Chapter Text
Ahí, plantada frente a la estatua con la enorme gárgola protegiendo la entrada, Petunia se sentía tentada a retractarse, girarse y huir. Había pasado toda la mañana mentalizándose para este momento, o mejor dicho, toda su vida. Había imaginado innumerables veces enfrentarse al señor Dumbledore, pero nunca había sido de forma tan real y tangible. Sus manos sudaban, y las limpiaba nerviosamente en el viejo peto que solía llevar al invernadero. El año escolar apenas tenía unas cuantas semanas, lo cual resultaba muy conveniente para ponerse al día con los trabajos atrasados. Petunia suspiró, acariciando la cabeza de la gárgola en busca de alguna respuesta. Sin embargo, la estatua permaneció en silencio, sin ofrecer ninguna señal.
Con un atisbo de frustración, Petunia decidió probar algo más. Pinchó el pico de la gárgola, provocando que esta soltara un chillido gutural. Petunia se sobresaltó y retrocedió un paso.
"No creo que esa sea la contraseña para entrar, señorita Evans", dijo una voz grave detrás de ella.
Petunia se volvió rápidamente y se encontró cara a cara con Albus Dumbledore.
Era tal como lo recordaba. Un hombre vestido con una túnica bastante estrafalaria color magenta le miro curioso “Regaliz de lombriz” Sin más, la figura de piedra deslizo en espiral hacia arriba dejando al descubierto una escaleras, el viejo mago le indico el paso. La rubia asintió tímidamente avanzando por el hueco que conducía al despacho del Director. Su expresión era serena, mirándole atento.
"Lo siento, profesor Dumbledore", balbuceó Petunia, sintiéndose avergonzada por su intento fallido. "Estaba tratando de... adivinar la contraseña"
Dumbledore sonrió con amabilidad y colocó una mano reconfortante sobre el hombro de Petunia. "No te preocupes, mi querida. La contraseña ha cambiado recientemente, y solo los miembros del personal y los prefectos la conocen por el momento".
Petunia asintió, sintiéndose aliviada de que no la reprendieran por su intento improvisado.
El despacho de Dumbledore era simplemente espléndido. Una sala circular con una plataforma elevada donde se encontraba su imponente escritorio, rodeado de largos ventanales que permitían la entrada de la luz natural y ofrecían una vista panorámica del castillo. Retratos de antiguos directores y brujas y magos famosos adornaban las paredes, observando atentamente cada movimiento. Se sintió abrumada por la belleza y la grandeza del lugar. Sus ojos se posaron en los estantes repletos de libros, cada uno de ellos conteniendo un conocimiento mágico que ella desconocía. Miró con curiosidad los innumerables artilugios mágicos que decoraban la habitación, preguntándose cuál sería su función y propósito.
Mientras exploraba la habitación con la mirada, sus ojos se encontraron con un viejo sombrero raído en uno de los estantes. El sombrero parecía mirarla expectante, como si supiera que algo importante ocurría con ella. "¿Cuántos secretos guardas, viejo sombrero?", se preguntó Petunia en voz baja, como si el sombrero pudiera oírla.
“Bueno, es la primera vez que tenemos el placer… Por favor, tome asiento ¿Un dulce tal vez?” Dijo el hombre sonrió ampliamente, tendiéndole un tazón de pequeñas bolitas acidas.
"Gracias, señor Dumbledore", respondió Petunia con una sonrisa educada mientras tomaba asiento en la silla ofrecida. Observó el tazón de pequeñas bolitas ácidas que le tendía el director, pero decidió amablemente declinar la oferta.
"Entonces, Petunia", comenzó Dumbledore con su voz serena y amigable. "Me gustaría saber más sobre ti y lo que te ha llevado a mi despacho hoy”
Las letras de una carta recibida cuando era joven hicieron eco en su memoria.
Querida Petunia Evans,
Es con gran pesar que debo informarte que tu solicitud para ingresar a Hogwarts ha sido rechazada. Después de una cuidadosa consideración y evaluación de tus habilidades mágicas (o más bien, la falta de ellas), hemos llegado a la conclusión de que no eres apta para formar parte de nuestra distinguida institución. Debo admitir que es un tanto gracioso recibir una solicitud de alguien como tú, alguien que ha vivido su vida envidiando y menospreciando todo lo relacionado con el mundo mágico. No puedo evitar preguntarme qué te ha llevado a pensar que podrías pertenecer a un lugar donde la magia es apreciada y valorada.
