por tu cuenta y sin ayuda de nadie — acomodándose en el sofá — Hank me enseño lo que es la voluntad de seguir adelante... de jamás rendirte — suspira — pero desvarió... — riendo — el punto es que él consiguió una beca de excelencia y llego muy lejos solo con sus dotes y esfuerzos, y aunque era el mejor, seguía siendo mucho para él, solo es un humano... aunque le cueste creerlo — comenta entre risas, que Erik comparte, a veces olvidamos que seguimos siendo humanos— , así que siempre se esforzaba el doble, teniendo que dejar cosas de lado, como la comodidad, la tranquilidad, la ropa o incluso la comida — su semblante cambia a congoja — tenía que recibir apoyo de la caridad de otros y aunque él los aceptaba agradecido y entendiendo que no tenía otra opción, su dignidad siempre pendía de un hilo y la gente terminaba juzgándolo por su imagen, por sus orígenes... y no por su valor interior y por el gran ser humano que es — con cierta tristeza.
Erik se sintio sumamente conectado con ese relato, era prácticamente la misma experiencia que vivió en su adolescencia, antes de conseguir la beca para la Universidad y entendió porque a Charles le afecto tanto cuando hablaron ayer sobre su vida, porque ya habia sido testigo de eso con otra persona, pero en vez de generarle solo pena y lastima, tambien habia generado admiración en el joven, eso explicaba porque hablaba tan bien de este hombre, ese tal Hank McCoy y por alguna razón deseo en su interior ser merecedor igualmente de la admiración de Charles, no lo comprendía muy bien, pero sentía la necesidad de ser reconocido por él.
Charles continuo con su relato— así que ahí fue cuando lo decidí, crearía una escuela para joven superdotados, de cualquier lugar del mundo y en cualquier área, desde las artes... — lo mira — hasta la física — Erik le sonríe — para que puedan desarrollarse en lo que siempre han deseado, sin ataduras, sin prejuicios de nadie, ni de sus padres, ni de sus amigos, sin temores y por supuesto, completamente gratuita — haciendo una pausa para respirar, la emoción lo embargaba — lo único que tendrán que hacer es estudiar lo que siempre amaron y jamás dejar de esforzarse por ser más, y no importa si se equivocan, yo estaré ahí para guiarlos, y si alguien no los escucha, ahí estaré, si se siente solos... ahí estaré para ellos y si no tienen donde vivir, mi escuela... será su Hogar — sube la cabeza con nada más que orgullo — ese es mi sueño y haré lo imposible para lograrlo.
Admiración. Si, esa era la palabra correcta, no había equivocación, Erik admirada con cada fibra de su ser a ese joven de tan solo 20 años, no solo por la magnitud de su sueño y lo que pensaba lograr con él, a todos los que podía ayudar con él, sino y sobre todo, por la pasión con la que hablaba sobre este, era inigualable. Erik estaba tan orgulloso. Y la sensación era extraña, quería ser admirado por Charles, pero él que resulto sorprendido fue él. Charles si que era digno de admirar.
— Ya nadie... habla así — dijo con delicadeza — y mucho menos, piensa y desea así — suspira — con tanto ahincó y voluntad
— Pues deberían — afirma Charles — si la gente siguiera con más valor sus sueños y si el mundo no les cerra las puertas a lo nuevo, a aquello que quiere romper con lo establecido y ayudar a otros a sentirse parte de algo mas grande que ellos, este sería un mundo mucho más feliz y justo — concluyo
— Eso es muy cierto — comento Erik completamente sorprendido — ¿Y cómo lo lograras? No creo que uses tu herencia para eso — ríe mientras exhala por la nariz, no supo porque, pero esa respuesta llego a él incluso antes que Charles se lo comentara — y la verdad, dudo que alguna vez llegues a cobrarla
— Pues que fácil puedes llegar a leerme — dijo entre risas — porque estas en lo correcto, no pienso alcanzar mis sueños con dinero ajeno, aunque digan que es de mi familia, esto lo conseguiré con mi propio esfuerzo, aunque tenga que construirla con mis propias manos... igual que Hank — muy seguro
— Me encantaría verlo finalizado — mirándolo — y estoy más que seguro que lo lograras
Charles le sonrió agradecido y una idea fugaz paso por su mente— quizás... necesite más profesores — agrega
— ¿Me estas ofreciendo trabajo? — pregunto curioso Erik
— Bueno, digamos que dejo la oferta abierta desde ya... — subiendo una ceja — el que quiera tomarla, es suya — abriendo el manuscrito
— Lo pensare, pero tienes que hacerla sonar tentadora — explica Erik — sueldo, beneficios, etc...
Charles lo piensa unos segundos— bueno, seria un sueldo normal, no a la altura de Oxford, claro... pero de seguro que para un escritor ya consagrado para esos años — sonriéndole con triunfo — no sería problema — Erik ríe entre dientes — en cuanto a los beneficios... plan dental y de salud completo, vacaciones pagadas, pensión completa
— No se oye mal — pensativo — aunque tendría que vivir en la escuela... — estableciendo un punto
— Lo más probable — dice Charles — claro que alejado de los alumnos — ríe — no quiero bromas a los profesores a mitad de la noche
— Te lo agradecería — asintiendo — no quisiera amanecer calvo porque puse malas calificaciones
— Te verías bien — ahogando una risa
— No más que tu — responde el Profesor. Charles negó fingiendo molestia, si habia algo que no permitiría que alguien jamás tocara sería su cabello. Aun soñaba con el día de estar lo suficientemente lejos de sus padres, en especial de su madre, para poder dejar su cabello hasta sus hombros. Como un hippie sin futuro, repetía su madre siempre que lo mencionaba.
— Entonces... ¿Aceptas? — pregunta Charles
— Supongo que sí, aunque el sueldo aun no me convence — Charles sonríe con naturalidad, mientras el Profesor gira en la silla hacia su escritorio — solo tengo una pregunta mas
— ¿Cuál sería?
— Si tu estarás para los alumnos, en todo momento, cuidándolos, apoyándolos, escuchándolos, guiándolos, dándoles una voz de consuelo... — lo mira — ¿Quién estará para ti? — pregunta con sinceridad — piénsalo... — comenzando a escribir.
Charles lo pensó unos segundos, era una pregunta sensata, hacer todo eso sería desgastante y cansador; jamás lo había pensado así, por tanto, cuando él estuviera mal ¿Quién estaría para él? El Xavier siguió mirando a Erik por algunos segundos, el cual parecía que por fin se había inmerso en la escritura, pero algo le decía que hacia un subtexto en esa pregunta, casi le daba la impresión de que Erik estaba preocupado por él, por su futuro... entonces la respuesta emergió sola, en voz alta y sin poder controlarlo.
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.
.
— Tú...
Chapter 13: 12
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Sabanas.
Erik lo había escuchado, claro que lo había hecho, pero que haya fingido no escucharlo, era otra cosa muy diferente. Miro de reojo, queriendo indagar la mirada de Charles, pero este estaba inmerso en el libro, o al menos eso creyó Erik. Luego de lo que dijo, atacado por su nueva y maldita espontaneidad, oculto la vista y el rostro bajo el cuerpo de las hojas, rogando que Erik no hubiera escuchado esa reverenda estupidez, y el silencio que se presentaba, parecía indicar que así era, porque Erik no se volteó hacia él, así que prefirió seguir en el libro, adentrarse en este y olvidar lo dicho.
El Profesor por su lado, volvió a perder el control de su respiración, debía calmarse o Charles se daría cuenta y todo se arruinaría; trato de volver a la escritura, y así se mantuvo, concentrado en las estrellas y constelaciones tan lejanas, parecía que comenzaba a funcionar, estaba muy lejos, en el espacio sideral buscando ordenar su mente y sobre todo, su corazón. Hasta que llego a la constelación de Orión.
Constelación Orión . Orión, el Cazador o La catedral del Cielo, es probablemente la constelación más imponente del cielo. Sus estrellas brillantes y visibles desde ambos hemisferios en invierno hacen que esta constelación sea conocida en todo el mundo.
Erik llego a la concentración que tanto deseaba, su mente se dejaba maravillar por todas las estrellas y sistemas que conformaban Orión, incluso llego a recordar cuando su madre le enseñaba todas las constelaciones cuando era solo un niño, mostrándole la belleza del Universo, para alejarlo del horror que vivían dentro del planeta, que se suponía era su propio hogar.
Paso por cada estrella, desde la gigante roja Betelgeuse, el famoso cinturón de Orión y llego al punto más bajo de la constelación, Rigel.
Rigel , (Beta Orionis). Es la séptima estrella más brillante de todo el cielo nocturno. Se encuentra situada en la Constelación de Orión y posee una magnitud estelar de +0.18 que la convierte en la estrella más brillante de ese sistema, superior a la estrella alfa, Betelgeuse. Está a una enorme distancia difícil de precisar entre los 700 y 900 años luz del Sistema Solar, lo cual unido a su enorme brillo nos da una idea de la majestuosidad de esta gigante blanco-azulada. Posee un brillo 50000 veces superior al del Sol y un radio 73 veces mayor, lo que abarcaría hasta la órbita de Mercurio.
Una supergigante azul, una de las más brillantes del Universo y con un color inigualable, un azul cobalto electrizante, su tonalidad era tan potente y sin poder evitarlo, le recordó casi al instante a unos hermosos ojos... unos zafiros azules. Todo intento fue en vano, no podía sacárselo de la cabeza, cada que pensaba en ellos, acompañados de esa cálida sonrisa y una piel tersa y blanca, comenzaba a arderle el estómago, casi como si fuera una gastritis, pero repentina; y el saber que lo tenía ahí, a tan pocos metros, no ayudaba en nada. Paso rápido a la siguiente constelación, luego volvería a Orión.
Las horas fueron pasando y ambos por fin estaban absolutamente concretados en sus tareas, Erik escribía como loco, la inspiración lo había dominado, al parecer las musas estaban mucho más cerca de lo que él pensaba. Charles, por su lado, estaba maravillado de lo que describía el libro, el Universo era una maravilla completamente inexplorada, comenzaba a descubrir que había un mundo mucho más allá; que daría por conocerlo, aunque esto le llevara toda una eternidad. Quizás cuantos más Universos había por ahí, sin contar con el Universo en sí mismos que era cada ser humano; él ni siquiera había logrado descubrirse por completo a sí mismo.
Dieron las tres de la tarde y comenzaba a amenazar el hambre, el estómago de Charles se quejaba con sonoridad, lo que los sorprendió y libero una risa en ambos.
— Creo que ya es hora de almorzar — comentó Erik
— Sí — respondió Charles dejando las hojas sobre la mesa — ¿Te molesta si hago yo el almuerzo?
— ¿Cocinas? — levantando una ceja
— Me defiendo — comento entre risas — pero igual puedo hacer algo decente... — parándose — por favor, quiero tener ahora yo una atención contigo
Erik le sonrió con dulzura — está bien... sorpréndeme — ríe por la nariz — y trata de no quemar mi cocina — prende un cigarrillo — por favor
— Tratare — responde con la misma gracia — pero no... — suena el teléfono. Erik lo contesto al instante, estaba al lado de él.
— ¿Si? — inhalando el cigarro — Sharon... ¿Cómo estás? —mira a Charles
¡Su madre! ¡¿Que rayos hacia su madre llamando a Erik?! ¡Un sábado! La adrenalina comenzó a recorrer su sangre, lo había descubierto, de seguro lo fue a buscar a su departamento y no lo encontró, y lo más seguro es que haya interrogado a Emma hasta que le saco la verdad, y ahora solo estaba llamando para confirmar y vendría a sacarlo de ahí, aunque fuera en pijamas, pijama que de hecho, no era de él; todo tenía muy mala pinta, por donde lo vieras.
El terror recorrió toda su espina dorsal, y mientras Erik aun lo miraba y exhalaba el humo del cigarro, Charles negó rápido, llegando incluso casi a saltar en su lugar, moviendo las manos con desespero. Sharon no debía saber que estaba ahí, no podía, sino ambos serian hombres muertos; a Erik le causo tanta gracia la reacción del joven, parecía sumamente aterrado, aunque se veía encantador. Acepto el ruego de Charles.
— Si, muy bien... ¿Y tú? — le responden del otro lado — que bueno... dime ¿Para qué me necesitas? — Charles seguía atento la conversación, aunque sabía que era erróneo escuchar conversaciones ajenas; pero esta se trataba de una excepción brutal a la regla.
El joven, que era una persona que dudaba mucho de la existencia o no de un Dios Todopoderoso, le puso un ultimátum; "Si en verdad existes ¡Sácame de esta!"
— Entiendo, claro... — dándose vuelta — la verdad, no tienes para que decírmelo — ríe con cierto nerviosismo, mientras Charles no separa su mirada de él. ¿Le estará llamando la atención? ¿Por culpa de él?
¡¡¿Por qué secuestraste a mi hijo?!! Imaginaba con pánico la mente de Charles, pues estar con un Profesor 15 años mayor, un día sábado, solos en sus departamento, con su pijama puesto, con las camas desechas y la ropa esparcida en el salón, no se veía para nada, nada bien... sobre todo y lo que lo hacía más choqueante y raro, es que tanto Erik, como Charles, eran hombres.
— Yo ya había aceptado de igual forma — volviendo a fumar — sí, Alex me iba a hacer ese favor, pero le pedí que lo cancelara... — se voltea para ver a Charles — ya me siento mucho mejor — hablan del otro lado — en serio, en estos últimos días he recuperado mi fuerza de una forma extraordinaria — el Profesor le sonríe a Charles, el cual siente la vergüenza subir desde sus rodillas hacia arriba — es como si algo me hubiera hecho recuperar toda la energía perdida
Charles no era tonto, claro que no, sabía que Erik estaba hablando de él, y que muy en el fondo lo hacía para torearlo, para jugar con él y su terror, cosa que solo le hacía gracia a él, por supuesto. Le decía entre líneas, estoy hablando con tu madre y no puedes hacer nada.
— ¿Cuál es mi secreto? — mira a Charles abriendo los ojos de par en par, mientras el joven miraba hacia el cielo completamente rendido.
Se acabo, había tenido una buena vida, buena, aunque no larga...
— Algún día te lo contare, pero digamos que es una receta muy efectiva — Erik ahoga una risa con el cigarro, las reacciones de Charles lo estaban matando de risa — claro, te daré la receta cuando quieras... ni te imaginas de que está hecha — tapa levemente su boca para que no se escuche su risa — no, los ingredientes puedes encontrarlos donde sea, los debes tener incluso mucho más a la mano, de lo que crees... es cosa de buscar y lo encontraras — Charles ya lo miraba con cierto desdén — sí, si... nos vemos — hablan del otro lado — hasta luego y quedamos en eso... Adiós — corta.
Erik estalla en una risa, y aunque es muy contagiosa, Charles no puede reírse, fue uno de los momentos de más tensión y ansiedad en su vida, pero Erik llegaba incluso a soltar unas lágrimas de risa, ver a Charles tan desesperado fue brutal.
— ¿Era necesario todo eso? — pregunta de brazos cruzados
— Si, mucho — responde aun entre risas — Sharon se lo creyó todo
— Pues será mejor que andes buscando desde ya esa famosa receta, porque no se detendrá hasta que se la des — echando el agua en una olla
— Admite que fue gracioso — mejorando su postura y votando las cenizas del cigarro
— Para ti, porque lo que es para mí — moviéndose por la cocina — casi me da un infarto — suspira — ya la veía metida aquí, sacándome de una oreja, aunque fuera en pijama.
— ¿No se supone que ya no puede hacer eso? — apoyándose en el mesón de la cocina — digo, ya vives solo... y eres mayor de edad
— Es que no conoces a mi madre — niega Charles — podre ya no vivir bajo su techo, pero sus reglas me las sigue exigiendo, sin importar que... — hace una pausa — podría cachetear a la Reina, con tal de darme una lección — exhala rendido. Erik eleva una ceja sorprendido.
— Espero jamás tener que ver eso — comenta — si es complicada como jefa, no quiero ni pensarlo como lo es como madre...
— Ni te imaginas, y cuando era pequeño era peor — tapando la olla — bueno, creo que todas las madres tienen sus mañas, pero ella las tienes de sobra, tú sabes cómo... — se detiene — perdón... — se da cuenta que estar hablando de madres podría ser doloroso para Erik — no quise...
— ¿Qué habíamos dicho? — vuelve a levantar una ceja — nada de perdón ni disculpas conmigo
— Si, per... digo, ok — carraspea
— No me afecta que hables de madres en general, o de mi madre en particular... todo lo que tengo de ella, son recuerdos hermosos — sonriéndole con calma
Charles le responde con una sonrisa cargada de ternura — ¿Todo bien? ¿Estaba molesta? O... ¿Se dio cuenta? Porque si es así, sería mejor que me fuera pero ya, digo... al menos no me mata en presencia de otros
Erik ríe con soltura — no, si hubiera estado molesta, yo creo que hasta el vecino hubiera escuchado los gritos — volviendo fumar — no tienes por qué irte, salvo que quieras... — Charles niega velozmente — excelente... — vota el humo — solo pregunto cómo estaba, después de todo es mi jefa y me comento que le extraño que mi segunda licencia no fuese presentada
— ¿No que Alex la presentaría? — confundido
— ¿Y tú como sabes eso? — sorprendido
Se detiene por completo, se había delatado — bueno... yo — rasca su cabeza con nerviosismo — digamos que me... preocupe que no hubieras ido a la Universidad — carraspea — así que te fui a buscar un par de veces, pero no te encontré — baja la cabeza apenado — y entonces, me tope con Alex, no fue muy amable... — ríe incomodo — y como me quedaba sin opciones, le pedí al hermano de Alex, Scott, que averiguara por mi...
Erik parpadeo perplejo — hiciste todo eso... ¿Por mí?
Charles tartamudeo con nerviosismo — bueno... yo — sube la cabeza con los ojos ocultos bajo las hebras de su pelo — Si... — un sonrojo bastante notorio aparece
Erik acuso recibo del sonrojo del joven, y solo eso basto, el bailoteo en su pecho y el ardor en su estómago volvió, esto estaba cada vez más mal y menos se podía controlar.
— Pues... gracias — apagando el cigarrillo que se había quemado casi por completo. Erik lo había olvidado por completo, ya que había estado demasiado ocupado... admirando a Charles — me halagas que te hayas preocupado tanto de mí y... — carraspea nervioso — que hayas hecho tanto
— No he mucho la verdad... — riendo nervioso mientras apoya sus manos sobre el mesón
— No, has hecho lo necesario y más — coloca su mano sobre la de Charles — ahora entiendo porque Emma me dijo que te vio casi los diez paseándote por ahí.
Charles había dejado de escuchar lo último, su mirada estaba fija en la mano de Erik sobre la suya, sintio el mismo escalofrió que sintio anoche, cuando sus manos se unieron, fue una sensación tan increíble, que se moría de ganas por repetirla, una y otra vez, aunque fuera extraña e inesperada. Solo déjate llevar... repetía su espontaneidad.
Pero igual que el beso que le dio en la frente esta mañana, acción que aún no comprendía, Erik sintio como su sentido común tardaba en volver, pero lo hizo, para poder apartar la mano con agilidad y velocidad.
— Creo... que la salsa se quema — agrego Erik
— ¿Eh? — aun aturdido — sí, si... — respondió moviéndose nuevamente por la cocina
Erik volteó rápidamente a su escritorio, y se puso a trabajar, o eso fingió, puesto que no podía soltar su propia mano, la que hace muy poco había colocado sobre la del joven, aun sentía su calor y su caricia. Su mente rogaba encontrar una respuesta lógica, pero su corazón palpitaba tan fuerte, que su intuición comenzó a darle una posible idea, pero la rechazo al instante, tenía que hacerlo, pues había demasiados motivos para hacerlo.
A los pocos minutos, el almuerzo estaba hecho. Pasta con salsa Alfredo, simple y fácil de hacer, y aunque no era un Chef Internacional, estaban más que decentes. Se sentaron con rapidez, porque el hambre comenzaba a ser molesta, y aunque aquello era cierto, a ambos comenzaba a hacérseles extraño el silencio que se hacía presente entre los dos, jamás los silencios eran incomodos entre ellos, pero las acciones que podían cometer uno con el otro, si podían llegar a ser incomodas. Como tomar la mano del otro, sin motivo ni razón, y sin previo aviso también.
Erik decidió romper el silencio — me cuesta creer que Alex tiene un hermano, jamás me lo dijo y lo conozco hace un tiempo ya... — comento
— Y creo que jamás lo hará — agrega Charles — pues la verdad, no lo considera su hermano y su padre tampoco lo considera su hijo
— No entiendo...
— No sé si debería contar esto, porque Scott me lo conto solo a mí, pero supongo que el secreto estará salvo contigo... y que no le dirás nada a Alex — dijo seguro
— Por supuesto — responde con firmeza
Charles le explayo la historia de ambos hermanos y sus padres, todo lo que habían sufrido ambos y lo que podría justificar de cierta forma, su carácter algo agresivo. El Xavier estaba algo sorprendido, era la primera vez en su vida, que comentaba sobre la vida de otros, era extraño, no solo porque le estaba revelando esto a un tercero, jamás le había llamado la atención la vida de otros y sus problemas, y mucho menos, andar ventilándolos; pero lo que más lo sorprendía, es que comenzaba a saber de la vida de otros, que las personas comenzaban a confiarle sus historias, porque confiaban en él.
— Vaya, pobre niño... — comentó Erik — ambos, en verdad... aunque — suspira — eso explica muchas cosas
— ¿Cosas como su carácter? — indagó Charles
— No solo eso, sino también su incapacidad de confiar en las mujeres — toma la servilleta para limpiarse — hace un año atrás, Alex estaba saliendo con una alumna de Emma, y aunque él me lo niegue, yo sé que se enamoró de ella profundamente — hace una pausa — y que sigue enamorado de ella, pero la hizo tanto sufrir, en verdad... muchísimo — exhala — por poco y la pobre se enferma, es más... Emma tuvo que intervenir — se apoya en la silla acomplejado — sucedió en el mismo Campus de la Facultad de Historia... Alex le grito tan fuerte frente a todos, que alumnos y Profesores tuvieron que intervenir, para poder defenderla, Emma evito que la policía se lo llevara detenido
— ¿La golpeo? — preguntó asustado
— No, pero quizás... estuvo a punto — suspira — no la he visto este año, de verdad espero que la chica este mejor...
— Que terrible — comenta Charles — como la maldad y ceguera de alguien, puedes hacerles daño a personas inocentes
— Esa es una pregunta que está presente desde los inicios de la humanidad — agrega Erik — ¿Y el otro hermano? ¿Cómo esta?
Charles sonrió con cierta lastima — bien, entre lo que puede... — exhala — es como si Scott encontrara una forma de huir de los problemas de su vida a través de la ironía y el sarcasmo...
— Es la mejor defensa... aunque solo superficial —comenta y Charles asiente aprobando su punto — muchas veces lleva a solo ignorar el problema o agrandarlo... — sintiéndose algo relacionado con esa hipótesis
— Si, pero por ahora es su forma de sobrevivir, quizás si consigue mayor confianza en sí mismo pueda afrontarlo, aunque logra ocultar eso también de manera fenomenal… y de paso me enseña a mi... — tratando de ocultar una risa
Erik lo mira intrigado — ¿Cómo qué?
— No sé... a ser más sarcástico, quizás me falta saber enfrentar el mundo con esa astucia... — Erik sonrió orgulloso — hay algunas cosas que no te las enseñan los libros, sino la vida... —bebiendo un poco de agua
Erik mantuvo la sonrisa y bebió vino, Charles no quiso. Yo no bebo jamás, esas fueron sus exactas palabras y Erik las respeto — bueno... y hablando de libro ¿Qué tal el avance?
Él rostro de Charles cambio por completo — ¡Excelente! Me faltan unos capítulos más, dame un poco más de una hora y lo termino — acabando con la comida del plato algo apresurado
— Que bueno — mirando el plato de Charles — veo que tenías hambre...
— Si, un poco — riendo — ¿Qué tal estaba?
— Delicioso — responde
— Vamos, no tienes que ser tan amable...
— Es la verdad — recogiendo los platos — la pura y santa verdad
— Gracias — siguiéndolo con el resto de las cosas. Al dejarlas en el lavaplatos, recordó la génesis de toda la conversación — oye... entonces ¿Por qué Alex no presento tu licencia?
— Porque yo se lo pedí... — comenzando a lavar los platos — ya me siento bien, quiero volver a trabajar — comenta
— ¿Estás seguro? — con preocupación en su voz
— Claro, no puedo seguir encerrado — lo mira — eso me hace aún más mal, además... — sonríe — estos últimos días me he sentido muy bien — chasquea la lengua — ya sabes, por esa receta que le dije a Sharon — mostrando esa bellísima sonrisa. Charles niega entre risas — así que, el lunes vuelvo al trabajo — prosigue Erik — así de paso, no le doy tanto trabajo al pobre de Remy...
— ¿Quién es Remy? — pregunta Charles confundido
— Remy Etienne LeBeau — contesta Erik — es un Profesor de Física, de mí misma área, aunque él es francés...
— Vaya, jamás he conocido un francés — agrega Charles — bueno, salvo los compañeros de simposios y congresos de mi padre, pero ellos son más Doctores que franceses... —tratando de darse a entender, Erik rio ante su comentario, como si ser francés y Doctor no cupieran en la misma lógica, aunque quizás lo que realmente quería decir era que jamás compartió con alguien francés más allá de la medicina y ciencia.
— Algún día te lo presentare, es muy amable y me ha ayudado mucho en el último tiempo — sonríe agradecido — me atrevería a decir que es un buen amigo
Charles sonrió con tranquilidad, le agradaba escuchar como Erik se daba cuenta que tenía un círculo de apoyo más grande de lo que en realidad pensaba.
— Bueno, volvamos a nuestras tareas — terminando de lavar — entre más avancemos, más tiempo tendremos para la revancha — comenta Erik
— ¡Cierto! — responde Charles — claro que quiero la revancha, ayer hiciste trampa y hoy no caeré...
— Seguro, lo que tu digas — dijo entre risas Erik
Volvieron cada uno a lo suyo, y al igual que en la mañana, pronto lograron quedar atrapados en sus tareas, dando paso veloz a las horas. Ya pasada las 20:00 hrs, la ropa de Charles estaba más que seca, pero la verdad, a ambos les importaba muy poco. Había cosas mucho más importantes.
Ahora estaban sentados uno frente al otro, ya llevaban un buen rato jugando otra partida de ajedrez, completamente concentrados y agradecidos se estar uno con el otro; Charles aprovechaba para comentarle su opinión sobre los primeros capítulos.
— En conclusión... brillante, absolutamente brillante — concluía con una sonrisa de orgullo
— Ahora tu eres el que no debería ser tan amable — dijo entre sonrojos leves Erik
— Es la verdad, la pura y santa verdad — moviendo una pieza — y no lo digo solo por la redacción o el lenguaje, sino por lo que plantea... el Universo me dejo maravillado y es en realidad una pena que sepamos tan poco de él, casi hasta me hace cuestionarme mi elección de estudiar historia... es como si yo quisiera buscar nuestra verdadera historia en el pasado, y tu... en las estrellas
Erik quedo maravillado con ese comentario — esa es una muy buena línea para un libro... quizás la cite, si es que me lo permites... — Charles asintió mientras movía la siguiente pieza — ¿Y porque decidiste estudiar historia? — Charles sonrió ampliamente, habia tocado uno de sus temas favoritos
— Muchas personas creen que rebuscar en el pasado solo traer problemas, dolor y vergüenza... para mi es la mejor escuela, la mejor guía, el mejor maestro — indico seguro — debemos saber marcar la diferencia entre nuestro pasado y nuestras errores que nos generan culpa...
— ¿Seguimos hablando de historia o de las personas en si misma? — pregunto extrañado
— Es lo mismo, cada ser humano tiene su propia historia, la cual lo constituye, pero no lo determina... al igual que los pueblos, las naciones alrededor del mundo e incluso la propia humanidad como raza supuestamente "dominante", todos tenemos un pasado, quizás nos avergüence y nos haga sentir culpables... — Erik resintió esa premisa, porque como ciudadano alemán, se sentía avergonzando de su pasado reciente, pero ya no podía cambiarlo — pero es parte de nosotros y solo podemos reaccionar de dos formas ante él, negarlo o...
— Aprender del...
— Para que no vuelva a repetirse, y es por eso que quise estudiar Historia, quiero conocer el pasado no solo de cada cultura y nación en el mundo, sino aprender de ellos, el cómo salieron de su peor momento, como lograron sobreponerse o evolucionar algo completamente diferente para seguir existiendo... ese es el fin último de la raza humana, no dejar de existir, jamás dejar de evolucionar y adaptarse a lo que venga... — sonríe con orgullo — un buen Historiador busca la verdad en el pasado, aunque sea dolorosa para muchos, la muestra al mundo y le dice: esto paso, no lo neguemos, no lo censuremos, aceptémoslo, aprendamos de él y no volvamos a permitir que vuelva a pasar... la Historia no es solo pasado, es también es un espacio infinito de aprendizaje para el futuro... una oportunidad
Erik descansaba su cabeza en la palma de su mano izquierda, en completo silencio, solo observando, escuchando, prestando atención a cada mínimo detalle de lo que Charles exponía, es como si cada vez que hablaran de algo diferente, pero sumamente interesante, una nueva puerta se abriera ante él, pero todas llevaban al mismo camino. Charles. Ese ser complejo, hipnotizante, atrayente y que añoraba cada día más poder conocer sin barreras. Es como si él hubiera encontrado su propia oportunidad, como si su pasado, su historia... lo hubiera llevado a este preciso momento, a esta nueva oportunidad, a este espacio que podía recorrer sin límites. Y algo que Emma le dijo hace un año volvió a él, pero lo negó veloz. Ahí estaba, igual que el resto de la humanidad, negando su pasado y las enseñanzas que estaba dejando para este nuevo y atrayente futuro.
Exhalo por la boca — vaya... esa sí que es una explicación muy bien justificada —sonríe de lado — quizás ahora yo me replantee también lo que decidí estudiar —soltando una risa que Charles comparte — pero tienes razón, la historia del mundo y la propia son las mejores guías, espero que el mundo, mi país e incluso yo mismo pueda aprender de ellas...
— Pues debes buscar la oportunidad para eso —comentó Charles con tranquilidad
"Al parecer la tengo frente a mí", pero ese pensamiento fugaz solo se quedó en él — bueno, mi oportunidad está en otro espacio, por así decirlo... el Universo —Charles soltó una risa corta por la nariz — no solo el espacio exterior, sino que dentro de este, cada espacio que hay dentro del universo… esconde un misterio bellísimo, algo nuevo y esperando por ser descubierto — comento con entusiasmo — es como si me instara a soñar más allá de lo imaginable, a imaginar un infinito de posibilidades, de...
— Oportunidades... — complementó Charles y Erik lo miró fijamente, ambos sostuvieron sus miradas en el otro por largos y hermosos segundos. ¿Qué oportunidad podía estar esperándolos a ellos?
— Creo que solo tener la oportunidad de poder conocerlo, de poder recorrerlo... debe ser impagable — subiendo la mirada — sentir esa sensación de atravesar el Universo, debe ser una experiencia inolvidable — suspira — no creo que se le pueda comparar...
— Bueno, hay muchas formas de descubrir el Universo — mueve su pieza — creo que hay un Universo en cada uno, y tenemos que descubrir ese primero, antes de salir a querer recorrer otros y nuevos Universos
— Eso es cierto — comenta Charles — yo descubro cada día todo el maravilloso Universo que hay en ti — se da cuenta de lo que dice — olvídalo, estoy desvariando... — mueve rápido su pieza
Erik parpadea con rapidez, pero no quiere quedarse atrás de ese cumplido — a veces me pregunto qué Universo llama más mi atención, el que se encuentra a millones de años luz... — lo mira fijamente — o el que se me presenta justo aquí, frente a mi... debajo de dos zafiros azulados — sonríe, mientras vuelve a jugar
Ahora fue Charles quien mantuvo la mirada fija en Erik, el cual fingía analizar el juego, mientras buscaba calmar sus demonios internos. Charles volvió su vista a su propio juego y se cuestionó hasta donde estaba dispuesto a llegar el ser humano en pos de encontrar la verdad, de descubrir lo que lo esperaba más allá de lo desconocido e inexplorado ¿Él estaría dispuesto a eso? El joven prefirió obviar las dudas, no negarlas, la verdad no podía ser negada, pero ahora no tenía cabeza para razonar eso, no cuando sentía demasiado y sin poder darle explicación, así que volvió la conversación por la raíz principal.
Por el resto del juego, siguieron debatiendo sobre el Universo y sus afinidades, era increíble, es como si entre más compartieran, más hablaran y más descubrieran del otro, los dos Universos, iban acercándose, atrayéndose... acortando años luz y miles de kilómetros de distancia, pero Charles sentía, que de colisionar estos dos colosos, podrían crear algo nuevo, maravilloso, inesperado... una nueva vida. Producto del caos.
Rondaban las 11:00 hrs y Erik no paraba de bostezar, la mala noche que paso, le estaba comenzando a pasar la cuenta y Charles no tardo en darse cuenta.
— Creo que debería irme — mira por la ventana — jugando, se nos pasó la hora nuevamente y se está haciendo tarde...
— Por lo mismo, no puedes irte... — vuelve a bostezar — es muy tarde y me da miedo que salgas a la calle a estas horas — lo mira con suplica — hazme ese favor, mañana mismo yo te voy a dejar... total, ya no estoy con licencia — ríe mientras el bostezo vuelve a interrumpirlo. Charles hizo un último intento de negarse, pero Erik uso su carta final— me gustaría... que te quedaras —dijo con velocidad ahogada
Charles contuvo la siguiente exhalación, para luego fingir tranquilidad, no podía decirle que no — esta... bien, pero dejemos el juego hasta aquí — comenta — estas muy cansado, mañana lo terminamos...
— De acuerdo — responde — el sueño me está matando — parándose con cierta dificultad — deja todo así, mañana ordenamos... y ya sabes dónde está la habitación ¿No? —Charles asintió entre risas — bueno en ese caso, buenas noches... — encaminándose por el pasillo — y gracias... por todo — sonriéndole con timidez
— Buenas noches — dijo Charles aun en un trance, viéndolo desaparecer por la puerta de su habitación. Eran demasiadas cosas que pensar y sentir.
Miro una última vez el salón, como queriendo convencerse de todo lo que habia pasado y sobre todo de lo que habia dicho y hecho; apago las tenues brazas en la chimenea y se fue a la cama, increíblemente había sido un día agotador, las constelaciones y sistemas darían vueltas por su cabeza al dormir, y quizás más cosas. Se encamino a la habitación de huéspedes, para notar que la puerta de la pieza de Erik estaba cerrada, le costó creer que durmiera con la puerta cerrada ¿No le preocupaba quedar encerrado o algo? Cuestiono Charles mientras se metía a la cama.
Ya acostado, comenzó a analizar en profundidad lo insólito que había sido este fin de semana, mañana domingo volvería a despertar aquí y se sentía extraño, algo ajeno, pero tan acogedor. A diferencia de ayer, se acostó con una sonrisa, ansioso de que llegara la mañana y así, poder volver a ver... Erik.
Para las 04:00 hrs. am., el silencio rondaba el departamento, ambos se encontraban dentro del sueño más profundo, sin intervenciones ni molestias, pero a pesar de estar pasando una mejor noche que la anterior, lo que había desaparecido en los días previos, volvió. Las pesadillas y miedos se hicieron presentes, todos sobre el mismo punto, su madre, gritando, suplicando, rogando, frente a un inerte Erik, el cual no podía hacer nada, más que solo observar; si esta era una tortura, de esas que él ya conocía, era la más ingeniosa y despiadada, porque tener que revivir la imagen una y otra vez, era más que horrible. Era insostenible. Y ya no tenía más dudas, lo de hace un año habia despertado todos estos monstruos dormidos.
— Mutter… mutter… — decía su voz de manera ahogada — verlass mich nicht… — aumentando la intensidad del ruego — mutter… mutter… ven, no me dejes solo... — ahoga un grito — ¡Aquí estoy! ¡¿No me ves?! ¡No me dejes! — el grito se coló por la puerta y así lo hicieron los siguientes.
Aunque siempre Raven le había dicho que tenía el sueño pesado, los gritos desesperados de Erik lo despertaron de un brinco. Se sentó al instante en la cama, tratando de localizar el ruido, venia de la habitación contigua, no había duda de eso, se levantó con cierta prisa y salió al pasillo, la puerta seguía cerrada, por lo que pensó un momento que alguien se había metido a la habitación de Erik, quizás un ladrón o alguien que quería atacarlos, pero no sonaban como gritos de lucha o muerte, sino más bien de dolor, de perdida, de separación. Charles se maldijo por razonar en los peores momentos, y acelero el paso hacia la puerta.
Abrió lentamente la puerta, esperando no encontrar nada malo, solo para ver a Erik moviéndose o más retorciéndose en la cama, sus movimientos eran erráticos y algo desenfrenados, seguía dormido, eso estaba claro, pero no tenía control de su cuerpo y sus acciones; una delgada sabana tapaba su cuerpo de la mitad hacia abajo, mientras su cara y su torso brillaban por el sudor. Era obvio que llevaba unos buenos minutos así.
Charles se acercó tímido a la cama, sabía que no podía despertarlo de golpe, podía asustarlo o generar una reacción peor en él. Algo le había enseñado Raven de medicina.
— Erik, Erik... despierta — agachado frente a él — escúchame, reacciona... — comentaba tratando de sonar calmo, pero firme.
No servía, Erik no escuchaba su voz y no paraba de moverse, y mucho menos de gritar; si estas eran las pesadillas que atormentaban a Erik casi todas las noches, en verdad era espantoso, la escena causo gran dolor en él, se veía tan desesperado, tan indefenso, tan... solo.
— Erik, por favor... reacciona — se acerca más — soy yo, Charles — toca su mejilla con su mano derecha — mírame, abre los ojos... estoy aquí, contigo — se sienta con sumo cuidado en el borde la cama — no estás solo, mírame... — la intensidad de los gritos de Erik no disminuía — por favor — mueve su mano izquierda y toma la de Erik, y aunque el escalofrió se hace presente, sabe que hay cosas más importantes ahora — siénteme... aquí estoy — lentamente, las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Erik. La preocupación domino a Charles — Erik, por favor... — su voz ahora sonaba demandante — abre los ojos, mírame... — los parpados de Erik se movían de manera incontrolable — estoy aquí, contigo
Los espasmos de Erik comenzaban a acrecentarse, más y más, la cama se movía de su lugar y Charles ya estaba al borde del pánico. Estaba a punto de tomar el teléfono para llamar a emergencias, era obvio que esto no podría controlarlo solo, y era más que obvio que la licencia tendría que ser presentada, Erik no podía volver a trabajar, no si tenía estos episodios cada noche. Pero en cuanto se puso de pie para ir en búsqueda del teléfono, Erik apretó su mano tan fuerte, que no pudo separarse de él.
— Erik, por favor... suelta mi mano — tratando de separar ambas manos — debo ir a buscar el teléfono, solo es un segundo — haciendo el esfuerzo de liberarse de su agarre, pero Erik era mucho más fuerte que él — Erik... suéltame — la boca del Profesor balbuceaba incoherencia en lo absoluto, Charles suponía que era alemán — Erik, mírame... por favor — su voz sonaba a un ruego, implorado y angustiado, más cuando Erik comenzó a ahogarse, su pecho subía y bajaba de manera veloz, buscando aire con desesperación.
— ¡No! ¡Erik! — aterrado — ¡No me hagas esto! Por favor, resiste... quédate, aquí estoy — Charles golpeaba su mejilla, pero era inútil.
Y así, viendo que Erik ya no controlaba ni siquiera sus respiraciones, hizo lo único que estaba a su alcance. Oxígeno, Aire... respiración. Debía darle aire, y aunque muy pocas veces lo había hecho, lo intento, tenía que hacerlo, era ahora o nunca.
Acerco su rostro al de él y comenzó, primero lento, procurando contar los intervalos y repitiendo la acción, una y otra vez, cada 30 segundos, y así, la técnica no era para nada la más perfecta, pero al menos estaba dando resultado; Raven podía estar orgullosa de sus clases exprés. Erik, lentamente, comenzó a calmarse, su pecho volvía a moverse con calma y Charles sentía el alivio volver a él.
Repitió la acción unas cinco veces, hasta que Erik dejo de moverse, incluso aflojo su agarre de la mano de Charles, pero sin soltarlo; el joven aun ya liberado, no acorto distancia entre sus manos, puesto que la sensación que provocaban al estar juntas era más que gloriosa. El Xavier se alejó unos centímetros de él y lo observo, su frente estaba empapada en sudor y sus ojos, ocultos bajos sus parpados cerrados, no paraban de moverse; seguía soñando, incapaz de volver del todo a la realidad.
Charles lo miro por casi un minuto, no podía creer lo que había pasado en tan pocos minutos, quiso pararse a buscar el teléfono, sentía que aun debía comunicarse con emergencias, pero algo lo detuvo, quería seguir así, cercano, único, con tan solo centímetros de distancia. Ahora, en este preciso momento, era el pecho de Charles el que subía y bajaba de manera errática, su estómago ardía a más de 50° grados, o al menos así lo sentía, y no paraba de temblar; ahora era él quien no podía controlar su cuerpo.
Pero en lo único que podía pensar el joven, es que aun en su estado, Erik se veía tan... bien, aparte de calmo y sereno, volvía a estar en paz y a salvo... parecía casi un Príncipe dormido, a merced de maligno villano, pero justo había aparecido un... Caballero al rescate. Recordó viejos pasajes de su niñez, cuando jugaba a los Caballeros medievales, y siempre que lo hacía, la que estaba en peligro era una hermosa Princesa, de larga cabellera y voz angelical, pero ahora... lo que tenía frente a él, era a un dulce Príncipe, de hermosos ojos verde azulados y una sonrisa que hacía flaquear hasta el más fuerte.
Y cada juego, terminaba igual, la Princesa agradecía a su noble Caballero con un gesto de Amor Verdadero. Un beso. Pero esta no era la ocasión ¿O sí?
Algo gritaba, muy en el fondo de su ser ¿Podía ser su reciente y nueva espontaneidad? Esta solo quería saber algo, experimentar algo, una vez... aunque fuera una sola. El temblor aumento cada vez más, ahora era Charles el que apretaba la mano de Erik, porque jamás, nunca, de los jamases, había imaginado terminar en una situación así.
La distancia se hizo ínfima nuevamente, pero esta vez no iba cargada de necesidad por devolver la respiración, esta vez iba cargada de culpa, curiosidad, anhelo, indecisión, rareza, confusión, vergüenza y sobre todo, un deseo oculto e inexplicable. Se habia presentado la oportunidad esperada.
Charles trago en seco y llevado nada más que por su espontaneidad, posó sus labios sobre los de Erik.
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No había duda alguna, esto no era para nada parecido al RCP.
Chapter 14: 13
Chapter Text
Pasillos
El Profesor se paseaba molesto por el salón, aunque seguía pendiente de su clase y el cómo impartirla, su lenguaje corporal estaba tenso y su respiración corta y distante; incluso sus alumnos más distraídos podían notarlo, claramente este no era la mañana del Profesor Lehnsherr.
El lunes había amanecido como cualquier mañana de octubre, fría, nublada y con un olor a humedad que en lo personal, no le afectaba en lo más mínimo, amaba la lluvia, siempre había sentido que la lluvia lo rejuvenecía, limpiaba sus problemas y le prometía la llegada de una hermosa mañana, o por consiguiente, la oportunidad de una noche limpia, clara y repleta de estrellas a la distancia. Pero ahora ni siquiera quería oler el aroma de tierra mojada o del viento frio golpeando las solapas de su abrigo, ahora estaba molesto, y aunque se negaba aceptarlo, su sentido común sabía perfectamente porque lo estaba.
Termino la clase cinco minutos antes de lo planeado, cosa que extraño a varios, el Profesor acostumbraba a emocionarse con la materia y siempre terminaba raptando varios minutos de sus alumnos, y más razones habían de pensar que se quedaría más tiempo, después de todo, había estado con licencia; algunos alumnos incluso habían tomado un desayuno más contundente, haciéndose a la idea de que pasarían la hora del primer descanso, escuchando ecuaciones y fórmulas matemáticas atrasadas.
Pero no, el hombre quería estar solo, así que adelanto paso veloz a su oficina, a su refugio, negó preguntas sobre materia a sus alumnos, e incluso ignoro los comentarios o consultas que Alex le tenía; solo quería llegar a su oficina y encerrarse ahí por muchas horas. Cerro con algo de brusquedad la puerta, puso el pestillo de seguridad y se hecho sin medir riesgos sobre su pequeño sofá, cosa absurda a decir verdad, porque se golpeó bastante fuerte con el brazo de este. Se volvió a sentar, maldijo su torpeza y se sobo con mala gana la cabeza, si antes tenía un dolor intenso, ahora además, era palpitante.
Se acerco a su escritorio, buscando distraer la mente, pero no podía; estaba tan molesto. Reclino la cabeza hacia atrás, tratando de ordenar sus ideas o en último caso, acelerar el correr de su sangre hacia su cebero, quizás eso le haría pensar cosas menos molestas, pero no, al contrario, solo lo hizo revivir el malestar una y otra vez. Y casi pareciendo masoquista, se inclinó nuevamente hacia su escritorio, revolvió algunas hojas y saco un papel algo arrugado; el mismo lo había hecho ayer domingo por la mañana.
Lo tomo fingiendo calma, inhalo añorando un trago de valentía y volvió a releer lo que ahí estaba escrito, quizás había pasado algo por alto, quizás lo había malinterpretado o quizás, quería autoconvencerse que lo que decía ahí, era cierto.
Estimado Profesor Lehnsherr
Lamento mucho el tener que irme de esta manera, pero surgió algo de último momento durante la madrugada de hoy y debo volver de suma urgencia a mi departamento.
Agradezco enormemente su hospitalidad y ayuda, y le pido nuevamente disculpas por todos los inconvenientes que le cause.
Creo que lo mejor para los dos es que tomemos cierta distancia, al menos por un tiempo hasta que yo lo considere prudente, para que se recupere completamente. En estos momentos usted debe estar rodeado de quienes se preocupan por usted y le tienen alta estima, y temo que yo no soy uno de ellos.
Fue un placer conocerlo, compartir con usted gustos en libros y música, es una persona muy especial y le deseo lo mejor en su vida íntima y profesional.
Un abrazo afectuoso y hasta siempre.
Charles
No, no habia malinterpretado nada, no habia confundido palabras, no habia pasado nada por alto; lo que decía la carta era solo la verdad, Charles le habia dejado más que claro que no quería estar cerca de él, que no se preocupaba por él y lo que más le dolía, es que no sentía estima hacia él. El mismo lo habia expresado: temo que yo no soy uno de ellos.
No lograba comprender el porqué de todo esto, y es cierto, quizás su actitud era inmadura o su reacciona algo exagerada, pero es que trataba de repasar cada detalle, cada momento del fin de semana pasado, y no habia nada que le hiciera pensar que el joven saldría prácticamente... huyendo, porque así lo sentía. Lo único que venía a su mente, eran cosas bellas, momentos gratos, conversaciones subliminales y una cercanía tan genuina ¿No podía haber algo malo ahí, o si?
Su mente rebuscaba y rebuscaba, quizás Charles es demasiado cortes o caballero para decirle algo que hizo mal, quizás fue muy confianzudo, quizás muy irrespetuoso, quizás hizo un comentario desagradable sin darse cuenta, quizás se arrepintió de contarle cosas más íntimas. No sabía, y lo peor, no lo entendía, no podía hacerlo.
Volvió a arrugar la carta, pero esta vez con ganas, para luego lanzarla lejos. Tomo una decisión, estaba decidido a que no iría a buscar a Charles, el joven habia tomado una decisión y él iba a respetarla, aunque en el fondo le doliera en el alma, y ni siquiera sabía porque. Es que este fin de semana pasado habia sido prácticamente perfecto, jamás habia compartido de manera tan amena y cercana con otra persona, jamás habia logrado conversar sobre sus gustos, sus miedos, sus pasiones, sus dolores y temores con alguien, como lo hacía con Charles; el joven era único, en cuerpo y alma, y su cercanía era tan asfixiante, que de cierta forma llega a ser... embriagadora.
El sonido ronco de la puerta siendo golpeada una y otra vez, lo devolvió a la realidad — ¡Hey! ¡Erik! — gritaron desde afuera — ¿No me vas a tener parado aquí toda la mañana?
— ¡Si! — parándose con torpeza — perdón... — encaminándose a la puerta
El Profesor abrió la puerta, dejando entrar a su colega, quien temblaba levemente por el frio, en verdad comenzaba a hacerse presente el invierno — ¡Mon Dieu! ¿Qué demonios pasa contigo?
— ¿De qué hablas? — cerrando nuevamente la puerta con pestillo — ¿Hace frio, no? — sin mirarlo y encaminándose hacia su escritorio nuevamente
— Si, mucho... — mostrándole como temblaba — por eso es cortes abrir la puerta cuando alguien llama... — insistió Remy frotando sus manos
— Si, está bien... — comento ofuscado — ya entendí — sentándose de mala gana en su silla
Remy lo observo unos segundos y comenzó a analizar la situación — Ami… ¿Qué te pasa? — acercándose al escritorio — yo pensaba que al volver de tu descanso, de tu licencia... estarías más calmado, más tranquilo — acerca la silla frente al escritorio y se sienta — ¿Quoi de neuf mon Ami? — su voz detonaba preocupación — ¿Acaso siguen las pesadillas? ¿Volviste a tener una crisis?
Erik dio un largo y pausado suspiro, no le gustaba mentirle a su amigo, porque sentía que cada día que pasaba, le tenía más confianza para llamarlo amigo, pero la situación actual que pasaba por su mente no era fácil de explicar, en ninguna forma — la verdad... ni yo lo sé — mintió con completa honestidad — solo amanecí algo irritado hoy
— Oui, así lo noto — comento con cierta obviedad — ni siquiera tomaste en cuenta a los alumnos — reclinándose en la silla — el ultimo estuvo un buen rato golpeando tu puerta y se veía bien afligido
Erik hizo la conexión en menos de un segundo — ¿Quién? ¿Qué alumno? — casi escupiendo
Remy se sorprendió ante su reacción — no... lo sé — ríe incomodo — tú sabes bien que soy pésimo para los nombres, no recordare los de mis alumnos... menos recordare los tuyos
— ¿Cómo era? — Erik insistió
Remy dudo unos segundos ante la confusión del momento — pues era un poco más bajo que tú, pelo castaño... — tratando de recordar. El cerebro de Erik indicaba que no eran argumentos concretos para establecer la posibilidad de que fuera Charles, era una descripción muy ambigua, pero el pecho de Erik aullaba solo una respuesta obvia: era el Xavier
— ¿Ojos?
— ¿Ojos? — levanto una ceja sorprendido — ¿Los míos o los del alumno? — Erik hizo una mueca de desdén — entiendo... — volviendo a reír incomodo — vert... verdes, inconfundibles a decir verdad...
Erik volvió a recargarse en la silla sin ganas ni fuerzas, no era él; su Charles tenía dos zafiros azulados bellísimos, esos ojos sí que eran inconfundibles. Su cerebro detuvo todo en el acto ¿Su Charles? Eso de donde habia salido, ni siquiera lo habia planeado o pensado, fue completamente repentino y espontaneo. Hace días que se estaba cuestionando por qué comenzaba a hacer cosas de la nada, no era de las personas maniáticas que les gustaba planificar todo, pero si se consideraba una persona ordenada y controlada, que media muchos sus palabras, con el fin de no herir a otros, aun si estos lo herían a él; su madre le habia enseñado desde pequeño que las palabras dolían mucho más que los golpes, porque al menos estos cicatrizaban, pero las palabras eran eternas, y solo la memoria ya desgastada, las dejaba ir.
— Y por eso... — proseguía su colega — ¡Hé! — chasquea los dedos frente a los ojos de Erik — ¡Tierra a Erik!
— ¿Ah? ¿Que? ¿Qué pasa? — volviendo en si
— Te estaba contando que descubrí la cura contra el cáncer... — respondió — en serio... ¿Qué demonios te pasa? — Erik esquivo su mirada fingiendo ordenar su escritorio — ¿Seguro que no deberías haber tomado la segunda licencia?
— Ya te dije, estoy bien... — guardando unas guías en una carpeta
— Oui, una cosa es lo que digas... — siguiendo sus acciones — y otra cosa es lo que yo veo... — detiene los movimientos de Erik con su mano izquierda — y lo que yo veo... es que no estas bien — claramente estaba preocupado — ¿Por qué no te vas a tu casa? Yo puedo cubrirte en las clases de la tarde y así aprovechas de descansar, de dormir...
— No puedo irme y ya a mi casa... — comenta con tranquilidad — apenas vengo saliendo de una licencia, no voy a irme así como así y además... hay muchas pruebas que corregir — viendo las resmas de papel sobre la otra mesa — estaré bien, quizás solo tengo hambre... — comenzando a pararse — ya son casi las una... — viendo el reloj en la pared
— ¿Por qué no hablas con alguien? — insistió — es claro que no quieres hablar conmigo, y lo entiendo... estas en tu derecho, pero — inhala — no quiero ser majadero con este tema, pero no quiero que Emma me llame a las tres de la mañana porque volviste a tener otra crisis y terminas... en coma — parándose detrás de él — Erik, por favor... estoy preocupado por tu salud, Mon Ami...
Erik exhalo con cierta culpa y agradecimiento — gracias... — volteándose a él — y disculpa en verdad, tienes razón... tengo que tomarme las cosas con más calma — vuelve a inhalar pero por la boca — sabes... no ha sido fácil, y te agradezco la preocupación — le sonríe con gratitud — está bien, hablare con alguien...
— Eso quería escuchar — dándole un afectuoso golpe en el hombro — tu salud siempre es primero, recuerda eso — sonriéndole con ahínco — quizás solo necesitas encontrar la persona correcta con quien contar o con quien hablar... — sonríe con picardía — ¿No hay nadie por ahí un poco, ya sabes, más especial e íntimo? Quizás Emma...
Erik sintio un fuego arder en su estómago, su mente solo vislumbro dos ojos azulados, una sonrisa grata y una piel tersa y blanca — no, nadie... — respondió veloz y con claro nerviosismo
— Oui, seguro... — comento con ironía — entonces eso es — golpeándolo con el codo — te lo tenías guardado, Don Juan — ríe entre dientes — pero bueno, no me meteré... si quieres consejos de amor, te aviso que no soy el indicado — cerrando la silla hacia el escritorio — mi última novia se quedó en Paris haciendo su vida y dudo que se acuerde de mi — agrego algo apenado — en fin... — encaminándose a la puerta — cuando se concrete, preséntamela... debe ser tres joli para tenerte así, quizás tengo una Ami sexy — vuelve a reír mientras niega con la cabeza — los años de soltería te hacen mal, más cuando pasas los 30 y como dice mi abuela... "no te cotizas" — bajando la cabeza rendido — hé... — tomando un papel arrugado en el piso — yo pensé que eras más limpio.
Erik entra en pánico, si Remy lee lo que está en la carta, lo más seguro es que es hombre muerto, aunque no sabe muy bien porque — eso... — asustado
— Entiendo... — le tira la bola de papel — lettrees d'amour, aunque por tu rostro calmado, de seguro son cartas eróticas... — Erik toma la bola en el aire — no me meto — saca el pestillo y abre la puerta — aunque no doy consejos, te regalo este... habla con ella, no importa que discusiones o malentendidos tengan, todo se arregla conversando — le sonríe — cuídate... Au revoir — sale feliz hacia el pasillo, cerrando con algo de fuerza.
Erik mira la bola con detención y luego la aprieta con fuerza, buscando darse valor y discernimiento sobre que debía hacer y en cuanto escucha el papel quebrajándose, toma la decisión — tengo que hablar con él — subiendo la mirada decidido y sin darse cuenta de que estaba hablando solo — me estoy volviendo loco, si... esa es la única verdad — toma su chaqueta y sale de la oficina determinado.
A lo lejos, pero dentro de la misma Universidad, un joven Xavier juguetea con su comida, era claro que ya estaba más que fría y el brócoli al cual no se cansaba de pinchar, no le quedaban más espacios libres de agujeros. Su compañero, sentado a su lado, quien ya habia terminado su comida, no despegaba la vista de su amigo, Charles no se veía para nada bien, estaba distante, alejado, triste... como si hubiera hecho algo horrible, de lo cual ya no podía dar marcha atrás.
— Charles... ¿Qué sucede? — pregunto con preocupación
— Nada — respondió a secas
— Nada — repitió — es el sexto nada desde que salimos de clases... ¿No tienes otra palabra?
— Que te parece... no molestes — lo mira de reojo con la cabeza apoyada en su mano derecha
— Me gustaba más nada — respondió algo molesto
Charles exhalo por la nariz rendido — perdón, solo que hoy no es mi día
— Si, ya lo note — comento Scott — ¿Paso algo el fin de semana?
¿Paso algo? ¿Qué si paso algo? ¡¿Que si paso algo?! Repitió su cabeza molesta y ofuscada. No, nada. Solo se fue a meter al departamento de un hombre mayor, sin permiso de sus padres, que además es un Profesor que trabaja para su madre, se dio el lujo de mojar su ropa como paraguas nuevo, se desvistió en un departamento que no es el suyo, se durmió en una cama que no es la suya, desayuno, almorzó y ceno fuera de su casa en todo el fin de semana, o casi todo. Se abrazo con un extraño, acaricio las manos de un extraño, le dio respiración boca a boca a un extraño... ¡Beso a un extraño! No, nada, absolutamente nada habia pasado.
— No, nada — volviendo a responder a secas — tú sabes mejor que nadie que aparte de mis escapadas con Moria a Liverpool o Manchester para tener sexo cada cinco minutos en mi departamento de 500 metros cuadrados... mi vida es bastante normal y aburrida
Scott rio por lo bajo — bueno, al menos no has perdido tu sentido del humor
Charles enderezo la espalda — sí, solo hoy me levante con el pie izquierdo, suele pasar...
— Que suerte que no soy zurdo, o podría sentirme ofendido — tomando la taza de té con la mano izquierda
— Perdón... — respondió. Resintió su último comentario, habia prometido no volver a pedir tanto perdón, aunque eso habia sido a una persona diferente, una que quizás no volvería a ver y todo por culpa de su estúpida espontaneidad.
— ¡Charles! — grito una voz feliz a la distancia
— Oh no... — comento Scott
— Lo que faltaba... — casi enterrando su cabeza en la comida — mátame, por favor... antes que llegue y reparta sus esporas por doquier
— Demasiado tarde, amigo — respondió Scott viendo como Moria se pegaba a él como una sanguijuela
— ¿Cómo estás? — pregunto risueña
— De maravilla — respondió él. Debía mantener su caballerosidad intacta — ¿Y tú?
— ¡Estupendo! — mira a Scott — hola, Steve... — sonriéndole con toda naturalidad
— Casi... es Scott — respondió el joven
— Perdón — riendo con culpa — sabes que soy mala con los nombres
— Si, ya lo note... — susurra mientras toma té — es mi culpa, olvide el collar con mi nombre — señalando su cuello.
Charles oculta una sonrisa y Moira lo ignora — oye — agrega el Xavier — vi que a tu padre le dieron una nueva medalla
— ¡Sí! — dijo feliz — es por todos sus años de servicio, acaba de romper el récord como el Jefe de Scotland Yard con más años de servicio — sonríe con orgullo — los rumores dicen que si cumple cinco años más, podría recibir la ¡Excelentísima Orden del Imperio Británico! — casi chillando. Charles mostros sorpresa, habia varios en su familia que la querían, entre ellas su padre, aunque lo negara, aunque un solo miembro la tenía actualmente — ¿Te lo imaginas? Tu familia y la mía siendo parte de la corte real, familiares de la Reina... — casi ahogándose.
Charles prefirió no corregirla, pero claramente la joven no estaba muy al tanto del Sistema de Honores Británicos, uno que él conocía al revés y al derecho, su madre lo habia hecho memorizar cada norma y sobre todo, a cada uno de sus miembros, a muchos de ellos los conocía, o al menos a sus descendientes y también había compartido con ellos en muchísimas fiestas de caridad, juegos de polo y casería. Solo recordarlo le traía dolor de cabeza.
— Suena fantástico — comentó Charles
— ¡Lo sé! — grito feliz — me llegan a dar náuseas de solo pensarlo...
— A mi igual... — volvió a comentar Scott mientas seguía tomaba te. Moira esta vez sí lo escucho
— Pero bueno, la verdad... venía a otra cosa — prosiguió sonriéndole. Charles miro a Scott y luego decidió darse una licencia.
— Entonces... ¿A qué debo el placer de tu visita? — preguntó con parsimonia el Xavier. Scott rio muy sutilmente, notando el sarcasmo de Charles.
— ¡Lindo! — comentó feliz — siempre sabes que decir... — Charles solo le sonrió — bueno, el decano me comentó que Steve estaba requiriendo tutor para algunas materias
— Scott — agregó el joven a secas
— Perdón, ya sabes...
— Descuida, se lo difícil que es para tu cerebro retener cosas — vuelve a tomar de la taza que claramente ya estaba vacía. Moira hace una mueca de desdén, dispuesta a contestar, pero Charles se le adelanta
— Querida, decías...
— Si, cierto — volviendo a la dulzura instantánea — como saben, soy la representante de los alumnos de primer año y por tanto es mi deber presentar a todos los tutores y sus alumnos
— ¿Representante? — pregunto algo confundido Scott — no recuerdo haber votado para eso
— Si votamos, solo que no estabas presente — comentó triunfante — además es una elección simbólica entre las familias más antiguas de Oxford — claramente incluyéndose en esa lista.
— El nepotismo en su máxima expresión — agregó el aludido, mientras la chica lo miraba confundida — te lo explicaría, pero de seguro no lo entiendes...
— Me sorprende que alguien tan cortes y caballero como Charles, pase todos los días con alguien como... tú — comento molesta
— Bueno, solo uso para copiarle en los exámenes — dijo con aires de mufa — es el único medianamente inteligente en este lugar... — Moira frunció el ceño.
— ¿Ya terminaron? — preguntó Charles algo cansado
— Como sea, el punto es que acabo de concretar tus horarios de tutoría, los arriendos de cubículos de estudio en la biblioteca y el cómo te facilitarán todos los apuntes extras — concluye algo molesta pero orgullosa de su labor
— Gracias por tomar mi opinión en cuenta — dijo con ironía el joven. Moira mantuvo la mirada de molestia.
— Dale un mérito, Scott... — comentó Charles — prácticamente hizo todo
— Gracias, Charles... tu siempre tan comprensivo — recalcando cada palabra — y para que veas que soy eficiente, le dije a tu tutora que nos encontrara aquí — subiendo la mirada para comenzar a buscarla — no debería tardar... — volviendo a mirarlo — supe que no pudieron concretar la primera reunión, así que creo que es mejor concretar esto ahora mismo — dibuja una sonrisa, justo cuando alguien se cruza en rango visual — ahí viene... — parándose y dirigiéndose a la mujer a la distancia
— Creo que fuiste un poco descortés — susurró Charles inclinándose hacia delante
— Cada día que pasa, creo que tu caballerosidad... raya en lo estúpido — agrego Scott. Charles soltó una risa leve, Scott tenía un humor tan extraño, pero le agradaba y entonces cayó en cuenta de lo que dijo Moira.
— ¿No que ya te habías juntado con la tutora?
— Teníamos una hora agendada, pero al final no llego... la espere por horas — comento con molestia — así que la verdad no le tengo mucha fe, o es una irresponsable que solo usa esto de las tutorías para ganar créditos con su Profesor o una sabionda irritante — con cierto desdén — que te apuesto que se acuesta con el Profesor
— Scott... — dijo en susurros de timidez
— Aunque claro — prosigue — querer acostarse con un Profesor siempre está entre las mejores fantasías del mundo... y si le sumas que la Profesora esta guapa — sonríe con picardía — no le veo ningún problema — Charles guardo silencio algo incomodo, pero sobre todo acelerado ¿Acostarse con un Profesor? Jamás siquiera habia pasado por su cabeza, pero sin planearlo, un alemán de dientes perlados apareció en su mente; lo bloqueo al instante — de seguro... es una nerd horrible — agrego con desgana y queja
— ¡Chicos! — grito Moria casi corriendo hacia ellos — les presento a Jean Grey... — arrastrando a la joven del brazo hacia ellos
— ¿Qué tal? — dijo la joven con suma calma
Charles le sonrió con cortesía, la verdad, no se veía para nada como Scott la predijo, se notaba que era alguien distante, pero inteligente, simple a primera vista; le agradaba la gente que se veía desinteresada, sin preocuparse de los asuntos de los demás.
— Él es Charles Xavier — presentó Moira — hijo del conocido Doctor Brian Xavier — la joven subió una ceja levemente sorprendida — y de la de Física Sharon Xavier — eso sí sorprendió a la joven — incluso es familiar lejano del Duque de Gloucester... — Charles bajo la cabeza algo apenado y avergonzando.
Siempre era lo mismo, reconocimiento por lo que otros hicieron, jamás por solo ser el mismo ¿Y de donde habían sacado eso del Duque de Gloucester? Jamás había escuchado ese rumor hasta que llego a Oxford, rumor que claramente no era cierto y sumamente improbable, de ser familiar del Duque de Gloucester, implicaba también estar relacionado con su Alteza Real la Reina, ya que eran primos hermanos. Charles ni siquiera era inglés.
El joven volteo para ver a su amigo, de seguro ni siquiera estaba tomando en cuenta a los demás, pero hasta él se llevó una sorpresa; Scott estaba fijo mirando a la joven, casi parecía embobado, su mirada era tan atenta y penetrante, que en cierto punto llegaba a ser incomoda. Charles sonrió a todo lo ancho, era claro que la joven no era para nada parecida a lo que Scott esperaba.
A lo lejos, un Profesor se paseaba ente los pasillos, tratando de disimular que claramente buscaba a alguien, llevaba ya unos buenos minutos buscando y el hambre comenzaba a molestar, estaba por darse por vencido, cuando descubrió unos bellos ojos inconfundibles a la distancia; era él. Se quedo oculto tras los muros, observando al joven, se veía tranquilo y tan feliz, completamente ajeno al mundo que lo rodeaba, Erik siguió inerte mirándolo, encontrándolo además, rodeado de otras personas, mujeres incluidas.
— Y él... — girando hacia el compañero — es Steve Summers, tu alumno — comento con mufa, esperando que el joven refutara, pero solo hubo silencio — Steve... oye, Steve... — haciéndole señas con la mano
— Creí que se llamaba Scott — comento la joven con cierta confusión
— Si, perdón — volviendo a reír — como dije, soy mala con los nombres
— Hola, un gusto... — viendo que el joven no reaccionaba — supongo — agrego algo incomoda retrayendo la mano.
— Scott... — indico Charles — responde algo, no seas descortés...
— Si, claro — parándose con torpeza, casi golpeándose con la mesa — Scott Summers — estirando la mano hacia ella. La joven demoro unos segundos en reaccionar, algo de él le generaba escozor.
— Jean Grey — respondió sin reacción. Prefirió obviar la sensación de incomodidad, esto solo era un trabajo.
— ¿En serio eres mi tutora? — preguntó Scott algo emocionado
— ¿Tienes algún problema con eso? — levantando la ceja medianamente ofendida
— Para nada — respondió con clara coquetería
— Que bueno — contesto firme. Abrió su bolso y sacó unos papeles — ahí está el horario de estudio, las materias y las fechas de las próximas pruebas — se los pasa — no me busques después de clases, no me busques en los descansos, solo en los horarios y lugares establecidos y tienes estrictamente prohibido seguirme a mi casa — Scott se extrañó ante ese comentario — ¿Alguna duda? — el joven negó con rapidez — excelente — mira a Moria — me voy y gracias por la ayuda
— Al contrario, tú me ayudas a mi — mira de reojo a Charles, cosa que confunde al joven, había algo oculto entre líneas.
— Adiós — se da media vuelta y se devuelve por los pasillos, en completo silencio.
— Bueno... — acercándose a Charles y tomándolo del brazo — un gusto verte, mi querido Charles — cerrándole un ojo — adiós, Steve... — viendo de reojo al joven — cuídate — se va caminando mientras voltea constantemente a ver a Charles.
El joven le sonrió por cortesía y levanto la mano, despidiéndola; la verdad no es que detestara a Moira, le era completamente indiferente lo que hacía o decía la joven, jamás la trataría mal o con descortesía, él no era así, pero si alguna vez la chica llegara a intentar algo, lo más seguro es que tendría que detenerla, buscando siempre no herirla; los sentimientos de una dama siempre son lo primero, su padre siempre le repetía eso desde pequeño; tratarlas a todas como Reinas. Pero dudaba que eso pasara, Moria era una joven de la alta aristocracia británica, jamás se rebajaría a dar el primer paso; por ahora, era feliz montando una historia de amor adolescente en su mente y para los demás, y eso poco podía importarle a Charles, no sería la primera vez que inventan algo de él y dudaba que le trajera problema, después de todo, supuestamente tenía la protección de la mismísima Casa Real; ese comentario lo hizo reír, a veces algunos rumores si podían servir.
Varios metros más allá, Erik observo como termino todo y por primera vez en su vida, sintio algo sumamente doloroso, cortante, frio, distante y tan irritante. Era como una especie de zozobra, como si algo sobrara, o más bien, el que sobrara fuera él. Inhalo con fuerza, se arrepintió con creces de haber venido, o si quiera de haber comenzado esta búsqueda estúpida sin motivos ni razones y se fue devuelta a su oficina; el hambre se habia ido.
— Estúpida — comento Scott molesto — podría tener tatuado mi nombre en la frente y de seguro me diría Bruce... — bufo devolviendo la vista a los horarios — pero eso poco importa ahora... — exhalando con pausa — vaya, que mujer... — tirándose a la silla — que belleza — acerca la hoja a su nariz — y ahora no se me olvidara jamás su perfume — sonríe feliz — y ese cabello... — volviendo a suspirar
— Pareces un perro fuera de una carnicería — agrego Charles entre risas
— ¿Y cómo no estarlo? — viendo como su amigo se aleja de la mesa — con semejante mujer — sonriendo de oreja a oreja
— Se ve que tiene su carácter — comentó Charles
— Mejor... — dice orgulloso — las mujeres fáciles son aburridas, es más entretenido y desafiante cuando tratas de conquistar a una difícil
— Siempre habia creído que en estas cosas... la fluidez lo era todo — votando la comida al basurero, ya no tenía caso seguir fingiendo que estaba comiendo.
— Claro que es importante, el primer encuentro es clave — señala la mesa con su dedo — pero en cosas de conquista, lo más importante es la meta
— ¿Meta? — completamente confundido. Permanece de pie a un costado de la mesa, claramente ya se estaba haciendo tarde.
— En serio tengo que enseñarte mucho — comenzando a pararse — aunque el parecido en gustos es importante, al igual que la inteligencia, los sueños que persigue... y claro, la belleza — algo dudoso — aunque para mi vale más la interior — agrega — el punto más importante siempre será el desafío — Charles solo observa su catedra — el cuanto te cuesta conseguir algo, el cómo todo el mundo se opone a algo que tu deseas con ahínco y como todos, incluso esa persona, te dice que no es para ti, que es imposible, impensable... ahí entra la fuerza de voluntad — decidido
— Pero forzar algo — prosiguió Charles — no es la idea, cuando algo no está destinado a ser, no pasara
— Me extraña, Charles — algo sorprendido — que tu creas en el destino, eso no existe... uno mismo se forja su propio destino y hay una gran diferencia en forzar a alguien a estar contigo, a luchar por estar juntos pese a las adversidades...
— Si, claro — refuta — pero a lo que me refiero es que hay cosas que no están hechas para uno
— Eso es limitarse — comenta seguro — si quieres algo, vas por ello... punto — doblando en el siguiente pasillo — y si el mundo te dice que no, le das la espalda... total, estas luchando por algo que tú quieres ¿Qué sabe el resto sobre lo que quieres y anhelas?
Charles prefirió quedarse mudo, así que lo justifico levantando ambas cejas, aunque la verdad, si se habia quedo sin argumentos para refutar, le sorprendía como con el pasar del tiempo, cada día iba perdiendo más la capacidad de siempre tener la última respuesta. Cuando era pequeño, siempre dejaba mudo a los adultos y conforme iba creciendo, ese poder no disminuía, al contrario, se perfeccionaba y aunque en un comienzo lo negara, le gustaba la sensación que dejaba, era una satisfacción sumamente gratificante.
Pero desde hace algunas semanas, no siempre lograba concretar esa característica casi típica de él, no desde esa noche... en que hablaron con Erik sobre amor. Solo pensarlo, solo con recordarlo y su corazón se aceleraba a mil pulsaciones por segundo, y cuando recordaba lo último que sucedió, no, se negó a recordarlo, no podía recordarlo. Eso jamás habia pasado, fue su maldita y estúpida espontaneidad que lo traicionaba nuevamente, cada vez que veía a Erik, cada vez que pensaba en Erik, cada vez que lo recordaba... cada vez que volvía a saborear ese beso.
Scott tuvo que sujetarlo fuertemente del brazo — ¡Charles! — dijo preocupado — ¡Reacciona, hombre por Dios! — sin soltarlo — por poco y caes por las escaleras
— Perdón — algo asustado aun por el grito
— Charles... — sujetándolo mientras bajaban las escaleras — estas mal, en serio... tienes que hablar con alguien, por favor — el joven solo acelero el paso
Las clases de la tarde pasaron rápido, poco le importaba lo que pasaba el Profesor de Biología Humana, y terminado el sufrimiento, se encamino veloz en su bicicleta a su turno en la librería; quizás el trabajo lo haría olvidar todas las estupideces que hacía. Para su suerte, solo estaba Jason, no es que detestara a los padres de este, pero encontraba que eran demasiado cerrados y aprensivos, era obvio que a su hijo le costaría mucho volar lejos del nido.
El joven estudiante también noto la actitud extraña y distante del Xavier, pero a diferencia de Scott, no tenía el valor ni la confianza para preguntar, así que mejor callo. Pero conforme las horas pasaban y la hora de cerrar se acercaba, se dio cuenta que ya no podía seguir evadiéndolo.
— Charles... ¿Qué te pasa? — pregunto con algo de timidez
El Xavier ya estaba cansado de que le siguieran preguntando, detestaba dar explicaciones y mucho más, mentir — nada, solo estoy muy cansado, ordene mi departamento el fin de semana y quede agotado, es todo
— No has tocado ningún libro, y te encanta ojear los libros... — insistió
¿Desde cuando la gente terminaba conociéndolo tan bien? ¿Acaso era demasiado transparente con sus emociones? Por mucho tiempo deseo que la gente quisiera conocerlo como realmente era, que se diera el trabajo de indagar más allá, pero ahora, no quería a nadie cerca, quería enterrarse treinta metros bajo tierra. Sin embargo, se dio cuenta que los demás no preguntaban de curiosos o interesados, su preocupación era genuina.
— Jason... — lo mira — ¿Puedo ser sincero?
— Por supuesto — dijo le joven sentándose sobre una pila de libros
Charles da un largo suspiro mientras se sienta en el suelo. Iba a sincerarse, aunque sea medianamente con la persona que menos esperaba, pero por alguna razón, se sentía cómodo al lado de Jason e incluso, se relacionaba un poco con él, sus historias familiares se parecían — ¿Alguna vez has hecho algo que sabes que está mal, pero... que al momento de hacerlo, se sintio muy bien? — su voz sonaba apagada
Jason parpadeo varias veces, habia entendido claramente la pregunta, pero le sorprendía la profundidad de esta — la verdad... no — respondió con completa honestidad — mis padres no me dejan hacer nada
El Xavier sintio pena por el joven, nuevamente se hacía presente la cercanía de sus historias y realmente venía sintiéndose eso hace varios turnos de trabajo, hace ya más de una semana que terminaban conversando sobre la vida, sus familias y sus sueños durante los espacios libres de padres y clientes; se volvió casi en una tradición. Algún posible cliente entraba, miraba alrededor, quizás en un día de suerte compraba algo y luego dejaba a Charles y Jason solos, tiempo que aprovechaban para hablar, y aunque siempre buscaban diversificar su tema de conversación, al final siempre volvían a lo mismo. Los Padres. ¿Qué es lo peor que te han hecho? ¿Qué cosa te han prohibido que jamás lograste comprender? y sobre todo ¿Qué tanto derecho tenían a influir en tu vida? ¿En tus decisiones? ¿Quién debía poner el límite? Jason siempre decía que él, mientras que Charles al final siempre, de cierta forma, terminaba justificándolos, y Jason lo complementaba diciendo que aunque estaba convencido de que él mandaba en su propia vida, no tenía la seguridad y confianza para decírselos.
Charles exhalo con lentitud — pero si tuvieras la oportunidad de hacerlo algo impensado, incontrolable e inesperado, que al concretarlo... — sonríe con dulzura — sintieras la gratificación más grande del mundo — lo mira — ¿Lo harías?
Jason sube la mirada decidida — si tuviera la oportunidad, no la desperdiciaría... — inhala con nervio — porque quizás no volvería a tenerla jamás — Charles se quedó mudo... otra vez — ¿Consumiste drogas? — pregunto con total honestidad
— ¿Que? — pregunto confundido — no, jamás...
— Bueno... — sube la mirada tratando de ordenar las ideas — con esos padres no te culparía, yo también lo consideraría... creo que la única razón por la que no he caído en eso es porque no tengo dinero — justificándolo con cierto dolor y Charles resintió ese comentario, esa jamás debería ser una opción, pero las personas a veces pueden verse acorraladas sin salidas — pero supongo que todo depende del punto de vista con que se le mire...
— ¿Como?
— Claro, quizás te sientes mal porque en verdad es algo malo lo que hiciste... — Charles baja la cabeza apenado — o quizás los demás lo ven como algo malo, pero para tu parecer, es bueno... o más bien, te hace sentir bien — suspira — no todo es blanco y negro, la vida tiene matices y la belleza es ver y sentir a través de esos colores — concluye seguro
Era oficial, Charles se habia quedado absolutamente sin argumentos. No podía comprender como alguien menor que él, que no tenía grandes o nulas experiencias sobre la vida, y que se encontraba quizás incluso más atrapado que él y con muchas menas opciones de vida, le estuviera dando cátedras sobre el valor y la belleza de vivir lo deseado pero prohibido. Le sonrió con el mayor agradecimiento y tomo su mano.
— Muchas gracias, Jason... creo que te subestime, te pido perdón — con suma dulzura en su voz
Jason sonrió con pesar — descuida, no eres el primero... la gente jamás quiere escuchar lo que tengo que decir, porque asumen que no valdrá la pena... — su voz trataba de mantenerse firme
— Bueno, no para mí... — comenta seguro — y muchas veces las mejores cosas, las mejores personas... — coloca su mano sobre su hombro — vienen de los lugares menos esperados — el joven le sonrió agradecido, pero sintiendo una extraña sensación en su pecho — y lo que acabas de decir, es justo lo que necesitaba escuchar... eres un buen amigo — el joven sintio el ardor subir por todo su rostro.
En cuanto el trabajo termino, Charles se fue directo a su departamento, con suerte se despidió de Jason, pero este no le dio mucha importancia, al menos no por hoy, había pasado un momento increíble con el Xavier, eso debía bastar. Por su lado, el estudiante de historia trato de llegar lo más rápido y a una hora decente para poder hacer una llamada, esperaba que del otro lado le contestaran, habia mucho que decir, mucho que explicar y rogar la aceptación de una disculpa honesta. Estaciono su bicicleta a las afueras, el frio le estaba calando los huesos, al parecer, en verdad tendría que comprarse un auto ¿Con que dinero? Esa era la pregunta. Su trabajo le daba lo justo para vivir, la Universidad estaba cubierta por una beca y el departamento... ese era un tema más complicado.
Subió las escaleras del viejo edificio, y mientras buscaba las llaves, escucho la voz de la Sra. Grant, su dulce y anciana vecina, siempre le regalaba dulces que le sobraban cuando su familia venía a verla; incluso a veces, la dejaba pasar y tomaban él te juntos, era una señora de lo más agradable. Y cuando daba el último paso, se dio cuenta que su vecina conversaba con una voz demasiado conocida; doblo la escalera y lo encontró.
— Ya le dije, caballero — comento la mujer con cierta pena — el pequeño Charles siempre llega tarde después del trabajo y... — lo ve asomarse — ¡Hablando del Rey de Roma!
Charles sintio como la sangre se le congelo, el corazón se le detuvo, la respiración se pauso y el cerebro dejo de dar órdenes. Estaba ahí, de punta en blanco, mirándolo quizás con la misma intensidad con la que el joven lo observaba.
— Charles... — dijo casi en un trance
— Erik... — respondió con cautela
— Bueno, lo dejo con su visita mi pequeño Charles — pasando a su lado — siempre es un gusto verte
Charles demoro en reaccionar — igualmente, Sra. Grant — volteándose para verla entrar a su departamento — Erik... yo... — las palabras no le salían. Era el peor momento para que la elocuencia lo abandonara
— No digas nada — caminado hacia él. Charles sintio como sus extremidades le fallaban, temblaban como papel contra el viento — ¿Tienes algo que hacer esta noche?
Charles sigue inerte — no... se — respondió con titubeos
— ¿Es un sí o es uno? — pregunto mostrando su bella sonrisa. Charles estuvo a punto de flaquear, aun con el frio, los labios del Profesor se veían rojos y tibios; borro al instante esa idea.
— Si... ¡Digo no! — con velocidad — no tengo que hacer... nada
— Excelente — abre su bolso y saca dos entradas — porque me conseguí con un amigo dos entradas al cine para el estreno de Star Wars — mostrándolas — ¿Vamos? — volviendo a sonreír
Charles ya habia perdido la cuenta de cuantas veces habia parpadeado de manera incrédula, tenía que estar soñado, si, eso era lo más obvio — ¿Es en serio? — fue lo único que logro articular
— Claro — riendo por lo bajo — es 31 de octubre, no creo que quieras quedarte encerrado en casa — moviendo las entradas — y dudo que vayas a una fiesta de Halloween hoy... no creo que sea tu estilo — agrego con cierta mufa
— Pero... la carta y la — Erik sube la mano en señal de silencio
— Luego tendremos tiempo de hablar de eso — insistió — ¿No rechazarías una invitación así? Menos si es de tu película favorita... — sonríe con cierta maldad — no es de...
— Caballeros — exhalo rendido — lo sé... — baja la cabeza hacia su pecho — está bien, vamos...
— Excelente — responde — pero ponle un poco más de ganas
— Tratare — no muy convencido
— Descuida, será genial — encaminándose hacia la escalera — y luego nos pasaremos a un bar buenísimo que me recomendaron
— ¿Bar? — preguntó Charles deteniéndose frente a la escalera
— Si, un bar — deteniéndose en los primeros escalones — no vamos a tomar siempre té... — volviendo a bajar
— Pero... yo no tomo — agregó — jamás he bebido una gota de alcohol — Erik ya sabía eso
— Bueno, siempre hay una primera vez para todo — mirándolo — tómalo como parte de tu nueva espontaneidad... — sonríe — y ahí podremos hablar de todo lo que paso el fin de semana — bajando la escalera
— ¿Todo? — dijo aterrado Charles bajando cada escalón con lentitud
Chapter 15: 14
Chapter Text
Pantallas
¿Por qué estaba tan nervioso? ¿Así se sentían los condenados antes de escuchar su sentencia? ¿Por qué lo relacionaba con eso? Solo era una salida, una simple salida entre amigos, nada más, pero aun así, sus piernas temblaban sin control; estaba sentado en una de las sillas del lobby del cine, viendo como Erik compraba palomitas para la función, mientras él no paraba de sudar y sus rodillas subían y bajaban, delatándolo aún más.
El lugar estaba repleto, era la semana del estreno mundial y la gente mostraba una clara ansiedad, lo que ayudaba a disimular sus propios nervios, más cuando veía a un fotógrafo pasearse y tomar imagenes de todos los presentes; reconoció de inmediato la credencial, era un reportero del The Sun, el diario más leído de toda Inglaterra y lo más probable, de todo Europa. Habían entrevistado a sus padres miles de veces y de seguro se morirían por tener una fotografía del hijo del reconocido Dr. Brian Xavier, asistiendo al estreno de Star Wars, sobre todo con un Profesor mayor y que trabajaba con su madre. Solo imaginar el encabezado, le provocaba náuseas y estas no disminuyeron cuando Erik se acercó a él, con una gran sonrisa y una enorme porción de palomitas.
— La fila estaba del infierno — sus ojos brillaban de ansiedad
Charles se paró con lentitud — sí, así lo note... — colgándose nuevamente el bolso en el hombro izquierdo — te ves... nervioso
Erik comenzó a caminar — yo diría, más bien, ansioso
Charles lo siguió con pasos torpes — y yo pensé que el que debería estaría nervioso, seria yo
El Profesor le sonrió — claro, después de todo... es tu película favorita — dijo entre risas — aunque la verdad, si te ves nervioso — Charles palideció ante el comentario — estabas bastante nervioso en las sillas — parándose en la fila de ingreso
— Bueno, si — tosiendo incomodo — mis nervios suelen ser mi gran enemigo, por eso siempre trato de ocultarlos
— Descuida, no tienes por qué hacerlo conmigo — avanzando — como te dije, conmigo no tienes que fingir ser alguien más... solo tienes que ser Charles.
La sonrisa que le sigue regalando Erik, derrite hasta la suela de sus zapatos, es imposible controlarlo, porque provocaba estragos en él, confusión, ansiedad, nerviosismo y un ardor estomacal, que por alguna extraña razón, se siente increíble. La fila siguió avanzando y Erik le seguía comentando sobre la primera vez que vio Star Wars y como la ciencia ficción escalaba a otros niveles, Charles seguía observando cada detalle de él, piel, ojos, orejas, nariz, arrugas, hoyuelos, marcas, absolutamente todo, es como si lo viera por primera vez, pero esta vez, con ojos muy diferentes, ojos con un sentimiento muy inusual.
Lo que más seguía atacando al joven, aun con todo lo que hablaban, es que Erik ni siquiera estaba tocando el tema, nada; lo que si agradecía que no tocara era lo más grave, eso que se supone que no paso, es más, tal vez, Erik, ni siquiera lo recordaba o incluso menos, siquiera lo sintio, pero lo demás, lo que paso después y que quedó plasmado en ese carta, nada de eso salía de la boca de Erik; todo lo que salía de él, era solo sobre la película ¿Acaso no tocarían el tema? ¿Por cuánto seguiría fingiendo que nada pasaba? ¿Erik habia encontrado la carta? ¿Tenía que estar preparado para lo peor? ¿O quizás para lo mejor? ¿Qué era lo mejor en este momento?
Erik indicándole que siguiera avanzando, lo devolvió a la fila, debía enfocarse por ahora solo en disfrutar el momento, nada más, es lo que siempre le decía Raven, deja de pensar tanto las cosas, solo vívelas. Cuando ya se encontró sentado en la sala, rodeado de muchos otros fans, la ansiedad por la función comenzó por fin a dominarlo y Erik lo noto, Charles volvía a sonreír de manera maravillosa y aun en toda la oscuridad, esos hermosos zafiros azulados, brillaban a todo su esplendor. Era más que claro, que el joven ya no estaba preocupándose por lo que paso el fin de semana; luego tendrían tiempo para conversar sobre eso, en este momento, solo quería que disfrutaran esto... juntos. El lugar estaba al máximo, y cuando las luces se apagaron, el silencio reino y la emoción se hizo notar en todos los presentes, incluido Charles, el cual solo comenzó a dejarse llevar por la película.
Avanzo, para Charles, de manera tan rápida pero tan intrigante, aun no terminaba y mucho menos, llega a su clímax, pero a luces se dejaba ver que era mucho mejor que la primera, más oscura, con más acción y mejor guion; justo cuando el momento culmine llego, nadie se lo esperaba. En el momento en que Vader corto la mano de Luke, Charles ahogo un grito ¿Acaso estaba a punto de presenciar la muerte del gran héroe de su adolescencia? Y así, en menos de un segundo, y sumido por la preocupación y el terror, el joven en un acto instantáneo, inesperado e impensado, sujeto la mano de Erik recargada en el mango de la silla, él cual aún estaba procesando lo que pasaba y demoro en darse cuenta de lo que sucedía, pero su cerebro acallo a su corazón, ahora habia algo más importante que razonar, ahora solo quería estar atento a la película, así que lo obvio, como si fuera lo más normal del mundo.
— No hay escapatoria, no me obligues a destruirte... Luke, aun no comprendes tu importancia, a penas haz comenzado a descubrir tu poder, únete a mí y yo completare tu entrenamiento, con nuestras fuerzas unidas, podremos fin a este destructivo conflicto y traeremos orden a la galaxia...
— Nunca me uniré a ti...
— Si conocieras el poder del lado oscuro... ¿Obi Wan nunca te dijo que paso con tu padre?
— Me dijo lo suficiente... Él me dijo que tú lo mataste
— No, yo soy tu padre...
Varios en la sala soltaron un grito de sorpresa, otros lo negaron de inmediato, pero Charles sintio por unos segundos como el alma le salía del cuerpo y esta vez sí que el contacto no disminuyo, al contrario, se hizo más enérgico, porque el joven Xavier ahora apretaba la mano de Erik con fuerza, y la sorpresa llego más a él, cuando este respondió la acción, con el mismo gesto. Los recuerdos de esa noche, de esa noche cuando Erik buscaba que las manos de Charles entraran en calor y como poco a poco pasaba a ser más una caricia, regresaron a ambos, haciendo que esa sensación magistral volviera a ellos, de esas que no quieres jamás que se detengan.
La sorpresa de la develación recién dicha por Vader, más el contacto magistral que se estaba dando entre ellos, solo se vio incrementada cuando Luke negaba entre lágrimas, y ellos solo podían mirarse el uno al otro, como si por segundos, el resto del mundo hubiera desaparecido. Cuando el Skywalker caía por los ductos, y colgaba a su suerte, fue solo ahí cuando las mirada de ambos volvieron a la pantalla, pero sus manos siguieron unidas, hasta que el filme termino.
Al salir de la sala, ambos comentaban tan emocionados y entusiasmados, que por poco perdían el aliento, en verdad habia sido una película más que perfecta, todo habia sido tan especial, que el joven ni siquiera se dio cuenta cuando Erik lo encaminaba hacia el bar que habia prometido, la verdad, estaba tan feliz, que no opuso mucho resistencia. Estaba medianamente lleno y habia mayoritariamente gente joven, parejas, amigos y alguno que otro solitario, un pianista tocaba al fondo y las luces eran tenues, el nerviosismo volvió a él, no era de las personas que salieran a beber con amigos, de hecho, no tenía amigos, jamás los habia tenido y los ambientes así, lo asustaban un poco, pero de cierta forma, el tener a Erik cerca, lo calmaba.
Erik fue el primero en sentarse — ¿No vas a sentarte? — pregunto sacándose el abrigo. El frio no era un problema dentro de este lugar
— Si, perdón — respondió obediente, mientras se sentaba en el sillón frente a Erik, una mesa los separaba
Erik soltó una risa burlona — no era una orden, tranquilo... — tomando la carta sobre la mesa
Charles rio incomodo — sí, claro... —
Estaba nervioso, era demasiada gente y no se sentía a gusto, este no era su espacio, no era su lugar de confort, quería volver a sus libros, a sus discos de música, quería sentirse seguro y este lugar no le daba esa sensación. Nadie lo tomaba en cuenta, a nadie le importaba que personas entraban o salían, a nadie le importaba lo que Charles estaba haciendo y también, nadie le estaba haciendo nada, entonces ¿Por qué estaba tan asustado?
Erik no tardo en notarlo, Charles era muy evidente con sus emociones — Charles... ¿Qué pasa? ¿Te sientes bien? — el joven volteó a verlo — estas... pálido
— Si, descuida — con voz cargada de nerviosismo
Erik endureció la mirada, era claro que no estaba bien — si lo prefieres, podemos ir a otro sitio... — con clara preocupación en su voz — te veo incomodo
Charles negó con la cabeza — no, estoy bien... en serio — lo miro tratando de fingir seguridad. No podía quedar mal frente a Erik, le habia regalado dos entradas para su película favorita, lo que menos podía hacer, era quedarse con él en este lugar — la verdad... — su honestidad lo ataco de improvisto — no soy muy dado a estos ambientes — sonrió con culpa y Erik lo miro extrañado — me refiero... a que este no es mi mundo — cruzando los brazos sobre la mesa para tratar de relajarse — yo soy más de casa, de libros y películas... no soy de lo que salen los fines de semana a tomar con amigos o de fiesta.
Erik levanto una ceja — ¿Supones que yo sí? — dejando la carta sobre la mesa
— ¡No! — acuso veloz — y si lo fueras, está bien... no tiene nada de malo — pasa su mano por su cabello en señal de nerviosismo — a lo que me refiero es que... — suspira rendido
Erik suelta una carcajada efímera — tranquilo, solo estoy jugando contigo... — se cruza igualmente sobre la mesa — yo tampoco lo soy, pero a veces no tiene nada de malo salir un poco, para distraerse — le sonríe — ¿No lo crees?
Charles voltea para ver a los demás clientes del bar — supongo... que tienes razón — exhala con algo más de calma
— Mira, seré muy honesto contigo — Charles vuelve la vista a él — no vine aquí solo porque me lo recomendaron, o porque quiero distraerme o porque quiero tomar algo... aunque de hecho, así es — lo mira fijamente — vine aquí porque quiero pasar un buen rato contigo — Charles siente el rubor quemar sus mejillas — no vine aquí por ellos — señalando a los demás — vine aquí... por ti
El joven demoro unos segundos procesar lo que escucho — pero... ¿Por qué aquí?
— ¿Por qué aquí? — pregunto con retorica — supongo que quiero sacarte un poquito de tu zona de confort — vuelve a tomar la carta — tú mismo me dijiste que quieres conocer el mundo, sin ataduras ni miedos — asoma la mirada detrás de la carta — esto es parte de tener una vida, aunque sea hacerlo una vez — ríe entre dientes — chasconéate un poco... es tas tan rígido, que podrías quebrarte.
Erik le estaba pidiendo que fuera espontaneo, pero era demasiado riesgoso, la última vez que lo hizo, termino haciendo algo completamente estúpido y casi huyendo del departamento de un Profesor.
Charles tomo la carta fingiendo ofensa, pero de cierta forma, comprendiendo el mensaje de Erik, ya hasta le sonaba como Scott — pues te advierto que no soy muy dado a estos lugares, así que prepárate para aburrirte — leyendo la carta de mala gana
— Dudo que pueda hacerlo — contesto Erik sin mirarlo
— ¿Porque? — pregunto con molestia. Estaba irritado y ni siquiera sabía porque
— Porque estoy contigo — volviendo a asomar la cabeza detrás de la carta — jamás me aburriría contigo, sin importar el lugar donde este
Nadie lo noto, mucho menos Erik, pero la más preciosa y avergonzada sonrisa, por parte del joven, se escondió detrás de la carta ¿Por qué siempre sabía lo que debía decir? ¿Por qué siempre lograba dejarlos sin palabras? ¿Qué clase de poder misterioso estaba ejerciendo este hombre sobre él? Quiso refutar, aunque fuera lo más estúpido del mundo, pero la mesera los interrumpió.
— Cuéntenme ¿Con que desean empezar? — pregunto la chica
— Yo quiero un vaso de su mejor whiskey — dijo sin tapujos Erik — en las rocas... y que no sea solo el único de la noche
— Vaya... — mostrando un semblante de sorpresa — usted sí que se atreve — comento la chica mientras pasaba un cabello tras de la oreja, en señal de clara coquetería
Charles sintio una gran ofensa — yo... — tosiendo con sonoridad, para recordarle que él también estaba sentado frente a ella — yo quiero una soda
— ¿Soda? — pregunto la chica — ¿Estás seguro? — mira a Erik — tu amigo se fue por todo... — el Profesor carraspeó incomodo, la chica no lo estaba haciendo nada sutil
— A él... tráele un Gin Tonic — indico Erik — es una buena forma de empezar
— Eso si es un buen trago — comento la chica anotando — en seguida vengo y... — mira Erik — cualquier cosa, estoy detrás de la barra... y mi turno termina a las dos — yéndose entre bamboleos de cadera.
Charles lo fulmino con la mirada — podría haberlo hecho un poco más sutil — bufando
Erik negó entre risas — nosotros como hombres tenemos todo el derecho de coquetear en público, es más, somos aplaudidos como grandes machos por eso... ¿Por qué no puede hacerlo una mujer? — estableciendo un punto
El joven volteo la mirada, recién razonando que su molestia no se debía a que si una mujer podía coquetear o no en público, si no que tenía que hacerlo precisamente a Erik y frente a él; del enojo, paso al terror instantáneo, tenía que negar cualquier pensamiento así. Prefirió reclamar algo que si era más comprensible y que de igual forma, lo tenía algo molesto.
— ¿Por qué me pediste una bebida alcohólica? Yo no bebo...
— ¿A no? — apoyando la cabeza en la palma de la mano
— No, es más... jamás he bebido una sola gota de alcohol — reclinándose en el respaldo. Erik ya habia escuchado eso otras veces y no se cansaba de observar el rostro sumamente serio pero aterrado que Charles mostraba cada vez que repetía el mismo discurso.
— ¿Ni una gota? — extrañado — ¿Qué me dices de una inocente copa de champagne para año nuevo? — Charles negó — ¿Porque?
— Porque el alcohol solo es un catalizador de ebrios, de problemas y muchas veces... de desgracias, no trae más que problemas, además de que arruina la vida de quien lo consume y de quienes lo rodean, familiares o completos extraños — concluyo. Erik seguía con la mirada fija, esperando la verdadera razón — y... — exhalo con molestia — mis padres no me lo permiten
— Eso era... — dijo Erik con clarividencia
— Bueno, independiente de eso... — mejorando la postura — beber no ayuda en nada, el alcohol no sirve para nada y quienes lo consumen, no saben el daño que se hacen... y lo miserables y patéticos que son.
Erik demoro en reaccionar unos segundos, esa afirmación habia sonado algo severa, para finalmente suspirar muy lentamente — no... todo en la vida es tan blanco y negro, Charles — el joven lo mira — la vida tiene matices — ya era segunda en el día que le decían eso, primero Jason y ahora Erik. Quizás él si era el problema — no me malinterpretes, no defiendo a los consumidores del alcohol, pero tú no sabes quizás las circunstancias, contextos y motivos que llevaron a una persona a caer en una situación de alcoholismo... para algunos, es su única forma de escape — su mirada esta fija en la nada — es una enfermedad maldita, que jamás los libera y tarde o temprano, termina consumiéndolos, haciéndolos perder todo, incluso su dignidad y humanidad, solo por unas gotas de alcohol... — lo mira — lo mismo pasa con el cigarro, o las drogas, pero eso no las hace malas personas, solo personas perdidas, están enfermas — cruzando los dedos — mírame a mí, a veces me gustaría dejar el cigarro, pero me es sumamente difícil, pero eso no me hace una mala persona, a veces me gusta tomarme unos buenos tragos, solo o con amigos, pero eso no me hace un miserable o... un patético — Charles lo mira con cierta vergüenza — todo en exceso hace mal... el alcohol, el cigarro, la comida, el trabajo... incluso el amor — sonríe con desgana — la soledad en exceso también es peligrosa — Charles abrió los ojos consternado — aislarse de los demás, cerrarse a que los demás no te conozcan, no confiar, negarse a que otros disfruten contigo... es otro tipo de adicción y también una muy dañina, sino se controla — los dedos de Charles se movían con nerviosismo — deberías tener un poco más de fe en las personas, podrías llevarte una muy grata sorpresa.
Charles seguía atento a cada palabra que salió por la boca de Erik, su sentido común no lo habia refutado, es más, lo habia asimilado como un gran punto. El problema radicaba en que la gente ya no era de confiar, ya no quedaban personas extraordinarias por ahí, personas singulares que marcaran la diferencia y te hicieran dudar, que te hicieran cuestionarte todo lo que alguna vez creíste normal o establecido, que te hicieran romper tus estereotipos; alguien dispuesto a enseñar más que lo superficial. O quizás el problema era que él ni siquiera se daba el esfuerzo de conocerlos, asumía antes siquiera de intentarlo, como dijo Jason en la tarde: asumen que no valdrá la pena. Comenzaba a darse cuenta de que él, a su manera, también estaba jugando ese rol.
Silencio, silencio sepulcral oculto bajo la música y las conversaciones amenas a sus espaldas y que permaneció aún más, cuando la mesera llego con los tragos — aquí están — dejándolos sobre la mesa — no te arrepentirás, pequeño — Charles la miro con ojos destellantes — y nuestra mejor whiskey, el primero de la noche, para ti galán — guiñándole el ojo — permiso... — yéndose
Charles se volvió a cruzar de brazos, estaba completamente fúrico y lo peor, es que ni siquiera sabía porque, pero habia un tema más importante — perdón... — carraspea — a veces hablo de más y no tengo filtro — exhala — te lo dije, soy muy inexperto en muchas cosas
— Eso no tiene nada de malo — abriendo la botella — la gracia de la vida está en aprender cosas nuevas y yo feliz de compartir cualquier cosa contigo — toma el vaso y lo agitó levemente, para luego olerlo con delicadez. Ahumado, justo como le gustaba — lo mejor es aprender uno del otro y además... — tomando un sorbo — cada momento que he pasado contigo, es un aprendizaje nuevo — sonríe — y de los mejores que he vivido — mordiéndose levemente el labio inferior y un sonrojo se acusa en su rostro, aunque no sabe si es efecto del alcohol. Esa podría ser una buena justificación.
Charles enrudeció la mandíbula y sin pensarlo dos veces, tomo el trago y se bebió casi la mitad del líquido, el ardor fue fulminante pero de alguna forma adormeció cualquier miedo que lo atormentaba, era un relajo extraño y el amargor que dejo en el paladar, era asombrosamente gratificante. Volvió a dejar la copa en la mesa y Erik lo miraba anonadado, para ser una persona que odiaba el alcohol, Charles se habia bebido un gran sorbo, lo que provocó una gran sonrisa en el Profesor.
— Vaya, eso no me lo esperaba — volviendo a beber
Charles apretó los ojos, tratando de controlar el efecto del alcohol — es tu culpa, hablas de más y... ¿No querías sacarme de mi zona de confort? Atente las consecuencias — vuelve a tomar y esta vez, se acabó el trago — la verdad... — volviendo a apretar los ojos — no estaba tan malo como esperaba — reclinándose en el respaldo
— Es bueno para empezar, pero si en verdad quieres que me atente a las consecuencias — hace una señal a otro mesero, quien le acerca un segundo vaso. Sirve whiskey en el segundo vaso — bebe esto — pasándoselo — no te arrepentirás
El Xavier tomo el vaso, pero no bebió, el ardor seguía presente — déjame procesar el primero, por favor
Erik rio entre dientes — bueno, en ese caso... hablemos de otra cosa para aclimatarte — Charles sintio el terror subir por su esófago — ¿Qué te pareció la película?
El relajo volvió, así que decidió dar rienda suelta a todo lo que tenía atragantado, le comento que Luke era su personaje favorito, por su valentía y deseo de seguir aprendiendo, su devoción a sus amigos y su moralidad intachable; Erik por su lado, le indico que el suyo era Han, por su personalidad tan avasalladora, su sarcasmo innato y el encanto como desarrollaron su relación con Leía. Charles le comento que encontraba muy cabeza dura a Leía, que era demasiado mandona, muy estricta, rígida y que no aceptara sus sentimientos, lo enfermaba; Erik rio entre dientes, porque esa descripción, calzaba perfectamente con la de Charles, lo que provoco vergüenza y cierta irritabilidad en el joven, bebiéndose el vaso hasta la mitad.
Erik termino tomando solo un vaso más, así que decidieron pasar al siguiente nivel, cerveza alemana y así mientras, avanzaba la conversación, Charles cada vez bebía más, de manera más pausada y acompañando el dialogo; en verdad, ayudaba a soltarse y relajarse. Así, de películas pasaron a hablar a cosas triviales, pero con risas muy amenas y poco a poco, la conversación se volvió más íntima, hablando de cosas que jamás pensaron que harían o cosas que hicieron por primera vez, sobre todo relacionadas con el alcohol. Erik era el que tenía las mejores anécdotas con eso.
— Fue un accidente, el problema fue como le respondí al policía — volviendo a beber — estaba algo tomado, solo un poco — riendo con culpa — y termine destruyendo el semáforo — Charles reía mientras volvía a beber — por suerte nadie salió herido, salvo mi auto...
— Y el semáforo... y la dignidad del policía — indico Charles riendo — ¿Cuánto estuviste detenido?
— Toda la noche, lo peor fue la resaca... y la cuenta que tuve que pagar — terminando el vaso — ahí sí que llore
— El alcohol y sus estragos — sonriéndole — en exceso, por supuesto
Erik le asintió feliz — me agrada decir que al menos aprendí la lección... — Erik resintió su propio comentario, no era completamente cierto, pero Charles no necesitaba saber eso.
Charles siguió la conversación — pero al menos, estabas tomado, yo rompí el ventanal de la oficina de mi padre en casa, con una espada y sin ni una gota de alcohol — bebiendo un gran sorbo
— ¿Una espada? — pregunto entre hipos — ¿Cómo es eso?
— Estábamos jugando a los caballeros de las cruzadas y se suponía que debía atacar al dragón, pero calcule mal y la espada salió volando varios metros más arriba... rompiendo la ventana y dejándole un corte de 3 cm en la cabeza a mi padre — ahogando una risa y volviendo a beber, el mareo estaba haciéndose muy presente — pero Raven se hecho toda la culpa, como siempre... — su voz se cargó de nostalgia — aunque me castigaron igual, fue la primera y única vez en mi vida que me castigaron, comparado con Raven que la castigaban siempre... — el Profesor lo observaba fijamente, otra vez el joven sacaba a tema a su hermana, pero aún no se sentía en condiciones de preguntar.
Erik pidió una ronda más, algo adormilado por el alcohol — bueno, supongo que es parte de una infancia normal el hacer ese tipo de travesuras
— ¿A poco no lo hiciste tu cuando niño? — tomando un gran sorbo
Erik sonrió algo incomodo — algunos si... pero no a tan gran escala, temo que esos placeres de la infancia me fueron negados cuando... mi madre murió
Charles carraspeo nervioso — disculpa, no estoy en mis cincos sentidos...
