Actions

Work Header

Giorno (accidente) Giovanna

Summary:

Dio no sabía que él era uno de esos hombres que se podían embarazar. De haberlo sabido... bueno, no se arrepentía de finalmente haberse acostado con Jonathan, pero lo habría obligado a usar un condón. Ahora tenía que jugar a la familia feliz con el tonto de Jonathan, ¡pero todo había sido un accidente!

Un fic donde Dio queda embarazado. ¡Jonathan, Dio y Giorno como una familia feliz (?)! (o algo así)

Chapter 1: La noche en cuestión

Chapter Text

Habían muchas cosas en el mundo que a Dio no le gustaban, entre ellas Erina Pendleton. Y habían muchas otras cosas en el mundo que a Dio le gustaban, como las fiestas.

Claro que para los amigos de Jonathan el concepto de "fiesta" era muy diferente al que Dio conocía. Por eso, cuando Jonathan lo invitó a la fiesta de cumpleaños de Erina Pendleton, Dio dijo que no. Pero cambió de opinión cuando Jonathan le dijo que en su lugar invitaría a Anthonio Zeppeli. El maldito italiano.

Las fiestas de los amigos de Jonathan eran aburridas, pero Dio podía hacerlas un poco divertidas, ¿cierto?

Jonathan y él llegaron temprano a la fiesta, y después Dio se escabulló en secreto para combinar un poco de alcohol en las bebidas. No era suficiente para emborrachar a alguien como él, pero seguro tendría algún efecto en los rectos y bien portados amigos de Jonathan. 

Después de un par de horas, ya todo el mundo estaba haciendo tonterías. Erina Pendleton reía escandalosamente con sus amigas, a veces se susurraban cosas entre ellas y después soltaban carcajadas que podrían reventar los tímpanos de Dio.

Speedwagon había conseguido un micrófono y cantaba canciones aburridas del siglo pasado. El resto de sus amigos intentaba seguirlo en los coros, pero nadie conocía las canciones que Speedwagon cantaba. 

Y Jonathan... Jonathan estaba siendo un tonto. Se había sentado junto a Dio y durante las últimas dos horas no dejaba de sentarse más y más cerca de Dio. El sofá era grande, pero Jonathan ocupaba gran parte de él, por lo que Dio comenzaba a sentirse acorralado.

—Si te sigues acercando quedarás sobre mí.— dijo Dio. 

—¡Ah! Lo siento, no había notado que estaba tan cerca de ti.— dijo Jonathan mintiendo descaradamente.

Aunque no se alejó, simplemente se acercó más, hasta que fue imposible estar más cerca. Dio sonrió con molestia.

—Jojo, ¿qué estás intentando?

—¿Eh? Nada.

Y aunque Jonathan aseguraba que era "nada" su mano se posó casualmente sobre la rodilla de Dio, y después lo miró de reojo esperando su reacción. Obviamente Dio no lo alejó, le gustaba Jonathan y estaba seguro de que sus sentimientos eran correspondidos, pero Jonathan jamás era tan atrevido como ahora. 

Dio dejó caer su cabeza hacia atrás y soltó un suspiro. A este paso Jonathan terminará besando a Dio solo si finge que quiere limpiarle la boca con sus labios en lugar de una servilleta.

—Jojo.— lo llamó, enderezandose y girándose hacia Jonathan, debía enfrentarlo de una vez por todas.— Dime qué quieres, y si estoy de acuerdo te lo daré.

—N-no quiero nada. 

Oh, era malísimo mintiendo. Aunque hablaba con Dio como una persona normal, sus ojos miraban fijamente los labios de Dio y se mordisqueaba los suyos.

—Jojo, mis ojos están más arriba.

Entonces el rostro de Jonathan enrojeció. Sus ojos rápidamente se centraron en los de Dio, y de inmediato los encontró preciosos.

—Sí, son lindos...

—¿Y? ¿Por qué miras tanto mis labios?

—Eh... es que... bueno, creo que están un poco resecos.

—¿Ah sí? ¿Y qué pensabas hacer? ¿Lamerlos?

—¡D-Dio!

Dio intentó no reírse en su cara. No esperaba que Jonathan fuera tan torpe para coquetear, pero aún así eso le pareció tierno. 

