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Botón de Oro

Summary:

Clover Cookie no puede conciliar el sueño, las pecas de su amado lo acompañan en su nocturna soledad.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Un búho anunciaba la medianoche, mientras el coro de cigarras ambientaba aquella tranquila noche de verano. Pequeñas luciérnagas bailaban bajo la luna, su brillo dando vida al reino que entonces dormía, con sueños de nubes de azúcar y montañas de dulce y miel.

En aquel sereno paisaje, un bardo resaltaba cuan luz en la penumbra. No eran sus cabellos de cala, ni su piel nevada, ni sus cándidas pestañas las que robaban la atención de la curiosa diosa de plata.

El intruso de aquella escena eran su ojos de cielo, abiertos de par en par, aun en medio de la oscura serenidad. Lento y perezoso, Clover Cookie trazaba líneas imaginarias entre las estrellas que podía ver desde su ventana, esperando un sueño que parecía no querer llegar.

El joven suspiró derrotado, por más cansado que se encontrase, no podía descansar.

Su mueca pronto se transformó en sonrisa. A su lado, un muchacho de verdes cabellos dormía plácidamente; sus brazos rodeaban torpemente el torso del bardo; su pecho subía y bajaba lentamente; y en la comisura de sus labios, algo de saliva podía verse caer. Una vista tan mundana como adorable.

Clover rió para sus adentros, limpiando gentilmente el rostro de Herb Cookie, quien apenas se acomodó al sentir las manos de su amado sobre su rostro. El jardinero se encontraba sumido en un profundo sueño, tan imperturbable como todas las noches.

El bardo no pudo evitar sentir envidia en aquel momento.

Decidió continuar observando el rostro de su amado. Una vez más, se encontró trazando líneas imaginarias. Solo que esta vez, los trazos estudiaban el rostro de Herb; como si de un mapa se tratase. Usualmente, el tesoro se encontraba en su redonda nariz, o sus labios de carmín. Pero esta vez, algo más llamó la atención de nuestro inquieto aventurero.

Pecas.

Cientos y cientos de manchitas que adornaban aquel dulce rostro, esparciéndose por su sien, su nariz, sus mejillas. Hasta creyó ver un par de traviesas bajando hacia su pecho.

No es que no las hubiese visto antes, pero su mente somnolienta se vio fascinada por aquel fenómeno. Las pecas se derramaban sobre la planicie de su piel como campos de flores. Esa noche, las pequeñas dormían, arrulladas por el canto de las cigarras. Pero de día, brillaban bajo el sol cuan pequeños botones de oro, bailando al son de la brisa veraniega. Aquella luz solo hacía que Herb brillase aún más en los ojos de Clover, como un sol que no se iba, y al que regresaría una y otra vez.

Sin darse cuenta, el bardo empezó a contarlas. No pudo verlas todas, pues la luna brillaba tenue esa noche. Y sin embargo, grande era la paz que sentía al contar cada mancha. Uno, dos, tres...

Pronto, aquel contar se tornó en compás; un suave vals comenzó a sonar. Clover sintió que bailaba en aquel campo de botones de oro, bajo el sol de verano, de la mano de su amado.

Aquel compás meció gentilmente al bardo...

Un, dos, tres. Un, dos, tres. Un, dos tres.

Un, dos...

Un...

Notes:

Clover cuenta las pecas de Herb cuando no puede dormir... es como contar ovejitas :3

No sé si quedó claro, ¡pero el botón de oro es una flor!. De todas maneras, si entendieron que Clover asemejaba las pecas de Herb a *literalmente* botoncitos de oro no me molesta lol, me gusta relacionar a Herbcito con imágenes cálidas.

Estoy segura que Clover escribió una canción inspirado en las pecas de Herb después de esto. Es así de meloso. Los quiero mucho :(

¡También estoy en Wattpad bajo el mismo @! Por si a alguien le interesa.