Erik ríe con calma — tranquilo, no es tu culpa y la verdad... — vuelve a tomar — también hice de esas tonteras, claro que más mayor — ahogando un hipo — fue en la Universidad, le quebré la nariz a un amigo... — hace una mueca de disgusto — bueno, en ese tiempo, creí que era mi amigo, pero no me arrepiento — volviendo a tomar — se lo tenía merecido — Charles lo miraba buscando respuestas o más bien confirmación de que el motivo era una mujer — sí, fue por una mujer, pero no como tú crees... este imbécil trato de propasarse con una compañera, lo descubrí y le partí la cara a golpes — sonriendo con orgullo
El joven solo demoro segundos en hacer la conexión — ¿Esa compañera, era la Profesora Emma Frost?
— Si, así fue como nos conocimos... — sonríe feliz — y nos hicimos grandes amigos, hasta hoy en día — Charles sonríe feliz
Estaba muy orgulloso por los principios éticos y morales de Erik, salvo la parte de la golpiza, claro; sino más bien por la relación tan bella que mantenía con la Profesora Frost, porque era claro que la consideraba su familia, y no solo eso, sino también, estaba tan contento, no habían parado de conversar en toda la noche, habia bebido sin parar y las horas se habían pasado volando, no era para nada como lo esperaba, pero resultaba ser aún más perfecto de lo que pensó; cada momento que vivía con Erik, era único. Y así, dieron las dos de la mañana, el bar ya se estaba vaciando, muchos ya se encaminaban a casa o a seguir la fiesta en otro lugar, pero para ellos, el alcohol en su sangre era aún más pesado, por lo que la noche se habia acabado para ambos.
Erik estaba ebrio, pero dentro medianamente de sus cabales, agradecía de sobremanera no haber venido en el auto, porque no pensaba sumar otra infracción por conducir en estado de ebriedad en su hoja de vida y mucho menos con Charles a su cargo. Pero el joven estaba en otras, estaba completamente encendido, prendido y tan alegre, es como si sus barreras más altas, se hubieran caído por completo, se sentía tan feliz, era una sensación extraña, pero única, jamás lo habia vivido.
El Profesor pago la cuenta y dentro de sus pocos cabales, logro abordar un taxi con un risueño Charles, rumbo al departamento del joven; él lo habia metido en esto, debía hacerse responsable del Xavier y dejarlo seguro y a salvo en su departamento. Charles no paraba de contar anécdotas, entre risas bañadas en lágrimas, y Erik reía con él, ya estaba más calmado de saber que estaban en camino y que la noche estaba cerrándose con broche de oro.
Cuando llegaron, bajaron ambos del taxi entre tropiezos y risas, hasta Erik habia logrado relajarse, llegando incluso a olvidarse de Sharon y que Charles era su hijo, porque si esta llegara a ver en la condición en que traía a su pequeño, de seguro lo despedía, después de matarlo, claro, pero ahora, eso no importaba, en ese momento solo eran los dos solos. Con más suerte que sincronización, lograron subir la escalera y llegar a la puerta del departamento, pero Charles ni siquiera podía ingresar la llave en la cerradura y mucho menos abrir la puerta, sus ojos y sus manos no estaban haciendo sinapsis, así que Erik lo hizo por él, tomo las llaves, abrió la puerta y Charles estuvo a punto de caer directo al suelo, por haberse apoyado en ella.
Charles se apoyó en lo que encontró a su paso, para volver a incorporarse, ahogado aún más en risas, Erik solo lo observaba con las llaves en la mano y tranquilo de verlo tan feliz y sobre todo a salvo; su sentido común, aun en su estado de embriaguez, acuso que era momento de partir, debía irse y dejar al joven descansar, pero Charles ni siquiera se podía mantener de pie, reía entre balbuceos y hablaba más y más incoherencias. Erik sintio la culpabilidad subir por su espalda, no podía dejarlo así.
— ¿No serás... tan descortés de no pasar y tomar aunque sea agua? — pregunto entre risas risueñas
Erik sonrió feliz, dejo las llaves sobre la mesa a un costado de la puerta y decidió entrar, cerró la puerta a sus espaldas y volvió a sacarse el abrigo, el alcohol le estaba dando mucho calor. Vio como Charles se acercaba a la mesa, para tratar de sentarse, mientras él se encaminaba a la cocina y ponía agua a hervir, él también necesitaba un café, para no quedarse dormido en el taxi camino a casa. Estaba sacando unas tazas del gabinete, cuando se dio cuenta que Charles trataba de sacarse el abrigo, tenía calor y la primera helada lo habia dejado un poco mojado, pero su condición etílica no le permitía concretar la acción.
— Espera... — encaminándose hacia él — déjame ayudarte — rodeándolo — estas muy mareado — Charles se sacudía el abrigo y de la nada detuvo sus acciones, para sujetarse firmemente del Profesor — ¿Qué pasa? — mirándolo
El joven tenía la mirada baja y escondida bajo el cabello algo mojado — ¿Estas molesto? — subió los ojos rogando respuestas — ¿Estas enojado conmigo?
Erik se extrañó — no ¿Por qué habría de estarlo? — pregunto con una mentira teñida en honestidad. Él sabía perfectamente porque Charles le preguntaba — creo que lo mejor es que tomes algo caliente... — encaminándose nuevamente a la cocina
Charles lo miraba fijamente apoyado en la silla del comedor — ¿Cómo que porque? Por la carta... ¿Te molestaste? — inhala firme — pensé que... no volvería a verte nunca más y de la nada, te apareces en mi puerta.
El Profesor seguía procesando todo lo que escuchaba, su condición no lo ayudaba mucho, pero si seguía atento a cada palabra ¿Acaso Charles realmente se iba a tomar en serio todo lo que escribió en la carta? No podía creerlo ¿Eso es lo que quería Charles? Era impensable, así que prefirió indagar, no podía quedarse con la duda, aun cuando habia decidido no tocar este tema, no aun y mucho menos en las condiciones en las que ambos estaban.
— Charles, la verdad... — dijo — yo quería que fuéramos al bar a conversar sobre eso o al menos, que naciera de la nada, pero te vi tan alegre, tan feliz... que preferí callar — traga en seco con nervio — pensando quizás que otro día tendríamos oportunidad de hablar, pero ahora que sacas el tema, quizás si me gustaría saber... por qué — su espalda se irgue — ¿Por qué te fuiste así como así? En medio de la noche, sin dar explicaciones y con una carta de despedida... — a veces era fácil sacarle la verdad a un ebrio, aunque ese jamás fue el plan original de Erik.
Charles guardo silencio por varios segundos, hasta que la lucidez volvió medianamente a él, porque aún en su estado, habia logrado comprender todo lo que Erik habia preguntando, pero no podía decirle, habia jurado jamás hacerlo, incluso con el alcohol enérgico corriendo por sus venas.
— No... puedo — endureció la voz — decirte porque me fui, prometí jamás hacerlo...
Erik acuso confusión a través de sus ojos — ¿De qué hablas? No entiendo nada... — su respiración comenzaba a agitarse
El joven inhalo con suma fuerza — solo diré... — entre bamboleos erráticos — que las cosas no salieron como planee esa noche — estaba tan mareado, pero trataba de mantenerse presentable — por eso lo mejor era... irse — lo mira fijamente —era lo mejor para ti y para mi
— ¿Y quién te da el derecho de tomar esa decisión? — su voz sonó severa — tomas decisiones sin consultar mi opinión... — inhala con fuerza. Quizás se estaba pasando en su reacción, pero él también estaba ebrio y no podía controlar muy bien sus acciones — ¿El no volver a vernos y hablarnos era lo mejor para los dos? — su mirada estaba cargándose de dolor — ¿Sin darme ninguna explicación?
Charles asintió — esa decisión no te corresponde a ti, Erik... sino a mi
Erik sintio la exasperación quemar su estómago, cada vez entendía menos lo que pasaba, así que salió de la cocina y se dirigió a Charles, que por fin habia logrado sentarse — la verdad, no estoy entendiendo nada y ya me estoy cansando... así que mejor dímelo de una buena vez, para no jugar de estúpido y mucho menos estar molestándote — se para frente a él — ¿Quieres que sigamos siendo amigos? ¿O prefieres tomar distancia? — el joven callo, el miedo lo domino, sobre todo porque estaba enfrentándose al momento exacto donde podría perder a Erik, perderlo... cuando jamás habia sido de él — responde, solo quiero saber si mi presencia te incomoda o te causa malestar, para por lo menos poder pedir disculpas e irme en paz... — musito casi en un ruego ahogado.
— No, no es eso... Erik — volviendo a bajar la vista
— ¿Entonces que es? — suplicó
— Es que... no puedo — con titubeo — yo hice algo malo, muy malo — lo mira con sumo terror
Ahora Erik paso a preocuparse — ¿Qué paso Charles? Quiero la verdad... por favor
El joven titubea — no puedo, perdón — Charles se pone de pie y trata de caminar hacia su habitación, pero Erik lo detiene y lo jala de nuevo hacia el comedor
— ¡Solo dímelo y ya! — grito ahogado. Estaba comenzando a desesperarse, es como si su parte más dormida le rogara no perder a Charles, no podía, se negaba a eso — ¿Qué hiciste? — el joven lo mira fijamente y la osadía lo dominó
— No solo es que lo hice... es lo que quiero hacer también ahora — se acerca entre tambaleos a Erik, el cual lo sujeta en un comienzo, para cerciorarse que no caiga, pero cuando ve que este se acerca más y más, aun en su estado y muy decidido, comenzó a retroceder, hasta chocar con el mesón de la cocina a sus espaldas, quedando atrapado y sin escapatoria.
— Charles... ¿Qué pasa? — tragando en seco con sumo nerviosismo
— Erik... hay algo — dijo entre susurros — hay algo que necesito saber, que necesito... comprobar — su boca se acerca a escasos centímetros de la de Erik — y ya no puedo esperar
Sin miedos ni tapujos, el joven se abalanza sobre Erik, lo agarra fuertemente del cuello y lo besa, profunda y llanamente, sin control y sin delicadeza, ya no habia culpas, ni remordimientos, ni acusaciones desesperantes, en ese momento, su espontaneidad absoluta, lo habia dominado y le estaba dando un placer efímero, pero tan gratificante.
El Profesor tardó en reaccionar, primero con clara sorpresa, para luego pasar a dominio del sentido común, que lo apoyo con un leve forcejeo y una casi ira descontrolada consumiéndolo, pero no por lo que estaba pasando, era un calor extraño y que acompañado del alcohol, no ayudaba a menguarlo.
Pero cuando sus manos dejaron de luchar y pasaron lentamente a envolver el torso del joven, ahí sí que su sentido común lo abandono, ni siquiera habia espacios para pensar lo que estaba pasando, para razonarlo o para negarlo, solo se dejaba llevar. El beso era brusco, torpe y con un cargado sabor a alcohol, pero aun así, se sentía magistralmente inusual, tanto que para ellos fueron minutos, casi horas eternas, pero en la realidad, apenas si duro unos segundos. Charles ni siquiera pensaba, su nueva espontaneidad, mezclada con al alcohol en sus venas, le estaba dando una clase de valor inimaginable, podría enfrentar hasta el mismo Smaug si lo quisiera y esta vez, en vez de una flecha negra, sería una espada y esta si daría en el blanco. Pero como todo sueño hermoso, la realidad golpea desesperadamente; el sentido común de Erik fue el primer en volver.
Aparto veloz y erráticamente al joven, él cual lo miraba fijamente, confundido y sin respuestas, y aun en esa espesa oscuridad, pudo ver dos cosas claras; los ojos de Charles brillaban mejor que nunca y su rostro estaba rojo a mas no poder, ambos jadeaban y mostraban un semblante de completo estupor, miedo y sorpresa, ninguno de los dos comprendía muy bien que habia pasado, pero era claro que no lo habían planeado, aunque por segundos, se sintio más que de maravilla.
Charles quiso hablar, pero nada emergió, y antes de que la elocuencia se hiciera presente, Erik decidió romper el hielo agobiante — lo... lamento
Se encamino veloz a la puerta, tomo su abrigo con urgencia, lo que provocó que el perchero cayera al suelo, pero no le dio importancia, debía salir de ahí a como dé lugar, así que ni siquiera se lo puso y salió prácticamente corriendo, rumbo a las escaleras. Bajo entre zancadas y se subió al primer taxi que se cruzó por su camino, su respiración estaba a mil y su cuerpo temblaba, por el frio y sobre todo por el nerviosismo y la confusión; el taxista lo miraba fijamente, no había emitido palabra en los primeros minutos, de seguro era el típico amante que habia salido huyendo de la casa, cuando el marido habia llegado de improvisto; era la típica historia, pero taxímetro estaba corriendo.
— Amigo... ¿A dónde lo llevo? — pregunto mirándolo por el retrovisor
— Solo... conduzca — respondiendo de mala gana Erik. El hombre no opuso mayor resistencia y obedeció, a él le pagaban igual.
¿Qué mierda habia hecho? ¿Qué estaba pasando por su cabeza en ese momento? ¿Habia abusado de un alumno? Claro que lo habia hecho, se habia aprovechado de un alumno ebrio y no solo eso, él lo habia orillado a eso, lo habia arrastrado a un lugar de mala muerte y lo habia obligado durante toda la noche, a hacer cosas que el joven claramente no quería. Esto podría traerle graves problemas, por incontables razones y el miedo, comenzaba a dominarlo; Charles habia tenido razón, el alcohol podía arruinar la vida de alguien.
Chapter 16: 15
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Puertas
Luego de que el taxi diera varias vueltas estúpidas, Erik recién pudo percatarse que ya era la cuarta vez que pasaban frente el antiguo Castillo y Prisión de Oxford, y ya iban para una quinta. En ese momento, el Profesor indico su domicilio y el taxista acelero veloz al destino, la verdad ya comenzaba a molestarle el frio y quería ir a casa, quizás otro día haría mayores vueltas.
Erik pago veloz, subió las escaleras dentro de la coordinación que le permitió su condición y entro casi pidiendo permiso a su departamento, la verdad, estaba demasiado mareado para pensar, o su cerebro se negaba a hacerlo, en ese preciso momento no quería eso, solo necesitaba una cosa, Café. Un café bien cargado y amargo, eso le quitaría la embriaguez y esperaba que también, ayudara a ordenar su mente y borrar el pasado, detenerlo o retrocederlo, todo para que pasara como un momento inexistente.
Se lo tomo casi al seco, caliente y con sumo escozor, y viendo que esto no sería suficiente, decidió aplicar la segunda opción, se encamino a la ducha, abrió la regadera a máxima agua helada, alcanzando con suerte a sacarse la ropa, quedando con calcetines y bóxer bajo el agua más fría posible, una que casi calaba sus huesos, pero que lo ayudo a reaccionar. Se seco de mala gana el cabello, para luego meterse a la cama, raudo y sin querer pensar, cosa que increíblemente, lo sorprendió, porque fue la primera noche en que ninguna pesadilla lo molesto, es como si algo de esa noche hubiera bloqueado todo lo horrible. ¿Fue la película? ¿Los tragos? ¿El café? ¿La ducha? ¿O aquello... que sucedió en el departamento del Xavier?
Muchas manzanas más allá, Charles estuvo un buen rato tambaleándose de aquí para allá, es como si por momentos, no recordara ni siquiera su nombre, porque con suerte podía mantenerse en pie. Su sentido común aullaba por comprender lo que sucedió, pero le era imposible, así que y solo por supervivencia, su mente busco la solución más humana disponible, acercándolo escasos metros al sillón, donde se dejó caer, a dormir y sin vergüenza alguna.
A la mañana siguiente, o mejor dicho, a la tarde siguiente, Erik despertó, algo alarmado al ver que el reloj de su velador marcaban pasadas las tres de la tarde ¿Tanto es que habia dormido? Por suerte el dolor de cabeza palpitante del día de ayer, habia desaparecido, pero no ha si la culpa, esa seguía intacta y no habia sido borrada ni por el café más cargado, ni por la ducha más helada y ni siquiera por la noche más amena y sin pesadillas a cuestas. ¡Dios! El solo imaginar que quizás ya toda la Universidad lo sabía o sospechaba, que alguien los hubiera visto en la premier, en el bar o llegando en esas condiciones al departamento, lo estaba carcomiendo vivo, y forzándose a olvidar, comenzó a revisar los proyectos de investigación pendientes, necesitaba mantener la cabeza ocupada.
El despertar llego aún más tarde para Charles, y para él, si estuvo acompañado de un dolor martillante en toda la cabeza, acompañado de un malestar general, el cual solo se incrementó, porque aun cuando en un comienzo, olvido todo lo acontecido, esos minutos fueron pasando y la memoria volvió de golpe, dolorosa y agobiante. Se sentó como pudo en el sillón, observando a su alrededor, como buscando respuestas o mayores indicios, pero los recuerdos volvían de manera efímera y sumamente borrosa, aunque las sensaciones que provocaban seguían siendo las mismas. Solo a los segundos, y mientras la escena se recreaba en su mente, subió su mano izquierda a sus labios y la emoción completa de lo vivido, volvió a él ¿Qué es lo que habia hecho? Sus ojos estaban desorbitados y su respiración agitada, porque aunque su vergüenza le indicaba con seguridad que todo habia sido un sueño, él estaba más que seguro de lo que hizo anoche y ahora... se arrepentía tanto ¿No es así?
Ese día transcurrió con negatividad para ambos, no solo porque estaban molestos consigo mismos y con la melancolía que los rodeaba, sino porque se negaban a aceptar como terminaron las cosas, y más aún, los motivos por los cuales, sucedió todo lo acontecido.
Así, la siguiente mañana llego, y con ella la vuelta a clases normales, nadie tenía motivos para estar distraído o actuar extraño, muchos habían pasado su Halloween en grandes fiestas y rodeados de increíbles disfraces, nadie tenía razones para estar irascible y resiliente, a excepción de Charles. El joven estaba completamente ido, igual que los días anteriores, pero ahora con muchas más razones, porque sus acciones ahora no estaban ocultas bajo un RCP necesitado o una noche oscura con un testigo dormido, no, ahora sus acciones estaban más que claras, tenía testigos oculares o presenciales y… no tenía como negarlos o refutarlos o siquiera, poder huir de ellos. Estaba completamente a merced de sus errores y le aterraba enfrentar las consecuencias de estos.
Scott lo noto, claro que lo hizo, cada día lo conocía mejor y en verdad, Charles era un asco a la hora de ocultar emociones, pero en ese preciso momento, él tenía sus propios problemas; estaba hace casi diez minutos relatándole y con sumo detalle todo lo acontecido con su tutora, Jean Grey. La describía como alguien sumamente aburrida, tediosa y tan agobiante, repetía una y otra vez, que aunque era muy guapa, también era una engreída, terca, testaruda y tan desesperante, concluyendo más que decidido, que quizás Jean ni siquiera tenía sentimientos.
Pero Charles no escuchaba, su mente y sobre todo, su corazón seguía repasando lo que habia sucedido, o más bien, seguían reviviendo cada sensación, cada maravillosa y exquisita sensación, y eso, es lo que lo estaba carcomiendo a mas no poder.
Scott chasqueo los dedos frente a sus ojos — Charles, tierra a Charles...
— ¿Que? — acusó algo exaltado
— ¿Acaso si quiera me estas oyendo? — bufó algo molesto — estoy hablando solo hace más de diez minutos... — reclinándose en la silla
— Si, disculpa... en verdad es molesta — comento no muy convencido si lo que aportaba era muy oportuno
Su amigo titubeo unos segundos — en verdad... creo que todas lo son, pero esto — inhala firme — es un estrés extra, se supone que sería un apoyo para mis estudios, pero en vez de una ayuda... ha sido toda una molestia — suspira rendido. Charles le asiente con aprobación, mientras toma un gran sorbo de te — quizás... lo que necesitamos es distraernos — Charles levanta una ceja mostrando interés — podríamos ir a ver una película — prosiguió Scott como una gran idea — ¿Qué tal si vamos a ver la secuela de Star Wars? — Charles llego ahogarse con él te, para luego limpiarse con la servilleta. Scott solo lo observo — la estrenaron hace algunos días... — su mente hace la conexión — pero la verdad, dudo que consigamos boletos... — mostrando una mueca de disgusto — aunque no perdemos nada con tratar — riendo con cierta gana, para luego tomar agua.
Charles expuso un sonrojo más que obvio — lo siento... es que ya la vi — bajando la cabeza apenado
— ¡¿Ya la viste?! — pregunto más que sorprendido — ¿Y cómo? Si todos los boletos están agotados... — insistió. Charles callo angustiado — vaya... — sonriendo con picardía —sí que tiene sus privilegios ser de la realeza — comenta entre bromas
El joven Xavier carraspea — no, me invitaron — tosiendo con incomodidad, para volver a tomar te, o más bien fingir, porque ya se le habia acabado.
Scott duda unos segundos y luego sonríe de manera triunfal — a si... ¿Y quién? Si se puede saber — levantando una ceja. Charles evade rápidamente su mirada — quizás... si le pregunto a Moira — Charles lo mira veloz — ella de seguro sabrá — entre risas, pero Charles sigue sin responder. Los segundos pasan y viendo que sus bromas no provocan respuesta, cierta molestia se asombra — oye, ya en serio... ¿Qué pasa?
— Nada — responde con premura
— Nada, la misma respuesta de todos estos días... en donde has estado muy raro — suspira pausadamente — pero esto ya es demasiado, estas en otro mundo, con suerte comes, hoy ni siquiera comentaste en la clase de evolución humana y te encanta ese ramo... — lo mira desafiantemente — Charles, háblame... soy tu amigo o al menos — acomodándose en la silla — eso creo... y en verdad, estoy preocupado por ti
Charles clavo la mirada fijamente en él, sin recelo o miedo o enojo, sino con cierta sorpresa e incomodidad, porque todo lo que le decía su amigo... era cierto — perdón... — exhalando con pena — yo... no sé lo que pasa — baja la cabeza rendido
— Yo sí creo saber... — responde Scott — estas así por alguien ¿Cierto? — Charles guardo silencio y esquivo levemente la mirada — tu solo te delatas, no tienes si quiera que negarlo... — el joven Xavier suspiro a todo lo que dieron sus pulmones, se sentía agobiado, cansado, tan confundido y sobre todo, sin opciones — no tienes que decirme quien es, no te presionare con eso, pero sería bueno que me contaras lo que ocurrió, al menos para desahogarte — buscando su mirada — ¿Paso algo entre ustedes? ¿Discutieron? ¿Terminaron?
Charles negó con certeza, nada de eso habia pasado, además, esas eran preguntas para una pareja que estaba viviendo una crisis, no para él, las circunstancias que lo rodeaban a él eran diametralmente opuestas, pero su mente rogaba dar respuesta a esa pregunta —Scott... — mirándolo de reojo — creo que hice algo muy malo y… ya no puedo cambiarlo — volviendo a suspirar
— ¿Mataste a alguien? — pregunto sin tapujos Scott
— ¡¿Que?! — pregunto aterrado — estás loco
—Oye, si en verdad lo hiciste, yo no soy nadie para juzgar y tampoco diré nada... — hace una mueca de resignación — de seguro se lo merecía
Charles volvió a negar, pero aún más rendido — no, no es eso...
— Entonces no puede ser tan grave
— Es que... no están fácil
— ¿Sabes qué? — acomodándose en la silla — esto me huele a tus típicas culpas mojigatas, de seguro hiciste algo que te gusto mucho, que te morías de ganas de hacer y que se sentía jodidamente bien, pero ante todos los demás está mal visto — Charles le mantuvo la mirada aterrada — ¿Te tiraste a la Profesora Frost? — pregunto con indiferencia
— ¡No! — respondió a toda rapidez — ¡¿Hasta cuándo seguirás con eso?! — algo irritado — ¡No me metería jamás con un Profesor! — casi se mordió la lengua, prefirió callar al instante, puesto no era cierto, no estaba siendo para nada fiel a su discurso y el temblor que volvió, lo acuso ante Scott
— ¿Seguro? — prosiguió — porque te llegaste a poner pálido... — enfatizando sus cambios de humor
Charles bajo los hombros fatigado — solo te diré que estoy desesperado y no sé qué hacer...
Scott lo miro varios segundos, era claro que toda esta situación en verdad lo estaba sobrepasando, así que decidió hablar con más seriedad, dejando los chistes a un lado — pues sino sabes que hacer, significa que tu cerebro no tiene la respuesta...
— Eso es más que obvio — respondió con ironía el Xavier
Scott sonríe, lo habia guiado justo a donde querría — entonces, la respuesta está en otra parte... — Charles lo mira — la respuesta la tiene esa persona o… mejor dicho, está dentro de tu corazón, solo que te niegas a verla y mucho menos a aceptarla
Charles lo miro con molestia, esa respuesta habia sonado tan cursi, melosa y extravagante, pero entre más la analizaba su mente, más razón le encontraba, es casi como si lo instara a buscar la respuesta a lo que quiere y necesita en ambas opciones que le estaba dando Scott. Calló, varios minutos a decir verdad, solo bajo la constante mirada de Scott, su amigo se dio cuenta que Charles buscaba la respuesta dentro de él y prefirió no intervenir, su semblante cambiaba conforme avanzan los segundos, hasta que la espontaneidad lo domino por completo. Summers lo supo al instante, porque Charles subió la mirada con decisión, enderezo la espalda con fuerza y hablo sin tapujos.
— Tengo que hablar con él — se levantó sin miedos y se encamino veloz hacia el pasillo más nexo, dejando nuevamente a Scott con su soledad, pero sobre todo, con su confusión.
— ¿Él? — esas dos letras rebotaban en la mente de Scott.
Dentro de la misma Universidad, y encerrado dentro de su oficina, completamente dominado por el terror, Erik fingía nuevamente revisar los proyectos; la verdad, y con la ironía a cuestas, es que habia dormido de maravilla estas dos noches, como si todas las pesadillas se hubieran esfumado, ahora solo lo visitaban durante el sueño... hermosos parajes y sensaciones inmensas. Pero al despertar, la culpa y el terror volvían a él.
Durante la primera hora de la mañana, tuvieron una reunión todos los Profesores, junto a la Decana Xavier y Erik ni siquiera pudo mirar a Sharon a los ojos, cada vez que la miraba, sentía que esta lo estaba juzgando, incitando o retando a hablar o que más bien se delatara, y cuando lo llamo por su nombre, frente a todos, pensó por un segundo que esta le gritaría, le vociferaría a los cuatro vientos el cómo Charles, su hijo, su pequeño, habia llegado llorando a su casa y a sus brazos, porque el Profesor Erik Lehnsherr lo habia sacado de su departamento, lo habia alcoholizado, para finalmente... terminar abusando de él.
Estaba al borde la histeria, además de sumamente irascible y con espasmos erráticos; se repetía una y otra vez, entre ruegos, que solo deseaba que el día pasara, terminara, porque si este día pasaba y nadie se enteraba, quizás todo quedaría en el pasado, enterrado, como si jamás hubiera ocurrido. Quizás Charles estaba demasiado ebrio y no lo recordaba, quizás fue una broma, quizás fue un error, quizás... fue la sensación más maravillosa del mundo. Lo negaba, una y mil veces, solo rogando que el día no le diera más sorpresas.
El joven lo catalogo como trote, aunque en verdad, basándonos en la distancia recorrida y la velocidad empleada, era claro que habia corrido hasta la oficina del Profesor, era como si algo invisible lo empujara a toda velocidad, deseoso y ansioso de escuchar una respuesta anhelada. A los pocos minutos, estaba frente a la puerta, pero con una espontaneidad algo dudosa, que se extendió por algunos segundos, pero la vacilación constante no se presentó, no habia espacio para eso, así que solo golpeo de manera firme.
Pero para su lama suerte, no hubo respuesta, sin embargo, no se quedaría sin respuesta, así que volvió a hacerlo, pero nuevamente, nada emergió ¿Acaso Erik de nuevo habia comenzando a faltar a clases? ¿Acaso lo habia hecho enfermarse otra vez? La culpa lo ataco con prisa, pero no iba a rendirse y mucho menos, cuando escucho ruidos desde el interior; Erik estaba adentro, quizás no lo escucho o fingió no hacerlo, temiendo por un segundo que estaba huyendo de él, así que decidido que no se quedaría solo con la indiferencia, tomando una bocanada de aire y el pomo de la puerta, listo para entrar, pero casi como una jugarreta del destino, otra vez, y para su pésima suerte, el joven insoportable, hermano de su amigo, se hizo presente.
— Y sigues queriendo entrar a donde no te autorizan — comento con sarcasmos
Charles no soltó el pomo de la puerta y lo miró fijamente — Alex, hazme un favor... — el joven levanto una ceja escéptico — no te metas donde nadie te llama — aun con el pomo en la mano, levanto el otro brazo para golpear nuevamente
Alex se acercó con molestia — ¿Estas tratando de decirme algo? — endureciendo su voz
— Si — prosiguió el Xavier — en otras palabras, te estoy diciendo... — lo mira fijamente — lárgate — sin rodeos — aunque lo dije de manera más cortes al principio, tú decides con cuál de los dos te quedas
— ¡Mira mocoso engreído! — respondió con enojo — ¡¿Crees que te tengo miedo porque tu mami es la Decana? — mirándolo fijamente — me importa una mierda... — musito seguro
Charles lo mira con neutralidad — creo que le tienes miedo a muchas cosas, incluyendo a mi madre... y también te faltan muchas cosas, entre esas... educación
Alex lo toma de la muñeca con brusquedad — ¿Quieres armar una escena, idiota?
El joven le sonrió con pena — la escena la estas armando tu solo, yo no estoy amenazando ni sujetando a nadie en contra de su voluntad... eso se lo dejo a gente como tu
— ¡Mira estúpido! — grita con fervor, pero la puerta se abre, interrumpiendo la escena.
— Alex... — dijo una voz calma pero severa. Toda la confianza del asistente se desvanece — está bien, ya puedes soltarlo... — obedece de mala gana — déjanos solos — con firmeza. Charles no se atreve si quiera a mirar a Erik, por lo que solo baja la cabeza
— Pero, Profesor... este niñito quería meterse a su oficina por las malas — insistió
— Yo cite a este... niñito — recalcando sus palabras — me está ayudando con la redacción de mi libro — mira a Charles — ¿No es cierto? — Charles asiente casi como un perro obediente — muchas gracias, ahora vete a clases... — Alex fulmina a Charles con la mirada y se va entre bufidos — pasa, por favor — indica con neutralidad Erik, aunque la verdad, el temblor recorría todo su interior.
Charles sigue al Profesor por la puerta y la cierra con cierto eco a sus espaldas, solo para ver como Erik se encamina hacia su escritorio, pero deteniéndose a mitad de camino en cuanto escucho el sonido clausurante, que los introducía a ese espacio cerrado y a solas; Erik ya no tenía escapatoria alguna y si apenas podía mover un musculo, su nerviosismo le hizo incapaz de darse cuenta cuando Charles se apoyaba en la puerta y con las manos ocultas tras la espalda giraba el pestillo, necesitaba hablar con él y estaba más que decidido a que nadie los interrumpiría.
El Profesor inhalo con fuerza, llenándose de un valor inexistente, para voltearse hacia el joven, aunque no con la mirada fija en él, pues la verdad, esperaba una acusación por parte de este, una pregunta, aunque sea... un grito, pero el silencio reinaba de manera absoluta, y por primera vez desde que se conocieron, el silencio se tornaba incomodo. Quiso acercarse algunos metros, pero se contuvo, no podía, solo quería saber a qué habia venido el joven Xavier.
Charles sentía la garganta cerrarse, la vergüenza dominándolo y una sofocación incontrolable, todo el valor que lo habia llevado a pararse frente a la puerta, lo habia abandonado y por primera vez en su vida, se sentía incapaz de hablar. Erik tardo unos segundos en notarlo, Charles no hablaría, así que era su deber romper el silencio agobiante.
— Charles... quiero pedirte disculpas — tragando en seco — ese día... no debí invitarte a beber, ni siquiera debí invitarte al cine o pasarme por tu departamento — inhala — todo lo que paso fue exclusivamente mi culpa, mia y de nadie más — su mirada se carga de dolor — yo abuse... de tu confianza, me propase contigo y estoy sumamente arrepentido por eso, en verdad... — subió la cabeza con timidez — espero puedas perdonarme — Erik volvió a callar y sintio la duda atacándolo, porque no todo en esas palabras era verdad.
Una voz le gritaba seguro de que no se arrepentía de lo que habia pasado, la salida al cine, a beber, las conversaciones e incluso... como cerro la noche, y la razón de porque no se llenaba de arrepentimientos, es porque se habia sentido pleno y feliz... cuando todo eso ocurrió. Su sentido común borro esa idea de inmediato, no era momento para pensar en él, porque el único que importaba aquí, era Charles, el cómo todo esto lo estaba afectando, así que solo se limitó a mirarlo, pero el joven tenía la cabeza clavada en el pecho.
— Por favor — dijo casi ahogado — di algo, lo que sea, si me quieres lejos, solo pídelo... podría renunciar incluso, si eso te hace sentir más cómodo — su voz mostraba tartamudeos — lo único que quiero es no molestarte y mucho menos, perjudicarte... solo quiero que seas feliz — el silencio volvió a reinar por casi un minuto — Charles... — ahora si se acercó algunos pasos y el joven acuso la cercanía, porque subió la cabeza y esta vez sí que Erik se sorprendió, los ojos de Charles estaban completamente húmedos, cristalizados y a punto de explotar.
— Perdón, yo... no sé qué me paso, yo no soy así — entre finos hipos — por favor, no pienses mal de mí, yo... solo quería — confundiendo las palabras — y la otra noche, no lo pensé... solo sucedió y ya... — aumentando la sonoridad de sus respiraciones — estabas durmiendo y luego te ahogaste y no supe que hacer y... — ahogándose entre las inhalaciones por la nariz y la boca — quisiera olvidarlo, quisiera borrarlo, pero es que... cada vez que te veo — lo mira fijamente y una sola lagrima cae de manera escuálidas — no puedo y... — inhala sonoramente por la nariz — ya no sé qué hacer, a veces siento que es más grande que yo y otras veces es minúsculo — Erik se acerca más a él, acomplejado por todo lo que estaba viendo y escuchando — solo quiero que las cosas sean como antes, pero... — intenta bajar la cabeza nuevamente, pero Erik sube la mano y suavemente seca la lagrima que caía por el rostro de Charles — Erik... — dijo mirándolo fijamente, aunque algo estupefacto
— No digas nada más, por favor — respondió Erik — necesito... comprobar que si fue real — dijo casi en un ruego
— ¿Que? — pregunto veloz Charles
Y justo en ese momento, Erik lo beso lentamente, no fue como el beso de la noche anterior, fue más suave, más pausado, más dulce y cargado de un deseo incontrolable, pero tan necesitado; era casi como apagar una llamada incandescente, pero que la cercanía, solo aumentaba la intensidad del calor. En un comienzo, era solo una prueba, una confirmación de una duda existente, pero que conforme avanzo, fue elevándose a niveles de descubrimiento y sorpresa; no era pensar, solo fluir, dejarse llevar, tanto el joven Xavier, como el Profesor Lehnsherr.
Los labios de Charles eran suaves, casi aterciopelados, como si fueran vírgenes, por primera vez besados y la curiosidad, dulzura y candor que los bañaba eran más que atrayente, intoxicantes y sumamente embriagantes, eso pudo comprobarlo cuando profundizo aún más la cercanía y la duración del beso, pegado su torso al de Charles y rodeándolo con sus propios brazos. El Xavier ni siquiera lo habia visto venir, pero es como si todas las voces dentro de él… se hubieran apagado y cuando el Profesor lo estrecho más contra él, menos escuchaba y más sentía. ¡Bendita sea su nueva Espontaneidad!
No habia necesidad de parar ¿Por qué hacerlo? Cuando se estaba rozando el cielo con las manos, y el sentido común no tiene espacios para intervenir. Pero, cuando la mente no pone pausas, es la realidad quien debe hacerlo, y muchas veces, de la peor y más aterradora manera; Charles ya tenía prácticamente rodeado al Profesor en sus brazos y Erik sujetaba con fuerza su cuello, comenzando incluso a acariciar el cabello del joven. Ni siquiera se habían dado cuenta, que estaban aprisionados contra la puerta.
Tres ruidos sonoros, tres toques a la puerta — ¡Erik! ¡Ami, date prisa! — el beso fue interrumpido abruptamente, bajándolos de su pedestal de ensueños, para azotarlos en la cruda realidad — ¡Prometiste ayudarme con la clase de hoy! ¡Mon Dieu!
Ambos se separaron con pavor, indicándole con desespero al otro que guardara silencio, pero aun con una proximidad notoria; los golpes proseguían afuera, el Profesor Remy no se iría de ahí, hasta que su amigo cumpliera su palabra. Charles miraba con terror a Erik, el cual sujetaba con fuerza ambas manos del joven, mientras un escalofrió recorría toda su espalda, rogando que su colega se fuera, pero todo parecía indicar que no sería así, por lo tanto, comenzó a mirar a los alrededores, buscando una salida o un escondite posible, pero la oficina no tiene ventanas o puertas extras. Estaban entre la espada y la pared ¿Cómo podría explicarle a su colega que estaba encerrado con un estudiante quince años menor dentro de su oficina? Un estudiante que... era hijo de la Decana de la Facultad y que, era un hombre.
Charles no paraba de temblar, buscando también alguna urgente salida, que era claro que no aparecería, y esa necesidad, solo se vio acrecentada en el terror máximo, cuando otra voz fue escuchada — Remy... — dijo Sharon — creí que estarías en el salón principal
El joven palideció y sintio el estómago arder a miles de centígrados, reconocía esa voz a kilómetros, su madre... estaba en la puerta. El Profesor por su lado, con suerte respiraba; estaba encerrado con el hijo de su Jefa.
— Oui, así es... — insistió la voz a las afueras de la oficina — pero necesito a Erik y no puede... — pegándose a la puerta — ¡Escaparse! — el domo de la puerta se movió.
Chapter 17: 16
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Muebles.
El terror recorría en segundos sus espaldas y bajaba a gran velocidad por sus cuerpos, la tensión llego a hacer crujir el suelo de cerámica a sus pies, y aunque entregaba cierta tranquilidad el ver como el pomo se movía pero la puerta no se abría, la angustia sigue latente, volviendo hasta intoxicante el poco oxigeno que hay en el lugar.
Erik es el primero en actuar, sujeta con su mano derecha ambas manos del joven y lleva su mano izquierda a su propia boca, en clara señal de que guarde silencio, el miedo podía hacerlo emitir el más efímero sonido y Charles estaba al borde del pánico, y como no estarlo ¡Su madre estaba afuera! Aun cuando abrieran y Erik le inventara cualquier excusa, incluso que lo estaba consolando por algo, no bastaría, tal vez para el otro Profesor, pero no para su madre, ella no se detendría hasta saber que le sucedía ¿Por qué estaba ahí? ¿Cómo conocía a Erik? ¿Qué tanto lo conocía? ¿Acaso el Profesor predisponía a su hijo en contra de su madre? O si estaba triste ¿Por qué le contaba a él y no a ella? ¿Acaso otro Profesor lo estaba molestando o acosando? ¿Acaso le estaba costando hacer amigos? ¿Quería volver a casa? Su mente lo atacaba con todo el guion preciso que su madre, más que obviamente, le cantaría quizás hasta en tres idiomas.
Pero el Profesor aun buscaba una solución, y solo una se hizo presente, Charles no podía ser visto ahí, no debía ser visto ahí, eran muchas las variantes a considerar, así que volvió rápida la mirada al joven y le hizo un ademan de esconderse tras el librero, era lo suficientemente grande y ancho para que el joven lograra ocultarse detrás de sus maderas, y Erik asimismo se desharía rápidamente de las visitas impacientes tras la puerta. Charles mientras inhalaba, ya estaba oculto, y cuando exhalaba desesperado, Erik abría la puerta, fingiendo a todo lo que daba su capacidad actoral, una clara calma y confusión.
— Disculpen... — exhalando por la nariz — me quede dormido
Sharon lo mira detenidamente, más porque el Profesor permanece firme en el umbral de la puerta, negándoles claramente el poder avanzar más allá — ¿Te sientes bien, Erik? — consulto — te ves algo... agitado — indicando su respiración
Erik trago en seco con velocidad — sí, descuida... — le sonríe fingiendo naturalidad — ya sabes, una mala noche
— A veces... aun me cuestiono si fue bueno el dejarte volver a trabajar — indico la mujer con algo de duda
— Claro que si — apresuro la respuesta — solo fue una mala noche y… en mi defensa — suelta una risa acongojada — los sillones que hay en las oficinas son muy cómodos
Sharon sonrió con relajo — bueno, si... eso cierto
Remy por su lado, tenía la mirada fija en la oficina y especialmente en el suelo de esta, porque a un costado, estaba esparcido un bolso abierto y unos libros. Su mente no demoro en hacer la conexión, misma que hizo Charles aun oculto en el lateral del mueble, habia dejado caer su bolso al suelo... en cuanto Erik lo beso, el solo recuerdo lo hizo temblar, su mente se habia bloqueado y claramente, el bolso sobraba en toda esa escena, y ahora podía delatarlo.
— ¿Y qué hacen aquí? — pregunto veloz viendo como Remy no lo miraba
— Prometiste ayudarme — respondió volviendo la vista a él — ¿No me digas que lo olvidaste, Mon Ami? — cruzándose de brazos
Erik abrió los ojos de manera acusatoria — no, por supuesto que no — carraspeo — esperen aquí — señalo mientras volvía veloz al escritorio, miraba en fracción de segundos a Charles y tomaba sus cosas; quería demorar lo menos posible — listo... — volteándose a ellos, que para su suerte seguían bajo el umbral de la puerta — vamos — caminando con cierta torpeza
Sharon subió una ceja algo intrigada, Erik aún no se veía muy bien — los... acompañare en la clase, así me aseguro de que todo salga bien
El Profesor grito para sus internos — claro, excelente — cerrando la puerta y viendo como Charles mostraba sus ojos suplicantes tras el mueble
Fue un ruido hueco, la puerta estaba cerrada y ya no se escuchaba nada afuera, el joven lo pensó unos segundos, pero la vergüenza y urgencia de querer dejar este lugar, lo hizo moverse, salir de su escondite entre respiraciones agitadas y encaminarse hacia su bolso y la puerta, debía salir de ahí lo antes posible. Pero la suerte nuevamente no estuvo de su lado, porque el domo volvió a moverse y Charles lo sintio, una clara punzada en el medio de todo su pecho, casi como si su vida fuera a acabar ahí mismo; sin embargo, la puerta no se abrió, solo se movió y acompañada de las mismas tres voces.
— Te lo digo, es lo mejor — agrego el otro Profesor
— Remy tiene razón, Erik — comento la Xavier — es mejor que dejes tu oficina cerrada — parada a su lado — entiendo y respeto tu confianza con los alumnos y el campus en general, pero en las últimas semanas aun aumentado las denuncias de robo y extravío de pertenencias — mira a Remy — incluso de exámenes o trabajos estudiantiles
— Mejor asegurarse — insistió Remy
Erik no podía cerrar la puerta, no debía, pero tenía testigos y la demanda que estos presentaban, era mayor a la situación que ocurría puertas adentro, así que lo hizo, cerro su oficina con llaves, todo mientras Charles lo escuchaba desde el interior. Estaba atrapado, y lo confirmó aún más, cuando escucho a las voces alejarse y acercarse para mover el pomo, era más que claro que no iría a ningún lado.
Así que solo se deslizo por la puerta, dejándose caer al suelo y maldiciéndose una otra vez por haber venido, se sentía tan estúpido, tan imbécil, esto es lo que pasaba cuando se dejaba llevar por su creciente y enfermiza espontaneidad, terminaba encerrado y a punto de ser descubierto por su madre, solo por querer algo... que se sentía tan bien. Exhalo ¿Es porque estaba mal? Scott se lo habia dicho hace algunos minutos, de seguro habia hecho algo que le gustó mucho, algo que se moría de ganas de hacer... pero ante los demás está mal visto.
¿Por qué está mal visto ver a dos hombres besarse? Y la imagen de Logan besando a ese chico volvió a él de manera veloz; hace años habia huido en cuanto los descubrió juntos y ahora... estaba en las mismas ¿A caso esto se contagia? ¿Habia algo malo en él? ¿Estaba enfermo? ¿Habia nacido... así? Quiso recordar una vez, solo una vez en la cual se sintio atraído por una mujer, por una niña cuando era pequeño, para tratar de abordarlo como un problema hormonal, mental o una etapa efímera en su vida, pero ningún recuerdo vino a él, habia estado muy ocupado en toda su infancia leyendo y jugando a las Cruzadas.
Metió su cabeza entre sus piernas, abrazándose a sí mismo, sobrepasado por todo lo que estaba pasando, que era claramente, mucho más grande que él, y no se percató en qué momento, las lágrimas comenzaron a caer por su rostro; así es, Charles Xavier estaba llorando y esta vez no lo hacía por la muerte de otro o porque no sabía expresar la rabia o la ira, no esta vez lo hacía por otro motivo, por primera vez en su vida estaba llorando por él mismo, llorando para él y no por otros, la duda lo estaba atacando y odiaba admitirlo, pero tenía miedo, miedo a sufrir, miedo a quedarse solo, miedo al rechazo, miedo al abandono, miedo a que nadie jamás lo pudiera comprender o aceptar.
¿Esto es lo que uno ganaba cuando seguía a su corazón? ¿Acaso eso era malo? ¿A caso él era malo por pensar solo en sí mismo? El... solo quería ser feliz, pero para los demás, la felicidad debía ser bajo las normas de ellos, no las propias; su vida, sus sueños y sus metas... estaban condicionadas.
Y así, las horas fueron pasando, el hambre comenzaba a ser un problema bastante latente y el correr del tiempo lo asustaba, porque al parecer, no solo faltaría a las demás clases de la jornada — adiós a su asistencia perfecta — sino que también terminaría faltando al trabajo ¿Cuántas malas consecuencias podría traer todo esto? Al final, termino llamando a los Stryker a través del teléfono de Erik; esperar a que el Profesor volviera para pedirle permiso de utilizar su teléfono, en este momento no serbia, por lo que solo se tomó el atrevimiento. Debía avisar que no podría asistir a su turno de hoy... por motivos de fuerza mayor, al menos Jason lo comprendió y le recalco que no se preocupara, que el hablaría con sus padres y los haría entender, pero de igual forma, le extraño todo esto, Charles no parecía una persona irresponsable, estaba seguro de que no lo era.
Cuando el reloj de la pared marcaba un cuarto para las cinco de la tarde, ya completamente asqueado por la situación, comenzó a pasearse por el escritorio, le dolían las piernas y se sentía atrapado, casi encarcelado, por lo que ojear las cosas de Erik no pareció tan mala idea, claro, no fue impertinente y no se metió en los lugares más recónditos, pero si reviso los papeles a la vista, y fue ahí cuando la vio, su carta. Al principio no la reconoció, solo abrió el papel arrugado, pensando que sería una idea descartada para su libro, pero no, era un papel con su puño y letra; eso habia hecho Erik con la carta, la habia arrugado hasta hacerla minúscula, pero no la habia botado, seguía en su escritorio ¿Por qué? Y buscando respuestas, encontró otro papel, pero esta vez escrito por Erik, era una carta y… dirigida hacia él. Las dos primera palabras detuvieron su respiración.
Dilecto Charles...
Ayer estuviste en mis sueños, remplazando horribles pesadillas, con palabras hermosas y caricias utópicas... ¿Siente acaso tu corazón, el palpitar ensordecedor que se filtra por mis poros?
Quisiera...
Las voces a la distancia detuvieron su ensoñación al estar leyendo la carta, eran casi gritos y reconoció de inmediato a su progenitor, Erik vociferaba en voz alta para dejarle claro que estaba acercándose a la oficina... y que no estaba solo, Remy lo acompañaba. Se apresuro veloz a tomar sus cosas, y aunque la curiosidad por seguir leyendo la carta, lo carcomía, en este momento habia cosas más importantes; se escondió nuevamente detrás del libero, justo cuando el cerrojo del pestillo giraba, pero para su terror más absoluto, Remy no se quedó bajo el umbral, esta vez entro a la oficina y Erik no pudo evitarlo, aunque avanzo pocos metros dentro del lugar, inundando a ambos personajes en completo pavor.
Remy no habia llegado a ser Profesor si tuviera falta de astucia, por lo que se percató al instante que algo raro estaba cargando el ambiente — Erik... — su amigo lo miro mientras dejaba sus cosas sobre el escritorio — solo te diré... — inhalo con calma — que si te estas acostando con alguien a escondidas... dentro de la Universidad — sonríe — no lo hagas tan obvio — su colega palideció en cuestión de segundos, al igual que Charles, quien se aferraba al mueble, jurando que este lo tragaría y lo transportaría a Narnia, eso era lo mejor que le podía pasar ahora.
Erik trago en seco — por favor, no hables estupideces
Pero Remy continuo — y si es una estudiante, al menos asegúrate que es con su consentimiento, por favor — recalco ese último punto — creo que nadie quiere escándalos y no te quiero metido en esos asquerosos problemas, me desilusionaría mucho de ti — con firmeza — y obviamente, que no sea con fines académicos o para aprobar ramos
Erik le sostuvo la mirada por casi minuto, con mitad de ofensa y mitad de terror, quería decir tantas cosas pero solo una cosa salió — descuida, Remy... no es nada de lo que te imaginas
Remy solo sonrió con algo de resignación y se marchó, mirando de reojo el lugar antes de cerrar la puerta, justo cuando Erik corría veloz a esta para colocar con suma firmeza el pestillo; en verdad estuvieron muy cerca de la catástrofe absoluta. Se volteó al instante hacia el librero, para encontrarse con un Charles agobiado, que se deslizaba hacia el suelo, completamente sobrepasado, las piernas aun le temblaban y estaba seguro de algo, esto habia sido la más estúpido que habia hecho en su vida, pero su espontaneidad respondió: lo más estúpido hasta ahora.
— Mil disculpas, en verdad... — imploro Erik hincándose a su lado — te juro que no quería dejarte encerrado aquí, pero Sharon y Remy jamás me dejaron solo, no podía alejarme de ellos y la clase se extendió, y luego fueron las preguntas, y todo se fue complicando y... — exhala agotado— en verdad lo siento — mirándolo fijamente
Charles subió la mirada decidido, solo habia una cosa que hacer ante todo lo ocurrido — debo irme, perdí dos clases, no fui al trabajo y se hace tarde — poniéndose de pie — además no almorcé y muero de hambre — tomando sus cosas y encaminándose hacia la puerta
Erik lo siguió con la mirada, tan confundido como sorprendido — pero... traje comida — volteándose hacia su escritorio y sacando unos paquetes de su bolso — sé que no es mucho — abriéndolos — pero es lo mínimo que podía hacer por ti... — Charles no volteaba hacia él — no me dejes comer solo — carraspea — yo tampoco almorcé... — exhala entre risas algo incomodas
El joven negó entre exhalaciones, pero termino por aceptar, no podía solo irse, aun había cosas pendientes y además... lo que fuera que trajo Erik, olía delicioso y el hambre era más que la vergüenza y la incomodidad. Se acomodaron en el escritorio y prácticamente devoraron la comida, en absoluto y completo silencio, uno por el hambre y dos, porque no sabían que decir, que hablar o que tema tocar, solo mascaban entre miradas incomodas, disculpas repetitivas y preguntas escasas sobre lo que paso en la clase de Erik, todo con tal de cortar el ambiente atroz del lugar. Charles, a veces sin quererlo, volvía la vista a la carta, estaba oculta ahora bajo varias carpetas, era más que obvio que no podría leerla y se moría de ganas por hacerlo.
Cuando hubo acabado todo, en cuestión de minutos, se volvió a poner de pie con firmeza, agradeció la comida, pidió perdón por las incomodidades y se despidió, era momento de partir — adiós, Erik... — volviendo a tomar sus cosas
Erik repitió su acción — ¿Ya te vas? — acuso veloz
— Si, temo que no tengo nada más que hacer aquí — acomodándose el bolso, luego de colocarse el abrigo
— No estoy de acuerdo... — dijo entre titubeos tímidos — Charles, antes de que llegaran Remy y Sharon, nosotros... tú y yo... — sin poder encontrar las palabras
Charles lo interrumpió con cierta descortesía — descuida, nada paso
— Al menos déjame llevarte a tu departamento — agrego avanzando algunos pasos
— Erik, creo que ya tuvimos suficiente por hoy ¿No crees? — riendo incomodo
Erik se acercó más — por favor, es lo mínimo que puedo hacer por ti, después de todo esto — señalando la oficina. Charles mostraba duda, pero la mirada de Erik era firme y cargada de súplica — por favor... — insistió una última vez
Charles suspiro rendido — esta... bien
A los pocos minutos estaban en la camioneta de Erik, completamente en silencio y sin siquiera mirarse ¿Es que acaso así serian todos sus futuros encuentros? ¿Cargados de silencios e incomodidad? Una pregunta detuvo todo en su mente ¿Acaso habría otros encuentros? ¿Cómo podrían volver a ser las cosas como antes? Después de lo que habia pasado, porque era claro que esto habia marcado un precedente ¿Para bien o para mal?
Una menguante llovizna parecía por fin llegar a su fin, aunque ayudaba a opacar el silencio, pero aun en su presencia, no oculto la realidad, el camino que estaba tomando Erik no era hacia su departamento, no estaba ni remotamente cerca y tampoco hacia el propio, era claro que se dirigía hacia otro lugar. No iban al bar del otro día, o al cine, ni siquiera se dirigían al centro de la ciudad, no, al contrario se alejaban de todo y Charles comenzaba a impacientarse y a asustarse ¿Qué es lo que pretendía Erik?
— Lo siento... — dijo Erik aun mirando la calle — quiero hablar sobre... pero no sé cómo, dame unos minutos para ordenar mis ideas, por favor — Charles permaneció en silencio.
Tomando la siguiente salida, comprendió al menos su destino, Port Meadow, una gran pradera de tierra, de grandes hectáreas, que demostraba con claridad lo que el mundo conocía como la Campiña Inglesa; amaba venir a este lugar cuando niño y ahora también a su edad, era uno de sus lugares favoritos en Oxford y de los preferidos de Raven, venía a acampar, a pescar, a nadar, o simplemente a pasar el día, muchos y bellos recuerdos lo golpearon. Pero ahora, por primera vez, estaba entrando a este enorme lugar de noche y en compañía de alguien que claramente, y en estos momentos, no comprendía.
La camioneta se tambaleaba de un lado a otro, mientras avanzaba por los caminos de tierra, aunque era claro que no era problema para su tracción 4x4, pero lo que más preocupaba a Charles ahora, era Erik, estaba distante y sumamente callado, claramente perdido en sus pensamientos y el joven no se negaba a interrumpir. Estaba asustado, ante cualquier otro y en tiempos pasados, esto lo hubiera catalogado como un claro secuestro, pero el Profesor no le daba esos aires y mucho menos, esa desconfianza, porque era claro que Erik buscaba un lugar tranquilo y alejado, donde al final pudieran hablar, y la verdad, esto era lo que más asustaba a Charles; afrontar las consecuencias de lo que sucedió.
El vehículo se detuvo, el motor se apagó, Erik desabrocho su cinturón, ni siquiera lo miro, solo exhalo y bajo de la camioneta, para encaminarse pocos metros hacia el rio Támesis, que se teñía de los últimos rayos del atardecer y bañado de una aureola bellísima, producto de la humedad que dejo la pasada lluvia. Fue solo ahí que Charles lo comprendió, no era el único que estaba viviendo una agobiante desesperación y duda, Erik también estaba sufriendo, Erik también estaba tan confundido como él.
Su sentido común acusaba con muchos motivos que no debían estar ahí, era peligroso, era ilegal meter un vehículo hasta este lugar, para eso estaban los estacionamientos asignados, no tenía por qué estar ahí, no tenía ninguna explicación que dar, no habia nada que aclarar, entonces... ¿Por qué no se iba? Miro a Erik a la distancia, que seguía fijo mirando el rio en su cautela, como si esperara la decisión de Charles: podía bajarse e irse... o podía bajarse y caminar hacia él, para afrontarlo.
Su espontaneidad fue tajante, no podía dejar a Erik solo y aún más importante, no quería ir a ningún otro lado, por lo que inhalo con firmeza y bajo de la camioneta, para acercarse con parsimonia hacia Erik, era claro que ningún iría a ningún lado, lo que más habia era tiempo para aclarar las cosas, pero... ¿Quién sería el primero en hablar?
Cuando el silencio se hizo tan cortante, solo acompañado de grillos distantes, Erik comento — siempre vengo aquí cuando quiero pensar — sonríe con nostalgia — cuando sé que debo tomar decisiones difíciles — Charles estaba unos pasos más atrás de él, aun no tenía la valentía para pararse a su lado — primero, gracias...
Charles dudo — ¿Por qué? — pregunto con confusión
Sin voltearse a verlo — por no irte...
El joven clavo la mirada en el rio, ni siquiera podía mirar la espalda de Erik — voy a ser muy honesto contigo, Charles — la voz del Profesor se tornó firme pero serena — yo jamás en mi vida he estado con un hombre, jamás en mi vida se me habia pasado por la cabeza fijarme en un hombre... yo jamás habia besado a otro hombre — Charles esta vez sí miro su espalda — y no es que haya tenido muchas parejas en mi vida, quizás más encuentros que parejas, si es que me entiendes — ríe entre dientes — pero siempre fueron mujeres, las desee, las ame, las llore y las olvide, con algunas me sentí completo, enamorado y vivo... — exhala — con otras, desolado, abatido y solo, pero todas, de alguna forma u otra, me enseñaron algo... dejaron una huella en mí, que atesorare siempre — comienza a voltearse hacia Charles — pero jamás un hombre entro en esa ecuación — lo miró fijamente — hasta que llegaste tu — el joven tembló hasta los pies.
Charles ni siquiera podía articular palabra, y menos cuando Erik volteo nuevamente hacia el rio, dejándole quizás la oportunidad a el de intervenir, debía hacerlo, aunque fuera aterrador y confuso, por lo que avanzo y se paró a su lado, sin mirarlo claro — yo... jamás he estado con nadie — carraspea — jamás habia besado a alguien, jamás he tenido una relación, jamás me he sentido atraído por nadie — lo mira de reojo — sea mujer o hombre... — exhala — la atracción fisca, sexual, amor, como quieras llamarlo... — con algo de irritación — no entraba en mi ecuación — ríe incomodo — hasta que llegaste tu — y al decirlo, sintio como si se quitara un peso gigantesco de la espalda.
Erik exhalo y rio con calma, era curioso escuchar como ambos se abrían ante el otro — no sé qué fue lo paso, no sé cómo explicarlo... — metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón — no lo planifique, no lo espere, no lo busque... pero mentiría si dijera que no lo desee — ahora si miro a Charles — y que aún lo deseo, llegando incluso a ser más fuerte que mis propios miedos, dudas o incluso, que mi propio sentido común... — se voltea por completo hacia él — Charles...
— No sé qué esto — interrumpió veloz — no sé cómo afrontarlo o deshacerlo, pero algo si es claro — lo mira fijamente — no quiero... — sumamente nervioso. Erik traga en seco con temor — no quiero que se acabe — exhala entre hipos
Y es ahí, cuando Erik le regala la sonrisa más hermosa jamás dibujada en la faz de la tierra — Charles... — acercándose un poco más al joven — yo tampoco quiero que esto... — toma las manos de Charles entre temblores — esto que estoy sintiendo, se acabe — ríe nervioso y con cierta prisa — esto es una locura, una absoluta locura — Charles sujeta sus manos con fuerza — pero por alguna razón, no puedo negarlo, no puedo seguir haciéndolo, a veces es mar grande que yo... — baja la mirada — pero tampoco quiero forzarte u obligarte
— Jamás lo harías — suelta una de sus manos y acaricia su rostro — si estoy aquí, es por decisión propia — ríe — aunque me secuestrarse en tu camioneta — Erik suelta una risa risueña — pero aun así, la necesidad de estar cerca de ti, a tu lado... es superior a todo, incluso a mis miedos y resquemores
— No sé hasta donde podría avanzar esto... — Erik apoya su frente en la de Charles — pero...
— Podemos descubrirlo... juntos — complemento Charles
Erik sonrió encantando porque Charles estaba pensando y sintiendo lo mismo que él, al punto de que terminaba hasta sus oraciones — vivamos este momento y los que puedan venir...
— No tengo problema con ello — le responde con una sonrisa extasiada — ya deje que mi espontaneidad me venciera... y lo mejor de todo, es que me gusta
Y así, justo cuando el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, ellos se bañaban con el crepúsculo, el cual ocultaba un beso digno y magistral, era casi como de ensoñación, porque esta vez no habia excusas o contextos erróneos, esta vez y en este lugar, estaban solos, sin peligros o jueces inquisidores, no importaba la edad, la condición social, la nacionalidad, el contexto que rodeaba sus vidas, sus pasados y mucho menos, su género. En ese momento, eran Erik y Charles, dos personas comunes y corrientes, dejándose llevar por la mejor sensación del momento y por un sentimiento inesperado, pero que poco a poco, crecería en intensidad.
— No sé qué vendrá mañana, pero al menos por hoy estoy... — Charles le asiente — a tu lado
— Tengo miedos, dudas, confusiones y tantas preguntas, pero cuando estamos juntos... las voces se callan — agrega el joven
Vuelven a besarse, cada vez más lento y profundo, dejarse llevar, esa era la clave y les estaba funcionando de una manera extraordinaria; y una hora paso, donde nadie los interrumpió, donde nadie intervino, solo las estrellas y los búhos a la distancia. Ya entrada la penumbra, Erik lo encamino de vuelta a su departamento, despidiéndolo con un corto pero muy dulce beso dentro de la camioneta, y no partiendo a su propio hogar, hasta verlo abrir la puerta del edificio, despedirse con timidez y entrar a la seguridad de su hogar. Era más que claro, este habia sido un día más que perfecto y en la noche, seguramente sus sueños se conectarían, y así... no más pesadillas se harían presentes.
Chapter 18: 17
Chapter Text
Rumores
Jueves.
Al día siguiente, la Universidad se veía más brillante, más radiante o quizás era Charles el que estaba más optimista y feliz, eso se veía reflejado en esa hermosa sonrisa que lo acompañaba, no recordaba la última vez que estuvo tan feliz, sentía un cosquilleo intenso en el estómago, un hormigueo en la espalda, pero lo más extraño, era esa nueva sensación que lo rodeaba, como de confianza, seguridad, como si pudiera entrar a cualquier lugar con la frente en alto y sin temores.
No tenía muy claro que sentimiento era, pero le gustaba el efecto que provocaba. Pero como siempre, cuando algo bueno te pasa, todo el mundo lo nota o al menos para los que te rodean no pasa desapercibido; Scott vio su deslumbrante sonrisa a kilómetros, llegaba a ser fluorescente y sumamente llamativa y adecuándose a su personalidad, no dudo en interrogar entre bromas a su amigo.
— Vaya, vaya… Sir Charles — cruzándose de brazos frente a él — ¿Y ese semblante?
Charles mantuvo la sonrisa, pero trato de ignorarlo — nada, solo es un buen día… bonito ¿No? — siguió caminando por el pasillo
— No, no… eso sí que no — volviendo a cruzarse en su camino — me cuenta todo lo que paso, pero ¡Ya! — insistiendo con la mirada y evitándole su avance
— ¿Qué podría contarte? — fingiendo desconocimiento
Scott rodo los ojos superado — ayer estabas hecho un fantasma, es más, eras un alma en pena que rondaba los pasillos de la Universidad, un poco más y nos llaman para esos programas de fantasmas en edificios antiguos — ahogando una risa — y hoy… — sonriendo con cierta malicia — un poco más y andas saltando por todos lados como conejo
— No exageres — respondió con suma timidez — no paso nada, solo es un buen día
— ¿Hoy o ayer? — levantando una ceja. Charles no pudo evitarlo y el sonrojo lo delato de inmediato — entonces tengo razón… — el Xavier comenzó a caminar y Scott lo siguió — dime
— ¿Y tú desde cuando eres tan curioso? — pregunto entre risas
— Desde que entraste en mi vida — argumento con optimismo. Charles lo miro extrañado — oye, hace años que no tenía cosas interesantes de que hablar — haciendo una mueca de disgusto — con los únicos que hablaba o, mejor dicho, escuchaba gritos, era de parte de mi padre y de Alex… así que hazte responsable, eres las pocas cosas interesantes que tengo cerca.
Charles estallo en una risa muy grata, en verdad Scott tenía unas salidas tan especiales — en verdad eres único — exhala — pero bueno, si soy tu fuente de entretención, solo diré que me fue muy bien — lo mira fijamente — ¿Satisfecho?
— Un poco — se detiene a mitad del pasillo, antes de entrar a la sala — solo quiero saber una cosa… — Charles imita su acción — ¿Las cosas se arreglaron? — el joven se quedó helado ante la pregunta — me refiero… ¿Ya no están en crisis?
Charles dudo unos segundos, le costaba muchísimo abrirse de esa manera con alguien, con suerte compartía sus cosas con Raven, pero de alguna forma, Scott le daba esa confianza — si… creo que si — no puede evitar sonreír — creo que las cosas van mejorando
— Qué bueno… — volviendo a caminar — pero te diré una cosa — lo detiene en la puerta — cuando estés listo y quieras contarme, aquí estaré — lo mira fijamente — quiero que sepas que cuentas conmigo… para todo — le sonríe con dulzura
Charles se sintió tan halagado y apañado, jamás había tenido a alguien con esa actitud a su lado — muchas gracias, Scott… no tienes idea de lo que eso significa para mi — le responde con una sonrisa grata, mientas entran a la sala
Scott lo sigue con la mirada — de nada…. — entrando tras él.
El joven decidió que por ahora no le recordaría a Charles el pequeño detalle que menciono ayer, cuando se refirió a su crisis como él; si algo le había enseñado su madre es a ser respetuoso con la vida de otros y cualquier cosa que le dijera a Charles en este momento, con lo mojigato que era, lo iba a traumar para siempre, así que prefirió callar y dejar que el joven descubra solo lo que le pasa y cuando quiera hablar, ahí estará para él.
Al terminar las clases, ambos amigos fueron a su café matutino, o al menos Scott, Charles prefería él té o al menos esa basura que hacían llamar té en la cafetería, aunque era mejor que esa brea misteriosa que Scott llamaba café; si en verdad odiaba el café, esa cosa que tomaba Scott no era ni la sombra de un café decente.
Se sentaron a comentar los exámenes próximos, los trabajos que obviamente harían juntos y demás proyectos, Scott le recalcaba que tendría que cargar con él para siempre, cosa que de cierta forma no incomodaba a Charles, cada día que pasaba, se acostumbrada a esa rutina y a lo que los demás llamaban “amigo de tu edad”, cosa que jamás antes había tenido.
Una tercera presencia se posiciono frente a su mesa — Buenos días, Scott… — comento una mujer con voz monótona. Scott se paró casi de manera robótica
— Hola, Jean… ¿Qué tal? — mirándola fijamente. Por su rostro y actitud, era claro que esa respuesta iba a ser negativa
— Supongo que bien — carraspeo algo incomoda — en fin… — mira a Charles — disculpa, buenos días
— Muy buenos días — su buen humor aún no se esfumaba, pero para Jean era un golpe en el estómago, no necesitaba escuchar cosas felices ahora — ¿Te sientes bien? Estas un poco pálida — comento con clara preocupación
— ¿Tomaste desayuno? — continuo Scott con el cuestionario
— Eso no importa — respondió de manera algo tosca — mira, necesito — pero Scott la interrumpió
— Eso es un no ¿Verdad? — mirando a su amigo con complicidad, el cual solo asintió — espera aquí, te comprare un magdalena y esa basura deliciosa que yo llamo café, pero que Charles ni siquiera soporta — su amigo le hizo una mueca de burla — toma asiento — comenzando a caminar hacia la cafetería
— No, descuida — viéndolo irse — ¡En serio no es necesario! — pero el joven ya había desaparecido por la puerta
Charles solo la observo, era claro que estaba mal y sus mejillas estaban hinchadas, estuvo llorando y eso le partió el corazón, no soportaba ver a una mujer llorar — ¿Tienes clases en el siguiente bloque?
La joven volteó algo confundida hacia él, apenas si cruzaba palabras con Charles cuando estaba cerca de Scott, pero ahora le hablaba como si la conociera de toda una vida — no, solo tengo algunas tutorías y después tengo que pasar a ver la Profesora Frost.
— Entonces andamos de suerte — se puso de pie y acerco una tercera silla — ven, siéntate y acompáñanos a comer algo.
Jean exhalo algo incomoda — la verdad, no creo que sea necesario y…
— Insisto — respondió Charles corriéndole la silla para que la chica se sentara — Scott ya viene y no creo que quieras dejarlo con todo servido, y, además, es obvio que, si no te comes lo que él compro, se lo terminara devorando él… — sentándose entre risas — y en verdad estoy tratando que deje los dulces o el café, si es que se le puede llamar café, y mucho menos si es consumo en conjunto.
La tutora suspiro rendida — esta… bien — sentándose — ya veo porque son amigos, son igual de insistentes — soltando una mediana sonrisa
— Eso está mejor — indico Charles — una sonrisa es la mejor forma de empezar el día, más si no se ha comido nada — por momentos, ni él se reconocía, es como si fuera una gran pila de amor, esparciendo esporas por el mundo, llego incluso a preocuparse, pero un recuerdo efímero y hermoso devolvió la sonrisa. Jean noto la actitud del joven, pero no la comprendido por completo, y la verdad, ni ganas tenía de hacerlo, y por suerte Scott apareció, porque ni siquiera tenía tema de conversación.
— Aquí tienes — dejándolo sobre la mesa — el petróleo llamado café — agrego mirando a Charles — una magdalena de chocolate — acercándola a ella — y te compre otra basura de té — le guiña un ojo — para que no te pongas celoso.
Charles rio entre dientes — no empieces con sus babosadas — tomando un poco de té.
Jean los miraba mientras le daba una mascada al dulce, en verdad tenía hambre, pero el dolor era más grande que eso — ustedes son muy amigos ¿Verdad? — quería comentar algo que la distrajera.
Scott y Charles se miran con complicidad — la verdad… nos conocemos hace años — comento Scott — desde que éramos chiquitos, Charles ha tenido que cargar desde entonces conmigo
El joven Xavier negó con una sonrisa — parece que hubiera sido ayer, créeme… pero se siente como toda una vida
— ¿A si? — indagó la joven
Scott ahogo una risa — no, la verdad no… Charles ha tenido que pasar el suplicio de soportarme desde que entramos a la Universidad — tomando café — apenas unos meses
— Meses eternos — agregó Charles
— Pues pareciera que se conocen hace mucho
— Es que soy muy fácil… de conocer, por supuesto — indicó orgulloso Scott
— Ya cállate o la vas a espantar — sentenció Charles
— ¿Cómo lo soportas? — acercando la taza de café — yo sí apenas lo soporto en las tutorías, es terriblemente intolerable — tomando un gran sorbo
— ¡Epa! — acuso Scott — ¿Qué es esto? ¿Todos contra mí? — mira a Jean — y ojo señorita con el café… es mejor endulzarlo o no pasa por la garganta
— Detesto las cosas dulces — Scott hace un gesto de ofensa — además, las cosas dulces mezcladas con café son pésimas para la salud… — le guiña un ojo a Charles y este solo ríe — no ayudan a la concentración
Scott los mira a ambos — no, pues… sigan ustedes con sus códigos secretos — volviendo a tomar café — no los puedo dejar ni un segundo solos, porque ya andan destruyendo mi imagen o conspirando en mi contra
— Bueno que al fin te das cuenta — agrego Jean
— Yo no sabía que podías ser tan amable o incluso poder soltar una broma — comento Scott
Jean inhaló — soy una caja de sorpresas — sentencio — y hablando de eso, la razón por la cual te estaba buscando
— Usted dirá, Miladi
Jean tomo otro gran sorbo de café, casi terminándoselo — necesito que suspendamos las clases de hoy y quizás de la semana — Scott le mostró una gran semblante de confusión — tengo algunos… — tocé incomoda — problemas personales — es recién en este momento que Scott se da cuenta de las mejillas algo enrojecidas — así que… eso — tomando lo que le quedaba del dulce — gracias por el café y lo demás… — se pone de pie — yo te aviso cuando retomamos o si necesitas clases con urgencia, pues pedir el cambio de tutor… como quieras, es tu decisión.
Scott la mira fijamente — es que yo no quiero otro tutor — se pone de pie — te quiero a ti.
El silencio se hace eterno, aunque solo dure unos pocos segundos, eso había sonado tan extraño como confuso — bueno… gracias — mira a Charles — adiós…
— Adiós — responde con preocupación el joven
— Permiso — comenzando a irse.
Ambos amigos se miran al instante y Charles le hace el gesto, Scott lo capta al instante y sale tras de ella — Jean, espera.
— Ahora no puedo, Scott — aun caminando
— No preguntare que paso, lo prometo — ella se detiene en cuanto escucha sus palabras — pero se por experiencia propia que guardarse las cosas no sirve para nada, solo te enferma — nota como la mano de la joven tiembla levemente — si algún día necesitas hablar o simplemente que te escuchen, me sentiría honrado si me das ese privilegio… no estás sola
La joven voltea parcialmente la mirada hacia él — gracias — con algo de tosquedad, antes de irse
Scott se queda unos segundos viéndola irse, hasta que finalmente vuelve hacia Charles — ¿Y bien? — pregunto el Xavier — ¿Qué te dijo?
— Mi querido Sir Charles… — sentándose — es como tú, una cebolla que hay que pelar capa por capa — su amigo hace un gesto de disgusto, no le gustó mucho la comparación
— Podrías haber buscado una mejor analogía — indico
— Cuando se me ocurra una mejor, te la digo… — respondió. Charles solo rio, Scott era como él, siempre tenía una respuesta para todos; salvo por una persona inesperada que se estaba acostumbrando en el último tiempo a dejarlo callado, como venía haciendo hace varias semanas.
Dentro de la misma Universidad, pero varias salas y facultades más allá, Erik había terminado de revisar todos los proyectos pendientes, en verdad estaba más que eficiente en su trabajo ¿Y cómo no estarlo? Anoche había dormido de maravilla, como quizás hace mucho tiempo no lo hacía, es que ni siquiera una pesadilla pequeña se atrevió a interrumpir su sueño.
Solo hubo bosques, viento, un atardecer, sonidos de calma y unas sensaciones deslumbrantes ¿Acaso no se podía estar así siempre? Mantener este animo a todo momento, era casi embriagante.
Los golpes a su puerta lo sacaron de su ensoñación y recuerdos, por lo que acomodo todo muy rápidamente y escondió una carta que había empezado hace unos días para un muy especial destinatario, pero que aún no encontraba la forma de terminarla y mucho menos entregársela; estaban aun en un proceso complicado y sumamente riesgoso, pero el miedo era el menor problema.
— ¿Si se puede? Sr. Ingrato — dijo una voz femenina abriendo la puerta
— Si, pasa de una buena vez — haciéndole el ademán de entrar y cerrar la puerta
— Pensé que te habías quedado dormido — sentándose frente al escritorio — ¿Cómo van las noches? ¿Siguen las pesadillas?
— No — respondió con una amplia sonrisa — todo avanza muy bien, ayer dormir de maravilla y no tuve ninguna pesadilla — acomodando los últimos papeles
— ¿A sí? — con intriga
Erik le hace un gesto de pausa — sí, pero hasta ahí vas a llegar, porque no pienso decir nada más — Emma claramente iba a reclamar, sin embargo, Erik fue más veloz — sin peros.
Bufo molesta — está bien… — rodando los ojos — pero supongo que yo sí puedo contarte algo o al menos que me escuches… y quizás, si no es mucha molestia, que mi mejor amigo me regale un consejo medianamente interesado
Erik se cruzó de brazos sobre la mesa — menos mal que el rencor no es parte de tu naturaleza — comento con ironía — bueno, dime de una vez
Emma inhaló con suma fuerza y eso a Erik lo extraño, era claro que lo que venía, era serio — Sebastián hablo conmigo hace unos días — el Profesor mejoro su postura de inmediato — me dio explicaciones de lo que vi… ese día — carraspea — pero la verdad, no entiendo porque me tiene que dar explicaciones — eleva la mirada decidida — yo no se las he pedido
El Profesor hace un gesto de resignación — bueno, si quieres que sea honesto, Sebastián me llamo el fin de semana pasado, estaba muy ebrio, se le escuchaba muy mal y… me pregunto si tu estabas conmigo en mi departamento, yo le aclare que no, por supuesto
La mujer dudo unos segundos — hay algo más... — susurro y Erik noto la confusión en su voz — me dijo algo que... — exhala sobrepasada — ya ni siquiera sé que pensar...
— O sentir... — agrego Erik — ¿Qué paso? ¿Qué te dijo?
— Que si dependiera de él... se casaría conmigo lo antes posible — eso desconcertó a Erik por completo, no lo esperaba en absoluto — pero al instante se retractó, dijo que lo olvidara y que se arrepentía...
— ¿De qué? — pregunto a la defensiva Erik, temiendo lo peor
— Me dijo que no de mi o de nosotros... — con la mirada perdida — sino de algo más... — exhala por la nariz con lentitud
Erik elevo una ceja confundido — ¿Entonces de qué? — Emma negó, claramente no lo habia mencionado — pues esto me suena muy raro, y no puedo creer lo que diré, pero incluso me suena hasta inusual de él, como si algo dentro de mí me dijera que...
— Él no es así — afirmo nerviosa Emma — tal vez me está ocultando algo y... — negó al instante — ¿Sabes qué? no me importa… no quiero saber nada de él — exhalo entre bufidos. Erik solo la observo — él mismo me dijo cuando terminamos que no estábamos hechos el uno para el otro, que algo le decía que él no era el indicado para mi — apretando los dientes — bueno, en eso no se equivocó...
Erik duda unos segundos, buscando la respuesta correcta y finalmente la honestidad le gana — bueno, la verdad… — exhala por la boca — yo creo que tal vez todo esto se debe al maldito complejo de inferioridad que Sebastián tiene — ella lo mira confundida — él se siente menos que tu… y el mundo se asegura de recordárselo ¿Acaso olvidas la fiesta en el Museo Británico? — Emma evitó su mirada, eso había terminado muy mal y en parte gracias a ella, pero sobre todo a su madre, quien lo había arruinado todo, como siempre — y si mal no recuerdo, fuiste tú quien lo patrocino...
Emma lo miro ofendida —¿Me estas echando la culpa? — mirándolo de manera desafiante
— Si y no... — respondió con honestidad — admítelo Emma, llevaste a Sebastián a esa fiesta con una clara intención... — Emma volvió a esquivar su mirada — querías pasearte al frente de todos esos aristócratas y burgueses estúpidos y sobre todo en frente de tu madre con un "pobre diablo"... solo querías restregarle en la cara que ella no tenía control sobre tu vida ¿No es así? — la mujer no lo negó — sé que en el fondo amas a Sebastián, sé que tus sentimientos son sinceros, sé que sueñas con casarte con él e incluso formar una familia juntos, pero ese día en particular no fue sobre ustedes dos, fue sobre ti... contra ellos y usaste a Sebastián como chivo expiatorio y peor aún, como conejillo de indias...
Emma exhalo con sumo pesar, el error de esa noche seguía persiguiéndola — lo sé... sé que ese día me gano el orgullo y la vanidad, quería venganza, quería cobrarle todas las humillaciones que me hizo pasar, pero jamás pensé que sería Sebastián el señalado... y al final pareció que a él no le importo, nos afectó a ambos pero logramos sobreponerlo, yo pensé que después de eso nuestra relación había pasado una prueba gigantesca
— Si, tal vez lo hizo... y quizás yo soy el peor para dar ejemplo de termino de relaciones y eventos públicos que terminan mal — Emma hizo una mueca de disgusto, lo que habia pasado hace un año con Erik seguía dando vueltas en ambos y al parecer lo seguía haciendo hasta hoy en día —, pero también pudo crecer el sentimiento de inferioridad y de inseguridad...
El orgullo volvió — ¿Qué? — acuso — ¿Por qué? — su cabeza hace algunas conexiones — no me digas que es porque yo gano más que él o porque tengo mayores especializaciones académicas, porque sería una verdadera estupidez
— No, claro que no — indica aclarando la garganta — él no es inseguro respecto a eso, pero si a otras cosas — ella lo mira esperando una respuesta que claramente ya sospechaba — yo creo esa inferioridad que siente es lo que le impide el querer jugársela por ti en pleno, quizás siente que jamás estará a tu altura — Emma mantiene la vista — tu desciendes de las familias más antiguas y aristócratas de Inglaterra, tu familia nada en dinero, tienes una apellido conocido en todos los círculos sociales y aparte eres hermosa, inteligente y encantadora… — suspira — jamás te lo dije, pero el mismo me ha dicho que eres mucha mujer para él o más bien... que él es muy poco para ti — Emma resintió ese comentario.
— Pero tú sabes mejor que nadie que yo odio todo eso — argumento algo agitada — detesto a los burgueses y sus protocolos, la opulencia y el desbaratase de dinero, son lo que más odio en el mundo — respira veloz — la única razón por la que seguía en ese mundo era por mi padre, pero en cuanto él falleció, hui de ahí y sobre todo de mi madre que quería convertirme en otra muñeca de porcelana... cosa que deje muy claro ese día
— Lo sé y justamente fue eso lo que yo creo genero esta bola de nieve que sigue creciendo hasta hoy... quizás para ti es una vía de escape el formar una vida con alguien como él, también es un sueño hecho realidad, pero… para los que venimos de abajo — carraspea algo incómodo — es difícil poder aspirar a algo así o a alguien así, tan distinguido, tan cotizado, tan conocido y con todo ese poder monetario y social — su mente se detiene al instante, por unos segundos se sintió identificado con sus propias palabras — el estar con una persona de tú estatus, te hace ver como una sola cosa — haciendo una mueca de disgusto — un trepador social, nada más… eso es lo que piensa la gente al verte, o mejor dicho... al ver a Sebastián — no debía proyectarse, su situación era completamente diferente — y yo creo que él se dio cuenta de esa realidad que habia decidido obviar a partir de ese momento...
— Pero yo jamás pensaría algo así… — frunce el ceño — y, además, a mi jamás me ha importado la opinión del resto ¿Por qué a él sí?
Erik exhalo, Emma a veces veía todo a través de un cerrojo — porque no es la misma realidad, Emma... comprende — tratando de hacerla entender — porque no venimos del mismo mundo, las barreras son muy grandes y se encargan de recalcártelas, incluso hasta cuando te ignoran — señalando con fuerza ese punto — mírame a mi… todos se dicen abiertos de mente y respetuosos, pero llevan la discriminación y el maltrato hacia los diferentes a ellos metido en la cabeza… — exhala con lentitud — si la gente supiera mi verdadero origen, de donde vengo... quienes son mis padres ¿Realmente me aceptarían como lo hacen ahora? — Emma hizo una mueca de disgusto, Erik había acertado en un punto — no te lo tomes a mal, pero la gente de las altas esferas no quiere entenderlo, o los que sí quieren hacerlo, como tú, le es difícil comprender el razonamiento del resto, sus motivos y sus sufrimientos — le toma la mano — tu mejor que nadie sabes las luchas que tuvo que pasar Sebastián para llegar a un lugar como en el que está ahora y mucho más su familia...
— Si, lo se… — Emma bajo la cabeza apenada.
Jamás lo habia pensado, porque creyó que su historia sería diferente, pero al final su historia era igual a la de Raven y Hank, solo que jamás las conecto porque pensaba que ella era diferente, ella no seguía las reglas de los demás, ella desde muy pequeña dejo claro que no era la muñeca de porcelana que todos esperaban, no como Raven, que cuando decidió romper las reglas, fue tomado como un escándalo de proporciones, razón por la cual ella fue señalada como una de las culpables, aquella que la mal influenciaba, así que asumió ese rol, el de la manzana que pudría a las más puras, asumió que su vida solo sería dictada por ella y poco debía importarle a los demás y era feliz con esa verdad, pero la realidad es que jamás nunca dejaría de impórtales y lo más importante, jamás nunca dejarían de tratar de controlarla, porque ella igual seguía perteneciendo a ese mundo.
Ahí radicaba la diferencia entre Raven y ella, la primera en cuanto vio su oportunidad, en cuanto encontró su felicidad, huyo muy lejos y se distanció de todo ese mundo, estaba sola, pero feliz y libre al lado de quien amaba; Emma no hizo eso, ella por el contrario abrazó su rol de oveja negra y fingió que ya no era parte de su mundo, que también habia huido, pero en el fondo seguía atada a ellos, seguía buscando llamar su atención, retándolos, desafiándolos, apareciendo constantemente en sus vidas para recordarles lo desviada que era y lo orgullosa que se sentía por que la odiaran, total podía soportarlo y poco le importaba, y en el fondo amaba ver la cara de sufrimiento de su madre cada vez que hacía algo en contra de lo esperado para una Dama; cada mala decisión era un año menos de vida para su madre y una satisfacción más para ella.
Pero cuando Sebastián entro a la ecuación, algo cambio, ahora él también tenía que soportar las miradas, las acusaciones, los prejuicios y él a diferencia de ella no había crecido con ese ambiente de víboras, él toda su vida solo conoció el amor y la devoción de sus padres, por tanto, seres como aquellos eran ajenos a su realidad, no sabía cómo enfrentarlos, como defenderse y Emma tampoco lo preparo, con suerte se lo advirtió, solo lo lanzó a los tigres y espero que la imagen de ella bastara para defenderlo, pero la verdad era de que si a ella la desmenuzaban en improperios, a Sebastián estaban dispuesto a comérselo vivo, a despellejarlo pedazo a pedazo hasta que no quedara nada de él, nada más que el "Pobre diablo".
Erik vio la duda en su mirada, pero sabía que tenía que dejar su punto claro, no buscaba defender a Sebastián, pero como amigo estaba en su deber el decirle a Emma cuando erraba — no le pidas que abandone de la nada el sentimiento de inferioridad con el que la sociedad lo ha pisoteado toda la vida, no es fácil… y eso demora años — concluye
Emma vuelve a exhalar con lentitud, para finalmente sonreír agradecida — está bien… entendí mi parte de la culpa, al menos le daré la oportunidad de hablar, si es que quiere... claro, pero no significa que arreglara lo que está pasando entre nosotros... si es que hay un nosotros — aprieta su mano con dolor y Erik la miro con pesar — las cosas iban tan bien entre nosotros, todo parecía fluir... y él de un día para otro solo... cambio, no volvió a ser el mismo — inhala por la nariz de manera sonora — y eso paso mucho después de lo del Museo Británico, incluso después del accidente... — mirando a Erik con cierta culpa, Erik prefirió obviar eso y ponerse de pie a ordenar las carpetas restantes — en fin... — carraspea nerviosa — ¿Y tú desde cuando te volviste tan sabio? — tratando de alivianar el aire
Erik sonríe a todo lo ancho — la vida te da grandes lecciones… — tomando el resto de las carpetas — y grandes sorpresas — ordenando la estantería frente a su escritorio, cosa que genero un recuerdo veloz, alguien se habia escondido en ese lugar hace menos de 24 horas y la sonrisa solo se mantuvo.
Emma lo observó detenidamente, mientras terminaba de archivar todo, lo nota de mejor ánimo, más sonriente, hasta con más ganas de hablar que antes. Las dudas se esfuman al instante y la respuesta emerge sola, tenia una sospecha, y mas importante aún, tenía un posible sospechoso — entonces… ¿Me vas a decir quién es?
Erik se tensa al instante — ¿De qué hablas?
— ¡Ay, por favor! — expreso con dicha — te conozco mejor de lo que te conoces a ti mismo — parándose a su lado — ¿Has estado con alguien estos días? — mirándolo fijamente — ¿Estuviste con alguien ayer? — insistiendo
Erik baja la mirada apenado — tal… vez — volteándose hacia el escritorio — pero aclaro — indicando con seguridad —, no como tu piensas o crees… — sentándose — digamos que estoy conociendo a alguien — Erik se cuestionó ¿En verdad era tan obvio?
Emma dio un grito casi ahogado — ¡Con eso me doy por pagada! — más que feliz — por ahora claro, pero no descansare hasta saber quién es
— Emma, por favor — comento Erik — aun no, es muy pronto y… algo complicado
— ¿No me digas que te estas metiendo con alguien casado? — apoyándose en el escritorio — ¿Comprometido? ¿En pareja?
Erik exhala rendido — acompáñame será mejor — volviendo a pararse — quiero comprar algo para comer… y quizás ahí te cuente algo más
— ¡Por supuesto! — saliendo feliz tras él.
Pero como si del destino se tratara, a pocos pasillos más allá, se encontraron con una presencia inesperada, o quizás no, porque la verdad, cierto joven se separó algunos minutos de Scott, poniendo como excusa la biblioteca, aunque su amigo también había inventado su propia excusa para estudiar, para terminar viéndolo a lo lejos conversando con... Jean, al parecer la tutoría de la noche no se cancelaría y eso implicaba que no podrían avanzar en el trabajo de la Profesora Emma, pero bueno, Scott se veía feliz y Jean volvía a sonreír, eso debía bastar; en cuanto a él, la biblioteca paso a ser una clara intención de pasearse cerca de la facultad de física. La verdad, solo quería verlo, aunque fuera por algunos segundos y a distancia, con eso era feliz, pero el destino se lo puso directamente en frente, aunque no solo, pero al menos era una persona de confianza.
— Buenas… tardes — dijo el joven al cruzar camino con los dos y miradas con el Profesor Lehnsherr
Emma fue la primera en hablar — Hola, mi pequeño Charles… ¿Cómo estás? ¿Qué cuentas?
— Pues las horas, supongo — comento algo risueño. Emma rio con su comentario
— Veo que andas de muy buen humor hoy, me gusta esa actitud — agrego encantada
— Si, ha sido un buen día — volvió a sonreír. Se sentía como un bobo — ¿Cómo esta, Profesor? — mirándolo de reojo
— Bien, Charles… gracias — le sonríe de vuelta — ¿Y tú qué tal?
— Excelente — contesto antes de pensar, para volver a bajar la mirada — ¿Qué tal… su salud? ¿Aun algún problema para dormir?
— No, ninguno — responde calmo — justo le comentaba a Emma que ayer por fin pase una buena noche — la mujer solo miraba a su amigo y luego volvía la mirada al joven
— Esa es una muy buena noticia — carraspea — que bueno saber que está bien — lo vuelve a mirar de reojo, pero luego vuelve hacia Emma — ¿Y usted… Profesora? — pregunto entre risas incómodas, porque era claro que no lo estaba haciendo sutil. Eso es lo que pasa cuando no tienes experiencias en estas cosas; su espontaneidad otra vez lo estaba traicionando.
— Gracias por preguntar — respondió con risas disfrazadas de ironía — encantada, dichosa de poder verte y saber que todo va muy bien — volviendo a mirar a Erik, el cual evadió el contacto. Su intuición daba gritos.
Charles sonrió tranquilo, al parecer se había salvado — pues que bueno… — tose incómodo — será mejor que me retire — mira a Erik
— No — respondió veloz Emma — yo ya me iba — mira a Erik con cierta malicia — pero si quieres acompaña a Erik a la cafetería, tiene mucha hambre — su amigo la fulminó con la mirada, no estaba ayudando en lo absoluto
— No creo que… — intenta explicar Charles
— ¡Charles! — se escuchó una voz feliz a lo lejos
El semblante del joven paso de ser alegre y jovial, al terror absoluto — mama… — dijo volteándose hacia ella, justo cuando esta lo abrazaba
Emma jala a Erik rápido hacia ella y le habla al oído — disimula o ahora sí que todo el mundo se dará cuenta — el Profesor palideció — ¿Cómo estas, Sharon? — viendo que la mujer los estaba mirando
— De maravilla — respondió feliz la mujer — ¿Y ustedes? ¿Qué cuentan?
— No mucho — responde Emma. Le da un codazo a Erik para reaccione.
— Lo mismo, trabajo y clases — ríe incómodo.
— ¿Y tú que andas haciendo por aquí? — mirando a su hijo — hace ya varios días que te veo rondar por aquí — sonríe encantada, mientras Charles está cada vez más pálido — si quieres verme, solo tienes que buscarme… no es necesario que te pasees tanto — su hijo ríe incómodo
— No es eso — aclaro Emma de manera veloz — es que a Charles y a mi nos encanta quedarnos conversando después de las clases ¿No es cierto?
— Claro — casi escupiéndolo
— Entonces nos ponemos a conversar y caminamos y caminamos… y de pronto no nos damos ni cuenta donde llegamos — ríe de manera monótona — y justo nos encontramos con Erik
— ¿Ya los presentaste? — interrogo Sharon — porque creo que no se conocen, aunque si le hable a Erik de ti — Charles y Erik se miran aterrados, mientras Emma entierra el mentón en el pecho
— No, no había tenido el gusto — estiro Charles su mano — un placer
Erik copio la acción — Erik Lehnsherr — el escalofrió los recorrió a ambos — su madre me ha hablado bastante de usted — soltó la broma para tratar de relajar a Charles, pero seguía sumamente tenso. En verdad llegaba a ser respirable el terror que le tenía el joven Xavier a su madre.
— Espero que cosas buenas — agrego Charles buscando calmarse, Erik estaba tratando de ayudarlo
— Excelente… — prosiguió Sharon — y hablando de cosas buenas — abrazando por el hombro a su hijo — te tengo una gran noticia — sonriéndole ampliamente — te espero hoy a cenar en casa
— ¿En mi departamento? — consultó Charles
— No, claro que no… — aclaró la mujer — esa no es una casa y menos tu casa — comentó sin ánimos de ofensa. Los otros tres presentes se miraron con incomodidad — en nuestra casa, la que siempre será tú casa — recalcando el punto — tenemos una cena sumamente importante y un invitado especial, así que te espero en casa puntual a las 19 hrs. — abrazándolo con más fuerza
— Pero… mama — algo incómodo de tener que conversar esto frente a otros y específicamente frente a Erik — tengo cosas que hacer, compromisos inamovibles...— regalándole una mirada veloz a Erik — trabajos y…
— No olvides que tenemos examen el viernes — agrego en ayuda Emma — es un parcial muy importante
— Exacto — indico Charles. Erik solo observaba la escena, no podía intervenir mucho, ya que se suponía que no se conocían; esta conversación comenzaba a sobrepasarlo — y quede de juntarme con un compañero a avanzar en un trabajo... — claramente ese plan ya no corría, porque Scott estudiaría con Jean en la tarde, porque claramente debía haberla convencido de que no cancelara la tutoría, era experto en eso.
— Descuida, eso ya está arreglado... — aclaro la mujer — y lo lamento, pero no es excusa — insiste la mujer con más voz de mando — no puedes hacerle ese desaire a nuestro invitado de honor y su familia
Charles exhalo rendido — supongo que debe ser de alta alcurnia… ¿Quién es? ¿La Reina, acompañada del Príncipe Carlos? — rio incómodo, pero su madre no celebro el chiste, mientras que Erik y Emma ocultaban una sonrisa
— El jefe de Scotland Yard — comento como si fuera la octava maravilla.
Y en la cabeza del joven solo resonó un nombre — Moira. Y fue ahí que su mente hizo la conexión, por eso Moira habia insistido tanto que Jean y Scott tuvieran sus tutorías fijas, porque así podía saber los horarios en los que Charles estaba libre y sobre todo, sin Scott y además, la mujer conocía su lugar de trabajo, ya se habia paseado por ahí varias veces, aunque Jason siempre lograba salvarlo, la mujer claramente no soportaba el sarcasmo del joven y mucho menos el cómo siempre le negaba a Charles; Jason podría ser un muy buen guardaespaldas algún día. Siempre fue su plan, conocer cada paso de Charles, para saber dónde y cuándo encontrarlo, quizás por eso terminaba apareciendo en los momentos menos esperados y cuando más quería estar solo; se maldijo por su ingenuo, y dudo que Jean estuviera metida en todo esto, claramente los deseos supuestamente desinteresados de Moira por ayudar tenían dobles intenciones.
Sharon por su lado, seguía sonriendo victoriosa, pero con la mirada severa de siempre, aunque algo más relajada, Emma por su parte capto al instante lo que sucedía, sabía quién era el jefe de Scotland Yard y más específicamente, su hija, era su alumna y desde hace varias semanas venia escuchando el rumor de que Charles y ella eran pareja, o que al menos se traían algo entre manos, pero ella lo veía tan inverosímil, Moira no era una mala chica, pero claramente no era del perfil de Charles y por alguna razón, siempre parecía estar pegada a él, como una sanguijuela. Erik seguía colgado en la conversación, sin entender que pasaba.
— He escuchado algunos rumores por ahí — dándole un codazo a su hijo
— ¿A si? — pregunto Charles con ironía cargada de molestia
— Si, alguien me conto por ahí que andas pretendiendo a la hermosa Moira Mactaggert — comento sumamente risueña. Charles miro al instante a Erik, el cual levanto una ceja confundido — y la verdad, se te nota, hace días que te veo más feliz y sonriente — sonriendo a máximo esplendor — por tanto, si realmente quieren estar juntos, tenemos que hacer las cosas como corresponden y oficializar todo el asunto frente a sus padres — Charles suspiraba mientras rodeaba los ojos, encantado de como su madre tomaba todas las decisiones en esta familia, considerando la opinión de todos, sobre todo la de él. La ironía abunda.
— ¿Por eso los invitaste a cenar? — Emma decidió involucrarse, porque era claro que Charles no tendría todas las armas para rebatirle y porque además esto le traía horribles recuerdos de su adolescencia, varias "citas" que su madre concertó y en las que ella termino prácticamente huyendo
— Claro — contesto con seguridad — después de todo, ambos son hijos de buenas familias, familias de bien… es claro que harán una excelente pareja — vuelve a abrazar a su hijo — tienes muy buen ojo, mi amor — Charles volvió a mirar a Erik, pero con aun más urgencia o preocupación, no quería que hubiera un malentendido, pero Erik seguía igual de confundido.
— Mama… no creo que quiera ir — trato de defender su palabra el joven — estas malinterpretando lo que pasa y…
— Nada de peros, Charles — esta vez su voz fue absolutamente severa, sin ninguna gota de dulzura disfrazada. Esto descoloco un poco a ambos Profesores, si tenía mano dura en el trabajo, no quería imaginar como seria con Charles en la casa — es tu obligación oficializar las cosas, a mí no me gustan esos planes para un rato, sabes que te los tengo estrictamente prohibidos — baja un poco la voz — esas cosas no se ve bien — susurra esas últimas palabras de manera incomoda — y aun si no hay nada entre ustedes, es de muy mala educación dejar a un invitado esperando — lo fulmina con la mirada — ¿No me digas que porque ahora andas de aventura solitaria en ese departamento, olvidaras todos los modales que se te han inculcado?
Charles exhalo por la boca, eso solo significaba una cosa, se había rendido, porque era claro que hablar con su madre respecto a estas cosas, era como hablar con una pared o en este caso, con la muralla China y, además, ya quería ahorrarse el espectáculo de secundaria que le estaba plantando frente a la Profesora Frost… y Erik.
— No, no los he olvidado — contesto — imposible si me los recuerdas cada cinco segundos — bajo los hombres agotado — ahí estaré… cuenta con eso — mira a los otros dos presentes con pena — disculpen, pero debo retirarme — haciendo una mueca de disgusto.
Con todo esto, Charles comprendido al fin que Scott tenía razón, siempre la tuvo, Moira era una arpía peligrosa y debió haberle puesto pausa a sus historias y mentiras, porque ahora habían llegado a oído de su madre, involucrando a muchas personas en esto y le costaría sangre y esfuerzo poder sacarle esa idea de la mente. Cada día que pasaba, se convencía aún más que la línea entre ser estúpido y ser caballero, era muy delgada.
Erik hace un ademán casi instintivo de querer seguirlo, pero Emma lo detiene, y por suerte Sharon no lo nota porque se estaba volteando a ver como su hijo se marchaba. El Profesor volvió en sí, pero si no se hubiera controlado, habría salido tras de él, para consolarlo o por lo menos calmarlo, se veía bastante afligido.
Emma por su parte, estaba furiosa y ella sí que no se guardaba las cosas — ¿Qué es esto, Sharon? — la aludida voltea hacia ellos — ¿Imponiéndole parejas a Charles? ¡¿Qué te pasa?! — Erik la sujeto del brazo, no podía permitir que a Emma se le pasara la mano.
— ¿Disculpa?
— Disculpa es la que le deberías pedir a tu hijo — insistió — ¡No estamos en maldito siglo XII para andar forzando relaciones o uniones!
— Si ellos ya están juntos, yo solo voy a oficializarlo — argumento — eso de las salidas clandestinas y sin compromiso no son propias, no se ven bien y perjudican la imagen — Emma bufo molesta — además, le estoy haciendo un favor a Charles.
Emma endureció el semblante — ¿Quieres hacerle un favor a Charles? — acuso molesta — pregúntale su opinión primero.
Ahora fue Sharon quien endureció la mirada — Emma… por todos los años que te conozco, desde niña y por el cariño que le tenía a tu padre y que aún le tengo a tu madre… — aprieta la mandíbula — aunque tu no lo hagas… voy a fingir que no escuche esto y que solo fue un malentendido — tose para aclarar la garganta — no te metas con mi hijo y la manera como lo crio e inculco modales en él — la mira fijamente — la última vez que lo hiciste… arruinaste la vida de Raven — Emma reflejo un claro semblante de ofensa, mientras que Sharon solo se arreglaba la chaqueta y Erik sentía las alarmas encenderse dentro de él, claramente había una parte de la historia que se había perdido y nuevamente incluía a Raven — buenas tardes — alejándose por el pasillo.
Emma soltó un quejido sumamente enrabiado y Erik solo la miro, esperando una aclaración de todo lo que había pasado, porque en verdad todo lo que había escuchado le parecía arcaico, y también, porque quería establecer claramente el punto que habían conversado en la oficina — te lo dije, para algunos aristócratas de tus círculos, la realidad es muy distinta…
La mujer suelta unos reclamos más, para después hablar — tengo que irme a clases… — cruzándose de brazos — pero como es claro que ya no tienes planes para esta noche, porque los atraparon en otra cosa... — Erik eleva una ceja — iremos a mi departamento.
— ¿A qué? — con confusión
— Pues no creo que sea para tener sexo — aclaró — lo siento, pero no eres mi tipo — Erik solo rio algo incómodo — beberemos hasta quedar tirados en el piso, me enseñaras a cómo controlar mi ego y luego te daré mis consejos magistrales de como disimular — Erik hizo el ademán de querer hablar — y te contare todo lo que se del joven Charles Xavier… ya que no lo conocías — sonrió con triunfo.
— ¿Terminaste? — consulto con molestia
— Aun me quedan algunas, pero te las diré a la noche… — agrega riéndose por el pasillo
Erik quedo solo en medio del bullicio, ya hasta el hambre se le había quitado, habían pasado demasiadas cosas en tan pocos minutos y no tenía claro aún el cómo reaccionar. Solo una duda rondaba su cabeza.
Moira Mactaggert… ¿Debía preocuparse?
Chapter 19: 18
Chapter Text
Botellas
Esa misma tarde, el par de viejos amigos compro suficiente vino para un pelotón pequeño, y aunque había ciertos aspectos a considerar, como que al día siguiente tenían clases y no podían llegar al trabajo en una consideración etílica bastante desfavorable, ambos decidieron obviar esas excusas baratas, tenían suficientes motivos para beber esta noche y parecía que eran por la misma razón. Sentimientos... y quizás algo más.
En este preciso momento se encontraban literalmente tirados sobre la alfombra de la sala de estar, con algunas botellas vacías rodeándolos y hablando hasta cual es color correcto del mar.
— El mar no tiene color… — insistía Erik — su pigmentación es debido al reflejo del cielo y ciertas características de algunas algas
— ¡Ay cállate! — dijo entre quejidos — ya suenas como una enciclopedia… — un hipo se escapa por ahí — ¿Quieres más vino? — comenzando a sentarse
— Ya vamos por la tercera botella — argumentó
— Primero suenas como enciclopedia y ahora como mi madre — abriendo la otra botella — solo bebe ¿Si? — pasándosela
— Como ordene — cada sorbo ardía menos que el anterior
— Pero sabes… — quitándole la botella — si creo que hay un color para el mar
— ¿Cuál?
— Azul cobalto — indico dibujando una mediana sonrisa — lo encuentras en el mar profundo, en las plumas de algunas aves, en las joyas de los faraones y claro… es el color de algunos ojos — Erik la mira con ofensa — se me viene justo alguien con el mismo color de ojos que el mar, que coincidencia ¿No?
— ¿Me tuviste casi 40 minutos hablando del mar para llegar esto? — cuestionó con cierta molestia y asombro
— El Señor obra de maneras misteriosas — vuelve a tomar — y ya que te tengo lo suficientemente alcoholizado, puedo empezar a hacer preguntas — riendo entre hipos
— Emma, por favor…
— Tú sabes todo de mí, fuiste mi paño de lágrimas con Sebastián… y lo sigues siendo, e incluso te das el lujo de ser mi Gurú personal, lo mínimo que merezco es saber — le pasa la botella — bebe otra vez, eso te dará valor.
Erik la mira por casi un minuto y luego a la botella, aun su sentido común medianamente despierto le dice que no hable, pero sabe que con ella no corre riesgos, y es verdad, entre ellos no había secretos, no después de todo lo que han pasado juntos.
— Está bien… — le quita la botella de la mala gana, mientras Emma sonríe ufana — ¡Sin gritos! — aclaró antes de tomar un gran sorbo — ayer… — traga en seco sumamente nervioso — Charles y yo… nos besamos — vuelve a tomar muy rápido. Emma abre la boca con entusiasmo — ¡Dije que sin gritos! — la mujer hizo el acto reflejo — ya me martilla lo suficiente la cabeza, gracias… — sigue tomado, para volver a acostarse, aunque eso no disminuye la sensación de mareo.
Emma trata de controlar su respiración — pero… ¿Por qué? Me refiero… ¿Cómo llegaron a eso? — volviendo a acostarse a su lado — quiero detalles, cuenta todo... desde el comienzo.
