Chapter Text
Habían pasado dos años desde la última vez que TaeMin lo vio, y jamás creyó que lo vería de nuevo en este bar. MinHo estaba tomando de un vaso ancho y bajo, podría ser coñac o un buen ron que le calentara la garganta. No había cambiado gran cosa, seguía teniendo esa mirada calculadora y evasiva, su cabello negro podría cubrirle los ojos si es que no lo tuviera tan pulcramente peinado.
«Imbécil»
Choi lo había dejado hace dos años, con el corazón roto y los ánimos hasta el suelo. El tipo le había prometido el cielo, la luz y las estrellas, y se las dio. Por poco más de tres años hasta que se aburrió de él.
TaeMin no creía en las relaciones a distancia, y la verdad es que no pensó en que MinHo fuera tan tonto como para irse de Seúl y entrar a la universidad en otro lado, más cuando todas las buenas opciones estaban allí mismo. Sin embargo, lo hizo. MinHo nunca escuchó las razones que le dio para que se quedara, ni su torpe discurso de amor y superación.
«—Lo siento tanto Taem, pero esto no se trata de hacerte daño. También te he explicado mis razones y estás tan terco como yo. Si quieres terminar, hagámoslo». Había dicho el hijo de puta sin gota de sudor.
Era de esperarse. Choi MinHo era el estereotipo de un buen hombre, la clase de persona que ayudaría sin mirar a quien. TaeMin había caído en sus redes con sus amables acciones, su sonrisa perfecta y los pliegues de sus párpados al reír despreocupadamente. No se resistió en lo absoluto. En cuanto se le acercó para pedirle salir, TaeMin le mostró ese lado confiado e inmaduro que perdió en cuanto MinHo se fue.
Mil veces maldito.
TaeMin no recordaba otra ocasión en la que hubiera llorado tanto por un suceso. Lo había destrozado dejar ir a MinHo, pero le dolió más que éste nunca volviera por él. Había sido olvidable, como si todo lo que vivieron juntos nunca hubiese existido.
La tristeza no fue eterna, por lo menos. TaeMin convirtió el dolor en coraje. El primer fin de semana después de tomar esa postura, se enrolló con quién sabe cuántas personas en uno de los bares más populares de Itaewon. Dejó que rogaran y pidieran por su polla, que lloraran por el placer de sentirse tan llenos.
Pero jamás dejó que alguien estuviera dentro de él, de ninguna manera, no después de MinHo. En su cabeza había relacionado un montón de mierdas con Choi. Y una de ellas era cómo le hacía sentir MinHo entre sus brazos, cuando lo doblegaba y le hacía retorcerse en otro mundo.
Se acabó.
Pero, mientras lo vio bebiendo, TaeMin descubrió una sed que había olvidado en cuanto MinHo se marchó. No es una necesidad pura y sana, ni siquiera va ligada con la ilusión. MinHo estaba ahí para devolverle un poco de todo lo que le hizo. Y así fuera lo último que hiciera, se las cobraría muy caro.
Los ojos oscuros de MinHo lo enfocaron en medio de las luces, se atrevió a sonreírle y mirarlo con detenimiento. TaeMin sintió la sangre hervir, se suponía que MinHo se sorprendería de verlo tal como él lo hizo hace unos minutos. Odió que su propia garganta tragara después de que MinHo se deshiciera del último trago de su vaso.
No era momento de flaquear. Absorto en la pista de baile, TaeMin se dio el lujo de acariciar la cintura de una chica a su izquierda, un tipo colocó una mano en su espalda baja y el ritmo se hizo más provocativo. Y aun así, MinHo no le quitó los ojos de encima.
TaeMin en serio quería saber qué estaba tomando MinHo, cómo es que sabía el alcohol en sus labios, si volvería a ser amargo o tan dulce como recordaba sus besos. El tipo que lo tomaba de la cintura le volteó el rostro y le comió la boca, mientras que la mujer le acarició desde el pecho hasta la entrepierna.
MinHo seguía sonriendo.
No hubo pizca de celos, ni de la posesividad que TaeMin creyó que despertaría en él. De pronto, las caricias y besos se enfriaron en su cuerpo. No necesitó disculparse, a nadie le interesaba algo serio en ese bar, pocos eran los desubicados que pensaban encontrar el amor de su vida allí. TaeMin caminó hacia MinHo, sus brazos desnudos sintieron el frescor de tener cerca a Choi otra vez, era como regresar el tiempo, volver a sentirse pequeño.
