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─Oye, niño de academia, ¿te llevo a casa?
Había escuchado tantos apodos pero ese era el peor que se le pudo ocurrir a Kariage. Rodó los ojos sacando el dedo medio, también sacó su pequeña lengua rosada. El azabache, en una respuesta silenciosa, lamió sus labios sacando el cigarrillo de la boca sin detenerse a seguírlo de cerca caminaba en la orilla de la calle sobre la motocicleta y él en el andén.
─Deja de joder ─dijo, arrastrando las palabras como arrastraba los pies─. No me sigas, idiota.
Se tambaleaba a los lados estando demasiado ebrio incluso para caminar. Era su primera vez bebiendo desde que cumplió dieciocho años y al fin regresaba a casa por las vacaciones de invierno de la prestigiosa academia donde él estudia, después de todo era un nerd aunque su apariencia no lo pareciera.
Kariage era contrario a él. Un delincuente que abandonó el instituto a los quince. Trabajaba con su padre y tenía una motocicleta costosa que el rubio se negaba a montar. Prefería irse caminando y lo haría así pero Kariage lo tomó de la cintura antes de caer por un tropezón.
─¿A dónde vas, Bakugō? ─musitó suave. Era tierno verlo ebrio, él siempre tenía el control de la situación pero se veía muy desorientado con su rostro sonrojado.
Katsuki se removió, sintiéndose intimidado pero caliente. Era la embriaguez, la voz de Kariage y el agarré en su cintura a minutos de la medianoche. Afuera del bar había un par de extras idiotas besándose arrimados en algún coche estacionado, lo vio por encima del hombro de Kariage y le pareció exquisito intentarlo, poder hacerlo con él. Desvió la mirada, avergonzado de esa estupidez; lo empujó de los hombros para que se alejara.
─Suéltame ─respiró suave, componiéndose con ayuda de Kariage pero este no lo soltaba, lo acercó a su cuerpo, lanzando el cigarrillo a cualquier lado de la calle. Era inevitable que se quisieran besar. No lo hicieron pero la tensión se mantenía intensa, mirándose a los labios y de regresó a su mirada.
─Vamos, bonito. Estamos lejos de casa, no llegaremos a este paso.
Bonito. Ese apodo le gustó. Se sentía... bonito estando así de ebrio siendo más dócil, perdido en la mirada de su mejor amigo. La pubertad había golpeado demasiado a Kariage: era alto, guapo, hombros anchos y músculos ceñidos bajo la simple camisa de botones. Tan guapo mostrando su clavícula y manos venosas.
Era todo un hombre y tenía ideas calientes que quería hacer con él en esa motocicleta.
Maldita sea, desea montarla, y que Kariage lo penetre por atrás pero también desconfiaba de ir en ella sincerándose con él─: No quiero que me mates sobre eso ─frunció el entrecejo haciendo un puchero molesto.
─No tengas miedo, Bakugō, iré lento. Verás que es divertido. Prometo que estarás bien.
Intentó resistir pero sentía la respiración de Kariage caer sobre sus labios; olía a tabaco quemado, odiaba que fumara, sin embargo, amaba como pegaba de bien en su boca y que lo besara con éste. Fue pequeño, luego metió su lengua en ella siendo abrazador lo que sintió, seguro que la suya debía de tener el sabor de la cebada de la cerveza rubia.
El contraste era sofocante y cálido. Subió las manos al cuello de Kariage, este se abrazó a su cintura con una mano y bajó en apretar su trasero con la otra, con el entusiasmo de haber deseado hacerlo desde hace tiempo. El abrigo largo de Katsuki encubría lo que hacía, acariciando la costura del skinny jeans que se cargaba. El rubio suspiró a instantes, antes de separarse. Kariage lo besó de nuevo pero más demandante y respirando pesado.
A Bakugō le gustaba lo que estaba haciendo y se estaba calentando demasiado rápido con el chasquido de sus bocas y Kariage tocando ahí abajo con ambas manos, y él enredado con su cabello. Hubiesen llegado a más pero un idiota vomitó a unos cuantos pasos de distancia a ellos. El rubio se separó sintiendo asco.