Erik da un suspiro excesivamente largo, hablar de esto no era fácil, era como estar rompiendo algo… sagrado — la primera vez que conocí a Charles, ni siquiera lo vi de cerca — sonríe de manera instantánea y Emma lo imita — se coló en la biblioteca y me suplico que no lo delatara con Sharon, en ese momento yo no sabía que era su madre — aclaró — sabes igual que yo la debilidad que tiene por los libros — la mujer soltó una risa tímida — y ahí jamás deslumbré el problema que podría convertiste… Sharon — la Profesora borro al instante la sonrisa, era una variante que claramente habría que considerar — todo paso muy rápido y no pude oponer resistencia, no quise, a decir verdad...
Erik le conto el baile bajo la lluvia, su herida, las sensaciones, la música, sus gustos, el cómo sus ojos lo ataban sin permiso, la primera vez que lo llevo a su casa, cuando vino de visita con ella y también solo, sus largas conversaciones sobre cualquier cosa. Cuando se empapo nuevamente bajo la lluvia, cuando se abrazaron, cuando tocaron sus manos como si fuera la primera vez, sus juegos de ajedrez, chimeneas, te y dulces, opera, libros, opiniones, sueños y demás. Nada, absolutamente nada en todas esas semanas había sido menos que bello. Y Emma lo estaba conociendo todo con lujo de detalles, le preocupo un poco el nivel de confianza y de detalles, pero es que no podía callarlo, es como que algo dentro de él rogara por ser escuchado, aun así, Emma sentía que habia un pero dando vueltas en su cabeza.
— ¿Pero? — consulto su amiga.
Erik exhalo por la nariz — ese fin de semana que Charles se quedó, al parecer tuve una crisis bastante fuerte, no sé muy bien… no logro recordar — carraspea — pero cuando desperté el domingo en la mañana, Charles se había ido — Emma se acomodó de mejor forma para poder escuchar — y solo dejo una nota… — su amiga lo mira con clara intención — te la mostraría, en serio, pero la lleve conmigo a la Universidad, la arrugue… y casi la boto a la basura, pero al final me contuve — exhala — solo la guarde bajo llave
— Pero… ¿Qué decía? — apoyándose en sus codos
— Muchas cosas, pero en resumidas cuentas me pedía disculpas por irse sin avisar… y que era mejor que tomáramos distancia, que no nos volviéramos a ver — su mirada se queda prendada en la nada
Emma hace un claro gesto de sorpresa — ¿Pero qué cosa le hiciste al pobre para que saliera huyendo? — ríe entre dientes, pero el chiste no tiene efecto en su amigo, es claro que cuando leyó la carta, le afecto — ¿Te… dolió leer eso? — con preocupación en su voz
Erik mantuvo la mirada en la nada — pues la verdad, si… — inhala — no lograba comprenderlo y me pase sobre pensando todo lo que había pasado y aun así seguía sin entender que paso — la mira — lo busque algunas veces, pero lo vi rodeado de otras personas y sentí que no tenía razones para molestarlo, en cierta forma debía respetar su voluntad… — carraspea
La mujer comprende al instante el siguiente paso de su amigo — pero no te podías quedar con eso ¿No? — mirándolo fijamente — ¿Fuiste a buscarlo al final?
Erik negó con lentitud — fui a su departamento y lo invite al cine — sonríe — no pude darles muchas chances de negarse — Emma vuelve a acomodarse a su lado — eran entradas para su película favorita, además de una invitación a un bar — toma la botella — durante la película nada extraño sucedió, salvo quizás que nos tomamos de las manos — Emma lo miro rápidamente — no fue planeado, solo paso y… — un pensamiento fugaz pasa entre su mente, haciéndolo sentarse de golpe — es que ni siquiera sé porque te estoy contando todo esto, con tanto lujo de detalles y sensaciones — toma un gran sorbo de vino — es ridículo
Emma se sienta a su lado — porque así lo quieres, es casi como si quisieras gritarlo a los cuatro vientos — indico — es cierto que quizás te presione un poco, pero es que esto es sumamente nuevo, para mí y sobre todo para ti… quiero que te abras conmigo, que me cuentes todo lo que sentiste, para que quizás descubramos juntos por qué…
— ¡Es que no quiero saber por qué! — comenzando a pararse — ¡Solo paso y ya!
— ¿Pero quieres que se repita? — consultó. Erik le sostuvo la mirada y luego la evadió — eso es un si… — se cruza de piernas sobre la alfombra — solo estas asustado, no comprendes lo que sientes, lo que pasa y sobre todo… con quien te pasa — Erik hace una mueca de disgusto y se voltea sobrepasado — ¿Es porque Charles es menor que tú? — se pone de pie — ¿Es porque es un alumno o hijo de Sharon? — coloca su mano en el hombro de su amigo — ¿O es porque es… un hombre?
Erik la mira fijamente y sus ojos se humedecen por completo — no sé qué me pasa, Emma… — dice en hilo de voz — estoy tan asustado — traga con nerviosismo — me siento muy mal, como si estuviera haciendo algo… muy malo — inhala — ¿Estoy enfermo? ¿Hay algo malo conmigo?
La mujer reacciona al instante — ¡No! ¡Claro que no! — tomándolo del rostro — no hay nada malo contigo Erik Lehnsherr, no estas enfermo… — acaricia una de sus mejillas — tu corazón solo está comenzando a sentir, por primera vez en su vida — le sonríe con suma dulzura, mientas sus ojos también se humedecen — no te niegues a esto, podría ser quizás el sentimiento más hermoso que jamás llegaras a vivir — inhala — comprométete con él, comprométete contigo mismo — se pone en punta de pies para alcanzar su rostro y pegar su frente a la de él — si pudieras ver lo que yo veo cada vez que te miro, serias el ser humano más orgulloso del mundo — inhala con calma — aunque más orgullo dentro de ti y serias Narciso — ambos soltaron un risa algo torpe — deja que el orgullo es mi cosa...
— Pero es que con… ella — su amiga hace una mueca de disgusto — las cosas no se dieron así y este miedo, esta inseguridad, este nerviosismo, jamás lo había sentido.
— Porque con… ella — tratando de controlar las ganas de insultarla. El odio se le salía por los poros — solo fue sexo, siempre te lo dije, mera atracción sexual… aunque al final fue lo menos que hubo — Erik resintió la cruel verdad que Emma le escupía.
— Si, pero ella era… — se arrepiente de sus palabras
— ¿Una mujer? — Erik vuelve a evadir su mirada — perdóname, pero que la llames “mujer” es un insulto para mi género, yo soy una mujer hecha y derecha… ella no es nada ni remotamente cercano a una mujer en toda la extensión de la palabra
Erik seca los pobres vestigios de lágrimas — no sé qué hacer… — exhala rendido
— Sácalo todo, por favor — prosiguió — no te lo guardes, no conmigo… primero veamos todas las circunstancias que rodean el caso y luego tomas un decisión ¿Si? — lo guía para que se siente con ella en el sofá — ¿Qué paso después del cine?
Erik volvió a tomar aire, para darse valor — fuimos a un bar — deja la botella sobre la mesa, ya no quiere tomar más — Charles estaba muy nervioso y no quería tomar en un principio — carraspea — digamos que lo presione un poco, tal vez fue algo egoísta de mi parte, no lo sé… ahora que lo miro en retrospectiva, todo se ve muy mal… — su mente intenta aclarase — por lo que hice, no por lo que paso o sentí… — se queja haciendo un sonido con la lengua — ya ni se lo que hablo — moviendo sus manos en nerviosismo
— Sigue, vas muy bien — indica con dulzura
Vuelve a tomar aire, pero por la boca — el alcohol se nos salió de las manos y pues terminamos en un taxi camino a su departamento, Charles estaba mucho más ebrio que yo, jamás lo había visto así y cuando llegamos, de cierta forma me invito a pasar — comento confundido — pero cuando entramos, el ambiente de fiesta desapareció — mira a Emma — Charles me pregunto si estaba molesto con él, como si quisiera saber mi reacción a la carta o más importante aún — frunce el ceño con resignación — como si quisiera contarme algo, algo que según él era muy malo — mira la mesa de centro — la culpa se lo estaba comiendo vivo
— ¿Y qué fue lo que paso? ¿Te explico porque se fue? — Erik negó — ¿Entonces?
— Me Beso — respondiendo a secas. Emma no pudo evitar soltar una exhalación de sorpresa, no esperaba que quien tomara la iniciativa fuera Charles, no se veía de los que tomaban esos riesgos y menos considerando todas las variables que los rodeaban a los dos.
— ¿Y qué hiciste?
Erik dudo ¿Debía decir la verdad? Si, tenía que hacerlo, no podía mentirle a Emma y mucho menos a si mismo — al principio ejercí algo de resistencia, una muy leve a decidir verdad, pero luego… — entierra la cabeza en el pecho — solo me deje llevar — agrego en un susurro — estoy tan confundido… — negó con temor.
— ¿Qué fue lo que sentiste?
— Ese es el problema, sentí tantas cosas… pero a la vez, es como si no hubiera sentido nada — tratando de encontrar las palabras — no sé cómo explicarlo, pero eran un cúmulos de emociones y sensaciones, pero no había espacio para pensar, razonar u objetar — una sonrisa efímera apareció — es como si todas las voces dentro de mí se callaran y dieran paso a un silencio sepulcral, pero este daba paz y suma tranquilidad.
— ¿Cómo si los fantasmas por fin se hubieran callado? — consultó Emma.
— Si, incluso como si se hubieran ido muy lejos — exhaló rendido.
— ¿Alguna vez se habían evaporado de esa forma?
— No desde… el accidente — carraspeo evasivo.
Emma prefirió no volver a tocar ese tema — entonces… no puede ser algo malo ¿O sí?
— ¡Pero Emma! — se vuelve a poner de pie — ¡No lo entiendes! ¡Charles es el hijo de mi jefa! ¡Es un estudiante de la Universidad para la cual trabajo! ¡Es 15 años menor que yo! ¡Viene de una familia sumamente rica, poderosa, de clase, relacionada hasta con la Dinastía Windsor! — duda unos segundos, pero finalmente lo dice — y es un hombre… — se sienta en el sofá frente a Emma completamente agotado.
Emma demora unos segundos en reaccionar, eran demasiadas cosas a considerar y cada una podía perjudicarlos, no solo a ellos, sino a muchas otras personas, pero tampoco podía dejar de considerar lo que tenía frente a ella, no podía soporta ver a su mejor amigo, a su hermano, a su única familia, desmoronarse de esta forma. Lo veía en sus ojos, en sus acciones, en sus reacciones, en sus miedos y frustraciones, en sus anhelos y esperanzas, Erik estaba luchando con muchos demonios a la vez, y ella debía apoyarlo, aconsejarlo, y si no servía, aunque sea hacerle saber que no estaba solo. Nunca más lo estaría.
— Si que son muchas cosas... — indico con seguridad — algunas muy delicadas… para otros — Erik sube la mirada — sí, Charles es hijo de tu jefa, pero ella no tiene poder sobre tu vida y no tiene derecho sobre la vida de Charles, aunque ella lo crea así, él no es un bebe y ese es el otro punto, no es menor de edad y súmale además… — sonríe con orgullo — no es como los chicos de su edad, quizás su acta de nacimiento dirá 20 años, pero su mente es mucho más madura que el resto — ríe con dulzura — es prácticamente un adulto en miniatura — Erik no puede evitar reír — la Universidad no puede entrometerse porque no eres su Profesor directo y esa bobada que los carcome a ti y a… Sebastián respecto a clases sociales o lo que sea, es una reverenda estupidez — se pone de pie — claro que existen las clases sociales y lo más probablemente es que sigan existiendo hasta en 50 años más, pero eso no puede regir tu vida… — se para frente a él — no permitas que la sociedad rija tu vida, es tuya y tú decides como vivirla, no los demás… y sino lo aceptan es su problema.
— Pero…
— ¡Pero nada! — insistió — ¡Si no fuera por personas que se atrevieron a no seguir lo establecido, no tendríamos medicina, lenguaje, física, derechos humanos, tecnología… y astronomía! — le sonríe con complicidad — ¡No existiría la evolución humana! — dijo con sumo orgullo — si a ti te hace feliz, y también a él… hazlo ¡Que se joda el resto!
Erik soltó la primera risa sin cargo de culpa en la noche — en verdad… eres una mala influencia
— Gracias — sentándose a su lado — mi madre siempre me lo decía… en fin — apoyando su cabeza en el hombro del Profesor — ¿Qué paso después?
Erik niega mientras ríe por la nariz — ¿Qué crees que puede haber pasado?
Hace un gesto para fingir estar pensando — pues conociéndote, de seguro huiste muy lejos de ahí — Erik asintió — acerté… ¿Luego?
— Nada — agrego — fingimos no conocernos por casi todo un día, y mientras le escribía una carta de disculpas a Charles, ahora apareció él en la puerta de mi oficina… — traga en seco — y en cuanto entro, se puso a llorar
— ¿Qué le hiciste? — acuso molesta
— Nada, o sea… el silencio nos estaba matando y en menos de un segundo, solo lloraba — vuelve a mover las manos con nerviosismo — hasta que me pidió disculpas y ahí… no pude resistirlo más — Emma eleva la mirada hacia él — se veía tan frágil, tan indefenso, tan… — exhala agotado — y solo me deje llevar — la mira — yo lo bese a él — la mujer no reacciono de ninguna forma, no quería interrumpir la descripción — pero esta vez fue diferente, fue más íntimo, más necesitado, mas… profundo — Emma sintio el sonrojo subir por su cara, era inevitable, es como estarse metiendo de mal tercio entre dos personas.
Luego de eso, Erik le conto la presencia de Sharon y Remy, sus reacciones de terror, el encierro que sufrió el joven, el almuerzo en incomodidad y el ofrecimiento para llevarlo a su casa, solo que ese nunca fue el plan original, porque él había tomado otro camino.
— ¿Acaso querías raptarlo? — pregunto entre miedo y burla — pobre Charles, lo debes haber matado del susto
Erik ríe con culpa — un poco, hasta que llegamos Port Meadows… solo me baje y de cierta forma, lo hice al tomar la decisión, quizás algo egoísta de mi parte
— ¿Qué otra decisión podía tomar si estaba en medio de la nada? — agrego entre risas la mujer
— No estas ayudándome…
— Perdón… ¿Luego?
— Le dije lo confundido que estaba, los miedos que tenía, pero… que quería seguir viviendo esto que estaba pasando — Emma sonrió con sumo orgullo
— ¿Y Charles que te respondió? — con entusiasmo
Erik mostró la sonrisa más sincera — que él también tenía miedo, dudas, tantas confusiones… pero quería saber hasta dónde podíamos llegar — ríe — en resumidas cuentas, claro…
Su mejor amiga no pudo evitarlo y lo abrazo con todo el amor que sentía por el — ¡Estoy tan orgullosa de ti! — sin soltarlo — ¡Te dejaste llevar! ¡Jamás pensé que viviría para ver esto! ¡Solo vívelo! ¿Quieres? ¡Disfrútalo al máximo! — coloca su mano en el corazón del hombre — y cuida el corazón… y también el de él — mirándolo fijamente — creo que te has dado cuenta, incluso más que yo, que Charles es alguien sumamente especial.
— No solo especial — sonríe — Charles es único… — un risa boba escapo de sus labios.
— Vaya que si… además de ingenuo e inexperto — agrega. Esa frase cuestiona un pensamiento en la cabeza de Erik ¿Charles ya había estado con alguien antes? Quiso preguntar, pero mejor opto por callar, no quería sonar impertinente o desatinado, si él quería, algún día le contaría y sino, pues su pasado no le importaba, no debía afectarlos, aunque cree recordar que Charles menciono ayer, pero apenas si recuerda lo que él dijo. Habían sido demasiadas emociones en el momento y en el fondo solo quería saber cómo se sentía Charles y si es que no habia llegado muy lejos; pero fue ahí que otra pregunta apareció.
— ¿Quién es Moira Mactaggert? — preguntó de la nada
Emma se quedó a medio camino — ¿Quién?
— La hija del jefe de Scotland Yard, la que iba ir a cenar hoy con Charles y su familia — consultó.
Emma exhalo resignada — es una alumna mía, algo… ¿Cómo decirlo sin sonar insultante? — buscando las palabras
— ¿Especial? — argumentó Erik
— Ella sí que es especial… y desde que entró a la Universidad, no ha dicho o hecho otra cosa que no sea referente a Charles — Erik levantó una ceja intrigado — como debes saber, debido a la popularidad de sus padres y de su familia en general, se ha ganado ciertos adeptos, aunque él no lo quiera y Moira vendría siendo…
— La presidenta del Club de Fans — apuntó Erik
— ¡Exacto! Pero no se quedó en eso, ha llegado a inventar rumores, como que ella y Charles se escapaban cada fin de semanas a Manchester o Liverpool al departamento privado de Charles, que bebían y cogían hasta el amanecer, rodeados de caviar y champagne
Erik soltó una risa sumamente sonora — ¿Charles? — incrédulo
— Bueno si, los que lo conocemos, sabemos que él no es así… pero para el resto, por ser de familia millonaria y poderosa, asumen que es otro Don Juan de cuarta — argumenta — sumándole que Charles es algo introvertido y prefiere no caer en el juego, y mucho menos desmentirlos, muy pocas veces le ha importado lo que piensan los demás de él
— Porque nunca llegan a conocerlo de verdad…— indicó Erik
— Por supuesto, además de que Sharon le ha inculcado siempre en no meterse en rumores o peleas absurdas, esa maldita obsesión que tienen porque sea un Caballero de tomo y lomo — Erik frunció el ceño algo molesto, mientras Emma suspiraba resignada — el pobre está atrapado en toda esa pantomima y no tiene la misma actitud de Raven para poder salir de ahí, y ya no puede enseñarle, mucho menos defenderlo... — sin medir sus palabras — perdón… — tose incomoda. Raven. Todo el mundo la menciona, pero nadie entra en detalles ¿Qué es lo que realmente había pasado alrededor de ella? ¿Por qué Charles apenas si mencionaba a su hermana? Quería saber, pero su sentido común le rogaba contenerse.
— En fin… lo único claro aquí es que esa niñita es de tener cuidado — aclaro — y más ahora que los rumores llegaron a Sharon, ahora nadie se los sacara de la cabeza y no se detendrá hasta lograr que estén juntos — Erik no pudo evitarlo, no podía sentir celos, era un situación completamente absurda y sabia la parada que tenía Charles ante todo esto, pero eran dos mujeres de armas tomar y que podían implicar un riesgo.
— Sharon sí que es de tener cuidado — Emma asintió — y si la muchacha es como dices, juntas son aún más peligrosas
— Ni me lo digas, es una Sharon en potencia… aunque no las culpo en el fondo — Erik la mira con semblante de sorpresa — la crianza que tuvieron las transformaron en lo que son hoy, y a diferencia de otras — refiriéndose a sí misma — no tienen las suficientes herramientas o valor para escapar de este círculo de opulencia toxica — se queda mirando fijamente la ventana — mi padre decía que la madre de Sharon, la abuela materna de Charles y Raven era peor que ella, que incluso no quería que Sharon criara a los hermanos juntos, quería que mandara a Charles muy pequeño a un internado al norte de Irlanda para que "formara carácter", pero Sharon puso el grito en el cielo para impedirlo, aunque implicara ganarse a toda su familia de enemiga… — vuelve la mirada a Erik — papa me dijo que Sharon no fue al funeral de sus padres, ni tampoco al de sus dos hermanos mayores, que perdió todo contacto con su familia con tal de que Raven y Charles crecieran juntos como hermanos normales… entre comillas, claro
Erik lo comprendió en ese momento — no es una mala mujer...
— No, no lo es… — haciendo una mueca de dolor — muchas veces también me defendió de mi madre y sus métodos de enseñanza, ella era mucho más dulce y atenta que mi propia madre, pasaba tiempo con sus hijos, iba al parque con ellos, al cine y demás cosas… pero los años y el dolor la han vuelto sumamente severa, y además al comenzar a rodearse nuevamente de aristócratas, creo que ha terminado cediendo a su baile, a sus reglas... quizás en un intento de volver a encajar, de sentir finalmente aceptada, después de todo ya perdió a toda su familia por culpa de eso... y quiere sentirse cercana a ellos, aunque sea adoptando nuevamente sus leyes arcaicas...
Erik chasqueo la lengua — es curioso que haya buscado huir de todo eso, querer proteger a su familia, para finalmente volver a ellos...
Una lagrima amenaza con salir — bueno, cuando Raven… falleció — Erik abre los ojos impactado — una parte de Sharon se murió con ella… supongo que es su forma de sentirse parte de algo otra vez
Erik comenzó a comprender muchas cosas — por eso es así con Charles, tan aprensiva, tan controladora y sobreprotectora — señala como un punto importantísimo — esas actitudes no nacen de la maldad o el deseo de hacerle daño a Charles, sino del amor… aunque mal direccionado
— Es entendible su miedo a perderlo… pero muchas veces eso no justifica el cómo termina cercando y limitando a Charles — vuelve la mirada hacia la ventana — eso lo terminara alejando
— Charles es el que tiene la última palabra… — concluye Erik. Emma asintió, al final él era el único que podía ponerle un alto.
Muchos kilómetros más allá, la Mansión Xavier relucía en adornos y comida, la mesa estaba a la altura de la ocasión y todos los invitados ya se encontraban sentados, comiendo la entrada y comentando las ultimas nuevas; política, economía, la guerra fría, los países del tercer mundo y su lucha, en fin, era una charla claramente cosmopolita.
En la parte izquierda de la mesa, la joven Moira no dejaba de mirar de reojo a Charles, hasta verlo comer era una obra de arte, sus modales y etiqueta rayaban en la realeza pura, y la sonrisa desbordaba sus comisuras, no podía creer en verdad que su plan había funcionado, hace solo un par de días se los había comentado a sus amigas, había metido incluso a Jean en todo esto y el que su padre la haya escuchado conversar animosamente con el supuesto Charles por el teléfono, y como iban a escaparse una vez más, dio en el clavo.
A la mañana siguiente, y como buen ex uniformado de la Real Fuerza Área de Su Majestad se presentó en punta en blanco en la oficina de la Profesora Xavier para solicitar una reunión de esta índole y así poder oficializar lo que estuviera pasando, él no iba a permitir que su única hija fuera expuesta al escrutinio y el mal hablar. Hoy saldría de esa casa como la novia de Charles Xavier, sabía que él sentía lo mismo, lo decía la forma en como le hablaba, en como la trataba tan caballerosamente y como la miraba, solo que era muy tímido para hablarlo de frente, y sabía que Charles prefería estas reuniones elegantes y de etiqueta para hablar sus cosas importantes, como esta. Nadie podía conocerlo mejor que él.
Por su lado, Sharon hablaba por todos, aprobaba la opinión de los presentes sin importar que, y no despegaba la vista de la joven pareja, estaba más que feliz que su hijo se fijara en una niña de tan buena clase y familia como Moira, su corazón añoraba que la historia esta vez no se repetiría y que esta vez sí vería a unos de sus hijos entrando de punta en blanco al altar. En la otra cabecera, Brian no despegaba la mirada específicamente de su hijo, lo conocía o, mejor dicho, reconocía sus reacciones y era claro que estaba incomodo, no compartía la misma actitud que el resto de los presentes; comenzó a sospechar que esto era más un plan de su esposa y posiblemente de la hija del jefe de policía, que de Charles.
Después de todo, al llegar del trabajo, lo único que Sharon le dijo fue: arréglate que Charles nos trae a su novia y su familia para presentarlos, nada más. A eso se limitaban sus conversaciones en el último tiempo, por eso cada vez que podía, pedía más horas de turno en el Hospital, para no estar presente en esta enorme Mansión, tan llena de recuerdos.
Los padres de Moria eran, para dejarlo claro, unas personas encantadoras, sumamente respetuosas y educadas, nada comparado con su hija, o al menos así lo veía Brian; el padre era severo, pero de temperamento justo y noble, mientras que la madre era la dulzura hecha palabra. Brian noto que su hijo no despegaba la mirada de la mujer adulta, como desando por algunos segundos que esa mujer fuera su madre y no Sharon, la cual seguía con su parloteo incesante, como preparando el preámbulo para una conversación importante, el motivo por el cual estaban todos aquí presentes. A Brian le trajo horribles recuerdos, como aquel cuando conoció por primera vez a sus suegros y un disparo de "advertencia" fue lo más dulce que recibió, un susto incluso más grande del que vivió en la mismísima Segunda Guerra Mundial.
— Y es por eso mismo… — continuo — que creo que nuestros hijos aquí presentes — mirándolos ambos — tienen algunas noticias que darnos.
Absolutamente todas las miradas se clavaron en ellos y especialmente en Charles, el joven podía sentir que hasta las pinturas en la pared esperaban su respuesta, pero a pesar de la presión o del terror que podía sentir en ese momento, ninguna palabra salió de su boca ¿Qué podía decir? ¿Qué dejaría a todos tranquilos? ¿Qué lo dejaría tranquilo a él? Instintivamente miro a Moria, como pidiéndole una explicación de todo lo que estaba pasando, y como la joven se dio cuenta que claramente Charles no contestaría, decidió intervenir.
— No creo que haya mucho de qué hablar — rio con incomodidad, una que noto su propia madre — Charles y yo somos muy buenos amigos — le sonríe al joven — nos hemos conocido mucho en el último tiempo y ha nacido una muy bella relación… de amistad — aclaro la garganta para tratar de despejar el nerviosismo.
— ¿Solo amigos? — insistió entre risas Sharon.
— Bueno… creo que eso debe decirlo Charles — comentó con toda intención. Sabía que Charles no se negaría, lo de ellos era claramente mutuo, sino, no estarían todas estas personas aquí expectantes.
Charles estaba al punto del colapso, todo esto lo tenía sobrepasado, agobiado por las preguntas, cansado de las risas falsas, asqueado de la misma charla vacía de siempre, aburrido de que se siguieran metiendo en su vida, sin molestarse siquiera en tomar su opinión en cuenta. Lo estaban forzando a esto, no había otra palabra para describirlo y lo peor de todo es todo estaba pintado bajo la mejor fotografía supuestamente perfecta, su madre que no paraba de hablar, Moira que no dejaba de mirarlo con suplica urgente y, sobre todo, la desesperación que lo estaba ahogando no solo hace una hora, sino por todo lo que venía cargando hace años.
Tenía que hacerlo, debía hacerlo algo, tenía que tomar una decisión ahora mismo y no era por los demás, no más, era por el mismo. La duda lo abandono y le dio la fuerza para ponerse de pie, inhalar con fuerza y mirar a su padre buscando su aprobación, el hombre lo capto al instante, Charles había tomado una decisión; todos guardaron silencio, sobre todo Moira que trato de ocultar la emoción que la embargaba.
— Estimados Sres. Mactaggert… — su voz no mostraba una sola gota de temblor — Moira es una gran amiga y compañera, excelente estudiante y representante de nuestra generación, una mujer hermosa, sofisticada y de altos estándares éticos y morales — mirándola hacia abajo, mientras esta no puede ocultar la evidente sonrisa, al igual que Sharon — le tengo un gran respeto, estima y admiración, a ella y a su familia aquí presente — vuelve a inhalar para darse valor — pero… — todos ahogaron un suspiro — mi consideración sentimental no llega más allá… — toma la mano de la joven con dulzura — perdóname si esto te desilusiona a ti y a todos los presentes, y de todo corazón espero no generarte una molestia o dolor — la mira fijamente — mi estimada Moira, eres una mujer formidable, pero yo no soy el hombre que mereces y necesitas — le da un beso en la mano — puedes buscar a alguien mejor en quien invertir tu tiempo, admiración y cariño — suelta su mano y mira a los demás — reitero mis disculpas, permiso y me retiro… — mira específicamente a su madre — a mi domicilio — el rostro de todos los presentes se desfiguro.
Charles corrió la silla con la mayor calma, porque sabía que sus palabras habían dejado tan enmudecidos a todos los presentes, que era imposible que alguien siquiera emitiera un sonido. Abandono la mesa, la sala, la casa y ese espacio completamente agobiado por todo lo acontecido e incapaz aun de creer que él había hecho y dicho todo esto, y no logro procesarlo hasta que llego a su departamento, a su casa, a su refugio y pudo arrojarse a su sofá favorito, para sentir el comienzo de lo que muchos llaman “Libertad”.
Apretó el botón reproducir del contestador, más que seguro de que estaría repleto de gritos de su madre, sin embargo, la sorpresa fue otra y una tan inesperada como sumamente grata. El reloj de la pared marcaba casi las 11 de la noche y la grabación sonaba casi como una canción de cuna.
—Charles… buenas noches. Te extrañe hoy… — repitió el mensaje hasta quedarse dormido.
Chapter 20: 19
Chapter Text
Murmullos.
El viernes llego y empezó bastante bien para los dos amigos, Scott y Charles tuvieron que presentar el inicio de su proyecto para la materia de la Profesora Frost, el que con suerte si alcanzaron a preparar la semana pasada, ya que ayer no pudieron reunirse por "culpa" de otros motivos, pero a juzgar por los comentarios de la Profesora, todo iba por muy buen camino, incluso les comento que si lograban avanzar bien en su investigación, podría considerarlos para un trabajo futuro que tenía en mente.
Scott por su lado, estaba encantado de trabajar con Charles, sentía que cada día el joven sacaba lo mejor de él, al comienzo solo de manera académica, pero ahora esto escalaba a otros ámbitos, era más responsable, más atento a las explicaciones, más comprometido con los trabajos y de cierta forma, le gustaba sentirse así; siempre habia bordeado el otro sector, aquel que con suerte sobrevivía el semestre, pero ahora era de los inteligentes, de los responsables y no habia ningún motivo para hacer burla de aquello.
Y aunque todo el mundo comenzaba a hacerse la idea de que Charles ya habia escogido compañero, quizás para toda su vida universitaria, hoy en particular nadie les hablo, ni terminada la presentación, ni durante y después de clases, cosa que le extraño, la rutina diaria era que uno dos o tres se acercaran siempre a Charles tratando de conseguir algo, ya sea un resumen, una ayuda, orientación o tratar de incluirse en los trabajos, sobre todo cuando estaban atrasados, pero hoy no fue el caso, absolutamente nadie les hablo y con suerte los miraron. Para Scott no dejo de ser extraño, pero para Charles era una bendición, ni siquiera quiso darle importancia al asunto.
Al salir del salón, siguieron con su rutina habitual, el desayuno establecido y sus conversación sobre cosas estúpidas, pero que en el último tiempo, Charles comenzaba a hacerse adicto; que mejor que solo conversar, sin ninguna exigencia o cargo mental. Y además quería estar al tanto de como termino la tarde para su amigo el día de ayer, porque al parecer le fue bastante bien, su semblante lo delataba con fuerza, y era obvio que Scott quería contarle, es como si poco a poco comenzaran a confiaran muchísimo en el otro, podían pasar de conversaciones triviales, hasta debates teológicos y consejos de amor, todos cargados obvio con el humor característico de Scott.
— Así que al final si la alcanzaste... — comentó Charles entre risas — te pidió encarecidamente que la dejaras sola, y eso fue claramente lo que no hiciste
Scott sonrió orgulloso — pues, me necesitaba... y además, Jean jamás pide las cosas encarecidamente — agrego seguro, Charles negó entre risas —, pero en serio creo que fue lo mejor para los dos, no solo para mí que me salve de la tutoría y de preparar el pre-proyecto de hoy contigo, que por cierto salió bastante bien...
— Solo porque lo habíamos conversado muy bien, al final fueron más promesas que pruebas a la Profesora y por suerte nos tiene alta estima, porque si no todo esto habría salido muy mal...
— A ti más que a mí... — aclaró — bueno, después de todo, si se están... — Charles supo lo que iba a decir y lo calló al instante
— ¡No sigas diciendo eso! — interrumpió veloz — ¡Que nada está pasando entre nosotros! — grito entre susurros. Scott sabía que eso era cierto, aun tenían pendiente el tema del "Él", pero le causaba mucha risa ver la reacciones mojigatas de Charles
— Como sea, todo salió bien y volviendo a la génesis del cuento — acomodándose en la silla — también fue muy fructífero para ella, se relajó, se sintió tranquila, incluso hasta la hice reír... — un leve sonrojo aparece — cada día que pasa me ve menos como el niño bobo al que le hace tutoría, y más como un amigo... — carraspea — alguien a quien conocer, es todo... — tratando de volver a su fingida seguridad
Charles sonríe de lado — bueno, admito que tu fuerza de voluntad al final si está dando resultados...
— Vaya que sí, incluso me conto algunas cosas de su vida, un poco superficiales, pero ya es algo... en cuanto me cuente sobre su familia me daré por pagado, eso significa que me tiene confianza... como amigo, claro
— ¿Y qué hay de ti? ¿Le contaste sobre la tuya?
— ¡Estas loco! ¡Antes muerto! — refutó seguro — ¿Quieres que le presente a mi padre? ¡¿A Alex?! — negó con efusividad — no dejare que vea esa parte de mi vida, además no son mi familia... yo no los considero mi familia, solo vivo con ellos, por ahora, claro — inhalando con algo de brusquedad — y ella no tiene por qué saberlo, para ella solo seré un alumno más viviendo solo, como tu...
Charles comprendió su temor — estas preocupado de su reacción, temes o que les aterre tu familia o que te vea como un pobre niño indefenso ¿Es eso? — Scott chasqueo la lengua algo molesto, Charles habia dado en el clavo.
— Solo... no le contare, luego veré como se resuelve eso — tratando de no darle la suficiente importancia. Charles asintió algo dudoso — después de todo, solo somos casi amigos... — con algo de pesar en la voz
— Esta bien, comprendo tu punto, aunque no lo comparto... una mentira así, tarde o temprano escalara y puede volverse en tu conta — Scott lo miro con suplica — descuida, no diré nada, te cubro la espalda ¿De eso se trata, verdad? — su amigo asintió — si pregunta, no diré nada...
— Mejor di que no tengo familia, eso sería mucho mejor... — sentenció firme. Charles elevo ambas cejas sorprendido — preferiría ser huérfano antes que hijo de ese hombre... o hermano de Alex — ese comentario sonó dolido y cargado de resentimiento, y el Xavier se sintió sumamente mal por su amigo — y tampoco es como que estuviera mintiendo, por lo que tengo entendido, casi todo el mundo que conoce a Alex piensa que es hijo único, creo que tú y algunos Profesores son los únicos al tanto — Charles asintió, cuando se lo había comentado a Erik, este no lo sabía — de hecho, me ha negado frente a los pocos "amigos" — curvando los dedos en señal — que tiene y solo ha dicho que es un alcance de apellido... — Charles no supo cómo reaccionar ante eso, jamás pensaría en negar a su familia, sin importar que — así que lo tomo como si estuviera haciéndome un favor... — concluyo fingiendo comodidad.
Charles exhalo con lentitud — Scott, descuida... nadie lo sabrá, si es lo que quieres, tienes mi palabra... — sonriéndole con calma
— Gracias... solo quiero que me conozca, que se sienta segura y tranquila a mi lado, que me vea como un posible apoyo, y mi... "familia" jamás podrá formar parte de eso — exhalando — no es mentir, es obviar la verdad... — riendo algo nervioso mientras bebe café.
Charles resintió ese último comentario, no le gustaban las mentiras, el ocultar cosas a los demás, pero luego se dio cuenta que eso era lo que justamente estaba haciendo, le estaba mintiendo, ocultando cosas a sus padres, a Scott, a cualquiera que lo conociera, estaba viviendo una mentira y la culpa se asomó por la ventana, pero la acalló al instante, desde anoche que se sentía mucho más seguro de sí mismo, más aventurado a defenderse y hacerle saber al mundo que no estaba dispuesto a seguir sus reglas sin siquiera cuestionarla. Espontaneidad ¡Bendita espontaneidad! Le daba lo que hace años debió ganar; Confianza. Pero otra situación cruzó por su mente, porque no solo le estaba mintiendo al mundo, sino también a Erik, habia cosas que aún no le contaba, pero no estaba seguro si debía hacerlo, si era el momento, la situación correcta, apenas si estaban comenzando a conocerse. Quizás su espontaneidad le daría la respuesta a futuro.
Pero una tercera persona se unió a la escena, una cabellera rojiza se acercaba a su mesa y Charles fue el primero en verla, Jean prácticamente apareció de la nada, y Charles se lo hizo saber a su amigo en menos de un segundo, el cual tembló como hoja a merced del viento y suplico con la mirada a su amigo. ¡Ninguna palabra de lo que habían conversado! Charles solo se limitó a asentir seguro. Jean por su lado se posiciono a un costado de la mesa y pidiendo solo una cosa, con su característico y neutro tono de voz.
— ¿Puedo unirme? — señalando la tercera silla pegada a la mesa
Los dos amigos se miraron con complicidad — pero por supuesto... — indico Scott sonriendo mientras se ponía de pie para correr la silla — adelante
La mujer obvio un poco el gesto de caballerosidad o como ella prefería llamarlo, galantería barata — gracias — sentándose.
Charles le sonrió con suma felicidad, la verdad Scott tenía razón, la veía de mejor ánimo y le agradaba que quisiera unirse a ellos; a veces se sorprendía un poco el cómo comenzaba a disfrutar compartir con más gente, es como si de a poco comenzara a salir de esa burbuja donde vivió aislado tantos años. Le faltaba descubrir si otros lo habían obligado a vivir así o era algo que el mismo se habia autoimpuesto.
— ¿Y a que debemos el honor de tu visita? — consulto Scott
Jean dudo en dar la respuesta, solo habia decidido venir y ya, no lo habia planeado mucho y no tenía una coartada preparada — digamos que me quedo gustando el café — mintió con total honestidad
Charles negó entre suspiros rendidos, mientras Scott ahogaba una risa — pues bienvenida al club de los adictos a la brea negra, como dulcemente le llama Charles — guiñándole un ojo — luego no podrás parar, créeme — haciendo una mueca de resignación — ¿Quieres uno?
Jean le sonrió con calma — descuida, yo voy por uno — poniéndose de pie — ¿Quieren algo?
Charles le respondió con la misma sonrisa — yo estoy bien con esto, gracias
— Un café para mí... — agrego Scott. Charles lo miró fijamente esperando algo más en esa oración — por favor — carraspea, mientras vuelve la mirada a su amigo preguntando ¿Satisfecho?
La joven asintió y se alejó de la mesa, mientras Summers la seguía con la mirada fija. Charles no pudo evitar hacer un comentario sarcástico — parece que ahora tienes a alguien más a quien mirar, ¿No? — dijo Charles con ironía.
Scott, algo sorprendido, lo miró rápidamente —. ¿De qué hablas?
— Vamos, Scott, es obvio que te mueres por ella — respondió Charles, tomando un sorbo de té —. Ya sabía que te interesaba, que querías conocerla mejor, pero esto va más allá de eso...
Scott frunció el ceño, fingiendo sorpresa — ¿Qué? Claro que no... — dijo, desviando la mirada — solo me parece una persona muy... interesante y agradable, solo somos amigos... casi amigos — agregó, mientras tomaba café y evitaba la mirada de Charles.
Charles lo observó con escepticismo— seguro... — dijo, mirándolo fijamente — podré ser ingenuo, pero no soy estúpido.
Scott respondió con sarcasmo, aun mirando a su alrededor — no, ahora eres ambas cosas.
Charles notó lo distraído que estaba Scott, mirando a todos lados — si sigues con ese sarcasmo, jamás vas a conquistarla — insistió Charles, cada vez más confundido por el comportamiento de Scott.
— Me funcionó contigo, no veo por qué no funcionaría con ella — respondió Scott, dándose cuenta al instante de lo que acababa de decir y desviando de nuevo la mirada.
Charles sonrió, sintiendo que había ganado— ¡Así que lo admites! — exclamó triunfante, pero Scott no lo miraba — oye, te estoy hablando... — dijo, siguiendo la dirección de la mirada de Scott — ¿Qué tanto miras? — preguntó, volviendo la cabeza para ver lo mismo que Scott.
Scott finalmente devolvió la mirada a Charles y, con un tono elevado, dijo sin disimulo — la verdadera pregunta es... ¿Qué tanto nos miran ellos? — señaló a varias personas que los rodeaban, dejando claro que había notado su atención, y no estaba dispuesto a ignorarlo.
— ¿De qué hablas? — preguntó Charles, visiblemente confundido.
En ese momento, Jean llegó con los cafés y no pudo evitar notar el ambiente extraño — oye... ¿Por qué todos nos están mirando? — preguntó, mientras dejaba los cafés sobre la mesa y miraba a su alrededor.
— ¡Lo ves! — dijo Scott con seguridad — te dije, todos nos están mirando... — añadió, observando a las personas que seguían lanzándoles miradas acusatorias y susurraban entre sí.
— ¿Pasó algo en las clases? — preguntó Jean mientras se sentaba.
Charles y Scott intercambiaron miradas, ambos llenos de duda — no que yo recuerde — respondió Charles, quien empezaba a notar con más detalle las miradas, los susurros y los dedos apuntando directamente hacia él.
Jean también se dio cuenta — creo que... es a ti a quien miran, Charles.
Charles se inquietó — ¿A mí? — replicó, volviendo a observar a su alrededor, mientras los murmullos aumentaban — ¿Tengo algo en la cara? — preguntó, y Jean negó de inmediato — ¿Vine con los zapatos cambiados? — dijo, mirando sus pies. Jean, sin darse cuenta, imitó el gesto de Charles con una expresión de ternura — ¿Qué está pasando? — murmuró Charles, visiblemente incómodo.
Scott, fiel a su estilo, se levantó de golpe y miró fijamente a los que los rodeaban— ¿Se les perdió algo? — preguntó con voz firme —. ¿O acaso tengo un cartel de "patéame" pegado en la espalda, que todos ustedes están mirando como idiotas? — Charles negó con la cabeza, sintiéndose abrumado — ¡Vengan, intenten patearme!
— ¡Scott! — exigió Jean con un tono severo.
— ¿Quién será el primer valiente? ¡Atrévete! — desafió Scott, mirando a todos con intensidad.
— ¡Siéntate! — repitió Jean con firmeza.
— No, si tienen algo que decir... ¡Que lo digan de una vez! — dijo Scott, claramente molesto — ¡En vez de estar murmurando como adolescentes de preparatoria! — al escuchar esto, varios de los presentes desviaron la mirada, dejaron de murmurar o simplemente se levantaron y se fueron — ¿Lo ves? — dijo Scott, dirigiéndose a Charles — Santo remedio. Si tienen un problema, que lo hablen de frente... No soporto los secretitos y los chismes de octava — concluyó, volviendo a sentarse y tomando su café con tranquilidad.
— En verdad, no tienes remedio... — exhaló Charles, agotado.
— Tal vez funcionó, pero esa no era la forma —agregó Jean, tratando de mantener la calma, aunque Scott la sacaba de sus casillas.
Scott frunció las comisuras — pues dio resultado, eso es lo que importa... nadie molesta más con miradas idiotas y comentarios innecesarios... — y como si hubiera invocado molestias, tres presencias más se sumaron frente a la mesa — ¿Hola? — consulto el joven mirándolas
Pero las tres mujeres clavaron la mirada fijamente en Charles, lo cual lo desconcertó un poco — ¿Puedo ayudarlas?
La que estaba a la izquierda fue la primera en hablar — ¿Cómo pudiste? — pregunto indignada. Charles solo le sostuvo la mirada en consulta — engañaste a Moira y actúas como si nada, como si no te importara en absoluto... ¿Cómo si quiera tienes el descaro de aparecer por aquí?
Charles subió ambas cejas sorprendido — ¿Disculpa? — tratando de comprender
— Disculpas es la que tu deberías pedirle a Moria — interrumpió la segunda a la derecha — Moira esta desecha, ni siquiera vino a clases y dudo que vuelva este semestre, está viva de milagro...
Los tres sentados en la mesa se miraron con confusión, pero Charles comenzaba a sospechar lo que pasaba y las cosas que quizás se supo a hablar Moira para no quedar tan mal parada, pero nunca imagino hasta donde podrían escalar las cosas — pues, lo lamento... pero no discutiré eso con ustedes, no les incumbe
La tercera mujer, en medio, que habia permanecido en silencio en todo momento, prácticamente exploto, después de todo, Moira era su mejor amiga y debía defender su honra — ¡Te encontró acostándote con la criada! ¡En casa de tus padres! — grito fúrica, mientras todos volteaban a ver, eso era justo lo que quería lograr — ¡¿Que no tienes decencia?!
Charles al instante quedo helado, esa parte de la historia se la habia perdido, mientras que Scott estallo en un risa contagiosa — ¿Charles? — preguntó aun entre risas — sí, seguro... — volviendo a reír.
Jean estaba tan consternada, que prefirió no interferir, pero era claro que quizás debió pensarla un poco antes de venir, no lo habia considerado mucho, ayer solo se sentía horrible y después de estar esos cortos minutos con ellos y luego que Scott le ofreció su ayuda, se sintio mejor; quería repetir esa sensación hoy, pero ahora estaban envueltos en otro tema. Aunque debía admitir que la incredulidad de Scott ante la historia que gritaban las mujeres era algo que Jean compartía, apenas conocía al joven Xavier, pero se veía incapaz de hacer algo así, y no solo por su educación, sino porque su personalidad y carácter eran todo lo contrario aquello. Algo raro estaba pasando aquí.
Mientras, Charles seguía procesando las palabras de la mujer ¿Qué mierda se habia puesto a hablar Moira? y aunque el ego fue atacado, no quiso responder o más bien defenderse, no tenía energía ni tiempo ni ganas para andar dando explicaciones a quienes no lo necesitaban y después de todo, era su vida ¿Por qué tenían que meterse ellas? Aunque fuera una mentira, poco le importaba lo que ellas o los demás pensaran; la verdad es que ya estaba comenzando a cansarle esto de ser tan caballero, desde que actuaba bajo esos estándares, lo único que habia obtenido eran problemas, su caballerosidad y el trato que siempre le entrego a Moira fueron malentendidas y lo llevaron a esto. Estaba aprendiendo una gran lección, solo debía ser caballeroso con quienes fueran merecedores, y claramente Moira ya no lo era.
Pero la mujer insistió — ¿Y no vas a decir nada? ¡Te quedaras callado! — varios a su alrededor comenzaron a murmurar — ¡Pensé que eras un caballero! ¡¿Dónde están tus modales que tanto pavoneas?!
Scott ya estaba comenzando a molestarse con sus gritos y comentarios, por lo que decidió intervenir, pero Jean capto al instante el cambio de actitud en el Xavier, ya habia tenido suficiente y estaba listo para dar una respuesta, por lo que detuvo el intento de defensa del amigo.
— Supongo que los enterré en el patio... — responde sin mirarla — junto con los tuyos
— ¿Disculpa? — acuso ahogando la rabia
— Lo que escuchaste, niñita... — se pone de pie — ¿Crees que me importa lo que piensas de mí? — se voltea a mirar a los demás que aun los observaban — ¡¿Creen que me importa lo que ustedes piensan de mí?! — grito — ¡Me importa una mierda! — vuelve la mirada hacia ella — así que si quieres creer las mentiras de tu amiga, hazlo... me tiene sin cuidado — sonríe con tranquilidad — de seguro esa criada coge mejor que Moira — escupe sin culpas o miedos
La mujer se indigna de manera descontrolada — ¡¿Como te atreves?!
— ¡Tu madre se enterara de esto! — agrego la segunda mujer
Charles hizo una mueca de disgusto — no sabía que aun estábamos en secundaria... — mira a su amigo — ¿Me mandaran a detención por decir malas palabras? — Scott le sonrió ufano, estaba tan orgulloso de Charles, jamás pensó verlo así, pero ahora lo estaba, defendiéndose con sus propias argumentos y sin pensar en el qué dirán. Magnifico.
— Eres increíble — volvió a comentar la segunda mujer — en verdad eres un poca cosa, un canalla y no sé en qué momento nos dejamos convencer de que eras diferente al resto de los hombres — mira a Scott con desdén
— OK, de acuerdo — dijo veloz el aludido — suficiente... ya me hartaron tus acusaciones sin fundamentos a Charles y además, no tolerare la falta de respeto al género al cual pertenezco — se pone pie — así que... largo — sonriéndole feliz — buen día...
— ¡No te metas! — la más agresiva volvió a sus andanzas — ¡De seguro se contagió de tus actitudes andrajosas y zarrapastrosas! ¡Mequetrefe! — el silencio fue notorio
Scott quedo colgado a la frase unos segundos — meque... ¿Que? — viendo a Charles — se desayunó un diccionario antes de venir — comento entre risas, que fueron acompañas por el Xavier y disimuladas por Jean.
— Como se te nota la poca alcurnia... — comento de manera despectiva — no eres más que un pordiosero y muerto de hambre ¿Acaso no sabes lo que todo el mundo opina de ti? — Scott sintio la bilis volver por su esófago — tratando de escalar a través de este malcriado y estúpido... niñito — recalcando esa última palabra — ahora mendigas notas, de seguro en unos años mendigaras en las calles y vivirás en refugios...
— Suficiente... — escupió Charles conteniendo las palabras — se me largan de aquí — la miran fijamente — ¡Largo! — grito sin pensarlo. Las tres mujeres se asustaron — si hay algo que no soporto son los clasistas como ustedes ¡Fuera! — dos compañeros de su misma clase se acercaron, para dar respaldo a las mujeres y Jean sintio la tensión, esto podría escalar a otro punto.
— ¡Eres un insensible! — grito la tercera chica mientras comenzaba a llorar, o mejor dicho, chillar entre lágrimas falsas
— Gente como ustedes, y en especial como él, no deberían ser aceptada en Universidades como estas... — agrego la primera mujer
— Pues qué crees... — agrego Scott — compartes salón, comida y aire con un muerto de hambre... supéralo
— ¡Pues veamos cuánto dura eso cuando el Decano escuche todas las barbaridades que dices y las cosas que hace el tal... "Xavier"!
— Nuestra vida privada no es de incumbencia para la Universidad, y tus comentarios clasistas solo te generaran más problemas a ti, créeme... según el código de Ética y Conducta estudiantil de la Universidad, ningún alumno puede ser discriminado bajo ningún parámetro, ya sea de género, étnico, religioso, social, económico u de opinión, además Scott es un estudiante becado, lo que implica que él ha cumplido mucho más méritos y requisitos que tú para estar aquí... — sonríe con tranquilidad — y no hay que olvidar lo extra, todo el mundo aquí sabe que lograste entrar solo porque eres la hija del Alcalde ¿O no? — un ruido de burla se escuchó a lejos.
Scott sonrió orgulloso, era casi como tener un abogado privado, mientras que la mujer escondido el rostro completamente avergonzada y más murmullos se escuchaban a la distancia — ya escuchaste Princesa de Papi, circulando... — haciendo el ademan con la mano para que se retirara
Pero la mujer tuvo su punto de inflexión — ¡No estoy hablando contigo! — empujándolo a Scott de manera furiosa y hostil. Jean se puso de pie de manera alerta
— ¡Y tu déjalo en paz! — agrego Charles defendiendo a Scott — ¡No te metas con él! — colocándose frente a su amigo — ¡Tu fuiste la que empezó todo esto!
La mujer dibujo una sonrisa sínica — ¿Vas a golpearme? — cruzándose de brazos — ¿Hasta qué nivel cayo tu educación?
— Pues será mejor que se vayan o perderé la poca que me queda... — los mira a todos — ¡Ya escucharon todos! ¡Lárguense! — volteándose
Y uno de los hombres decidió interrumpir — el hijito de mami no resulto ser más que un cobarde oculto bajo la máscara de matón — escupió molesto sin mirar a Charles — marica...
Y eso fue la gota que derramo el vaso en la paciencia de Scott, si había una palabra que odiaba en el mundo, era marica — ¡Pues si eres tan hombre ven y díselo a la cara! — avanzo furioso hacia él — ¡O a mí! ¿O es que no te atreves? — Charles alcanzó a sujetarlo, antes de que esto pasara a los golpes — ¡¿Me tienes miedo cabeza de musculo?! No eres más que un frasco de esteroides caminante... ¡Tratando de tapar tu minúsculo complejo! — Charles aun lo tenía sujeto firmemente — ¡¿Quién es el verdadero marica?!
— ¡¿Que dijiste indigente de mierda! — se acerca él dispuesto a todo, pero Jean se mete entre medio
— ¡Suficiente! — grito de manera firme — ¡O hare que los sancionen a todos!
Scott aun forcejeaba en los brazos de Charles — ¡Ellos empezaron!
— ¡Y si sigues con esa actitud, lo terminaras!
— ¡Ese es el plan!
— ¡Pero terminara muy mal! — insistió — ¿No eres solo un pordiosero sin educación? — Scott y Charles la miraron sorprendidos — pues demuéstrales lo contrario... — mira al otro grupo — porque en lo que a mi concierne, los únicos clasistas y estúpidos sin educación aquí... ¡Son ustedes! — clava la vista en las mujeres, quienes la bajan asustadas, jamás habían visto a Jean actuar de esa manera y menos por gente extraña, ella era muy reservada. Jean volvió la vista a la mujer que atacó a Scott — es fácil abusar del llanto para generar empatía barata ¿No? — las tres mujeres evitaron su mirada — ¡Y es fácil agredir a un compañero hombre si eres un mujer! ¿No? — se acerca a la aludida
— Solo lo empuje... — tratando de excusarse
— Si, pero si él lo hubiera hecho contigo... otra seria la historia — mira a los hombres — ¿No? Si eso hubiera pasado, ustedes ya le hubieran partido la cara a Scott...
— Como si pudieran... — agrego el joven soltándose del agarre de su amigo
— Tú cállate — indico firme — ahora, váyanse todos... y me asegurare que esto no escale más allá — los mira a todos — al menos que uno quiera irle con el cuento al Decano y le terminemos contando que todo esto se debe a la mentira de una mocosa malcriada...
— ¡No es una mentira!
— ¡Claro que lo es! — insistió Scott — ¡Charles no se cogería ni un globo! — su amigo lo observa con mitad de asombro y mitad de ofensa — perdón... estoy de tu lado, créeme — colocando su mano en el hombro del joven
— Hazme un favor, no me ayudes tanto... — exhalo rendido
— Como sea, me importa una mierda quien coge con quien... esto ya no es la preparatoria o el baile de graduación para que nos preocupemos de esas estupideces ¡Maduren por Dios! — saliendo un poco de sus cabales — ahora, váyanse... la función termino — se voltea a ver a los que rodean la mesa — ¿Qué no me oyeron gente? ¡Hacia el sur! — aplaude dos veces en señal de exigencia — ¿Es que nadie tiene clases? — poco a poco, la multitud se comienza a dispersar, hasta que al final solo quedan los involucrados — Scott, vámonos ya... — lo mira fijamente — tú también, Charles
— Pero... — intento refutar el joven Summers
— ¡Dije ya! — exigió firme. Al instante los dos jóvenes se voltean a la mesa para tomar sus cosas y comienzan a caminar por delante de Jean, en completo silencio.
La joven los siguió, hasta que el otro hombre comento — ¿Ahora andas de niñera?
Jean detuvo el paso, y los amigos copiaron su acción por miedo a cualquier tipo de reacción inesperada — sigue hablando imbecilidades, Ethan... — lo mira — y todos se terminaran enterando que pasaste a segundo porque te cogías a tu tutora — todos ahogaron un respiro de asombro — perdón, se me escapo... — vuelve hacia los dos amigos, que estallan en una risa cómplice — caminen... — ambos obedecen, agachan la vista y siguen su camino.
— Le mandare un saludo a tu novio... — comentó retirándose con molestia. Solo Jean pudo escuchar eso, y sintió el miedo recorrer su espalda.
Avanzaron unos metros más, hasta llegar a una pequeña plazoleta, donde Jean se detuvo y ellos volvieron a imitar su acción, completamente en silencio, es que ni siquiera sabían que decir, sabían que la joven tenía un carácter algo fuerte, pero jamás pensaron verla así. La tutora dejo sus cosas sobre una banca y les indico que se sentaran frente a ella, ellos obedecieron y sin verlo venir, la joven estallo en una risa, algo extraña, pero que a Scott lo dejo prendado, casi embobado, era la risa más hermosa que jamás hubiera escuchado; por su lado Charles, estaba tan confundido, que no sabía siquiera si reír con ella.
La joven seco unos vestigios de lágrimas, mientras preguntaba entre risas — ¿Qué demonios acaba de pasar?
— ¿Me preguntas a mí? — consulto aún más confundido Charles
Scott relajo los hombros — esto pasa porque te andas cogiendo a todo el mundo — rio mientras miraba a su amigo
— Muy gracioso... — agrego molesto — ahora sí que esa... — prefirió no emitir la palabra — niñita sobrepaso los limites
— Te lo dije, te advertí hace mucho tiempo que tenías que ponerle punto final a las historias y dramas de Moira, porque te iban a terminar costando sangre y lágrimas...
— Si, si... ya sé que me lo advertiste muchas veces — expuso sobrepasado — pero es que jamás pensé que escalarían a este nivel, y además... — exhala — no se supone que debo contradecir a una dama — asqueado de sus propias palabras.
— ¡Que reverenda estupidez! — exclamo Scott. Jean lo miró fijamente — me refiero... a contradecir a personas como Moira, que claramente no son una dama... — carraspea — como sea, no estoy sorprendido de que allá inventado algo así, se veía venir... de lo que si estoy sorprendido y sumamente orgulloso es el cómo te defendiste, como no diste tu brazo a torcer, como incluso fuiste hasta sarcástico — sonriéndole feliz — te he enseñado bien
— Pues al menos uno de los dos está orgulloso, porque lo que respecta a mi... ahora siento que cometí un grave error — exhalando — perdí el control frente a toda esa gente, deje que me afectara y… ya a veces ni siquiera me reconozco — Scott y Jean se miraron, claramente esto lo afectaba
Scott inhalo con calma — Charles... ¿Alguna vez te más metido en una pelea? — el joven negó veloz — bueno, aunque yo no llamaría esto una pelea, para ti oficialmente si lo es y saliste muy bien parado, en mi opinión... — Charles sonrió a medias y su amigo entendió que sus palabras no estaban teniendo el efecto deseado — no dejes que te afecte lo que ellos piensan o como reaccionaste ante ellos, este eres el verdadero tu... y si ellos no lo aceptan ¡Que se jodan! llevas demasiado viviendo a costa de la tranquilidad de gente como Moira... ahora para conseguir la propia tendrás que pelear por ella, lo siento, pero es la verdad... — Scott sonrió feliz — y si te toca finalmente el pelear, yo estaré ahí para ti, para apoyarte y jamás dejarte solo... — esta vez sí que Charles sonrió feliz y más calmado. Scott habia logrado decir justo lo que necesitaba oír.
Jean observo a Scott con detalle, viéndolo de una manera completamente diferente, lo había subestimado y ahora comenzaba a darse cuenta que no era quien pensaba, el típico joven viviendo al margen sin saber que podía esperarle y mucho menos que le importara, claramente Scott tenía una sabiduría oculta que comenzaba a intrigarla, y también una lealtad altamente admirable; hace tiempo que no veía en alguien el deseo genuino de proteger a otros, quería conocer mucho mas de esa faceta y quizás incluso más a fondo.
La joven sonrió — bueno, aunque nadie me pregunto, yo estoy orgullosa y sorprendida de ti, Scott — el aludido la miro encantado
— ¿Porque? — consultó Charles — ¿Por no pegarle a ese tipo?
— Por defender a tu amigo de esa forma — respondió con calma. Los dos amigos se miraron envueltos en sorpresa — hace mucho que no había visto a alguien defender a otro con tanta energía, obviando claramente la falta de tacto y el lenguaje de dudosa reputación, por supuesto... — Charles ahogo una risa y Scott trato de fingir seguir seguro de si — bueno, el punto es que eso habla muy bien de ti — el Summers se sintio tan orgulloso y Jean sintio un leve sonrojo quemar su rostro — supongo que te subestime...
Scott sonrió ufano — estoy lleno de sorpresas, créeme...
Charles negó entre risas, pero al final asintió complacido, era cierto, era primera vez que alguien estaba dispuesto a irse incluso a los golpes, por defender su palabra y su honra — sí, gracias, amigo... — coloca su mano en el hombro — te debo una...
— Yo también — responde algo avergonzando — por defenderme de las palabras de esa... mujer — mencionando las palabras algo asqueado — y por evitar que me fuera a los golpes con ese tipo
— No hay de que, para eso es tan los amigos... — Charles sentía por primera vez en mucho tiempo que podía confiar en alguien de esa manera, como un amigo, como una camarada, como un aliado.
— Somos como Tintín y el Capitan Haddock... — agrego mientras hermosos recuerdos de su infancia al lado de su madre pasaban frente a él
Charles levantó una ceja — ¿Y quién sería quién?
— Pues obviamente tu eres Tintín... — afirmo seguro Scott
— Pero yo soy mayor que tu... — refutó
— Solo en edad, pero no en mente, sigues siendo muy soñador igual que Tintín... en cambio yo soy el Viejo Capitan experto y aguerrido — concluyo muy seguro
— ¿Quién es Tintín y el Capitan Haddock? — preguntó Jean ingenua. Scott la miro con ofensa y Jean volvió a reír, haciendo a Scott volver a dejar su enojo de lado, subía al cielo cada vez que Jean reía — si se quiénes son, solo bromeo...
— Bueno, ya que lo mencionas, el Capitan también tiene un temperamento levantisco y diatribas constantes, además de una torpeza que más de una vez trajo problemas...
Scott lo fulmino con la mirada y esta vez fue Jean quien comento — mira, pues si se parece al Capitan... — riendo de manera pausada — porque casi se va a los golpes debido a su temperamento volátil... — agregó mirándolo
— ¿Por qué crees que lo detuve? — indicó Charles
— Y menos mal que lo hiciste, porque hubiera sido capaz de matarlo... — volviendo a su voz de extrema confianza
Jean ahogo una risa — por favor, te hubieran dejado molido en el piso
Scott le sonrió con ironía — gracias por el voto de confianza... y como sea, sirvió para dejar establecido un punto, no pueden meterse con nosotros tan fácil — comento con seguridad — y también, me ayudo a liberar tensiones, lo necesitaba... — soltando los hombros en señal de relajo
Pero Jean prefirió obviar las tonterías de Scott y buscar la causa — pero no deja de ser extraño — mirando a Charles — fueron muchas cosas pasando al mismo tiempo...
— Lo que nos lleva a la pregunta del millón... — se voltea completamente hacia Charles — dime ¿En verdad te cogiste a la mucama? — Jean al instante lo golpea en el brazo, mientras el joven hace un gesto de dolor — ¿Qué? Solo quiero saber que paso
Charles negó entre risas — no, jamás lo haría... además, todas están casadas, con hijos y son mayores de 50 años
Scott sonriéndole con orgullo — para el amor no hay edad, Sir Charles... — mira de reojo a Jean y esta evade la vista. Charles quedo helado con su comentario, pero fingió calma — pero entonces... ¿Qué fue lo que realmente paso?
Charles vuelve en si — mi madre y Moira me montaron la encerrona ayer en la noche, con cena y padres incluidos para hacer nuestra presentación oficial como novios — Scott abrió la boca aterrado — yo me negué por supuesto, claro que busque la manera más amable y... — ya dándole asco decirlo — de caballero para rechazarla y me fui... — exhala — supongo que mi madre debe estar echando serpientes por el cabello, no lo sé, no hablo con ella desde anoche...
Fue ahí que Jean comprendió todo lo que habia pasado y claramente estaba en lo cierto, nada de lo que vociferaron esas mujeres era cierto y su intuición habia dado en lo correcto. Charles no era ese tipo de personas. Y por alguna razón se sintió igualmente orgullosa del joven, aunque no lo conocía, no tanto como a Scott; si es que a este realmente lo conocía, porque este buscaba contarle todo de su vida, y ella con suerte le habia dicho cuál era su color favorito, cosa que al parecer su joven tutorado tomo como el logro más grande de su vida, hasta ahora. El Xavier al parecer estaba viviendo el proceso de todo hijo adolescente, el autodescubrimiento, las primeras relaciones interpersonales, los desastres y alegrías de la independencia y el juzgamiento social, acompañado claro de la sana rebeldía. No era estudiante de psicología, pero si le gustaba mucho la evolución humana, y claramente Charles estaba viviendo el paso a la completa interdependencia, algo atrasado quizás, después de todo era dos años menor que ella, pero estaba comenzando a darse cuenta de la realidad, y eso ya era algo muy positivo.
— Fuiste muy valiente, no solo hoy... también ayer — lo mira fijamente mientras le sonríe dulcemente — pareciera que por primera vez estas comenzando a tomar tus propias decisiones — Charles le agradece con una genuina sonrisa — y si sigues así, créeme que muchas más puertas se abrirán
Scott asiente — claro que esto no hubiera pasado si no te hubieras cogido a la mucama... — agregó
— ¡Ay cállate! — respondió cansada Jean. En verdad la sacaba de sus cabales, pero al final siempre la hacía reír.
Concluido todo el espectáculo de la mañana, los tres jóvenes decidieron dar vuelta la página, aunque claramente era algo que recordarían por mucho tiempo, aunque quizás con mejor ánimo. Y llegada la hora de almuerzo, Charles comenzó a impacientarse, ya llevaba demasiado sin ver a Erik y las ganas de estar con él aumentaban, quería saludarlo, conversar con él, compartir un momento y quizás poder... besarlo ¿Solo quizás? Se moría de ganas por besarlo, pero tenía que disimularlo al máximo.
Y aunque pensó por algunos momentos pasarse nuevamente por la Facultad de Física, rechazo la idea al instante, la última vez que camino por sus pasillos se habia encontrado a Erik, a la Profesora Frost... y su madre, que de seguro con solo cruzarse con él, le cantaría el reclamo desde contralto hasta soprano y lo peor, frente a todos y de seguro, frente a Erik; era mucho el riesgo, y además, con lo que paso hoy, ya no quería más problemas.
Esta vez, y siguiendo el consejo de Jean, de evitar contacto con otras personas por algunos días, decidieron almorzar en otro lugar; la tutora se notaba genuinamente preocupada por los dos amigos y para aumentar la sorpresa del día, también se unió a ellos al almuerzo. No es que no le gustara su compañía, al contrario, la disfrutaban mucho, en especial Scott, pero el Xavier comenzaba a consultarse cuales eran los verdaderos motivos de su presencia, o mejor dicho, cuál era su verdadero interés o… quien. Charles seguía insistiendo con miradas a su amigo que aquí pasaba algo más, mientras que Scott rogaba que no lo hiciera tan obvio para la tutora, que al parecer aun no captaba que estaba comenzando a pasar por la mente del joven Summers, y mucho menos, por el corazón de este.
Y aunque Scott no estaba de acuerdo en cambiar de lugar, Jean le hizo entender que no era estar huyendo, pero al menos por unos días, era mejor tomar ciertas precauciones, había que dejar que las aguas se calmaran; lo que no esperaban es que nuevamente otra persona llegaría interrumpirlos, solo que esta vez seria alguien de confianza, y de cierta forma, alguien a quien Charles comenzaba a tenerle una alta estima. La Profesora Emma Frost se acercó a ellos, fingió saludarlos, para luego sonreírle a Charles, guiñarle un ojo, pasarle un papel muy bien doblado, que supuestamente solo él notaria; claro que con la presencia de Scott y Jean, captar la entrega del papel y el nulo disimulo de ambos no fue nada difícil. La Profesora como vino, se fue, casi de inmediato, como si nada hubiera pasado.
En cuanto lo tuvo en sus manos, las ganas de leerlo se lo carcomían por dentro, pero no podía, habia muchos testigos y en verdad tenía que ser más cuidadoso con sus pasos y sus acciones, sobre todo después de lo que paso hoy en la mañana. Jean por su lado, procuro que reinara su cortesía y fingió no haber visto nada, pero Scott estaba que aullaba, lo habia visto todo, en primer plano y tenía tantas bromas, como preguntas acumuladas.
— ¿Ahora se mandan cartitas? — pregunto con una amplia sonrisa. Charles ni siquiera lo miró y termino por abrir el papel — ¡Entonces no te estas tirando a la mucama! — acuso — ¡Ves que si te estas tirando al Profesora Frost!
— Scott, cuida tus palabras — indico la joven cortando su comida
— ¿Que? — pregunto con voz aguda — solo señalo los hechos... — indicando como Charles leía el papel — y a todas luces... Charles se está tirando a la Profesora Frost
La joven exhalo rendida — primero, no se dice tirar... suena horrible
— Esta bien, coger...
— Menos — agrego — solo... — vuelve a exhalar por la boca de manera molesta — no te metas ¿Si?
— ¿Y segundo? — la joven lo miro — dijiste primero, entonces asumí que dirías un segundo punto...
Jean lo fulmino con la mirada — un día de estos terminare matándote, lo juro... — volviendo a comer
Scott bufo por la nariz feliz, le encantaba sacar a la joven de sus casillas, se estaba volviendo su actividad favorita — ¿Y bien... Romeo? — volteándose hacia su amigo — ¿Qué dice tu carta de amor? — cruzándose de brazos — ¿Te veo detrás del árbol a medianoche para tener... relaciones sexuales? — recalca esas palabras mientras mira a Jean, la cual niega rendida.
Charles vuelve a cerrar el papel y lo guarda en su bolso — no es nada de lo que parece o piensas — indico firme — mejor termina tu comida que tenemos que volver a clases
— Pero vamos — rogando con la mirada — solo admítelo y...
Jean lo interrumpió — ni siquiera lo pienses, Scott... — el joven la mira — la Profesora Frost jamás haría algo así, ella es una mujer de intachable comportamiento y jamás se metería con un alumno... — mira a Charles — es más, creo que ningún Profeso, al menos de esta Universidad, trascendería jamás ese línea, todos conocen muy bien sus límites, reglas y deberes — Charles fingió no escuchar nada, así no incomodaba tanto — además, la Profesora... está enamorada de una sola persona — carraspea algo avergonzada — y dudo mucho que se le pase así de fácil su amor por él... — dándose cuenta que quizás hablo demás, por lo que volvió a comer.
Y fue ahí cuando Scott lo recordó — él — su amigo así lo habia mencionado, la duda volvió a dominarlo, pero prefirió callar, suficiente habían tenido con todo lo acontecido en la mañana.
Y mientras terminaban su comida, Charles no dejaba de mirar de reojo su bolso, donde descansaba el papel, una simple hoja que indicaba el horario de clases de Erik, sus descansos y horas de comida, y sobre todo, cuando estaba largas horas solo en su oficina. Entonces lo comprendido, la Profesora o lo sospechaba o lisa y llanamente, lo sabía todo, ya sea por su magnífica intuición o porque en verdad Erik confiaba mucho en ella, cosa que de cierta forma no le molesto, el también confiaba en ella y sabía que a Erik le hacía bien compartir sus miedos y emociones con alguien.
Quizás era tiempo que él también aprendiera a confiar y abrirse de esa forma con alguien, como Erik y Ema lo hacían, y justo cuando consideraba esa posibilidad, la risa de Scott lo saco de su mente; quizás ya lo habia encontrado y solo no se habia dado cuenta, después de todo, hoy en la mañana estuvo dispuesto irse a los golpes... por defenderlo. Era una persona excepcional.
Una vez terminada su jornada académica, se despidió de Scott, quien se fue veloz a sus tutorías con Jean, cosa que extraño a Charles, no se suponía que hoy las tuvieran, pero era claro que cada día se volvían más recurrentes, aunque comenzaba a dudar que es lo que realmente pasaba en ellas. Se encamino a su trabajo de manera veloz, se habia comprometido a llegar una hora antes, ya que habia faltado a su jornada laboral previa por motivos más que impensables y bellos. Y aunque aún no podía ver a Erik y la espera comenzaba a impacientarlo, estaba de buen humor, habían pasado muchas cosas extrañas el día de hoy, pero en todo momento se sintio acompañado y respaldado, ya sea por Jean, por la Profesora Frost y sobre todo por Scott.
El flujo de clientes fue bastante normal, aunque para la última hora comenzó a descender de manera veloz, por lo que Charles y Jason decidieron volver a una de sus actividades favoritas, cuando se quedaban solos y con el aburrimiento a cuestas, narraban historias y cuentos, pero sin sus personajes principales y cambiando algo central del mundo o la narrativa, así el otro debía adivinar de que literatura se trataba en el menor tiempo posible. Claramente Charles era el campeón en esto, pero a Jason esto no le importaba, aprendía cada vez más sobre libros e historias lejanas, muchas que agregaba a una lista que prometía leer en un futuro y Charles lo instaba a eso, le repetía constantemente que si lograba leer todo lo que estaba en la lista, lo dejaría estudiar y trabajar en su escuela el tiempo que quisiera y Jason era más que feliz con esa idea. Y ese era el segundo motivo por el que amaba este juego, porque podía conocer cada día más a Charles, saber que lo atraía, que no era de su agrado, que cosas podía hacer para impresionarlo y sobre todo, para ganar su estima.
También durante todo ese tiempo, Jason hizo todo lo estuvo en sus manos para tratar de convencerlo de que se fuera con él a su casa después del trabajo, ya sea contándole lo que tenía planeado ver en televisión, los nuevos juegos que habia comprado, los libros nuevos que les habían llegado, la comida que quería preparar o simplemente, por si el joven quería hablar con alguien. Solo quería una cosa, pasar un buen momento con Charles, los tres días a la semana en el trabajo ya no eran suficientes, el miércoles lo habia extrañado mucho, y como hoy lo habia visto llegar tan risueño, cosa que le encantaba y por eso él también quería formar parte de esa felicidad que emanaba de Charles, tal vez incluso generarla. Jason quería que fueran más días, más horas, mucho más, aun cuando no comprendía muy bien el porqué de esa necesidad.
Charles lo asumió como el intento de Jason de querer compartir con alguien cercano a su edad, después de todo, solo eran cuatro años de diferencia, podían ser amigos y Charles también le habia ofrecido su ayuda y amistad muchas veces, además realmente disfrutaba pasar tiempo con él, los juegos que inventaba siempre eran muy entretenidos, como si supiera que es lo que Charles quería hacer, pero hoy en particular no podía y más importante aún, no quería. Ya llevaba demasiado tiempo sin ver a Erik y la verdad ya habia tenido suficiente distancia y espera, quería verlo, necesitaba verlo, aunque solo hubiera pasado un día, así que se puso como meta que en cuanto terminara su jornada laboral, saldría hecho prácticamente una bala hacia el departamento de Erik.
Pero cuando el turno estaba por terminar, la caja ya estaba cuadrada y prácticamente no quedaba nadie en la librería, justo para que Jason tratara una vez más, de manera no muy sutil de convencerlo de que fuera con él a su casa, otro cliente apareció; ambos querían echarlo de ahí lo más pronto posible, uno porque quería quedarse a solas con su compañero y el otro porque solo quería irse.
— Tengo un manuscrito y quería saber si habia un editor por aquí que quisiera darle una vistazo... — comento el cliente frente a la caja
Charles terminando de anotar los últimos céntimos — lo siento, pero... — fue ahí que su cerebro reconoció esa voz, esa bellísima voz — Erik... — dijo elevando la mirada y dibujando la sonrisa más bella del mundo, una que Jason vio a lo lejos y de la cual quedo absolutamente prendado — ¿Qué haces aquí? — no podía dejar de sonreír
Erik le sonreía con la misma energía — tengo algunos problemas con el manuscrito, pensé que te gustaría revisarlo y decirme que tal va — sube una bolsa — tengo dulces de tu pastelería favorita y té... Earl gray, por supuesto.
Perfecto. Si, claro que lo era, este hombre era perfecto, o al menos así lo veía su mente y sabía que era malo y peligroso idealizar a una persona, pero bueno, nunca esta demás dejarse llevar un poco — claro, me encantaría... — cerrando la caja
— Excelente, entonces si ya termino tu turno... podemos irnos
Charles rodeo el mesón — pero ando en mi bicicleta — algo apenado porque eso haya sido lo primero que viniera a su cabeza
— Descuida, la echamos en la parte de atrás de la camioneta — dando solución a todo.
— De acuerdo — indico risueño mientras tomaba sus cosas — Jason... ¿Vamos? — el joven que solo los habia estado observando, aunque no logro escuchar lo que decían, dibujo una enorme sonrisa al escuchar sus palabras — a menos que quieras quedarte encerrado aquí todo el fin de semana — recordando el mal chiste que William Stryker le habia dicho la primera semana — tus padres ya deben estar esperándote... — encaminándose hacia la puerta
Y fue ahí que el joven lo comprendió, le estaba diciendo que saliera del lugar, no que podía irse con él... o con ellos, que tonto habia sido — sí, disculpa... — tomando su bolso y comenzando a apagar todo — es que tengo tantos planes para hoy, que la cabeza está en cualquier lado
— Suele suceder — agrego Charles sonriente saliendo por la puerta y siendo seguido por el Profesor, el cual recibió la mirada atenta del joven Stryker — disculpa, te presento al Profesor Erik Lehnsherr, Académico de la Facultad de Física de la Universidad de Oxford y escritor... — con sumo orgullo en su voz — de hecho, vendemos su libro aquí mismo.
— ¿En serio? — pregunto el joven fingiendo interés
— Si — prosiguió Charles — lo estoy ayudando con su segundo libro — aclaro por si acaso para no dejar espacios para dudas o malentendidos — y después el me ayudara en un futuro a publicar mi propio libro.
— Cuenta con eso — respondió Erik sonriente, para luego estirar su mano hacia el adolescente — un placer, muchacho.
Jason estiro la mano hacia él con cierto recelo y timidez — igualmente, Profesor — estrechando su mano y sintiéndose sumamente inferior a comparación del hombre, en todos los sentidos.
Charles sonrió encantado — ahora cerremos esto de una buena vez — estirándose para tomar el pasador de la reja
— Permite — indico Erik ayudado por su buen altura — así es más fácil — bajando la gran reja
— Gracias — respondió feliz Charles
— De nada
Jason ya estaba asqueado del ambiente que los rodeaba — bueno, yo los dejo y un placer conocerlo Profesor — volviendo a estirar su mano, la cual Erik responde — me debe un autógrafo — comento con tal nivel de sarcasmo que ninguno de los otros dos presentes noto, tal vez porque estaban demasiado inmersos en el propio universo que comenzaba a rodearlos — hasta luego... — encaminándose hacia la esquina, dejándolos solos.
— Se ve que es un buen chico — comentó Erik — claro que jamás como tú — molesto dándole un pequeño empujón con el hombro
— ¿Me estás diciendo chico? — acusó ofendido
— Tal vez... — ríe entre dientes
— Mejor dime donde está la camioneta para guardar mi bicicleta — tomándola del manubrio
— Claro, por aquí... — avanzando unos pasos — pero eso si — voltea hacia Charles, el cual detiene su caminar — no vine solo por el manuscrito — el joven sonríe con obviedad, era claro que no era así, pero le seguiría el juego.
— ¿A no?
Erik se acerca unos centímetros a él — no puedo... — exhala — me refiero, aquí no podemos por obvias razones — susurra mientras mira a los alrededores, la calle estaba bastante vacía — pero la verdad, te he echado mucho de menos.
El sonrojo delato al mil porciento a Charles — yo... también — avergonzando
— Y… no solo quería invitarte a tomar el té — subiendo la bolsa con los dulces — quería ver la posibilidad, sino tienes nada que hacer... — carraspea nervioso — que pudieras quedar a cenar, y también toda la noche... y el fin de semana — inhala entrecortado — en mi departamento — casi enterrando el mentón en el pecho propio.
Charles sintio todas las emociones recorrer su cuerpo y si no fuera por la piel, que hacía de barrera natural, todo eso hubiera salido al exterior — por supuesto que sí... — contestó tímidamente
Erik vuelve a sonreír encantado — perfecto... — tomando el manubrio de la bicicleta y rozando levemente la mano de Charles — con una condición... — el joven solo lo miro, mientras se acercaban a la camioneta — que esta vez no escaparas durante la madruga...
Charles esconde una risa avergonzada, mientras se detienen frente al vehículo — no hay ningún otro lugar en el cual quisiera estar ahora mismo... — acerca el tacto de sus manos sobre el manubrio de la bicicleta — y ninguna otra persona con quien quisiera estar...
Ambos se miran fijamente por casi un minuto, dejando que el resto del mundo desaparezca, dejándolos a ellos solos y felices, nada más se podía pedir; quizás estos días sin verse no habían estado tan mal, les habia dado la oportunidad de extrañarse notoriamente y comenzar a disfrutar de los pequeños y efímeros momentos que podrían pasar juntos.
A la distancia, y oculto tras la esquina de la calle, el joven Jason Stryker vio y sobre todo, escucho todo con lujo de detalles y sintio el dolor comenzar a crecer dentro de él.
Chapter 21: 20
Chapter Text
Risas.
El departamento se sentía tan acogedor, cálido, como si le estuviera dando la más amena y calurosa bienvenida a Charles, y este se regocijaba ante eso, era extraño sentirse cómodo y a gusto en otro lugar que no fuera su propio departamento. Pero el de Erik no tenía nada para menospreciar, es más, era más grande que el de Charles y en un mejor vecindario y sector que el suyo, claro que jamás a la altura de donde vivían sus padres, pero se podía decir que era bastante céntrico y bien conectado.
Y mientras veía a Erik preparar las tazas de té, prefirió sacar esa duda de su mente — ¿Este departamento es tuyo?
Erik levantó la vista hacia él — ¿Te refieres a si lo rento o lo compre? — el joven asiente — sí, lo compre... y lo estaré pagando hasta el día que me muera
Charles suelta una risa corta — pero debiste tener algo ahorrado para dar el pie, porque este sector hoy en día es bastante solicitado... — viendo cómo se encaminaba con la bandeja para colocarla en el suelo frente a la chimenea — ¿Repetiremos lo de la vez pasada? — comenzando a bajar las mantas y almohadas del sofá
— Depende... ¿Qué cosa? — levantando una ceja — ¿La música? ¿El juego de ajedrez? — lo mira fijamente — ¿Nuestro primer abrazo?
El rostro de Charles acusó la vergüenza al instante, pero trato de controlarla — ¿Yo mojado por la lluvia hasta los huesos? — agregó
Erik rio por la nariz — bueno, no sería la primera vez que te encuentro mojado hasta el alma... — Charles evade la mirada — pero digamos que sirvió para darme cuenta... de ciertas cosas — ahora el sonrojo lo poseyó a él
Charles quería preguntar, se moría de ganas de preguntar cuales habían sido esas cosas, pero la timidez le ganó — quizás solo te aprovechaste de la situación... — sentándose entre risas
Erik fingió ofensa — ¿Disculpa? — sentándose frente a el — no escuche ninguna queja o reclamo de ti, ni cuando te deje entrar, ni cuando te di mi ropa... ni cuando seque tu cabello o te mantuve temperado con mi propio calor... — lo mira fijamente — o cuando tus manos temblaban
Era oficial, el joven olvido como respirar por algunos segundos — mejor me callo... — Erik volvió a reír — volvamos a la génesis de la conversación mejor — necesitaba sentir que volvía a tener el control, porque lo perdía cada vez que le hablaba, cada vez que reía, cada vez que simplemente lo miraba.
— ¿Y cuál era? — tratando de recordar
— El departamento y su financiamiento — indico Charles.
Muy en el fondo de su mente y corazón sabía que habia cosas muchísimo más importantes que tratar y sobre todo, habia cosas que necesitaba con urgencia, se moría de ganas por abrazarlo, por tomar su mano, por estar cerca de él, se moría de ganas... por besarlo, pero no sabía cómo encontrar el valor para hacerlo, como encontrar las palabras para pedirlo o proponerlo y cómo actuar antes, durante y sobre todo, después de que suceda. Lo que no podía imaginar es que Erik, sentado enfrente, tenía el mismo debate moral que él; ambos estaban esperando que el otro hiciera la primera sugerencia, la primera consulta, el primer movimiento.
— Pues... — exhala tratando de calmarse, Charles le hace olvidar hasta los pensamientos más básicos — no puedo mentirte... — le da una mascada una galleta — cuando lo compre, aun no habia entrado por completo a trabajar a Oxford y por supuesto que no podía financiar un lugar como este — mirando a su alrededor — así que la verdad es que recibí ayuda... — vuelve a exhalar — ayuda de Emma... — ese comentario sí que volvió a Charles a la concentración — ella dio el primer préstamo, los papeles... y los pagos
Charles demoro en dar un comentario — ¿De verdad? — Erik asintió — ¿Porque? — carraspea — me refiero... sé que ustedes eran amigos, pero...
— Pero comprarle un departamento a un amigo es otra cosa — Charles asintió manteniendo la sorpresa en sus ojos — es que con los años... creo que Emma y yo hemos dejado de ser solo amigos — comento con tranquilidad — Emma hoy en día es la única familia que tengo
Y más preguntas aparecieron en la mente de Charles ¿En verdad Erik habia pasado toda su vida solo? ¿Qué habia del resto? ¿Por qué era tan cercano a Emma? Algo muy significativo tenía que haber pasado hace años, algo que los marco y definió su relación para siempre. Se moría de ganas por saber, pero Erik continuo la explicación.
— La verdad, muy pocas personas saben eso y preferimos que se quede así... — carraspeo incomodo — podría prestarse para malas interpretaciones, pensamientos equívocos o simple y llanamente...
— Prejuicios estúpidos — concluyo Charles. Se maldijo así mismo, él también los tuvo por unos segundos.
— Nos conocemos hace más de diez años y... — exhala — sabes, algún día te contare la historia — lo mira fijamente — pero lo único que quiero en este momento es que sepas que entre Emma y yo no hay nada... no tengo nada con ella ni con ninguna otra persona
Charles comenzó a temblar al instante ¿Por qué Erik le daba explicaciones? Él no se las pedido en ningún momento, pero de cierta forma, sentía un relajo indescriptible en medio de su pecho — jamás... me refiero, no tienes por qué decirme
— Lo sé, tu no me estas pidiendo que te explique eso, pero yo quiero que lo sepas... — sirviendo más té — detestaría algún malentendido entre nosotros
¿Nosotros? La palabra daba vueltas como un trompo en la cabeza de Charles — pues... gracias — en el segundo que dio la respuesta, su sentido común acuso que él debía hacer lo mismo — yo tampoco — Erik elevo la mirada — me refiero, no tienes que temer por un malentendido por mi parte... — sabía que no lo habia explicado claramente, no podía encontrar las palabras precisas, estaba demasiado nervioso
— ¿Me estas tratando de decir que no tengo que preocuparme por otras personas a tu alrededor? — claramente era eso lo que Charles quería decir, pero Erik prefirió incomodarlo un poco, solo para molestar — considerando que eres el famoso Charles Xavier y he visto a varias suspirando por ti — un recuerdo flash volvió a él — como la tal Moira... — bebiendo un poco de té. De eso sí que quería saber — no supe como termino la encerrona de tu madre...
Charles rogó por que la tierra lo tragara en ese mismo instante — eso... — exhala rendido — no termino nada bien — Erik le sostuvo la mirada, le estaba pidiendo que le explicara — mi madre invito a Moira y sus padres a mi antigua casa, organizo toda una cena formal, hablo hasta por los codos y todo con el fin de hacer nuestro noviazgo... — recelando esa última palabra — oficial
Erik abrió los ojos con asombro, no imagino que Sharon llegaría tan lejos — vaya... — acusó sorprendido — y supongo que el "novio" — haciendo el gesto entre comillas con ambas manos — se enteró ahí mismo — ahogando una sutil risa, no quería burlarse de Charles, pero le parecía inverosímil que estas cosas siguieran pasando. Emma le habia comentado una vez que cuando tuvo su primer novio, su madre hizo la presentación formal ante todo su círculo, resumiendo la historia, el hombre salió huyendo y a los pocos años, Emma también.
— Quizás en un futuro me ría, pero en el momento fue sumamente incomodo... — bebiendo un poco de te — y quizás sea de las cosas más vergonzosas por las que he tenido que pasar, pero... — inhala
— ¿Pero?
— Pero defendí mi palabra y mi decisión frente a ellos, les deje claro a todos mis motivos para rechazar el noviazgo, busque ser lo más caballero posible, eso sí... — Erik negó, Charles y su caballerosidad — y me fui... mis padres, en especial mi madre, deben estar expulsando serpientes por los ojos y Moira, aparte de odiarme, se encargó de quedar lo mejor parada en todo esto
— ¿Como? — consulto Erik. Esto estaba cada vez más interesante; los ricos y sus excentricidades.
Charles exhalo pausadamente — le conto a toda mi facultad y de seguro a toda la Universidad que me habia encontrado... — carraspea — teniendo relaciones con una de las mucamas en mi propia casa, frente a ella... — Erik levanto una ceja algo confundido — y hoy varias de sus amigas me confrontaron por eso
Eso sí que no causo ni una pizca de gracia en Erik — de acuerdo, eso sí que escalo muy lejos — su voz mostro molestia — ¿Lo hicieron en la propia Facultad? — Charles asintió — ¿Qué dijo la tal Moira?
— Nada, no fue a clases — rodando los ojos — les dijo a todos que se estaba muriendo de pena y de otras cosas...
Erik frunció el ceño — pues que se muera... — Charles acusó sorpresa en su mirada — ¿Cómo pudo inventar algo así? Y no hablo solo de eso, porque si tu madre la invito a cenar, con padres y todo, es porque un rumor llego a sus oídos, un rumor claramente inexistente... y que ella misma se encargó de reproducir por todas partes — concluyo molesto.
Charles se limitó a asentir por algunos segundos — Scott me dijo lo mismo... muchas veces — Erik comprendió al instante porque entonces todo habia escalado tan alto
— Entonces... tu ya sabias todo lo que ella andaba esparciendo por los corredores — Charles parecía un niño regañado asintiendo — pero no hiciste nada... porque no es de caballeros ¿No?
Charles bajo los hombros con peso, se habia rendido — hoy confirme que ser caballero raya en ser estúpido... — lo mira — la confrontación de hoy casi termina en golpes
—¿Te hicieron algo? — repasándolo con la mirada en cuestión de segundos
— Estoy bien, los enfrente sin miedos... — algo de orgullo apareció en su rostro — les deje claro lo poco que me importaba su opinión y Scott me respaldo en todo momento... — Erik relajo un poco la tensión corporal — y Jean evito que escalara más allá
Erik dejo que la tranquilidad volviera a dominarlo, más cuando supo que tenía amigos cerca suyo para ayudarlo y protegerlo, al parecer Charles dejaba de ser ese niño solitario que todo el mundo no comprendía y solo buscaba sacar provecho de él. Eso le dio calma, quizás no tendría que estar preocupándose a cada momento de que no estuviera solo o con malas personas, habia cometido un error, lo habia subestimado.
— Pues qué bueno que las cosas terminaron así, estoy orgulloso de ti — Charles le sonrió ampliamente y eso genero dicha en Erik — y de paso te pido perdón — el joven ladeo medianamente la cabeza confundido — creo que te subestime... — ríe de manera incomoda — supongo que si eres capaz de defenderte solo y claramente estás haciendo amigos, eso me alegra muchísimo...
Charles mantuvo la sonrisa angelical, y recordó lo que Jean le dijo en la mañana a Scott y a él, cada vez estaba menos solo y mejor acompañado — gracias, y espero que con todo lo que te dije... — moviendo las manos con nerviosismo — no haya malentendidos entre... nosotros — amando como sonaba esa palabra — respecto a posibles rumores
Erik le sonríe de vuelta — jamás los hubo, no tendría porque... — deja la taza en la bandeja — pero... — evadiendo su mirada con vergüenza — de igual forma me alegra saberlo
— ¿A si? ¿Porque? — su espontaneidad hizo esa pregunta, no él. Él jamás se hubiera atrevido a hacerla
Erik lo mira fijamente y Charles sostuvo la siguiente exhalación — porque significa que tengo cierta exclusividad contigo... — vuelve a bajar la mirada
Y fue ahí, en ese preciso momento en que su espontaneidad le dijo: ahí está la señal que estabas esperando, tómala antes de que te arrepientas o pierdas el valor. Se levanto de manera fugaz, casi imperceptible para el ojo humano, para quedar arrodillado frente a Erik, el cual acuso su movimiento algo atolondrado, pero repitiéndolo casi al instante, quedando frente a frente y siendo separados solo por unos cortos centímetros.
— Charles... — dijo en susurro casi imperceptible — te extrañe mucho estos días... — exhalo mientras su mano comenzaba a acariciar la mejilla del joven
Charles subió su propia mano y la poso sobre la de Erik — me moría de ganas de poder hacer tan solo esto — comunico casi en un trance
Erik soltó una risa tímida — yo también... solo que no sabía cómo avanzar, como decirlo... — ahora ríe con más soltura — estaba tan nervioso, no quería asustarte o que pensaras mal de mi
Charles sostiene la mirada fija en él — jamás lo haría, recuerda lo que dijimos... frente al otro
— No tenemos que fingir — completo con urgencia en su voz — solo ser nosotros mismos...
Ahora la mirada de Charles bajo y se clavó en los labios del Profesor — Erik... — se acercó aún más, casi rozando los labios del Profesor — ¿Puedo? — susurrando
— No tienes siquiera que preguntar — respondió o más bien rogo.
Y la distancia se fue, entre sus labios, entre sus rostros y entre sus cuerpos, porque no solo fue un beso, Erik aparto la bandeja entre ellos y se fundió en un beso completo, acompañado de un abrazo cargado de urgencia. Ambos lo sabían, este beso no era como los otros, era el más sincero, el más necesitado, el más íntimo que jamás habían tenido, al menos hasta ahora. Las emociones estaban al mil por ciento, las sensaciones se intensificaban a todo su esplendor y el mundo parecía más brillante y oscuro a la vez, es como si ellos fueran la luz encontrándose en medio de una oscuridad absoluta. Casi como si dos estrellas colisionaran dentro de un mismo Universo.
El beso se detuvo solo, sin exigencias o interrupciones externas, solo porque querían volver a verse, volver a mirarse fijamente a los ojos, una actividad que disfrutaban casi tanto como besarse. Lo siguiente no fue reírse o sentirse extraños, lo siguiente fue solo mirarse, observarse, contemplarse el uno al otro, cerciorarse que estaban frente a frente, que esto realmente estaba pasando y que no habia nada de que arrepentirse; luego de eso, Erik volvió a fundir a Charles en sus brazos, quería sentirlo aún más cerca que antes.
— Charles... — sintiendo el corazón del joven saltar sin descontrol en su pecho, fundiéndose con el propio palpitar, ambos órganos estaban creando su propia sinfonía dentro de sus brazos — ¿Qué fue lo que me hiciste, muchacho? — estrechándolo aún mas
Charles solo disfrutaba la melodía que creaba la voz de Erik dentro de él — podría hacerte la misma pregunta... — exhalo extremadamente risueño
Erik no podía parar de sonreír — pues lo que sea que estás haciendo, no te detengas — el joven subió la mirada hacia él
— No lo detendría, jamás... — depositando un fugaz beso otra vez en sus labios
Erik lo volvió a estrechar — que bueno saberlo... que bueno... — exhala con pausa — que te hayas cruzado en mi camino — fue un comentario que se suponía se quedaría en su mente, pero emergió producto de las emociones a flor de piel
Charles solo rio entre sus brazos — no me agradezcas a mí, agradécele a la lluvia... — comentario sumamente incoherente, pero que calzaba a la perfección.
El siguiente tiempo ni siquiera jugaron, al menos lo intentaron, pero al final terminaron hablando y compartiendo ¿Sobre qué? Sobre todo, la Universidad, sus vidas, sus dudas, sus miedos, lo nuevo que podría presentarse y en quienes podían confiar; Charles hablaba sobre Scott con sumo orgullo y estima, era claro que cada día disfrutaba más su compañía y no solo, cada día quería compartir más sobre él con su nuevo amigo, sentía que podía confiar en él y al final termino contándole que la Profesora Frost le había entregado su horario, Erik por poco estalla en vergüenza, pero termina confesándole que Emma sospechaba lo que sucedía entre ellos, por lo que no tuvo más opción que contarle, pero que él no la había enviado a hacer, lo que implicaba, como siempre, que ella había actuado de manera imprevista, incontrolable y sin medir consecuencias; Charles solo rio ante eso. De cierta forma, le gustaba saber que la Profesora sabía, lo hacía sentir a salvo.
El reloj avisando las doce de la noche les hizo subir la mirada al aparato — se hizo tarde...
Erik lo miro con cierto temor — ¿Piensas huir? — separándose de él — otra vez...
El joven rio — no iré a ningún lado, lo prometí...
— En ese caso... — Erik se voltea hacia el lugar donde estaban sentados — tomare tus palabras de manera literal — quitando la bandeja y acomodando todas las mantas y almohadas — ven aquí... — acostándose sobre la alfombra
El rostro de Charles se puso al instante más rojo que el propio fuego que brillaba en la chimenea — ¿Hablas de... dormir ahí? — sabía que esa no era su real consulta
Erik lo miro confundido — sí, tómalo como una pijamada... — riendo ante lo estúpido de la comparación, pero Charles permaneció estático — ¿No me digas que jamás dormiste frente a la chimenea de la sala?
Charles negó, pero sabía que no era cierto, lo habia hecho muchas veces con Raven, pero esta situación era completamente diferente — me refiero... no con alguien con quien... — carraspea extremadamente nervioso, y Erik comprende sus motivos y sobre todo miedos.
Se levanta y se arrodilla nuevamente frente a el — Charles, nada va a pasar... — toma su rostro con ambas manos y besa su frente — solo quiero compartir este momento contigo, es todo... — lo mira fijamente — jamás te haría daño o haría algo que no quieres...
— Se que jamás lo harías, confío plenamente en ti — acaricia la mejilla de Erik — es solo que... jamás he estado con alguien así o de ninguna forma... — tratando de sacar sus miedos — ni siquiera he tenido novia... — exhala rendido y avergonzado — tú has sido la primera persona a quien bese — sintio como kilos y kilos acumulados en años cayeran al suelo.
Y eso confirmo todas las dudas de Erik, lo estaba sospechando hace algunos días pero por supuesto que no lo mencionaría — en ese caso, me siento muy honrado de poder compartir todos estos momentos contigo, por muy pequeños que sean... — Charles lo miraba fijamente, tratando de calmar sus respiraciones y su palpitar agitado — y no me importa si tienes experiencia o no en relaciones, si tienes un pasado... es tuyo, no puedo juzgarlo o intentar cambiarlo — el joven baja la mirada en un semblante de nervio — ¿Te molesta o incomoda que yo sí lo haya tenido?
Charles acuso rápido su respuesta — ¡No!... — exhala — sí, pero no de la forma en la que crees... — aclara su garganta — has tenido otras parejas, sabes cómo comportarte en una... relación — susurro de manera casi imperceptible — o en una situación así, sabes que hacer y… yo te puedo parecer tan inexperto
Erik toma el rostro del joven con ambas manos — no me importa si eres un experto en relaciones o no, como tampoco me importa si tienes o no nula experiencia, no quiero estar contigo por eso, no busco o espero eso de ti... — comenta de manera firme — y… tampoco pienses que yo tengo gran experiencia, he tenido relaciones anteriormente, algunas más buenas que otras, pero no son tantas como puedes imaginar o como la sociedad espera para alguien de mi edad tenga...
Charles niega veloz — jamás pensé eso...
— Lo sé, solo estoy estableciendo el punto — viendo la confusión en los ojos de Charles — quiero dejarte claro una cosa, aunque estés con mil personas, jamás serás experto en el amor, en las relaciones, en el matrimonio, ni siquiera en la amistad... cada experiencia que vivimos nos da una enseñanza única que es solo para nosotros mismos y que no podemos comparar con la de otra persona, tal vez solo compartirla... y esperar que sirva de consejo para ese otro.
El joven asintió — sí, supongo que tienes razón — exhala tratando de relajarse — quizás solo son mis miedos y dudas hablando...
Erik acaricia su rostro con dulzura — y si te sirve de consuelo, esto que estamos viviendo ahora mismo... es igual de nuevo para ti como para mi — sonríe con calma — eso debería ser una pensamiento alentador ¿No crees?
Ambos sueltan una risa cómplice — sí, pero lo descubrimos juntos... eso es lo mejor de todo
— Exacto, y si lo arruinamos, también aprenderemos de ello juntos... así empecemos por cruzar el mar de dudas — sonriéndole con calma
Charles también rio con su comentario, mientras devuelve la mirada hacia las almohadas y mantas repartidas en suelo, quedando fijamente estático frente a ellas por casi medio minuto — y cada joven leal y gallardo, cruce los mares y… gane su propio hogar
Erik quedo mirando fijamente al joven, esa última frase habia salido casi como un trance desde el joven, como si hubiera expresado un pensamiento interno — ¿Qué sucede? — buscando su mirada
El Xavier volvió la vista hacia el Profesor — lo siento, es que me hiciste recordar una de las ultimas líneas de mi poema favorito... — le sonríe con dicha — toda esta conversación trajo un hermoso recuerdo a mi mente, es todo... — soltando una risa por la nariz — algún día te contare esa historia... — jugando con las mismas palabras que le habia dicho sobre Emma.
Suelta una risa algo cansada — usas mis propias armas en mi contra... — negando — pero está bien, eso deja más tiempo para más conversaciones — Charles vuelve la mirada a él — ¿Y bien?
El joven rompe el contacto entre ellos y se encamina al centro de la sala, donde su pijamada improvisada los espera, para terminar acostándose ante la mirada atenta del Profesor — ¿Y bien? — le sonríe ampliamente — ¿No vienes?
Cada día un nuevo descubrimiento, así eran sus días al lado de Charles, un descubrimiento en el joven y un descubrimiento en su mente y sobre todo en su corazón, de hasta donde podría avanzar, de hasta donde podría llegar a ser y sobre todo, hasta donde podría llegar a… sentir — de acuerdo, tampoco te pongas exigente... — acercándose al lugar, para terminar acostándose a su lado — ¿Feliz?
— ¿Cómo no podría estarlo? — coloca su mano al costado de la de Erik
— Que bueno saberlo... — tomando su mano y estrechándola con firmeza — y al menos me dirás de quien es ese poema o también estará reservado para otra conversación — volteando a verlo
Charles negó entre risas — es de Robert Burns, el mejor poeta de toda Escocia... y en mi opinión, del mundo — repite su acción y voltea a verlo.
— He escuchado de él, pero no he leído su trabajo... — Charles lo mira con ofensa — supongo que ahora tendré que leer todo su catálogo, si es que quiero seguir con vida ¿No? — el joven aprieta aún más fuerte la mano de Erik
— No digas tonterías, solo procura conocerlo... podría llegar a gustarte — volviendo la vista al techo — y el poema en particular se llama "De los amigos y la tierra"... — sus palabras y su mente se detuvieron por algunos segundos — cambio mi vida...
Y una frase fugaz voló por la mente de Erik, una que decía algo como — tu estas cambiando mi vida — agradeció de sobremanera que se quedara solo como un pensamiento veloz, que no alcanzo a salir por su boca, porque claramente no hubiera sabido como actuar o reaccionar, por lo que solo prefirió seguir con el tema — es increíble como ciertas cosas pueden marcar tu vida...
— Al igual que ciertas personas — agrego Charles aun mirando fijamente el techo del departamento
Una parte de Erik quiso pensar que esa frase era referida hacia él, pero su sentido común le aclaro que no era así, que Charles de alguna forma seguía conectado a ese recuerdo y a la persona dueña de ese; no a él.
Charles se giró sobre sí mismo, para mirar fijamente a Erik — ¿Tienes algún recuerdo así? ¿O quizás un poema favorito? — el Profesor se volteó hacia él, clavando la mirada fijamente en el joven
Tenía cientos de recuerdos, algunos más felices que otros, pero ninguno vinculado a un poema como el que Charles acaba de vivir, pero si habia uno que vino a su mente al tratar de recordar — poco a poco Dios nos quita la belleza humana: poco a poco el árbol joven se marchita. Ve y recita: Todo cuanto está dotado de vida, acabara pereciendo. No te enamores de los huesos, busca el espíritu... — exhala con pausa, al parecer también logro conectarse con un recuerdo fugaz
— Vaya... — comento entre suspiros —muy bello y profundo — acercándose un poco más — ¿De quién es?
Erik acaricio el rostro del joven con su otra mano — de un poeta persa de hace varios siglos... — carraspea algo incomodo — tiene un nombre algo largo, pero se le conoce como Rumi... — exhala — es mi poeta favorito
— Creo que me suena su nombre... y creo que también te conectaste con un recuerdo al pronunciarlo ¿No? — Erik mantuvo la mirada algo perdida
— Si... pero no es un recuerdo muy bello — agrego algo cabizbajo, bajando la mano
Ahora fue Charles quien subió su mano al rostro del otro — no pienses en eso ahora ¿Si? — mirándolo fijamente — podemos crear nuevos recuerdos, mucho más bellos
El Profesor sonrió ampliamente — suena maravilloso... — apoyándose su frente en la del joven
Y así se quedaron, solo mirándose, solo sintiéndose, solo teniéndose cerca, eso bastaba para cerrar el círculo de manera perfecta, además no habia nada más que decir, no por hoy, como bien habían dicho, tendrían tiempo de sobra para nuevas conversaciones y nuevos espacios para compartir. Y mientras los minutos avanzaron, el sueño los fue dominando y terminaron durmiendo en la sala, juntos, lado a lado y sin preocupaciones. Para Charles fue el momento más íntimo que jamás compartió con alguien y para Erik fue el sueño más real y placentero en muchísimo tiempo.
A la mañana siguiente, Charles despertó antes que Erik, al principio algo alborotado por lo que habia pasado ayer, por lo que habia hecho ayer, tal vez para otros era algo extremadamente común, pero para él era bajar todas sus defensas en todos los sentidos, estaba dejando entrar a Erik a su vida sin oponer resistencia y por alguna extraña razón, le gustaba, no quería detenerlo. Se quedo algunos minutos solo observando a Erik, admirándolo, solo contemplándolo dormir, y sentía que si seguía haciéndolo por más tiempo, definitivamente se transformaría en su actividad favorita.
Así que prefirió levantarse y comenzar a preparar el desayuno, sería un hermoso detalle tener todo listo cuando Erik despertara, además él habia aparecido en su trabajo, lo habia ido a buscar, planeo pasar todo el fin de semana con él y tomo todos los riesgos, era momento de devolver el gesto, por lo menos tenerle una sorpresa, era lo mínimo. Así que preparo él té, el pan, un poco de jugo y unos huevos, que a decir verdad, quedaron algo secos, pero era lo mejor que habia podido hacer, al parecer la cocina tenía ciertos trucos que aún no conocía.