—¿Te entretiene la vista? —preguntó TaeMin, sentándose en la misma mesa en la que estaba MinHo.
Choi se encogió de hombros. —Eras tú el que se la estaba pasando bien allí. De haber sido yo, no me hubiera ido tan fácil.
TaeMin contó hasta diez antes de contestarle.
—A veces es un poco aburrido, y no quería desperdiciar la oportunidad de saludar a un viejo amigo.
—¿Viejo amigo? —interrumpió MinHo.
—¿Cómo podría llamarte entonces? —las cejas oscuras de MinHo se fruncieron, el mínimo detalle hizo que a TaeMin se le erizara la piel de gusto—. Hace tiempo que no nos vemos.
Choi volvió a tomar de su vaso, retuvo el licor en su boca, y lo calentó para su garganta antes de contestar.
—No tengo mucho en Seúl, me acaban de transferir.
—¿De la universidad?
MinHo asintió. —No era realmente mi plan, pero las cosas se dieron así.
—Me alegra —mintió TaeMin. MinHo había regresado a Seúl con la misma facilidad con la que lo dejó, y hablaba de ello tan ligeramente que si TaeMin había querido bajar sus muros, éstos se multiplicaron. —Supongo que tendrás tiempo para salir conmigo.
—¿Quieres? —el vaso vacío se quedó en la mesa antes de que MinHo se inclinara hacia TaeMin—. No sé si tu salir sea como lo estabas haciendo con los de la pista.
—¿Te asustan unos pocos besos? —tal como lo haría un niño, rodó los ojos y se cruzó de brazos—. Algunos amigos se besan, MinHo.
—Nosotros no fuimos precisamente solo amigos.
—No significa nada, de haber sido amigos creo que al menos hubiéramos intercambiado unos cuantos mensajes.
—Tú no quisiste Taem…
—Fue lo mejor. Cada uno tomó partido y me he divertido mucho estos años. La libertad me sentó perfecta. —Aunque quería sonar desinteresado, el destello de reproche brilló en sus palabras.
—Lo pude ver bastante bien —los ojos de MinHo regresaron a la pista, las personas con las que había estado TaeMin ya habían encontrado a alguien más—. Me halaga que hayas preferido estar conmigo.
Fue el turno de TaeMin para encogerse de hombros. —Lo dejaré para después, a menos que tengas planes.
—¿Cómo qué tipo de planes? —preguntó MinHo con suficiencia.
—Enrollarte por ahí, no creo que hayas venido aquí solo para emborracharte —le costó trabajo incluso decirlo.
MinHo pudo haberlo dejado, pero dudaba que se hubiera vuelto célibe. La energía sexual que tenía no se complacía nada más con la mano. ¿Cuántos días no había perdido con MinHo solo haciéndolo? Sus sábanas se habían impregnado con su olor, su cama se sentía vacía cuando MinHo no estaba. Le había hecho vivir la peor abstinencia del mundo, y eso que no tenía que ver con ninguna sustancia ilegal.
—Sabes que no me gustan los polvos rápidos ni de una sola noche, Taem.
—Y eso es una pena —suspiró—. Te has perdido de muchas cosas, MinHo. A veces solo se necesita la adrenalina de una noche para seguir.
—¿Quieres ser el conejillo de indias? —preguntó MinHo, después de ver cómo TaeMin se atrapaba el labio inferior entre los dientes. Por más que había buscado olvidar esa boca, nunca pudo hacerlo.
TaeMin estuvo por soltar un sonido de victoria, pero todavía no era el momento apropiado. Necesitaba mantener a MinHo entre sus garras, hacer que entendiera que él sería quien controlaría absolutamente todo.
—No sé si estés listo para sentirme de nuevo. No quiero que pienses que será como antes, MinHo. Tú no me conoces.
La atención de MinHo se fijó únicamente en los labios de TaeMin, se lamió los propios con cada palabra articulada que salía de esa maravillosa boca. La voz de TaeMin se había convertido en una clase de flauta que logró cautivarlo en segundos, incluso hechizarlo.
—Tú tampoco sabes lo que ha sido de mí en los últimos años.
TaeMin se echó hacia atrás, sus piernas se separaron y MinHo se fijó en la parte baja de su cuerpo. —Parece que alguien tiene miedo de enamorarse.
