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Nos falta la respiración

Summary:

Leo era un alfa que sudaba, le exigían, se exigía y luego volvía a intentarlo en el fútbol mientras vivía de forma monótona, casi vacía que por momentos se llenaba con destellos de esperanza... o eso fue antes de volver a ver a quien no quería ser encontrado.

Notes:

Sí, soy débil ante escribir de este fandom que me tiene atada de manos y pies... pero en mi defensa, necesitaba sacar de mi sistema esta historia con más clichés que trama, pero que va con mucho amor. Por el bien del fic, algunos elementos serán cambiados, tómenlo como si fuera un AU.

Aviso que no tengo beteo, todo esto es vómito verbal al que se le podrán agregar tags en adelante, por favor, disfruta la lectura.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: No time for losers

Chapter Text

 

Nos falta la respiración

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No time for losers

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El entrenamiento era cansado.

Sudaba, le exigían, se exigía y luego volvía a intentarlo; lo conseguía. Y así sucedía una y otra vez cada día.

No se quejaba, al contrario, era de las cosas que aún le mantenían cuerdo, le permitían vivir y disfrutar.

Algunas veces, el mundo a su alrededor cambiaba y podía sonreír; ganar una copa, obtener premios, el cariño de la afición y los amigos que hacía alrededor del mundo, la compañía de alguien que lo amaba; sin embargo, todo en su interior era igual de trivial.

Por momentos, respirar se hacía cada vez más difícil.

Pero se acercaba el partido del fin de semana, y con ello, la responsabilidad de continuar trabajando para llenar de forma efímera su corazón con el amor por el fútbol. Quería ganar con la esperanza de ser visto, de poder gritar sólo con el ego inflado por la victoria “Ey, aquí estoy…

Le gustaría saber si algún momento pensaba en él.

Se dio una ducha rápida a los vestidores para retirar el mal olor de su cuerpo, definitivamente Memo no apreciaría que llegase apestando a alfa en constante depresión mientras entrenaba; las gotas deslizándose por su cuerpo le resultaban relajantes, tal vez más de lo que podría aceptar, y verdaderamente era patético, hasta él lo reconocía. Saliendo del cuarto de baño, sólo se colocó ropa deportiva muy sencilla, no le gustaba llamar la atención de vuelta a casa, fue a su casillero por sus cosas, desbloqueó su celular para ver la hora y vio que tenía tres audios en el Wpp esperando ser escuchados.

Eran de Memo.

Hola Lio, vine a preparar milanesa a tu casa, ya sabes, con la receta de mamá.”

Leo sonrió un poco al ver el sticker de oso levantando el pulgar, pero sentía que tal felicidad no llegaba hasta su mirada. Sacudió su cabeza para despejar su mente un poco y apretó el botón para escuchar el segundo audio.

Pasa por algún vino para festejar, me renovaron contrato con el equipo, estaré con ellos tres años más

Se sintió feliz por él, realmente trabajó muy duro para corroer la coraza conservadora del Atlético; Memo era uno de los mejores arqueros que había visto, tenía la seguridad de liderear incluso a alfas que estaban en sus equipos, pero el enorme símbolo Ω en el carnet de identificación y el examen de salud no facilitaba nada cuando se trataba de burocracia ante la FIFA o los mismos clubes con sus ideas de antaño, sobre todo con un deportista que se iba recuperando de una lesión. Memo se volvió rápidamente un estandarte para alzar la voz por los derechos de los deportistas de la casta omega.

Nuevamente apretó el botón de play del último audio.

Te amo

Volvió a sonreír. Sí, claro que tenían que celebrarlo.

Puso su maleta deportiva sobre el hombro y salió.

 

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A Leo le gustaba pasar a una pequeña tienda de conveniencia en el barrio Chino de Barcelona porque ahí difícilmente le reconocían; no pasaba que algún fan le pidiera foto, pero distaba enormemente de la turba que se conglomeraba en las plazas o cualquier otro lugar más público, por lo que se bajó y caminó dentro del local; rápidamente tomó dos botellas del vino tinto que le encargó Memo, era una marca buena y no tan cara por lo que se volvió su bebida favorita para festejar cuando había eventos especiales, los cuales con su animosidad se reducían realmente a sucesos muy específicos.

Agregó un poco de papas fritas para estar comiendo después de la cena y chocolates que tomó de la caja, recordaba que a Memo le gustaban los de esa marca. Pagó con algunos euros que traía encima y se despidió con una pequeña sonrisa; el encargado era chino y no hablaba nada inglés o español, por lo que sólo se comunicaban con gestos.

Tomó las bolsas y las subió a su camioneta; antes de poner la marcha, su celular sonó y lo tomó para contestarlo, podría ser Memo encargando algunas otras cosas, pues siempre tendía a olvidar algo; lo que vio aceleró su corazón, era un número no registrado.

Respiró hondo antes de responder.

—Hola…

—Señor Messi, un placer saludarlo nuevamente —la voz opaca de la otra línea no denotaba emociones, pero ya se había acostumbrado al trato seco—. Lamento comunicarme a esta hora.

—Descuide, ¿tiene alguna novedad?

Detrás del silencio de la llamada, escuchaba los ruidosos latidos desesperados de su corazón.

—Lo lamento, nuevamente llegamos a un callejón sin salida.