Pero sin importar eso, termino el desayuno relativamente rápido y en silencio, no quería despertar a Erik, al menos hasta que el desayuno estuviera listo y tuvo suerte, nada inmuto al Profesor. Charles se encamino hacia la sala una vez que tenía todo listo sobre la mesa, pero nuevamente quedo prendado observando a Erik dormir, verdaderamente era su actividad favorita y más al verlo tan tranquilo, tan seguro, tan confiado, algo le decía al Xavier que el hombre estaba durmiendo increíblemente bien, pero lo quería con él ahora, aunque sonara un poco egoísta.
Avanzo unos pasos, pero recordó algo, algo que no habia considerado anteriormente, porque jamás se habia visto enfrentado a una situación así, por lo que se dirigió veloz a la puerta, saco algo del bolsillo de su abrigo, lo utilizo y ahora sí que se encamino de vuelta a la sala. Se arrodillo en el lugar donde él habia dormido y comenzó a acariciar el rostro de Erik, creyendo que esta era la mejor forma de despertarlo y porque muy en el fondo también quería tocarlo; continuo la acción por casi un minuto, viendo que el hombre solo disfrutaba el tacto, pero negándose a despertar.
— Despierta, dormilón... — comento risueño — que la hora de desayunar se pasara
Erik sonrió al instante, la verdad habia despertado hace algunos segundos, pero no quería interrumpir la concentración del joven al acariciarlo — cinco minutos más — demando sin abrir los ojos
Charles rio ante su comentario — pero prepare el desayuno, va a enfriarse — agrego de manera tímida. El Profesor abrió un ojo al instante
— ¿Preparaste el desayuno? — solicitando confirmación. Charles asintió avergonzando — jamás me habían preparado el desayuno... — ahora abriendo ambos ojos
— ¿No? — cuestiono Charles — pues me alegra ser el primero — se acerca a él para depositar un corto beso en la frente del hombre, pero este es más veloz y lo funde en un abrazo, jalándolo hacia él.
— ¡Oye! — acuso Charles avergonzado
— Al menos dime buenos días — estrechándolo contra él
Charles soltó una risa muy alegre, mientras se fundía en el abrazo de Erik — de acuerdo — sube la mirada — buenos días...
— Mucho mejor — soltándolo — buenos días, Charles
— Ahora... al desayuno — sube el rostro y ahora si deposita el beso en la frente — vamos... — comenzando a pararse
Erik se sienta — espera... ¿Qué es ese olor?
Charles voltea hacia él — debe ser el pan — responde neutral
— No, es un olor fresco... como menta — volviendo a oler
El joven Xavier acuso su acción solo, dejando la vergüenza colorear su rostro y volteándose veloz a la mesa — no se... — Erik lo observa unos segundos, hasta que lo deduce
— ¿Comiste una pastilla de menta? — poniéndose de pie. Charles no voltea hacia el — ¿Para no tener mal aliento matutino? — acercándose a la mesa — ¿Estoy en lo cierto? — el joven demora en voltear hacia el Profesor al sentirlo a sus espaldas
— Tal vez... — sin mirarlo — es que no traje mi cepillo de dientes, no me diste tiempo de ir a mi departamento y no quería que... — Erik lo toma rápido de la cintura para terminar besándolo
La sola acción deja en shock a Charles, que no sabe cómo reaccionar, no lo esperaba ni en un millón de años y aunque su cerebro se bloqueó por algunos segundos, su corazón fue el que termino tomando control de la situación y dejándolo hacer lo único que podía, dejarse llevar. Correspondió el beso con lentitud, pero apreciando cada sensación que entregaba, cada segundo que duraba.
Erik se apartó lentamente de él y concluyo el beso encantado — si sigues haciendo todo esto... — exhala por la nariz — no sé qué terminara pasando conmigo — Charles demoro un poco en volver a la realidad, abrió los ojos de manera pausada y aun cuando escucho lo que comento Erik, no lo comprendió muy bien, por lo que solo prefiero mantener la mirada hacía el Profesor — ahora... termina de servir todo, ya vengo — alejándose por el pasillo
Charles solo obedeció, todavía algo sobrepasado por lo que habia pasado, pero comenzando a notar como una sonrisa sumamente dichosa y algo embobada se posaba en sus labios, mismos labios que hace solo segundos Erik habia besado y se habían sentido como un toque casi celestial. Sirvió él te, buscando concentración y rutina, volver a lo terrenal, justo cuando Erik volvía por el pasillo y se sentaba para contemplar la mesa y el desayuno preparado.
— Este debe ser oficialmente el mejor desayuno de mi vida — observando el detalle con una enorme sonrisa
— Solo prepare el desayuno, no es para tanto — comento sentándose después de Erik
— Para mí no, te lo dije... — sirviendo jugo a ambos — nunca nadie me habia preparado el desayuno antes — Charles iba a responder, pero noto el aroma aun entre todos los olores del desayuno y volvió a sonreír — creo que alguien también se lavó los dientes... — tomando un poco de té y ocultando una sonrisa tras la taza
Erik acuso su acción con una leve tos — ok, ok... pensé que pasaría más desapercibido — sonriéndole con cierta vergüenza — digamos que quise imitar tu acción y tampoco dar una mala impresión a las primeras horas de la mañana
Charles niega entre risas — pues lo que vi no fue ni cercano a una mala impresión — el sonrojo cubría el rostro de ambos, es como si cada cosa que dijera el otro, los hiciera volar muy lejos.
El Xavier sentía a la brisa dar empuje a sus alas y cruzar cada vez más cerca el firmamento, y aun cuando Erik se sentía de una forma similar, todo esto encendía alarmas en su mente, se estaba dejando llevar muy rápido y una voz en su mente le decía que estaba perdiendo el control de la situación, casi se sentía como un adolescente embobado e ilusionado, y no podía pasar por eso, se suponía que ya era un adulto bien formado y dejarse llevar por cosas así, no era suficiente maduro de su parte; la diferencia de 15 años seguía rondando su mente como un fantasma.
Pero luego Charles sonreía y todas las voces se callaban o su corazón decidía silenciarlas — ¿Y qué quieres hacer después del desayuno? — pregunto con neutralidad. El joven mostro incertidumbre con su mirada y solo movió los hombros en clara señal — bueno... — voltea hacia la ventana, viendo un cielo oscuro y cargado en lluvia — el día no está como para ir a algún lado
Charles carraspea nervioso — y no es como que podamos pasearnos por ahí, sin llamar la atención... — algo apenado. Erik borro su sonrisa con cierta incomodidad, en verdad habia demasiadas variables a considerar y ellos dos, de todas las formas posibles... podían llamar la atención de los demás.
El Profesor noto al instante el ambiente que comenzaba a rodearlos y las dudas que los atacaban, pero no quería aquello interfiriendo entre ellos, se suponía que este sería un buen fin de semana y sin interrupciones, que solo bastaría con los dos — no necesitamos al resto del mundo, por ahora me basta y me sobra contigo... — y su respuesta fue complementada con una hermosa sonrisa por parte del joven
— Muy cierto, ya pensaremos en algo... — terminando su taza de té.
Y así fue, el desayuno se fue en una amena conversación, que termino encaminándolos nuevamente hacia el sofá e instalarse frente al televisor de Erik, el cual rara vez lo encendía, porque no disfrutaba mucho ver películas o series por TV, prefería ir al cine o escuchar las noticias en la radio, un poco anticuado a decir verdad, pero él ya estaba acostumbrado. Pero ahora que estaba con Charles, pensó que sería una buena idea encender el aparato y quizás encontrar una buena programación al aire; hallaron algo bueno, o al menos para Charles.
— ¡Están dando un especial de Benny Hill! — prácticamente encantando ante el televisor
Erik solo observo al joven — ¿Te gusta? — algo consternado, no esperaba que alguien como Charles disfrutara del humor tan simple y mundano de Benny Hill
— ¡Me fascina! — comento dichoso — lo veía con Raven cada vez que lo pasaban por televisión — sin darse cuenta de lo dicho y con la mirada fija en la pantalla — ¡Era una de nuestras actividades favoritas! — riendo con uno de los sketch — absolutamente brillante
El hombre solo miraba, parecía un niño de diez años viendo su caricatura favorita, pero la mención de "Raven" otra vez se hizo presente; quería saber más de ella, pero no tenía el valor para preguntar, en especial cuando lo veía tan feliz. Envuelto en carcajadas por un humor que él realmente hacia el esfuerzo por entender, pero simplemente no podía, jamás habia logrado encontrarle el chiste a este show, aun cuando todo el mundo lo amaba, hablaba de él y disfrutaba de sus ocurrencias desde hace casi 15 años.
Mostraban un sketch de dos vaqueros llamados "Butch Cafferty and Fundance Kid" y las diferentes fechorías que hacían para ganar dinero, conseguir comida y salirse con la suya, y Charles reía a mas no poder viendo este humor simple, acompañado solo de música incidental y risas planas. Pasados unos minutos, estaban mostrando un juego de ping pong y el joven llegaba a soltar lágrimas de risa, lo que tenía completamente sorprendido al Profesor.
— Buenísimo... — comentaba entre risas
Erik solo miro a Charles — pues la verdad yo no le veo mucha gracia, solo son dos personas haciendo tonterías...
— He ahí la gracia, en lo absurdo de la situación... — el Xavier lo miro — ¿No te gusta?
— Mas que no gustarme, no le encuentro sentido... es todo — concluyo convencido. Charles lo observo unos segundos
— Quizás solo te falta dejar de buscarle sentido y disfrutarlo... — se acomoda en los brazos de Erik — es mucho más divertido cuando solo te dejas llevar — eso dibuja una sonrisa en el Profesor — si sobre piensas mucho las cosas, pierdes demasiado el tiempo... hasta que ya es muy tarde — volviendo a reír con el sketch — no lo analices tanto, solo búscale lo divertido dentro de su simpleza
Erik trato de hacer el esfuerzo, después de todo, no había nada de malo en descubrir nuevas cosas y derribar ciertos mitos, él instaba a Charles a hacerlo ¿Por qué entonces él no podría? Ambos podían enseñarse mutuamente y aprender del otro a través de lo menos impensado; por lo que se dispuso a tratar de comprenderlo y en menos tiempo del esperado, una sonrisa se posó en su rostro. En cuanto vio a uno de los hombres en bicicleta, cantando "Raindrops keep falling on my head", canción que amaba y tratando de impresionar a una joven muchacha, para terminar incrustado en una pared, la primera risa sonora emergió; Charles tenía razón, no habia que pensarlo tanto y mucho menos, juzgarlo.
Y el día avanzo entre risas y conversaciones, en medio de una maratón de Benny Hill, un programa que claramente Erik comenzaría a ver mucho más seguido y por obvias razones, quería hacerlo con Charles a su lado. Para el almuerzo decidieron cocinaron juntos, cosa que en un principio no fue nada fácil, ya que cada uno tenía su método y forma particular de hacerlo, Erik prefería cocinar y dejar todo limpio de inmediato, pero Charles era más de usar una y mil ollas, para luego apilarlas en el fregadero, pero era bueno ser testigo de estas acciones, después de todo era imposible que estuvieran de acuerdo en todo y saber sobrellevar las diferencias era la clave para todo esto.
Cuando la tarde ya se presentaba y el sol luchaba por meterse entre centímetros de nubes lluviosas, ambos hombres se encontraban sentados en el sofá, otra vez, jugando ajedrez; unas horas más y declararían ese espacio como su lugar favorito en el mundo. Es como si el resto del departamento se sintiera frio y distante, pero este pequeño lugar era espacioso y abrigador, diseñado especialmente para ellos, para sus largas conversaciones e interminables juegos de ajedrez.
Ahora solo se escuchaban su voces comentando experiencias durante su etapa universitaria y las diferencias de generaciones, además de otro de los muchos discos de Erik que habían comenzado a colocar después de almuerzo, este último de Aretha Franklin llegaba a su fin — vaya, ahí va otro más... — colocándose de pie — se pasa volando el tiempo — revisando su estantería — ¿Te molesta que nos vayamos un poco más hacia la onda disco? — sujetando un vinilo en sus manos — tengo el tercer álbum de los Bee Gees — el semblante de Charles cambio por algunos segundos y Erik lo noto al instante — ¿No me digas que no te gustan los Bee Gees? — sumamente sorprendido
Charles exhalo — no, descuida... me encantan — carraspeando — reprodúcelo, no hay problema
El hombre obedeció algo confundido, colocando el vinilo en su lugar y esperando que comenzara a sonar la música, mientras se encaminaba de vuelta al sofá, donde Charles seguía pensativo — Charles... ¿Qué sucede?
El joven estaba atento al tocadiscos que comenzaba a tocar "Turn of the Century", para luego dar un largo suspiro mientras devolvía la mirada a Erik — los Bee Gees eran la banda favorita de Raven — el Profesor comprendió al instante que estaba pasando — hace años que no los escuchaba — dibujando una sonrisa nostálgica
Y ahora sí que Erik no pudo callar — Charles... perdóname, pero necesito saber — inhala con fuerza — ¿Qué fue lo que paso con Raven? — el siente el escalofrío recorrer su espalda — ¿Por qué reaccionas así cada vez que alguien o tú mismo la mencionas? — el joven volteo la mirada hacia otro lado por casi un minuto — disculpa, fui muy lejos... no debí preguntar y no tenía derecho a...
— No — respondió veloz inhalando con los ojos cerrados — está bien, te lo diré todo — su voz lucha por no quebrarse — pero te aseguro, no es una historia muy agradable
Erik toma su mano con dulzura — estoy aquí, justo a tu lado...
Chapter 22: 21
Chapter Text
Luciérnagas
El juego se habia detenido, ahora solo estaban echados nuevamente en la sala frente a la chimenea, habían agregado algo más de madera para mantener el calor en el ambiente. La verdad es que Erik habia sentido el arrepentimiento rondándole en cuanto hizo la pregunta, como si quizás hubiera cruzado una línea muy delicada y estuviera tocando un tema muy sensible para Charles, pero este a pesar de su semblante de dolor, se veía seguro y sin dudas, como si algo dentro de él estuviera gritando desesperado el sacar todo lo acumulado, o al menos un poco.
— Podría contarte toda nuestra vida juntos, todas las cosas que pasamos juntos, las veces que me cuido, que me apoyo, que me defendió... el cómo se transformó en mi persona favorita —una sonrisa tímida se cuela en sus labios— y aun así no podrías dimensionar o clarificar el maravilloso ser humano que es... o que fue —inhala fuertemente por la nariz— desde muy pequeña demostró ser servicial, encantadora, amable y con un deseo increíble de ayudar —sube la mirada con orgullo— siempre decía: Yo voy a salvar el mundo, lo hare más bueno, más grande y más hermoso, de lo que ya es... —Erik sonrió ante el recuerdo que claramente pasaba por la cabeza de Charles— y si pensabas que mis padres o yo somos inteligentes, no puedes dimensionar como lo era ella...
— ¿También siempre debía tener la última palabra? —comentó Erik tratando de relajarlo.
Charles soltó una risa por la nariz— no, siempre me dejaba ganar a mi... —sonriendo más tranquilo—, pero su inteligencia era deslumbrante y su deseo de ayudar la orientó a estudiar medicina, igual que nuestro padre —Erik hizo el ademán de querer indagar pero Charles comprendió su consulta antes de formularla— no, mis padres no la obligaron, fue decisión de ella... —exhala con calma— mis padres serán algo conservadores, pero en cuanto a nuestros gustos y anhelos académicos, siempre nos han apoyado
Erik asintió más calmado, odiaba escuchar cuantos increíbles talentos se perdían por estudiar lo que otros esperaban de ti, tenía al menos uno de esos cada semestre llorando en su oficina y él solo podía apoyarlos e instarlos a seguir sus sueños, sin importar que — ese es un lindo sueño, querer salvar el mundo... aunque algo grande — comentó con honestidad — supongo que pensó que la medicina podría ayudar a solucionar parte de eso... — Charles se limitó a asentir, aunque en el fondo sabía que esa decisión no era solo por eso, pero no quiso tocar ese tema. Hablaban de Raven, no de él.
— En fin, su destreza la hizo escalar y saltarse años, convirtiéndose en una de las primeras y más jóvenes mujeres en alcanzar la escuela de medicina de Oxford. A los 22 ya habia terminado su quinto año de medicina —Erik se sorprendió ante esa información ¿En verdad la familia Xavier era superdotada? — quería ser Pediatra y salvar muchos niños... así que se empezó a enfocar en las comunidades migrantes que vivían en la periferia, en los hospitales más desfavorecidos, ahí y con ellos quería hacer su residencia... — vuelve a sonreír con culpa — mis padres estaban aterrados y sumamente preocupados, sobre todo mi padre, él se la imaginaba haciendo su residencia en el St. Thomas o algo por el estilo, convirtiéndose en una Pediatra reconocida y siendo cotizada en los mejores hospitales de Europa, pero ella quería ayudar a los niños pakistaníes a las afueras de Londres... — niega entre risas
— ¿Tu estabas de acuerdo con ello?
— Bueno —vuelve a exhalar, pero esta vez por la nariz—, no es como que tuviera mucho derecho a opinar, tenía 12 o 13 años para ese entonces, además era su vida y hace mucho tiempo no la veía tan feliz... —trata de sonreír—, pero la preocupación siempre seguía latente —Erik comenzó a sospechar que la parte no tan agradable comenzaba a llegar— después de empezar, detuvo su residencia un par de años por... un asunto personal —aunque no quería mentirle, no se sentía a gusto todavía para tocar ese tema, así que Charles prefirió proseguir rápidamente y Erik no quiso preguntar, ya estaba siendo lo suficientemente invasivo— pero la retomo a los 26 y le salió la oportunidad de irse a Manchester a continuar su residencia, por supuesto en un Hospital público de la periferia —soltando una risa ufana— y se fue sin pensarlo, creyendo que comenzaba su gran aventura para salvar el mundo... pero no terminó así —su voz se quiebra y unas lágrimas amenazan con salir.
Erik lo capta al instante— Charles, está bien... si no quieres continuar, lo entiendo... —tomando su mano con rapidez
Charles imita su acción— no, descuida... —juntando sus manos sobre las de él con calma— quiero hacerlo, necesito hacerlo... llevo demasiado tiempo enterrando este dolor aquí dentro —tocándose el centro del pecho— es casi como si me estuviera enfermando, como una herida latente que me niego a que sane, porque ni siquiera puedo hablar de esto —lo mira fijamente— mis padres sepultaron u ocultaron todo de ella, como si jamás hubiera existido, como una forma de protegerse, los entiendo, pero ni siquiera dándome el tiempo o el espacio para extrañarla o llorarla... —seca más lagrimas escurridizas. Erik comprende su punto y lo alienta a seguir.
— Esta bien... yo solo te escucharé —sin soltar su mano
— Faltaban pocas semanas para que terminara su semestre, y si toda salía bien, podría pasar las fiestas de fin de año con nosotros y volver luego a Manchester para su examen final en febrero —inhala— yo estaba en casa preparando todo para su regreso, mi padre estaba en Oslo, Noruega, en un Congreso de Cardiología y mi madre estaba en París, Francia, presentando los resultados de su última investigación en un simposio de Física Nuclear, volverían a casa en unos días... mi cumpleaños se acercaba y todo estaba prácticamente listo —Erik sintio el dolor en su voz— hasta que recibí una llamada de la policía de Manchester.
***
— ¿Con la Residencia Xavier? —preguntó una voz firme por la línea, a Charles le sorprendió el tono casi marcial del hombre
— Si —respondió algo confundido
— ¿Con quién hablo? —volvieron a consultar
— Charles Xavier, soy el hijo de Brian Xavier —contestó con naturalidad
— Buenas noches, usted habla con el Capitán Sean Cassidy de la 3° Comisaría de Manchester —la simple mención de la ciudad hizo que un escalofrío veloz recorriera la espalda de Charles— ¿Podría comunicarme con el Sr. Brian Xavier o con la Sra. Sharon Xavier? Por favor
Charles dudo unos segundos asustado— mis padres no se encuentran en el país, están en Noruega y Francia, respectivamente —respondió algo estático
— Entiendo... ¿Algún otro familiar mayor de edad? Ya que según mis registros usted es aún menor de edad —al joven lo incomodo un poco su comentario
— Cumpliré los 18 este 27 de diciembre... —un silencio se hace presente— disculpe, pero no comprendo aun cual es el motivo de su llamada ¿Qué sucede? —consulto algo irritado— ¿Tiene algo que ver con mi hermana? Porque ella se encuentra en Manchester realizando su residencia de medicina —el silencio volvió a reinar, acompañado de unos susurros a lo lejos— disculpe ¿Qué está pasando? —su respiración comenzaba a agitarse— ¿Dónde está mi hermana? ¿Está bien? —más susurros a lo lejos— ¡Diga algo, por favor!
— ¿Es usted nieto del General Albert Xavier?
— ¡Si! —contesto más fuerte de lo que realmente quería— pero él está en Escocia ¿Me puede decir que rayos sucede? —nuevamente el silencio
— Lo comunicare —la llamada se corta y comienza a sonar el tono. Charles sentía la bilis quemar su esófago y los cortos segundos, se sintieron como eternos minutos de angustia— buenas noches ¿Hablo con Charles Xavier? —preguntó la voz de una mujer más calmada
— Si, él habla... ¿Quién es usted? ¿Qué sucede?
— Hola, Charles... —respondieron de manera dulce del otro lado— tu hablas con la Doctora Katherine Pride, no sé si me recuerdas de la ceremonia de iniciación de Raven hace algunos meses y —Charles la interrumpe rápidamente
— Si, claro que si... ¿Qué pasa? ¿Dónde está Raven? ¿Puedo hablar con ella? Nadie dice nada y estoy empezando a preocuparme —sus exhalaciones se escuchaban claramente a través de la línea telefónica
— Si, lo sé y te pido perdón, las cosas se han salido un poco de control... —la duda reina unos segundos en el aire— Charles, no debería decirte esto porque aún eres menor de edad y legalmente es erróneo, pero siento que debo ser yo quien te lo comunique, antes de dejarte más alterado o confundido, y además porque tus padres están fuera del país y no logramos contactar a tu abuelo en Escocia y él es familiar más directo y mayor de edad—Charles sabía que eso no era del todo cierto, ya que su abuelo no era la única familia que tenía Raven en estos momentos, pero no tenía tiempo para racionalizar o corregir eso, solo podía sentir el nudo en la garganta asfixiándolo, por lo que solo calló— hubo un incidente en el hospital entre unas bandas rivales y... —Charles lo supo al instante, su corazón le dio la respuesta de inmediato
— ¿Está muerta? —fue la única frase que emergió y conjugó su cerebro. El silencio se hizo agobiante, pero la mujer buscó la fortaleza de donde ya no le quedaba
— Si, Charles... lo lamento muchísimo —y no hubo más palabras, ni respiraciones ni silencios incómodos. Solo conmoción y una lucha interna por comprender que habia pasado en estos escasos minutos.
— Entiendo... —respondió monosilábicamente— gracias... —carraspea veloz— por avisar, sé que debe haber sido muy complicado para ustedes y no se preocupen, yo les avisare a mis padres —su voz se quiebra pero trata de mantenerse digna
— Nosotros como Universidad nos encargaremos de todo y facilitaremos las cosas para su traslado... —otros silencio— ¿Quisieras saber que paso o como fueron las cosas?
— No —corto veloz— ahórrese los detalles para la policía, por favor —su voz se tornó severa y la mujer se arrepintió al instante de su comentario, habia sido muy desatinado, pero es que ella también aún seguía en shock, habia almorzado con Raven hace solo unas horas— espero que los responsables ya estén identificados y bajo custodia
— Si, por supuesto —tratando de sonar segura— la policía se está encargando de todo eso y más... —tocé para aclarar la voz— por favor, avísanos cuando logres comunicarte con tus padres o tus abuelos, me guastaría hablar con ellos también y...
Charles la vuelve a interrumpir— sí, tenemos su contacto, descuide... —ahora su voz se habia vuelto fría y distante, casi apagaba, como si hubiera entrado en un trance
— Charles, sé que es difícil... y te daremos tiempo para que lo asimiles, pero solo quiero que sepas que no estás solo, tu familia no está sola y —una última interrupción
— Si, gracias... —escupió esa frase casi en una misma sílaba— hasta luego —corta.
No hubo nada después, solo silencio, absoluto silencio en esa gigantesca y oscura mansión, las paredes se cerraban a su alrededor, consumiéndolo, atrapándolo y ese lugar que lo vio crecer, que fue testigo de los mejores momentos de su vida... con ella, se volvía lúgubre, melancólico y vacío. Esa casa ya no era un hogar, era una tumba.
***
Erik estaba estupefacto, atónito, sin poder articular una sola palabra ¿En verdad las cosas habían pasado tal cual como Charles lo relato? ¿Esa habia sido su reacción? ¿Todo habia acabado tan rápido? Era una situación más que desgarradora y sorpresiva, sospechaba que algo grave habia pasado con Raven, por la forma en que todo el mundo se refería a ella o evitaba hablar de ella, pero algo como lo que le acaba de contar Charles cambiaba su perspectiva. Todo habia sido un simple y rápido accidente, un efímero momento y Charles contextualizo su pensamiento en una potente frase.
— En un momento estaba viva... y el siguiente no —exhaló—, creo que es ahí recién cuando comienzas a tomarle el peso a la vida y lo voluble que es, todo cambia en menos de un minuto y todo tu mundo se destruye en un segundo... solo por estar en el lugar y momento equivocado
Charles seco unas lágrimas veloces que caían por su rostro y Erik sintio el nudo dentro de la garganta, asfixiándolo, quería decir algo, sonar más elocuente o comprensivo, pero nada emergía de él, su silencio era lo único que acompañaba el monologó del Xavier y quizás eso era bueno, porque implicaba que estaba ahí, presente, escuchándolo y colocando toda su atención en él.
— Mis padres... bueno, como lo imaginas, no lo tomaron bien —tratando de pasar ese punto lo más rápido posible, no quería siquiera recordar el momento cuando los tuvo al teléfono, el escalofrió volvía a su espalda, el mismo de hace dos años— y luego de eso, Raven dejó de existir, no más fotografías, no más historias o memorias de ellas, su cuarto fue cerrado, ni siquiera sé dónde está la llave y nunca nada volvió a ser lo mismo... mi madre dejó de reír, mi padre dejó de tocar el piano y yo me convertí en hijo único —su voz se quiebra
Podía comprender mucho mejor ahora por qué Sharon era tan aprensiva y sobreprotectora con Charles, no quería perderlo, tenía terror de perderlo, quizás era la angustia que rondaba su cabeza día y noche, por eso siempre habla de él, por eso siempre pregunta por él y por eso lo vigila con ahínco. No podía negar que seguía siendo erróneo y algo enfermizo, pero estaba basado en un miedo latente, y también en el amor que profesaba a su hijo.
La culpa amenazó con salir, una voz susurraba dentro de él que todo lo que estaba pasando ahora, lo que estaban haciendo y el cómo lo hacían, era malo. Sharon quería cuidar a su hijo por sobre todas las cosas y Erik estaba jugando con él, aprovechándose de la situación, tomando ventaja, encariñándose, disfrutando cada segundo a su lado, incluso los amargos momentos, creando nuevos y maravillosos recuerdos; es que no podía evitarlo.
Aunque Sharon quisiera protegerlo de todo el mal del mundo, habia algo que claramente no podía evitar y eso era que los demás admiraran y descubrieran en Charles a la maravillosa persona que es. Después de todo, si era así de encantador, en parte era gracias a ella, a su crianza y valores, a como lo educo y moldeo; Emma le habia dicho la maravillosa, dulce y cordial madre que habia sido con Raven y Charles cuando eran pequeños y como incluso se habia negado a separarse de sus hijos, pese a las órdenes de su familia, a como los protegía de aquellos que querían convertirlos en otro eslabón de la familia con sueños prefabricados e incluso como habia defendido en muchas ocasiones a la propia Emma de su recalcitrante madre, y por eso debía sentir orgullosa, no temerosa ¿Qué habia sucedido con aquella mujer?
Todo ese debate se presentaba en su cabeza, cuando Charles terminó de acallar cualquier otro argumento— es extraño, supongo... pero hace mucho que no recordaba esa noche, es como si a veces yo también quisiera que jamás hubiera existido, que todo se borrara de mi mente y así no sentir esta opresión en el pecho... —su pera tiembla con fuerza— cada vez que tan solo menciono su nombre —trata de respirar y ocultar el rostro—, sería más fácil, la extrañaría menos, no pensaría en ella cada vez que escucho su canción favorita, o visito el parque Grove o juego ajedrez o... —entierra el rostro en su pecho— perdón, dame un minuto y...
Erik toma su rostro con velocidad— Charles, mírame... —sujetando sus mejillas con ambas manos, mientras los ojos de Charles se enrojecen ante las lágrimas contenidas— sácalo... todo lo que llevas acumulando estos dos años, sácalo de una buena vez... —el joven lo mira fijamente— yo estoy aquí, jamás te juzgaría... —le sonríe con timidez— recuérdalo, conmigo... solo tienes que ser tú, el verdadero tu.
Y así, el Xavier libero todo el dolor contenido durante todo este tiempo, todo el luto que no pudo llorar, toda la rabia que no pudo expresar y todo el amor que no alcanzó a demostrarle, porque la vida les arrebató los años que les quedaban juntos. Erik lo fundió en un fuerte y sostenedor abrazo, y solo se quedó ahí, con él, conteniéndolo, era lo único que hacía falta, no necesitaba nada más, ni palabras vacías u oraciones de consuelo, solo alguien que lo escuchara, y le dijera aquí estoy contigo y no pienso dejarte solo.
Charles lloro por casi una hora, su llanto pasaba de desgarrador e incontrolable, a uno calmado y silencioso, buscando calmarse o verse más sereno, pero Erik le entregaba tanta confianza, tanta seguridad, que se sentía en plena libertad de poder seguir liberando todos sus demonios y dolores internos. Hace años que no se mostraba tal cual era ante alguien y mucho menos, exteriorizaba sus emociones de esa forma, después de todo, siempre habia sido algo complicado para él siquiera entender sus propios sentimientos. Pero Erik estaba ahí, dándole lo que nunca nadie le dio, consuelo y apoyo. No estaba solo.
Entrada la noche, volvieron acostarse frente a la chimenea y nuevamente el sueño los atrapó ahí, como si ese espacio de su departamento se hubiera convertido en su pequeño mundo, en medio de mantas, almohadas, los sillones, viejos libros que Erik aún debía organizar y la chimenea, su única testigo del universo que se creaba dentro de ellos, cuando solo les bastaba con tenerse frente a frente. Charles soltó unas pocas lágrimas antes de dormirse por completo y Erik se quedó ahí, junto a él, abrazándolo, aunque irónicamente para estas alturas, es como si su trabajo fuera más bien una recompensa, porque podía sentirse más y más cerca de él.
Para cuando la mañana del domingo llegó, Erik se despertó unos minutos antes que Charles y a diferencia del día de ayer, en el que Charles habia despertado antes, dándole incluso tiempo para preparar el desayuno, esta mañana Erik solo se quedó ahí, a su lado, mirándolo, observándolo con detalle, analizando y memorizando cada espacio y contorno de su rostro, incluyendo sus aún enrojecidas mejillas de tanto llorar. Era hermoso, y lo que le hacía sentir, lo que provocaba en él, era aún más que hermoso.
¿Qué es lo que me has hecho, muchachito? consultaba su cabeza una y otra vez ¿Cómo era posible que quisiera seguir pasando cada vez más tiempo con él? Como si las horas del día no se hicieran suficientes ¿Por qué quería seguir escuchando sus historias? ¿Por qué quería saber mucho más de él? ¿Por qué quería seguir abrazándolo? ¿Por qué un simple beso nunca era suficiente? Quería más, mucho más.
Y eso le preocupaba de sobremanera, no solo por todas las variables más que enumeradas y que al caso ya no es necesario volver a mencionar, sino porque, tenía miedo de estar cayendo en el romanticismo barato, en el idolatrar a una persona o idealizarla, para después caer en la triste realidad, de que realmente el otro nunca fue quien dijo ser, más allá de la imagen que uno mismo crea del otro, o, que esto solo fue algo pasajero, del momento, algo que un algunos años... solo olvidaría. No quería eso, un simple capricho o incluso un enamoramiento del momento, una parte de él en verdad rogaba por más ¿Pero qué tanto era más?
Y mientras acariciaba el cabello del Xavier, este comenzó a moverse y sentir el dulce tacto de Erik en su cabeza, la paz rondaba todo el ambiente— buenos días... —dijo con una voz somnolienta y con los ojos cerrados— ¿Cómo estás? —abriendo esos zafiros azulados hipnotizantes
Erik sonrió con amplitud y Charles sintio el corazón palpitar con locura— mucho mejor ahora que vuelvo a ver esos ojos en su máximo fulgor —vuelve acariciar su rostro— ¿Cómo dormiste?
— De maravilla... —respondiendo risueño— hace mucho tiempo que no dormía tan bien —estirándose
— Pues que bueno, ya era hora de que te devolviera el favor por empezar a acallar mis pesadillas también
— ¿Ninguna? —consultó intrigado
— Ni una sola... —vuelve a acariciarlo— tienes un remedio mágico —Charles soltó una risa algo boba, pero sumamente encantadora
— Que buena noticia... —su mirada se clava en la de él— espero que ayer no te hayas...
Erik hace señal de silencio— ¿Qué dijimos? —levantando una ceja
Charles sonríe con gratitud— no pedir disculpas por ser yo mismo, lo sé... —se acomoda y deposita un corto beso en sus labios, lo que descoloca a Erik, la espontaneidad de Charles era cada día más atrayente— ya vengo, voy a enjuagarme la boca —colocándose de pie
Y Erik sonrió de lado, por supuesto que el Xavier no iba a besarlo sin tener la boca limpia, lo habia dejado más que claro el día de ayer, y aunque a él no le molestaba, de cierta forma, lo encontraba encantador, y le daba cierto estilo propio, por decirlo así. Y fue por eso mismo, que al verlo entrar al baño, con una gran energía matutina y con un mejor semblante después de su conversación de anoche, le quedo claro que no podían quedarse aquí. El invierno se acercaba con creces, y habia que aprovechar los días medianamente soleados, como este.
Charles salió del baño dispuesto a volver a la sala, para finalmente encontrarse a Erik preparando comida— ¿Ya estás preparando el desayuno? Que veloz —dijo con orgullo
— No, algo mejor —sacando un pequeño y viejo bolso que parecía ser un canasto de comida— nos iremos de día camping, fuera de aquí —Charles levantó una ceja sorprendido— así que ve preparándote
— ¿A si? —caminando hacia el mesón de la cocina— ¿Iremos a un parque con este clima? —viendo hacia la ventana
— Estás en Inglaterra, muchacho... no encontrarás mejor clima que esté —Charles río ante su comentario, habia establecido un punto, no recordaba la última vez que vio Oxford o Londres sin nubes— y si las nubes en verdad no son lo tuyo, podemos comer dentro del auto... no tengo problemas —comenzando a guardar algunos bocadillos y dulces de la noche anterior
Charles quiso refutar vagamente, tenía algo de frio, quedaban tenues brazas en la chimenea, además, no se sentía de ánimo para salir, quería quedarse acostado y tranquilo, pero de cierta forma, comprendió lo que pretendía Erik, quería sacarlo de este departamento y del ambiente melancólico que lo estaba rodeando; llevaban del viernes encerrados aquí y era momento de salir al mundo externo, aunque a él no le gustara mucho compartir con el mundo.
Se consideraba alguien más bien reservado, introvertido, tímido si lo quieres llamar de alguna forma, antisocial según palabras de Scott; pero es que su mente divaga constantemente en la disyuntiva de cuál era el objetivo de salir y encontrarse con muchas personas en lugares cerrados, oscuros y de dudosa procedencia, prefería mil veces quedarse en casa, solo, tranquilo y perdido en sus pensamientos. Pero ahora era diferente, pues iban a la naturaleza, a un lugar apartado, a buscar paz, pero en el mundo exterior.
Así que solo asintió, se dejó convencer y se encaminó a ayudarlo, tanto así que ni siquiera pregunto a donde iban, aunque por el historial de Erik, claramente podía ser toda una sorpresa, ya que la dos veces que lo acompañó a un lugar sin preguntar o sin oponer mucha resistencia, terminó sumamente ebrio y en un parque lejano expresando sus sentimientos, escenarios que a decir verdad, no habia salido tan mal ¿Cierto?
En menos de 30 minutos, ya tenían prácticamente todo preparado y bajaban por las escaleras hacia la camioneta de Erik, no sabía muy bien porqué, pero comenzaba a llenarse de cierta emoción, llámalo entusiasmo, como si no saber a dónde vas o no tener control de la situación fuera un nuevo escenario en su vida, aterrador pero atrayente, casi excitante; era genial por algunos momentos en su vida no tener todo planificado, y solo dejarse llevar.
—Pues, en marcha... —encendió el vehículo y partieron cerca de las nueve y treinta de la mañana.
Para las diez y demorados un poco por un inusual corte de luz en los semáforos, ya habían dejado el centro urbano, tomando la autopista, mientras Charles comenzaba a sospechar hacia donde iban, el destino era un parque que no visitaba en años, pero tenía muy bellos recuerdos con su familia; y aunque el dolor amenazó con mostrarse, por alguna razón, decidió callarlo, pero no por vergüenza o negación esta vez, sino porque ya habia llorado lo suficiente, era momento de empezar el día bien, y habia otra cosa aún más segura, este fin de semana no iba a terminar igual que el anterior que paso con Erik. Esta vez no saldría huyendo ni del departamento, ni de sus momentos juntos, ni de sus sentimientos hacia él.
Great Park se alzaba a pocos metros frente a ellos, y el clima parecía dar tregua, dejando unos rayos de luz solar colarse por las espesas nubes. Para cuando hicieron ingreso al parque, notaron que el viento también daría un espacio de relajación, por lo que el frío disminuyó y les permitió caminar y comenzar a recorrer el hermoso lugar. Avanzaron varios metros por la inmensa campiña, pasando por la Columna de la Victoria, monumento que hace años habia visto con sus padres, para luego llegar a Blenheim Park y caminar por la orilla del río Glyme, la mañana en verdad estaba avanzando de manera más que perfecta.
Pasado el tiempo, pasaron por un costado del Vanbrugh Grand Bridge y decidieron acomodarse bajo un viejo y ahuecado árbol, ahí se protegieron del frío y del viento que amenazaba con volver, para finalmente terminar comiendo su desayuno y platicando sobre sus parques favoritos, ya sea en Inglaterra, Escocia, Francia o cualquier otro lugar donde alguna vez estuvieron. Para Erik quizás eran los campos en los Países Bajos o los de Viena, pero para Charles no habia duda, todos estaban en Escocia, no habia ninguno que le hiciera competencia y el Profesor terminó escuchando sus relatos de los mejores parques y lugares en Edimburgo y Glasgow, los páramos y valles de las tierras altas, Inverness y su gloriosa historia, Loch Ness y su mítico monstruo o Glencoe y sus picos escarpados.
Erik estaba fascinado, no sabía si era por la emoción que Charles les ponía a las historias de las tierras mágicas escocesas o los recuerdos que brillaban en sus ojos cada vez que cambiaba el lugar del relato, aunque una cosa era más que clara, el subtexto de todo esto era: algún día tienes que ver Escocia con tus propios ojos.
— Escalar el Ben Nevis o probar un wiskey recién destilado —agregó feliz— mi abuelo me hizo probar mi primer wiskey a los 15 años —Erik lo miró con semblante de sorpresa— es una tradición familiar, aunque no tolere mucho el alcohol
— Vaya que si —rio por la nariz—, pero todo suena fascinante, espero algún día poder hacerlo... —Charles le sonríe con orgullo— ¿En qué parte de Escocia viven tus abuelos?
— Bueno, toda mi familia paterna desciende de una antiguo Clan de las Highlands, las tierras altas, pero tras las dos guerras mundiales y algunos problemas internos dentro del Clan, algo tan común en Escocia, que es parte de la cultura... —ríe algo incomodo— mis abuelos terminaron comprando un terreno cerca de Glencoe, un pequeño pueblo en las tierras altas, como a dos horas y media de Glasgow —acomodándose mejor a su lado— es bellísimo, muy pequeño, tranquilo y tiene un Loch increíble, toda Escocia está llena de lagos y también castillos, son la atracción principal en todas partes.
Erik sonrió comprendiendo un punto— quizás por eso te gustan tanto las historias de fantasía, caballeros y dragones —Charles río con complicidad
— Pues sí, son mi debilidad —exhala con pausa— todos mis primeros años los pase en Escocia, luego cuando fui creciendo y por el trabajo de mis padres, debimos mudarnos a Inglaterra, empezando por Londres, hasta terminar en Oxford, pero cada fin de semana largo, cada semana libre, cada vacación o fecha importante, partía a Escocia y en especial con mis abuelos... y sin importarme nada, ni siquiera mis padres —Erik comenzó a sospechar que quizás por eso el joven no era tan cercano a ellos, y por el contrario hablaba tantas maravillas de Escocia y de su abuelo.
Charles le conto a Erik lo que le dolía separarse de sus abuelos cada vez, y no solo eso, lo que lo deprimía alejarse de las tierras altas, sentía que ahí debía quedarse, ese era su lugar, así que al cumplir los diez, y bajo varias manipulaciones a sus padres, sobre todo a su madre y siguiendo las reglas de excelencia academia que lo hacían merecedor de ese privilegio, comenzó a tomar un vuelo cada vez que podía Glasgow, ahí su abuelo lo esperaba en el aeropuerto y se iban juntos a pasar el fin de semana, casi siempre era una vez al mes, aunque Charles buscaba la forma de hacerlo más seguido; eso fue un privilegio que si aprovecho de los recursos de sus padres y también de su abuelo, además, este habia sido piloto de la Real Fuerza Área de Su Majestad durante la Segunda Guerra Mundial, por tanto conocía a casi todos los pilotos comerciales y sus tripulaciones, y ya después de algunos meses, Charles ya era un cliente premium y lo dejaban abordar sin mayor complicaciones. A veces le gustaba imaginar que su abuelo lo estaría esperando con águilas y que él sería Bilbo, listo para una nueva aventura.
Pero hubo una historia que llamo la atención de Erik— mi abuelo nos contaba relatos de guerreros escoceses que derrotaban dragones, salvaban pueblos de la tiranía y decapitaban ingleses —Erik hizo una mueca de sorpresa— eran cuentos increíbles, excelentes para ir a dormir —ambos sueltan una risa algo sonora
Sin planearlo, como siempre y solo dejando que su conversación fluyera, el día fue avanzando con más relatos reales y algo exagerados de la historia escocesa, incluyendo como su abuelo eliminó a mil romanos en su juventud, para luego ayudar a derrotar malvados orcos que provenían de las tierras bajas; era claro que para Charles, su abuelo era el mismísimo Gandalf hecho persona, un mago gris, amante del tabaco, los relatos de antaño y la prosa en verso y acertijos.
Erik comenzó a soñar por unos segundos el cómo habría sido crecer con un abuelo tan increíble y especial; en el fondo amaba escuchar a otros hablar sobre sus familias y los recuerdos que creaban juntos, pero también le hacía añorar una propia, una que jamás recuperaría, pero que quizás podría tener en un futuro, una casa, un hogar, una familia... un hijo, un pequeño humano a quien relatarle maravillosas historias también, como su madre hacía con él cuando era pequeño o como el abuelo de Charles hacía con sus nietos. Una promesa que le habia hecho hace años a su moribunda madre seguía rondando su mente, y sobre todo, su corazón.
— Oye... ¿Estás bien? —la pregunta de Charles lo devolvió de la ensoñación— al parecer estabas como ido... ¿Hablo mucho? —preguntó algo extrañado
Erik respondió con velocidad— no, para nada —acomodándose mejor a su lado— creo que me perdí mirando el paisaje e imaginando tus relatos dentro de tu tan amada... Escocia —haciéndole cosquillas, cosa que hace a Charles reaccionar entre risas
— Si, todo allá es hermoso... —exhalando con tranquilidad— aunque este parque no se queda atrás —voltea hacia él con una amplia sonrisa— es irónico, es como si la naturaleza se convirtiera en nuestra cómplice —Erik elevo una ceja intrigado— sí, piénsalo... nos conocimos bajo un árbol, me secuestraste y declaraste en un parque... —Erik rio con culpa— y ahora este lugar; en la ciudad y en la Universidad debemos escondernos, ocultarnos por... muchos motivos —comenta algo incomodo—, pero aquí, podemos ser nosotros mismos, no hay nadie aquí que nos juzgue, señale o que nos conozca... me siento libre —exhalo con relajo
Erik sonrió y lo abrazo con tranquilidad— tú me haces sentir libre y en paz, aun cuando todas las variantes y riesgos siguen presentes, todas las horas negativas o cargadas de malestar son compensadas por unos cortos minutos a tu lado —depositando un corto beso en su frente. Esas palabras dejaron a Charles volando a miles de kilómetros, más allá incluso de las Tierras Altas, su raciocino lo negó, pero su corazón le gritaba que se convenciera, era había sido una confesión muy personal y sumamente hermosa. Erik continuó con su discurso, como si nada, porque su repentina honestidad ya no parecía importarle o molestarle— supongo que en verdad Escocia es una tierra mágica y tu como hijo de ella, también posees su magia y terminaste lanzándome un hechizo —soltando una risa muy natural. Charles rio con él.
— Quizás tengo sangre picta y un antepasado mío fue un Druida... —Erik lo miro confundido— los pictos fueron los primeros pueblos en vivir en las tierras altas de Escocia, y después se unieron a los Escotos que venían de Irlanda para frenar y derrotar a los romanos, pero desvarío, el punto es que tenían una figura de sabiduría llamada Druidas, como muchos pueblos con influencia Celta y se dice que hacían hechizos y encantamientos...
— Vaya, con toda esta magistral clase de historia y cultura picta… —recalcando esa última palabra— algunas cosas me quedan muchas cosas más claras ahora, primero, me confirmas que en verdad eres descendiente de ellos y eso explicaría el hechizo —Charles sonrió con timidez— segundo, siempre pensé que los Escotos venían de Escocia y resulta que vienen de Irlanda...
— ¿Irónico, no es cierto? —elevando los hombros
— Y tercero, que tienes un fascinación increíble por saberlo todo... eres como una biblioteca andante —riendo por la nariz
— Gracias, es mi don... —sonriendo ampliamente— Raven siempre... —su semblante cambia un poco— siempre decía que mi cerebro estaba hecho de grandes gabinetes llenos de carpetas archivadas en orden alfabético, cronológico y en diferentes idiomas —relajando su postura y tratando de calmarse, quería comenzar a cambiar su forma de reaccionar cada vez que habla de ella, debía recordarla con felicidad, no con tristeza— siempre queriendo saberlo todo...
— Y teniendo la última palabra... —agrega con seguridad
— Si, eso también —acomodándose mejor en sus brazos
Descansaron por un tiempo más, hasta que decidieron almorzar, no habia sido suficiente con el desayuno a base de los dulces que quedaron el día anterior, Erik habia preparado unos sándwich bastante contundentes y muy apetitivos, considerando que los habia hecho en cuestión de minutos.
— ¡Mira! —señalo Erik con entusiasmo— tenemos una visitante —Charles voltea y ve a un pequeño insecto sobre los restos de comida en el bolso
— Vaya... una luciérnaga —acomodándose mejor para verla— hace tiempo no veía una, suelen alejarse de la ciudad, ya que el mundo urbano es muy riesgo para ellas...
— Pues no las culpo —agregó Erik— a veces las ciudades me enferman... en el fondo siempre he soñado con vivir en un lugar alejado y tranquilo, sin grandes aglomeraciones —Charles no supo porque, pero se emocionó ante esa idea.
— Quizás en tu vida pasada fuiste una luciérnaga —comentó entre pequeñas risas el joven— eso explicaría porque siempre buscas los lugares alejados y tranquilos para ser libre, porque los espacios con mucha gente no te dejan ser tú mismo y brillar, lo que es una pena... porque no hay nadie que ilumine un lugar como tu... —lo miró fijamente, no habia ningún rastro de duda en su voz, eso habia salido directo del corazón de Charles y Erik sintió como la siguiente exhalación se atoro en su garganta. Se habia quedado sin palabras; Charles también había tenido su momento de confesión. El joven volvió la vista hacia el visitante con calma, ahora su espontaneidad incluso le daba seguridad— en verdad son criaturas únicas...—viéndola tomar pequeños pedazos de un pastel —¿A las luciérnagas les gustan las cosas dulces? —Erik demora unos segundos en reaccionar, aun habia quedado prendado por lo que le dijo el joven.
— No lo sé, la entomología no es mi fuerte —soltando una risa corta por la nariz para tratar de serenarse—, pero supongo que a esta pequeña sí... —viendo que llega otra— es una pena que aun sea de día, nunca he visto a una brillar por la noche
— ¿No? —pregunto sorprendido. Erik negó al desilusionado joven— es bellísimo, hay algunos lugares donde tienen literalmente bosques de luciérnagas y en una noche sin luna, es todo un espectáculo —lo mira fijamente— y por lo que me han dicho... es muy romántico también —un leve sonrojo aparece en su rostro
— Charles Xavier sonrojándose —comenta con ironía— ese sí que es un espectáculo —Charles lo pellizca avergonzando— pero descuida, entendí el subtexto de tu discurso, veremos a las luciérnagas una noche juntos, es una promesa —sonriéndole ampliamente
Charles titubeo algo sobrepasado y solo se volvió a acomodar— solo... cállate —acercándose a él
Erik río por lo bajo y lo abrazo, no podía negar que le encantaba verlo avergonzarse, era encantador y sumamente atrayente, se sentía como un adolescente otra vez, jugando al enamoramiento y a las mariposas en el estómago y tampoco podía negar que le fascinaba el ver a Charles reaccionar, alimentaba su ego de cierta manera y le sorprendía gratamente que alguien como él pudiera provocar ese tipo de efecto en alguien como el Xavier. Siguió viendo a los insectos comer con calma y lo relaciono, quizás lo que sentía en el estómago no eran mariposas, sino luciérnagas, porque no solo revoloteaban y provocaban cosquillas, sino porque también lo hacían brillar, y de la mejor forma, de adentro hacía afuera, Charles sacaba lo hermoso y oculto dentro de él, para instarlo a mostrar su brillo al mundo, aunque recelando un poco lo mejor para él, cosa que maravillaba a Erik.
Luego de la visita de las luciérnagas usurpadoras de comida, solo se quedaron ahí, echados sobre el árbol y disfrutando el paisaje, lo que los llevó a quedarse dormidos y a no percatarse de cuánto tiempo habia pasado, hasta que unas pocas gotas los despertaron, y aunque el roció era gratificante, las nubes advertían un clima algo nefasto para cuando el ocaso ya estaba entrando, por lo que decidieron emprender rumbo de vuelta hacia la camioneta. La lluvia terminó alcanzándolos para cuando estaban a pocos metros del vehículo.
— ¿Por qué siempre termino empapado cerca de ti? —comentó entre risas Charles mientras se sentaba en el asiento del copiloto
Erik ahogó una risa sacudiéndose las gotas de lluvia sobre su abrigo— no lo sé, pero ya se está haciendo una costumbre —prendiendo la calefacción del auto— con esto nos secaremos y además, no nos mojamos tanto, jamás como tú, tú llevas el récord... —Charles rio, mientras Erik observaba por el parabrisas— ahora sí creo que se largara a llover —encendiendo el motor— noviembre entraba con toda la fuerza —su mente se percata de algo de manera veloz y voltea a ver a Charles que secaba sus manos— quién diría que ya van a ser casi tres meses desde que nos conocemos...
Charles elevo la cabeza de manera muy veloz— ¿Tres meses? ¿Tanto? —consultó sorprendido
— Pues si no saco mal las cuentas, si... —comenzando a entrar en calor— bueno, técnicamente te conocí el primer día de clases cuando te colaste a la biblioteca que estaba cerrada, acto que como Profesor rechazo rotundamente —Charles solo río entre negaciones—, pero nuestra presentación oficial fue unos pocos días después, en un viejo árbol, en un día lluvioso... como este—mirando hacia el retrovisor— supongo que podría estar agradecido de la lluvia por eso
El joven tragó en seco con nerviosismo— vaya... de septiembre a la fecha, que rápido pasa el tiempo —ambos voltean para clavar la mirada fija en el otro— se ha sentido como mucho menos... —Erik levanta una ceja— me refiero a… que... —toce incomodo— cuando estoy contigo el tiempo vuela o incluso...
— Me olvido de que hora es —concluyó Erik
— Si, justo eso —toma su mano aún temblorosa por el frío ¿No? y continúa mirándolo fijamente.
El hombre sujeta firme el agarre— Charles, bésame.... por —el joven interrumpe su oración y lo besa con gran ímpetus.
El beso comienza de manera lenta y necesitada, pero conforme avanza, se vuelve más intenso y cargado de pasión, había miles de voces gritando a la vez en la mente de Charles, pero no podía lograr comprender que decían, su corazón latiendo tan fuerte le impedía escuchar cualquier cosa; era oficial, por primera vez en su vida, habia perdido el control de sus acciones. Solo quería una cosa, solo necesitaba una cosa. Besarlo. Pero para Erik era afrontar una verdad cada vez más cierta, se estaba volviendo adicto a los besos de Charles y su razonamiento de antes volvía a atacarlo, quería más, mucho más.
Un tenue brillo los sacó de su beso más apasionado hasta ahora, al parecer alguien habia venido a decir adiós o gracias. Ambos se separaron por escasos segundos, recuperando la respiración y la calma, pero manteniendo la mirada fija en el otro, para que se asegurarán que lo que acababa de pasar, era cierto; la luz los distrajo de vuelta hacia el parabrisas, donde ahora un grupo de casi 50 luciérnagas sobrevolaban la parte delantera de la camioneta, tratando de protegerse de la lluvia bajo el árbol donde habían estacionado el vehículo y regalándoles de paso un hermoso espectáculo de luces y sonidos mezclados con el de las gotas de lluvia al caer.
Erik sonrió ampliamente y acarició el rostro de Charles con sus manos— vaya... sí que es un espectáculo —los ojos se Charles brillan bajo el fulgor de las luciérnagas— y muy romántico también
— Si que lo es... —volteando a ver a las luciérnaga— vaya que no te demoras en cumplir tus promesas —ambos rieron con complicidad
— Bueno, no me gusta decepcionarte...
— Se que jamás lo harías —volviéndolo a besar, pero ahora más calmo y feliz
Pasado unos minutos del espectáculo, volvieron a encender el motor y partieron rumbo nuevamente hacia Oxford, el camino ahora fue más lento y pausado, la lluvia a ratos dificultaba el rango de visión y tampoco es como si tuvieran prisa, el plan incluso era pasar al departamento a comer algo y luego Erik iría a dejar a Charles al propio, pero el joven a último momento recordó algo crucial, era fin de mes y debía haber cobrado el cheque de su salario, la vez pasada habia ido a buscarlo a casa de los Stryker y no creía que sería problema ir a hacerlo hoy también. Así que Erik se encaminó hacia el domicilio de los dueños de la librería para dejar a Charles y esperarlo.
— No, no es necesario —insistió Charles— en serio
— Charles está lloviendo ¿Cómo te devolverás? —pregunto preocupado
— Pediré un taxi, ya lo he hecho antes, de verdad —mirándolo fijamente— no es que esté rechazando su invitación o avergonzado por molestarse con esta atención —sonriéndole con calma—, pero creo que no sería muy bien visto que un Profesor me deje en la puerta de la casa de mis jefes y me espere...
— Ninguno de ellos me conoce —indico tranquilo
— Jason sí, recuerda que los presente el viernes y si me ve llegar contigo, sabiendo que me fui contigo el viernes, se podría prestar para malinterpretaciones —aprovecha el rojo en el semáforo y acaricia su rostro— sé que a Jason no le llamaría la atención, pero si se lo comenta por casualidad a sus padres, podría meterme en problemas... ¿Me entiendes?
Erik suspiro resignado— sí, por supuesto que sí, no quiero ponerte en riesgo o que pierdas tu empleo por mi —inhala para volver a exhalar— está bien, te dejare una cuadra antes y me iré... pero avísame cuando llegues a tu departamento, por favor
— Promesa —respondió con una amplia sonrisa y levantando la mano
El verde volvió a dar y su destino estaba a pocos metros— supongo que tenerte un fin de semana completo para mí solo... ya no se está siendo suficiente —exhalo algo apenado
Charles volvió a acariciarlo— sí, para mí tampoco, pero disfruto cada momento, porque pequeño que sea... —Erik frena poco a poco y termina estacionándose en la esquina, para luego tomar la mano de Charles— fue un fin de semana perfecto, incluyendo lo no tan bello
— Para mí también lo fue, gracias... en verdad —regalándole la sonrisa que solo a él le daba
— Cuídate en el camino, por favor... la lluvia puede ser traicionera
Erik aun sujetando su mano la eleva y besa el dorso de esta, provocando un escalofrío general en Charles— lo prometo —volviendo mirarlo— ya que no puedo besarte donde quiero, tendré que conformarme con esto —riendo entre sonrojos evidentes
— Mira quien se sonroja ahora —comento juguetón Charles. Erik bajo la cabeza algo avergonzado— adiós...
— Adiós... —dijo en un susurro el hombre y con una mirada cargada en súplica
— No me lo estás haciendo fácil —argumento Charles
— Si, perdón... —tosió incómodo y soltando su mano poco a poco— no más miradas falderas —comentó con culpa— cuídate... y hablamos en cuanto llegues a tu casa
— De acuerdo —abriendo la puerta— vaya que viento... —sintiendo el frío de afuera— extrañare tu chimenea —comenzando a bajar— y al dueño también
— Hacerlo fácil, recuerda —dijo firme
— Si, adiós... —cerrando la puerta y lanzándole un beso mientras desaparecía hacia la calle
Erik lo miro unos minutos, mientras llegaba al pórtico y tocaba un timbre, para que al final la puerta se abriera y desapareciera entre las luces del edificio. Quiso emprender rumbo, pero se quedó a medio camino, pensativo, distante, con tantas interrogantes ¿Cómo algo que se sentía tan bien, podía ser tan malo? ¿Para quién era malo? ¿Para él o para el resto del mundo? Su punto de vista más optimista le decía que no estaban haciendo nada malo ¿Por qué debían ocultarse entonces? ¿Por temor al qué dirán? ¿Por temor a ser juzgados? ¿Señalados? ¿Atacados? ¿A qué le temían realmente? O quizás la verdadera pregunta era ¿A quién? ¿A Dios?
Solo condujo en absoluto silencio, absorto en sus pensamientos, para luego llegar a su departamento y encontrar cada espacio marcados por los recuerdos con Charles, los vasos que uso, los platos donde comió, los lugares donde se sentó y compartió con él, y sobre todo, su aroma, estaba impregnado en todo el lugar. Almendras y té. Volvió a encender la chimenea, se sentó en el mismo lugar que compartieron ayer, toda la noche juntos, para luego envolverse en las mantas y almohadas, bañadas en el olor del Xavier; su corazón comenzó a palpitar con suma velocidad y Erik ya no tuvo más dudas.
— Me gustas Charles, me gustas muchísimo... —volviendo a inhalar el aroma de la almohada
En la casa Stryker las cosas no andaban muy bien a decir verdad, se podía suponer que no habia llegado en mejor momento, pero es que no tenía cómo saberlo, él sólo quería el cheque de su sueldo, y además, habia tenido un fin de semana maravilloso, no iba a dejar que el ambiente negativo de este hogar arruinara sus momentos gratos.
La Sra. Stryker preparo algo de té y unos bocadillos para tratar de apaciguar los aires, mientras Jason entraba veloz por la puerta de la casa y se mandaba de una a la cocina, con suerte y lo saludo, algo raro le habia pasado y la amable mujer prefirió explicarlo para no ser descortés y porque en el fondo, el silencio incomodo la estaba matando.
— Perdón, Charles... —volviendo a servirle más te— las cosas están un poco tensas en casa, Jason salió unos minutos a conseguir tabaco para su padre y así también tratar de desestresarse... —ríe algo incómoda— y William está en su oficina hablando por teléfono con un viejo amigo, por eso aún no he podido darte el cheque, necesito que lo firme... —tratando de sonar calmada y segura
Pero Charles solo acusó algo de manera veloz. Jason no estaba en casa y acaba de entrar, segundos después de él ¿Lo habrá visto? El terror quiso correr por su espalda, más al notar un pequeño detalle que no habia considerado al querer pasar a casa de sus jefes, llevaba la misma ropa del viernes, no habia tenido tiempo de cambiarse, apenas si se ducho en la mañana antes de salir del departamento de Erik. Claramente no habia planificado las cosas muy bien, ni habia considerado todos los pormenores, además Jason era un chico muy observador, era obvio que se daría cuenta, aunque rogó que su molestia le hubiera impedido ver más allá de lo que sentía en el momento.
La dueña de casa vio la duda rondando los ojos de Charles y lo relaciono con otro motivo, por lo que salió en defensa de su familia rápidamente— sí, sé que Jason no tiene edad legal para comprar tabaco, pero el dueño de la tienda siempre le vende porque sabe que es para William, así que no te preocupes
Charles le sonrió con cortesía, tratando de volver a la conversación y agradeciendo que la mujer malentendió su preocupación— descuide, mi abuelo hacía lo mismo conmigo —mintió con total honestidad.
En eso, Jason apareció en la sala y tomó algunos dulces de la mesa, Charles lo noto al instante, habia estado llorando y un pequeño moretón aparecía en su ojo, algo muy malo habia pasado aquí. El chico posó al instante su mirada en el Xavier, para luego analizarlo de pies a cabeza, no le tomó más de diez segundos el percatarse, el Xavier llevaba la misma ropa del día viernes, Charles trago en seco aterrado, pero el joven solo limitó a sentarse o más bien, desparramarse sobre el sofá nexo a su madre.
— Jason, siéntate bien, por favor —exigió la madre en tono severo— tenemos visitas... —el joven obedeció su indicación a regañadientes y luego volvió a mirar a Charles
— ¿Y qué tal Charles? —preguntó con indiferencia— ¿Qué tal tu fin de semana? Seguro mejor que el mío...
Charles contuvo la respiración, pero la madre del joven vino en su auxilio al darle un pequeño golpe en la rodilla para que no fuera grosero— perdón, otra vez, Charles... cómo te dije, las cosas están un poco tensas aquí —volviendo a reír incómoda y fulminando a su hijo con la mirada
— Si, descuide, comprendo plenamente —bebiendo un poco de te— espero no sea nada grave... —tratando de amenizar el ambiente
Madre e hijo se miraron con complicidad y buscaron una respuesta rápida, pero honesta— sí, solo algunos problemas con Jason y la escuela
Pero para el aludido la contestación no fue suficiente— sí, solo reprobé tres ramos en la escuela, porque con suerte tengo tiempo para estudiar por estar trabajando en la librería, pero obviamente es mi culpa
Su madre repite la acción del golpe en la rodilla— ¡Jason!
— ¿Que? —pregunto molesto— ¿No se supone que no debo decir mentiras? —consultó con retórica— tampoco es secreto que mi padre se hartó de su decepción andante que a veces se digna de llamar hijo y quiera enviarlo al servicio militar antes de tiempo —mira a Charles con dolor contenido— para que ver si se corrijo y deja de ser tan... —haciendo el gesto con sus manos— "marica" —volviendo a echarse sobre el sofá
Charles permaneció el completo silencio, abrumado por la incomodidad, pero también por la preocupación, el rostro de Jason estaba muy lastimado y acababa de notar que sus muñecas también estaban algo enrojecidas, claramente este no era el primer incidente, y en cuanto posó su mirada en la mujer, también pudo notar algunos moretones en los brazos de esta, claramente la mujer habia salido en defensa de su hijo y también se habia llevado una mala experiencia.
Toda esta situación lo sobrepaso de sobremanera ¿Cómo habia gente que podía tratar a su familia, a su esposa, a sus hijos de esta manera? Era lo mismo que le habia ocurrido a Scott y Alex con su padre, porque después de todo, en el fondo, Alex solo era lo que su padre habia hecho de él, luego de separarlo de su madre y transformarlo en una versión retorcida e idéntica de su progenitor ¿Podía ser ese el mismo destino de Jason?
Y lo que rebalsó el vaso fue ver a la madre del joven soltar unas lágrimas escurridizas, que trato de ocultar y secar velozmente, acción que noto su propio hijo y lo hizo sentir culpable, tampoco estaba tomando la mejor actitud ante lo que estaba pasando, aunque era entendible, no era excitante saber el cómo alguien controlaba tu destino y simple y llanamente buscaba arruinarte la vida, y muy en el fondo, le aterraba dejar a su madre sola al lado de su progenitor.
Charles fijó la mirada en la mujer y la cargo de compasión, claramente a ella tampoco le gustaba toda esta situación y le dolía en el alma la sola idea de separarse de su único hijo; sabía que Jason no soportaría el mismo entrenamiento que habia recibido su esposo años atrás, su hijo era diferente, más delicado, frágil, débil según palabras de William.
El aludido se hizo presente y rompió la tensión del lugar, para luego fulminar con la mirada a su hijo, el cual solo lo ignoro, quizás cuando pequeño le asustaban sus miradas amenazantes, ahora ya prácticamente le daba lo mismo. Pero en cuanto vio que tenían visitas, cambió por completo el semblante y se fue de lleno a saludar al joven Xavier, tenía que mantener las apariencias, por lo que Charles se puso de pie y el resto de la familia lo imitó, casi en una acción automática.
— Charles, qué gusto verte muchacho —estrechando su mano muy fuertemente— supongo que vienes por tu cheque —abriendo su chaqueta y sacando la chequera— mil disculpas, estaba en una reunión algo larga con un viejo amigo, Coronel de la fuerza área... —comenzando a escribir el cheque
— Descuide, es entendible... —sonrió fingiendo calma— además, su esposa e hijo me estaban haciendo compañía —el hombre quiso voltear a ellos para indagar si es que quizás habían hablado de más, pero Charles quiso cambiar rápido el tema— Coronel de la fuerza aérea, vaya... —indico veloz— mi abuelo también sirvió en el ejército, fue Piloto, Paracaidistas y luego General de Infantería... —riendo incómodo
— Claro que se quién es, hombre por Dios —agregó orgulloso— tu abuelo fue un héroe en la Segunda Guerra Mundial, Albert Xavier, General de la 51° División de Infantería de Escocia, más conocida como...
— Como la Infantería de las Highlands o tierras altas —concluyó con orgullo, amaba todas las historias que su abuelo le contaba
— Que hombre, esos si eran soldados —comentó encantado— a veces siento que eso es lo que le falta a la sociedad y a los jóvenes de hoy en día, una guerra para volverlos hombres valerosos y honrados... lo que me recuerda —voltea hacia Jason—, empieza a preparar tus cosas, el próximo año ingresas al servicio militar, ya está todo arreglado
La mujer se acercó veloz hacia él— ¿Seguro que es la única opción? —rogó con la mirada cargada de súplica— aun es muy joven e inexperto, además...
— Pues esto lo hará hombre de una buena vez —argumento con seguridad— en el fondo siempre supe que enviarlo a la escuela habia sido un error, si fuera por mí, lo hubiera educado aquí en su casa, como lo hicieron conmigo y luego lo hubiera mandado bien preparado al ejército, pero el Gobierno exige que asistan a la escuela, al menos hasta los 18 —lo mira fijamente— así que tuve que mover algunas influencias para lograrlo, espero estés agradecido
— ¿Cómo no estarlo? —preguntó con retórica— si ya toda mi vida fue planeada, que alegría —volviéndose a sentar
— Al menos tienes un padre que se preocupa de tu futuro, no todos tienen esa oportunidad —respondió con ira contenida— me parto el lomo para darte una buena educación y así es como me lo pagas...
Charles seguía la conversación, aunque quería fingir que no estaba ahí, pero su nueva espontaneidad atacó con gran velocidad— quizás lo que necesite es reforzamiento, más que disciplina militar —los tres lo miraron fijamente y Charles sintio el escalofrío recorrer toda su espalda, pero ya se habia metido en esto, no podía quedar mal parado— yo podría apoyarlo después de sus clases, con tutorías personales, así él mejoraría sus notas y su rendimiento académico, y quizás para el próximo año no sea necesario... el servicio militar —eso ultimo lo dijo casi en un susurro, el valor lo habia abandonado
— ¿De verdad harías eso? —preguntó Jason sumamente emocionado
— Claro, no tendría problemas... —respondió volviendo a la seguridad— siempre y cuando no afecte mis propios estudios y el trabajo en la librería, por supuesto —mira a ambos padres— y claramente si no genera ninguna problema para ustedes —manteniéndoles la mirada firme, pero serena
William se mantuvo en silencio por casi un minuto, mientras su esposa lo miraba fijamente— no lo sé... ¿Qué tan calificado estas para enseñarle a este idiota? —consultó sin tacto
— ¿Qué no sabes quienes son su familia? —preguntó casi ofendida la esposa— su madre es Decana de Física de la Universidad de Oxford, es la primera mujer en la historia de ese departamento en conseguir ese puesto, nosotros mismos vendemos algunos de sus libros en la librería y su padre operó al mismísimo Príncipe Carlos —concluyó sin rodeos. Charles contuvo la risa, los rumores sí que eran cosas de temer, pero la mujer continuó su manifiesto— su familia está altamente calificada dentro del mundo académico, su abuelo es un héroe de guerra, tú mismo lo dijiste y además Charles tuvo la oportunidad de entrar a la Universidad hace algunos años por su gran inteligencia y capacidad para saltarse ramas más especializadas, pero lo rechazó para esperar hasta una edad más apta...
Charles quedo sorprendido ¿Cómo es que esta mujer sabia todo esto? y luego vino a su mente la respuesta, esto se lo habia comentado a Jason y claramente este se lo comunicó a su madre, que estaba al tanto de todo, y aunque se sintio halagado por la defensa de la mujer a sus capacidades, el temor que habia permanecido dormido hace algunos minutos, volvió. Jason le comentaba todo a sus padres, o al menos a su madre, habia gran posibilidad de que si lo hubiera visto afuera con Erik, lo iba a comentar; solo rogó que si sus padres aceptaban lo que proponía, estuviera dispuesto a guardar su secreto en forma de pago.
La insistente mirada acusatoria del padre, lo hizo hablar— bueno, ella lo dijo mejor que yo —aclarando su garganta entre risas incómodas— además, como le dije hace tiempo, sueño con abrir una escuela y necesito práctica como Profesor —le sonríe a Jason con amabilidad— me encantaría que Jason fuera oficialmente mi primer estudiante —el joven Stryker estaba al borde de las lágrimas, admirando cada detalle del momento y sobre todo, de Charles.
William inhalo fuertemente por la nariz, hasta que exhaló con prisa, casi escupiendo— tienes hasta el inicio del verano, su solicitud debe ser enviado en ese tiempo e ingresar en septiembre del próximo año, si logra mejorar sus calificaciones para ese tiempo, no lo enviare al servicio militar —la mujer ahogó un grito de felicidad y Jason sonrió ampliamente—, pero —señalo levantando el dedo— si no veo resultados rápidos y eficaces, te enviare en menos de lo que esperas —Jason asintió— pues bueno, es un trato —estirando la mano hacia Charles, para que este terminara finalmente estrechándosela bastante fuerte, aunque el joven oculto la mueca de dolor— mañana discutimos el tema de tu salario extra... —soltando una risa serena
— ¡Gracias! —dijo feliz la mujer abrazando al Xavier— ¡Eres nuestro pequeño ángel guardián! —volviendo a abrazar— mañana te preparare todos los dulces que quieras para que empiecen sus clases como corresponde —se voltea para abrazar a su esposo— gracias por ser tan comprensivo, cariño... —en el fondo de su corazón ella sabía que eso no era cierto, pero no le importaba en este momento, había una chance de no perder a su mejor amigo y a su único hijo
Pero Jason seguía absorto en su admiración y ensoñación, Charles sin duda era la persona más maravillosa que jamás habia conocido, nunca nadie, salvo su madre, se habia preocupado tan por él, ni su padre, ni sus compañeros en la escuela y no es que pudiera llamarles amigos, ya que nunca lo fueron en realidad, nunca ha tenido amigos, siempre ha sido un chico bastante solo y aislado, rechazado por los demás, por no sentirse atraído o exaltado por las cosas que los jóvenes de su edad enloquecían, lo que implicaría, futbol y chicas.
— Jason, llama un taxi para Charles, que ya es muy tarde para que salga a buscar uno —demandó su padre. El joven corrió veloz a marcar, mientras seguía observando maravillado esos bellísimos ojos azules, podría verlos todo el día y seria el ser humano más feliz del mundo, incluso de lo que era ahora al saber que Charles lo habia defendido, salvado y lo tendría más horas... solo para él.
En cuanto el taxi llegó, los Stryker se despidieron del Xavier y Jason se ofreció a acompañarlo a la puerta, quería estar un momento a solas, hablar con él, agradecer y también sentirse un poco más cerca del joven. Aun cuando no estuviera gran presentado o incluso cuando cargaba con la misma ropa del día viernes, para los ojos de Jason, Charles era más que hermoso.
— Bueno, mañana arreglamos los días de las tutorías —comentó Charles con tranquilidad
— Claro, lo que tú quieras —respondiendo muy emocionado— y gracias por todo, Charles, en serio... —un leve sonrojo aparece, pero el Xavier no lo nota ante las tenues luces que alumbraban la calle, la lluvia al menos habia disminuido— me salvaste y estás dispuesto a ayudarme, nunca nadie habia hecho eso por mi
Charles colocó su mano sobre el hombre del joven— no hay de que, tu aprendes y yo gano experiencia... es una situación perfecta para todos —le sonríe de lado— y de paso no te separas de tu madre —comenzando a cerrarse el abrigo, el viento no disminuía
— Y de ti... —agregó sin pensarlo— me refiero, me encanta pasar más tiempo con un amigo, ya que no tengo muchos
— Pues me alegra que me consideres un amigo, para eso estamos —soltando el agarre
Jason inhalo nervioso— ¿Cómo podría pagártelo?
— No, descuida... no es necesario —comentó Charles— como te dije, yo encantado de ayudarte y ya que somos amigos, podemos contar con el otro, además de protegernos mutuamente —tratando de hacerlo captar la indirecta: si viste algo, por favor cállalo— si alguna vez tienes problemas en casa, mi departamento puede ser tu refugio, cuenta con eso...
Jason sintio que el corazón se le saldría del pecho, pero trato de mantenerse tranquilo— tú también puedes contar conmigo para todo, conmigo puedes ser completamente sincero y honesto, y quedará como un pacto de amigos —lanzando sus propias indirectas, pero claramente ninguno las captaba de la misma forma
— Excelente —respondió seguro— lo que pasa entre amigos... queda entre amigos —y Jason por fracción de segundos logró controlar su ímpetu y evitar el querer lanzarse sobre los labios rojizos del Xavier, aunque algo habia quedado claro, el castaño no era ajeno a los sentimientos de Jason hacía él y eso lo hacía sentir entusiasmado y esperanzado, había una leve chance, quizás hasta una oportunidad de que el universitario correspondiera sus sentimientos y también quisiera estar con él.
El taxi haciéndole luces a Charles, desconecto la conversación— bueno me voy... —comenzando a caminar —ponte algo para ese ojo, porque no se ve bien... y ya sabes, cuenta conmigo para todo... —encaminándose hacia el taxi y abriendo la puerta— adiós...
Charles se sube y se va, dejando a Jason con las revoluciones a mil y una sensación de esperanza que hace años no sentía, y aunque no estaba todo claro y definido, e incluso cuando lo vio bajarse del auto de ese Profesor y el cómo le lanzaba un beso a lo lejos, su optimismo desenfrenado lo negaba todo, y también buscaba posicionarlo a él con la mejor alternativa, incluso por delante de ese Profesor. Se guardaría lo que vio, porque en el fondo, no les convenía a ninguno de los dos que eso se supiera, pero no se daría por vencido, ahora estaba más que decidido a luchar por Charles, y estaba seguro de algo, él iba a ganar.
El camino a su departamento fue veloz, muchas cosas pasaron en tan pocas horas o mejor dicho, días. Este fin de semana habia sido prácticamente perfecto y como bien habia decretado en cuanto estuvo sentado en la sala de los Stryker y rodeado de su mala energía, no permitiría que nada arruinara su más que perfecta ensoñación; claramente habia hablado muy pronto. En cuanto entro a su departamento, dispuesto a correr al teléfono y marcarle a Erik para avisarle que habia llegado, de seguro estaba ansioso a un costado del teléfono, más cuando se habia demorado más de lo planeado en casa de sus jefes, la realidad le azoto la puerta en la cara y toda su sonrisa, se esfumó.
— Buenas noches, hijo... —comentó su padre con voz severa— ¿Dónde mierda estuviste todo este fin de semana?
Charles palideció. Estaba en serios problemas.
Chapter 23: 22
Chapter Text
Oscuridad
Debía decir algo, tenía que decir algo, actuar, reaccionar ¡Muévete, Charles, por Dios!
— Papá... —fingió no titubear— ¿Que...? —tose incómodo y termina carraspeando más fuerte de lo que realmente quería— ¿Qué pasa? —mostrando una sonrisa falsa
— ¿Qué pasa? —repitió su padre molesto— ¡Eso quiero saber! —sentenció parándose de la silla de donde claramente llevaba ya varios minutos esperándolo.
La mano de su esposa en su hombro lo calmo medianamente, mientras el joven temblaba como hoja a merced del viento y aunque quiso culpar a la corriente que se colaba por el pasillo, sabía que esa no era la razón. Aún ni siquiera cerraba la puerta del departamento, con suerte había cruzado el umbral y todo seguía en la máxima penumbra, lo que implicaba que sus padres habían llegado hace muy poco, o habían decidido esperarlo a oscuras para recalcar la gravedad de la situación, y para introducir más drama a la escena, por supuesto. El Xavier recorrió el departamento con la mirada de manera veloz, buscando cualquier cosa que lo pudiera delatar, y solo una cosa lo hizo preocuparse; el teléfono.
— ¡Te hice una pregunta, Charles! —exigió su padre, el joven volvió la vista veloz a ambos
— Estaba... —vuelve a toser y cierra la puerta a sus espaldas, para luego encender las luces del salón— estaba en casa de mis jefes, recogiendo mi cheque... —lo sacó veloz de su chaqueta para mostrar la evidencia, debía bastar con eso.
— ¿A si? —consultó su padre— ¿Todo el fin de semana? —alzando una ceja, su madre solo lo miraba.
Su excusa no había bastado— bueno... estuve ocupado —se maldijo al instante, era una persona con un coeficiente bastante alto, podría haber formulado una mejor respuesta, pero nada mejor emergió.
— ¿Haciendo qué? —el interrogatorio se volvía cada vez más tenso, y al ver la mirada de duda de su hijo, Brian lo supo, tendría que presionarlo mucho más para sacarle la verdad— piensa bien tu respuesta, Charles...
— Brian... —su mujer habló con calma detrás de él— primero déjame hablar a mi... —su esposo volteó a verla— me lo prometiste... —rogó algo incomoda.
El padre asintió a medias— está bien... —volviendo a sentarse, viendo como su mujer se volteaba hacia su hijo.
Charles sintió el escalofrío más grande recorrer su espalda, ahora sí que estaba en problemas— Charles... —dijo a secas y el joven sintió las piernas temblar— quiero pedirte perdón... —su mirada se cargó en culpa y el joven sintió el golpe más bajo en el estómago.
— ¿Qué? —fue lo único que pudo articular, su cerebro en verdad estaba bloqueado, al parecer no funcionaba bajo ese tipo de presión— ¿De qué hablas?
La mujer inhalo con pesar, y luego exhalo muy lento por la boca— todo lo que sucedido con Moira, fue un error... —el joven elevó ambas cejas en señal de sorpresa— no debí actuar sin tu consentimiento, o siquiera sin haber consultado lo que sentías... —haciendo una mueca de pesar— saque conclusiones apresuradas y te obligue a algo que no querías, que no deseabas y además, te humille frente a completos extraños... —sube la mirada con decisión— realmente lo lamento y espero puedas perdonarme, no fue con mala intención, lo juro...
En verdad estos días incomunicados le habían hecho ver su gran equivocación, y estaba segura que su hijo no le había vuelto a hablar desde esa fatídica noche, porque estaba furioso con ella y quería hacérselo saber, e igualmente, una parte de ella le decía que si Charles se había desaparecido este fin de semana, era solo para castigarla, para preocuparla y no porque estuviera en algo raro o poco habitual en él, no creía eso, no como Brian pensaba, ella conocía a su hijo y sabía que él no actuaba con esa clase de... peligrosa espontaneidad.
Charles ahora sí que se había quedado sin ideas y sin palabras, completamente estupefacto y anonadado, es que con suerte ahora era capaz de recordar lo que había pasado en esa cena, porque las cosas que habían acontecido después fueron demasiado maravillosas; una leve sonrisa quiso asomarse, pero la ocultó al instante, debía volver a la realidad. Y esta era aquella que tenía al frente, su madre estaba ante él presentándole sus sinceras disculpas y aceptando su error, era absolutamente inverosímil.
— Charles... —dijo su padre— ahora es tu madre la que espera una respuesta... —aún estaba muy molesto
— Brian, no —agrego veloz la mujer— si él lo desea... me perdonará, está en todo su derecho — bajando la mirada con timidez— cuando quieras, puedes darme tu respuesta, lo entenderé...
Charles quiso aceptarlas, no tenía razones para no hacerlo, pero temiendo a la reprimenda que le esperaba por parte de su padre, prefirió mantener eso en estado neutro— gracias por tus disculpas, y lo pensare... lo prometo —fue lo único que salió de él, otra vez. Vamos Charles, ordena tus ideas.
— Bueno, dejando claro eso y con tu madre ya más calmada... —vuelve a ponerse de pie y camina un par de pasos a él— ahora soy yo quien exige respuestas —lo mira fijamente—, espero tu explicación ¿Dónde estuviste todo el fin de semana?
— Salí... —respondió veloz— salí con un grupo de amigos — su padre hizo el ademán de querer preguntar algo, pero Charles leyó sus intenciones con rapidez, su astucia volvía a él—, fuimos a acampar... —se arrepintió al instante de esa respuesta, porque sabía la conclusión que su padre sacaría.
— ¿Con este clima? —señalando como la lluvia tenue de la tarde, pasaba a una torrencial y estruendosa, hasta el brillo de un relámpago se coló por la ventana e iluminó toda la sala del departamento.
Pero no podía dejar caer su mentira, debía sostenerla— sí, uno de ellos tiene unas cabañas a las afueras de la ciudad, o más bien... sus padres —riendo incómodo, mientras rodeaba a su padre, necesitaba moverse para soltar la tensión. Ambos padres siguieron su caminar hacía la cocina— nos arrancamos del ruido de la ciudad y de los comentarios que rodean la Universidad... —sin mirar a su madre, odiaba tener que usar esa estrategia, pero tenía que sobrevivir, no podía mostrarse con flancos débiles y además, esta era la primera vez que le mentía a sus padres, debía hacerlo sonar lo más creíble posible.
Sharon bajo la mirada apenada— si... me enteré por Emma de las cosas que anda diciendo la joven Mactaggert y sus amigos —exhalando con pesar por la nariz— perdón por eso, también... —Charles quiso hablar, pero su padre lo interrumpió veloz.
— Esto no se trata de los rumores de pasillo o de lo que pasó en la cena, se trata de tu actitud esta semana y tus acciones desconocidas durante los últimos días... —siguiéndolo fijamente con la mirada, mientras el joven trataba de fingir normalidad al preparar un té— independiente que estuvieras molesto por lo que pasó, merecíamos saber de ti en los siguientes días o al menos ese fue el acuerdo al cual llegamos cuando aceptamos que te mudaras a este departamento, cada semana nos llamarías para saber cómo estabas... —sentenció firme
Y esta vez Charles ganó más confianza— yo jamás les pedí permiso para irme... —respondió con naturalidad y su padre frunció el ceño— yo les comuniqué que me iría y ustedes tenía dos opciones, enfadarse o aceptarlo... además, el acuerdo fue una petición, más que una condición...
— ¿Quieres que te firme un contrato para establecer horarios de llamadas y visitas? —consultó molesto su padre— así se cuándo no te molesto con mi presencia...
Charles suspiro, es cierto que su padre estaba tratando de tergiversar un poco sus palabras, pero también se dio cuenta que fue un poco insensible con su respuesta, sus padres solo estaban preocupados, y después de todo, no estaban acostumbrados a esta nueva actitud y espontaneidad que lo estaba atacando, por lo que era normal que reaccionaran con temor.
— No, papá... —haciendo una mueca de incomodidad— jamás les pediría eso, perdón, se me pasó la mano —mirándolos a ambos
Su padre relajo los hombros, pero mantuvo el rostro severo— bueno, entonces... ¿Dónde estabas? ¿Con quién?
— Ya te lo dije, papá... estaba en una cabaña a las afueras de la ciudad con unos amigos
— ¿Qué amigos? —esta vez fue su madre quien preguntó, no podía negar que también estaba preocupada y necesitaba saber, no podía seguir manteniéndose al margen de todo esto, aun cuando estaba muy incómoda y arrepentida de sus acciones. Había un debate interno en ella sobre sus límites como madre en esta situación ¿Tenía derecho a pedirle explicaciones a su hijo después de lo que había pasado?
— Unos... de la Universidad —no pensó mucho más la respuesta y la verdad, no entendía porque debía dar nombres.
— ¿No me vas a decir quiénes eran? —preguntó su padre conteniendo el enojo
— ¿No te basta con mi palabra? —refutó su hijo
Brian apretó la mandíbula —antes quizás, pero ahora... no se
— ¿A no? —eso sí molesto a Charles— ¿Un solo "error" y ya soy el peor hijo del mundo?
— Mi hijo jamás era de desaparecerse todo un fin de semana y sin dar señales, siempre contesta el teléfono y estaba de vuelta en su departamento antes de la diez — argumento con seguridad
Y la idea voló veloz por su mente— ¿Y cómo saben que no estuve en todo el fin de semana aquí? —un silencio se hizo presente— ¿Vinieron todos los días? —Brian bajo la mirada por unos segundos, pero luego la mantuvo, Sharon ni siquiera lo miro— ¿Para eso usan su llave de emergencia? ¿Para espiarme cuando no estoy? —la tetera comenzó a pitar, indicando que el agua ya estaba caliente, pero Charles no volteó hacia ella, estaba atento mirando a sus padres— ahora yo espero una respuesta, papá... —su madre no soporto el ruido y se metió veloz a la cocina a apagarlo, sin mirar aún a su hijo— ¿No es primera vez que lo hacen, no?
Brian negó molesto, odiaba reconocerlo— no, no es la primera vez...
— ¿Esa es su forma de mostrarme que confían en mí? —acusó rodeando la mesa— ¿Vigilándome día y noche? ¿Entrando a mi casa sin mi permiso y cuando no estoy? ¿Tomando decisiones sin mi consentimiento?
Sharon iba a responder, pero Brian la detuvo— a ver, Charles... —masajeándose la sien, esta situación ya lo estaba cansando— sí, es cierto, lo que hicimos estuvo mal, pero y aunque a ti no te guste o te incomode, nosotros seguimos siendo tus padres...
— Pero ya soy mayor edad, y no dependo de ustedes, eso lo saben... —insistió seguro
— Por favor, Charles... ¡Despierta! —vociferó su padre— sí, eres mayor de edad, si, tienes dinero ahorrado para medianamente subsistir, una beca para tus estudios y este departamento de tu hermana, puedes tener hasta un nuevo trabajo ahora, pero sigues siendo muy joven —iba a refutar, pero su padre lo volvió a interrumpir— apenas cumpliste la mayoría de edad hace dos años, jamás has vivido solo tanto tiempo y tu red de apoyo es muy pequeña... —trata de calmarse— jamás tuviste muchos amigos ni relaciones cercanas, siempre te ha costado interactuar con los demás y de pronto debes enfrentarte a un mundo nuevo, uno peligroso y lleno de tentaciones muy atrayentes, pero dañinas... no tienes la madurez suficiente para enfrentarte a todo el mundo solo.
Charles frunció el ceño muy molesto— ¡¿Y cómo la voy a obtener si nunca me dejan crecer?! ¡Si nunca me sueltan la maldita correa que me sujeta del cuello! —calló al instante, no sabía de dónde había salido eso, pero había cruzado una línea— soy su hijo, no su perro... necesito que confíen en mí, aunque sea déjenme intentarlo...
Brian iba a hablar, aún estaba molesto, pero Sharon lo interrumpió esta vez— lo sabemos Charles y lo entendemos, o al menos tratamos... —exhala— pero tienes que entendernos a nosotros —su mirada se carga en dolor y Charles tiembla— ¿No crees que tenemos suficientes razones para temerle al mundo que te rodea? —Brian sintió el ambiente alrededor y se apresuró a tomar la mano de su esposa— eres nuestro hijo, nuestro único hijo... —Charles resintió ese comentario— o al menos, el único que nos queda... —carraspeó para aclarar su garganta— y por favor, no pienses que te digo esto para manipularte, porque no es así... pero el mundo es cada vez más peligroso, tantas personas querrán hacerte daño, querrán apartarte de lo bueno, que te influenciarán de mala manera y quizás por tu miedo a no encajar o al ser aceptado, terminaras cediendo... y apartándote de nosotros.
No dijo nada, no reaccionó de ninguna forma, solo se mantuvo estático y pensativo, porque muy en el fondo sabía que su madre tenía un punto, sabía que solo era el miedo hablando por ellos, que seguían demasiado traumados, pero el problema es que lo estaban asfixiando y terminaría odiándolos, y no quería eso, no deseaba eso de ninguna forma. De lo que sí estaba seguro es que nunca nadie podría llevarlo por mal camino o con la intención de que abandonara sus valores, estos eran intrínsecos a él, pero lo acontecido hace solo unas horas lo hizo dudar ¿Erik lo estaba llevando por el mal camino? ¿O él estaba llevando a Erik a lo equivocado? Esa disyuntiva lo hizo temblar.
— Mamá, jamás he encajado en ningún lugar... —comentó con cierta tristeza, aunque dijera que no, a veces si le afectaba esa verdad— y no me molesta, de hecho... a estas alturas ya me hice a la idea.
Ese comentario hirió a sus padres, tampoco querían que su hijo se sintiera solo, pero era obvio que con ellos no bastaría, Charles debía hacer su propio círculo, sus propias redes, su propia vida, pero es que algo dentro de ellos les decía que eso jamás pasaría, porque nadie amaría y aceptaría a su hijo como ellos lo hacían, el mundo simplemente no estaba preparado para alguien como él.
— Por eso, no deben preocuparse —prosiguió— por primera vez en mi vida estoy conociendo gente que me acepta y no espera nada de mí, que le basta y sobra con sea solo... yo —un leve sonrojo apareció, pero sus padres no lo acusaron para su suerte, y muy en el fondo no estaba incluyendo solo a Erik, sino también a Scott, a la Profesora Emma y quizás incluso a Jean— y si, al final tal vez resulten ser malas personas, pero eso lo tengo que descubrir yo, supongo que tendré que correr el riesgo, de eso se trata... vivir —se sorprendió gratamente de sus palabras, estaba ganando valor y confianza en sí mismo, y claramente era gracias a estas nuevas personas que los rodeaban— déjenme cometer mis propios errores, confíen en mí... por favor
Ambos padres se miraron más que asombrados, al parecer, o más bien, era más que obvio que habían subestimado a su hijo, estaban dudando de sus capacidades y de su forma de afrontar la vida, incluso quizás habían olvidado que ese pequeño y frágil niño que siempre jugaba puertas adentro ahora quería salir al mundo y conocerlo, y lo que más los preocupaba y los deprimía, es que lo haría sin ellos.
— No... sé... —respondió con total honestidad su padre— estoy empezando a temer que estas cambiando y... —exhala agotado— no para bien
Charles iba a refutar su punto, pero lo impensable sucedió otra vez y el terror lo dominó al instante ¡El teléfono estaba sonando! Y no podía correr a contestarlo, porque se delataría al instante, más cuando sus padres lo miraban confundidos, por su reacción o más bien dicho, por su temor ante la llamada. Hizo el ademán de moverse a contestar, pero su padre le clavó la mirada, era claro que no quería que contestara cuando estaban conversando un tema tan delicado.
— Solo déjalo que suene —agregó ofuscado su padre
El joven no apartaba la mirada del aparato y el sudor recorría toda su espalda, más al razonar que al momento que se cortara la llamada, se activaría el contestador, y todos los presentes podrían escuchar el mensaje, algo que lo aterró aún más ¿Qué pasaba si era Erik? ¿Diría algo de lo que pasó este fin de semana? ¿Cómo reaccionarían sus padres? ¿Cómo lo explicaría? La mentira se cayó, sentenció Charles, en el momento en que escuchó que la llamada se cortó y pasó al contestador.
— Habla Charles Xavier, por el momento no puedo atender, pero deje su mensaje y lo llamaré a la brevedad —respondió el aparato. Charles sintió la adrenalina bajar por toda su espina dorsal
— Hola, Charles —dijo una voz y al instante el joven la reconoció— lamento molestarte tan tarde, pero tengo dudas con la presentación de mañana —¡Scott! Charles vio con lujo de detalles como su alma volvía a su cuerpo— y como sé que me matarás si me equivoco, prefiero cerciorarme contigo... llámame ¡Por favor! —rogó el joven— sino lo haces, mis malas calificaciones te perseguirán toda tu vida, bye...
Charles se apoyó con ambas manos sobre el mesón de la cocina, mientras exhalaba agotado, eso había estado muy cerca e igualmente, aunque todo había salido mejor de lo que pensaba, ese último comentario de Scott no lo había dejado muy bien parado, quizás sus padres pensarían que se estaba juntando con los más desordenados y estúpidos de la clase, cosa que en parte, no era cierta, Scott era desordenado, pero no era estúpido, quizás un poco flojo, distraído era el mejor adjetivo.
— ¿Quién era? —preguntó su madre
El joven respondió veloz— Scott Summers, un muy buen amigo de la Universidad... —hizo la conexión de manera veloz— él es uno de los amigos con quien pasé el fin de semana, aprovechamos de repasar lo de la presentación de mañana, pero como siempre, lo olvido... es algo despistado —ríe fingiendo seguridad
Su padre aparento creerle, pero su madre prosiguió— ¿Summers? —Charles asintió, temiendo que esta iría a interrogar a su amigo, tendría que alcanzarlo bien temprano mañana para que lo apoyara en la coartada, pero conociendo a Scott, era claro que este lo ampararía, aunque se lo cobraría después— ¿Es el alumno que tuvo problemas con Emma? —preguntó algo confundida más para sí misma, y en parte a su esposo también.
Ese comentario desconcertó a Charles — ¿Problemas? ¿Qué problemas? —preguntó intrigado, pero su madre negó veloz.
— Nada, estoy desvariando... —vuelve la vista a su esposo, había un tema que terminar
— Como sea... —comentó su padre— Charles, lo que pasó este fin de semana no estuvo bien —Charles lo miró fijamente, como si esperara un extra en esa oración— por parte de los tres... — agregó cansado— por tanto, creo que tenemos que establecer ciertas reglas
— ¿Reglas? —no muy contento con ese comentario
— Si, reglas —sin titubear— puedes ser mayor de edad y vivir solo, pero sigues siendo nuestro hijo, sigues siendo nuestra responsabilidad legal hasta que dejemos este mundo, te disguste o no... y sigues siendo muy joven aun, aunque te duela aceptarlo, pese a tu brillante inteligencia.
Charles iba a refutar, pero se la dio por válida al final— esta... bien —aceptó a regañadientes — me comprometo a seguir llamando todas las semanas para avisar que estoy bien, además de la respectiva visita a comer y a avisar si salgo de la ciudad ¿Hecho? —sus padres se miraron y asintieron— pero entonces ustedes también se comprometen a no seguir espiándome de esta manera, a no buscar controlarme, a consultar mi opinión y a no indagar con quién salgo, eso es parte de mi vida privada... confianza, solo eso pido
— Está bien —dijeron al unísono
— Y una cosa más... —agregó mejorando la postura— quiero las llaves de emergencia de vuelta —ambos mostraron un enorme semblante de sorpresa— hasta que no vuelva a confiar en ustedes o sentirme cómodo, no tienen derecho a entrar a mi departamento sin mi consentimiento... —Sharon iba a refutar, pero Charles la calló— es mi casa, si quieren venir, lo harán como cualquier visita —se encaminó a la sala y abrió un cajón del mueble— yo no tengo llaves de su casa y ustedes no tienen de la mía... —dejándola sobre la mesa en señal de trueque, pero al ver la duda en su rostro, decide sentenciar la oferta— no me hagan cambiar la chapa... — ambos exhalan— ¿Trato?
Brian deja la llave sobre la mesa— trato... —dice a secas, no muy convencido de la idea
— Excelente... —volviendo a caminar— si no hay más...
Sharon toma la palabra— Charles, yo sí tengo una petición más —su hijo voltea hacia ella
— ¿Cual? —pregunta con tranquilidad
— No olvides que somos tus padres, por favor...
— Mamá, jamás olvidaría... —Sharon eleva la mano, indicándole que guarde silencio, aun no terminaba su punto.
— No es eso a lo que me refiero —indicó serena, pero firme— aunque quieres tu libertad, tu independencia y tu oportunidad de crecer y de demostrarnos de lo lejos que puedes llegar, lo cual estamos más que seguros que harás, seguimos siendo tus padres y todo lo que hacemos es en base al amor y porque queremos lo mejor para ti... —se acerca a él y comienza a acariciar su rostro— no buscamos molestarte o dañarte, y para nosotros, el hogar donde creciste, tú y tu hermana... —tanto el Xavier padre como hijo se sorprenden de su comentario, no recordaban la última vez que mencionaba de esa forma a Raven— fue, sigue y seguirá siempre siendo tu hogar, aquel al que puedes volver cada vez que te sientes solo, triste o incomprendido... —sonriéndole con dulzura— sé que tu hermana... —sintiendo el dolor al volver a decirlo— te dejo este departamento porque quería que fueras libre e independiente, y también sabemos que incluso, si en un futuro cercano, terminas considerando este lugar como tu nuevo hogar, nosotros siempre estaremos para ti en aquel que te vio crecer...
Por fin Charles entendió su punto— lo sé, mamá... y en verdad lo agradezco, y claro que también lo consideraré mi hogar... —mira a su padre— siempre...
Sabía que debía ser así, que esa debía ser la verdad, pero una parte de él se negaba a verlo así, no al menos desde hace dos años, desde que recibió la peor noticia del mundo dentro de esas paredes, y la verdad, no solo por los últimos dos años, quizás era así desde mucho antes, desde que Raven dejó su hogar para ser feliz. Por eso, la joven insistió en comprar este pequeño departamento y lo puso al instante a nombre de su hermano pequeño, porque quería que él tuviera la oportunidad de irse mucho antes; antes que tuviera que terminar literalmente huyendo, como ella lo hizo hace ocho años.
— Y por favor, cuídate ¿Si? —agregó su padre— tu... no eres como los demás —no muy feliz a decir eso, y aunque a Charles no le agrado mucho el comentario, lo dejo pasar— siempre tienes que cuidarte el doble... —su voz se vuelve algo temblorosa— no volveré a pasar por lo mismo otra vez.
Charles toma las manos de ambos— papá, eso fue hace mucho, era pequeño y frágil, ahora ya soy mucho más fuerte... hasta aprendí a nadar, aun cuando dijeron que no podía ¿Recuerdan? — ambos asintieron— todo irá bien, ya verán... no cometeremos los mismos errores del pasado
— De acuerdo —respondió su madre algo esperanzada— Te Amo...
— Y yo a ustedes... —abrazándolo a ambos
La verdad, ese abrazo lo reconfortó, no recordaba la última vez que tuvo un momento así con sus padres, por lo que se sintió agradecido y también algo conmovido, como si lo que estuviera ocurriendo también fuera parte de su nueva espontaneidad. Desde que los vio dentro de su departamento al cruzar la puerta, temió lo peor y conociendo el registro familias, sabía que esto iba a terminar muy mal, pero al contrario, logro manejarlo muy bien y sus padres también terminaron aceptándolo de mejor manera a la que esperaba, incluso cedieron sus límites y dejaron oportunidad para la confianza.
Al parecer, esta nueva espontaneidad que lo estaba dominando hace ya unos meses, comenzaba a traerle mejores cosas de lo que siempre espero, ya que enfrentarse a algo nuevo, muchas veces se mostraba como un gran reto para él, pero esta nueva etapa le habia traído grandes sorpresas, había logrado hablarle a un desconocido y terminó obteniendo un buen amigo como Scott, se había defendido de aquellos que lo juzgaban y señalaban, sin temor a sonar egoísta o descortés y con personas a su lado que lo respaldaban, le habia perdido el miedo a enfrentar a sus padres y a exigir límites sanos, y lo mejor de todo, le había dado oportunidad de conocer a alguien como Erik.
Erik. En cuanto lo recordó, corrió veloz a cerrar la puerta con llave y revisar el teléfono, debía descartar cualquier cosa y para su suerte, no había ningún mensaje en la contestadora, lo que implicaba que sus padres no averiguaron nada acusatorio y muchos menos sospechaban algo. Tomó el auricular y marcó, los sonidos de la llamada se mezclaban con su latidos erráticos, además de su respiración veloz, pero esta vez la suerte no estuvo a su favor, el teléfono sonaba y sonaba, sin que nadie contestara. Erik no estaba cerca del teléfono y la contestadora se lo confirmó.
— Soy Erik Lehnsherr, por el momento estoy ocupado, pero deje su mensaje y lo llamaré de vuelta, gracias... —se cortó el contestador
Charles sintió cierto vació ante eso, pero prefirió obviarlo y responder antes que el pitido volviera a sonar— hola, Erik... —comentó algo avergonzando— disculpa no haberte avisado antes de mi llegada, pero tuve unos inconvenientes por aquí —ríe incomodo—, nada grave, descuida... te lo explicare todo mañana —inhala y una pausa algo larga se hace presente— te veo mañana para el almuerzo o después, si es que todo sale como planeamos... —ni siquiera se habia dado cuenta que estaba jugando con la correa del auricular, parecía un adolescente embobado— y gracias, la pase estupendo hoy... y no solo hoy, sino también todo el fin de semana... —vuelve a inhalar— de los mejores de mi vida... —cortó.
Se estiró con pausa sobre el sofá, corriendo algunos libros que aún tenía esparcidos por ahí y trato de relajarse, mientras asimilaba todo lo que había pasado durante estos últimos días, incluyendo lo de Moira, y por un momento sintió que estaba relatando la vida de otro, porque era imposible que su vida fuera tan emocionante y cargada de acontecimientos ¿Qué habia pasado en tan poco tiempo? ¿Cuándo se volvió alguien interesante? Quiso razonar, y llegó a la conclusión que quizás siempre estuvo ahí, pero jamás se dio cuenta, una verdad algo triste, nunca había sido el protagonista de su propia vida.
El sonido de la puerta lo volvió a la realidad, y una leve esperanza apareció por ahí, pero la volvió a acallar, para ponerse de pie y caminar, o más bien correr a la puerta; claramente la persona que lo estaba esperando no era la que él pensaba, pero se sintió igualmente regocijado de tenerla ahí, aunque sea por unos escasos minutos.
— Sra. Grant ¿A qué debo esta maravillosa visita? —consultó con una sonrisa
La mujer le respondió con la misma sonrisa— mi pequeño Charles, mis nietos vinieron hoy a verme y dejaron algo de tarta... —destapando el dulce tan bien horneado— quería saber si querías el resto —volviendo a taparlo y acercándolo a él— te invitaría a tomar el té, pero es muy tarde y mañana tienes clases, así que tienes que dormir mucho... —Charles no podía dejar de sonreír encantado, esta mujer era igual o más dulce que sus postres— ¿Lo quieres? —volvió a consultar
— ¡Claro! —respondió raudo tomando la bandeja— cualquier cosa que usted hornee, es deliciosa...
— Bueno, la receta es mía, pero la preparación es de mi hija... —elevando sus brazos— estas manos ya no están para cortar y cocinar con tanto esmero...
Charles sintió algo de tristeza al escuchar eso, el cómo la edad te comenzaba a limitar, era algo que lo aterraba a veces— sé que estará igual de deliciosa, gracias...
— No la comas toda hoy, mucho dulce antes de dormir hace mal, pero... —haciendo una mueca de incomodidad— viendo la situación actual, creo que un poquito extra de azúcar no está mal...
El joven sonrió nervioso— ¿Escuchó algo?
— No, nada... —indicó segura— pero los vi pasearse todo el fin de semana por tu departamento, es más, les dije que tu no estabas... —eleva ambas cejas en señal de resignación— pero simplemente no me escucharon o no quisieron entender
— Entiendo, disculpe si la hice pasar un mal momento...
— Para nada, para gente algo intransigente... tengo experiencia —cruzándose de brazos— lidie con la familia de mi esposo toda la vida, descuida... —riendo por lo bajo— pero si me permites la osadía, me gustaría darte un pequeño consejo
— Por supuesto —respondió con tranquilidad
— La tranquilidad no tiene precio, a veces es mejor vivir solo pero en paz... a que en compañía y atormentado —le guiña un ojo— la mejor compañía no es de la cual se espera algo, sino la que se encuentra... donde menos se espera —volviendo a sonreír— descansa, pequeño Charles y buenas noches... —comenzando a alejarse hacia su departamento
Charles permaneció algo impávido unos segundos— gracias... por el consejo y ¡Por la tarta! —viéndola abrir la puerta de su departamento— buenas... noches
Iba a razonar el maravilloso consejo regalado, pero el teléfono sonó y volvió a caminar, o mejor dicho, correr a contestarlo — ¡Alo! —expuso con mayor volumen de lo esperado, por lo que carraspeó nervioso— diga...
— ¡Hasta que por fin contestas! —indicó su amigo molesto
— Scott... —Charles exhalo sentándose en el sofá, agradeció haber actuado con el sentido común antes, o al menos por escasos segundos, porque por un momento casi se le escapó un sonoro y claro ¡Erik! al contestar al teléfono— recibí tu mensaje hace solo unos minutos, por eso no te habia devuelto la llamada...
— Si, ya lo note —respondió con ironía— pues tienes que haberte desaparecido todo el fin de semana para no responder, porque lo deje ayer muy temprano... —un leve silencio se hizo presente, Charles se quedó sin excusas, ya se estaba cansando de darlas, pero Scott captó el silencio acusatorio— vaya, vaya... ¿Me huele a un intento de mentira rondando por ahí? —Charles no respondió— algo me dice que el incorregible y puritano Charles cometió un acto pecaminoso e inconcebible durante estos últimos días... ¿No es así?