—¿Quién habló de amor? Oh, perdón. Pensé que hablabas de mí, pero creo que te refieres a ti mismo, Taem.
La fuerte carcajada de TaeMin resonó en los oídos de MinHo, esperaba ver una sonrisa, que se sonrojara o que hiciera esos tiernos pucheros que solía hacerle antes. En su lugar, TaeMin se mordió el labio y le negó con la postura más frívola posible.
—No creo que pueda enamorarme fácilmente, no ahora. He conocido demasiado MinHo, ya no me conformo con cualquier experiencia.
—Pensé que dirías «con cualquiera».
—Funciona también —TaeMin se volvió a encoger de hombros—. No quiero compartirme de nuevo, así estoy bien. Es más fácil no saber nombres, ni compromisos.
—Conmigo-
—«Conejillo de indias» eso fue lo que vivimos —La mano de TaeMin alcanzó el hombro tenso de MinHo, lo acarició y sus dedos caminaron hasta el dorado cuello—. Ahora soy yo el que quiere enseñarte tantas cosas MinHo, cosas que tú no me permitiste vivir.
—¿Yo? Me haces ver como un pésimo novio, Taem. Creí que te había hecho feliz. —Lo había intentado, vaya, podía jurar que había hecho a TaeMin el ser más feliz de la tierra. —Siempre quise hacerte feliz…
TaeMin prefirió cambiar de tema, porque si se volvían a desviar, sus planes se irían por el retrete. —Te estoy diciendo que quiero mostrarte lo que es tenerme, MinHo.
Casi se le escapa un suspiro al ver a MinHo echarse para atrás y negar muy suave con la cabeza. Sus cejas estaban fruncidas, y tampoco lo miró a los ojos para rechazarlo.
—No va a salir bien, porque tú y yo no sabemos parar —se le secó la boca en cuanto los dedos de TaeMin acunaron su mandíbula y su pulgar rozó sus labios. TaeMin jamás le había dejado de gustar, fueron eventos externos los que los separaron, eso y su resistencia para rogar.
TaeMin tenía un nuevo brillo en los ojos, antes ese brillo era inocente, iluso. Actualmente, los ojos de TaeMin desprendían hambre, ansiedad y una fuerza que hacía que MinHo no fuera el mismo pensador de siempre.
—¿Y quién piensa parar?
MinHo sintió la respiración de TaeMin demasiado cerca de él, tan encantadora que un tirón apretó sus pantalones. TaeMin le acarició los labios con los dedos y bajó su labio inferior hasta su barbilla, en ese momento él era la presa y TaeMin el victimario.
—No deberíamos Taem…
Un pequeño tartamudeo de MinHo fue suficiente para que TaeMin apretara los comandos. Choi seguía cada pequeño movimiento, sus ojos parecían los de un borracho. Podría culpar a las copas de alcohol, pero TaeMin sabía que él fue quien lo embriagó.
—¿Por qué no? —en cuanto su mano abandonó la cara de MinHo, los dos resoplaron de inconformidad—. Cuando dudas entre un sí y un no, es que quieres hacerlo pero te da miedo… ¿Me temes MinHo? —TaeMin se paró de la silla e invitó a que Choi se levantara de la suya. Pasó sus manos por el duro pecho de MinHo y se deleitó con el rápido palpitar de su corazón—. ¿Tienes miedo de lo que podamos hacer juntos?
—Tú y yo nunca hemos sabido respetar límites —contestó MinHo, mientras TaeMin lo besaba en el cuello. Sus labios fríos hicieron que se le erizara la piel en un segundo—. No quiero lastimarte.
—Como si eso pudiera ser posible —los dedos de TaeMin rozaron el cinturón de MinHo, apenas las yemas pasaron por el cierre y MinHo ya sentía el corazón en la garganta—. Vamos a olvidarnos de lo que ha pasado MinHo, tienes que seguir mi ritmo.
—No es fácil. —Había querido sonar firme, no desesperado.
—No lo es porque no lo quieres —el TaeMin que se avergonzaba había quedado en ese mismo pasado. No le importó tomar la dureza de MinHo en su mano y apretarla hasta que Choi sintiera espasmos de electricidad. Los ojos oscuros de MinHo lo enfocaron y éste se dejó llevar por el ritmo acelerado, por sus besos húmedos que dejarían marcas en el cuello y el apretón de culo que logró endurecerlo por completo.
