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Petunia Evans había llevado una vida superficial y llena de malos actos. Después de 25 años de matrimonio, su esposo Vernon la abandonó por una joven secretaria, dejándola a su suerte. Y su propio hijo se apartó de ella sin remordimientos, a pesar de todo lo que ella había sacrificado por él. Maltrató inhumanamente a su sobrino Harry, solo para complacer a su esposo obeso y recibir un poco de atención de él. Lo malnutrió, lo vistió como un mendigo y lo trató como esclavo; En pocas palabras, Petunia Evans no había tenido una vida "buena". Nadie habría notado su muerte si no fuera por el olor que comenzó a emanar de su apartamento deteriorado, atrayendo la atención de los vecinos y su persistente casero. Su cuerpo yacería junto a la suciedad de la alfombra hasta que alguien lo descubriera. ¿Debería acabar así todo?
Muchas veces imaginó cómo sería morir: un final agonizante, explosivo o simplemente una vejez tranquila rodeada de sus nietos. Sin embargo, la realidad fue diferente. No hubo dolor, no fue catártico ni emocionante. Solo un tirón repentino que hizo que su cabeza golpeara el suelo. No hubo resistencia por su parte, Petunia se entregó por completo a la experiencia de la muerte, buscando sentir algo más que el vacío que había arrastrado durante tantos años. Cualquier cosa, ya sea cielo o infierno, sería mejor que seguir soportando la insípida vida que tenía ahora. ¿Lily habría sentido lo mismo? No, ella seguramente habría luchado. Incluso en la muerte, siempre fue superior.
En medio de la negrura total, Petunia escuchó murmullos distantes. Era como si estuviera flotando en la conciencia, una fuerza inhumana que la impulsaba hacia adelante, el ruido de la inexistencia cada vez más fuerte. La llamaban desde todas partes y en todo momento, su nombre retumbaba y la asfixiaba lentamente. Petunia... Petunia... PETUNIA.
"Está despertando", susurró una voz.
"¿Estás segura? Todavía se ve pálida... Tal vez Pomfrey decidió que no hay esperanza. Han pasado tres días..."
"No digas tonterías, Severus", respondió otra voz.
Esa voz, o más bien, esas voces... Petunia las reconocía. Era como si emergiera de las profundidades de una piscina después de estar ahogada, con un sentimiento indescriptible oprimiendo su pecho. La chica respiró profundamente, tratando de capturar el aire a su alrededor, y abrió los ojos de golpe, llevando las manos a su pecho que tan solo momentos antes la estaba atormentando con dolor. Las figuras que murmuraban a su lado dieron un respingo, ayudándola a mantenerse en pie mientras verificaban sus signos vitales. En medio de todo el alboroto, lo que más le llamó la atención fue la melena roja, brillante como fresas maduras, que le ayudaba a reincorporarse.
"Esto debe ser una alucinación", pensó Petunia, sin poder creer lo que veía. Pero al mirar sus propias manos, el terror se apoderó de ella. Eran delgadas y huesudas, sin marcas de envejecimiento. Parpadeó repetidamente, sin poder asimilar lo que estaba sucediendo, y luego llevó sus manos a su rostro. Era terso, exceptuando el ceño fruncido que empezaba a marcarse, sin las arrugas de la edad, su cuello estaba firme y su cabello, largo y rubio como solía llevarlo en su adolescencia.
Y entonces, todo hizo clic. Los recuerdos borrosos de una vida que no había vivido se arremolinaron en su mente. Imágenes capturadas de una vida que ni en sus sueños más remotos se había permitido imaginar. Ella haciendo magia para ordenar su habitación. Jugando con Lily y Severus en un riachuelo. Recibiendo la carta de aceptación en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería de parte de Aurora Sinistra. Reuniones en el Club de las Eminencias, horas en la biblioteca leyendo sobre plantas acuáticas, fines de semana recolectando mandrágoras con la profesora Sprout...
"Lily...", su voz se quebró mientras se abalanzaba sobre la joven preocupada. La abrazó con fuerza, como si fuera a desvanecerse en cualquier momento, y Lily, después de la sorpresa inicial, correspondió al abrazo. Ambas sollozaban y lloraban sin control.
"Yo... lo siento", logró articular Petunia entre sollozos, sin poder pronunciar una disculpa adecuada. No había palabras que pudieran justificar sus acciones, no después de tantos años de daño.
"Muévete, muévete... Déjala respirar, muchacha", interrumpió una señorita pulcramente vestida que separó a las hermanas, quienes aún lloraban sin control. Severus, de pie detrás de la mujer, observaba la escena con curiosidad. Aquí, ninguno de los dos había sido cruel el uno con el otro. Petunia había sido una fiel defensora de Severus contra las alimañas de Gryffindor que lo acosaban.
Ese pensamiento sonaba tan ilusorio: Gryffindor, magia, Hogwarts. Todo parecía surrealista, pero Petunia sabía que debía buscar respuestas. Y sabía quién podría dárselas, sin importar lo amargas que fueran. Ya lo había hecho una vez antes.
"Todo parece estar bien. Te daré el alta mañana. Y ustedes...", madame Pomfrey se dirigió a las figuras que habían estado murmurando y preocupándose por la joven, "salgan de aquí. Mañana tendrán todo el día para hacerle preguntas. No quiero que Filch los atrape a estas horas, por su bien y el mío".
Los dos asintieron, despidiéndose rápidamente antes de salir por la extravagante puerta de la enfermería. Petunia sabía que algo la había llevado hasta allí, pero no sabía qué. Quizás eran los últimos momentos de su famélica vida, tratando de ofrecerle unos últimos momentos de autorreflexión. Sea lo que sea, lo consideraría mientras se recostaba en su almohada.
Al día siguiente, Petunia se despertó sintiéndose fatal. No había logrado conciliar el sueño en absoluto durante toda la noche, dando vueltas y vueltas en la incómoda cama mientras los recuerdos la asaltaban. Recordaba vagamente estar en la enfermería, evidentemente. Si su memoria no la traicionaba, una explosión en la clase de pociones la había dejado inconsciente. Recordaba cómo el aula temblaba mientras un humo putrefacto la envolvía, lanzándola hacia los estantes de ingredientes. Se sentó en la cama, frotándose los ojos cansados. A medida que la neblina de la confusión se disipaba, su mente se llenaba de preguntas. ¿Qué había causado la explosión? ¿Se encontraba alguien más herido? ¿Realmente era real esto? Trató de recordar los detalles, pero las imágenes eran borrosas y fragmentadas, como piezas de un rompecabezas desordenado.
Fue al baño para hacer sus necesidades y asearse, miró su reflejo en el espejo, sorprendida una vez más por el rostro joven y sin arrugas que la miraba de vuelta a pesar de las marcas oscuras debajo de sus ojos y aspecto cansado. Aunque estaba abrumada por los recuerdos de una vida que nunca vivió, se sentía decidida a descubrir la verdad y encontrar su lugar en este extraño mundo. Todo esto parecía una ilusión sacada de la manga de sus más profundos y retorcidos sueños. Estaba en Hogwarts, por Dios, en la flor de la juventud, siendo una persona tolerable. Tenía amigos, cuyos nombres recordaba, pero sus caras resultaban borrosas, con recuerdos agradables que la hacían sonreír, a pesar de que esta no fuera su vida. También pasar la noche en vela ayudo a organizar sus prioridades y presentarse ante un nuevo mundo que conocía pero al que no pertenecía. Al final del día, era una mujer de 40 y tantos años cuyas memorias empezaban a converger con una chica de 15 años. ¿Cómo actuaba la juventud en su época? Recordaba algunas bandas, las fiestas a las que nunca fue invitada y los dramas adolescentes de los que huyó como la peste. Si tenía suerte, también lograría evitar esa pesadilla aquí.
Recapitulando, Petunia Evans, una estudiante del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería en su quinto año, clasificada en Slytherin. A pesar de su "indigno" estatus de sangre, Petunia se adaptó perfectamente a su casa y disfrutaba del estatus y reconocimiento entre sus compañeros, aunque aún había algunos estúpidos que la molestaban por eso. Pero para ella, eso era preferible a ser molestada por su cuerpo delgado o su rostro amargado, por lo que consideraba que había salido ganando. Ella se enorgullecía de ser una estudiante ejemplar, como lo había sido en su juventud. Recordaba haber tenido la oportunidad de ir a la universidad, pero el dinero era más importante en aquel entonces, y aceptar un trabajo mediocre como secretaria fue otro golpe duro para su autoestima. Ahora, sin embargo, tenía la oportunidad de remediarlo. Aunque todavía había un poco de malhumor y pretensión en su actitud, Petunia suponía que incluso en otras vidas eso no cambiaba. Pero ahora, en Hogwarts, se sentía como pez en el agua. Disfrutaba de la camaradería entre sus compañeros de Slytherin, y el reconocimiento que había ganado le daba una satisfacción indescriptible. Sabía que había mucho por descubrir y aprovechar en este nuevo comienzo, y estaba decidida a hacerlo de la mejor manera posible.
Petunia tendió su camilla y tomó las prendas de ropa que la enfermera Pomfrey le había dejado, esperando ansiosa a que le dieran el "alta". Aún era muy temprano por la mañana y dudaba mucho que hubiera algún chico moribundo por ahí. Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la puerta se abrió y entraron la enfermera y un apresurado hombre regordete. Era de cabello rubio, con algunas motas grises queriendo hacer acto de presencia en su cabellera. Petunia se sonrojó levemente al verlo. No estaba mal... especialmente si se comparaba con el esperpento que fue su esposo.
El profesor Slughorn se plantó frente a la chica, dejando escapar un suspiro de total alivio. "Bendito sea Merlín, empezaba a preocuparme en serio", exclamó el profesor con un tono lleno de alivio. Una risilla escapó de sus labios mientras sus ojos brillaban de satisfacción. "Ningún estudiante antes había durado tanto en letargo como tú... ¡3 días! ¿Puedes creerlo?", continuó con asombro evidente en su voz. Sin poder contener su emoción, el profesor colocó sus manos sobre los hombros de Petunia y la zarandeó suavemente. "Eres una de mis eminencias. Habría esperado verte convulsionar, pero no fue así... Curioso, en verdad curioso...", murmuró en voz baja, más para sí mismo, sumido en sus pensamientos introspectivos.
"En cualquier caso, ve a descansar un poco más en tu habitación", indicó el profesor Slughorn mientras hacía un gesto con la mano. Petunia obedeció y comenzó a caminar detrás de él, siguiendo su paso apresurado. Los pasillos estaban solitarios, ya que era fin de semana y la mayoría de los estudiantes aún estaban descansando. Solo algún madrugador se encaminaba al gran comedor en busca del desayuno.
Mientras caminaba por los pasillos silenciosos, Petunia no pudo evitar recordar el pasado. En aquellos días, habría sentido náuseas al estar rodeada de tantos "fenómenos" como su hermana. Pero la edad la había ablandado y, con el tiempo, se dio cuenta de que el único monstruo en esa historia era ella misma. Ahora, admiraba cada rincón del castillo, asombrándose de cada pequeña cosa que antes pasaba desapercibida. Aunque conocía el recorrido por instinto, no podía evitar maravillarse ante la grandeza y la magia que lo rodeaba. Se permitió sumergirse en esos pensamientos mientras continuaba siguiendo al profesor Slughorn.
"Retomarás las clases el lunes. Tienes todo el fin de semana para ponerte al día con los trabajos pendientes. Si necesitas algún justificante, ya sabes dónde encontrarme", dijo Horace, sonriendo de oreja a oreja. Sin darse cuenta, ya se encontraban en las profundidades de las mazmorras. Las antorchas iluminaban el tétrico pasillo, que ahora parecía extrañamente familiar para Petunia. Reconoció el muro frente a ella; la sala común de Slytherin estaba a solo unos pasos de distancia. La chica asintió con la cabeza en señal de afirmación, aunque un nudo de nerviosismo se formó en su estómago, pero el profesor no pareció notarlo.
Petunia tomó aliento y apretó los puños, reuniendo valor para hacer su solicitud. "Hay una cosa que necesito, profesor", dijo con determinación, esperando que él levantara la ceja en confusión y curiosidad. El profesor Slughorn arqueó la ceja, confundido por la solicitud inesperada de la joven. Esperó a que ella continuara, sin perder de vista su expresión seria y decidida.
Tragando saliva, Petunia se armó de valor y continuó: "Me preguntaba si habría alguna manera de poder hablar con el director Dumbledore... Es algo importante", explicó, sintiendo el peso de la urgencia en sus palabras.
El profesor Slughorn reflexionó por un momento, evaluando la petición de Petunia. "Bueno, no suelo ser el intermediario entre los estudiantes y el director, pero en casos excepcionales puedo hacer una excepción", respondió, dando a entender que podría ayudarla. "Aunque espero que no sea para exigir la expulsión de Wester o algo por el estilo. Ya le he quitado suficientes puntos a Ravenclaw", añadió con una leve sonrisa.
Petunia intentó forzar una sonrisa, aunque en realidad se convirtió en una mueca mustia. Agradeció al profesor Slughorn por su disposición antes de despedirse y partir hacia su habitación, con la esperanza de que su solicitud pudiera ser atendida por el director Dumbledore.
Petunia se encontraba ahora en una encrucijada, con dos opciones frente a ella; Podía entrar a la Sala Común de Slytherin y enfrentarse a lo desconocido que aguardaba dentro, o podía optar por ir a comer algo al gran comedor y enfrentarse a lo desconocido que le esperaba allí. Después de reflexionar un momento, Petunia giró sobre sus talones y se encaminó hacia el gran comedor. Sentía que necesitaba algo de comida para calmar su inquietud y tomar fuerzas antes de adentrarse en la Sala Común.
Chapter 2: capitulo 2
Summary:
Petunia se encuentra con algunas caras borrosas que ahora tienen nombre.
Notes:
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Mientras caminaba por los pasillos, el ruido y los murmullos del gran comedor se hacían más audibles. A medida que se acercaba, el aroma tentador de los platos recién preparados llenaba el aire, despertando su apetito. Si se anteriormente se había impresionado por la enfermería, ver el esplendor del gran comedor le dejo boquiabierta. Los alumnos comenzaban a entrar adormilados yendo a sus respectivas mesas para tomar un bocado. Cuando ella se disponía a tomar un panecillo con mermelada una figura elegante se sentó a su lado. Era un chico joven de piel morena y rasgos fuertes que la observaba detenidamente, sus ojos avellanas taladraban con intensidad, creando una conexión instantánea.
“¿Tengo algo en la cara, jovencito?” musitó Petunia, frunciendo el ceño ante la mirada penetrante del chico.
Louis Zabini permaneció en silencio, sin apartar los ojos de ella “No has tomado café aun ¿Verdad?” pregunto, con una sonrisa traviesa
Petunia lo miró perpleja, llevando la mano al pecho para controlar su irritación. Justo cuando estaba a punto de recriminar al chico por su atrevimiento, él se echó hacia atrás soltando una sonora carcajada. "Debiste ver tu cara, todo un poema", dijo entre risas.
“Tu…”Antes de seguir dándole una reprimenda el chico preparo una taza de té y se la tendió a la joven, aun tratando de recomponerse dela risa.