—Jojo, ¿sabes qué se hace después de una fiesta?

—¿Ir a casa?

—Sí, pero después de eso.— Jonathan no dejaba de mirar sus labios y Dio sentía que no podría soportarlo más. Estaba mal aprovecharse de un borracho, pero ambos deseaban esto desde hace mucho tiempo.— Jojo, ¿quieres besarme?

—Eh... yo...

—Está bien si quieres besarme, no me molestaría besarte de vuelta.

El rostro de Jonathan estaba tan rojo que parecía que podría explotar. Su boca se abría y se cerraba, buscando las palabras correctas para responderle a Dio, pero no se le ocurría nada.

—Jojo, la fiesta ya casi termina.— dijo Dio, mirando a su alrededor y viendo a Erina cabecear sobre el hombro de una de sus amigas.— ¿Quieres ir a otro lado?

Los ojos de Jonathan se abrieron cómicamente, y Dio esperaba que supiera lo que esa pregunta significaba en realidad. Sí, Dio quería besar a Jonathan, pero estaba dispuesto a dejarlo hacer más si así lo quería.

Jonathan asintió con timidez y después tomó la mano de Dio con fuerza y lo arrastró a la salida. Lanzó una despedida al aire para Erina, pero ella ya estaba dormida. 

La noche era fresca, perfecta para un romance nocturno. Jonathan subió a su auto y después salió rápidamente, mirando a Dio avergonzado.

—Lo siento, Dio, sube tú primero.

Dio sonrió, subiendo al auto. Jonathan cerró la puerta y después corrió al otro lado para abrir la otra puerta y entrar al auto. Le dio indicaciones al chófer y después se acomodó en su asiento, arreglando su ropa y evitando mirar a Dio.

—Jojo, ¿seguro que quieres que vayamos a tu departamento?

—¿Sí?— preguntó inseguro.— Podemos ir al tuyo si quieres. O a algún lugar diferente, pero... Dio, tú dime a dónde quieres ir.

Dio soltó una risita y después tomó la mano de Jonathan.

—Tu departamento está bien.

Jonathan asintió en silencio, miró sus manos unidas y después miró por la ventana el resto del viaje. Dio pensó que Jonathan estaría tranquilo después de acordar ir a su casa, pero su pierna se movía con nerviosismo. 

Cuando llegaron, Jonathan salió primero, dio la vuelta rápidamente y le abrió la puerta a Dio.

—Gracias, Jojo, pero no soy una chica.

—¡No! Lo sé, pero... quiero ser un caballero.— murmuró. 

Dio salió del auto y después estiró su mano frente a   Jonathan. Él lo miró confundido, solo un segundo, y después tomó su mano. Ambos subieron al piso de Jonathan enseguida, y Dio se preguntó si Jonathan sabría lo que se supone que van a hacer.

Cuando llegaron, Jonathan abrió la puerta para Dio y después entró, cerrando la puerta a sus espaldas. Dio se giró para mirar a Jonathan, pero lo atrapó mirando su trasero.

—Jojo.

—¡L-lo siento!— al ver que Dio no respondía, Jonathan intentó justificarse más.— Es que... bueno... no sé qué hacer.

—Jojo, ¿sabes qué estamos haciendo en tu casa?

—¿Dormir?

—Pff. 

Dio se acercó a Jonathan y puso su mano sobre el pecho del contrario, después le dio un beso en la mejilla.

—Haremos lo que tú quieras, Jojo. Puedes hacer lo que quieras conmigo. 

—¿Eh? Pero...

—Si quieres besarme hazlo, si quieres hacer más que eso hazlo, y si solamente quieres que duerma a tu lado... entonces eso haremos.

—Dio...

Dio ignoró las dudas de Jonathan, tomó sus dos manos y las puso en su trasero. El rostro de su amigo enrojeció de inmediato, intentando quitar sus manos de allí, pero Dio las sostenía fuertemente. 

—Esta noche soy todo tuyo.

El rostro de Jonathan mostró una expresión confusa, como si tuviera un gran conflicto consigo mismo, y después agachó la mirada para que Dio no lo viera, pero ya era demasiado tarde.

—Dio... no podemos hacer eso.

—Está bien.— dijo Dio, intentando no sonar decepcionado. Soltó las manos de Jonathan enseguida, pero él no las movió de allí.— ¿Jojo?

