Chapter Text
Otoño
En otoño viajaremos a Fontaine. Quizás podamos conseguir una reserva en un restaurante famoso que hay ahí. Ver un espectáculo de magia, una obra de teatro.
Ir a una de esas cafeterías al aire libre a tomar café y probar pasteles.
Paquete completo.
-¡Conseguí una reserva en el Registró Debord! - Illuga estaba emocionado, no era fácil conseguir una reserva en el mejor restaurante de Fontaine.
- Oh, eso es fantástico, Illuga - Flins sonrió contagiándose del entusiasmo del chico, ciertamente comer no era una necesidad para él, pero a Illuga le gustaba probar platos nuevos para tener ideas al cocinar.
A Flins le gustaba hacerlo feliz.
- Solo hay un pequeño detalle - sonrió un poco nervioso - hay un código de vestimenta.
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No les fue difícil encontrar algo para vestir. Flins adaptó la ropa que ya tenía: camisa morada, pantalones negros y un lazo oscuro con un pequeño dije azul. Agregó un gilet negro y sus botas altas.
El caso de Illuga fue distinto. Su armario estaba lleno de prendas cómodas y sencillas; nada que encajara con la elegancia de Fontaine.
Así que tuvieron que ir de compras.
Fue extraño, pero agradable. En Fontaine la moda era elegante, sin rayar en lo exagerado. Illuga agradeció a los Arcontes por no tener que usar algo demasiado pomposo e incomodo.
Al final eligieron algo sencillo: pantalón negro, camisa blanca y un gilet marrón oscuro con detalles dorados. No se salvó del lazo —uno amarillo suave, discreto— y unas botas negras completaban el conjunto.
- Me veo extraño - murmuró mirándose al espejo. No se veía mal, solo… se sentía fuera de lugar.
- Claro que no, Illuga. De hecho debo decir que te ves... Extremadamente guapo - Flins se acercó, tomó un mechón de su cabello y lo colocó tras su oreja.
Las mejillas de Illuga se tiñeron de un suave rojo. La mano de Flins viajó hasta su mejilla, acariciando el lunar bajo su ojo izquierdo.
Illuga tembló ante la sensación de los dedos fríos de Flins contra su mejilla caliente.
Las manos frías de Flins le encantaban, contrastaban tanto con la sensación de calidez que le brindaba cuando estaban juntos. Amaba esa dualidad.
Manos frías pero un cuerpo cálido.
- Tú estas aún más guapo - Illuga tomó la mano de Flins qué descansaba en su mejilla y besó sus nudillos, sin apartar la mirada de los ojos amarillos.
Una sonrisa pequeña coqueta en sus labios, una promesa silenciosa para más tarde.
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Cenaron entre una alegre charla y comida deliciosa. Para sorpresa de ambos, aquella noche el mago Lyney se presentaba en el Bistró, Illuga miraba los trucos del mago con asombro casi infantil. Sus ojos brillaban cada vez que Lyney sacaba algo del sombrero, cuando las luces de colores lo iluminaban. Cuando el papel de colores y pétalos de flores volaban por el aire.
El brillo de las luces se reflejaba en los iris de Illuga —esos ojos que Flins amaba— hermosos y brillantes por naturaleza, ahora lleno de emoción.
Al terminar el espectáculo, se dieron por satisfechos con la noche.
Cena exquisita y un show de magia ¿Qué más se podía pedir?
- Ha sido una velada encantadora - Flins dejó su servilleta en la mesa, sonriendo.
-¡Lo ha sido! - contestó entusiasmado Illuga - es una lástima que no haya podido terminar todo - sonrió con pena mirando los platos a medio terminar.
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Aprovechando la ropa que habían tenido que comprar, decidieron ir a la ópera.
- Hace frío - Illuga se frotaba las manos y trataba de calentarlas con su aliento. Hacia frio, no como en Nod Krai pero la verdad es que no había traído ropa de abrigo. Algunas nubes grises se asomaban en el cielo, amenazando con dejar caer lluvia.