“Has sido la comidilla de todo el castillo durante los últimos 3 días, todo un acontecimiento” Louis duplico la taza, bebiendo un pequeño sorbo “Wester está que se hace en los pantalones”
Petunia no pudo evitar soltar una risa nerviosa “Creo que le debo la vida”
Zabini la miró por el rabillo del ojo, pareciendo no entender del todo el peso que había en sus palabras. Louis y Narcissa iban en el mismo grado que ella, y eventualmente terminaron trabajando juntos y el trio se dio cuenta que congeniaban perfectamente.
Aprovechó el momento para examinar a su alrededor. El gran comedor estaba ahora estaba lleno de alumnos conversando y riendo, disfrutando de un desayuno animado antes de comenzar el día. Las mesas estaban llenas de deliciosos platos y la decoración era impresionante. Su mirada se encontró nuevamente con la de Louis, que no pudo evitar preguntar “Luces diferente…. ¿Nueva mascarilla?”
La rubia casi se atraganto con el último bocado del panecillo, alarmada.
Louis arqueó una ceja, divertido por su reacción exagerada. "No, no es una mascarilla. Solo has cambiado tu estilo de peinado", respondió con una sonrisa pícara “¿Verdad?”
Petunia intentó disimular su alivio, aunque una pequeña parte de ella se sintió halagada por la atención. Antes de que pudiera decir algo más, alguien la abrazó por sorpresa. Reconoció al instante la fragancia a fresas: era Lily Evans, su hermana.
Petunia trató de ignorar el repentino sentimiento de culpabilidad que la invadió al ver a su hermana allí, siendo real y tangible. ¿Cómo podía enfrentarla sabiendo la verdad? Las náuseas revolotearon en su estómago, poniéndose igual de verdes que la corbata de Slytherin.
“Porque sigues actuando tan extraño Pet… Cuando me ves parece que el Barón Sanguinario va atacarte” La pelirroja hizo un puchero, colocando su mentón en el hombro “¿Dónde está Severus?”
“¡Lily! ¡Qué sorpresa verte aquí!", exclamó Petunia, tratando de ocultar su turbación.
“¿Hermanita estas bien?” La ojiverde la contemplaba con preocupación, tocando su frente.
Las palabras se atascaron en su garganta y las náuseas se intensificaron. No podía decirle la verdad, no podía romper esa imagen perfecta que tenía de ella, al menos no de esta versión de su ser.
“Ella está bien, deberías meterte en tus asuntos Evans…. En tu mesa preferentemente” Aunque el chico de rastas intentaba sonar indiferente, el desdén en su voz era palpable. Lily frunció el ceño, sorprendida por la actitud del joven “Petunia es mi asunto Louis, pero sí, me retiro porque si no la próxima enferma seré yo. Pet sabes que siempre estoy para ti, nos vemos…” dijo con una sonrisa fingida antes de alejarse.
Petunia sintió un alivio momentáneo, pero también una punzada de culpa por alejar a su hermana. Volvió su atención a Louis, agradecida por su intervención “Increíble. Esa Evans siempre tan encantadora… Sé que es tu “hermanita” pero no puedes negarme el hecho de que es muy entrometida” comentó a Petunia, tratando de aliviar la tensión en el ambiente.
“Aprendes a trabajarlo con el tiempo, además no sabe que paso realmente en la explosión” Ni yo tampoco
El dúo hizo tiempo hasta que Louis tuvo que irse al entrenamiento de Quidditch. La rubia se encaminó una vez más hacia la sala común de Slytherin, envuelta en sus recuerdos del día en que fue seleccionada. Habían pasado treinta años desde que un muggle en su totalidad había sido sorteado en Slytherin, fue tan rápido que ni siquiera escucho la famosa voz del sombrero. Recordaba vívidamente la primera vez que cruzó el muro de piedra y contempló lo que sería su hogar durante los próximos siete años; Un lugar frío, elegante... y tétrico. Al ver los cráneos sobre la chimenea, retrocedió instintivamente. Los primeros días en la sala común fueron una odisea para ella. No fueron crueles, pero sí indiferentes, como si fuera invisible. Afortunadamente todo cambió cuando demostró sus habilidades y se convirtió en la principal contribuyente de puntos para la casa. Con el tiempo, la sala común se volvió extrañamente acogedora. Disfrutaba de las mantas para acurrucarse frente a la chimenea, la pulcritud del lugar y los inmensos ventanales desde los que podía observar las profundidades del lago y saludar al calamar gigante.
Con la tranquilidad que le brindaba la sala común, estaba lista para poner en marcha su plan, aunque reconocía que no tenía pies ni cabeza en ese momento. Sabía que debía trabajar en tres puntos clave: detener a Voldemort, salvar a su hermana y, definitivamente, evitar terminar casada con Vernon Dursley.
Afortunadamente, uno de esos puntos ya estaba completamente cubierto, ya que pelafustán estaba completamente fuera de su vida. Ahora, tenía que centrarse en los otros dos.
En un rincón de la sala común, tomó un pergamino y se sumergió en sus pensamientos, recordando las palabras que Harry le había dicho después de la guerra. Las atrocidades y el sufrimiento que él había experimentado aún resonaban en su mente. A pesar de todo eso, Harry había sido capaz de perdonarla, incluso cuando ella sentía que no tenía derecho a recibir su perdón. Reflexionó sobre las conversaciones que habían tenido, sobre los horrocruxes y la lucha contra Voldemort. Harry le había hablado de la muerte de sus compañeros, de las batallas y sacrificios que habían enfrentado. También le había hablado de su propia muerte, de cómo había regresado y luchado hasta el final para poner fin a la oscuridad. Petunia sentía una mezcla de gratitud y culpa, mucha culpa que aun atormentaba su corazón al recordar las palabras de Harry. Se dio cuenta de que, a pesar de haberse distanciado de su hermana y de haber sido envidiosa de sus habilidades mágicas, Harry había demostrado compasión y perdón hacia ella. Preguntándose cómo había sido capaz de encontrar la fuerza para perdonar a alguien como ella, que había sido indiferente e incluso hostil hacia él en el pasado.
Petunia levantó la cabeza al escuchar un leve ruido y se encontró con la mirada de una chica rubia que sostenía una pequeña caja morada entre sus manos. La chica le dedicó una sonrisa apenas visible en su rostro, lo que hizo que Petunia se sintiera intrigada, Incluso la voz de Narcissa era armónica como ella. La menor de las hermanas Black, pariente del padrino de Harry. Su aspecto cuidadoso, era realmente bonita
“Nada te recupera mejor que una buena rana de chocolate”
"Muchas gracias, Cissy" respondió con gratitud, mientras la chica intentaba echar un vistazo a lo que estaba escribiendo. Sin embargo, efue mucho más rápida y escondió rápidamente el escrito en el bolsillo de su túnica, evitando que fuera descubierto.
"¿Escribiendo alguna carta de amor quizás?", preguntó Narcissa con una sonrisa juguetona en su rostro, elevando las cejas divertida.
Estalló en risas ante la idea y negó rotundamente. "¡Oh, no, nada de eso!", exclamó entre risas. "El romance y yo terminamos en malos términos. No es algo por lo que pasaría nuevamente" Dijo muy convencida de sus palabras.
La expresión de Narcissa se iluminó de emoción mientras apretaba sus mejillas y examinaba cada detalle de su rostro "¡¿Estás enamorada?!". La sorpresa y la curiosidad se reflejaban en sus ojos.
Petunia se encogió de hombros con una expresión de desdén. "Por supuesto que no. Enamorarse es una pérdida de tiempo que consume todas tus energías hasta consumirte en las cenizas", afirmó con seguridad, recordando con disgusto a Vernon.
Narcissa frunció el ceño, aparentemente decepcionada por la respuesta de su amiga. "Aunque no lo creas, el amor puede ser algo hermoso y significativo. No todos los romances terminan en desilusión…". Claro, lo decía porque estaba comprometida con el soberbio de Lucius Malfoy, el premio anual cuya cara reflejaba su perpetuo estreñimiento "Nunca digas de este caldero no he de comer”
Quedé indispuesta del que comí pensó Petunia con una risa silenciosa en su interior. Recordaba el dicho y encontraba cierta ironía en la situación.
Naricisa tomo asiento en la esquina del escritorio, jugando con el tintero "Oh... Un chico mandó a decirte que Dumbledore te espera mañana en su despacho a la hora del té. ¿Expulsarán a Thomas?" Sus ojos ahora estaban abiertos, esperando respuestas.
Petunia frunció el ceño al escuchar el nombre de Thomas Wester, el estudiante de Ravenclaw "Thomas... ¿Qué sabrá ese chico?", se preguntó en voz baja. Sabía que la respuesta no sería sencilla, pero sentía que debía enfrentar la situación y obtener algunas respuestas directamente de Dumbledore, al igual que del chico ese.
“Me siento un poco cansada aun Cissy, iré a descansar” Petunia se levantó de su asiento y se dirigió a las habitaciones, La idea de enfrentar a Dumbledore no la intimidaba, no como antes. Pero confiar de todo en él tampoco era una opción.
"Esta vez, seré yo quien obtenga las respuestas", murmuró para sí, decidida. Daba igual el precio que habría que pagar.
Notes:
Se que es mucho texto, pero necesito fijar los puntos claves ¿Cómo quien es ese Thomas Wester? (Y porque parece conocerlo todo Hogwarts) También de que Pet necesita tener una buena conversación con Lily ¿Y los merodeadores donde están? Espero que estudiando, honestamente. ¡Bonito día !
Chapter 3: capitulo 3
Summary:
Petunia visita a Dumbledore por fin. También sabe porque Thomas no se puede ir de Hogwarts (Y a todo esto...¿Quién es Thomas?)
Notes:
Buenas buenas! Después de la caída de AO3 decidí esperar un poquitín para subir este capitulo !Pero ya esta aquí¡ Disfruten
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Ahí, plantada frente a la estatua con la enorme gárgola protegiendo la entrada, Petunia se sentía tentada a retractarse, girarse y huir. Había pasado toda la mañana mentalizándose para este momento, o mejor dicho, toda su vida. Había imaginado innumerables veces enfrentarse al señor Dumbledore, pero nunca había sido de forma tan real y tangible. Sus manos sudaban, y las limpiaba nerviosamente en el viejo peto que solía llevar al invernadero. El año escolar apenas tenía unas cuantas semanas, lo cual resultaba muy conveniente para ponerse al día con los trabajos atrasados. Petunia suspiró, acariciando la cabeza de la gárgola en busca de alguna respuesta. Sin embargo, la estatua permaneció en silencio, sin ofrecer ninguna señal.
Con un atisbo de frustración, Petunia decidió probar algo más. Pinchó el pico de la gárgola, provocando que esta soltara un chillido gutural. Petunia se sobresaltó y retrocedió un paso.
"No creo que esa sea la contraseña para entrar, señorita Evans", dijo una voz grave detrás de ella.
Petunia se volvió rápidamente y se encontró cara a cara con Albus Dumbledore.
Era tal como lo recordaba. Un hombre vestido con una túnica bastante estrafalaria color magenta le miro curioso “Regaliz de lombriz” Sin más, la figura de piedra deslizo en espiral hacia arriba dejando al descubierto una escaleras, el viejo mago le indico el paso. La rubia asintió tímidamente avanzando por el hueco que conducía al despacho del Director. Su expresión era serena, mirándole atento.
"Lo siento, profesor Dumbledore", balbuceó Petunia, sintiéndose avergonzada por su intento fallido. "Estaba tratando de... adivinar la contraseña"
Dumbledore sonrió con amabilidad y colocó una mano reconfortante sobre el hombro de Petunia. "No te preocupes, mi querida. La contraseña ha cambiado recientemente, y solo los miembros del personal y los prefectos la conocen por el momento".
Petunia asintió, sintiéndose aliviada de que no la reprendieran por su intento improvisado.
El despacho de Dumbledore era simplemente espléndido. Una sala circular con una plataforma elevada donde se encontraba su imponente escritorio, rodeado de largos ventanales que permitían la entrada de la luz natural y ofrecían una vista panorámica del castillo. Retratos de antiguos directores y brujas y magos famosos adornaban las paredes, observando atentamente cada movimiento. Se sintió abrumada por la belleza y la grandeza del lugar. Sus ojos se posaron en los estantes repletos de libros, cada uno de ellos conteniendo un conocimiento mágico que ella desconocía. Miró con curiosidad los innumerables artilugios mágicos que decoraban la habitación, preguntándose cuál sería su función y propósito.
Mientras exploraba la habitación con la mirada, sus ojos se encontraron con un viejo sombrero raído en uno de los estantes. El sombrero parecía mirarla expectante, como si supiera que algo importante ocurría con ella. "¿Cuántos secretos guardas, viejo sombrero?", se preguntó Petunia en voz baja, como si el sombrero pudiera oírla.
“Bueno, es la primera vez que tenemos el placer… Por favor, tome asiento ¿Un dulce tal vez?” Dijo el hombre sonrió ampliamente, tendiéndole un tazón de pequeñas bolitas acidas.
"Gracias, señor Dumbledore", respondió Petunia con una sonrisa educada mientras tomaba asiento en la silla ofrecida. Observó el tazón de pequeñas bolitas ácidas que le tendía el director, pero decidió amablemente declinar la oferta.
"Entonces, Petunia", comenzó Dumbledore con su voz serena y amigable. "Me gustaría saber más sobre ti y lo que te ha llevado a mi despacho hoy”
Las letras de una carta recibida cuando era joven hicieron eco en su memoria.
Querida Petunia Evans,
Es con gran pesar que debo informarte que tu solicitud para ingresar a Hogwarts ha sido rechazada. Después de una cuidadosa consideración y evaluación de tus habilidades mágicas (o más bien, la falta de ellas), hemos llegado a la conclusión de que no eres apta para formar parte de nuestra distinguida institución. Debo admitir que es un tanto gracioso recibir una solicitud de alguien como tú, alguien que ha vivido su vida envidiando y menospreciando todo lo relacionado con el mundo mágico. No puedo evitar preguntarme qué te ha llevado a pensar que podrías pertenecer a un lugar donde la magia es apreciada y valorada.
Permítame ser claro en este punto: no tener habilidades mágicas no es ningún tipo de desgracia. De hecho, muchos individuos sin magia llevan vidas felices y exitosas. No puedo evitar preguntarme si tu solicitud no fue más que un intento desesperado de sentirte superior, de obtener un lugar en un mundo del que siempre te has sentido excluida. Lamento informarte que Hogwarts no es un lugar para aquellos que se aferran a su amargura y envidia.
Así que, Petunia Evans, te insto a que sigas tu vida ordinaria y triste, lejos de los muros de Hogwarts y de la magia que tanto te ha atormentado. Permíteme decirte que no serás extrañada ni por un momento. Tu presencia no es bienvenida ni necesaria en nuestra comunidad.
Atentamente,
Albus Dumbledore
Petunia respiró profundamente, tratando de controlar sus emociones mientras miraba al director Dumbledore. Su mente se aceleraba, buscando la mejor manera de abordar la situación y expresar sus sentimientos sin perder la compostura. Maldita sea, tenía tan solo 13 años. No tenía derecho a ser tan cruel con ella, destrozando sus ilusiones de esa manera. Sí, admitía haber sido algo malvada con su hermana y con Severus en aquel momento, pero si hubo un punto de inflexión en su vida para no abandonar aquel pensamiento desagradable, fue esa maldita carta. No le permitiría el privilegio de verla llorar. Inhaló profundamente, sintiendo cómo los mocos empezaban a picarle la nariz, y se frotó los ojos para deshacer cualquier lágrima rebelde. ¿Cómo abordar la situación? Lanzó una mirada rápida al director, cuya impaciencia comenzaba a manifestarse en su amplia sonrisa.