Permítame ser claro en este punto: no tener habilidades mágicas no es ningún tipo de desgracia. De hecho, muchos individuos sin magia llevan vidas felices y exitosas. No puedo evitar preguntarme si tu solicitud no fue más que un intento desesperado de sentirte superior, de obtener un lugar en un mundo del que siempre te has sentido excluida. Lamento informarte que Hogwarts no es un lugar para aquellos que se aferran a su amargura y envidia.
Así que, Petunia Evans, te insto a que sigas tu vida ordinaria y triste, lejos de los muros de Hogwarts y de la magia que tanto te ha atormentado. Permíteme decirte que no serás extrañada ni por un momento. Tu presencia no es bienvenida ni necesaria en nuestra comunidad.
Atentamente,
Albus Dumbledore
Petunia respiró profundamente, tratando de controlar sus emociones mientras miraba al director Dumbledore. Su mente se aceleraba, buscando la mejor manera de abordar la situación y expresar sus sentimientos sin perder la compostura. Maldita sea, tenía tan solo 13 años. No tenía derecho a ser tan cruel con ella, destrozando sus ilusiones de esa manera. Sí, admitía haber sido algo malvada con su hermana y con Severus en aquel momento, pero si hubo un punto de inflexión en su vida para no abandonar aquel pensamiento desagradable, fue esa maldita carta. No le permitiría el privilegio de verla llorar. Inhaló profundamente, sintiendo cómo los mocos empezaban a picarle la nariz, y se frotó los ojos para deshacer cualquier lágrima rebelde. ¿Cómo abordar la situación? Lanzó una mirada rápida al director, cuya impaciencia comenzaba a manifestarse en su amplia sonrisa.
La joven se sintió un poco incómoda al ver la expresión seria en el rostro de Dumbledore, pero sabía que debía ser honesta y compartir su experiencia con él al menos una parte
"Bueno, señor Dumbledore, durante mi tiempo de inconsciencia, tuve un sueño muy vívido y extraño", comenzó, eligiendo con sumo cuidado sus palabras. "En este sueño, vi un futuro alterno donde las cosas eran diferentes. No puedo explicarlo con certeza, pero sentí que estaba presenciando eventos que aún no han ocurrido en nuestra realidad".
Dumbledore asintió, mostrando interés en las palabras de Petunia. Su mirada penetrante indicaba que estaba dispuesto a escuchar y considerar su experiencia.
"Entiendo que la adivinación y las visiones del futuro son un tema delicado y controvertido", continuó Petunia, su voz ligeramente tensa. "Pero este sueño me ha dejado inquieta”
Dumbledore se ajustó las gafas, mirando a Petunia con atención. Aunque su atuendo seguía pareciéndole ridículo, ella notó la seriedad en su expresión.
Petunia decidió compartir con Dumbledore una parte de su sueño, una versión tergiversada de la realidad que había experimentado en su otra vida, cuidando los detalles. Le contó sobre cómo se vio a sí misma en un mundo donde no tenía habilidades mágicas, donde un mago oscuro acechaba y representaba una amenaza que debía ser detenida.
"Entiendo que este sueño pues puede ser únicamente lo que es, un sueño", continuó Petunia, eligiendo cuidadosamente sus palabras. "Pero me ha dejado alarmada, preguntándome si hay algún significado más profundo detrás de él. ¿Podría ser una advertencia o una visión de un posible futuro, como una profecía?"
“Las profecías tienen una manera muy específica de presentarse, nunca se ha visto algo similar así que descarto la idea, Petunia, el estudio de los sueños y las visiones es un campo complejo y subjetivo", respondió Dumbledore con calma. "Si estás interesada en explorar más a fondo este sueño y su posible significado, podría ser útil buscar el consejo de expertos en adivinación o investigar técnicas de interpretación de sueños" El hombre prosiguió “Lo que me cuenta suena más como una fuerte contusión. La mente es un área muy poderosa e inexplorada. El ministerio de magia apenas sabe lidiar con ese tipo de asuntos y me temo que yo no estoy calificado para eso” Dijo después de escuchar los relatos de la joven. Reclinándose en su asiento, saco un pequeño sello y escribió algo rápido en un pergamino, para luego darle este a Petunia” Es un permiso con acceso ilimitado a la sección prohibida de la biblioteca. Quizás le pueda ser útil en un futuro”
"Gracias por su tiempo, Director", dijo Petunia, mostrando una leve inclinación como señal de agradecimiento. La idea de estrecharle la mano a Dumbledore le generaba un profundo enfado que prefería evitar.