Estaban sentados en una banca en la Fontana Lucine —la fuente en la que convergían todas las aguas que fluían en Fontaine— admirando el paisaje y el gran edificio frente a ellos; la Opera de la Epíclesis.
- En efecto, joven amo - concordó Flins mientras tomaba la gran bufanda qué Illuga llevaba y la acomodaba, envolviéndolos a ambos - Ah, así esta mejor - suspiró con satisfacción, acercándose más al cálido cuerpo de Illuga, sujetó sus manos para frotarlas entre las suyas.
Las hojas de los árboles aún no cambiaban de color —¿O quizás eran perennes? Illuga tenía que admitir que poco y nada sabia de botánica— Flores lilas, azules y algunas rosarcoíris rodeaban los jardines, llamándole la atención por su belleza. Incluso en otoño el paisaje de Fontaine desbordaba verdor y vida.
- ¿Deberíamos entrar ya? No queda mucho para que comience la función.
- Sí, entremos – Illuga se levantó, rompiendo el pequeño y cálido refugio que habían formado bajo la bufanda. Tembló un poco y le ofreció su mano a Flins, quien la aceptó; al levantarse, volvió a poner la bufanda en el cuello de Illuga.
La obra se llamaba “Aurelio”.
"Cuando los día oscuros llegaron, Aurelio desapareció; Aurelio desapareció y el mundo tembló”
Fue el inicio de la obra.
Cuando el telón bajó, la gente aplaudió. Illuga los imitó poniéndose de pie; sus aplausos se perdían entre los miles mas. Se quedó quieto un momento, mirando hacia el escenario en silencio.
- Es curioso, el mundo continua girando aun cuando desapareces o mueres - susurró - Fue una buena obra.
- En efecto, fue una obra interesante – coincidió Flins.
Illuga se giró para ver a Flins, con una sonrisa en su rostro. No era una sonrisa brillante.
Illuga se había quedado pensando en la obra.
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A Illuga le gustaba dormir.
Se acurrucaba entre las sábanas, suspirando, y se abrazaba con fuerza a su almohada. A Flins le gustaba mirarlo. Le causaba tanta ternura que sus labios se curvaban en una sonrisa llena de cariño.
Flins no necesitaba dormir. Aun así se recostaba junto al chico y lo abrazaba, disfrutando de su calidez.
A Illuga le gustaba dormir, pero eso no evitaba que despertara temprano para iniciar sus días.
La noche anterior se había desplomado en la cama, cansado hasta el punto de que mantener sus ojos abierto le costaba esfuerzo. Flins lo había acostado y arropado; besó sus labios antes de recostarse junto a él, abrazándolo por la espalda, escuchando como Illuga suspiraba, su cuerpo se relajaba y poco a poco su respiración se volvía mas lenta.
Sin embargo, aquella noche su sueño fue intranquilo. Illuga se removió entre los brazos de Flins, despertándose por momentos, desorientado, luego volvía a cerrar sus ojos y se quedaba dormido otra vez.
Cuando llegó la mañana, era evidenteque Illuga dormiría mas de lo acostumbrado.
Flins salió en busca de desayuno. Quería consentir a su joven amo.
De vuelta en la habitación, despertó a Illuga sacudiéndolo suavemente. El chico se removió y poco a poco se incorporó, bostezando y frotándose los ojos. Si cabello desordenado en todas direcciones. Parpadeó un par de veces y miró a Flins con ojos adormilados.
- Buenos días – bostezó; pequeñas lágrimas se asomaron en sus ojos.
- Buenos días, Illuga - Flins acercó su mano al rostro del chico, limpiando las lágrimas con el pulgar y acariciando un el lunar bajo su ojo. Como amaba ese pequeño punto que adornaba su rostro.
- Traje el desayuno - añadió luego de besar la frente de Illuga y despiernalo un poco más.
Illuga hizo un pequeño puchero.
En la mesita qué se encontraba en un rincón de la habitación, un par de vasos de café y un platito con macarons y galletas saludaron a Illuga.
Su estómago rugió, avergonzándolo. Sin embargo miró la comida con menos entusiasmo de lo normal.
