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Salicaria

Summary:

—No tenías que besarme… —murmuró.

—No tenías que ponerte caprichoso… —contestó del mismo modo.

—¿Fue por eso…, o sólo querías un pretexto para hacerlo?

 

Reese es un bastardo más casual que intencional, y Malcolm siente mucho más de lo que le gustaría pensar.

Chapter 1: Estúpido

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

A lo largo de su vida, incluso con tan pocos años comparado con la media, Malcolm se creía lo suficientemente modesto al decir que había pasado por un montón de situaciones extrañas. Las cuales, a su vez, acababan provocándole sensaciones aún más raras.

Podría enlistar todas y cada una, enumerarlas, y catalogarlas sin dificultad. Después de todo, por lo general tenía una muy buena memoria y una aparentemente enorme capacidad de atracción a los problemas cada vez más desquiciantes…

Sin embargo, si tenía algo claro aún por encima de todas esas cosas, eso era que nunca nada había sido tan aplastantemente asfixiante para él… como el crudo regreso de su hermano mayor.

La primera vez que Malcolm sintió que la pesada opresión (que vivía latente en su pecho desde aquella fatídica noche en la que hizo pedazos el corazón de su hermano) tomaba tanta fuerza como para dificultarle físicamente la respiración, fue cuando se dio cuenta de que la persona que volvía no era la misma que se había ido hacía un año.

Porque dos semanas después de que lo hiciera, contrario a sus pobres esperanzas egoístas, las cosas estaban peor que nunca entre los dos;

Malcolm tenía quince años cuando Reese se fue, pero para el momento en que volvió ya había cumplido los dieciséis, y, en el instante en que entendió que el tiempo lejos no se había desecho de la completamente justificada animosidad y más bien sólo había servido para ampliar la áspera e hiriente grieta separándolos a ambos, ingenuamente había creído que pasaría.

Había pensado, como un completo y egoísta idiota, que luego de un rato ahí Reese lo olvidaría. Que lo golpearía por fin una, dos, diez veces…, las que fueran necesarias para que volviera a su insufrible ser de toda la vida, con Malcolm soportándolo como su víctima usual y el resto del mundo regresando a doblegarse bajo su yugo de violencia con naturalidad…

Pero no.

No.

Su hermano había regresado con la indiferencia cubriéndolo como una coraza afilada, y, a decir verdad, en este punto Malcolm parecía ser el único sangrando por ella.

Porque sí que había abrazado a Dewey como si realmente lo extrañara, a su padre, a su madre, e incluso a Jamie…, pero no a él.

En aquel momento, tan inusualmente quieto como nunca, Reese no había hecho más que mirarlo con ojos increíblemente opacos a mitad de la sala, y Malcolm, genuinamente confundido por el montón de reacciones alterando químicamente su cerebro al verlo después de tanto tiempo, no había podido hacer nada para salir del inusual estado de congelamiento y conmoción que la expresión le producía.

No consiguió nada; ni una palabra, ni un mínimo gesto de reconocimiento o siquiera otra última mirada después de que el primer parpadeo se llevara esa para no volver. Fue como una maldita bofetada.

Eso el primer día.

Los siguientes le parecieron aún peores…

Porque Malcolm se había sentido desplazado en muchos diferentes momentos de su vida y por distintas personas, pero nunca se había sentido hecho a un lado por Reese.

Por más absurdo, egoísta, y caprichoso que pudiera sonar, la verdad era que, para él, su atolondrado hermano mayor era siempre una extraña forma de alivio ante esas situaciones.

Sí, Reese era un idiota. Un maldito cretino impulsivo y el tipo más molesto con el que podrías encontrarte si estaba especialmente de humor para ello, pero, también, era el único que parecía esforzarse por mantener a Malcolm ahí con él hiciera lo que hiciera.

Y aun si la mayor parte del tiempo no era algo bueno en términos de consecuencias, en realidad ya no importaba más.

Todo había acabado.

Todo echado a la basura, por una completa y absoluta estupidez, además.

En definitiva, lo era. Al menos para Malcolm.

Todo eso… hecho añicos por una chica que ni siquiera le gustaba en realidad…

Ah, porque ese era el punto; a él no le gustaba… pero Reese aparentemente la amaba, y Malcolm había hecho lo más rastrero que un hermano podía hacerle a otro.