No, al contrario. Tenía miedo de que vinieras a pedir la expulsión del joven Thomas. De todas formas, eso no sería posible", respondió Dumbledore.
El nombre de Thomas volvió a resonar en su mente. ¿Era una especie de celebridad en el mundo mágico? Petunia asintió, impaciente por salir de allí. No quería involucrarse en los problemas de otros, especialmente si ya tenía suficientes preocupaciones propias.
"Creo que sería beneficioso que lo visitaras. Está pasando por momentos terribles después de la tragedia que sufrió", agregó Dumbledore, pero el profesor no hizo más comentarios al respecto.
Petunia se despidió rápidamente y se encaminó hacia la salida, sintiéndose aliviada de abandonar el despacho. Caminó con determinación, como si estuviera huyendo de la Casa Marjorie Dursley, ansiosa por dejar atrás esa atmósfera opresiva.
"Perdonar a otros es perdonarse a uno mismo. Si los sueños persisten, no dudes en volver a consultarme", dijo Albus Dumbledore antes de que las escaleras comenzaran a girar y Petunia se encontrara en el pasillo. Esas palabras resonaron en su mente, ¿Qué quería decir con eso ese viejo loco?
Camino al jardín posterior de la primera planta del castillo, que se extendía ante Petunia, invitándola a adentrarse en su belleza natural. Los árboles estaban comenzando a mostrar los primeros indicios de otoño, con hojas que adquirían tonalidades doradas y rojizas. El aire fresco y la suave brisa acariciaban su rostro, transmitiendo una sensación de tranquilidad y serenidad, que necesitaba después de aquella visita. Permitiendo que sus pies la guiaran por el camino de piedra rodeado de flores y arbustos cuidadosamente dispuestos. El sonido suave de las hojas crujientes bajo sus pies añadía un ritmo que tranquilizaba sus pensamientos.
El jardín ofrecía un remanso de paz que su alma vieja agradecía. Alejándola del ajetreo y el bullicio del mundo mágico. En ese momento, se sentía en sintonía con su entorno, encontrando consuelo y calma en la belleza de la naturaleza. Lo único realmente constante en su vida, de las pocas cosas que le han dado completa felicidad en su vida anterior y esta, podrían decirse muchas cosas de Petunia, pero ella tenía el jardín más hermoso de todo Privet Drive, bueno, hasta que su jardín ya no fue más suyo.
Allí, en medio del todo, Petunia se sorprendió al ver a Louis y Narcissa enfrascados en una animada conversación. El viento jugueteaba con las ondas rubias del cabello de su amiga, mientras esta intentaba en vano acomodarlo tras su oreja.
Se acercó lentamente, sin querer interrumpir su conversación, pero su presencia no pasó desapercibida. Louis y Narcissa levantaron la vista al notar su llegada y le dedicaron una sonrisa amigable. Petunia se unió a ellos, sintiéndose acogida por el dúo
"¡Hola, Pet!", exclamó Cissy con entusiasmo. Louis asintió en saludo “¿Qué te trae a nuestros dominios?”
Petunia sonrió y se encogió de hombros. "Solo estaba dando un paseo sin rumbo fijo. Parece que el destino me ha traído hasta aquí"
"¿No terminó bien tu cita con Dumbledore?", preguntó Louis con una mirada curiosa.
Petunia dejó escapar una risa irónica. "No es mi tipo", respondió, sin entrar en detalles.
Intrigado, Louis continuó indagando "¿Cuál es tu tipo entonces?"
Petunia no pudo evitar una sonrisa pícara. "Mi tipo es... el dinero", dijo con un tono juguetón.
Los dos chicos se miraron entre sí, sorprendidos por la respuesta inesperada de ella. Al principio, no sabían si debían tomarlo en serio o como una broma, pero pronto estallaron en risas.
"¡Vaya, vaya! Así que el dinero es lo tuyo", comentó Louis, aún entre risas. "Supongo que tienes tus prioridades bien definidas."
"Mis padres hicieron una lista cuando tenía tan solo 3 años, tratando de asegurarme el mejor partido posible. Los primos Black parecían ser los candidatos más apropiados, pero al final se decidieron por mi precioso Lucius..." suspiró Narcissa, con un brillo de enamoramiento en los ojos.
