Chapter Text
Volver a Rosalith para las fiestas navideñas no había sido la primera opción para terminar el año. Clive Rosfield necesitaba tiempo para pensar con claridad qué haría en los meses siguientes. Debido a la lesión permanente en su mano izquierda, sus planes de continuar en la milicia habían sido rechazados. La jubilación anticipada lo cambió todo; nada de lo que había planeado seguía en pie.
“Bienvenidos a Rosalith”
El cartel había sido reemplazado por uno nuevo, con letras más llamativas para atraer la atención de los visitantes. Aparcó el auto frente a la plaza y apagó el motor. Un enorme árbol de Navidad se alzaba en todo su esplendor, mientras la gente realizaba sus actividades diarias. Clive sentía que no debería estar allí. Sin embargo, había aceptado la invitación de su hermano menor.
Ayudar a Joshua con el evento de Navidad. La promesa de estar solo una semana. Nada más.
Después veré qué hacer con el resto de mi vida - pensó Clive.
Se dirigió al centro comunitario. A pesar de no haber pasado más de dieciocho años fuera de la ciudad, aún recordaba perfectamente cómo llegar. Había muchas personas colaborando con los preparativos navideños: decoraciones, envolviendo regalos y organizando un concurso de casas de galletas.
Cuando por fin distinguió el cabello rubio de su hermano y estaba a punto de llamarlo, una mujer se acercó.
Disculpe, ¿Usted quién es?
Oh… lo siento. Estoy buscando a Joshua Rosfield.
El señor Rosfield está ocupado. – dijo la mujer seriamente.
No creo que para mí.
¿Qué quiere decir…?
Joshua, Joshua… - grito Clive.
Espere - dijo ella, colocándose frente a él.
Entonces, al oír su nombre, el joven de cabellos rubios levantó la vista y lo vio.
Clive… Clive! – el joven fue de prisa a su encuentro.
Cuando se acercaron, se abrazaron.
Actuando como un verdadero hermano mayor - dijo Joshua con una sonrisa - Justo a tiempo para salvarme.
Ja, ja.
Señor Joshua…
Ah, ya estás aquí –dijo Joshua - Déjame presentarte. Él es mi hermano, Clive Rosfield. Ella es la señorita Jote, mi asistente.
Clive la miró y le tendió la mano. Ella dudó un instante, visiblemente incómoda por la presentación, pero finalmente correspondió al gesto mientras acomodaba los documentos que tenía en las manos.
No quise ser grosera, pero debía preguntarle. Es mi misión.
No se preocupe. – dijo Clive tranquilamente.
Joshua los observó unos segundos.
Lo siento, Clive. La señorita Jote es muy perfeccionista, pero excelente en su trabajo. Ven, vamos a hablar… - dijo Joshua antes de girarse hacia ella. - Jote, encárgate de la misión de hoy hasta que termine de conversar con mi hermano.
Luego condujo a Clive hacia una sala contigua.
Clive lo observó con atención. Ya no era el chico nervioso de antes; ahora tenía la seguridad de un adulto decidido en su trabajo, alguien que sabía liderar.
✩ ✩ ✩
Joshua comenzó a contarle todo lo que implicaba ser el elegido para organizar la Navidad en el centro comunitario de Rosalith, los ciudadanos recordaban que su padre Elwin Rosfield fue alcalde de Rosalith y que realizo grandes proyectos para el bienestar de la ciudad, uno de ellos fue el centro comunitario. Joshua había heredado la voluntad de Elwin en trabajar para la ciudad de Rosalith y comenzó desde hace años el camino para llegar algún día ser el próximo alcalde.
Mientras seguían hablando, le ofreció una taza de chocolate caliente. Sin embargo, su mirada se detuvo en la mano izquierda de Clive cuando intentó tomarla con las dos manos y falló por un segundo. No dijo nada. Solo observó.
¿Es por eso que te jubilaron? - preguntó al fin.
No es grave - respondió Clive rápidamente. - Solo… permanente. Algo por lo que no quieren esperar una rehabilitación de un año.
Joshua suspiró.
Clive, puedes quedarte el tiempo que quieras - dijo con suavidad - No solo por esto. Aquí tienes una casa a la que siempre puedes regresar. No hay nada que te lo impida. Rosalith siempre estará para todos los que deseen volver.
No lo creo, Joshua. Tengo que pensarlo bien.
Joshua dudó un momento antes de continuar.
Sabes… no eres el único que está pasando por algo así. Jill también volvió.
Clive levantó la vista de inmediato.
¿Jill?
Sí. Se mudó de nuevo hace unos meses. ¿Recuerdas a la señora Marleigh? La mujer que la cuidó tras la muerte de su padre… falleció hace tres meses. Ahora Jill se está encargando de todo el papeleo de sus bienes.