—Es que no has dicho si yo te gusto.

Dio abrió los ojos sorprendido. ¿Así que de eso se trataba todo? ¿Jonathan no tocaría a un hombre que no corresponde sus sentimientos? Qué lindo.

—Ay, Jojo, qué tonto eres.

Dio dio el primer paso. Levantó el rostro de Jonathan con una mano y presionó sus labios contra los de él. Estaban calientes por el alcohol, y temblaban ligeramente. Dio, sacó su lengua y le dio un pequeño lenguetazo, y entonces Jonathan abrió la boca con sorpresa. 

Y Dio pudo besarlo mejor.

Esperaba que Jonathan lo rechazara o algo parecido, pero después de un par de segundos él le correspondió el beso con mucho cariño. Jonathan era muy torpe hasta en eso. Sus labios no se coordinaban con los de Dio y a veces sus dientes chocaban. 

—Jojo, no hay prisa, hazlo lento y sígueme.

Jonathan se detuvo. Tomó a Dio de los hombros y lo empujó ligeramente. Tenía el ceño fruncido, como si estuviera pensando demasiado en algo.

—Dio, ¿de verdad los hombres pueden...? Ya sabes.

Dio pensó que sería divertido burlarse de Jonathan, por lo que inclinó su cabeza fingiendo ignorancia. 

—¿Qué cosa?

—Hacer eso que hacen las parejas...

—¿Besarse? Claro que sí, lo acabamos de hacer, ¿cierto?

—Sí, pero... Dio, creo que comí algo extraño, porque quiero tocarte y besarte y... y... y hacer el amor contigo.— murmuró avergonzado.— ¡Sé que no es correcto! Acabamos de besarnos, pero nos conocemos desde hace mucho tiempo y he querido besarte desde entonces. Y en serio quiero más de ti.

Dio acarició la mejilla de Jonathan. 

—Ya te lo dije, haremos lo que tú quieras, estoy bien con eso.

Jonathan asintió y miró a Dio con determinación. 

—Te trataré bien.

(•••)

Dio despertó por el ruido que Jonathan hizo cuando cayó al suelo después de tropezar con las sábanas. Se veía nervioso e inquieto. Su mirada rápidamente se dirigió hacia Dio e hizo una expresión que a Dio le hubiera dado risa si no entendiera las acciones de su compañero de noche.

—¿Piensas irte la mañana después de follar?— preguntó Dio.— No creí que fueras ese tipo de hombre, Jojo.

—¡No lo soy! Sólo... me siento mal.— dijo, sentándose en la cama y tratando de cubrir su desnudez de una manera poco práctica.— No se supone que debiera ser así.

—¿Querías que yo te follara a ti?

—N-no, y... por favor no lo digas de esa manera, suena tan vulgar.

—¿Coger entonces?

—Relaciones íntimas, o... hacer el amor.— terminó de decir casi en un susurro. 

Dio bufó y se sentó también. Le dio satisfacción ver cómo el rostro de Jonathan enrojecía al verlo con el torso desnudo y con marcas de besos y mordidas.

—Bien, tener sexo.— decidió.— ¿Fue eso lo que crees que estuvo mal? 

—Sí.

Dio frunció el ceño.

—¿Estás diciendo que no te gustó?

—¡Te equivocas! Fue la mejor experiencia de mi vida.— se apresuró a aclarar.— Pero no debía ser así, no en ese orden.

—¿Pensabas que debíamos casarnos en una bonita iglesia y después tener sexo?— preguntó en broma, pero le sorprendió al ver que Jonathan asentía tímidamente.— No puede ser, ¿en serio? 

—Te he faltado el respeto. Ni siquiera estamos saliendo, y me atreví a caer en mis deseos egoístas y obligarte a... hacer eso. Lo siento mucho.

Dio comenzó a reír. 

—Jojo, eres tan patético.

En realidad, Dio llevaba meses intentando seducir a Jonathan para que lo tocara y tuvieran sexo. Se conocían desde hace años, y Dio estaba esperando el momento en que Jonathan se dejara llevar por sus deseos y acostarse juntos. Gracias al alcohol eso finalmente sucedió.

Pero Jonathan se consideraba un caballero.