La joven se sintió un poco incómoda al ver la expresión seria en el rostro de Dumbledore, pero sabía que debía ser honesta y compartir su experiencia con él al menos una parte
"Bueno, señor Dumbledore, durante mi tiempo de inconsciencia, tuve un sueño muy vívido y extraño", comenzó, eligiendo con sumo cuidado sus palabras. "En este sueño, vi un futuro alterno donde las cosas eran diferentes. No puedo explicarlo con certeza, pero sentí que estaba presenciando eventos que aún no han ocurrido en nuestra realidad".
Dumbledore asintió, mostrando interés en las palabras de Petunia. Su mirada penetrante indicaba que estaba dispuesto a escuchar y considerar su experiencia.
"Entiendo que la adivinación y las visiones del futuro son un tema delicado y controvertido", continuó Petunia, su voz ligeramente tensa. "Pero este sueño me ha dejado inquieta”
Dumbledore se ajustó las gafas, mirando a Petunia con atención. Aunque su atuendo seguía pareciéndole ridículo, ella notó la seriedad en su expresión.
Petunia decidió compartir con Dumbledore una parte de su sueño, una versión tergiversada de la realidad que había experimentado en su otra vida, cuidando los detalles. Le contó sobre cómo se vio a sí misma en un mundo donde no tenía habilidades mágicas, donde un mago oscuro acechaba y representaba una amenaza que debía ser detenida.
"Entiendo que este sueño pues puede ser únicamente lo que es, un sueño", continuó Petunia, eligiendo cuidadosamente sus palabras. "Pero me ha dejado alarmada, preguntándome si hay algún significado más profundo detrás de él. ¿Podría ser una advertencia o una visión de un posible futuro, como una profecía?"
“Las profecías tienen una manera muy específica de presentarse, nunca se ha visto algo similar así que descarto la idea, Petunia, el estudio de los sueños y las visiones es un campo complejo y subjetivo", respondió Dumbledore con calma. "Si estás interesada en explorar más a fondo este sueño y su posible significado, podría ser útil buscar el consejo de expertos en adivinación o investigar técnicas de interpretación de sueños" El hombre prosiguió “Lo que me cuenta suena más como una fuerte contusión. La mente es un área muy poderosa e inexplorada. El ministerio de magia apenas sabe lidiar con ese tipo de asuntos y me temo que yo no estoy calificado para eso” Dijo después de escuchar los relatos de la joven. Reclinándose en su asiento, saco un pequeño sello y escribió algo rápido en un pergamino, para luego darle este a Petunia” Es un permiso con acceso ilimitado a la sección prohibida de la biblioteca. Quizás le pueda ser útil en un futuro”
"Gracias por su tiempo, Director", dijo Petunia, mostrando una leve inclinación como señal de agradecimiento. La idea de estrecharle la mano a Dumbledore le generaba un profundo enfado que prefería evitar.
No, al contrario. Tenía miedo de que vinieras a pedir la expulsión del joven Thomas. De todas formas, eso no sería posible", respondió Dumbledore.
El nombre de Thomas volvió a resonar en su mente. ¿Era una especie de celebridad en el mundo mágico? Petunia asintió, impaciente por salir de allí. No quería involucrarse en los problemas de otros, especialmente si ya tenía suficientes preocupaciones propias.
"Creo que sería beneficioso que lo visitaras. Está pasando por momentos terribles después de la tragedia que sufrió", agregó Dumbledore, pero el profesor no hizo más comentarios al respecto.
Petunia se despidió rápidamente y se encaminó hacia la salida, sintiéndose aliviada de abandonar el despacho. Caminó con determinación, como si estuviera huyendo de la Casa Marjorie Dursley, ansiosa por dejar atrás esa atmósfera opresiva.
"Perdonar a otros es perdonarse a uno mismo. Si los sueños persisten, no dudes en volver a consultarme", dijo Albus Dumbledore antes de que las escaleras comenzaran a girar y Petunia se encontrara en el pasillo. Esas palabras resonaron en su mente, ¿Qué quería decir con eso ese viejo loco?
Camino al jardín posterior de la primera planta del castillo, que se extendía ante Petunia, invitándola a adentrarse en su belleza natural. Los árboles estaban comenzando a mostrar los primeros indicios de otoño, con hojas que adquirían tonalidades doradas y rojizas. El aire fresco y la suave brisa acariciaban su rostro, transmitiendo una sensación de tranquilidad y serenidad, que necesitaba después de aquella visita. Permitiendo que sus pies la guiaran por el camino de piedra rodeado de flores y arbustos cuidadosamente dispuestos. El sonido suave de las hojas crujientes bajo sus pies añadía un ritmo que tranquilizaba sus pensamientos.
El jardín ofrecía un remanso de paz que su alma vieja agradecía. Alejándola del ajetreo y el bullicio del mundo mágico. En ese momento, se sentía en sintonía con su entorno, encontrando consuelo y calma en la belleza de la naturaleza. Lo único realmente constante en su vida, de las pocas cosas que le han dado completa felicidad en su vida anterior y esta, podrían decirse muchas cosas de Petunia, pero ella tenía el jardín más hermoso de todo Privet Drive, bueno, hasta que su jardín ya no fue más suyo.
Allí, en medio del todo, Petunia se sorprendió al ver a Louis y Narcissa enfrascados en una animada conversación. El viento jugueteaba con las ondas rubias del cabello de su amiga, mientras esta intentaba en vano acomodarlo tras su oreja.
Se acercó lentamente, sin querer interrumpir su conversación, pero su presencia no pasó desapercibida. Louis y Narcissa levantaron la vista al notar su llegada y le dedicaron una sonrisa amigable. Petunia se unió a ellos, sintiéndose acogida por el dúo
"¡Hola, Pet!", exclamó Cissy con entusiasmo. Louis asintió en saludo “¿Qué te trae a nuestros dominios?”
Petunia sonrió y se encogió de hombros. "Solo estaba dando un paseo sin rumbo fijo. Parece que el destino me ha traído hasta aquí"
"¿No terminó bien tu cita con Dumbledore?", preguntó Louis con una mirada curiosa.
Petunia dejó escapar una risa irónica. "No es mi tipo", respondió, sin entrar en detalles.
Intrigado, Louis continuó indagando "¿Cuál es tu tipo entonces?"
Petunia no pudo evitar una sonrisa pícara. "Mi tipo es... el dinero", dijo con un tono juguetón.
Los dos chicos se miraron entre sí, sorprendidos por la respuesta inesperada de ella. Al principio, no sabían si debían tomarlo en serio o como una broma, pero pronto estallaron en risas.
"¡Vaya, vaya! Así que el dinero es lo tuyo", comentó Louis, aún entre risas. "Supongo que tienes tus prioridades bien definidas."
"Mis padres hicieron una lista cuando tenía tan solo 3 años, tratando de asegurarme el mejor partido posible. Los primos Black parecían ser los candidatos más apropiados, pero al final se decidieron por mi precioso Lucius..." suspiró Narcissa, con un brillo de enamoramiento en los ojos.
Curioso, Zabini masajeo su mentón, preguntando "¿Me puedes decir quiénes eran los otros “afortunados” en esa lista?"
Cissy reflexionó un momento antes de responder: "Mis primos Black, por supuesto... Pero mi padre creyó que estar con alguien más joven no sería apropiado para una dama de mi posición."
“Y la endogamia si” se mofo Louis, que no pudo contenerse y soltó una risita burlona, recibiendo una suave patada de Cissy en respuesta. Petunia, entretenida con sus historias, seguía atenta a cada palabra.
"Potter también era una opción, pero se presentaba el mismo problema que con Sirius. Aunque debo decir que tú, con toda tu parafernalia francesa, habrías sido una elección muy convincente", comentó la hermosa rubia, dirigiéndose a su amigo con una sonrisa pícara.
Louis respondió con escepticismo "Supongo que las cámaras acorazadas de Thomas no fueron suficientes para llamar la atención de tus padres..."
Una vez más, aquel nombre resonó en la cabeza de Petunia, persistente y omnipresente. Se removió incómoda en su asiento, notando cómo Cissy se tensaba y se erguía, clavando una mirada intensa en Louis, cuyo ceño fruncido parecía esperar cualquier respuesta de la joven.
"Podrá tener todo el dinero, pero eso no cambia el hecho de que su padre es un traidor. Mezclándose con esa pueblerina... Que Merlín la tenga en donde quiera que esté. A su familia en cualquier caso…" expresó Narcissa, con un dejo de desdén en su voz.
Petunia sintió cómo un cubetazo de agua fría recorría su ser y dirigió su atención a Cissy, con una expresión de confusión en su rostro. "¿A qué te refieres con eso?", preguntó, buscando una explicación.
El ambiente se llenó de tensión y el silencio se prolongó más de lo que Petunia esperaba. Podía escuchar el sonido del viento meciendo las hojas del roble bajo el cual estaban sentados. La espera se volvió inquietante, mientras trataba de descifrar el enigma en los ojos de Cissy.
Louis se acercó más a Petunia, su mirada llena de compasión y cuidado. "Su familia fue brutalmente asesinada este verano. El dragonólogo Wester, su esposa... y la hermana menor de Thomas. Fue una conmoción total en el mundo mágico. Jamás en la historia moderna se ha visto algo tan... horrible", musitó Louis, como si mencionar aquello fuera un crimen en sí mismo. "La escena fue puramente macabra. Sería deshonrar su memoria entrar en detalles. Por eso es importante que te llegue el Profeta durante las vacaciones, Pet".
Sintió un nudo en el estómago y la tristeza la envolvió como una densa niebla. Las palabras de Louis resonaron en su mente, dejando un eco doloroso. La cabeza de Petunia comenzó a dar vueltas como si estuviera en un carrusel, sintiendo un dolor pulsante en su frente. Tenía miedo de preguntar, pero su curiosidad y necesidad de entender la situación le ganaron “¿Saben quién lo hizo?", murmuró con voz temblorosa.
Cissy palideció como un fantasma, encogiéndose en su lugar. Louis, con los brazos cruzados, negó con la cabeza. "No, solo son rumores... Se dice que cuando los aurores llegaron, solo encontraron ese terrible cuadro... y una marca en el cielo. Eso es todo lo que se comenta", respondió con cautela.
La noticia golpeó como un mazazo. Un escalofrío recorrió su espalda y un sentimiento de impotencia la invadió. La marca tenebrosa. Ahora, era Petunia quien sentía cómo la sangre se evaporaba de su cuerpo. Su corazón retrocedió a aquel fatídico día en que solo encontró su hogar consumido por las cenizas, el olor a carne quemada y la marca ardiente titilando en el cielo. Sus padres, aunque no los mejores con ella, al menos habían sido amables. En aquel momento, todo giraba en torno a Lily y su futuro brillante, mientras que a Petunia se le asignaba el papel de arreglárselas por su cuenta. Ese día en particular, se había permitido un pequeño lujo y fue al cine con Vernon a ver una película, cuya trama no recordaba debido al trauma que siguió. Un escalofrío recorrió sus huesos mientras el recuerdo la asaltaba.
"Creo que es mejor regresar... Aún no he terminado el ensayo para McGonagall", murmuró en voz baja. Había asuntos pendientes y la realidad amenazante la llamaba de vuelta, recordándole su deber como estudiante en Hogwarts. Además de ser el momento justo antes de que la lluvia hiciera acto de presencia.
Notes:
Well... Tenemos telita amistades. La historia de Thomas se la tome prestada al OC de un buen amigo que por supuesto no va leer esto, que representaba perfectamente para mi al menos lo que podría ser el primer gran ataque de Lord Voldemort. En este punto aun no se levantan las alarmas de guerra en la comunidad mágica, pero Pet sabe que ya no hay vuelta atrás. Claro que los Slytherin son los que tendrán la primicia de cualquier forma, pero eso lo explorare mas adelante.
También, para las 3 personas que leen esto se estarán preguntando que pasa con Lily y los merodeadores, tiempo al tiempo amistades, ya no tardan en hacer su aparición. Y como comente anteriormente las hermanas necesitan una buena charla entre ambas. ¡Nos vemos pronto! :D
Chapter 4
Summary:
Clases por fin, aunque los amigos de Pet son muy flojos. También la niña va investigar a la biblioteca ¿Qué cosas encontrara ahí?
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
El primer encuentro de Petunia con Thomas fue en clase de Encantamientos. El chico estaba con su novia Nova Stone, una joven jovial cuya estatura pequeñita la hacía rivalizar con el profesor Flitwick. Thomas le recordaba su pequeño dudders, luciendo como un bloque de masa con carita de bebe, el pobre chico tenia bien marcados los surcos negros debajo de sus ojos. Cuando se toparon durante el pasillo para entrar a clase el chico ni siquiera tuvo el valor para mirarla. Tendría que dar el primer paso.
“Imagina que dibujas un pino en el aire”
El chico dio un respingo, levantando temerosamente el rostro para toparse con una sonriente Petunia, imitando el movimiento de zigzag en el aire y desaparecer la taza del escritorio “Inténtalo” le animo
Thomas dudó por un momento, pero luego extendió la mano y trató de dibujar un pino en el aire. Nada pasó.
"Estás pensando demasiado", dijo Petunia. "Solo relájate y deja que tu varita haga el trabajo".
Thomas respiró hondo y cerró los ojos. Trató de relajarse y concentrarse en la figura. Cuando abrió los ojos, vio que la taza había desaparecido por completo.
"¡Lo hice!" exclamó, parpadeando para verificar que realmente lo había logrado
Petunia sonrió. "Te dije que podrías... Y respecto a lo sucedido con pociones", agregó, viendo el pánico en la cara del chico que le recordaba cuando encontraba a los cigarrillos de su hijo. "Fue un accidente, tarde o temprano pasaría, ya sea a nosotros o a ese par..." Señaló a dos Gryffindor que intentaban desaparecer dedos con el hechizo.
"Es que no fue un accidente, Pet", dijo el tono en su voz era contundente, sin apartar sus ojerosos ojos de ella. Se acercó un poco más. "Algo extraño pasó ese día, la vibra era rara. Y tú también..."
"¿Qué dices?"
"Como que ya fue mucho chisme por ahí", la chillona voz del profesor Flitwick se alzó por lo alto, mirando al par con severidad debajo de sus gruesas cejas.
Nova, curiosa, apareció detrás de su novio, estrangulando su brazo y barriendo a Petunia con los ojos. "Ya escuchaste al profe, Pet. Tu compañero te espera", siseó la castaña, señalando a Louis que jugueteaba con el mango de la taza. Chistó, despidiéndose con una sonrisa forzada.
"Tus nuevas amistades son tan... "sympathiques", el brillo burlesco brillaba en su mirada, ganándose un mohín de la rubia. Se mordió el labio inferior, tratando de ignorar los comentarios de Nova y la mirada de Thomas.
Los días siguientes fueron relativamente tranquilos para Petunia. Se pasó analizando la conducta de los demás estudiantes. A diferencia de los Slytherins, los chicos de otras casas eran realmente vulgares (exceptuando a la mayoría de los Ravenclaw, que parecían tener el sentido común instalado en sus venas), tal como ella los recordaba en su juventud. Dándose lote en los pasillos vacíos, haciendo desastres, y actuando como verdaderos payasos.