Clive recordó lo buena que había sido la señora Marleigh con ellos, pero sobre todo con Jill, a quien quiso como a una hija.
No puedo contarte mucho porque es la historia de Jill - continuó Joshua - pero ella también volvió por algo parecido a lo tuyo.
Clive puso mayor atención.
Jill renuncio a su trabajo cuando se enteró del delicado estado de salud de la señora Marleigh. Aunque la empresa donde trabajaba no quería dejarla ir, tarde o temprano debía reunir el valor para hacerlo. Al final aceptaron su renuncia. Tuvo que dejar todo. La señora Marleigh le dejó la panadería en su testamento.
Clive recordó cuando la señora Marleigh les regalaba los primeros panecillos que salían del horno, aún calientes. Joshua los recibía con felicidad, mientras Jill observaba con atención cada movimiento, practicando día tras día. Siempre decía lo mismo, con una determinación tranquila:
“Algún día yo les haré los panecillos más ricos de todos”.
Clive todavía recordaba la sonrisa que Jill les dedicaba a ambos… aunque no podía evitar pensar que la que le regalaba a él era un poco más especial. O tal vez solo era su memoria jugándole una mala pasada.
Joshua continuó hablando, rompiendo el silencio.
La verdad – dijo - me encantaría que Jill se quedara. Cumpliría el deseo de la señora Marleigh de cuidar la panadería. Además, antes de irse de Rosalith tomó varios cursos de panadería.
Pero también buscó algo más grande, cumplir otros sueños - comentó.
Sí - respondió Joshua - Fue difícil para ella dejar a la señora Marleigh, pero ella la incentivo más para que pueda seguir su propio camino. Para que pueda seguir adelante… Clive. Todos sufrimos cuando te fuiste. Ella…
El silencio se instaló entre ambos por unos segundos.
Será mejor que lo dejemos por hoy - dijo finalmente Clive. - No quiero quitarte más tiempo. Tienes pocos días para organizar todo.
Joshua comprendió.
Está bien. Luego seguimos hablando.
✩ ✩ ✩
Cuando cayó la noche, Clive decidió recorrer los lugares más conocidos de su infancia. Caminó sin prisa, observando cuánto había cambiado todo y cuánto seguía siendo igual. La plaza, las calles, las fachadas antiguas y nuevas.
Entonces recordó. La panadería.
Sus pasos lo llevaron hasta allí casi sin pensarlo. El local estaba cerrado. Ya no estaban los carteles coloridos ni los aromas que impregnaban el ambiente al estar cerca cuando el pan y los postres estaban listos para comprar. Solo había un papel pegado en el vidrio que decía, con letras simples: Cerrado.
Clive suspiró.
Supongo que ya tomó una decisión - murmuró para sí mismo.
Tal vez Jill, al igual que él, solo había vuelto al pueblo para pasar un tiempo. Para cerrar un capítulo y pensar qué hacer después de todo lo pasado.
Clive dio media vuelta y se alejó lentamente.
Entonces la gente comenzó a señalar el cielo.
¡Nieve! ¡Nieve! - decían con emoción.
Clive alzó la vista. Los primeros copos caían lentamente. Sonrió sin darse cuenta. Fue feliz al recordar los buenos momentos… y también los tristes. La muerte de su padre. La separación de su madre. Recuerdos que había dejado enterrados durante años.
Nunca pensó que, con solo quince años, huiría de la ciudad para perseguir sus sueños, dejando atrás a su hermano… y a una chica que, quizás, le había gustado más de lo que quiso admitir.
Y entonces la vio.
Caminaba por la misma acera, a unos cuantos pasos de distancia, cargando varios paquetes con cuidado. La reconoció al instante. Lo sentía desde el fondo de su corazón, ella era…
Esos cabellos plateados. Esos ojos color cielo que siempre lo habían mirado con cariño.
Era ella… Era Jill Warrick.
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A pocos pasos de distancia, caminando sobre la acera cubierta poco a poco por la nieve, estaba ella. Por un instante pensó que su mente le estaba jugando una broma, era el destino que el primer día de su llegada a Rosalith la encontrará…
Ella trataba que los paquetes no cayeran de entre sus brazos, sin embargo, uno de los paquetes comenzó a deslizarse lentamente. Fue a su encuentro.
Oh… - murmuró ella tratando de sostenerlo. Sin embargo, una mano firme lo sujetó.
Cuidado - dijo una voz a su lado.
Ella se quedó inmóvil. Agarrando los paquetes fuertemente, así la persona que la ayudó lo soltara.
Gracias, creo que ahora no volverá a caer. - Entonces, ella lo vio. Sus ojos color cielo se encontraron con aquellos ojos azules de aquel caballero que la salvó.
Ella se quedó inmóvil. Él la miró sin decir nada por un instante.