—Dio, no te rías, esto es serio.

—¿Por qué es serio?— preguntó Dio.— ¿Porque ahora he sido manchado y nunca podré casarme porque me he acostado con un hombre? No estamos en el siglo XX, Jojo, deja de preocuparte.

—El matrimonio es sagrado. Pero... lo lamento mucho, tú no hiciste nada malo, todo fue mi culpa.

Dio se sentía ligeramente apenado por él, y tuvo que aguantar sus burlas y explicarle pacientemente a Jonathan que estaba bien, y que el sexo era algo perfectamente normal si dos personas estaban de acuerdo con ello.

—Todo el mundo se acuesta con desconocidos, no hay nada de malo en eso.

Jonathan no respondió. Sabía que Dio frecuentaba lugares donde podía conocer hombres con quienes acostarse una noche, pero nunca le dijo nada porque no quería parecer que lo estaba juzgando. Incluso ahora no se atrevía a mencionar eso.

—Yo dejé que me follaras.

—¡Dio!— exclamó Jonathan, escandalizado.

—Bien, sí, que me hicieras el amor.

—Oh, Dio... lo siento tanto.

—Si te sigues disculpando creeré que lamentas haberte acostado conmigo y que no te sientes atraído por mí

—¡No es eso! Quiero hacer todas esas cosas contigo, pero quiero hacerlo de la manera correcta.

—La manera correcta para ti es casarte y tener hijos. Yo no puedo tener hijos, soy un hombre, entiendes eso, ¿verdad?

—Sí, pero...

—Es suficiente.— decidió Dio.— Follamos. Te gustó a ti, me gustó a mí. Listo, es todo. 

—Dio...

—Si te disgusta tanto entonces no lo volveremos a hacer.— mintió, porque haría todo lo posible por seducir a Jonathan y acostarse con él todos los días. 

—No me disgusta, sólo... me siento culpable. 

—No es como si me fuera a embarazar.

—No volveré a ponerte una mano encima.

Dio suspiró y se puso de pie, quitándose todas las mantas y mostrándole su desnudez a Jonathan. El muy descarado lo miró fijamente un par de segundos antes de darse cuenta y cerrar los ojos con fuerza.

—Jojo, si quieres que esto sea algo de una noche está bien.— dijo, comenzando a recoger su ropa y a vestirse. Vio los calzoncillos de Jonathan y los lanzó debajo de la cama.— No lo volveremos a hacer. 

Jonathan suspiró aliviado. 

—Bien, gracias Dio.

Eso enfureció a Dio. ¿Cómo podía estar aliviado de no volver a acostarse con Dio? ¡Ambos se gustaban! Y lo que más le ofendía, ¿acaso tener sexo con Dio había sido tan aburrido como para dejarlo en asunto de una noche? ¡Maldito Jonathan!

—Me voy.— dijo Dio, terminando de vestirse. Cuando se giró para ver a Jonathan, él ya estaba abriendo sus ojos de nuevo.— Esto no pasó, ¿bien? Puedes estar tranquilo, no le diré a nadie. Finjamos que no sucedió.

Jonathan sonrió con incomodidad.

—Gracias, Dio. Oye, ¿quieres ir...?

Pero Dio había salido rápidamente de la habitación y cerrado la puerta detrás de él. ¿Quién diría que el tonto y tierno de Jonathan era en realidad un egoísta y sin vergüenza? 

No importa, así era esto. Ya había tenido otras aventuras de una noche, pero pensó que Jonathan sería diferente, más leal y dulce. Al menos pensó que se esforzaría por aceptar a Dio en su vida y compartir otra noche juntos. 

Pero no fue así.

Dio se fue a trabajar maldiciendo a Jonathan y sus estúpidas decisiones. ¡Tal vez debió haberlo drogado y no dejarlo recordar esa noche! Eso hubiera sido más fácil.

Pero quería a Jonathan, y quería que recordara esa noche. No entendía cómo había pasado de odiarlo profundamente a quererlo. Probablemente porque Jonathan era muy sexi y Dio no podía resistirse a él. Pero Dio también había tenido la esperanza de tener algo serio con Jonathan. 

Entró a su oficina mirando su celular con el ceño fruncido. Jonathan debería haberle enviado un mensaje, algo como "ten un lindo día", porque eso hace siempre.

