Chapter Text
Ursula estaba hablando con su marido mediante la red flu.
— Lo siento, querida, esta noche no iré a cenar con vosotros. Tengo asuntos que atender en Hogwarts.
— Lo entiendo, Phineas. Sé lo diré a los niños.
Se despidieron y Ursula se fue al comedor, donde el elfo doméstico estaba poniendo la mesa.
— No pongas los cubiertos de Phineas. Se queda en Hogwarts.
— Como ordene, ama Ursula.
— ¿No viene padre a cenar? — preguntó Sirius.
— Hijo, ya sabes que tu padre es el director de Hogwarts y eso le hace estar muy ocupado. A él le gustaría estar con nosotros, pero su trabajo no se lo permite. Debe vigilar que el colegio vaya bien y para eso tiene que estar allí. — le contó Ursula a su hijo. Sabía que el niño quería atención paterna.
Sirius asintió decepcionado.
— Quería enseñarle mi progreso haciendo cuentas.
— Para compensarte te leeré Los Cuentos de Beedle el Bardo.
Sirius asintió convencido. Le encantaba que su madre le leyera historias. Él creía que madre era la mejor cuentacuentos y tenía la voz más bonita del mundo. Además, Los Cuentos de Beedle el Bardo era su libro favorito.
...
Phineas se dirigió al Gran Comedor para la cena.
— Profesor Dippet, esta noche estaré un rato en Grimmauld Place con mi familia. ¿Le puedo dejar a cargo de todo? Regresaré a la medianoche después de acostar a los niños. — Phineas se dirigió al subdirector del colegio.
— Por supuesto, Profesor Black. Puede contar conmigo. — Phineas entendía que compaginar el puesto de director de Hogwarts con la vida familiar era complicado por lo que siempre estaba dispuesto a echarle una mano a su superior cuando este quería pasar tiempo con su esposa o sus hijos.
Phineas sonrió agradecido.
...
Una vez terminada la cena, Phineas regresó a su despacho. Con un encantamiento cambió los rasgos de su cara y se fue a través de la red flu al Caldero Chorreante. Nadie se fijó en él debido al hechizo de camuflaje. Puso rumbo al Callejón Diagon y después al Callejón Knockturn.
Entró a un local llamado Placeres. Olía a incienso y había una elfina doméstica tocando el piano. Se quitó el hechizo de camuflaje.
— Profesor Black, hacía mucho que no se pasaba por aquí.
— Madame Flebance. Soy consciente que he venido sin avisar, pero espero que tenga una habitación para mí.
— Siempre tenemos una habitación para uno de nuestros mejores clientes. Lelly — llamó a una elfina doméstica, que apareció al instante — lleva al Profesor Black a la habitación de las luces.
— Como ordene, madame. Por aquí, señor.
La elfina llevó a Phineas a la habitación indicada. Le abrió la puerta, le hizo una reverencia y se fue cerrándola de nuevo.
— Buenas noches, señor — dijo una mujer vistiendo únicamente con ropa interior de la época haciendo movimientos sensuales.
— Mabel
— ¡Oh! Profesor Black, hacía mucho que no pasaba por aquí.
La mujer se acercó a él mirándolo con una especie de devoción. Phineas se sentó en uno de los sofás que había en la habitación.
— Ya puedes desnudarte.
La mujer con movimientos sensuales se quitó la ropa interior y cuando estuvo en cueros se acercó al Profesor y se arrodilló a su lado.
— Pobre, Profesor Black. Debe de ser muy estresante estar todo el día rodeado de niños. — le aduló.
— Pues sí. — se le escapó. Odiaba a los niños con todo su ser. — Pero tú estás aquí para calmar mis penas. — abrió un poco las piernas. Mabel se sentó en la pierna izquierda.
Phineas jamás dejaba que las putas se sentaran a su lado en el sillón por mucho que contratara sus servicios. Al fin y al cabo, era un Black. Era superior a ellas.
Phineas empezó a tocarle los senos cambiando la mano de un pecho a otro, mientras con la otra sostenía a la prostituta por la cintura. Acercó la boca a un pezón y lo succionó. Mabel le puso la mano en la entrepierna y como vio que ya la tenía dura se arrodilló delante del Profesor Black y se dispuso a bajarle la bragueta.
...
Una vez satisfechas sus necesidades, Phineas bajó a recepción.
— Espero que haya quedado satisfecho con nuestros servicios, Profesor Black.
— Nunca decepcionan sus muchachas, madame Flebance. Como sabe, le pido discreción.
— Por supuesto, Profesor. Nuestro local se basa en ofrecer placeres sexuales y el anonimato de nuestros clientes.
Phineas sonrió satisfecho. Pagó la cifra que le pidió la madame y antes de salir de Placeres se puso un hechizo para cambiar las facciones de su cara y evitar ser reconocido.
Puso rumbo al Caldero Chorreante para regresar a Hogwarts.
