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Hizashi miraba el aparador con un revoltijo de emociones, estaba conflictuado. Miró a los lados y a atrás para asegurarse de que nadie conocido lo estuviera mirando y entro a la tienda.
—Bienvenido al Paraíso del Placer, ¿en qué podemos ayudarle? —lo saludó con voz monótona la dependienta sin dejar de mirar su celular.
Hizashi moduló la voz para fingirla. Esperaba que en su atuendo de civil, con el cabello hacia abajo, no lo reconocieran.
—El disfraz que está en el aparador. ¿Tiene de esos?
—Pasillo dos, hay de varias tallas.
—Gracias.
Lo encontró rápido. Echó una mirada a todas las demás opciones de disfraces que había.
«Luego» pensó.
Pagó y se fue casi corriendo de vuelta a la casa. Iba a esconder el disfraz en el cajón más recóndito y pensar todas las noches en su fantasía, sin atreverse a actuarla. Así como muchas otras.
O eso era lo que esperaba hacer.
Pero llegó a casa y apenas estaba dejando las llaves en su lugar cuando Shouta salió ya vestido de héroe del cuarto.
—Qué bueno que llegas, date prisa, nos avisaron que hay un atraco en Naganuma. Me iré adelantando.
Así que sólo aventó sus cosas en el sillón y se apresuró a cambiarse.
Regresaron ya tarde, cansados pero sin heridas y más que nada hambre. Se tiraron en el sillón cansados y Hizashi una vez más agradeció y maldijo al mismo tiempo a los dioses por que Shouta ya tenía tanta confianza (años le costaron) que se apoyó en él y le dijo, con ojitos dormilones.
—Tengo hambre.
Hizashi sonríe enternecido. Se levantó del sillón con pesar de separarse de Shouta, pero dispuesto a complacerlo de la única manera que su relación le permitía y fue a la cocina a preparar la cena.
Shouta se acomodó en el sillón para dormir un rato en lo que la cena estaba lista, pero algo abajo de él le incomoda. Saca la bolsa de papel e, intrigado, toma lo que hay adentro. Al principio no sabe lo que es, pero al ver el cuadrito de cartón con la fotografía lo entiende. Una sonrisa casi macabra se dibuja en su rostro cuando decide ponérselo. El disfraz viene bastante completo, hasta crucifijo tiene. Casi se rompe de la risa cuando ve que, junto con todo, viene también una minúscula tanga con una cruz al frente. Considera por unos segundos si también eso se pondrá, pero al final decide que si hará eso, lo hará bien, así que se la pone. Le queda muy justa, y se siente extraño el que se meta entre sus nalgas, pero a la vez, la sensación de que está haciendo algo tan distinto le emociona. Sólo espera que Hizashi lo aprecie.
La cena toma más tiempo de lo esperado en hacerse. Cuando llama a Shouta para que vaya a cenar no se extraña de no recibir respuesta. Su amigo se duerme en todas partes cada que puede, y más después de una misión, ya que sus ojos se cansan. Va a la sala a buscarlo y cuando llega siente que casi le da un paro cardiaco. Su respiración se acelera, junto con su mente, que está tratando de entender y conciliar lo que está sintiendo en ese momento.
Shouta está dormido, como era de esperar, pero lo otro es completamente inesperado y Hizashi tiene que sostenerse el pecho y hacer muy consciente su respiración en ese momento. Incluso se pellizca porque por un segundo piensa que podría estar soñando. Y es que es una visión salida directo de la fantasía que tuvo unas horas antes al ver el disfraz en el aparador. Atabiado como un sacerdote, dormía.
A Hizashi le tembló la mano cuando tocó el rostro de su amigo para mover su cabello y mirarlo mejor. Era también una prueba para ver si no se despertaba. Acarició su rostro, sintiendo el inicio del crecimiento de su barba por su mentón, sus labios ligeramente separados y no pudo resistirse a inclinarse para besarlo, apenas rozando su boca. Buscó su celular para tomarle una foto, sabía que la usaría muchas veces en el futuro.