Pero no había nada.

—Señor, aquí está su café.— dijo Vanilla, su asistente.

Dio lo ignoró y se sentó detrás del escritorio. Jonathan no era el tipo que presumía su vida en redes sociales, pero siempre publicaba tonterías como fotos de su comida o de los libros que estaba leyendo. Pero tampoco había nada de eso.

—Vanilla.— llamó a su asistente.— ¿Alguien ha llamado?

—No, señor. Tampoco tiene correos pendientes. Pero esta tarde tiene un reunión con su cliente del caso...

—Sí, ya sé. Escucha, si Jonathan llama no respondas, tampoco respondas sus correos.

—De acuerdo. 

Dio abrió el expediente que debía leer y decidió que ignoraría a Jonathan también. Había echado a la basura su "amistad" de los últimos años, todo por una noche que creyó disfrutarían. Y Dio tenía mucho trabajo pendiente, no tenía tiempo para pensar en Jonathan.

Maldito, maldito, maldito Jonathan.

(•••)

El resto del día fue alguien profesional. Claro, le gritó a un par de clientes algunas veces, pero ellos habían tenido la culpa. También confundió algunos documentos, y faltó a un par de reuniones para escribir mensajes que nunca envió a Jonathan. 

Pero después de diez horas, Dio al fin sentía que había ganado. Había afrontado su decepción como cualquier adulto, porque su versión más joven habría ido hasta la casa de Jonathan y le habría gritado algunas cosas.

Ahora era diferente. 

Después de su última reunión del día, Dio volvió a su oficina. Pero se detuvo en la puerta al ver a Jonathan sentado allí y bebiendo un té. Se puso de pie de inmediato al ver a Dio.

—Dio, hola.

—¿Qué haces aquí? ¿Quién te dejó entrar?

—Tu asistente. 

Dio se prometió castigar a Vanilla. Caminó hasta su propio asiento y después cruzó los brazos para enfrentar a Jonathan. Incluso si lloraba y suplicaba su perdón, Dio lo rechazaría.

—¿A qué viniste?— preguntó directamente. 

—Oh, es que perdí mi celular. Quería eh... saber si no lo tienes tú.

Dio abrió los ojos con furia y tomó lo primero a su alcance para lanzarselo a Jonathan. Su copia del código civil chocó con la frente de Jonathan y él soltó un quejido.

—¡Auch! Dio, ¿qué...?

—¡¿Cómo mierda pierdes tu celular?! Eres un estúpido, Jonathan, se supone que eres un caballero, ¿no? ¿Cómo puedes... Cómo puedes venir aquí y hacerme esa pregunta estúpida?

—¿Qué pregunta?

—¡No tengo tu maldito celular! 

Jonathan miró a Dio apenado.

—Oh, bien, lo siento.

Dio se puso de pie. Odiaba sentirse inferior a Jonathan, en especial ahora mismo, porque parecía que él no lo tomaría en serio si Dio no hablaba claro.

—Escucha, Jonathan, ¿qué recuerdas de ayer?

—Pues... fue el cumpleaños de Erina. Ella me dejó invitarte a su fiesta, y tú... te veías muy bien. Estuvimos juntos todo el tiempo, y después regresamos a casa y... ya sabes.

—Follamos.

—¡Dio!

—Eso hicimos. Entonces, ¿por qué ahora ya no estás sufriendo por lo de anoche? Esta mañana hablabas de que te sentías culpable y mierdas así, ¿qué te sucede ahora?

—Pero tú dijiste que podíamos olvidarlo. Por eso quería invitarte a desayunar, pero tú te fuiste antes de poder hacerlo. Intenté contactarte, pero perdí mi celular, por eso vine a verte en persona. ¿Quieres cenar?

Dio estaba a punto de rechazar a Jonathan y sacarlo de su oficina, pero en ese momento su estómago lo traicionó e hizo un sonido muy vergonzoso. Claro que tenía hambre, se había pasado el almuerzo insultando a Jonathan frente a Vanilla, el único que le daría la razón siempre.

Jonathan sonrió, y Dio se odió a sí mismo por amar esa sonrisa.

—Más te vale que sea un restaurante caro.— aceptó.