Iremos al Puerto Yilong, punto de entrada al Valle de Chenyu . Es un lugar donde se reúnen los comerciantes, la especialidad de la zona es el té. Podríamos tomar una taza al aire libre, mientras disfrutamos del murmullo del puerto, las voces de los de los comerciantes, el sonido de los barcos al zarpar.
Viajaron en barco hasta el puerto Yilong. El verde del valle y las construcciones de piedra con tejado grises les dieron la bienvenida. Notaron que en el valle de Chenyu el otoño llegaba casi en silencio; solo unos pocos árboles de hojas rojas decoraban algunos puntos del puerto.
La suave brisa mecía sus cabellos y formaba pequeños remolinos que levantaban las hojas a los pies de algunos arboles. La humedad del agua pesaba un poco en el aire, sin llegar a ser opresiva.
Caminaron por las calles llenas de comerciantes hasta encontrarse con un puesto de té.
- Podríamos llevar un poco, escuché que el té de esta región es famoso por su sabor. Sería agradable sentarnos en casa a tomar una taza de té caliente - propuso Flins, pensando en una agradable tarde de invierno, disfrutando del humeante té junto a Illuga.
- ¡Estaba pensando lo mismo! - Illuga sonrió encantado y se acercaron.
Terminaron comprando 3 cajas; Illuga cayó en los descuentos. A pesar que Flins insistió en que era demasiado para ellos, Illuga logró convencerlo de que sería una buena idea llevar té para sus amigos, los chicos del escuadrón y para el viejo Nikita.
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Tomaron el viaje en barca hasta la Brecha de Jade, disfrutando de la calma; el silencio roto solo por el sonido del remo partiendo de las aguas y la voz del barquero resonando en la quietud del valle.
Se detuvieron para admirar el paisaje y tomar algunas imágenes.
- No deja de impresionarme el paisaje - comentó Illuga mientras revisaba el daguerrotipo. La inmensidad del jade, el verde del valle y el agua siempre en calma; inmortalizadas.
El silencio roto solo por el sonido del viento y las aves al alzar el vuelo.
- Impresionante es una buena palabra para describir la belleza de este lugar - Flins se encontraba sentado junto a Illuga, quien, de pie seguía tomando imágenes del paisaje.
Se levantó y se acercó, agachándose un poco para apoyar su cabeza en el hombro Illuga, mirando las imágenes que el chico estaba tomando.
Illuga apoyó su cabeza en la de Flins, un suave suspiro escapó de sus labios.
- Deberíamos tomarnos una imagen juntos – murmuró Illuga, acariciando suavemente el cabello de Flins que le hacia cosquillas en la mejilla. Flins se dejó hacer mientras escondía su rostro en el cuello de Illuga, aspirando su aroma. Un estremecimiento recorrió al chico.
- Sería encantador - respondió alejándose un poco de mala gana. Queriendo que aquel instante durará un poco más, disfrutar la calidez y suavidad de la piel de Illuga. Solos unos minutos más.
- Ten, tienes los brazos más largos - Illuga le entregó el daguerrotipo y se paró de forma que el Jade se viera de fondo.
Flins se acomodó pasando una mano por la cintura de Illuga, acercándolo.
Lo besó.
El obturador del daguerrotipo sonó en aquel momento.
Illuga rió entre el beso, poniéndose de puntillas, rodeó el cuello de Flins con sus brazos, correspondiendo el beso. Lento, sin prisas. Cálido.
- Eso es trampa, Flins - sonrió al separarse, fingiendo molestia que no sentía realmente.
Flins solo sonrió.
Lo besó nuevamente.
Cuando llegarán a Nod Krai, Flins enmarcaría aquella foto y la colocaría en su mesita de noche.
Del otoño en Fontaine se llevaron el reflejo del cielo en el agua, el asombro del espectáculo de magia y la belleza trágica de las obras de la ópera.
Del valle de Chenyu, el sabor del té; los paisajes de un verde que no brilla pero desborda vida, la humedad con olor a tierra, el silencio del valle, el rumor del rio y la voz del barquero.
La calma de los días que se vuelven mas lentos.