MinHo se desarmó ahí. TaeMin puso una rodilla entre sus piernas, y con ella logró acariciar el lugar exacto en lo que sus gustosas manos amasaban su culo. Por más que adorara los besos húmedos y feroces, MinHo los necesitaba en su boca, porque extrañaba sentir de esa manera a TaeMin, nadie lo había hecho sentir igual después de él.
Pero algo dentro de él le hacía retroceder, era como caminar por una tabla endeble a través de un precipicio. Los besos de TaeMin se sentían tan bien en su cuello que era difícil no pensar en qué pasaría si sus bocas colisionaran. Debía estar dando el espectáculo de su vida, allí, entregado a los toques de su examante.
—Deja de pensar en todo y solo piensa en mí —susurró TaeMin al costado de su comisura, sus labios sedosos lo acariciaban—. Esta noche solo piensa en mí, MinHo.
Si tan solo TaeMin supiera que había pensado en él todas sus noches.
MinHo no rechistó cuando TaeMin tomó con firmeza su mandíbula, se quedó quieto y apenas abrió los ojos para encontrarse con su mirada caliente. No había dicho gran cosa desde que Lee apareció; estaba a sus pies, siguiendo su ritmo como nunca lo había hecho con nadie más.
Un gemido de gusto salió de sus labios cuando TaeMin decidió por fin besarlo. Le había enterrado la mano en el nacimiento del cabello detrás de la nuca, y su otra mano lo mantuvo por la cintura. El sabor, el calor y la suavidad de TaeMin lo hicieron olvidarse del entorno.
Ya que MinHo estaba hecho una gelatina, TaeMin lo llevó de la mano por el bar, no se detuvo con los golpes que se daban con la gente que estorbaba en su camino. Los cuartos de servicio estaban en el siguiente edificio, el procedimiento ya era automático para TaeMin; desde pagar, hasta el encuentro efusivo de bocas al cerrar la puerta de la habitación.
Por más que quisiera follar a MinHo en la entrada, no iba a poder disfrutarlo como había pensado. Lo necesitaba desplegar, verlo con la suficiente luz para no perderse de ningún detalle que le ayudara con su plan de venganza.
—TaeMin —suspiró MinHo después de que se le desprendiera de su camisa. TaeMin pasó sus dedos por su torso y lo besó en el centro del pecho, en donde su corazón alcanzaba a latir desbocado.
Era raro ser desnudado sin intenciones de ayudar.
TaeMin dejó a MinHo en la cama solo con los bóxer puestos, mientras que él se quitaba la camisa por encima de los hombros, no tenía tiempo de dar un espectáculo para calentarlo más.
«Te tengo» pensó TaeMin.
Había sido tan sencillo, tan fácil hacer que MinHo estuviera pidiendo por sus besos, que su piel temblara por sus caricias, tan malditamente fácil que se sintió con el ego inflado.
MinHo lo abrazó por el cuello, sus dedos jugaron tan bien con su cabello que por poco se le escapa un ronroneo. MinHo sabía qué botones presionar para que se sintiera expuesto, desde luego, tenía una excelente memoria corporal.
TaeMin recorrió con la yema de los dedos lo largo del torso debajo suyo, su pulgar se detuvo en la protuberancia de la ropa interior de MinHo y acarició la humedad que se había hecho en la punta de su miembro. MinHo tuvo que separarse del beso por un segundo, parecía aturdido, o más bien perdido.
—Tranquilo —le dijo TaeMin entre besos. El mismo pulgar bajó el resorte del bóxer hasta que quedó a la mitad de los muslos de MinHo. —Quítatelos.
—Quítamelos tú —respondió MinHo, podría estar a un milímetro de la locura, pero no iba a dejarse doblegar.
Oh, al parecer no iba a ser tan sumiso. La chispa de altanería en las palabras de MinHo lo hicieron actuar en consecuencia, le quitó la última prenda y se puso en medio de sus torneadas piernas. La vista de su polla destanteó el terreno seguro que había construido TaeMin. Había estado tantas veces en medio de esas piernas, con el grosor en la boca, el sabor de MinHo siempre había sido perfecto, tan masculino.
—Tienes mucha ropa, Taem —MinHo hizo el intento por deshacerse de su pantalón, pero TaeMin le apartó las manos en un instante.