Clive?... – Ella murmuró… Luego aparto la mirada levemente sonrojada… - Lo siento, me pareció que usted era cierta persona.
Lo soy… - contestó Clive. Casi como un susurro.
Ella lo miró de nuevo, y soltó una sonrisa. Tal vez, quiso abrazarlo, pero no pudo por los paquetes que tenía en los brazos. Él solo la miro sonriendo también.
Clive… Eres tú…Tu hermano me había comentado que vendrías a salvarlo…
Salvarlo… Eso es cierto.
Los dos se rieron.
Me alegra mucho volver a verte, Clive. Han pasado tantos años.
El sentimiento es el mismo.
¿Te quedarás mucho tiempo? —preguntó Jill.
Clive miró la nieve acumulándose en los bordes de la calle.
Solo una semana.
Jill asintió, como si esa respuesta le resultara familiar.
Joshua está realizando un gran trabajo y la gente de Rosalith lo reconoce.
¿Y tú? Cuando volviste…
Volví hace unos meses…
Lo siento, Joshua me comento acerca de la señora Marleigh. Mi más sentido pésame,
Gracias. Aunque me decía que estaba bien para no preocuparme, llevaba tiempo con la enfermedad. Tal vez si hubiera estado con ella antes…
No te culpes, quizás ella sabía lo que implicaba todo.
Quizás, pero lo pienso.
Noto la tristeza que invadía a Jill, entonces decidió cambiar el tema.
Jill. – Ella lo miró – Puedo invitarte a tomar un té.
Oh… Gracias.
Pero, podrías ayudarme, recién he llegado y no sé cuál sería el ideal.
No te preocupes, hay uno cerca. Iba en camino para allá.
Bueno, te sigo entonces – Clive le dio el pase y fueron para allá.
✩ ✩ ✩
Clive estaba sentado a la mesa, mientras intentaba, con cierta frustración, cerrar los dedos de su mano izquierda alrededor del asa. Sabía que debería reanudar sus sesiones de rehabilitación, cuando terminará la misión de Joshua.
Joshua se acercó a él y dejó un plato con tostadas y mermelada frente a su hermano, notando el esfuerzo de Clive.
Listo el desayuno - dijo Joshua, tomando asiento mientras miraba su celular y buscaba su lista de tareas. - Hoy es el día, hoy empezarás a realizar tus misiones. Gracias Clive de verdad, no sabría a quien más recurrir. Sé qué harás todo lo planeado en esta semana. ¡Faltan solo unos días para Navidad!
Bueno, dime cuál es la actividad de hoy.
Te la enviaré a tu correo. Hoy deberás ir a Puerto Isolda. La ciudad está cerca; allí recogerás el árbol que será decorado para el baile de Navidad. – dijo Joshua decidido.
¿Puerto Isolda?
Sí. Podrás ver allí al tío Byron. Él vendrá en unos días para entregarme otros pedidos, pero hoy tendrás que ir tú a verlo.
Joshua… no pensaba ir a visitarl…
Lo imaginé, pero ya está asignada la misión. Después de eso quedarás libre. Podrías aprovechar para visitar otros lugares o quizá reunirte con Jill otra vez. – dijo Joshua interrumpiéndolo.
Joshua… por favor.
Clive, no seas tonto. Aprovecha al menos el tiempo para conversar con ella. Además, la he invitado a cenar mañana. Seremos los tres.
¿Mañana?
Sí, tengo un hueco libre en la agenda, así que prepararé la cena.
✩ ✩ ✩
El viaje a la ciudad vecina, Puerto Isolda, fue un alivio para Clive. Aquel breve viaje resultó ideal para despejar su mente. Su misión era recoger el gran abeto destinado a presidir las celebraciones navideñas del salón comunal, un encargo personal que Joshua no confió a nadie más.
Al llegar al muelle, una figura robusta envuelto en un abrigo azul y con una risa estruendosa, lo recibió con los brazos abiertos.
¡Clive, muchacho! - exclamó el tío Byron, dándole una palmada en el hombro que lo hizo tambalearse.
Se sentaron en una tienda cercana mientras los trabajadores cargaban el árbol en la camioneta prestada para la misión. Byron notó de inmediato la rigidez con la que su sobrino sostenía la jarra de sidra brindada por su tío y la hamburguesa que había pedido para calmar el hambre.
Esa mano te está dando problemas, ¿no? - Byron bajó la voz, perdiendo por un momento su tono jovial. - Joshua me contó que solo piensas quedarte una semana. Clive, si tal vez te quedaras con nosotros…
No sé si lo deseo - respondió Clive, mirando su mano izquierda. Soy un soldado jubilado antes de tiempo. Mi vida dará un cambio de rumbo que aún no conozco. Todavía tengo que pensar qué haré: si volveré al lugar donde estaba o si cambiaré de lugar.