Charles soltó un largo suspiro— pues digamos que si... —acariciándose la sien, estaba acorralado, era el precio que debía pagar ahora por tener amigos, su vida ya no era tan privada— pero no te vanaglories tan rápido, porque también te incluye a ti...
— ¿A mí? —pregunto algo ofendido— ¿Qué tengo que ver yo? —chasqueando la lengua— es cierto que he influenciado de manera muy positiva en tu vida, dándote confianza y valor, además de consejos trascendentales de galantería...
Charles lo interrumpe— yo hablo más de la mala influencia, cómo enseñarme a buscar pelea, espiar profesores y faltar a clases...
Scott tosió— pues de nada, mal agradecido... —exhala rendido— en fin, comenzando a sospechar que tú no te andas con rodeos, y como nunca has roto las reglas, cuando lo haces tiene que ser de manera colosal ¿O me equivoco? —Charles asintió y se arrepintió, Scott no puede verte idiota, supongo que se estaba acostumbrado a hablar de esto con él siempre en persona.
— Si... —se limitó a responder
— Y si me involucra a mí, es porque de seguro me usaste de chivo expiatorio... —vuelve a chasquear la lengua— será pues ¿Qué tengo que hacer? ¿Necesitas un vino para olvidar o una pala para desaparecer la evidencia?
Charles soltó una risa bastante sonora, pero se sintió reconfortado, ni siquiera lo cuestionaba, solo consultaba sus pasos a seguir, en verdad podría llegar con él hasta el final— un poco de ambos, pero mañana te cuento... por ahora, lo único que tienes que saber y por si alguien pregunta, estuvimos todo el fin de semana en una cabaña que tienen tus padres a las afueras de la ciudad
— Vaya... quiero arrancarme a esa cabaña todo un mes —agregó dichoso—, si mi padre tuviera eso, ya viviría por ahí hace tiempo o mandaría a Alex a jugar al leñador por allá —riendo por la nariz—, pero bueno, entiendo tu petición ¿Horas? ¿Lugar exacto? ¿Testigos?
— ¿Para qué necesitas todo eso? —preguntó confundido el Xavier
— Oye, necesito que suene creíble... el prestigio de los Summer está en riesgo —argumentó—, tu familia tiene miles de departamentos en Manchester, Liverpool y hasta un castillo financiado por la Corona... —Charles río, odiaba seguir escuchando esos chismes baratos— déjame a mí con mi casita en la pradera... y lo digo, porque si te cogiste una mucama en tu casa, tendremos que contratar al harem completo del Príncipe Carlos para que suene verdadera la mentira de la cabaña...
No era el momento, pero prefirió corregir esa afirmación— el Príncipe Carlos no tiene un harem, créeme... lo conozco —y no era mentira, había hablado con él un par de veces, incluso fuera de las fiestas y círculos sociales, tenían el mismo nombres, irónicamente e incluso alcanzaron a jugar polo una vez, aunque su madre jamás lo supo, si lo hubiera visto montado a un caballo, el grito hubiera llegado hasta Escocia. Era alguien tímido, mucho más que él y algo peculiar, por decir menos, no pensabas en la realeza inglesa cuando lo veías.
— Disculpe, señor importante... recuerda que estoy salvando tu pellejo —refutó— déjame la planificación a mí, tu apestas en eso, luego me cuentas los detalles, por supuesto...
— Esta bien, cualquier cosa y si la mentira se cae... es tu culpa
— Como siempre —respondió seguro— y ahora, ya que yo estoy salvando tu pellejo, salva el mío... y en parte el tuyo también —ríe incomodo— ¿Me recuerdas las últimas conclusiones? Tengo una confusión algo complicada... nada grave, por supuesto
— Claro... ¿Desde dónde?
— Desde el comienzo —acotó veloz. Charles exhalo con sonoridad y Scott lo escuchó— soy tu karma, niño... ahora, suelta la lengua
Charles volvió a reír, en verdad le encantaba como Scott siempre lograba sacarle una sonrisa— Scott...
— ¿Si?
— Gracias... —dijo con voz serena— eres un muy buen amigo
Scott iba a responder con un comentario sarcástico, pero quiso responder con la verdad— tú también, Charles...
Así, se quedaron varios minutos debatiendo y preparando todos los detalles para la presentación de mañana, era claro que todo saldría muy bien, así que no había nada que temer, y además, les gustaba conversar, es como si nunca se quedarán sin tema de conversación, o mejor dicho, como si Scott siempre tuviera algo que decir, algo para relajarlo, algo para hacerlo sentir aceptado; alguien que lo tranquilizaba, como dijo la Sra. Grant y claramente Scott no esperaba de él, solo amistad y él solo tuvo la suerte de encontrarlo, de ganarla.
Algunos kilómetros más allá, un Profesor se había quedado despierto junto al teléfono esperando la tan ansiada llamada, una que jamás llegó y que la verdad, lo preocupo un poco, pero no quería pensar lo peor, prefirió seguir rodeado de las almohadas y mantas de los días anteriores, acompañado de su aromático olor. Tanto fue la ensoñación, que terminó por dormirse, al menos por un poco más de una hora y cuando se levantó, el frio calo sus huesos, apenas quedaban brasas en la chimenea, por lo que se puso de pie al instante para reavivarlas, pero algo llamo su atención notoriamente; el contestador marcaba una luz roja. ¡Tenía un mensaje!
Corrió y marcó la reproducción del mensaje, tenía dos mensajes y estaba seguro de quien eran, pero el primero lo tomó por sorpresa y lo sacudió por completo— Hola... Erik... —un largo suspiro se escuchó por la bocina, y el hombre reconoció la voz al instante, como no hacerlo, habia vivido y despertado con esa voz por casi un año. Cayó sentado en la alfombra— tenía muchas dudas si llamarte, pues prometimos no volver a estar en contacto, pero... algo paso y necesito conversar contigo —vuelve a exhalar— por favor, llam-
Se puso de pie veloz y paró la reproducción, no quería escuchar más, no necesitaba escuchar más, las náuseas volvieron atacarlo y la ira incontenible se apoderó de él en escasos segundos, tomó la contestadora, dispuesta a hacerla añicos en el suelo, como muchas anteriores, cada vez que trato de comunicarse con él en el pasado, pero algo detuvo todas sus acciones. El segundo mensaje se reprodujo de manera automática.
— Hola, Erik... disculpa no haberte avisado antes de mi llegada, pero tuve unos inconvenientes por aquí, nada grave, descuida... te lo explicare todo mañana, te veo mañana para el almuerzo o después, si es que todo sale como planeamos...
Charles.
Una sonrisa volvió a él y aunque el frío seguía presente en la sala, se fue disipando poco a poco, dando espacio a una calidez indescriptible.
— Y gracias, la pase estupendo hoy... y no solo hoy, sino también todo el fin de semana... de los mejores de mi vida...
Eso tenía que bastar, debía bastarle, por lo que devolvió el aparato a su lugar y borro el primer mensaje, nada había pasado, nada debía estar pasando. En este momento, solo Charles existía para él y no necesitaba más. Volvió a reproducir el mensaje y volvió a las mantas y almohadas, definitivamente había transformado a este pequeño espacio en su lugar seguro, uno en el que los demás no podían encontrarlo, donde no podían lastimarlo. Y curiosamente, ese simple mensaje de voz bastó para que las pesadillas no volvieran, al menos no hoy y mucho menos después de ese... primer mensaje.
A la mañana siguiente, Charles se paseaba impaciente afuera del salón de clases, le había prometido a la Profesora Frost el primer día de clases que no volvería a llegar tarde, pero ahí estaba, a solo escasos minutos de empezar y no habia señales de su compañero, rogaba que su conversación que se extendió la noche anterior, no hubiera afectado el ciclo de sueño de Scott, porque si era así, de algo estaba seguro, tendría que inventar una nueva excusa para sus padres respecto al fin de semana, porque iba a asesinar a su chivo expiatorio si no llegaba.
— ¡Charles! —gritó a todo lo que dieron sus pulmones, debía hacerle saber que ya estaba ahí, para que redujera sus ganas de cometer un homicidio
— ¡Scott! —vociferó fúrico— ¡¿Dónde mierda estabas?! —consultó temblando, en parte por los nervios y también por el frío que recorrió el pasillo y que se coló por su abrigo, claramente su elección de ropa había sido más estética que útil— ¡Sera mejor que tengas una buena explicación!
Scott lo abrazo feliz y Charles quedó a medio camino, completamente confundido— ¡La mejor de la vida! —respondió eufórico—, pero no puedo contártelo ahora... —lo jala hacia el salón— te vas a morir cuando te diga
Charles exhalo agotado, al menos estaba aquí, luego lidiaría con la ira acumulada— estuve a punto... —siendo jalado por Scott hacia los pupitres.
Casi todo el mundo ya estaba instalado, pero con suerte los miraron, todos estaban atentos a sus propios apuntes y presentaciones, después de todo, esta exposición tenía el valor del veinte por ciento final de la nota semestral, esta era la chance para muchos para salvar la mitad del año y para otros, para perderlo para siempre. Ambos amigos se sentaron veloces y comenzaron a repasar lo propio, o más bien, Charles obligó a Scott a memorizar todo, aunque era evidente que ya lo manejaba al revés y al derecho, aunque con sus propias palabras, claro, además, la sonrisa que cubría todo su rostro, de seguro distraería a muchos; ya llevaba varios minutos sin parar de sonreír.
— Buenos días, alumnos... —indicó de manera cortés Emma— empezaremos con las presentaciones, creo que no es necesario repetir cuánto vale esta calificación para su nota final, así que, espero lo mejor de ustedes... —caminando frente a la pizarra— tendrán veinte minutos para presentar, ni más ni menos —algunos murmullos se escucharon por ahí— una vez terminado, les haré algunas preguntas y luego, dos compañeros también tendrán la oportunidad de consultar algo, si nadie se ofrece a preguntar algo, yo lo escogeré y la pregunta deberá realizarse de igual forma, así sabre si los demás estaban prestando atención... —sonríe— bueno, empecemos la cacería.
Los primeros grupos pasaban sin mayor interés, tenían buenos temas y su exposición era correcta, claramente algunos eran mejores que otros, pero nada destacaba más allá; si tuvo que admitir que cuando vio a Moira pasar al frente, sintió cierta incomodidad y uno que otro murmuró algo, pero la joven ni siquiera lo miró, se enfocó en presentar, responder las preguntas, cosa que hizo bastante bien a decir verdad, y luego tomó asiento. Por fin su turno llegó y ambos pasaron al frente, fue en ese momento que los susurros sí que se hicieron evidentes, acompañados de algunas quejas, era claro que el tema seguía latente, pero no permitiría que lo desconcentrara.
Scott lo miró con preocupación, pero Charles se limitó a asentir, por lo que dio comienzo a la presentación— Buenos días, Profesora, compañeros... nuestra presentación es un análisis breve de la evolución de la Religión del Antiguo Egipto, más conocida como Mitología Egipcia... —se voltea a Charles— cuando quieras...
El joven comenzó a dibujar diferente símbolos en la pizarra— en el inicio, y como muchas culturas del Antiguo Oriente Próximo, se creía que los fenómenos de la naturaleza eran fuerzas divinas en sí misma...
Por los siguientes minutos, ambos fueron presentando la Cultura, la creación de la gran civilización en sí y sus pueblos nómades, hasta los dioses más importantes, como Ra, Amón, Isis, Osiris, Anubis, Seth o Horus. Para cuando su presentación terminó, dos minutos les quedaron, por lo que no se pasaron del tiempo y pudieron expresar todo sin complicaciones. Emma los miró fijamente, su mirada se mantuvo serena pero firme, mientras examinaba las reacciones de los jóvenes, bastantes calmos a decir verdad.
— Muy buena presentación, jóvenes... —afirmó. Ambos sonrieron, pero trataron de mantener la tranquilidad— solo me quedo una duda... —repasando sus anotaciones— me podrían explicar con sus propias palabras que motivó al Dios Seth a asesinar a su hermano, Osiris...
Ambos se miraron, pero Scott tomó la palabra— según la leyenda, Seth, Dios del Caos, las tormentas y la violencia, envidiaba a su hermano debido a su popularidad y su posición como Rey legítimo de Egipto, por lo que lo engaño, convocó una fiesta, donde lo hizo recostar dentro de un cofre, para luego encerrarlo y lanzarlo a las aguas del Nilo...
Charles se sorprendió, en verdad si había estudiado— entiendo... ¿Y qué pasó después? —prosiguió Emma, esta vez el Xavier tomó la palabra
— Isis, esposa y hermana de Osiris, y gobernante de los cielos, busco y encontró su cuerpo, para finalmente traerlo a la vida, al menos por un corto periodo de tiempo, donde finalmente pudo concebir a su hijo, Horus... Dios de las artes, la caza, la belleza y el equilibrio de la naturaleza
Emma asintió— perfecto, no tengo más consultas —voltea hacia la clase— ¿Alguien tiene una consulta? —hubo un silencio efímero, pero luego alguien levantó la mano veloz. Charles la reconoció al instante, era la odiosa amiga de Moira, la cual de hecho volteo la mirada y fingió ni siquiera verlo, ya tenía suficiente humillación, para que ahora su "amiga" decidiera hablar
— Yo, Profesora... —Emma le hizo el ademán de hablar— la leyenda dice que el Dios Horus perdió un ojo... ¿Cómo sucedió eso? —la Profesora volteó a los alumnos, esperando una respuesta, pero la joven continuó— me gustaría que el joven Xavier contestara esta pregunta, teniendo en consideración que el respondió sobre su concepción
— Alumna —sentenció Emma, captando su clara intención— yo señalare quien debe responder
Charles se sintió muy atacado, pero nuevamente la espontaneidad lo domino— descuide, Profesora Frost... responderé su pregunta —mirándola fijamente, algunos murmullos se hicieron presentes, mientras Moira enterraba la cabeza aún más en la mesa— la leyenda dice que el Dios Seth, luego de asesinar a su hermano Osiris, padre de Horus, se enteró del nacimiento de este y de cómo Isis se lo ocultó por años, hasta que finalmente el joven Dios se volvió el Señor del Bajo Egipto, y como su padre se transformó en el nuevo Señor del inframundo y responsable del juicio de almas, Seth, nuevo Señor del Alto Egipto, se enfrascó en una batalla con su sobrino en el Nilo para definir al siguiente regente de todo el Gran Egipto, por lo que ambos, transformados en Hipopótamos, batallaron durante días, hasta que finalmente Horus perdió un ojo...
Emma asintió orgullosa— justamente, Charles... muy buena respuesta —se voltea hacia la joven, la cual mantienen la mirada clavada en el Xavier, pero este no la baja, no estaba dispuesto a mostrarse débil ante esa aparecida, Scott sonrió orgulloso, pero cuando Emma quiso buscar a otro alumno, la joven insistió.
— Perdón, Profesora... pero tengo entendida que no es tan así —insistió. Emma levantó una ceja algo molesta
— Pues, ilústrenos... —agregó con firmeza
La joven se puso de pie y prosiguió su discurso— la leyenda exacta dice que el Dios Seth trató de violar al Dios Horus y que por eso la batalla comenzó... —sentándose ufana
Emma iba a refutar, pero Charles se le adelantó— esa es una de las versiones de la traducción, pero no está cien por ciento confirmada, lo único que se puede tomar con certeza es que ambos Dios se enfrascaron en la batalla y ambos salieron muy heridos, y si no hubiera sido por el Dios Thot, Dios de la sabiduría... que intervino, la pelea jamás se hubiera detenido, es más, logró que ambos Dioses se reconciliarán
— Pues nosotros no decidimos qué versión es más certera que otra, solo las interpretamos y las presentamos, todas... —indicó segura— además, durante la batalla, Horus le arrancó el pene al Dios Seth, cosa que creo que está bien justificado para ciertos especímenes...
El rostro del Xavier se tensó en molestia, mientras Moira golpeaba a su amiga en el brazo bastante fuerte, haciendo que esta se queje, había cruzado la línea, pero Emma fue quien la rayó— suficiente... —se pone de pie— si tiene algo más relacionado con la clase, la instó a compartirlo, sino, le sugiero que se guarde sus comentarios, que claramente están fuera de lugar... —la joven hizo el ademán de hablar— cinco décimas menos para todo su equipo por su indiscreción y la espero al terminar la clase, gracias... —volteándose hacia los alumnos— muchas gracias por la presentación, muy bien redactada, presentada y resumida, además de defendida, sigan así... —sonriéndole a ambos— pueden tomar asiento... —algo que ella mismo hace
Charles sonrió más calmado, aunque aún algo atribulado por todo lo ocurrido, al parecer ese rumor lo perseguiría por largo tiempo y en verdad lo estaba cansando, pero la confianza que tuvo para defenderse, lo mantuvo firme y sereno, le gustaba esa nueva faceta de él; pero para Scott no había sido suficiente, y haciendo honor a su personalidad, abrió la boca.
— Bueno, para que veas lo eficiente que era el Dios Seth, que aun con su miembro arrancado, y según algunas versiones, su reconciliación con el Dios Horus no solo sirvió para comenzar a ilustrar el equilibrio y la unidad de todo el Antiguo Egipto, sino que incluso tuvieron un hijo... —el silencio se hizo presente— así que si, incluso un hombre herido... puede hacer grandes cosas
Emma exhalo agotada— gracias, Scott... vuelvan a su asiento, por favor —el aludido siguió a su amigo, quien negaba avergonzado— el siguiente grupo, por favor
Ambos se sentaron, incapaces de hablar uno al otro, pero escucharon el murmullo claro de la joven— ahora vanagloriando a los pervertidos, putos homosexuales... —refuto molesta. Charles sintió el escalofrío recorrer su espalda, esa palabra lo seguía colocando tan incomodo ¿Eso era lo que era ahora? ¿Se había contagiado también?
— Pues yo no le veo ningún problema, y la puta eres tú... —respondió en un susurro Scott. Charles enterró la cabeza en su bolso, mientras la mujer volteaba la mirada— ya, me callo... —volteando a su amigo— pero es que ella empezó
— Tienes suerte que la Profesora Frost no nos bajó puntos a nosotros también... —mirándolo de reojo— además, estas defendiendo a un Dios que se supone que trato de violar a su sobrino... —susurrando aún más bajo
— Como si el incesto fuera una cosa nueva de los Dioses —refuto seguro— el mismo Horus nació del incesto de dos hermanos, sin contar de un Dios resucitado, si lo piensas de cierta manera... Isis revivió a su hermano solo porque quería cog-
— ¡Cállate! —interrumpió de manera ahogada— en serio...
— Ya, ya, me callo... —agregó indiferente— pero que cuente que solo estaba defendiendo tu honra
— ¿Como? ¿Comparándome con un Dios violador y castrado? —volviendo a enterrar la cabeza en su bolso
— Bueno, quizás eso no estuvo tan acorde, pero mi punto era otro... —insistió— el punto era probarle a esa estúpida que incluso aquellos que se equivocan y cometen actos impuros, al final aceptan su castigo como hombres, siguen con su vida, perdonan e incluso son capaces de crear cosas hermosas, como una nueva vida
— ¿Con tu sobrino? —argumentó— ¿Y qué actos impuros he cometido yo?
— Cogerte a la mucama —respondió entre risas, pero Charles exhalo agotado— está bien, eso es mentira... pero anda a saber qué otras cosas impuras hiciste este fin de semana —Charles oculto el rostro—, pero aquí sigues, sin inmutarte y sin hacerle daño a nadie... —exhala entre risas — solo digo, que si en el Antiguo Egipto ya se hablaba de las relaciones entre personas del mismo sexo ¿Por qué debería ser un problema ahora? —elevando una ceja, para establecer su punto
Charles fingió no verlo, ni siquiera escucharlo, pero esa última frase lo hice estremecerse y también dudar ¿Scott sabía algo? ¿Sospechaba? El temor apareció y lo acompañó por casi toda la clase, pero al mismo tiempo, le dio espacio para razonar.
Homosexual
Esa palabra ¿Estaba bien? ¿Estaba mal? ¿Estaba bien para él? ¿Eso es lo que era él ahora? ¿En verdad siempre lo fue? ¿También lo era Erik? Este había tenido relaciones con mujeres antes, lo que implicaba que era él quien estaba... ¿Desviando a Erik? ¿Él era un desviado? No podía o más bien, no quería aceptar eso, ni siquiera pensarlo. La perspectiva era clara, los homosexuales no eran buenas personas, eran enfermos, raros, pervertidos, al menos eso decía toda la prensa, la sociedad misma e incluso para la comunidad científica y de la salud, la homosexualidad es considerada una enfermedad mental.
Ellos no eran eso, eran dos personas que se querían y disfrutaban estar juntas, compartir, acompañarse, acariciarse, besarse, sentirse el uno al otro, eso no se parecía en nada a lo que definían como homosexualidad, ellos solo estaban juntos y por mera casualidad, ambos eran hombres. No era lo mismo ¿O sí? Solo eran dos personas que se... ¿Gustaban? Ese razonamiento lo detuvo ¿Se gustaban? ¿Le gustaba Erik? La respuesta llegó más rápido de lo que logró controlar.
¡Claro que sí! Eso lo hizo sonreír de manera embobada, mientras ocultaba su claro sonrojo en su bolso y pretendía prestar atención, Scott solo lo observo y prefirió guardar silencio, pero algo era claro, había temas sin conversar entre los dos y ya no podían seguir evitándolos; después de todo, eran amigos. Terminada la clase, salieron veloces, no querían cruzarse con nadie y evitar miradas acusatorias, en especial cuando la amiga de Moira se quedó esperando a la Profesora Frost; cuando cruzaron el pasillo principal, vieron a la joven Mactaggert hablando con un grupo de personas, y por escasos segundos, ella y Charles cruzaron la vista, pero la joven enterró la cabeza en el pecho, nuevamente.
Ya en la cafetería, la mágica y ya algo molesta sonrisa de Scott volvió, y era obvio el subtexto de esta, quería que le preguntara y Charles no tuvo otra opción, además se la debía, aun cuando llego tarde y medio que lo avergonzó en clases, lo defendió y estuvo dispuesto a ser su excusa del fin de semana,
— ¿En algún momento vas a borrar esa sonrisa estúpida? —consultó tomando té— ya te pareces al guasón
Scott rio por la nariz— que gentil...
— Al menos puedo saber porque llegaste tarde...
— Pues es justo por esta sonrisa —señalándola, para luego exhalar— hoy en la tarde tengo mi segunda cita con Jean...
Charles elevó una ceja sorprendido— ¿Segunda? ¿Cuándo fue la primera que me la perdí? —comenzando a interesarse en el tema
— ¡Ayer! —grito más fuerte de lo que pudo controlar— me refiero... —carraspeó— ayer salimos por unos cafés, me ayudaba a repasar todo para el examen de mañana y pues nos pusimos a conversar, como siempre lo hacemos... —un leve sonrojo apareció— y cuando nos despedimos le pregunté... —bajando la mirada
— ¿Qué le preguntaste? —dejando la taza sobre la mesa e inclinándose sobre esta, ahora sería él quien lo molestaría, pero Scott evadió la vista acusatoria de su amigo— vamos, no te pongas tímido, no va contigo...
— No es timidez, es... una pausa dramática —subiendo la cabeza— le pregunté si algún día de estos podríamos salir los dos juntos no como... tutor y alumno, sino como amigos y quizás... —exhala— algo más...
Charles soltó un corto— sutil...
— Si tú lo dices, pero no me respondió nada, me dijo que lo pensaría y me dejo en las dudas... —suspiro. Charles se extrañó ante ese comentario
— ¿Y estamos felices por eso? ¿Verdad? —queriendo saber si debía celebrar con él por ese avance o consolarlo por el posible rechazo
— Al principio no lo tome muy bien, y trate de fingir que no me molestó...
— Y como esa es una de tus grandes falencias, ella se dio cuenta ¿Verdad?
Scott exhalo rendido— sí, pero me dijo que me respondería hoy en la mañana, algo que claramente pensé que no pasaría y que comenzaríamos a actuar como si no hubiera dicho nada estúpido... —algo deprimido
Charles sonrió con cierta desganada— y gran idea, tener esa conversación la noche anterior a una presentación tan importante como la de hoy, de seguro pasaste una noche maravillosa...
— Ni me lo digas... —la sonrisa comienza a volver— pero esta mañana me estaba esperando en la puerta, donde nos juntamos siempre para encaminarnos a las salas de tutoría y me dijo... ¡Que le encantaría tener una segunda cita conmigo! —vociferó feliz, para luego tratar de calmarse— cosa que lo tome como una grata sorpresa...
— ¿Segunda? —cuestionó nuevamente Charles— ¿Cuándo fue la primera?
— ¡Ayer! —volvió a gritar, para luego volver a calmarse— que la salida de ayer no había sido una tutoría, habia sido una salida de amigos... y que le gustaría considerarla como la primera cita, si no me molestaba, claro...
— ¿Y qué le dijiste?
— Que sí, obvio... —fingiendo calma mientras se estiraba en la mesa
— Supongo que con esa misma energía... —indicó con ironía Charles, Scott se limitó a asentir, lo que soltó una risa corta en el Xavier— bueno, me alegro mucho por ti... —colocando su mano en el hombro de su amigo— en serio... y quién diría que las tardes enteras tuyas quejándose de ella en mi oído, se transformarían en citas de... "más que amigos"
— Del odio al amor... hay un camino completo de malas notas, retos, peleas, rumores, sexo con mucamas y decirte en tu propia cara que realmente un día quisiera matarte... —suspira mientras se apoya en su mano, recargada en la mesa, para volver a sonreír.
Charles niega entre risas— que romántico... —volviendo a tomar té. Scott se endereza un poco, para luego mejorar su postura y acercarse más a su amigo, cosa que lo sorprende
— La verdad, es más que eso, Charles... —su voz baja de sonoridad— con ella me siento en paz, incluso cuando me fascina hacerla enojar —ríe entre dientes—, es como si ella sacará lo mejor de mí, me hiciera más fuerte, más valiente, más confiado... su cerebro o su inteligencia, ni siquiera sé cómo explicarlo, pero me embriaga, es como si me tuviera drogado, en el momento en que abre esos hermosos labios y comienza a hablar sobre como Atila masacra tribus enteras, con tanta exactitud, o cuando me traduce textos en latín... me pierdo muy lejos —sonríe con cierta vergüenza— a veces no comprendo ni la mitad de lo que dice, pero su mente es tan grande, que podría estar horas escuchándola hablar de lo que sea... solo con ver cómo brillan sus ojos al hacerlo, me basta... —exhala con lentitud
Charles se quedó mudo, jamás pensó escuchar a Scott hablar así y de cierta forma, se sintió relacionado a ese sentimiento, a veces lo que más le gustaba del tiempo que pasaba con Erik era cuando este le habla de física, de astronomía y su siguiente libro, el cómo su rostro brillaba por completo al hablar de lo que le apasionaba, le hacía perder la razón.
— Te entiendo perfectamente, amigo... —respondió con calma— y me encanta escucharte así, tan feliz, tan calmado, tan encantado... —sin poder encontrar el mejor adjetivo para eso
— Gracias, estoy muy feliz —volviendo a exhalar—, siento que después de tanto tiempo... estoy empezando a ganar el derecho de ser feliz, otra vez... —tomando el café
Charles le asintió— ¿Y cuándo será la segunda cita? —acomodándose el abrigo, el viento comenzaba a ser algo molesto
— Hoy —respondió raudo
— ¿Estás seguro? —preguntó algo dudoso— mañana tenemos examen y sabes lo pesadas que son las pruebas del Profesor Ross...
— Si, lo sé... — contestó algo tímido— pero si ayer tuvimos nuestra primera cita y todo salió bien esta mañana, que sea hoy nuestra segunda cita será mi amuleto de la suerte...
— Yo pensé que debías dejar pasar unos días entre cita y cita, digo, para que la cosa enfríe...
— Esas son patrañas —argumento seguro— cuando quieres estar con esa persona, le inventas excusas al tiempo
Charles volvió a sonreír, eso era cierto, después de todo, había estado con Erik todo el fin de semana y apenas iban unas hora sin verlo, y se estaba muriendo de las ganas de estar a su lado, aunque sea sentados compartiendo, incluso sin decir nada. Se estaba volviendo adicto a él, y comenzaba a asustarle eso, debía saber respetar los tiempos y darse espacio para extrañarlo ¿Más? Si seguía extrañándolo, la próxima vez que lo viera, no volvería a soltar. Otra vez, estaba relacionando lo que Scott le decía con su situación con Erik ¿Cuántas veces más podría pasar eso? Pero no quiso darle importancia, si todo salía bien, podrían estar hoy juntos hoy en un lugar especial.
La mirada de Scott a la nada, lo hizo volver a él, estaban hablando de su amigo, no de él— bueno, en ese caso... te deseo toda la suerte, seguiré pensando que es mejor hacerla otro día quizás, para dar más tiempo y también para que no afecte tu concentración al examen de mañana —su preocupación por la excelencia académica siempre era un tema para él— ¿Qué tal el miércoles?
Scott bajo la mirada y suspiró de manera lenta y cargada— el miércoles... no puedo —Charles no todo al instante el semblante cambiante y ni siquiera se detuvo a pensarlo
— ¿Qué sucede? —consultó veloz
Su amigo elevó la mirada, y sus ojos amenazaron con cristalizarse, pero mantuvo la sonrisa— nada especial, se cumplen un año más de la muerte de mi madre, y quisiera estar con ella... todo el día, es todo —concluyó aún con la sonrisa a medias intacta
Eso quebró a Charles, sabía que era noviembre, pero no recordaba el día exacto— perdón, Scott... lo olvide por completo, soy el peor... —exhalo apenado
— Descuida amigo, te lo mencione hace mucho, a veces hasta a mí se me olvida, si no fuera por esto... —sube su manga y Charles lo nota por primera vez
— ¿Un tatuaje?
— Me lo hice al mes siguiente que mi madre falleció, así no se iría jamás de mí, ni siquiera de mi piel... —Charles sonrió con cierta nostalgia
— Vaya, es muy bonito... —viéndolo con detalle— creo que jamás me haría un tatuaje, no tengo el valor
— Es más fácil de lo que crees, y mucho más simbólico cuando tiene un significado, esos son los más importantes —mostrándole las dos mariposas— esa es mi madre y la más pequeña soy yo, ella descansa en la flor más alta, mientras yo la miro... —eleva la mirada hacia el cielo— desde abajo
Charles lo miraba con sumo orgullo, cada día entendía de mejor forma porque se habia hecho amigo de alguien como Scott, podría parecer alguien sarcástico, frío o desinteresado con los demás, pero en el fondo solo eran mecanismos de defensa, para no mostrar la soledad que lo asolaba tan seguido, por lo que se sentía conectado a su historia, ya que aunque ambos habían tenido vidas tan diferentes, aun buscaban encajar en un mundo que no los comprendía, o simplemente, no quería hacerlo.
— En fin, ahora que ya solté la lengua, te toca a ti... —apoyándose sobre la mesa— cuenta ¿Cuántas mucamas fueron este fin de semana?
Charles negó entre risas— ninguna, y deja de repetir eso... —mirando hacia alrededor— ya tengo suficiente con el séquito Mactaggert —inhala para darse confianza—, solo digamos que me arranque de mi departamento todo el fin de semana y no le dije a mis padres
Scott elevo una ceja— ¿Y eso está mal? Yo lo hago todo el tiempo, aunque bueno... mi padre ni lo nota, siempre anda con sus amigos del cuartel de la marina...
— Pues para mi si está mal, porque nunca lo había hecho...
— Pero vives solo, ya eres independiente, tienes hasta un trabajo, es más, eres dos años mayor que yo... no lo entiendo —Charles exhalo cansado
— Con mis padres da igual, podría vivir en el palacio real y me seguirán dando órdenes —chasquea la lengua molesto
— Porque tú los dejas... —respondió con seguridad— no me malinterpretes, son tus padres y ese es su trabajo, si mi madre siguiera viva y viniera a gritarme aquí por qué deje la estufa encendida, aceptaría la reprimenda sin objetar —ambos sueltan una risa tímida—, pero no por eso controlarán todo de ti, pueden darte órdenes, pero no pueden ordenar tu vida, eso es tuyo...
Charles se quedó mudo, en verdad habia establecido un punto— bueno, si, tienes razón, pero creo que ayer dejé esos límites establecidos, espero...
— Entonces, si entiendo bien... te arrancaste todo el fin de semana conmigo ¿Verdad?
— Y otros amigos... —aclaro veloz
— Perfecto, ya tengo lista la coartada, se parece bastante a toda la historia que inventé ayer, pero no te la diré... de tu boca sonaría falsa —Charles fingió una risa burlona— aclarado eso, podemos pasar al tema central —se acerca a él— ¿Qué fue lo que hiciste realmente?
Charles duda, la vergüenza y el miedo lo atacan, pero sabe que no sacara nada mintiendo, no le creería, así que solo omitirá la verdad, que es completamente diferente a mentir— me arranque el fin de semana... con alguien... —responde con timidez
Scott hace la conexión al instante— entiendo... ¿La pasaste bien? —sonriéndole de manera coqueta. Ahora es su amigo quien le regala la mejor sonrisa del mundo en cuestión de segundos.
— ¡Increíble! ¡El mejor fin de semana de mi vida! —gritó tratando de contenerse
— ¡Genial! —contestó feliz— ¡Me alegro mucho por ti! No puedo esperar a que me lo presentes... —agregó con total honestidad
La sonrisa de Charles se esfumó en menos de un segundo— ¿Qué? —fue lo único que escupió con temor
— Que me gustaría conocerlo, algún día... si él logro sacarte de tu cascarón, claro que vale la pena conocerlo...
¡¿Él?! El pecho de Charles comenzaba a subir y bajar con respiraciones entrecortadas, la hiperventilación parecía querer aparecer, y el escalofrío veloz del terror recorrió toda su espalda, llegando incluso a sus pies ¿Scott lo sospechaba? ¿Lo sabía? ¿Los había visto? No podía ordenar las ideas ni sus reacciones, estaba igual de aterrado que cuando vio a sus padres en su departamento ayer ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Tendría que mentir otra vez?
Scott notó su temor cayendo como sudor frío por el rostro y la alarma en sus ojos— Charles, ya sé que ese "alguien" es un hombre... —el Xavier abrió la boca, buscando una idea, un pensamiento, una razonamiento que sonara medianamente coherente, pero nada emergió. Estaba atrapado.
Dentro de la misma Universidad, en la Oficina del Profesor Lehnsherr, el académico y su mejor amiga acababan de terminar su café, y aunque esta venia con toda la intención de saber qué es lo que había pasado el fin de semana entre los dos tortolos, además de contarle lo bien que le había ido a Charles en la presentación de hoy, Erik la esperaba con otra cosa, algo que claramente no era agradable para ninguno de los dos.
— Hola, Erik... —un suspiro tímido— te llame ayer, pero no contestaste, así que tenía que intentar por aquí... —una inhalación se detiene y luego un sollozo se escucha— sé que me pediste no volver a vernos o a tener ningún contacto, pero en serio debo hablar contigo... —se escuchan unos pasos, lo que implicaba que de seguro se estaba paseando en el mismo lugar una y otra vez— no quería hacerlo, en serio... pero no tengo opción... —una pausa larga se hace presente— ya me descubrieron... —se corta
En cuanto el contestador del teléfono termina de reproducir el mensaje, ambos amigos elevan la mirada muy confundidos— ¿Me descubrieron? ¿Qué rayos significa eso? —preguntó consternada la rubia
— No... lo sé... —exhala rendido— pero creo que tiene que ver con esto... —se voltea y toma el periódico del día, para pasárselo a su amiga— página seis...
Ella lo abre veloz y comienza a leer— el magnate y ex miembro de la cámara de los comunes, Georg Odekirk, acaba de contraer matrimonio con... —la mujer eleva la vista con rapidez— se casó...
— Pero no con ella... —sentenció Erik cabizbajo. Ni siquiera sabía qué pensar, pero una parte de él se lo decía, o más bien, lo gritaba con todas sus fuerzas, esto no era bueno para él... y para los que lo rodeaban.
Chapter 24: 23
Chapter Text
Mentiras
Diciembre de 1979 (Un año atrás)
La sala resplandecía en adornos, comida y las más finas presencias, celebridades, músicos, científicos, prensa, incluso vio a la Princesa Ana y su esposo algunas mesas más allá. Aún no podía creer que podía estar haciendo alguien como él aquí, era un simple Profesor de Universidad que por fin habia pasado a contrato completo y con planes de poder quizás publicar su primer libro el próximo mes.
Pero debía cumplir esta odiosa tarea, aunque fuera por cortesía y etiqueta, esta no era su fiesta, era la de su pareja, Magda Eisenhardt, una reconocida física experimental, que estaba celebrando la fiesta de fin de año del Prestigioso Instituto de Física (IOP) dentro de los pasillos del mismísimo Museo de Ciencias de Londres. Como oradora de la noche y una de las principales organizadoras del evento, Magda tenía como objetivo cerrar la ceremonia del instituto, mostrando todos los avances y metas alcanzadas durante el año, además de instar al sin número de inversionistas presentes a seguir invirtiendo en la ciencia para proyectos futuros.
Erik se paseaba de un lugar a otro, solo observando el museo y a los presentes, la Princesa Ana claramente se llevaba todos los reflectores y por lo que pudo escuchar, ella y su esposo invertían bastante seguido en proyectos científicos, lo cual Erik en teoría agradecía, pero encontraba irónico que usaran el mismo dinero dado a ellos por los impuestos británicos para pagar proyectos públicos. Magda se paseaba por todos lados, mostrándose radiante y galante, respondiendo todas las preguntas e invitando a todos a pasar a la sala contigua para el cierre de la ceremonia.
Debía admitir que se sentía algo desplazado, y no solo durante el evento; Magda con suerte le habia hablado y lo presentó solo a algunas y escasas personas, ni siquiera al propio curador del museo, cosa que Erik prefirió obviar y fingir no ofenderse, más cuando en los últimos minutos le mando unas escasas sonrisas de lejos, unas que lo calmaron levemente, después de todo no era su noche y no debía buscar arruinársela, pero es que hace meses Magda estaba tan inmersa en su trabajo, escalando a pasos agigantados y ganando más reconocimiento, que cada día se sentía más dejado de lado, más olvidado, a veces incluso pasaba semanas lejos en sus viajes a Austria o Francia, sin mencionar los que se vendrían en un futuro si lograba su cometido de visitar el CERN en Suiza, y en todo eso, Erik se sentía cada vez más incapaz de retenerla.
No quería pensar que sentía envidia de sus avances o acaso intimidado por su crecimiento, pero parecía que cada día que pasaba, Erik entraba menos en la ecuación que Magda dibuja en su futuro. Incluso, meses atrás habían hablado de irse a vivir juntos, de empezar a formar una vida juntos, una familia quizás, y porque no, la idea del matrimonio no sonaba mal, pero Magda siempre respondía que cuando el proyecto terminaría, hablarían y planificarían todo lo demás, siempre a fin de año era su respuesta.
Por eso la invitación a este evento habia reavivado la esperanza y la idea de una conversación pendiente, pero cuando Magda le dijo que podía invitar a otra persona más para que fuera su acompañante, Erik comprendió que aquello que venían posponiendo hace tanto, tampoco se daría esta noche. Aunque su idea de invitación habia sido para contentarlo, en el fondo el que fuera con una persona extra tenía un claro mensaje: busca alguien más para que no estés solo toda la noche, porque yo con suerte me sentaré a tu lado.
Y como si la hubiera convocado, como siempre, su salvadora de hace tantos años aparecía con dos copas de vino— oficialmente ya probé todos los bocadillos de la mesa de aperitivos, por tanto ya cumpliste la parte de... "comida libre sin restricción" —haciendo las comillas de manera casi excesiva— por lo que en teoría podría irme... —mirándolo con una ceja levantada
— Emma, por favor... —suplico Erik— lo prometiste, no dejarme solo... —suspiro resignado— Magda con suerte me ha dirigido la palabra en toda la noche
— ¿Y por eso yo debo ser tu chaperona? —consultó algo agotada— ahora mismo podría estar con mi novio cogiendo hasta el amanecer —reclamo haciendo leves pucheros
Erik casi se ahogó con el vino, pero lo disimulo con protocolo— si te escuchara tu madre ahora, te mataría...
Emma frunció el ceño— no si yo la mato primero... —respondió molesta— la única razón por la cual esa vieja sigue viva es porque la condena de parricidio es muy alta en Inglaterra... —tomando un gran sorbo de vino— y porque se lo prometí a papá... — rodando los ojos. Erik solo guardo silencio— además, si prometí no volver a hablarle fue precisamente porque no quería estar rodeada de este tipo de gente... —mirando a todos los presentes— aristócratas rancios y aburridos... solo con recordar el sinfín de fiestas petulantes y superficiales que me hicieron pasar en mi infancia y adolescencia, y me da dolor de estómago... —moviéndose incómoda en su propio lugar— me cagaría en el banquete sólo para arruinarles la fiesta —Erik la miró sorprendido— pero no lo haré, al menos que los bocadillos hagan efecto, y solo porque la Princesa Ana está presente y me cae medianamente bien... y porque también detesta que le roben el estrellato, y si me hiciera aquí mismo, ella no sería la estrella de la noche y no puedo hacerle eso a la pobre —comentó de manera sarcástica, para luego exhalar por la boca con desdén— al menos no es tan odiosa como el resto de la familia real... y si te llega a odiar, te lo dice en tu cara, lo cual se agradece
— No sabía que eras tan experta en la familia real... —comentó Erik algo intrigado
— Bueno, al menos en la materia básica, mi madre era invitada a cada partido de polo, fiesta real y estúpidas cenas caritativas que pudieran existir... así que si, los conozco —viendo como todo el mundo comienza a caminar a la otra sala— pero no son tan diferentes que nosotros, créeme, Carlos es maniático, Ana es egocéntrica, Andrés es muy raro y Eduardo con suerte habla... son una hermosa familia disfuncional
— Deberías comenzar a dedicarte a vender tabloides de chisme, te harías millonaria... —terminando su copa de vino— aunque quizás acusen a tu familia de traidora
— Si eso implica que mi madre termine en prisión o expulsada del país, comenzaría ya mismo... —riendo entre dientes— ya tengo la primera portada, hija del Marques Winston Frost y Lady Hazel Frost se caga en plena ceremonia frente a la Princesa Ana... —suelta una risa algo fuerte que genera ciertas miradas curiosas— pagaría por ver la cara de mi madre... y así me sacarían de esta fiesta aburrida... —Erik la miró con firmeza— sí, creo que eso haré —comenzando a caminar— Erik la siguió veloz— solo bromeo, solo me iré... —Erik la detiene veloz
— ¿Podemos dejar de hablar de cagarse o irse por cinco minutos? —consultó asqueado Erik— y en serio, deja a tu madre en paz, ya no hay nada más que pueda hacerte y además, sé que odias todo este mundo aristocrático y que prácticamente huiste de él para no terminar siendo una vieja estirada más, pero ahora eres mi acompañante... —tomándola del brazo y fingiendo una sonrisa, una que Emma imita— así que platicaras como ellos y bajo ningún motivo, razón o circunstancia me dejaras solo —susurrando en su oído— o le diré a tu novio lo que paso en Paris hace seis meses... —sentenció firme
Emma ahogó un grito— ¡No te atreverías! —acusó aterrada
— Pruébame... —respondió sin titubeos
— Eres una basura humana —comentó cediendo y comenzando a caminar a su lado— podría dejar de ser tu amiga, eso solucionaría muchas cosas...
— No te conviene linda... —avanzando a su lado sin soltar su brazo
— ¿A no? ¿Por qué?
— Porque sé demasiado... —respondió Erik ufano y Emma lo miró ofendida— tu dignidad podría correr peligro, así que solo tienes la opción de ser mi amiga, no te conviene perderme
Emma exhalo por la nariz— aun puedo matarte —agregó segura, comentario que fue escuchado por las personas delante de ellos, que los hizo voltear— créanme, se lo merece...
El matrimonio de adultos mayores simplemente fingió no ofenderse y se encamino a la sala— ¿Vez lo que provocas a la gente? —cuestiono Erik
— Tú me trajiste, atente a las consecuencias... —apretando su brazo. Erik iba a refutar, pero Emma lo interrumpió— Magda está señalando algo —indicó. El Profesor siguió su mirada y vio como Magda le indicaba una mesa muy adelante— vaya, parece que esos son nuestros asientos... —arrastrando a Erik en medio de todo el salón hasta las primeras mesas— al menos nos consiguió buenos asientos... "María Antonieta"
Erik suspiro— no la llames así, por favor... ¿Cuántas veces debo decírtelo? —agotado
— Por favor, es idéntica... en cuerpo y en mentalidad, solo le falta decir que coma pasteles, lo cual sería irónico, porque ha sido probado que María Antonieta jamás dijo eso... —Erik la miró de manera acusatoria— ya sabes lo que opino de ella, no me cayó bien en el pasado, no me cae bien ahora y no me caerá bien en el futuro, cada cosa que hace, cada cosa que dice... es fingida, pero por alguna razón a ti te agrada, es eso o que folla muy bien... —Erik solo negó cansado
— No digas eso, quizás... —comento algo dudoso— la amo
Emma levantó una ceja— ¿Amarla? —refutó— por favor, Erik, llevan solo unos meses...
— Un año que nos conocemos, eso también cuenta y Sebastián y tú también llevan poco... —argumentó Erik viendo la mesa a la distancia
— Eso es diferente —Erik consultó con la mirada— Sebastián y yo nos gustamos hace años, todo el mundo lo sabe, hasta mis jefes o mi madre... —algo asqueada al decir eso— solo que Sebastián es muy idiota para dar el primer paso, así que casi todo tuve que hacerlo yo...
Erik corrió la silla y dejo que Emma se sentara primero— sí, entiendo, nosotros apenas nos conocemos, pero tenemos muchas cosas en común, metas similares y nos complementamos...
Emma hizo una mueca de asco— ¡Qué horror! Suenas como mi padre tratando de justificar las infidelidades de mi madre...
— Bueno, yo sé lo que siento... —metiendo sus manos en los bolsillo y tocando algo, acción que Emma nota al instante. Se delató muy pronto.
— ¿Qué escondes? —tratando de revisar sus bolsillo
— ¡Nada! —acusó veloz, intentando ocultarlo
— Erik... —Emma estiro la mano y lo miró con severidad— muéstrame ya
El hombre exhala por la boca completamente rendido— está bien, pero trata de no tomarlo mal —pasándole una pequeña caja, la cual Emma toma con velocidad y la abre por debajo del mantel, para que nadie lo viera, porque ya sospechaba lo que era
— Oh, por Dios... —exhaló— Erik... ¿Qué es esto? —sujetándose el rostro para ocultar su molestia— ¿Vas a pedirle matrimonio? ¿Acaso perdiste la cabeza? —mirándolo con urgencia
— Bueno, hoy es su gran noche, pensé que sería una buena forma de cerrarla con broche de oro
— ¿Es un show mediático o una pedida de mano romántica y única? —preguntó molesta— porque a mí me suena a una excusa para tratar de salvar lo insalvable —Erik la miró con cierta ofensa— Erik, tú mismo me dijiste hace unas semanas que no están pasando por su mejor momento, que Magda se ausenta por semanas, que evade las conversaciones importantes... ¿Qué más señales quieres de que deben conversar antes siquiera de querer dar un paso tan importante?
— Quizás... —tomando la caja de vuelta— esto ayude a calmar la situación, a que si quiera a hablar conmigo
— ¿Eso es? ¿Un trato? ¿Yo te doy algo y tú me das algo a cambio? ¿Te parece lógico?
— Bueno, el matrimonio es un contrato y...
— Suenas como abogado, yo sé que el matrimonio se inventó con fines religiosos y económicos, pero la verdadera esencia debería ser la propuesta de solicitarle a una persona que pase el resto de su vida contigo, que envejezca a tu lado, que sea testigo de tus mejores y peores momentos... —mirando a Magda a la distancia— y aquí no veo nada de eso... —Erik suspiro apenado y Emma suspiró con él— hermano, entiende... —acariciando su mejilla— solo quiero lo mejor para ti y ella no lo es, lo sé... te conozco más de lo que tú te conoces a ti mismo, de la misma forma en como tú me conoces a mí, sabes que no miento... no a ti— tomando sus manos— no quiero que cometas un error del cual después puedas arrepentirte...
— No... se... que pensar —indicó cansado, mientras exhalaba por la nariz y jugaba con la caja en sus manos. ¿Cómo es que una simple pregunta podía cambiar tanto tu vida?
— Solo no tomes una decisión apresurada, quizás algo mejor te está esperando en el futuro y te puedes estar negando a eso por miedo a estar solo... —Erik la miró con ofensa, pero luego terminó aceptando la verdad
— ¿Y qué quieres que piense o sienta? —comentó ofuscado— el próximo año cumplo 35 años, a esta edad la mayoría ya está casado y con hijos —sube la mirada decidido— le prometí a mi madre que no me quedaría solo, que formaría una familia, que tendría muchos hijos y que los vería crecer y… no estoy logrando nada de eso —baja la mirada apenado— solo quiero hacerla sentir orgullosa
— ¿Cómo? ¿Casándote con la primera opción? ¿Crees que esa era la verdadera intención de ella? ¿No querría ella acaso que te casaras por amor? ¿Qué formaras una vida con alguien que te ame de verdad, que te admire y que solo le baste con que seas tu? Alguien que no pida nada a cambio, más que tu amor... —Erik mantuvo la mirada baja y Emma exhalo— al menos promete una cosa— el hombre se enderezó en su puesto— piénsalo ¿Si?
Erik suspiro pausadamente— está... bien... —Emma sonrió y le dio un beso en la frente, justo cuando una persona aparecía en escena
— Erik... —dijo Magda apareciendo frente a ellos— disculpen, pero tendremos que esperar unos minutos, uno de nuestros principales invitados no ha llegado —quizás otra hubiera reaccionado diferente, pero Magda ya conocía la relación que estos dos mantenían, por lo que ya no le daba importancia
— ¿Quién falta? —preguntó con curiosidad
— Sir Georg Odekirk —respondió a secas ella— notamos su ausencia hace una hora y pensamos que no vendría al final, pero ya aviso que asistirá con... su prometida —comentó algo incomoda— espero no genere inconvenientes, sobre todo para la Princesa Ana, no se suponía que tomaría tanto tiempo... supongo que ustedes también deben estar cansados y aburridos
Emma asintió a medias, pero Profesor solo miro a Magda— ¿Todo está bien? —preguntó preocupado Erik
— Si, solo que realmente quería terminar rápido... —respondió algo cansada— así podría irme a casa a cambiar —eso descolocó a Erik y a Emma
— ¿Cambiar? ¿Por qué? ¿No te iras al hotel con nosotros? —consultó confundido
— No, iré a mi departamento a cambiarme... —respondió algo temerosa
— ¿Cuál fue el punto de reservar habitaciones para esta noche entonces? Fue tu idea, además así podríamos irnos mañana temprano a la campiña... —Magda guardó silencio— ¿A dónde iras después?
— A la fiesta del Presidente del Instituto en su casa... —comentó con naturalidad
— ¿Te refieres a su mansión en Surrey a casi una hora de aquí? —sintiendo como su respiración se volvía algo errática
— Si, te lo dije hace algunos días, después de volver de París... —explicó de forma pausada. Erik obvió la explicación, claramente no recordaba si lo habia mencionado
— Magda... ¿Viste la hora que es? Son casi las once... ¿Cómo te devolverás? Porque supongo que no estoy invitado
Magda movió los ojos con duda— todos nos quedaremos allá el fin de semana, su finca es muy grande y cómoda... ¿Recuerdas? Si te lo dije —insistió
Emma endureció la mirada completamente ofuscada, pero observo a Erik, quería saber cuál sería su reacción— está... bien... —soltó sin ganas. Emma mantuvo la mirada firme, mientras Magda rodeo la mesa para acercarse a él
— Gracias, eres el mejor —depositando un escuálido beso en sus labios, para luego marcharse
Pasaron largos segundos, donde Emma jamás separó su mirada de él— Erik... —dijo con preocupación
Erik sostuvo la caja unos instantes más en sus manos, para luego pasársela con cierta brusquedad a su amiga— deshazte de esa mierda —sentenció firme
Emma quiso responder otra cosa, pero al final decidió ser más dulce y sutil— lo lamento... en serio
— Descuida, no es la primera vez que me lo hace... —eleva la mirada en cuanto la ve subir al escenario— creo que realmente necesitamos una conversación
— Necesitan más que eso, Erik...
Erik sonrió con pesar— ¿Sabes cuándo fue la última vez que tuvimos una buena conversación? —Emma negó— tres meses... —la respuesta la sorprendió, Erik venía arrastrando esto hace mucho— casi para esa misma fecha...—inhala con lentitud y peso— fue la última vez que tuvimos relaciones...
Emma iba a hablar pero Magda interrumpió al posicionarse frente al micrófono— buenas noches queridos invitados, agradecemos enormemente su presencia y su espera... —carraspea— como algunos deben saber, tenemos un pequeño retraso por la ausencia momentánea de Sir Georg Odekirk y su prometida, la periodista Lee Forrester, ambos se encuentran próximos a arribar, ya que deben presentarnos sus propias columnas informativas y es por eso... —vuelve a carraspear— que su Alteza Real, la Princesa Ana, se ha ofrecido muy amablemente a comenzar ella con el discurso de agradecimiento... —se aleja del micrófono y todo el mundo se pone de pie y comienza a aplaudir a la Princesa, quien sube de manera veloz a la tarima, al parecer ella también quería terminar con esto lo más rápido posible.
Magda se quedó a un costado del escenario, a escasos pasos del lugar, mientras Erik no dejaba de mirarla, completamente perdido en sus pensamientos, pero es Emma quien lo vuelve a la realidad— como te dije, siempre la estrella... —les sonríe a medias— creo que ya es muy tarde para cagarme en la mesa de bocadillos —Erik soltó una risa algo boba y Emma sonrió ampliamente, al menos habia logrado sacarle una risa
— No, creo que aun estas a tiempo... —agregó tratando de levantarse el ánimo
— Si, tal vez... pero me robarían los reflectores en cuanto llegue el tal Sir y su noviecita... —argumento— a todo esto... ¿Quién ese tal Georg Odekirk? Se quien es la tal Lee, la he visto en los noticieros y matinales, es muy famosa, pero él no me suena...
— ¿Acaso no lo conoces? —preguntó Erik sorprendido— su compromiso salió en todos los diarios, son la pareja del momento
— ¿Por qué? ¿Por ser ricos y poderosos? —insistió Emma por curiosidad, pero también porque quería cambiar el tema de conversación, para que Erik se distrajera un poco
— Si, básicamente sí... —respondió a medias— y bueno, también por su historial familiar —agregó
— ¿Quién es? ¿Primo de la Reina?
— No, pero viene de una familia de la nobleza, adinerada a niveles exorbitantes, tres miembros de la familia han sido Primer Ministros y un sin número más de ellos miembros de la Cámara de los Lord, él mismo fue parte de la Cámara de los comunes... —Emma subió una ceja intrigada— pero ha logrado su propia fortuna en diversas empresas y claro, invirtiendo en ciencia...
— Por eso es tan importante su presencia aquí —agregó Emma
— Por supuesto, pero son sus cargos públicos los que lo hicieron realmente famoso y lo colocaron en boca de todos y en la mirada de varias interesadas... —exhala— aun me cuesta creer como gente de un municipio tan común pudo votar por él, al ser hijo de rico y noble, pudo haber pedido un puesto por herencia en la cámara de los Lord, pero por alguna razón él prefirió instalar empresas y demás en el pueblo, para terminar prácticamente reconstruyéndolo desde cero, hay más dinero, más trabajo, hasta supe que abrieron dos nuevas escuelas y un hospital... por eso votaron por él, supongo —chasqueando la lengua.
— Un rico con conciencia social —sentenció sarcástica Emma— ver para creer...
— He hablado un par de veces con él, es buen tipo, bastante relajado para tener tanto dinero y tiene un humor bastante ácido, creo que te caería bien... —rio por lo bajo
— No me ofendas —respondió veloz Emma
— Claro que su historia en los últimos años fue lo que dio de hablar... al menos en los círculos cerrados
— ¿Por qué? ¿Por el compromiso con la periodista Barbie Malibu?
— Si y no solo por eso... —se acerca más a Emma para que la gente no escuche a su alrededor— hace dos años, el mismísimo MI6 de su Majestad lo saco de Berlín Oriental...
— ¿Qué? —pregunto sumamente sorprendida Emma
Erik le indicó que bajara la voz, aunque igualmente sus voces pasaban desapercibidas de fondo, el discurso de la Princesa brillaba en primera persona— el hijo de papi se las dio de salvador y se fue a sacar a unos científicos atrapados en el lado soviético de Alemania, los necesitaba para unos experimentos, nunca supe de qué... y aunque el ingreso a Alemania Oriental fue medianamente fácil, la salida se complicó y quedaron atrapados y perseguidos por la KGB durante tres meses... —Emma lo escuchaba completamente absorta en la historia, era como escuchar el relato de un libro de espías— su padre se gastó millones de libras e influencia incluso en la Casa Real para sacarlo, a él, a los científicos y a sus familias, porque una vez que lo encontraron, la idea era sacarlo solo a él, pero este se negó, o salían todos o no salía nadie... —concluyó feliz Erik, amaba esa historia, siempre le gustaba recordarla.
— Eso es increíble, que emocionante... —viendo como la Princesa terminaba su discurso y todo el mundo se ponía de pie para aplaudirla, por lo que decidieron imitar sus acciones, aunque no escucharon nada de lo que dijo— y supongo que nadie sabe esto ¿No? ¿Ni siquiera la prensa? —Erik negó— ¿Y cómo lo sabes tu?
— El mismo me lo conto meses atrás cuando invitó a varios científicos y sus parejas a una de sus casas en el barrio Belgravia —Emma estiro la boca sorprendida, exclusividad absoluta, solo las mejores familias vivían ahí— me mostro hasta las fotografías de Berlín Oriental... te horrorizaría oír las historias y relatos de los cientos de muertos que trataron de cruzar el muro y de la precariedad del lugar, Berlín es una ciudad, pero la realidad es abismalmente distinta entre un lado y el otro
Emma suspiró volviendo a sentarse— a veces estoy tan inmersa en mi mundo, que olvido que las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial siguen presentes... —comentó con pesar
— Guerra fría, esa es la realidad del mundo... —viendo a la Princesa bajar la tarima— ricos y poderosos peleando en las tierras y países de los más necesitados, paso en Europa del este, en el medio Oriente, en Asia, incluso en América Latina... aunque obviamente no sale en la prensa
Fue en ese momento que Emma recordó algo— espera... entonces si todo lo que dices es cierto ¿Por qué el hijito de papa se comprometió precisamente con una periodista? Estoy segura de que Barbie pagaría por esa exclusiva, aunque eso le costara el matrimonio
— Las malas lenguas dicen que él se comprometió con ella para callarla, y a cambio él le daría un título nobiliario...
— Mira, un trato por un trato... ya habia escuchado eso antes —Erik la fulmino con la mirada molesto— y ahora creo entender porque hizo ese trato —indicó segura— porque lo acabo de recordar, supe por viejas amistades aristócratas que me mantienen al tanto de los chismes reales... —riendo por lo bajo— que Barbie estaba tratando de conquistar al Príncipe Carlos —Erik la miró sorprendido— pero eso no pudo concretarse, lo que explicaría su idea de buscar un título nobiliario o aristocrático en otra parte... ¿Y sabes porque no funciono? —Erik negó— al parecer el Príncipe Carlos tiene los ojos fijos en otra persona... —le susurra en el oído— una mujer mayor que él y casada...
Erik trago en seco— a veces solo por eso me gusta que mantengas contacto con los aristócratas aburridos
Emma rio y comentó— bueno, hablando de los nobles de antaño, helos aquí... —viendo como Magda se apresuraba veloz hacia ambos y los saludaba, con una respuesta bastante fría y estoica por parte de los invitados— creo que algo pasa... —señaló— al Sir salvador le llega el ceño fruncido al suelo... —ahogando una risa
— De seguro se quedó dormido y lo despertaron a la mala —comentó Erik algo indiferente
— O quizás con quien lo pillaron durmiendo —agregó. Erik fingió no escuchar— algo bueno se viene, lo presiento...
Magda invito a Sir Georg Odekirk a pasar a la tarima, pero Lee le indicó que ella pasaría primero, al parecer el hombre tenía problemas o aun no lograba manejar muy bien su discurso, sea como fuere, la solución era que Lee pasara primero, así también lograba presentar sus últimas columnas y fotografías del periódico en una presentación que tenía preparada. Se acercó al encargado del proyector de diapositivas, le paso todos los slide ordenados e invitó a todos a volver a tomar asiento.
Era una mujer con años en la televisión británica, uno de los rostros que más generaban confianza en el mundo audiovisual, por tanto sabía moverse y desenvolverse en estos espacios sin mayor problema. Esta vez Magda tomó asiento y lo hizo al lado de Sir Georg Odekirk, cosa que llamó la atención de Erik y generó sospechas en Emma; por primera vez temió en su intuición, algo pasaría, pero no sería bueno.
La mujer comenzó su disertación con solvencia y seguridad— estimados presentes, Su Alteza Real, Princesa Ana, Sir Mark Phillips, Sr. Presidente, científicos, periodistas, artistas, aristocráticos, nobles y demás invitados, les doy la más cálida bienvenida al cierre del año del Instituto de Física de Londres... —una primera diapositiva fue presentada
— ¿En cuál grupo crees que entremos nosotros? —consultó Emma
— Nobleza, obviamente... —respondió sarcástico Erik, buscando calmarse, pero Magda seguía conversando muy animada con el Sir Georg Odekirk algunas mesas más allá, y ni siquiera se habia volteado a verlo. No podía evitarlo, su corazón palpitaba sin control.
— Como Instituto tuvimos grandes avances en los proyectos propuestos a principio de año, como los adelantos en la investigación de física cuántica, amparados en nuestras colaboraciones con el Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria o el Instituto de Física del Globo de París, sin mencionar nuestras futuras y próximas colaboraciones con el CERN en Suiza... todo esto obviamente no hubiera podido ser logrado sin el arduo trabajo y la constante presencia de nuestra oradora, Magda Eisenhardt, para quien pido un cálido aplauso... —señalándola para que se pusiera de pie y recibiera la ovación como corresponde, Sir Georg Odekirk solo sonrió a su lado, mientras que Erik y Emma aplaudían de lejos, completamente ajenos a la celebración, una en la cual Magda no volteó a verlo ni una sola vez— y por supuesto con el apoyo económico y desinteresado de Sir Georg Odekirk, mi prometido... —dijo con una amplia sonrisa— para quien también pido un cálido aplauso... —el aludido también se puso de pie y recibió un corto abrazo por parte de Magda. Erik ni siquiera lo habia notado, pero ya iba por su tercera copa de vino, al parecer lo estaba ayudando a calmarse— fue en esos extensos viajes y excursiones que nuestros oradores que acabamos de elogiar, terminaron de concretar los proyectos requeridos y comenzó a nacer una hermosa amistad... —un silencio extraño se hizo presente— una que luego pasó a una relación algo inusual... —la siguiente dispositiva los mostró a los dos cenando solos en el mismísimo Hotel Ritz de Paris— y que se transformó en más cenas a solas, más visitas privadas e incluso...—muestra otra fotografía de ellos arriba de un automóvil— en escapadas de fin de semana fuera de la ciudad... —muestra otra de ellos nadando en una piscina privada en una finca a las afueras de París— ¿O que me dicen de esta? —muestra un hotel en Suiza donde ambos entraban y salían a la misma hora— muy bello ¿No creen?
El silencio era sepulcral, ni siquiera se escuchaba el aleteo de una mosca, es como si la sala estuviera vacía, pero no, estaba repleta de las presencias más distinguidas y la prensa más cizañera. Magda quiso ponerse de pie al instante y detener la presentación, pero Sir Georg Odekirk la detuvo al instante; él jamás sospechó que algo así pasaría, sabía que Lee estaba extraña en la mañana, pero no le dio importancia, no es como que conversaran mucho en el último tiempo, ya ni siquiera compartían la misma cama y tampoco alguno de los dos usaba el anillo de compromiso.
La única razón por que no detuvo la presentación es porque no permitiría que el show escalara aún más, para terminar en aparatoso escándalo; si la prensa llegaba a tener fotografías o chismes de Magda o él tratando de detener el proyector o comenzando a hacer reclamos, eso solo agrandaría más la situación, y mucho menos quedaría como un salvaje frente a la Princesa y tampoco dejaría que Magda cayera en esa desgracia, de ser necesario asumiría toda la culpa de lo ocurrido, tratando de zafarla a ella de todo.
Pero Magda olvido por un instante la humillación más grande que está viviendo y por primera vez en la noche alguien vino a su mente, Erik; lo miró con urgencia, pero no encontraba nada, Erik estaba fijo mirando o más bien memorizando cada fotografía, cada detalle, cada abrazo, cada caricia, como si se estuviera autoconvenciendo que aquello que estaba presenciando era real y no solo una película de comedia barata.
Y el terror de Magda aumentó aún más cuando noto otra mirada sobre ella, además de todas las curiosas de los presentes, esa maldita mujer la estaba asesinando con la mirada; desde el minuto uno que la conoció, sabía que Emma Frost sería un problema y cuando la vio clavando su vista fúrica en ella, aquella que Erik debería estar dándole, lo supo. Es como si al final de la noche iba a tener que dar explicaciones a dos personas, en vez de una.
Erik seguía tomando, copa tras copa, hasta que Emma la escondió y le tomo la mano con fuerza, no habia mucho más que poder hacer, además pocos aquí sabían que Magda tenía pareja, de nuevo, no es como que ella lo haya presentado a medio mundo, por tanto, esa descortesía lo estaba salvando en ese preciso momento, y fue lo mismo que hizo que evitara ponerse de pie, porque sabía que si lo hacía, se delataría, debía seguir fingiendo sorpresa y no dolor como los demás. Debía guardar la poca dignidad que le quedaba.
— Y ya para terminar este repaso de todo lo logrado por nuestros oradores más destacados en todo este año, les muestro las diferencias culturales que los alcanzaron... —mostrando una seguidilla de fotos de ambos besándose sin control afuera de un bar— ¿Sabían que así se despiden los amigos en Zúrich? ¿Quién lo diría? Soy periodista y aún hay muchas cosas que me falta aprender, qué suerte que si pude aprender esto de ellos...—con una sonrisa ufana y muy amplia— muchas gracias por su atención y espero que sigan muchos más proyectos a futuro, claro que con otros métodos menos ortodoxos para lograrlo... —mira a la Princesa Ana y su esposo— lamento profundamente el mal momento que le hice pasar, su Alteza Real, pero espero logre comprender mi situación... —mira ahora a los dos acusados— que sigan disfrutando su velada... —se saca el anillo y lo deja sobre el podio— gracias y lo lamento... por los amantes —bajando del escenario y dejando a todo el salón completamente mudo.
Paso a un costado de la mesa de ambos acusados, para terminar siendo sujetada del brazo por Sir Georg Odekirk y finalmente ser arrastrada un pasillo más allá, seguida por algunos curiosos y guardias, no querían que esto pudiera escalar más allá. Magda era la que debía hablar, ella era la oradora, pero ni siquiera se podía mover de la mesa, estaba estática, congelada, atrapada en su miedo y vergüenza, por lo que el Presidente del Instituto tuvo que tomar la palabra de manera veloz y buscar calmar el ambiente o al menos disiparlo.
— Estimados, agradecemos su presencia y pedimos disculpas por cualquier inconveniente ocasionado, los invitamos ahora a la siguiente sala para el brindis de cierre y el adiós definitivo, muchas gracias por su asistencia... —relato todo aquello en menos de 15 segundos, con suerte respiro.
Poco a poco y movidos por la posibilidad de comentar todo lo ocurrido en la otra sala y lejos de los involucrados, la gente terminó poniéndose de pie y abandonó el lugar con relativa lentitud. Erik aprovechó que su mesa quedó vacía, para ponerse de pie y tomar las últimas copas que quedaban, aunque estuvieran a medias, Emma solo lo siguió, completamente absorta en preocupación, su intuición era cierta, algo muy malo iba a pasar.
— Erik, por favor... —suplico siguiéndolo— para, esto no es nuevo
— No me digas que hacer —tomando la última copa— porque no acabas de ser humillado en todos los niveles posibles —sujetándose la sien, la cabeza comenzaba a dolerle como mil demonios— además, podría celebrar bebiendo... —volteándose hacia Emma— ya no necesitaremos esa... conversación... —su voz se quebró y las primeras lágrimas amenazaron con salir
Emma ahogo un suspiro— Erik, lo siento tanto, si... —pero vio una presencia caminando o más bien corriendo hacia ellos, que interrumpió todas sus palabras
— ¡Erik! ¡Por favor! —rogo intentando sujetar su brazo— ¡Déjame explicarte! ¡Las cosas no son como salen ahí! ¡Yo...!
— ¡No me trates de estúpido! —vociferó más fuerte de lo que realmente quiso, por lo que agradeció que la sala estuviera prácticamente vacía— ¡Llevó dejándote tratarme como estúpido todo este tiempo! No me trates como uno ahora... —tragó en seco para tratar de darse fuerza— al menos ten esa consideración conmigo...
Magda soltó las primeras lágrimas— por favor, perdóname... jamás quise herirte, yo solo me sentía sola y... —ahogándose entre hipos. Emma rogaba internamente decirle mil cosas, pero no podía entrometerse, así que solo procuró mantenerse a unos metros cercanos y actuar solo si Erik se salía de control— sé que no tengo derecho a nada, pero si me dejas explicarte, si me dejas hacerte entender, podemos conversarlo, todo lo quieras y… —Erik la interrumpe
— ¿Conversar? —repitió con ironía— ¿Ahora quieres conversar? ¡Llevo meses pidiéndote una conversación decente! ¡No te la voy a dar ahora que me has humillado de esta forma!
— ¡Nadie tiene porque saberlo! ¡Ella no te menciono a ti! Tu estas a salvo del escándalo y... —se arrepintió al instante de lo que dijo, no era lo que realmente quería decir, lo planteo de muy mala forma y obviamente fue malinterpretado también
— ¡Claro que nadie sabe que yo también estoy metido en todo esto! ¡Porque nadie sabe que soy tu pareja! —grito de manera ahogada y la primera lágrima cayó. Magda comenzó a llorar sin control, sintiendo como su corazón se rompía en mil pedazos— ¡Por eso estoy a salvo! ¿Verdad? Que suerte la mia ¿No? —preguntó con una risa dolía— ¿Qué hay de mi dignidad? ¿De mis sentimientos? ¿Qué hay de mi...? —no se atrevió a decir ni amor ni corazón, porque el primero claramente jamás existió y el segundo, ella lo acababa de matar— ¡Ellos no lo saben! ¡Ni la prensa! ¡Ni los científicos! ¡Ni siquiera la mismísima Casa Real! ¿Pero qué crees? —la mira fijamente con sus ojos enrojecidos por ser incapaz de soltar las lágrimas acumuladas— yo sí lo sé y lo sabré siempre y jamás, jamás... se me olvidará —endereza su espalda
— Perdóname, por favor... —rogó una última vez
— No mereces ni mi tiempo... —respondió de manera escuálida— hazme un favor y muérete —sentenció alejándose de ella y encaminándose hacia la salida de emergencia
— ¡Erik! ¡Por favor! —intentando seguirlo
— ¡No! —grito firme Emma interponiéndose— ya hiciste suficiente... —el rostro de Magda se desfiguro, listo para atacar sin control, pero otra persona interrumpió
—Señorita Eisenhardt... —solicitó el Presidente a sus espaldas— debemos hablar, por favor...
— Pero... debo... —señalando a Erik que ya se habia ido y a una Emma que lo seguía corriendo
— Por favor, sé que es un momento difícil para usted, pero debemos preparar todo para calmar el escándalo que se nos viene...
Magda sintio el terror— ¿Va a despedirme?
El hombre solo exhalo de manera lenta por la nariz— no es el momento para conversar eso, solo sígame por favor... —le estira un pañuelo y ella le sonríe con cortesía
Emma corría a todo lo que su equilibrio con tacos le daba, nunca habia sido muy dada a estos "torturadores de pie" como le gustaba llamarlos, pero ahora sí que le estaban jugando en contra, apenas si podía mantenerse en pie y agradeció que todos estuvieran inmersos en el chisme, el brindis y las fotos, para no darse cuenta de su patinaje no artístico detrás de Erik.
El hombre prácticamente volaba, el vino le daba esa habilidad al parecer, por lo que solo se encamino al estacionamiento en búsqueda de su camioneta, quería estar lejos de aquí muy pronto, no quería escuchar nada ni a nadie, y eso incluye tristemente a Emma, quien le gritaba que para, mientras trataba de alcanzarlo, pero simplemente no podía, no quería verle la cara a nadie, quería enterrarse seis meses bajo tierra y jamás ser encontrado.
Hace solo una tres horas quería pedirle matrimonio, hace una hora se arrepintió de esto y estaba listo para terminar la relación y hace solo unos minutos, todo habia terminado peor de lo previsto; es que jamás lo vio venir, jamás lo pensó, nunca se le pasó por la cabeza que Magda lo estuviera engañando, tal vez si estaba distante y absorta en su carrera, pero jamás imaginó una aventura de este nivel, eran meses de engaño, meses de mentiras y burlas en su propia cara y lo peor de todo es la forma en como lo habia averiguado, no solo por la humillación y el escándalo, sino porque si no hubiera sido por eso, él de seguro hubiera terminado la relación y jamás se hubiera enterado del engaño y Magda no le hubiera importado en lo más mínimo que él la dejara o que él jamás supiera la verdad.
Eso es lo que más le dolía, incluso más que las mentiras y el engaño, era el hecho de saber que significa tampoco en su vida ¿Tan patética y miserable habia acabado su vida que no significa nada para una mujer que decía quererlo? ¿Tan poca cosa era que no se merecía aunque sea una mera consideración? Le dolía ser y no ser parte de la humillación, no estaba sujeto al escrutinio público, pero al mismo tiempo nadie conocía a la cuarta persona involucrada en todo esto, a la víctima omnipresente, porque nadie sabía que Magda tenía pareja. Era una muy extraña sensación, que lo torturaba y lo aliviaba al mismo tiempo, saber la verdad era un alivio y castigo al mismo tiempo, una dura realidad pero también liberadora de un error fatal, eran demasiadas cosas para pensar y sentir y no quería nada de eso, quería, rogaba por silencio y borrar todo lo ocurrido.
Su camioneta apareciendo frente a él fue un alivio, por lo que subió raudo, pese a Emma incluso ya se habia sacado los tacos y corría a pies descalzos tras él por el estacionamiento— ¡Erik! ¡Por favor! ¡No conduzcas! —viendo a través de la ventana como colocaba la llave en la ranura y encendía el motor— ¡Tomaste mucho! ¡Yo te llevo a donde quieras! ¡Pero, por favor! ¡No conduzcas! —su voz se quebró, temiendo lo peor, pero no recibió respuesta, solo una mirada adolorida y una camioneta alejándose del lugar— ¡Erik! —gritó una última vez viéndolo salir del estacionamiento. Si algo le pasaba a Erik, ella misma mataría a Magda.
Erik condujo a toda velocidad y sacó la botella que habia ocultado en su chaqueta para seguir bebiendo, quería olvidar todo, como si nunca hubiera pasado, no para poder perdonarla, sino para no tener tanto dolor y lo peor de todo es que ni siquiera sabía si le dolía el que ella no lo amara, porque ni siquiera él está seguro de lo que él mismo sentía, sino porque por más que lo intentaba, siempre terminaba solo, completamente solo, incluso aunque Emma dijera estar con él, al final formaría su vida y su familia con Sebastián o con cualquier otro, pero él no, no tenía padres, no tenía familia en ninguna parte del mundo y sus intentos de relación siempre terminaban en los mismo, desinterés y abandono. Nunca habia algo más.
Cuando conoció a Magda sabía que era su última oportunidad, su única chance incluso de formar algo serio, algo prosperó a futuro, con hijos y una familia que encontraría el amor durante el proceso, a ese punto de desesperación habia llegado. La soledad se había transformado en su peor y mejor enemiga, había aprendido a vivir con ella, a luchar con ella y por más que buscara alejarla, siempre volvía, como una sombra pegad a él. Y el dolor que lo consumía debía ser mayor, tenía que ser más fuerte, pero nada seguía comparándose al momento donde todo cambió, donde la soledad se hizo absolutamente presente. Y es que mientras cruzaba calle tras calle y sorbo tras sorbo, la única imagen que venía era la de su madre agonizando en sus brazos.
***
— Cuídate, por favor... —repetía la mujer mientras la sangre salía por su boca— aléjate de todo lo malo, de todo lo inseguro... —acaricia su mejilla y llena sin querer su rostro de sangre— es un buen niño, por favor... sé cómo tu padre, un hombre intachable, nunca dañes a nadie y cuida de los demás... tienes tanto amor quedar, igual que él...
— Mutter, mutter… —rogaba el niño entre hipos— no me dejes, no puedo estar sin ti, tengo miedo, no quiero estar solo... —la gente gritaba a su alrededor, pidiendo ayuda, los minutos claves pasaban y nadie aparecía, casi lo único que hacían todos era ver o tratar de detener la hemorragia, mientras que otros sujetaban al perpetrador contra el suelo. La policía se escuchaba a la distancia, pero Erik solo tenía ojos en su madre.
— No lo estarás, prométeme eso... no te quedaras solo, buscarás y encontrarás tu lugar en el mundo —tosiendo con dolor— encontraras quienes te respeten, que den todo por ti, que te amen de la misma forma que yo lo hago... forma una familia, ten muchos hijos, velos crecer y no te quedaras solo, por favor... tu no... —comenzando a cerrar los ojos— ich liebe dich
— ¿Mutter? ¡Mutter! ¡Mutter! ¡No te vayas! —gritaba el niño fuera de sí, mientras una completa desconocida trataba de consolarlo— ¡No quiero estar solo! ¡Mami! —abrazándola sin consuelo
— ¡Qué bueno que se murió! —gritaba el hombre mientras era sujetado por el panadero, quien salió en su defensa y a la de su madre cuando todo ocurrió, junto con otro hombre más— ¡Maldita camisa parda! ¡Era un asesina! ¡Merecía morir! ¡Tiene suerte que no mate al bastardo también! —el panadero lo pateó en la cara y el hombre perdió el conocimiento.
Los sollozos del pequeño se hicieron más notorios y fuertes, mientras los minutos pasaban, por lo que el hombre sólo pudo compadecerse— Erik... —susurro el hombre con dolor— lo lamento pequeño... —arrodillándose a su lado
— ¡Mutter! ¡Mutter! ¡Tráigala de vuelta! —gritaba fuera de si el niño— ¡Hagan algo! —la mujer solo lo siguió abrazando, mientras un policía preguntaba lo ocurrido y otro apresaba al hombre en suelo.
Cuando el panadero explicó lo ocurrido, el policía se acercó al niño que aún sujetaba el cuerpo inerte de su madre— lo lamento pequeño, pero debo llevármela... —susurró con pesar
— ¿A dónde se la llevara? ¿Hará que la curen? —pregunto esperanzado, aunque sabía la respuesta
El policía miró a la mujer que aún lo abrazaba y esta negó con lentitud para confirmar las sospechas del policía, la mujer estaba muerta— la llevaré a algún lugar para que pueda descansar...
— ¿Y después? —pregunto con dolor
El hombre exhaló algo sobrepasado por la situación— les daré un espacio para que puedan hablar una última vez y despedirse...
— ¿Está... muerta? —pregunto en un hilo de voz
— Si, pequeño, lo siento...
Fue esa confirmación que lo hizo estallar en llanto, soltar a su madre y abrazar a la mujer a su lado, necesitaba un abrazo real, con calor, porque los brazos de su madre estaban fríos y aunque se sentía medianamente acompañado por aquella completa extraña, ni siquiera se acercaba a lo que su madre le hacía sentir y solo saber que jamás podría volver a sentir eso, lo hacía llorar aún más, cayendo en la completa locura. No debía existir dolor más grande en el mundo que aquel que estaba sintiendo ahora mismo.
El policía se puso de pie y dio paso a los enfermeros que comenzaron a tomar el cuerpo y comenzar a subirlo a la camilla, acto que volvió loco a Erik— ¡No se la lleve! ¡No quiero que se la lleve! —la mujer trató de sujetarlo, pero no pudo, por lo que el panadero tuvo que intervenir
— ¡Calma, Erik! Ellos solo quieren ayudar... —comentó
— ¡Me quieren robar a mi mama! —gritó fuera de si el niño
El policía volvió a acercarse a él— ¿Te llamas Erik? —el niño se limitó a asentir— yo soy el oficial John Allerdyce y te prometo que no te robare a tu madre, ven conmigo y te llevare con ella, tal como lo prometí... ¿Si? —Erik dudo unos segundos y luego miró al panadero, quien le asintió
— Esta... bien... —tomando la mano del policía y alejándose de todos los testigos y viendo por última vez tanto a los que lo ayudaron, como al hombre que asesinó a su madre.
— ¿Dónde se lo llevaran? —preguntó la mujer con desesperación
— Estaremos en el cuartel N°7, son bienvenidos...
— Ahí estaremos —respondió firme la mujer con preocupación
— Descuida hija, estará bien... ya verás —agregó el hombre
— ¿Cuáles son sus nombres? —preguntó un tercer policía— necesito sus nombres para el registro y la toma de declaración
— James Braddock y ella es mi hija Elizabeth Braddock... —contestó el hombre
***
Eso fue lo último que escuchó Erik antes de subirse al auto con el policía, lo último que vio de su antiguo barrio, lo último que presenció de lo que pensó llamaría toda su vida su hogar, un lugar al cual pertenecer. Su madre había mencionado uno de estos lugares una vez, uno de esos a los cuales puedes pertenecer, uno al que muchos de los suyos iban y que ellos también podían ir, uno recién fundado en oriente medio, pero al final rechazaron la idea y por dos razones.
Una de estas era porque ella se negaba a abandonar el país que toda su vida consideró su hogar, uno que apenas habia sobrevivido a la guerra, pero procuraba salir adelante, Alemania era su hogar y no lo dejaría solo cuando más lo necesitaba, además que habia hecho una promesa, una que se relacionaba con la razón número dos, su madre nunca perdió la esperanza de reencontrarse con su esposo, el padre de Erik, después de la guerra, ella insistía en que él seguía vivo, aun cuando los registros y documentación legal declaraban lo contrario, ella seguía aferrada a esa esperanza.
Se habían hecho una promesa, en caso de quedar separados por sus tan distintas circunstancias; cuando la guerra termine, y si las cosas salen mal y el horror sigue dominando Alemania, huye y jamás vuelvas, no mires atrás; pero si gana quien esperamos, volverás a casa, a nuestra casa, aunque solo queden escombros de ella, yo estaré esperando por ti y nuestro hijo, ahí mismo.
Y a eso se aferraba su madre, aun cuando ya habían pasado diez años y no habia señal de su padre, pero esta jamás perdía la fe, además, parecía que todo comenzaba a funcionar otra vez con cierta normalidad, pese a las consecuencias de la guerra, y aun cuando había gente que los odiaba y los quería fuera del pueblo y ojala del país, porque sin importar cuánto se esforzaran por encajar, siempre serían odiados por alguno de los bandos, traidores para algunos, basura para los demás, nunca serían completamente de uno o del otro.
Y ese 16 de agosto de 1954 se quedó grabado en su memoria y en su alma, para siempre, torturándolo como una estaca que jamás dejaba de enterrarse en su corazón, y aunque el dolor de ahora no se comparaba en lo absoluto con lo que vivió ese día, si revivía viejos traumas, haciendo que la imagen de su muerte se repitiera en su cabeza, una y otra vez y lo que le siguió, perpetuo el dolor y dio comienzo a las pesadillas que lo perseguirían y torturarían por todo un año más, porque en cuanto la botella cayó al suelo y trato de alcanzarla, lo único que vio fue el camión frente a él y los frenos gastándose hasta todo lo que daba su capacidad.
En el museo, Emma por fin habia logrado conseguir un teléfono, estaba transpirada, su cabello completamente desarreglado de tanto correr y con los pies descalzos y sucios, porque se negaba a volver a colocarse los zapatos, pero eso no le importaba ahora, tenía que hacer esa llamada— anda amor, contesta...
Agradecía tanto haber convencido a Sebastián de venir con ella a Londres, el plan era quedarse en el mismo hotel que Magda y Erik, ya que por una extraña razón Magda no quiso que se quedaran en su departamento, uno que obviamente no compartía con Erik, mucho menos ahora que él habia conseguido un trabajo estable en Oxford y ella debía quedarse fija en Londres. Pero el motivo principal para invitarlo es porque no quería estar de tercera rueda con Erik y Magda, cosa que claramente al final no sucedió, y así de paso también se arrancaría todo ese fin de semana con su novio a donde quisiera. Esos planes claramente ya no correrían.
— ¿Si? —dijo alguien medio adormilado. Habían acordado que dormiría en la tarde, para que pudieran salir a beber o bailar después de la ceremonia
— ¡Sebastián! ¡Mi amor! ¡Gracias a Dios que por fin contestas! —respondió veloz
El hombre notó al instante la urgencia en su voz— ¿Qué pasa? ¿Estas bien? —pregunto casi atorándose
— No, ósea si... pero Erik no... —su voz se quebró— por favor, ven por mi... no sé dónde está Erik y tengo un muy mal presentimiento...
— Voy enseguida, no te muevas de ahí —cortando. Emma sonrió feliz, ni siquiera le pidió explicaciones, solo actuó, en verdad amaba con locura a ese hombre.
En cuanto colgó el teléfono y agradeció al guardia, vio las miradas de las aun restantes invitadas y uno que otro hombre, ceñidas sobre ella, claramente su "facha" no era la mejor, pero aprendió hace años a jamás darle importancia a eso— 40 libras la noche, 50 con el abuelo... —comentó con una risa burlona. Las mujeres se ofendieron y voltearon para no seguir mirándola.
No pasaron ni diez minutos cuando Sebastián apareció en su propio carro en la puerta, y sin importarle el dejarlo mal estacionado, bajo corriendo hacia la puerta donde encontró a Emma hablando por teléfono otra vez— ¡Emma!
— ¡Mi amor! —abrazándolo con urgencia— menos mal que estás aquí, estoy temiendo lo peor, ya avisé a la policía...
Sebastián la miro extremadamente confundido y preocupado— ¿Pero qué es lo que pasó? ¿Dónde está Erik? Y... ¿Por qué estas así? ¿Dónde están tus zapatos? —su mirada se endureció— ¿Alguien te hizo algo?
Emma le sonrió— estoy bien, pero te dije que los tacos altos son mi peor enemigo... —inhala— pero eso no es lo importante, sucedió algo y...
Otras personas aparecieron en la puerta, lo que obligó a la pareja a moverse de la entrada, y más aún cuando algunos periodistas se acercaron a las estrellas de la noche, eran Sir Georg Odekirk y su prometida, que salían juntos rumbo a su auto, el cual ya los esperaba de la mano de un valet. La prensa los siguió como enjambre de abejas y eso confundió aún más a Sebastián, se suponía que solo era una fiesta científica ¿Qué tanto podía pasar en una ceremonia así? Y lo que le siguió fue peor, porque coloco solo más dudas en su mente.
— ¡¿Dónde está Erik?! —grito Magda apareciendo por la puerta y caminando directo hacia ellos
— ¡No lo sé! ¡Y aunque supiera no te lo diría! —respondió Emma muy enojada encontrándola a mitad de camino. Sebastián solo las siguió.
— Le dijiste algo ¿Cierto? —acusó molesta— tu siempre le metiste ideas en la cabeza, inseguridades y dudas, tú fuiste quien lo alejó de mí.
— ¿Acaso yo te dije que te metieras en la cama de otro? —soltó Emma sin tapujos
— ¡Claro! ¿Cómo si tú no te hubieras metido con él también? —contestó sin temor— solo eres otra niña rica entreteniéndose con pobres... —mirando de reojo a Sebastián, el cual resintió un poco el comentario.
— ¡Al menos no estoy chupando penes comprometidos para escalar socialmente! —vociferó Emma— o no me digas que lo hiciste por dinero, aunque no me extrañaría de ti...
— ¿Disculpa?
— Pues ese es el detalle, no te disculpo... —insistió Emma— podría llamarte tantas cosas, pero sería insultar a las trabajadoras sexuales... al menos ellas no tuvieron opción y de seguro cobran más que tú.
— ¡Eres una zorra maldita! —gritó la mujer lanzándose sobre ella, pero siendo detenida justo a tiempo por un guardia que observaba todo el asunto
— ¡No más que tú! —respondió Emma perdiendo el control, pero siendo sujetada por Sebastián— ¡Tendré un apellido noble, pero aun puedo partirte la cara, puta malparida! ¡Y con el respeto a las putas! —Sebastián la tenía abrazada desde la espalda
— Emma, cálmate por favor...
— ¡No me pienso calmar! —gritó sin importarle quien pudiera ver— ¡Si a Erik le pasa algo será tu culpa! ¡Estará en tu conciencia!
Magda comenzó a llorar— ¡Cállate! ¡No sabes con quién te metes! —tambaleándose de un lado a otro
— ¿Acaso me mandaras a los matones de tu amante? ¿Al MI6? ¿Ahora tienes influencias? Sigues siendo una donde nadie... bueno, hasta que publiquen tus fotos hasta en la BBC— Emma suelta una risa nerviosa— quizás tu suerte cambie y te llamen para ser la amante del Príncipe Carlos... —soltándose de Sebastián y comenzando a alejarse, necesitaba calmarse.
— ¡Controla a tu mujer! —escupió furiosa Magda— no puedo creer que permitas que se comporte así, aprende a controlarla... —soltó sin tapujos— por un minuto deja de ser un pusilánime idiota y haz algo con ella... —Sebastián solo la mira en completo silencio— quizás tú sí lo sabes... dime ¿Cuántas veces se ha acostado Emma con Erik? —secándose las lágrimas. El aludido guardó silencio algunos segundos más, debatiendo si valía la pena discutir con alguien en esas condiciones.
— Si eso fuera cierto, de seguro sería más que tú... porque dudo que siquiera hayas querido a Erik... —sentenció Sebastián sin duda— y ni siquiera necesito conocer el contexto de lo que paso aquí para saber lo que hiciste y la verdad lo venía sospechando hace meses, solo que jamás quise mencionárselo a Erik, supongo que sentía pena por él... —tomando los zapatos de Emma del suelo— ahora solo siento pena por ti... y ruega que Erik este bien, porque si no es así, Emma te matara...
— ¿Eso... no te molesta? —sujetándose del guardia al comenzar a sentir un mareo— ¿Permites que se rían en tu cara?
Sebastián miró hacia donde caminaba Emma y luego volteó una última vez hacia Magda— no, yo sé qué clase de mujer es la que amo y confió ciegamente en ella... —comenzando a seguir a Emma— adiós, Magda...
— ¡Por favor! ¡Solo quiero hablar con Erik! —el guardia la sigue sujetando— solo quiero...
— Señorita, por favor... —indicó el hombre— cálmese, está pálida y no para de temblar...
— Solo... —arrodillándose en el suelo— necesito hablar con él, por favor...
— ¿Qué le pasa? —pregunta una mujer acercándosele
— No sé... —y justo en ese momento, Magda se desmayó.
Su pulso estaba acelerado y no paraba de sudar, su cuerpo habia llegado al límite. Entre el guardia y algunos presentes, la cargaron puertas adentro, para después llamar a la ambulancia, esta noche no podía terminar más mal. Algunos metros más allá, Emma caminaba sin destino, y Sebastián la seguía, completamente preocupado, jamás la habia visto así, pero esta escena comprobaba lo primero que le dijo, aquella primera cita, cuando dejo todo claro.
— Te amo, Sebastián Shaw, llevo amándote durante años y rogaba por una oportunidad, si me aceptas, me harás la mujer más feliz y te probaré mi amor cada día, pero debes saber algo... puedo tranzar muchas cosas, incluso mis sueños si es que se interponen con los sueños que tenemos en conjunto, pero hay algo que no tranzo y eso es Erik... —sentenció segura y firme— Erik es mi hermano, es mi familia, jamás ha pasado nada con él, jamás pasara algo con él, ni ahora ni nunca, pero siempre será parte de mi vida, por tanto quiero dejarte eso claro, no quiero jamás que te sientas inseguro frente a él, porque el amor que siento por él es completamente diferente al que siento por ti... por tanto, te daré todo el amor que puedo dar, pero jamás me pidas que lo saque de mi vida, porque eso no está en discusión... ¿Me aceptas así? ¿A pesar de todo?
Por eso confiaba en ella ciegamente, y también en Erik, lo sabía en cuanto los veía juntos, en ningún momento se miraban como dos enamorados, es más, era como dos hermanos compitiendo por la aceptación de los otros y de ellos mismos. Sebastián terminó alcanzándola casi en la esquina, donde nuevamente más invitados seguían rondando, para finalmente terminar comentando la pelea que se dio en las puertas del propio edificio, cosa que esta vez Emma no obvio en lo absoluto.
— ¡¿Qué tanto miran?! —grito furiosa con ellos y consigo misma— ¡¿Es que nunca han visto una pelea de putas?! —las mujeres gritaron sorprendidas y se alejaron, otra vez.
Así era siempre, cada vez que Emma era ella misma, desde pequeña, cada vez que daba su opinión, cada vez que decía aquello que le gustaba, aquello que odiaba, incluso cada vez que se presentaba, siempre era un no, no digas eso, no hagas eso, no tienes derecho a hacer, no estás hecha para eso, no podrás con eso, no tienes la inteligencia para eso. Y después si se lo sumabas a los insultos y reglas arcaicas de su madre en casa, su mundo se resumía en negativas y rechazo; los únicos momentos amenos era cuando su padre volvía del trabajo, uno de sus abrazos calmaba todo el dolor y silenciaba todos los no.
— Emma, cálmate, mi amor... —indicó Sebastián abrazándola— no podremos ayudar a Erik sino te calmas...
— ¿Si le pasa algo? —pregunto asustada— le prometí a papá que no dejaría que nada le pasara... —repetía como una niña regañada
Esa promesa seguía pesándole a los dos, tanto a Emma como a Erik— nada pasara, ya verás... —acariciando su cabeza— volvamos al hotel, quizás Erik está allá... —toma su mentón— lo encontraremos, lo prometo
— Gracias... —susurro en sus brazos— ¿Sigues confiando en mí?
— Jamás dejaría de hacerlo... —suspiro sin soltarla
Una hora después, con un cambio de ropa y algo más calmados, Emma y Sebastián llamaban a cualquier conocido en Londres que pudiera saber algo, pero como siempre, las malas noticias no tardan en llegar y lo hicieron de la peor forma.
— ¿Alo? —pregunto Sebastián— sí, buenas noches, usted habla con Sebastián Shaw, hace aproximadamente tres horas perdimos todo rastro de un amigo y ya hemos buscado en todos los lugares posibles, por lo que ahora comenzamos a llamar a los hospitales... —viendo el rostro de Emma al frente de él— quisiéramos saber si quizás está ahí...
— ¿Cuál es el nombre de la persona? —preguntó la enfermera
— Erik Lehnsherr... —un silencio efímero se hizo presente, hasta que la mujer habló
— Si, el paciente se encuentra aquí, fue ingresado hace aproximadamente una hora
— ¡Está ahí! —Emma sintio alivio, pero terror al mismo tiempo— ¿Cómo esta?
— Está estable, herido, pero fuera de riesgo... estuvimos tratando de ubicar a algún familiar directo y solo nos aparecían dos personas, la Señora Emma Frost y Lady Hazel Frost
Sebastián no pudo evitar hacer una mueca de incomodidad al escuchar ese nombre, pero prefirió informar lo otro— sí, Emma Frost, está aquí conmigo... —la mujer tomó el auricular con urgencia
— ¿Si? Diga... ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Qué le pasó?
— Si, se encuentra estable, pero sería bueno que se acercara al hospital para ponerla al tanto de todo lo ocurrido, aquí también está la policía tomando nota de todo y Lady Frost también ya viene en camino... —agregó
Sebastián también escucho eso y el rostro de Emma se desfiguro— ¿Mi madre... se dirige al hospital?
— Sí —respondió tranquila la enfermera— como su principal contacto, que es usted, no respondía en Oxford, la llamamos a ella y nos indicó que ya venía para acá.
Emma comenzó a hiperventilarse, por lo que Sebastián tomó rápido el teléfono— entiendo señorita, estaremos allá en breve —corta y al instante toma las manos de Emma— tranquila, recuerda... esto es por Erik
— Ella solo quiere que Erik se muera —acusó aterrada
— Pues ya nos dijeron que eso no pasara y es mejor que lo primero que vea Erik al despertar sea a nosotros y no a ella —besa su frente— tú puedes, yo sé que si... —Emma lo abraza y Sebastián busca calmarla, pero oculta sus propios miedos, la última vez que vio a la madre de Emma, las cosas habían terminado muy mal. Esa definitivamente sería una noche muy larga.
Una hora y media después, y con varias peticiones insistentes, la enfermera ya les habia dicho una vez más que tenían que esperar, que el Doctor venía en breve a decirles lo que pasaba; por suerte la policía ya habia estado presente y les habia adelantado los hechos del caso, así que salieron rápido de esos, aunque no muy bien librados.
— Sra. Frost... El Sr. Lehnsherr se estrechó de costado con el camión, el cual estaba mal estacionado y sin las luces intermitentes encendidas, lo cual es una falta grave por parte del conductor del camión, pero él Sr. Lehnsherr también estaba bajo los efectos del alcohol, y aunque no tenemos la cifra exacta, estaba sobre la media que son 80 mg de alcohol por 100 ml de sangre...
— Pero él fue quien terminó herido... —argumento Emma
— Si, pero si él hubiera estado sobrio, lo más probable es que habría podido esquivar el camión...
Emma iba a hablar, algo molesta, pero Sebastián fue más rápido— ¿Qué penas podría acarrear?
— Bueno, por fortuna nadie salió herido y el daño más grande se lo llevó su camioneta por el lado del copiloto, por lo que no debía pasar de una multa, bastante alta a decir verdad... a menos que un jurado lo llegara a encontrar culpable, cosa que dudo ya que no hay daños materiales o humanos significativos, y a diferencia del conductor, el Sr. Lehnsherr tiene una hoja de conducción vial intachable...
Emma suspiro, que suerte que los registros de otros países no contaban, porque Erik ya habia tenido un accidente parecido años atrás, pero en Alemania, aunque las circunstancias habían sido completamente diferentes.
— Lo peor que podría pasar es que le quiten la licencia durante un año, eso si no logra pagar la multa... pero no veo mucho más riesgo —concluyó el oficial
— ¿Ninguna posibilidad de ser enviado a prisión? —volvió a consultar Sebastián
— Muy escasa, como le digo, después de todo él se llevó la peor parte y pudiendo pagar la multa y con controles viales adicionales, no debería existir mayor preocupación... —ambos suspiraron aliviados—, pero si quieren mi opinión personal, el Sr. Lehnsherr tuvo mucha suerte, pude hablar con él cuando encontramos el auto, estábamos muy cerca de ahí, y no paro de pedirme perdón en todo el camino, por lo que creo que es buen hombre... eso se puede ver, pero quizás la próxima vez no tenga tanta suerte, debe tomárselo con calma
— Claro que le haremos entender eso, oficial y agradecemos todo lo que ha hecho y le pedimos perdón por cualquier inconveniente que pudo causar, es solo que hoy... —Sebastián mira de reojo a Emma— no ha sido su mejor noche... —Emma ya habia podido contarle todo lo que paso en la ceremonia
— Lo sé, también me lo dijo... —comentó el oficial— no sé exactamente qué le hicieron, pero en serio estaba muy herido, no solo del cuerpo, sino también de aquí... —señalando el centro del pecho— los necesitara mucho, porque en serio está mal... —comentó con pesar
Emma repetía esa última frase una y otra vez en su cabeza, a pesar de que el policía se habia marchado hace bastante tiempo y no salió de su cabeza hasta que vio al doctor acercarse a ellos— buenas noches, disculpen la espera, pero es una noche algo movida
— Descuide, doctor... no nos iríamos a ningún lado hasta tener respuestas —aclaro Sebastián
— ¿Cómo está? —consultó Emma
— Bien, estable... y fuera de riesgo, tiene una costilla astillada y un golpe algo fuerte en la cabeza, fuera de eso algunos hematomas, pero nada grave, si los exámenes salen como espero esta noche, podrá irse mañana a primera hora, salvo que la policía diga otra cosa...
— No, ya hablamos con ellos, quedó citado al juzgado de tránsito dentro de un mes, pero no creemos que pase a mayores —explicó Sebastián
— Esas son buenas noticias, él estaba muy preocupado por eso... y por si lastimo a alguien, por suerte no fue así, ahora descansar y tomarse las cosas con calma, el golpe que se dio en la cabeza fue bastante fuerte y deberá venir a controles periódicos para descartar secuelas...
Eso aterro a Emma— ¿Qué tipo de secuelas?
— Náuseas constantes, sensación de mareo, jaquecas crónicas, incluso pérdida de memoria... —vio la preocupación en sus ojos—, pero eso último ya está casi descartado, recuerda perfectamente quien es y dónde está, también sus nombres, solo los acontecimientos actuales podrían estar algo borrosos, podría olvidarlos incluso... pero no está entre nuestras hipótesis
— Quizás fuera mejor que así fuera... —agregó Emma
— No —acuso veloz Sebastián— porque si no volvería corriendo con ella ¿Quieres eso? —él también no quería ver a esa mujer nunca más
— Por supuesto que no —aseguro firme Emma, para luego pasar a lo importante— ¿Está despierto? ¿Puedo hablar con él?
— Si, puede pasar, pero solo uno...
— Ve tú, yo entraré después —comentó con calma Sebastián, para luego darle un beso y verla seguir al Doctor. Al menos las cosas no habían salido tan mal.
Dentro de la habitación, Erik aún se tocaba la cabeza, seguían apareciendo imágenes y a veces las confundía, pasado y presente se mezclaban con mucha facilidad, pero siempre volvía a algo, a su madre. Hace tanto que ese horrible recuerdo no volvía, a veces sentía que lo habia enterrado para poder seguir viviendo, pero parece que esta nueva pesadilla lo estaba trayendo de vuelta y eso lo aterraba, la última vez que cayó en la tortura de estar recordando ese evento una y otra vez, pesadillas horribles lo atacaban en la noche. La puerta abriéndose calmó los dolores y las imágenes en su mente, al menos por unos segundos, y el rostro que lo esperaba detrás de ella lo calmo, siempre lo hacía.
— ¡Tu! ¡Tonto! —acuso con ojos llorosos Emma— ¿Cómo se te ocurre hacerme pasar estos sustos? —abrazándolo y sintiendo el gesto de dolor de Erik en su pecho— perdón... —tratando de no tocarlo mucho
— Los dejo solos... —dijo el doctor saliendo
Erik inhalo, para luego exhalar con pesar— perdóname, debí escucharte, debí haber hecho lo que me dijiste, como siempre... —algo apenado
— Yo siempre tengo la razón, incluso cuando no...
— Lo sé, pero quería estar solo, desaparecer y pensé que huir era la mejor forma...
Emma se sentó en un costado de la cama a su lado— bueno, si no mal recuerdo... yo hice lo mismo hace varios años atrás y casi termina muy mal... —comentó con compresión, no podía juzgarlo por actuar así, era casi una reacción natural.
— Mucho más mal de lo que yo termine hoy —comentó algo molesto
— Si, lo admito, me fui a los extremos esa vez, pero ahí estabas tu... para salvarme, como siempre... —tomando su mano
— Como lo estas tu ahora... —apretándola— gracias... —ahora en la abraza— siempre sabes lo que es mejor para mi
— Y tu para mí, siempre será así...
— Solo quisiera borrar todo lo que acaba de pasar —soltándola poco a poco
— Bueno, el doctor dijo que podrías, pero como bien dijo Sebastián, no sería lo ideal, olvidarías todo lo malo que te hizo... —Erik asintió entristecido— descuida, sé que demorara mucho, pero saldremos de esta, de peores hemos salidos, juntos... —acaricia su mejilla— y estoy segura que algo mejor te espera a futuro —Erik negó con desgana— sí, claro que lo sé... —sujetando su rostro con firmeza sin importarle sus gestos de dolor— sé que algo mejor te espera, un amor incluso más grande del que yo siento por ti... estoy segura y te lo mereces más que nadie... —acariciando su mejilla otra vez
A las afueras de la habitación, en la sala de espera, Sebastián se paseaba sumamente nervioso, ya habían pasado varios minutos y tanto Emma como él habían olvidado algo muy importante. La madre de Emma. No tardaba en llegar, y de hacerlo, lo más probable es que tendría que enfrentarla solo; y como si el destino se estuviera burlando de él, las circunstancias la invocaron. Estaba ahí en el mesón preguntando por Erik y en cuanto volteó, la vio de frente a él.
— Buenas noches, Lady Frost... —comento fingiendo seguridad, aunque por dentro estuviera temblando, decir que le temía a esa mujer era poco. Era el mismismo demonio hecho persona, y se lo habia dejado claro la última vez que la vio.
— Tu... —soltó con veneno cargado de ácido. Caminó unos pasos hasta quedar frente a él— si tu estas aquí, es porque obviamente Emma está aquí —elevo una ceja— ¿Sigues persiguiendo su cola o mi dinero? —consultó con cizaña
Sebastián trago en seco, todo lo horrible que le dijo ese día en la fiesta del Museo Británico, frente a tantas personas lo perseguía hasta el día de hoy— Erik... y Emma están en la habitación, él... —ella lo interrumpió
— Obvio que está con él ¿Por qué estaría perdiendo el tiempo con un tipo como tú? —preguntó con ironía— ¿Acaso no te molesta ver cómo se ríen en tu cara? ¿Cuántas veces los has encontrado follando? ¿Suficientes para que te guste? —dijo sin tapujos— o quizás te invitan, no me sorprendería... con lo zorra que es Emma
El hombre sintio la bilis quemar toda su garganta— Lady Frost, le pediré un poco de respeto a Emma, es su hija... por favor
La mujer rio de manera muy sarcástica— increíble, se ríen en tu cara y tú la defiendes, vaya que eres un trepador social, dispuesto a lo que sea por dinero y poder, típico de los de tu clase...