¿Por qué?

¿Por qué, de todas las personas, tenía que ser ella? ¿Por qué, de todos los malos escenarios posibles, tenía que desarrollarse ese en el que él lo encontrara en la habitación de su novia? ¿Por qué, de todas las cosas que podría haberle hecho…- de todo lo que podría haberle dicho… Reese simplemente había desviado toda su atención a ella, diciéndole ese estúpido “sólo quiero que seas feliz”, e ignorándolo a él por completo? ¿Por qué no volvió a mirarlo? ¿Por qué él se sintió molesto horas más tarde, cuando el impacto y el miedo bajaron?

¿Por qué dolió?

«¿Por qué aún lo hace…?»

Nunca, en todo ese tiempo, había logrado entenderlo.

Nunca supo la razón, jamás obtuvo la respuesta a ninguna de esas preguntas, y tampoco comprendió qué demonios se había disparado en el ambiente para terminar en ese punto tras ir a buscarla con un claro objetivo aquella vez y sabiendo lo mucho que probablemente la detestaba sin razón aparente.

Porque lo hacía.

Vaya que lo hacía.

La odiaba.

De todas las chicas con las que Reese había salido, esa en definitiva era la más molesta. A Malcolm nunca le había agradado. Nunca, ni en el momento en que se las presentó, ni más tarde cuando empezó a pasar tiempo en su casa como si algo ahí le perteneciera.

Así que, cuando el incidente sucedió, y luego de que Reese desapareciera con la mirada más decepcionada y abatida que había visto en su vida, Malcolm se había sentido tan aplastantemente confundido, que realmente lo consideró;

En verdad, por un pequeño rato introspectivo, había llegado a plantearse seriamente la cuestión sobre si ella le gustaba. O si al menos le atraía de algún modo…

Algo, cualquier cosa, cualquier indicio o pensamiento que pudiera darle una respuesta para esa estupidez, un mínimo motivo, o un sensato fundamento...

Pero, horas después, para el momento en que se encontró en su cama tratando de dormir, lo que había no era nada más que un sentimiento de desprecio y profundo resentimiento.

Resentimiento con ella. Resentimiento consigo mismo. Resentimiento con Reese…

Y, no obstante, ya nada importaba.

Malcolm no era más que un cero a la izquierda donde antes era una potencia.

“Ya no eres su favorito”

Dewey se lo había dicho una vez, un momento en el que todo lo sobrepasó y Malcolm se dejó llevar lo suficiente para preguntar qué hacían cuando Reese salió.

Porque, por supuesto, todo lo que hacía antes con él, ahora lo hacía con Dewey, y la burlona vocecita, junto al recuerdo de la irritante sonrisa infantil, seguían provocándole un ridículo malestar incómodo desde aquella primera ocasión en la que, humillado, indignado, y sintiéndose como una peste, Malcolm no había sabido cómo responder más allá de abandonar el lugar con la poca dignidad que le quedaba y la necesidad de tomar aire volviéndose afortunadamente más fuerte que las patéticas ganas de arrojarle cualquier cosa a la cara.

Honestamente, incluso con todo eso, Malcolm no culpaba a su hermanito. No estaba muy seguro de si se debía a que después de que Reese se fuera había terminado pasando tanto tiempo con Dewey como para suavizarse un poquito más con él, o sólo al hecho de que la respuesta que le había dado era una bastante lógica aun en su brutalidad.

Y era algo entendible que Dewey lo explotara como una ventaja, en realidad. Después de todo, el niño tenía un gusto particular por cualquier cosa que involucrara un mínimo de manipulación… y, tras tantos años siendo la víctima principal, más allá de la desconfianza natural que había mostrado los primeros días luego de que Reese lo tratara bien, era comprensible que Dewey quisiera aprovechar cualquier beneficio que pudiera obtener mientras siguiera estando en el lado bueno de su más grande tormento.

Claro que, eso no quitaba que Malcolm se encontrara en el malo ahora… Bueno, eso si podía considerar siquiera estar en algún lado, para empezar.