El mismo discurso que tiene Jill - soltó Byron con una sonrisa sagaz.
Clive lo miró.
Sabes que Marleigh le dejó la panadería. Esa vieja tenía el deseo de que Jill volviera a Rosalith a echar raíces. Pero la chica está igual que tú: dejó todo para volver, y ahora no sabe si realmente quiere quedarse.
¿Qué sabes de Jill? ¿Has conversado con ella?
Te interesa saberlo… - dijo, mirando a Clive con simpatía.
Solo… - murmuró, apartando la mirada - Quiero saber si todo está bien con ella. Que no tenga ningún problema.
No. Solo tiene la cabeza hecha un lío, como la tuya - respondió Byron, despeinándole el cabello con la mano. Son la pareja perfecta en estos momentos.
Clive solo atinó a acomodarse el cabello desordenado.
✩ ✩ ✩
La noche ya había caído cuando Clive regresó a Rosalith. El frío se hacía más evidente, pero el pueblo estaba más vivo que nunca. Sin embargo, algo más captó su atención antes de volver a casa de Joshua.
La panadería de la señora Marleigh, que había estado a oscuras el día anterior, ahora resplandecía. Clive se detuvo un momento, cautivado por la imagen. Había alguien allí.
Jill estaba allí. Al parecer estaba trabajando en algo. Cuando se acercó más y vio que estaba sacando una bandeja de galletas del horno y, por un segundo, a través de la ventana, Clive vio en su rostro una alegría que no había percibido hace años. Decidió tocar la puerta, a ver si ella lo invitaba a entrar. Ella se acercó dándose cuenta que era él y de inmediato le abrió.
Hola! – dijeron los dos al mismo tiempo.
No esperaba verte tan pronto - dijo Jill, limpiándose las manos con una toalla pequeña.
Yo tampoco esperaba encontrar la panadería abierta - respondió Clive, mirando alrededor - Huele… como antes.
Jill bajó la mirada, con una leve sonrisa.
Clive vio que había una docena de galletas en la bandeja… Así que pregunto.
¿Tú… Trabajaras en la panadería?
Jill volteo a verlo. Luego tomó una bolsa pequeña, como si necesitara ocupar las manos. Permaneció en silencio unos segundos antes de hablar.
Clive… ¿puedo ser sincera contigo? - preguntó al fin. - Así como espero que tú lo seas conmigo.
Él asintió sin dudar.
Claro.
Jill respiró hondo.
Antes de venir a Rosalith trabajaba en una empresa importante, reconocida en su sector. Era un buen puesto… pero también muy estresante.
Ella se apoyó levemente en el mostrador.
Cuando me fui de aquí siendo adolescente, quería cumplir un sueño, quería olvidar las despedidas de las personas que amé… La vida urbana me deslumbró: buenos trabajos, estudios, la sensación de que todo era posible si te esforzabas lo suficiente. Trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, y durante un tiempo… fui feliz.
Clive la escuchaba sin interrumpirla.
Pero Marleigh empezó a necesitar dinero para tratar su enfermedad cardíaca - continuó. - Hice todo lo que pude para ahorrar y, cuando surgió la oportunidad, entré a esa empresa. Nos hacían trabajar más de lo que pagaban… pero era estable.
Apretó la bolsa entre los dedos.
Sin embargo, la empresa tenía un seguro médico excelente, con un hospital que le daba a Marleigh una buena atención. Mientras yo siguiera allí, ella estaría bien atendida.
Su voz vaciló apenas.
Cuando los médicos dijeron que ya no habría recuperación, Marleigh lo entendió antes que yo. Me pidió que volviera a Rosalith. Yo…me resistí. Pensé que, si seguía trabajando, podría pagar más tratamientos, intentar algo más… pero ella me dijo que no. Que no quería que me siguiera sacrificando por algo que ya no iba a cambiar.
Clive sintió un nudo en el pecho.
Así que renuncié. - concluyó Jill. - Y volví.
Clive guardó silencio unos segundos. No apartó la mirada de Jill, quien lucía triste.
Me fui de Rosalith con tristeza y sueños, volví con tristeza y desesperación… Ella era lo único que me quedaba. Dejándome la panadería, quizás pensó que tenía una nueva oportunidad… pero aún no lo sé a pesar que llevo tiempo aquí.
Clive pensó que Jill tenía las mismas dudas que él. Sin embargo, ella tenía una oportunidad de aferrarse a un posible sueño interrumpido.
Aún recuerdo cuando practicabas haciendo galletas con ella. Querías seguir sus pasos…
Sí… - ella murmuró. - Quería aprender todo lo que pudiera, hacerlo bien, como ella lo hacía.
Clive la observó.
Sin embargo, quizás nunca llegué a ser una buena panadera como ella.
No pierdes nada en intentarlo. Aun tienes oportunidad – Clive sonrió.
