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Omegacember - OBIKIN

Summary:

Conjunto de One-shots que hice siguiendo el desafío de @EsdeFanfics "Omegacember" (2023).
Me tomé la libertad de juntar días y asociar en un solo one-shot diversos temas.

En cada capítulo habrá un resumen y días correspondientes. Aquí explorare la escritura de Obi-Wan omega y Anakin alfa en diversos momentos.

Notes:

Ay estoy emocionada y nerviosa, yo vivo en esa dualidad. Es la primera vez que hago algún desafío así que veré dónde me lleva esto. Feliz de seguir explorando con obikin, gracias por pasarte por aquí <3

Chapter 1: Día 1, 2, 3: autocontrol, voz, aroma.

Summary:

Anakin está enamorado de su maestro Obi-Wan. Su misión en solitario cuidando de la senadora Padmé le ayuda a explorar sus emociones y poder ser capaz de confesarlas.

Canción: Cheri cheri Lady - Modern Talking

Chapter Text

 

Padmé lo sabe. Ella lo sabe. Mira a Anakin con ojos fijos y brillantes que dejan entrever todo un sistema de acusaciones, el joven Jedi cree que eso significan, no hay un tiempo entre medio que le permita pensar que se trata de lo contrario porque no existe momento en la galaxia que le entregue un milagro para que alguien entienda sus sentimientos.

Así que tiene toda la intención de fingir demencia, mirar hacia cualquier otro lado y desviar el tema. 

Quizá si le dice que es muy hermosa pueda causar algún cambio en ella. 

 

Pero Padmé es rápida, tanto como él mismo dice que es.

 

—Te gusta Obi-Wan. 

 

Dice en un tono neutro, mirando con grandes ojos marrones. 

 

—No lo hace, es mi maestro. —aclara tan veloz como puede, enfocado en la dureza de su tono. 

 

—Por supuesto, y en la despedida solo lo marcaste con tu aroma porque es tu maestro…Pero bueno, qué podré saber yo de cosas Jedi. 



Entonces se extiende un silencio, comen sin decir una palabra y Anakin siente que su corazón late con mucha prisa. Él no tiene miedo de decir lo que piensa, no se arrepiente de lo que hace y nunca cuestiona sus métodos. Pero hay una fina línea que jamás se ha permitido romper, esa es la que tiene que ver con Obi-Wan. Es algo sagrado que fácilmente destrozaría años de trabajo duro para ser mucho más que solo un cachorro.

Ahora su maestro está lejos de él, lejos y completamente solo…A esa distancia Anakin no puede cuidarlo y su aroma ya debe haber desaparecido. Pero sus preocupaciones son silenciosas, no puede permitirse exteriorizar sus sentimientos, eso significa que la Orden podría expulsarlo o peor aún, no ver más a Obi-Wan. 

 

Desde el segundo en que lo conoció su mente asumió que en algún futuro estarían juntos. Que tonto e infatil había sido, dejandose llevar por las fantasías de un anhelo que lo destroza desde adentro. Todo lo que quiere y desea es lo que no puede tener. No obtiene el cariño de Obi-Wan, su comprensión, sus secretos o su amor. Nunca ha sido digno sin importar cuánto haga. 

Y fantasear con aquello que siempre se ve es enloquecedor. No es lo mismo preguntarse por Padmé, a quien no vió hasta ahora, que preguntarse por aquel que ve hasta el anochecer. 

Ahora sus pensamientos fluyen inquietos, al estar separados el uno del otro por fin el anhelo se incrementa. 

Puede ser que Padmé diga esas cosas porque ella no está ahí, lo que es rutina para otros a menudo significa mucho más para quien ve desde afuera, por esa razón nadie en el Templo sospecha la profundidad de su apego. Aún así, si ella parece estar tan desligada de la Orden no puede poner en peligro lo que siente. 

 

Es suyo. Le pertenece. 




Anakin ha hecho un trabajo increíble con su autocontrol. Cómo fluyen sus sentimientos e impulsos es diferente al resto de sus compañeros. Ellos no sienten como él, no aman como él ni saben qué es ser un alfa hasta los huesos. Sus compañeros Padawan nacieron bajo la tutela del Templo, desde pequeños potenciaron su naturaleza desde la suavidad y simpleza. Ninguno de ellos lloró cuando sus caninos crecieron haciéndose paso por sus dientes, no saben lo que es sentir el aroma picozo de la dominación ni los pelos de punta en la nunca por una advertencia de supervivencia. Ellos no tienen la menor idea .