«Esto es un asco»

Malcolm se había repetido tanto eso, que incluso parecía algo natural.

Todo ahora, desde la mañana hasta la noche, era una constante especie de tortura psicológica para él.

Una ligeramente enfermiza, además, porque incluso llevaba el conteo de palabras que se habían dirigido el uno al otro en dos semanas. Un frustrante y aplastante:

107 - 0.

Siendo honestos, la marca genuinamente le impresionaría a un nivel de estudio si no fuera por el hecho de que él era la única persona con quien Reese practicaba su mutismo.

«Como un completo idiota»

Reese lo era. Por supuesto que sí.

Sin embargo, Malcolm también lo era…

Porque no podía negar que le afectaba, a pesar de lo mucho que ser consciente de eso mismo le repudiaba. No podía evitarlo, las cosas eran así. Las cosas llevaban mucho tiempo siendo así.

Dios, es que, incluso durante el periodo en el que no estuvo, Malcolm se había acostumbrado a dormir encarando la entonces vacía cama de Reese, casi como si esperara verlo al abrir los ojos por la mañana…, y ahora…

Ahora que realmente estaba ahí, Malcolm no podía obligarse a relajar lo suficiente para no mover un músculo en su dirección ante la más mínima reacción.

La culpa había estado consumiéndolo como una llama a un fósforo desde el inicio, y, no obstante, era obvio que a su hermano no le interesaba ni un poco. Y a pesar de que durante esas primeras dos semanas no se había quejado abiertamente con nadie del tema, de alguna manera, Malcolm había esperado que al menos su mamá mencionara algo que le hiciera tomar en cuenta su presencia.

No fue así.

Pero tampoco iba a culparlos. No era tan petulante como para caer a eso, siquiera de momento. Sabía que estaban tan enterados de lo que había hecho como él, así que… no tenía caso.

De cualquier forma, ese asunto era sólo entre ellos dos, y aun si parecía no tener solución alguna, Malcolm comenzaba a hartarse de verdad.

Porque todo eso no era más que una estupidez.

Es decir, Reese había hecho cosas mucho peores, ¿no? Entonces, ¿qué le daba el derecho a hacer de sí una víctima y convertirlo en un falso verdugo a él?

¡Malcolm debería ser quien estuviera aplicando esa infantil ley del hielo por muchas otras cosas, no Reese! ¿Cierto…?

«Sí, claro…»

¿A quién quería engañar? En el fondo sabía que no era más que un nuevo arranque de autocompasión.

Quizás, parte de lo que le hacía sentirse tan enfadado con todo era que la ausencia de Reese había sido mucho más difícil para él de lo que algún día hubiera llegado a imaginar, y en más de un sentido.

Entre la situación de su familia, y la suya individual oscureciéndose más y más en la escuela a cada instante que pasaba en el lugar, era casi como si una parte de Malcolm culpara a su hermano mayor por ello, y que la misma le obligara a culparse a sí mismo en consecuencia por no poder dejar de ser tan egoísta y pretender que las cosas se arreglaran en un pestañeo.

Nunca había pensado demasiado en lo que Reese y su figura implicaban en su vida. Después de todo, él siempre había estado ahí, era su hermano, así que su presencia le era tan natural como respirar… Y, sin embargo, aun cuando la resolución hasta ahí había sido normal en un inicio tras comprender que se había ido, al poco tiempo de eso todo había acabado yéndose al demonio.

Porque las cosas cambiaron. Porque su vida cambió. Porque Malcolm cambió.

Si el pensamiento no hubiese sido tan aterrador, en el momento en que se dio cuenta de ello se habría reído de sí mismo.

Y es que, ¿quién iba a decir que Reese, siendo quien era, realmente tenía una influencia tan grande en él como para afectarlo a ese nivel?

Había algo en Reese, una especie de agente extraño que provocaba reacciones en su personalidad de manera inexplicable… Reacciones que habían pasado ocultas y desapercibidas incluso para él porque en un inicio estaban demasiado mimetizadas entre otras como para notarlas.

Eso, claro, hablando de forma interna pues, al parecer, también modificaban continuamente su entorno de un modo menos simple de lo que cualquiera podría imaginar.

Malcolm lo había aprendido a la mala.