El camino al restaurante fue incómodo. Jonathan sabía que Dio estaba enojado, y estaba evitando mirarlo demasiado tiempo. Movía sus dedos con nerviosismo y miraba a Dio discretamente en el reflejo de la ventanilla del automóvil.

Dio estaba enviando mensajes a Vanilla, pidiéndole que moviera todas sus reuniones de la mañana. Ya había aceptado la cena con Jonathan, ahora pensaba tener sexo con él otra vez y obligarlo a aceptar que eso había sucedido. 

El restaurante sí era caro. Dio detestaba que Jonathan lo invitara a lugares así, porque 1) Dio odiaba gastar su dinero así, y 2) Jonathan siempre terminaba pagando todo y presumiendo el dinero de su familia. Pero ahora Dio estaba molesto con Jonathan, y esperaba hacerlo gastar tanto hasta dejar pobre a su familia. 

Después de ser llevados a su mesa y ordenar, Jonathan al fin miró a Dio con timidez. 

—Eh, ¿quieres hablar de lo que pasó ayer?

—¿Entonces quieres aceptar que pasó algo? ¿Ya se te olvidó eso de "fingir que nada pasó"?

—Es que creo que no quieres que sea así. Me siento muy apenado por lo que sucedió anoche, yo no...

—¡Ahí vamos otra vez! Está bien, hagamos algo. Tuvimos sexo anoche, es un hecho. Ambos estuvimos de acuerdo, por lo que evitemos las disculpas, ¿sí?

—Pero es que... Dio, creo que bebimos alcohol. Robert ya está investigando, Erina terminó con una resaca muy fea. Entonces... creo que actuamos así porque tomamos alcohol, fue un impulso. 

—¿Y qué? Igualmente nos acostamos, ¿no? Qué importa la razón.

—Pero Dio...

—Vamos, Jonathan, es la verdad, y tú jamás ibas a dar el primer paso.

—Podría haberlo hecho eventualmente...— murmuró Jonathan.

—¿Cuándo? ¿Cuándo tuvieras doscientos años? 

Jonathan frunció el ceño.

—Las personas no viven doscientos años.

—Ese no es el punto.— Dio suspiró.— Escucha, Jojo, las personas a veces tienen sexo y después fingen que nada pasó, o... bueno, tienen más sexo.

—Dio, yo no soy ese tipo de hombre, lo sabes. Me gustó mucho lo de anoche, pero eso no debería haber sucedido. Me haré responsable de mis actos, así que...

—Eso no es lo que quiero.

—Dio...— su voz era una suplica, era un "no hagas esto más difícil".

—Tienes dos opciones, Jonathan, aceptar que nos acostamos y vivir con las consecuencias, o ignorar que sucedió y fingir que seguimos siendo hermanos.

—Somos hermanos.— susurró Jonathan, como tratando de no olvidar eso, pero no queriendo decirlo en voz alta y hacerlo un hecho.

—Yo jamás te he visto como mi hermano.

—Dio...

Jonathan suspiró, obviamente todo esto era demasiado para él. Dio no le tendría paciencia, si le daba la oportunidad de huir entonces jamás admitiría sus sentimientos por Dio. Retrocederían en lugar de avanzar.

—¿Entonces?— preguntó Dio.— ¿Qué escoges?

—No lo sé... Dio, ¿podemos hablar de esto después? Quiero que hablemos de esto seriamente, pero ahora mismo tengo mucho en mi mente por mi nuevo empleo.

—¿Tu qué?

Dio estaba sorprendido, Jonathan había pasado mucho tiempo desempleado porque no quería un trabajo de oficina, eso significaba...

—Iré a Egipto el próximo mes.

Dio no sabe exactamente lo que sucedió después. Probablemente le lanzó el florero a Jonathan y le gritó algo sobre pudrirse, y quizás pateó la mesa de una pareja que celebraba su aniversario. Sólo recuerda volver a casa y llamar a Vanilla para bloquear y eliminar a Jonathan de todas sus redes sociales.

Estaba cansado de intentar llamar la atención de Jonathan, no podía seguir haciendo esto, necesitaba que Jonathan fuera honesto y admitiera de una vez por todas su enamoramiento por Dio. Pero no lo hizo, y parecía que nunca lo iba a hacer.

Nunca iba a conseguir que Jonathan se confesara.