Actions

Work Header

The fire in your heart is out

Summary:

“¿Byers?”

“¿Steve? ¿Pasa algo?”

“Amigo, necesito que regresen a Hawkins”

“¿Qué? ¿porqué?”

"Creo que ha vuelto"

 

Si a los 14 años le hubieras preguntado a Will Byers dónde creía que iba a estar dentro de diez años, sin duda alguna te hubiera dicho que muerto. Nunca pensó que viviría lo suficiente para hacer grandes cosas, pero más importante aún, en ese entonces no creía que alguna vez tendría el valor suficiente para vivir una vida que le gustara, una vida libre. Sobre todo, no creyó que alguna vez se encontraría amando y siendo amado de vuelta.

Aunque, tampoco creyó que tendría que enfrentarse a esto de nuevo casi diez años después.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: It's so deep in my daydreams

Chapter Text

1995, Hell´s Kitchen, Manhattan, Nueva York

 

Si a los 14 años le hubieras preguntado a Will Byers dónde creía que iba a estar dentro de diez años, sin duda alguna te hubiera dicho que muerto. Vaya, eso sonaba más divertido en su cabeza. Pero era cierto. Desde los 12 hasta los 16 no hubo prácticamente un día en el que no creyera que tuviera algún futuro visible, al menos no uno bueno… o normal.

Es decir, aun cuando se esforzaba demasiado para visualizarse más allá de los 18 años, pensaba que tal vez trabajaría en algún lugar sin importancia, preferiblemente sin interactuar con mucha gente, tal vez una biblioteca (eso hubiera sido agradable), y pintaría para sí mismo en el tiempo libre que tuviera. No se casaría jamás y no tendría más familia que su madre y su hermano, y si la vida le permitía un pequeño placer, tal vez jugaría Calabozos & Dragones con sus amigos (aunque esa fantasía se quebró muy rápido).

Nunca pensó que viviría lo suficiente para hacer grandes cosas, pero más importante aún, en ese entonces no creía que alguna vez tendría el valor suficiente para vivir una vida que le gustara, una vida libre. No pensó que alguna vez saldría de Hawkins, que tendría el suficiente valor para mostrarle sus obras a alguien más que su familia y su pequeño grupo amigos, que tendría el valor para vivir de ello, que alguna vez tuvieran la estabilidad suficiente para permitirse intentarlo, que tendría éxito, y mucho menos creyó que alguna vez le diría a alguien su secreto. Mucho menos a un grupo entero de personas para evitar que lo usaran en su contra un monstruo interdimensional en lo que fue básicamente una guerra mental. Sí, eso fue horrible. Pero, sobre todo, no creyó que alguna vez se encontraría amando y siendo amado de vuelta.

En días como este, mientras se despertaba en los brazos de este hermoso hombre, a quien amaba tan intensamente, sentía que todo el dolor y la autoflagelación había valido la pena solo para llegar a este preciso momento, con él. La luz entraba entre los huecos de las cortinas blancas, líneas amarillas se dibujaban en sus suaves rasgos, las pestañas doradas despedían sus propia destellos, su piel clara adquiría este tono ocre y sus pequeñas pecas espolvoreadas por todo su rostro le daban unas ganas enormes de besarlo, no era un escritor, pero estaba convencido que podría escribir poemas solo sobre su rostro en las mañanas. Ya le ha dedicado bastantes dibujos, no los suficientes.

“Lo estas haciendo otra vez” susurra Bobby, aun con los ojos cerrados, toma a Will por sorpresa.

“¿Cuánto tiempo llevas despierto?” Will suelta una risa tonta, toma a Bobby por la cintura y lo atrae hacia él, ahora que sabe que esta despierto se siente más seguro de moverse sin temor de ‘despertar’ a su novio.

Bobby ríe, y entierra su rostro en el pecho de Will, repartiéndole algunos besos en el cuello y pecho desnudos. “No mucho” dice, parpadeando para abrir los ojos. “Pero pude sentir tu intensa mirada sobre mí expuesto cuerpo desnudo” ronronea, ahora mirándolo a los ojos, Will siente que se sonroja ante su intensa mirada azul.

“Dios, eres tan descarado” se encuentra diciendo Will. Su agarre en la cintura de Bobby se ajusta, acercándolo todavía más a él. Se siente sonreír ante el leve jadeo de Bobby, sus cuerpos se amoldan perfectamente.

“Dice el que me miraba mientras dormía” le contesta Bobby con una sonrisa burlona. “Eres un raro”.