Entre ellos, un grupo que tenía la cierta desgracia de conocer. Los estúpidos amigos de Lily. Bueno, para su fortuna aún no sucedía aun aquello. A su hermana solo la saludaba vagamente por los pasillos, mientras que ella se la pasaba pegada a Louis y Narcissa. Lily era uña y mugre de Severus, que a pesar de que su hermana era realmente popular en todo el castillo y tener otras amistades, su pasatiempo favorito era estar con el niño de pelo grasiento.
Petunia también había notado como el joven Snape se la pasaba atrás de los chicos grandes en la sala común, entre ellos el petulante de Malfoy. Que según los rumores era el cabecilla de la red de propaganda sobre las artes oscuras, que estaba ganando gran popularidad entre sus compañeros. También recordaba que pronto sería el punto de quiebre entre los 2 chicos. Una punzada de culpa vino a ella, recordando lo feliz que fue cuando vio a Lily desguanzada y llorando en su habitación porque Snape no deseaba verla al terminar el ciclo escolar de ese año. Y ella no se lo puso más fácil.
“Hasta que ese idiota de Snape se dio cuenta de lo horrible que eres, es una lástima… Hacían una pareja fantástica de fenómenos ¡Una gran atracción de circo! ” Le dieron ñañaras en el estómago al recordar aquello.
Odiaba pensar en eso. Odiaba pensar en lo feliz que había sido cuando vio a Lily sufrir. Pero no podía evitarlo. Fue parte de ella, esa asquerosa parte que siempre había estado celosa de Lily; de su belleza, su popularidad, su talento. Y la peor parte es que siempre había encontrado una manera de hacerle daño.
Tenía que hacer algo para ayudar a su compañero. Severus Snape se estaba involucrando con la gente equivocada, y ella sabía que terminaría metiéndose en problemas.
Quizás podría exprimirle la información al chiquillo, pensó Petunia, maquinando un plan para mantenerlo a salvo. Su destreza como duelista y herbologista podría ser útil en esta situación y, tal vez su talento impresionaría incluso a los más escépticos ¿Involucrarse con Lucius? .Lo único en lo que flaqueaba realmente era en una de sus materias optativas; Adivinación.
"Deberíamos quedarnos aquí... A la vieja madame Cappi no le importará si no vamos", bostezó Cissy, acostada en una de las largas bancas de los pasillos del jardín. El almuerzo estaba por terminar, muchos estudiantes estaban jugando, otros apresuraban el paso para llegar a las clases de la tarde.
"Seguramente ya vio que no fuimos", agregó Louis, echado en el suelo. Petunia, con las piernas cruzadas, observaba al par de holgazanes. No le entusiasmaba en absoluto tener que subir hasta la torre norte, empujando a su amigo para que se levantara de una vez.
"Iremos. Tenemos que...", comenzó a decir Petunia, pero su propuesta fue respondida con un gruñido de Cissy. La rubia se puso de pie, obligando a sus amigos a hacer lo mismo. El trío llegó derrotado a clase, encontrándose con un aula notablemente vacía. Era bien sabido que Madame Cappi era una mujer que no le daba importancia a nada, dejando el aula prácticamente en ruinas y cuyo ático lucia como para guardar los cachivaches de Navidad. La profesora entró en la clase, su largo vestido negro y su capa de terciopelo rojo flotando detrás de ella. Llevaba el cabello recogido en un moño alto, y sus joyas tintineaban con cada movimiento.
"¡Mis querubines!" exclamó. "Benditos sean mis ojos al verlos otra vez. Tan preciosos como siempre." Los pocos estudiantes saludaron vagamente. Madame Cappi no era precisamente una profesora popular, pero si era conocida por sus excentricidades." Espero que estén durmiendo bien", dijo "Porque Mercurio está a punto de retrogradar otra vez, y habrá muchas cosas que les quitarán el sueño."
Los estudiantes se miraron entre sí con inquietud. Todos sabían que Mercurio en retrógrado podía causar todo tipo de problemas, desde malentendidos hasta ataques de doxys
"Sobre todo para mis signos de fuego", dijo Madame Cappi, señalando a Nova, quien también se encontraba en la clase. "Así que ten cuidado, muñeca."
Nova asintió, cruzando una mirada molesta con Petunia. La joven rubia sabía que la maestra era famosa por su enfoque en la astrología y la adivinación, y aunque no compartía esa creencia, se obligó a mantener la compostura. Mantenerse desapercibida era su prioridad y sabía que era mejor no meterse en un debate con la excéntrica profesora.
“Por favor, analicen su diario de sueños mientras reviso esta serie de babosadas de mis niños de 7°” Sonrió, señalando la pila de pergaminos en su escritorio, rebosante de papeles en la esquina de la sala. Reviso los pocos sueños que tuvo antes de cambiar de cuerpo. Uno donde era perseguida por bludgers asesinas, otros donde el calamar gigante intentaba hacer malabares con peces. Se masajeo las cienes, realmente era terrible en eso. Había resumido en pocas palabras las cosas con respecto al futuro, sacando conclusiones bastante vagas y generales. Si bien era una bruja talentosa, aún no había dominado el arte de la interpretación de sueños
"¿Qué significa soñar con pulpos?", preguntó Petunia, mirando a Cissy, quien garabateaba en un grueso tomo del Oráculo de los Sueños. La joven rubia ojeó el libro, pero parecía incapaz de concentrarse y encontrar una respuesta satisfactoria.
"Depende", respondió Cissy, cuyos claros ojos carecían de ánimo mientras pasaba por el capítulo de los sueños con invertebrados. "¿El pulpo estaba en el mar o en un acuario? ¿Te lo comías?"
"En el lago... Supongo que es un punto medio", respondió Petunia con una ligera mueca, tomando apuntes para recordar su sueño.
"Nuevas amistades, pero te sientes atrapada... Como yo con esta estúpida clase", susurró Narcisa, dirigiéndose solo a sus amigos cercanos. Zabini soltó una risita y cerró bruscamente su tomo mientras miraba a su amiga.
"Eres una Black, está en tu ADN", exclamo el con ironía. Cissy simplemente encogió los hombros, acomodando su flequillo, como si estuviera acostumbrada a tales comentarios sobre su linaje.
Petunia paro la oreja por las palabras de Cissy. "Creo que estás hablando con la Black equivocada, cariño", dijo. "Mi tío Orión es el que sabe de esas cosas. Trabaja en el Departamento de Misterios, es un cerebrito en esas cuestiones...", comentó Narcisa, haciendo referencia a su propio tío.
La mención de su tío Orión hizo que Petunia levantara una ceja de sorpresa. "¿El padre de Sirius?", preguntó con curiosidad.
Narcisa asintió con una sonrisa. "Sí, exactamente. Tiene una biblioteca impresionante. Te volverías loca al verla", dijo con entusiasmo.
“El loco será otro si no salgo de aquí” Louis dijo enredándose la coleta por el cuello, cayendo rendido en el escritorio.
“¿Qué estás buscando en particular?” preguntó Madame Cappi, apareciendo repentinamente atrás de ella y mirando sobre el hombro de Petunia. La chica dio un respingo, mientras la profesora daba un vistazo rápido en dirección a Louis, ganándose una mirada de desaprobación de ella.
“No lo sé exactamente”, admitió Petunia. “Supongo que solo quiero ver si hay alguna pista sobre lo que me depara el futuro” Intento elevar sus comisuras sin mucho éxito ya sabes lo que te depara el futuro idiota
La estrafalaria profesora asintió, haciendo titilar sus collares “Entiendo”, dijo. “Bueno, déjame echarle un vistazo”.
La profesora hizo un ademán con la mano para que le entregara el diario. Petunia vaciló por un momento, pero luego le entregó el diario con timidez. La profesora lo abrió y comenzó a hojearlo lentamente. Petunia podía sentir su corazón latiendo en su pecho mientras la profesora leía sus más íntimos pensamientos. Se tomó su tiempo, pasando por cada página con atención. Petunia se sentó y esperó, mordiéndose el labio nerviosamente.
Después de unos minutos, Madame Cappi cerró el diario de sueños de sopetón “Bien”, dijo. “Creo que tengo algunas ideas”.
Petunia se enderezó. “¿Oh, sí?” preguntó.
“Sí”, dijo Madame Cappi. “Tus sueños parecen indicar que estás pasando por un momento de gran cambio en tu vida. Estás dejando atrás tu antigua vida y entrando en una nueva…”. Le tendió el diario de regreso, titubeando un poco en regresarlo. “Es un momento emocionante”, dijo Madame Cappi. “Puede ser un momento abrumador. Tus sueños parecen estar tratando de decirte que debes prepararte para esto. Debes recordar siempre que tienes el coraje y la fuerza para enfrentar cualquier cosa que te depare el futuro”. El pánico en la pobre chica se disparó, mientras la profesora tomaba uno de los mechones de Petunia, observándola con sumo interés.
"Espero que hayan avanzado bastante, mis polluelos cósmicos", retumbó la grave voz de Madame Cappi en el aula. "Revisaré su avance la próxima semana".
Petunia y sus compañeros salieron apresuradamente del aula, dirigiéndose a sus próximas clases. Sin embargo, la frase de la profesora se quedó resonando en su mente durante el resto de la tarde. Al finalizar el día, cuando el pequeño grupo se dirigía a la sala común de Slytherin Petunia se topó con Severus, empapado de pies a cabeza y parado en las sombras. No dudó en acercarse a él, despidiéndose de sus amigos. El chico vaciaba su mochila, llena de agua, y sus libros se esparcían por el suelo.
"Aquamovora", pronunció Petunia, secando instantáneamente las prendas del chico. Severus le devolvió una mirada avergonzada, cabizbajo.
“Sev, ¿te encuentras bien? ¿Qué sucede?", preguntó Petunia, colocando una mano reconfortante en su hombro. Quería animar un poco a su compañero y de paso saber qué había ocurrido para que terminara tan empapado.
Severus suspiró, mirando al suelo antes de responder. "Un grupo de Gryffindors decidió que sería muy divertido arrojarme al lago, sin previo aviso", confesó, su voz cargada de indignación y rabia. "Me habían estado molestando desde hace días, pero hoy fue el colmo". Gruño, separando sus libros en el suelo.
Petunia apretó los puños, sintiendo una mezcla de enojo y preocupación. No soportaba la idea de que el pequeño fuera víctima de bullying y humillación. "No dejes que te afecte, Sev. Eres mucho más fuerte que ellos y no mereces pasar por esto", dijo con firmeza. "Si necesitas ayuda, no dudes en pedírmela. Estoy aquí para ti".
"Tranquila, Petunia. No quiero que tengas problemas por mi culpa", hablo determinado, aunque aún se notaba cierta timidez en su expresión. "Lo puedo manejar… Solo necesito aprender a ignorarlos".
"Pues son unos idiotas, tranquilo...", murmuró Petunia con rabia. "¿Quieres que hable con ellos?"
Severus negó rotundamente, sus mejillas enrojecidas por la vergüenza. Aunque apreciaba el ofrecimiento de Petunia, no quería que ella se involucrara en una situación que podría volverse más complicada.
"Tranquilo... No diré nada. Pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados", insistió Petunia, sacudiendo el cabello de Severus con una sonrisa. "Y también tenemos que hacer algo con este pelo".
“Vamos, Sev, eres joven... Estos días no regresarán jamás", le dijo con entusiasmo. "¿Qué te parece si vamos a Hogsmeade con Lily el próximo fin de semana? Podemos pasar un rato agradable, comprar chucherías en Honeydukes. Será divertido".
Al chico se le iluminaron los ojos. Petunia no tenía mucho dinero, pero podría arreglárselas para comprarle algo decente a él y a su hermana. Sobre todo a Lily… Eso le recordaba que aún estaba a tiempo para invertir en compañías de tecnología muggle. Se encargaría de hacerlo en Navidad. Al menos así podría asegurar el futuro financiero de su familia y el de ella.
Aprovecho ese fin de semana para seguir con su investigación, aunque ahora Petunia se encontraba frustrada y agotada buscando información sobre los horrocruxes en la biblioteca. A pesar del permiso especial de Dumbledore para acceder a la sección prohibida, no había encontrado pistas útiles. La atmósfera del lugar solo aumentaba su incomodidad, con un frío que parecía calar sus huesos y una sensación de espeluznante soledad. La bibliotecaria, la estricta Pince, le había proporcionado un pequeño candil para poder leer en esa zona oscura y peligrosa. Pero, a pesar de la débil luz, los pasillos repletos de polvo y libros viejos la ponían más nerviosa. Cada roce de una hoja o un susurro desconocido la hacían saltar de sobresalto. No había ninguna corriente de aire, pero el ambiente tenía algo siniestro que le ponía los pelos de punta. Aunque estaba decidida a encontrar pistas sobre los horrocruxes, la falta de avance la desanimaba. Cerró uno de los libros con frustración y se masajeó las sienes, buscando algún indicio que la llevara al menos encontrar una respuesta.
De repente, escuchó un golpe. Giró rápidamente el cuello, pero no había nada a la vista. El ruido sonó de nuevo, esta vez más cerca. Era como el sonido de pasos arrastrando por el suelo, su respiración se aceleró. Se puso en pie, arrastrando la silla, temblando. No estaba sola en el lugar como creyó. Había alguien más en la sección prohibida…
Petunia sintió cómo la adrenalina recorría su cuerpo, la angustia y el miedo la paralizaban momentáneamente. Cada pequeño ruido la hacía estremecerse, sin saber qué o quién podía estar acechándola en la oscuridad de la sección prohibida.
Decidió avanzar con precaución, tratando de no hacer ruido. Cada paso que daba resonaba en el silencio sepulcral de la biblioteca. Con el candil en una mano y la otra agarrando su varita con fuerza, avanzó sigilosamente por los pasillos, mirando a su alrededor en busca de cualquier señal de la presencia misteriosa .El corazón le latía con fuerza en el pecho mientras seguía el rastro del sonido. Finalmente, divisó una sombra en la distancia. Una figura encapuchada se movía lentamente entre las estanterías, cuya tenue luz del candil no permitía ver su rostro.
Petunia apretó los dientes, no podía permitir que esa figura la asustara o la obligara a abandonar su misión de búsqueda de información para proteger el futuro.
Tomando una profunda inspiración, se armó de valor y avanzó hacia la figura encapuchada. "¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo aquí?" preguntó con voz temblorosa pero firme. La figura se detuvo y pareció mirarla con sus ojos ocultos tras la capucha. Petunia no podía distinguir ninguna característica facial, solo una presencia inquietante.
"Vete", susurró la figura en un tono frío y siniestro.
Negó rotundamente en la oscuridad,
La figura pareció considerarlo por un momento, luego dio un paso hacia ella. Petunia retrocedió instintivamente, pero se mantuvo firme, apretando su varita con más fuerza. "Los secretos que buscas son peligrosos, impura. Te advierto que te alejes antes de que sea demasiado tarde", dijo la figura de manera amenazante.
Petunia aún permanecía estática, lista para lanzar un hechizo de ataque. La figura pareció contemplarla durante un momento más antes de dar media vuelta y desaparecer en la oscuridad, dejando en su lugar un tomo semi abierto, la chica, con el corazón en la garganta titubeo al agacharse para leer el título Historia Del Mal.