Está vagando demasiado en sus pensamientos, sintiendo el impulso de abandonar la misión e ir tras Obi-Wan. Padmé está bien, ella está segura aquí en Naboo con su propio grupo de doncellas y guardias que pueden cuidarla. ¿Pero quién cuida a su omega? Él está solo siguiendo el rastro de un cazarrecompensas. Si no tuviera que rendir cuentas con el Consejo Anakin habría marchado con Obi-Wan.

 La angustia debe haber envuelto el lugar porque Padmé de pronto lo mira con ojos preocupados, le basta esa mirada para dejar ir los temores de ser descubierto. Todo pasa por alguna cosa, entonces que todo aquello que le hace un nudo en la garganta por fin salga a la luz.

 

—Creo que debo contarte algo. —comenta Anakin. 

 

Tan desesperado por tener quizá un confidente, una amiga alguien que le escuché y le aconseje de la única forma que Obi-Wan no puede, porque se trata de él. De su vínculo y de sus vidas.  

 

Padmé sonríe un poco, parece estar orgullosa de saber que sea como sea tiene razón. Es esa reacción la que hace que Anakin se tense menos, porque significa que de alguna manera ella sí puede entenderlo. Entiende lo que siente y no lo culpa por ello. 

 

—Escucho. —dice mientras mastica con gusto un pedazo de fruta. 



—Es verdad. Sí me gusta Obi-Wan. —admite mirando con precaución hacia los costados, tiene miedo de que cualquiera pueda escucharlo. —Pero no puedes decirle a nadie. Nadie debe saberlo, Padmé. Juralo. 

 

—Juro que no diré nada. 

 

Anakin respira con calma sonriendo. Y una vez que habla no puede callarse, le dice todo lo que piensa desde el principio. Como sus sentimientos se desdibujaron, como cree tan fielmente que la Orden los incita a amar. Es ahí en medio de su monólogo que Padmé le dice que hay una diferencia grande entre gustar de una persona y amarle. 

 

Anakin entiende que le gusta la compañía de Padmé, le agrada porque es la posibilidad de una amistad. Pero no la ama. 

 

Está enamorado y saberlo le hace sentir miserable porque desde el inicio dijo que no podría decirlo nunca. 

—¿Y qué hay después? —pregunta Padmé. Han pasado días desde que hablaron, están sentados sobre pasto suave y agradable al olfato. 

 

Las cascadas y su frescura relajan a Anakin, se siente más como un respiro que una misión. Ojalá su omega estuviera aquí. 

 

—¿Después de qué? —cuestiona. Su nueva amiga a veces solo suelta palabras que a menudo lo dejan cuestionando otros puntos de vista. 

 

Padmé mira lejos, causando un poco de inquietud en Anakin. 

 

—Cuando seas un Caballero, cuando dejes de ser un Padawan. Debe haber algo más, ¿no? Una posibilidad que te acerque a Obi-Wan. 



No había pensado en eso. No porque le faltarán ganas de soñar con mínimas posibilidades pero no había ni existía nada de eso, sus sentimientos serían censurados o vistos como ideales infantiles. 

 

—Solo una. Seremos iguales cuando eso suceda, él me escuchará y no dudará de mis capacidades para mantenerlo a salvo, con eso debe ser suficiente. De todos modos he logrado superar las barreras que me podrían haber delatado. 



—¿Barreras? 

 

—Como sea, cuéntame de ti, ¿estás enamorada? 

 

Padmé comienza a hablar sobre eso. Sus temas se deslizan entre política, necesidades galácticas y romances. Ella jamás menciona el nombre de la persona que tanto ama, pero respetara esa privacidad. 

 

Él no se atreve a contar sobre aquella vez en la que su autocontrol se manifestó de una manera sorprendente. Hace unos pocos años atrás había caído hipnotizado por el aroma de Obi-Wan, una pelea con uno de sus compañeros Padawan y las hormonas de una rutina por llegar casi le hicieron morder a su maestro. La necesidad hostigadora de marcarlo como suyo lo había hecho llorar mientras soltaba quejidos entre palabras impronunciables. Al llevarlo a la sala de curaciones pensaron que el dolor de la rutina se había mezclado con factores de estrés o una especie de trauma que lo estaba haciendo sentir alarmado. Jamás notaron que la baba que caía por su labio se debía a la picazón de sus caninos ardiendo por morder el cuello del omega que tan despreocupadamente se acercaba a él, porque era su maestro quien lo arrastraba por el pasillo.