Gracias, Clive. Debo pensar bien lo que haré. Solo así, y solo entonces podré tomar la decisión.
Clive quería pensó decir algo, pero quizás no estaría en Rosalith cuando ella decidiera. Sin embargo, si se quedará… podría ayudarla. Podría cuidarla. Podría decirle que…
Las campanas de la iglesia empezaron a repicar, anunciando que el encendido del árbol en la plaza estaba a punto de comenzar.
Jill se quitó el delantal con cuidado y dejo la bolsa a un lado.
Supongo que es hora - dijo, con un ligero nerviosismo en la voz.
¿Hora de qué?
No llegaste a ver el encendido del árbol de la ciudad ayer, todos los días a la misma hora realizan el conteo… Una nueva tradición por parte de Joshua antes del día de Navidad. Lo verás tú mismo.
Ella tomo su mano y él se sorprendió… Era su mano izquierda, la cual no sentía nada, pero en ese momento…Como si fuera un milagro sintió la presión de sus dedos. Quizás solo fue la emoción del instante o Jill era una el motivo.
¡Vamos!
Dejaron la panadería cerrada y fueron al parque, mientras las personas hacían la cuenta regresiva. Joshua estaba en el centro junto a Jote y otro hombre quien le daba instrucciones a la joven mujer.
Las luces se prendieron y las personas se alegraron mientras algunos cantaban canciones alusivas a la Navidad. Joshua vio a su hermano y se acercó.
¡Clive! ¡Jill! —exclamó Joshua. Justo a tiempo.
Jote se acercó saludando brevemente a los dos. Siempre recatada y seria. Mientras Joshua alzó la voz de nuevo con un tono solemne.
Habitantes de Rosalith - continuó Joshua - Este año ha sido difícil para muchos. Algunos han regresado de lejos, otros están encontrando su camino de vuelta a casa. Mientras permanezcamos unidos, nunca estaremos perdidos.
Clive miro a su hermano. Quizás esas palabras eran dirigidas a Jill o a él.
Es hermoso - susurró Jill, mirando hacia el árbol. – No me cansó de verlo.
Clive no miraba el árbol. La miraba a ella. Las luces se reflejaban en los ojos de Jill, y por un instante, el asunto de su mano y la incertidumbre de su destino parecieron desaparecer.
Notes:
¡Feliz año nuevo!
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Clive sostuvo la puerta para que Jill pasara primero a la panadería. Debía dejar ordenado todo para volver a casa, así que comenzó a ordenar todo. Joshua estaba apoyado en el mostrador, sosteniendo una galleta recién horneada hace unos minutos entre las manos. Dio un pequeño mordisco.
Esto - dijo con los ojos brillantes mirando a los dos - Sabe exactamente igual que antes.
Jill alzó la vista.
¿Antes?
Joshua sonrió con nostalgia.
Cuando éramos niños. ¿Recuerdas, Clive? La señora Marleigh nos compartía sus galletas.
Sí… - murmuró - Supongo que Jill pudo perfeccionar su manera de hacer las galletas, si recuerdo bien… No eran tan agradables al principio.
Jill le retiro la bandeja del lado de Clive. Joshua se rió.
Supongo que ya no habrá próxima vez para que pruebes otra galleta.
Espera… No quise decir eso… - dijo Clive sorprendido.
Los dos rieron mientras Joshua seguía comiendo una galleta más.
Clive, distraído, comenzó a mirar detenidamente el lugar… hasta que algo sobre la mesa cerca a la puerta llamó su atención. Unos documentos ordenados que, sin tocar demasiado, leyó lo suficiente para entender.
¿Y esto? ¿Venta de propiedad? - preguntó, levantando la vista hacia Jill - ¿La casa de Marleigh?
Jill lo miró, sintiendo las miradas de Clive y Joshua.
Pensé que quizás… - dudó apenas - era momento de ponerla en venta. Nada decidido aún.
Entonces… posiblemente tú… - dijo Joshua.
Lo sé. Por eso sigo pensándolo. – Jill miró hacia abajo. Mientras ellos la miraban.
Una joven de abrigo claro entro a la panadería.
¿Señor Joshua? – dijo - ¡Estaba buscándolo!
¡Señorita Jote! - exclamó Joshua, dirigiéndose hacia ella de inmediato - ¿Todo bien?
Ella asintió, sacando unos papeles de su bolso.
Quería que revisará esto cuando tuviera tiempo.
Joshua los tomó y, sin pensarlo demasiado, sacó una galleta de la bolsa que Jill había preparado para él y se la acercó directamente a los labios.
Pero primero - dijo con total naturalidad - tienes que probar estas. Son increíbles deliciosas.
Jote se quedó congelada un segundo, completamente avergonzada ya que vio como el hermano del señor Joshua y la señorita Warrick la miraban sorprendidos, antes de aceptar la galleta.
