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24-Hour Trope Clock

Summary:

El Dr. Gaster se esfuerza por convertir el Underground en un lugar mejor.

Work Text:

Para el doctor Gaster, el Underground era un lugar sumido en las tinieblas. Una noche eterna cernida sobre las cabezas de todos los monstruos. Un Infierno de oscuridad eterna. Una agonía que recibían solo por nacer.

Él lo sabía debido a que había llegado a conocer la superficie; sin embargo, no la recordaba por completo gracias a que aún era un niño pequeño en aquella época. Para él, el mundo superior no era más que un recuerdo vago, un sueño lúcido o una alucinación cuando mucho. Sin embargo, aún habían ciertas características de la superficie que todavía podía rememorar: la enorme bola de fuego que flotaba en el cielo, causante de toda (o casi toda) la maravillosa luz; las nubes blancas, sosegadamente fluctuando sobre un cielo de un impactante color cian; el verde césped, picoso y suave a la vez en sus articulaciones… Sin embargo, poco más era capaz de regresar a su mente.

Pero, luego de tanto volver la vista atrás en el tiempo, pronto se hallaba de nuevo en su oscuro laboratorio. Su reloj de muñeca era pobremente iluminado por unas cuantas luciérnagas que mantenía encerradas en un pequeño matraz de Erlenmeyer cerrado con un corcho con unos cuantos agujeros. Eran las 5:53 a.m.

«A esta hora —pensó—, más o menos, es cuando solía salir el sol del horizonte», pensó con desilusión.

Pero el subsuelo no era como la superficie. No había un sol, ni estrellas, ni siquiera una mísera fuente de electricidad para encender una modesta bombilla.

«Esto tiene que terminar», pensó determinado. Aun con la poca luz natural de los insectos, alejó todos sus planos. Se levantó y tomó nuevos. Cual Edison, su mente estaba encendida en la oscuridad, sus falanges no paraban de trabajar en esa arrugada y amplia hoja de papel cuadriculado.

«El subsuelo no puede seguir viviendo así. Yo no puedo seguir viviendo así… —Frotó la zona de sus sienes con estrés mientras cerraba sus ojos para luego volverlos a enfocar en su trabajo—. El rey Asgore me encargó el trabajo de científico real, y, como su vasallo, debo de poder ingeniármelas para que el subsuelo viva mejor.»

Pronto, sus planes habían comenzado a cobrar algo de forma, lo cual le incentivó a proseguir, ahora, con mucha más determinación.

«El Underground necesita un Núcleo… y no descansaré hasta haber creado uno que pueda proveer energía eléctrica a cada esquina, avenida y vivienda.»

Pronto, sus carpos y falanges habían empezado a entumecerse. El tiempo corría, pero no quería tomarse la molestia de verlo en su reloj.

«¿En qué punto podría estar el sol allá arriba? ¿Este?, ¿oeste?, ¿justo sobre sus cabezas?, o ¿ya se habrá escondido de regreso?»

Sus párpados pesaban; sudor corría por huesos. Después de todo, ¿cómo sabría que este no sería solo un esfuerzo inútil?

«¿Acaso importa la posición del sol…? Después de todo…, criaturas como nosotros… jamás podremos ser capaces de volver a contemplar un milagro de la física como ese…»

El sentido del tiempo se le había escapado de las manos. Cuando pudo recobrar la conciencia fue capaz de corroborarlo: las luciérnagas habían muerto.

No le quedó otra opción: encendió su magia, de un hermoso color púrpura. Su cabeza le dolía, y no recordaba la última vez que había ingerido algo de comida. Después de todo, el no tener una fuente de luz (ni a nadie en absoluto) que le recordase la hora hacía que su cronocepción en general fuese irregular.

Sin embargo, con la tenue y etérea luz de su magia fue capaz de ver los planos, casualmente: ya terminados, en frente de sus ojos.

«Está decidido: a partir de mañana comenzará la construcción del Núcleo.»