“¿Me culpas? Luces precioso” dice Will suavemente mientras se acerca para comenzar a besarlo. Bobby lo encuentra a medio camino, ansioso, enredando sus dedos en el cabello de Will, acomodándose más cerca, entregándose por completo.

Esa fue una de las cosas que le llamaron la atención de Bobby cuando lo conoció, como siempre se entregaba de lleno a todo lo que hacía. Se conocieron a principios de su tercer año en la universidad, había estado platicando con Carlton en la barra del Tío Charlie cuando se encontraron con él por casualidad. Will todavía lo recuerda, luciendo tan guapo, con su chaqueta de cuero roja intenso, los rizos rubios cubriéndole la frente y esa sonrisa tan amplia. Cuando comenzaron a hablar, Bobby le presto su absoluta atención, fue bastante desconcertante. Al principio pensó que Bobby seria uno de esos chicos, que trataría de llevarlo a la cama fingiendo interés y que, como muchos con los que había lidiado, lo mandaría al diablo en cuanto Will le dijera que no estaba interesado en los rollos de una noche. Pero no fue así, Bobby no intentó nada de inmediato, simplemente le hizo preguntas y escuchó atentamente sus respuestas, contribuyó con las suyas propias y pronto Will fue dándose cuenta de lo genuinamente agradable que era.

Bobby era estudiante de primer año en la facultad de Artes escénicas de NYU. Acababa de mudarse a la ciudad desde Ohio y aún se estaba adaptando. Le encantaba todo tipo de arte y lo intentaba, aunque fuera una sola vez, vivía con su hermano, John Paul, en Chelsea. Will se dio cuenta que tenían mucho en común, y las cosas en las que no coincidían, más que generar fricción parecían complementarse, Bobby decía que “te forjas de lo nuevo”.

Antes de Bobby, Will creía tener un tipo, no es que hubiera tenido muchos novios, para nada, pero había salido un par de veces, se había besuqueado con algunos más en los bares, no había habido nada formal ni serio, pero los chicos tendían a parecerse: altos, delgados, pálidos, de cabello oscuro y ondulado. Sabía cómo suena eso, gracias. Sí, los chicos podrían parecerse a Mike. Lo sabe. Pero no Bobby. Él era su antítesis. En realidad, al pasar el recelo inicial, mientras la conversación fluía cada vez más orgánicamente, Will pensó que Bobby no estaba interesado en él en absoluto, no solo no era el tipo que Will buscaba, sino que tampoco era el tipo que usualmente lo buscaba. Will solía atraer a chicos mayores, activos en su mayoría, tipos altos que lo miraban hacia abajo y pensaban que podrían ‘cuidar’ de él. Detestaba a estos últimos. Sin embargo, cuando se estaban despidiendo afuera del bar, con Carlton muy borracho luchando con su abrigo detrás de ellos, Bobby lo sorprendió una vez más, invitándolo a salir.

Will estaba sorprendido por la audacia de este chico. Era dos años menor, con solo un par de meses en la ciudad, y por lo que le había contado, nuevo en el ambiente. Will se imagino a sí mismo haciendo lo mismo en su primer año en la ciudad y, bueno, no podía imaginárselo, le llevó bastante tiempo aprender a moverse, y una gran parte fue gracias a Pearl y Vic, sus vecinos, quienes lo estuvieron guiando en todos esos mese de torpeza social. No creía que entonces hubiera sido capaz de hablarle a un casi completo desconocido y pedirle salir. Bobby era… es increíble. Aceptó, por supuesto. Will le dio su número y se inclinó para besarlo. Fue una jugada arriesgada, pero se halló con este increíble chico encontrándolo a medio camino y entregándose al beso como si lo hubiera estado esperando toda la noche. Una sensación cálida y abrumadora revoloteo en su pecho, la emoción de besar a un chico, a ojos de prácticamente cualquiera, aunque fuera en las sombras nocturnas, lo hizo sentir poderoso.

Esa noche, sin importarle que era de madrugada y que seguramente estaba despertando a una muy poco madrugadora Robin, le marcó para contarle que había conocido a alguien. Ella lo insultó bastante fuerte y muy coherente para estar medio dormida, pero también pareció emocionarse mucho por él. Will sabía que era la única de sus amigos que entendería perfectamente su emoción por aquel beso, y lo profundamente liberador que había sido. Aunque también ella se quedó dormida poco después de que le prometiera que le contaría todo cuando ella pudiera procesarlo mejor, preferiblemente después del almuerzo. Bobby llamó a la mañana siguiente. Will se encontró riendo, al principio no supo muy bien porque, ero después comprendió que era alegría pura. Bobby confesó que no tenía mucha idea de que podrían hacer, así que Will se encontró tomando las riendas de la cita, lo llevó a desayunar en un lugar que le gustaba en las orillas de Chelsea, después a algunas tiendas de vinilos y terminaron caminando carca del río Hudson. Había sido algo sencillo, pero Bobby parecía feliz de simplemente hablar, conocerse y de conocer lugares nuevos, Will se encontró disfrutando de guiar a alguien más, eso era algo que no había hecho antes.