— Creo... que no tenemos nada más que conversar, permiso —haciéndole una pequeña reverencia, aunque no se la merecía en lo absoluto— hasta pronto...
La mujer lo sujetó del brazo muy fuerte, para luego soltarlo y limpiarse la mano— tú no te vas hasta que conversemos...
— Yo no tengo nada que conversar con usted —respondió firme
— ¿A no? ¿Cuánto más debo ofrecerte para que te alejes de ella? ¿Los cinco millones de libras que te ofrecí la vez pasada no bastan? —Sebastián mantuvo la mirada estoica y distante
— Mi amor por su hija no tiene precio... permiso —volteándose. Necesitaba salir de ahí lo antes posible
— Pues para tu padre si... —aclaró la mujer ufana, viendo cómo Sebastián se detenía y volteaba levemente hacia ella— ahora si me escucharas y aceptarás mi oferta, la más generosa que oirás, porque no solo te conviene a ti, sino también a tu familia... —Sebastián apretó las manos hasta casi sentir las uñas desgarrando la carne. En verdad esta sería una noche muy larga.
Chapter 25: 24
Chapter Text
Edades
Ahí estaba, seguía fijo mirándolo, esperando una reacción de él y por primera vez en mucho tiempo, a pesar de que habia soñado con algo así, ahora Charles comenzó a arrepentirse de la idea de tener un amigo, porque podían darse situaciones como estas. Scott lo habia dicho sin miedos o dudas, sabía que aquella persona con la que pasó todo el fin de semana era un hombre; lo dijo: Él ¿Cómo podía responderle? ¿Sí le creería su excusa? ¿Podría inventar una siquiera? Porque a pesar de ser tan superdotado como todo el mundo dice, ninguna sensata respuesta venía a él, por lo que solo le quedó una opción. Negarlo.
—Scott... —rio nervioso— creo que te estas confundiendo o escuchaste mal, porque yo... —Scott lo interrumpió
—No, Charles... solo repito lo que tu dijiste —indico seguro— hace solos unos días, antes de este fin de semana soñado y cuando andabas con ese humor de perros, me dijiste: debo hablar con él... —subiendo ambas cejas para establecer su punto
Charles sintio su mentón temblar y el cómo su vida pendía de un hilo ¿Por qué estaba tan asustado? — Scott... tienes que entender que las cosas se mezclan y uno se confunde y luego...
—Lo único que tengo que entender es que eres feliz, nada más... —comentó con total naturalidad y Charles sintio el nudo en la garganta— eres mi amigo, mi único amigo... mi mejor amigo creo yo, y no me importa lo que hagas con tu vida, mientras seas feliz...
Y por primera vez Charles sintio ganas de llorar de felicidad— Scott... no se que decir
—Nada, no tienes que decirme nada, te has pasado dando explicaciones toda tu vida, a tus padres, a los nobles aburridos, incluso hasta los que ni siquiera tienen injerencia en tu vida... ¿Por qué tendrías que dármelas a mí?
—Porque eres mi... mejor amigo —comentó con timidez
—Mas que eso, lo que tienes que hacer es contarme y... —toma su oreja y la jala— ¡Y no mentirme! —Charles se queja, pero asiente adolorido— deja de dar explicaciones de tu vida ... ellos viven la suya, deja que la arruinen como ellos quieren, siguiendo reglas arcaicas de otros y no permitas que también arruinen la tuya —apoyándose en la mesa— la mayoría de las veces solo es envidia e ignorancia, claro...
Charles trago en seco y finalmente hablo— ¿No te molesta? ¿Incómoda quizás?
—Me molestaría si dejaras de hacer lo que quieres porque otros te lo dictan, y no puede incomodarme, de nuevo, no es mi vida y mientras no arruines la vida de otros ¡Al diablo los demás! —vio la duda en sus ojos— mírame a mí, no vengo de una familia adinerada, estoy becado hasta para los zapatos, mi madre está muerta y hasta mi propio padre me llama huérfano... pero no permito que me digan que hacer con mi vida, no les debo nada, además yo no pedí nacer, fue idea o error de ellos... —sonriendo de lado— si tus padres o los demás quieren que hagas exactamente lo que ellos quieren, que se clonen y se arruinen la vida a sí mismos, otra vez...
Charles finalmente pudo relajarse y sentarse más holgadamente en la silla— estoy anonadado... —suspirando— estaba tan asustado que alguien lo supiera y que... —evitando su mirada
—Y te juzgará, eso lo harán toda la vida, hasta por las cosas más simples... así que no tiene caso oírles, solo te desgasta mentalmente... —comenté algo ofuscado, ya estaba tan cansado de los prejuicios— hace milenios éramos el centro del universo, luego éramos planos, luego la ciencia era brujería, hasta bañarse era ilegal... —Charles rio por la nariz—en un años más todo esto no importará, es más, en 20 años termina no solo un siglo, sino un milenio y estoy segura que mejor gente vendrá para ese tiempo, muchos prejuicios ya no serán un problema...
—Que optimista... —agregó Charles
—Debo serlo, sino ¿Cuál es el punto? Si desde que sales a enfrentar el mundo piensas que no puedes mejorar o evolucionar, seguiríamos viviendo sin fuego... el cambio es parte esencial de la vida, todo el mundo avanza, hasta los animales y si tú te quedas estancado, no eres más diferente que una roca...
Charles inhalo profundo gratamente sorprendido— bueno, te pido disculpas, Scott... en verdad te subestime amigo, eres incluso más sabio que yo... —sonriéndole— y me demuestras que la sabiduría no viene con los años
—Esa es una gran mentira, los años no son los únicos que dan conocimiento, las experiencias también te generan sabiduría, aunque sea a golpes... —riendo algo incomodo
Charles rio con él, para luego poner su mano en el hombro de Scott— bueno, gracias... no solo por los consejos de vida, sino también por comprender, por escuchar...
—De nada amigo, solo quiero que seas feliz y si él lo logra, no tengo ningún problema... —Charles le sonrió— además debo felicitarlo, logro chasconear al impoluto Charles Xavier... —este solo rio— es casi un héroe, aunque... me gustaría saber ¡¿Quién es?! —grito, generando ciertas miradas, lo que provocó que Charles prácticamente lo callara a golpes
—¡Scott! —exigió de manera ahogada— no porque este bien con que tú lo sepas, significa que quiero que todo el mundo este al tanto... —exhalo— tu me aceptas y estoy infinitamente agradecido por eso, pero eso no implica que el resto lo haga... y aunque no debería importarme lo que piensan —estableciendo el punto de Scott— aun estoy aprendiendo a vivir con esto, entiéndeme...
—Entiendo, entiendo... —respondió susurrando— pero no estás haciendo nada ilegal, la homosexualidad se despenalizó en 1967
Charles lo volvió a callar— ¡No digas esa palabra! ¡No soy eso! —Scott levanté una ceja confundido
—¿Entonces qué eres? —consultó confundido— ¿Te sientes atraído por un hombre? ¿Te besas y tienes relaciones con un hombre? Eso te hace homosexual...
Charles quería gritar a todo lo ancho, pero lo ahogó en un suspiro y en un intento por hacerse pequeño en la silla, hasta desaparecer— Scott... basta, en serio
Su amigo lo noto, Charles tenía una lucha interna y debía ayudarlo a salir de esta— a ver... —masajeándose la sien— Charles... —haciendo que lo mirara— ya te dije, la homosexualidad no es ilegal, al menos puertas adentro, en la calle es un poco mas complicada, pero no imposible y además, si mal no recuerdo los mismos Americanos la quitaron de la lista de trastornos mentales hace unos años también... así que nuevamente, no estas haciendo nada malo —Charles lo mira con terror— acepta lo que eres, o al menos inténtalo
—¿Y como hago eso? ¿Grito a los cuatro vientos como me siento? ¿Qué estoy orgulloso de ser lo que soy? ¿Finjo que nací así y no que es algo que...? —exhala rendido, la situación lo superaba— olvídalo... —enterrando su mentón en el pecho
—Esto no se pega, porque no es una enfermedad... —insistió Scott— al menos eso decía mi madre... —Charles levantó levemente la cabeza, comenzaba a comprender de dónde venía toda esta lucha— mira, te contare algo que pocos saben... —inhala— mi madre era cantante, pertenecía a un grupo musical, que aunque no logró ser mundialmente famoso, tuvo alguno que otro éxito, mayormente en el género disco y uno de los cantantes de este grupo era homosexual... —sonrió de lado con cierta nostalgia— para todos era el raro, el enfermo, el trastornado, el depravado... —Charles resintió mucho esas palabras, le aterraban a niveles preocupantes— pero para mí era el tío Ned, el mejor hombre que pudo pisar este gris mundo, sabía pilotear aviones, navegar en grandes barcos, cantaba, bailaba, practicaba karate, dibuja, era prácticamente perfecto... y homosexual ¿Y? —inhala con cierto dolor— para mí era el arquetipo perfecto de hombre, a veces yo soñaba que si hubiera tenido un padre, claramente debía parecerse a él, porque para ese niño que crecía solo y rechazado, él era el mejor hombre que hubiera vivido jamás... y me amo, como mi padre jamás lo hará.
Charles estaba fascinado escuchando su historia, era como él contando las aventuras en la tierra media que tenía su abuelo, cazando orcos y luchando con hechiceros, para él su abuelo era el hombre premium y para Scott lo era su tío Ned. Ambos amaron a esos niños y le mostraron más amor que sus propios padres, los educaron, les enseñaron un sin número de cosas y los cuidaron incondicionalmente, la única diferencia era es que uno amaba a las mujeres y otro a los hombres ¿Por qué eso los hacia diferentes? Eran prácticamente la misma persona, con la misma capacidad para amar.
—Lo lamento, Scott... no quería ofenderte u ofenderlo a él
—No, jamás harías eso... —respondió seguro— estás confundido, es parte del proceso de autodescubrimiento, al menos eso decía el tío Ned y yo también lo estoy, también me costó entenderlo cuando era pequeño, pero mi madre siempre me lo explico de la mejor forma y el tío Ned siempre fue sincero con él y con el mundo... quizás incluso podría decir que me enseñó a ser como soy ahora, a jamás tener miedo, a no esconderme, a no buscar jamás la aprobación de otros; quienes me amaban, lo harían con todo y mis demonios, sobre todo aquellos que la sociedad castigaba por ser diferentes... —exhala más calmado— él jamás se ocultó, luchaba por sus derechos y los de los demás, se sentía orgulloso de lo que era y jamás se rindió y hasta hoy en día me dice que nunca dejará de luchar hasta lograr que los acepten o al menos, que los dejen vivir en paz, eso es lo que quiere...
Esa si que habia sido un consejo de vida, una lección de vida, Scott era claramente una caja de pandora y cada vez que descubría algo nuevo, más maravillado quedaba de lo que jamás pensó. Este joven muchacho, no lo sabía, pero se estaba convirtiendo en las mejores cosas que le hubieran pasado en muchos años, de las mejores personas que conoció y de las coincidencias por las cuales estaba más agradecido en la vida.
—Vaya... ahora si que oficialmente me quede sin palabras...
—¡Imposible! ¡¿Acaso lo logre?! —se pone de pie— ¿Escucharon? —mirando a todos los que los rodeaban— ¡Logre que Charles se callara! ¡Victoria!
—¡Pues a ver si ahora te callas tú! —grito otro desde lejos
—¿Por qué no vienes a callarme? —respondió, justo cuando Charles lo jalaba para que sentara
—Lo siento... —respondió con timidez el Xavier a los demás— ¿En serio no puedes dejar de buscar pelea por cinco minutos?
—Perdón, mamá... —respondió riendo— aún quede con las ganas desde la última... el tío Ned decía si empiezas la pelea, tú la terminas y si no la empiezas, también...
Charles rodó los ojos— ¿Acaso fue el tío Ned fue quien te enseño a pelear?
—¡Claro! ¿Qué parte de que sabía karate no entendiste? —orgulloso— él peleó toda su vida, la mitad por gusto, la otra mitad por supervivencia
—¿Supervivencia? —pregunto asustado
Scott carraspeó— bueno, algunas veces trataron de llevárselo detenido por luchar por... sus derechos y otras veces también intentaron golpearlo debido a su... condición —susurro entre dientes
—Claro que eso pasara, es lo que la gente estúpida e ignorante les hace a los homosexuales... —aun costándole decir esa palabra
—Dije intentaron, pero él siempre gano todas las peleas
—¡Que bueno por él! Pero por si no te diste cuenta... ¡Yo no sé karate! ¡Y yo no soy tu tío Ned! —gritó ahogadamente— ¡Me matarían con solo patearme! ¡Jamás me he metido ni siquiera en una acalorada discusión!
—¿Acaso eres un cobarde? —pregunto intrigado
—No es precisamente ser cobarde, es mas bien respeto al resto de las personas y a mi propia integridad, además que andar matándose a puños para probar un punto, es demasiado inverosímil para mí y...
—No es lo que un caballero hace, lo se... —respondió mecánicamente— pues en ese caso déjame las peleas a mí, tú eres el Rey que dirige las estrategias y yo el General que hace el trabajo sucio... —Charles no lo quiso admitir, pero le gusto ese comentario. Era como revivir una de sus fantasías de la infancia, una donde tenía muchos amigos y cada uno de ellos eran personajes específicos defendiendo una fortaleza o luchando contra un gran ejército de orcos y gnomos.
—Más bien el bufón... —sentenció Charles
—Golpe bajo —respondió fingiendo ofensa— lo acepto, pero solo te digo una cosa Charles Xavier, llegará el momento en que estarás tan enojado o desesperado para proteger a alguien que quieres, que créeme... los golpes vendrán solos
—No cuentes con eso... —aseguró
—Esta bien, entonces por ahora yo te defenderé de los idiotas prejuicios por ser homosexual... —continuo seguro
Charles volvió a suspirar— no lo digas así...
—¿Cuál es tu problema con esa palabra? —pregunto ya algo extrañado
—No... lo se... —respondió inseguro— solo me genera incomodidad, jamás pensé que sería así, que yo estaría asociado a esa palabra, ni siquiera me lo plantee... —exhala— cuando comenzó todo esto solo lo veía como un capricho adolescente, espontaneidad pasajera, pero...
—Fue escalando hasta transformarse en un sentimiento —vio el pánico en los ojos de Charles— cualquier sentimiento, puede ser felicidad, complacencia, serenidad, muchas cosas... todo eso te puede generar una persona, hasta yo genero eso en ti, claro además de irritabilidad, instintos asesinos y pensamientos psicópatas
—Si, bastante parecido a lo que siento justo ahora —respondió de manera sarcástica— pero... con él —soltándolo con cierta pausa— es más que eso, es desenfrenado y luego sereno, todo esta tenue y él lo vuelve cálido, una simple palabra, una simple caricia, un simple... —dándose cuenta de que estaba hablando demás, mientras Scott lo miraba con una sonrisa maliciosa— en fin, jamás me habia sentido así
—¿Qué hay de tus otras novias? —consultó con ingenuidad. Charles callo con vergüenza— ¿Ex? ¿Una aunque sea? —indago— ¿Ninguna? —Charles negó avergonzado— ¿Qué hay de la mucama? —Charles ni siquiera lo negó, ya se había transformado en un chiste recurrente de Scott— ¿Él es tu primera vez? —Charles asintió como perrito regañado— ¡¿Ya te acostaste con él?!
—¡Scott! —grito apenado tapándole la boca con desesperación. Scott murmura con las manos de Charles aun sobre su boca— ¿Qué? —Scott lame la mano y Charles la quita— ¡Asqueroso! —limpiándose con la servilleta
—Dije que eso significa que no, te hubieras dado puntos, lo admito, pero eres muy mojigato para eso, de seguro con suerte se han tomado de las manos y regalado un par de besitos... tu espontaneidad no llega más allá
—No, y no lo hará... —expreso firme
—¿Seguro? ¿No te da ganas? ¿Aunque sea un poco? ¿Experimentar? ¿Seguir probando cosas nuevas? Quizás te gusta —Charles lo calla con un gran chitón— solo considéralo... —Charles baja la mirada— tu rostro a punto de transformarse en una salsa de tomate me dice que si...
El joven exhala completamente agotado ¿En qué momento la conversación habia llegado a esto? — o sea... si, pero no pasa de una idea fugaz —aclaro— necesito comprende que siento, que es lo que está pensando, hay demasiadas cosas a considerar y para tener en cuenta, prefiero ir lento pero seguro, entiéndeme, por favor... y además, él sí ha tenido parejas previamente, mujeres claro... —resintiendo ese último comentario, no porque tuviera celos, sino por inseguridad, él jamás podría igualar el placer que le daba una mujer a un hombre, menos a uno como Erik y claramente este jamás se fijaría en él de esa forma. Su parte más racional le decía que esto seguiría siendo algo pasajero para Erik, pero para Charles... ¿Cuál era la respuesta correcta a esa pregunta?
—Esta bien, te entiendo... por ahora conformémonos con las tomaditas de mano —indico algo burlón— te la doy por válida por ser tu primera relación, digamos que estás viviendo tu pubertad y adolescencia tardía —apretando su mejilla como abuela consentidora— ¡Te felicito, mi pequeño!
—Eres un idiota... —respondió Charles acabado
—Gracias, pero algo me dice que hay algo más... sé que eres un mojigato cobarde que analiza hasta las variables del clima, pero este terror creo que se debe a algo más, hay más en todo esto... —sonríe con cierta maldad— como si fuera aún más prohibido de lo que parece —Charles no lo miro
—¿Cuándo te volviste tan suspicaz y observador? —pregunto delatándose
—¿Qué tiene de prohibido? ¿Es casado? ¿Tiene pareja? ¿Hijos? —Charles negó temeroso— ¡Es mayor que tú! —acusó de manera ahogada. Charles enterró aún más el rostro en su pecho— ¿Es eso? ¡Genial! ¡Debería dedicarme a ser detective! —recostándose en la silla de manera ufana y relajada
—Te odio, en serio... jamás debí decirte nada —respondió molesto consigo mismo, pero ya rendido ante la situación
—Muy tarde, ahora dime... ¿Cuan mayor? —pregunto, pero Charles no lo miro— por favor y no pregunto más, lo juro... —rogó con los ojos— promesa al cielo... —lanzando un beso con la mano hacia arriba
Charles volvió a negar ¿Por qué cedía tan fácil con Scott? Tenía que analizar ese tema o quizás, en el fondo, quería que alguien supiera, quería comentarlo con alguien, quería gritarle al mundo lo feliz que era en ese momento. Eso no tenía por qué ser algo malo, y tampoco era ser egoísta, por primera vez estaba disfrutando, aterrado, pero con una valentía que lo inspiraba a seguir.
—Es 15 años mayor que yo... —dijo en un susurro acomplejado
Scott contuvo la siguiente exhalación— ¡Ay, madre! Estás en serios problemas...
—Gracias por el apoyo
—No, en serio lo digo, estas en serios problemas y legales... —agrego
—¿Qué? —preguntó aterrado— ¿De qué hablas? ¿Dijiste que no era ilegal?
—No lo es... si eres mayor de 21 años y tu tienes 20... —comento algo incomodo subiendo ambas cejas. Charles palideció.
¿Había estado quebrantando la ley todo este tiempo? Su padre tenía razón, ya no era el mismo Charles de antes.
En la oficina, ambos amigos seguían analizando todo el audio, uno que los habia devuelto inconscientemente a todo lo acontecido esa noche, era increíble, pero a pesar de todo lo ocurrido y el tiempo transcurrido, lo recordaban con una exactitud casi milimétrica, aunque es de esperar que un suceso así no sea fácil de olvidar. Emma volvió a tomar el diario y lo leyó con más calma, todo mientras ojeaba a Erik, quien estaba perdido en sus recuerdos y memorias.
El artículo era extremadamente superficial, claramente mencionando solo los detalles de la boda, la fiesta, el pastel, el vestido y los invitados, claro; la alta alcurnia londinense estuvo presente, incluso vio a su madre en algunas de las fotos de la sección de sociales. Prácticamente la llamaban la boda del año. Emma rio ante ese comentario, si hacían espavientos por un suceso tan ínfimo, no quería imaginar cómo reaccionar el país cuando el idiota del Príncipe Carlos por fin se casará. Y aunque no quisiera admitirlo, daría lo que fuera por ser invitada a esa boda, sobre todo después de que el romance del hijo de la Reina no habia funcionado con la tal Parker Bowles.
Pero algo que claramente llamó su atención es que en ninguna parte mencionaban todo lo acontecido esa fatídica noche, lo que implicaba que el diario habia sido sobornado para no mencionar el asunto, típico de esta gente, y eso de cierta forma la tranquilizó, no quería a Erik involucrado en todo esto, pero sabía que la boda era lo que menos lo preocupaba en este momento.
—No se que pensar... —por fin comentó Erik— pero te mentiría si te dijera que no estoy asustado —exhalando con pausa
Emma tragó en seco— ¿Pero que crees que puede significar? ¿Qué tienes que ver tú con todo esto? —señalando el diario en sus manos— ¿Quieres hablar con ella? —preguntó con temor
Erik cambio el semblante de inmediato— ¡Claro que no! —poniéndose de pie rápidamente— ¡Si le contesto, ella gana! ¡No quiero volver a hablar con ella jamás! ¡No quiero volver a verla jamás! ¡¿Qué parte no le quedó claro de eso?! —comenzando a pasearse— ¡¿Por qué tiene que pasar esto justo ahora?! ¡Cuando las cosas por fin iban bien! —deteniendo su caminar. Emma supo al instante de quien hablaba, y eso la asustó más ¿Qué pensaría el pequeño Charles de todo esto? ¿Lo sabría? ¿Podría verse afectado con todo esto? Y lo vio en los ojos de Erik, esa era su principal preocupación. Charles.
—Primero debes calmarte, luego con la cabeza fría pensaras las cosas y decidirás que hacer —volteándose en la silla hacía él— por ahora... —tocaron la puerta y ambos se miraron con terror, pensando lo peor
—¿Quién es? —preguntó Erik en un hilo de voz, mientras trataba de fingir seguridad
—Sebastián —respondieron con calma. Ambos relajaron el semblante al instante
—Pasa... —respondió Erik volviendo a sentarse
—Permiso, Erik... no quiero molestar —abriendo la puerta y clavando la vista en la rubia— Emma... —conteniendo la siguiente exhalación— perdón, vuelvo mas tarde —haciendo el ademán de salir
—No, Sebastián —interrumpió veloz la mujer— está bien, pasa... —el hombre dudó unos segundos— a menos que sea algo privado
El Profesor carraspeó— bueno... algo salió en el periódico hoy y creía que Erik debía saberlo —subiendo el diario para que lo viera
—Descuida, ya lo sabemos todo... —indicó algo ofuscado Erik— la boda y la pareja feliz...
Sebastián subió una ceja— ¿Leíste la parte en que la mencionan a... ella? —acercándose al escritorio
—No sale nada sobre Magda —contestó segura Emma. Erik resintió la mención de su nombre
—No en ese periódico, pero si en este —abriendo la pagina y comenzando a leer— "el magnate"...blablablá, hasta la parte final dice: "luego del escandaloso rompimiento que la pareja vivió hace casi un año, donde hasta su Alteza Real la Princesa Anna estuvo involucrada, todo el mundo pensaría que el amor se habia acabado, pero el romance no solo volvió, sino que se concretó con campanas y pompas... al parecer el perdón era más grande que el resentimiento " —los tres fruncieron el ceño ante ese comentario, claramente ese no habia sido el motivo— "la pareja no respondió preguntas y se retiró sin hacer comentarios, mientras que todos quedaron expectantes por saber que paso con la otra mujer, identificada como Magda Eisenhardt, quien después de esa fatídica noche, desapareció de la faz de la tierra..." —eso extraño a Erik y Emma lo miró de reojo— "hasta hace solo una semana donde se supo que volvió de Austria, lugar donde reside hace casi un año..." —concluye Sebastián, no habia mayor información.
Erik elevó ambas cejas en señal de sorpresa— ¿Viviendo en Austria? ¿Por qué? —Sebastián arqueo los hombros— ¿Por qué volvió? ¿Y cuando se fue? Porque ni siquiera se ha cumplido el año —Erik volvió a caminar nervioso ¿Se habia ido tan rápido? ¿Ya lo tenía planeado? ¿Su amante la habia mandado ahí para ocultarla y llevar su doble vida? Eran demasiadas preguntas las que lo torturaban.
—¿Por qué va a ser? —preguntó con retórica Emma— quizás quería impedir la boda... —chasqueando la lengua
—¿Y que tengo que ver yo en todo esto? ¿Por qué me mando ese mensaje entonces? —cada vez más confundido. Sebastián miró extrañado a Emma y ella le hizo una señal: luego te explico.
—Lo siento, Erik... creo que hubiera sido mejor no decirte todo esto —indicó apenado el hombre
—No, está bien... tarde o temprano lo sabría, y era mejor enterarme por parte de un amigo, que de un completo desconocido —Sebastián sonrió a medias, aun extrañaba las largas conversaciones sobre ciencia que tenían con Erik y el cómo le dolió perderlo como amigo, cuando renunció a Emma— y sigo agradecido que nadie sepa sobre mí, soy feliz de ser un completo anónimo, aunque no para ella...
—No sé qué decía el mensaje, y no tienes porque decírmelo, pero quizás sería bueno evitarla a toda costa... —agregó Sebastián. Erik asintió
—Entonces salgamos de aquí, por estos días debes estar lo menos posible en tu oficina, es el único lugar donde vendrá a buscarte, porque sabrá que estarás solo... —afirmó con seguridad Emma— y deja indicaciones en tu edificio de que no le permitan entrar, cambia el cerrojo de la puerta de ser necesario... —Erik suspiro ¿Tantas cosas debía hacer para mantenerla alejada? Sentía que casi estaba huyendo ¿Por qué? Él no era el que había errado.
—Puedes usar mi oficina, no hay problema —indicó Sebastián con calma. Emma no pudo evitar sonreír, Sebastián estaba siendo tan considerado
—Gracias... —respondió Erik— por venir y por todo lo demás...
Sebastián inhalo con cierto dolor— tengo mucho que remendar, corregir los dolores que les cause en el pasado, a ambos... —mira fijamente a Emma y esta siente que el corazón se le va a salir del pecho. El hombre saca sus llaves y se las entrega a Erik— mueve las cosas que necesites allá, yo ahora tengo clases, así que puedes quedarte ahí el tiempo que quieras... —Erik le sonrió y se devolvió veloz a su escritorio para tomar rápidamente lo necesario. No era huir, era solo evadir un problema.
—Te ayudo —agregó Emma tomando lo demás, y también su bolso. Sebastián los siguió a la puerta y salieron con urgencia poco disimulada.
—Quizás hubiera sido mejor seguir con licencia... —comentó con pesar.
—Todo saldrá bien, ya verás... —siguiéndolo. Sebastián solo los miro, se sentía tan ajeno a la escena
—Bueno... —carraspeo— yo los dejo, como dije, tengo clases y no quiero llegar tarde... —comenzando a caminar
—Gracias, Sebastián —respondió veloz Erik— te veo después en tu oficina —sonriendo con cierta vergüenza. Sebastián le respondió con el mismo gesto y luego volteo hacia Emma.
La mujer lo miró fijamente, para luego caminar con lentitud y darle un corto beso en la mejilla— luego nos vemos... —comenzando a caminar.
Erik solo la siguió, dejando al Profesor perdido en su memoria y anhelos, y cuando se dispuso a irse, otra presencia lo sacó de su ensoñación— Sharon... ¿Qué tal?
—Bien ¿Y tú? —comentó con voz pausada
—Bien, bien... —respondió entre tropezones
—¿Seguro? Acabo de ver a Emma irse con Erik... otra vez —dijo con parsimonia— ¿Seguro que estás bien?
Sebastián quiso mantenerse sereno, pero igualmente estaba algo tenso— descuida, entre ellos solo existe una amistad y si algo más existiera, yo no tengo derecho a entrometerme, todo el mundo sabe que Emma y yo nunca pasamos más de una cita fallida... —fingiendo seguridad
—Yo se que eso no es cierto —respondió firme— recuerda que los vi en ese restaurante el año pasado y era mucho más que una salía de amigos, si me disculpas la indiscreción... —comentó con total naturalidad
El Profesor se sintio acorralado— bueno, como dijiste, pasado... —enderezo la espalda. Sharon lo miro con detenimiento
—¿Puedo hacerte un comentario a nivel personal? Y como Sharon la persona, no como tu jefa... —Sebastián asintió veloz— si tanto la amas, lucha por ella... pareciera que te rendiste siquiera antes de empezar —el hombre soltó una larga exhalación
—No... es tan así, Sharon —dijo a regañadientes mientras comenzaba a caminar, siendo seguido por la mujer— somos de mundos muy diferentes, queremos cosas muy distintas y en el fondo de mi ser, yo se que al final las cosas no funcionarían... —mintió con total honestidad
—¿Es por la familia de Emma? ¿Por su madre? —indago con la mirada— aunque yo tengo mis reservas respecto a su relación y el cómo ambas reaccionan a las acciones de la otra, después de todo son igual de obstinadas, en eso se parecen demasiado, pero si hay alguien que no respeta la opinión de Lady Frost, es Emma... ¿Por qué debería importarte a ti?
Sebastián resintió ese comentario, es casi como si Sharon le estuviera diciendo que no debía dejarse llevar por las diferencias sociales y económicas, que luchara por ella y demostrara de lo que estaba hecho y hasta donde estaba dispuesto a llegar por ella, y eso es lo que más le molestó, literalmente su historia cada día se parecía a mas a la que Emma le contó sobre Raven y Hank, y como los padres de esta hicieron lo imposible para separarlos, por sus diversas diferencias, y ahora esa misma mujer, le daba cátedra de las relaciones. La ironía abundaba en este lugar.
—Es mucho más difícil que eso, Sharon y con todo respeto... preferiría no comentarlo con nadie, espero lo entiendas —la mujer se sorprendió un poco, pero se lo dio por válida— además, tengo muchas cosas en mi cabeza ahora, más que solo Emma... o Erik
Sharon comprendió su punto al instante— ¿Es tu padre? ¿Cómo está? —preguntó con genuina preocupación
—Enterrado en litigios y papeles... —la mujer solo miro y el comprendió su duda— el juicio es a fin de mes —su voz sonaba cargada en pesar y duda— y la verdad dudo que termine bien, los dos tenemos asumido que no saldrá de esta... lo que más me preocupa ahora es la reacción de mi madre, la última sentencia de arresto domiciliario la dejó hospitalizada por dos semanas
La mujer suspiró con pesar— pues sabes que aquí te apoyamos en todo, puedo seguir dándote todas las facilidades que requieras... estamos aquí para apoyarte
—Y lo agradezco —respondió con una sonrisa escuálida— pero necesito mantener mi cabeza ocupada y alejada de todo lo que me atormenta, por eso acepte ser el remplazo de Ororo...
Sharon aun dudaba de esa decisión, la mujer se habia ido hace solo una semana con su permiso prenatal, y no creía que era el mejor momento para Sebastián aceptar esta responsabilidad, debido a toda la carga emocional que estaba llevando y sobre todo, solo, porque habia decidió no compartirla con nadie más, ella solo se entero porque era su Jefa, y la razón en parte era por vergüenza y miedo a ser juzgado, o en este caso, sobre su familia, y porque su discurso siempre era el mismo: los demás tienen sus propios problemas, no voy a venir a molestar con los míos.
Ni siquiera T'Challa, quien era su mejor amigo, lo sabía y era entendible, estaba enfocado en su futuro hijo y además, este habia sido un embarazo algo complicado para Ororo, muy pocos lo sabían, pero la mujer ya habia sufrido dos abortos espontáneos previamente algunos años atrás, y este quizás era su última oportunidad para ser padres y un dolor mas no podrían soportarlo, por lo que Sebastián solo procuraba estar a su lado y apoyarlo, su momento llegaría después. Por eso insistió tanto en remplazar a Ororo.
Sharon lo comprendía, pero no compartía su postura, así que no le quedaba más que aceptarlo y esperar lo mejor, para todos— bueno, lo entiendo... solo procura no cargar con mucho solo, porque a la larga te pasará la cuenta —sonriéndole de manera genuina y el hombre agradeció el gesto
—Gracias, siempre lo tengo en consideración, descuida... —comenzando a caminar en la otra dirección— adiós y cuídate... —yéndose con rapidez, cada vez quería hablar menos con las personas, y con las cuales anhelaba hacerlo, no podía.
Sharon solo lo vio alejarse, aun cuestionándose si habia tomado la decisión correcta, pero ya no podía retractarse, así que solo le sonrió, pero aun preocupada, al parecer ella era la única que se estaba dando cuenta que el Profesor estaba más delgado, pálido y con un semblante sumamente decaído, y sintio cierto recelo hacía Emma, si decía amarlo como lo hacía ¿Cómo es que no se habia dado cuenta de su estado de salud? Y volvió la mirada hacia los amigos que se habían ido, preguntándose a donde habían partido con tanta prisa y cargados de libros y documentos. Se rindió ante la duda, y simplemente se marchó a hacer su trabajo, sin sospechar que los aludidos también comenzarían a darse cuenta de lo que estaba pasando.
Emma fue la más sorprendida, recorrería con la mirada la oficina y jamás pensó verla así— Sebastián es la persona más maniática con el orden que he conocido en el mundo, incluso mas que tu... —comento sin mirar a su amigo que comenzaba a dejar sus cosas sobre el sofá a un costado de la puerta— y esto es desordenado incluso para mis estándares...
Erik también miro el lugar— solo algo desorganizado, pero no está sucio... eso es lo importante —comentó con calma, pero Emma negó
—No, Sebastián no es así... —insistió con seguridad— no deja ni los cubiertos sin secar a la hora de comer... —acercándose al escritorio— esto es... diferente —comenzando a revisar lo que estaba sobre la mesa, no quería ser impertinente, pero había algo aquí que encendía toda sus alarmas
—Bueno, también empezó a tomar las clases de Ororo, quizás está empezando a organizarse... —notando los papeles arrugados a un costado de la papelera, por lo que se agachó para recogerlos y botarlos a la cesta, pero algo llama su atención y termina leyéndolos.
Emma hacía lo mismo, habia encontrado algo sumamente preocupante y comenzó a sentir el miedo recorrer su espalda, Sebastián le estaba ocultando algo muy serio, quizás tan serio como lo del audio de la mañana— Erik... ven aquí, ahora —sin despegar su mirada de los documentos.
El hombre hizo caso, pero siguió leyendo los documentos que él también habia encontrado— creo que encontré algo... inesperado —subiendo levemente la mirada, pero Emma no lo miro— ¿Qué pasa?
—Es una citación para declarar en la Corte Suprema... en calidad de testigo —comentó con la voz entrecortada, mientras elevaba el documento para que Erik lo leyera. El hombre lo observó y ato los cabos en cuestión de segundos
—Y tal vez tiene que ver con esto... —mostrando los documentos que él habia encontrado— son varios borradores de una carta de renuncia... —Emma prácticamente se los arrebató de las manos y sintio como su pecho se aceleraba ante la preocupación— Sebastián quiere renunciar...
Durante la tarde, Charles no pudo sacarse de la mente lo que le dijo Scott, el que estuviera quebrantando la ley era lo mas lejano que habia llegado con esto, ahora si que su pregunta de si estaba haciendo algo malo, algo incorrecto, inmoral, obtenía respuesta y eso era: sí. Porque no solo era eso, era ilegal y corría el riesgo de tener consecuencias graves, y todo por seguir a su estúpida espontaneidad, pero por más que quiso castigarla, no pudo, no podía, porque era demasiado hermosa y lo estaba haciendo más feliz de lo que jamás fue en la vida.
Scott trato de subirle el ánimo, que no olvidara todo lo que habían conversado por la mañana, pero Charles ya estaba atrapado en su mente con su viejo enemigo, uno que rechazaba y trataba de ocultar: sobre pensar. La lógica lo habia abandonado, incluso cuando fue a la biblioteca a buscar respuestas, debía encontrar algún libro sobre derecho que lo orientara, que dijera algo, penas, sanciones, riesgos a futuro, algo, pero no encontró mucho, incluso en los libros de leyes, este punto seguía siendo tabú. Lo único que encontró fue revistas y artículos de periódicos, sobre todo de Estados Unidos, que hablaban sobre la lucha de derechos, la autodeterminación, el respeto a su dignidad y un término que dejo aun mas confundido a Charles. El orgullo.
¿Debía estar orgulloso? ¿Qué debía entender por orgullo? ¿Ese orgullo era algo malo o bueno? Prefirió obviar todo esto, y seguir con su mayor preocupación, no tenia cabeza para nada más, y sobre todo porque también lo acomplejaba el desconocer si Erik estaba al tanto de esto, y de ser así ¿Cuál sería su reacción? Le aterraba la respuesta. Prefirió quedarse a ojear alguno que otro libro, algo que lo hiciera perderse en otros mundos y olvidar el propio, hasta que una cosa lo volvió a la realidad, aquello que venía usando como separador para el último libro que estaba leyendo. El horario de clases de Erik.
La Profesora Emma se lo habia dado, claramente como muestra de que estaba al tanto de parte de la historia, o incluso de todo, otro miedo más que agregar a la gran lista que estaba maquinando su cabeza, pero entre todo el ruido que esta hacía, buscando los comos y los porques, su corazón le rogó una visita, una mirada bastaría para acallar todas las voces dentro de él; prefería estar escuchando su corazón latir desenfrenado, a que sus voces culpándolo por sentir.
Recordó que Alex no estaba en la ciudad, Scott se lo habia mencionado, así que se sintio con libertad para caminar hacia la oficina de cierto Profesor y sin esperar desagradables sorpresas, además porque su madre estaba en clases, de eso estaba absolutamente seguro. Así que, aunque había prometido repasar con Scott después de su visita breve a la biblioteca para el examen de mañana, y sobre todo porque Scott tenía su segunda cita con Jean en la tarde, Charles tuvo que cancelar esos planes; tenía asuntos de mucha más importancia.
Y esto despertó ciertas sospechas en Scott, las constantes visitas de su amigo al Departamento de Física y como a veces hablaba de más de este Profesor de Física a quien supuestamente estaba ayudando a escribir su siguiente libro ¿Acaso sería él? Al final, decidió callar, sacarle información a Charles era como esperar que el Támesis se limpiara por arte de magia; habría que limpiar sección por sección y cavar pedazo por pedazo.
El joven ya estaba próximo a la oficina, con una sonrisa radiante que iluminaba a todas las nubes lúgubres que avisan una fuerte tormenta, pero cuando dobló el pasillo, se encontró con una inesperada visita. Una mujer golpeaba la puerta, con cierta urgencia a decir verdad y llamaba al Profesor por su nombre, lo que implicaba que no era una alumna, sino alguien de más confianza, quizás otra Profesora, pero la súplica en su voz era tan notoria, que era imposible obviarla. Charles solo se quedo escondido en la esquina, esperando que se aburriera y se fuera, pero la mujer no se rendiría tan fácil.
—¡Erik! —rogó nuevamente— ¡Por favor! ¡Solo abre la puerta! —volviendo a golpear, pero ya con menos fuerzas— solo quiero hablar, lo juro... —exhalando con pesar, y volviendo a golpear, una y otra vez, pero nadie acudió.
Charles comprendió que Erik no estaba en su oficina, quizá el horario no era tan fiable y la mujer, que un comienzo se veía dispuesta a todo, al final perdía más las fuerzas, y conforme eso pasaba, más decaída se veía, más desesperada se escuchaba y más acongojada se mostraba, en menos de dos minutos, las lágrimas caían por su rostro, habia llegado a su punto de inflexión, por lo que solo giro sobre si misma y se encamino hacia las bancas cercanas, por suerte no habia alumnos cerca, quizás por eso habia venido a esta hora, y eso le dio la libertad de soltar más lágrimas silenciosas, pero cargadas de dolor.
Charles debía haberse ido hace varios minutos, pero la imagen de la mujer prácticamente desmoronándose sobre la banca, le conmovió el corazón y le removió la conciencia, no podía irse de ahí y dejar a una dama llorando... no era de caballeros. Suspiro con pesar y se encaminó hacia ella, rogando que su estúpida caballerosidad no le trajera más problemas. Camino lento, procurando no asustarla y se detuvo a su lado, al parecer la mujer notó su presencia, pero no levantó la vista, estaba tratando de secar las lágrimas y verse más compuesta, como si es que le quedara dignidad.
—Disculpe... —dijo con suavidad— tome, espero no importunarla —extendiéndole un pañuelo. La mujer levantó la mirada, sus ojos estaban rojos e hinchados y se clavaron directo en el joven y luego en el objeto blanco que estiraba hacia ella; lo encontró un acto sumamente caballeroso y también un poco dulce. Lo tomo sin separar la mirada del joven.
—Gracias... —respondió con lentitud, secándose sin mirarlo, no quería más compasión, aunque eso irónico, porque hace mucho que no tenía de eso.
—¿Esta bien? ¿Necesita algo? —preguntó con inquietud el joven— ¿Quizás pueda llamar a alguien por usted?
La mujer sonrió de manera genuina, nuevamente volvía a experimentar lo que era un gesto noble de simple humanidad— descuida, y te lo agradezco... pero solo necesito hablar con el Profesor Lehnsherr... —inhalo con fuerza— es algo un poco urgente —indicó no muy segura, no quería dar más detalles, entre menos supieran, mejor para los implicados.
—¿Es usted Profesora? Porque si es así, podemos buscar a otro Profesor y...
—No, solo soy... —carraspea con cierto nerviosismo— una vieja amiga
Y eso captó notablemente la atención de Charles, no sabía que Erik tuviera mas amigas, no aparte de la Profesora Frost, hablaba de compañeras de trabajo, pero nunca las catalogo como amigas, y eso generó en él cierta confusión, un efecto algo inusual, quizás habia cosas de la vida de Erik que desconocía y no supo muy bien cómo explicarlo, pero un sentimiento extraño lo consumió.
Pero la mujer seguía en sumida en su desdicha, por lo que procuro recuperar su estabilidad, no podía seguir dando espectáculos en la vía pública y menos en el lugar de trabajo de Erik— debo irme... —colocándose de pie con cierta brusquedad— mi tren a Edimburgo sale en una hora y no puedo perderlo... —calló al instante, ese comentario habia estado demás, no tenía porque informarle nada a este joven, pero quizás su calidez la hizo flaquear.
Charles por un momento quiso mencionarle a la mujer que era escocés, pero prefirió callar, ella no necesitaba en este momento escuchar algo así. La mujer volvió a estirar el pañuelo hacia él, agradeció su gesto de gentileza y se encaminó hacia la salida del Departamento de Física, Charles la detuvo unos segundos después.
—¿Quiere que le deje un mensaje al Profesor de su parte? ¿Cuál es su nombre? —preguntó consternado
La mujer negó— será mejor que no sepas quien soy y te pido por favor que no le comentes a Erik, digo... al Profesor Lehnsherr que estuve aquí, te lo pido encarecidamente —mirándolo fijamente. Charles se sorprendió ante esa petición, pero la vio tan afligida, que terminó asintiendo— gracias... eres muy amable —volteándose y desapareciendo por el pasillo, dejando a Charles sumido en las dudas.
Volteo hacia la oficina y comprendió que Erik no estaba ahí y ya no tendría tiempo de verlo, debía partir al trabajo y ahora más que nunca tendría menos tiempo para poder verlo, porque empezaría con las clases a Jason y eso implicaba más responsabilidades, más trabajo, menos Erik. Eso lo dejo deprimido, aun cuando habían pasado un fin de semana maravilloso, este lunes lo hacía sentir como décadas atrás, y si le sumabas a la extraña visita y todo lo acontecido con Scott en la mañana, entre verdades y litigios legales; el lunes no podía empezar de peor manera.
En la misma facultad, algunas oficinas más allá, dos viejos amigos esperaban impacientes a quien les habia facilitado su oficina, y quien al parecer, habia olvidado por completo todas las pruebas incriminadoras que habia dejado esparcidas en el lugar, aunque seguramente en la mañana jamás llegó a pensar en tener visitas y el acto de facilitar la oficina habia sido espontaneo y no planificado, sin poder darle el tiempo para ocultar todo lo que ya había sido descubierto. Emma quería hacer miles de preguntas, pero como siempre Erik logró calmarla, hacerla entrar razón y definir un tipo diferente de estrategia para abordar la situación, debían hacerlo confiar en ellos, no que les cerrara la puerta en la cara.
Cuando Sebastián entró tranquilo a su oficina, fue claro que habia olvidado incluso la entrega de llaves, y más fue su sorpresa cuando los vio a los dos y con un semblante claramente tenso; el miedo no demoró en recorrer su espalda. Quiso decir algo, soltar algún chiste para aliviar el ambiente, pero nada emergió, estaba en blanco, y el temblor se apoderó de sus manos, Erik fue el primero en notarlo y por eso mismo, también fue el primero en hablar.
—En la mañana, Emma y yo mencionamos un audio, un mensaje que me dejaron y que originó todo este problema con la oficina... —inhalo firme— quiero que lo sepas todo... —Erik comprendió que si quería que Sebastián fuera honesto, debía serlo él también, así que le contó todo sobre los audios que recibió, sus reacciones y sus miedos— como entenderás, esto me dejo sumamente preocupado, no sé cómo pueda afectarme y no solo a mí, sino a ustedes... —mirándolo a Emma y a él, haciendo que el hombre tiemble nuevamente, Erik seguía considerándolo entre su círculo y por el momento que estaba pasando, sentirse parte de algo era prácticamente un regalo— a todos los que me rodean y por quienes me preocupo... —inhala lentamente para darse valor— estoy conociendo alguien, alguien por el cual me siento muy atraído...
Emma lo miró fijamente, incapaz de creer el nivel de honestidad de Erik, en parte estaba preocupado por Sebastián y quería que hablara, así que ser el ejemplo era un gran comienzo, pero también, muy en el fondo, quería gritar a los cuatro vientos lo feliz que estaba y era bueno empezar por alguien de confianza como Sebastián. El orgullo la dominó.
—Estamos... recién empezando —traga en seco ante la dificultad que implica ser este nivel de honesto— y me preocupa mucho el cómo esto pueda afectarnos... —sin saber muy bien cómo encontrar las palabras.
Exhalo con suma pausa, bajo la mirada para tratar de ordenar sus ideas y estabilizar sus emociones, para luego mirar a Sebastián fijamente, el hombre estaba sin palabras, eso habia sido lo mas honesto que Erik habia sido con el en mucho tiempo y se sintio honrado, pero también vulnerable, porque implicaba que Erik esperaba el mismo nivel de honestidad por parte de él. Pero antes de poder hablar, Emma tomó la palabra, también quería ser honesta.
—Sebastián... —poniéndose de pie— quiero pedirte perdón por todo lo que pasó en Museo Británico... —el hombre hizo el ademán de querer hablar, pero Emma lo detuvo— déjame terminar, por favor... —dijo con firmeza y este obedeció— sé que ese día y los días posteriores me dijiste que no te afecto, pero ahora fin pude comprender que no es cierto, te lleve engañado a ese lugar, deje que te señalarán, que se burlaran de ti y que te minimizaran... solo para hacerme sentir más grande y en verdad, lo lamento... —su voz se quebró y Sebastián sintio sus piernas flaquear, no soportaba ver a Emma llorar y mas si él lo provocaba— independiente de cómo terminaron las cosas entre nosotros —el hombre resintió ese comentario— ese momento fue sumamente cruel de mi parte y ahora qué hago retrospectiva, no solo ese, sino muchos más donde solo te use como chivo expiatorio... —no quiso admitirlo, pero le dolió esa palabra, porque aunque jamás lo confesara frente a ella, muchas veces se sintio así— y créeme... esa jamás fue la intención, mis sentimientos siguen siendo los mismos, sin importar mis errores...
Sus ojos brillaban, en parte bañados en lágrimas, pero también en esperanza, en una escasa y efímera, y Sebastián sintio rozar el cielo solo al ver esos hermosos ojos, podía bajar la luna si estos se lo pidieran o destruirla si se lo rogaran, como lo estaban haciendo ahora.
—Y también lamento jamás haber notado... —señala la oficina— esto. Tu rostro, tus manos, tu ojos, tu brillo simplemente se fue...
Y eso fue lo que hizo falta para romper la fachada construida en todos estos meses de autocastigo y de absoluta soledad, el hombre simplemente se quebró y explotó en el llanto mas cargado y necesitado que jamás hubiera experimentado, por lo que ambos amigos no tuvieron más opción que caminar hacía él y fundirlo en un abrazo lleno de contención, ahora más que nunca debían estar los tres juntos, porque desde que se separaron, las cosas solo habían empeorado.
En la librería, Jason estaba extasiado con la idea de pasar más tiempo con Charles, y procuro hacérselo saber desde el minuto uno, trajo todos sus libros, sus escasos apuntes, porque rara vez los tomaba, le costaba mucho prestar atención en clases; y cualquier cosa que los ayudará a concentrarse y sumergirse en ese pequeño mundo que crearían entre los dos, y más fue su felicidad al descubrir que Charles no vio al Profesor en todo el día, aunque lo noto algo decaído, asumió que era solamente parte del proceso de desapego que debía estar viviendo con este, y es ahí donde entraba él, sería su más grande apoyo.
Obviamente no pregunto de manera directa, empezó con preguntas vagas sobre la Universidad y las cosas que hizo en el día, para finalmente preguntar como iba el avance del libro, y Charles, algo distraído y aun atacado por las dudas provocadas por las leyes de este país y la visita de esa mujer, terminó respondiendo que no han avanzado mucho porque no ha visto al Profesor y este tiene cosas más importantes que hacer.
Eso alegró a Jason de sobremanera, pero a Charles le sorprendió la cierta tosquedad con lo que lo dijo, como si estuviera creciendo una incertidumbre dentro de él, y quería negarla, porque después de todo apenas si habia pasado un día desde que se habían visto, pero todos estos sentimientos eran nuevos y estaba recién aprendiendo a reaccionar a ellos y más aún a poder controlarlos.
Para Jasón una hora menos con ese Profesor, era una batalla más ganada para él, y le sacaría el máximo provecho, pero cuando el joven Xavier empezó a revisar sus libros y cuadernos, y a darse cuenta de lo poco y nada que Jason estudiaba, o siquiera se esforzaba, el Stryker entendió que estaban en niveles sumamente diferentes. Charles, por su lado, trataba de captar cuáles eran los puntos que más necesitaban repasar, o aquellos en los que si podía serle de ayuda, porque quizás álgebra no se le daría tan fácil y tendría que dejarla como última tarea por ahora.
Jason lo noto al instante, Charles iba en serio, esto no era un juego para él, era un trabajo y no solo eso, no lo hacía por la paga, Charles lo tomaba como experiencia para su futuro como Profesor en su dichosa Escuela, y también, con el intelecto que poseía el joven Xavier, era obvio que lo académico era algo que no se tomaba a la ligera, se exigiría hasta donde sabía que podía llegar, y era obvio que esperaba lo mismo por parte de Jason. No es que quisiera convertirlo en un genio maniático, pero si que fuera capaz de dar todo lo que poseía.
—Hay mucho más de lo que esperas y de lo que otros te han hecho creer en ti... Jasón —comentó Charles mirándolo mientras revisaba los libros— tengo fe en ti, tenla tú también o esto jamás funcionará ¿Si? —sonriéndole de lado
Jasón asintió con entusiasmo, quizás solo había entendido la mitad de lo que dijo, o más bien, lo realineó a lo que quería escuchar, Charles creía en él, confiaba en él y sabía que las cosas podían dar resultado... entre los dos ¿Verdad? Eso es lo que quería creer y se aferraba a eso, pero ahora entendía que si quería estar a su lado debía estar a su mismo nivel, superarse, ser alguien mucho más intelectual, alguien interesante y que atrajera la mente de Charles, no su cuerpo; ese era el secreto del joven.
Charles se desvivía con las conversaciones coherentes y atrayentes para la mente, y él también podía ser uno de esos eruditos que llamaban su atención, él también podía conquistarlo a través de su intelecto y si este era forjado por Charles, más oportunidades podía tener.
Finalmente, Charles acordó que hoy solo revisaría lo más importante, aquello que era de más urgencia y el miércoles traería un horario definido y con las materias mas cruciales a abordar, y obviamente las que él sí podía ser de ayuda, quizás no podría enseñarle todo, pero si hacerlo fuerte y capacitado en las que él conocía, y posiblemente trabajar en la capacidad de retención y captación de atención, un punto en el que claramente Jasón fallaba. El joven quedó feliz con cada palabra que le dijo el Xavier y estaba seguro de que el miércoles lograría convencerlo de que las clases fueran en el Departamento de Xavier, en privado, a solas; el solo pensar la idea, le hacía sentir que el corazón se le saldría el pecho.
Cuando la jornada terminó y se despidió de Jason, la vuelta a su departamento fue en completa línea recta y sin distracciones, normalmente se desviaba un poco de la ruta típica en la bicicleta y le gustaba observar cualquier cosa novedosa que pudiera presentarse ante él, pero hoy no era el caso, solo quería llegar a su hogar, calentarse y quizás... llamar a alguien. Necesitaba acallar todas las dudas en su mente, porque estaban empezando a volverlo loco.
Al principio solo se pasea alrededor del teléfono, casi como si estuviera haciendo un ritual celta y sin lograr comprender él porque estaba tan nervioso, ya habia hecho esto antes, recién habían pasado 24 horas desde que se vieron, pero se sentía tan diferente de ayer ¿Qué es lo que le perseguía? ¿Las leyes británicas? ¿Su maldita obsesión por culparse por ser feliz? ¿La visita de esa mujer? O ¿Qué tanto realmente conocía a Erik? Recién estaban empezando, conociéndose, era imposible que conociera todo sobre él, y también porque el mismo tampoco habia compartido cosas claves y muy delicadas con el Profesor, pero la incertidumbre ya era una alarma encendida en su cabeza.
Bienvenido a las vicisitudes de empezar a conocer alguien.
Eso le repetía su espontaneidad de manera más esperanzadora, claramente estaba sobre reaccionando a emociones que jamás conoció o experimento, su actuar, si lo mirabas de manera lógica, como a él siempre le gustaba, era completamente humano y altamente esperado, era parte del proceso, pero no quería sentirlo, esa era la verdad, prefería seguir con las emociones felices a flor de piel y las mal llamadas "mariposas en el estómago", pero no podía estar siempre así, eso decía la ciencia sobre las relaciones en todos los sentidos, los amargos también podían ser parte del dulce, y obviamente Charles solo quería la dulzura en su dieta.
Finalmente, ya sentado con su té y más calmado, marco, esperando muy en el fondo que nadie contestara, pero al final sucedió— ¿Alo? —dijo una voz neutral. Charles trago en seco, quiso hablar, pero la otra persona fue más rápida— ¿Charles, eres tú? —preguntó con cierta urgencia, una que sorprendió a Charles, quien ignoraba que la otra persona en la línea solo contesto porque reconoció el número, sino, lo hubiera dejado sonar como ya lo habia hecho durante el transcurso de la tarde.
—Si, soy yo... —respondió con timidez— ¿Cómo estás? Hoy... estuvo algo movido y no pude... ya sabes, buscarte o algo más... —se sentía tan atolondrado, podía articular mejores oraciones
—Si, descuida... —contestó con cierta distancia— hoy fue un día intenso, demasiadas cosas y no tuve tiempo para nada...
Charles pensó: ni siquiera para mi—está bien... tú ¿Cómo estás? —volviendo a repetir la pregunta, pero solo escucho una respiración lenta y pausada, acompañada de cierta indiferencia
—Bien —respondió a secas. Charles volvió a tragar en seco, quien fuera que le estuviera hablando por el teléfono, no era el Erik que él conocía— solo algo cansado, es todo... ¿Qué tal tu? Emma menciono algo de una presentación, no recuerdo muy bien de que... —otra vez el silencio se hizo presente y esta vez fue extremadamente largo, aun cuando solo durara unos escasos segundos
Y por primera vez, Charles se sintio incomodo conversando con Erik— sí, nada importante, pero nos fue bien, eso es lo que importa... —la respiración voló entre las líneas, cargando el aire de manera pesada
—Qué bueno... —respondió Erik de manera monótona y Charles lo resintió.
El Erik que él conocía habría querido saber más, mucho más, pero este no era ese Erik, se escuchaba apagado, distante, como si no estuviera siendo honesto. Quizás estaba conociendo otra faceta de él, tal vez la cansada, o la más preocupada, o la hastiada de todo, y la pregunta que lo dominó fue ¿Le gustaba también esta parte? ¿No debía aceptarla? ¿Era una que no quería conocer? ¿Tanto podía cambiar en un día? ¿Todo lo que vio antes solo fue una fachada?
Y aun si fuera así ¿Qué pretendía, Charles? Quedarse solo con lo agradable y negar aquello que le incomodaba, y otro sobre pensamiento lo abordó, quizás es esto lo que venía haciendo toda su vida, rechazar, ocultar, no afrontar lo malo o lo menos bello, lo menos decorado, lo no tan agradable al gusto, lo más amargo, porque no sabía cómo reaccionar ante esto ¿Erik también aceptaría su lado menos bello? ¡Maldito sobre racionamiento! Ni siquiera lo estaba dejando actuar, solo lo consumía en silencio.
—¿Charles, sigues ahí? —esa pregunta lo jalo de vuelta a la realidad, aquella que irónicamente estaba tratando de obviar al sobre pensar las cosas— ¿Tu estas bien? —preguntó con una cansada pero genuina preocupación, una de las cuántas que tenía sobre sí mismo.
Charles quería decirle sobre lo de la ley, mencionarle la visita de esa mujer, pero el miedo lo dominó, el miedo a que Erik quisiera distanciarse de él por miedo a las represalias o las posibles sanciones, el miedo a que Erik se molestara por ocultarle lo de la mujer o al contrario, por decírselo; era oficial, el miedo a ser rechazado lo domino y opto por lo único que le quedaba, la opción menos riesgosa, callar y mentir.
—Si, todo bien, solo estoy cansando también... —tampoco le menciono lo del nuevo trabajo con Jason y como quizás tendrían menos tiempos juntos; claramente no había pensado aquello con más calma.
Erik se escuchaba distinto, cansado, distante y no lo iba a molestar con sus cosas menos importantes, el después de todo debía tener muchas más cosas que preocuparse, sobre todo comparadas con la de un joven inexperto. La variante de la edad volvió a hacerse presente.
Una parte de él quiso que Erik indagara más, que se cerciorara que estaba bien, pero era obvio que este no tenia cabeza para ello y eso también lo extraño, él tenía motivos para estar preocupado y distante, pero Erik ¿Qué podría haberle pasado para estar así? ¿Por qué no le estaba diciendo nada? ¿Sabía que podía contar con él? Es cierto que él también le estaba ocultando cosas, pero por muy irónico que sonara, le dolía que Erik lo hiciera también con él. Ya ni siquiera podía ordenar sus ideas.
—Bueno... —inhalo con pesar— es algo tarde, será mejor ir a dormir... —su voz sonó tan apagada, que por momentos Charles pensó que estaba hablando con una contestadora
Charles sintio su pecho estrujarse y su mentón flaquear, pero lo mantuvo lo más oculto posible— sí, me iré a la cama... descansa ¿Si?
—Tu igual —respondió el Profesor de manera monosilábica— y cuídate... —susurro por lo bajo, Charles solo pudo contener la siguiente exhalación— adiós... —corto con desesperación
Necesitaba cortar, tal vez habia sonado muy rudo, pero tenía tanto miedo de seguir hablando, podría quebrarse, podría terminar confesando sus mayores temores y eso era lo último que podía hacer ahora, solo lo preocuparía, o peor aún, lo pondría en peligro, Charles quizás optaría por la diplomacia, intentaría contactar a Magda y que las cosas se aclararan, pero Erik no quería eso, no la deseaba cerca, y más aún, no la quería cerca de Charles. No quería a una mujer como ella cerca de algo tan bueno y puro como Charles; él era el adulto, este era su problema, debía solucionarlo él mismo y no permitir que Charles se viera involucrado de ninguna forma. Entre menos sepa, mejor será.
Por su lado, Charles se recostó en el sofá y volvió a sobre pensar todo lo ocurrido, por primera vez siente la distancia entre los dos y algo parecido a la zozobra lo controla, como si Erik lo negara, como si este no lo quisiera cerca de sus momentos feos, de sus situaciones grises, tal vez por vergüenza, tal vez por miedo a que terminara involucrado, o peor, y como siempre le pasaba con los demás, porque lo veían mas como un niño indefenso a quien proteger a que a alguien con quien puedes contar; ser honesto y afrontar juntos los problemas sería lo ideal, pero esto ya le había pasado con Raven, le pasó con Logan, ahora le estaba pasando con Erik.
Pero quizás también ahí radicaba el problema, los demás no compartían sus asuntos con él, no solo porque lo encuentran muy pequeño, sino porque en el fondo, sabían que Charles no podría afrontarlo, no sabría cómo reaccionar, porque terminaría al final huyendo o como lo estaba haciendo ahora, negando todo lo malo, los demás quizás podían ver sus fallas incluso antes que el mismo y la situación actual comprobada que todo eso era cierto.
Eso explicaba su incapacidad para aceptar su nueva espontaneidad, su rechazo a la palabra homosexual, su negativa a defenderse o desmentir todo lo que los demás alguna vez habían dicho de él; porque en el fondo, su discurso de: no quiero problemas, lo habia transformado en un cobarde. Por eso ni sus padres creían que podía lograrlo, menos lo haría él y muchos menos Erik.
El hermoso fin de semana había quedado muy atrás.
Chapter 26: 25
Chapter Text
Amargos
A la mañana siguiente, Charles era de los primeros sentados en la sala, quería empezar el examen lo antes posibles, eso lo mantendría lejos de su mente que se esforzaba en seguir torturándolo, Scott por su lado, llegó cargado en apuntes y libros, ya no habia nada mas que memorizar o aprender, pero necesitaba asegurarse que nada se escaparía, sobre todo ahora que se encontraba volando kilómetros sobre el nivel del mar por culpa de una bellísima pelirroja.
Charles lo tuvo que admitir, el examen estaba más complicado de lo esperado, habia oído rumores de que este Profesor iba subiendo la complejidad de sus exámenes y trabajos con cada unidad, y que su examen final era del terror, y este no era la excepción, incluso hubo algunas preguntas que lo dejaron algo dudoso o confundido, no tanto por su falta de conocimiento, sino porque las preguntas eran altamente capciosas; unos minutos después miró a Scott, sin que el Profesor lo notara y la absoluta cara de terror que mantenía el joven le hizo saber que la estaba pasando muy mal. Pero Charles igualmente prefirió estar dando el examen, cualquier cosa era mejor que estar perdido en su cabeza, a como lo hizo ayer toda la noche, al parecer las pesadillas ahora lo perseguían a él. Erik, voló rápido por su mente.
Al terminar la hora y media, poco a poco todos se fueron parando, Charles ya habia terminado, pero se quedo releyendo una y otra vez su examen, en parte porque quería cerciorarse de que habia contestado todo de manera correcta y también porque no quería salir del ambiente examen, no quería volver a su mente y a sus sentimientos, es casi como si les temiera. Pero cuando noto a Scott terminar, decidió pararse y seguirlo, seguramente hablar con él, tal vez desahogarse o escuchar uno de sus consejos algo excéntricos le ayudaría.
Pero la sorpresa los encontró al salir, porque en cuanto cruzaron la puerta, listos para comentar lo difícil que estuvo el examen, Jean los esperaba con una amplia sonrisa y eso bastó para borrar todo el terror aun impregnado en los ojos de Scott. Ambos se acercaron a ella, sin importarles las miradas o murmullos, hace días que eso ya no era un problema, al parecer ya comenzaban a captar que no era buena idea meterse con los tres al mismo tiempo, y eso en parte, le subió el animo a Charles, le hacia sentirse respaldado, como si tuviera una pandilla que protegiera su espalda.
—¿Qué tal les fue? —preguntó con tranquilidad
—Sin comentarios —respondió veloz Scott, rendido pero con la sonrisa por delante
—Así son sus exámenes, en primer año me reprobó dos veces... —confesó algo apenada
—Eso es muy alentador —indicó Scott indignado— si a ti que eres una nerd te reprobó, que le queda a un pobre idiota como yo... —agotado
Charles lo miró con desaprobación ante su comentario, y Jean se le sumó— que poca fe, hombre... —agregó elevando una ceja. Scott se sorprendió que no se enojara con el comentario de nerd, lo que implica dos cosas, o ya habia aceptado que lo era o, ya le tenía tanta confianza, que no le molestaban sus características bromas; se inclinó por la segunda opción.
—Bueno ¿Y a qué debemos esta grata visita? —consultó Scott
Jean sonrió— como se que este examen pudo ser del terror, quise tener un detalle e invitarlos a almorzar... —ambos amigos se miraron sorprendidos— a los dos, si no les molesta, claro...
Charles sonrió, pero aclaró— bueno, no me gusta ser mal tercio —Jean rio con tranquilidad
—Contigo presente evitó que se ponga cursi, así que por favor acepta —rogó guiñando un ojo
—¡Oye! ¿Qué clase de comentarios son esos? —pregunto ofendido— ¡Eso es privado!
—Pues no lo niegas... —agrega Charles
Jean volvió a reír— pues... ¿aceptan?
—Solo si me cuentas cómo fue la cita ayer ¿Qué tan mal lo hizo? —a Charles comenzaba a gustarle este juego
—¡Nefasto! —agregó Jean entre risas, mientras Scott bajaba la cabeza avergonzado— pero realmente lo intento... —volviendo a guiñarle un ojo
—Cuéntame más... —indico Charles estirando su brazo para que Jean se enganchara de este y pudieran comenzar a caminar y despotricar a expensas del pobre Scott
—Charles... —susurro Scott viéndolos caminar— se supone que eres mi amigo, no de ella... —comenzando a seguirlos en completo silencio.
Jean le contó sobre la cita, como Scott rompió la botella de vino y tuvieron que pagarla, como pidió la comida equivocada y olvido que Jean es alérgica a las fresas, además de terminar contando con demasiado lujo de detalles el como lo habia mordido un perro cuando tenia ocho años. Charles solo reía ante los comentarios de Jean y sus reacciones, era increíble la confianza que estaba mostrando frente a él, jamás pensó verla así, pero al parecer Scott sacaba esa parte oculta de ella; debía admitir que se veía mucho más hermosa sonriendo. Scott solo camino detrás de él como niño castigado, no habia forma de sacar su dignidad intacta de todo esto.
Cuando por fin llegaron al restaurante que estaba a unos diez minutos de la Universidad, Jean terminó su discurso de manera magistral— en resumidas cuentas, de las citas más catastróficas que he tenido... —mirando a Scott— y también, la mejor de todas... —el joven sintio el rubor quemar sus mejillas y la sonrisa volver a su rostro— tomen asiento, les avisare que llegaron y descuiden... son amigos de mis padres, así que somos prácticamente de la casa... —desapareciendo hacia la cocina
—Vaya, la mejor de todas... eso si que es un cumplido —comentó Charles, pero Scott seguía prendado mirando a Jean alejarse— ¿Algo que agregar?
—Me voy a casar con esa mujer —soltó de la nada y Charles lo miró sumamente sorprendido
—¿Y eso de donde vino? —pregunto extrañado
—De aquí... —tocándose el centro del pecho— de los más profundo de mi pequeño y maltrecho corazón... —voltea a ver a Charles— dicen que cuando conoces a aquella persona con la que pasarás el resto de tu vida, lo sabes... —inhala con rapidez— y yo lo sé, cada vez que la veo, cada vez que la escucho reír, cada vez que la veo molesta... es ella, no tengo dudas —sonriendo a todo lo ancho— toda mi vida he soñado con alguien que quiera ser testigo de mi vida, de mis aciertos y errores, de mis victorias y caídas... al igual que yo de la suya, y Jean es esa persona, no tengo ninguna duda...
Charles se quedó mudo, completamente absorto de sus palabras, Scott hablaba con tanta seguridad, que no habia forma de tomarlo a la ligera, incluso quiso refutarle que apenas se conocían, pero su amigo solo tenia determinación en sus ojos y eso en parte lo llenó de orgullo, pero también de admiración, deseo ser como él, más decisivo, más seguro de sí mismo, y sobre todo de sus emociones, Scott era todo lo contrario a cobarde y añoraba ser como él. Eso no lo deprimió, por el contrario, lo inundó de esperanza, Raven decía que las mejores relaciones nacen de la admiración y claramente admiraba a Scott, como quizás hace años no lo hacía con alguien; tenía tanto que aprender de él.
—Eres... increíble —confesó Charles y Scott le devolvió la vista— en el buen sentido, en el maravilloso sentido... —sonriéndole con orgullo— eres un luchador, un soñador... un caso perdido —riendo entre dientes—, pero sobre todo eres quizás la persona más valiente que he conocido, después del tío Ned, claro...
Scott le sonrió con los ojos algo humedecidos, ese quizás debía ser el mejor cumplido que alguien le hubiera dicho, llegar a ser como su tío Ned era lo que más anhelaba en el mundo. Amar y ser amado sin miedos, sin ataduras, libre, orgulloso y dispuesto a luchar por quienes no pueden, esa era la realidad que esperaba en su vida, y ahora quería hacer eso con Charles... y Jean a su lado.
—Gracias amigo... —colocando su mano en su hombro— y me hace darme cuenta de algo hermoso... —exhala con tranquilidad— que después de todo si habría gente en el mundo que me amaría y aceptaría con todos y mis excentricidades, incluso con mis partes mas grises o amargas... como te dije ayer, con todo y mis demonios, es ahí cuando descubres a quien realmente quieres tener a tu lado —viendo como Jean volvía y señalaba una mesa— y sobre todo, quienes realmente quieren permanecer cerca de ti... —caminando hacia la mesa.
Cerca de ti.
Aceptarme con mis partes más grises y amargas ¿Eso era querer? ¿Eso era permanecer a tu lado? ¿Qué tal si lo más dulce no era lo único que quería? ¿Qué tal si quería lo feo a la vista, lo incómodo, lo que todo el mundo repele? ¿Qué tal si quería aceptar todos los colores dentro de él? Si el mundo ya lo rechaza por ser diferente y no solo por ser... homosexual ¿Por qué debía rechazarse el mismo? Al final del día, el mismo era lo único que le quedaba y no podía vivir toda su vida negándose ¿Por qué no podía aceptarse a sí mismo como los que realmente lo querían lo hacían? Si habia gente que lo aceptaba tal cual era, es porque era digno de amar, incluso en sus partes más grises y amargas.
Ese almuerzo calmo muchos demonios internos, callo varias voces culposas y sobre todo, le abrió nuevas perspectivas, propias y ajenas, haciéndolo ver que lo que era ahora, es lo que siempre fue, y aceptarse como tal bastaba, no podía permitir que el odio de otros destruyera el amor que llevaba tratando de descubrir en él desde hace años, su capacidad para amarse y para querer a los demás, para demostrar lo que sentía sin miedos; podía decirse que casi se sentía ¿Orgulloso de sí mismo?
Jean se estaba transformando en una de sus nuevas personas favoritas, era inteligente, encantadora, sumamente amable y con una sonrisa que derribaba montañas, y lo mejor de todo era ver lo prendado que Scott estaba de ella, cada vez que el mesero se acercaba a dejar un plato o preguntar algo, se quedaba observando como Scott miraba casi embobado a Jean, todos los que trabajaban ahí podían notarlo a kilómetros y veían como aquel joven prácticamente atesoraba el premio mayor, uno que claramente ellos vieron crecer y catalogaron como su princesa; el mismo restaurante llevaba su apodo "JPrincess". Scott era feliz y Charles estaba contento de verlo así, sobre todo con todo el dolor que presente en su vida.
—Estaba exquisito... —comentó Charles feliz— la mejor pasta que he comido en mucho tiempo... —terminando su plato
—Cien por ciento hecha en casa... —indicó orgullosa
—¿De quién es el restaurante? —preguntó Scott sin dejar de mirarla
—De los mejores amigos de mis padres, mis padrinos prácticamente... —respondió sonriente y Scott seguía su sonrisa fijamente— ¿Quieres conocerlos? —preguntó sin pensarlo— los llamaré... —parándose y alejándose. Eso habia sido completamente de la nada, pero por alguna razón, quería que Scott y Charles los conocieran, hace mucho que no se sentía tan acompañada; no es como si tuviera muchas amigas a decir verdad.
—¡Me los va a presentar! —grito de manera ahogada Scott hacia Charles— ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué digo?! ¿Y si no les caigo bien? ¿Y si me encuentran poca cosa? ¡Y si rompo algo!
—Pues sonríe y paga...
—No es gracioso, es enserio... es lo más cercano que he estado a una presentación oficial con la familia, no quiero arruinarlo, no me lo permitiría...
—No lo pienses tanto... —ese comentario salió de la nada y lo hizo callarse avergonzando, un predicador que no predica con el ejemplo habia cruzado por su mente. Trato de cambiar rápidamente el tema— con esto, supongo que al menos si le hablaras de tu familia, de tu madre aunque sea... —el semblante de Scott se tensó un poco
—No, el plan sigue siendo el mismo... —respondió firme— estoy aprovechando al máximo que Alex está lejos, no corro tanto riesgo esta semana y mi padre estará insoportable mañana, así que no es una opción y nunca lo será... —lo mira— además, el mismo Alex ha esparcido por toda la Universidad que es hijo único, hasta algunas personas lo conocen con otro apellido... —eso sorprendió a Charles ¿Tan mala era la situación en esta familia? Scott devolvió la vista hacia la cocina— yo no empecé la mentira, pero si es lo que él quiere, la mantendré... y además estoy seguro que si estuviera gritando a los cuatro vientos que soy su hermano, me mataría y no exagero... —Charles trago en seco al notar la seguridad de sus palabras— así que el plan sigue siendo el mismo... —exhala— además, ella viene de una familia feliz, casada, bien constituida como dirán los católicos... ni siquiera ha tenido relaciones malas o ex parejas cuestionables —chasquea la lengua— no como yo, claro... —vuelve a mirarlo— y no puedes decir nada de esto, lo prometiste... —Charles solo acepto
Charles estaba odiando esto, las mentiras, el ocultar cosas, entre ayer y hoy ya habia tenido suficiente, sin contar con todas las mentiras con respecto a su hermana o a Hank que habia descubierto hace un tiempo y que debía mantener ocultas también para evitar problemas con sus padres, y ahora también debía guardar las mentiras Summers, casi se estaba transformando en la Profesora Emma y los secretos que mantenía con Raven y quizás también con... Erik. Y así de fácil volvió a su mente, lo habia mantenido oculto en su mente, pero siempre encontraba la forma de traerlo de vuelta, y más cuando lo extrañaba de sobremanera.
Y buscando cambiar rápidamente sus pensamientos para no volver a perderse en ellos, recordó algo que dijo su madre ese día en su departamento, cuando le pidieron disculpas. Su madre mencionó algo relacionado a la Profesora Frost y el problema que tuvo con un joven Summers, no podía ser Scott ¿O sí? ¿Y qué tal si era Alex? La duda lo domino y no pudo acallarla.
—Si, descuida lo prometí, pero acabo de recordar algo que me dijo mi madre —Scott evitó su mirada, esperaba un sermón maternal— ella mencionó a la Profesora Frost y un problema que tuvo con un alumno de apellido Summers... —eso sí devolvió la atención de Scott a su amigo— y no creo que se refería a ti ¿O sí?
Scott negó veloz— claro que no, a la Profesora la conocí hace muy poco... ¿Y a qué viene todo esto? —mirando de reojo si Jean se acercaba
—No sé, vino a mi mente de la nada... y preferí preguntar
—Nunca puedes quedarte con la duda... ¿Verdad? —rio por lo bajo— aunque supones que se podría tratar de Alex... —Charles encogió los hombros— no me extrañaría la verdad, Alex ha tenido problemas con muchas personas, incluyendo Profesores... pero no se mucho sobre ello, no es como me lo comente y además, de nuevo, pocos saben que somos familia y prefiero que quede así... —viendo a Jean acercarse— quizás solo es un alcance de nombre... —viendo a dos personas caminar tras de ella— ni una palabra y no me avergüences... —temblando ante su llegada
Charles rio por la nariz— no mas de lo que tu podrías hacerlo...
—Tío Noah, Tía Ingrid... les presento a Charles —señalando al joven, el cual estrecha sus manos con agradecimiento— y él es Scott... —agrego algo tímida, mientras el joven los saluda casi de manera robótica.
Ambos adultos los miraron con amplias sonrisas— encantados de conocerlos, espero les haya gustado la comida
—Estaba deliciosa —comentó Charles— muchas gracias...
—Al contrario —contestó la mujer— gracias a ustedes por acompañar a mi Prinsesse, estoy feliz de verla bien acompañada... —Jean enterró el mentón y oculto su mirada sumamente avergonzada
Scott por fin hablo— es un placer que tenga mi compañía... —dijo sin pensar y todos lo miraron confundidos— digo... —aclara la garganta— es una tutora muy capacitada, y eso que yo soy un burro... —la vergüenza tiñe su rostro y Jean ahoga una risa— bueno, ya no tanto, porque ella me enseña, se que es su trabajo y que lo hace por indicaciones del decano, pero... sabe cuidarme y... —quedándose sin palabras. Se rindió. Y Charles entendió porque Jean quedo prenda en la cita, era torpe, pero encantador
—Se ve que este joven siempre sabe qué decir... —agregó con relajo el hombre mientras golpeaba su espalda
—No lo pongas más nervioso, Noah... es un placer tener tu compañía, liten... —sonriéndole con dulzura, pero ambos jóvenes quedaron algo confundidos con la última palabra— perdón, significa pequeño en noruego
—¿Noruego? —preguntó Charles sorprendido
—¿Pequeño? —repitió Scott aun mas confundido, Jean ahogó una risa otra vez, pero su tío la soltó por ella
—Si, me gusta ese apodo... Liten Scott —afirmó el hombre— tu amigo y tu son mas que bienvenidos aquí... —mira a Jean— cualquiera que trate bien a nuestra Prinsesse...
—Ambos somos de Noruega, pero vivimos hace años aquí en Inglaterra y no creo que volvamos, bueno... no lo hacemos desde que ella llegó a nuestras vidas —abraza a Jean y esta se ruboriza. Charles sonríe encantado, mientras que Scott estaba maravillado con el amor que le profesaban a Jean en este lugar ¿Eso era el amor fraternal?
Scott siente la honestidad brotar de su pecho— a cualquiera le cambiaría la vida solo con conocerla... —sin ninguna duda en su voz, y esta vez sí que Jean oculto la mirada, sintiendo el nerviosismo recorrer todo su cuerpo.
Su tía sonrió más que feliz, estaba tan contenta por su Prinsesse, sobre todo por todo lo que habia pasado hace un año, la habia visto tan sola, tan arisca, mucho más suspicaz de lo que ya era, pero ahora parecía una chica normal, una jovencita dejandose volver a deslumbrar por el mundo. Por su parte, el hombre asintió orgulloso, su intuición se lo gritaba desde que lo vio desde lejos, este chico era el indicado.
—Ni siquiera yo pude haberlo dicho mejor... —volviendo a golpear su espalda— sigue asi, Liten Scott... asi conquiste a esta mujer y no fue nada fácil —guiñándole un ojo. Esta vez fue Scott quien se ruborizo y Charles calló una risa efímera.
—¡Tio! —grito jean apenada
—Suficiente, de vuelta a la cocina... —interrumpió velozmente la esposa— disfruten su almuerzo y todo corre por la casa —comenzando a empujarlo— vamos, vamos...
—Ya voy... ya voy... —caminando por delante de su mujer— Liten, cuando quieres, trae a tu familia... —desapareciendo
Eso devolvió a Scott a la realidad, sobre todo cuando Jean volteo hacia él sonriente, como esperando que eso pasara en el futuro y el miedo recorrió toda su espalda, y Charles lo noto, la mentira no podría mantenerse por siempre, pero al menos, por el momento, decidió ayudar a su amigo, luego vendría con una mejor idea.
—Muy amables... —comentó con rapidez el Xavier— y se nota que te quieren mucho...
Jean soltó una sonrisa nostálgica— y yo a ellos... —voltea hacia Scott— y vaya que diste una muy buena impresión
Scott demoró en reaccionar— de haber sabido, hubiera venido preparado... —indico con honestidad. Los dos lo miraron confundidos— olvídalo... —Jean rio y Charles iba a comentar algo más, pero el reloj colgado en la pared marcando las 3 pm. lo hizo reaccionar
—¡Vamos a llegar tarde a la siguiente clase! —tomando veloz su bolso y comenzando a jalar a Scott en cuanto lo vio tratando de refutar— nada de peros, tenemos un trabajo con este Profesor en dos semanas y no pasaré lo mismo que con la Profesora Emma... —Jean se sorprendió que la llamara por su nombre
—Pero... pero... —insistió Scott tomando su bolso, pero con la mirada clavada en Jean
—Esta bien, te veo después de clases... Liten —se acerca y le da un beso en la mejilla. Scott queda pasmado, pero aun siendo jalado por su amigo
—Adiós Jean, despídenos de tus tíos y gracias por todo... luego te lo pagaremos, lo prometo —arrastrando a Scott afuera del restaurante— camina, pequeñín... —pero Scott no respondió a sus indicaciones, estaba rozando el cielo mientras se alejaba.
Por su lado, y por primera vez en muchos años, Jean se sentía sumamente feliz ¿Por fin lo habia encontrado? Y la duda la atacó, las cosas estaban avanzando demasiado rápido, con suerte habían tenido dos citas y ya lo habia presentado a sus tíos, apenas si se habían tomado de la mano o mostrado cariño, pero no podía oponer resistencia, no quería, esa era la verdad. Quería que el tiempo siguiera volando, quería seguir confiando, quería lanzarse a sus brazos y teniendo la seguridad, que sin importar que, Scott la atraparía, siempre.
En la Universidad, los viejos amigos también terminaban su almuerzo, la verdad, habia sido una idea no planeada, pero los hizo sentir más tranquilos el estar juntos, Sebastián se veía más tranquilo y de mejor ánimo, y no solo por la compañía, sino porque al final termino contándoles la verdad, aunque sea parte de ella, ya que habia cierta sección de la historia que involucraba a Emma y eso ella jamás lo sabría, no podía contarle, porque ya era muy tarde y solo traería más problemas.
El padre de Sebastián, Jacob Shaw, era el dueño de una simple y pequeña constructora, habia estudiado arquitectura y habia logrado abrir su negocio con mucho esfuerzo y gastando el dinero que no tenía, y pasado los años, la constructora fue ganando popularidad y atención, incluso ganándose pequeños concursos públicos para proyectos públicos y/o del ayuntamiento; ahí empezaron sus problemas. De un momento a otro, las facturas no comenzaron a cuadrar, el dinero entraba pero no volvía y cada día los proyectos se demoraban en comenzar, quizás su error fue ser demasiado ingenuo, porque cuando quiso averiguar e investigar qué es lo que pasaba, la demanda cayó sobre el eslabón más pequeño, él, y cualquier rastro de corrupción política fue borrador del mapa. A primera vista y con pruebas de antemano, él era el único culpable.
Erik y Emma lo comprendían, aún sentían que algo falta en toda esta historia, pero habían logrado que Sebastián se sincerara con ellos, no correrían el riesgo de perder lo ganado con preguntas inoportunas. Igualmente Emma le indica que sería bueno comentarle de esto a T'Challa, este era abogado, y no solo eso, trabajaba para la Interpol, claramente podía ayudarlo, quizás incluso a reunir evidencia a su favor; Emma entiende que la razón de guardar silencio de Sebastián es por la situación de Ororo y su embarazo tan avanzado, y los riesgos, ella estaba al tanto de los riesgos del pasado, pero no podía seguir postergando sus problemas para no preocupar a los demás. Erik no comprendió a qué se refería con el pasado de Ororo, pero prefirió no preguntar.
—No puedes evitar que la gente que te quiere... se preocupe por ti —aclaró firme Emma. Sebastián trato de ocultar su palpitación desenfrenada, para terminar aceptando sus consejos. Al menos lo consideraría.
—Lo haré, lo prometo... sobre todo si la hermana de T'Challa viene a cuidar de Ororo como prometió el mes pasado...
—No sabía que T'Challa tenía hermanos... —comentó Erik
—Si, su nombre es Shuri... es chelista, pero vive en París hace ya varios años... —indica de manera neutral— no la conozco mucho, pero T'Challa siempre habla de ella... —exhala y mira su reloj— creo... —tocé algo incomodo— que será mejor retirarme, tengo una clase de Ororo que suplir —comenzando a ponerse de pie
—¿Seguro que puedes hacer las clases? —pregunto veloz Emma— ¿No estás abarcando muchas cosas a la vez?
—Déjame ayudarte, aunque sea un poco... —agrega Erik— como tu lo estas haciendo conmigo ahora, además Remy también puede ayudarnos... —Sebastián les sonríe con calma
—Te avisare, descuida... —toma la mano de Emma y le da un beso en el dorso— nos vemos... —mira a Erik— el tuyo te lo doy en la oficina... —comenta en una risa efímera, para luego comenzar a alejarse— adiós...
—Adiós... —susurró Emma viéndolo irse
Erik le sonríe de lado— al menos no ha perdido su sentido del humor... —Emma no separó la vista hasta que lo vio desaparecer entre los pasillos
—Ese no es Sebastián, y no me rendiré hasta saber toda la verdad, se que algo me oculta... —dijo decidida. Erik iba a comentar algo, pero una estudiante se acercó a ellos
—Disculpe, Profesor... —dirigiéndose a Erik
—Hola, Sarah... —volteándose hacia ella con una sonrisa— ¿Cómo estás?
—Bien, gracias... disculpe molestarlo en su hora de almuerzo... —mira a Emma— buenas tardes, Profesora... —Emma le sonríe— espero no se moleste con lo que le diré y tampoco quiero faltarle el respeto, pero quería comentarle que ayer vi a una mujer buscándolo en su oficina, hablo con unos de sus estudiantes, pero luego se fue... estaba llorando, al parecer era importante y creo que usted debía saberlo —dijo con timidez. Erik palideció y Emma tragó en seco— disculpe, no debí...
—No, descuida... —respondió veloz el hombre— es... —carraspea— son un madre y su hijo, están tratando de que los ayude con la obtención de una beca, han tenido algunos problemas económicos... —sintiendo como la garganta se le cierra— pero no es nada grave, no te preocupes... —la chica sonríe relajando el semblante— solicito tu discreción, sabes que los temas económicos son propios y personales de cada alumno —Emma solo lo observo con detenimiento
La joven asiente de manera obediente— descuide, Profesor... yo también soy becada y entiendo perfectamente la situación, de mi parte nadie lo sabrá... yo no vi nada —aclara con orgullo— permiso y hasta luego...
—Si, nos vemos en clases... —viéndola alejarse, para luego girar aterrado hacia Emma— ¡Maldita sea! —grito de manera ahogada— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! —tapándose el rostro
—¡Cálmate o todos se darán cuenta! —mirando alrededor
—No me importa si se dan cuenta, que digan lo que quieran de mí, yo no soy el maldito infiel, pero si... —contiene la siguiente exhalación y se calla
—¿Te preocupa que... él lo sepa? —preguntó entre susurros. Claramente hablaban del joven Xavier.
Erik exhala agotado, con todo lo de Sebastián habia logrado obviar sus problemas, pero estos lo seguían alcanzando— ¿Qué pasa si alguien se entera de lo que pasa entre...? —vuelve a exhalar— Charles es demasiado conocido, esto podría perjudicarlo y es lo que menos quiero...
—Él no tiene nada que ver con todo esto... —aclaro Emma
Erik frunce el ceño— si alguien me ve cerca de ella y con alguién me refiero a esos buitres con cámaras, podrían tratar de averiguar sobre mí, sabrían que estuve esa noche ahí... solo tendrían que sumar y sacar cuentas, y luego empezar a seguirme y si me ven con... él en algo... raro —susurrando con pesar— no quiero pensar en cómo podría terminar todo esto... —sujetándose la cabeza sobrepasado.
Estaba asustado por él, por la situación, por los prejuicios, por todas las variables a considerar, la mujer puede sentir el terror en la voz de Erik, su preocupación número uno era Charles y claramente las cosas si podían terminar muy mal, a veces dejarse llevar sin considerar los riesgos si era muy peligroso. Lo tomó del brazo, y prácticamente lo levantó de la mesa, era mejor caminar, despejar la mente y así también no levantar sospechas.
—¿Has hablado con él? —pregunto caminando junto a él. Le sonríe a cualquier que nota la cara de terror que trae Erik—y trata de disimular, por favor...
Erik endereza la espalda para tratar de componerse— sí, ayer... pero no salió como quería —inhala para darse valor— quería ser honesto, al menos con mis emociones, con lo que estaba sintiendo en el momento, pero lo único que hice fue mentir, mentir y dejar que el miedo me ganara... —la mira de reojo— por primera vez desde que lo conozco lo sentí distinto, y peor aún, lo sentí distante... —Emma inhala lentamente, debe encontrar las palabras para no hacerlo flaquear
—Analicemos el contexto ¿Quieres? —pregunto fingiendo confianza— cuéntame que pasó el fin de semana, para empezar... —y por primera vez en estos dos días, Erik soltó una sonrisa genuina, una que le devolvió la esperanza a Emma, quizás podía encontrar algo ahí para no hacerlo perder la fe.
—¿Por dónde empezar? —comento con un semblante más optimista.
Erik le contó su pequeño escape el día domingo y no solo eso, su visita a su departamento y el cómo las cosas estaban avanzando a un ritmo demasiado acelerado, pero al mismo tiempo se sentía como si llevaran años siendo parte de la vida del otro, como si él pudiera descubrir espacios, momentos, colores que no existían, o que no sabía que existían dentro de él; es como si al querer conocer a Charles más a profundidad, termina conociéndose más a sí mismo, a su verdadero yo. Y cuando vio su salón de clases aproximarse, la verdad afloró de manera natural,
—Me gusta... y mucho —dijo sin titubeos.
Emma sonrió con orgullo— lo se... —Erik la mira— lo confirme ayer cuando se lo dijiste a Sebastián, cuando hablaste de tus miedos y el cómo podría afectar a esta persona especial que estabas conociendo... —agregó con cierta vergüenza, a pesar de los años de amistad, siente que es la primera vez que hablan sobre estos temas con tanta libertad, al menos por parte de Erik— te doy puntos por darte cuenta solo, casi siempre soy yo la que debe decirte las verdades que no aceptas
—Al menos gane en algo... —deteniéndose cerca de la puerta, viendo cómo sus alumnos comienzan a entrar— debo irme...
—Erik, ya lo reconociste... pero jamás será válido si él no lo sabe —susurro firme— debes ser honesto... tal vez no decirle todo lo que pasa de inmediato, porque es sumamente complicado, pero si comunicarle que estas pasando por un momento difícil y que te gustaría contar con su apoyo... —Erik mostró un semblante de duda— no te puede gustar solo lo bueno, debes estar dispuesto a afrontar lo malo también, pero no implica que debas hacerlo solo... —Erik exhala— estoy segura que él te apoyará, lo se... no cometas el mismo error que Sebastián, confía en él y confía en que lo que tienen es más fuerte que todo esto, sino nunca podrán pasar los momentos más difíciles... —le sonríe con calma— todo saldrá bien, ya verás... —comenzado a alejarse— adiós y confía...
Erik se quedó con lo último ¿Más momento difíciles? ¿Qué más? ¿Acaso que se corra el riesgo que se descubra todo no puede ser lo peor que puede pasar? ¿Confiar implicaba arriesgar al otro al escrutinio público? Por cada paso que daba, una nueva pregunta, una nueva duda lo atormentaba, y cuando cruzo la puerta hacia el salón, observo a todos sus alumnos, atentos a cuáles serían sus primeras palabras, quizás uno de ellos había sido el que se encontró con Magda ¿De qué hablarían? ¿Les habrá dicho algo? ¡Quizás ya toda la Universidad lo sabe!
Exhalo con suma pausa, buscando calma, dejo los libros sobre la mesa, y noto el nerviosismo en la mirada de sus estudiantes y entendió que no era por él, sino por el examen que se acercaba y fue ahí que recordó lo que siempre les decía antes de que este empezara: a veces la respuesta más simple es la correcta. Era oficial, estaba sobre pensado demasiado las cosas.
Ese mismo sobre racionamiento estaba rodando a un joven dentro de la misma Universidad, aunque ahora trataba de desvariar sus dudas tratando de convencer a Scott de decir la verdad, sobre todo después de la tarde maravillosa que habían pasado con Jean, pero este seguía mas aferrado que nunca a seguir ocultando información no relevante, lo cual el clasificaba como no mentir. Seguía usando la tarde de hoy como la perfecta excusa, alguien crecido en un entorno de tanto amor y apoyo como Jean, jamás comprendería su realidad, solo sentiría pena y vergüenza por él, y eso es lo que menos quería, dar lástima.
Scott estaba dispuesto a refutar, como llevaba haciéndolo toda la tarde, incluso entre medio de las clases, pero cuando terminaron la última clase, alguien decidió interrumpir y tomar el asunto en sus propias manos, porque era obvio que los involucrados solo perderían el tiempo y se disiparían en sus excusas y dudas existenciales, y lo supo más aún cuando vio el semblante cabizbajo del joven Xavier.
—Buenas tardes, jóvenes... —indica la mujer con una sonrisa— ¿Cómo están? —ambos le sonríen con cortesía
—Bien, rezando por el examen que tuvimos hoy en la mañana —respondió Scott
—Todo saldrá bien, ustedes son mis mejores estudiantes...
—Hable por él —contesto veloz el Summers. Charles solo miraba a la Profesora, se le veía algo cansada
—Bueno, tienes a mi mejor estudiante de tercer año siendo tu tutora, es imposible que no estés aprendiendo algo... —Scott esquivo la mirada y un sonrojo lo delató, Emma se dio cuenta al instante y comprendió por fin porque Jean estaba de tan buen ánimo estos últimos días— ¿Y tú, Charles? ¿Qué tal? —mirándolo fijamente
—Bien, siguiéndole el ritmo a las clases —respondió de manera monótona. Por alguna razón no quería verla, hacerlo implicaba volver a todo lo que estaba esforzándose por ignorar en todo el día.
Emma lo noto, como siempre, Charles era extremadamente transparente con sus emociones— qué bueno... ¿Qué tal el trabajo? ¿Cómo van Erik y tu con el libro?
Scott levanto una ceja intrigado, y Charles fingió no alterarse— no... hemos avanzado mucho, la verdad —tratando de no titubear
—Entiendo... bueno, a Erik le gusta ir al café NorthSeas después de clases para ordenar sus ideas respecto al libro, quizás puedes alcanzarlo allá en la tarde y comentarle lo que has avanzado...
Sabía que era algo riesgoso, sobre todo con Scott presente, pera ya sabía la clase de amigos que eran, la confianza y lealtad que se profesaban, la misma Jean le conto lo que habia pasado con los amigos de Moira algunas semanas atrás y claramente Scott se veía enterado, al menos parcialmente y quizás sería mejor que empezara a sospechar, Charles necesitaba poder conversar de esto con alguien, porque si no terminaría volviéndose loco. Erik la tenía a ella y siempre era bueno, a veces, solo ser escuchado.
Charles iba a refutar, claro que lo iba a hacer, pero Emma le sostuvo la mirada con firme dulzura y también Scott le respiraba al costado atento, comenzaba a atar los hilos— está... bien... —la mujer sonrió ufana.
—Excelente, los veo en clases... cuídate, Scott y mándale saludos a Jean de mi parte —el joven enterró el mentón en el pecho avergonzado ¿Tan obvio era?
Charles suspiro en cuanto la vio irse— a veces no se si odiarla o amarla... —comentó sin pensar y Scott lo miro confundido, y cuando hizo el ademán de querer hablar, él lo interrumpió de manera veloz— ¡Ni siquiera lo pienses! —alzando el dedo en señal de advertencia, Scott quiso hablar otra vez— ¡Eso tampoco! —una sonrisa pícara emergió y Charles sintio su palpito acelerarse— ¡Tampoco eso! —grito de manera ahogada. Scott frunció el ceño decepcionado.
—Ahora resulta que también eres telepata... —agregó torciendo la boca. Charles solo se limitó a suspirar sobrepasado
—Solo... vámonos —comenzando a caminar— tengo que llegar temprano a casa para preparar las clases
—¿Clases de qué? —pregunto siguiéndolo
—Empezare a dar unas pequeñas tutorías al hijo de las personas para quienes trabajo en la librería —comenzando a bajar las escaleras
—¿También darás clases?
—Bueno, quiero ser Profesor en el futuro, así que es bueno empezar por algo y Jason es un excelente chico, me cae muy bien y en verdad quiero que triunfe... quizás así logre tener un mejor futuro y también su madre
Scott comenzó a ver a dónde iba esa historia, y prefirió no preguntar, le traía malos recuerdos— ¿Al menos te pagarán, no?
—Por supuesto... —dijo con timidez
—Pues te felicito, aunque me causa cierta envidia, en verdad puedes hacer muchas cosas a la vez... —elevando las cejas sorprendido— yo agradezco que el palpitar sea involuntario, porque si no ya estaría muerto hace mucho, incluso a veces se me olvida hasta respirar... —Charles sonríe de lado ante su comentario, Scott siempre sabía que decir para hacerlo reír— y también me confirma algo...
—¿Qué? —pregunto de manera neutra
—Que tu y Jean se parecen mucho, es casi como si fuera una versión femenina tuya...
Charles sonrió triunfante— ¿Eso quiere decir que yo te gusto? —Scott se quedó parado perplejo, sin saber cómo reaccionar ante la verdad revelada y Charles suavizo un poco la sonrisa— descuida, no eres mi tipo... —volteándose entre risas, pero sintiéndose sumamente relajado, era increíble lo libre que podía ser al lado de Scott
Scott recupero rápido el sentido— no me ofendas, yo podría conquistar a cualquier hombre que quisiera solo con mi encanto... —pasando a su lado. Charles volvió a reír, al parecer si habia logrado conocer a alguien como él que siempre debía tener la última palabra.
Erik por su lado, volvió a su oficina, luego de que Emma le asegurara que no habia nadie y que le confirmara que Charles se reuniría con él en el café que planearon, cosa que no lo hizo muy feliz, no es que no quisiera verlo, pero parecía como si Emma lo estuviera manipulando para que fuera casi obligado. Emma refutaba que si bien no era correcto que interviniera, sino lo hacía, estaba casi segura de que ambos pasarían de largo el tema, fingiendo que nada ocurría, y lo peor de todo, no hablarían sobre nada, y eso a la larga, si querían que esto resultara, sentaría un precedente. Las cosas que no se comunican, al final, condicionan todo. Odiaba el hecho de que tuviera razón.
Pero ir a su oficina, antes de reunirse con Charles no fue la mejor idea, porque un nuevo mensaje lo esperaba en la contestadora y como buen masoquista, lo escucho.
—Erik, para tu relajo, estoy en Edimburgo y debo quedarme un par de semanas aquí hasta que las cosas se calmen, así que no te buscare ni te llamaré más, lo prometo... —exhala con pausa—, pero, por favor, a mi regreso, debemos hablar... como adultos civilizados, como dos personas que compartieron algo, no te exijo nada, no busco perdón ni lastima, es más, puedes decirme todo lo que te has guardado todo este tiempo y no objetaré, tampoco quiero recuperar nada, no quiero lastimarte... solo quiero hablar, necesitamos hablar... —corta. Eso lo derrumbó por completo y ni siquiera tenía tiempo para reaccionar, porque debía partir al café.
No camino al lugar, prácticamente corrió, como si eso lo hiciera huir de sus miedos y dudas; al entrar, con suerte saludo, pidió lo de siempre y se sentó a esperar, como si fuera un condenado esperando la sentencia de ejecución, y lo peor de todo es que él era el acusado, el único testigo presente, el abogado, el fiscalizador, el jurado y el juez. Solo cuando divisó una silueta a lo lejos, acercándose con cierta timidez, algo parecido a la calma volvió a él, quizás habia una prueba mas que necesitaba ser escuchada, quizás habia alguien que si estaba dispuesto a ponerse de su lado, de su versión de la historia, aunque fuera cobarde.
Charles por su lado, venía con sus propias dudas y cruces en su espalda, una nueva preocupación se habia presentado ante él justo cuando terminó la última clase, cuando Scott prácticamente se despidió con velocidad y se fue, sin decir mucho más, no comprendió muy bien que habia pasado, la clase con el Profesor Teller habia sido regular, pero no tuvo tiempo de comentarlo con él, porque solo huyo.
Como él quiso hacerlo después al tener presente que debía ir a ese café, no quería, su parte más lógica le decía que no tenia porque hacerlo, que no tenía que dejar a la Profesora jugar con su mente de esa forma, pero la otra parte de él, la inspirada y controlada por su nueva espontaneidad le decía que debía hablar con Erik, era ahora o nunca, y eso lo aterraba, no quería que después fuera muy tarde, pero es que cuando comenzó todo esto, no imagino cosas feas, se suponía que solo sería felicidad y dulce compañía. Y recordó lo que habia hablado con Scott en el almuerzo.
Aceptar los amargos. Si quieres postre, debes aceptar los amargos que acompañan a la comida. Era una metáfora estúpida y claramente infantil, pero era la única forma en la que podía sentirse representado, comprendido, dentro del enredo de ideas, emociones y miedos que atormentaban su mente.
Y cuando Erik apareció en su radar, todas las voces se callaron, las buenas y las malas, los dulces y los amargos, solo eran ellos dos en un espacio vacío que necesitaba ser coloreado, y por alguna extraña razón, esa idea le subió el ánimo, podían hacerlo a su modo, bajos sus propias parámetros y reglas, el mundo ya tenía su color preestablecido, y también quería imponer uno ajeno en ellos ¿Por qué no construir nuestros propios colores en nuestro propio mundo? Después de todo, el arcoíris tenía muchos tonos medios, menos visibles, menos llamativos que los esperados, que los aceptados, pero eso no significa que no existieran y que no fueran parte de la amplia gama de colores del mundo.
Charles contuvo la siguiente exhalación en cuanto se paró frente a la mesa de Erik, el cual se habia puesto de pie en cuanto lo vio acercarse— hola, Erik... —dijo en un susurro que buscaba sonar calmo
—Charles... —dijo en un trance, para luego solo abrazarlo, sin importarle nada ni nadie. Charles demoró en reaccionar, pero finalmente lo correspondió con timidez, vergüenza, pero sobre todo, anhelo.
Ambos necesitaban ese abrazo. Ambos necesitaban estar entre los brazos del otro.
Chapter 27: 26
Chapter Text
Fotografías
Ahí seguían, entregados en los brazos del otro, felices de estar en ese preciso momento y con la persona adecuada, obviamente para el mundo el abrazo paso desapercibido, después de todo con suerte duró escasos segundos, pero para ellos se sintieron como horas eternas que entregaron infinita paz. Cuando finalmente cortaron la cercanía, Erik lo miro con detenimiento y suspiro aliviado, pero también cansado.
—¿Estas bien? —preguntó con cierta urgencia
Charles lo miró de pies a cabeza, Erik se veía cansado y tenso, sus hombros con suerte se movían— eso creo que debería preguntarlo yo… no te ves muy bien —sin saber muy bien cómo encontrar las palabras
Erik vuelve a suspirar, y termina sentándose, indicándole que también lo haga frente a él, lo cual Charles acepta— sí, no ha sido un muy buen inicio de semana… —aclarando la garganta
Y el silencio volvió a reinar, este era su momento, su oportunidad para hablar, para ser honestos, para expresar lo que se estaban guardando, pero cualquier palabra se quedaba atorada entre medio de sus dudas y miedos. Fue un tercero ajeno a todo, el que terminó salvando el nuevo momento incomodo que se presentaba entre los dos, uno de esos momentos que jamás habían vivido y que claramente no sabían cómo manejar.
—Su té, señor… —indicó el mesero dejándolo sobre la mesa— es Earl gray como solicitó, permiso… —yéndose
Charles elevó ambas cejas luego de ver la acción, para terminar mirando a Erik, quien bajó la cabeza algo apenado— yo… le pedí que trajera el té en cuanto te vieran llegar, para que no se enfriara… —comentó con cierta vergüenza
Y eso fue suficiente para dibujar la sonrisa más maravillosa del mundo en el joven Xavier, era un detalle ínfimo, casi imperceptible, pero para Charles tuvo una significancia inimaginable. Erik sabía que vendría, jamás lo dudo, y se encargó dejar pedido su té favorito incluso antes de que él lo expresara; y quizás para otros no era nada, pero no para él, se dejó llevar y gozar el de hacer de esa pequeña acción, una gran evento para su corazón.
Mientras que para el Profesor, esa hermosa mueca que mostraba sus labios de manera definida y casi apetecible, fueron los que dieron toda la fuerza— no puedes imaginar cuánto necesitaba ver esa sonrisa, gracias… —estiró la mano y la colocó cerca de la de Charles sobre la mesa.
Había alguno que otro comensal en las mesas aledañas, todos absortos en sus propios mundos, pero la mirada que le lanzó Erik a Charles, calmo todas las dudas e incluso coloreó sus mejillas como solo él lograba hacerlo. Te besaría aquí mismo. Lo pudo leer incluso con subtítulos en sus pupilas y le hizo entender que esta reunión no tendría resultados negativos, como lo estuvo presentando ante él su sobre pensamiento todo el camino hasta el café y también le hizo darse cuenta de que quizás estaban desbloqueando una nueva habilidad entre ellos; el poder comunicarse solo con una mirada.
Ya dominado por su valor recobrado, Erik decide ser sincero— Charles, quiero pedirte disculpas por cómo te hable ayer… —el joven por un momento pensó en interrumpirlo, pero oyó un tenue nerviosismo en su voz y decidió no hablar, debía dejar a Erik hablar desde el corazón— estaba en un mal momento y… —exhala y relaja por fin los hombros— estoy en un mal momento, no me encuentro bien… —y Charles no pudo ocultar el semblante de sorpresa en su rostro— estoy pasando por un… o más bien… alguien lo está pasando y quizás me afecte a mí y… —masajeándose la sien. Estaba comenzando a frustrarse.
No sabía cómo ordenar sus palabras, todo esto era en una situación demasiado complicada y difícil de explicar, y aunque quería ser honesto con Charles, no pretendía decirle todo de una vez, había decidido hacerlo por partes y con el pasar del tiempo, sobre todo porque ahora tenía cierto relajo al saber que Magda estaba lejos. Charles lo noto al instante, así que sin miedo o duda, tomó su mano, la sujetó con fuerza y le hizo saber que estaba para él, sin importar que el resto del mundo podía desaparecer.