G-gracias
Cuando salieron de la panadería. Clive pregunto.
Jill… - murmuró - ¿Desde cuándo él está…?
Jill, tratando de no reír, cerró la puerta con llave y se acercó a Clive.
No tengo idea. Joshua no me ha comentado nada.
La señorita Jote evitaba mirarlos directamente, mientras masticaba la última miga de galleta que el señor Joshua le había dado otra vez.
Yo… eh… Buenas noches - dijo, antes de despedirse rápidamente y caminar hacia el otro lado de la calle.
Clive soltó una carcajada baja.
Joshua volteó, Jill se rió también.
¿Pasa algo?
Clive le dio una palmada en la espalda y se adelantó a caminar.
✩ ✩ ✩
La mañana siguiente pasó tan rápido, entre tareas simples junto a Joshua, que les permitió compartir un tiempo de hermanos después de meses limitados a llamadas, mensajes de texto o correos electrónicos.
Clive revisó su correo para responder al mensaje sobre la finalización del contrato de arrendamiento del departamento que le había sido brindado por su antiguo trabajo. Tenía un plazo de un mes para desalojar. Cuando terminara su colaboración con Joshua, tendría que volver allí para ocuparse de ese asunto, al igual que de su rehabilitación.
Joshua estaba tan contento con la cena de esa noche, que había olvidado revisar los papeles dados por su asistente.
Ya por la noche, Clive esperaba impaciente la llegada de la invitada. Joshua trajo unas copas de vino mientras se sentaba en el sofá.
Ella vendrá. Está en camino.
Claro que lo sé.
Clive… ¿aún te gusta?
El hermano mayor lo miró y, algo avergonzado, cambió su tono a uno más serio.
No.
Clive… No me mientas. ¿No te removió un poco esos sentimientos adolescentes? ¿Alguna vez tú…?
Quedó en el pasado.
Clive no quería arrastrar a más personas a sus problemas. Ella también tenía los suyos. Sin embargo, cuando la vio por primera vez y notó sus gestos hacia él… quizás aquellos sentimientos guardados…
No sé cuál de los dos es más tonto… ¿Ella o tú?
¿Qué estás diciendo Joshua?
El timbre sonó y Joshua salió rápidamente.
¡Hola, Jill!
Mientras Joshua servía el plato principal, Clive, por costumbre o por olvido, utilizó la mano izquierda para pasar un vaso, que cayó sin provocar ningún accidente. Jill lo acomodó mientras Clive se disculpaba. Sintió vergüenza. Seguramente ella diría algo, aunque probablemente Joshua ya la había puesto al tanto de su dolencia. Antes de que ella hablara, la interrumpió.
Yo… aún no me acostumbro.
No es algo de lo que se recupere de un día para otro.
Debo reiniciar la rehabilitación una vez que termine con esto.
¿Te sientes incómodo con todo esto? – dijo Jill ante su reciente respuesta.
No… no quise decir eso.
Entiendo. Sé que no nos hemos visto en años, pero, Clive, mis sentimientos por ti no han cambiado en absoluto.
Clive la miró, su mano encontró su mano adolorida. Sintió que su rostro enrojecerse. ¿Qué era lo que quería decir?
Yo también… fuiste y serás siempre mi amiga.
Jill lo miró, apartó la mirada y luego sonrió.
Si. Mi amigo.
Joshua volvió a la mesa con los platos servidos, observando cómo Jill soltaba la mano de Clive.
Bueno… ahora sí no me moveré de aquí.
Gracias, Joshua. Todo está muy bien preparado.
Me concentré totalmente para esta noche. Al fin juntos los tres.- dijo Joshua sonriente.
Jill tomó su copa de vino. Clive miró a su hermano.
¿Saben? Cuando cada uno de ustedes decidió salir de la ciudad, me sentí solo. Sé que cada uno tuvo sus motivos… pero yo tan solo era un niño.
Dejar a su hermano solo con su madre después de la pérdida de su padre fue muy impactante para Clive, pero debía hacerlo. Era sofocante estar en la misma casa con aquella persona que nunca le prestó atención. Aún recordaba cómo su tío Byron lo ayudó hasta que pudo valerse por sí mismo.
Y luego, dejar aquella luz que empezaba a brillar en su corazón cuando se dio cuenta de que no solo le gustaba como amiga: Jill.
Sin embargo, siempre supo que algún día volverían a Rosalith. Que volveríamos a estar los tres… juntos.
Clive miró a Jill, quien observaba a su hermano, y luego lo miró a él. Notó su tristeza. Sabía bien que ambos estaban solo de paso por la ciudad. Ella tenía dudas, pero él había decidido dejar Rosalith una vez que terminaran las festividades navideñas.