Sintió su corazón romperse. De nuevo, como siempre, una y otra vez desde hace ocho años…

—Retrocederemos a la pista de Estados Unidos, partiendo de allí podremos redireccionar la búsqueda.

—Si claro, manténgame informado por favor.

—Por supuesto. —La voz carraspeó un poco—. Sé que fue hace una semana, pero le deseo un feliz cumpleaños.

Se formó un nudo en su garganta casi al instante. Era triste pensar que su deseo de todos los años desde aquel día era el mismo de siempre.

—Gracias.

Y ahí la llamada terminó.

 

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Llegando a su casa, vio las luces de la cocina encendidas. Contrario a la creencia popular, sí tenía una enorme mansión, pero ahí no le gustaba estar demasiado por la soledad abrumadora que sentía desde aquel día, por lo que optó por mudarse a su casa de campo en los suburbios, estaba muy de acuerdo a su estilo de vida actual, apenas tenía un segundo piso que raras veces ocupaba.

La silueta de Memo se movía al compás de una música que no alcanzaba a escuchar. Sin verlo, Leo podía apostar a que estaba muy feliz, aun cuando no podía ver esa sonrisa con los hoyuelos que tanto le gustaban. No, no podía ser egoísta ese día y estar con su aura depresiva, no debía opacar el esfuerzo de Memo por volverse titular y hacer que le renovaran el contrato; necesitaba, al menos por una noche, retribuirle todo el cariño que le ha dado durante los últimos años.

Aun cuando sintiera que se quemaba por dentro.

Suspiró profundo… la última oportunidad, así decía siempre que el detective le marcaba para darle su informe, pero era la misma mentira que se decía mes con mes. No podía, no debía aferrarse a la ingrata esperanza de encontrarlo, pero simplemente no quería dejarlo.

Frotó su cuello para disipar las feromonas de tristeza que emanó desde la llamada, no deseaba preocuparlo por nada. Tomó las cosas que compró y caminó hacia la entrada, giró la pequeña perilla y abriendo la puerta escuchó de fondo la canción de We are the champions, ninguna otra canción podría combinar mejor con ese momento.

Del pasillo de la cocina, pudo visualizar una mata de rizos castaños que terminaban de acomodar sobre la barra, dos platos, dos tenedores y un par de copas; no lucía tan formal o elegante como tal vez estaba acostumbrado… sacudió de lado a lado, despejando el pensamiento intruso.

—Ya llegaste Lio —dijo Memo apenas giró su rostro. Se veía sudado y olía a milanesa quemada que de forma no irónica, combinaba con su aroma natural de naranja muy dulce, declarando con eso lo feliz que estaba.

Leo se contagió rápidamente de la alegría y sonrió esperando en el marco de la entrada a la cocina. Memo se acercó y lo vio con sus grandes ojos oscuros con brillo de anhelo, él simplemente se quedó inmóvil, lo cual era la respuesta a una pregunta no dicha y el otro se acercó a darle un beso en los labios, un contacto casi casto que fue completado con un par de dedos entrelazados que transmitían ternura.

El beso terminó y él volvió del mundo al que fue transportado, a aquel donde esos besos sabían a gloria.

—¿Cómo te fue hoy?

Tenía la verdad en la punta de la lengua, pero por hoy se abstendría de decirla, tal vez mañana en el desayuno, si es que el otro decidía quedarse esa noche.

—Bien, todo tranquilo. Huele a quemado, ¿seguro es la receta de tu mamá?

—Y mejorada —dijo tomándose a bien la broma… él siempre tomaba bien las cosas. Le quitó la bolsa con el encargo de su mano y se dio la vuelta—. Meteré los vinos al congelador un poco. Por cierto, recogí la correspondencia, está sobre la mesa.

Asintió y lo vio dirigirse a la cocina con tranquilidad, aunque no podía mitigar las feromonas de felicidad que desperdigaba por toda la casa. Leo fue a la mesa a tomar las cartas para revisarlas, muchas de ellas eran de fanáticos, no las suficientes como para no poderlas leer, ya que pensaban que esta era su casa de campo y, contrario, la mansión donde siempre residía; otras eran de recibos de sus tarjetas, de hipotecas y algunas veces de la familia.

Luego, llegó a una carta sin remitente, sólo estaba su nombre con tinta roja, y creyendo que era su agente, la abrió para ver el resumen del mes, aunque era extraño porque el hombre apenas le había llamado… sintió su corazón acelerarse apenas leyó las primeras palabras, sus dedos temblaron y la respiración se fue de su cuerpo. Podía reconocer esa letra en cualquier lado, esa forma tan particular de nombrarlo, podía incluso oler los resquicios del aroma a caramelo que aún se aferraban a la hoja de papel.

Tanto buscarlo durante años… para tenerlo en la palma de la mano.

Hola, Messi.

Ha pasado tiempo… ¿crees que podamos charlar? Te esperaré mañana a las 10 en el café que está frente a la biblioteca central. Si no fuera una situación urgente no te contactaría, por lo que estaré ahí hasta que cierren, entenderé si quieres ignorar esta carta, pero… no lo hagas por favor.

CR

Sintió su mente aturdida mientras alexa reproducía de fondo “No time for losers, 'Cause we are the champions of the World”.

Su deseo se cumplió, aunque de forma un tanto retorcida.