Erik la sujeto en respuesta y suspiro— no puedo decirte todo ahora, espero puedes entenderlo, pero lo que sí puedo adelantarte es que es algo relacionado al trabajo y otras personas, no tiene nada que ver contigo y por lo mismo, no estaré tan presente en mi oficina, así que quizás no poder verte tanto en el trabajo y quizás es mejor así, menos riesgo y… —Charles volvió a apretar su mano y Erik entendió que estaba pidiendo permiso para hablar
—Erik… está bien, cuando te sientas listo y seguro, puedes decirme e incluso si no quieres que sepa… lo entenderé —sonriéndole— hay cosas que son tuyas y solo tuyas, y no puedo entrometerme…
El hombre le sonrió agradecido, pero quiso establecer un punto— gracias, pero igualmente quiero dejarte en claro que no busco alejarte o hacerte sentir menos, es solo que estoy tratando de ordenar mis ideas… —inhala con fuerza— y mi mente…
Y fue ahí que un miedo de Charles afloro, fue más rápido que su sentido común— ¿Y tu corazón? —se dio cuenta al instante de lo que habia preguntado, pero ya no podía dar marcha atrás, por lo que solo mantuvo la mirada fija, debía mantenerse firme
Erik apretó su mano con mucha fuerza, incluso cuando escucho algunos susurros a la distancia, aunque no sabía si iban dirigidos a ellos, estaban tomando muchos riesgos, pero por ese efímero momento, no les importaba en absoluto. Podía arriesgarse a que el mundo pensara lo peor de él, que dudara de él, pero no Charles, eso jamás lo permitiría.
—Ese es el único que tiene una respuesta clara… —mirándolo fijamente.
Quería decírselo, se moría de ganas por decirle, Emma se lo había señalado, debía verbalizarlo, o jamás se haría real, pero también, su parte más egoísta quería que fuera más privado y solo de ellos, no quería compartirlo con nadie más y quizás ahora no encontraría las palabras más indicadas; podía esperar un poco e incluso hacerlo un poco más especial.
Pero para Charles esa mirada fue la respuesta suficiente, le basta saber que no había dudas en su corazón, que él no era una duda o una incertidumbre en su vida, y quizás esa certeza le daría la confianza para quizás poder expresarle lo que sentía por él, la verdadera respuesta que necesitaba expresar, pero ahora no era ni el momento ni el lugar, menos al ver lo atribulada que estaba la vida y la mente de Erik; incluso un miedo pequeño al rechazo apareció por ahí, uno que le dijo que en cuanto confesara lo que sentía por él, Erik entraría en pánico o le bajaría importancia a lo que estaban viviendo ¿Qué haría en una situación así? El no tener la respuesta a eso, lo aterraba.
Y ahora fue Erik el que quiso saber— ¿Y tú? ¿Algo que necesitas ordenar en tu vida? ¿En tu mente?... ¿O en tu corazón? —una duda también cruzó por su mente
Charles suspiro con calma— mi vida y mi mente siempre han sido un caso especial, la primera se ordena y desordena cada día, y mi mente… —haciendo una mueca de cierto disgusto— muchas veces termina siendo mi principal enemigo —ríe algo incomodo—, pero mi corazón es un rebelde con causa, y esa está sentada justo frente a mi… —sonriéndole con amplitud, pero tratando de ocultarlo mientras toma un poco de té. No sabía de donde habia salido eso, pero claramente su espontaneidad habia decidido apagar su sentido común.
Pero para Erik el té, el café, el lugar, incluso el espacio que lo rodeaba habia dejado de tener importancia, esa quizás habia sido la mejor “declaración” que jamás habia escuchado y habia emergido de Charles hacia él; por primera vez en mucho tiempo, se sintio sumamente especial, único en el momento preciso y con la persona correcta. Charles.
El joven que aún se sentía pasmado por sus palabras controladas por su nueva espontaneidad, quiso comentar algo que bajara la presión en su pecho y les devolviera el oxígeno a sus pulmones, completamente cerrados por la sorpresa.
—El té está muy bueno… —mirándolo de reojo avergonzado— ¿No vas a tomar del tuyo? —señalándolo
Erik demoró en reaccionar, necesitaba volver a la tierra— sí, si… esta bueno —tomando con rapidez— es primera vez que vengo aquí, pero al parecer son buenos —ese comentario extraña a Charles
—¿Es la primera vez que vienes? —Erik asiente con neutralidad— la Profesora Frost me dijo que este era tu café favorito —Erik elevó ambas cejas en clara sorpresa, para luego soltar una risa
—Es increíble ¿Hasta dónde puede llegar esa mujer? —sintiéndose tanto molesto como orgulloso en el mismo nivel. Charles acompaño su risa— ¿Te parece si dejamos establecidas ciertas reglas con respecto a Emma? —el joven asiente atento— la primera, que no se meta más, me siento como niño siendo guiado cuando está aprendiendo a montar bicicleta… —a Charles le pareció encantadora la metáfora, pero la comprendió y la dio por válida— sé que quiere ayudar, pero al menos dame una cuota de confianza… por favor
Charles le sonrió con calma— te entiendo, no quiero que esto se sienta presionado, y mucho menos, poco… espontáneo —sorprendiéndose a sí mismo por ese comentario. Erik sonrió orgulloso.
—Justo, prefiero cuando tu espontaneidad me atrapa desprevenido… sin intervención de terceros —su corazón aullaba, necesitaba devorarlo en un beso casi insanamente descontrolado, pero no podía, porque había testigos y sobre todo porque Charles jamás lo besaría así, era muy reservado para hacerlo.
Charles quiso agregar un comentario más, pero una pareja sentada unas mesas más atrás de ellos los interrumpieron— disculpe… —comentó en un acento cargado— ¿Puede…? —mostrando su cámara bastante peculiar
Erik la reconoció al instante, era una cámara instantánea, se estaban comenzando a hacer muy populares en el último tiempo, pero desde su perspectiva eran demasiado grandes e incómodas, aunque la utilidad de tener tu fotografía en el momento era de gran ayuda y sumamente llamativo. Charles por su lado, reconoció el acento al instante.
—Vuoi una foto? —preguntó con tranquilidad
La sonrisa de la mujer se extendió, mientras que su compañero de mesa soltó una risa sorprendido— parla italiano? —pregunto emocionada
Charles rio algo incomodo— sí, un po´
—Eccellente! Siamo qui da soli da due settimane e giá ci manca l’italiano… ¿Dove l’hai imparato? —continuó hablando sumamente intrigada (¡Excelente! Llevamos dos semanas aquí solos y ya extrañamos el italiano… ¿Dónde lo aprendiste?)
Le demoró unos segundos captar todo lo que dijo, su acento era muy fuerte, probablemente era del sur y además hablaba muy rápido, pero logró darle una respuesta— L’ho imparato da bambino, insieme al francese, anche se quest’ultimo nom mi piace molto… —y aunque era verdad, no le gustaba mucho el francés, también lo decía para congraciarse un poco con la mujer (Lo aprendí cuando era niño, también al francés, aunque este último no me gusta tanto)
La mujer hizo una mueca de disgusto al escuchar el francés, pero se alegró con el último comentario del joven— L’italiano é meglio, vero? —sonriendo con orgullo (¿El italiano es mejor, verdad?)
—Molto piú bello… —agrego seguro. La mujer no paraba de sonreír (Mucho más bello)
—E romántico… —concluyó feliz— beh… tu puoi? —estirando la cámara hacia él (En fin… ¿Puedes?)
Charles negó algo apenado— non so come usarlo… —viendo lo grande y complicada que era, solo habia visto modelos así en películas
Erik, que habia permanecido en completa observación, decidió intervenir, y no es que habia guardado silencio porque se sintiera desplazado, quizás otro se molestaría si quien te acompaña se distrae con alguien más, pero para Erik era completamente diferente, Charles le estaba ofreciendo un show privado al hablar con esa mujer en ese hermoso y fluido italiano, es como si le estuviera cantando una Ópera privada solo a él.
—Io… —indicó el Profesor señalándose a sí mismo, eso es a lo que se limitaba su italiano— ¿Puedo?
La mujer volvió a sorprenderse— parli anche italiano?
Erik negó con velocidad y miró a Charles buscando apoyo— pero sé cómo manejar la cámara…
—Sa usare la macchina fotográfica… —respondió Charles. La mujer volvió a sonreír y se la pasó con rapidez.
—Grazie mille… —volviéndose a la mesa, donde su pareja la esperaba muy entusiasmado, claramente querían esa foto juntos.
Erik le sonrió a Charles en complicidad, se puso de pie frente a ellos y sacó la foto, esperaron unos minutos, hasta que finalmente salió y el Profesor quedo fascinado, claramente necesitaba una de estas cámaras y el resultado fue mucho mejor de lo esperado, al parecer la fotografía podría transformarse en uno de sus grandes talentos ocultos. La mujer por su lado siguió hablando sin parar, y Erik tuvo que usar todo su conocimiento en Opera para tratar de entenderle, a veces su pareja intervenía y explicaba de mejor manera lo que quiso decir, pero eso no le quitaba el grado de dificultad.
Charles por su lado solo los miraba interactuar, podía acercarse, servir de traductor, pero por alguna razón, el ver a Erik inmerso en esta situación y tratando de salir airoso, le producía mucha risa y también ternura, por momentos incluso los imagino a ambos, igual que esa pareja, de vacaciones en otro país, conociendo nuevos lugares y tratando de hacerse entender con los locales; esa simple idea lo hizo ruborizarse hasta límites insospechados.
La mujer le mostró algunas fotografías que habían sacado antes, dándole a entender que ninguna habia sido tan perfecta como la que él sacó, lo que hizo a Erik sentirse orgulloso, hasta que finalmente la mujer lo “liberó” de su entusiasmo y lo dejó volver a su mesa y a Charles, entre muchos grazie mille y risas.
Erik se sentó con calma y aclaró lo sucedido— al parecer es su luna de miel, o algo así pude comprender… —Charles solo lo miraba mientras apoyaba su cabeza en los dorsos de sus manos— y aunque tiene fotos de muchos lugares, esta es la primera que tienen juntos… así que supongo que es especial —terminando su café, que para estas alturas ya estaba frío. Charles lo miró con orgullo
—Pues para alguien que no entiende el italiano, comprendiste bastante… —comentó— aunque quizás necesites lecciones extras —agregó con una sonrisa coqueta
Erik le sonrió de lado— bueno, ojala mi Profesor sea bueno… —sintiendo el rubor teñir sus mejillas, por lo que decidió cambiar el tema o mejor dicho, volver al discurso anterior— aunque nada tan bueno como esa cámara… es increíble
—Vaya que sí, casi me da un ataque cuando la veo, yo y la tecnología no somos comparsas, después de todo soy…
—Un hurón de biblioteca, lo se… —indico seguro, Charles sonrió cohibido— y hablando de eso, me mostraron una fotografía que te volverá loco —el joven terminó su té y prestó suma atención a su discurso— estuvieron en la tumba de Tolkien…
—¿De verdad? —pregunto entusiasmado— ¡Eso es genial! Jamás he ido… solo he estado en la banca que está en los parques de la Universidad… —algo apenado
—¿En serio? ¿Por qué? Vives en Oxford… —cuestionó sorprendido— y Tolkien es tu autor favorito… —Charles no podía parar de sonreír, Erik si prestaba atención a los detalles.
—No sé, supongo que siempre quise ir, pero…
—No tenías con quien hacerlo… —agregó mirándolo fijamente
—Si, exacto… —sonriéndole con dulzura
El mesero volvió a aparecer en el radar— la cuenta, señor… —dejándola en la mesa y volviendo a irse. Erik sacó la billetera rápidamente para que el mensaje no se malinterpretara.
—Esta corre por mí, tú pagas la siguiente… porque claramente volveré a este cafetería —mirándolo con detención— quizás se convierta en mi favorita y así no desmiento a Emma —Charles solo le respondió con una sonrisa, y cuando Erik dejo el dinero, se dio cuenta de la hora— yo… —volviendo a ver su reloj— voy algo atrasado, quede de ver a un amigo… —al instante se da cuenta de lo que dice, y aunque nadie lo pide, prefiere explicarlo— está teniendo problemas y prometí ayudarlo con su abogado y… —Charles vuelve a tomar su mano
—Está bien… entiendo —contestó con calma, necesitaba hacerle entender a Erik que no lo presionaría, pero también quería hacerle saber que estaba para él— pero si llegaras a necesitar ayuda, pídemela… no te molestes por eso
—Lo haré, lo prometo… —responde firme, pero un cuestionamiento cruza el umbral de su mente— Charles… ¿Confías en mí, verdad?
La pregunta lo descoloca por completo, pero se asegura de afirmar— por supuesto… —sin titubeos. El rostro de Erik se vuelve firme.
—Habrá veces que no podrá contarte todo, al menos no de inmediato y no quiero que pienses que tiene que ver contigo, cada vez que algo en mi vida tenga que ver contigo, tú serás el primero en saberlo… lo prometo —dijo muy seguro de si— quiero que podamos ser capaces de hablar sin miedos o dudas de por medio… —sabía que habia mucho que decir aún, pero quería dejar eso establecido, el tiempo para hacerlo vendría después.
Charles le sonrió infinitamente agradecido, en parte necesitaba escuchar eso y prefiero dejárselo claro de igual forma— lo acepto y lo agradezco y comparto el mismo sentimiento respecto a esto, y también habrá veces que tenga dudas o miedos, ahora mismos los tengo, pero quiero compartirlos contigo… —escuchando las risas de los italianos algunas mesas más allá— en el momento y lugar adecuado, por supuesto… —Erik sonrió y exhalo por la nariz, más calmado, claramente también estaba subestimando a Charles
—Es una promesa… —comenzando a ponerse pie. Estira su mano y Charles se la estrecha, sería una forma peculiar de cerrar su nuevo pacto. El joven imitó su acción y se puso de pie entre, mientras una risa algo avergonzada aparecía, cerrando así el compromiso.
Finalmente cortaron el contacto, aunque se sintio magistral el solo hacerlo, nunca dejaba de sorprenderlos el cómo un simple roce bastaba para hacerlos contener la siguiente exhalación. Charles colgó su bolso en su brazo y se encaminó hacia la salida, seguido de Erik, se sentía mucho más calmo, no pudieron hablar con suma apertura, sobre todo de las cosas que más lo preocupaban o lo hacían dudar, pero saber que Erik no estaba así por él lo calmaba, además de dejar establecidos ciertos parámetros o compromisos entre ellos lo hacía sentir más seguro.
La duda respecto a la ley que Scott mencionó en la mañana seguía dando vuelta, pero era claro que no podía compartir eso con Erik ahora, menos cuando su mente estaba atribulada, pero llegado el momento, tendrían que hacerlo, porque los involucraba a los dos; era curioso, conforme pasaba el tiempo se empezaba a dar cuenta que ya no pensaba o tenía consideración solo en él, ahora sus pensamientos, ideas y decisiones terminaban siempre incluyendo a otro más, a Erik.
Respecto a la visita de esa mujer, se convenció que era mejor conversarlo con un tercero de confianza, antes que con el implicado, más aún cuando veía la calma en los ojos de Erik y una sonrisa extensa en su rostro, no quería cargarlo de más problemas, si es que esa mujer representaba un problema, porque desde su perspectiva parecía que era ella la que tenía problemas ¿Tendría que ver con ese amigo que menciono?
Apenas llevaban unos metros avanzados, cuando la mujer italiana volvió hacía ellos— scusi… —dijo tímidamente mientras ambos hombres volteaban hacia ella— per te… —estirando una fotografía (para ti…)
Erik iba a rechazarla por cortesía, pero Charles se dio cuenta— siamo noi? —pregunto sorprendido (¿Somos nosotros?). Ella asintió y la volvió a estirar, por lo que el joven la tomó en sus manos con cierta vergüenza
—Grazie mille… —respondió tímido, pero sumamente encantado con el gesto
—A te… —agrego (a ti…), para luego sonreírle a Erik y caminar hacia su esposo— pensó che gli sia piaciuto… (creo que le gusto)
—Per fortuna erano li vicino… (por fortuna estaban cerca)
Y ese simple comentario que Charles logro escuchar pese a la distancia, mientras Erik y él miraban la fotografía de ambos dándose la mano, le hizo darse cuenta de lo que realmente quería decir al venir a reunirse con Erik. Elevo la mirada, separándola de la fotografía y la posiciono en Erik, el cual seguía inmerso en aquel retrato, después de todo, era la primera fotografía que tenían juntos y esa sensación no solo provocaba un escalofrío en toda su espina dorsal, sino que también le hacía sentir un nudo en la garganta, pero no de esos molestos, sino de aquellos que te instan a buscar aire… en otra persona.
Charles miro a Erik algunos segundos más, absorto en absoluta contemplación, para luego decirlo— vicino a te… —susurro y Erik lo escuchó (cerca de ti…), porque solo en ese momento, elevo la vista y ahora sintio como el nudo bajo a su vientre, para explotar con euforia— lasciami stare vicino a te… (déjame estar cerca de ti…)
Erik inhalo y lo repitió como si fuera su nuevo mantra— vicino a te… —su poco italiano ahora si parecía dar resultado y esa frase, que se transformaría en su nuevo dogma, le entregó la paz que tanto necesito en este frenético día; había alguien que solo quería y le bastaba con estar cerca de él. El joven ahora sí soltó la tensión en una sonrisa genuina y volvió la vista a la fotografía, por lo que Erik entendió que es lo que debía hacer— quédatela… —soltándola y pasándosela a él— en la siguiente cita, tu pagas la cuenta y yo me quedo con la fotografía…
Charles mantuvo la sonrisa, hasta que se transformó en una risa— bene… (bien…)
Luego de la despedida en las puertas del café, la cual no pudo ser tan personal como quisieron, ambos marcharon de ahí, Erik en su camioneta y Charles en su bicicleta, rumbo a sus respectivos hogares o compromisos, pero con la convicción de que el otro no era un problema en sus vidas, al contrario, este quitaba los pesos de las dificultades de sus hombros cargaban y sabían que podrían compartir todo, incluso lo malo, aceptando los amargos, para poder estar cerca del otro. Esa noche si lograrían dormir un poco mejor, mucho más que la noche anterior y esta vez, ninguna pesadilla se hizo presente.
A la mañana siguiente, la lluvia no cesaba, llevaba lloviendo sin parar desde la medianoche y todo parecía indicar que no disminuirá con el pasar de las horas, por lo que, después de varias semanas negándolo, Charles no tuvo más opción que irse en taxi a la Universidad, la bicicleta no sería una opción por estos días, menos si quería llegar presentable a clases, cosa que para algunos Profesores era muy importante.
Para cuando las clases empezaron, Charles se preocupó al no ver a Scott por ningún lado, sabía que su amigo tenía el registro de asistencia en su contra, debido a su ingreso tardío por problemas médicos, por lo que faltar no estaba entre sus opciones, pero cuando el Profesor comenzó a anotar las fechas importantes de los siguientes exámenes y proyectos venideros, fue que su mente lo comprendió y se sintio sumamente culpable, lo habia olvidado por completo.
—Nada especial, se cumplen un año más de la muerte de mi madre, y quisiera estar con ella... todo el día, es todo
Y aunque Charles quiso respetar esa decisión, no pudo evitar que la preocupación lo abordara, quería saber si estaba bien y sobre todo le aterraba la idea de pensar que Scott pudiera sentirse solo, y si esto lo afectaba a él, como afectaría a Alex o a su padre, la incertidumbre de que algo pudiera pasar entre ellos, con suerte le permitió prestar atención en clases. Una parte de él quiso buscar a Jean, en parte porque comenzaba a gustarle el pasar más tiempo con ella y también, porque quizás ella sabría un poco más del asunto o quizás, Scott no le dijo nada, como ya se estaba mal acostumbrando a no contarle toda la verdad, a omitir como él le decía, y tampoco quería hablar de más frente a ella y delatar otras de las omisiones de Scott.
Y como si la hubiera convocado, Jean apareció a buscarlo durante el primer receso, justo previo a la clase antes de almuerzo, aunque no podría acompañarlo, solo quería pasar a saludar— Charles… ¿Cómo estás? ¿Qué tal las clases?
—Bien —respondió neutral— comenzando a preparar las cosas para el receso de fiestas de fin de año…
—Somos dos, es increíble lo rápido que pasa el tiempo… —volviendo a sujetar las carpetas y libros que cargaba, estaban algo pesados
—¿Te ayudo? —consultó Charles. La mujer le agradeció con una sonrisa tímida y el joven tomó la mitad de estos— ¿Para que necesitas tantas cosas?
—Voy a ver mi Profesor guía… tengo que consultar fuentes para mi tesis, el examen de grado se acerca a pasos agigantados —comentó nerviosa
Charles se sorprendió, a veces olvidaba que a pesar de que tenían prácticamente la misma edad, Jean estaba adelantada dos años, porque ella si ingreso a tiempo a la Universidad, a diferencia de él que decidió esperar dos años para poder trabajar y lograr independizarse. A veces se sentía atrasado, dejado de lado por sus congéneres, pero luego se sentía superior a sus compañeros de clases por ser mayor, es como si estuviera en un limbo, entre dejar de ser un adolescente y pasar a ser un adulto joven. La cuestión de la edad, y cierta ley que aún daba vuelta en su cabeza, se hicieron presente, pero las acalló al instante.
Caminaron unos pasos más allá del salón de clases, para que Jean finalmente hiciera la pregunta del millón— ¿Y Scott? —pregunto tratando de no sonar entusiasmada, quería verlo… otra vez.
Y el Xavier, aun atribulado por la duda y la preocupación, no pudo seguir mintiendo, ya no quería hacerlo— Jean… Scott no vino a clases —la joven se sorprendió ante su respuesta— la verdad es que hoy se cumple un año más de la muerte de su madre y me dijo que quería pasar este día solo con ella… si tú me entiendes —Jean sintió la presión en el pecho al instante
—Pero… ¿Por qué no me dijo nada? —con un hilo de voz
Charles trató de suavizar la verdad, no le diría que Scott no quería que ella supiera nada porque le avergonzaba su familia y temía a su reacción; todo esto podría prestarse para malas interpretaciones, por lo que solo omitió la verdad. Scott sí que era una mala influencia.
—Eso no lo sé… —exhala— yo no quería que estuviera solo, pero debo respetar su decisión, aunque no esté de acuerdo…
Jean bajo la cabeza sumamente apenada— por Dios… me siento tan mal… —comentó con lentitud— ayer nos vimos en la tarde y cuando le comente que es lo que quería hacer hoy, él me dijo que no podía o no quería o al menos eso me dio a entender… yo pensé que no quería verme, después de todo nos estamos viendo mucho y quizás malinterprete las señales y me autosugestioné, y resulta que él solo quería estar solo en este día, y no solo eso, en un momento llamo a alguien desde un teléfono público y dijo que estaba solo y eso me dolió tanto… pensé que me estaba rechazando y no se lo dije, solo me fui y lo deje solo y…
Charles soltó una de las manos que aun detenían los libros y sujeto la de ella— calma, tranquila… —haciendo notoria su exhalación, para que ella lo imitara— no sobre pienses las cosas, créeme que sé lo malo que eso puede ser…
—Está… bien… —dijo entre exhalaciones— es solo que no debe ser normal querer estar tanto tiempo cerca a una persona, casi se siente como una obsesión y eso puede llevarte por mal camino… —sin darse cuenta, ambos terminaron sentados en una banca— pero luego la vez y todas las dudas se callan, es como si hubiera un torbellino de dudas y sonidos estremecedores alrededor de uno, y cuando al fin aparece frente a ti… —mirando fijamente a la distancia
—Todo se vuelve calmo y sereno… —complemento Charles. Jean detuvo todo su racionamiento y lo miró detenidamente, al parecer, el joven Xavier estaba en la misma situación que ella y de alguna forma eso la reconfortó, no estaba sola en esta impetuoso e inesperado contexto.
—Si, precisamente… —sonriendo más calmada— no quiero sonar impertinente, pero al parecer estamos en la misma situación —rio con complicidad
Charles pudo negarlo, mentir, buscar mil excusas, pero por una peculiar razón, decidió confiar en Jean, le provocaba hacerlo— todo parece indicar que si… —la joven volvió la vista a la distancia, donde los demás estudiantes pasaban inmersos en sus mundos, tratando de evitar los jardines y la intensa lluvia que no daba tregua.
—A veces me pongo a pensar que pasara por la cabeza de cada uno… —Charles imita su acción y comienza a ver los demás— como si yo fuera el único ser real en este mundo y los demás son solo producto de mi imaginación o complementos de la misma, y que cuando yo muera… todo esto dejara de existir —al joven le sorprendió de la profundidad de su reflexión— pero luego me doy cuenta que cada uno tiene su propia historia, su propio dolor, sus propios amores y decisiones y que son totalmente ajenos a mi… como tu o como Scott o como aquella chica que toma la mano de aquel completo extraño… ¿Cómo puedo lograr categorizar el dolor de otros con el mío? Porque al final solo termino comparándolo y egoístamente pienso que el mío sigue siendo peor…
Charles estaba atónito, Jean estaba mostrando una parte de ella que desconocía por completo, al parecer realmente le habia afectado saber la realidad que estaba viviendo Scott, y eso que no conocía toda ¿Cómo respondería al saber el infierno que vivía su amigo cada día en el lugar al que debía llamar su hogar?
Y también podía notar el debate interno dentro de ella, como si se sintiera culpable cada vez que sintiera pena por ella, porque habia otros que podían estar pasándola incluso peor; quizás sería egoísta para algunos el esforzarse tanto por dale valor y significancia a su propio dolor a la expensas del que padecen otros, porque al final, inconscientemente, siempre terminamos minimizando nuestro dolor, hasta que ya es muy tarde. Ahí radicaba la pregunta ¿Quién tiene la voluntad divina, si es que puedes llamarla así, de categorizar los dolores del otro? ¿Quién decide quién sufre más?
El joven exhalo para darse fuerzas y finalmente hablo, habia estado absorto en la reflexión— no tengo respuesta a eso, pero lo que sí puedo asegurarte es que el dolor me ha enseñado una sola y cruda verdad… —Jean lo mira atenta— que el dolor compartido, es más fácil de llevar, pero encontrar con quien hacerlo… es el auténtico reto
Jean asiente— al final creo que eso espero de los que me rodean y dicen quererme… no quiero que me juzguen
Charles sonríe orgulloso— aceptar los dulces y los amargos… —la joven vuelve a asentir.
Era claro que con Charles podría tener esas conversaciones que a veces no podría con Scott, porque quizás su dolor era el mismo o quizás, porque habia algo que Scott estaba ocultándole, por miedo a ser precisamente juzgado y hasta que no lo conociera por completo, no podría hablar tan abiertamente con él, es como si construyera una coraza de mil metros de altura alrededor impidiéndole ver que habia en el fondo, en lo oculto y solo le mostrara lo superficial, como si eso fuera lo que llamaba su atención de él. Nada más alejado de la verdad.
—Supongo que Scott cree que lo que me llamó la atención de él fue su seguridad, confianza e indiferencia a lo que sucede alrededor… —Charles la mira intrigado—, pero no entiende que han sido los momentos genuinos, donde se ha mostrado tal como es, inseguro, torpe, incluso hasta nerd… los que me tiene completamente atrapada —inhala por la nariz con mucha fuerza— me gusta, Charles… —el joven elevó ambas cejas sorprendido— y yo sé que el gusta de mí, pero ahora entiendo que no bastara si lo mantenemos meramente en lo superficial…
Y la espontaneidad afloro— es un hecho que ambos se gustan, eso ya prácticamente lo sabe todo el mundo… ¿Pero se lo han dicho el uno al otro? —eso se sintio como un balde de agua fría, para ambos. Claramente Charles no estaba enseñando con el ejemplo.
—El miedo siempre es la excusa… pero tampoco puedo negar algo —sin mirar a Charles— no puedo pedirle sinceridad a su dolor, cuando yo tampoco tengo el valor para expresar el propio…
Charle se la dio por valida y nuevamente se sintio altamente identificado— vaya, sí que tenemos muchas cosas en común… —ahora sí que Jean lo mira con una sonrisa cómplice y una mirada dulce— quizás no soy el mejor para dar consejos, porque claramente no aplicó lo que predico, pero si logro descifrar el cómo franquear esta etapa y pasar a la siguiente, ten por seguro que seré el primero en decírtelo… —Jean estiró el brazo y sujetó la mano de Charles con calma, por primera vez en mucho tiempo se sentía realmente escuchada y comprendida
—Gracias, Charles… —manteniendo la mirada firme hacía el— ahora entiendo porque Scott y tu son amigos… —el joven le sonrió y volvió a estrechar la mano de la joven.
—Bueno, ahora nosotros también lo somos ¿No es así? —ella le respondió casi al instante con una sonrisa más que encantadora
—Y como amiga, me gustaría tomarme una licencia…
—Tu dirás…
—Desde hace días te veo de mucho mejor ánimo, más vivaz, más conversador, a veces hasta te veo sonreír solo…
Charles trago en seco algo nervioso— en verdad a veces me sorprende lo transparente que puedo ser con mis emociones… —ríe por la nariz— pero si, supongo que esto saca lo mejor de ti, o incluso una parte que no conocías o te negabas a aceptar… —Jean asiente con calma
Una mujer le hace una seña a Jean de lejos— es mi compañera de tesis, debo partir… —poniéndose de pie, Charles copia su acción— en fin, gracias por la conversación y por la confianza… Scott confía en ti, por tanto yo también lo hago —inhala y contiene la siguiente exhalación— por lo mismo, si llegas a tener noticias de él, hazle saber que estoy aquí, que no está solo… aún estoy muy preocupada
—Yo también lo estoy y te prometo que te diré cualquier cosa que averigüe… —fingiendo calma, la incertidumbre volvió en cuestión de segundos
—Estamos en contacto… adiós, Charles… —sonriéndole una última vez, mientras recibía los libros y se alejaba.
¿En qué momento se habia transformado en una persona a la cual los demás confiaban sus reflexiones y miedos? ¿En qué circunstancia habia pasado a preocuparse genuinamente de otros? ¿En qué momento habia dejado de sentirse solo? No tenía las respuestas a esas preguntas, y aunque le impresionaba el cómo su vida estaba dando un vuelco diametral opuesto y como más personas entraban en su círculo más cercano, no fue el miedo la respuesta, sino espontaneidad, genuina espontaneidad. Tal vez incluso esperanza.
Cuando el último bloque de clases paso, previo al almuerzo, Charles se reencontró con la Profesora Frost, después eso podría comer tranquilo y estudiar toda la tarde hasta que empezara su jornada de trabajo en la librería, pero una consulta de la “cita” de ayer quedo pendiente y ya que no habia podido compartirlo con Erik, debido a su situación actual, decidió incluir a un tercero y aunque el Profesor habia indicado marcar límites con Emma, por el bien de los tres, en el fondo, nadie conocía al Lehnsherr como la Profesora, y en este momento, Charles necesitaba respuestas para saber cómo actuar.
En cuanto la sala quedo vacía y todos salían rápidos a comer, ambos quedaron solos y Emma quiso indagar sobre la salida de ayer y Charles solo destaco lo superficial, ni siquiera la foto estuvo involucrada en la conversación y porque técnicamente, aunque ambos sabían que el otro estaba al tanto de lo que sucedía entre Erik y él, no era oficial aquel manejo de conocimiento ajeno, así que era mejor mantenerlo de bajo perfil, implícito. Emma entendió que no sacaría mucho más allá de algo vago y comenzó a sospechar que estaban queriendo dejarla afuera, y aunque eso le dolía un poco, implicaba que estaban ganando confianza en el otro, mostrando incluso señales de maduración en su relación y que cada día necesitarían menos su “asistencia”.
Pero fue el cambio de conversación completamente abrupto lo que la descolocó, no esperaba aquello y era obvio que Charles tenía prisa en hacer este comentario— el día lunes intente ir a ver al Profesor a su oficina, y no lo encontré… pero a los pocos minutos una mujer se hizo presente en su puerta y preguntó por él con bastante urgencia y necesidad… —el rostro de Emma palideció— se negó, de manera amable, a recibir mi ayuda, tampoco me quiso decir los motivos por lo que buscaba al Profesor, y cuando pregunte su nombre, me indico que era mejor que yo no lo supiera… —Emma tragó en seco.
Mientras tanto, Charles siguió con su discurso, casi parecía robótico, pero necesitaba comunicarlo de la mejor manera y sin que se notara que le afectaba o que le generaba inseguridad; mantener a la Profesora a raya, esa habia sido el compromiso, aunque quizás estar explicándole todo esto, era romper precisamente lo acordado.
—Finalmente se fue, me dijo que se iría a Edimburgo, creo que eso lo dijo de manera no intencionada y me solicitó que no comentara con nadie su visita, muchos menos con el Profesor… —concluyó, casi agotado. Claramente tenía todo esto atorado en la garganta desde hace dos días; como odiaba ocultar, omitir, mentir o como sea que lo llamaran ahora y cada día sentía que la lista de eso se hacía más grande.
Emma inhalo con suma fuerza y notoriedad, para finalmente hablar— entiendo… —claramente pudo haber dicho algo mucho mejor elaborado, sobre todo al ver el rostro de insatisfacción de Charles ante la escasa respuesta— Charles… —carraspea— supongo que debieron haber hablado con Erik ayer, y estas en todo tu derecho a no decirme… —Charles sonrió de lado, claramente la Profesora habia captado de su decisión de nula o poca información— pero debiste darte cuenta que Erik no está pasando por su mejor momento
—¿Tiene que ver con ella? —pregunto de manera veloz, casi ni siquiera lo pudo controlar
La mujer mostró duda en sus ojos— eso… no te lo puedo decir yo, es algo privado de Erik y yo tampoco estoy tan enterada como crees
No quería mentirle, pero conociendo a Erik, debía respetar los tiempos que él se estaba imponiendo para decirle la verdad a Charles y también en el fondo, tampoco sabía cuáles iban a ser sus siguientes movimientos, por lo que era mejor no especular. Pero esta respuesta no dejó tranquilo o satisfecho al Xavier, al contrario, le presento más dudas, sobre todo al saber que la persona que supuestamente más confiaba Erik, no estaba informada del todo ¿Qué tan grave podía ser? ¿Qué le estaba ocultando Erik? O quizás, lo estaba sobre pensando, Erik le dijo que confiara en él, tenía que hacerlo, al menos tratar.
—Solo te diré una cosa, Charles… confía en Erik, por favor… —rogó con la mirada— yo sé que no busca apartarte o hacerte sentir inseguro, yo sé que él te lo explicara todo a su tiempo, y ya sea que esta situación sea grande o pequeña, él mismo te lo dirá… lo se
Ambos amigos le presentaban el mismo discurso, por lo que no quedaba más opción que confiar— yo también lo sé, es solo que…
—Suena más fácil decirlo que hacerlo, te entiendo… —agrego algo desilusionada
—Entonces… ¿Qué hago? ¿Le digo que la vi? —pregunto confundido
Emma volvió a dudar, por primera vez no quería estar tan metida en una situación que implicaba a Erik— espera hasta que él te diga lo que pasa… cuando se muestre vulnerable, tú estarás ahí para apoyarlo y le dirás el resto de la historia ¿Te parece? —indicó elevando ambas cejas— claro, es solo mi consejo, tú puedes decidir lo que quieras y yo te apoyare, y ten por seguro que no le diré nada de lo que me dijiste a Erik…
El joven sintio la calma volver medianamente— esta… bien… —exhala— igualmente tenemos una conversación pendiente entre los dos… —Emma no supo cómo sentirse respecto a eso, pero quiso interpretarlo como algo positivo.
—Todo estará bien, ya verás… —acaricia su rostro, y Charles por un momento siente la nostalgia y el dolor golpearlo, era como tener el tacto de Raven sobre su piel por escasos segundos. Ella si sabría que hacer.
Pero la presencia de un tercero, interrumpió el recuerdo— Emma… disculpa —dijo con timidez, para luego ver al estudiante— estoy algo atrasado, así que solo pase a dejarte esto —aun con la dificultad que todas las carpetas en sus manos le daban, logró sacar una manojo de llaves y se las entregó a Emma— mañana no asistiré a clases, y no vi a Erik en todo el día, al parecer está revisando proyectos, así que puedes darle las llaves de mi oficina, por favor… —algo incómodo por tener que decirlo frente a Charles, pero el tiempo estaba en su contra
Charles comprendió al instante cuál era el nuevo “escondite” de Erik ¿Tenía que ver con esa mujer? Le rogó a su espontaneidad que le diera no solo fuerzas, sino también confianza, mucha confianza, la necesitaba. Pero Emma estaba absorta en su contemplación a Sebastián, como siempre, sobre todo porque decisiones estaban empezando a ser tomadas y no quería ser dejada de lado, quería hacer más.
—¿Seguro no necesitas ayuda? —cuestiono esperanzada, pero el negó veloz, para luego mirar al estudiante presente, claramente estaba incómodo y la mujer lo noto— descuida… Charles es de mi entera confianza, y también de Erik… —eso impresionó a Charles, no pensó ser incluido en esta conversación— es mi alumno predilecto y Erik lo tiene en alta estima… —Charles sintio el escalofrío bajar más rápido que la velocidad del sonido por su espalda— lo está ayudando a escribir su libro… —esa excusa cada día sonaba más entre las personas y Charles menos se la creía. Emma inhalo con lentitud, le costaba decir esto, pero finalmente lo hizo— y… es hermano de Raven…
Eso descolocó a ambos hombres, a uno por sorpresa y a otro con recelo, pocos sabían de eso y aunque eran sus padres los que habían establecido esa regla arcaica y él debía respetarla, en el fondo, quería gritar a los cuatro vientos que Raven era su hermana y lo orgulloso que se sentía de serlo.
—Vaya… no lo sabía —indico algo dubitativo, no sabía cómo reaccionar ante eso— un placer, Charles… —estirando la mano hacia él.
Y fue ahí que recordó la conversación que tuvo con la madre del joven y sus demás colegas a principio de semestre; claramente si calzaba con la descripción dada, lo que no esperaba es que Erik lo conociera y le tuviera tanta confianza como Emma indicaba. Charles por su lado, estrecho su mano con neutralidad, y también dejo que la memoria lo invadiera.
¿Acaso este era el hombre del cual la Profesora Emma estaba enamorada? ¿Este fue el hombre al cual la Profesora encontró besándose con otra mujer? ¿Por él sufría tanto? Lo habia visto un par de veces, pero jamás en directo, y aunque rogó permanecer impávido, cierto desdén afloro. No le agradaba, y tenía motivos para hacerlo, más cuando la Profesora Emma habia sido tan atenta y gentil con el Xavier.
—Igualmente —confesó con total falsa cortesía
El hombre por supuesto no lo noto, tenía demasiadas cosas en su mente para fijarse en esos detalles, sobre todo de personas que apenas habia visto, aunque si rogo para sí mismo que el joven fuera más como su hermana y no como su madre— tu hermana fue muy buena conmigo, estoy en deuda con ella… —mirando de reojo a Emma con timidez, la cual solo sonrió.
Y ahí estaba, otra cosa de su hermana que no sabía ¿Cuánto más se perdió de su vida? Y el discurso anterior volvió ¿Cómo podía sentirse orgullo de ser su hermano, si cada día que pasaba, conocía gente que sabía más de ella, que el mismo?
—No recuerdo si lo haya mencionado… —eso sonó mucho más distante de lo que realmente quiso, pero al igual que la mirada que el hombre cargaba, que mostraba claro problemas, él también los tenía y quizás podía tener derecho a responder de esa manera, al menos por ahora. Digamos que estaba escogiendo bandos, y por ahora estaba en el de la Profesora Frost, aunque pareciera que el Xavier estaba más en ese que bando que la misma Emma.
—Bueno, fue hace un tiempo ya… —volviendo a ver el reloj, no podía perder más tiempo— en fin, mañana debo reunirme con el abogado, por lo que ahora tengo que dejar todo listo, por eso tengo prisa… —haciendo el ademán de querer caminar, pero sin sonar grosero.
La mujer mostró compasión en su mirada— bueno, buena suerte… —acercándose a él y Charles captó el mensaje al instante, por lo que se alejó unos escasos metros, para tratar de darles privacidad— cuídate y me avisas… —dejándole un tímido beso en su mejilla. El hombre exhaló más tranquilo.
—Gracias… nos vemos —comenzando a caminar— adiós, Charles… cuídate y que te vaya bien —Charles solo se limitó a despedirse con la mano, pero el rostro fijo de la Profesora viéndolo salir le hizo darse cuenta de que el problema que los rodeaba era mucho más serio de lo que aparentaba.
Emma volteó y encontró la mirada algo acusatoria, pero también confundida de Charles— es… complicado, te lo diré después…
Charles exhalo rendido, tendría definitivamente que acostumbrarse a esa oración, y fue ahí cuando recordó el motivo por el cual Erik se fue ayer más temprano, él dijo que un amigo estaba teniendo problemas y que habia prometido ayudarlo con su abogado ¿Estaba hablando del Profesor Shaw? El rostro de Emma no daría respuestas, incluso cuando se despidió de él y le recordó ser paciente por la respuesta de Erik. Quizás debía llamarlo después del trabajo, para calmar su subconsciente y sopesar el no haberse visto hoy, pero todos sus planes fueron interrumpidos por su nueva amiga; en cuando la Profesora salió del radar y Charles se dirigía a la salida para tomar un taxi, alguien más se hizo presente.
Aun le quedaban un par de horas para el trabajo, por lo que la decisión de irse a su departamento, almorzar y estudiar allá era la más lógica, además le quedaba más cerca. Se detuvo a revisar su bolso y cerciorarse una última vez que tenía todo preparado para comenzar las clases con Jason, ayer por fin habia podido establecer los horarios y sentía que el joven no tendría objeción, al parecer estaba incluso más entusiasmado de lo esperado; al parecer realmente quería estudiar con Charles y eso lo hizo sentir orgulloso de sí mismo. Un buen Profesor generaba admiración, por lo que generar eso en Jason, era un paso menos hacía su objetivo final, su escuela.
Y mientras se aferraba al paraguas, debido al viento que se hacía presente y la lluvia que no habia cedido, Jean apareció claramente inquieta— ¡Charles! ¡Gracias al cielo que no te fuiste! —el joven la vio y la alcanzó a mitad de camino, se estaba mojando completa
—¿Qué pasa? ¿Por qué estas mojada? —pregunto angustiado, viendo su paraguas destrozado en su mano
—Se quedó enganchado en la puerta del autobús… —prácticamente desechándolo— pero eso no importa —respira con dificultad, claramente habia estado corriendo— ¡Estoy muy preocupada por Scott! —Charles tenso la mandíbula— ¡Fui a buscarlo a su casa! ¡Y me dijeron que no vive nadie ahí con ese nombre!
El Xavier sintio el nudo en el estómago ¿Scott también le habia mentido en eso? ¿Hasta dónde podía escalar esto? — ¿No te dieron mayor explicación o algo? ¿Quién te recibió? —rogando que no haya sido su padre y que esto lo haya negado, por suerte Alex estaba fuera de la ciudad
—Una mujer… —jadeando. Charles la sujetó de los brazos para que se calmara y la encamino de vuelta a la protección de los techos de la Universidad— me dijo que no conocía a ningún Scott Summers, incluso me aclaró que nadie de nuestra edad vive ahí, solo gente mayor… —Charles se sentía atrapado, no quería seguir mintiendo, pero debía ser fiel a su amigo— ¡Creo que se escapó de casa! —prosiguió la mujer— ¡No quiero creer que me mintió! —soltó sumamente dolida y Charles trago en seco nervioso— ¿Sabes algo de su madre? ¿Sabes dónde está sepultada? ¡Necesito saber si me mintió o no, y porque! ¡Pero sobre todo necesito verlo! —toce tratando de regular su respiración— ¡Algo me dice que no está bien! ¡Que algo malo paso! —tocándose el centro del pecho, lo sabía, su corazón se lo decía— ¡Y que tiene que estar con ella! —su mirada se inundó de lágrimas y Charles entendió que sus sentimientos eran genuinos— por favor, no quiero que este solo…
Y Charles estuvo absolutamente de acuerdo en eso— está bien, yo tampoco… —exhala— jamás debí dejarlo solo, pero lo encontraremos, lo prometo… —una idea fugaz pasa por su mente— y ya se dónde podemos buscar… —comenzando a caminar, mientras no suelta la mano de Jean y esta lo sigue aun algo sobrepasada.
Ambos se cobijaron en la protección del paraguas y caminaron algunas cuadras más para finalmente llegar a su destino, Jean aun no comprendía muy bien que hacían precisamente en este lugar, pero decidió confiar en Charles, y el letrero del lugar le daba una atisbo de esperanza.
Bodleian Library.
El joven se movía con una facilidad impecable por este lugar, era claro que estaba familiarizado con él y más cuando al llegar al mesón de informaciones, la recepcionista lo recibió de manera muy cordial.
—Charles… ¿Cómo estás? —pregunto con suma naturalidad, para luego mirar a la joven que se veía algo mojada— ¿Están bien? ¿En qué puedo ayudarles?
Jean se sintio un poco avergonzada, su presentación personal no era la mejor, pero habia cosas más importantes en este momento, por lo que Charles salió en su defensa— Sra. Monroe, necesitamos acceso a los registros de defunciones de los últimos cinco años… y sé que están aquí, los he visto… —comento sin titubear, Jean sintio su pulso acelerarse
La mujer elevo una ceja sorprendida— ¿Estás en búsqueda de tumbas antiguas otra vez? —preguntó con curiosidad. Esta vez Jean miró a Charles intrigada y el joven solo le lanzo una mirada corta, claramente era algo que tendría que explicar luego.
—No, la verdad… necesitamos saber dónde está sepultada una persona, una mujer para ser precisos… su nombre es Katherine Anne Summers, falleció hace cinco años por cáncer de mama —Charles siente como la voz se le vuelve tenue—, era cantante… —sabía que ese detalle era completamente innecesario, pero logró tocar la fibra más fina de Jean y también de la mujer, era claro que no se trataba de las mismas búsquedas y juegos que venían repitiendo hace años.
—Claro, entiendo… —la mujer vio a la joven que claramente se veía más atribulada que Charles y decidió actuar— síganme, es por aquí… —dejando una señal de vuelvo en cinco minutos y guiándolos algunos pasillos más allá
Para cuando llegaron, el muro de libros que se presentó ante ellos, desmorono las esperanzas de Jean, estarían horas ahí buscando y algo le decía que no tenían tanto tiempo, pero al parecer Charles sabía lo que hacía y la mujer más aún. Quiso trepar una escalera para alcanzar algunos libros, pero Charles no se lo permitió y se ofreció por ella, lo cual la mujer agradeció con una dulce sonrisa, amaba los modales y cortesía de este joven.
Para cuando tuvieron los cuatro libros en frente, la tarea parecía imposible, pero nuevamente la mujer y Charles demostraban las maravillas que traía ser un “hurón” de biblioteca, como al Xavier le gustaba llamarse. La mujer explicó que estos libros contenían información de los cinco cementerios más grandes, y conforme avanzaba hasta las últimas páginas de cada uno, ayudada por Charles, se tenían registro al menos de hasta hace tres años, lo que facilitaba un poco la situación.
—No puede estar en Wolvercote… así que ese queda descartado —indicó la mujer veloz cerrando el libro. Jean lo cuestiono y Charles dio la respuesta.
—Solo puedes ser sepultado ahí si tienes un mausoleo familiar o si eres una celebridad o personaje relevante dentro de la Corona… —haciendo una pequeña mueca de disgusto hacia la realeza.
Jean decidida a ayudar, tomo los registros de Bottley Cementery y comenzó a buscar, pero le llamó la atención que casi todos los últimos en la lista era hombres o niños muy pequeños, cosa que hizo oprimir su corazón, la muerte de cualquier niño o niña era completamente antinatural; para cuando llegó al año 1978, dejó el registro y paso al siguiente, Rose Hill Cementery, mientras Charles revisaba Headington Cementery y la mujer estaba inmersa en la última década de St. Sepulchere’s Cementery, al parecer era el más actualizado.
Para el cuarto de hora, la mujer ya habia sacado de la estantería los registros de los demás cementerios, era claro que el cartel de cinco minutos que dejo sobre el mesón se habia extendido, pero estaba decida a ayudar a Charles, sobre todo al verlo tan acongojado e inmerso en la búsqueda. Ahora revisan el resto de los cementerios más pequeños, pero sabía que estaban en terreno más complicado, muchos de estos no actualizaban periódicamente sus registros, y algunos eran de otras religiones.
Pasado otros diez minutos, parecía que no tendrían buenas noticias, Jean ya habia repasado los registros de Holywell Cementery dos veces y Charles acaba de terminar el de Osney Cementery, listo para empezar Wolvercote Cementery, mientras la mujer volvía nuevamente a St. Sepulchere’s Cementery, sentía que algo se le habia pasado y como su instinto de bibliotecaria que llevaba años inmersa en libros y páginas, nunca le fallaba, por fin le dio los resultados esperados.
—Creo… que la encontré —susurro esperanzada. Ambos joven se pusieron de pie y se posicionaron a su lado
—¿En serio? —preguntaron al unísono, comenzando a leer con ella
—¡Si, es ella! —confirmo Charles— ¡Está en St. Sepulchere’s Cementery! —la mujer subió la mirada levemente, Charles habia olvidado la regla más importante. No gritar.
—Tiene fecha de hoy… hace cinco años —ahora si subió la mirada por completo habia ellos y se sacó los lentes para verlos mejor— ¿Hoy se cumplen cinco años desde su muerte?
Charles asintió y Jean volvió a sentir el nudo en su garganta— es la madre de un amigo… y creemos que esta con ella ahora —sonriendo con pesar. Jean por fin decidió hablar, habia estado muy callada los últimos minutos, tenía muchas ideas y emociones que atacaban su mente y su corazón y no quería hablar de más.
—No queremos que esté solo… —dijo con la voz temblorosa.
La mujer sonrió con orgullo— pues vayan a buscarlo, porque se está haciendo tarde y no para de llover… —extendiéndole el paraguas a Charles— descuida, yo vuelvo a colocar todo en su lugar, ahora vayan…
Ambos jóvenes le sonrieron agradecidos y comenzaron a caminar, pero justo antes de irse, Charles se devolvió y deposito un corto y gentil beso en su frente, para luego salir corriendo detrás de Jean. La Sra. Monroe sonrió, era igual que Hank y Raven, pero Charles jamás sabría que los conoció, ordenes de Sharon Xavier.
Para cuando salieron del lugar, Charles con suerte abrió el paraguas, estaba más enfocado en encontrar un taxi, el cual apareció a escasos metros más allá, por lo que solo apresuraron el paso, se subieron e indicaron a donde se dirigían, el hombre no pregunto ni comento nada más. Para cuando las calles iban avanzando, y la lluvia parecía hacerse cada vez más fuerte, ambos jóvenes iban inmersos en sus propios pensamientos, Jean rogaba que lo suyo fuera solo una corazonada, al mismo tiempo que suplicaba que Scott no le hubiera mentido, no podría soportar otro relación de este tipo, pero ahí radicaba lo que la carcomía por dentro, porque Scott tampoco sabía prácticamente nada de ella ¿Cómo exigir honestidad, cuando no la entregas?
Charles por su lado solo tenía un objetivo en mente, uno que relacionó con un error de hace algunos años y que no estaba dispuesto a volver a repetir, y como si Jean lo hubiera leído en sus ojos atrapados en la ventana que daba a las calles bañadas en agua y ajenas al dolor y culpa que lo consumían, decidió preguntar.
—Charles… ¿Por qué creíste en mí sin dudarlo? ¿Realmente crees que tengo razón? —la duda la domino, más cuando vio su mirada volverse a ella— ¿Y si estoy equivocada? ¿Y si te hice pasar por todo esto en vano? —comenzado a sentir la ansiedad volver a ella, pero Charles fue más veloz y tomo su mano con prisa, cada vez se sentía más cómodo el hacerlo— ¿Por qué haces todo esto?
El joven sonrió con calma— porque eres mi amiga… tu misma lo dijiste, Scott confía en mí y por tanto tú también lo haces, pues lo mismo para mí, él confía en ti… por tanto yo también —la joven soltó sus hombros más tranquila—, y sobre todo, Scott es mi amigo, y jamás debí dejarlo solo en esto para empezar… —su mirada vuelve a la ventana, para ver como giraba en la esquina de Bevington Road— hace un tiempo abandone a un amigo cuando más me necesitaba, no cometeré ese error otra vez…
Cuando llegaron al lugar, el paraguas realmente se convertiría en su mejor amigo, porque la lluvia claramente no daría tregua y caminar por ese camino enlodado y resbaladizo sería otro reto extra. Avanzaron unos pasos y si ya de por sí los cementerios daban este aura de extrema melancolía, además de su clásico sentimiento tétrico y lúgubre, ahora, envuelto en extensas e inagotables gotas de lluvia, se podía sentir que hasta el oxígeno se hacía pesado y costaba el exhalar.
Era curioso, ninguno de los dos habia estado en un cementerio en bastante tiempo y el otro desconocía que compartían la misma situación, ambos habían perdido seres extremadamente amados, pero sus sepulturas estaban muy lejos para poderlos ir a llorar, o presentar el correcto respeto, como se era esperado; después de todo no estaban ni siquiera en el mismo país.
Y aun a pesar del clima y la tempestad, un sepelio se divisó a lo lejos, con muy pocos presentes y con nada más que el ruido de las gotas tratando de penetrar sus gruesos paraguas, ambos pudieron notar a un clérigo entregando la bendición y dando un sermón, pero fue imposible escuchar lo que decía, el retumbo de las gotas sobre las lápidas empapadas, cancelaba el eco hasta de sus propios pensamientos. Y cuando el féretro comenzó a ser bajado y los primeros sollozos de dolor se hicieron presentes, Jean se apegó mucho más a Charles, incluso tomó su mano con fuerza, sumamente nerviosa, era claro que los cementerios le traían muy malos recuerdos.
El Xavier lo noto y la hizo avanzar veloz y lejos de ese lugar, aún tenían una misión que terminar y la verdad, aunque todo este ambiente no le gustaba, debía decir que estaba acostumbrado a los cementerios; desde pequeño su abuelo lo llevaba a ellos, quizás era una actividad algo inusual para un niño, pero desde niño le enseño a enfrentar a la muerte, a no temerle y aunque seguía esforzándose por aprenderlo, a veces le costaba, sobre todo al sentir que no había logrado nada con su vida. Con el tiempo, esas visitas se transformaron en salidas y expediciones para encontrar tumbas antiguas y a guerreros olvidados.
No hay nada peor que el olvido. Siempre se lo repetía su abuelo y siempre también le rogaba lo mismo: sin importar que suceda, jamás me olvides y todo lo que he logrado.
Y justo cuando seguían una hilera de árboles, que disminuían el impacto de la lluvia, Jean volvió a sujetarlo y lo hizo detenerse, su corazón lo habia encontrado incluso antes que su vista. Charles imito su acción y siguió su mirada, para finalmente encontrar a un joven sentado frente a una tumba, al completo descubierto e incluso más empapado que los árboles o las lápidas; podía reconocer esa silueta a la perfección. Un sentimiento extraño los invadió, era mitad de alivio por encontrarlo, pero la otra mitad estaba cargada en dolor y preocupación.
Avanzaron con lentitud, no querían asustarlo, pero todo parecía indicar que el joven estaba más allá de su propia realidad, su mente vagaba en escasos momentos felices que habia tenido en su vida y todo estaba atados a su madre; salvo quizás por algunos en los últimos meses. Cuando la distancia ya se hizo efímera, ambos amigos salieron de la protección del paraguas y la colocaron sobre la cabeza del joven, el cual ni siquiera se inmuto, hace muchas horas que habia dejado de sentir la lluvia sobre su piel.
Aun sin querer perturbarle, se hincaron uno a cada lado del joven, para hacerle saber que estaban ahí, que no estaba solo, y fue finalmente ahí que el joven elevo la vista y la realidad lo sacudió tanto a él como a los otros dos. Jean fue la primera en notarlo, y sin pensarlo tomó su rostro con delicadeza, necesitaba verlo para asegurarse que era verdad y tristemente lo era.
—Scott… —dijo en un hilo de voz mirándolo con sumo dolor.
El ojo izquierdo del joven estaba prácticamente cerrado y sumamente amoratado, casi negro, sus hermosos labios tenían un corte en sus comisuras laterales y su piel estaba sumamente magullada; la joven Grey hizo todo lo posible para contener las lágrimas. Charles lo siguió observando y también noto sus manos rojas e hinchadas, bañadas en lo que parecía ser sangre, la cual también estaba sobre sus pantalones oscuros, un hoodie completamente calado era lo único que evitaba mostrarlo más a detalle.
Jean sin soltar su mentón, lo hizo voltear levemente la cabeza hacia ella, para que se diera cuenta que estaban ahí— Scott… mírame, tesoro… por favor —y fue ahí recién que se dio cuenta que no lo estaba soñando, realmente estaban ahí.
—¿Jean? —preguntó con la voz apagada.
—Si… —susurro la mujer dejando caer una escasa lágrima, su rostro estaba mucho peor de cómo se veía hace escasos segundos
Y el joven volteo hacia la derecha y esta vez sí que su voz se partió— ¿Charles? —y sus ojos se llenaron de lágrimas
—Perdóname, hermano… jamás debí dejarte solo —confesó Charles con suma culpa, mientras que el mentón de Scott tembló tratando de contener todo lo acumulado. Volvió la vista una última vez hacia Jean, quien acarició su rostro con dulzura
—No estás solo, tesoro… no lo estas —dijo con una sonrisa bañada en lágrimas
Y fue ahí cuando todo lo contenido en años, afloro. Los años de soledad, de tristeza profunda, de insultos, de menosprecios, de juzgamientos, de golpes y abusos, salieron a la luz a través de lágrimas sumamente pesadas, eran tantas que quemaban su rostro, el agua por primera vez actuaba como el fuego, dejando una cicatriz, una quemadura en su rostro ya dañado; quizás estaba tan contenido, se sentía tan asfixiado, que estaba literalmente hirviendo por dentro y cuando por fin pudo soltarlo todo, el agua por primera vez quemó.
El paraguas voló lejos, mientras los dos amigos se aseguraban de contenerlo en un potente abrazo.
Notes:
Mañana se vienen dos capítulos más!
Está tomando tiempo escribir esto, porque quiero que la historia fluya, que se sienta real y con personajes definidos, si les gusta este tipo de historias, los invito a quedarse, porque tenemos para largo.
Prometo darles una historia digna y llena de historias y personajes especiales.
Chapter 28: 27
Chapter Text
Confesiones
No podían llevarlo a su casa, y a pesar de estar más inconsciente que despierto, Scott se negaba a ir al hospital, aun en su estado, seguía siendo obstinado, así que sin más opciones y sin oponer resistencia, decidieron ir al departamento de Charles; luego se las arreglarían allá. Entre los dos tuvieron que cargarlo hasta salida, los escasos presentes pensaron que era el ebrio del día, pero la mirada de odio que les lanzaba Jean desde la distancia acallaba cualquier murmullo.
Subirlo al taxi requirió el esfuerzo de tres, incluyendo el conductor, que en cuanto noto el acento escocés de Charles, no dudo en ayudar, era un compatriota que necesitaba apoyo. En todo el trayecto, Scott apenas si se mantenía despierto y lo único que hacía era balbucear absolutas incoherencias, todo mientras Jean trataba de limpiar muy rudimentariamente sus heridas y controlar su creciente fiebre, pero Charles insistía que esperaran hasta llegar a su departamento, Raven lo habia dejado más equipado para él.
Bajarlo fue un poco más fácil, pero el reto llegó cuando las escaleras se hicieron presentes y su departamento lo esperaba en el piso 2, además, el edifico de Charles no era como el de Erik, no contaba con ascensor y para sumarle complejidad al asunto, Scott estaba completamente inconsciente, Jean estaba aún más mojada que antes y los zapatos de ambos estaban completamente enlodados y si a eso había que añadir que la escalera era de cerámica, el riesgos de caídas aumentaba notoriamente. Scott ni siquiera traía zapatos, al parecer se le habían caído en el taxi.
Charles no dudo un segundo más y decidió actuar— Jean… —aun con Scott entre sus brazos— toma mis llaves… —sacándolas con cierta dificultad de su chaqueta— sube a mi departamento, enciende la chimenea, empieza a preparar algo caliente ¿Yo que se?... Pero asegúrate que esté temperado… —comenzando a sacarse los zapatos y quedando solo en sus calcetines, por suerte estaban secos.
—¿Qué haces? —preguntó confundida
—Los zapatos están muy mojados y enlodados, así es más seguro… —agachándose levemente para finalmente subir a Scott a su espalda. Jean trago en seco y sus cejas se elevaron claramente sorprendida— ve, yo lo subiré… —vio la duda en sus ojos— estaremos bien, y cualquier cosa el golpe avisa… —tenía que decir algo para hacer el ambiente mucho menos tenso, la mujer al principio lo fulmino con la mirada, pero finalmente sonrió, habia logrado su objetivo— piso dos, departamento 201.
Tomo los bolsos de ambos, nunca habia odiado tanto cargar con tantos libros, y luego tomó el paraguas y los zapatos de Charles, para finalmente subir corriendo las escaleras hacia el departamento del joven. El cual por su lado, una vez asegurado el agarre de su inconsciente amigo, miro las escaleras y comenzó su travesía.
—Descuida amigo, pronto estarás en un lugar tibio y a salvo… —comentó subiendo con lentitud, no quería correr ningún riesgo.
Para cuando la primera escalera ya estuvo casi finalizada, Scott volvió en sí por escasos segundos— gracias… hermano… —dijo en un susurro apenado, y Charles noto las lágrimas de su amigo mojando su cuello
—De nada… hermano… —respondió Charles tomando la siguiente escalera
Era curioso, pero por unos segundos relaciono el momento con quizás una de sus escenas favoritas de su libro favorito de su saga favorita y de su autor favorito. El señor de los anillos. En el momento decisivo, cuando ya no queda nada para llegar a su destino, cuando el viaje hacia los confines de Mordor se hace completamente agotador y desesperanzador, Frodo apenas podía seguir adelante debido al peso del anillo, de los ataques de Ella-Laraña, el hambre y el cansancio extremo.
Es ahí, cuando, según la opinión personal de Charles, el mejor personaje de la saga, Samwise Gamgee hace demostración de su entereza, fortaleza, resiliencia, pero sobre todo lealtad, porque al ver a su amigo en su punto más bajo, decide cargarlo a sus espaldas y lanzar una frase sumamente icónica, tanto que aun la tiene grabada en su memoria.
Venga, mi Sr. Frodo… no puedo llevarlo por usted, pero si puedo llevarlo a usted y a eso también… así que levántese ¡Vamos!
Claramente la escalada a su departamento no era ni remotamente cercana o parecida al “Monte del Destino”, pero sentirse relacionado con uno de sus personajes favoritos, era el aliciente que necesitaba para terminar esta tarea que le fue encomendada, le hacía sentirse el héroe que leía siempre en sus libros de fantasía y en quien anhelaba convertirse.
Pero también generaba otra reacción en él, una mucho más profunda; Scott lo habia llamado hermano y él también a él, y eso le hizo darse cuenta de algo. Scott no sabía lo que era tener un hermano mayor presente y Charles habia perdido a la mejor hermana mayor del mundo, sus situaciones eran diametralmente opuestos, pero aun así y sin esperar nada, habían logrado encontrar en el otro lo que les faltaba, lo que perdieron, o lo que nunca les fue dado.
Un hermano.
Cuando la puerta aparecía en su radar, Charles soltó un último comentario entre risas, decirlo le daba fuerzas— ya estamos por llegar, mi Sr. Frodo… —exhalando algo cansado, no se notaba, pero Scott realmente pesaba.
Y aun en su estado, Scott pudo responder— no sé de qué estás hablando, pero de seguro son tus cosas de nerd… —susurro en su oído. Charles volvió a reír, Scott era lo que podría considerarse un “nerd de closet” así que jamás lo admitiría.
—Descuida, te lo leeré antes de dormir para que te familiarices… —respondió otra vez entre risa y alcanzó a vislumbrar una leve sonrisa en Scott, aunque sus ojos siguieran cerrados.
Cuando finalmente llegaron, Charles pudo notar que ya todo estaba prácticamente preparado y listo; Jean era la eficiencia hecha persona. Ya habia té preparándose, además de una sopa que olía muy bien y la chimenea que ya humeaba, daba una sensación hogareña y reconfortante, lo que provocó algo extraño en Charles, no recordaba la última vez que su departamento se sintio así. Como un hogar.
Una vez cruzado el umbral de la puerta, Jean volvió aparecer ante ellos y le ayudó a bajar a Scott— ¿Dónde lo ponemos? —pasando el brazo izquierdo de Scott por detrás de cuello
—A mi habitación, al fondo… —comenzando a caminar. Lo noto al instante, Scott iba a refutar y sacar de seguro una de sus respuestas sarcásticas, pero Charles no se lo permitió— tú cállate… —ordenó firme.
Avanzaron con cierta dificultad por el estrecho pasillo, hasta llegar al final y el Xavier noto la incomodidad en el rostro de su amigo, así que le hizo un comentario para calmarlo— eres la primera persona ajena a mi familia que entrara a mi habitación, considérate afortunado… —comenzando a sentarlo en la cama
—¿Oíste, Jean? —pregunto aun algo embobado— tengo el récord de ser el primero… —Jean solo negó agotada— ¿También seré el primero en acostarme en ella? —pregunto con total naturalidad. Charles rodó los ojos, claramente él le había dado las armas para atacarlo, así que no podía contrarrestar.
—¿Ni siquiera cuando está enfermo logra callarse? —preguntó con retórica Jean ayudando a Charles a terminar de acostarlo en la cama
—Nunca habia conocido a alguien que tuviera a respuesta para todo como yo… —viéndolo aun temblando de frío— hay que secarlo o terminara mucho más enfermo… —sube la mirada— Jean, en ese cajón hay toallas y a un costado están mis pijamas, dame uno… —la mujer obedeció con eficiencia.
Y cuando Charles comenzó a sacarle la ropa mojada, por primera vez en mucho tiempo, Scott sintio pudor— no… no puedes desvestirme así como así, primero tienes que invitarme algo… —tratando de oponer resistencia, justo cuando Jean volvía con las cosas en su manos— y además… —y la verdad afloro.
Scott la miró fijamente a los ojos, Jean se dio cuenta, y por consecuencia, Charles también, porque el ambiente se volvió tenso y profundo, los ojos de ambos jóvenes le bailaban el uno al otro, rogando una respuesta claro. Jean lo comprendió, Scott sentía vergüenza de que Jean lo viera desnudo, ya sea por los motivos sentimentales, pero también por lo acontecido la noche anterior, no quería ver más patético y ni provocar más lastima. Lo detestaba; ya venía provocando compasión desde que nació.
—Descuida, liten… solo ayudare a secarte, luego te traeré la cena ¿Está bien? —quiso refutar, pero terminó callando.
Y cuando el hoodie empapado y la delgada camiseta desaparecen en el suelo, la verdad absoluta se hace presente, su pecho estaba herido, magullado y comenzando a enrojecerse, algo terrible habia pasado. El afectado jamás elevo la mirada, no quería más miradas de caridad, y pese al asombro, Charles y Jean lo aceptaron, por lo que decidieron guardar silencio y continuar con su tarea; ya habría tiempo de hablar.
Así, cuando la ropa ya estaba sacada, y Jean la dejaba en la bañera, para luego irse a la cocina por la comida, Charles limpiaba sus heridas, de la manera más rudimentaria posible y como vagamente recordaba que Raven le enseñó, y pese a las quejas silenciosas de Scott, la situación terminó siendo menos traumática de lo esperada, para ambos.
Finalmente Charles comienza a ayudarlo a ponerse la ropa, por escasos momentos a Scott le cuesta mucho moverse y el Xavier ruega que esos analgésicos hagan efecto rápido, pero como siempre Scott encuentra la manera de salir de una situación incómoda.
—No tan rápido, quiero recordar el momento con lujo de detalles y menos brusquedad… —dijo entre una risa dolorosa. Charles solo negó entre risas nasales cortas— aunque tengo que admitir que si me preocupa que termines enamorándote de mí, ya sabes… después de ver este monumental cuerpo —señalando las vendas en sus brazos y soltando otra queja— o qué tal si tu novio… —haciendo énfasis en esas palabras— se pone celoso… no podría soportarlo, odio hacer de mal tercio, lo he sido toda mi vida… —riendo entre más lamentos
Charles exhala con pausa, esa era una palabra que tendría que ser sumada a la larga lista de palabras prohibidas y/o confusas que se estaban agregando a su vocabulario, junto con espontaneidad, edad, hombre, profesor, mentiras, secretos y… homosexualidad. Su sentido común rogó no darle mayor importancia, por lo que prefirió negar, era lo más sencillo acorde a la situación.
—No es… mi novio —aclaro mientras tocaba el cabello de su amigo y notaba que aún estaba muy mojado.
—Bueno, no lo será, no hasta que me lo presentes de manera formal… —sube una ceja y dibuja una sonrisa maliciosa que le juega en contra, su rostro estaba demasiado herido para sonreír— o que pase por esta cama… —acomodándose mejor en ella
El rubor más inmenso subió por su rostro y antes de decir cualquier cosa que lo delatara, terminó ahogando a Scott con su almohada, cosa que genera un forcejeo inútil y cargado en risas dolorosas en Scott, quien se quejaba hasta por respirar— eres un idiota… —parándose y encaminándose hacia el baño
—Tendrás que decirle que fue el segundo, porque ya estuve aquí… —acariciando las sábanas con ahínco. La verdad es que su mente y su cuerpo seguían muy atribulados, pero necesitaba sentirse seguro y de vuelta en su zona de confort, y poner nervioso a su amigo siempre funcionaba.
Pasados unos segundos, Charles vuelve, fingiendo que no escuchó ninguna de las estupideces que decía, para finalmente comenzar a secarle el pelo con su secador, mientras revisa su temperatura, y descubría lamentablemente, que la fiebre no daba tregua, y eso lo preocupo, necesitaba que la medicina actuara más rápido.
—Claramente la fiebre te está haciendo hablar imbecilidades… —comento, pero Scott no respondió, al parecer por fin habia decidido quedarse callado, o quizás no lo habia escuchado.
Pero conforme los minutos pasaban y su cabello por fin se secaba, Charles logro notar lo que realmente pasaba, Scott temblaba sin control, un escalofrío recorría su cuerpo sin permiso y consideración y la fiebre luchaba contra los medicamentos. Y en cuanto apago el aparato, Scott se tambaleo de un lado a otro, claramente mareado y Charles tiene un deja vu instantáneo, no solo habia sido testigo de una situación así, sino que habia sido el protagonista y aunque aquello hizo el rubor volver, supo exactamente que debía hacer.
Lo abrazó con fuerza, para que no cayera y comenzó a darle de su propio calor, a la vez que le aseguraba que no estaba solo, que él estaba ahí para él. Scott, como siempre, quiso abordarlo con un chiste, pero no recordaba la última vez que alguien lo abrazaba así, salvo tal vez su madre o su tío Ned, por tanto solo procuro cerrar sus ojos y dejar que la sensación lo envolviera. La paz se veía a la distancia entre los brazos de Charles.
Pero cuando los volvió a abrir, listo para agradecerle a su amigo, pudo notar el rubor en sus mejillas y su malicioso humor volvió— te dije que no te enamoraras de mí… —indicó en un susurro. Charles solo rio y lo soltó poco a poco.
—¿Mejor? —preguntó con tranquilidad, pero el sonrojo seguía presente en su rostro.
Scott solo asintió— sí, gracias… —respondió con sinceridad— pero es claro que algo te volvió a la mente, degenerado… —pellizcándolo en las costillas, cosa que hizo a Charles reír y alejarse— no me confundas con tu NO novio… —ese comentario los hizo reír a ambos.
Justo en ese momento, Jean entró con la bandeja con comida y el rostro de Scott se iluminó por completo, más aún cuando ella le regaló su sonrisa favorita— vas a comer y sin chistar, no quiero quejas, ni peros, ni chistes… solo come ¿Si? —y el joven obedeció sin obstinación, a ella jamás le opondría resistencia.
Pero conforme comía, quizás una de las mejores cenas de su vida, y curiosamente, una también de las más simples, una duda, de las muchas que tenía a decir verdad, y que trataba de categorizar en base a importancia y rango de curiosidad en su mente, quizás la menos esperaba, floreció. Era mejor empezar con una simple.
—¿Ustedes ya comieron? —pregunto con total ingenuidad
Ambos amigos se miraron de manera cómplice, la verdad, ni siquiera habían almorzado, las cosas se habían tornado intensas en el transcurso de la tarde y fue ahí que recordó las palabras de la Profesora Emma luego de que el Profesor Shaw se fuera: es complicado. Quisieron inventar alguna excusa, algo que desviara el tema o que no lo hiciera preocuparse, ya tenía suficiente, pero sus cuerpos y sobre todo, sus estómagos, los delataron, soltando el mejor rugido hambriento al unísono jamás escuchado.
Los tres soltaron una risa fuerte y sumamente liberadora, el ambiente tenso se habia ido por escasos segundos— eso significa que no… —agregó Scott terminando su sopa con cierta culpa.
—Luego prepare algo para nosotros, descuida… —comentó Jean, que luego de dejar la bandeja en un mueble a un costado de la cama, se acurrucó a un lado de Scott y este claramente no refuto en absoluto.
Charles sintio cierta desconexión por algunos segundos, dándose cuenta de que quizás podría estar haciendo mal tercio entre ellos y también estaba el hecho de que no habia asistido a su trabajo, otra vez, y ya tenía todo preparado para empezar a trabajar con Jason ¿Esto le traería problemas? Y esta vez ni siquiera habia avisado, al menos la última dio aviso desde la oficina de Erik. Y así, otra vez volvió a él. Le encantaba cuando se hacía presente en su mente en los momentos menos esperados, era como un pequeño obsequio de su subconsciente en momentos difíciles, un recordatorio de que siempre estaba presente, aunque no estaba a su lado.
Y Scott lo conocía a la perfección, sabía cuando la mente de Charles lo alejaba del mundo, así que lo devolvió velozmente a él— ¿Y tú que esperas? ¿Una invitación? También es tu cama después de todo… —levantando las sábanas, mientras Jean se acomodaba aún más entre risas. Se rindió.
Terminó metiéndose con ellos bajo las mantas y acurrucándose a su lado, y a decir verdad, le gustó al sensación, nunca habia compartido una experiencia así con amigos, se sentía parte de algo ¿Con que así se sentían las pijamadas entre amigos? Eso es algo que nunca tuvo cuando niño y amaba poder experimentarlo, aunque fuera a estas alturas de su vida. Su niño interior sentía como viejas heridas comenzaban a sanar.
Y aunque la sensación fue sumamente reconfortante, generándoles paz y un sentido de convivencia único, aun habia un elefante gigante en el cuarto y era momento de afrontarlo, antes de que la ansiedad y la tensión hicieran el aire irrespirable.
—¿Cómo me encontraron? ¿Cómo sabían dónde estaba? —pregunto en un hilo de voz Scott mirando fijamente a la puerta, aún no se atrevía a verlos a la cara
Charles y Jean volvieron a lanzarse una mirada cómplice, cada vez se hacían más comunes entre ellos, y esta vez fue la joven quien tomó la palabra, pero para asegurarse de que Scott se sintiera a salvo, tomó su mano con fuerza, cosa que provocó un escalofrío en ambos.
—Me entere de lo de tu madre y… quise ir a buscarte y… —inhala con fuerza y decisión— primero que todo, necesito que sepas algo… —y lo mira fijamente, cosa que hace a Scott dudar y mirarla de reojo, estaba aterrado— sé que hay cosas que no has querido compartir conmigo… —mira a Charles— con los dos… —el Xavier siente la culpa, claramente Jean pensaba que ambos estaban en el mismo nivel de desconocimiento y se sintio mal el estar engañándola— y lo respeto y jamás te forzare a que me las digas, cuando estés listos y solo si quieres… yo te escuchare y jamás te juzgare —vuelve a inhalar—, y si la disfrazaste en una mentira, me gustaría que pudieras confiar en mí… para hablar con la verdad, ambos…
El joven se quedó sin palabras, sin argumentos, sin chistes, era oficial, no sabía cómo defenderse, y Charles salió en su defensa rápida, no quería que se sintiera más atribulado de lo que ya estaba— estábamos preocupados por ti, y Jean fue a tu casa y no te encontró… —buscando las palabras correctas, quería que estuviera al tanto de toda la verdad para que no se llevara sorpresas, pero a la vez que supiera todo lo que hicieron por él, basados netamente en la preocupación y cariño.
Scott iba a tratar de dar una excusa, pero Jean apretó su mano con fuerza— no tienes que explicar eso, no si no quieres… solo queremos saber que pasó al final, ya habrá tiempo para lo demás… —y Scott por primera en todo ese tenso momento, soltó los hombros más relajado, para luego mirar a Charles buscando el resto de la historia. Su amigo prosiguió.
—Así que supusimos que estarías con tu madre… y la buscamos en los registros de defunciones en la biblioteca hasta encontrarla y luego fuimos por ti… —carraspea algo nervioso
—¿Hicieron todo eso… por mí? —su voz se quebró y esta vez fue Charles quien tomó su otra mano, mientras las lágrimas escasas caían por su rostro— nunca pensé… y mucho menos después de… —comenzando a ahogarse entre hipos— pensé que después de la muerte de… ya nadie podría… y luego ustedes y él… —tratando de regular sus respiraciones, el dolor lo estaba dominando, era muchas emociones a la vez y los amigos lo entendieron, no era fácil sacarlo todo de una sola vez.
Si buscas honestidad, debes estar dispuesto a darla.
Y Jean fue la primera en actuar— aunque nací aquí, me crie y pase la mayoría de mi infancia en Noruega, pero la verdad nunca me he sentido parte de ningún lado, no soy inglesa ni tampoco noruega… —dijo sin tapujos, buscando dar orden al relato y ambos jóvenes solo la miraron— mis padres fueron transferidos allá por trabajo cuando yo era muy niña, y me costó mucho adaptarme, odiaba cada día en ese lugar y se lo hacía saber a mis padres, a veces nunca de la mejor manera… —su respiración se vuelve algo pesada— y los otros niños no dejaban de molestarme por mi acento o por cualquier cosa que pudieran inventar, con los años entendí que era más por mi condición socioeconómica, que otra cosa… pero se encargaron de hacer mi vida un infierno —traga en seco— cuando cumplí diez años, huí de casa, sobrepasada por todo el rechazo y mis padres salieron a buscarme, y no paraba de llover…
Su garganta se cerró y esta vez fue Scott quien apretó su mano con fuerza, cada vez le costaba más mantener la voz intacta, lo único que sentía era el nudo en el estómago, además de la siguiente exhalación atorada en su garganta. Había una razón por la cual no hablaba de esto con nadie, pero por algún razón, nunca se había sentido más segura de decirlo, que ahora, al lado de Scott y Charles.
—Y… las horas pasaron y pasaron… y para cuando decidí volver, ellos… ya no estaban —su voz se quiebra y las lágrimas se deslizan sin control, su coraza habia caído— habían chocado en el auto buscando a su hija malcriada…
El silencio se hizo eterno, pero fue acompañado de un abrazo contenedor y el espacio más seguro para liberar todo aquello que la consumía. El dolor a la pérdida, la agonía por extrañarlos, el trauma al rechazo y sobre todo, la culpa; una culpa feroz que cargaría hasta el día de su muerte, su mente jamás dejaría de decirle que ella habia sido responsable de la muerte de sus padres, ella de cierta forma, los había asesinado.
Cuando la contención entrego cierta calma, Jean prosiguió, aun habia algo más que sacar— luego de eso, me enviaron a un orfanato, ahí estuve un año y curiosamente, fue el primer y único lugar donde realmente pude hacer amigos, conexiones reales con personas de mi edad, que habían sufrido lo mismo que yo o que sabían lo que era el rechazo, todo aquello que la vida siempre me habia negado… en el momento más duro, alguien apareció para dar consuelo… —dice con una sonrisa dolorosa, que Charles y Scott comparten— después de eso, los mejores amigos de mis padres lucharon legalmente por mi durante todo ese tiempo y finalmente ganaron mi custodia, vendieron todo lo que tenían y me trajeron de vuelta a Inglaterra… y no he vuelto a Noruega y a la tumba de mis padres… desde entonces —exhalando por la nariz con extrema pausa. Lo sintió, el peso de años guardando silencio, cayendo desde sus extenuados hombros.
¿Qué se podía decir después de algo así? ¿Una mera palabra de consuelo o compasión bastaría? ¿Sería falsa? ¿Innecesaria? Quizás, lo mejor, era solo guardar silencio y acompañar, hacerle saber que estabas ahí, con ella. Cerca de ti.
Scott la contuvo entre sus brazos aún más, disfrutando su cercanía, pero sobre todo, agradeciendo su confianza y honestidad, y ahora era claro que tendría que hacer lo mismo, aun cuando Jean no se lo estuviera pidiendo y aun cuando era obvio que no habia contado todo aquel relato solo para que aflojara su cobardía disfrazada de desinterés y coraje. Jean solo quería hacerle saber que estaba dispuesta a confiar los pasajes más oscuros de su vida con él, porque era sumamente importante para ella, y Scott quería hacerle saber lo mismo y muy en el fondo, necesitaba sacarlo todo o terminaría volviéndose loco.
Y a pesar de la tensión del momento, Charles quiso dar un comentario reconfortante— ¿Ellos son tus padrinos? ¿El tío Mark y la tía Helen? —ella asintió tratando de autorregularse, la cercanía de Scott ayudaba a eso, después de todo, hace mucho que no pensaba en ellos, a veces sentía que ya comenzaba a olvidar sus rostros— pues son personas más que maravillosas y han criado a una auténtica dóttir… (princesa vikinga) —y ese simple comentario trajo su bella sonrisa de vuelta, lo que los hizo sonreír a ambos amigos, aunque Scott quiso recuperar su humor característico por escasos segundos.
—No la hagas sonreír así… ese es mi trabajo —comentó con dulzura besando el dorso de su mano y acariciando sus dedos con delicadeza, cosa que los hizo a ambos sonrojarse. Charles solo mantuvo la sonrisa, por alguna razón no se sintio tan mal tercio.
Pero Jean no soltó la mano de Scott y lo miró intensamente— si te cuento esto es porque quiero que sepas que confió en ti y que cuando estés listo, yo te escuchare y jamás, nunca… te juzgare… —acariciando su mano de vuelta.
Y Scott lucho con sus monstruos, quería decirle, quería hablar, pero estaba tan asustado, tan traumado ¿Por qué no podía ser tan valiente como ella? Quizás era, porque claramente su dolor ni siquiera se acercaba al de ella, era una insignificancia comparado al de Jean, y aun así ella se mantenía de pie y estoica ¿Por qué él no podía hacer eso? Seguía siendo lo de siempre, lo que su padre persistentemente le repetía, un pobre diablo fingiendo ser algo que jamás será, y eso era, alguien que valiera la pena.
Charles lo noto, el también ya lo conocía a detalle y sabía que pasaba por su mente, lo vio en sus ojos y lo sabía, porque igualmente esa idea pasaba por sus ojos de vez en cuando, sobre todo en el último tiempo— no hagas eso… —exigió velozmente— no minimices tu dolor, no pienses que es insignificante comparado al de otros… —Jean elevo la vista, claramente lo noto— cada dolor es vital, único y propio… es un mundo en sí mismo, y solo uno sabe el cómo se destruye, reconstruye y se sobrevive después de él…
—Yo… —respirando con dificultad— quiero, pero… —volviendo a sentir como la garganta se le cierra
—Ahora es mi turno, está bien… —sonriendo con calma, Scott agradeció el acto con una mirada melancólica— déjame compartir mi dolor con las personas en quien más confió… —mirándolos a ambos con sumo orgullo y viendo la sonrisa agradecida que se presentaba ante él— bien… —inhala para darse fuerzas— pocas personas lo saben, porque mis padres se han encargado de borrarla del mapa, pero tengo… o más bien, tuve una hermana mayor… mi mejor amiga —tragando en seco— la mejor persona que ha pisado la faz de esta injusta tierra… y me amo como quizás nunca nadie llegue a hacerlo —carraspea, su voz amenazaba con quebrarse— y aunque yo podía confiar todos mis dolores, mis miedos, mis frustraciones con ella, porque era mi confidente, mi amiga, mi hermana… ella no podía hacerlo conmigo, nuestra diferencia de edad impedía que pudiera ser sincera, sobre todo en los ámbitos que más la hacían sufrir…
Su mentón tiembla y Jean eleva su mano suelta para tomar la otra libre de Charles, sin darse cuenta, entre los tres sujetaban las manos del otro y se hacían compañía, era el momento más íntimo que habían vivido con alguien a quien pudieran llamar “amigo”. Charles inhalo una vez más para darse fuerzas y continuo.
—Por motivos muy complicados y difíciles de abordar, mi hermana terminó huyendo lo más lejos de mis padres y se encargó de hacer todo lo posible para no seguir los pasos que ellos habían destinado para ella, y eso también la llevó lejos de mí, y al principio no pude hacer otra cosa más que odiarla, por abandonarme, por dejarme solo, por romper la promesa de que siempre estaría para mí y de que lo hacía porque habia encontrado otra persona a quien amar… creí que sería remplazado y que ella jamás volvería a quererme, no como lo hacía antes y que habia perdido a mi mejor amiga para siempre, pero cuando las cosas por fin se aclararon, y parecía que por fin volveríamos a ser los de siempre, mi hermana decidió irse a Manchester y… nunca nada volvió a ser lo mismo
Charles cierra los ojos con fuerza, no quiere soltar ni una sola lágrima, pero le es imposible, los sentimientos lo desbordan, ya que no es solo difícil hablar por lo todo lo que le genera, sino porque no habia compartido estos sentimientos y recuerdos con nunca nadie; salvo con Erik. Eso a momentos le dio calma, pero la tristeza lo desbordó al saber que necesitaba su abrazo contenedor, y no podría tenerlo.
—Pudo haber escogido el hospital más prestigioso del Reino Unido, de Europa si hubiera querido, sus notas le daban para eso, pero en vez decidió irse a un hospital pobre a las afueras de Manchester a atender inmigrantes pakistaníes en situación de vulnerabilidad… y fue ahí mismo, entre medio de una lucha de bandas rivales, mi hermana salió en defensa de un joven y… la apuñalaron cinco veces… —esta vez sí que su voz no pudo mantener la compostura.
Todo afloro, al igual que Jean, y aunque fue contenido igualmente que como lo hizo con sus amigos, se dio cuenta que un nuevo sentimiento habia aflorado, uno que nunca antes habia discernido, sentía odio, ira, recelo hacia esas personas, como si por primera vez en su vida, quisiera venganza, y ese sentimiento lo asustó, porque jamás lo habia sentido o dimensionado, y ahora estaba ahí, presente.
Y lo peor de todo, es que ahora entendía, que su decisión de no defenderse o no desmentir lo que otros decían de él, también implicaba el no querer estar al tanto de lo que sucedía, la ignorancia de lo que pasaba a su alrededor, se habia transformado en su escudo de defensa y esa decisión ahora implicaba que ni siquiera sabía que habia pasado con aquellas personas que habían asesinado a su hermana ¿Sabían quiénes eran? ¿Están encarceladas? Escucho una vez a su abuelo algo sobre un juicio, pero abandonó la sala antes siquiera de que este terminara la oración. Su hermana estaba muerta, no habia nada más que saber.
Una vez que Charles inhalo por última vez, de manera sonora y clara, para darse fuerzas, Scott comprendió que era su turno, de nuevo, nadie lo estaba obligando, pero su corazón rogaba ser escuchado y ya no podía guardar más silencio; llevaba demasiados años haciéndolo. Se acomodo de mejor manera sobre la almohada, y sus amigos lo imitaron, nadie iría a ningún lado.
—Como ya saben… mi madre murió hace cinco años y… —traga en seco— mi padre… —doliéndole hasta las entrañas el tener que decir esa palabra— jamás lo aceptado bien, es más, nunca ha dejado de culparme por su muerte… y cada año, tiene una reacción diferente, indiferencia, gritos, amenazas, borracheras… golpes —inhala con pausa—, pero este año, se mezclaron cada una de ellas y se potenciaron a niveles inesperados, incluso para mi… —su voz ya no temblaba, estaba completamente apagada— me levanté más temprano hoy, con la esperanza de evitarlo y poder irme para estar con mi madre todo el día, pero era claro que habia estado bebiendo toda la noche y que no habia dormido… y me alcanzó cuando estaba cruzando la puerta… —exhala— luego de eso, todo se fue a negro por algunos segundos…
Jean contuvo la siguiente exhalación, no quería sobre reaccionar, pero le era imposible el imaginar a un padre reaccionar de esa forma, claramente ella estaba acostumbrada a una crianza completamente diferente, y al momento de pensar eso, se retractó de sus pensamientos al instante, esto no era crianza, era abuso, claro y absoluto abuso. Charles por su lado, volvió a sentir la ira que hace poco, al recordar a su hermana, habia logrado controlar luego de escasos segundos de autorregulación, y esta vez sintio unas ganas inestables de golpear a alguien, pero no era el momento y lugar para dejar salir aquellas emociones.
Scott prosiguió con su doloroso relato— para cuando recobre el conocimiento, intentó golpearme con una botella de vidrio y… —vuelve a tragar en seco, mientras un temblor recorría su cuerpo, era obvio que estaba reviviendo todo en su cabeza y no sentía más que el miedo volver a él— por primera vez pude defenderme, o más bien, decidí hacerlo, sobre todo cuando escuche todo los insultos e improperios a mi madre, ya no podía más… llegue a mi punto de infección y… —sin poder controlarlo, suelta las manos de ambos y las acerca a él para poder mirarlas, no quedaba nada en ellas, solo marcas y heridas, pero aun podía sentir la sangre en ellas— comencé a golpearlo como si no existiera un mañana, y no me detuve, no podía, no quería… —su voz comienza a acelerarse y su respiración a volverse errática— solo quería hacerlo pagar por todos estos años de dolor y angustia… quería que sintiera todo lo que sentí, todo lo que mi madre sintio… y luego de eso dejó de moverse —su cuerpo se queda estático, y Jean y Charles no sabe cómo reaccionar ¿Cómo terminaría este relato?— cuando volví en sí, el seguía molido a golpes en el suelo… revise su pulso, me cerciore que estuviera vivo y… como pude, aun herido y todo, lo metí a la cama y… —su voz vuelve a quebrarse— cuando estaba por irme, escuche su voz claramente…
—No te atrevas a volver o me aseguraré… de matarte yo mismo
Esta vez sí que Scott se quebró, todo eso habia pasado en menos de una hora y luego de eso, solo recuerda deambular herido de aquí para allá, hasta llegar al cementerio y quedarse al lado de su madre, esperando un milagro, esperando una abrazo, esperando un beso de su parte, que saliera de esa prisión de tierra que la arrebató de él hace cinco años y volviera a consolarlo como solo ella podía hacerlo.
Y cuando esto no sucedió, se quedó ahí esperando su inevitable muerte, quizás las heridas serían más graves de lo esperado y lo harían desangrarse hasta morir, o el frio calaría hasta sus huesos, causándole hipotermia y matándolo, o quizás su padre al final lo encontraría y terminaría asesinándolo, o quizás el mundo se olvidaría de su estúpida e insignificante existencia, y pasaría días, semanas, meses y años sentado ahí, sin que nadie lo recordara, hasta que la muerte lo recibiera como un viejo amigo.
Pero eso no paso, porque las heridas no pudieron matarlo, ni el frío pudo doblegarlo, y su padre ni siquiera se acordó de él, pero sobre todo, nada de eso sucedió, porque alguien si se acordó de él, alguien sí se preocupó por él, dos personas hicieron hasta lo imposible por encontrarlo, dos personas lo pusieron a salvo, lo trajeron un lugar seguro y cuidarían de él hasta el final. Alguien si estaba dispuesto a ser testigo no solo de sus triunfos, sino y sobre todo, de sus caídas; como siempre habia soñado.
Así permanecieron, abrazados entre los tres, sintiéndose vulnerables, pero libres de un peso gigante, y sobre todo sin sentirse juzgados, ninguno juzgo al otro, sus acciones, sus reacciones, sus dolores, sus culpas, sus miedos, no, este era un lugar seguro. Y por primera vez los tres sabían y sentían lo que era pertenecer a alguien, lo que era ser parte de algo, por primera vez podían decir: no estoy solo, yo sujeto tu mano.
Para cuando Scott se calmó, o más bien, lo tres volvieron a una pseudo serenidad, se regalaron un último abrazo, uno en completo silencio, uno calmo, contenedor y acogedor, jamás habían sido abrazados así por alguien, salvo Jean de sus padres, salvo Charles de su hermana y salvo Scott de su madre. A través del dolor, habían encontrado un refugio.
Pasadas las horas, Jean ya habia preparado la cena para Charles y ella, Scott ya no tenía más hambre y la verdad, era difícil que comiera algo más y la fiebre por fin habia cedido, pero obviamente habían comido en la habitación junto a él; esta visita, indiferente de los motivos por los que se estaba dando, cumplía con todos los requisitos que una pijamada debía tener. Charles sentía que estaba sanando a su niño interior con ellos aquí.
Y sería una pijamada de tomo y lomo, porque obviamente Scott no iría a ningún lado y eso implica que la joven tampoco, así que mientras Jean llamaba a sus tíos, para avisarles que se quedaría en casa de una amiga a dormir, era mejor no dar explicaciones por ahora, luego hallaría el momento, Charles, como prometió, comenzó a leer para Scott.
—En un agujero en el suelo vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio y repugnante, lleno de restos de gusanos y con un olor a fango… —comentaba con entusiasmo, mientras Scott cerraba los ojos, reía por la nariz y dejaba que la redacción lo atrapara; en este momento, la voz de Charles era el sonido más hermoso que hubiera escuchado jamás— ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit y eso significa comodidad…
Jean por su lado, que ya le habia avisado a sus tíos, quienes se tragaron su excusa a medias, comenzaba a preparar té, era obvio que Charles haría Scott dormir y ella, aunque seguía preocupada, tenía responsabilidades que atender y yacían ahora sobre la mesa enfrente de la chimenea, secándose producto de todo el ajetreo de la tarde; a Charles claramente no le molestaría que ella siguiera trabajando en su tesis en su departamento, quizás incluso le pediría que la ayudara.
Y cuando la tetera estaba hirviendo, el teléfono volvió a sonar, quizás eran sus tíos, pero descarto esa idea, no les habia dado el teléfono del lugar y claramente no podía contestar, no era su casa. Así que dejó que sonara y la contestadora hiciera el trabajo, pero cuando la máquina se activó, una voz inusual apareció, le parecía conocida, pero no podía recordar dónde la habia escuchado y lo que vino después, fue aún más sorprendente.
Para cuando los primeros dos capítulos terminaron y la presentación de los personajes estaba medianamente establecida, Scott se durmió de manera veloz, por fin se sentía a salvo y era seguro que dormiría como quizás hace años no lo hacía, Charles revisó su temperatura una vez más y luego salió de la habitación, donde Jean lo esperaba con un te humeante, revisando sus libros, aún algo mojados y un pequeño comentario.
—Gracias… —indicó recibiéndolo— ¿Cómo va la lectura?
La mujer suspiro— difícil, no logro concentrarme del todo… —sube la mirada y esta se desvía hacia la habitación— no después de todo lo que sucedió hoy… —el joven elevo ambas cejas en señal de aprobación
—Ha sido un día muy tenso, para los tres… —tomando un pequeño sorbo, aún le falta cargarse un poco— la verdad, necesito tu opinión en algo —la joven mantuvo la mirada, esperando la oración— ¿Qué deberíamos hacer? Ya lo hable con Scott y esta empecinado en no presentar cargos, no quiere que nadie sepa y… dice que esto arruinaría la carrera militar de su padre, y aunque me diga que no se preocupa por él, y que solo lo hace porque si no tomaría acciones más serias contra él, quitándole lo único que lo hace “feliz” —marcando en comillas aquella palabra— en el fondo, sé que no quiere lastimarlo…
Jean frunce el ceño— el problema es que él si lo lastimo a él y lleva haciéndolo por años ¿Cómo es posible que nadie se haya dado cuenta de lo que le estaba pasado? ¿Cómo es que nadie ha hecho algo en todo este tiempo?
Charles se sintió tentado de hablar sobre Alex, pero acalló, Scott habia dejado claro de cierta forma, que al final eran solo su padre y él y no quería hablar de más, Scott ya habia logrado ser lo suficientemente honesto, no lo obligaría a vulnerarse más, cuando estuviera listo le hablaría de su hermano a Jean.
—Supongo que si lo hicieron, pero prefirieron voltear la mirada… —exhalo rendido— bueno, el asunto es que aunque Scott no quiera hacer nada, pero yo no puedo quedarme de brazos cruzados, hoy las cosas pudieron haber terminado muy mal y… —sobando sus manos con nerviosismo, su verdadero miedo estaba aflorando— si no hubiéramos llegado ahí, o si Scott no hubiera logrado defenderse o escapar o si… —su voz se apaga, por miedo a quebrarse, y una lágrima escurridiza cae, secándola con cierta brusquedad. Jean se pone de pie y se sienta a un costado de él en el sillón— si algo le hubiera pasado, yo… jamás me lo hubiera perdonado y… —otras lágrimas caen y esta vez es Jean quien se las seca—quiero justicia… —inhala decidido y algo irritado— quiero venganza… —soltó sin tapujos
Y Jean dejo que la sorpresa la dominara, porque no se esperaba ese comentario en absoluto, y aunque ella sentía lo mismo, alguien tenía que ser el ente responsable aquí— yo también… —dijo con sinceridad acariciando su brazo— pero no podemos hacer algo que lo perjudique más y de paso a nosotros, lo que menos podemos hacer es cometer un acto que nos aleje de Scott, nos necesita… —indicó firme. Charles exhalo buscando regulación emocional
—Lo sé, pero creo que puedo encontrar una forma de hacerlo, sin que termine la policía involucrada y necesito que mañana me ayudes con eso ¿Está bien? —ella asiente muy segura— y gracias… por todo lo de hoy —comentó con cierto pesar
—A ti… —sonriéndole con dulzura— cada día me convenzo más que tenerte de amigo, de hermano ha sido de las mejores decisiones que he tomado en mi vida… —apretando su mano y comenzando a ponerse de pie, tenía que darle su espacio— iré a ver como esta, luego vemos cómo nos distribuimos para dormir… —agregó entre risas— y por cierto, hay un mensaje para ti en la contestadora…
Charles palideció al instante— son mis… es mi… —tragando sumamente nervioso
—Charles, tranquilo… —acariciando su mejilla— yo no oí nada, recuerda… estamos a salvo entre los tres —guiñándole un ojo, para finalmente desaparecer por el pasillo.
Quizás si habia más gente que podía aceptarlo, quizás el mundo no era tan malo, quizás si habia espacio para personas como él dentro de la sociedad, quizás ser homosexual no era tan malo. Primero Scott, y ahora Jean, también estaba la Profesora Frost, tres, con tres debía bastar, tenía que bastar para hacerlo sentir seguro y todos tenían algo en común, lo querían, respetaban y protegían con todo incluido, lo malo y lo bueno, los dulces y amargos.
Enfoco la vista hacia el contestadora, y aun sintiéndose infantil por cerciorarse que nadie estaba escuchando, cuando claramente Jean ya lo habia hecho, apretó el botón— Dilecto, Charles…
—No dejo de pensar en nuestra conversación… y de todo lo que significa para mí, para los dos, estos días aunque han sido tensos, se han clarificado cuando tu presencia se cuela en mis sueños, en mis recuerdos… hay tanto que decir y siento que no tengo el suficiente tiempo para hacerlo, pero si mañana tienes un espacio para mí, un momento que ofrecer… te espero en nuestra primera lluvia, la primera de muchas… al mediodía —riendo algo apenado por sus palabras— vicino a te… —la llamada se corta.
Y Charles pudo sentir ya no solo las mariposas en su vientre, no, ahora eran fuegos artificiales iluminando todo el cosmos, ahora eran cohetes viajando más allá del espacio sideral, es como si por momentos hubiera encontrado vida en otros planetas, la existencia de vida consciente, inteligente y sintiente en otro universo. El universo que comenzaban a formar juntos.
Y esas primeras palabras, mi Dilecto Charles..., le hicieron recordar esa carta, aquella carta perdida que vio por escasos segundos en el escritorio de Erik, aquel día en que quedó encerrado, aquel día donde lo beso como nunca lo habia besado, aquel día que casi los descubren y aquel día donde se confirmó que todo lo que sentía era cierto. Aún la recordaba, con lujo de detalles, no podía salir de su memoria y una parte de él rogó, saber que seguía en sus líneas ¿Tendría el valor para preguntárselo a Erik?
Ayer estuviste en mis sueños, reemplazando horribles pesadillas, con palabras hermosas y caricias utópicas... ¿Siente acaso tu corazón, el palpitar ensordecedor que se filtra por mis poros?
Quisiera...
Claro que quisiera saber lo que decía, pero lo tocaría esperar.
Cuando la noche ya se hizo definitivamente presente, Charles y Jean se acomodaron en los sofás para dormir, no sin antes haber debatido la tesis de la joven, un análisis del poema “La Odisea” de Homero y específicamente de la figura de Penélope en contexto de la mujer en la Antigua Grecia, el cómo encajaba el arquetipo de la esposa fiel y su relación con los ideales de la mujer en la sociedad Griega. Charles estaba fascinado, claramente sería una tesis sumamente interesante de estudiar y leer.
Para cuando amaneció, Jean nuevamente preparaba la comida, un desayuno sencillo pero nutritivo, y Charles volvió a sentir como su departamento nuevamente tenía ese toque hogareño, acogedor, más como que un simple lugar para vivir. A Scott le costó un poco más despertar, pero el aroma a comida hizo el resto, aunque claramente aun no podía levantarse de la cama, seguía herido y magullado; y esto no le molesto en absoluto, porque implicaba que Jean le daría el desayuno en la cama, eso lo hacía sentir como un Rey y la joven dejó que disfrutara sus cinco minutos de atención, se los habia ganado.
Y además estaba el otro asunto, era evidente que un resfrió de perros terminaría atrapando a Scott, así que asistir a clases estaba completamente descartado, además nadie podía verlo así, se prestaría para malos comentarios, y aunque joven dijera que no le importaban, al final terminaría afectándolo y lo que menos necesitaba su estabilidad emocional, era más desequilibrios. Charles y Jean prometieron hacerse cargo de todo, incluyendo el explicar la situación a los Profesores, al Decano si hiciera falta y aunque Scott insistió en no decir nada de su padre, los jóvenes sabían a lo que iban y no darían marcha atrás.
Cuando ya los tres estaban desayunados y listos, y luego de ayudar a Scott a darse un baño, uno donde jamás dejó de repetir su deseo de que Charles no se enamorara de él, para no importunar a su No Novio, era momento de partir a clases. Jean le explico la importancia de tomar las medicaciones a tiempo, de no levantarse salvo para ir al baño y que llegaría para la hora de almuerzo, al mediodía, para que pudieran comer juntos, cosa que hizo al joven ruborizarse por completo.
—Sabes que no podemos quedarnos solos en el departamento de Charles, no puedo responder por mis posibles acciones y… —indico con pavonearía. Jean puso su mano en el rostro de Scott y lo empujó a la cama— ¡Oye! ¡Eso para más tarde!
—Solo… cállate ¿Si? —respondió fingiendo molestia— un día te coseré esa boca, lo juro… —viendo como Charles reía, para luego comenzar a salir por el pasillo rumbo a la puerta
—Bueno, tengo que asegurar mi integridad y… —pero antes que pudiera decir, Jean lo tomó de la camisa y lo acercó a su rostro, el silencio se hizo presente efímeramente— Jean… —susurro aterrado
Y lo beso. Corto distancia entre sus labios, de manera algo brusca a decir verdad, pero también con intensidad, eran demasiadas emociones en el momento y claramente, el joven no opuso resistencia— a ver si con eso logras callarte… —separándose de él unos segundos, antes de volver a depositar un corto beso y soltarlo— ahora descansa, nos vemos a mediodía… —comenzando a caminar hacia la puerta— y solo si se portas bien, tendrás más… —guiñándole un ojo y saliendo.
Scott quedó inmóvil, estupefacto, anonadado, completamente ido, para finalmente tirarse a la cama como si se fuera nieve fresca esperando para hacer un ángel de nieve. Había rozado el cielo y se aseguraría de jamás alejarse de él. Charles por su lado, que aún la esperaba bajo el marco de la puerta con los bolsos y paraguas, sonrió cuando la vio aparecer por el pasillo.
—Vaya técnica infalible para callarlo… —comentó con una sonrisa picara
Jean elevo una ceja tomando el paraguas— ¿Acaso también quieres uno? —preguntó con retórica
—No, gracias… —respondió con tranquilidad— yo sí sé cuándo callarme… —mintió con total honestidad
Jean cruzó el umbral y comenzó a bajar las escaleras— sí, basta con que diga vicino a te… —agrego desapareciendo. Charles sintio el golpe bajo directo en su estómago y cuando estaba a punto de contestar, la Sra. Grant a aprecio por su puerta, para bajar por el correo.
—Buenos días, Sra. Grant… —comentó nervioso
—Buenos días, mi pequeño Charles… ¿Ya vas saliendo a la escuela? —preguntó con lentitud
Charles rio, para ella seguía siendo un niño— sí, ya voy para allá… —señalando la escalera— por cierto, hay alguien mi departamento, por si escucha ruidos, no se preocupe… solo es un idiota enfermo… —dándose cuenta de sus palabras— perdón, ya me voy y buen día… —comenzando a bajar— no olvide que la administración pasa hoy en la tarde… —siguiendo a Jean
La mujer solo sonrió— ¡Que tengas buen día! ¡Y cuídate!
Miro la puerta del departamento de Charles y comprendió que era la primera vez que veía a gente, fuera de sus padres, salir de ahí, incluso habia visto a una jovencita muy guapa bajar las escaleras ¿Sería la novia de Charles? No le sorprendería, Charles era encantador, podía enamorar a cualquiera, incluso a ella, pero ella ya no entraba en esas ligas. Entonces esto significa solo una cosa, Charles por fin estaba haciendo amigos y si él los habia escogido, era porque claramente eran buenos jovencitos, así que luego de recoger el correo, prepararía un pastel para el amigo de Charles, nada mejor que el dulce para curar a los enfermos.