Primero lo toco con la varita, asegurándose que no fuera una ilusión, o una trampa transfigurada. Acerco un poco más el candil, dándole vuelta a la portada y enfocarse en la traducción, que cierta parte estaba subrayada con violencia en tinta negra «Del horrocrux, el más siniestro de los inventos mágicos, ni hablaremos ni daremos datos.» leyó en voz baja, repasando las palabras una y otra vez.
Continuó explorando los estantes de la sección prohibida, enfocándose en cada libro con detenimiento. Aunque el libro de Historia del mal había proporcionado una pequeña pista sobre los horrocruxes, todavía no había encontrado información más detallada sobre su creación o destrucción. Mientras revisaba cada estante, Petunia notó una falta de simetría en la perfecta organización de los libros. Había un espacio vacío, como si un tomo hubiera sido retirado hace muchísimo tiempo. Aquello le generó una especie de ansiedad, ya que la perfección en la acomodación de los libros era algo que le resultaba reconfortante. Se acercó al espacio vacío y lo examinó cuidadosamente; Los estantes estaban hechos de madera oscura y estaban tallados con delicados patrones. El espacio vacío era del mismo tamaño que un libro promedio, y estaba rodeado de un borde de polvo. Petunia extendió la mano y tocó el borde de polvo. Era suave y sedoso, y se sentía como si estuviera tocando un sueño ¿Por qué habían retirado un libro específico?
“¡AUG!” Un terrible ardor abrumo su piel, apartando instintivamente la mano del lugar hueco, acogida por una sensación de maldad y oscuridad. Tal como los sentimientos que alguna vez albergo por Lily, seguramente los estragos que el libro faltante albergaba.
Ya había demasiada investigación por hoy. Se dio la vuelta y caminó lentamente hacia la salida de la sección prohibida. No quería quedarse allí ni un minuto más, sabía qué había estado buscando en la sección prohibida, pero no había encontrado lo que buscaba en definitiva.
Derrotada, regreso a su habitación. Donde una a nota descansaba en su baúl a piel de los doseles de la cama.
Querida Petunia Evans
Espero que estés disfrutando de tus estudios y que te encuentres bien en este nuevo curso. Te escribo con una solicitud importante relacionada con nuestra querida asignatura de Herbología.
Como bien sabes (o no), Sirius Black ha estado teniendo algunas dificultades en materia y necesita apoyo adicional para mejorar su rendimiento en la materia. He estado observando tus habilidades excepcionales en el estudio de las plantas mágicas y creo que serías una tutora ideal para él.
Tu conocimiento en Herbología y tu pasión por las plantas te convierten en una candidata perfecta para ayudar al chico a comprender mejor los conceptos y mejorar sus habilidades prácticas. Además, confío en que tu paciencia y habilidades de enseñanza serán de gran valor para él.
Te agradecería enormemente tu colaboración. Estaré encantada de coordinar los detalles y asegurarme de que ambos tengan una experiencia fructífera en estas sesiones de tutoría.
Agradezco tu dedicación y compromiso con nuestra querida asignatura.
Con afecto,
Profesora Pomona Sprout
Profesora de Herbología
A esa bella mujer no podía negarle absolutamente nada. Petunia se relajó al quitarse los zapatos y ponerse la pijama. Agradecía estar sola en la habitación en ese momento, ya que no había logrado establecer una conexión cercana con las otras compañeras. Aparte de su amiga Cissy, no había tenido mucho éxito en fraternizar con las demás jóvenes. Se dejó caer suavemente en la cama, sintiéndose como si estuviera durmiendo sobre una nube de algodón. A pesar de todo el estrés y las emociones del día, se sintió reconfortada por la comodidad de su cama, permitiéndose entusiasmarse por su próxima salida de Hogwarts. Ya mañana haría un pequeño plan para apoyar al primo de su amiga, ahora lo único que quería era dormir.
Notes:
No se si lo mencione antes, pero no tengo idea de cuanto vaya a durar esto. Lo que si tengo exactamente claro es como terminara, y la idea de que el señor oscuro este mas presente de lo que creía es algo que no esperaba completamente. Así que quizás esto tenga un giro de tuerca que ni yo misma esperaba. Este capitulo fue largo, perdón a las 3 personas que leen esto ¡Espero que les haya gustado!
Chapter 5: capitulo 5
Summary:
Un mal día hace sacar lo peor (Hasta el momento) de petunia.
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Petunia había logrado equilibrar su horario para que no interfiriera con sus clases, estudios y reuniones con el profesor Slughorn, logro que la tenía realmente orgullosa, incluso encontrando un pequeño espacio para disfrutar de momentos de relax con sus amigos Louis y Cissy. Se miró en el espejo de su habitación, un elegante objeto con bordes de plata y joyas que valían más que su modesta casa. Aunque seguía siendo la misma persona, notó que su aspecto había mejorado bastante en los últimos días, las ojeras habían desaparecido y se sentía con mucha más energía.
Con su cabello recogido en una trenza y vistiendo ropas más gastadas, Petunia se dirigía a su lugar favorito: los invernaderos. Para llegar allí, debía atravesar todo el castillo, en la parte posterior donde se alzaban los armazones de hierro fundido y cristal, rodeados por las cosechas que proporcionaban alimentos para el colegio. Con entusiasmo, empujó las pesadas puertas del invernadero de cuarto año y fue recibida por un embriagador aroma a flor voladora que llenó el ambiente. Sus mejillas se ensancharon en una sonrisa de deleite mientras acariciaba con ternura una de las hojas del lugar. Desde siempre, había soñado con tener un invernadero propio, un lugar donde cultivar sus plantas y ser la envidia del vecindario. Sin embargo, Vernon nunca consideró que fuera conveniente con dos niños que alimentar, y, en lugar de cumplir su sueño, su exesposo había gastado dinero en absurdos palos de golf que nunca llegó a utilizar. Petunia suspiró, recordando las malas decisiones financieras de Vernon.
"Gracias por tu ayuda, preciosa", agradeció Sprout, moviendo algunas macetas. Era emocionante estar finalmente en un área en la que se sentía completa, sin tener que preocuparse por darle significado a sus tontos sueños o tener que preocuparse por transfigurar gatos en lámparas. Era increíble estar rodeada de vegetación incluso con el clima otoñal asechando afuera "Veo que ya estás preparando la clase".
La rubia asintió, rastrillando el abono de hipogrifo cortesía de la profesora de criaturas mágicas. El fuerte olor del estiércol le recordó las visitas al pueblo de su abuelo, y su sonrisa se ensanchó. Ella odiaba ir ahí, le daba mucho asco. Quizás él ahora se estuviera riendo de ella donde quiera que esté.
"Efectivamente, profesora", canturreó, llena de emoción. Atrayendo una de las macetas para preparar la tierra. "Creo que con enseñarle sobre esos primores", señaló una esquina, donde un cultivo diferente a las flores se hacía presente, "con eso el chico Black entenderá los conceptos básicos de la materia". El deje de malicia pasó desapercibido por Sprout.
“No creo que sea buena elección cielo... Las mandrágoras son plantas muy delicadas y requieren de un manejo cuidadoso, cosas que dudo mucho que ese chico conozca”
“¿Acaso es tan terrible en clase?” Pregunto, dejando la maceta ya lista aun lado. La profesora solo movió las manos en el aire, haciendo figuras sin saber cómo explicar. Ella rio, entendiendo perfectamente.
"No es que sea terrible", dijo. "Es simplemente... que no está interesado. Siempre está mirando por la ventana, o hablando con sus amigos".
“No necesita darme más explicaciones. Hare todo lo que este en mis manos para hacer ese jovencito entienda” Sprout le dio unas palmaditas en la cabeza, soltando un suspiro de alivio
“Sé que lo harás. Confío plenamente en ti, Pet. Me retiro ahora, no tardan en llegarme los nuevos brotes Floros Gicae, te los enseñare la próxima semana” La bajita profesora se despidió entusiasta.
“Esperare ansiosa profesora” Petunia Evans se puso de pie de un brinco, caminando a la sección de los cachivaches y recogiendo un par de guantes y audífonos pomposos. Miró cómo la profesora Sprout se iba del invernadero. Teóricamente, el chico no debería tardar. Tomó las macetas de las mandrágoras y las colocó con cuidado en una mesa, asegurándose de que estuvieran a la vista pero fuera del alcance del estudiante hasta que estuviera listo para trabajar con ellas. Luego, buscó el material de lectura y notas que había preparado para la clase, organizando todo para que fuera fácilmente accesible durante la lección. . Aguardaba la llegada de su aprendiz.
La rubia esperó y esperó... pero lo único que llegó fue la noche. En algún momento de la espera, el aburrimiento y el cansancio la vencieron. Un hilo de saliva seca caía de la comisura de sus labios, y bostezaba mientras intentaba adaptarse a la poca luz. El lugar estaba vacío. La humedad había jugado en su contra, y estaba empapada de sudor. Ese mocoso realmente no había venido. Oh, no, ese niño no sabía con quién se estaba metiendo. Gruñó, guardó los materiales y salió furiosa del lugar.
El camino de regreso al castillo, aunque se sentía más corto, de noche y sin la luz de luna para iluminarlo, era un poco aterrador. Había unas escasas antorchas parpadeando cada pocos metros. Curiosamente, se sentía más segura fuera que dentro, después de lo sucedido en la biblioteca (cosa que no había comentado con nadie por miedo a ser llamada loca o ser la burla de sus amigos).
Al alcanzar la entrada, sus ojos se movieron con cautela en ambas direcciones del pasillo, checando cada rincón para asegurarse de que la señora Norris, la temida gata guardiana de Filch no estuviera merodeando por los alrededores. Una vez confirmado que había moros en la costa su rostro se iluminó, con pasos suaves avanzó de puntillas hacia su objetivo, como una sombra que se desliza sin ser detectada. Una vez en las mazmorras, con voz apenas susurrante, pronunció la clave que abría la sala común. Aliviada de llegar al fin.
Lucius Malfoy, con los brazos cruzados y una expresión de asco en su rostro, estaba sentado en uno de los sillones de cuero. Alzó la cabeza para mirar la entrada de Petunia Evans. "No son horas adecuadas, Evans", siseó, como si le fuera indigno hablar con ella. Rodó los ojos y se dirigió a las habitaciones de las chicas, este cerró su libro de golpe. Aventándolo en su dirección, afortunadamente el chico tenía mala puntería
Petunia se giró sobre si y lo siguió, furiosa. Su límite había sido sobrepasado hace horas como para aguantar al cara larga de Lucius "¿Qué te pasa?", le gritó. "¿Te crees que eres mejor que yo?”
"No", dijo Malfoy, "sé que soy mejor que tú". Se levantó del sofá, dando la vuelta y alejándose, dejándola sola en el pasillo. Esta tomo uno de los cojines para ahogar un grito de frustración.
Al día siguiente, el cabreo en ella no había hecho más que florecer al despertar. Entre el estúpido de Malfoy (Cuya resignación había menguado porque no podía meterse con el premio anual) y la usencia de ese niño pedante que no estaba valorando el esfuerzo extra que ponía Sprout en él, y su cabeza burbujeaba de enojo. Ninguno de sus amigos tuvo mucho éxito para bajarle el coraje. Con cada minuto que pasaba, su frustración parecía crecer como una tormenta dentro de ella.
“No le des importancia, Pet." Louis picaba poco entusiasta la comida en su plato. Petunia casi le clavó el tenedor en el hombro. ¿Cómo no le iba a dar importancia? Sprout se preocupaba por él y solo pensaba ignorarla. Aventó el plato y se levantó, determinada a enfrentarse con aquel mocoso. Dio grandes zancadas hasta llegar a la mesa de Gryffindor en un instante, acercándose a unas chicas de Gry que la miraban extrañadas. Sabía perfectamente con quien descargaría su coraje. Las chicas a su alrededor intercambiaron miradas y murmullos, pero Petunia los ignoró, centrada en expresar lo que sentía.
"¿Dónde está Sirius Black?" Una de las chicas señaló el otro extremo de la mesa, donde un grupo de 4 chicos estaba bastante sumergido en lo que parecía un viejo pergamino. La rubia se arremangó la túnica, ese niño no sabía con quién se metía.
"¿Quién de ustedes jovencitos es S?" Un confuso Harry Potter levantó la cabeza, y Petunia sintió que le movían el mundo, paralizada. Ella sabía que Harry se parecía a su padre; de las raras veces que vio al muchacho, diría que la similitud entre ambos era asombrosa, pero presenciarlo ahora era abrumador. Otros dos chicos se pusieron a la par, un niño rubio regordete con cara asustadiza y un castaño que parecía estar a un paso de una anemia.
"No hay nadie con ese nombre aquí", señaló Harry, no, James Potter.
"Black, Sirius Black… ¿Quién de ustedes es ese maldito?" preguntó la rubia con voz tensa.
Los chicos miraron entre ellos, algo incómodos ante la confrontación repentina. El rubio regordete fue el primero en hablar, tartamudeando un poco: "Y-yo soy Peter Pettigrew, no conozco a ningún Sirius Black."
El chico castaño asintió, manteniendo la calma: "Soy Remus Lupin, y tampoco sé quién es Sirius Black."
El último joven en incorporarse estiró el cuello, cerrando el papel que tenía en las manos. Sí, definitivamente era el irreverente tipo que en la boda de Lily se aventó uno de los peores brindis de la historia, claro, mucho más joven. Su corbata estaba maltrecha, y su piel pálida contrastaba con lo oscuro de su cabello. El lugar quedó vacío tras él, avanzando con la característica temeridad de los Gryffindor, que no temían a nada ni nadie. Petunia frunció las cejas, esperando que su mirada pulverizara a ese engendro de la creación que media cabeza más bajo que ella.
La escena se volvió tensa y cargada de magia en un abrir y cerrar de ojos.
“El placer es tuyo primor” Sirius le guiñó un ojo coquetamente mientras pronunciaba las palabras en tono condescendiente, pero antes de que Petunia pudiera asimilar lo que sucedía, agarró su varita y lanzó un poderoso hechizo "CALVORIO". Instantáneamente, cada cabello del pelinegro desapareció, incluyendo sus cejas, dejándolo totalmente calvo.
El chico anémico llevó una mano a la boca, intentando contener la risa, pero no pudo evitar que algunas carcajadas se escaparan. El niño tímido se hizo bolita en su lugar, visiblemente asustado por lo que estaba ocurriendo. Pero James, sacando el pecho por su amigo se puso delante de él, levantando su varita. Su cara hervía en rabia “FURNU”
La situación se volvió aún más tensa y confusa cuando Lily apareció de la nada y desarmó al castaño con un potente "Expelliarmus". Petunia quedó boquiabierta ante la repentina intervención de su hermana, cuya cara ahora tenía el mismo color que su cabello, visiblemente enojada pero protegiéndola del chico.
James, aturdido y con cara de cachorrito abandonado bajo la más horrible tormenta, señaló con temblor en sus manos a un estupefacto Sirius Black, quien intentaba ocultar su falta de cabello bajo la capucha de su túnica. Una bola de estudiantes chismosos comenzó a formarse a su alrededor, disfrutando del drama que se desarrollaba frente a ellos.
Petunia sintió que su energía se drenaba por completo mientras la vergüenza la invadía su piel. Odiaba las confrontaciones públicas, y mucho más ser el centro de atención de estas. Lily, sabiendo que la situación era demasiado para su hermana, se colocó a su lado y tiró de su túnica para sacarla del bullicio. Petunia miro a Sirius, siendo muy puntual con sus palabras.