—Déjame hacerlo a mí, ya que te gusta más que hagan las cosas por ti.
MinHo fijó toda su atención al rostro burlón de TaeMin, por más que quisiera ver su cuerpo cuando la ropa fuera cayendo al piso, prefirió grabarse los gestos arrogantes de TaeMin; como su lengua paseándose por su labio superior en un desliz, sus ojos que adquirieron un tono maquiavélico, la forma en que echó su cabello hacia atrás cuando le molestó en la cara.
—Los bóxer… —jadeó MinHo, era su forma de exigir que se fueran con todo lo demás. TaeMin, en cambio, se puso encima de él, besándolo en el cuello y marcándolo con los dientes—. TaeMin…
—¿No solías decir que era un desesperado?
MinHo guardó el gruñido de inquietud que las palabras de TaeMin levantaron en él. En el pasado le había gustado jugar con la resistencia de TaeMin, la cual no había sido especialmente alta. Había sido pan comido hacer que se deshiciera con sus besos y que pidiera todo de él.
—Quiero tocarte —contestó MinHo con demasiada obviedad, tal como si pensara que TaeMin era muy tonto para entenderlo.
—Lo estás haciendo —las manos de TaeMin caminaron por las caderas estrechas de Choi, sus músculos se endurecieron con el rasguño sutil de una de sus uñas. El miembro de MinHo llamó por su atención pero él se negó a verlo, todavía no era su momento. Mejor acarició el interior de los tensados muslos, la respiración de MinHo era tan irregular que se preguntó si él se escuchaba igual de agitado.
—Necesito más… —con su mano atrajo por la nuca a TaeMin, sus labios chocaron ruidosos y sedientos del otro. No le importó que TaeMin disfrutara de su cuerpo, había extrañado sentir sus pequeñas manos recorrerlo.
MinHo no protestó porque su miembro fuera duramente ignorado, ya era demasiado con los besos de TaeMin en su tráquea, en el inicio de sus clavículas, en el medio de su pecho. Para cuando TaeMin le respiró arriba del vientre, sus dedos se tensaron en la sábana.
Sin embargo, TaeMin había subido por el mismo camino. Para ese momento MinHo estaba por perder la poca paciencia que le quedaba en el cuerpo. Tal vez su mirada dijo algo más, puesto que TaeMin se las arregló para echar al suelo la única prenda que le quedaba.
MinHo le dio una mirada de reconocimiento. El pecho de TaeMin se había definido al igual que sus brazos delgados, su polla pareció reconocer a la de TaeMin, ya que se había puesto aún más dura y húmeda.
—Espero que estés listo para mí, MinHo —si antes había creído que se habían besado con desesperación, es porque no vio venir el presente. No había forma de saber en dónde empezaba uno y terminaba el otro. TaeMin estaba plácidamente acostado sobre Choi, sus caderas encajaron entre las piernas de MinHo, los roces entre los dos sacaron lo más primitivo de cada uno.
El sabor, la sensación, el olor de TaeMin.
Todo reducía a MinHo a una papilla de emociones inentendibles. Su mano cayó en el cabello suave de TaeMin y su cuerpo buscó que no hubiera un segundo en el que dejaran de encontrarse.
Aun así, TaeMin se apartó para buscar el bote de lubricante que dejó en la cama mientras distraía a MinHo con sus besos. Choi no estaba ni remotamente en la misma página que él, seguro que creía que lo iba a montar como muchas otras veces, pobre ingenuo.
—Taem, Taem… —le gimió en los labios. La escena de MinHo con los ojos medio abiertos, su boca hinchada y la ligera capa de sudor sobre sus cejas hicieron que el aire se pusiera más pesado.
La mano de MinHo recorrió desde el cuello de TaeMin hasta el final de su espalda, cuando acunó una de las nalgas de TaeMin, éste se crispó, y retiró su mano como lo había hecho antes.
—Creí que había dejado en claro que yo me haría cargo esta vez —dijo antes de llenarse de lubricante un par de dedos. MinHo, sumido en la nebulosidad, abrió la boca al sentir la fría sensación del líquido contra la piel ardiente—. Pronto estará a una buena temperatura… Espera un poco.