Como no se despertaba, se sintió con el valor de hacer aún más cosas. Con el corazón acelerado y la mezcla de la culpa, la vergüenza y el deseo se sacó el pene, erecto desde el momento en el que lo había visto vestido como cura, viéndose tan sexy y tan inocente. Se acarició lánguidamente, se sentía tan excitado que presentía que, si se tocaba con más fuerza, eyacularía más rápido que nunca.
Se acercó al sillón, tomó la mano de Shouta y ayudado con la suya acarició de nuevo su pene.
—Perdóname padre porque estoy por pecar —susurró.
Se acomodó en el sillón, para quedar entre las piernas de Shouta y lentamente subió la falda de la sotana, descubriendo las musculosas piernas. Se inclinó para besar la parte interna del muslo. Shouta suspiró fuerte y a Hizashi le dio un vuelco el corazón. Pero no se había despertado aún, así que con una sonrisa malvada siguió subiéndole la falda. De nuevo sintió ese vuelco pero esta vez no de miedo, sino de excitación su pene también respondió a eso y tuvo que respirar hondo porque ni siquiera sabía que fuera posible venirse sólo de ver algo demasiado pecaminosamente delicioso.
El pene de Shouta estirando el pedacito de tela que lo cubría y mostrando la cruz en su esplendor. Ligeramente hinchado en vez de flácido, la hacía aún más ajustada. Tuvo que tomarle foto a eso, porque su memoría no sería suficiente para recordar tanta perfección.
Acercó su rostro para mirar más de cerca y para inhalar el aroma de Shouta. Y no pudo aguantar la tentación de dar un lametón que hizo que la tela se estirara aún más. Se acomodó para colocar su pene junto al de Shouta, subiendo las piernas descubiertas y acomodándolas al rededor de su cintura.
Sin dejar de mirarlo, para vigilar cualquier indicio de que empezara a despertarse comenzó a moverse para frotar su pene contra la ingle y el pene de Aizawa. A ratos se ayudaba con las manos, aunque estas más bien las usaba para sostener las piernas de Shouta y para equilibrarse, pero cuando se tocaba se aseguraba de tocar a Shouta también y sentir cómo se iba humedeciendo la tela que lo cubría.
El ritmo comenzó a aumentar, y a Hizashi se le olvidó que no debía dejar evidencia de su acto, se dejó llevar por las sensaciones y acabó eyaculando sobre Shouta. Fue tan intenso que cerró los ojos. Cuando los abrió, unos segundos después, se le cayó el alma al piso. Shouta lo miraba, despierto.
—Sabía que te iba a gustar.
No esperaba oirlo decir eso. Con vergüenza, volvió a cubrirlo, se levantó y se cubrió.
—Perdón. No me odies por favor.
—¿Odiarte? ¿Por que siempre que estoy “dormido” aprovechas para complacerte con mi cuerpo? No puedo hacerlo, después de todo también yo lo disfruto.
—¿Lo sabías? ¿Estabas despierto?
—Algunas veces sí. No es fácil seguir durmiendo cuando, por ejemplo, te están metiendo algo por la boca rítmicamente, o cuando te acarician ciertos lugares que no suelen ser tocados.
Hizashi quería morirse en ese momento, pero, a la vez, sentía la esperanza burbujear en su interior.
—¿Por qué no dijiste nada? Cometí actos terribles.
—Por que me gusta, como ya dije. Me gustas. Y, esta vez, lo provoqué yo. ¿Compraste este disfraz para mí, verdad? De verdad eres un pervertido, ¿querías cojerte al padrecito de la iglesia?
Hizashi miró hacia otro lado, completamente rojo y, de nuevo, completamente excitado, le gustaba cuando le hablaba así, haciéndolo sentir tan sucio.
—Es que estaba guapo.
Shouta se rio. Se incorporó para quedar sentado y se levantó la falda. Su pene estaba completamente erecto, escapando la punta por arriba del ajustado calzón.
—Así que, hijo mío, debes expiar tus pecados. Termina lo que empezaste. Póstrate ante la cruz.