Que lo que él creía una rutina y un mundo equilibrado lo eran mucho menos de lo que habría imaginado.

La primera señal había sido un golpe en el estómago…

Literalmente.

En su vida había habido pocos y puntuales momentos en los que Malcolm se hubiese sentido realmente intimidado en la escuela; la mayoría siendo en sus principios como Krelboyne, para ser más precisos, y, aun así, nunca tan explícito y continuo como cuando su hermano se fue…

Quizás por una clase extraña de complejo, con el paso de los años Malcolm había terminado haciéndose a la idea de Reese siendo visto como un idiota cruel y nada más. Lo habían dibujado en su cabeza como un cretino abusivo incapaz de forjar un mínimo vínculo con nadie, y como alguien más interesado en llenar su metafórico tanque de adrenalina por cualquier medio posible antes que ninguna otra cosa.

Lo cierto era que el pensamiento había permanecido mucho tiempo ahí… hasta que el espectro se volvió más rojo y menos gris.

No sabía si era que los otros odiaban a Reese, o si algo en su hermano mayor le hacía parecer a él menos irritante ante los demás, pero, fuese lo que fuera, e incluso si no estaba seguro del por qué, la ausencia de Reese en la preparatoria aparentemente había sido lo mismo que ponerse una diana en el pecho.

O eso era lo que Stevie le decía…

Honestamente, a él le parecía algo ridículo, pero aun así evitaba rebatirlo única y exclusivamente debido a que, más que nada, intentaba evadir a toda costa el tema de Reese cada vez que aparecía entre los dos o con cualquier otra persona.

Porque, sí, salvo los primeros días después de su huida, y unas cuantas ocasiones más tarde en las que Malcolm se había sentido especialmente terrible como para no lograr mantener toda su frustración adentro sólo para él, el nombre de Reese no había abandonado su boca jamás.

Era estúpido. Lo era, de verdad, y Malcolm lo sabía, pero también sabía que la sensación retorciéndose desde sus entrañas hasta su garganta cada que lo recordaba parecía volverse exponencialmente insoportable día con día, y cuando Reese, el verdadero Reese, o al menos lo que aparentaba ser la sombra de él y no el sujeto imaginario de sus tormentosos sueños, volvió…, la esperanza de esa cosa desvaneciéndose como la niebla llegó también…

Sólo para desaparecer un instante después, dejándolo ahí, con una perpetua y ambigua sensación desconocida que crecía constantemente, rodeando y serpenteando como enredaderas venenosas entre cada espacio de su culpa y sus excusas.

«Completamente estúpido…»

.

.

.

.

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Notes:

-1-

¡Hola! ♥ ¿Qué tal? Inicio de historia nueva. ¡Ahh!

Publiqué el final de Serotonina, así que no sé si vienen de ahí, pero, asdfhsjaksjjs, Dios, no sé ni qué decir, jajaja
Dato inútil de la autora sobre el capítulo: genuinamente no sé qué decir, más que nada porque por un momento de mi vida de verdad pensé que nunca podría sacar esta historia a la luz. Tengo años con ella en mi archivo, y me traía loca porque me causaba bastantes estragos en las ideas de repente, o sea, para que se den una idea, llevo intentando desarrollarla bastante tiempo antes de siquiera terminar de publicar Selcouth. Porque siempre, desde la primera ocasión que vi ese infernal capítulo de cuando Reese encuentra a Malcolm ahí con su novia y se termina enlistando al ejército, quise escribir algo sobre eso (cambiando necesariamente unas cuantas cosas para darle algo de sentido, porque la cronología y representación en la serie no hacen mucha coherencia, la verdad). Es un episodio que me rompe el corazón por más de una razón, a pesar de que obviamente buscaron tratarlo con el eterno ambiente cómico de MITM…, así que quería darle mi propio giro al asunto y, obviamente, sacar algo de Wilkercest de ahí ;D

No sé si esto les gustará o no, honestamente espero que sí, pero por mi parte prometo ponerle todo el empeño para lograrlo, como siempre intento hacer ♥

Bonito día, tarde, o noche, cuando sea que lean esto, muchas gracias por darse el tiempo de hacerlo, cuídense, los quiero <333

—Lemon