Nos volveremos a ver los tres en el baile de Navidad.
¿Eh, qué?
Clive y Jill se sorprendieron.
Por supuesto. Clive, por favor. Posiblemente yo no pueda invitar a Jill al baile, ya que esa noche estaré ocupado atendiendo y bailando con quien se presente. Pero, aunque creo que ambos encontrarían pareja fácilmente, podrías llevar a Jill como tu acompañante para el baile central.
¿Pareja? ¿Baile?
Los dos se miraron. Clive no sabía qué decir.
Considéralo una última misión.
¿Soy una última misión? - dijo Jill, sorprendida.
No, no es lo que quise decir, Jill, perdón… es la costumbre - dijo Joshua, avergonzado.
Clive solo dijo:
Si me permites ser tu pareja en el baile de Navidad, estaré honrado. – Clive la miró, ella estaba tan linda sorprendida. Los recuerdos de una Jill más joven resonaron en su memoria
No sé si sea una buena pareja de baile, pero haré el intento.
Igualmente. Soy fatal en eso.
Los tres rieron mientras la nieve caía sobre la ciudad de Rosalith.
✩ ✩ ✩
Los días siguientes transcurrieron con una calma, sin embargo, cada mañana, la nieve caía con mayor intensidad sobre la ciudad de Rosalith, cubriendo las calles y las casas que Clive conocía desde niño. El frío se hacía más profundo, pero las personas realizaban su rutina diaria sin importar el clima.
¡No puede ser… NOOO!!! – Joshua murmuró.
Clive, apoyado cerca de la puerta de su oficina, le preguntó.
¿Qué ocurrió?
Joshua dejó caer los documentos sobre el escritorio y se pasó una mano por el rostro.
Las galletas. Las que encargamos para el festejo de los niños en el centro comunitario. El proveedor acaba de llamar… y dice que, con este clima, no puede cruzar hacia Auldhyl. Los caminos están cerrados.
¿No hay otro proveedor en la ciudad?
No es una cantidad grande, pero me habían recomendado la pastelería - respondió Joshua, exhalando con frustración—. Mañana es la entrega de regalos y como de costumbre los niños esperan el compartir como cada año.
Hubo un breve silencio. Joshua se detuvo de pronto…
Jill.
Clive lo miró, sorprendido.
¿Jill?
Joshua ya estaba tomando el celular.
Ella puede ser mi salvación - sonrió levemente – podría ser mi ángel de navidad.
Antes de que Clive pudiera decir algo, Joshua ya estaba marcando.
Jill, soy Joshua. Perdón por llamar… Sí, lo sé, el clima está terrible. Escucha, tengo un problema.
Clive se quedó en silencio, escuchando solo una parte de la conversación.
La nieve seguía cayendo, más espesa que nunca, mientras los dos se dirigían a casa de Jill. Cuando llegaron Clive reconoció la casa de Marleigh. Jill los esperaba en la puerta.
Joshua respiró hondo antes de hablar.
Quiero que tú hagas las galletas.
Jill parpadeó, claramente sorprendida.
¿Yo? Joshua, pensé que me pedirías ayudarte a buscar otro proveedor.
No tenemos otra opción. El proveedor no llegará y tú eres la única que podría hacerlo a tiempo. En esta ciudad hay una o dos pastelerías, pero quiero que seas tú.
Jill bajó la mirada.
No estoy segura de poder - dijo al fin - Solamente es un pasatiempo, no soy experta Joshua. Quizás tuve suerte en hacerlas la otra vez, pero…
Joshua iba a insistir, pero Clive dio un paso al frente.
Jill - dijo con voz suave. - Sé que suena imposible, pero no estarías sola. No tienes que hacerlo todo tú.
Ella levantó la vista hacia él.
No quiero fallar… No quiero fallar a alguien a quien quiero. Ya lo hice una vez…
No lo harás. Nunca lo hiciste. continuó Clive - Ellos no esperan perfección, solo algo hecho con cariño. Y… - sonrió levemente – Estaré contigo… nosotros estaremos contigo.
Jill lo observó en silencio por unos segundos. Finalmente, suspiró.
Está bien – dijo - Lo haré.
Joshua sonrió con alivio.
Sabía que dirías que sí.
Esa misma tarde, mientras Clive y Joshua compraban todo lo que necesitaba Jill, la panadería de Marleigh se llenó con un aroma dulce y reconfortante.
Jill se arremangó y respiró hondo.
Será un jornada ardua - murmuró.
Los hermanos Rosfield están contigo, que puede salir mal - dijo Joshua, apareciendo con una bandeja de ingredientes.
Clive, que estaba batiendo los ingredientes para las galletas, los miró. Estar junto a ellos, se sentía en casa.
Cuando el primer rayo de luz del amanecer se filtró por la ventana, las mesas estaban cubiertas de galletas con formas de árboles y bastones.