Esa vez Anakin soñó con manos suaves que acariciaban sus mejillas, un calor que lo envolvía y la voz de Obi-Wan felicitándolo por ser tan sensato al no dañar a quien ama. 

 

Una vez que la rutina se esfumó no hubo nada de eso, solo la realidad y la vergüenza de haber luchado contra sus instintos más bajos. 



     Las cosas comienzan a empeorar y lo que tan solo parecían cómodas vacaciones lejos de códigos y miradas críticas se tornan en un momento serio. Obi-Wan había sido capturado.

 

—No puedo ir con él. Mi misión es protegerte, pero yo. Realmente no creo poder cumplirla. —asegura Anakin afligido pero no menos decidido acomodando su túnica. 



La mirada profunda de Padmé se acumula en su cabeza. Sí ha olido en ella el aroma de una alfa no mencionará nada, pero sí ella lo obliga a permanecer aquí tendrá que romper su juramento más preciado. Quizá no nació para ser un Jedi. 

 

—La cumplirás. Iré contigo, y sí yo voy será tú deber seguirme. La Orden no podrá luchar contra eso. 

 

Por primera vez en semanas Anakin respira absoluta felicidad, incluso si viene acompañada de una angustia terrible. 

La llegada a Geonosis estuvo plagada de incertidumbre, Anakin solo tenía una cosa en mente y era poder volver con Obi-Wan. Su aroma parecía imposible de percibirse a la distancia en la que estaba, se sentía a ciegas mientras tanteaba el vínculo que estaba sellado. 

Está enojado con los resultados de esta misión, todos los detalles que parecían haber sido descubiertos le hacen tener el impulso de querer gritarle tanto al maestro Yoda como al maestro Windu por la decisión tan apresurada que tomaron. Quizá si hubiese intercambiado lugares con su maestro él no estaría en peligro. 

 

—Dile lo que sientes. —murmura Padmé. 

 

Ambos están esposados uno al lado del otro, listos para morir en ese horrible coliseo. Son el sacrificio. 

 

—No puedo. 

 

—Hazlo Anakin. De todas formas moriremos. —agrega. 

 

Es una melancólica forma de decirlo. Justo al precipicio de la muerte no hay nada que se pueda perder. Se esfuman las promesas, los juramentos y el deber. Solo existe ese instante antes de que ya no exista nada. Anakin siente como su corazón deja de latir cuando ya no presta atención a su entorno y solo se fija en la figura de ropa blanca atada a un poste. Mi omega, mi omega, mi omega. Habla una voz potente en su interior, esa voz que opaca la otra que a menudo le dice cosas como: que jamás será amado, que está siendo enjaulado y que nunca será más que un esclavo. Esa voz dolorosa siempre muere cuando la voz dulce le habla. 

 

—Hemos venido a rescatarlo. —dice emocionado. 

 

Obi-Wan lo mira perplejo. 

 

—Estupendo. 



Probablemente los héroes de los libros que leyó en Naboo no eran capturados al momento de hacer algo heroíco, pero bueno, él es Anakin hace sus propios momentos. 

 

—Tengo que decirte una cosa. —confiesa observando las criaturas que se acercan poco a poco a ellos. 

 

—Eso puede esperar Anakin, hay detalles que debemos resolver ahora mismo. Concéntrate. 

 

Ante una petición tan importante de su omega, Anakin no puede hacer otra cosa más que obedecer. Así que se concentra, mientras el aroma de Obi-Wan llena su nariz. Es como una adicción de la que no quiere escapar, justamente porque es el único aroma que puede entender. Es como si oliera a flores, de esas que nacen en planetas como Naboo tan lejos de la arena y su incontable escasez de flora. A veces se pregunta qué siente Obi-Wan con su aroma, ¿le gusta? ¿es capaz siquiera de quererlo aunque sea un poquito? 

Sigue peleando por su vida, incluso si antes de entrar había caído ante la resignación de una muerte segura, pero de todos modos, qué valor podría tener la muerte si no se está aferrado a la vida misma. Y para Anakin Obi-Wan es vida. 

 

Deja de preocuparse por Padmé cuando una figura encapuchada llega luciendo igual a esos heróicos héroes de los libros. Viéndose igual que el primer amor de Padmé.