Curioso, Zabini masajeo su mentón, preguntando "¿Me puedes decir quiénes eran los otros “afortunados” en esa lista?"
Cissy reflexionó un momento antes de responder: "Mis primos Black, por supuesto... Pero mi padre creyó que estar con alguien más joven no sería apropiado para una dama de mi posición."
“Y la endogamia si” se mofo Louis, que no pudo contenerse y soltó una risita burlona, recibiendo una suave patada de Cissy en respuesta. Petunia, entretenida con sus historias, seguía atenta a cada palabra.
"Potter también era una opción, pero se presentaba el mismo problema que con Sirius. Aunque debo decir que tú, con toda tu parafernalia francesa, habrías sido una elección muy convincente", comentó la hermosa rubia, dirigiéndose a su amigo con una sonrisa pícara.
Louis respondió con escepticismo "Supongo que las cámaras acorazadas de Thomas no fueron suficientes para llamar la atención de tus padres..."
Una vez más, aquel nombre resonó en la cabeza de Petunia, persistente y omnipresente. Se removió incómoda en su asiento, notando cómo Cissy se tensaba y se erguía, clavando una mirada intensa en Louis, cuyo ceño fruncido parecía esperar cualquier respuesta de la joven.
"Podrá tener todo el dinero, pero eso no cambia el hecho de que su padre es un traidor. Mezclándose con esa pueblerina... Que Merlín la tenga en donde quiera que esté. A su familia en cualquier caso…" expresó Narcissa, con un dejo de desdén en su voz.
Petunia sintió cómo un cubetazo de agua fría recorría su ser y dirigió su atención a Cissy, con una expresión de confusión en su rostro. "¿A qué te refieres con eso?", preguntó, buscando una explicación.
El ambiente se llenó de tensión y el silencio se prolongó más de lo que Petunia esperaba. Podía escuchar el sonido del viento meciendo las hojas del roble bajo el cual estaban sentados. La espera se volvió inquietante, mientras trataba de descifrar el enigma en los ojos de Cissy.
Louis se acercó más a Petunia, su mirada llena de compasión y cuidado. "Su familia fue brutalmente asesinada este verano. El dragonólogo Wester, su esposa... y la hermana menor de Thomas. Fue una conmoción total en el mundo mágico. Jamás en la historia moderna se ha visto algo tan... horrible", musitó Louis, como si mencionar aquello fuera un crimen en sí mismo. "La escena fue puramente macabra. Sería deshonrar su memoria entrar en detalles. Por eso es importante que te llegue el Profeta durante las vacaciones, Pet".
Sintió un nudo en el estómago y la tristeza la envolvió como una densa niebla. Las palabras de Louis resonaron en su mente, dejando un eco doloroso. La cabeza de Petunia comenzó a dar vueltas como si estuviera en un carrusel, sintiendo un dolor pulsante en su frente. Tenía miedo de preguntar, pero su curiosidad y necesidad de entender la situación le ganaron “¿Saben quién lo hizo?", murmuró con voz temblorosa.
Cissy palideció como un fantasma, encogiéndose en su lugar. Louis, con los brazos cruzados, negó con la cabeza. "No, solo son rumores... Se dice que cuando los aurores llegaron, solo encontraron ese terrible cuadro... y una marca en el cielo. Eso es todo lo que se comenta", respondió con cautela.
La noticia golpeó como un mazazo. Un escalofrío recorrió su espalda y un sentimiento de impotencia la invadió. La marca tenebrosa. Ahora, era Petunia quien sentía cómo la sangre se evaporaba de su cuerpo. Su corazón retrocedió a aquel fatídico día en que solo encontró su hogar consumido por las cenizas, el olor a carne quemada y la marca ardiente titilando en el cielo. Sus padres, aunque no los mejores con ella, al menos habían sido amables. En aquel momento, todo giraba en torno a Lily y su futuro brillante, mientras que a Petunia se le asignaba el papel de arreglárselas por su cuenta. Ese día en particular, se había permitido un pequeño lujo y fue al cine con Vernon a ver una película, cuya trama no recordaba debido al trauma que siguió. Un escalofrío recorrió sus huesos mientras el recuerdo la asaltaba.
"Creo que es mejor regresar... Aún no he terminado el ensayo para McGonagall", murmuró en voz baja. Había asuntos pendientes y la realidad amenazante la llamaba de vuelta, recordándole su deber como estudiante en Hogwarts. Además de ser el momento justo antes de que la lluvia hiciera acto de presencia.