─Sácame de aquí ─dijonnauseabundo, hundiendo la nariz en el hombro del azabache─. Si nos pasa algo, la bruja enviará la factura del funeral a tu familia.
─¿Me estás avisando o amenazando?
─¿Qué crees, idiota?
Lo que Kariage creía no era importante. Éste sonrió cerrando los ojos y soltó su agarre para que se pusiera el casco que colgaba en el timón de la motocicleta, le quedaba grande pero era lo que había. Lo ayudó a montarse y en cuanto lo tuvo sentado atrás, palmeó su pierna.
─Puedes abrazarme, si quieres ─dijo mientras veía la calle parcialmente vacía.
─No me digas que hacer y vámonos.
─Bien. Lo que pidas.
Pronto se pusieron en marcha. El motor era silencioso o apenas lo escuchaba dentro del casco. Se sostenía empuñando la chaqueta del azabache, la inhibición que quedaba en sí se había ido con el aire para hacerlo recostar en la espalda de Kariage y abrazara su cintura.
Como había prometido, manejaba lento con una mano y aprovechando en acariciar con la otra las manos de Katsuki ceñidas a su cintura. Pensó que era lo más cercano a lo que ni él sabía cómo llamar con el rubio pero éste lo contradijo, bajando sus manos escurridizas a tocarle ahí abajo. Estaba demasiado ebrio y caliente para jactarse de su comportamiento, masajeando el miembro encima del pantalón de mezclilla. Kariage se tensó.
Sintió cómo se hacía duro, grueso, grande, marcándose en la prenda. Desabrochó el cinturón metiendo sus manos frías dentro de la ropa interior, haciendo estremecer al azabache cuando cogió su pene desnudo, masturbándolo dentro. Llegaba hasta abajo, tocando la ligera capa de vello y regresaba, lento, Kariage se quejó entre dientes queriendo apartarlo deteniéndose con suavidad en un semáforo con la luz intermitente de precaución.
─Diablos, bonito. No sabía que tuvieras estas preferencias pero detente. Por favor.
Bakugō gruñó molesto, frunciendo el ceño. Él quería hacerlo, y que lo siguiera llamando por ese bobo apodo─. Dímelo más ─dijo, inmerso y empeñado en complacerlo. Aprendió eso en la academia dejándose follar en el baño. Pero esas veces eran por compromiso, esta vez es por un enamoramiento de infancia que tiene en el otro─. Dímelo ─exigió, apretándolo más, removiendo la cabeza sobre su espalda.
─¿De-... decir qué? Mierda... ─Era difícil hablar si lo tocaba con tanta indecencia.
─Bonito. Dime que soy bonito. Sé que te gusta lo que hago, así que dímelo y te haré venir.
No podían quedarse en medio de la calle así que con pies en el asfalto orilló la motocicleta y tocó las manos de Bakugō siguiendo el ritmo que éste llevaba. Se le cerraba la garganta en un hilo apenas audible, ¿cómo podía ser así de bueno solo con tocarlo? Y es que lo acariciaba haciéndolo gotear, era bueno con sus manos y rápido se calentaron con la fricción que creaba al jalársela despacio, y suspiró pesado, retomando la palabra.
─Bakugō, eres jodidamente bonito pero no necesitas hacer esto para que te lo diga. No está bien. Me gusta que me toques así pero, estamos ebrios. Tú lo estás más que yo y... y, para, Bakugō.
Sus quejas se detuvieron con un toque sutil que terminó en un estremecimiento acogedor para correrse en la mano de Bakugō, fuera del pantalón.
─Déjate amar, cabrón ─replicó tan confiado en sí mismo.
Kariage sabía que estaba mal aprovecharse del estado de embriaguez del rubio, pero siempre lo había deseado tan fervientemente que lo llevó a un edificio de estacionamiento privado.
Podían hacerlo en los últimos pisos sin llamar tanto la atención porque Bakugō gemía, claro que lo hacía, en monosílabas y él empujaba riguroso contra su entrada caliente y lubricada con saliva y crema que llevaba Bakugō para el problema de sus manos sudorosas.
Lo hacían sobre la motocicleta, cómo Bakugō pidió que hicieran y como había fantaseado a instantes de subirse en ella. Está consciente que es más bullicioso, maldiciendo y sosteniéndose débilmente del timón, que el motor encendido y vibrante. Alzó el culo, recibiendo el impacto de las caderas de Kariage.