Notes:
MAÑANA DOS CAPÍTULOS MÁS
Chapter 29: 28
Chapter Text
Gravedad
Ya en la Universidad, ambos amigos se fueron directamente a hablar con el Decano, no perderían ni un solo momento, aunque implicara meterse en problemas, o faltar a clases. Y eso lo supo la secretaría, cuando entraron con apenas un saludo y se mandaron directo a su oficina, aunque la mujer quiso oponer cierta resistencia, sabía la relación de cercanía que tenía Jean con el Decano y también con la Profesora Frost, prácticamente era la consentida de todos y no podía negarlo, también de ella. La joven a veces pasaba más tiempo con ella aquí, que afuera, no es como que tuviera muchas amigas; solo recordar lo difícil que fue encontrarle compañeras de tesis, le traía el dolor de cabeza otra vez.
—Adelante, chicos… nos los esperaba, pero… —viendo cómo Jean se sentaba tranquilamente, cosa que sorprendió a Charles ¿Tanta confianza habia entre ellos? El con suerte podía pedir cita y rogar que no se la cancelaran
—Disculpe llegar así Decano, pero sabe que cuando vengo en estas actitudes, es…
—Porque algo sucede, lo se… —indicó cruzándose de brazos sobre el escritorio, no sin antes indicarle a Charles que se sentara, parecía un niño aterrado aún pegado a la puerta
—Venimos en nombre de Scott Summers… —aclaro ella, mientras Charles se sentaba en silencio— está pasando por una situación familiar muy grave…
El hombre elevó ambas cejas en señal de asombro— ¿Otra vez? —y esa pregunta encendió todas las alarmas de los amigos
—¿Usted sabe algo? —se atrevió a preguntar Charles. El académico carraspeo un poco nervioso, quizás habia hablado de mas
—Jóvenes, tienen que entender que esto es un asunto privado del alumno y no puedo comentarles… —Charles lo interrumpió con un coraje inesperado
—Scott está en mi departamento, herido, física y psicológicamente… su padre casi lo mata ayer —y el silencio se volvió tenso y pesado. Era claro que el asunto era mucho más serio de lo que el hombre pensaba.
Esta vez inhalo, para luego hablar más pausadamente— ok, de eso sí que no estaba al tanto… —exhala— primero debo saber qué tipo de relación tienen ustedes con él… —elevando nuevamente las cejas, esperando una respuesta
—Es… —Jean titubeo, no estaba lista para dar esa respuesta
—Es nuestro amigo —aclaró veloz Charles tomando sutilmente la mano de Jean— nuestro mejor amigo… —sonríe con pesar— nuestro único amigo… —el hombre duda unos segundos, pero finalmente decide ceder.
—Bueno, lo único a lo que yo estaba al tanto, es que antes de entrar a la Universidad, su padre se negó a pagar su tuición o entregar cualquier tipo de apoyo económico, y su explicación era que como Scott habia estado enfermo de su vista meses antes de ingresar, y él habia pagado la atención médica, no debía hacer nada más por él… —carraspea incómodo— y lamentablemente con el puntaje presentado por Scott, no alcanzaba para una beca universitaria, pero luego… —duda unos segundos, pero finalmente habla— Scott supo de un fidecomiso, uno que su madre dejó a su nombre, pero para ser administrado por un tutor legal…
—¿Su padre? —preguntó Jean
—No, un tercero… no recuerdo su nombre, pero se encargó de todo el papeleo, y bueno, esta herencia no podía ser tocada ni por su padre, ni por su tutor, ni por el mismo Scott, ya que su madre quería asegurarse que ese dinero se usará exclusivamente para la educación del joven y hasta la fecha así ha sido…
—¿Su padre no tiene acceso a ese dinero? —consultó Charles, temiendo que esto se trata de dinero
—No, el tutor es quien lo administra, pero está obligado por ley a cuidar de Scott…
—Hasta su mayoría de edad, la cual ya tiene… —agrego Jean confundida— ¿Por qué sigue viviendo con él entonces?
El hombre exhala, tendría que explicar todo el asunto y la verdad no sabía si estaba autorizado, pero el rostro de preocupación de los jóvenes era genuino y confiaba en Jean— porque el inmueble donde cohabitan ambos, padre e hijo… es de su madre, y en su testamento la mujer dejó claro que si su padre cuidaba de Scott, si no lo maltrataba o interfiriera en su educación, el inmueble pasaría a su nombre…
—Ósea al padre… —indicó el joven
—Si, por eso Scott ha vivido en relativa calma este último tiempo, y el fidecomiso de estudios no puede ser tocado por nadie…
—Ósea que ese… —conteniendo el odio en sus palabras— hombre solo mantiene a Scott en la casa y no interfiere en sus estudios para heredar la casa de su exmujer, que por derecho le pertenece a Scott…
El hombre asiente— sí, pero tanto ella como Scott dejaron claro que no querían nada con esa casa, ella sabía antes de morir que el único interesado en el inmueble era el padre, y que atarlo a eso, aseguraba el futuro de Scott, al menos hasta su edad adulta o que terminara de estudiar… —carraspea— él sabe que si no cumple con las condiciones explícitas del testamento, o si hecha a Scott de su casa, perderá cualquier derecho sobre esta… y eso es lo que menos quiere
—Pues es justo lo que hizo ahora, abusó de él, y viene haciéndolo hace años, solo que nadie ha revisado el caso, por tanto… ya no puede tener derecho sobre esa casa y tampoco sobre Scott —insistió Charles muy convencido
—Bueno, legalmente Scott se podría haber ido de esa casa en cuanto cumplió los 18 años hace algunos meses, pero por lo que supe, decidió quedarse debido a la enfermedad de sus ojos y bueno… —menea la cabeza no muy convencido— porque quería hacer a su padre sufrir un poco —chasquea la lengua— sus exactas palabras…
Charles y Jean suspiraron, eso sonaba mucho como Scott— es más que eso, en el fondo, aún está buscando su aprobación y aun con todo lo que ha pasado, el no querer presentar cargos prueba que no quiere perjudicarlo, porque lo sigue viendo como su padre… —dijo con pesar la joven
—A ver… —el hombre se acarició la sien— hay que separar dos cosas aquí, si, Scott está en todo su derecho a no presentar cargos, eso debemos respetarlo, pero no podemos obviar las obligaciones legales, existe un compromiso legal de que él no sería lastimado a cambio del inmueble y este no ha sido respetado, eso es lo único que importa ahora y por tanto… Scott está en todo el derecho de irse, dar aviso a su tutor y/o abogado de que los compromisos no han sido respetados y suspender el traspaso del inmueble a nombre de su padre, acto que solo sería efectuado cuando este terminara de estudiar… cosa que aún no sucede —respira con más lentitud, habia dicho todo eso de corrido— no creo que Scott quiera quedarse otros dos años más ahí…
—Y no debe hacerlo, ese es el punto y por eso estamos aquí, no solo para dar aviso y que tengan consideración con él para las siguientes clases, sino porque alguien tiene que hacer algo, porque es obvio que Scott no lo hará… —concluyó molesto Charles.
Comenzaba a ver el patrón, los intentos de su madre de proteger a su hijo, y como aun así las cosas no habían salido como esperaba, suponía que su madre pensó que con su muerte, el hombre recapacitaría, pero nunca fue así, y ahora quedaba claro que lo hacía solo por dinero; por suerte el dinero de la Universidad estaba seguro y aparte, y ni siquiera Scott podía tocarlo. Y también comprendió porque Scott se quedó, a pesar de que pudo irse después de cumplir la mayoría de edad, en el fondo no solo no se iba porque aspiraba que su padre lo amara, o porque quería hacerle difícil conseguir la casa, sino porque pensaba que ese lugar y el trato que recibía era lo único que merecía.
—¿Quién es su tutor? —preguntó Jean
Y esta vez el semblante del hombre cambió— temo que eso no puedo decírselos, es más, ya he hablado lo suficiente y lo hecho solo porque, uno, tengo confianza en ti Jean y sé que esto no saldrá de estas paredes, y dos, porque veo su preocupación legítima y tal vez para ustedes sea más fácil convencer a Scott de actuar… pero sí puedo asegurarles algo, yo mismo daré aviso al tutor y al abogado, y resolveremos esto a la brevedad, se los prometo… —dijo con convicción.
Y Charles hizo la conexión al instante, ya sabía quién era el tutor y creía tener una forma de averiguarlo— entiendo Decano y lo aceptamos, descuide… —aclaró Charles tranquilo— pero nos gustaría pedirle un favor más… —el hombre se limitó a asentir— ¿No tendrá el contacto de algún otro familiar de Scott? Quisiéramos avisarle lo que sucedió, él necesita apoyo…
El académico duda unos segundos, hasta que cede— sí, hay un contacto de emergencia, mi secretaria debe tenerlo, pisándoselo, y yo me pondré desde ya en contacto con el abogado y asegúrenle a Scott que no tendrá problemas de asistencia o rendimiento, lo ayudaremos, descuiden… —sonríe con nostalgia y luego hace una pausa— quizás no debería decir esto, pero conocí a la madre de Scott años atrás, una cantante como ninguna otra, estaba destinada a la grandeza, su pérdida fue muy dolorosa… —exhalando por la nariz— ahora vayan, que se les hace tarde para clases… —comenzando a marcar a su secretaria— Sarah… deles la información del contacto de emergencia de Scott Summers, gracias… —cortando. El hombre sonrió una última vez y los jóvenes salieron.
Jean iba a refutar, pero Charles le indicó que guardara silencio, al parecer tenía todo bajo control— aquí esta jóvenes, y recuerden… avisen antes de entrar, por favor… —haciendo un sonido con la lengua— Jean, no te olvides de las reglas…
—Si, lo prometemos, y gracias… —recibiendo el papel y comenzando a dirigirse a la salida.
Charles comprendió al instante, así como él tenía una complicidad con el staff de la biblioteca, uno que Jean noto, ella lo tenía con los administrativos de la oficina. Era claro donde pasaban cada una de sus tardes y horarios libres cada uno de ellos; los amigos no estaban dentro de esas actividades.
Y en cuanto estuvieron afuera, Jean saco todo lo atorado— ¡Maldito infeliz! ¡Todo este tiempo ha sido solo por dinero! —vociferó
Charles releyó el documento y confirmó sus sospechas— descuida, ya tengo el contacto de su tutor, así que aun si la Universidad no hace algo, nosotros lo haremos…
—¿Lo conoces? ¿Son la misma persona? —quitándole el papel y leyéndolo— ¿Ned Hayes? ¿Quién es el?
—El mejor hombre del mundo… —aclaró Charles feliz.
Jean iba a comentar algo más, pero una de sus compañeras se acerca— Jean, hola… —voltea levemente hacia Charles y lo saluda vagamente, el joven devuelve el gesto— no se si te enteraste, pero la Profesora Frost no vendrá hoy, problemas personales…
Ambos amigos se miran con complicidad y Charles hace la conexión al instante, era obvio que la mujer no habia asistido para ir a apoyar al Profesor Shaw, le habia dicho que tenía una cita con el abogado hoy, y aunque aún tiene reservas con el hombre, no puede juzgarla, tampoco tiene el derecho para hacerlo, así que solo calla. Pero otro recuerdo vuelve, uno que habia borrado por completo de su memoria debido a todo lo acontecido ayer; aquella mujer en la puerta de Erik. La Profesora Emma habia dicho que no comentara nada, no hasta que Erik le explicara lo que sucedía, así que Charles volvió a enterrar ese recuerdo.
—¿Entonces no tendremos revisión hoy? —consulto algo preocupada, pero también esperanzada, tenía una razón de peso para no quedarse justamente hoy y volver al lado de alguien.
—Si, el Profesor Heller lo hará, al menos lo básico, y la Profesora vera el resto la próxima semana —indicó con cierta urgencia—, ya nos está esperando… —señalando el pasillo que daba a su oficina
Jean suspiro extenuada, claramente no podría escapar de esto— está bien, ve caminando… te alcanzo —volteándose hacia Charles, la otra mujer no opuso mucha resistencia y se marchó, y a Charles le sorprendió medianamente su actitud, era algo hostil, y Jean lo noto— y aunque no lo creas, es de las personas con las que mejor me llevo… —aclaró entre risas— tengo a generar rechazo, supongo que no soy tan encantadora…
—Lo eres para mi —respondió velozmente Charles— y estoy seguro de que más aún para Scott… —sin una pizca de duda en su voz. Jean sintio el sonrojo dominarla— y descuida, se perfectamente a lo que te refieres, sé muy bien lo que es ser rechazado…
Jean elevo una ceja intrigada— ¿Tu? ¿Charles Xavier? —preguntó con retórica— me cuesta creerlo… —soltando una risa por la nariz— en fin, terminaré con esto rápido… ¿Qué hacemos con lo demás? —viendo el papel en la mano de Charles con el contacto
—Ve, yo llamaré al tío Ned y le explicare todo, tratare de hacer que vaya a verlo… —la mujer se sorprendió ante ese plan, pero lo aceptó
—Bueno, igualmente yo iré para la hora de almuerzo… ¿Crees que alcances a llegar? —interrogó con cierta esperanza. Charles negó dudoso
—No creo, mis clases están muy juntas hoy, pero los vere en la tarde y asegúrate de que Scott no se mueva de ahí… —viendo que la compañera se quedó esperando a Jean en la esquina del pasillo— ve, antes de que te asesine con la mirada… —riendo por lo bajo
Jean exhalo molesta— de acuerdo, nos vemos… —comenzando a caminar— por cierto, cuando salgas hoy de clases, podrías a pasar a una de las florerías dentro de Covered Market y comprar caléndulas… —deteniéndose a mitad de camino
—¿Caléndulas? —cuestiono confundido
—Es una flor amarillo-anaranjada… mi madre me hacía infusiones de eso para los dolores y créeme, es mejor que los medicamentos convencionales —aclaró segura, Charles se limitó a asentir— dile que vas de parte de mia, ella sabe quién soy, mi tía y yo siempre compramos flores ahí, y dile que te de las más frescas, y sin pesticidas, ella sabrá a lo que me refiero…
—Está bien, cuenta con eso… —afirmó Charles, como si le estuvieran asignando una misión crucial.
Y nuevamente lo relaciono con el Señor de los Anillos, como si fuera Sam, cuando Aragorn lo envía en busca de Athelas, o Hoja de Reyes para curar a Frodo, ya era la segunda que se comparaba con Sam y a Scott con Frodo; sabía que era muy nerd de su parte, pero amaba ese paralelismo. Le hacía sentir un hobbit, un guerrero subestimado, pero que al final, mostraría su valor y salvaría a sus amigos. Sam, el valiente. Después de todo, recordó lo que mucho tiempo atrás Scott le dijo: llegará el momento en que estarás tan enojado o desesperado para proteger a alguien que quieres, que créeme… los golpes vendrán solos.
Quizás ahora no estaba dando golpes, pero si estaba dispuesto a lo que sea por su amigo, así que en cuanto recordó aquello, se apresuró al teléfono público más cercano para hacer su llamada, pero un golpe de realidad lo hizo reaccionar al entrar y comenzar a marcar. Un aviso de una librería que buscaba trabajadores. Su empleo. Y temiendo lo peor, llamó rápidamente a la librería, habia faltado al trabajo, otra vez.
Al menos la última vez, cuando habia quedado atrapado en la oficina de alguien, cuando habia ido a confirmar lo que ya temía, cuando habia sido llevado “contra de su voluntad” a aquel parque, cuando habia conversado tan abiertamente sobre sus sentimientos con ese alguien, en ese crepúsculo maravilloso, cuando lo habían besado, si habia avisado.
Pero para su suerte, la Sra. Stryker no se molestó en lo absoluto, al contrario, le explico que estaban preocupados por él, porque habían tenido que cerrar la liberaría siquiera antes de abrir, porque la lluvia se habia colado entre el techo y habia causado uno que otro desmán, y temían que se presentaría a trabajar sin saber que habían cerrado; por suerte ese no habia sido el contexto. Igualmente la mujer pidió su número de casa, así en casos futuros, tendría oportunidad de avisar y el escuchar a Jason anotarlo tan feliz, le devolvió la tranquilidad, el joven tampoco estaba molesto y prometió que ahora si estaba entusiasmado por sus tutorías venideras, empezando por la de mañana.
Y una vez solucionado eso, Charles volvió a su misión inicial y marcó, la línea sonó por largos minutos y justo cuando temía que nadie respondiera, alguien contestó— sí, aquí Ned… —dijo un hombre velozmente y con la voz algo agitada
—¿Hola? Si… ¿Hablo con Ned Hayes?
—Si, con él… ¿Quién habla? —pregunto intrigado
—Hola… —volvió a repetir nervioso— mi nombre es Charles Xavier, soy amigo de Scott… —dijo apresurado— Scott Summers…
—¿Scotty? —y su voz cambió completamente de tono— ¿Le paso algo? ¿Está bien?
Eso al instante calmo a Charles, habia dado con la persona correcta— es precisamente por eso que lo llamo…
Y así el joven le explicó todo lo acontecido, quién era él, su relación con Scott y como él y una amiga lo habían rescatado, para finalmente llevarlo a su departamento, curar sus heridas y cuidar de él, lugar donde seguía aún durmiendo plácidamente, quizás como hace mucho no lo hacía. En cuanto el joven terminó el relato, un silencio ínfimo se hizo presente y temió por algunos segundos que la llamada se hubiera cortado.
—¿Alo?
—Si, aquí sigo —respondió casi monosilábicamente, para finalmente inhalar con fuerza— ese hijo de… —exhalando para buscar calma— le dije a Scotty que no tenía que estar en ese lugar para estas fechas, y él me lo prometió que así sería, pero jamás me escucha… es terco como una mula y… sigue empecinado en buscar atención de ese malnacido… —conteniendo el odio en sus palabras, no quería hablar de más y tampoco maldecir en frente de este joven desconocido.
—Descuide, yo ya estoy al tanto de todo, su madre, Alex, el testamento, la casa, hasta lo del fidecomiso… —respondió con total honestidad, no tenía caso mentir y odiaba hacerlo— y se cómo es Scott, créame, lo conozco, quizás no tan bien como usted, pero en este último tiempo nos hemos hecho muy buenos amigos, grandes amigos… —soltó con cierto pudor— y se lo obstinado que puede llegar a ser, es más, no está dispuesto a presentar cargos contra su… padre —no muy seguro de si seguir llamando así
—¡¿Qué?! —vociferó el hombre fúrico— ¡¿Por qué?! —y al instante trata de volver a la calma— perdón, yo… —exhala
—Descuide, yo tampoco lo comprendo mucho, pero tengo algunas teorías de porque, aunque creo que no es el momento para comentarlas ahora precisamente… y usted quizás conozca las razones mejor que yo…
—Pues sí, ha sido el problema durante los últimos cinco años… —su voz se tensa.
El hombre sintio el dolor volver a él, extrañaba a Kate a limites inimaginables, habia sido su única amiga, su única familia, la única que lo habia aceptado plenamente. Y amaba a Scott como si fuera de su propia sangre, salido de su propia carne, y exigía sus derechos paternales, después de todo, él era quien lo habia criado.
El hombre continúa— ¿Dónde está ahora? —pregunta dolido
—En mi departamento, lo dejamos ayer ahí y una amiga ira en unas horas más a prepararle el almuerzo… —respondió firme. Eso genero una sonrisa en el hombre, hace años que no escuchaba alguien preocuparse tan genuinamente por su pequeño.
—¿Te molestaría si fuera a verlo? Yo acabo de volver de una gira, mi avión llegó a Londres hace poco y acabo de entrar a mi casa, hace solo unos segundos, pero puedo estar ahí en una hora…
Charles no dudo— por supuesto… —respondió indicándole su dirección y el teléfono de su casa también, mientras el hombre buscaba donde anotar— yo se… que quizás Scott se molestara conmigo porque le haya avisado a usted, y también al decano, pero no lo hice solo por darle seguridad en lo académico, lo hago principalmente porque me preocupo por él y porque quiero justicia… —su voz se torna casi oscura, grave— quiero que se hombre pague por lo que le hizo
Y Ned sonríe con el máximo orgullo— y así será, te lo prometo… —respondió sin titubeos— déjame eso a mí… —exhala más tranquilo— eres un buen muchacho, Charles, y me alegra que seas amigo de mi Scotty y descuida, te aseguro que no le daré chances de enojarse contigo, ya verás…
—Gracias y se lo encargo… —comento algo apenado
—Así será, si estas por la tarde por allá, te aviso como sale todo… —Charles vuelve agradecer y ambos cortan.
Ese deseo de ecuanimidad solo crecía en él, y al escuchar la reacción del tío Ned, comprendió porque se molestaba tanto al relacionar lo sucedió ahora y lo que habia pasado con su hermana, él porque estaba tan sediento de justicia, porque cuando su hermana falleció, se ocultó de la realidad y no quiso saber nada, quedándose sin el sentido de que las cosas habían quedado a la par, pero con Scott si podría lograrlo, la historia no se volvería a repetir, no perdería a Scott como perdió a Raven.
Y cumplido lo prometido, en menos de una hora, el hombre ya estaba llegando a Oxford, a la misma hora en que la Sra. Grant terminaba su pastel y tocaba la puerta del departamento de Charles. Scott, que a duras penas habia logrado levantarse y vestirse, y que tenía una sola idea en la mente cuando lo hizo, fue interrumpida por esta amable mujer; era la descripción hecha persona de lo que todo el mundo soñaba como abuela.
—Insisto —solicitó la mujer, pese a los peros de Scott— Charles me dijo que estabas enfermo, y por lo que veo, es más que obvio que tuviste un accidente… —el joven no quiso refutar su teoría, no valía la pena— y lo dulce siempre sana el alma… —volviendo a acerca el dulce a sus manos
Y Scott no pudo decir que no— está bien, muchas gracias… —recibiéndolo— de verdad
—Un placer, además me encanta ver que Charles por fin está haciendo amigos, rara vez veo gente de su edad cerca de él, siempre esta tan solo y es tan buen chico… —sonrió como toda una abuela orgullosa. Y Scott quiso soltar sus típicos comentarios sarcásticos, pero la honestidad le ganó
—Si, es una gran persona… —mirando con el bizcocho con cierta nostalgia y sumo agradecimiento— ¿Quiere usted también? —indicándole con cortesía
—No, gracias, cariño… pero tengo una cita médica y debo estar allí lo antes posible, además en la tarde vienen los de la administración y debo tener todo listo… —comenzando a caminar— no te lo vayas a comer todo de un solo bocado… y cuídate —bajando las escaleras con calma
Scott cerró la puerta y se encamino a la cocina, podría poner pausa a su plan cinco minutos y comer, además se veía más que delicioso, pero justo cuando colocaba agua para el té y se movía con cierta movilidad reducida, pero también con confianza, como si se trata de ya de su casa, la puerta volvió a ser golpeada y asumió al instante que la mujer habia olvidado algo, así que se encaminó nuevamente hacia ella.
—Sra. Grant… ¿Olvido algo? —pregunto abriendo con rapidez, pero siendo recibido por una presencia sumamente inesperada
—Scotty… —dijo con la voz acongojada— ¿Qué pasó, hijo? —observándolo con lujo de detalles, se veía peor de lo que habia imaginado— te extrañe mucho…
Y eso bastó para romper a Scott en mil pedazos, y prácticamente lanzarse a sus brazos con desespero, para fundirse en el abrazo más necesitado. El hombre no dijo nada, no hacía falta y solo dejo que aquel, que para sus ojos, seguía siendo su pequeño, se sintiera seguro una vez más entre sus caricias y también para jurarse a sí mismo y al propio cielo, que no dejaría que nadie más volviera a lastimarlo de esta manera.
Cuando ya todo se calmó, y él te ya estaba servido, acompañado de aquel delicioso bizcocho, todo lo que sucedió el día de ayer, con lujo de detalles, salió de su boca y tuvo que ser honesto, aquel dulce ayudó mucho a hacer el relato más llevadero. El hombre escuchó en completo silencio, dejó que su pequeño sacara todo el dolor y solo se aseguró de hacerle saber que estaba para él, como llevaba haciéndolo los últimos 18 años, aun cuando ese malparido habia tratado de ser separarlos los últimos cinco años.
Al final, cuando ya todo estuvo dicho, Ned solo lo consoló y conociéndolo, porque sabía cuál sería su siguiente pregunta, le contó el cómo se enteró y llegó hasta allí, y obviamente, Scott no pudo enojarse, al contrario, cada día estaba más agradecido con Charles y le fascinaba la conexión tan única que se estaba dando entre los dos; es como si fuera el hermano que siempre soñó y nunca pudo tener.
Pero cuando su tío cuestiono el por qué si debería estar en reposo, estaba vestido como si nada hubiera pasado, y Scott tuvo que ser honesto y responderle con la verdad; quería volver a su casa, porque a eso no le podía llamar hogar. Y el tío Ned automáticamente dijo que no, se negó rotundamente, y aunque Scott aseguro que no estaba preocupado por su padre y que solo quería ir por sus cosas, por los recuerdos de su madre, que no quería que estos terminaran en la basura, por culpa de uno de los ataques de odio de su progenitor, su tío medianamente se lo acepto, pero aun así no lo autorizó a ir, y Scott no podía refutarle, no cuando lo miraba así.
Y cuando tocaron el tema de la presentación de cargos, Scott se mantuvo firme, aun cuando el hombre busco cualquier forma de convencerlo, la respuesta seguía siendo no, y no porque le preocupara, sino porque no quería más problemas, no quería más dolor, no quería tener nada más que ver con él. Así, llegaron al tema de la casa y Ned dejo claro que haría respetar el testamento, asegurándole que ese hombre no vería ni un solo peso de ese inmueble, los compromisos no habían sido cumplidos y Scott no podía refutar eso tampoco, después de todo, Ned no solo era el albacea del fidecomiso para los estudios de Scott, sino también de los bienes de Kate.
—Igualmente yo no quiero tener nada que ver con esa casa… —aclaro firme Scott— solo quiero recuperar las pocas cosas personales de mi madre que tengo…
—Déjame encargarme de todo, hoy mismo recuperare tus cosas y exigiré el cumplimiento del testamento, preparare la notificación con el abogado y la liquidación de esa casa, tú no te preocupes de nada… —acariciando su mano
Scott tembló asustado— ¿Irás allá? ¿Qué pasa si te hace algo? —sus ojos estaban aún rojos de tanto llorar. Ned rio.
—¿Él? ¿A mí? —comentó entre risas— por favor… ¿Olvidas como lo deje para el funeral de Kate? —Scott negó, claro que se acordaba, habia sido un show en toda la expresión de la palabra— ¿El otro… no estará?
Se negaba a llamarlo hermano de Scott, no lo era, a pesar de que Kate jamás dejó de amarlo, de llamarlo hijo y sobre todo, de buscarlo, luchando años por su custodia, aunque sea compartida, y llegando incluso al final a estar dispuesta de cumplir solo con visitas supervisadas con tal de verlo, pero jamás se lo permitieron, por lo que solo se conformó con verlo a la distancia; a veces se quedaba horas afuera del colegio de Alex solo para observarlo desde lejos.
Esa separación la fue enfermando, llenó su corazón de tristeza y anhelo jamás correspondido, y aun con el amor de Scott, esa herida nunca pudo sanar, mucho menos cuando al descubrir que estaba enferma y buscar una última vez a Alex, este la negó y le reprocho su abandono; el lavado de cerebro de su padre habia dado resultado, y estaba seguro de que eso fue lo que la llevó a la muerte, a una muerte por dolor y sufrimiento.
—No, Alex está de viaje, no vuelve hasta dentro de dos semanas, sino me equivoco… lo cual ha sido un verdadero respiro, no me imagino contra los dos al mismo tiempo… —chasqueo molesto la lengua
Y Ned frunció el ceño ofuscado— pues los hubiera matado a los dos… —y fue ahí que todas las alarmas de Scott se encendieron
—Promete que no le harás nada… —sentenció firme el joven y Ned guardó silencio— ¡Promete que no le harás nada a… Christopher! —sorprendiéndose por llamarlo por su nombre, la verdad nunca lo llamaba ni padre ni ninguno otro apodo, siempre se dirigía a él como: Suboficial. Todo era dirigido en esa casa como si trata de un buque de guerra— no quiero más problemas, por favor y si le haces algo, se desquitará otra vez conmigo o contigo o con la banda y…
Ned acaricio velozmente su rostro para darle calma— hijo, él jamás volverá a ponerte un solo dedo encima, no volverás a verlo, no será parte nunca más de tu vida… yo no lo pienso volver a permitir, es más esto confirma que debiste haberte ido a vivir conmigo en cuanto cumpliste la mayoría de edad, pero insististe que él podía pagar tu operación y que querías hacerlo sufrir un poco más, tus exactas palabras… —Scott bufo molesto, sobre todo consigo mismo, esa broma le habia salido en contra— pero eso no es lo importante ahora… y como te dije, ya no tienes de que preocuparte por nada nunca más…
—Prométemelo, prométeme que no le harás nada… —insistió
Ned exhala sobrepasado— está bien, lo prometo… —respondió a medias. Para finalmente volver a tomar su mano— solo si me prometes que no volverás a tener contacto con ninguno de ellos dos, que no los buscarás más… —subiendo la otra mano para acariciar su mejilla— tu ya tienes una familia y ahora nadie volverá a separarnos… —Scott sonríe con los ojos humedecidos— todos te han extrañado muchísimo y haremos el concierto la próxima semana, el mismo que hacía tu madre cada año para esta fecha y que te has perdido estos últimos cinco años… —agregó con cierto dolor— ya no estarás solo nunca más…
Y Scott exhalo más calmado, pero una verdad afloro— bueno, ya no estoy tan solo… —señalando el departamento— solo mira donde estoy
—Pues sí, que quieres que te diga… ese chico Charles, es muy especial —sonríe orgulloso— y estoy tan feliz de saber que tienes verdaderos amigos… —y un recuerdo fugaz pasa por su mente— y creo que Charles mencionó a una chica también… ¿Quién es? —pregunto con una sonrisa curiosa, y Scott sintio el rubor cubrir su rostro, y más aún fue cuando el teléfono sonó y la contestadora se activó al instante
—Scott, cariño… estaré ahí como en una hora, llevo comida preparada porque no tengo mucho tiempo, pero descuida, ya todo está arreglado… —comentó con dulzura— ¡Y ni se te ocurra pararte de la cama! ¡Pobre de ti que si te encuentro con la ropa de ayer puesta! —ambos hombres se miraron sorprendidos y algo avergonzados— nos vemos… —corta
Ned dibuja la sonrisa más amplia, mientras Scott esconde el mentón en el pecho— bueno, supongo que eso responde mi pregunta… —mirándolo de lado, pero su pequeño no se atreve ni a mirarlo— al menos puedo saber su nombre…
—Jean… Jean Grey… —respondió en un susurro. Parecía un niño recibiendo un regaño y Ned no pudo evitar recordar cuando hacia sus típicas travesuras y el salía en su defensa frente a Kate. Esos fueron sus mejores años.
—De seguro es pelirroja… —comento seguro y Scott elevo la mirada sorprendido— siempre tuviste una debilidad por las pelirrojas, desde muy niño… —eleva la mirada para volver en sus memorias— recuerdo cuando eras pequeño, más de lo que eres ahora… —Scott frunció el ceño ante ese comentario— y cada vez que veíamos Scooby-Doo y salía Daphne, te volvías loco… —Scott volvió a enterrar el mentón en el pecho y el rubor se apodero de todo su rostro— ese mismo color… —soltando una carcajada
Scott inhalo tímidamente— ¿Ya terminaste de humillarme? —Ned volvió a reír— y por eso mismo, no tienes derecho a conocerla… —el hombre abrió la boca y subió las cejas claramente sorprendido— no por ahora…
—¿Ya conociste a su familia? —consultó Ned y Scott se molestó, era increíble la capacidad para leerlo que tenía este hombre
—Si…
—Entonces ella tiene que conocer a la tuya… —argumento con suma lógica— llévala al concierto, a ella y Charles… —y su mirada se mantuvo firme, esa misma a la cual nunca podía decirle que no
—Está bien… —exhalo rendido
—Excelente… —respondió feliz, comenzando a ponerse de pie— pues me voy, no quiero avergonzarte frente a tu chica… y además tengo que ir por tu cosas, avisar al abogado y preparar mi casa…
Ese último comentario confundió a Scott— ¿Por qué?
—¿Cómo que porque? Te iras a vivir conmigo… —Scott abrió la boca para refutar— sin protestas jovencito… —su voz era firme pero cordial— ya te perdí de vista una vez, no volveré a hacerlo… fin de la discusión —Scott tartamudea buscando una excusa más, pero finalmente se rinde— así me gusta… —carraspea— ¿Crees que Charles pueda tenerte aquí hasta el viernes? Y no me salgas con que no quieres molestarlo, además aun debo ir por tus cosas…
—Está bien, hablaré con él… —susurro agotado, jamás podía ganar contra él
—Estupendo —caminando hacia él y ayudándolo a pararse— acuéstate, descansa, deja que ella te mime todo lo que quiera y trátala como siempre te enseñe… iguales en esencia,
—Únicas en su ser… —complemento sonriéndole, para finalmente abrazarlo con demanda— gracias… —estrechándolo fuertemente— no solo por lo que estás haciendo o lo que harás, sino por todo lo que has hecho por mi todos estos años… —su voz se quiebra— eres el único que nunca ha perdido su fe en mi…
—Desde que te vi nacer… —respondió firme entre sus brazos
Scott sonrió orgulloso— eres tan cursi… —soltándolo y secando una lágrima escurridiza
—Tú y tu madre son los que siempre sacan ese lado de mi… —soltándolo y comenzando a caminar hacia la puerta— y diles gracias a tus amigos de mi parte, estoy ansioso de conocerlos…
—Yo también, quiero que conozcas a mi nueva familia… —siguiéndolo con cierta dificultad hasta llegar a la puerta, donde Scott decide tocar un último tema, algo delicado— tío… hay algo más que quisiera pedirte apoyo… —el hombre se puso de pie bajo la puerta y solo lo escucho— es Charles, necesito que lo ayudes… con algo.
Para cuando el mediodía llegó, y una pelirroja ya se encaminaba feliz a almorzar con alguien, otro joven se escapaba lo más rápido al termina de clases, para ir a su rincón secreto, al lugar donde todo comenzó, a su primera lluvia, como tan poéticamente Erik lo habia llamado, quién sabe, quizás en un futuro, Erik podría tener éxito como escritor en otros géneros, incluido el romance.
Y la carta volvió a su mente, si podía soltar frases como esas ¿Qué podría contener esa carta? ¿Se atrevería a preguntar por ella? Pero esas dudas quedaron a medias cuando vio el lugar repleto de gente, al parecer no seguía siendo tan discreto como antes y eso lo apeno, realmente le gustaba este lugar. Se encaminó igualmente al centro de este y sin pensarlo mucho, acarició el árbol, le debía mucho a ese árbol y queriendo hacerle compañía, y viendo que nadie notaba su presencia o quien era, solo se apoyó de pie en su tronco, a esperar.
No tuvieron que pasar muchos minutos más hasta que la voz más hermosa se coló por sus espaldas, oculta en la otra cara del árbol, al parecer el invitado se habia dado cuenta que tenían muchos testigos, así que no podrían conversar con la libertad que deseaban; solo se quedaron ahí, apoyados en su tronco, de espaldas uno al otro, pero sabiendo que estaban ahí y con aquel hermoso árbol como testigo.
—Creo que tendremos que encontrar otro sitio en un futuro… —susurro el hombre por lo bajo, mientras veía a los alumnos caminar y pasar ajenos a lo que sucedía, al pequeño universo que se formaba solo entre los dos.
—Si, pero descuida, siempre tengo facilidad para encontrar espacios escondidos donde ocultarme de la gente… —ríe entre dientes— aunque este lugar siempre será especial… —comentó por lo bajo, sobre todo cuando dos jóvenes pasaron muy cerca de ellos, lo que lo obligó a sacar el libro y fingir leer
—Nuestra primera lluvia… —repitió Erik— de alguna forma, siempre terminamos bajo la lluvia… aunque hoy está bastante soleado, comparado con ayer —agrego tranquilo
—Si… —exhalo Charles— ayer fue muy complicado, muchas cosas pasaron en tan pocas horas…
A Erik le extraño ese comentario— ¿Estas bien?
—Si, descuida… es solo que podría decir que tengo visitas en mi departamento…
—¿Tus padres?
—No —respondió firme, para luego reír más calmado— mis amigos, Scott y Jean… ayer pasaron muchas cosas y uno de ellos terminó herido en mi casa… —Erik quiso voltear para verlo, para cerciorarse que estaba bien, pero Charles fue más veloz— estoy bien, enserio… fue Scott el herido, luego de que su padre casi lo matara… —exhalo rendido
Erik contuvo la siguiente respiración por escasos segundos— ¿Scott? ¿El hermano de Alex? —escucha a Charles asentir— ¿Alex está bien?
—Esta fuera de la ciudad, seguramente sospecho que algo así pasaría y por eso se fue… —el Profesor sintio la culpa recorrer su espalda
—Ahora entiendo porque me insistió tanto en querer a asistir a ese seminario… —la exhalación pendiente por fin sale— me siento mal por él y más aún por Scott… —viendo las alumnos pasar de un lado a otro
—Estará bien, Jean y yo nos estamos encargando de todo…
Erik sonríe con orgullo— me alegra tanto saber que por fin estas conectando con otras personas de manera genuina…
—Bueno, con algunas más que otras… —susurra muy bajo, pero Erik alcanza a oírlo
—Charles… —carraspeo nervioso— no quiero sonar egoísta, pero me gustaría tenerte para mi todo este fin de semana… —el rubor amenaza su rostro y se muere por ver a Charles a los ojos, a esos bellísimos zafiros azulados, pero no puede delatarse, hay muchos testigos y ya están corriendo los suficientes riesgos. Pero el joven no responde nada por casi medio minuto y el miedo lo consume, quizás cruzó la línea y lo asustó— ¿Charles?
—Si… —soltó casi de manera ahogada— por supuesto que quiero… —estaba tratando de calmar a su corazón, porque por poco este se sale de su pecho en cuanto Erik hizo aquella propuesta y sobre todo de la forma en la que la hizo.
Erik soltó una sonrisa efímera, para volver a respirar, le estaba costando en los últimos minutos— excelente y si tus visitas siguen, puedes venir a mi departamento, no hay problema… —comentó entusiasmado
—Está bien, pero buscare la forma de que puedas venir tu al mío, ahora quiero ser yo quien te reciba en su hogar… —dijo con timidez y Erik volvió a sonreír, esta vez fue más larga pero contenida, su sentido común aún luchaba por el control.
—De acuerdo…
Y volvió a él, quería preguntar por la carta, pero el miedo fue mayor que él y además, no era el lugar, por lo que solo volvió a la génesis de su conversación— yo me encargare de todo para dejar listo mi departamento, pero, por favor… no menciones esto a nadie, ni siquiera a la Profesora Emma, tampoco el hecho de que ambos son hermanos… es mejor así
Erik, por supuesto, decide respetar el pacto que hicieron hace solo unos días, no involucrar mucho más a Emma— entiendo, descuida… nadie lo sabrá por mi lado —y Charles sonríe agradecido, aunque algo atribulado, pero su nueva espontaneidad busco darle calma, no era mentir, sino omitir información.
Las campanas de la Iglesia de Santa María, la Virgen, avisando la hora, hicieron que sus cabezas voltearan hacia el sonido— nunca es suficiente el tiempo… —sabiendo que si no almorzaba ahora, estaría atrasado para la siguiente clase
—Debo ir a clases… —soltó algo apenado— tengo que remplazar a Sebastián por estos días, quien está de hecho, reemplazando a Ororo… —aclaró de manera irónica— te veré mañana en la tarde para la… salida —con cierta vergüenza en su voz
—De acuerdo, después del trabajo… —agregó el joven— tratare de llamarte hoy, porque…
Erik rio por lo bajo— está bien, los mensajes en la contestadora son peligrosos, entendido… —alejándose del árbol— nos vemos… —comenzando a caminar
—Vicino a te… —susurro saliendo detrás del árbol para verlo irse
Erik no volteo, pero lo repitió con delicadeza— vicino a te… —para finalmente desaparecer entre los pasillos
Charles solo se quedó ahí, apoyado en el árbol, mirándolo irse, tenía tantas ganas de tantas cosas, que no lograba enumerarlas, abrazarlo, contarle sobre sus días, sus miedos, sus sueños, sus anhelos, besarlo y… quizás algo más. Cuando los minutos pasaron y ya no lo vio, un sentimiento extraño se apodero de él y sin siquiera razonarlo mucho, decidió seguirlo, a una distancia prudente, por supuesto.
Y cuando lo vio compartiendo con sus alumnos e invitándolos a entrar a la clase, la curiosidad también se apoderó de él, y sin nuevamente considerar las implicancias o consecuencias, entro por la puerta trasera de la aula magna, era lo suficientemente grande para albergar a unos 250 alumnos y habia fácilmente alrededor de 200 ya dentro, al parecer Erik habia unido su clase con la de Profesor Shaw para facilitar recursos y tiempo y Charles se sintio desbordado por las emociones ¿Esto era ser un Profesor de Universidad? Siempre tenía la perspectiva de alumno, pero ahora lo veía a través de los ojos de Erik, la reacción fue diferente.
Los últimos alumnos tomaron posición rápido, estaban ansiosos, al parecer el Profesor era muy estimado y vio a más de una suspirar y mirarlo fijamente, acción que no supo muy bien como procesar, por lo que solo se dedicó a encontrar el pupitre más oculto y alejado, no tanto para no llamar la atención y se quedó ahí, para prestar atención a la clase del Profesor Erik Lehnsherr.
Debía admitirlo, se movía en ese lugar como un actor, haciendo suyo el escenario, demostrando confianza, seguridad, infinito conocimiento, manejo técnico y sobre todo, un carisma innato, ya más de una carcajada le habia sacado a sus alumnos, quienes hacían preguntas por doquier, claramente eran muy pocos los que estaban ahí solo por cumplir, porque era un absoluto deleite escuchar a Erik hablar. Y a pesar de que no era su campo de estudio, la manera en lo que presentaba, lo hacía de fácil comprensión; su madre tenía razón.
El profesor hace a la materia.
Para cuando los primeros minutos ya habían pasado y todos estaban inmersos en el estudio de la gravedad y el tiempo, Charles habia perdido la noción de este último, estaba demasiado inmerso en todo, en la física, en fuerzas de las masas, en la atracción de los cuerpos. Y cuando Erik volteo nuevamente hacia la clase, el joven quedo prendado de su siguiente lección.
—Bien, como ya hemos estudiado, la gravedad es una de las fuerzas fundamentales del universo. Es una fuerza que actúa entre cualquier par de cuerpos con masa, y su intensidad depende de dos factores: la masa de los objetos y la distancia entre ellos. Mientras más masivos los cuerpos y más cercanos estén, mayor será la fuerza gravitacional que los atrae. Este fenómeno es el que mantiene a los planetas en órbita alrededor de las estrellas…
Charles pudo notarlo, los ojos de Erik brillaban con suma intensidad, después de todo, su campo de conocimiento se estaba mezclando con su mayor pasión, la astronomía, pero cuando Erik hizo una pausa, para escuchar una pregunta y responderla con calma, sus ojos lograron encontrar al intruso dentro de su aula y por segundos, todos los cuerpos del universo dejaron de moverse.
El joven sintio pavor, Erik lo estaba viendo, sabía que estaba presente ¿Qué debía hacer? ¿Huir? ¿Sería muy notorio? ¿Fingir hacer una pregunta? ¿Alguien lo reconocería? Estaba al borde del colapso nervioso, pero por suerte, otro alumno menos atento pregunto algo y Erik pudo volver en sí, salvando la situación. Charles lo supo, su maldita espontaneidad, bañada esta vez en mera curiosidad, casi lo arruina todo.
Decidió que era mejor irse, salir ahora que todos escuchaban la intervención de otro alumno y esperaban la respuesta de Erik, pero algunos estudiantes atrasados, llegando cerca de él, lo hicieron dudar, sería muy obvio ponerse de pie justo ahora y no tuvo más remedio que esperar, podía aguantar la vergüenza unos minutos más, por lo que decidió volver al papel del principio, fingir ser un alumno muy interesado en el tema. Y cuando las preguntas cesaron, inconscientemente, Erik volvió la vista a Charles y noto que seguía ahí, habia decidido no irse, cosa que lo extraño, conociéndolo, pensó que ya habría huido, pero se mantuvo firme. Y el hombre, ahora algo curioso, decidió probar una nueva táctica.
—Siguiendo con la pregunta hecha aquí por la alumno… —indicando a la joven en la segunda fila— un ejemplo claro de esto lo encontramos en los sistemas binarios de estrellas… —se voltea a la pizarra y escribe algo, lo que causa risas en sus alumnos: Star Wars. Charles siente el estómago revolotear— ¿Alguien la ha visto? —muchos responde que sí entre risas— bueno, en la primera película se nos presenta un sistema binario de estrellas… los dos soles que alumbran el hermoso atardecer de Tatooine frente a Luke… —su mirada se pierde brevemente hacia Charles y este oculta la propia— dejando de lado el excesivo uso de bloqueador solar y la posible radiación… —más risas se escuchan— en estos sistemas, dos estrellas giran alrededor de un centro de masa común, sin que ninguna pueda escapar de la influencia gravitacional de la otra…
Charles lo siente, Erik lo estaba mirando fijamente y el rubor esta oculto bajo la penumbra de la sala— es una danza precisa, si queremos darle un nombre más poético… —continúa Erik sonriente, para finalmente volver la vista a sus alumnos— donde ambas estrellas siguen una órbita mutuamente definida. Aunque sus trayectorias puedan ser diferentes, la atracción que sienten una por la otra las mantiene unidas, generando una interacción constante, de la que depende su estabilidad y existencia… —la vista vuelve a él y el joven ya no está en este mundo, es una estrella flotando a millones de años luz de distancia.
Un alumno hace un comentario, pero Charles no logra escucharlo, solo reacciona ante las risas de los demás y Erik decide proseguir— bueno, en ciertos casos más extremos, como en las supernovas, dos estrellas pueden colisionar, fusionándose en un evento cataclísmico que libera una cantidad masiva de energía. Esta fusión no solo cambia las estrellas involucradas, sino que crea un nuevo cuerpo celeste mucho más brillante y poderoso. A veces, la atracción gravitacional es tan intensa que ni la luz puede escapar, creando lo que conocemos como un agujero negro…
El Profesor hace una pausa más larga, con una ligera sonrisa, observando a los estudiantes, pero con una mirada profunda que va y bien hacia Charles. Luego, su tono se suaviza mientras continúa con una reflexión— lo que quiero hacerles entender con esto, es que, en el universo, aunque existan fuerzas externas que intenten separar a estos cuerpos, el destino de las estrellas no puede ser detenido. Las leyes físicas que gobiernan la gravedad no pueden ser alteradas y el universo tiene su propio orden, la naturaleza no puede ser corregida… —un silencio se hace presente, todo el mundo está prestando atención— el hombre, o mejor dicho, la humanidad a dado pasos agigantados en exploración espacial y conocimiento de las leyes del universo, pero aún nos falta mucho y no podemos censurar, ignorar o negar su origen e importancia… puede que algunos intenten cambiar la trayectoria de esas estrellas en un futuro, o que como en se muestra en la película, logremos superar la barrera de la luz y viajar a límites insospechados, pero al final, las fuerzas cósmicas siempre prevalecerán… en el fondo, las estrellas están destinadas a unirse, y el universo, en su infinita sabiduría, ya lo sabe.
Alguien hace un comentario, pero nuevamente Charles no lo capta, sigue fijo mirando a Erik, quien voltea hacia su alumno, para dar la respuesta— correcto, justamente fue eso lo que nos llevó a cuestionarnos todo lo que creíamos y a desafiar lo que otros nos decían del universo, la supuesta y única verdad absoluta que trataban de imponer… —con un tono más suave, casi como si estuviera hablando consigo mismo, pero en voz lo suficientemente clara para que todos lo escuchen, pero solo unos pocos lo comprendan— así como las estrellas pueden parecer distantes y las fuerzas externas pueden intentar separarlas, el universo no hace distinciones. Cuando la gravedad es lo suficientemente fuerte, nada puede impedir que se junten, y lo que está destinado a suceder, sucederá… —Erik voltea y mira fijamente a Charles, sin importarle el resto el universo a su alrededor, porque está viendo el propio justo frente a él— no importa lo que intente el hombre, no importa las trayectorias que tomen las estrellas, ni las barreras que intenten asignar. Al final, todo lo que es genuino y verdadero encontrará su lugar, porque el universo tiene una manera de hacer que las cosas sucedan, aunque no siempre lo entendamos y/o logremos aceptar… —concluye orgulloso, separando solo hasta el final su mirada de la de Charles, para volverla a sus alumnos, que lo observan más que extasiados, claramente esta habia sido su mejor clase.
Chapter 30: 29
Chapter Text
Dioses
Ya entrada la tarde, Charles asistió a sus clases normales, aunque tuvo que comer algo ligero, porque debido a su pequeña aventura cósmica de la mañana, se perdió la hora del almuerzo y también se sintio un poco solo, ya estaba tan acostumbrado a la presencia constante de Scott a su lado, que notaba mucho cuando no estaba cerca, pero algo le hacía sentir que cuando volviera a casa, estaría de mucho mejor humor.
Una vez terminada la clase y con un clima que se mostraba benevolente, comparado con el del día anterior, Charles decidió caminar hasta Covered Market y cumplir la misión encomendada por Jean en la mañana, buscar la flor Athelas para salvar a Frodo de la herida mortal del Nazgul. Y la verdad, no fue tan sencillo como pensó, no al menos hasta que encontró a la florista de la que Jean le hablo y la cual fue extremadamente amable y que no solo preparó las plantas para la infusión, sino que también le mando manzanilla de regalo, al parecer era la favorita de la joven.
Y al ver todas esas flores, recordó algo crucial de una conversación hace algunos meses atrás, y comenzó a buscarlos entre las estanterías, solo que al hallarlos, no eran del color esperado.
—¿Disculpe? No tendrá, por casualidad, jacintos magentas, o rosados… —pregunto esperanzado
La mujer volteó a revisar, para luego pasar a la trastienda y demorar unos minutos— no, disculpa… —dijo con pesar, pero elevo una ceja esperanzada— ¿Pero los quieres para hoy? ¿Son para Jean o su tía? Porque puedo mandarlos a pedir hoy y llegarían mañana en la tarde, eso sí, tendrías que venir a buscarlos si o si, o tendré que venderlos o terminaran solitarios el fin de semana, porque no abriré este sábado… mucho frío para mis huesos —comentó entre risas apenadas
El semblante del joven se iluminó— claro, de hecho es perfecto, así me da tiempo de arreglar todo… —los vendría a buscar después del trabajo y antes de reunirse con Erik, sería un hermoso detalle y además… habia un viejo relato griego que calzaba en esta historia
—Excelente, los pediré ya mismo y mañana me pagas, no te preocupes… —terminando de guardar las flores— eso sí, te aviso que el color favorito de Jean es el verde, no el rosado… así que no se si le gustaran —guiñándole un ojo
Charles sonrió y el rubor quemó su rostro— gracias por la información, pero son para otra… persona —riendo incómodo. La mujer soltó una risa corta y sonora
—Mil perdones, eso me pasa por entrometida… —pasándole las flores— bueno, mándale mis saludos a Jean y a su tía… y nos vemos mañana
—Gracias —respondió Charles comenzando a marcharse.
El camino a casa fue distinto, por primera vez en mucho tiempo sentía que volvía a un lugar donde alguien lo esperaba, donde quizás la cena ya estuviera lista, donde preguntas sobre su día estarían presentes, un lugar al cual llamar hogar. En cuanto el taxi se estaciono y Charles pago, bajo con una sonrisa amplia y una sensación de tranquilidad, se sentía muy feliz, tanto, que incluso cuando se cruzó con los de la administración y estos preguntaron algunas cosas de rutina, y también por qué una mujer abrió la puerta de su departamento, Charles no se preocupó y respondió con toda la calma del mundo, y el administrador asumió que quizás en un futuro tendría una nueva inquilina viviendo en el departamento. Charles volvió a reír mientras subía las escaleras, parece que se estaba volviendo una costumbre que la gente malinterpretara que Jean era su novia.
Y al ingresar por la puerta, la felicidad solo incremento, Jean ya tenía la mesa puesta y Scott luchaba por cortar el pan, las manos aún le dolían— vaya, eso huele muy bien… —dejando el bolso y el abrigo en el perchero
—Hola, bienvenido… —respondió Jean colocando la lasaña sobre la mesa— llegas justo a tiempo…
—Solo falta el pan, pero Jean decidió comprar el más añejo de la ciudad —comentó con ironía, volviendo a tratar de cortar
—Te dije que yo podría hacerlo, pero insististe… —caminando de vuelta a la cocina
—Deja, yo lo haré… —indicó Charles deteniéndolo— pero primero… —volviendo hacia Jean— las flores que me pediste… —dejándolas sobre el mesón
—Excelente, ya tengo el agua lista… —comenzando a abrir el paquete— también me envió manzanilla, que considerada, siempre lo hace… sabe que me ayuda a dormir —oliéndolas— gracias, Charles, lo dejaré haciendo y mientras podemos comer… —estaba de un humor increíble y eso alegró al joven, le encantaba verla así
Se encaminó hacia el baño para lavar sus manos y vio a Scott probando un bocado de la comida— ¡Oye! —grito veloz sin detenerse hacia su destino— ¡No seas un glotón y espéranos! —lavando sus manos con cierta urgencia
—No es mi culpa que se muevan como señoras… —logrando cortar una rebanada— hablando de señoras, la Sra. Grant me hizo un pastel hoy, exquisito a decir verdad… —sonriendo ampliamente, volviendo a sacar un pedazo pequeño de la lasaña
—La Sra. Grant es encantadora, a veces tomo el té con ella, incluso preparamos dulces juntos… —aclaró Charles llegando a la mesa y comenzando a cortar el pan— deja, lo haces fatal…
Scott frunció el ceño molesto— pues perdón por estar herido… —bufo— y para tu información mis dulces siguen siendo mejores —calla al instante, habia rebelado una de sus grandes pasiones. Jean sonrió e incluso soltó una risa curiosa
—¿Te gusta cocinar? —preguntó esperanzada con sus hermosos ojos verdes brillando y Scott no pudo mentirle
—Solo la repostería… —respondió fingiendo no ser la gran cosa— mi madre amaba hacer dulces, al parecer mis abuelos tenían una panadería cuando era pequeña y así aprendió, nos gustaba mucho hacer dulces, galletas y pasteles cuando era pequeño… —dijo con nostalgia y sus amigos solo lo observaron felices— así que era un niño algo gordo… —chasqueando la lengua. Aunque el recuerdo era bueno, las inseguridades que lo acompañaron al crecer afloraron por ahí.
—Pues es oficial… —indicó Jean sentándose— en la siguiente cena, tú preparas el postre… —y Scott solo asintió, podía perfectamente refutar, pero le gustaba la idea de que esto se repitiera y también tenía mucha hambre, solo quería comer.
—¿Y al menos dejaste algo del bizcocho de la Sra. Grant para nosotros? —consultó terminando de cortar el pan, para finalmente sentarse
Scott rio entre dientes— lo siento, yo no comparto y el regalo fue solo para mi… —comiendo un pedazo de pan con urgencia, el hambre ya era mucha.
Eso les hizo soltar una carcajada a los dos amigos, una que al final fue acompañada por Scott, era claro que siempre tenía respuesta para todo, pero no les molesto, se merecía todas las atenciones y mimos del mundo, y cuando ya se hubieron calmado y la comida ya estaba servida, el joven Summers decidió comenzar a hacer la preguntas y/o avisos de rigor.
—Pues… como creo que sabes —mirando a Charles— el tío Ned estuvo hoy aquí… —Charles lo miró con una sonrisa contenida— descuida, no estoy molesto… traidor —aclaró mientras comía ya con más calma— y bueno, estuvimos hablando mucho, ya sabe todo y eso me tiene más tranquilo… —suspira con pausa— y ya está decidido, aunque mi opinión no allá sido muy considerada que digamos —riendo entre dientes—, pero acordamos que me iré a vivir con él, al menos por un tiempo, hasta que logre independizarme… y con la clara promesa de que no buscaré a… ese hombre nunca más —eso último se sintió como un saco de cemento cayendo de su espalda, era liberador.
Jean ya lo sabía todo, desde quien era el tío Ned y de todo lo que conversaron previamente a su llegada, habían tenido tiempo en el almuerzo para ponerse al corriente, y además eso habia calmado las emociones y reacciones en ambos, Jean se sentía más segura, que podía confiar en él y que él confiaba en ella, que comenzaba a conocer aspectos de su vida que eran más difíciles, que podían ser ellos mismos frente al otro, y Scott por su parte, podía sentirse querido, valorado, que alguien estaba dispuesto a escuchar su historia. Pero aun habia un detalle, ya que en todo momento el joven solo hablo de su “padre”; Alex jamás estuvo presente dentro de su conversación y Jean seguía sin saber de su existencia.
Charles estaba más calmo, saber todo esto quitaba una preocupación de su corazón y confirmaba que habia hecho lo correcto y que claramente, como bien habia descrito Scott tiempo atrás, el hombre era una muy buena persona.
Scott siguió con su discurso— así que este fin de semana me estaré mudando con él y por eso… —mirando a su amigo con cierta vergüenza— ¿Será que puedo quedarme una noche más? Me iré a primera hora y ni siquiera lo notaras y… —Charles coloca su mano sobre el antebrazo de su amigo, que se movía erráticamente.
—Puedes quedarte todo el tiempo que quieras, descuida… —sonriéndole con suma amabilidad— no me molesta para nada tener aquí, a ninguno de los dos… —mirando a Jean— de hecho, hace mucho que este departamento no tenía tanta luz y calor hogareño, no desde que mi hermana falleció… —exhalando por la nariz
—Pues yo encantada de repetir esto más seguido y ya que te quedaras un día más, yo también lo haré… —aclaró firme, y antes de que cualquiera de los dos refutara, la mujer respondió con claros argumentos— ya fui a mi casa, le explique lo que sucedía a mis tíos y saben que me quedare aquí con ustedes, no tienen problema con eso… —voltea hacia el sofá— incluso traje un cambio de ropa y las cosas para las clases de mañana…
Ambos amigos se miraron sumamente sorprendidos, pero Scott atacó primero— bueno, pues ya se armó la pijamada… no tengo una desde que tenía como diez años —aclaró riendo por la nariz
—Pues esta la primera para mí, o la segunda si considero la de ayer como la primera… —indico el Xavier apenado. Tampoco podía considerar sus “visitas” al departamento de Erik como una pijamada, porque el contexto era completamente diferente.
Jean lo miro con cierto pesar, pero consideración— pues en ese caso, supongo que también es la primera para mí también…
—¿De verdad? —Scott no podía creerlo
—Si, como dije… no tuve muchos amigos en la infancia, aunque… ¿Un cuarto compartido con otros cinco niños en un Orfanato se considera como una pijamada? —pregunto algo esperanzada. Y nuevamente los amigos se miraron con complicidad, sin querer, eso habia sonado incluso más triste de lo que Jean habia planeado— perdón… —dijo al darse cuenta de sus reacciones
—No, descuida… —respondió veloz Charles— es claro que todos fuimos niños algo aislados cuando pequeños, quizás por eso terminamos siendo amigos… —sonriéndole con dulzura
—Que cursi… —agregó Scott— yo no… yo fui muy popular cuando pequeño —mintió con total honestidad y Jean elevo una ceja intrigada— hacia pijamadas con los amigos de mi madre y pasaba de viaje en giras y conciertos…
—Bueno, eso sí que suena interesante… —confeso Jean
—Y esto les sonara aún más… —prosiguió Scott— cada año, para estas fechas, luego que todas las giras terminaban, mi madre y su banda hacían su concierto de cierre, aquí en Oxford, todos los de la banda son de aquí y era la mejor forma de cerrar el año… —la nostalgia tiñe su rostro— lo hacían cada año, sin falta y no pararon de hacerlo cuando mi madre falleció, aunque mi… progenitor jamás me dejo volver a ir —exhala— este año no pienso volver a perdérmelo, por eso voy a ir y quiero que ustedes vayan conmigo…
La sorpresa se mostró en sus rostros y por escasos segundos no supieron que decir, no querían ser impertinentes— pero… eso es algo privado tuyo, no queremos quitártelo, menos cuando ha pasado un tiempo desde que no has podido verlo y…
—Por eso mismo quiero que vayan… ustedes en este momento son las personas más importantes en mi vida —eso lo dijo sin ninguna gota de duda en su voz y en sus ojos, Scott esta vez no estaba bromeando— quiero que sean parte de una mis tradiciones familiares, de las pocas que me quedan… —mira a Jean— dijiste que querías conocer a mi familia… —toma su mano y la joven siente el rubor subir por sus mejillas— déjame presentarte a mi verdadera familia, a los que realmente importan… —vuelve a mirar a Charles— y quiero que ellos conozcan a los que ahora considero mi nueva familia…
Charles lo sintio, el nudo en la garganta formándose, jamás nunca nadie ajeno a su círculo cercano familiar, lo habia considerado así, realmente se sentía tan acompañado después de tantos años soñando y añorando un momento así, el poder pertenecer a algo; una manada, un grupo, una guarnición, una comunidad, un Clan.
Hace años, su familia habia sido separada de los eventos y decisiones importantes del Clan Xavier, y aunque eran considerados en los eventos más significativos, siempre era con un perfil muy bajo, y su abuelo no tenía intención de volver a pertenecer activamente al Clan, tenía todo el derecho, porque las rencillas eran muy grandes. Ahora, quizás, Charles si podría ser parte de un Clan.
Por su parte, la joven sonrió ampliamente, Scott la sorprendida cada día y eso la fascinaba aún más— pues cuenta conmigo, no soy mucho de ambientes de fiesta, pero por ti lo haré… —sin soltar su mano. Charles suspiró, ese tipo de contexto tampoco eran lo suyo, pero ya se habia rendido en el pasado.
—Está bien, tampoco soy de ese tipo de ambientes, pero lo intentaré…
—¡Perfecto! —celebró Scott— ¡Próximo miércoles a las diez de la noche! Les confirmo el lugar…
—¿Y cómo se llama el grupo? —preguntó Jean terminando de comer
—Shiny People… —contesto sumamente orgulloso— “All Colors, One Groove”
Pasadas las horas, el remedio de Jean para Scott ya estaba listo y sirvió de maravilla, lo hizo quedarse dormido más rápido que niño después de su día en el parque y claramente, la lectura de los siguientes capítulos del Hobbit, ayudaron aún más, aunque también estaba el hecho, que por primera vez, se sentía seguro de dormir en un lugar, no volvería a ser despertado por gritos y golpes; estaba a salvo.
Charles termino de lavar los platos, mientras Jean revisaba más cosas sobre su tesis y parecía por fin abrazar la concentración, pero el joven no podía callar, su honestidad siempre salía a la luz— Jean… —viéndola subir la mirada hacia él— solo quiero agradecerte por todo lo de hoy, por todo lo que estás haciendo por Scott, por la cena y demás…
La joven lo mira con sorpresa— creo que soy yo la que debería agradecer, y es más, debería agregar que estoy sumamente sorprendida y orgullosa de ti, quizás en un comienzo te prejuzgue, incluso subestime, y te pido disculpas por ello, pero me has demostrado una lealtad y devoción a un amigo, pocas veces vista… —Charles sonríe con efusividad, y no puede evitar que su pecho se infle de gozo— creo que solo he visto ese tipo de entrega en libros, casi como si fueras un Sam que cuida a su Frodo… —guiñándole el ojo y Charles sonríe aún más ampliamente— no le digas a Scott que dije eso, jamás…
Charles asintió, claramente su amiga también era una nerd como ellos, pero jamás lo admitiría, al menos no por ahora— descuida, no lo sabrá de mí… —riendo por lo bajo— pero supongo que ahora tengo algo con que extorsionarte en el futuro… —pasando a su lado
Jean fingió ofensa— ¿Quieres sacar cosas en cara? —pregunto encarnando una ceja— porque yo también sé algunas cosas… —el joven sonrió y dudo unos segundos, pero dejo que la honestidad lo dominara
—Pues no sé qué tanto manejes, y Scott ya lo sabe… —terminó confesando algo apenado, para finalmente sentarse frente a ella
La ceja de la joven se mantuvo elevada— ¿Sabe que eres…? —temiendo decir la palabra, y aunque podría haberlo ofendido, en el fondo, Charles se sintio relajado, no era el único al que le generaba incomodidad aquella “expresión”.
El joven exhaló— a veces ni siquiera yo sé sí lo soy… —sobándose las manos y Jean lo noto, esto lo afectaba notoriamente, era un tema sumamente delicado, por lo que dejo todo lo que estaba haciendo y se sentó a su lado, acción que desconcertó un poco a Charles, pero lo hizo sentir seguro, como si estuviera entrando a un espacio de confort.
—¿Nunca te lo cuestionaste antes? ¿Qué hay de tus parejas anteriores? ¿La mucama? —tratando de hacerlo reír, no era tan efectiva como Scott, pero al menos logró dibujar una sonrisa en su rostro
—Nunca he tenido una pareja, nunca antes me habia atraído nadie, nunca antes habia… besado alguien —soltando eso último como un tenue susurro y Jean comenzó a atar hilos, aunque no quería apresurarse, su especialidad era la historia, no la psicología. Jean exhalo.
—Entonces es tu primera vez… en todo —agrego y él se limitó a asentir, dejando un silencio algo tenso por largos segundos— pues vaya forma de empezar… —soltó sin pensarlo mucho y se arrepintió al instante— perdón…
—No, descuida… —respondió el chasqueando la lengua— también me cuestiono eso… ¿Por qué tendría que tornarse tan difícil? ¿Por qué no puedo ser como los demás? Solo fijarme en alguien del diferente sexo y querer estar juntos y ya… —exhala rendido, ni él mismo habia comprendido sus palabras.
—Pues tampoco es que sea tan fácil fijarse en alguien y estar juntos y ya… sino míranos a Scott y a mi —indico algo dubitativa—, la única diferencia es que lo nuestro no es condenado por una sociedad retrógrada, aunque ni tanto, porque quizás muchas personas dirían que alguien como Scott no debería estar conmigo o viceversa… —le sonríe con calma— si algo nos ha enseñado la historia de la evolución en sociedad de la humanidad, es que todo ha sido criticado en el momento de su descubrimiento, y que lo que algunos consideran su verdad, será la imposición que seguirá el resto, pero eso no significa que tenga que perpetuarse por los siglos y milenios… sino, ni siquiera yo podría estar aquí sola con ustedes, o estudiando a su lado, o siquiera sabiendo leer o escribir… —concluyó orgullosa
La exhalación ahora emergió con mayor sonoridad— lo sé, y eso debería darme calma, pero no es tan fácil cuando te sucede a ti y cuando…
—Eres quién eres, y más con los padres que tienes, lo se… —aclaró y el joven la miró sorprendido— Scott ya me lo contó y descuida, no fue por querer vender tu historia al mejor postor… —haciéndolo reír— ni te imaginas lo mucho que habla de ti, lo mucho que te admira y cuánto desea que dejes de ser una marioneta más de tus padres y tu círculo social… —Charles se quedó estático, e inconscientemente miró hacia la habitación, Scott en verdad era muy especial— supongo que jamás te lo dijo… —cuestionó la joven y su amigo negó— nunca deja de sorprender…
—Vaya que si… —indico volviendo la vista a ella— pero creo que al final es lo que terminamos haciendo siempre, el uno por el otro, tratando de enseñarnos lecciones de vida que no aplicamos en las propias… —ambos en el fondo siempre buscaban sacar al otro de las jaulas que los aprisionaban y eso lo hizo sentir tan feliz, alguien estaba dispuesto a luchar sus peleas con él. Cargarlo hasta el final.
Jean lo miro unos segundos más, para finalmente hacer una pregunta más— ¿Alguien más lo sabe? —y Charles no pudo mentir
—Aparte de Scott, y ahora tu… —soltando una risa por la nariz— y él… por supuesto —ahora la sonrisa se volvió tímida—, y la Profesora Frost… —murmurando nuevamente
Eso sí que la sorprendió— vaya, eso sí que no me lo esperaba… —y al volver a repasar la voz que escucho en la contestadora en su mente, una idea cruzó por su memoria, pero la rechazó al instante, era imposible, y además aquel Profesor ni siquiera era de su facultad. Pero aquel racionamiento la llevo a otra pregunta— ¿Es mayor que tú? —consultó. Charles inhalo con suma fuerza y asintió mecánicamente— ¿Es un Profesor? —el joven ahora agacho la cabeza, pero finalmente volvió a asentir— cielos… —ahora fue ella la que exhalo de manera pesada, pero debía cerciorarse de algo antes— ¿Te está forzando a algo que no quieres? —preguntó con la toda la preocupación, pero consideración en sus palabras
—¡No! —sentenció firme y seguro— ¡Jamás! ¡Él nunca sería capaz siquiera de pensar en hacerlo! ¡Conmigo o con nadie! ¡Él es…! —tratando de encontrar todos los adjetivos más sobresalientes del vocabulario español
—Charles, Charles… —repitió buscando darle calma, mientras tomaba su mano— está bien, está bien, te creo… —acariciando su brazo— si tú dices que es así, yo te creo, y perdón si te ofendí, pero debía estar segura… —exhala algo nerviosa— aunque en esta Universidad no pasa tan seguido, al menos dentro de lo que se sabe, estos casos se dan y es necesario estar alerta… —mirándolo fijamente
La tranquilidad quiso volver, pero aún estaba muy nervioso, estaba hablando muy abiertamente de todo esto, pero no se sentía juzgado, solo quizás algo expuesto— gracias… —traga en seco, mientras su rodilla izquierda se mueve con inquietud— no puedo decirte mucho más, aún es muy complicado de explicar, pero solo quiero asegurarte de que estoy bien y que nada malo ha sucedido… —tratando de relajarse, pero su sentido común seguía alerta y a la defensiva
—¿Es de nuestra facultad? Porque si es así, las cosas se complicarían mucho… —indagó, dejando claro que no preguntaría más allá de eso, y cuando la respuesta de su amigo fue negativa, algo parecido a la serenidad la envolvió, estaban a salvo, por ahora— bueno, eso lo hace menos… —buscando la palabra
—¿Grave? —sugirió Charles algo irritado
—Complicado, iba a decir complicado… —como si eso le quitara seriedad al asunto. Pudo haber formulado mejor la oración, pero esto también la estaba sobrepasando y quería seguir siendo una buena amiga, quería hacerle entender que no lo juzgaría en ningún momento.
Charles volvió a chasquear la lengua. Complicado. Comenzaba a odiar esa palabra, todo el mundo la usaba como excusa, sus padres respecto a Raven, Scott respecto a su padre y Alex, la Profesora Frost respecto al tal Profesor Shaw, y Erik respecto a sus problemas personales. Una parte de él quería alejarse de todo esto, pero era esa misma parte que buscaba erradicar de él, aquella que lo habia transformado en un cobarde que no estaba presente en los momentos importantes, cuando aquellos que más quería lo necesitaban; eso era algo que estaba decidido a cambiar.
Pero habia otro asunto, es como si usar esa palabra fuera el salvoconducto para no hablar de algo que si era más “complicado”, como si estuvieras evitando hablar, expresar, comunicar, esperando que aquello que te incomodara solo se desvaneciera de manera fácil y sencilla, pero lo único que provocaba en Charles era una sensación de ahogo y sosiego, como si hubiera demasiado que decir, pero nadie dispuesto a escuchar, a debatir, a hablar de frente y claro. Quería respuestas ¿Por qué su hermana estaba muerta? ¿Por qué lo habia dejado solo? ¿Por qué sus padres lo trataban así? ¿Por qué Scott se estaba mintiendo a si mismo? ¿Por qué Emma no escuchaba más a su sentido común y menos a su corazón? ¿Por qué Erik no confiaba en él? ¿Por qué era homosexual? ¿Por qué precisamente él?
—Charles… —la joven busco su mirada, sabía que su amigo estaba perdido en su mente— no tengo las palabras perfectas para darte, mucho menos las respuestas… quizás incluso te moleste lo que te diré, pero estoy descubriendo esto contigo también, lo siento… —dijo con cierto pesar— yo no crecí con un ambiente tan abierto hacia este tema… —buscando las palabras más suaves, no quería herirlo o que las cosas se malinterpretaran— y no porque mis tíos me hallando criado de manera más “conservadora” si quieres llamarlo de cierta forma, desde pequeña se mejor que nadie lo que es el amor en todos sus tipos… —y eso dibujo una sonrisa algo tímida en Charles, lo que hizo a Jean relajar el agarre en su mano— sino fue más bien porque entenderás que con mi historial, no habia tiempo ni lugar para este tipo de conversaciones… habia temas más delicados a tratar —elevando las cejas y mirándolo con una pena algo avergonzada
Y el Xavier negó veloz tomando su mano— descuida… sé que no es fácil, para nadie lo es
—Lo único que quiero decirte es que si quieres seguir con esto y descubrir lo que eres, lo que sientes, lo iré haciendo a tu lado, dispuesta a aprender y como dije, jamás te juzgare… solo dame tiempo para entender… —riendo entre bufidos, que su amigo compartió
—Supongo que lo haremos juntos, entonces… —aclaro, esa oración sonaba muy parecida a una promesa que le habia hecho a alguien maravilloso hace algunos meses atrás.
Jean sonrió ampliamente— ¿Eres feliz? —preguntó con dulzura y mayor calma
—Lo soy… —respondió sin dudas
—Pues es lo que único que necesito saber… —aclaró segura, pero luego arrugó las cejas— claro que si te hace daño… ¡Seré la primera en tomar la justicia por mano propia! —sonriendo orgullo
Charles rio por lo bajo— sé que lo harás… —sin soltar su mano— y lo mismo digo yo…
—¿A si? —consultó— ¿Golpearías a Scott si me hiciera daño?
—No sé si golpear, no creo en la violencia… —recordando nuevamente lo que le dijo Scott— pero si te defendería, aunque si tú le hicieras daño a él, también saldría en su defensa…
Jean estiro los labios— entendido, se cómo te puedes poner cuando sales en defensa de Scott… —riendo mientras le recordaba su visita de hoy al Decano y lo que conversaron la noche anterior. Charles exhalo.
—Igualmente dudo que Scott pueda siquiera llegue a considerar la idea de lastimarte, le gustas demasiado… —soltó con total calma y la joven volvió a sonrojarse, cosa que hizo reír a su amigo
Pero un recuerdo algo oscuro cruzó por su mente— bueno, nunca podría hacerme peor que el anterior… —expresó con pesar, y Charles la miro confundida— olvídalo… —dándose cuenta de que habia hablado demás.
—¿De qué hablas? —indago. La joven tembló e inconscientemente se alejó unos centímetros de él— Jean… puedes decírmelo, lo veo en tus ojos… —sujetando su rostro con delicadeza— sé que quieres sacarlo, no lo guardes, se mejor que nadie lo mal que puede acabar eso… —se acerca a ella y la abraza sobre el hombro
—Solo… —tose incomoda— no le digas a Scott, no por ahora… luego encontraré el momento para hacerlo —Charles asintió, pero lo resintió igualmente, otra mentira más— no se ni cómo te puedo darte consejos en relaciones, porque la única que he tenido, a resultado en un completo fiasco… —traga en seco y endereza la espalda con rapidez— hace poco más de un año, comencé a salir con alguien de la Universidad, de otra facultad, no es necesario que sepas de cual y tampoco es como que hubiera durado tanto nuestra relación, a veces me cuestiono incluso porque estaba con él… me gustaba, me atraía, pero jamás lo ame de verdad —ríe con pesar—, es que yo ni siquiera sé que es el amor, dudo alguna vez pueda enamorarme como lo hacen los demás y… —exhala con duda, sabía que decir esto estaba mal, más cuando la persona que enloquecía sus días y noches dormía a escasos metros de ahí, pero Charles lograba comprenderla mejor que nadie.
—Descuida, sé perfectamente a lo que te refieres… el amor es un completo enigma también para mí, tanto que a veces inconscientemente huyo de él, pero es porque no logro comprenderlo, no aún… —sus palabras clavaron hasta el fondo de su alma, no esperaba tal sinceridad y certeza.
—Si que somos amigos… —riendo en compañía, para finalmente suspirar pausadamente— en fin, apenas y duramos unos meses, pero fueron los peores de mi vida… —su voz tiembla y el joven la acerca aún más a él— celos, desconfianza, discusiones, rompimientos, engaños… —bajando la mirada— demasiado para enumerar en tan poco tiempo, y si a eso le sumas que no tenía, o mejor dicho, no tengo muchas amigas, el círculo de apoyo se cerraba bastante, así que estaba atrapada en esta dinámica, pensado que era lo más normal y que era lo que debía soportar para poder estar en una relación…. —su mandíbula tiembla— hasta que llegas al punto de no retorno… —la joven eleva la mano libre y la pasa sobre su cabello para mostrarle su cuello, cosa que sorprende a Charles, hasta que comprende lo que desea mostrarle— esta cicatriz es donde me golpeo y su reloj quedó trabado en mi piel… —exhala con extrema lentitud.
En cuanto logró distinguir a detalle la profundidad de la herida, la cual ya estaba cicatrizada, y aunque no era grande, si era evidente, más cuando le colocabas mayor atención, y fue en ese momento, que el mismo odio que sintio el día de ayer, la misma ira que emergió cuando escucho todo lo que ese hombre le habia hecho a Scott, se mezcló con lo que estaba sintiendo por aquel malnacido que habia lastimado a Jean de esta forma.
El temblor ahora se hizo presente en ella— solo sucedió una vez, por suerte, no sé qué habría hecho si hubiera pasado otra vez, pero creo que ahí fue cuando comienzas a darte cuenta que quizás… no estas tan solo como piensas —una tenue sonrisa aparece— mis tíos jamás lo supieron, no al menos todo a detalle, solo lo mal que evolucionó y termino nuestra relación, y tampoco es que lo hubieran estimado mucho, con suerte y lo vieron una vez… pero nunca pude sincerarme con ellos como quisiera o como ellos se lo merecían… —hace una mueca de disgusto y pesar— estoy segura que habrían sido capaz de matarlo… —inhalando por la nariz algo asustada— así que mi única confidente fue la Profesora Frost… —sonriendo de lado.
Charles lo comprendió al instante, porque de su cercanía, porque de su confianza, porque Jean siempre habla de ella con orgullo y pasión, como siempre la defendía y como incluso pareciera que estuviera al tanto de todo lo que habia pasado entre ella y el Profesor Shaw; y aunque estaba en un espacio seguro, sintio un poco de miedo ¿Podía sospechar que aquella persona era Erik? Después de todo le habia confesado que la Profesora estaba enterada de su situación y que la otra persona involucrada también era un Profesor.
Pero acalló todas esas dudas, todos esos cuestionamientos ¡No es el momento, Charles! ¡Deja de pensar en ti! Jean se estaba sincerando con él, le estaba contando algo que ni siquiera habia compartido con sus tíos o con Scott, debía estar a la altura de la situación, no podía fallarle, menos ahora que ella habia expresado su absoluta confidencialidad y lealtad. Y dejo otro sentimiento lo dominara. Orgullo. Emma Frost era un ser humano demasiado bueno para este mundo; ahora entendía porque su hermana habia sido su amiga.
—Vaya… la Profesora puede ser una verdadera mamá oso —comentó buscando calmarla, logrando sacarle una tímida risa
—Y eso que no la viste ese día… —indicó con jactancia— cuando se enteró de todo lo que pasaba, más por mi actitud que por mi sinceridad, mis emociones me delatan más que mis palabras… —haciendo una mueca de desagrado y Charles rio, él también era alguien muy transparente con sus sentimientos— me hizo abrir los ojos, me hizo darme cuenta de la verdad y de lo mal que esto podía acabar y cuando él vino a buscarme, dispuesto a todo… ella salió en mi defensa, como una auténtica madre de oso... —rio algo apenada y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no eran de pesar, era más de bien de nostalgia, de alivio, de tranquilidad— otros Profesores tuvieron que entrometerse entre ellos para evitar que la situación escalara a más…
Y por alguna extraña razón a Charles no le sorprendió, eso sonaba cien por ciento a Emma Frost y aunque eso le recordó un asunto que su madre mencionó sobre la Profesora Frost, prefirió obviarlo, era demasiado rebuscado— si antes admiraba a esa mujer, ahora la amo incondicionalmente… —sonriendo con orgullo, para finalmente volver a mirar a su amiga— pero al menos no estuviste sola… —mirándola fijamente— ¿Qué pasó después?
—No mucho, ahí murió todo el asunto, y no nos hemos vuelto a hablar desde entonces… lo he visto en la Universidad un par de veces, pero no mucho más… y mejor así —exhaló algo cansada, no era fácil hablar de esto, y aunque le calmaba compartirlo con alguien, sobre todo alguien como Charles, cuando este la interrogó con la mirada, supo inmediatamente cual era el cuestionamiento— y no, no presente cargos… y no lo haré, no quiero transformarme en una estadística más de la violencia contra la mujer, que al final no terminara en nada… —concluyó decidida y Charles no pudo refutar, no cuando veía la certeza en sus ojos. No era una decisión que le correspondía a él.
—Lo importante es que tu estes bien y te sientas a salvo y segura…
—Lo estoy, como quizás hace mucho no me sentía… —regalándole una sonrisa tímida
Charles asintió— con eso me basta y descuida… no le diré a nadie sobre esto, tampoco a Scott…
—Gracias…—exclamó con pausa— cuando las cosas estén más calmadas, le diré yo misma, lo prometo… —Charles solo se limitó a asentir, ya era oficial. Mentir era su nueva actitud “no” favorita.
—Pero me gustaría darte un consejo… aunque no se si soy el mejor en esto —riendo nervioso— hablen las cosas, no se callen, siento que hay muchas cosas que aún no saben del otro y es necesario saberlas, creo yo… para saber qué tipo de personas tienes enfrente y que tan lejos quieren llegar —aquello salió tan rápido de su boca, o de su mente, que lo atrapó completamente desprevenido. No predicaba con el ejemplo— pero de nuevo supongo que es más fácil decirlo que hacerlo…
Jean asintió en complicidad, mientras se acomodaban mejor en el sofá, por alguna extraña razón, les gustaba esa cercanía que se formaba entre ellos, era sentirse segura y a salvo, y sin tener miedo a que algo pudiera malinterpretarse. Es como si cada día fueran más conscientes de la presencia del otro en su vida, y les gustaba que fuera así, porque los hacía sentir queridos, pero sin mezclar o complicar sus emociones; ya tenían a otras personas que provocaban todo eso en ellos.
Y siguiendo con su ejemplo que no predica, Charles decidió continuar su disyuntiva— la verdad… a veces me gustaría ser más abierto con mis emociones, con mis sentimientos… me gustaría poder decirle el cómo me siento, expresarle mis miedos y dudas, pero no sé cómo… —inhala para finalmente contener la siguiente exhalación— es como si en el fondo, ambos supiéramos lo que sentimos y lo que siente el otro, incluso siento que lo hemos dicho, pero siempre de manera sutil, metafórica, pero nunca encontrando las palabras exactas y…
—El momento oportuno… —agregó Jean y su amigo asintió calmado, claramente lo comprendía a detalle. Ambos se quedaron en silencio unos segundos, mirando el techo y analizando su próximo discurso, hasta que Jean vino con una idea— ¿Tienen algo planeado para este fin de semana? ¿Se verán?
Y el sonrojo vuelve— sí, planeo que venga a verme… aquí —dando a entender que hablaba sobre su departamento, todo mientras bajaba la mirada apenado y su amiga solo le sonreía de manera cómplice— será la primera vez que él se quede conmigo… en mi departamento —eso habia sido el límite más grande que habia cruzado en cuanto a confianza, pero no se sentía en peligro
—¿Tu si te has quedado en su casa? —preguntó mirándolo de reojo con una sonrisa picara
—Sí… —y su honestidad aflora— ¡Pero solo a dormir! ¡Nada más! —el sonrojo tiñe todo su rostro
Jean ríe y sujeta su mano para calmarlo— tranquilo… —volviendo a reír— no tienes que darme explicaciones… mientras no te haga daño y no te fuerce a nada que no quieras, yo no tengo problema… —Charles se sentía tan seguro, tan en confianza, habia añorado por un sentimiento así desde hace mucho tiempo. Jean suspira y finalmente da su veredicto— bueno, yo creo que si esta será una visita especial, debes aprovechar el espacio y la seguridad que este lugar te da… —indicando su departamento— y cuando estén a solas y si realmente deseas hacerle saber lo que sientes, la verdad aflorará… —mirándolo con una hermosa sonrisa en su rostro, una que Charles comparte con cierta vergüenza— pero no olvides los amargos… recuerda, todo lo que sientes, bueno y malo… —Jean tuerce la boca, para finalmente hacer una mueca— y creo que en algún momento sería bueno dejar en claro… que es lo que son —Charles quedó sorprendido de esa última frase— creo que deberían definir su situación, ponerle nombre tal vez, eso quizás te deje más tranquilo…
Charles quedó absolutamente anonadado, petrificado, prácticamente paralogizado, porque nunca de los jamases se habia cuestionado eso, si quiera lo habia debatido internamente o sobre pensado siquiera. Había estado todo este tiempo culpando a su nueva espontaneidad, clasificándolo todo como algo del momento, algo que solo debía dejar fluir, que ahora, al tener que enfrentarlo, no sabía cómo ponerle rostro; como ponerle nombre. Todo lo que estaban viviendo juntos… ¿Los hacia novios? ¿Pareja? Y el miedo más oculto afloro ¿Eran una pareja homosexual? Esa palabra volvía a cazarlo, volvía a atormentarlo.
Su amiga vio la duda en sus ojos— sé que es difícil, y que asusta, sino… mírame a mi —chasqueando la lengua— pero creo que las palabras son necesarias, al igual que los nombres… nos ayudan a definir, nos dan claridad, pero no olvides nunca, que también son las acciones lo que nos demuestran al final lo que sentimos, por eso es importante mezclar ambas, palabras y actos, ambos nos hacen sentir seguros y nos confirma que somos exclusivos para el otro…
Exclusivos. ¿Erik era exclusivo de él? ¿Charles era exclusivo de Erik? ¿Había alguien más en la vida del otro? Y cuando Charles se sintió calmo de su parte, la imagen de esa mujer volvió a atormentarlo. Pero una vez más, decidió aferrarse a su confianza, a su espontaneidad, debía creer en Erik y este fin de semana estaba seguro de que muchas cosas se aclararían.
Para cuando la noche ya estuvo bien avanzada, Jean fue a revisar a Scott, se quedó bastante tiempo a su lado y Charles desconoció si al final se quedó dormida a su lado, el cansancio también lo estaba venciendo a él, pero debía hacer algo primero, se lo habia prometido a alguien y también a sí mismo. Para cuando las camas improvisadas para Jean y él estuvieron listas, el joven se acercó a su teléfono, marcó y dejó un mensaje en la contestadora, sabía que era tarde, así que quizás su destinatario ya estaría durmiendo, por lo que lo dejó preparado para el día siguiente.
—Buenos días, eudail… —sonriendo ante su ingenio, era bueno saber gaélico de vez en cuando—que tengas una muy buena mañana, ojala pienses en mí y… nos vemos en la tarde, no puedo esperar…
Quizás no era tan poético, tan cursi o con un manejo de labia como Erik, pero igualmente estaba orgulloso de su mensaje, era corto, preciso y estaba bañado de su creciente espontaneidad, misma que lo hizo ser capaz de decir todas esas palabras, palabras que en un pasado hubiera considerado un sartal de estupideces. Le gustaba esta nueva versión de él, era riesgoso y complicado, pero a la vez maravilloso y tranquilizador. Era un torbellino de calma.
Lo que no sabía es que una persona varios kilómetros más lejos, se había mantenido despierto solo esperando su mensaje prometido, y cuando este llegó, preparándolo para la mañana siguiente, el sueño por fin pudo hacerse presente. Obviamente lo escucharía la mañana siguiente antes de partir a clases, donde quizás volvería a verlo.
Cuando el viernes llegó, la lluvia por fin comenzó a dar tregua, y Jean lo tomo como la mejor opción para irse caminando a su casa y luego a la Universidad, aunque la verdad, es que seguía sumamente atribulada en vergüenza, ni siquiera se habia dado cuenta que habia dormido a un costado de Scott en la cama de Charles y aunque sabe que nada sucedió, el pudor la consumía y no sabía cómo lidiar con aquello, por lo que solo negó veloz, comió rápido y salió prácticamente volando de ahí, necesitaba regular sus emociones.
Por su lado, Scott se levantó del mejor animo posible, repetía a cada instante que habia despertado al lado de un ángel, comentario que ayudó a la rápida huida de Jean y no paro de repetirlo, incluso cuando su tío Ned llegó de visita y este por fin pudo conocer al famosísimo Charles, y aunque hubiera querido conversar con él más tiempo, la urgencia del joven por llegar a tiempo a clases, lo hizo detener sus preguntas y dudas, y dejarlas para una siguiente oportunidad, quizás incluso después del concierto.
Para cuando Charles se marchó, su tío le adelanto todo lo que habia solucionado en tan poco tiempo— así que todo ya está listo, tu ropa, libros, incluso peluches… todo ya está en mi departamento, tu nuevo hogar —guiñándole un ojo, y Scott ríe por lo bajo— ¡Ah, claro! —revisando su chaqueta— ¡Y esto, por supuesto! —entregándole un pequeño y viejo álbum de fotos— esto fue lo que más me costó recuperar…
Scott acarició el gastado cuero del aquel viejo libro de fotos, para luego comenzar a revisarlo a detalle, todo estaba ahí, incluso las últimas fotos de su madre en el hospital— gracias, tío… me devuelves a la vida con esto —sonriendo con calma, pero sintiendo el nudo en la garganta— y… —titubea unos segundos, no sabiendo cómo evocar la siguiente consulta— ¿Y él? —no quería preguntar cómo estaba, pero seguía temiéndole a las represalias
—Está bien, está vivo… eso es lo triste —indicó firme cruzando de brazos y Scott prefirió obviar el comentario— espero… que me hagas caso y no lo busques —el joven se apresuró a negar, habia hecho una promesa— excelente, aunque que creo que aunque lo intentes, no lo encontraras... se fue ayer a su antigua base naval, dijo algo de una consultoría, que lo habían llamado o algo así… —concluyo molesto. Odiaba a los militares con cada fibra de su ser.
Eso sorprendió a Scott— ¿Por qué? ¿Y si me denuncia? De seguro le preguntaran por sus heridas y… —su tío coloca sus manos en los hombros del joven para calmarlo
—Descuida, eso no pasara… si llegara a hacer eso, él tendría todas las de perder y con lo que conozco a los de su clase, estoy seguro de que prefiere guardar silencio antes de perder su rango, respeto y falso orgullo militar… entre menos explicaciones de sobre su condición, mejor estará…
—¿Tan mal lo deje?
Su tío hace una mueca incómoda— bueno, quizás cuando fuimos ayer a recoger tus cosas con los chicos de la banda y se mostró poco cooperativo, los muchachos pudieron darle una repasada de lo que empezaste el día miércoles… —apretando los dientes
—¡¿Qué?! —grito aterrado— ¡Lo prometiste! —vociferó y sus ojos se llenaron de miedo, otra vez
Ned reaccionó con astucia— hijo, te prometí que yo no le haría nada y lo cumplí, pero los muchachos cuando se enteraron de lo que te hizo, supongo que no reaccionar muy bien… no puedo hacerme responsable por sus acciones, yo solo los lleve para que me ayudara a cargar todo, jamás pensé que actuarían… de esa forma —tosiendo algo incómodo. Estaba mintiendo con absoluta honestidad.
Y ahí estaba, esa misma mirada que conocía hace más de 15 años, no podía enojarse con ella— esta… bien… —exhalo rendido— pero arreglare esto con ellos en el concierto…
—¡Así se habla, grumete! —golpeando su espalda con orgullo. Scott soltó un quejido ahogado— perdón… —el joven se reincorporo y solicitó una última gota de información a través solo de su mirada— y si, está bien… como te dije, fue su orgullo lo que se fue más herido que él mismo…
Scott rio mientras negaba— tu y tus métodos poco… “ortodoxos” —comenzando a caminar hacia la habitación— mejor ayúdame a terminar de vestirme y preparar todo para mi salida de aquí…
—Pues no nos iremos hasta que Charles vuelva, no pude agradecerle como corresponde y quiero conocerlo a detalle… se ve que es un chico muy bueno —comentó decidido
Scott sonrió orgulloso— es el mejor, pero no podemos quedarnos… Charles tendrá visitas esta noche —aclaro con tranquilidad— y es justo respecto al tema que te comente ayer… —mirándolo de reojo.
Charles no le dijo nada, pero Jean le comento algo vagamente y de cierta forma, eso le molesto ¿Desde cuándo habia tanta confianza entre ellos? No es que estuviera celoso, jamás sospecharía de ninguno de los dos, es solo que estaba algo irritado por la cercanía y la honestidad, y… ¿A quién quería engañar? ¡Si estaba celoso! Pero ahí radicaba lo más curioso, no estaba celoso de Jean, sino de Charles. No quería que Jean le quitara a Charles, se sentía como un niño protegiendo a su mejor amigo en el jardín infantil; habia soñado tanto con tener un amigo como él, no iba a perderlo, ni siquiera por Jean.
Ned elevo ambas cejas intrigado— entiendo, bueno… lo dejaremos para después del concierto… —viendo como Scott se sentaba y luchaba por acomodarse la camiseta, aún estaba muy adolorido— ¿Qué hay de lo otro? ¿También lo organizo? —consultó ayudándolo
—Si, por supuesto… ya está más que confirmado y… —Ned arrugó las cejas y estiró la boca— ¿Qué pasa?
—Ni creas que te dejaré salir oliendo así, lo puerco no se te ha quitado con los años… —Scott lo miró ofendido— sigues siendo el mismo niño cochino que volvía más negro que yo cada noche… —el joven iba a refutar, pero su tío comenzó a jalarlo de la oreja— ¡Nada de nada! ¡No permitiré que la preciosa Jean te vea así, y peor aún, te huela así! —arrastrándolo a la ducha
Scott no pudo oponer mucha resistencia, no contra él— ¿Si sabes que ya no soy un niño, no?
—No para mí… —respondió con una amplia sonrisa
En la Universidad, dentro de su clase, Charles no habia escuchado absolutamente nada y debía hacerlo, era obvio que esta materia entraría en el próximo examen, pero es que simplemente no podía hacerlo, no cuando estaba dentro de una sala magna, como la de ayer, rodeado de muchos alumnos, como ayer y con un Profesora dando catedra, como la de ayer, pero su mente lo seguía relacionado con todo lo acontecido… ayer. Los sistemas binarios que bailaban uno al lado del otro, en una danza eterna y cósmica, atraídos por su masa o por la gravedad, o ¡Qué sé yo!, lo tenía completamente embobado.
Quería verlo otra vez, pero esta vez como corresponde, quería mirarlo fijamente los ojos, quería tocarlo, sentirlo, abrazarlo, besarlo… ¡Moría de ganas por hacerlo! Y aunque ya desde hace unos minutos jugaba con el horario de Erik, el mismo que la Profesora Emma habia facilitado para él, sabía que no podía utilizarlo, tenía todos los horarios del Profesor, es más, prácticamente ya se lo habia memorizado, pero sabía que era en extremo riesgoso utilizar aquella información; demasiadas variables a considerar. Su madre, los alumnos, otros Profesores, y por supuesto, Erik ni siquiera estaba usando su oficina, esa maravillosa oficina, donde habían compartido, el que para él, era su verdadero primer beso.
Para el almuerzo y siguiendo la costumbre, Jean se le unió y esta vez, las miradas y murmullos volvieron, después de mucho tiempo y sobre todo desde el incidente con Moira, es como si todos pudieran comenzar a notar la creciente cercanía entre los jóvenes, después de todo, aunque eran de ciclos diferentes, tenían la misma edad, así que debían compartir ideas similares, además, aunque Jean no era del mismo extracto social que Charles, y poco se sabía de la vida privada de esta, si era un secreto a voces que su familia tenía un muy buen restaurante, así que el dinero nunca habia sido un problema para ella. Se podía decir que eran el uno para el otro; inteligentes, misma edad, muy atractivos y de buenos recursos.
Y luego estaba Scott, para esta altura todos ya habían asumido que solo era mal tercio, casi como el perro faldero que los seguía a todas partes, y también incluso, lo veían como el acto de caridad del momento. El Summers ganaba comida, regalos caros y buenas notas y a cambio, Charles y Jean hacían limpieza de imagen con el pobre de la clase. Y esas sospechas se incrementaron al verlos solos y sin su pobre diablo a un lado.
Por supuesto, ambos amigos, expertos en obviar lo obvio, no notaban en absoluto las miradas y cuestionamientos, era claro que en ese aspecto, Scott era el inteligente, socialmente hablando, su amigo les sacaba kilómetros en experiencia, además de suspicacia, reacción oportuna y sarcasmo innato. Para ellos dos, solo eran dos amigos compartiendo, para el resto eran la nueva sensación del momento, y hasta que Scott volviera, ninguno sería capaz de notarlo.
Llegada la tarde, la ansiedad aumentaba en Charles, y no estaba seguro si podría aguantar también sus horas de trabajo, estaba nervioso, casi necesitado, pero no podía dar marcha atrás, ya habia faltado al trabajo y desde el domingo venía comprometiéndose con las clases particulares a Jason, no podía seguir posponiéndolo. Además todo esto era parte de su plan a futuro, todo era para su escuela, y la verdad, también quería hacerlo por Jason, cada día que pasaba le tomaba más consideración, cariño si quieres llamarlo de alguna manera y sabía que el joven sentía lo mismo por él.
Para cuando todas las clases terminaron, y vio a Jean marcharse dispuesta a cumplir sus tareas, el joven comprendió que una de las mejores cosas de tener amigos, es que te apoyan en los momentos donde más los necesitas; todo habia quedado acordado durante el almuerzo.
Jean quedó prácticamente a cargo de preparar todo para su llegada con su “no novio” como Scott lo llamaba, su amiga iría por Scott a su departamento, quien seguramente estaría con su tío y los obligaría a ambos a dejar todo impecable y listo para él y su visita, además de dejarle cosas para comer y beber, e incluso, la joven iría por las flores y las dejaría sobre su mesa; todo listo para esa noche. Definitivamente Jean era la mejor cosa no planeada que jamás le hubiera pasado en la vida y claramente estaba mucho más comprometida con esta situación de lo que realmente confesaba.
Pero la verdadera sorpresa llegó cuando se encaminaba a buscar su bicicleta a su lugar habitual, porque alguien lo esperaba con una amplia e inquieta sonrisa— Erik… —dijo en un susurro sobrepasado— ¿Qué haces aquí? —viendo de reojo alrededor, por suerte no habia mucha gente
—Se que se supone que debía pasar por ti después del trabajo, pero es que no me aguantaba… —hablando casi entrecortado, estaba sumamente agitado, casi como si hubiera corrido la maratón— ni siquiera lo pensé, solo me deje llevar por… —mirándolo fijamente
—Tu espontaneidad… —agregó Charles, cada vez tenía menos animosidad por esa palabra
—Sí, así que, si no te molesta, me gustaría llevarte a tu trabajo y… luego pasare por ti… —tratando de regular su respiración— dos por uno, así no te extraño tanto y… —tragando con cierta dificultad, habia tomado la decisión en último momento, así que aún estaba algo agotado por todo lo que tuvo que correr, claramente estaba fuera de su estado físico habitual.
—Esta… bien… —respondió con una sonrisa amplia y Erik rio nervioso, era débil ante aquella sonrisa— pero… tenemos que ser cautelosos —odiándose a sí mismo por tener que decirlo
—De acuerdo, te dejaré unas cuadras más allá, descuida… —acomodándose el bolso, habia tomado libros extras, quizás podría avanzar en su libro este fin de semana, aunque lo dudaba, había un cuerpo celeste más interesante que los de su libro, que lo rodeaba y atraía toda su masa hacia él— ¿Vamos? —indicándole el camino
Charles solo volvió a sonreír, mientras sacaba la cadena de su bicicleta y seguía a Erik al aparcamiento, y aunque estaba feliz por este encuentro pre esporádico, seguía atento a sus entornos, más que nada porque estaban en territorio peligroso, en territorio enemigo, o sea, el de su madre. Pero Erik no estaba prestando atención a nada, salvo a contarle con lujo de detalles todo lo que le habia hecho sentir ese mensaje el día de ayer y su visita a su clase.
—En conclusión… —inhala ya más calmado— confirme la existencia de vida en otros planetas… —y esta vez sí que Charles lo miró fijamente, absorto en sus palabras y sobre todo en sus ojos— en cuerpos celestes lejanos, atraídos por la gravedad… —Charles contuvo la siguiente exhalación— eso sí, tendrás que explicarme que significa… eudail —el joven sintio el sonrojo quemar su rostro— y espero que con la clase de ayer, comprendieras mejor la inmensidad y belleza de nuestro universo…
Y su espontaneidad afloro de manera automáticamente— ¿Hablas del universo donde todos vivimos… o aquel que se está formando solo entre nosotros dos?
Pudieron sentirlo con lujo de detalles, todo dejó de moverse alrededor, hasta la rotación de la tierra se detuvo por escasos segundos, el viento dejó de soplar, las aves dejaron de cantar y los humanos guardaron silencio por milésimas de tiempo, para dar espacio a estas dos estrellas colisionando y formado una supernova. Y nadie era testigo de ello, después de todo, cuando esto sucede en el universo observable, cuando llega a nosotros, ya ha pasado demasiado tiempo y ya te has perdido de la belleza del momento exacto y oportuno. Sin testigos.
Y cuando por fin el sentido común volvió y el estacionamiento de hizo presente, Charles noto que no estaba en el Departamento de Física, claramente Erik ya no estacionaria ahí, no después de todo los riesgos a considerar y eso calmó sus miedos, pero no sus emociones, esas seguían a flor de piel después de semejante momento. Pero aún faltaba algo, seguía siendo hermosas palabras, nadie les quitara eso, pero las sentía vacías, quería expresarlas con nombre y apellido. No más rodeos. Y en cuanto Erik subió su bicicleta a la camioneta, que lucía un poco mejor arreglada y más limpia, hasta algunos de los libros se habían ido. Charles decidió que era el momento, debía hacerlo ahora o todo el valor se iría volando a través de la ventana del copiloto.
Pero nuevamente la realidad lo golpeo, y de la manera menos esperada— ¡Loki! ¡Loki! ¡Loki! —gritaban desde lejos y Charles sintio el nudo en el estómago, tanto que lo hizo palidecer y Erik lo noto justo cuando estaba por subirse, pero no pudo reaccionar a tiempo, no cuando un niño de en torno a los seis años, se lanzaba sin miedos en los brazos de Charles— ¿Por qué no respondes, Dios de las mentiras?
Charles con suerte alcanzo a atraparlo, siempre habia sido tan intrépido, sin medir riesgos o consecuencias, y por un segundo, el joven olvidó donde estaba y con quien— ¡Pero miren nada más! ¡Si es el Todopoderoso Thor! —abrazándolo con sumo cariño— ¡¿Qué lo trae a las vastos y desolados parajes de Midgar?! —Erik los miraba completamente absorto
—¡Odín, Padre de Todos! —vociferó, mientras un cansado hombre corría hacia ellos— ¡Tiene reunión con las valquirias y debemos atender asuntos de suma importancia para el futuro de Asgard! —concluyó orgulloso
—Kurt… —jadeó el hombre agotado, solo para recibir una mirada fija— digo… —carraspea— ¡Oh, Todopoderoso Thor! No corras… ¿Si? —jalando su oreja sin lastimarlo
—¡Tu ordenas y yo obedezco, Padre de Todos! —respondió muy seguro, mientras Charles volvía a bajarlo al piso
El tercer hombre iba a hablar, pero noto a otra persona rodeando aquella camioneta desconocida y colocándose a un lado de Charles— perdón… —comento algo incómodo
Y Charles reaccionó al instante— ¡Si! ¡Cierto! —acusó nervioso— ¡Les presento al Profesor Erik Lehnsherr! —señalándolo a un costado suyo— Profesor de Física Matemática de la Universidad de Oxford
—Un placer —respondió el hombre sorprendido— Hank McCoy… —Erik elevó ambas cejas sorprendido, claro que conocía ese nombre
—¿Hank… McCoy? ¿Del Laboratorio Rutherford? —pregunto intrigado, pero también sumamente emocionado. Charles lo miró sorprendido, no se esperaba esa reacción
Hank rio algo nervioso— sí, soy yo… —comentó apenado
Erik volvió a estrechar su mano— ¡Es un absoluto honor conocerlo! ¡He leído algunas de sus investigaciones y sigo muy a detalle sus aportes y colaboraciones con el CERN! —prácticamente lo escupió, es como si estuviera conociendo a una celebridad. Hank volvió a reír sobrepasado.
—Pues, gracias… el honor es mío —sin soltar su mano, claramente el hombre era un admirador de su trabajo. Pero otra presencia jalo su pantalón buscando atención, lo que lo hizo volver a su principal trabajo— y disculpa, él es mi hijo, Kurt McCoy… —el niño estiró su mano hacia el Profesor, pero miró a su padre exigiendo una corrección a su presentación— mejor conocido como el Todopoderoso Thor… —agregó rodeando los ojos, en serio no se acostumbraba a aquello, pero su hijo insistía y Charles siempre le seguía el juego.
—Es un placer… Profesor Lehnsherr, me gusta mucho su área de estudio —indico seguro estrechando la mano de Erik con formalidad, cosa que enterneció al hombre, tenía grandes modales, y claramente debía tener el intelecto de su padre, habia leído de que este joven habia adelantado sus estudios debido a su inteligencia.
Le recordó a alguien y fue ahí que hizo la conexión, no podía ser casualidad, por lo que volvió rápida la mirada hacia Charles, el cual lo miro algo atribulado, pero también incómodo, no sabiendo muy bien el cómo pronunciar las siguientes palabras— Erik, te presento a mi cuñado, Hank… y a mi sobrino, Kurt… —susurró apenado, para luego tragar en seco.
Claramente se habia perdido una gran facción de la historia de Raven.
