Actions

Work Header

Rating:
Archive Warnings:
Category:
Fandoms:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Fan fiction
Stats:
Published:
2026-01-04
Completed:
2026-01-04
Words:
5,815
Chapters:
5/5
Hits:
24

Fate/Zero: Foreigner

Chapter 2: Un segundo para respirar

Chapter Text

No ocurrió de inmediato.
Nada tan evidente como alivio.
El dolor siguió allí.
Los gusanos siguieron entrando.
Zouken siguió observando.
Pero algo… empezó a fallar.
Una noche, cuando Sakura fue arrojada de nuevo al sótano, el ritual no se desarrolló como siempre.
Los insectos descendieron, obedientes, hambrientos… y por primera vez, dudaron.
No fue rechazo.
No fue huida.
Fue una pausa.
Un latido de tiempo en el que algo antiguo —muy por debajo de los comandos grabados en ellos— no encontró camino.
Sakura lo sintió.
No como alivio, sino como desfase.
El dolor llegó tarde.
Eso fue lo primero que notó.
Siempre dolía de inmediato, como una respuesta automática del mundo a su existencia. Pero esa noche, entre el contacto y el tormento, hubo un espacio mínimo. Tan pequeño que, de no haber vivido en sufrimiento constante, jamás lo habría percibido.
Ese instante le permitió respirar.
No profundamente.
No con alivio.
Solo… una respiración completa.
El cuerpo reaccionó distinto.
Cuando los gusanos intentaron hundirse más, algo en su interior se tensó. No magia desatada. No poder.
Resistencia.
Como una raíz que, aun rota, se niega a seguir cediendo en la misma dirección.
Sakura no sabía por qué.
No pensó soy más fuerte.
No pensó alguien me ayuda.
Solo pensó:
No… todavía no.
Y eso fue nuevo.
En el exterior, Zouken frunció el ceño por primera vez en meses.
—Curioso…
Los gusanos seguían cumpliendo su función, pero el flujo no era perfecto. El maná —ese pozo que tanto le interesaba— ya no respondía como antes. No se derramaba con la misma docilidad.
No estaba bloqueado.
Estaba… mal alineado.
Como si alguien hubiera girado una runa invisible apenas un grado fuera de lugar.
Zouken no pudo detectarlo.
No porque fuera imposible,
sino porque nadie habría tenido motivo para hacerlo.
En el sótano, Sakura apretó los dientes.
No gritó.
No lloró.
Pero algo cambió en su mente.
Por primera vez, el dolor no ocupó todo el espacio.
Había un borde.
Un límite difuso.
Como si, más allá del sufrimiento, existiera algo que no podía tocarla.
No era esperanza.
No era fe.
Era la sensación inexplicable de que rendirse ya no era la única opción.
La presencia observaba.
No interfería directamente.
No rompía reglas.
Solo había hecho algo mínimo:
ajustar el mundo lo suficiente para que Sakura pudiera decidir, aunque fuera por un segundo, no desaparecer.
Y eso bastó.
Porque el sacrificio impuesto solo funciona cuando la víctima deja de resistir.
Y esa noche, sin saber por qué,
Sakura Matou aguantó un poco más.
No por obediencia.
No por miedo.
Sino porque, en algún lugar que no podía ver,
alguien había decidido que su quiebre no sería inmediato.
No ocurrió durante un ritual.
No ocurrió cuando Zouken observaba.
Ocurrió en un momento insignificante.
Sakura estaba de rodillas.
Los insectos se movían dentro de ella con la lentitud de algo satisfecho. No atacaban con violencia; eso había quedado atrás. Ahora se acomodaban, como si su cuerpo fuera un lugar que les pertenecía desde siempre.
El dolor estaba allí.
Constante.
Bajo.
Como una nota sostenida que nunca se apaga.
Sakura no pensaba en nada.
Pensar dolía.
Fue entonces cuando algo… no ocurrió.
El peso habitual —esa presión invisible que siempre caía justo antes de que el dolor empeorara— no descendió.
No desapareció del todo.
Solo… tardó.
Una fracción de segundo.
Menos que un parpadeo.
Pero Sakura lo sintió.
El castigo siempre era puntual. Inevitable. Como el amanecer. Como la respiración. Como el asco.
Y esta vez, no lo fue.
Ella levantó la cabeza apenas, confundida, esperando el siguiente espasmo. Su cuerpo estaba entrenado para anticiparlo. Los músculos tensos. La mente preparada para romperse un poco más.
Pero el dolor no aumentó.
Se quedó igual.
Eso no debía pasar.
Sakura frunció el ceño sin darse cuenta. Un gesto pequeño, torpe, casi olvidado. El gesto de alguien que nota una irregularidad.
—…¿?
No habló en voz alta.
No se atrevía.
Los insectos se agitaron, incómodos, como si algo hubiera alterado el ritmo correcto. No retrocedieron. No huyeron. Pero tampoco profundizaron.
Como si una corriente invisible hubiera cambiado de dirección.
Sakura no entendió qué significaba.
Solo supo que algo no había seguido las reglas.
Y eso la inquietó más que el dolor.
Esa noche, Sakura no soñó.
Normalmente, incluso el sueño era cruel: sueños rotos, imágenes sin sentido, voces que no recordaban nombres.
Pero esa noche… hubo silencio.
No paz.
Silencio.
Como si alguien hubiera colocado una mano invisible sobre el ruido del mundo y lo hubiera bajado apenas un grado.
En ese silencio, una idea apareció.
No una esperanza.
No un deseo.
Una sensación.
La sensación de que su sufrimiento no estaba siendo observado con interés…
sino con desacuerdo.
Eso era nuevo.
Sakura se removió en el suelo frío del sótano. Se abrazó a sí misma, no para protegerse, sino por costumbre.
Y por primera vez, su mente formuló algo peligroso:
Esto no debería ser así.
El pensamiento fue débil.
Frágil.
Un brote en tierra envenenada.
Normalmente, pensamientos así morían de inmediato. Se ahogaban en culpa. En miedo. En obediencia.
Pero este… no murió.
No creció.
No gritó.
Solo permaneció.
Como una brasa enterrada bajo ceniza.
Sakura no entendía por qué seguía allí. No tenía palabras para explicarlo. No tenía marco para nombrarlo.
Solo sabía que, al día siguiente, cuando el dolor volvió a aumentar, algo dentro de ella no cedió del todo.
Su cuerpo seguía temblando.
Su respiración seguía rota.
Pero su mente… no se disolvió tan rápido.
Desde ese lugar que no era un sitio,
la presencia no sonrió.
No celebró.
Solo aceptó.
No había salvado nada.
No había detenido nada.
Había hecho algo mucho más pequeño.
Había permitido que una idea —una sola— no fuera destruida.
Y para alguien como Sakura Matou,
eso ya era resistencia.