Ni siquiera se quitó el jeans, solo rompieron la costura. Tenía una razón absurda por el cuál no gustaba usar ropa interior pero su explicación se extravió en el eco de los golpes sordos de las embestidas y los gruñidos contenidos.
Estaba pasando por una intensa oleada de placer y la vibración bajo su polla lo hacía tener leves convulsiones─. ¡Ahí. Es ahí! Fóllame así ─gimió desesperado por más de eso. Tan malditamente bueno y delicioso que lo hizo poner ojos en blanco y morderse los labios.
Kariage lo tomaba posesivo de su cadera, no era de todos los días la oportunidad de poder tener a Katsuki deshaciéndose de placer, con lo rico que se contraía abrazando su sexo.
─Siempre he querido estar así contigo ─gruñó entre quejidos y con una magnífica vista del trasero redondo rebotando contra su pelvis, engullendo su pene gordo y sintió sus bolas hinchadas─. Mierda, eres... malditamente apretado.
No pudo contenerse más y se corrió en su culo haciendo más húmedo y resbaloso el interior. Siguió empujando, deslizándose en él. Bakugō ya no tenía control de sí mismo, era una masa temblorosa de gemidos y alaridos, sollozando de placer.
─Mi. Er. Da... Me vengo. Me vengo. Hazlo más rápido, estúpido Kari... Sí. Sí. Joder, sí. Tu verga es tan buen... ¡Ah! ─Era vergonzoso escucharse a sí mismo pero excitante decir lo que piensa.
El motor de la motocicleta lo hacía vibrar, pegándose más a ésta cuando Kariage lo cogió de las muñecas desde atrás, embistiéndolo profundo hasta que sus bolas se pegaron golpeando las suyas.
─Eres tan sucio. Dime más, bonito, me gusta que me digas lo bueno que soy follándote.
Lo era. Lo malditamente era. Rechistó apoyado en el depósito de gasolina, respirando pesado y entrecortado. Su camisa estaba levantada y los hoyuelos de su espalda eran excitantes cuando golpeaba hasta adentro. El frío era menos, estremeciéndose y convulsionando, apretando el pene de Kariage, obligando a que se corriera junto a él.
Sonrió mordiendo su labio inferior al sentirse lleno del semen caliente y eyaculó dentro del jeans que apenas desabrochó. En cuanto Kariage salió, toda su leche se derramó de su entrada sonrosada y expandida del grosor de su verga.
Siempre había sido inconscientemente erótico, siendo todo lo pornográfico que Kariage había deseado y que siempre le gustó desde la escuela secundaria, pero no había sido suficiente.
Quería más de él. Más de Bakugō y Bakugō quería más de su verga. Se estiró como un gato, desplomado sobre la motocicleta y levantando su culo en una solicitud silenciosa pare pedir más y Kariage introdujo el pulgar en su entrada, ardiente y pegajoso. Katsuki suspiró.
─¿Qué haces? ─preguntó, respirando pesado, viendo a Kariage por el retrovisor.
─Quiero hacerte muchas cosas, bonito, cosas sucias pero no quiero lastimarte ─Sus miradas se encontraron─. Todo de ti me encanta.
Era intenso, lascivo, pupilas dilatadas como las de él. Creyó en lo que decía. Él también le encantaba todo de Kariage, eran demasiado jóvenes y tontos, percatándose de los deseos enfrascados de su amor de infancia. Lo deseaba como él venía haciendo al mismo tiempo. No podían esperar otro maldito año para estar así de juntos porque Bakugō seguía deseando que lo llenara y que lo hiciera todo un desastre en la cama. Que lo follara tanto para no poder vivir sin el sexo se Kariage en su interior.
─Quiero más ─Fue lo último que dijo antes de pasar todo un fin de semana con su mejor amigo teniendo muchísimo sexo, gritando su nombre y rechinando la cama para fastidiar a los vecinos.
Incluso chuparsela y atragantarse con su pene y tragarse la leche de Kariage era delicioso. Era divertido y se correspondían. No serían más algo que nunca debieron ser y serían a partir de ahí, lo que siempre quisieron hacer.