MinHo ni siquiera lo detuvo, sus piernas se abrieron más para que TaeMin siguiera trabajando en él. Dedos finos y suaves hurgando dentro suyo. TaeMin halló su objetivo de inmediato y no tuvo piedad en presionar repetidas ocasiones en contra suyo. No fue una sorpresa, ya que MinHo había sido el que le enseñó a TaeMin qué puntos tocar para que fuera una jodida asombrosa.
¿Había pensado en que ese lindo TaeMin se convertiría en este tipo lleno de seguridad y narcisismo? Jamás. TaeMin había sido tan fácil de joder. Era una máquina de jadeos y expresiones que le habían hecho venirse con solo recordarlas.
Pero este TaeMin estaba disfrutando de cambiar de lugar, no fue muy diferente a lo que él le hizo en el pasado.
MinHo le dio a TaeMin el placer de verlo doblarse, de que sus caderas buscaran sus dedos y pidiera por más cuando dos dedos no fueron lo suficientemente gruesos para satisfacerlo.
MinHo tenía esa mirada vidriosa que alimentó a los monstruos de TaeMin. Sus abdominales tenían una caricia de sudor, piel perlada que se movía con la luz que se colaba por las ventanas. Sus manos querían tocar a TaeMin, pero él parecía tan reacio a su toque, como si lo único que pudiera mantenerlos unidos fueran las opciones de TaeMin.
—¿Todavía quieres más? —preguntó TaeMin al ver que sus dedos desaparecían en las apretadas paredes de MinHo. El hombre se jodía contra su mano sin rastros de vergüenza. Lo estaba disfrutando tanto que TaeMin dudó que su venganza fuera un verdadero castigo para Choi.
MinHo quería responder, que su garganta tuviera la fuerza suficiente para gritarle a TaeMin que dejara de jugar con él y se diera prisa en terminar lo que había comenzado. En su lugar, su boca se abrió, tuvo que atrapar su labio inferior para no verse como un maniático que perdió la cordura por el sexo.
—¿Eso es un sí o un no?... —tres de los dedos de TaeMin hurgaban en el interior de MinHo, puede que solo fueran ellos, pero el sonido de entrada y salida que hacían los estaba volviendo locos—. No entiendo si no me dices nada, Ming.
El cabello bien peinado y estructurado de MinHo era una pérdida total. Tenía el flequillo pegado a la frente y sus característicos ojos grandes apenas podían abrirse. Asintió, una, dos, las veces que fueron necesarias para que TaeMin sonriera y sacara un preservativo.
—Lo dejaré pasar por esta vez… —susurró TaeMin con el plástico enfundado en su polla—. Ahora mantén tus lindas piernas abiertas para mí, Choi.
MinHo le dio el sonido de su saliva pasándole por la garganta y una mirada dura en un inicio. Después, sus rodillas se doblaron abriéndose para TaeMin. El hambre no había disminuido ni un poco, habría sido buena idea que TaeMin hubiera seguido sus instintos y se metiera el duro miembro de MinHo en la boca, aunque por más gula que tuviera, ya tenía el camino diseñado.
MinHo sintió a su polla endurecerse al ver la de TaeMin a punto de invadirlo. Su mano derecha bajó por su estómago y acunó la cabeza de su pene. Recogió las gotas de su ansiedad y las embarró por el tronco antes de comenzar a trabajarse de arriba abajo.
TaeMin acarició las bolas pesadas de MinHo, sus dedos separaron las mejillas y sintió un escalofrío desde el vientre hasta al cuello. Su boca estaba seca, aunque sus labios todavía estaban húmedos por los besos de MinHo.
—Buen trabajo —susurró TaeMin.
MinHo resopló impaciente; ya que TaeMin no se había dignado a dejar de verlo, parecía querer grabarse su imagen en el subconsciente, tan adentro de él que fuera imposible sacarlo de su sistema.
Los labios pálidos de TaeMin habían adquirido un exquisito color rojizo, sus pupilas estaban dilatadas y su quijada apretada. MinHo lo conocía tan bien que no dudó en que en realidad no quisiera disfrutar de su encuentro, pero bien lo había dicho MinHo: una vez que comienzan, era muy difícil parar.
Como sentía que el control se le iba de las manos, TaeMin optó por agarrar del cuello a MinHo y mantenerlo contra la almohada. Su mano izquierda detuvo el muslo de Choi hacia un lado y su polla se frotó por la sensible piel de éste.