Después de eso, las líneas están un poco borrosas, comenzaron a moverse tan rápido, Se veían casi a diario, con planes distintos y amoldándose a sus tiempos libres, pero siempre viéndose al menos unos minutos, se llamaban todas las mañanas, y después comenzaron a quedarse a dormir en la casa del otro, de repente los viajes entre una casa y otra parecieron tiempo desperdiciado y Bobby se mudó con Will, primero tuvo que enfrentarse a John Paul, por supuesto, quien después de una conversación incomoda y algo amenazante, estuvo de acuerdo. De eso, han pasado dos años.

Dos años desde que él y esta preciosa criatura bajo él estaban juntos. Bobby echa a cabeza hacia atrás, sus risos rubios se enroscan contra las almohadas. “Oh, mierda” murmura mientras Will curvaba los dedos contra su próstata, “Will” gime “necesito… necesito”

“¿Necesitas… qué te ayude a encontrar las palabras?” se burla, empujando de nuevo.

“Vete a la mierda” murmura, para volver a retorcerse tras otro golpe de sus dedos. “Mierda, Will. Sabes lo que quiero”.

Will sonríe retirando su mano. “Sí, lo sé” dice mientras comenzaba a prepararse, colocando el condón y aplicando más lubricante. Will toma a Bobby por la cintura y lo gira para que quede boca abajo con una facilidad practicada que a este punto no debería resultar tan excitante. Se alinea en la entrada de su impaciente amante y empuja.

Si hace diez años… No. No tenía que ir tan atrás, si hace dos años le hubieras dicho que ahora estaría con Jamie Bobby Rogan, en su casa, compartiendo no solo un departamento o una cama, sino una vida, con las pinturas de Will juntó a los libros de dramaturgia de Bobby, sus tareas y trabajos desparramados en la mesita de la sala, sus abrigos colgados en el perchero de la entrada, dos tazas a juego en el estante de la cocina. Haciéndole el amor una mañana de sábado, sin prisas, riendo, lanzándose palabras coquetas y retadoras por igual. No lo creería, no está seguro de merecer algo tan bueno, pero aquí está. Y lo ama tanto.

“¡Dios! Más rápido, Will” grita Bobby mientras entierra su cara contra la almohada. Cada golpe da al lugar justo y mientras Will aumenta el ritmo, los gemidos de Bobby también. A Will le encantan los sonidos que hace, siempre tan abierto y entregado a las emociones. Podría solo escuchar esto para siempre.

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING

Bueno, mierda. Dios no quiera que Will desee algo en la vida.

Lo ignora, porque Bobby esta bajo él, haciendo esos preciosos sonidos, con la boca abierta en una “O” tan bonita y no siempre tiene mañanas como está.

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING

“No contestes” logra murmurar Bobby.

“No pensaba hacerlo” responde, mientras lo sostiene de la mandíbula y comienza a besarlo.

El teléfono deja de sonar después de un rato. Bobby se corre en un jadeo en el ultimo timbre, es bastante gracioso y Will se reiría si no fuera que esta persiguiendo su propia liberación, que llega unos minutos después. Se están besando perezosamente, cuando el teléfono vuelve a sonar. Will gime frustrado y de mala gana se levanta para contestar, Bobby parece querer protestar, pero esta demasiado deshecho para siquiera decir algo sarcástico.

“¿Bueno?” contesta al segundo timbre.

“¿Byers?”

“¿Steve?” pregunta confundido.

“Dios, amigo, ¿por qué tú y tu hermano no contestan el teléfono? He estado tratando de contactarlos toda la mañana” dice desde el otro lado de la línea.

“Jonathan está el fin de semana en los Hampton, filmando un video musical para unas chicas ricas” dice porque no sabe que más decir. “¿Pasa algo?”

“¿Qué si pasa algo? Pasa todo. Amigo, necesito que regresen a Hawkins”

“¿Qué? ¿porqué?”

“Creó que ha vuelto”

La habitación se enfría al instante.