“Si me dejas otra vez tirada, las consecuencias de la próxima vez serán mucho peores….”
Petunia aun moría de vergüenza mientras su hermana la llevaba fuera del comedor, alejándose de los murmullos y miradas curiosas que los seguían. Lily la condujo hasta una pequeña sala de estudio donde solo dos fantasmas charlaban animadamente en un rincón. Con suavidad, Lily tomó a su hermana de los hombros y la hizo sentarse de golpe, frunciendo sus cejas rojas en señal de preocupación.
“¿Que rayos te ocurre Petunia?” Sus enormes ojos verdes, intentando descifrar el alma de su hermana, chistando.
“Black no asistió a las tutorías que le organizo la profesora Sprout…”
“¿Y es escandalo te parece correcto? Digo, lo puedo imaginar de los dramáticos de tus amigos… ¿Pero de ti?” Lily le dio una ligera palmada en la frente, reprimiendo a su hermana. Ese fue un pequeño golpe en el orgullo de Petunia ¿Tengo acaso 8 años? Se dejó llevar nuevamente por sus impulsos infantiles. La pelirroja cobijo las manos de su hermana. “Desde el accidente no pareces tú, ni me buscas como antes…”
“Recuerda que es año de TIMOS, estoy hasta el cuello de trabajos, más las clases extras. No es que no quiera pasar tiempo contigo”, Petunia ofreció una disculpa, con los ojos un tanto acuosos. “Le dije a Severus que este fin iríamos a Hogsmeade, ¿no te dijo?”
Los ojos de su hermana brillaron, como si lo hubiera recordado de la nada, asintiendo: “Pensé que bromeaba. ¿Si iremos?” Aunque la pequeña estaba emocionada, el hecho de que no parpadeara resultaba un tanto inquietante para la rubia.
Petunia asintió, agradecida de que su hermana recordara lo que le había dicho a Severus. "Sí, le prometí que iríamos a Hogsmeade este fin de semana", respondió Petunia con una sonrisa “Además de que no creo que sea un ávido bromista” admitió divertida
“Por cierto”, agregó Lily, dando pequeñas palmaditas, “escuché que los Hufflepuff están organizando una fiesta masiva para el Halloween de este año después de la Cena. ¿Vendrás con nosotros?”
“¿Quiénes son “nosotros”? “Sus cejas casi parecían una de lo juntas que estaban, adelantando el cuello para comprobar las palabras de su hermana, que se reía por lo bajo.
“Pues Sev y yo. ¿Quién más si no, bobita?” La risa se hizo más estruendosa, ganándose un “SHHHHHHH” de los fantasmas del rincón.
La pequeña de las Evans asintió, con los ojos brillantes de emoción. "Sí, será muy divertido. Ya verás, los Hufflepuff saben cómo armar una buena fiesta. Y sé que Severus también se divertirá."
“Excelente, podremos comprar algún disfraz en el pueblo… Y tú que ves a Sev en la sala común, anímalo a que se vista de algo, todos los años siempre me deja haciendo el ridículo sola”, arrugó la nariz. “Tengo que irme, las clases ya no tardan en comenzar… Pociones”. Musito Lily poniéndose en marcha.
Eso había salido bien, Petunia se dejó caer en el banco, recostando su cabeza. Sólo quería cerrar los ojos y desaparecer por un momento. No quería ir a transformaciones, tampoco toparse con el pelón del chico Black, que probablemente quería hacer justicia por su cabello. Cerró los ojos momentáneamente, disfrutando del chisporroteo de las antorchas y el cuchicheo de los espectros. Hasta que un alarido de una tercera voz hizo acto de presencia.
Ya tuve suficiente de esa chiquilla. Ni cuando murió era tan llorona", vociferó la voz quejumbrosa.
"¿La niña del segundo piso? Efectivamente, insufrible", añadió uno de los fantasmas.
"¡Desquiciada!", agregó el otro.
"Dice que está aquí, pero sabrá Merlín de quién habla".
"Apenas y sale de su inodoro, quedó desconchabadita la pobrecita".
La rubia abrió un ojo, luego el otro. ¿Y si era un fantasma lo que había visto en la biblioteca? Se giró, cayendo al suelo y levantándose de un brinco, dirigiéndose a los entes transparentes con trajes isabelinos.
"Mil disculpas por la intrusión, será rápido... ¿Saben de algún fantasma en la sección prohibida de la biblioteca?" Sus manos sudaban, limpiándose en la túnica. El fantasma recién llegado enarcó una ceja, Petunia apartó la vista de la espada que atravesaba su pecho.
"Es prohibida para todo el mundo, vivos y muertos... No nos quieren husmeando ahí, temen a que encontremos hechizos para volver a la vida y arreglar este desastre de lugar".
Asintió, así que lo que sea que andaba merodeando la biblioteca no era un fantasma.
En cualquier caso se fue corriendo a su próxima clase.
Narcisa y Louis estuvieron inusualmente callados durante las dos horas siguientes, antes de dirigirse al invernadero. Sabían muy bien que cuando Petunia estallaba, era mejor mantener la guardia para evitar ser los siguientes afectados. Aunque Petunia se sentía más tranquila, era consciente de las capacidades del grupito de James y sus amigos. Sin lugar a dudas, no dejaría pasar la oportunidad de vengar a su amigo. Rápidamente, la joven rubia se encaminó hacia los invernaderos, tratando de evitar que la lluvia la alcanzara. Colgó su túnica mojada en un perchero y se volvió para observar a la figura presumida sentada en la mesa.
Tan calvo como en la hora del almuerzo, Sirius Black se mostraba anormalmente tranquilo después de todo lo sucedido. Petunia elevó ambas comisuras, colocando las manos en jarras mostrándose autoritaria para tener las riendas de la situación y comentó con una sonrisa irónica “Es agradable verte por aquí al fin”
Los ojos claros de Sirius brillaron con picardía mientras soltaba una risa suave. "¿Y qué si no he venido? Actúas como si me fuera a convertir en una calabaza si no lo hago", dijo moviendo una mano desdeñosa. Un trueno azotó los cristales del invernadero, Petunia simplemente entornó los ojos y tomó unos audífonos aislantes y unas palas pequeñas.
El chico pasó las manos por su cabeza, riendo por lo bajo. "Debo admitir que no lo odio, creo que incluso me da algo de personalidad. Al principio, sí fue un pequeño shock, mira que eliminar el cabello más bonito del castillo... Es una cosa de bárbaros. Pero las chicas lo aman, supongo que te debo un agradecimiento", dijo en tono juguetón mientras se colocaba uno de los pomposos protectores en las orejas.
"Mandrágoras", elevó la voz Petunia, señalándole con una pequeña pala. "¿Qué me puedes decir de las mandrágoras?", preguntó con curiosidad.
El joven reflexionó unos segundos, dándose golpecitos en el labio pensativo. "Bueno, solo se pueden cosechar cuando están maduros, su llanto es asesino y les sale acné", respondió orgulloso. La chica solo entornó los ojos, parecía sorprendida. "Bueno, al menos no estás tan perdido como creí", dijo, levantando la mano en un gesto de aprobación. Petunia encontró parecido al joven con los duendes de Gringotts, lo que le permitió proseguir. "También se utilizan para ciertas pociones", añadió como un niño pequeño.
"Como la mayoría de todas las plantas", musitó por lo bajo. "Muy bien. 10 puntos para Gryffindor", le concedió Petunia.
"Exactamente. Son como cualquiera otra planta… Pero es lo que pueden hacer lo que las hace especiales", respondió en voz baja, mostrando unos discretos hoyuelos. Luego inclinó la cabeza hacia un lado y le dirigió una mirada juguetona.
"10 puntos, ¿eh? Y decían que yo era el que necesitaba prestar atención en clase", se mofó, achicando los ojos por la amplia sonrisa.
Petunia podía lidiar con esto, solo tenía que tolerarlo dos veces por semana.
Notes:
Espero que hayan disfrutado, pronto sabremos mas del misterioso ser que anda rondando por ahí... Y por supuestísimo de parís nuestra joven no se olvida de la misión que tiene en esta vida. ¡No vemos en el próximo capitulo!
Chapter Text
"Ni lo sueñes, Evans", Narcisa dejó el cepillo en el tocador, dando vueltas a su cabello. Petunia suspiró, extendiendo sus largos brazos para alcanzar el dinero en su mesita de noche mientras observaba el reflejo de su amiga. "Vestirse de manera ridícula, ni por todo el oro del mundo. Hay aspectos de tu 'gente' que simplemente están más allá de mi comprensión".
"Lo dices como si fuera un extraterrestre", dejó caer la espalda en la cama soltando un bufido, jugando con las monedas en sus manos. Hoy, por fin, iría al pueblo con su hermana y Severus, sin mucho éxito intentando que su amiga la acompañara a la fiesta de Halloween que organizaban los Hufflepuff. Louis estaba dispuesto a acompañarla, lo que ya era ganancia.
"Muchos dirían que es mucho peor".
"No sé qué sería de mí sin tus buenos deseos", siséo irónica, sacándole la lengua a su amiga. No había subido a desayunar, pero esperaba que el clima fuera bueno. Un día antes, abordó al amigo de su hermana para arreglarle el desastre de cabello que traía consigo. Al final del día, él era un niño desamparado y el instinto maternal de Petunia aún estaba arraigado en su ser. Quizás no pudo hacer mucho por su sobrino, pero ayudaría a cualquiera que lo necesitara, como a Sev. Pasaron toda la tarde arreglando su ropa con hechizos prácticos de cuidado del hogar (que se le daban espectacularmente bien), regañando al chico por su mala postura. Aunque él se quejó más de lo esperado, ella estaba logrando su cometido poco a poco.
La sala común estaba desbordante de energía; muchos chicos leían en los desvanes de la mazmorra. Un par jugaba con el calamar, haciendo señas graciosas, y los más pequeños se divertían jugando a los gobstones. La chica se dejó caer en uno de los mullidos sillones negros, removiéndose en el cuero mientras esperaba. Louis se unió para hacerle compañía; el joven llevaba sus rastas atadas en un atrevido moño. La elegancia se desprendía de él con naturalidad, recostando la cabeza en su hombro.
"¿No piensas acompañar a Narcisa el día de hoy? "Preguntó la rubia a su amigo, él arrugó la nariz.
"Me temo que no. Quiere pasar la tarde con su amour divin."
Petunia rio, volviendo a temas que realmente le importaban "¿Sabes si ese grupo de raritos amigos de popo Malfoy se ha reunido últimamente?" le susurró, aprovechando su cercanía.
"Pues según mis espías más secretos, me informaron que Lucius y su cómplice irán a tomar el té con Madame Tudipié."
"Bueno, ya sé qué lugar no pisar en Hogsmeade… ¡El idiota me tiró un libro!" Louis estalló a carcajadas, negando divertido. "Pues con tu cara de troll no lo culpo, es un milagro que no se hiciera pipí del susto."
Lo miró indignada, dándole un golpecito juguetón en las costillas. Louis era verdaderamente carismático, guapo y un imán para las chicas; un par de niñas miraban con envidia a la feliz "pareja". Pero detrás de esa fachada amistosa y despreocupada, Petunia estaba bastante segura de que él escondía un fuerte amor platónico no correspondido por Cissy. Temas sentimentales en los que ella no tenía por qué intervenir.
Severus bajó de los dormitorios de los chicos; el niño lucía con un aspecto renovado: un suéter de punto que resaltaba su paliducha piel, su cabello estilizado. Un par de bocas se abrieron por el asombro; las mejillas de Severus estaban rojas. La chica saltó y tomó al niño de los hombros, sonriendo de oreja a oreja.
“¡Luces increíble! ¿No luce increíble?" No pudo contenerse y le dio una pequeña vuelta, lo que hizo que Sev quisiera desaparecer. Louis, que todavía estaba en el sofá, observaba toda la escena de forma enternecedora, asintiendo.
"Pet… Para…" Un quejido silencioso salió del chiquillo, y la rubia se carcajeó mientras le daba unas palmaditas para salir de la sala común. Se pusieron en marcha hacia el hall de entrada. Muchos estudiantes estaban listos para partir, y Petunia pudo divisar en el otro extremo a su amiga con aquel rubio platinado, enfrascados en una calurosa conversación. Lucius parecía que echaba humo.
"Quiero regresar…" Soltó el pelinegro, tirando del cuello del suéter. Era obvio que no se sentía nada cómodo.
"No seas aguafiestas, anímate… ¡Y ponte derecho!" El chico se enderezó, soltando un suspiro en dirección a las escaleras, donde una animada Lily Evans bajaba. Iba vestida como un pollito, de amarillo de pies a cabeza, lucía increíblemente bonita. Petunia se reprimió por el feo sentimiento que afloraba en su pecho; los celos persistían, aunque no tenían cabida en esta vida. Extendió los brazos para recibir a Lily en un abrazo, y la pelirroja se refugió complacida. Ni notó la presencia de Severus, cuyo rubor en las mejillas ahora era más intenso.
"¿Sev aún no llega?" Preguntó, levantando el cuello para ver si venía.
"Estoy aquí, Evans…" Carraspeó el joven. Petunia se sorprendió por el cambio en su voz, que sonaba más ronca de lo normal. Lily dio un respingo, perdiendo el color de las mejillas rosadas, observando meticulosamente al chiquillo.
"Los veo afuera, los carruajes ya no tardan en salir…" Canturreó, permitiendo que la pareja tuviera su momento. Las nubes grises parecían haber cedido para dar paso a un día soleado. Buscó de reojo a Sirius o alguno de sus amigos, pero no había señales de ninguno. Thomas y Nova estaban muy abrazados junto a las puertas de la entrada. McGonagall revisaba los permisos y dirigía a los chicos a sus carretas correspondientes, tiradas por unos bichos realmente feos, como caballos esqueléticos con alas de murciélago, una mueca de disgusto dibujo se revelo en su cara.
Eso era nuevo. Petunia nunca había visto algo similar en los recuerdos de esta chica.
"¿Me podrías explicar por qué Sev parece uno de los Beatles?" Dijo Lily, tomando lugar en la próxima carreta lista para partir. Solo se encogió de hombros, mirando de reojo a su compañero de casa, quien estaba atrayendo mucho interés de las jovencitas. Claro que su hermana no estaba para nada acostumbrada a esto, pero necesitaba cambiar la perspectiva de Severus para que no sucumbiera al lado oscuro.
"Esa niña no se está quejando", señaló discretamente a una rubia a la que el chico amablemente ayudaba a subir. Lily quedó estática, subiendo a trompicones y rechazando toda ayuda de su amigo. Petunia sonrió y subió tras ella.
Hogsmeade no se encontraba lejos de la estación de tren; solo había que tomar un camino adyacente que llevaba al pueblo. El lugar era totalmente acogedor, lleno de cabañas y tiendas, con una gran avenida principal donde se concentraba toda la acción del lugar.
Petunia les entregó a los chicos una parte de su pequeño ahorro (3 galeones) para que fueran a abastecerse a Honeydukes o a donde quisieran ir, mientras ella iba a comprar tela para armar los disfraces. Sería su primer Halloween oficial desde los 12 años, cuando se enteró de que las brujas eran reales y todo deseo de seguir pudriéndose de dulces se desvaneciera. Claramente, después del fallecimiento de su hermana, se encargó de vetar la festividad por completo de su vida. Apartó esos pensamientos, decidida a no rememorar aquellos momentos difíciles.