 

Obi-Wan se aferra a los costados de su cuerpo, sus aromas se mezclan el uno con el otro como si no hubiera posibilidad de sentir nada más que eso. Que el aroma terroso de Anakin y las flores de Obi-Wan, la sensación de la lluvia y lo desconocido saben a gloria para el alfa. 

 

—Tu aroma es muy intenso, Anakin. —dice Obi-Wan detrás de él. Su aliento rozando su nunca.

 

—Es porque está muy cerca, maestro. 

 

Al decirlo se siente un poco tonto, realmente no tiene frases cursis o galante que decir para impresionar al omega que ama. Qué se supone que haga si siente el sudor filtrarse por debajo de su ropa, el calor corporal de su amante tan cerca y la inevitable batalla en medio. Es demasiado para él, no puede avanzar procesando un montón de cosas que suceden al azar. 

Entre medio de su torrente de discusión interna, siente como el aroma de Obi-Wan se suaviza, lo cierto es que un aroma no debería ser tan condenadamente expresivo. Mucho antes de saber qué siente su maestro puede olerlo, pero incluso sabiendo eso no hay cosa que ame más que la fabulosa combinación que causa su aroma sobre el de Obi-Wan. Obi-Wan jamás lo ha regañado por eso, quizá no sabe que significa…O quizá solamente le gusta.

 

—Anakin. —advierte Obi-Wan como si pudiera escuchar sus pensamientos.

 

Los cuales están cuidadosamente bloqueados, lo que podría significar que su propio aroma es tan expresivo como él mismo lo es. 

 

Relame los labios secos para decir lo que necesita decir sin importar cuánto cambie todo. No hay tiempo, debe dejar que suceda, dejar fluir sus emociones y verbalizar el amor que siente. 

Hasta que la Fuerza lo calla de golpe cuando percibe a los primeros Jedi llegar, alinearse todos en posición de combate. En medio del caos no puede desnudar su corazón, las consecuencias queman desde lo profundo de su pecho. 

 

—Obi-Wan. —dice sosteniendo con fuerza su sable láser. Los ojos azules de su maestro lo miran hacia arriba. Ahora es más alto. — No puedes morir hoy, porque tienes mi corazón…Si mueres yo moriría.



El aroma de omega por fin envuelve a Anakin de pies a cabeza. Ha sido marcado por él, porque mientras se distancian unos de otros el aroma persiste como si Obi-Wan estuviera a su costado, la promesa de mantenerse con vida es trascendental a las palabras en ese instante. 

Y la cumplen tan bien hasta que Dooku escapa, dejando atrás el aroma horroroso de la muerte…Anakin odia ese aroma con todo su corazón, el mismo que le pertenece a Obi-Wan, el mismo que se aferra a la vida. 

El conde Dooku lo observa desde el otro costado donde desaparece por los pasillos con una mirada desafiante, ahí mismo lo decide. 

Sostiene con firmeza el brazo de Obi-Wan quien lo observa molesto y afligido por la carrera de persecución. 

 

—Te necesito muchísimo. —comienza a decir, a medida que su tono de voz poco a poco cambia…— todo el tiempo, y no puedo seguir siendo fuerte respecto a eso. Te amo, Obi-Wan, te amo tanto que siento que podría morir y te amaré siempre incluso si tú nunca me amas. 

 

Solo cuando termina de hablar Anakin nota que ha usado su voz de alfa, similar a la voz omega que usa Obi-Wan al momento de darle una orden que no tiene paso a desafíos. Ha usado su voz para complementar su confesión, exponiéndose como un hombre enamorado y un alfa que consuela en el caos a su omega. 

 

Sus ojos se están empañando de lágrimas, retrocede un poco para enfocar su vista en el camino donde ha huido el conde Dooku. La pelea sanará su corazón roto. 

 

—Que lamentable…Porque en estos momentos no puedo negar el amor que mi alma también siente. —habla Obi-Wan.

 

Unas suaves manos sostienen los costados de su cuello, cierra los ojos a medida que la cercanía se reduce. 

 

Obi-Wan lo está besando. 

 

Lo besa tanto que todo explota a su alrededor.

 

Queda sin un brazo, queda lastimado y aturdido mientras una guerra se alza sobre la galaxia. 

 

De la devoción eterna, de su amor inexplicable nace la sensación de que podrán vencer lo que sea. 

 

La voz oscura que le susurra al oído muere…Muere y desaparece en el cosmo.