Jill se apoyó un momento en el borde de la mesa.
Creo que… lo logramos.
Clive la miró, con admiración sincera.
Lo lograste.
Afuera, la nieve seguía cayendo.
✩ ✩ ✩
La nieve había cubierto por completo la ciudad de Rosalith y el lugar destinado al festejo para los niños comenzaba a llenarse de movimiento.
Los niños llegaron de a poco, abrigados con mejillas rojas por el frío y ojos llenos de expectativa.
Joshua y la señorita Jote supervisaban cada detalle, asegurándose de que todo estuviera listo.
Mesas listas y bebidas calientes… - murmuraba para sí la señorita Jote. Las galletas se colocaron en bolsas pequeñas para entregarlas a cada niño por parte de los voluntarios.
Jill observaba desde un lado de la sala, con una taza caliente entre las manos. El cansancio aún se notaba en su postura, pero su expresión se suavizó cuando vio a los primeros niños acercarse a las mesas.
¿De verdad son para nosotros? - preguntó una niña, señalando las galletas.
Claro que sí - respondió una de las voluntarias, agachándose a su altura.
Las sonrisas aparecieron de inmediato.
Clive se quedó cerca casi junto a Jill, escuchando a los niños. En ese momento, comprendió por qué Joshua había confiado tanto en ella, las galletas eran un éxito.
Sabe increíble - dijo un niño mientras mordía una.
La mía es de forma de bastón navideño…
Jill los miró… Clive la miró a ella.
Si se quedaba en Rosalith, podría vivir con Joshua o alquilar un departamento. Podría pasar más tiempo con Jill, pedir un lugar más cercano para su rehabilitación y quizá conseguir un trabajo en la compañía del tío Byron. Junto a ella… todo saldría bien. Recordó a Jill pequeña y ahora como una mujer frente a él. Si se diera una oportunidad, él…
Jill salió de la sala y él quiso alcanzarla, sin embargo, fue la voz de un hombre quien lo llamó.
Señor Rosfield.
Un hombre un poco más mayor se acercó a él.
Recién pude verlo personalmente. Soy Wade. No sé si me recuerde.
¿Wade?
Clive recordó que, en el trabajo de su padre, había dos jóvenes que se encargaban del área de seguridad, y con quienes jugaba cuando iba a ver su padre.
Hola… Si te recuerdo. Disculpa estaba distraído.
No se preocupe, recién he llegado. Quería agradecerle.
Clive lo miró extrañado.
Soy jefe de uno de los establecimientos donde usted en estos días dejo una colaboración por navidad, para su tío Byron Rosfield.
Clive recordó haber realizado un encargo de Joshua para el tío Byron en una de sus empresas de colaboración para el beneficio de las ciudades portuarias. Decidió observar que realizaban en sus instalaciones ya que le parecía algo interesante. Eran colaboradores quienes se encargan de la logística para el transporte marítimo y terrestre en las ciudades más cercanas. Ahora seguro tendrían más trabajo para limpiar las carreteras que unen a Rosalith con los pueblos anexos por la nieve.
Joshua fue el que organizo todo. No yo.
Lo sé, pero fue muy amable venir personalmente. Sé que tomo nota de lo que hacemos en ese lugar.
Si vi que tenían ciertas cosas por cambiar, pero sé que lo lograran con la colaboración.
Tenemos varios objetivos a futuro, pero, mi pregunta seria. Si usted puede colaborar con nosotros.
A que se refiere…
Su tío Byron, nos comentó que estaría libre en los siguientes días, y si estuviera disponible a tiempo completo nos gustaría que participe en nuestro trabajo como colaborador.
Bueno, no sé qué decir. No entiendo el porqué. Que vieron en mí.
Hemos visto que en cada encargo que usted ha realizado se ha planificado seriamente y ha logrado cumplir con cada uno en el tiempo acordado. Sabe organizarse.
Clive escucho lo que decía. Aunque los encargos eran fáciles, decidió hacer cada uno con dedicación y entrega tal cual fueron dados por Joshua. Si fuera su hermano también lo habría hecho así para cada uno.
Si le interesaría colaborar con nosotros, esperamos su comunicación. – mientras le daba una tarjeta de contacto.
El señor Wade se despidió, dejando a Clive pensativo. Mientras caminaba en búsqueda de su hermano, quien bostezaba mientras tenía una bolsa de galletas.
¿Pasó algo?
No nada. – dijo Clive.
La nieve seguía cayendo, suave y constante, mientras el festejo continuaba dentro de las instalaciones del centro comunitario.
Rosalith celebraría el baile de vísperas de Navidad por la noche. Clive Rosfield había completado con éxito todas sus misiones. Ahora, solo le quedaba una sola, su propia misión: Llevar a la señorita Jill Warrick al baile.