Pronto divisó entre la gente a un despreocupado Sirius Black. La rubia se giró y cubrió su rostro, intentando pasar desapercibida ante la presencia del chico, quien examinaba un escaparate de una tienda cercana con las manos en los bolsillos. Parecía estar absorto en sus pensamientos. Petunia, aprovechando su concentración, pasó a un lado de él, casi victoriosa por no ser notada por el pelinegro.
Sirius giró su cabeza en ese preciso instante, deslizando su mirada hacia Petunia cuando la vio. Él la miró por un momento, sus pálidos ojos plateados brillaron con algo que no lograba descifrar del todo mientras vagaban sobre su figura. De repente, una mirada de reconocimiento brilló en su expresión.
"¡Petunia!" Exclamó con una pequeña sonrisa de suficiencia dividiendo sus labios.
La joven dio un respingo, haciendo malabares con sus compras y saludando torpemente al pelinegro. No esperaba para nada verle aquí. Y solo para variar, la sorprendía.
"¿Tus amigos no te hacen guardia el día de hoy?" Vaciló. El chico rio entre dientes e inclinó la cabeza hacia un lado, vacilando.
“A veces uno solo necesita venir a Hogsmeade a pensar cosas…” Soltó encogiéndose de hombros. Ella asintió. Sirius, que miraba el contenido en sus manos, levantó una ceja, intentando sin éxito arrebatarle su compra. Petunia lo miró indignada. "¿Qué tienes ahí? ¿Es un regalo? ¡Un regalo para mí!" Sus manos enguantadas se llevaron al pecho, enternecido.
La chica solo frunció el ceño, negando efusivamente. Dios, este niño acabaría con ella y su paciencia. Él hizo un puchero divertido. La gente ni siquiera parecía notar al entretenido par.
"Son cosas para Lily y Sev…" Musitó, deseando que sus palabras fueran suficientes. Sin embargo, al nombrar el nombre del chico de Slytherin, su expresión se contorsionó en un desagrado profundo, mordiéndose las mejillas.
“¿Snivellus?” Chistó, riendo secamente. "Yo no me juntaría mucho con ese zoquete…"
“Es un buen chico, y tú…” Gruñó, picoteando su pecho con el dedo índice, enojada. "Lo mojaste el otro día, junto con tus amigotes." No iba a dejar pasar la oportunidad de enfrentarlo por sus malas acciones.
“¡ÉL ARRUINÓ NUESTRAS POCIONES EN CLASE!” Se excusó, con las mejillas ardiendo de vergüenza. Su voz sonó más baja, escupiendo incomodidad por el recuerdo de aquel tonto incidente.
"¿Y mojarlo hasta los calzones era la solución?" Casi echaba humo por las rendijas de la nariz, la frustración era palpable. No tenía sentido seguir ahí. "Nos vemos en el invernadero…"
"¿Y que tiene?"
"¡Eso no justifica lo que le hiciste!" Petunia gritó, sin lograr moderarse "¡Lo hiciste quedar como un tonto frente a todos!"
"¡Lo siento!" Sirius dijo. "¡No quise hacerlo! Bueno, si… Pero no"
"¡Da igual Black!" La rubia lo corto en seco "¡Tú lo lastimaste, y eso es todo lo que importa!"
Elevó sus cejas, consternado por tales acusaciones. A pesar de ser un niño, su indignación era evidente. “No hay razón con ustedes los Slytherins,” murmuró, alejándose con un aire petulante
Pateó una piedra, molesta por aquel fugaz encuentro. Tenía que buscar a sus compañeros, y por fortuna, el par estaba estirando el cuello en su búsqueda. En realidad, Petunia no sabía cómo actuar en presencia de aquel chiquillo; de alguna manera, sentía que sus encuentros fueran artificiales. Severus y Lily corrieron a su encuentro, aprisionándola entre ambos con efusión, era un contraste notable entre los dos: Severus con su aspecto serio y concentrado, y Lily con su vibrante energía pelirroja.
“Disculpen la demora, tuve que hacer algunas compras,” dijo mientras sacudía las bolsas. Su hermana intentaba husmear dentro de ellas y Severus permanecía alerta, mirando a la distancia, con su gran nariz fruncida.
“¡Estoy tan hambrienta que me comería un dragón! Vamos, vamos, vamos,” exclamó, ansiosa por satisfacer su apetito. El trío entró en la posada de las Tres Escobas, un lugar que rebozaba de calidez y un ligero aroma a canela y madera. El local estaba abarrotado, lleno de gente charlando animadamente. Sin perder tiempo, pidieron tres cervezas de mantequilla y buscaron un rincón para sentarse.
“¿Vestirse de fantasma es ofensivo?” preguntó Petunia, dando paso a una conversación que hace días había estado dando vueltas en su cabeza.
“Ninguno se ha muerto de la ofensa,” respondió Severus, tomando un sorbo de la bebida recién llegada. Petunia asintió, encontrando humor en su respuesta y dando un ligero sorbo a su cerveza también.
“Ofensivo es tu corte de pelo,” Lily comentó con ceño fruncido, apretando fuertemente su tarro mientras miraba al joven. Su hermana, por su parte, no había despegado la mirada de él en todo el trayecto hasta la posada. Parecía estar más callada de lo habitual, sumida en sus pensamientos.
“¿Qué pasa con mi corte de pelo?”, preguntó Severus, con curiosidad genuina, pero la respuesta de Lily no se hizo esperar.
“Pareces… Pareces… ¡Pareces un mapache!” chilló, bebiendo un largo trago de su cerveza de mantequilla. Aún tenía espuma coronando sus labios, y su gesto de desaprobación le arrancó una sonrisa al resto del grupo, aunque Severus luego objeto.
Frunció la boca, tomando unos momentos para contestar. "No soy un mapache, para tu información," dijo con cierta seriedad fingida “Soy un mago."
"Un mago con el corte de pelo de un mapache," Lily respondió con su característico ingenio.
"¡Suficiente!" Petunia intervino, dando unas palmaditas en la mesa para detener la disputa, mientras no podía evitar soltar unas carcajadas. "Estás de suerte, Sev," continuó, señalando discretamente a un grupo de jovencitas bastante risueñas que sonreían en dirección al pelinegro. "Aquellas chicas parecen gustar de los de tu clase."
Severus miró en la dirección indicada y sintió cómo el rubor teñía sus mejillas. Apartó la vista rápidamente, como si temiera ser descubierto observándolas. "No son para mí," dijo con voz tenue, una mezcla de incomodidad y modestia en sus palabras.
"Por supuesto que sí," musitó Lily, aunque su tono sonaba un tanto ausente, como si estuviera sumida en sus propios pensamientos. "Son guapas, populares y de tu clase. ¿Qué más podrías pedir?"
No respondió. En cambio, se limitó a beber su cerveza en silencio, sumido en sus pensamientos y quizás luchando contra la timidez que lo caracterizaba.
"Vamos, Sev," intervino Petunia, animándolo con un toque de complicidad. "No seas tímido. Ve a hablar con ellas."
Lily permanecía estática, su mirada fija en la mesa como si tratara de ocultar sus pensamientos. Un sentimiento incómodo de despecho floreció en su interior, haciéndola tragar saliva mientras deseaba que la situación se disipara lo antes posible. ¿Cómo seguía disfrutando de estas dinámicas incómodas?
El chico, por su parte, negó con la cabeza. "En otra oportunidad será"
Lily suspiró, aliviada por la pausa que rompió la tensión, y redirigió sus brillantes ojos hacia Severus. Petunia, por su parte, rodó los ojos, consciente de que Severus podría tardar en comprender su propio atractivo peculiar y en ganar la confianza necesaria para utilizarlo a su favor. Ella desvió su mirada por las personas presentes en el lugar, observando el ir y venir de los estudiantes.
Sin embargo, algo capturó su atención y la hizo fruncir el ceño. El gran espejo detrás de la barra llamó su interés. Aunque estaba sucio y reflejaba gran parte del local, un punto en las escaleras le puso los pelos de punta. Una túnica negra, densa como la oscuridad de la noche, se movía en la imagen reflejada. La figura, sin rostro, le devolvía la mirada desde el espejo. Si podía llamarse así a la cosa que se ocultaba entre la capucha.
No era la primera vez que veía "eso". Mirar aquello calaba sus huesos.
Viendo la distracción de su hermana, Lily movió la mano frente a su cara para llamar su atención. "Tierra llamando a Evans, ¿alguien en casa?" bromeó, tratando de romper el trance en el que parecía estar sumida Petunia.
Petunia señaló el espejo con un dedo tembloroso, sin apartar la vista de la figura oscura que se reflejaba en el. "¿Ves eso? ¡¿Ven eso?!" exclamó con voz entrecortada, sintiendo la garganta seca y rasposa. Severus fue el primero en negar, y Lily le siguió después, confusa por lo que decía su hermana.
Pero antes de que pudieran comprender completamente lo que estaban viendo, la figura desapareció en un parpadeo, dejándola vacía como aquella vez.
La rubia tomó un sorbo de su cerveza de mantequilla, como si intentara ahogar la inquietud en su interior, pero sus ojos seguían buscando respuestas en el espejo
"Quizás tu bebida tenía un poco de alcohol…"Dijo Severus, Petunia intentó aligerar la tensión con una risa nerviosa, deseando que esa fuera la explicación.
Ella rio, deseando sinceramente que el alcohol estuviera involucrado. Después de todo, esa sería una explicación mucho más simple y lógica para lo que habían experimentado. Inconvenientes de estar en un cuerpo de 15 años.
“Creo que ya deberíamos regresar” Sugirió Severus poniéndose de pie, pagando la cuenta para su propia sorpresa.
Los tres amigos salieron de la posada, todavía sintiendo la inquietud que había sido provocada por la visión en el espejo. Caminaron en silencio por las empedradas calles de Hogsmeade, cada uno sumido en sus propios pensamientos, a su alrededor, muchos otros alumnos también se preparaban para regresar al castillo de Hogwarts. El bullicio de la actividad de fin de tarde llenaba el aire, pero los amigos, especialmente Petunia caminaban en una especie de burbuja, distantes de las conversaciones y risas de los demás, preocupados por la rubia.
Notes:
Me gusta mucho la amistad de Sev y Lily, y espero que mis niños sean muy felices antes de *spoilers spoilers* ¿Será lo que están pensando? (O no) Por supuesto, avanzaremos 3 pasos y retrocederemos 2 con Pet y Sirius (Lo siento tanto jajajaja) El próximo capitulo me entusiasma bastante, hasta entonces cuídense mucho y tomen agua. :D
Chapter Text
Los días posteriores a la salida la rubia se la paso taciturna, se refugiaba tras la excusa de “tener que terminar los disfraces para halloween” pero incluso coser (Acto que siempre le había traído paz) ahora le sabia a distracción inútil. Incluso cancelo sus tutorías con Sirius esos días mediante una fría y corta nota y hasta ahora Louis la había llamado “la momia mas animada de Slytherin” al verla pasar horas en la sala común , inmóvil, con los ojos clavados en las llamas. El avistamiento en la taberna de las 3 escobas la dejo un poco (o muy) descolocada. Se había relajado demasiado, olvidando lo inminente de la guerra y el peligro que asechaba en todo momento.
No era un maldito juego de niños, y lo único que tenia en sus manos era el nombre de lo que podría detener toda esta desgracia, seguramente la figura que se encontró en el área prohibida de la biblioteca y en el bar eran la mismas ¿Pero exactamente que era esa figura? ¿Un horocrux? No sabia si era un ente o un objeto palpable, las noches se volvieron interminables, revolviéndose en su cama con pregunta tras pregunta ¿Quien demonios en este castillo podría saber de eso? Cuestionar a Dumbledore no era una opción, ese hombre era totalmente impredecible, por otra parte medio Slytherin era una red de familias endogamicas que apenas y le toleraban, y los secretos de esas familia eran mas custodiados que los aposentos de la reina.
Narcissa, que incluso al principio había llegado a caer en los mismos prejuicios con ella, con el paso del tiempo llegaron a apreciarse, y eventualmente a tener una linda amistad. Pero incluso así, no seria bienvenida en su casa, el único lugar en el que podría encontrar pistas, pobre, su amistad con Cissy era la mayor fuente de discusiones entre ella y sus parientes, a Zabini la magia oscura le importaba lo mismo que a ella quidditch. Sus manos fueron a las sienes, masajeando, queriendo taladrar su cerebro para encontrar respuestas.
En sus lamentaciones, el 31 de Octubre había llegado sin darse cuenta.
No era un día agradable, se levanto antes del amanecer como solía hacerlo antes de regresar, tomo una vela del almacén y, arrodillándose en el frio suelo la prendió y rezo, y rezo. Nunca fue particularmente religiosa, pero incluso su culpa la llevaba a buscar un poco de alivio, un alivio hipócrita, y lloro, no tendidamente. Lagrimas gruesas y silenciosas cayeron amargas. ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido mejor con Lily? ¿Si hubiera tratado a Harry con más bondad? Maldita sea, ese hubiera.
Pero ahora aquí y en el ahora ella no podía darse el lujo de llorar y lamentarse todos los días. Termino de rezar y salio con los respectivos trajes de los chicos guardados cuidadosamente en dos pequeños paquetes. Louis y Cissy tenían una animada conversación en la sala común, y después de estarlos evitando creyó que era conveniente unirse al par.
Respiro profundamente y les dio su mejor cara.
-¿Los ojos de sapo también serán parte de tu disfraz?-El chico enarco una ceja, señalando sus hinchados ojos con una sonrisa burlona- Mucho compromiso para un fiesta corriente, me temo -.
Narcissa le dio un pellizco en el brazo, acercándose a su amiga -No le hagas caso Tuney, te vez preciosa -. Animo a su amiga, acomodándole el cabello, no cuestionandola por su aspecto derrotado .- Y tu Louis deja de fingir que no estas emocionado, vi como obligaba a los elfos a tener impecable su disfraz esta mañana.
Petunia negó, soltando una risilla cansada mientras se dejaba caer en uno de los sillones.
-Me desvele terminando estos -Señalo las bolsas de regalo con los trajes -. porque incluso entre los “corrientes” uno tiene que hacerse resaltar -Bromeo- Y te recuerdo que tu ser de máxima elegancia me acompañaras. Seras mi cita
-Creo que me estoy retractando, si, justo ahora…
Narcissa enseño una sonrisa comprensiva, poniendo sus manos tras los hombros de ellos y colocarse en medio -Se verán muy lindos, les tomare una foto antes de partir.
-Tal vez con alguien tan linda como tu no me de vergüenza aparecer por ahí -Louis, tratando de parecer indiferente le compartió una mirada de soslayo. Solo negó rotundamente.
-La novia del premio anual no puede dar ese mal ejemplo -.
-Y no solo eso, si no con complejo de elfo domestico, que triste -El chico de rastas, con su aura de indiferencia hacia un trágico ademan -Cissy siempre estará lista para jugar a la peluquería con el señorito Malfoy -. Petunia solo giro los ojos y la chica Black le dio un empujoncito por la espalda. Tal vez después de tantos años este día pueda ser un poco mas llevadero que los demás.