—Tienes prohibido cerrar los ojos, quiero que me veas cuando estoy entrando en ti —advirtió TaeMin, su voz pesada y autoritaria—. ¿Entendido?
—¿Ahora tengo que llamarte como «amo»? —preguntó sardónico. La risa de sus labios murió cuando TaeMin empezó a entrar en él. La respiración se le fue por completo a MinHo. Se enfocó en los furiosos ojos oscuros de TaeMin, tal como se lo había pedido. Incluso dudó en haber parpadeado, se hubiera sentido incorrecto.
TaeMin quería tumbarse encima de MinHo. El calor en todas partes lo estaba matando, la presión de su miembro, la respiración errática de MinHo, las ganas de romperlo. Había tantos sentimientos dentro de él que no sabía cuál sería el siguiente en emerger, y si es que éstos no los terminarían por romper a los dos.
Como su mano seguía en la garganta de Choi, apretó el agarre y sus caderas comenzaron a molerlo. MinHo necesitaba perderse, pero la mirada de TaeMin fue el recordatorio necesario para que mantuviera toda su atención en él.
—¿Se siente bien? —preguntó TaeMin con voz pausada. Llevó una de las piernas de MinHo a su hombro y ajustó el ángulo para doblarlo de placer. Taladró dentro suyo sin cansancio. MinHo no hablaba, se mordía los labios cuando el siguiente jadeo parecía ser más fuerte que el anterior—. Luces tan patético… Abriéndome las piernas al primer intento.
Debía ser un pecado sentirse así de lleno, tan completo.
Las manos de MinHo acariciaron los brazos húmedos de TaeMin, se pasaron por las costillas y el pecho endurecido por el esfuerzo. MinHo había perdido el interés de acariciarse, un solo toque lo habría hecho disolverse en un punto del universo.
No obstante, TaeMin no se sentía satisfecho. Quería que MinHo perdiera toda su dignidad. Necesitaba verlo suplicar por él, así que cuando sintió que Choi estaba cerca del límite, cerró su polla en la palma de la mano y apretó lo suficiente para que su liberación fuera imposible.
—¡TaeMin! —jadeó fuertemente MinHo y cerró los ojos por primera vez desde que TaeMin le ordenó no hacerlo—. ¡Por favor! —suplicó una y otra vez. —¡Por favor!- —Su polla estaba empapada al igual que la mano de TaeMin que la sujetaba.
—Pídelo más fuerte. Convénceme de hacerlo, MinHo.
Pero MinHo no podía pedir más. Se sentía sobrecargado. Las bolas de TaeMin le pegaban en el culo, su polla golpeaba muy adentro de él, ni siquiera era capaz de pensar en otra cosa que no fuera en lo perfecto que era ser usado así por TaeMin.
—No, no puedo —logró decir entre balbuceos. Estaba a punto de llorar, deshecho—. Por favor…
Escuchó súplica tras súplica, pero TaeMin no quería migajas.
Así que en verdad lo folló. Crudo, sin remordimientos ni pausas. A MinHo se le iba el alma segundo a segundo, cerró los ojos con fuerza y el calor que se había mantenido hasta el momento, explotó. TaeMin lo había soltado un instante y él se derramó con grandes hilos blancos que mancharon su torso y hasta su cuello.
A su pesar, TaeMin no se detuvo. Siguió moviéndose dentro suyo, drenándolo del orgasmo y tirándolo a un tercer plano en el que no existía nada más que una concentración pura de placer.
MinHo no fue el único al que se tragó el orgasmo, TaeMin lo acompañó solo un poco después. Nadie se había sentido ni remotamente igual, el calor abrasador lo tiró encima de MinHo, hasta que dejó de ver por un momento. Fue como si su cerebro se hubiera apagado de otra cosa que no fueran él y MinHo en el mismo lugar.
Los minutos pasaban y ninguno quería renunciar a la comodidad de compartir sus respiraciones. TaeMin besó la clavícula de MinHo sin pensarlo. Había amado besar a este hombre, lo había amado tanto que fue difícil volcar esos sentimientos al lado contrario.
—Será mejor que nos vayamos ya —dijo TaeMin al cabo de unos minutos. No admitiría que su plan de venganza no había salido como pensó, y que su corazón no estaba dichoso por joder a MinHo. Estaba fascinado de haber compartido una noche más con este hombre que tanto amó, pero que si compartía un poco más con él, sería como cavar su propia tumba.