Las clases pasaron como un suspiro, y pronto un placido resplandor naranja se filtraba por los altos ventanales. Grupos de jóvenes caminaban emociones por los pasillos. Pero, la latente calma la perturbaba
Arrastro los pasos hacia el gran comedor, y, por suerte tenia la cabeza pegada al cuello por que si no se hubiera ido de bruces. Era tetricamente majestuoso: El gran comedor reflejaba el cielo brillante del exterior, con mas velas flotando por lo altos de las cabezas, con calabazas talladas de figuras grotescas de todos los tamaños, los fantasmas totalmente activos e interactuando con los estudiantes, no sabia si estar maravillada o aterrada. Pero ella ya había pasado por esto, al menos la otra Petunia.
Lily estaba al otro extremo, con un grupo animado y radiante como siempre, Severus no se encontraba por ninguna parte, sus pies se dirigieron a la pelirroja a paso lento, alisando su túnica mientras ella seguía la conversación animada. Le brillaban los ojos como cuando era pequeña y jugaban en el riachuelo cerca de casa, aun aquí, tan pequeña. Coloco el pequeño regalo sobre la mesa, Lily pareció interrumpir su charla con sus amigas pero Pet la detuvo con un gesto.
-Nos vemos en la fiesta-.Dijo rápidamente, levantando las comisuras.
Aun tenia que alistar a sus compañeros de Slytherin. Pudo ver de reojo al grupo de Sirius y compañía, susurrando entre risas muy sospechosos inclinados leyendo algo. Algo en su estomago se removió, esos 4 no le daban buena espina cuando estaban juntos.
Severus estaba leyendo, Louis en cuanto la vio le dijo que ya se iría arreglar, un pendiente menos. Bajo la tapa para mirar a un Severus con el cejo fruncido. Desconcertado
-Tu y yo tenemos un asunto pendiente-.
-Después de masacrar mi cabello -Volvió alzar la tapa, refunfuñando. Bueno, al menos ya se estaba volviendo respondón.
-Viejo huraño, como siempre...-Le tendió el paquete donde guardaba su disfraz- Me temo que tengo otros planes para ti, así que quedate quieto
-Que demooo--- -Petunia con unos hechizos rápidos había moldeado el cabello del joven en un peinado muy especifico, y que quedaba espectacularmente bien en el. El look de Gary Cooper en hijos del divorcio, el cabello recogido le hacia ver como el señorito que era. Casi tan elegante como cualquier sangre pura de la casa.
-Por Merlín...-Severus se toco el cabello, incrédulo.
Un quejido salio de sus adentros -Por Dios o Merlín, lo que sea. Vete a poner esto y te veo aquí en 40 minutos. O si necesitas ayudar para ponerte los zapatos -Movió la cabeza en negación, yendo a sus aposentos. Ahora solo faltaba ella.
Cuando los 4 se encontraron en el rellano del sótano, el resultado fue… Inesperado.
Louis, escogió algo totalmente elegancia francesa, optando por una mascara de mármol que le cubría la mitad de las facciones y una capa bordada de hilos platas, Severus, totalmente impoluto con su traje de clásicos de clásicos, Dracula, con la piel traslucida y ojos hundidos. En lugar de parecer un emo depresivo se veía como un elegante caballero, se le hincho el pecho por el progreso forzado del muchacho, Lily, roja de pies a cabeza vestida de un diablillo, se veía maravillosa, como una fresita peligrosa.
Cuando cosía su traje pensó en que era algo casi poético. El recordatorio de su condena.
O tal vez el melodrama adolescente le provocaba deliros. Ella iba simple, la novia de Frankenstein. Lo único que realmente resaltaba era su peinado.
-Te quedaron preciosos Tuney- Lily rompió el hielo, brincando en su dirección emocionada -Muchas gracias, en verdad es lindisimo, como los que solías cocer para nuestras muñecas.
-Admito, que se ven de buena calidad. Sin palabras Pet -Louis le coloco un mano en el hombro- Pero prefiero mi telas exportadas, y bien remendadas…
El pobre Sev se ahogaba en el traje, estirando su cuello para poder respirar – Si no avanzamos la única fiesta que tendremos será en detención.
En una sala adyacente antes de entrar a lo que era la entrada de Hufflepuff se encontraban los almacenes, ahora abarrotada por una cantidad impresionante de estudiantes de cuarto a séptimo, ponche burbujeante y comida saqueada a montones, chicos cantando y la otra parte bailando. Tan pronto puso un pie se arrepintió. Lily arrastro a Severus rápidamente a un grupo de diverso de estudiantes, al final del día ella era la mas sociable del grupo y bueno, el que sufría esas consecuencias era el pobre del muchacho. Louis le dio palmaditas en la espalda para avanzar entre la multitud, entre muchos trajes coloridos que no reconocía.
-Respira- Le alentó su amigo, ofreciéndole una copa de ponche-. No estas yendo a la guerra, excepto si accedes a bailar con él -Señalo a un entusiasta bailarín que dominaba la pista, un joven rubio. Un Ravenclaw bastante ridículo y de sonrisa bonita-. Se da ideas
Ella trago un sorbo profundo, esperando que supiera un poco a vodka, pero era un sabor a granada ácida, con apenas una pincelada de alcohol.
-De tus ideas mas brillantes Pet, no pensé que de verdad llegaras tan lejos-Le murmuro su amigo, demasiado cerca-. Perdí muchos galeones gracias a tu causa… Disfrazar a Snape como si Dracula hubiera leído Nietzsche-.
Elevo el mentón, para mirar a su amigo desconcertada, un poco mas alta que él. No podía ver sus ojos pero si sentir el estupor que emanaba de ellos- Se que quieres a tu hermana, pero no para venir a...-Señalo la animada habitación- Ni mucho menos el empezar a hacerle caridad a Severus
Tengo mis razones -Declaro, tragando con dificultad. Los hombros del chico cayeron, dándose por vencido. Era su mejor amiga, y seguía siendo ella, claro, pero el castaño no lograba identificar porque después de su accidente había creado una especie de barrera invisible entre ella y los demás. Suspiro resignado, llevándose las manos a las caderas-. Me debes 200 galeones y una justificación decente. Seguiré esperándola… Iré por otro trago
La capa se alejo ondeando entre los jóvenes bailando, Petunia solo se orillo a los borde de la habitación, reclinándose en una vieja columna de madera, sintiendo el frio en su espalda. Como le iba a decir que era una mujer menopaúsica en el cuerpo de una adolescente cuyos recuerdos ahora convergen, era un total chiste. Se mordió el labios, anhelando el calor de un cigarrillo. A estas horas aproximadamente estaban asesinando a su hermana en el futuro, en un rato mas su sobrino seria dejado en su entrada con apenas con una manta y una carta ambigua que ni siquiera tuvo el tacto para decirle que su hermana estaba muerta. Sus ojos fueron inmediatamente a la chiquilla roja, dando saltitos con un resiliente Dracula que evitaba mostrar su sonrisa de felicidad a toda costa ¿Cuántos habían sobrevivido la primera vez? cuantos de aquí no habrán tenido el mismo destino cruel que su hermana, cuantos no perdieron amigos, familia, parejas, hijos…
Petunia se había dado la media vuelta para largarse de ahí, cunado una presencia helada le erizo la piel.
Justo como en la biblioteca, justo como en el bar, girándose desesperada en busca de la presencia. Al otro lado del almacén, ajeno a todo el bullicio estaba ese ente, lo que sea que fuese. No era un disfraz barato como los demás, emanaba peligro, y a pesar de que no podía ver los ojos de esa cosa, la rubia supo que él la reconocía.
Creí que me habías dejado...-Louis apareció, intentando tomar su brazo -¿Pet?- Ni le miro, zafándose del débil agarre, abriéndose paso entre la gente bruscamente. No podía temer mas, levanto los pliegues vagos del vestido para alcanzar a la figura que se perdía rápidamente por los pasillos adyacentes. El ruido de la música se fue quedando atrás, como el calor de las antorchas, la mínima iluminación era gracias a la tenue luz de la noche por las pequeñas ventanas. Empuño su varita, regulando su respiración, alerta.
-Sal de donde quiera que estés, cobarde -Casi escupió- Puedes dejarte de rodeos, que tu película barata ya no funcionara conmigo.
-Te lo dije una vez impura, y te lo vuelvo a repetir -La misma voz fría y tétrica que había oído antes. La figura se materializo al salir de las sombras, el “ente” levitaba apenas al ras del suelo, mas no lo tocaba. Y el vació de la capucha fue dejado atrás por algo que a petunia le robo el aliento, pero lista para lanzarle un hechizo de aturdimiento si era necesario.
-¿Quien eres tu?...- Petunia casi podía sentir que le estrujian las entrañas, incluso si nunca lo vio antes sentía que solo una persona podría provocar esta desagradable sensación aparte de su ex esposo. Este era un joven, impecable, con un rostro que emanaba una delicadeza de estatua barroca, pero el vació de sus ojos… Fosas negras sin alma. Harry lo describió como un hombre de aspecto reptil, esto no parece muy alejado de la realidad.
Su mano se movió en el aire, reverenciando la nada -Es curioso como funcionan las cosas no te parece Petunia, yo lo sé todo de ti -Musito por lo bajo, levitando hacia ella- Incluyendo el pequeño detalle de que no deberías estar aquí.
Se le seco la boca, levantando su puntiagudo mentón al igual que su varita – Aléjate o le diré a Dumbledore.
Voldemort, o una parte de él sonrió, como un gato a punto de devorar a su presa, negando con el dedo -A si no se trata a un hermano de casa Petunia, entre nosotros siempre debemos apoyarnos -Bajo la punta de la varita de la joven, que sentía que con el peso del peinado se desplomaría en cualquier segundo por la presión baja -No te delatare, y y tu tampoco a mi claro esta...
¿Y este loco de que iba? Acaso habían colado drogas en el aire de la fiesta, todo esto ya era hilarante, todo aquí era ridículo. Estaba mentalmente exhausta, y si no la mato en el momento es porque algo necesitaba. Se aferraría a esa carta, y lo destruiría antes que él lo hiciera a todo el mundo.
-¿Que necesitas? – gruño, intentando sin éxito sonar afable. El sonrió complacido de oreja a oreja, pero sin ojos aquello parecía el show de terror que Dud la obligaba a ver cuando era un adolescente.
-Tu ayuda -respondió, completamente sincero- Y la mía por supuesto
Petunia frunció el ceño, atónita por lo que acaba de oír, rascándose la cien con la varita.-¿Por que?
-Porque en el futuro que conoces yo falle, y tu también -Arrugo su nariz, claramente frustrado-.Lo sentí, lo siento ahora… Tengo que empezar de 0
Estaba asqueada, la poca moral que consiguió se fue con el viento al confabular con esta criatura ponzoñosa -¿Y que te hace pensar que te ayudare?
El joven se le acerco, como un balde de agua fría salpicándola -Lo harás, tengo la corazonada. Tu quieres cambiar el futuro -susurro- yo asegurar el mío, juntos podríamos… Ajustar las piezas.
Si no flaqueo es porque probablemente ya se encontrara muerta, seguiría su patético chantaje. Lo miro con fiereza, clavando sus glaciares ojos en lo donde deberían estar los de él- Solo para aclarar, no confió en ti
-Ni yo en ti- Dijo regocijado- Creo que deberías volver a la fiesta, nos vemos aquí el día de mañana, no me hagas volver ir a buscarte.
“Tal vez Dumbledore venga hacerlo” Asintió a regañadientes, alisando su vestido. Volvería a ser una larga noche.
La cabeza le zumbaba, la rubia regresaba a la fiesta con los nudillos blancos alrededor de su varita, su cabello se había ido para abajo igual que su moral y tuvo mucha suerte de no vomitarse encima tras ese desagradable encuentro con aquella cosa que cuyo nombre solo sospechaba. Pero el almacén brillante lleno de diversión que ya no era el escenario festivo que dejo.
El caos se apodero del lugar.
Bombas fétidas explotaban en el aire desprendiendo nubes verdes que provocaban arcadas incluso a los fantasmas, chicos gritando en todas direcciones llenos de pinturas fluorescentes que relucían a través de las antorchas. En el centro, arriba de las mesas, un grupo de jóvenes disfrazados de animales salvajes (Un ciervo, un par de perros y una rata gigante) Lanzaban mas artefactos entre carcajadas maquiavélicas, saltando de mesa en mesa. Uno de los perros cruzo mirada con ella, deteniéndose por un segundo, analizándola desde las alturas.
-¡EVANS! -Louis apareció a su lado, la otra figura siguió a su grupo, siguiendo con el caos mas al fondo. La capa arruinada por manchas moradas y el cabello explotado en un afro incontrolable, como un brocoli café -¿Donde demonios te metiste? ¡Mira lo que hicieron esos imbéciles! -Señalo su mascara, ahora con un bigotes de gato, arrastrándola fuera del caos.
Petunia no pudo evitar esbozar una leve sonrisa -Te queda bien, aristogatico…
-0 gracia -Refunfuño él, pero el efecto se arruino cuando soltó un violento estornudo por los polvos que flotaban en el aire -. ¿Y tu que? ¿Te fuiste a llorar con tu amiga Myrtle a los rincones?
Ojala hubiera sido eso, el tono burlón de su amigo era palpable, pero la preocupación también. La culpa que llevaba cargando todo el día simplemente pareció desbordarse. Si lo seguía guardando eso acabaría con ella antes que Voldemort.
-Algo así- Murmuro, apartando la mirada. Todo el mundo parecía dispersarse, su hermana y su amigo no se veían por ninguna parte, ellos estarían bien. Él la estudio con esos ojos perspicaces que siempre veían mas allá de lo que quería mostrar.
El caos inicial ahora era sustituido por estudiantes riendo y cotilleando sobre lo acontecido, varios regresando a sus salas comunes, como ellos mismos. Los cuadros quejándose a mas no poder por ser perturbados de sus sueños nocturnos. Nadie le prestaría atención a lo que tuviera que decirle a su amigo, se mordió la lengua. Ahora o nunca
Prométeme -dijo, agarrándole las muñecas, cubriendo sus manos con sumo cuidado -. Necesito que me lo prometas por lo mas sagrado que tengas, que sea lo que se que te voy a decir no me llevaras con Pomfrey
Louis palideció -¿Estas enferma?-
-Peor
llegaron a un rincón menos concurrido, un grupo de Slytherins iban quejándose mientras intentaban quitarse las manchas de la ropa, Petunia respiro hondo, mirando en ambas direcciones para asegurase que no hubiera otros escuchando.
-No soy… No soy. Digamos que soy pero no soy yo. No exactamente la misma Petunia.
Arqueo una ceja -¿Fumaste algo? -Al ver la imperturbable expresión de su amiga, el joven bajo los hombros, analizando sus palabras -¿Metamorfomago? ¿Un clon? Una veela no, seguro.
-Del futuro.
…
Permaneció inmóvil, amasando su mata de cabello castaño, llevándose la mano a la frente .-Claro, por eso te la pasas bordando como abuela y miras a Snape como si fuera un perro callejero que decidiste adoptar.
-Tal vez quieras sentarte para asimilar todo lo demás.
Notes:
Después de dos años por fin puedo permitirme actualizar, pasaron muchísimas cosas. Pero mis ganas por continuar esta historia aun persisten, si alguien llega hasta aquí le quiero agradecer por darle una oportunidad a esta historia. Aun falta un largo camino, pero todo a su tiempo. :D

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